No olvido en estos días los desmanes de Trump cuando accedió al poder en 2017. Probablemente, pasó desapercibida la noticia, pero las 78 mujeres demócratas que estuvieron presentes en el discurso de Trump de 28 de febrero de 2017 (en su primer reinado feudal), miembros de la Cámara de Representantes y del Senado, quisieron expresar con su atuendo teñido de blanco un hecho muy importante en su historia frente a los desmanes de corte y confección del Presidente Trump, muy preocupado por el atuendo que debían llevar las mujeres de su equipo de desgobierno y que imagino seguirá igual en esta segunda etapa presidencial. ¿Por qué de blanco? Sencillamente porque el color blanco representaba el movimiento sufragista de principios del siglo XX en EEUU, cuando alcanzó su momento histórico inolvidable en 1919, al aprobar el Congreso la 19ª Enmienda a la Constitución de Estados Unidos, que determinaba que “ni los Estados Unidos ni ningún otro Estado deberá negar o limitar el derecho de los ciudadanos a votar por motivo de sexo”. Ratificada el 18 de agosto de 1920, la 19 enmienda se convirtió en ley nacional.
Siempre recuerdo a tal efecto, una anécdota no inocente que nos ha legado la memoria histórica de los que se preocupan más de las apariencias que de las quintaesencias. Diógenes de Sínope, aquel filósofo que buscaba hombres por todas partes, prototipo de la escuela cínica y que aspiraba a ser todo un hombre, estaba un día en los baños al mismo tiempo que Aristipos de Cirene, el cirenaico. Éste, al salir, cambió su vestidura purpúrea por la túnica desgarrada de Diógenes. Y cuando Diógenes se dio cuenta, se puso rabioso y de ninguna manera quiso ponerse el vestido purpúreo. ¿Por qué? En definitiva, se podría observar la vanidad de Diógenes a través de los agujeros de su túnica, dejaba de ser él al vestirse de púrpura y esto constituía un grave problema de representación, cara a los espectadores. Llevado a la telerrealidad que tanto gusta a Trump, le pasa lo mismo que a Diógenes de Sínope, que dado su nivel cultural dudo que sepa quién es en la historia de la humanidad, a veces tan mal contada. Trump, al igual que Diógenes o que el emperador del cuento de Andersen, no quiere que descubran a través de su soberbia extrema que va desnudo de ética por la vida.
Vuelvo a escuchar una canción preciosa de Víctor Manuel y cantada por Ana Belén, España camisa blanca…, que habla de la simbología del color blanco como esperanza para un país que nacía en esos momentos de autoría a la auténtica democracia. Me gustaría dedicársela a Trump de nuevo, que sé que no me estará escuchando, para que atienda otras voces de cómo hay que gobernar con un traje que no esté agujereado como la túnica de Diógenes o el “nuevo” del emperador en el cuento de Andersen:
España camisa blanca de mi esperanza reseca historia que nos abraza con acercarse solo a mirarla, paloma buscando cielos más estrellados donde entendernos sin destrozarnos donde sentarnos y conversar.
España camisa blanca de mi esperanza la negra pena nos atenaza la pena deja plomo en las alas quisiera poner el hombro y pongo palabras que casi siempre acaban en nada cuando se enfrentan al ancho mar.
España camisa blanca de mi esperanza a veces madre y siempre madrastra navaja, barro, clavel, espada; la muerte siempre presente nos acompaña en nuestras cosas más cotidianas y al fin nos hace a todos igual.
En mi mundo imaginario, el que propugnó Nicanor Parra, interpreté cuando escribí un artículo referenciando este suceso reivindicativo, en este cuaderno digital el día después, (¡Ay el día después de Benedetti!), que la letra se podría haber convertido en un himno cantado por las 78 representes demócratas que, de paso, sustituyendo España por América, sería también un homenaje al mundo hispano en EEUU, que entienden muy bien estas palabras tan molestas para Trump. Porque es su lengua y las palabras que les quedan. También lo podrían cantar hoy las mujeres tan maltratadas por Trump y su coro de oligarcas y tecnócratas multimillonarios que son pura casta tecnofeudal, sin sonrojo alguno, que piensan que Silicon Valley se ha «afeminado» de forma alarmante. Mujeres y madres de familia emigrantes que buscan refugio digno en ese país, tan maltratadas en la actualidad con las órdenes ejecutivas de expulsión.
Sin más comentarios, escribiendo hoy con la camisa blanca «de mi esperanza» en la transformación del mundo para mejor, a modo de paloma buscando cielos más estrellados / donde entendernos sin destrozarnos / donde sentarnos y conversar.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Nos fue propuesta una Declaración Universal de los Derechos Humanos y con eso creíamos que lo teníamos todo, sin darnos cuenta de que ningún derecho podrá subsistir sin la simetría de los deberes que le corresponden.
José Saramago, en un discurso pronunciado con motivo de la recepción del Premio Nobel de Literatura en 1998.
Sevilla, 7/II/2025
Nada digital me es ajeno, como casi todo lo que rodea mi vida personal y profesional, sabiendo que tampoco es inocente, mucho menos en los tiempos trumpistas y muskistas que corren. Recuerdo que Cremes, un personaje curioso que protagonizó una obra del dramaturgo Terencio, El enemigo de sí mismo, pronunció una frase al comienzo de la obra, inolvidable, profunda, que no ha perdido su frescura a pesar de los siglos que han transcurrido desde que se escribió en un texto y contexto muy concretos: Hombre soy; nada humano me es ajeno (Homo sum; humani nihil a me alienum puto).
