Amabilidad, por cierto, la necesitamos como el comer

Amable: “La Persona que por su natural dócil, suave, apacible y cariñoso se concilia la común estimación, aprecio y amor […] Y también se entiende y dice de la cosa que es digna de atención y aprecio: como la virtud, la verdad es amable […] «Todos aman y quieren / Por la razón de bien lo que es amáble».

Real Academia Española, Diccionario de Autoridades, lema «Amable», Tomo I, 1726

Sevilla, 11/VI/2025 – 13:09 h (CET+2)

Vuelvo casi a diario de mis asuntos a mi corazón, asediados como estamos por las noticias en cascada de un mundo que se nos hace cada día más inhóspito y grosero., con una proverbial falta de educación que se extiende como una mancha de aceite. Por esta razón, vuelvo a recuperar, en mi escritura económica circular, reflexiones mías en este cuaderno digital sobre esta maravillosa palabra, amabilidad, una palabra amable en sí misma, aunque suene a tautología. Creo que necesitamos reflexionar sobre algo que ya entendieron nuestros antepasados y así lo recogieron en sus discursos y en sus obras: la verdad, cuando es verdadera, es amable. Ahora, más que nunca, ante tanta mentira, verdades a medias y posverdades que lo inundan todo, máquinas de fango incluidas, porque desde la perspectiva de un ser humano singular y corriente, como es mi caso, que hace millones de años sorprendió al dios correspondiente como una creación “muy” buena, estoy convencido en este aquí y ahora de que merece la pena vivir amablemente, por cierto.

Esta palabra, amabilidad, junto a a amable y amablemente formaron una tríada que se divulgó, brilló, fijó y dio esplendor en el siglo XVIII en este país a través de mi admirado Diccionario de Autoridades (1726, 256, 2 y 257,1). Cada una de ellas aportó una forma de entender determinados comportamientos de las personas que hacían más fácil vivir con los demás. Amabilidad (sustantivo femenino) se definía como “suavidad en el trato, afabilidad, dulzura y atractivo”. Amable (adjetivo), como “La Persona que por su natural dócil, suave, apacible y cariñoso se concilia la común estimación, aprecio y amor […] Y también se entiende y dice de la cosa que es digna de atención y aprecio: como la virtud, la verdad es amable”. Por último, amablemente;(adverbio), “amorosamente, apaciblemente, con cariño y suavidad”.

En estos días difíciles en el país por su estado de ánimo estatal, sigo empeñado en una búsqueda constante de personas, cosas y noticias amables, que me enseñen a ser cada día más afable y de que se traten determinados asuntos que tanto nos preocupan en la actualidad “amorosamente, apaciblemente, con cariño y suavidad”, por muy cursi que suene. No es cuestión de vivir en una burbuja sino de encontrar contextos amables en casi todo lo que se mueve. Lo necesitamos. Lo necesito con ardiente impaciencia, porque el país necesita urgentemente liderazgo amable desde la perspectiva de sus gobernantes, cuestión no baladí desde la perspectiva ciudadana: «Muchos políticos pretenden cabalgar hasta lo más alto a lomos de la dureza del discurso, el lenguaje aguerrido contra el adversario y la retórica beligerante. Sin embargo, la cortesía, las palabras cálidas y el vapuleado talante quizá sean más provechosos en las urnas». Recuerdo que así se reflejó en un estudio científico llevado a cabo en el Congreso americano, en 2015, de rabiosa actualidad diez años después, salvando lo que haya que salvar, con un análisis de 124 millones de palabras expresadas por sus cargos electos durante las últimas dos décadas: «Los investigadores buscaron términos como «afecto», «cuidar», «cortesía», «derechos», «igualdad», «humano», «escuchar», «compartir», «solidario» hasta completar una lista de 127 palabras (o raíz) que tienden a transmitir contenidos en favor de los intereses colectivos y la armonía entre personas. Al comparar mes a mes la proporción de estas palabras en los discursos con las encuestas de valoración de los políticos que las usaban —o no— se observa una «impresionante coincidencia», según los investigadores que publican este estudio en PNAS. Las palabras que pronosticaron con más fuerza la aprobación del público por su uso fueron «amable», «involucrar», «educar», «contribuir», «preocupado», «dar», «tolerar», «confianza» y «cooperar» (1). Ser o no ser amables en política, esa es la cuestión que después se traduce o no en votos. ¿Qué ocurriría si hiciéramos este estudio hoy, sobre esta realidad de nuestros políticos «cabalgando hasta lo más alto a lomos de la dureza del discurso, el lenguaje aguerrido contra el adversario y la retórica beligerante», consultando los Diarios de Sesiones del Congreso y del Senado?.

Recuerdo sobre todo en este contexto un discurso que pronunció en 2013, en la Universidad de Syracusa, el escritor y profesor George Saunders, que se hizo viral a través de su publicación en el The New York Times. Tuvo tanta repercusión mundial -más de un millón de lectores-, que se publicó posteriormente en formato libro bajo el título Felicidades, por cierto (2), del que quiero entresacar algunas reflexiones en torno a su hilo conductor: la amabilidad.

En el discurso citado, la amabilidad y no tanto la bondad (desde mi punto de vista no son lo mismo), nace en una historia que cuenta Saunders que le sucedió en su vida y ante una pregunta directa ¿de qué te arrepientes? Es el relato sobre Ellen (nombre ficticio), una chica tímida que se incorporó a su clase de séptimo curso, con unas gafas azules de ojo de gato que en ese momento llevaban sobre todo las mujeres mayores. Tenía la costumbre de que cuando se ponía nerviosa se metía un mechón de pelo en la boca, con la apariencia de mordisquearlo. La realidad es que ella convivía con nosotros en el barrio y era ignorada por la mayoría de la clase, aguantando todo tipo de preguntas impertinentes y burlas. Saunders sabía que esta situación le hacía daño, que ella lo mostraba con los ojos caídos y tratando siempre de desaparecer. Siempre pensé que ella, en su casa, le contaría a su madre que todo estaba bien en la escuela y que tenía amigos. La realidad es que siempre estaba sola. Se fueron del barrio y la realidad es que fue una historia en la que no había nada más, sin otro tipo de vejaciones más allá de las narradas. Un caso perfecto de bullying. Un día venía a clase, otro no y así hasta que la familia se mudó definitivamente del barrio. Así acababa la historia contada a aquellos alumnos de graduación en Siracusa, al iniciar el discurso.

Saunders no olvidó nunca esa situación y no porque él fuera agresivo con Ellen sino todo lo contrario: fue muy amable con ella, incluso la defendió en alguna ocasión, sobre todo por lo que significaba en su vida los fracasos por la falta de amabilidad y bondad, en esos momentos en los que otro ser humano, que estaba cerca, frente a él, sufriendo, sin una respuesta por su parte, sólo con timidez también, de forma reservada, sin un compromiso de defensa y apoyo verdadero. Sobre todo porque visto desde otro ángulo de la vida pasada, los mejores recuerdos los tenemos de las personas que se portaron siempre de forma amable con nosotros.

A partir de esta reflexión última, centra su discurso en una defensa a ultranza de la amabilidad, de las personas amables y de lo que significa actuar amablemente en la vida de cada persona, haciéndose una pregunta crucial: ¿Cuál es nuestro problema?  ¿Por qué no somos más amables? Probablemente, por el egoísmo grabado a fuego durante nuestra existencia, dando prioridad a nuestras necesidades de forma prioritaria sobre las de los demás. Lo estamos viendo a diario con el comportamiento individual y social, en una actitud sorprendente y con una ausencia plena de amabilidad en relación con las familias y con las personas más vulnerables de la sociedad, por ejemplo migrantes en el mundo entero.

La segunda pregunta del millón de dólares sería ¿qué hacer? A partir de aquí y en tan sólo tres minutos plantea varias respuestas. En primer lugar, hay que saber distinguir entre lo que reconocemos como Alta Amabilidad y Baja Amabilidad en nuestras vidas. Es algo parecido a la elaboración de un listado de acciones amables y no amables que identificamos en el acontecer diario. Es probable que en la medida que avanzamos en el camino de la vida podamos un día llegar a ser más amables por las propias enseñanzas que nos ofrece la experiencia de vivir, de la vida. Saunders lo reconoce: la mayoría de las personas, a medida que envejecen, se vuelven menos egoístas y más amorosas. La experiencia de tener hijos es una de las oportunidades para valorar no tanto lo que nos suceda a nosotros sino lo que les suceda a ellos. Es el momento que da el título a su libro, Felicidades, por cierto, en frase textual del autor, porque las personas que en ese momento se gradúan han alcanzado un éxito muy querido por los padres o tutores.

La vida continúa después de la graduación y se llega a ese momento después de un largo caminar sobre ilusiones y sueños: hay que intentar ser más amables. Tener éxito en la vida no lo es todo: es como una montaña que sigue creciendo por delante de nosotros a medida que se camina y existe el peligro real de que «tener éxito» ocupe toda la vida, mientras que se desatienden las grandes preguntas. A partir de aquí, ofrece unos consejos: hay que empezar ya a cambiar de actitud, sobre todo desterrar el egoísmo, tomando conciencia de que existe el remedio para curar esta enfermedad individual y social, buscando desesperadamente los mejores remedios para vencerla.

En la vida hay tiempo para hacer muchas cosas y él las enumera a título indicativo, no exhaustivo, pero haciéndolo siempre en la dirección correcta, es decir, en la de la amabilidad. Finaliza con un mensaje aleccionador: “Y algún día, dentro de 80 años, cuando tengáis cien y yo ciento treinta y cuatro, y todos seamos tan afectuosos y amables que casi no se nos pueda aguantar, escribidme unas líneas para contarme cómo os ha ido la vida. Y confío en que me digáis que ha sido maravillosa”.

