El regalo más pequeño del mundo

Sigo muy cerca de José Saramago. Solo con escribir en este blog, que es un homenaje permanente a su cuento “La Isla desconocida”, contribuyo a que su memoria histórica siga viva entre las personas que buscamos pequeñas cosas en la vida para alcanzar la felicidad en el aquí y ahora de cada uno, de cada una. Anida en mi corazón, siempre, y más en estas fechas, un pájaro perdido que me regaló hace muchos años Rabindranath Tagore, a través de Zenobia Camprubí, la compañera leal hasta la muerte, de Juan Ramón Jiménez:

A mis amados les dejo las cosas pequeñas; las cosas grandes son para todos…

En la presentación del cuento, La flor más grande del mundo, que puedes ver en interpretación animada, a continuación, con la mejor atención de la que dispongas en este momento, con una narración directa de Jose (sin acento), como le llamaban con respeto reverencial las personas próximas a él, que conocí este verano en su biblioteca de Tías (Lanzarote), nos brinda Saramago una maravillosa lección de humildad:

Las historias para niños deben escribirse con palabras muy sencillas, porque los niños, al ser pequeños, saben pocas palabras y no las quieren muy complicadas. Me gustaría saber escribir esas historias, pero nunca he sido capaz de aprender, y eso me da mucha pena. Porque, además de saber elegir las palabras, es necesario tener habilidad para contar de una manera muy clara y muy explicada, y una paciencia muy grande. A mí me falta por lo menos la paciencia, por lo que pido perdón. Si yo tuviera esas cualidades podría contar con todo detalle una historia preciosa que un día me inventé […]

https://binged.it/30uaAD2

Cuando llegues el final -házlo, por favor-, comprenderás mejor su recomendación para vivir con un compromiso mayor en vida:

Este es el cuento que yo queria contar. Me da mucha pena no saber narrar historias para niños. Pero por lo menos ya conocéis como sería la historia, y podréis explicarla de otra manera, con palabras más sencillas que las mías y tal vez, más adelante, acabéis sabiendo escribir historias para niños. Quien me dice que un día no leeré otra vez esta historia, escrita por ti que me lees, pero mucho más bonita.

Una aldea, un niño que descubre una flor seca, una búsqueda de agua por todas partes, una flor agradecida y una moraleja por haber permitido que la flor volviera a crecer y dar sombra. Todo, gracias a un niño salvador de la flor más triste que pudiéramos imaginar y, ahora, gracias a su esfuerzo, la más grande del mundo:

A este niño lo llevaron a casa, rodeado de todo el respeto, como obra de milagro. Cuando luego pasaba por las calles, las personas decían que había salido de casa para hacer una cosa que era mucho mayor que su tamaño y que todos los tamaños.

Y lo vuelvo a regalar a los que están cerca de este blog, con imágenes, sin las palabras reales escritas por Saramago en el cuento real, con la esperanza de que todos hagamos un esfuerzo por leerlo y reescribirlo, siguiendo la recomendación del autor, contando historias, al menos, igual de bonitas…, para regalarlas a las personas que queremos, sin tener que recurrir a la mercadotecnia navideña que nos invade ahora, hoy, mañana y pasado mañana, por tierra, mar y aire.

Sevilla, 26/XII/2010

Navidad 1.0 o el mito de la última versión

PLÁCIDO
Fotograma de Plácido (1961, Luis García Berlanga)

Mañana es Nochebuena y pasado mañana, Navidad. Pero con la presión del mercado no sé si tengo la última versión de la Navidad perpetua, porque creo que la del iPad ya me la he bajado, del iTunes, también; igual la del móvil, de mi Notebook, no sé, si lo sé de mi Smartphone, la del procesador de texto no lo sé bien porque no depende de mí, mi televisor no sé si es Full o Ready (siempre HD), ¿Ultra Slim?, y si el TDT es HD; del teléfono fijo no sé cómo anda, mi coche ya va por dos versiones más, y mi microondas, lavadora, plancha y horno, ya van también por no sé qué versión. ¿Y mis trajes y corbatas, cinturones, abrigo, gabardina, gafas, etc. etc…? Y la última versión del menú de la cena de Navidad, ¿por dónde va? Esto es un no parar.