Precisamente y en este contexto inalienable digital, he conocido que el presidente del Gobierno intervino el pasado miércoles 5 de febrero, en la clausura del acto de presentación del Observatorio de Derechos Digitales, un órgano gubernamental para velar por el cumplimiento de la Carta de Derechos Digitales aprobada en 2021. Según fuentes oficiales de Moncloa, Pedro Sánchez anunció en ese acto “nuevas medidas frente a la «carrera tecnológica despiadada» y el «plan diseñado» por la «tecnocasta», potencias autoritarias y fuerzas antisistema, y para evitar que «el espacio digital se convierta en el salvaje oeste». Entre las iniciativas destaca avanzar en el fin del anonimato en las redes sociales, profundizar en la transparencia algorítmica para «hacer de la moderación y el autocontrol un requisito legal» y garantizar la responsabilidad personal de los directivos de las plataformas ante el impacto de sus contenidos.
En el citado discurso, al que sigo en su transcripción oficial, Pedro Sánchez defendió que “no se puede permitir que «se insulte, se amenace, se estafe y se abuse de las personas sin ningún tipo de consecuencia». «La fe en la tecnología y en sus promesas nos ha cegado ante sus peores consecuencias, sin controlar sus riesgos y sus potenciales daños», por lo que ha instado a «prevenir, combatir y erradicar de una vez por todas la manipulación y el mal uso de los entornos digitales». Aunque subrayó que la revolución digital «ha transformado nuestras vidas, forma de trabajar, vivir e incluso amar», ha dado «la vuelta de arriba abajo nuestras economías» y ha modificado el espacio cívico abriendo espacios, ha advertido de que «bajo el aura de milagro económico, social y cultural hay ocultas muchas miserias», porque «el algoritmo no reparte oportunidades porque las grandes plataformas no son neutrales y la mentira viaja en ellas más rápido que la verdad».
Se refirió igualmente a la inmediatez y la «obsesión por el like» que «distorsiona la realidad y empobrece el debate público» y denunció que «las redes sociales son hoy auténticos campos de batalla, donde no se discute, sino que se ataca, no se argumenta, se descalifica, y no se busca entender, sino imponer». La principal consecuencia, es que «con mucha frecuencia lo que se viraliza en las redes sociales es la mentira», con datos falsos, imágenes modificadas y fake news, como sucedió en la DANA en Valencia cuando «miles de bots trataron de multiplicar el daño propagando bulos». Ofreció datos importantes: los delitos digitales ya representan un quinto de todos los delitos penales, una de cada cuatro jóvenes recibe solicitudes no deseadas de contenido sexual y los delitos de odio online crecieron un 32% en el último año. «Creímos que las plataformas ayudarían a nivelar el campo de juego, pero lo han hecho más injusto. Un tercio de los perfiles en redes sociales son bots, que generan casi la mitad del tráfico de internet. Las búsquedas, los contenidos y las noticias que consumimos están sesgados. La viralidad cotiza muy por encima de la verdad». «Quieren también el poder político. Sentarse directamente en los consejos de ministros, sin caretas ni mediadores. Controlar nuestras leyes y nuestras vidas. Condicionar lo que vemos y lo que pensamos. Incluso nuestra memoria como sociedad, si es preciso fomentando el autoritarismo y el odio, pero que nadie se engañe: su principal motivación para controlar el poder democrático no es otro que el dinero. Todo por la pasta».
De esta forma, defendió en su intervención las tres medidas con implicaciones europeas que propuso en el Foro Mundial de Davos para proteger a la ciudadanía y retomar el control de las plataformas, como terminar con el anonimato que «envenena las redes sociales y no puede ser una excusa para la impunidad», avanzar en la defensa de los derechos digitales de la ciudadanía y profundizar en la transparencia algorítmica: «hay que obligar las plataformas a que compartan la información necesaria para su supervisión y hacer de moderación y de ese autocontrol un requerimiento, un requisito legal». Así, ha anunciado que «vamos a reforzar, desde el punto de vista material y personal, las capacidades del Centro para la Transparencia Algorítmica de la Comisión Europea», localizado en Sevilla.
Así mismo, remarcó que España ha sido uno de los primeros países del mundo en contar con una Carta de Derechos Digitales durante la pandemia. «El Observatorio de Derechos Digitales comparte esa misma filosofía: que estos derechos sean reales, tangibles y efectivos en la vida de todas las personas desde la colaboración público-privada, con la participación del mundo académico, empresarial y de la sociedad civil. Estamos ante un momento decisivo, que nos obliga a elegir entre dos alternativas: o seguimos el rumbo que marcan otros y nos dejamos llevar por la corriente, o asumimos el liderazgo para definir una nueva manera de entender, diseñar y construir la tecnología. Optemos por esta última vía: ser dueños de nuestro propio destino».
