La felicidad no es sólo flor de un día…


ONU:DÍA INTERNACIONAL DE LA FELICIDAD

Hoy se celebra el Día Internacional de la Felicidad. Faltan días ya en el calendario para recordarnos que tenemos que celebrar o ser algo en la vida, aunque la sociedad de consumo los aproveche para hacer su agosto o su marzo, como en esta ocasión. La felicidad sólo está en el cerebro de cada uno y en su entorno de cada día, por mucho que el poderoso caballero don dinero sea una meta final, para muchos, en la que creen alcanzar la felicidad suprema, con el sarcasmo de Woody Allen por medio: “El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida que se necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia”. Además, un dato preocupante sobre la percepción del bienestar, de la felicidad, en España: según Eurostat, estamos ligeramente por debajo de la media de la UE (7,1 sobre 10), con una puntuación de 6,9, siendo Dinamarca el país que alcanza mayor satisfacción (8) y Bulgaria el que menos la siente (4,8).

Sigo trabajando en construir conocimiento positivo mediante el cerebro feliz, aunque hoy echo de menos la asignatura secuestrada de “Educación para la Ciudadanía”, porque era un medio excelente para educar en felicidad. Por este motivo y contrarrestando la paradoja que celebra hoy la ONU, el Día Internacional de la Felicidad, vuelvo a publicar un post que publiqué en 2007 y que para mi sigue teniendo vigencia plena, justificando hoy más que nunca que la felicidad no debe ser flor de un día de mercadotecnia sino fruto de una inteligencia educada en procurar buscarla y vivirla todos los días.

Sevilla, 20/III/2015, Día Internacional de la Felicidad y del septuagésimo aniversario de la Organización de las Naciones Unidas

EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA, PARA ESO (V): APRENDER A SER FELIZ

Escribo hoy este post como regalo de comienzo de Curso (?) (se les ha escapado a las nacionales y multinacionales del sector, ¡qué le vamos a hacer!…) para todas las adolescentes, para todos los adolescentes, que en un entorno diseñado por el enemigo, como diría mi amigo Juan Cobos Wilkins, comienzan en los días próximos a hojear, ojear, leer y asimilar los contenidos de la asignatura “Educación para la ciudadanía”, con la ilusión personal por compartir una meta real y alcanzable: que les sirva para ser felices. En esta tarea estoy desde que descubrí las posibilidades innatas y adquiridas que nos ofrece la inteligencia creadora de felicidad, de cada una, de cada uno, para lograr este fascinante cometido. Ahora, con la ayuda segura de estos contenidos, de estas variaciones sobre el mismo tema en los diferentes textos a cursar, sabiendo de forma responsable que la felicidad dejó de ser un proyecto inocente desde el momento que supimos, como personas, que teníamos que convivir en proyectos vitales diferentes. Ser ciudadanas ó ciudadanos, ó tener educación para ser ciudadanas ó ciudadanos, esa es la cuestión.

CONSTITUCIÓN 1812-ARTÍCULO 13
Constitución de 1812. Artículo 13 (Facsímil)

He dado muchas vueltas durante los últimos días en mi visita al “barrio de la ciudadanía”, como metáfora de mi aproximación al análisis del segundo texto de Educación para la ciudadanía, dirigido por José Antonio Marina y publicado por la editorial SM. Viendo la portada y contraportada, he paseado de forma imaginaria por la Avenida de la Solidaridad, saliendo por la calle de la Igualdad y contemplando a un grupo de personas desde mi particular atalaya de observador de la realidad cotidiana, para desembocar finalmente en la Avenida de la Justicia. Vengo siguiendo muy de cerca al autor desde que le conocí a través de su primer ensayo sobre la inteligencia, Elogio y refutación del ingenio, con el que obtuvo el premio Anagrama de Ensayo correspondiente a 1992 y tengo que confesar que probablemente no sea todo lo imparcial que necesitaría esta serie dedicada a “su” texto, porque le admiro y respeto en toda su obra, que he seguido como un fan –controlado- de su inteligencia creadora.

A diferencia del texto de Santillana, el planteamiento metodológico es más complejo, siguiendo la siguiente estructura metodológica y cromática en cada una de sus Unidades didácticas: Presentación, Desarrollo de contenidos, Educación emocional, Razonamiento práctico, A fondo, y Síntesis y Actividades finales. Asimismo, introduce la novedad de conectar mediante Internet para entrar en la extensión virtual del libro. Igualmente, el índice se desarrolla con una estructura diferente al texto anterior, distribuida en nueve Unidades didácticas: ¿qué es la ciudadanía?, la resolución inteligente de conflictos, la lucha por la felicidad, la dignidad y los derechos humanos, ¿cómo debe ser el ciudadano?, ¿quién soy yo?, la convivencia con los cercanos, la convivencia con los demás ciudadanos y la democracia.