Lo más grave es que la versión de la inteligencia no sé tampoco por cual versión va. La del alma, ni te cuento. La del corazón, creo que ya va por una versión inalcanzable. Y mientras salgo a comprar lo último de lo último que indican los gurús de la mercadotecnia, en la tarde previa a la Nochebuena, porque la versión última de la Navidad, la del año pasado y anteriores, ya no sirve, me encuentro que para muchas personas la ultimísima ya está agotada. Y la frustración es enorme, porque “el sentimiento displacentero de incompletud” de las personas que se frustran porque no tienen la última versión de todo lo que está quieto o se mueve a nuestro alrededor, es una realidad que no está versionada. Por eso me acuerdo de Rafael Alberti tantas veces en la Navidad, cuando siendo un adolescente leí aquél poema precioso recogido en El Alba del alhelí, “El Platero”:

– A la Virgen, un collar
y al niño Dios, un anillo,
– Platerillo no te los podré pagar,
– ¡Si yo no quiero dinero!
– ¿Y entonces qué? di.
– Besar al niño es lo que yo quiero.
– Besa, sí

Y me doy cuenta que no necesito versiones de casi nada porque tengo cerca unas personas que esperan como el platerillo de veinte siglos atrás que no confunda en las Navidades perpetuas, como todo necio, valor y precio.

Low Navidad, low cost, para entendernos… es la etiqueta que busco hoy, la que deseamos encontrar, en definitiva, los que deseamos vivir ligeros de equipaje, de versiones.

Sevilla, 23 de diciembre de 2010

Morente sueña la ciencia

Morente

Las personas tenemos alma. Todos. Como Enrique Morente, cuando cantaba la Soleá de la ciencia:

Presumes que eres la ciencia
Yo no lo comprendo así
Cómo siendo tú la ciencia
No me has comprendido a mí

Entendiendo alma como ese lugar situado en lo más profundo del corazón, mejor, del cerebro, en los términos que más de una vez he planteado en este blog. Ya me ocurrió en 2008, pre-ocupado con el alma de mi cerebro, al leer una reflexión de Juan Cruz (1), “al que sigo muy de cerca -agradecido- en sus escritos de sentimiento sentido, en referencia a la intervención de António Lobo Antunes en el acto de recepción del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, en la Feria Internacional del Libro, en la ciudad de Guadalajara (México) ayer sábado [29/XI/2008]: “Por cierto, dijo Lobo otra frase: le preguntó a una mujer desahuciada por qué había ido tan tarde al tratamiento. Ella le dijo: “Porque no tengo dinero y los que no tenemos dinero no tenemos alma”. Decía en esa reflexión que la “asociación no inocente ha ocurrido al recordar mediante la memoria a largo plazo mi participación en el encuentro UniCienBlog, una actividad que me ha marcado en esta actividad inteligente de la Noosfera. En aquella Mesa de trabajo, planteé una realidad incuestionable: “a la Universidad y a la ciencia le falta alma, entendida de esta forma, en el formato de pregunta y respuesta de un autor en actitud de compromiso:

P. ¿Cómo aporta un blog alma a la Universidad?
R. Con su acción celular (noosférica), alternativa y creadora, haciéndose visible mediante teoría crítica, con utilización plena de la inteligencia digital.

P. ¿Cómo aporta un blog alma a la ciencia?
R. Con su despertar múltiple a las preguntas de la vida, las de la ciencia de la vida, con una ingeniería renovada del porqué de todas las cosas, con utilización plena de la inteligencia digital.

P. ¿Cómo aporta mi blog alma a la Universidad y a la ciencia?
R. Con imaginación, con nuevas fórmulas de acción i+d+i: investigación, dedicación, imaginación, con utilización plena de la inteligencia digital compartida/conectiva”.

Y Morente, doctor “honoris causa” por la Universidad de la Vida, nos dejó una lección magistral rodeada de alma en su Soleá de la ciencia, volviéndonos a encontrar con él, António, Juan y yo, “¡maravillas de la Noosfera!, en una encrucijada en la que coincidimos a pesar de mi falta de tiempo: cuando falta alma, falta la vida. Da casi todo igual. ¡Qué paradoja!, porque ya no hace falta eso: tiempo. Y me vuelvo a mi hombre de secreto, a reflexionar la frase que regaló Lobo Antunes en el acto indicado, transfiriendo una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, por si detrás de todo esto está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque al igual que manifestó en ese acto: “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…”.

