Mascarón de proa / 9. Isla negra: cerrada y sellada

ISLA NEGRA CERRADA

Sevilla, 19/VII/2019

A raíz del golpe de estado de Pinochet, el fatídico 11 de septiembre de 1973, todo cambió en Chile. Pablo Neruda estaba viviendo esos días en Isla Negra, rodeado de sus mascarones y mascaronas de proa y popa, que tantos recuerdos encerraban en sus cabezas rampantes. Estaba en cama, a consecuencia de su cáncer de próstata, cuando los soldados de Pinochet entraron en su casa por allanamiento, el 13 de septiembre, pronunciando Neruda una frase inolvidable y dirigida al oficial de aquella tropa cuando buscaban armas en el jardín: “Busque, nomás, capitán. Aquí hay una sola cosa peligrosa para ustedes. ¿Qué cosa?, le preguntó. ¡La poesía!”. Lo transcribo tal y como lo cuenta Jorge Edwards, amigo personal del poeta, en su libro, Adiós poeta.

Neruda falleció el 23 de septiembre en la Clínica Santa María de Santiago de Chile, a las 10:30, como consecuencia de “Caquexia cancerosa. Cáncer de próstata. Metástasis cancerosa”. Muerte muy cuestionada e incluso llevada a los tribunales en democracia por sospecha de asesinato.

En este contexto de memoria histórica, que no olvido, quiero rendir un homenaje a Pablo Neruda y a todas las personas que después del golpe de estado sufrieron mucho por el mero hecho de ser familiares, amigos, camaradas o defensores de libertades en Chile, mucho más si estaban cerca del comunista Neruda. Les confieso que estas palabras que escribo hoy con emoción, las comparto por la impresión que me causó leer el cartel que durante la dictadura presidió durante muchos años “la casa en la arena” en Isla Negra, el lugar tan querido para el premio Nobel y porque me he estado paseando libremente por esa casa mediante visitas digitales a sus estancias en Isla Negra, gracias a la libertad digital que en el mundo existe.

El cartel citado decía exactamente: CASA CERRADA. NO SE VISITA, “por orden del juzgado de letras” (1). Leyéndolo en blanco y negro comprendo hoy mejor que nunca qué significan las dictaduras y qué pocos recursos tienen más allá de las armas. Son ideologías ciegas al color. Todavía más cuando leo las palabras del presidente Salvador Allende en un libro de poemas que ordenó publicar en noviembre de 1972 para celebrar la concesión del Premio Nobel, haciéndose constar que “este libro no puede ser puesto en venta. Su finalidad es que llegue en forma gratuita al pueblo chileno”. Salvador Allende escribió en la presentación del mismo: “[…] Es natural que en esta hora sea el pueblo quien con mayor alegría festeja a su compatriota, al hermano. Neruda, un humanista esclarecido, que ha narrado con belleza la inquietud del hombre ante la existencia. Por la poesía de Neruda pasa Chile entero, con sus ríos, montañas, nieves eternas y tórridos desiertos. Pero, por sobre todas las cosas, por ella están el hombre y la mujer. Por eso está presente el amor y la lucha social […] Sin embargo, no puedo dejar de señalar que Pablo Neruda, Embajador del Gobierno del pueblo en Francia, ha sido durante toda su existencia un combatiente con firme posición ideológica; militante de uno de los partidos que integran la Unidad Popular y miembro activo de ella. Personalmente, tengo motivos muy especiales para sentirme en este instante legítimamente conmovido por esta distinción que se otorga a Pablo, con quien durante tantos años participara en los combates populares. Fue mi compañero de muchas giras, en el norte, centro y sur de Chile, y siempre recordaré con emoción cómo el pueblo, que oía nuestros discursos políticos, escuchaba con emoción, en un silencio expectante, la lectura que hacía Pablo de sus versos. Qué bueno fue para mí ver la sensibilidad del pueblo y cómo los versos del poeta caían en el corazón y la conciencia de las multitudes chilenas. Por eso desde aquí le envío el abrazo fraterno del pueblo de Chile por mi intermedio”.

Para escribir esta serie dedicada a los juguetes grandes de Neruda, sus mascarones y mascaronas de proa y popa, he podido cruzar la puerta de entrada de su casa en la arena y cerca de las piedras negras de una isla soñada, de un marinero en tierra, tal y como le enseñó a vivir Rafael Alberti. Por esta razón, gracias por tu obra Pablo, por tu amor a la libertad, por tu ardiente impaciencia.

(1) NOTA: la imagen la he recogido hoy del documental Las casas de Neruda.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.