En este contexto creo que también hay que tomar conciencia de nuestros deberes digitales como ciudadanos del mundo, de este país y de esta Comunidad, que necesitan también una Carta, porque todo lo digital, en el sentido más puro del término, también nos pertenece, emulando la famosa frase de Terencio citada anteriormente, todo lo humano me pertenece, al ser una dimensión humana primordial como miembros de la aldea global en la que vivimos, somos y estamos cada día de nuestra vida. ¿Recuerdan la Carta Universal de los Deberes y Obligaciones de las Personas, auspiciada por José Saramago?.
En este contexto cobra singular importancia conocer qué es el Observatorio de Derechos Digitales de nuestro país, porque “los derechos digitales son un conjunto de derechos fundamentales que protegen a las personas en el entorno digital. Estos derechos garantizan que las mismas protecciones y libertades que tenemos en el mundo físico se apliquen también en el espacio virtual. Incluyen el derecho a la privacidad, la seguridad de nuestros datos personales, el acceso igualitario a internet, la libertad de expresión en línea y la protección frente a la discriminación digital. Además, en un mundo impulsado por la tecnología, los derechos digitales buscan asegurar que todos puedan participar en la sociedad digital de manera ética, segura y equitativa.
Igualmente, se debe conocer con detalle la Carta de Derechos Digitales, con seis epígrafes de sumo interés: Derechos de Libertad, Derechos de Igualdad, Derechos de Participación y de confirmación del espacio público, Derechos del Entorno Laboral y Empresarial, Derechos Digitales en Entornos Específicos, así como Garantías y Eficacia. En cada uno de estos epígrafes, se recogen múltiples derechos específicos de obligado conocimiento y defensa de los mismos, lo que da lugar a la asunción de responsabilidades digitales, de Deberes Digitales del propio Gobierno y de instituciones y organización públicas y privadas de todo tipo, así como los propios de la ciudadanía. Entre estos derechos digitales destaco los siguientes a título indicativo y no exhaustivo: la protección de niños, niñas y adolescentes en el entorno digital, la identidad en el entorno digital, herencia digital, privacidad y protección de datos, propiedad intelectual. acceso a datos de interés público, igualdad y no discriminación, eliminar brechas de acceso al entorno digital, recibir libremente información veraz, protección de la salud en el entorno digital, derechos digitales en el entorno laboral y empresarial, protección de la salud en el entorno digital y protección de derechos digitales en el contexto de Inteligencia Artificial, metaverso y neurotecnologías.
El Observatorio de Derechos Digitales es un proyecto gubernamental “comprometido con la garantía de que los derechos digitales sean una realidad accesible para todos. Colaboramos con una amplia red de actores para abordar áreas clave y asegurar que estos derechos lleguen a cada ciudadano. Nuestras cifras destacan nuestro firme compromiso, demostrando que los derechos digitales no conocen fronteras”. Grandes números para un gran proyecto, en el que participan 150 entidades públicas y privadas, así como más de 360 expertos involucrados.
Es importante señalar que este Proyecto forma parte del programa Derechos Digitales, una iniciativa liderada por el Gobierno de España y creada para impulsar el seguimiento, debate y difusión de los Derechos Digitales entre la ciudadanía y diferentes organizaciones públicas y privadas. El programa está financiado por el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia a través de los Fondos Next Generation EU, habiéndose creado para asegurar que los derechos de la ciudadanía estén protegidos en el entorno digital, impulsando la implementación de la Carta de Derechos Digitales, enunciada anteriormente. Asimismo, cuenta con un presupuesto de 10,83 M€ financiados por el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia a través de los Fondos Next Generation EU. Red.es, entidad pública adscrita al Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública a través de la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, aporta hasta el 80% del importe total y el 20% restante lo aportan en especie las entidades participantes. Es, sin lugar a dudas, un espacio abierto, inclusivo y participativo, creado para hacer llegar a la ciudadanía los avances, ventajas y retos en materia de Derechos Digitales y para promover las buenas prácticas.
Este Proyecto tiene su intrahistoria porque en verano de 2021 publicó la “Carta de Derechos Digitales” que marca los principios generales que deben aplicarse en el mundo digital, constituyendo este hito un auténtico avance como Estado pionero en tomar este tipo de decisiones gubernamentales. Con el programa expuesto, “se busca garantizar los derechos en el entorno digital y fomentar un equilibrio entre innovación tecnológica y protección de los ciudadanos. Entre los derechos que se protegen en el entorno digital encontramos la protección de derechos de menores y grupos vulnerables, garantizar el acceso igualitario para personas con bajas competencias digitales, cerrar brechas digitales y salvaguardar la privacidad y la seguridad en línea, o proteger la libertad de expresión y el derecho a la información. Entre las actuaciones del Observatorio de Derechos Digitales está el impulso a programas de sensibilización sobre la importancia de la privacidad, la seguridad y el acceso equitativo a la tecnología y el fomento de la participación ciudadana en la creación de políticas digitales, asegurando que los avances tecnológicos sean entendidos y utilizados de manera informada y segura. Además, investigará el impacto social y ético de la tecnología y estudiará cómo reducir las brechas digitales y combatir la discriminación en línea, promoviendo una transformación digital que sea accesible y justa para todos.
Una muestra real del Proyecto es la Agenda programada en las semanas próximas, como encuentros de debate para crear una cultura de derechos y deberes digitales, tales como Controles administrativos y responsabilidad patrimonial (11 de febrero), Protección de datos (25 de febrero) y Gobernanza de las neurotecnologías (11 de marzo).