Cuando lo que nos rodea nos inquieta en estos momentos de desconcierto mundial por la política imperialista que todo lo impregna, estamos obligatoriamente obligados a descubrir que debemos ser más amables cada día, llenar de amabilidad nuestras vidas y pensar amablemente en que otro mundo es posible. Todavía atesoramos tiempo, convirtiéndose paradójicamente en un regalo muy preciado en estos momentos en los que acusamos su falta proverbial. Recuerdo que el Eclesiastés (Qohélet) no pensaba así, porque nos dice que tenemos hasta 27 oportunidades para disfrutar de él a lo largo de la vida, eso sí siendo amables en un mundo que necesita amabilidad para poder vivir amablemente todos los días: nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra y paz. Al final, lo que necesitamos es decirnos, como los alumnos de la graduación de Saunders, que la vida amable es maravillosa y que la verdad es lo más amable que podemos experimentar en tiempos difíciles. En España, desde el siglo XVIII, así lo entendieron también nuestros mayores.

(1) https://elpais.com/elpais/2015/05/20/ciencia/1432116127_854469.html

(2) Saunders, George, Felicidades, por cierto, 2020. Barcelona: Planeta / Seix Barral.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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Porvenir, porque no vienes nunca

Ángel González (1925-2008)

Sevilla, 10/VI/2025 – 08:30 h (CET+2)

En el año en el que se cumple el centenario del nacimiento del poeta Ángel González, deseo estar cerca de él de nuevo. Lo hice ya el pasado enero, porque ya estaba pre-ocupado (con guion) del porvenir, el futuro y el día después personal y el de nuestro país.

La razón principal para buscar refugio de nuevo en su poesía, en este mundo de turbación y mudanzas, es la espera impaciente de un porvenir justo y benéfico, visto lo visto, para personas de alma inquieta, como es mi caso.

En este contexto, entro hoy en mi biblioteca, mi clínica del alma (tal y como aprendí a llamarla así gracias al historiador siciliano Diodoro de Sículo, en el siglo I a.C.) y leo su precioso poema Porvenir, que me conmueve en este aquí y ahora (hic et nunc), como si fuera la primera vez que llegara a él:

Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
agazapado no se sabe dónde.
… Mañana!
Y mañana será otro día tranquilo
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre
.

Mi maestra especial, Dª Antonia, me enseñó la primera versión del carpe diem infantil, lejos del porvenir imaginario, casi en un alma adulta, que siempre recuerdo de forma entrañable. Cuidó mucho mis sueños en paraísos perdidos, apreciando que mi vida pequeña no daba para más, porque para ella era muy importante cada momento mío, en definitiva mi tiempo y para que no olvidara nunca que a veces es envidioso, como lo susurraba Horacio a Leucónoe, una mujer con mente blanca, limpia, que podía adaptar al breve espacio de la vida, o de cada momento particular, una esperanza larga. Ahí estaba el secreto, porque cada día lleva siempre el tiempo dentro, su carpe diem, su necesaria captura, porque no vuelve, mucho menos hoy día ante el incierto mañana, ante el incierto porvenir. Por cierto, es lo que dijo y nos legó el poeta Quinto Horacio Flaco, hace tan solo veintidós siglos: Vive el día de hoy [Carpe diem]. /Captúralo. / No te fíes del incierto mañana. Para que no se olvide, ni siquiera un momento.

Mañana, será miércoles de nuevo, como pensaba Ángel González, uno más, pero desconociendo lo que está por venir en cada segundo de mi vida, porque esa es la quintaesencia del porvenir, que no viene nunca. A pesar de todo, me consuela pensar junto a él, que mi corazón mañana volverá a latir casi cien veces por minuto, un lujo para mi porvenir inmediato y del que sé que depende casi exclusivamente, en mi matusalénica edad, mi espera y esperanza día a día.

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Si ninguno de nosotros habla, no habrá esperanza

Ardem Patapoutian (Beirut, 1967)

Si se calla el cantor calla la vida
Porque la vida, la vida misma es todo un canto.
Si se calla el cantor, muere de espanto
La esperanza, la luz y la alegría.

Horacio Guaraní, Si se calla el cantor, 1972

Sevilla, 9/VI/2025 – 09:42 h (CET+2)

El título se lo debo hoy al biólogo armenio y premio Nobel de Medicina de 2021, Ardem Patapoutian, al responder a un periodista a una pregunta, en una entrevista de rabiosa actualidad, en la que se aborda entre otras cuestiones la cruzada de Trump contra las Universidades e Institutos de Investigación “discrepantes” con su actuación gubernamental: “Usted fue uno de los dos millares de científicos que denunciaron “el peligro real” de Trump en una carta abierta, en la que mencionaban el clima de miedo. Muchos investigadores de prestigio rechazan hacer críticas en público, pero usted no”, a lo que él responde: “Como ganador del Nobel, siento que puedo permitirme correr el riesgo. Si pierdo la financiación gubernamental, sería terrible, pero sobreviviré. Como inmigrante y ganador del Nobel, siento el deber de alzar la voz. Si ninguno de nosotros habla, no habrá esperanza”.

Esta respuesta me ha iluminado el día a la hora de escribir en este cuaderno digital, en tiempos en los que cada vez es más difícil alzar la voz contra Trump, el imperialismo mundial o el auge del liberalismo extremo y de las ultraderechas, en pleno ocaso de la democracia. Estoy convencido de que si se callan…, el cantor, el compositor, el escritor, el soñador, el premio Nobel, el bloguero, el político digno, el artista o el ciudadano anónimo, no conformes con las injusticias que pasan en nuestro mundo cotidiano, se calla la vida y la palabra.

Los silencios cómplices son una de las mayores amenazas para la democracia. Me refiero, concretamente, a los que siempre derivan en olvidos, respaldados además por tribunales especializados en apoyar el silencio injusto, países todopoderosos, para entendernos, del Este y del Oeste, del Norte y del Sur, de todas las latitudes, Señores y Señoras de Negro, Bancos Mundiales injustos por definición, Mercados Benefactores de las Guerras, gracias a sus mercancías preferidas, las armas mortíferas y cada vez más sofisticadas, todos ellos como pilares fundamentales que propician el ocaso de la democracia.

Decía el abad Joseph Antoine Toussaint Dinouart (1716-1786), que “sólo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio” (Principio 1º, necesario para callar, en El arte de callar), aunque es una situación que me pre-ocupa [así, con guion] mucho, quizás porque si callamos en determinados momentos tan complejos como los que estamos viviendo ahora, bordeamos los silencios cómplices que tanto daño hacen a todos los que desde abajo necesitan luz, esperanza y alegría (entre los que me incluyo). También, Facundo Cabral afirmaba que cantante es el que puede cantar, mientras que cantor es el que debe cantar, dilema que aprendí como misión en la vida a través de un grupo inolvidable, Quilapayún, junto a uno de sus fundadores, Víctor Jara. Entre silencios cómplices o no y deudas cantoras anda a veces el dilema de la denuncia en nuestras vidas, en su preciosa responsabilidad de enseñarnos el arte de soñar despiertos, basado en el principio de la esperanza fundada.

En este tiempo tan difícil e inhóspito de ocaso planificado de la democracia, hay que ejercer la denuncia contra los que la atacan a diario, porque la democracia es vida ordenada y organizada que nos permite vivirla y sentirla a diario, que nos da fuerza imprescindible y necesaria para defenderla siempre, dándonos mucho a cambio del deber de entenderla, sabiendo que de este mundo casi todos sabemos poco, aunque “estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo” (así lo cantaban los cantores de Aguaviva, con letra del poeta malagueño Rafael Ballesteros, a los que no olvido). Basta ahora un ejemplo muy enriquecedor: la letra de “Si se calla el cantor”, de Horacio Guarany (1972) e inmortalizada por Mercedes Sosa en mi banda sonora personal, resuena en estos días de nuevo a modo de denuncia sobre la situación actual de demolición del Estado de Bienestar.

Conviene repasar una y mil veces la letra de esta canción de Horacio Guarany, presentada en 1972 como banda sonora de la película del mismo nombre estrenada en 1973, porque sigue más presente que nunca en nuestras vidas cantoras:

Si se calla el cantor calla la vida
Porque la vida, la vida misma es todo un canto.
Si se calla el cantor, muere de espanto
La esperanza, la luz y la alegría.

Si se calla el cantor se quedan solos
Los humildes gorriones de los diarios.
Los obreros del puerto se persignan
Quién habrá de luchar por su salario.

Que ha de ser de la vida si el que canta
No levanta su voz en las tribunas
Por el que sufre, por el que no hay
Ninguna razón que lo condene a andar sin manta.

Si se calla el cantor muere la rosa
De qué sirve la rosa sin el canto.
Debe el canto ser luz sobre los campos
Iluminando siempre a los de abajo.

Que no calle el cantor porque el silencio
Cobarde apaña la maldad que oprime.
No saben los cantores de agachadas
No callarán jamás de frente al crimen.

Que se levanten todas las banderas
Cuando el cantor se plante con su grito
Que mil guitarras desangren en la noche
Una inmortal canción al infinito.

Si se calla el cantor calla la vida.

En el afán de hoy, me basta. Personalmente, creo que hoy tenía que decir algo más valioso que el silencioSi ninguno de nosotros habla contra las injusticias en general o contra los ataques a la democracia, no habrá esperanza. Palabras de un Nobel, Ardem Patapoutian.


CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN
: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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¡Paz y Libertad!

¿Qué hace la izquierda ante el acoso y derribo que sufre el Gobierno de este país, legítimo y constitucional?