Porque Enrique Morente también cantaba hacia atrás, buscando que la emociones y las pulsiones pudieran comprender “la ciencia” del bien y del mal, de su enfermedad, tan presumida ella…

Sevilla, 18/XII/2010

(1) Cruz, J. (2008, 30 de noviembre). Para el pie de un niño muerto, El País, p. 44

Gestión pública de los riesgos digitales 2.0

POLIZA-UNA NOCHE EN LA OPERA
Escena de la póliza en Una noche en la ópera

Estoy siguiendo cerca lo que está sucediendo en torno al fenómeno de la divulgación de 251,287 cables diplomáticos de Estados Unidos, a través de Wikileaks (Wiki filtraciones ó fugas), en un país que gasta 50.000 millones de dólares al año en inteligencia. Algo grave está pasando en el mundo del que, una vez parado, se quería bajar con frecuencia Groucho Marx, aunque él ya lo había advertido: “Inteligencia militar son dos términos contrapuestos” (Un día en las carreras). El problema enunciado no es sólo de corte tecnológico, sino más bien humano, en el pleno sentido del término, siendo conveniente analizarlo en profundidad, porque no está tan lejos de nosotros, de nuestro país, de nuestra Administración, de nuestras casas, de nuestros perfiles digitales. En un contexto de efectos incalculables, quiero reforzar hoy más que nunca la teoría crítica digital de que las tecnologías y las comunicaciones tienen que planificarse y gestionarse de forma estratégica y con carácter prioritario en la Administración Pública, como garantía de un Estado de derecho y constitucional en relación con la relación que establecen los ciudadanos con cualquier Administración Pública, porque la condición humana, simbolizada en hakers, crackers y demás figuras antológicas, o en cualquier funcionario desencantado, puede entregar a intereses espurios, más o menos oscuros, la quintaesencia de las personas, su confidencialidad o la privacidad del Estado de derecho. Así de claro.

Pero ¿cómo ponemos puertas al campo digital? Desde hace muchos años, vengo defendiendo la necesidad de gestionar los riesgos digitales desde una vertiente muy profesionalizada en la Administración Pública. En 2000, en una presentación que llevé a cabo en las Jornadas de Informática Sanitaria de Andalucía (todavía de utilizaba la preposición “de” que más tarde evolucionó afortunadamente a “en”, con todo lo que ello conlleva de visión de Andalucía abierta al mundo…), partía de un análisis que ya había lanzado al mundo Nicholas Negroponte y que hoy cobra especial actualidad: “La próxima década será testigo de un sinnúmero de casos de abusos de los derechos de propiedad intelectual y de invasión de nuestra intimidad. habrá vandalismo digital, piratería del software y robo de información” (El mundo digital). Y allí planteé que se pueden adoptar dos decisiones estratégicas al respecto: la primera, la propugnada ya por Groucho Marx en Una noche en la ópera, cuando vende una póliza a un maletero del barco, que no cubre nada…, en una escena hilarante que siempre perdió fuerza ante la del camarote. Es decir, la cobertura del riesgo consecuente, como actitud tan castiza en España: sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena:

– O.B. DRIFTWOOD (Groucho Marx): Fíjese en ese guardabarros, está completamente abollado. Tendrá que pagarlo, amigo. ¿Qué número tiene usted?, ¡el 32, eh…! ¿Está asegurado?. ¿Que si tiene seguro?

– C.: No señor

– O.B. DRIFTWOOD (G.M.): Es usted el hombre al que andaba buscando. Llevo aquí una póliza que le protegerá contra todo accidente imprevisto. Por ejemplo, pierde una pierna y nosotros le ayudamos a encontrarla y solo le costará… ¿Qué lleva usted ahí? ¡un dólar!, ¡suya es la póliza!

Groucho Marx: Una noche en la ópera

La segunda, la profesionalización de la planificación estratégica de la política y gestión de riesgos digitales, como dos escenarios que tienen que estar esencialmente diferenciados y que están obligatoriamente obligados a entenderse. La gestión de riesgos digitales es una función especializada dentro de la Administración Pública que tiene como objetivo gestionar globalmente la protección de los Sistemas y Tecnologías de la Información y Comunicación, en su relación con los ciudadanos y en aplicación estricta de los marcos legales actualmente establecidos. Además, los criterios clave de selección para el modelo organizativo a aplicar se pueden sintetizar en que todas las funciones se tienen que centralizar estratégicamente en el Estado y Comunidad Autónoma (Esquema Nacional de Seguridad), agrupando responsabilidades orientadas a procesos, en la aplicación práctica descentralizada en cada Comunidad Autónoma, Diputación y Municipio, y con una gestión estratégica bajo el concepto de “Separación de Responsabilidades” (“Separation of Duties – quien administra/gestiona no opera”).