Lo expuesto anteriormente lo sitúo en el marco de la “inteligencia digital” el constructo que es hilo conductor de este cuaderno digital. Estoy plenamente convencido de que habría que introducir una asignatura en el currículo escolar y universitario sobre esta materia, porque es la clave para comprende el universo digital que nos rodea, entendida esta inteligencia digital como la “capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía”, es decir, cuando han superado la dialéctica infernal del doble uso” (1). Inteligencia digital es la destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que manejan y tratan las personas, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, nacida de haberse hecho muy capaces de ella, la capacidad de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, la capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural en el que son y están, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. Ello es así porque la inteligencia digital es un factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada persona en su relación consigo mismo y con los demás, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, así como la capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando ha superado la dialéctica infernal del doble uso o lo que es lo mismo, el uso no racional de las mismas, tan pujante en la actualidad y «dueñas» de casi todo.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Antonio Machado Ruíz (Sevilla, 26 de julio de 1875-Colliure, 22 de febrero de 1939)
Sevilla, 6/II/2025 – 14:38 (CET+1)
Recibí hace unos días un comentario a mi artículo sobre Mr. Trump, Al presidente Trump no le gustó lo que le dijo ayer la obispa episcopal Mariann Edgar Budde (“radical de izquierda”, según él), del que me siento muy orgulloso de haberlo publicado con mi nombre y apellidos, en el que de forma inequívoca me tildaban de “caballero marxista”, por el contenido del mismo, supongo, acompañado de interpretaciones de las maldades del comunismo que destilaban mis palabras y que asola el mundo. La verdad es que no me ofende porque mi ideología es pública y no inocente, pero no coincide exactamente con lo que pienso y configura mi auténtico retrato, aunque genéricamente me aproxime a lo que se llama “de izquierdas”, sin sonrojo alguno, valga la curiosa expresión. “Socialdemócrata” me viene mejor, de profundas raíces cristianas que no católicas, apostólicas y romanas, vinculadas al ciudadano Jesús, como se puede comprobar en múltiples páginas de este cuaderno digital, fundamentalmente porque creo que fuera de la iglesia sí hay salvación, frente a los apologetas que manifiestan a los cuatro vientos y desde hace siglos lo contrario: extra ecclesia nulla salus. Las derechas defienden este dogma a capa y espada, por más señas. Lo que tengo claro es que no voy en su barco, porque afortunadamente todos no somos iguales.
En mi etapa de estudios universitarios en Roma, recuerdo que saqué matrícula de honor en una asignatura que seguí con ardor guerrero, Neomarxismo se llamaba, impartida por un profesor irlandés, Ambrosio McNicholl, que me enseñó a distinguir muy bien el materialismo histórico del dialéctico y, sobre todo, que en las tesis “marxistas” sobre Ludwig Feuerbach había una, la XI y última, que ha supuesto desde entonces un primer motor inmóvil, que decía Aristóteles, en mi vida, para justificar mi suelo firme (López Aranguren, dixit), como ética humana y humanista, cuando decía que lo importante no es interpretar el mundo sino transformarlo, con revoluciones incluidas: «Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo«. Tal cual, sin las modificaciones que introdujo Engels en 1888, cuando se publicaron las Tesis por primera vez, después del fallecimiento de Karl Marx. Sí, también soy, irremisiblemente, un “caballero marxista” de espíritu que cree en estos principios y, además, si no gustan, casi todo el mundo que me conoce sabe que, a diferencia de los de Groucho Marx sobre si no gustaban los suyos, no tengo otros. ¿Podrían llamarme, por favor, “caballero marxiano”? Quizás sería todo un acierto o respetando mis principios, ¿alguien niega que no es necesario transformar este mundoal revés en el que estamos instalados, ahora trágicamente teledirigido por Mr. Trump, junto a sus oligarquías multimillonarias y tecnológicas, en un nuevo tecnofeudalismo feroz que hace estragos por donde pasa?
Tengo que confesar que si tengo que hacer ahora un retrato personal mío, con adjetivos de todo tipo, al fin y al cabo, con palabras, es verdad que lo vivo como una oportunidad para recuperar sentimientos y emociones de la intrahistoria mía y de determinadas personas, en la clave del que describió magistralmente Antonio Machado, Retrato, así como en la interpretación dada por Bertolt Brecht de las personas cuyos “retratos” he pintado especialmente en este cuaderno digital desde 2005, cambiando el término “hombre” por “personas”: hay personas que luchan un día y son buenas, otras luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenas, pero están las que luchan toda la vida, y esas son las imprescindibles. Lo importante es que mi retrato sea de corazón, tal y como lo recogía el lema “retrato”, rastreando los diccionarios de la Real Academia Española, en el tesauro de Baltasar Henríquez, en 1679, primer documento en el que figura esta acepción para la posteridad del español, sabiendo que las palabras van a estar presentes siempre en la paleta lexicográfica del mío:
RAE – HEN B 1679 (Pág: 396,2)
Esta acepción, retratos del corazón, nunca más se recuperó, quedando en el día de hoy sólo varias acepciones que desde 1788 fueron enriqueciendo esta forma de comprender qué significaba retratar a alguien, aunque en la actualidad se mantiene un lema de resultados más pobres en nuestro lenguaje diario
RAE – TER M 1788 (Pág: 368,2)
El Diccionario de mayor divulgación del español, de la Real Academia Española, recoge a partir de 1869 (RAE U 1869 (Pág: 681,1) una acepción extraordinaria de retrato, descripción de la figura y carácter de alguna persona, que ya se ha mantenido hasta nuestros días, enriqueciéndola en la última edición oficial de 2001: descripción de la figura y carácter, o sea, de las cualidades físicas o morales de una persona, aunque habiendo perdido aquella referencia tan magistral a la que hacíamos referencia anteriormente, es decir, los retratos del corazón.
