La letra, con emociones entra


Fotograma de la película Ser y Tener (imagen recuperada de http://thecia.com.au/reviews/b/images/be-and-to-have-0.jpg, el 7 de septiembre de 2008)

Septiembre es un mes muy propicio para hablar de “letras”. Mi mentalidad académica, por deformación profesional, siempre me predispone a tener la sensación de que cualquier ciclo de la vida comienza en septiembre: un nuevo curso vital, académico, político, judicial, funcionarial, familiar y personal. Y para reforzar esta predisposición natural he leído recientemente y con especial interés un artículo, Cuando el profesor admira a sus alumnos, que me ha llenado de satisfacción porque vislumbro que algo se mueve en la enseñanza pública que tanto admiro y defiendo: “hemos buscado tiempo [los profesores] para algo aparentemente menos urgente pero importante: la formación. Y el tema tratado en la última de nuestras jornadas de formación ha sido la inteligencia emocional. Nos venimos planteando desde hace unos años que no podemos trabajar con los alumnos y enseñarles un concepto de algo que nosotros no conocemos. Todavía hay personas que no conocen la automotivación, la empatía o las habilidades de relación. Los profesores necesitamos saber cómo se gestiona todo ello para transmitirlo a los alumnos” (1).

Pertenezco a la generación que aprendió con el axioma “la letra con sangre entra”, aunque es verdad que mi experiencia personal con mi maestra de toda la vida, Dª Antonia, era una auténtica excepción. Fue maestra de vida en el pleno sentido de la palabra, pero excepto ella los demás profesores pertenecían a la cofradía de regla y palmetazo, con expresiones sofisticadas hasta la Universidad, con la mejor demostración hecha carne (y sangre) a través del suspenso y tente tieso, sin aproximaciones reales a la vida de cada persona que participa en estos ciclos vitales de sumo interés para su realización presente y futura. Con carencias que determinan la vida personal e intransferible, que pasan de Curso en Curso, sin que se haya “enseñado” la automotivación y autoestima, la empatía o las habilidades sociales que se expresan siempre a través de la inteligencia intra e interpersonal, es decir, la inteligencia social (2).

En todos los órdenes de la vida, esperamos siempre lo mismo: ser respetados en nuestros estados de ánimo, en nuestros sentimientos y emociones, porque somos prisioneros de ellos como tantas veces he escrito en este cuaderno en relación con las estructuras cerebrales del sistema límbico que tanto condicionan la inteligencia humana. Si esto es así, ¿por qué se obvia esta formación continua en la vida, de forma tan clarividente? Durante muchos años he trabajado el constructo de habilidades sociales y cada segundo que pasa estoy más convencido de que el “secreto” de la felicidad en vida (que no después de la muerte) está en respetarnos tal y como somos, teniendo la sensación real de que somos respetados y ad-mirados por parte de los demás.

Por otro lado, la realidad es terca: “Las autoridades educativas, sin embargo, parecen mirar para otro lado. Pere Darder, presidente del Consejo Escolar de Cataluña, partidario de estas nuevas técnicas, se muestra cauteloso: “No pedimos un cambio, pedimos una revolución”. Y esa revolución consiste en volver del revés el sistema y desterrar las secuelas de aquel inquietante axioma de la letra, con sangre entra. Con todo, Darder cree que el camino está iniciado y no tiene vuelta atrás” (3).

Termina el artículo con una breve y contundente exposición, “revolucionaria” en sentido estricto, con una afirmación rotunda, que me llena de esperanza: “Hemos aprendido la importancia de la gestión y el dominio de la actitud: hacia nuestros compañeros, nuestros alumnos, las familias de nuestros alumnos; nos ha sorprendido comprobar que podemos variar nuestra actitud, que nosotros somos los que controlamos nuestro estado, que éste es fruto de una elección. ¿Hay algo más gratificante que escuchar a un profesor contar con pasión y armonía cuánto le emocionan sus alumnos? ¿O a aquel que siente admiración por sus alumnos? Nuestros escolares están obligados a pasar en nuestras aulas al menos seis horas de su día. El regalo que merecen es una buena gestión de la inteligencia emocional por nuestra parte”.

En este mes de septiembre, en las diversas “quincenas de oro” y ataques de autoestima controlada por el mercado puro y duro como consumidores para “no ser tontos”, que nos encontramos por doquier comercial, me encantaría que aparecieran “ofertas” para conocer este recurso que está al alcance de todas las personas, desde su nacimiento, porque su existencia, es decir, la inteligencia emocional, solo necesita ser descubierta y apoyada por las redes familiares y sociales. La única diferencia es que no es mercancía, sino un derecho inalienable de las personas. Constitucional, porque la inteligencia emocional es el resultado de estructuras cerebrales en acción estrechamente vinculadas con la salud mental. Nada más. De esta forma, al comenzar el “Curso vital” 2008-2009, ¡por lo menos!, podríamos garantizar que los responsables y “maestras” y “maestros” del espacio escolar, académico, político, judicial, funcionarial, familiar y personal, cada una y cada uno con su rol y estatus específico, respetan la posibilidad de que nos ad-miren (miren hacia nuestro interior) cada vez que hacemos bien ó mal algo, porque al fin y al cabo todas y todos estamos siempre aprendiendo a vivir con sentimientos y emociones, como letras que “entran” en nuestras vidas grabadas a fuego, desesperadamente…

Sevilla, 7/IX/2008

Nota: Cuando había finalizado de redactar este post, he sabido que la próxima semana se publica un libro que me ha suscitado enorme interés y relacionado estrechamente con el contenido de este post. Lleva por título: Mal de escuela, de Daniel Pennac, publicado en Barcelona por la editorial Mondadori. ¡Me lo quedo! Seguro.

(1) Sanz, Paloma (2008, 5 de septiembre). Cuando el profesor admira a sus alumnos. El País, p. 29.
(2) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la noosfera digital (Edición digital), p. 93-142. Recomiendo la lectura específica del Capítulo 5º sobre Inteligencia digital y habilidades sociales: la inteligencia social.
(3) Prades, Joaquina (2008, 5 de septiembre). La escuela saca suspenso en emociones. España se resiste a implantar técnicas para educar los sentimientos, salvo algunos centros pioneros. La corriente divide al profesorado. El País, p. 28.

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