Ombra mai fú

Photo: Decca / Uli Weber, recuperada el 11 de octubre de 2009 de la home page de Cecilia Bartoli

En una etapa personal en la que voy con frecuencia del timbo al tambo, tengo dificultades para escribir en este cuaderno y hoy, cuando me atrevo a escribir en mi brevedad de ser este post, lo hago escuchando de fondo a una persona que admiro desde hace unos años, Cecilia Bartoli, cantando un aria de la ópera de Handel, Jerjes (Serse).

“Ombra mai fù
di vegetabile
cara ed amabile
soave più”

(Jamás ha existido sombra vegetal tan querida y amable)

En aquella ocasión, que puede ser en el fondo y en la forma la de hoy, decía lo siguiente: “Aquí está listo el post de hoy, para ser llevado a tu mesa, cuando voy permanentemente de mi corazón a mis asuntos, del timbo al tambo particular, personal e intransferible. Cerebro y corazón, básicamente el cerebro, para los que nos acercamos con tanto respeto a él, que nos recuerda permanentemente su papel estelar en la vida, porque diversas estructuras cerebrales hacen posible la historia jamás contada, de vivir de forma controlada para no ir del timbo al tambo. A ser posible, a los asuntos importantes para la búsqueda de la felicidad. Y estos días que pasan, pero que en algunas y algunos se quedan, estamos viviendo momentos trascendentales para cada persona, para la sociedad, para la ciudadanía, para las familias, para las amigas y amigos a los que queremos, para las compañeras y compañeros de trabajo, con los que estamos obligatoriamente obligados a vivir, estar y, lo más difícil, ser”.

Cecilia Bartoli, con la edición de un disco extraordinario, Sacrificium, se ha comprometido con una historia muy triste para la sociedad en general, la de los “castrati”, donde la Corte, la Iglesia y las personas más influyentes de la sociedad no tenían escrúpulo alguno en seguir marginando a la mujer a costa de niños napolitanos que vivían una experiencia sangrante desde la perspectiva emocional de cada uno.

Hoy, en homenaje a aquellos cantantes de ópera castrados en sus almas, los recuerdo con la voz de Cecilia, sonando el querido Largo de Handel, el aria Ombra mai fú, con un mensaje para navegantes vitales:

Jamás ha existido sombra vegetal tan querida y amable

Mientras, he buscado la compañía de Cecilia Bartoli para demostrarme los contrapuntos de la vida, donde Farinelli y Cafarelli encantaban la vida de un público fervoroso, aunque en esa ópera, Serse, personaje principal de la misma, es un travestido en sí mismo, buscando sombras materiales donde cobijarse…

Sevilla, 11/X/2009

El equilibrio de Nash

Hacía tiempo que no constataba de forma tan directa el nuevo elogio de la inteligencia genial que para la ciencia y la literatura es, algunas veces, de la locura. El reportaje de Magazine, de 13 de septiembre, sobre el apasionante retorno del Premio Nobel John Forbes Nash a la cordura no conformista, lo deja bien claro: la locura es un sueño del que se puede despertar. La visión de Nash sobre el conocimiento humano no deja resquicio a la desesperanza. Todo el reportaje es un canto al interés de que el mundo solo tiene interés cuando se va hacia adelante en la vida, en cualquier plano y, sobre todo, en el del conocimiento. No sobra una línea del mismo, todas sus palabras se cruzan con perspectivas saludables, en clave de constante pensamiento racional frente a cualquier irracionalidad de viejo o nuevo cuño.

Los consejos de Nash a los jóvenes estudiantes, tras su viaje de ida y vuelta a la estereotipada normalidad, es un canto a la vida racional creativa: la felicidad no depende de resultados académicos, necesitamos el riesgo, hay que asumir los propios fracasos y atreverse a abordar la maravillosa creatividad haciendo cosas que nos diferencian de los demás, pensar por sí mismos. En definitiva, vivir en permanente equilibrio, según el paradigma de Nash, sabiendo que la locura de vivir es una estrategia para ganar todos al despertar de sueños reales.

Carta enviada a la revista dominical Magazine, el 13 de septiembre de 2009

Sevilla, 4/X/2009