La inteligencia digital y Google

“Al poner de forma instantánea y selectiva al alcance de centenares de millones de personas el enorme caudal de información de Internet, Google ha hecho posible, en apenas una década, una gigantesca revolución cultural y ha propiciado el acceso generalizado al conocimiento. De este modo, Google contribuye de manera decisiva al progreso de los pueblos, por encima de fronteras ideológicas, económicas, lingüísticas o raciales”.

Texto del Fallo del Jurado por el que se acuerda conceder el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2008 al buscador Google de Internet, creado por Sergey Brin y Larry Page.

google-2005.jpg
Logo de Google con motivo del Día Mundial del Agua – 22 de marzo de 2005 (recuperado de http://www.google.es/intl/es/logos.html, el 15 de junio de 2008)

En la cultura de inteligencia digital que llevo investigando desde 1997 de forma específica, agradezco la importancia simbólica que tiene el reconocimiento a Google por “poner de forma instantánea y selectiva al alcance de centenares de millones de personas el enorme caudal de información de Internet”. También me alegra que comparta los Premios Príncipes de Asturias con organizaciones que en un mundo de rigurosas e implacables leyes de mercado, y Google está metida de lleno en él, sin excepción, sigan defendiendo que otro mundo es posible: Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, en Artes, Ifakara Health Research and Development Centre, The Malaria Research and Training Centre, Kintampo Health Research Centre, Centro de Investigação em Saúde de Manhiça, en Cooperación Internacional y los investigadores Sumio Iijima, Shuji Nakamura, Robert Langer, George M. Whitesides y Tobin Marks, en Investigación Científica y Técnica.

Centrándome hoy en Google, me ha sorprendido siempre el lema que ha llevado a la empresa a superar cotas inimaginables en el mundo de la información: no hagas el mal (Don’t be evil), es decir, triunfa en el mundo sin hacer daño a nada y a nadie, teniendo como misión empresarial: organizar el mundo de la información y hacerlo accesible universalmente. Personalmente, arranqué en este mundo de búsquedas por Internet con un buscador, Altavista, que conocí en 1997 de primera mano, en Boston y sobre el que forjé unos compromisos institucionales para que se pudiera utilizar con costes muy reducidos en la Administración de la Junta de Andalucía. Pero muy poco tiempo después arrancó con una fuerza inusitada Google, de tan difícil pronunciación e intelección del nombre por estos lares, que fue introduciéndose en nuestros cerebros hasta el punto de que hoy es una herramienta imprescindible para cualquier internauta que se precie de tal.

¿Quién va a negar hoy el enorme potencial que ofrece este buscador para cualquier acción y gestión de la vida ordinaria? Porque desde científicos de renombre mundial, hasta niñas y niños de cualquier confín del mundo, y ciudadanas y ciudadanos con conocimientos muy básicos de Internet, a excepción lamentable de China, que en las restricciones impuestas sobre el buscador, la dirección de Google ha tomado decisiones salomónicas de mercado y aceptado situaciones inadmisibles desde la defensa más básica de derechos humanos, su potencial fuente de información es un medio muy importante para alcanzar información en el momento que se necesita y en cualquiera de sus manifestaciones más próximas a la vida humana, que debería ser un recurso para todas las personas que habitamos en el planeta. Es decir, el Premio otorgado en Oviedo, el pasado 11 de junio, reconoce la verdadera pasión de la Noosfera, en clave de inteligencia digital, basada en los derechos humanos inalienables de acceder a la información global para ser más libres, constituyéndose en derecho y no en pura mercancía, tal y como lo ha manifestado Eric Schmidt, Presidente y Director Ejecutivo de Google, tras la concesión del Premio: “nuestra verdadera pasión es poder ayudar a que toda la gente pueda acceder a la información que quiera en el idioma que prefiera. Sin embargo, sabemos que todavía hay muchas personas en el mundo que no tienen acceso a esta información y que no pueden llevar a cabo en Internet todas las cosas que para nosotros son ya algo muy normal. Este premio debe servirnos como estímulo para dar una oportunidad a que toda esta gente pueda disfrutar de lo que nosotros disfrutamos“.

Mientras, 850 millones de personas pasan hambre a diario, por carencia de alimentos básicos. Con la frase “850 millones de personas pasan hambre”, Google, hoy, me devuelve información con la siguiente cabecera: “Resultados 1 – 10 de aproximadamente 67.200 de 850 millones de personas pasan hambre. (0,29 segundos)”. Bastan 0,29 segundos para que a través de Google conozcamos bien esta paradoja, para que nos informemos concienzudamente de que es una realidad que está ahí, mostrada a todos los vientos posibles, mediante la web, las imágenes, Maps, noticias, vídeos, grupos, G-mail, entre otros muchos recursos del buscador premiado. Google, mientras, sigue ganando dinero en bolsa y el horizonte de mil millones de “bocas inútiles” siguen “buscando” una comida al día.

Y esa es la paradoja de su lema, porque si con tanta información disponible, con el mandato de que “no hagamos el mal”, estamos donde estamos, ¿por qué cuesta tanto a los cerebros humanos dar órdenes neuronales para hacer el bien? Hoy por hoy, seguimos buscando la respuesta. Y no sólo en Google

Sevilla, 15/VI/2008

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