Para finalizar, me gustaría, al fin y al cabo, emular el precioso poema de Machado, Retrato, del que reproduzco a continuación unos versos, porque me siento plenamente identificado con él, mutatis mutandis, cambiando lo que necesariamente hay que cambiar, para quedarme con una idea principal, porque creo que más que caballero marxista, “soy, en el buen sentido de la palabra, un caballero bueno”: Hay en mis venas gotas de sangre jacobina, / pero mi verso brota de manantial sereno; / y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, / soy, en el buen sentido de la palabra, bueno. Queda perfectamente claro mi retrato en unas palabras que publiqué en 2007, sobre el niño que llevo dentro, tal y como aprendí de Pablo Neruda, Juan Ramón Jiménez y José Saramago, retrato del corazón pintado con mis palabras que reproduzco a continuación.
Ayer cumplí 60 años. Siempre he tenido muy cerca la foto que abre hoy estas anotaciones en el cuaderno de bitácora, a los seis años, y se puede apreciar que en aquellos otros cuadernos Rubio ya se simulaban, a gusto del fotógrafo de turno, las primeras impresiones de la vida de un niño andaluz en un Colegio laico, el Sagrado Corazón de Jesús, en la calle Narváez, en Madrid, donde doña Antonia, mi querida maestra, iba llenando de afectos y sabiduría infinita (como su paciencia) la sede de la inteligencia de cada niña, de cada niño. También, la mía. Todo, en sus bolsillos, se convertía siempre en caramelos de infinitos colores. Jugábamos juntos, niñas y niños, en el patio trasero, donde en los momentos de aventuras incontroladas, poníamos una escalera de madera apoyada en el muro medianero y nos asomábamos –atemorizados- para escudriñar los rollos de película de la productora que lindaba con el Colegio, tirados en aquél otro patio, de mala manera, a la búsqueda de recortes que nosotros montábamos en las aceras vecinas con títulos de crédito muy particulares, a modo de estrellas del celuloide madrileño.
Imaginábamos aventuras muy particulares, como las de los patios de nuestras casas, hasta que una vez corrió la noticia de que se estaba haciendo el casting para la película “Marcelino, Pan y Vino”. Y mi familia me llevó (¡ay, el discreto encanto de la burguesía!), con mis seis años, a los estudios Chamartín y participé en aquella selección artificial en la que mi abuela me empujaba a la primera fila cuando pasaba la comitiva para la elección del futuro actor que interpretaría a Marcelino. No di la talla (Dios me recogió a tiempo…), pero conocí a Pablito Calvo, a José María Sánchez Silva, a Ladislao Vajda, el director, y todavía recuerdo el día del estreno de la película, subiendo al escenario del cine Coliseum, en la Gran Vía, dándonos un abrazo Pablito y yo y dedicándome José María su cuento, editado de forma muy cuidada. Aplausos. Fue una experiencia sobrecogedora, a mis seis años. Y siempre busqué un amigo como Manuel, el imaginario compañero de Marcelino.
Han pasado cincuenta y cuatro años y he recordado algunas experiencias grabadas en el corazón porque todavía no sabía mucho del poder de la inteligencia. El número seis, aunque multiplicado en esta ocasión por diez, permanece con toda la frescura de la mirada que captó muy bien el fotógrafo escolar. Ahí radicaba el desarrollo de la inteligencia creadora que me ha permitido llegar hasta este momento en el que recuerdo aquél día en el que el Director del Colegio, D. Enrique Berenguer, se deshacía en atenciones para que aquella ceremonia ritual quedara para la posteridad en el cerebro de un niño de Sevilla, que veía en su soledad la vida de otra forma y al que quería tanto.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Se aproxima una fecha importante para la historia del mejor cine en nuestro país, el próximo sábado 8 de febrero, con motivo de la entrega de los Premios Goya 2025 en su 39ª edición, donde hay una presunta vencedora viva voce, El 47, con varias candidaturas, película a la que dediqué una reflexión profunda el pasado 16 de enero en este cuaderno digital, El ‘47’, un ejemplo de reivindicación vecinal que no olvida el recuerdo y el daño. Personalmente la recomendaba porque, en los tiempos que corren, es un lujo verla y sentirla para cuidar la ideología de compromiso con los que menos tienen, los nadies, tan cerca de nosotros a pesar de que les negamos su visibilidad en nuestra ciudades y barrios, es decir, es una película que representa perfectamente ese claro objeto de deseo para los que amamos el cine social. Lo denuncia la cantora Valeria Castro con su encanto personal en el estribillo de El borde del mundo, durante la proyección de los títulos de crédito: Y aunque me quede en el borde del mundo / Y aunque no entiendan que por qué pregunto / Y aunque me traten siempre de extraño / Y aunque pasen y pasen los años / No se olvida el recuerdo ni el daño.