Patera y yate de lujo – Fotomontaje y fotografía (izqda.) / JA COBEÑA

A veces, falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…
A veces, falta barco para recoger a todos los que se tiran a ese mar…

Aforismos, José Antonio Cobeña

Sevilla, 8/VI/2025 – 13:22 h (CET+2)

El año pasado leí un artículo magnífico de Neus Tomàs, directora adjunta de elDiario.es, con un titular ¿Qué era y qué es la izquierda?, que me interesó y preocupó a la vez en este mundo al revés que describió de forma rotunda Eduardo Galeano y en el que estamos instalados, una frase que no he olvidado en estos días en el que ha emergido la corrupción política como clásico popular de este país, en esta ocasión en territorios de la izquierda: “Los huecos que deja la izquierda los ocupa la derecha incluso disfrazada de un rojipardismo que va ganando espacio en columnas, redes y asociaciones de activistas. Para hacer frente a este fenómeno, la izquierda necesita pensadores honestos y valientes que digan lo que los ciudadanos que se identifican en este espectro ideológico no quieren escuchar. Lo honesto y valiente es eso y no buscar siempre el aplauso fácil y a menudo estéril”.

Si hoy lo traigo a colación es porque me sigue soliviantando la falta de respuestas de la izquierda ante situaciones actuales de acoso y derribo permanente de un Gobierno legítimo y constitucional en nuestro país, recurriendo fácilmente con el clásico “y tú más” ante ataques e insultos por su supuesta “corrupción” gubernamental de carácter permanente, a modo de bálsamo de Fierabrás para curar heridas de desafección política cada vez más alarmantes, con un mar revuelto lleno de supuestos militantes de carnet o virtuales, de la izquierda me refiero, que se tiran de barcos a la deriva por falta de dirección política, creo que de ideología de base, de creencia política, sin mezcla alguna de cuadernos de “derrota”, en argot marino, reproduciendo aquella sorprendente noticia que nos contaba cómo el capitán Francesco Schettino abandonaba de forma vergonzante el crucero Costa Concordia, que chocó el 12 de enero de 2012 por una maniobra indebida con una roca junto a la isla del Giglio (Italia), en un ejemplo patético de irresponsabilidad y cobardía. Todavía resuena en mis oídos la grabación en italiano de los gritos del jefe de guardacostas cuando le conminaba a que volviera al barco del que se había tirado de forma tan lamentable e indigna: “Suba a bordo. Es una orden. No ponga más excusas. Ha abandonado el barco, ahora estoy yo al mando. ¡Suba a bordo!”. Schettino decía que se había “caído” por la popa cuando lo que constataron es que cuando llegó a la costa su ropa no estaba mojada. Nadó y guardó la ropa de la indignidad personal y profesional, nunca mejor dicho.

Doy ahora un paso más porque interpreto que el problema no es sólo de la izquierda sino de su más allá o acá, según se mire, sino de algo más profundo, de la democracia, de su ocaso, porque la responsabilidad principal de la izquierda es ser la gran defensora de sus grandes principios, porque no hay otros: ideología transformadora basada en los grandes principios de la democracia auténtica: igualdad, solidaridad, libertad y justicia social, debiendo aceptar con autocrítica rigurosa de lo que no hace bien, sus aciertos y errores, siempre en beneficio de todos, fundamentalmente de la verdad compartida. Lo digo porque, ahora más que nunca, la izquierda necesita armarse ideológicamente ante el fascismo que nos rodea en el ocaso de la democracia, cuestión a la que he dedicado muchas páginas en este cuaderno digital. En este contexto, he recordado que con motivo de la celebración en 2022 del centenario del nacimiento del poeta, escritor y cineasta Pier Paolo Pasolini, al que profeso admiración desde hace ya muchos años, se publicaron nuevas ediciones de su obra y ensayos de gran valor para no olvidar su contribución en la lucha por un mundo mejor, a través de una ideología de izquierda contra el fascismo que nunca ocultó, denunciando algo muy grave cuando se instala “como normalidad, como codificación del trasfondo brutalmente egoísta de una sociedad”. Pasolini sigue muy presente en mi pensamiento crítico y acudo frecuentemente a él. Además, como símbolo de su actualidad política, recuerdo la publicación de una obra de Miguel Dalmau Soler, Pasolini. El último profeta, ganadora del XXXIV Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias 2022.

Si lo recuerdo hoy en esta reflexión crítica sobre el ocaso de las izquierdas en momentos cruciales de este país, es porque hay una obra que resume muy bien su concepción del antifascismo, El fascismo de los antifascistas, al tratar de forma sorprendente y de plena actualidad, cómo se amplía cada vez más el círculo del fascismo, haciendo una llamada de atención sobre algo que está ocurriendo en la actualidad en nuestro país, porque también podemos encontrar fascismo en diferentes círculos de la sociedad, incluso en las capas liberales, algunas de falsa izquierda, de la ultraderecha y capitalistas “apolíticos” que tanto atosigan al mundo. Hay que tener en cuenta que en esta obra se recogen artículos y entrevistas que van de 1962 a 1975, año en el que Pasolini murió asesinado en la playa de Ostia, muy cerca de Roma. De ahí su sorprendente actualidad. La sinopsis oficial del libro deja claro estos planeamientos anteriores: “La reflexión sobre el fascismo y su evolución histórica recorre toda la obra de Pasolini: este volumen recoge algunos de sus textos más significativos escritos sobre el tema entre septiembre de 1962 y febrero de 1975. En ellos Pasolini advierte contra una nueva forma de fascismo, más sutil e insidiosa, entendida “como normalidad, como codificación del trasfondo brutalmente egoísta de una sociedad”. Es el sistema de consumo, que desde los años sesenta se encarga de la homologación cultural de todos los países: un poder sin rostro, sin camisa negra y sin fez, pero capaz de moldear vidas y conciencias. Más de cuarenta años después, estas intervenciones mantienen intacta su fuerza crítica, lo que nos permite captar algunos de los rasgos más profundos del mundo actual”.

Existe una frase muy extendida en los coloquios de este país, cuando se afirma con una rotundidad que da miedo, que todos los partidos políticos y quienes los representan, son iguales, sin excepción alguna, cortando por el mismo rasero a la izquierda y a la derecha. Por no hablar del célebre discurso de “yo no soy político o política”. No estoy de acuerdo, ni acepto estas expresiones a modo de mantra, aunque es comprensible que exista un descrédito generalizado de la política y de los políticos que la llevan a cabo, pero los árboles impiden ver a veces el bosque y no es justo generalizar sin compasión sobre la llamada “clase” política. El hartazgo es evidente, pero es imprescindible separar la paja del heno como nos enseñaron hace ya muchos años, unos en el lenguaje del campo puro y duro, otros en la doctrina oficial de la Iglesia, ahora aplicado a la política en general. Siendo una verdad incuestionable, ¿por qué es necesario acabar con análisis totalitarios y absolutistas de los casos de corrupción, en los que no se salva nada ni nadie, porque se dice que “la política es así, al final todos son iguales”?.

Creo que por higiene mental es imprescindible diagnosticar bien la situación y colaborar en la reconstrucción de la democracia día a día, en la que la izquierda tiene mucho que decir y hacer, mucho más en un país tan cartesiano y dual para todo lo que se hace visible “políticamente hablando” en el día a día. Vivimos unos momentos que exigen mucho rigor en la toma de decisiones que facilitan la democracia y no todos los programas políticos son iguales, ni los políticos que los ejecutan tampoco. Ser de derechas, centro o izquierda, de sus extremos, también del arriba o abajo actual, en este país, parece que imprime carácter hasta que la muerte te separe y está mal visto socialmente que haya alternancia en la pertenencia a un determinado partido o a otro. Es verdad que aparentemente parece una gran contradicción estar defendiendo un día los valores de la socialdemocracia más exigente y al otro los del liberalismo más feroz. Normalmente pasa porque las ideologías son un flanco muy débil en nuestro país dado que los partidos no han estado muy finos a la hora de aceptar militantes en sus filas y la formación en la «creencia» en sus idearios brilla muchas veces por su ausencia. Esta es una realidad que hay que aceptar pero lo que no es normal es que haya unos desplazamientos de pertenencia a partidos o de votos, tan agresivos, como a los que estamos asistiendo en la actualidad, por no hablar del principal partido de este país: el abstencionista. El llamado voto de castigo existe, pero deja detrás una gran incógnita: ¿se conocían bien las ideologías y los programas de los partidos a los que se han votado con anterioridad?, ¿se puede cambiar tan fácilmente de chaqueta por los errores de determinados miembros de un partido?, ¿se conocía bien el ideario de un programa, más allá de acciones concretas de algunos representantes eximios del mismo?

Indiscutiblemente, todos los partidos no son iguales, ni tampoco las personas que los representan. Tampoco somos iguales los electores, sean de derechas o de izquierdas. Basta conocer la trayectoria histórica de los partidos que han existido en los cuarenta y seis años de democracia en este país, para no dejar duda alguna de que no es lo mismo la historia de la derecha o del centro que la de la izquierda, por mucho que se quiera generalizar sin compasión alguna en análisis que no resisten el más mínimo juicio de valor crítico. Todos no han sido iguales, luego todos no son iguales ahora si se respeta la historia y este aserto se debería defender por la militancia más activa de cada partido. Se ha tenido que hacer un camino político al andar que es de bien nacido reconocerlo y pregonarlo para que no haya duda alguna sobre su legitimidad. El tratamiento de la memoria histórica y democrática de este país es una cuestión recurrente que no sólo hay que aplicar al tiempo de la guerra civil y sus daños colaterales, sino también en cada momento actual, porque la memoria histórica integra también el ayer del país y su proyección en este aquí y ahora en la vida de cada persona que lo integra. Por ejemplo, todos los partidos no han tratado igual a Andalucía a lo largo de su reciente historia política, cuestión que no se debería olvidar nunca.

