Vergüenza ajena como exfuncionario

FORGES

Hemos sido noticia otra vez los funcionarios, no por su trabajo digno diario, mayoritario, en todo el país, sino por algo por lo que he sentido vergüenza ajena al escucharlo. Ha sucedido en el Ayuntamiento de Ponteareas (Pontevedra) el pasado lunes, donde se ha aprobado en Pleno un acuerdo, con los votos de BNG, PSdeG-PSOE y Riada do Tea, mediante el cual se incentiva la efectiva asistencia y permanencia en el trabajo -a la que se destina el 70% de lo que se abonará en concepto de productividad- “cuando el personal municipal realice el noventa por ciento de la jornada máxima semanal vigente en el Concello en cada momento”.

La interpretación popular es inmediata: se va a premiar al personal funcionario por ir a trabajar, porque hacerlo por trabajar mejor para salvaguardar el interés general sin pérdida de tiempo alguno, a través de objetivos públicos alcanzados, por ejemplo, es harina de otro costal. Me parece inconcebible el procedimiento y daña a la imagen del funcionariado en general, cuyo trabajo es encomiable de forma mayoritaria. Cantidad de tiempo presencial versus calidad en el logro de objetivos públicos al servicio del interés general, en estado puro.

Con esta decisión damos pábulo a la concepción extendida a nivel popular sobre funcionarios y funcionarias de este país, altivos, que he recordado en varias ocasiones en este blog: “A Blanca, la protagonista de una novela entrañable de Antonio Muñoz Molina, En ausencia de Blanca, no le gustaba pronunciar la palabra “funcionario”, aludiendo a Mario, su marido. Cuando Blanca quería referirse a las personas que más detestaba, las rutinarias, las monótonas, las incapaces de cualquier rasgo de imaginación, decía: “son funcionarios mentales”. Cuando en una ocasión vi aquel chiste de Forges, brillante humorista español, en el que aparecían tres presuntos funcionarios echados hacia atrás en sus sillones, con las manos cruzadas en la nuca y diciendo: “se me abren las carnes cada vez que me dicen que me tengo que ir de vacaciones…”, me pregunté el porqué de estas interpretaciones de la calle. Sin comentarios. Pasados los años, ocupando ahora un puesto de responsabilidad en el ámbito de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación en el ámbito económico-financiero, me gustaría retomar aquellas consideraciones desde la perspectiva de asunción de responsabilidades de un funcionario que no sabe muchas cosas que los ciudadanos y ciudadanas de este país sospechan en la relación con la Administración andaluza”.

Lo digo hoy como exempleado público, porque he crecido junto a la reiterada referencia a Larra, ¡vuelva usted mañana!, en todos los años de dedicación plena a la función pública: educativa, sanitaria y tributaria, construyendo día a día y, en contrapartida, lo que llamaba “segundos de credibilidad pública”. Me ha pesado mucho la baja autoestima, ¿larriana?, que se percibe en el seno de la Administración Pública por una situación vergonzante que muchas veces no coincide con la realidad, porque desde dentro de la misma Administración hay manifestaciones larvadas, latentes y manifiestas (valga la redundancia) de un “¡hasta aquí hemos llegado!” por parte de empleadas y empleados públicos excelentes, que tienen que convivir a diario con otras empleadas y empleados públicos que reproducen hasta la saciedad a Larra (a veces, digitalizado) y que hacen polvo la imagen auténtica y verdadera que existe también en la trastienda pública. Y muchas empleadas y empleados públicos piensan que la batalla está perdida, unos por la llamada “politización” de la función pública, olvidando por cierto que la responsabilidad sobre la Administración Pública es siempre del Gobierno correspondiente, y otros porque piensan que el actual diseño legislativo de la función pública acusa el paso de los años y que la entrada en tromba de las diferentes Administraciones Públicas de las Comunidades Autónomas, obligan a una difícil convivencia de la legislación sustantiva sobre el particular con las llamadas “peculiaridades” de cada territorio autónomo”.

Espero que las aguas vuelvan a su cauce, aunque como exfuncionario no piense que sé cosas que los ciudadanos normales ni sospechan, porque lo que si sé es que por noticias como la del Ayuntamiento de Ponteareas, el mal ya está hecho de nuevo.

Sevilla, 9/VIII/2017