Berlanga vuelve…

placido

Estoy seguro que sí. Entre ayer y hoy, Luis García Berlanga ha vuelto a nuestras personas de secreto, de cada uno, de cada una, no a la de todos, como diría Ortega y Gasset. Crecí en Madrid, como tantas veces he dicho en este cuaderno digital, muy cerca de la realidad cruda que dibujaba Berlanga en sus películas, bordeando siempre la legalidad permitida por la censura del régimen, en obras maestras como Bienvenido Míster Marshall ó Plácido, a la que dediqué dos post específicos en 2008: Plácido…, Azcona y ¡Siente la realidad (ó un pobre) en su mesa!. Fundamentalmente, porque murió en ese año uno de sus amigos del alma, Rafael Azcona, formando una pareja inolvidable para el cine español. Me he sentido siempre un protagonista de reparto, oculto, en muchas películas suyas, porque la proximidad al “mayor espectáculo del mundo” que viví en el barrio de Salamanca, en Madrid, me acercó al neorrealismo español que tan bien retrataban él y Azcona, tanto monta, monta tanto.

Berlanga vuelve, como decía el cartel de Plácido, “con un motocarro, una estrella de oriente y un pobre diablo…”. Hoy ha vuelto a mi memoria de hipocampo, a mi cerebro y a mis sentimientos. Como no sé resolver bien estos momentos que corresponden al tiempo de morir, me refugio en las palabras de continuidad de aquél maravilloso capítulo 3, del libro del Eclesiastés, que tampoco ofreció soluciones a los interrogantes básicos de la vida:

– ¿Qué gana el que trabaja con fatiga, si se demuestra antes ó después que todo es vanidad de vanidades, solo vanidad, algo así como intentar atrapar el viento?

– ¿Qué diferencia hay entre el hombre y el animal si ambos vuelven siempre al polvo?

– ¿Quien guiará al hombre a contemplar lo que hay después de él?

Porque al comienzo del capítulo 4, tal y como se lo hubiera susurrado al oído Rafael a Luis, a modo de guión realizable, la respuesta es contundente por parte de la persona que hace Comunidad (traducción literal de Qohélet/Eclesiastés), cuando todo era silencio sin capacidad de responder ante la adversidad: mejor es caminar juntos que uno solo, porque si te caes siempre habrá alguien que te levante. Muy inteligente. Había resuelto un gran problema para el presente y para el futuro de la inteligencia social de cada uno, sin discriminación alguna. Para asumir, ayer, hoy y mañana, que Berlanga ha muerto, pero vuelve… a levantar nuestras almas caídas, de pobres diablos.

Sevilla, 14/XI/2010

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s