La verdad viene a vernos siempre

Es un honor para este país la realización de una película preciosa, Un monstruo viene a verme, dirigida por Juan Antonio Bayona, que he visto y sentido con admiración absoluta. Con independencia de la protección mediática de Mediaset en su carta de presentación, nunca inocente en el tratamiento de sus mercancías, hay que reconocer su calidad excepcional, basada en un best-seller de corte cinematográfico escrito por Patrick Ness (guionista asimismo de la película), sobre una idea original de la escritora Siobhán Dowd, especializada en literatura infantil, que murió antes de finalizar su obra en ciernes. Cuenta con un reparto en el que se mezcla la calidad de actores consagrados con noveles, como se demuestra en el del papel principal del adolescente Conor O’Malley, que interpreta magistralmente desde el más puro anonimato Lewis MacDougall, junto a Felicity Jones (su madre), Liam Neeson (el monstruo-tejo de sus sueños), Sigourney Weaver (su abuela) y Geraldine Chaplin (directora del Colegio).

El argumento traduce la compleja realidad del mundo infantil y adolescente que tiene que enfrentarse a hechos reales que conforman la tríada de acoso escolar, separación de los padres y enfermedad letal de la madre, en un mundo que poco favorece la comprensión de situaciones límite en almas de niño. Todos podemos sentirnos reflejados en el sentimiento de Conor, cuando todos los días y a las 12:07 horas de la noche, da paso a la realidad terca de los sueños como respuesta a deseos que no se cumplen en la vida ordinaria, convirtiéndose en pesadillas. Hasta que un día y a esa hora un monstruo le espera en el jardín de su casa, que personifica el árbol viejo y robusto, un tejo, que veía con frecuencia desde la ventana de la cocina. Ahora tiene brazos que le cobijan, piernas y una cara aterradora con ojos luminosos y con tres historias que contarle, aunque con una condición: él, a pesar de su corta edad, tiene que contarle también una cuarta historia, que es la última y quizá la más importante.

Las secuencias animadas de las tres historias contadas por el monstruo son excelentes y de alto contenido educativo, aunque enigmáticas y contradictorias para Conor, porque la verdad es una dialéctica casi imposible de entender en la vida, que nunca es un cuento. Cuando al finalizar la película parecen resueltos por pura resignación los problemas que genera siempre la verdad, te levantas de la butaca del cine pensando en lo duro que es seguir viviendo todos los días enfrentándonos ya como adultos a las verdades que sentimos en nuestra persona de secreto y que pocas veces contamos a los que más queremos. Es lo que Bayona pretende decirnos al oído, para que sigamos escribiendo el mejor guion de nuestra vida. Con esta película, él nos ayuda, porque no solo es mercancía, sino un catálogo sucinto de pequeños derechos y deberes para seguir viviendo con dignidad y con la verdad por delante a pesar de todo.

Sevilla, 16/X/2016

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