Andalucía ha sido una experiencia especial a lo largo de esta etapa democrática. Se critica duramente que la izquierda haya estado gobernando durante treinta y siete años en esta Comunidad hasta que pasó a la oposición en las elecciones de 2018,  pero fue la decisión de los andaluces, sin más paliativos. Vino la alternancia, que había que acatarla sin más porque ese es el gran secreto de la democracia, el respeto casi reverencial al voto de cada elector. En democracia éstas son las reglas del juego, aunque a determinadas personas nos duela vivir determinados triunfos políticos porque las políticas que se llevan a cabo no respetan el interés general de todos los andaluces, sin dejar a nadie atrás, con un ejemplo claro dada la situación actual y dramática de la sanidad pública. Siempre recuerdo lo que he vivido en diversas convocatorias electorales, época propicia para las deserciones casi colectivas del electorado de izquierdas, propiciando la división y, por extensión, lo que se llama técnicamente “abstención”, cambiando lo que haya que cambiar, que me llevó a crear hace años un aforismo personal y transferible:

Falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…

Este aforismo aprovecha el texto dentro del contexto que se aconseja en estos planteamientos de aproximación a la cruda realidad y que lo definen en sí mismos: “Era objetivo, porque he asistido a deserciones de todo tipo de la izquierda en diversas convocatorias. Era inteligible, porque muchas personas que se mantenían en el puente de mando personal, político y profesional, sabían que era cierto solo con mirar a su alrededor. Y la dialéctica era obvia: o barco o mar, porque en determinados momentos se controlan por la tensión económica, política o social, correspondiente. Era verdad, desgraciadamente, que cada uno estaba al final en su sitio, porque lo que defiendo desde hace años es que no todos decimos lo mismo, ni vamos en el mismo barco. Ni hacemos la misma singladura. Ni navegamos con la misma empresa armadora, llamémosla hoy, partido. Unos en cruceros o yates de precios insultantes, otros, en pateras, sin quilla, pero navegando siempre hacia alguna parte, buscando islas desconocidas, que se encuentran. Y pasadas esas fechas críticas, nació un nuevo aforismo, como corolario del anterior e indisolublemente unido a él:

Falta barco para recoger a todos los que se tiraron a ese mar…

Todos los partidos no son iguales, ni las personas que los representan tampoco. Es probable que tomando conciencia de que tenemos que trabajar unidos para defender esa acción política diaria del partido al que voto, empecemos a ver las cosas de diferente forma, porque el empoderamiento, es decir, la capacidad para conocer lo que está sucediendo y participar posteriormente en las decisiones informadas para alcanzar los objetivos trazados, ya no es algo que corresponde solo a los demás sino a nosotros mismos, a cada persona en particular. Es obvio que todos no somos iguales ni vamos en el mismo barco a la hora de votar. Me asombra para bien, ver todos los días a muchas personas que viajamos en la vida en patera, mientras otros nos saludan desde su “crucero o yate de lujo”, reales o imaginarios, saludándonos desde la popa y diciéndonos incluso adiós. La verdad es que no es lo mismo, porque todos no son ni somos iguales. Los nadieslos hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, a los que siempre defendió Eduardo Galeano, están siempre en su sitio y pocos partidos los representan, porque todos no son ni somos iguales. No los olvido, navegando en mi patera ética por la memoria histórica de Andalucía, de mi ciudad, mi polis, donde desarrollo mi vida “política” como ciudadano. Llegado a puerto, la amarro todos los días al noray ético de mi vida, que también existe. Hasta el próximo viaje “político” hacia alguna parte, a pesar de su fragilidad extrema.

El final del artículo de Neus Tomás, citado al principio, daba una clave muy importante para entender el hilo conductor de estas palabras: «El problema, sin duda, es que la izquierda ha abandonado a la gente común; pero el problema mayor es que la ha abandonado en mano de la derecha, que desprecia el amor a los desconocidos como ‘buenista’ y la fidelidad a los principios como ‘cosmopolita’. Pero el amor a los desconocidos es civilización; y la fidelidad a los principios es derecho”, escribió Santiago Alba Rico en un artículo en el que argumentaba que lo que está en disputa entre izquierda y derecha es algo tan elemental como el sentido común. El mismo que defiende Clara Serra cuando desmonta apriorismos sobre el feminismo y conceptos como el consentimiento. Cuando la izquierda recurre al Código Penal para resolver conflictos sociales o políticos se equivoca. Y si lo hace para abrazar el punitivismo yerra doblemente». Con ella me quedo. Ahora bien, la autocrítica de la izquierda desunida por sus silencios y la falta de respuestas ante acusaciones gravísimas de la derecha y ultraderecha de este país, jaleando supuestos escándalos sin tregua alguna, con insultos sin límites vinculados con la mafia, centrados ahora en el “váyase y ríndase a la democracia, señor Sánchez” (Alberto Núñez Feijóo, en la concentración de hoy en Madrid), cuestionando de base el actual Gobierno legitimo y constitucional, ¿hasta cuándo hay que esperarlas y sufrirlas?, ¿para cuándo las respuestas democráticas? Ya no basta el tristemente famoso «y tu más». La verdad es que la dignidad política en democracia, ante la situación actual descrita, la esperamos los electores con ardiente impaciencia, porque nuestro voto sigue vivo, en un clamor popular desde las izquierdas de que se den respuestas institucionales desde el Gobierno, urgentes y sin demora alguna.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Gratitud en mi cumpledías, siempre

Oliver Sacks (1933-2015)

Sevilla, 7/VI/2025 – 12:31 h (CET+2)

Hoy celebro mi cumpledías, matusalénica edad por cierto, simbolizando con estas palabras, que aún me quedan y que rescato de nuevo, la gratitud plena a la posibilidad que me ha ofrecido la vida para recorrer el mundo, un peregrinaje virtual de continuas singladuras, yendo del timbo al tambo, que decía Gabriel García Márquez, porque el siglo pasado me “acogió” pocos años después de la finalización de la guerra civil en este país y con sus consecuencias familiares.

En este contexto tan especial, recuerdo hoy un comentario que hice en 2016, en este blog, sobre un libro que no olvido, Gratitud (1), una recopilación breve de las últimas publicaciones de Oliver Sacks antes de su fallecimiento en 2015, autor al que he dedicado ya palabras de gratitud también en este cuaderno de inteligencia digital, en la búsqueda incesante de islas desconocidas y no ciegas al color.

Gratitud, según la última versión del Diccionario de la lengua española (RAE), es un sentimiento que obliga a una persona a estimar el beneficio o favor que otra se lo ha hecho o lo ha querido hacer, y a corresponderle de alguna manera. Oliver Sacks, a través de cuatro ensayos breves que recoge en Gratitud, deseó expresar su agradecimiento a lo que le había ofrecido su vida apasionante y llena de contrapuntos existenciales, fruto de una ruptura con la tradición judía y la inmersión en la neurología clínica que tanto ha aportado a la humanidad a través de sus libros llenos del encanto didáctico de la locura existencial.

Mercurio, De mi propia vida, Mi tabla periódica y Sabbat, son cuatro reflexiones llenas de sentimientos y emociones, aunque tengo que reconocer que me quedo con la dedicada a su propia vida, en un ejercicio humilde de la memoria que habla, tal y como lo había expresado él mismo en un artículo excelente sobre la dialéctica de la memoria histórica y relativa, cuando seleccionamos, incluso de forma involuntaria, lo que queremos recordar: “Nosotros como seres humanos hemos desarrollado sistemas de memoria que tienen fallos, fragilidades e imperfecciones” […] “La indiferencia sobre las fuentes nos permite asimilar lo que leemos, lo que nos cuentan, lo que dicen otros y pensar, escribir y pintar, de una forma tan rica y tan intensa como si fuesen experiencias primarias. Nos permite ver y escuchar con los ojos y los oídos de otros, entrar en la mente de los demás, asimilar el arte y la ciencia y la religión de toda una cultura”.

Muchas veces, cuando me enfrento a la lectura de la vida ordinaria, en días sin celebración especial, porque hoy es una excepción, estoy tentado de soñar con la acromatopsia (2), la enfermedad maravillosamente descrita por Oliver Sacks en su obra “La isla de los ciegos al color”, aunque tuviera que pasar fragmentos de la película de mi vida en blanco y negro, donde las tonalidades de gris me permitieran soñar que el color es una versión amable de la vida que los seres humanos podemos captar en toda su gama, sin limitaciones. Surge entonces la pregunta del doctor Sacks en su fascinante libro, cuando se refiere a la persona ciega al color: “¿nos consideraría acaso seres singulares, engañados por aspectos irrelevantes o triviales del mundo visual, o insuficientemente sensibles a su verdadera esencia visual?” (3).

Y vuelvo a leer la última frase de su gratitud a la vida, para aprender de él cómo se puede alcanzar la paz con uno mismo cuando se reconoce el auténtico color de la vida en el carpe diem que, a veces, tanto nos abruma: “Me descubro pensando en el Sabbat, el día de descanso, el séptimo día de la semana, y quizá también el séptimo día de la propia vida, cuando tienes la sensación de que tu obra está terminada y de que, con la conciencia tranquila, puedes descansar”.

Hoy, en mi cumpledías, agradezco también a Mario Benedetti que me regalara esa palabra amable, que tampoco olvido, porque a pesar de mi matusalénica edad creo que no se me nota (la edad,,,) “cuando en el instante en que vencen los crueles entro a diario a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores. He alcanzado una buena edad para cambiar estatutos y horóscopos, dejando que mi manantial mane amor sin miseria”. Gratitud especial en este día, siempre, en en el pleno sentido de la palabra gratitud. ¡Qué palabra tan necesaria, tan hermosa! Igualmente, gracias a la vida, en definitiva, que me ha dado tanto, porque me ha dado la memoria que habla, el sonido y el abecedario, con él las palabras que pienso y declaro, madre, amigo, hermano, y luz alumbrando la ruta del alma de lo que estoy amando (Violeta Parra).

Gratitud hoy, especialmente, a las personas que como tú, abrís este cuaderno digital casi a diario, para acompañarme con la lectura de estas palabras, sólo para buscar islas desconocidas de dignidad humana en tiempos difíciles para la democracia.

Gratitud, siempre. Hoy, por ejemplo, leer estas palabras es para mí el mejor regalo. Gracias.

