La vida no es un juego

He leído hoy un artículo, Hacer de todo un juego (1), que me ha sorprendido en su contenido, porque por deformación profesional se aproxima a una realidad cerebral que está presente en muchas vidas de personas que día a día ven en el juego una posibilidad para sentirse bien y para esperar un premio que le permita ser diferente, vivir en un estado de felicidad temporal, pero que puede llegar a justificar las miles de veces que se intenta ganar algo por sí mismo o a través de los otros, como puede ser el fútbol, tenis, baloncesto, ó a través de los videojuegos, ejecutando acciones, como matar virtualmente, de ética fronteriza.

Dice la autora del artículo que “nada nos gusta más que jugar. Al parecer, es la única forma de que nos pongamos en serio con ciertos asuntos. Así están las cosas en el mundo digital. Cuando alguna persona o institución asume tono de sermón y se dispone a dictar cátedra, solo se está asegurando el fracaso. A los dos minutos, aburridos, miramos a otro lado. Solo triunfa lo que se disfraza de ocio, lo que hace reír y, sobre todo, lo que no huele a obligación. Y tenemos buen olfato”.

Hoy es una realidad constatable que a semejanza del gran aserto de Pascal, vivimos en una dialéctica permanente entre compromiso y diversión. Pero hay que aceptar esa realidad, porque la experiencia infantil nos trae recuerdos alojados en la memoria de hipocampo, aquella que no se borra, dado que cuando éramos niños jugábamos sin descanso porque nos lo pasábamos muy bien. Y llega un momento en la vida en que cambiamos los cromos de la colección de cada uno, para encontrar nuevas posibilidades de juego, porque se ajusta a los siguientes patrones que están alojados en el cerebro de secreto: “acumulación de puntos, contrincantes difíciles, desafíos que una vez resueltos garanticen sensación de orgullo y vanidad”. El compromiso…, es otra cosa.

Lo que más me ha llamado la atención es la referencia a un nuevo paradigma en torno a esta realidad del juego permanente en la vida, denominado Gamificación (jueguización o juguetización) derivado de la palabra inglesa Gamification: “Críticos de la Gamification advierten que no es posible convertirlo todo en un juego y citan proyectos que buscaban reducir los costes sanitarios en Estados Unidos pagando a los pacientes por tomar un fármaco en lugar de otro, y que no funcionaron. Zicherman, convertido en el gurú de la Gamification y que ha acuñado el término funware para denominar el uso de estrategias de juego fuera de los juegos, predijo en el blog TechCrunch que en 10 años cada transacción comercial sería diseñada como un juego. “Conseguiremos puntos por completar a tiempo la declaración de la renta y pins virtuales por hacer un servicio público”.

Nace una realidad social que está cerca de nosotros en todos los ámbitos. Es un símbolo la proximidad de la Navidad, de la Lotería, donde millones de personas esperan alcanzar a través de un número mágico la solución a todos los problemas de la vida diaria, solo por haber crecido y abandonado los juegos de la infancia. Lo confirma la autora del artículo: “En palabras de Jene McGonigal, autora del libro Reality is broken: why games make us better and how they can change the world?, “jugar crea un sentimiento urgente de optimismo que protege de la depresión y crea la ilusión de haber conseguido algo”.

Necesitamos sentimientos y emociones urgentes de optimismo en un entorno muy complicado en el que estamos inmersos en estos días, pero solo creo en la realidad de la vida construida con patrones de sometimiento al principio de realidad, sabiendo que estamos en dialéctica permanente con el del placer. Y trabajando de forma muy activa como socio del Club de las Personas Dignas, donde la realidad diaria de la vida no se muestra precisamente como un juego, porque sin jugar nos está permitido ilusionarnos todos los días por haber conseguido progresos personales y sociales al comprometernos con aquello que, verdaderamente, nos hace felices en la ética cerebral que guía la inteligencia humana con los sentimientos y emociones personales e intransferibles. Que también existen como juego de necesidad, no de azar.

Sevilla, 13/XI/2011

(1) Vázquez, K. (2011, 13 de noviembre). Hacer de todo un juego, El País Semanal, 118s.

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