La lista de 2013

cosas

Me gusta hacer listas, eso sí con diversos nombres: guía, inventario, asuntos relevantes, puntos críticos…, la de la compra de los sábados y así, hasta infinidad de variaciones sobre la misma idea. Leí ayer un artículo precioso, escrito por Justo Navarro (1), El arte de la lista, que me ha cautivado, porque me he sentido identificado con él de principio a fin. Y me he puesto manos a la obra, porque tengo que hacer la lista de 2013, un año que comienza dentro de unas horas y no quiero que se me escape lo que considero fundamental, que será el encabezamiento de este año: cosas que hacer para no perder la dignidad en medio de tanta crisis galopante.

Una vez más, me encuentro con el fenómeno de la página en blanco y tengo la oportunidad de escribirlo todo o nada, pero lo más importante es que sea algo especial. Gracias, Ítalo Calvino, porque me lo enseñaste hace ya mucho tiempo, en tu hermosa conferencia “El arte de empezar y el arte de acabar”.

Dice Justo Navarro, ante una presunta lista de obligaciones como la que necesito escribir, que “[…] tiene algo de redentor, porque uno escribe la lista de lo que debe o quisiera hacer, y es como si ya lo hubiera hecho, como si la lista lo eximiera de hacerlo, por lo menos inmediatamente. El esfuerzo puesto en el inventario de buenos propósitos los da por cumplidos o medio cumplidos, aplazados por lo menos, y de manera semejante las listas de listas que ofrecen los buscadores de Internet sacian o calman la curiosidad y el ansia de saber. La lista tiene un valor sedante, pero es también una forma elemental de conocimiento, método primitivo de análisis y clasificación, un embrión de enciclopedia”.

Hacer la lista para 2013 es una nueva oportunidad de avanzar hacia alguna parte y es bueno poner un cierto orden en la incertidumbre reinante. No lo aplazo para mañana, en el momento de tomar las uvas, porque el sentimiento quiero que prevalezca sobre el pensamiento, es decir, que se escuche el corazón al escribirla, mucho más fuerte que el viento, como me lo enseñó Rafael Alberti, porque “Una lista puede ser un poema, pero también un autorretrato y un ensayo mínimo: las listas que hacen balance del año suponen un ejercicio crítico en el que intervienen la razón pura, la razón práctica y el juicio. Al destinatario le sirven de consejo y de distracción: pueden añadirse a su catálogo de buenos propósitos para el año nuevo, además de invitarlo a hacer su propia lista de cosas preferidas”.

Y vuelvo a leer a Joe Brainard, acordándome de él, porque tengo que organizar mi memoria de secreto para ordenar ideas y pasarlas a la lista de obligaciones anteriormente citada: “la memoria es lo que más nos pertenece, lo verdaderamente personal e intransferible en el cerebro de cada persona, lo irrepetible en el otro. Es lo que nos permite convertirnos permanentemente en nosotros mismos. Solo basta un pequeño ejercicio de parada “técnica” vital, detenernos unos minutos en el acontecer diario y comenzar a pensar bajo la estructura recomendada por Brainard: me acuerdo de…, y así hasta que el bienestar o malestar nos permita disfrutar del recuerdo o comenzar un sufrimiento posiblemente innecesario. Porque de todo hay en la memoria -¿viña?- de cada una, de cada uno”.

Disfrutaré escribiéndola, aunque Borges me ayude a valorar a través de su poema Las cosas, lo verdaderamente importante, para que sepa prescindir de aquello que trasciende mi empeño, porque las listas que escriba,

Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido.

Tampoco sabrán lo que cumpliré, ni lo que he cumplido.

Sevilla, 30/XII/2012

(1) Navarro, Justo (2012, 29 de diciembre). El arte de la lista, El País (Babelia), p. 2.

NB: La imagen la he recuperado el 30 de diciembre de 2012, de la siguiente URL:
http://deamorypedagogia.blogspot.com.es/2010/12/regala-palabras-en-navidad.html

3 comentarios en “La lista de 2013

  1. Álvaro dijo:

    Interesante el ejercicio que propones pero, dispuesto a hacer mi lista de obligaciones para 2013 y centrándome únicamente en el ámbito profesional, me asalta una pregunta incómoda: ¿Hemos hecho tan poco hasta ahora o es que quedan demasiadas “cosas” por hacer?

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  2. Graco dijo:

    Buen texto y muy bien escrito, no obstante me gustaría abundar en su reflexión. Las listas son una expresión más del poder del registro (¿la memoria fosilizada?), a veces como un sortilegio para alejar el mal de la incertidumbre, una fórmula -muchas veces fatua- de posibilidad de control; otras incluso conducen al espejismo Borgiano de confundir lo escrito con la realidad.
    Solo una breve curiosidad para los que nos dedicamos profesionalmente a la gestión y administración de la información (las siglas I.T nunca me han resultado amigables…). Las primeras muestras de escritura están asociadas a listas e inventarios de almacenes en la antigua Mesopotamia, así que todo lo que hacemos, los que nos dedicamos a esto, empezó con una lista… Y como no puedo escapar de mi natural pragmático -y ácido- no puedo rehuir la última parte de mi comentario: quizás todos debiéramos usarlas más a menudo y sobre todo… comprobar lo que cumplimos y lo que no.

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