El Nobel de Literatura ya no está en el viento

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Ha sorprendido al mundo: Bob Dylan ha ganado el premio Nobel de Literatura 2016, contra casi todo pronóstico canónico de estos premios. Las personas que hemos vivido en sus años reivindicativos y que sabemos que forma parte de la banda sonora de nuestras vidas, no nos extraña esta sorprendente decisión de los Nobel, porque se ha entregado el premio a un extraordinario representante de una generación que protestaba contra un mundo diseñado por el enemigo. 

He vuelto a leer con detalle la letra de una de mis canciones preferidas de Dylan, Soplando en el viento, que ya transcribí en un post que escribí en 2006 en este blog, con motivo de la publicación de un nuevo álbum, de  nombre programático: Tiempos Modernos.

Reproduzco a continuación el citado artículo,  La respuesta ya no está en el viento, que hoy se amplifica al constatar aquella reflexión como hilo conductor: la respuesta está en las personas, hoy, en el premio dado a una que nos ha representado durante décadas, con palabras hermosas para ilusionarnos y seguir creyendo al paso de los años que, efectivamente, otro mundo es posible. Con tu quiero y mi puedo.

Este es mi pequeño homenaje.

Sevilla, 13/X/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://www.jotdown.es/wp-content/uploads/2012/05/Bob-Dylan.jpg

La respuesta ya no está en el viento

Bob Dylan vuelve. Ha escogido para su nuevo álbum un título con reminiscencias cinematográficas de gran calado: Tiempos Modernos, aquella prodigiosa película que toda buena cinéfila ó presunto cinéfilo sabe valorar en su justa medida. Pero mi recuerdo no va hoy por esos derroteros. He recordado a Dylan por aquella hermosa letra de su canción, inolvidable: Soplando en el viento (Blowin´in the wind):

¿Cuántos caminos tiene que andar un hombre antes de que le llaméis hombre?
¿Cuántos mares tiene que surcar la paloma blanca antes de poder descansar en  la arena?
Sí, ¿y cuánto tiempo tienen que volar las balas de cañón antes de que sean  prohibidas para siempre?
La respuesta, amigo mío,
está soplando en el viento
La respuesta, está soplando en el viento

Sí, ¿y cuánto tiempo tiene un hombre que mirar hacia arriba antes de que pueda ver el cielo?
Sí, ¿y cuántos oídos tiene que tener un hombre para que pueda oír a la gente gritar?
Sí, ¿y cuántas muertes se aceptarán, hasta que se sepa que ya ha muerto demasiada gente?
La respuesta, amigo mío,
está soplando en el viento
La respuesta, está soplando en el viento

Sí, ¿y cuántos años puede existir una montaña antes de ser bañada por el mar?
Sí, ¿y cuántos años deben vivir algunos antes de que se les conceda ser libres?
Sí, ¿y cuántas veces puede un hombre volver la cabeza fingiendo no ver lo que ve?
La respuesta, amigo mío,
está soplando en el viento
La respuesta, está soplando en el viento

cuando he conocido que el Profesor Stephen Hawking se ha decantado por una respuesta muy optimista –de las 25.000 que obtuvo- a la pregunta del millón de dólares que lanzó al ciberespacio en los primeros días de Julio del año en curso: ¿cómo sobrevivirá la especie humana los próximos 100 años? La solución escogida confía en el ser humano. Prodigioso. Queda claro que la respuesta no es inocente y alberga una gran esperanza respaldada por un sabio no distraído, sino pre-ocupado por el sentido de la vida y su futuro. La respuesta está en las personas. Así de expeditivo. Y la ha dado un internauta muy particular, Semi-Mad Scientist (científico casi loco), tal y como lo recoge como reportaje muy impactante el diario El País, en su edición de 24 de agosto de 2006: “el caos no es algo nuevo, sino que “ha estado con nosotros desde hace mucho tiempo”, y que, a pesar de todo, el ser humano ha logrado sobrevivir. Afirma que somos una especie que siempre se ha adaptado y que seguiremos haciéndolo. Aunque reconoce que ahora hay peligros nuevos e identifica tres amenazas graves: una guerra nuclear, una catástrofe biológica y el cambio climático. Está convencido de que “los recursos que tenemos ahora probablemente no existirán en 100 años”, pero añade que “tampoco existían en el siglo pasado”. El científico casi loco sostiene que si Europa sobrevivió a la peste negra del siglo XIV, que se llevó por delante a un tercio de la población, el ser humano logrará superar cualquier catástrofe que pueda ocurrir. Después, él mismo se interroga sobre su optimismo: “¿Que por qué tengo está fe en la humanidad? Porque debo tenerla. (..) Creo tan firmemente que sobreviviremos como que el sol saldrá mañana”. Si no hay fe en la supervivencia, no puede haberla en nada más, concluye”.

La respuesta, decididamente, ya no está en el viento. Desde aquél aprendizaje ilusionante de 1972, donde todos los progresistas tarareábamos la canción de Dylan, han pasado 34 años, en el convencimiento de que merecía la pena luchar por dar respuesta a aquellas preguntas tan llenas de interés en un país que buscaba la libertad deseperadamente. Aunque sigamos preguntándonos con una actualidad rabiosa cómo podemos responder aquellas nueve cuestiones a las que seguimos obligatoriamente obligados a atender a pesar del tiempo transcurrido. Aunque cuestionemos, cada vez más, el porqué de la separación entre las personas, barrios, y naciones del planeta Tierra en estos tiempos modernos, más o menos como el protagonista de la película del mismo nombre (estrenada hace setenta años) y cuya sinopsis nos recuerda la respuesta del científico casi loco que ha entusiasmado a Hawking: “un obrero de la industria del acero acaba perdiendo la razón, extenuado por el frenético ritmo de la cadena de montaje de su trabajo. Después de pasar un tiempo en el hospital recuperándose, al salir es encarcelado por participar en una manifestación, en la que se encontraba por casualidad. En la cárcel, también sin pretenderlo, ayuda a controlar un motín por lo que gana su libertad. Una vez fuera de la cárcel reemprende la lucha por la supervivencia, lucha que compartirá con una joven huérfana que conoce en la calle”. Fe en la supervivencia.

Por primera vez, en homenaje a Chaplin, Dylan y Hawking, cualquier parecido con la realidad actual ya no es tampoco pura coincidencia.

Sevilla, 26/VIII/2006

2 comentarios en “El Nobel de Literatura ya no está en el viento

  1. Juan R. Martín dijo:

    Si, sorprendente, y puede llegar a entenderse… Pero ¿no hay escritores más meritorios para este Nobel ? Quizás los Nobel están llegando a un punto donde prima más la polémica que el reconocimiento de la persona a quién se le concede, para muestra un botón : Nobel de la paz Obama ¿?

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  2. José Antonio Cobeña Fernández dijo:

    Es lo que pasa cuando estos premios se convierten en mercancías, olvidando auténticos derechos y deberes humanos… Recuerdo el fallido Premio Nobel reciente de Medicina al cirujano que sustituía tráqueas por prótesis artificiales y que ha resultado un fiasco total. Lo andan buscando.

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