(1) Sacks, Oliver, Gratitud. Barcelona: Anagrama, 2016.
(2) Acromatopsia: ceguera del color, enfermedad que no permite agregar a la óptica de la vida el color. Todo se ve siempre de color gris. Para comprender bien los efectos de esta enfermedad, recomiendo la lectura de un libro de Oliver Sacks, excelente, que tengo entre mis preferidos: La isla de los ciegos al color, editado por Anagrama en 1999. Ante una realidad tan sugerente, recuperaré la lectura que en su momento me sobrecogió tanto y la proyectaré en este cuaderno que registra ya tantas islas desconocidas: “experimentos de la naturaleza, lugares benditos y malditos por su singularidad geográfica, que albergan formas de vida únicas”, en frase del propio Sacks.
(3) Sacks, Oliver, La isla de los ciegos al color. Barcelona: Anagrama, p. 22, 1999.

NOTA: la imagen de Oliver Sacks la he recuperado hoy de la editorial Anagrama.


CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN
: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

2,8 millones de niños y adolescentes de España viven en riesgo de pobreza o exclusión social

EAPN – El estado de la pobreza 2024

Sevilla, 6/VI/2025 – 09:07 h (CET+2)

La situación general ha mejorado en nuestro país en siete décimas respecto del año anterior, con el mejor porcentaje de pobreza en la última década, que sigue siendo preocupante, 12,5 millones de españoles siguen estando en situación de pobreza y exclusión, pero la tasa de pobreza infantil AROPE sigue siendo la más alta de toda la Unión Europea: 2,3 millones de niños y adolescentes son pobres, y 2,8 millones viven en riesgo de pobreza o exclusión social, pasando del 34,5% al 34,6%, siendo 2024 el año con el peor valor de la última década. Estos datos se recogen en el avance de resultados del informe final anual, El estado de la pobreza 2024, que se presentó el pasado miércoles en Madrid, por la Red de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES), a la que manifiesto un profundo respeto y recojo siempre sus resultados en páginas de este cuaderno digital. La última vez, en octubre de 2024, al abordar un preocupante informe sobre pobreza y exclusión social en Andalucía, en 2023, presentado en ese caso por la Red Andaluza de Lucha contra la Pobreza y Exclusión Social.

Esto significa, según el informe, que tres de cada 10 personas en hogares con menores se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social, cifra muy preocupante en el llamado Estado de Bienestar. Para contextualizar estos datos y los que siguen, es importante resaltar los datos generales del país que, atendiendo la literalidad objetiva del informe, son los siguientes:

En primer lugar, “la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social AROPE (At Risk Of Poverty or Exclusion) se ha incrementado ligeramente en el último año y alcanza al 26,5 % de la población residente en España, es decir, en términos absolutos, unos 12,7 millones de personas están en situación de AROPE. Con respecto al año anterior, en el que alcanzaba al 26 %, la tasa se ha incrementado en 0,5 puntos porcentuales, lo que combinado con el aumento de población supone que unas 400.000 nuevas personas están en riesgo de pobreza y/o exclusión social en el último año. Por otra parte, debe destacarse que el incremento de la tasa AROPE se sustenta exclusivamente en el notable aumento de la privación material y social severa. En este sentido, 4 puntos porcentuales de los 9 que registra actualmente el indicador de PMSS [carencia material y social severa] corresponden a personas que no son pobres ni están en BITH [hogares con baja intensidad en el empleo]. Es decir, unos 1,9 millones de personas que no son pobres ni viven en hogares con baja intensidad de empleo sufren, sin embargo, carencia material y social severa. La tasa de riesgo de pobreza se mantiene prácticamente estable respecto a 2022: apenas desciende desde el 20,4 % de año anterior al 20,2 % del actual. Esta ligera reducción sitúa la tasa de pobreza en niveles algo inferiores a los registrados en 2009, es decir, con valores cercanos a los previos a las dos crisis anteriores. Así, alrededor de 9,7 millones de personas viven en pobreza, con ingresos inferiores a 10.989 € anuales por unidad de consumo (916 € al mes)”.

En segundo lugar, “la carencia material y social severa se incrementa notablemente hasta el 9 % de la población, esto es a 4,3 millones de personas. El crecimiento en este último año es de 1,3 puntos porcentuales, gran parte de los cuales (1 punto porcentual, es decir, el 77% del incremento) corresponde a personas que no son pobres ni viven en hogares con baja intensidad de empleo. Por otra parte, debe destacarse el importante ascenso de algunos de los ítems correspondientes a carencia material. En este sentido, por cuarto año consecutivo sube el número de personas que no han podido mantener una temperatura adecuada en su hogar, que llega al 20,7 % en 2023, frente al 17,1 % del año anterior. Además, también se incrementa por segundo año consecutivo al 6,4 % (1 punto más que el año pasado) el número de personas que no pudieron permitirse una comida con carne, pollo o pescado cada dos días. Por otra parte, también se incrementa la proporción de personas que llegan con dificultad a fin de mes, que asciende al 48,5 %, lo que supone llegar, casi, a la mitad de la población española”.

En tercer lugar, “se reduce muy ligeramente la proporción de personas de 0 a 64 años que viven en hogares con baja intensidad en el empleo, cifra que apenas baja dos décimas hasta el 8,4 %. Además, debe destacarse que este es el único indicador que mantiene -sobradamente- la evolución necesaria para cumplir con los criterios especificados en la Agenda 2030”.

Por último, el informe señala que “debe destacarse el importante crecimiento de la renta media, que es el más intenso de todo el período estudiado, y la ligera reducción en los principales indicadores de desigualdad, que la sitúa en valores anteriores a las recientes crisis”. En este sentido, se indica que el 20 % de la población más rica ingresa 5,5 veces más que lo que recibe el 20 % de la población más pobre.

Como vengo haciendo en los últimos años, me he detenido en analizar los datos en mi Comunidad Autónoma, Andalucía, en rojo, porque sigue ofreciendo porcentajes muy negativos en relación con la media del país, tal y como lo reflejan los siguientes gráficos que he elegido entre otros del informe, representativos de estas altas tasas de pobreza y exclusión social, con especial incidencia en la infancia y adolescencia que vive en Andalucía:

Las rentas medias más bajas ―en torno al 20 % inferiores a la media nacional― se registran en la Región de Murcia, Extremadura y Andalucía, con 11.314 €, 11.363,11 € y 11.719 €, respectivamente.

La tasa AROPE se mueve en una amplia horquilla que va desde el 15,5
% del País Vasco hasta el 37,5 % ―más del doble― que se mide en Andalucía. Además de esta última, Canarias, Extremadura y Castilla-La Mancha registran valores por encima del 30 % (33,8 %, 32,8 % y 31,7 %, respectivamente).

Con respecto a la tasa de riesgo de pobreza, a pesar de la ligera reducción de su valor nacional, debe destacarse el aumento de la brecha territorial. Así, la cifra más elevada, que corresponde a Andalucía con el 30,5 %, triplica a la más baja, medida en el País Vasco y que es del 10,2 %.

Las cifras más altas de la carencia material y social severa (PMSS) corresponden a Andalucía, con el 12,6 %, y a Canarias, con el 11 %. Además, se registran fuertes incrementos en La Rioja (2,8 pp, que equivale al 71,8 %), Región de Murcia (3,2 pp; 60,4 %) y País Vasco (1,9 pp, 51,4 %).

Recomiendo la lectura de este informe de resultados que son sólo un primer avance del estudio final. Lo que comprobamos hoy con la lectura atenta de los datos expuestos, es que es que se ha incrementado la población con riesgo de pobreza social y exclusión severa en Andalucía y me duele escribirlo así. Lo digo una vez más: ahí están los datos anteriormente señalados, desnudos, junto a la gran pregunta que nos compromete a todos, qué hacer en una contraescuela del mundo al revés en nuestro país, en mi Comunidad Autónoma. Personalmente, lo tengo claro: compartir estos datos para poder emitir juicios bien informados, porque sólo con un gobierno de Estado o Comunidad Autónoma, pre-ocupado (así, con guion) por la desigualdad actual económica, laboral y social en la población, no cualquier gobierno, porque todos no son iguales, se  pueden aprobar leyes y disposiciones con urgencia para solucionar esta situación, transformando la sociedad española para avanzar en derechos y libertades que mejoren las condiciones de vida para salir de la pobreza en cualquiera de sus estadios, que afectan a millones de ciudadanos en este país, de andaluces y andaluzas también, niños y niñas sobre todo, los más desfavorecidos, los pobres severos, los nadies

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UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Cerca, muy cerca del doctor Jesús Sánchez Etxaniz, experto en cuidados paliativos pediátricos

Sevilla, 4/VI/2025 – 13:58 h (CET+2)

He conocido lo sucedido en el Servicio Vasco de Salud (Osakidetza), en relación con una amonestación recibida por el pediatra de cuidados paliativos en el hospital universitario Cruces (Bilbao), Jesús Sánchez Etxaniz, «por ‘estar en la calle’ fuera de horario», atendiendo de madrugada a una niña de 4 años en fase terminal, según manifiesta él mismo en una carta abierta que he conocido en detalle por el texto publicado por la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL): “Hace 13 años inicié mi andadura en los Cuidados Paliativos Pediátricos domiciliarios. (…) Desde el principio decidimos prolongar de forma voluntaria la asistencia más allá del horario oficial en los finales de vida. (…) Esta semana hemos asistido al final de vida a una niña de 4 años. (…) Al día siguiente del fallecimiento nos amonestan por ‘estar en la calle’ fuera de horario. (…) Me resulta muy difícil seguir trabajando, a pesar de la medicación que me han prescrito. Quiero descansar. Confío en volver”. Leer estas palabras conmueve y conturba el alma humana, cuando también sé que ha comunicado en su carta lo siguiente: «Me paro aquí. Estoy cansado, rabioso y decepcionado con mis superiores jerárquicos, cansado de dar cabezazos contra un muro».

