Morente sueña la ciencia

Morente

Las personas tenemos alma. Todos. Como Enrique Morente, cuando cantaba la Soleá de la ciencia:

Presumes que eres la ciencia
Yo no lo comprendo así
Cómo siendo tú la ciencia
No me has comprendido a mí

Entendiendo alma como ese lugar situado en lo más profundo del corazón, mejor, del cerebro, en los términos que más de una vez he planteado en este blog. Ya me ocurrió en 2008, pre-ocupado con el alma de mi cerebro, al leer una reflexión de Juan Cruz (1), “al que sigo muy de cerca -agradecido- en sus escritos de sentimiento sentido, en referencia a la intervención de António Lobo Antunes en el acto de recepción del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, en la Feria Internacional del Libro, en la ciudad de Guadalajara (México) ayer sábado [29/XI/2008]: “Por cierto, dijo Lobo otra frase: le preguntó a una mujer desahuciada por qué había ido tan tarde al tratamiento. Ella le dijo: “Porque no tengo dinero y los que no tenemos dinero no tenemos alma”. Decía en esa reflexión que la “asociación no inocente ha ocurrido al recordar mediante la memoria a largo plazo mi participación en el encuentro UniCienBlog, una actividad que me ha marcado en esta actividad inteligente de la Noosfera. En aquella Mesa de trabajo, planteé una realidad incuestionable: “a la Universidad y a la ciencia le falta alma, entendida de esta forma, en el formato de pregunta y respuesta de un autor en actitud de compromiso:

P. ¿Cómo aporta un blog alma a la Universidad?
R. Con su acción celular (noosférica), alternativa y creadora, haciéndose visible mediante teoría crítica, con utilización plena de la inteligencia digital.

P. ¿Cómo aporta un blog alma a la ciencia?
R. Con su despertar múltiple a las preguntas de la vida, las de la ciencia de la vida, con una ingeniería renovada del porqué de todas las cosas, con utilización plena de la inteligencia digital.

P. ¿Cómo aporta mi blog alma a la Universidad y a la ciencia?
R. Con imaginación, con nuevas fórmulas de acción i+d+i: investigación, dedicación, imaginación, con utilización plena de la inteligencia digital compartida/conectiva”.

Y Morente, doctor “honoris causa” por la Universidad de la Vida, nos dejó una lección magistral rodeada de alma en su Soleá de la ciencia, volviéndonos a encontrar con él, António, Juan y yo, “¡maravillas de la Noosfera!, en una encrucijada en la que coincidimos a pesar de mi falta de tiempo: cuando falta alma, falta la vida. Da casi todo igual. ¡Qué paradoja!, porque ya no hace falta eso: tiempo. Y me vuelvo a mi hombre de secreto, a reflexionar la frase que regaló Lobo Antunes en el acto indicado, transfiriendo una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, por si detrás de todo esto está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque al igual que manifestó en ese acto: “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…”.

Porque Enrique Morente también cantaba hacia atrás, buscando que la emociones y las pulsiones pudieran comprender “la ciencia” del bien y del mal, de su enfermedad, tan presumida ella…

Sevilla, 18/XII/2010

(1) Cruz, J. (2008, 30 de noviembre). Para el pie de un niño muerto, El País, p. 44

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