Quien sigue de cerca estas páginas conoce mi aprecio por el llamado “cine social”, necesario, útil, de compromiso indiscutible con la sociedad actual para reflejarla de la mejor forma, contando historias que conmuevan al espectador. Junto al 47 es imprescindible acordarme hoy de otra película de corte social, Por donde pasa el silencio, candidata también a un premio Goya en la categoría a la mejor dirección novel, la de Sandra Romero (Écija, 1993), guionista también de la película, que representa con dignidad excelsa al cine andaluz. La sinopsis de la película ayuda a comprender su hilo conductor: “Antonio tiene que volver a Écija, una ciudad en el interior de Andalucía, después de mucho tiempo. Es Semana Santa. Allí se reencuentra con su familia y con su hermano mellizo Javier que tiene una discapacidad física y necesita su ayuda. Antonio tendrá que manejar esta situación y enfrentase a una difícil decisión: quedarse y ayudar a los suyos o volver a la vida que ha construido fuera”. Lo más interesante de esta película es saber que el guion responde a hechos reales como la vida misma y aunque suene a tópico cinematográfico, cualquier parecido con la realidad, en este caso, no es pura coincidencia.
También quiero traer a colación otra película candidata a los Goya 2025, Los destellos, a la que también dediqué palabras de elogio en este cuaderno digital, dirigida por Pilar Palomero, de título enigmático, una adaptación de un relato de Un corazón demasiado grande, de Eider Rodríguez, que me conmovió y conturbó al verla, fundamentalmente porque ideológicamente defiendo algo importante, para mí la utilidad de lo aparentemente inútil: la vida está hecha de detalles. Al menos es lo que ha intentado reflejar Pilar Palomero en esta preciosa película: “En este caso, sentía que el guion me pedía un lenguaje diferente, que se relacionaba con estar presente, con ver, con escuchar con los sentidos. Por eso los detalles o las pequeñas cosas son tan importantes aquí, porque te conectan con la vida. Son cuestiones que a menudo no percibimos y quería ponerlas de manifiesto a través de las imágenes, sin verbalizarlas. Era un gran reto, porque me exigía un tempo diferente para los planos, para su duración”.
Las tres películas merecen los Goyas en sus correspondientes candidaturas. Las voto así, en conciencia, porque transmiten realidades vitales que no debemos olvidar, compromisos para garantizar la mejor transformación posible de la sociedad. Las tres son la pura verdad que tanto necesitamos, pequeños detalles que nos hacen la vida más amable, día a día, porque la solidaridad contemplada y narrada en El 47 con la reivindicación social y vecinal que lleva dentro, la dureza del mundo rural y de las dependencias varias que se hacen todavía más duras cuando menos se tiene, tal y como lo trata Por donde pasa el silencio, así como el encanto de cuidar con detalle a quienes amamos por encima de todo, hasta el final de sus días, en Los destellos, todo ello en una mezcla posible de sentimiento y conciencia social de clase, hace que creamos en la magia transformadora del cine social porque, al igual que las ideologías, nunca es inocente. Lo transmitía y cantaba con sentimiento pleno Valeria Castro con su encanto personal en el estribillo de El borde del mundo, durante la proyección de los títulos de crédito en El 47: Y aunque me quede en el borde del mundo / Y aunque no entiendan que por qué pregunto / Y aunque me traten siempre de extraño / Y aunque pasen y pasen los años / No se olvida el recuerdo ni el daño.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Lo leí ayer en una crónica teatral excelente de “Caperucita en Manhattan”, una obra inolvidable de Carmen Martín Gaite, estrenada en Madrid con motivo de la celebración del centenario del nacimiento de la autora, con una entradilla significativa: “La adaptación del popular cuento de Carmen Martín Gaite dirigida por Lucía Miranda es un chute de libertad tan festivo como el relato original”.
En nuestro tiempo tan moderno, mediocre y cainita, es maravilloso leer una crónica sobre lo que se hace bien en nuestro país, yo diría que muy bien, recordando unas palabras que no he olvidado, del eminente cardiólogo Valentín Fuster: “Yo puedo estar hablando todo el rato del desastre que hay en España. Pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…” o lo que es lo mismo, puedo estar hablando todo el rato de las cosas que se hacen mal en España, pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…. Y comprobaremos que es verdad, que funcionan muchas cosas en este controvertido país.
En muy pocas palabras, Raquel Vidales, en su oficio de cronista, nos ayuda a captar la esencia de esta adaptación teatral: “Recordemos que esta es la historia de una Caperucita contemporánea. Sara Allen, una niña que vive con sus padres en Brooklyn y sueña con Manhattan: esa isla llena de luces junto a la estatua de la Libertad. Ahí vive su abuela, una antigua estrella de music hall noctívaga, librepensadora y poco hogareña, todo lo contrario que sus normativos padres. Pero mientras que en el cuento tradicional abuela y nieta acaban devoradas por el lobo por salirse del “camino correcto”, la versión de Martín Gaite invita a lo contrario. En su escapada de Brooklyn a Manhattan, Sara Allen descubrirá que no hay un “camino correcto”. También el significado de la palabra libertad: algo que “se siente por dentro y no se puede decir”. Una sensación tan poderosa cómo frágil, como demuestra su tergiversación política actual”. Extraordinario resumen.
