Tengo hoy un sueño

Gracias a Martin Luther King, cuando se cumple hoy el 50 aniversario del discurso que se conoce por las palabras I have a dream (Tengo un sueño), y que pronunció el 28 de agosto de 1963 en los escalones del monumento a Lincoln en Washington D.C., podemos seguir creyendo que los sueños y las utopías pueden ser una meta a alcanzar por millones de personas de bien que poblamos el planeta. Cada uno, cada una, en su pequeño mundo, porque no todos somos iguales desde nuestra forma de ser y estar en el mundo, como se puede demostrar por los desequilibrios escandalosos que nos rodean, sin ir más lejos en nuestra Comunidad, siendo mínimamente sensibles con la realidad más próxima que nos sitia, a veces.

Pero quiero creer que es posible construir otro mundo más habitable para ser, dando la vuelta a la realidad que se proyecta todos los días en la clave “para tener”. El pasado 21 de agosto leí un artículo en el diario El País, Sueños y utopías, escrito por Antoni Gutiérrez-Rubí, que no he olvidado desde entonces. Sobre todo porque me recordó que el compromiso personal con la ética personal y colectiva debe estar activo siempre para no hacernos partícipes de los silencios cómplices que tanto abundan en la actualidad. Decía su autor, en referencia al discurso de Luther King que: “Esas 1.666 palabras sacudieron a la sociedad mundial con tres principios: más unidad, más igualdad, más democracia. Los mismos que cien años antes, a mediados de junio de 1858, en la Convención Republicana de Springfield que le postularía como candidato a senador por el Estado de Illinois, Abraham Lincoln transmitió en su memorable discurso: “Una casa dividida contra sí misma no puede mantenerse en pie”. La política como utopía necesaria y, en consecuencia, que debe ser posible y realizable. La utopía como proyecto”.

Estamos viviendo unos días muy complejos en Andalucía. La dimisión del presidente Griñán viene a corroborar la necesidad de creer en sueños por realizar y en utopías posibles, porque es imprescindible tomar conciencia que hay que hacer mucho camino al andar, que es un problema de recorrido no de espacio, muy complejo, pero alcanzable: “todo valle será alzado y toda colina será bajada”, agregando la reflexión de Antonio Machado: “Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”.

Pero la clave de lo que leí el pasado 21 de agosto estaba en esta frase: “Cincuenta años después, su discurso es parte de la cultura universal. Trasciende el contexto y la historia concreta, para situarse en un plano moral y se transforma en imperecedero e inagotable. Cincuenta años después, la política −en particular en nuestra realidad más próxima− se ha desgajado de la palabra que emociona, que interpreta y proyecta, que acoge y proclama. El descrédito de la política es triple: no tiene sueños que se conviertan en retos, no defiende utopías que comprometan a la acción y no encuentra las palabras que conmuevan y promuevan los cambios colectivos: aquellos que son mucho más que la suma de los individuales”.

Efectivamente, estamos instalados en una profunda crisis política y, aún peor, en una profunda crisis democrática. Nos falta emoción, para convertir los sueños en realidades confortables, muy sencillas, por otra parte, sin depender de entornos meramente materiales. Pero lo peor es que nos falta la palabra, aquella que conmueve y promueve los cambios personales y colectivos, revoloteando en nuestros alrededores una palabra terrible: la desafección. A la persona política, al cambio democrático con representación en Partidos, a casi todo.

Tengo hoy un sueño: que la nueva situación que se inicia en Andalucía sea realmente una oportunidad para cambiar primero y aunar, después, muchas voluntades, que como aprendí de la Cantata de Santa María de Iquique, solo se hace posible por el amor y el sufrimiento, cuando se hacen necesarios para tomar conciencia de que no podemos avanzar en un mundo como el actual, pendientes de que una fragata americana lance en las próximas horas un misil Tomahawk contra Siria, que lleva en su cabeza nuclear el mismo chip que la Play Station de nuestros hijos.

Sueño con recuperar alma. Además, como he escrito en otras ocasiones, nos falta alma y cuando falta alma, falta la vida. Da casi todo igual. ¡Qué paradoja!, porque ya no hace falta eso: tiempo. Vuelvo otra vez a mi hombre de secreto, que no el de todos, a reflexionar la frase que regaló en una ocasión el escritor Lobo Antunes en el acto de recepción del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, en la Feria Internacional del Libro, en la ciudad de Guadalajara (México), en noviembre de 2008, transfiriendo una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, por si detrás de todo esto está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque al igual que manifestó en ese acto: “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…

Hoy, gracias a Martin Luther King, sus palabras suenan mejor que nunca: necesitamos más unidad, más igualdad y más democracia, más alma en definitiva, porque parafraseando una frase de Lincoln muy querida para él, “Una casa [Andalucía] dividida contra sí misma no puede mantenerse en pie”. Sería una forma de agradecer de forma expresa su compromiso activo, su legado maravilloso en un día que merece la pena recordar con respeto y admiración.

Sevilla, 28/VIII/2013

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