Igualmente, he leído hoy una columna periodística estremecedora en el diario El País, cuyo título sintetiza perfectamente lo ocurrido: «Los niños no se mueren de ocho a tres», con una reflexión de entrada sobrecogedora: «Así como basta un valiente para avergonzar a todos los cobardes, basta un médico como Sánchez Etxaniz para avergonzar a todo un sistema de salud». Como ciudadano de a pie, defensor a ultranza del Sistema Nacional de Salud (SNS) y exsecretario general del Servicio Andaluz de Salud, deseo manifestar mi desazón por lo ocurrido en Osakidetza en la persona del doctor Sánchez Etxaniz, al que pido disculpas, haciéndolas extensivas a la familia de la niña, sufridores de estas situaciones vergonzosas y vergonzantes, porque es una demostración de que están pasando cosas muy preocupantes en el funcionamiento ordinario de los diferentes Sistemas Sanitarios Públicos del país. El deterioro que está sufriendo el Sistema Nacional de Salud día a día es clamoroso y fiel reflejo de la situación son las impresentables demoras en las citas de atención primaria, analíticas, así como en las de las primeras consultas de asistencia especializada y, obviamente, en las de atención quirúrgica,

Lo sucedido en el hospital de Cruces, en Bilbao, es un ejemplo claro de lo que está sucediendo en múltiples niveles del Sistema, por las carencias estructurales que está sufriendo el Sistema Nacional de Salud. Por esta razón vuelvo a reiterar algo que ya he expresado en alguna ocasión en este cuaderno digital, la urgencia de llegar a un Pacto de Estado sobre el Sistema Nacional de Salud, que debería coordinar el Gobierno Central. Tendrían cabida en el mismo todas las fuerzas políticas del arco parlamentario, obviamente, aunque sepamos de antemano que determinadas posiciones no son inocentes y que algunas llevan años desmantelando los servicios públicos de salud en todo el país, de forma artera, camuflada y enrocada en supuestos principios de eficacia y eficiencia organizacional y administrativa que, cuando rascas un poco, no existen. Por tanto, hay que desenmascarar con urgencia la mediocridad sanitaria, que también existe, de muchos dirigentes políticos de este país.

Por otra parte, el hartazgo de los profesionales sanitarios del SNS al que ha llevado la situación tan extrema ahora por las carencias que sufre a diario, viene avisando desde hace bastantes años, es decir, como síntoma de un problema estructural, no coyuntural, que necesitaría ser abordado con urgencia en ese Pacto de Estado, para contener la sangría que también se está produciendo con los citados profesionales, dado que los que aún están en el Sistema no reciben una contraprestación económica acorde con su trabajo y conviviendo con agravios comparativos a nivel de Estado entre Servicios de Salud de las diferentes Comunidades. Igualmente, los profesionales que se van y en los que el Sistema Público ha invertido miles de euros en su formación, no son sustituidos de forma adecuada, entre otras cosas porque determinados especialistas no se suplen de forma inmediata. Tampoco las jubilaciones que ya se han dado y las que se avecinan, porque la edad media de los profesionales sanitarios de este país es bastante alta. Estas carencias las sobrellevan como pueden los profesionales que se quedan en el Sistema, con unas cargas de trabajo insoportables para ellos y para la ciudadanía, que se manifiesta sobre todo en la Atención Primaria y en la Especializada, con un sufrimiento agregado en determinadas especialidades que tradicionalmente han sido consideradas como “parientes pobres” del Sistema, como es el caso de la Salud Mental, entre otras. No olvido tampoco las ratios impresentables de profesionales/ciudadanos, con un déficit estructural que sólo espera milagros organizativos para salvar cada día la atención sanitaria en todos los niveles del Sistema, con esfuerzos heroicos ni reconocidos ni pagados como merecen. Véase la muestra con lo sucedido en el hospital de Cruces en relación con los cuidados paliativos pediátricos, en la persona del doctor Sánchez Etxaniz.

Desde este cuaderno digital escribo estas líneas de denuncia por el silencio cómplice, clamoroso, que se detecta en casi todos los niveles de responsabilidades públicas y privadas, porque hay cauces para establecer un clima de opinión que llegue ante las autoridades pertinentes para que se aborde el citado Pacto de Estado para reforzar el Sistema Nacional de Salud, aunque los silencios son más que evidentes. ¿A qué más hay que esperar? Los sindicatos más representativos y las Mareas Blancas, por ejemplo, hacen lo que pueden, pero hay que crear un estado de opinión que sea favorable a este abordaje inmediato de soluciones para atender a una sanidad pública enferma, que necesita inmediatamente cuidados intensivos si no queremos que desaparezca a lo largo de los años, porque el deterioro va a más hasta alcanzar situaciones insostenibles, en las que la Sanidad Privada hará su agosto una vez más como gran solucionador, teórico, de todos los problemas actuales denunciados.

Por último me uno al manifiesto que han elaborado las asociaciones profesionales Sociedad Española de Cuidados Paliativos Pediátricos (PEDPAL) y la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL), que expresan también el sentir de colectivos vinculados con los cuidados paliativos pediátricos, que se hacen patentes ante lo sucedido con el doctor Sánchez Etzaniz;

1.- Desde el año 2014, el derecho de los niños y adolescentes y sus familias a recibir atención paliativa integral y continuada, las 24 horas del día, los 7 días de la semana (24/7), al menos telefónicamente, está reconocido por todas las comunidades autónomas, en línea con las recomendaciones elaboradas por el Ministerio de Sanidad y aprobadas en el Consejo Interterritorial del SNS.

2.- Esta atención continuada es esencial para garantizar que los menores en situación de enfermedad incurable puedan permanecer en su entorno familiar, con el máximo confort y dignidad hasta el final de la vida.

3.- Es responsabilidad de las administraciones públicas dotar a los equipos asistenciales de los recursos humanos, materiales y organizativos necesarios para cumplir con este derecho.

4.- Hasta la fecha, sólo tres comunidades autónomas (CCAA) [Madrid, Cataluña y Comunidad Valenciana] cuentan con un servicio de cuidados paliativos pediátricos específico 24/7 de forma continua. Expresamos nuestra preocupación porque la ausencia crónica de estos recursos en numerosas CCAA lleva a muchos profesionales a asumir esta atención de forma altruista y voluntaria, fuera de sus horarios oficiales, para cubrir este déficit y garantizar, en la medida de lo posible, el bienestar de los niños y sus seres queridos.

5.- Queremos alertar también de que esta situación, sostenida en el tiempo, genera un profundo desgaste emocional y profesional (burnout) en los equipos, provocando el abandono progresivo de profesionales altamente cualificados, precisamente en un área que requiere vocación, especialización y experiencia.

Igualmente, me uno a lo manifestado por la Sociedad de cuidados paliativos de Euskadi (Arinduz) en su blog, ante lo sucedido en el hospital de Cruces, junto a la la plataforma Echamos de menos y otras entidades comprometidas, que están organizando una respuesta colectiva a través de un comunicado de denuncia, en los siguientes términos:

«Queremos

  1. Apoyar públicamente a este profesional y a su equipo. 
  2. Denunciar el abandono institucional y la falta de respaldo a los cuidados paliativos pediátricos
  3. Exigir que se garantice una atención paliativa pediátrica 24/7, como derecho básico. 
  4. Visibilizar la brecha entre los discursos oficiales y la realidad asistencial
  5. Movilizar apoyos sociales, profesionales y políticos«.

Las palabras anteriores las resumo en mi admiración, agradecimiento y reconocimiento profesional del doctor Sánchez Etxaniz, como servidor público y por el trabajo incondicional y experto en cuidados paliativos pediátricos, junto a los miembros de su equipo. No lo olvido.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de SECPAL Reprobación equipo cuidados paliativos pediátricos hospital Cruces – Bilbao

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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¡Paz y Libertad!

¿Qué nos está pasando?

Ministerio de Sanidad – Campaña de Salud Mental

No sabemos lo que nos pasa, y esto es precisamente lo que nos pasa, no saber lo que nos pasa.

José Ortega y Gasset, en Esquema de las crisis (curso En torno a Galileo), 1933

Sevilla, 2/VI/2025 – 15:52 h (CET+2)

El Ministerio de Sanidad ha puesto en marcha una campaña de interés general, a través del Comisionado para la Salud Mental, bajo el lema “Y a ti, ¿qué te pasa?”, poniendo el foco en los determinantes sociales que influyen en cómo nos sentimos: “Aspectos como la precariedad laboral, la dificultad para acceder a una vivienda digna, la presión en el entorno familiar o la necesidad constante de aprobación en redes sociales son, en muchos casos, el origen del malestar emocional. La campaña invita a prestar más atención a estas causas, entendiendo que no se trata solo de “gestionar emociones”, sino también de transformar o aliviar las situaciones que las generan. Desde una perspectiva comunitaria, la iniciativa busca promover medidas concretas que mejoren las condiciones de vida de la población: políticas laborales más justas, mayor acceso a la vivienda y un entorno social que brinde apoyo emocional. En resumen, el objetivo es avanzar en la prevención del sufrimiento psíquico común, como la ansiedad o la depresión leve, abordando sus causas sociales desde la raíz”.

La campaña comienza con una mirada a la realidad objetiva de la salud mental desde la calidad, los derechos y los determinantes sociales, destacando que “la salud mental no es solo una cuestión individual. Está profundamente influida por las condiciones en las que vivimos. Desde hace varios años —y especialmente tras la pandemia de COVID-19— la ciudadanía ha comenzado a prestar más atención a su salud mental y a la de quienes la rodean. Cada vez hablamos con más libertad sobre lo que sentimos, identificamos mejor los malestares propios y ajenos, y valoramos más la expresión emocional, el cuidado mutuo y los vínculos. Este momento de mayor conciencia nos permite dar un paso más: preguntarnos por el origen de esos malestares. Porque solo si identificamos las causas podremos transformar aquello que los provoca. Esta campaña llama a mirar más allá del síntoma y actuar sobre las causas: los determinantes sociales  de la salud mental”.