Inmediatamente después, la gran sorpresa: un relato para comenzar, La isla, donde a lo largo de cuatro páginas se plantea una situación límite derivada de un avión caído al mar con alumnos de un Instituto, en un lugar remoto del Índico, que hay que resolver mediante principios de convivencia. Probablemente una lectura de eterno retorno durante esta experiencia didáctica porque hay que sobrevivir en un mundo a veces diseñado por el enemigo: “La historia cuenta los problemas que tuvieron que resolver para sobrevivir, muy parecidos a los que la humanidad ha tenido que solucionar a lo largo de la Historia”. Nada más y nada menos, porque la solución la encontraremos, “próximamente en este salón virtual”, tal y como aparecía en los títulos de crédito al finalizar los “tráiler” en mis cines paraíso de la infancia y adolescencia. Antes de pasar al ambigú donde podía encontrar la selecta bollería… de la vida.

Y comienza la primera Unidad, con la pregunta del millón de euros: ¿Qué es la ciudadanía?”, el oscuro objeto del deseo –para algunas, para algunos- de esta asignatura. Y el autor, desde el principio, hace un striptease ético, manifestando y declarando sin ambages el suelo firme sobre el que están construidas las nueve Unidades: la ciudadanía es la relación entre cada persona y la sociedad en la que vive. De esta forma, esta relación debe garantizarnos las condiciones necesarias para vivir felizmente. Y entra de lleno en el análisis de la pregunta crucial sobre la que girarán ya todos los contenidos de la asignatura: vivir en sociedad, de la convivencia a la política y ¿qué es la política?, utilizando encarte muy en la línea de las experiencias vitales de las adolescentes y de los adolescentes contemporáneos: mensajes SMS del tipo “pásalo”: necesitamos convivir para sobrevivir, recordatorios y actividades. Sigue abordando asuntos cruciales y de una rabiosa actualidad: ciudadanos de un Estado ciudadanos del mundo, haciendo un excursus sobre el origen etimológico de la mayor parte de las palabras que comprometen la ciudadanía: política, ciudad, foro, senado, pueblo, etc. y donde se demuestra que la originalidad en estas experiencias las debemos a nuestros antepasados. Siguen las actividades.

Y algo tan querido para José Antonio Marina, como es la demostración de que la gran tarea de la inteligencia es desarrollar actos felices en la vida diaria y ordinaria, se deja entrever en otro capítulo de esta Unidad primera, al introducirse en los vericuetos de la sociedad justa y feliz: conocimiento de las utopías para mejorar el mundo, cómo se puede alcanzar la felicidad personal y política, poniendo ejemplos tan extraordinarios como la frase resumen de la Constitución de 1812, que decía: “El objeto del gobierno es la felicidad de la Nación”. Ser felices debe ser un proyecto común: construir una “Casa” común, asumir la compasión y la solidaridad como actitudes proactivas para sentirnos protagonistas de un gran proyecto humano que trascienda la catetez extrema de no ver más allá de nuestras “narices” personales, familiares y sociales. Ser muchas veces voces de los que no tienen voz.

No podían olvidarse los grandes protagonistas a nivel personal de este tipo de experiencias docentes en relación con la convivencia: los sentimientos y las emociones, como la eclosión auténtica de una correcta vida afectiva. Feliz, en la clave de esta Unidad didáctica. Aborda la educación emocional, una gran olvidada en el currículum escolar de nuestro país, los diferentes tipos de sentimientos, destacando la venganza como impulso donde la fuerza acaba venciendo a la razón. Y despide la Unidad con razonamientos prácticos: hay que pensar juntos en muchas ocasiones, construyendo la teoría y práctica de algo que va a ser consustancial con la vida misma: el debate. Y el ejemplo básico, como punto de partida, se fija en el problema del botellón, con la declaración explícita de las reglas de juego, con apoyo de recortes de periódico, datos sociológicos y sanitarios y con la proyección del problema a título individual: mucho hablar, mucho hablar, pero ¿qué puedo hacer yo?.

La Unidad se cierra, finalmente, con una síntesis dibujada en un esquema muy limpio de los contenidos tratados, con unas actividades resumen y, nunca mejor dicho, con un redireccionamiento a la página web que va a servir de base de datos del conocimiento para la convivencia, donde se puede profundizar todo lo tratado en la Unidad.

Me ha gustado mucho el planteamiento de la Unidad. Conociendo muy bien a José Antonio Marina, sé que ha dejado por unos meses su profesión “confesada y confesable” de detective al servicio de la inteligencia de los demás, para acotar la posibilidad de que en la etapa de la adolescencia, clarísima población objeto de esta asignatura, las jóvenes y los jóvenes que la cursen con su texto, puedan quitar a sus padres ó los que se responsabilizan de su educación personal e intransferible, la preocupación que puedan tener sobre “loqueestaránaprendiendoenestaasignaturaquehatenidotantosproblemasparaarrancarenesteCurso” [sic], diciéndoles, diciéndonos a todas y todos a los cuatro vientos, cuatro palabras muy sencillas: aprendo a ser feliz.

Sevilla, 15/IX/2007

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