Réquiem por Educación para la Ciudadanía

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Fotograma de la película “Hoy comienza todo”, de Bertrand Tavernier, ejemplo de cómo la educación para la diversidad es una marca indeleble en un Gobierno concreto y en las funcionarias y funcionarios que tienen que ejecutar sus leyes.

Hoy se va a producir en el Congreso de los Diputados una situación democrática inapelable, gracias al rodillo de la mayoría del partido en el Gobierno, que me sume en una gran tristeza pero no conformismo cómplice: la aprobación de la séptima reforma educativa, nada inocente por cierto, que va a suponer un giro copernicano en la educación de niños y niñas en este país. Ya sé que no está de moda hablar de estos asuntos tan serios, cuando el nananá de Rafael nos recuerda la importancia de salvarnos in extremis de nuestra situación difícil si compramos un décimo de lotería (del Estado, para mayor INRI…). Se van a producir muchos cambios, que para la gran mayoría social van a pasar desapercibidos, pero mediante una consulta rápida a los contenidos de esta reforma se aprecian sesgos muy preocupantes en claves educativas tales como fijación por decreto de los contenidos troncales y posible adecuación en cada Comunidad Autónoma de las llamadas materias específicas, es decir, las marías de toda la vida y las de ahora (Educación física, Plástica, Música, entre otras).

También se recupera un viejo método, el de las Reválidas, para seguir potenciando la memoria española, que no tiene parangón, frente a la objetivación de los conocimientos, aptitudes y actitudes, sin ruptura alguna, de cada alumno, de cada alumna.

Pero lo que mueve de la silla es el triunfo de la Conferencia Episcopal Española en el diseño de la formación de valores, sellando definitivamente la muerte de Educación para la Ciudadanía, al ser sustituida por Valores Culturales y Sociales en primaria y Valores Éticos en secundaria.

Soy consciente de que para muchas personas pasará sin pena ni gloria el pleno de hoy en el Congreso de los Diputados y lo que va a ocurrir en él, pero se va a producir un hecho que pone los pelos de punta, la demolición de lo que se ha construido en torno a educar para la ciudadanía, para que los alumnos de todos los niveles sean unos ciudadanos respetuosos consigo mismo y con los demás, más con la que está cayendo respecto de valores personales y comunitarios en este país, tan dedicado a fomentar la opinión y no la teoría crítica, donde los valores éticos están por los suelos, eso sí, los de los demás, porque los que opinan todos los días al respecto, creen que a ellos no les afecta.

¿Qué hacer?, que diría Lenin. Aprendí hace muchos años, junto a Luis Pastor, la letra de una canción que sigo recordando siempre, gracias a Mario Benedetti en su fondo de compromiso activo:

Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

compañero te desvela
la misma suerte que a mí
prometiste y prometí
encender esta candela

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

Porque sin educar para la ciudadanía, va a ser cada vez más difícil unir quieros y puedos, para no tener que jugar con la suerte de la lotería para ser felices y ciudadanos en el mundo de cada uno, para encender candelas que nos sirvan de guía para vivir en un mundo más justo, equitativo y saludable.

Si te preocupa esta situación, te agradecería que leyeras una recopilación de los post en este blog, que he escrito desde 2006 al respecto, con el título “Educación para la educación en ciudadanía y derechos humanos” , donde he procurado ser muy objetivo y defender con argumentos la quintaesencia de una buena educación para la ciudadanía en España y para el mundo. Puede servir para comentarlo y compartir ilusiones y proyectos respecto de esta materia que tiene sus horas contadas. Para organizar también una operación rescate en lo que cada uno pueda hacer en su minoría o mayoría silenciosa. La que corresponda.

Gracias, de antemano, por lo que puedas hacer, siendo conscientes de lo que está ocurriendo en este momento en el Congreso de los Diputados y que tanto me entristece, pero no quiero formar parte del silencio cómplice que tanto detesto ante cualquier situación donde se nos exige compromiso activo.

Sevilla, 28/XI/2013

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