Recomiendo el seguimiento atento de esta campaña. En la web oficial “Y a ti, ¿qué te pasa?”, se pueden conocer con detalle los contenidos programados. Parte la campaña de una pregunta esencial, ¿Qué nos pasa?, para continuar abordando respuesta a los porqués nos pasa lo que nos pasa, a través de múltiples condicionantes sociales del tipo tan extendido de no llegar a fin de mes, no encontrar una vivienda asequible, tener que asumir dobles o triples jornadas, sentir la falta de reconocimiento a los trabajos de cuidados, sufrir condiciones laborales abusivas, así como los estragos personales y sociales en torno a la violencia de género, el racismo, la discriminación, incorporando también los impactos directos de la crisis climática y la soledad no deseada.

Ante estos condicionantes sociales, es verdad que “en muchas ocasiones, estos malestares se manifiestan también en el cuerpo: dolores inespecíficos, problemas digestivos, cefaleas, fatiga, o incluso un deterioro general de la salud. Porque la salud mental no es ajena al cuerpo, ni puede separarse de lo psíquico, lo cognitivo o lo espiritual. Ante síntomas que no comprendemos, solemos preguntarnos: ¿Qué me está pasando? Y a menudo interpretamos ese malestar como un fallo del cuerpo o de la mente. Pero no siempre se trata de una enfermedad. A veces es simplemente la expresión lógica del sufrimiento ante situaciones injustas, precarias o deshumanizantes”.

A ti, lector o lectora de este cuaderno digital, te pido un favor: divulga esta campaña, “Y a ti, ¿qué te pasa?”, porque nos beneficiamos todos. Abordar la salud mental desde una visión global, enmarcada en la realidad social en la que cada persona vive, con los condicionantes expuestos, es la única forma de que podamos emitir juicios bien informados ante la necesidad urgente de buscar respuestas positivas y eficaces en clave de salud positiva ante las “enfermedades sociales” y mentales que nos rodean, que van de la mano, con un objetivo claro: que nos sirvan para tejer la necesaria y urgente malla crítica social, de denuncia del Estado de Malestar, sobre una realidad humana tan cercana, dolorosa y desconcertante, en este mundo al revés. Gracias, de antemano.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

En tiempos de turbación democrática en nuestro país, debemos leer y escuchar palabras de José Mujica sobre qué significa la política digna

La política es la lucha por la felicidad de todos

José Mujica, en el discurso de despedida de la presidencia del gobierno uruguayo, el 27 de febrero de 2015

Sevilla, 1/VI/2025 – 13:18 h (CET+2)

Visto lo visto y leído lo leído estos últimos días en este país, sobre comportamientos políticos de determinados representantes en torno a las cloacas del Estado, utilizando en sus disputas y como casi único recurso el sufrido y sempiterno “y tu más”, fuente inagotable de improperios y lenguaje zafio nada edificante en un Estado democrático, vuelvo a añorar la política digna, que existe y tenemos el derecho de reivindicarla como garante principal de la democracia. Unos ejemplos valen más que mil palabras, si recordamos una lindeza del líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo dirigida al presidente el pasado miércoles, al decir lo siguiente; «Toda mafia tiene un capo». Igualmente, ese día y casi a la misma hora, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, se despachaba de la siguiente guisa: «Esto es la mafia, ¿cuánto puede durar?, De ahí las operaciones de Estado. Nos vamos a ver en una situación imposible. Por eso he pedido a cada uno que dé su mejor versión. Que los medios no tengan miedo. Que los funcionarios alcen la voz y pongan pie en pared. Esto ha estallado. España se aboca a una situación nunca vista”. Como estrambote final, sabemos ya que el Partido Popular ha convocado una concentración de la ciudadanía, «sin siglas políticas», el próximo 8 de junio, aludiendo a la situación catastrófica actual: «Hay que decir basta. Esto va solo de una cosa: decadencia o limpieza, mentiras o integridad, cloacas o decencia, democracia o mafia. La gravedad de los hechos conocidos trasciende cualquier ideología, ponen a prueba la integridad de un país entero». También tienen claro el lema que presidirá la «concentración»: democracia o mafia.

La verdad terca es que «dignidad» es una palabra y una cualidad humana muy maltratadas, sobre todo en estos tiempos revueltos en la política mundial y nacional. De forma inmediata me ha venido a la memoria un archivo sobre dignidad política, que contiene en mi cerebro las palabras que dediqué en 2015, en este cuaderno digital, a Jose Mujica, expresidente de Uruguay, cuando dijo que La política es la lucha por la felicidad de todos, frase pronunciada en su discurso de despedida de la presidencia del gobierno uruguayo el 27 de febrero de 2015. Lo tengo grabado en mi alma política porque hablar de Jose (Pepe) Mujica es hablar de dignidad política integral. También, cuando dijo con estremecimiento de su alma que “la lucha que se pierde es la que se abandona” o cuando vi el documental sobre su vida y obra política, El Pepe, una vida suprema, para aprender su forma de hacer política, tan necesaria en este tiempo.

A estas alturas del desencanto político en el mundo global, incluida obviamente España, con responsables políticos que maltratan la dignidad como cualidad humana extraordinaria, con el ejemplo de denuncias cruzadas por parte de representantes políticos de los principales partidos en nuestro país, utilizando vocablos del diccionario de la mafia, como último exponente de la indignidad política, solo queda agradecerle a José Mujica, como ejemplo muy actual, que continuara hasta el final de sus días con la ilusión de ser feliz contando a los demás su propia historia política y su forma de ser y estar de forma digna en el mundo. Nunca confundió, como todo necio, valor y precio de la dignidad, demostrando con sus hechos, que son amores y no sólo buenas razones, que necesitamos con urgencia democrática la garantía ética que ofrece siempre la dignidad política.

Visto lo visto estos días, necesito reafirmarme en la creencia de que otra política es posible y que la dignidad, en todas sus manifestaciones posibles, debe ser el denominador común de la misma. También, porque el expresidente Mujica amaba su chacra, una humilde casa en el campo y porque no le importó nunca atender allí a personas, políticos y periodistas de diferentes posiciones sociales y creencias, en una casa digna. Lo decía él en el documental citado: “Los mejores dirigentes son aquellos que cuando se van dejan a un conjunto de gente que lo superan ampliamente”, creándose una atmósfera de complicidad silenciosa, pero elocuente, entre Mujica y el director, Emir Kusturica, que presagiaba que a partir de esta frase todo el documental iba a pasar páginas virtuales de un breviario para una política digna, plagado de ideas, reflexiones, imágenes, silencios, narraciones, discursos breves que simbolizan la altura de miras de este político uruguayo, tupamaro de origen ideológico y con unas raíces de revolución interior en la etapa colonialista de España en aquellas tierras y muchos siglos atrás.

Después de más de dos siglos de andadura en el lenguaje compartido y registrado de nuestro país, según la RAE, podemos limpiar, fijar bien y dar esplendor a la palabra dignidad, sin adulterarla ni contaminarla, respetando su propia historia social, aceptando que es una palabra muy apreciada en el habla de todos, compartiendo su raíz histórica y de arraigo popular. Una persona digna, que hace política, debe ser siempre un ejemplo de seriedad, gravedad y decoro en la manera de comportarse, es decir, debe manifestar pureza, honestidad y recato porque se aprecia y defiende su honra, estimación, modestia, mesura y circunspección, entendida ésta como atención, cordura y prudencia ante las circunstancias para comportarse comedidamente. Cualquier parecido de estas acepciones con el comportamiento de estos últimos días de determinados políticos de nuestro país, es pura coincidencia. Lo de la periodista del PSOE removiendo las cloacas de la policía política, junto con los ataques del Partido Popular, presumiendo de dignidad política, dejando ver de la que carece, olvidando su historia pasada y presente, utilizando el vocabulario de la mafia con un descaro proverbial, es un espectáculo lamentable y de incalculables daños colaterales para este país, que constataremos con el paso de los días de ardiente impaciencia política, porque no nos engañemos, estamos asistiendo a una voladura controlada del Gobierno actual sin compasión alguna hacia sus millones de votantes, legítimamente constituido, por si se olvida a algunas de estas voces altisonantes y maleducadas, que olvidan el auténtico significado de la dignidad política en democracia.

¿Hay algo más cotidiano en la política digna, ejercida por políticas y políticos dignos, que la vida digna en la ciudad, en el pueblo, en la aldea más recóndita? Si partimos de esta base, de que lo importante en democracia es vivir en paz, ayudemos a quitar el polvo del alma que todos los días “ensucia” el devenir político y humano, por más señas. De ahí la importancia de los programas políticos en la actualidad, en el ecuador de la legislatura, porque no nos engañemos: todos no dicen lo mismo, ni persiguen los mismos objetivos, por mucho que se esfuercen las redes sociales y determinados medios de comunicación tergiversada, en difundir los clásicos bulos populares como mantras que sobrevuelan sobre nuestras cabezas y enriquecen cada día más las bases del Partido Abstencionista y de la ultraderecha y derecha extrema: ‘todos los políticos son lo mismo’, ‘vienen a enriquecerse’, “la derecha os hará libres’, ‘comunismo o libertad’, ‘el Estado no se rompe ni se negocia’, ‘el “comunismo bolivariano” acabará con todo’, ‘la nación está en peligro’, ‘hay que acabar con el “sanchismo”, ‘los migrantes nos roban y nos quitan los trabajos’, ‘la violencia de género es ideología que hay que erradicar, así como el gasto público asociado a ella’, ‘la protección legal de la diversidad sexual es un engaño’, ‘el cambio climático es un invento de los ecologistas extremos’, ‘Europa no es necesaria como Unión de Estados’, ‘la cultura es una ideología controlada por el aparato del Estado’ y así, centenares de mensajes que consiguen calar, como la gota malaya, en los sentimientos populares.

