Conmover el corazón

CUPULA

Fernando Savater nos ofrece una nueva oportunidad para conmovernos con lo que pasa en el mundo, tal y como se expresa hoy en el diario El País, en un artículo del que recomiendo su atenta lectura: Savater pone los puntos sobre las íes en educación, cultura y periodismo, con motivo de una nueva publicación de este autor al que tanto gusta susurrar a los caballos: Figuraciones mías. Sobre el gozo de leer y el riesgo de pensar.

Lo que me ha llamado la atención es el hilo conductor sobre el que se presenta esta recopilación de artículos de un autor al que sigo de cerca desde hace ya muchos años, cuando la Ética para Amador me facilitaba encuentros conmigo mismo. Me refiero “a la pregunta que le hizo un amigo comerciante a Stendhal: “¿Para qué sirve la cúpula de san Pedro del Vaticano?”, a lo que el escritor francés contestó: “Sirve para conmover el corazón humano”. Creo que esta respuesta resume perfectamente la gran preocupación de Savater a lo largo de su vida de compromiso activo, en momentos difíciles para este país y para el suyo de secreto: “Educar no es solo preparar empleados, sino ante todo ciudadanos e incluso personas plena y conscientemente humanas, porque educar es cultivar la humanidad y no solo preparar para triunfar en el mercado laboral. Esa es la verdadera rentabilidad democrática de la formación educativa y de la adquisición de esa riqueza es algo cuya reivindicación nunca debe abandonarse”.

En los tiempos que corren en este país, donde la educación para la ciudadanía se convierte por arte política del gobierno central en una asignatura innecesaria en su configuración actual, cuestión sobre la que me he pronunciado y posicionado de forma abierta en este blog, es imprescindible recuperar esta visión desarrollada por Savater de cultivar la humanidad que nos pertenece como ciudadanos, a lo largo de su trayectoria y ahora en este libro, con una crítica a las sucesivas reformas educativas, no inocentes por cierto cuando se tiene en cuenta el “gobierno correspondiente”: “La deriva nefasta es que en toda la democracia no ha habido jóvenes que hayan empezado y acabado con la misma ley de educación. Solo se promete que van a derogar la anterior. No ha habido un mínimo común denominador. Había podido ser Educación para la Ciudadanía que eliminaron con el argumento de que tenía doctrina, cuando la única doctrina era crear buenos ciudadanos. Por no hablar de lo que ha pasado con la filosofía”.

En el año 1976, cuando seguía recibiendo educación en Roma para ser un buen ciudadano en el mundo, me pasó algo muy cerca de la cúpula de San Pedro, en el Vaticano, recordando la pregunta a Stendhal que citaba anteriormente. Fue cuando me aproximé a la estatua sobrecogedora de San Pedro, recordando un poema precioso de Rafael Alberti, Basílica de San Pedro, a quien tanto admiro:

“DI, JESUCRISTO, ¿por qué
me besan tanto los pies?

Soy San Pedro aquí sentado,
en bronce inmovilizado,
no puedo mirar de lado
ni pegar un puntapié,
pues tengo los pies gastados,
como ves.

Haz un milagro Señor.
Déjame bajar al río,
volver a ser pescador,
que es lo mío”.

Me conmovió el corazón aquella experiencia, cuando aprecié de cerca el pie derecho de bronce, tan gastado, del gran pescador. Y decidí en ese momento que tenía que volver al río de mi vida, en el que todavía estoy navegando sin haber dejado de remar en él un solo día.

Sevilla, 18/XI/2013

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