Hojas sueltas / 4. Cuando un zapatero opina más arriba de las sandalias, recuerda una sentencia de Apeles

Nino Pisano, Apeles

Sevilla, 31/V/2026 – 09:16 h CET (UTC+2)

Visto lo visto y oído lo oído sobre la situación política de nuestro país, he elegido hoy una “hoja suelta” de mi cuaderno digital que cobra ahora especial relevancia. Se trata de un artículo que escribí en 2009 sobre un diálogo imposible entre Apeles de Cos (352-308 a. C.), pintor oficial de Alejandro Magno, y un zapatero muy observador de lo auténtico. Ayer lo cité también, pero hoy me refiero a él en un contexto diferente.

Salvando lo que haya que salvar, creo que su lectura en estos momentos cruciales para el país, puede servirnos para comprender el fondo de esta leyenda griega, resumida en una locución a lo largo de los siglos: un zapatero no debe juzgar más arriba de las sandalias, que hoy resuena más fuerte que nunca aún perdiendo su raíz latina: Ne supra crepidam sutor judicaret.

Al buen entendedor con pocas palabras basta o lo que es lo mismo en “roman paladino”: ¡zapatero, a tus zapatos!, el lenguaje de Berceo (Quiero fer una prosa en román paladino, / en la cual suele el pueblo fablar a su vecino).

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El orgullo de Apeles (parábola actual)

Sevilla, 13/IX/2009

Cuentan las buenas lenguas, ¡menos mal en los tiempos que corren!, que Apeles de Cos, era un pintor griego, muy protegido por Alejandro Magno, del que no conocemos obra alguna que podamos valorar, pero que era reconocido en el orbe mundial por su “gracia” especial para reflejar la realidad griega en sus obras. Y cuentan también que una vez pronunció una frase, quizá impertinente, pero que dejaba ver a través de sus pinceles su auténtica persona de secreto: Ne supra crepidam sutor judicaret: el zapatero no debe juzgar más arriba de las sandalias. ¡Valiente atrevimiento el del zapatero! Todo, porque contemplando un día una obra suya, ya había mostrado su insolencia al hacerle un comentario, a priori constructivo, sobre un fallo en el diseño de las sandalias del cuadro. Apeles, todo orgullo, corrigió el fallo. Y cuando pensó que el zapatero ya no hablaría más, ¡zás!, vuelta a empezar. Ya no solo estaba el fallo en las sandalias, dijo el humilde zapatero, sino también en la forma de las piernas pintadas en el cuadro. No sabemos si siguió opinando sobre otras zonas del cuerpo pintado por Apeles, ante su monumental enfado. Solo que le espetó la enigmática frase que después ha derivado en otra más popular: Ne supra crepidam sutor judicaret.

Ya sabemos. Cuando se emite un juicio sobre los demás, hay que ser cautos porque Apeles hay en todas partes, zapateros también, y es probable que debamos mirar antes a nuestros pies para que no se descubra la debilidad de nuestro cerebro. Ya comprendo mejor la frase popular: ¡zapatero, a tus zapatos!, porque de piernas, brazos y cabezas mal pintados, en el ámbito político, andamos sobrados todos.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!