Me he quedado hoy con el tratamiento de lo que simboliza para Carmen Martín Gaite aprehender el auténtico “camino correcto” en la vida, sobre todo para los que hemos crecido en dictadura política y sus derivadas deontotónicas, el exclusivo cumplimiento del deber, aunque hacerlo te costara la propia vida y la pérdida absoluta de la libertad.
Nada más que por el análisis anterior de Caperucita en Manhattan y su adaptación teatral en La Abadía de Madrid, me lleva a leerla con pasión y a esperar que en la gira prevista de la Compañía que actualmente la representa, haga un alto en esta sacrosanta ciudad, muy dada a respetar, “como se debe hacer y siempre se ha hecho”, el “camino correcto” de la vida, como un universal ético. Al fin y al cabo, como me enseñaron en mi infancia que hacían Caperucita, sorprendentemente “roja”, y su abuela, no sé si “azul”, ante un lobo “también rojo” o negro según se mire, muy peligroso como le corresponde serlo, a pesar de que en mi alma juvenil me quedó grabada en mi mente, para siempre, la famosa sentencia de Hobbes: el hombre es un lobo para el hombre. Mejor dicho, en latín, homo hominilupus. Sin atisbo de libertad alguna ante caminos probablemente “incorrectos” para la sociedad de mi época o, quién sabe, si también de la actual, tan moderna, tecnológica, dualista, mediocre y cainita.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Lo que pido es que me dejen tranquilo. Que no me pidan más entrevistas ni nada más. Ya terminó mi ciclo. Sinceramente, me estoy muriendo. Y el guerrero tiene derecho a su descanso.
José Mujica, en un encuentro en su chacra, el pasado 9 de enero de 2025
Sevilla, 3/II/2025 – 18:30 (CET+1)
Anoche me regaló la vida un nuevo encuentro con José Mujica, expresidente de Uruguay, a quien tanto admiro y aprecio, un maestro en el buen sentido de la palabra maestro. Fue a través del espacio televisivo Lo de Évole, en el que se proyectó la charla que mantuvo Jordi Évole con Pepe Mujica en julio de 2024, en su chacra, unos días después de finalizar el tratamiento del cáncer que padece.
Es difícil sintetizar los múltiples mensajes que enviaba en cada intervención de su charla amigable con Évole. Cada reflexión fue una enseñanza vital y solidaria con la humanidad, siendo consciente de que su último día “va a llegar en algún momento», aunque dio muestras de un optimismo proverbial: «Soy optimista, vale la pena comprometerse con la vida, porque hay semilla, vendrán otros detrás». Así lo comprendí, porque lo aprendí de Benedetti en su justo sentido, de un haiku, el 123, escrito en 1999: Un pesimista / Es sólo un optimista / Bien informado.
Dio un repaso profundo a la sociedad de consumo, un clásico en su vida personal y política: “Consumimos el tiempo para comprar cosas, en lugar de gastar el tiempo para vivir». Dijo también que “estamos construyendo una civilización de gente que se autoexplota”, explicándolo por la ansiedad que produce tener siempre “lo último” de cualquier producto de la sociedad de consumo.
Dedicó también unas palabras al cambio climático y la tozudez humana en sus actuaciones negacionistas o conspiranoicas, porque se sabe lo que está pasando, a pesar de que estamos avisados por la ciencia sobre el cambio climático.
El encuentro con Mujica finalizó de la mejor forma posible, al incorporarse a la charla amistosa su entrañable compañera de viaje vital y de compromiso político, Lucía Topolansky, compartiendo su preciosa historia de militancia vital e ideológica, así como su envejecimiento compartido y sentido, una conmovedora historia actual de vida, enfermedad grave y decisión de José de afrontar de la forma más digna el final de su largo viaje, un digno descanso del guerrero que lleva dentro.
Una cosa más, como decía Steve Jobs en sus presentaciones. No se pierdan ver y, sobre todo, escuchar a José Mujica. Es un bálsamo reconfortante en estos tiempos trumpistas y muskianos tan desconcertantes para las personas dignas. Extraordinarias palabras que, afortunadamente, aún nos quedan.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
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Seguimiento en timelapse de las obras de construcción del puente de la Constitución de 1812, sobre la bahía de Cádiz
Cádiz, 2/II/2025 – 12:15 (CET+1)
En estos días gaditanos, he recordado que escribí un post en 2007, en este cuaderno digital, sobre la realidad social de Cádiz, Canción triste de Cádiz Street, afectada en ese momento por los cambios “climáticos” de Delphi [empresa en proceso de cierre patronal definitivo], arrastrando la dialéctica del dolor y de la alegría para vivir, para su libertad. También me acuerdo (Joe Brainard, dixit), de la polémica absurda e innecesaria incluida, por el gesto maleducado, no inocente, con el alcalde de la ciudad en ese momento, de ideología de izquierda, por no ser tenido en cuenta, a tiempo, en el acto protocolario de la inauguración del nuevo puente de la Constitución de 1812 o, con la denominación popular, de la Pepa, cuestión que la asocié a una idea que aprendí hace ya tiempo de un ingeniero romano excelente, Cayo Julio Lácer, el autor material del puente de Alcántara (al-qantara: el puente, en árabe), en Cáceres, al expresar de forma rotunda que “la grandeza misma del arte es superada por la grandeza de la obra” (ars ubi materia vincitur ipsa sua).