Una cosa es la realidad política actual y otra el deseo de dignificarla cada día. Decía Berthold Auerbach que la música lava el alma del polvo de la vida cotidiana (Music washes away from the soul the dust of everyday life) (1). También se atribuye a Picasso idéntica frase pero referida al arte en general. Hoy, doy un paso más y me atrevo a asignar a la política digna ese rol de limpieza ética de la vida cotidiana, como arte de lo posible, en palabras de Aristóteles o del canciller Bismark. En estos momentos tan delicados para la democracia en nuestro país, que no está siendo precisamente un modelo de arte político, necesitamos redoblar todos los esfuerzos para demostrar que es posible llevar a cabo esta proyección ética de la vida ordinaria, siempre que cumplamos, unos y otros, con los deberes políticos que tenemos asignados en esa vida cotidiana, porque no son los mismos. También es nuestra responsabilidad al ejercer la política cada uno, como ciudadanos y ciudadanas, en su sentido primigenio, porque siguiendo a Terencio tengo claro que nada humano me es ajeno. Nada político, con la dignidad dentro, tampoco.

(1) Berthold Auerbach, En las alturas (On the Heights), Volumen 2, Editorial B. Tauchnitz, 1867. Página 64.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Para Héctor Abad Faciolince, la escritora ucraniana Victoria Amelina nunca ha sido un olvido

Sergio Jaramillo, Victoria Amelina y Héctor Abad Faciolince / AGUANTA UCRANIA

Sevilla, 31/V/2025 – 12:47 h (CET+2)

El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, a quien tanto admiro, estará muy presente en la Feria del Libro en Madrid, a través de su última obra, Ahora y en la hora, en la que su sinopsis oficial sintetiza muy bien su objetivo principal al escribirla: “En esta narración intensa, donde se contrastan vertiginosamente la vida, la vejez y la muerte, el autor hace una crónica de lo sucedido [en un viaje de compromiso social a Ucrania] y regresa con una franqueza conmovedora a los temas que han generado lo mejor de su literatura: los efectos devastadores de la violencia y la guerra; la indignación por la muerte de los inocentes; la culpa y el estupor de quien no ha caído, y su inapelable impulso de contar lo presenciado y reflexionar sobre la extraña y azarosa experiencia de sobrevivir una vez más”.

Si le dedico hoy unas palabras en este cuaderno digital, es en reconocimiento de un compromiso que adquirió con la escritora ucraniana Victoria Amelina, en 2023, al ser testigo directo junto a ella de un bombardeo ruso en la ciudad de Kramatorsk, durante una visita a la trágica realidad del Donbás, en el que ella falleció días después, junto a otras personas que compartían un almuerzo en un restaurante italiano de la ciudad y que murieron en el acto, resultando también con heridas leves Héctor Abad y otras personas que los acompañaban.

Con tal motivo dediqué un artículo a este acontecimiento tan doloroso, el 6 de julio de 2023, La escritora ucraniana Victoria Amelina no será un olvido, que vuelvo a publicar hoy a continuación, por su premonición, porque allí expresé algo que Héctor Abad Faciolince ha cumplido: Victoria Amelina nunca será un olvido para él, recordando en estos momentos tan especiales el poema atribuido desde el primer momento a Borges, que lo tiene grabado el autor del artículo en su alma de secreto, palabras encontradas en una nota que estaba en el bolsillo de la chaqueta de su padre, el doctor y activista de derechos humanos Héctor Abad Gómez, el día que lo asesinaron (probablemente a manos de paramilitares), el 25 de agosto de 1987, en la calle Argentina de Medellín (Colombia), donde figuraba un poema de Borges, tal y como lo describió meses después en el Magazín Dominical de El Espectador.

Gracias, Héctor, por no olvidar el olvido.

oooooOOOooooo

La escritora ucraniana Victoria Amelina no será un olvido

Sevilla, 6/VII/2023

El pasado martes 27 de junio ocurrió una tragedia más, de amplia repercusión mundial, por el ataque con misiles a un restaurante italiano en la ciudad de Kramatorsk, en Ucrania, donde fallecieron en el acto una decena de personas y más de sesenta resultaron heridas de consideración. El alcance de la noticia ha tenido una relevancia especial al haber sido testigo directo del mismo el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, autor de una obra extraordinaria, El olvido que seremos, a la que he dedicado varios artículos en este cuaderno digital, eligiendo hoy uno por su especial sentido en relación con lo acontecido: Cuando guardamos el alma en un bolsillo. El escritor celebraba un encuentro amistoso y de trabajo, propiciado por el movimiento ¡Aguanta Ucrania!, junto a Sergio Jaramillo, excomisionado de Paz durante el gobierno del expresidente colombiano Juan Manuel Santos, la periodista y reportera de guerra Catalina Gómez, que sólo sufrieron heridas leves, participando también en el citado encuentro la escritora ucraniana Victoria Amelina, que resultó herida de extrema gravedad, según narran en un comunicado conjunto: “En la noche de hoy {27 de junio], mientras cenábamos en el restaurante RAI pizzería de Kramatorsk con Victoria Amelina, una extraordinaria escritora ucraniana, y la gran periodista Catalina Gómez, fuimos objeto de un ataque de Rusia con un misil crucero lanzado contra el restaurante». El restaurante era “el lugar de reunión habitual de los corresponsales internacionales y de la sociedad en Kramatorsk”.

Se encontraban allí para recoger material para el movimiento “¡Aguanta Ucrania!”, en solidaridad de América Latina con el pueblo de Ucrania. Finalmente, Victoria Amelina falleció el sábado 1 de julio en un hospital de la ciudad de Dnipro, donde había sido evacuada por sus gravísimas lesiones en el cerebro: “Victoria nos acompañó en la presentación del movimiento latinoamericano ¡Aguanta Ucrania! ante un numeroso público en la feria del libro de Kyiv [Kiev] el sábado 24 de junio. Y cuando esa noche en un restaurante georgiano supo que al día siguiente viajaríamos al Donbas, tomó la decisión de unirse para mostrarnos ella misma el sufrimiento de su pueblo ante la bárbara invasión rusa, y su extraordinaria capacidad de resistencia”, contaba también el comunicado citado.

Fue precisamente Sergio Jaramillo quien lanzó la iniciativa de este movimiento en el mes de febrero pasado, durante el Hay Festival en Cartagena (Colombia). Un comunicado último de este movimiento en las redes sociales se hacía eco del fatal desenlace: “Amigas y Amigos de ¡Aguanta Ucrania!, el PEN Club de Ucrania [organización ucraniana para la defensa de los derechos humanos], que nos ha apoyado en todo momento, acaba de informar que desafortunadamente perdimos a Victoria, como consecuencia de las heridas que le causó el misil ruso. Pasamos dos días mágicos y tristes en el Donbas, con Victoria como guía. Tenía solo 37 años y era una escritora con un futuro brillante, que entregó todo por su país. Que descanse en paz. Honor a una patriota ucraniana. ¡Aguanta Ucrania!”. 

En un video de adhesión al movimiento ¡Aguanta Ucrania!, Héctor Abad Faciolince manifestó que “Putin invadió a Ucrania; Ucrania nunca agredió a Rusia. Esta es una invasión imperial en pleno Siglo XXI que es inaceptable. Ucrania tiene todo el derecho a defenderse; por eso digo ‘Aguanta Ucrania’». La sensibilidad del escritor colombiano la conozco bien a través de su obra, cuando descubrí una historia que merece ser leída con detalle a través de un extenso artículo suyo, protagonizada por una nota encontrada en el bolsillo de la chaqueta de su padre, el doctor y activista de derechos humanos Héctor Abad Gómez, el día que lo asesinaron (probablemente a manos de paramilitares), el 25 de agosto de 1987, en la calle Argentina de Medellín (Colombia), donde figuraba un poema de Borges, tal y como lo describió meses después en el Magazín Dominical de El Espectador. Fue el momento en el que dijo que el poema era de Borges. Lo que sucedió después, a lo largo de los años, es una historia muy larga de contar que propició la publicación de un libro, El olvido que seremos (1), citado anteriormente, que a su vez fue la base del guion de una película dirigida por Fernando Trueba de título homónimo, El olvido que seremos, por el que recibió un premio Goya en 2021 como reconocimiento a un trabajo del cine iberoamericano, en este caso con la fusión de Colombia y España. Era una prueba más del llamado realismo mágico y trágico que tan bien trató siempre Gabriel García Márquez, aunque en esta ocasión con visión plena y triste de una gran realidad vivida y sentida en primera persona por Héctor Abad Faciolince.

Creo que lo sucedido en el restaurante de Kramatorsk, por la muerte de la escritora Victoria Amelina, cobra todo su sentido ahora en la mente de Héctor Abad Faciolince, su compañero en aquella cena terrible, porque nunca será un olvido, recordando en estos momentos tan especiales el poema atribuido desde el primer momento a Borges, que lo tiene grabado el autor del artículo en su alma de secreto. Muestra de su creencia en la auténtica autoría, tan controvertida después, es que sirvió como epitafio en la tumba de su padre, recogiendo las iniciales JLB que recordaba haber visto en aquella nota que encontró en el bolsillo de su padre: “[…]el poema ahora también está impreso en mi memoria y espero recordarlo hasta que mis neuronas se desconfiguren con la vejez o con la muerte”:

Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres y los que seremos.

Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los ritos de la muerte, y las endechas.

No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre.
Pienso, con esperanza, en aquel hombre

que no sabrá que fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo
esta meditación es un consuelo.

Hoy, el mejor epitafio para recordar a Victoria Amelina, podría ser también las iniciales de Jorge Luis Borges de nuevo, porque insisto en que ella no será ya el olvido que seremos, sino el recuerdo vivo de un alma especial y porque estas palabras, hoy, son también un consuelo para las personas dignas, muy lejos de la barbarie humana y del sinsentido de las guerras.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de Con sentido mensaje, Aguanta Ucrania despidió a Victoria Amelina: “fue víctima de un crimen de guerra, no puede quedar impune” (elcolombiano.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!