
Sevilla, 4/IV/2026 – 07:06 h CET (UTC+2) – Actualizado
Las manifestaciones artísticas en procesiones y oficios varios, en esta Semana tan especial, Santa para algunos, Laica para otros, están basadas en una tradición histórica sobre la pasión y muerte de un personaje histórico, Jesús de Nazareth. Desde el Domingo de Ramos y hasta mañana, el de Resurrección, se condensa en una semana trágica la vida y obra de uno de los personajes imprescindibles de la Humanidad, que me gusta tratar como ciudadano Jesús. Lo escribí el martes pasado, cuando me refería a él, en su ataque continuo de humanidad, recogido así por los cronistas de la época, cuando se cansaba y se dormía en el cabezal del barco porque estaba hecho polvo, (Mc 8,23). O como Machado decía en su precioso poema La Saeta: ¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar! Lo digo con un gran respeto a la fe de mis mayores.
En este contexto, también es verdad que recuerdo siempre una película clásica y de culto sobre la vida de Jesús de Nazareth, El evangelio según Mateo (Il vangelo secondo Mateo, 1964), dirigida por Pier Paolo Pasolini (1922-1975), que me sigue emocionando en el recuerdo personal, transferible hoy, por su mensaje humano y tan cercano a la vida cotidiana de las personas. Pasolini hizo con esta película un cine diferente, singular, diverso: “Jesús (interpretado por Enrique Irazoqui) es mostrado continuamente caminando entre el desierto o entre pueblos en ruinas. Su mirada, como la de Pasolini, no evita a los leprosos ni a los cojos, sino que se detiene en ellos; la cámara, por su parte, se complace, por ejemplo, en la mano del mesías que acaricia los rostros marchitos de quienes acuden a él para encontrar salud. El contacto entre dos cuerpos alivia, de ahí la alegría del rostro de la adolescente María (Margherita Caruso) al ver regresar a José, al saber que, sin importar lo que digan los demás, él ha decidido estar con ella” (1). José demostró siempre que fue un gran compañero.

Me emocionó esta película cuando la vi de nuevo en Roma en 1976, sabiendo como sabía que aquella ciudad era un peligro para caminantes (Alberti, dixit) que hacen camino al andar. Pasolini sigue muy presente en mi pensamiento crítico y acudo frecuentemente a él. Por ejemplo, sé que una obra espléndida de Miguel Dalmau Soler, Pasolini. El último profeta, ganadora del XXXIV Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias 2022, el año en el que se cumplía el centenario del nacimiento del director italiano, sirve para conocerlo en profundidad, como “último profeta”. Hay que leerla en estos días santos o laicos, según se crean, sientan o miren.
En el fondo, estas palabras son un nuevo homenaje personal al cineasta italiano, del que tanto aprendí a comprender el valor de la vida alternativa y de compromiso político y social, con la pasión dentro (nunca mejor dicho), como él la mostró en una obra también excelente, Teorema, tan incomprendida por la autoridad competente, eclesiástica por supuesto, hasta el punto de haberse arrepentido de haberle entregado un premio por ella, en 1968, cuando descubrió cuál era su auténtico mensaje y no la posibilidad de que el Espíritu Santo entrase en cada uno de nosotros, que fue lo que constituyó el móvil del premio. Cuando se descubrió que Pasolini volaba más bajo que el espíritu, la institución se arrepintió y explicó a los cuatro vientos su voto. El anatema estaba servido. En definitiva muy poca gente había entendido el mensaje real de la película: no es necesario invocar a los espíritus para llenarse de amor en vida, cualquier amor.
Desgraciadamente, no le salvó nunca su magistral interpretación laica de la vida del ciudadano Jesús de Nazareth, en su forma de leer para el siglo XX el evangelio según Mateo. Quizás tampoco hoy día, en pleno siglo XXI, en un universo tan descreído y alejado del espíritu del bien humano, a pesar de que seguimos sufriendo mucho con la intolerancia y ausencia radical de valores que nos asola a diario.
Comprendo hoy, mejor que nunca, unas palabras de Pasolini que no olvido, hilo conductor de su gran película: “Me interesa el extremismo de Cristo, su modo tajante de cerrarse en banda, su radicalismo total y absoluto. Cristo perdona fácilmente los pecados individuales, pero es intransigente con los sociales”. Palabra de Pasolini.
(1) https://cinedivergente.com/el-evangelio-segun-san-mateo/
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