¿Estaremos ya viviendo la plenitud de una nueva ciencia de la inestabilidad, del riesgo, en el marco científico que expuso Ilya Prigogine, Premio Nobel de Química? Es el saber de la persona instruida lo que la libera, mediante la gestión del conocimiento, lo que permite desdramatizar las planificaciones, programaciones, ejecuciones y evaluaciones de la organización llamada Administración o empresa, porque vivimos en un mundo contingente, caótico, inseguro, cambiante, complejo, inestable e incierto, es decir, en un universo de riesgo, tanto en azar como en necesidad. La inteligencia creadora es la que da forma al saber, es decir, damos un voto de confianza al ser humano frente a los factores y medios de producción tradicionales. El capital y la producción, no son la quintaesencia de las organizaciones. Queda una gran tarea en la Administración Pública, que pasa indefectiblemente por crear una nueva cultura directiva y organizativa ante el Riesgo de azar y de no-azar, de la protección de datos de carácter personal, en el esquema que ya estableció Miccolis (1996), o quizá también reinventando la propia Gerencia de Riesgos, a través de un nuevo paradigma basado en el de Williams (1996), estando muy atentos al discurso mundial que se abre en la actual incertidumbre y ante la necesidad de no estar ajenos a la realidad del año 2010 y venideros. Los seres humanos seguimos siendo los propios gestores de nuestro futuro, con la ayuda de las nuevas tecnologías: el saber, hoy, es el único recurso significativo (Drucker).

Recientemente, en un post bajo el título Agenda Digital de Europa, en Andalucía (II): los consumidores digitales, declaré que “La Agenda Digital tiene un objetivo de cultura digital muy claro: reforzar la confianza de las personas en el uso de internet garantizando, entre otras cosas, una respuesta europea mejor coordinada ante los ciberataques, el robo de la identidad y el correo no solicitado. La definición de las políticas y la gestión de los riesgos digitales, como compromiso firme del Gobierno electrónico en Andalucía, en dos campos diferenciados de forma rotunda, es decir, no puede haber gestión de riesgos digitales en Andalucía sin definición de políticas en el sentido estricto del término, tiene que concretarse a corto plazo en el marco que hay que poner en práctica del Esquema Nacional de Seguridad, auspiciado por la Ley 11/2007, de acceso electrónico de los ciudadanos a los servicios públicos, en clave de lo que llamo habitualmente, en diferentes acciones, “prisa pública”. Estoy muy interesado en trabajar en este ámbito porque pertenezco a la escuela pública de gestión del riesgo antecedente antes que del consecuente, y las declaraciones públicas en tal sentido tienen que ser reforzadores claros para recuperar la citada confianza de las personas en la utilización de los servicios públicos, en clave de fidelización digital de la ciudadanía andaluza que consume productos digitales públicos, objetivo a alcanzar en el más breve plazo de tiempo posible, basado exclusivamente en principios de transparencia, participación y colaboración. Y en esta mesa digital no hay que excluir a nadie, desde la perspectiva pública y privada. Lo aprendí del Profesor Sánchez Vázquez, hace muchos años: el oro tiene valor porque las personas consumidoras se lo hemos dado a lo largo de los siglos. Sin ese valor humano hoy no tendría precio, se des-preciaría [sic]. Como los bits, como Internet. Sin embargo, se ha dado un paso más en la historia: no todos los bienes se han declarado como derechos inalienables a la persona. El oro no lo es, por mucho que se promocione en campañas de usura. Pero Internet va camino de ser reconocido como un derecho y no mercancía pura y dura para ser y estar en el mundo, porque toca a la inteligencia de las personas. Una gran obra humana, a apuntar en cualquier agenda. Digital, por supuesto”.

En la Administración Pública de Andalucía se están dando pasos muy certeros en este sentido, habiéndose tomado conciencia de la importancia estratégica de estas actuaciones de declaración de políticas y gestión de riesgos digitales. En un corto plazo de tiempo se harán públicas estas actuaciones a través de disposiciones que llevarán al conocimiento de estas acciones por parte de la ciudadanía. El esperpento de la inteligencia americana por lo sucedido en Wikileaks, que solo se puede entender en la clave anteriormente expuesta, es una lección histórica para aprender de errores. Y para no volver a cometerlos en lugares más cercanos de lo que muchas veces creemos. A Groucho, solo deberíamos recordarlo por su excepcional sentido del humor inteligente. No por su sentido práctico y muy extendido, más lo que parece, de cobertura del riesgo antecedente y consecuente mediante acciones que no sirven para nada. Como su famosa póliza de un dólar. Gestionando el riesgo digital, sobre todo, por medio de empleados públicos forjados en ética pública digital, no solo transfiriendo esta responsabilidad de Estado a programas informáticos muy sofisticados y máquinas complejas. Otra vez más, no confundiendo, como todo necio, valor y precio.

Sevilla, 5/XII/2010