Serrat: gracias, setenta veces

Juan Manuel Serrat cumplió setenta años el pasado 27 de diciembre y quiero dedicarle hoy una felicitación especial. Hay razones personales de todos y otras de secreto para agradecerle todo lo que he recibido de él durante más de cincuenta años. Todavía recuerdo la compañía sonora que me ha ofrecido a través de su forma de entender la vida y la obra de Antonio Machado y Miguel Hernández, en momentos en los que una de las dos Españas nos helaba el corazón.

Ayer leí un artículo extraordinario, pero inquietante en el buen sentido de la inquietud, de Diego A. Manrique, en el diario El Pais, Serrat y su “Montonera”, sobre una canción desconocida para muchas personas porque no autorizó convertirla en mercancía. En ella se hace una referencia expresa a su compromiso activo con la izquierda revolucionaria argentina, convirtiéndose en un ejemplo digno de admiración, pero inquietante cuando hay que volver la vista atrás. La letra de “La montonera” es un compendio de dudas sobre la base de que no es fácil crear iconos revolucionarios (Perón…), a pesar de la ejemplar vida de aquella militante de base argentina: “Cayéndose y volviéndose a levantar, la montonera / que buen vasallo sería / si buen señor tuviera”.

Esta lectura me ha recordado momentos difíciles en mi vida, cuando en 1968 tomé la decisión de comprometerme con el llamado tercer mundo, iniciando un viaje a Italia para quedarme allí unos meses y formarme en un proyecto de entrega personal a los más desheredados. Serrat ya me acompañaba con su canción Ahora que tengo veinte años por esos mares de Dios que tan bien cantó desde 1969 recordando a Machado:

Ahora que tengo veinte años, ahora que aún tengo fuerzas, que no tengo el alma muerta, y me siento hervir la sangre. Ahora que me siento capaz de cantar si otro canta. Hoy que aún tengo voz y aún puedo creer en Dios… Quiero cantar a las piedras, a la tierra, al agua, al trigo y al camino, que voy pisando. A la noche, al cielo, a este mar tan nuestro, y al viento que por la mañana viene a besarme el rostro.

Aquella experiencia italiana no acabó bien, porque la forma de entender la evangelización la Iglesia católica, apostólica y, sobre todo, romana, no era compatible con lo que pensábamos el grupo de españoles que habíamos viajado hasta un pueblo cerca del lago de Garda con un solo objetivo: llevar la ansiada libertad a los más débiles de la tierra. Preparamos un manifiesto de queja y nos expulsaron por revolucionarios, poniéndonos a los cinco en la calle, ligeros de equipaje, con billetes de autobús, tren y barco para volver a España por el querido Mediterráneo de Serrat.

No lo he olvidado nunca. Aprendí mucho de aquella experiencia con 21 años recién cumplidos y siempre me vi reflejado, a lo largo de años posteriores, en una hermosa canción de las colecciones citadas: Para la libertad…, en un disco memorable publicado en 1972, con poemas de Miguel Hernández y que todavía me acompaña en cada viaje interior que inicio:

Para la libertad sangro, lucho y pervivo
[…]
Retoñarán aladas de savia sin otoño,
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño
y aún tengo la vida.

Por haber puesto banda sonora a mi vida y cuando cumples setenta años, gracias Serrat por las pequeñas cosas que aprendí a valorar contigo desde los veinte años: “… que nos dejó un tiempo de rosas en un rincón, en un papel o en un cajón.”

Sevilla, 31/XII/2013

NOTA: para facilitar la comprensión de fondo y forma de la canción “Ahora que tengo veinte años”, adjunto la traducción al castellano:

Ahora que tengo veinte años, ahora que aún tengo fuerzas, que no tengo el alma muerta, y me siento hervir la sangre. Ahora que me siento capaz de cantar si otro canta. Hoy que aún tengo voz y aún puedo creer en Dios… Quiero cantar a las piedras, a la tierra, al agua, al trigo y al camino, que voy pisando. A la noche, al cielo, a este mar tan nuestro, y al viento que por la mañana viene a besarme el rostro. Quiero alzar la voz por una tempestad, por un rayo de sol, o por el ruiseñor que ha de cantar al atardecer. Ahora que tengo veinte años, ahora que aún tengo fuerzas, que no tengo el alma muerta, y me siento hervir la sangre. Ahora que tengo veinte años, ahora que el corazón se me dispara, por un instante de amar, o al ver un niño llorar… Quiero cantar al amor. Al primero. Al último. Al que te hace padecer. Al que vives un día. Quiero llorar con los que se encuentran solos, y sin ningún amor van pasando por el mundo. Quiero alzar la voz, para cantar a los hombres que han nacido de pie, que viven de pie, y que de pie mueren. Quiero y quiero y quiero cantar. Hoy que aún tengo voz. Quién sabe si podré mañana.

Pero hoy sólo tengo veinte años. Hoy aún tengo fuerzas, y no tengo el alma muerta, y me siento hervir la sangre…

2 comentarios en “Serrat: gracias, setenta veces

  1. bello todo Serrat..en su estampa, en su decir, en su compromiso con lo justo…un forjador de utopías en los que ya hemos cruzado el medio siglo de vida!!! tuvimos la dicha de conocerlo en carne y hueso…porque seguirá vigente + allá de su finita vida…pero eso ya será otra historia, pués al bronce a veces se le pegan santidades

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