Escribir al instante


Ayer me impactaron dos reflexiones muy sugerentes y decidí escribir al instante, que es la quintaesencia de un blog como el que me ocupa, desgraciadamente, no a diario. La primera, la imagen que acompaña hoy este post, sobre una frase (en lenguaje de signos) que tengo grabada en la memoria personal de hipocampo, de mi persona de secreto: en el principio fue la palabra, a la que he dedicado tanta investigación personal, porque es el elemento diferenciador del ser humano. Basta con buscar el lema “palabra” en este blog y podrá comprobarse que ha sido un hilo conductor del mismo. Inacabado, como la pintura de Antonio López.

La segunda, la maestría de Antonio Muñoz Molina (autor al que sigo de cerca desde hace muchos años, casi tantos como desde los que criticaba siempre su tiempo dedicado a la función pública y que simbolizó en las palabras de Mario, el protagonista de su obra En ausencia de Blanca), mediante su página en el suplemento Babelia, del diario El País, en torno a Lo mínimo, lo inmenso: Ahora se dice que a causa de las nuevas tecnologías ha de prevalecer una escritura de la rapidez, de la fragmentariedad, de lo instantáneo. El presentismo es tan paleto como el localismo o el nacionalismo: es la idea de que el tiempo de uno es el centro y la cima del tiempo, igual que la tierra de uno es el centro del espacio y el lugar supremo. Más de un siglo antes de Twitter y de los blogs escritores como Baudelaire o Nietzsche habían intuido la hermosa libertad de escribir al instante sobre lo que les pasaba por la imaginación o lo que tenían delante de los ojos. Y parece que a Nietzsche la tecnología punta de la máquina de escribir le afectó al estilo tanto como a quien ahora se pasa el día mandando mensajes de texto.

Está muy claro. Poco sabemos del día en que nació la palabra, pero todo lo que se ha hablado y escrito al instante ha servido para que muchas personas vivamos del recuerdo de aquellas hermosas letras concatenadas en formato de verso, artículo, novela o ensayo, en su aquí y ahora, que siempre tenían y tienen un rostro y una mano humana que quería expresar con carácter inmediato lo que aparentemente es eterno. Y vemos hoy que coincidimos en muchas cosas. Porque en el principio de la aventura humana fue la palabra. Sin duda alguna, para lo bueno y lo malo, que diría un experto en moral. Para lo mejor y peor del ser humano, que escribiría siempre al instante un experto en ética del cerebro humano.

Sevilla, 17/07/2011, en un instante horario y vital muy concreto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s