Sería una gran lección en estos días que el mundo político de este país demostrara que la grandeza misma del diálogo en abstracto, que también es arte, puede ser superada por la grandeza del diálogo real, sincero y comprometido con los derechos y deberes ciudadanos de una provincia tan castigada por el paro. Aunque sea en este aquí y ahora por el símbolo arquitectónico de esa gran obra.
Puentes, puentes, puentes. Sería una buena forma de completar hoy una nueva inscripción mundial para los derechos humanos compartidos, que recogiera también en el nuevo puente gaditano las palabras que seguían al primer aserto comentado: el ilustre Lácer, con divino arte, hizo el puente para que durase por los siglos mientras dure el mundo (Pontem perpetui mansvrvm in secula mvndi). O lo que sería lo mismo como símbolo de la buena política: los ilustres mandatarios políticos que hacen posibles estas obras públicas, una vez demostrado que el diálogo supera el arte de hablar y callar, deberían ayudar a construir día a día la democracia para que dure por los siglos en la perpetuidad de nuestro país. Recordando siempre el nuevo puente de Cádiz, por supuesto, como un símbolo de su perpetuidad política al servicio de la ciudadanía.
Al pasar el viernes por este puente emblemático de Cádiz, recordé la necesidad de que la grandeza del arte político , a través del diálogo, sea superada siempre por la grandeza de sus resultados democráticos.
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Si mi voz muriera en tierra, llevadla al nivel del mar y dejadla en la ribera.
Rafael Alberti, Marinero en tierra
Cádiz, 1/II/2025
Anoche escuché atentamente la mar de Cádiz, la que cantaba siempre Rafael Alberti siendo un marinero en tierra. La he contemplado tal y como él la vivía y sentía:
El mar. La mar. El mar. ¡Sólo la mar! ¿Por qué me trajiste, padre, a la ciudad? ¿Por qué me desenterraste del mar?
En sueños la marejada me tira del corazón; se lo quisiera llevar. Padre, ¿por qué me trajiste acá?
Gimiendo por ver el mar, un marinerito en tierra iza al aire este lamento: ¡Ay mi blusa marinera; siempre me la inflaba el viento al divisar la escollera!
Esta mañana he vuelto a observar con emoción la línea del horizonte en la que teóricamente se separa el mar del cielo, pero donde está el secreto de lo que hay debajo y detrás de ella. Es lo que he aprendido a valorar leyendo asiduamente a Manuel Rivas, que tantas veces la describe con palabras hermosísimas. Es una maravilla observar cómo la línea se pierde en el horizonte al llegar cerca de la catedral de Cádiz en esta ocasión o de La Caleta nocturna o el faro del castillo de San Sebastián, con la misión de devolver a los que recordamos las palabras de Alberti, los valores de la tierra firme, cuando solo nos queda navegar tierra adentro con una misión posible: buscar islas desconocidas, que somos nosotros mismos cuando nos salimos de nosotros y nos contemplamos tal y como somos.
Es lo que tantas veces sigo a pie firme navegando con el cuaderno de bitácora que encontré un día en un pequeño cuento de Jose Saramago, el de la isla desconocida: “todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas”, aunque sea la mujer del cuento la que conoce mejor que nadie lo que de verdad quiere decir a los cuatro vientos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.
Sé que la gran misión de la vida es salir de nosotros mismos para saber quiénes somos, pero volviendo siempre a tierra. Esa es la única razón para comprender el lamento de Alberti, cuando el devenir de la vida nos desentierra de la mar, porque él quería que cuando un día su voz muriera en tierra, la llevaran al nivel del mar y dejarla en la ribera. Y nombrarla capitana de un blanco bajel de guerra. ¿Saben por qué? Porque cuando se pierde la vida, el tiempo, todo lo que tiramos, como un anillo, al agua o si perdemos la voz en la maleza, lo único que nos queda… es la palabra. Lo aprendí de Blas de Otero.
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Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 21 de diciembre de 1921- Ciudad de México, 7 de febrero de 2003)
Sevilla, 30/I/2025 – 21:25 (CET+1)
Visto lo visto en estos días, sobre todo con la irrupción del terremoto Trump, azote de la democracia mundial, me ha venido a la memoria el cuento precioso y breve, El dinosaurio, de Augusto Monterroso , que por bueno, es dos veces bueno:
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Al recordarlo y casi sin pensarlo, he hecho un paralelismo con mi sueño permanente de defender la democracia, como pilar básico del entendimiento y del respeto a las personas de este país, del mundo en general, viniéndome a la mente otro relato, breve como el anterior, que lo pensaba así:
Cuando desperté, la democracia todavía estaba aquí.
Ítalo Calvino, el escritor italiano al que debo tanto en mi forma de pensar y escribir, reconoció el valor incalculable de la rapidez y concisión en la literatura y así lo expresó en una conferencia titulada Rapidez, que desgraciadamente nunca llegó a pronunciar porque falleció una semana antes de trasladarse a la Universidad de Harvard (Cambridge, Massachusetts) en septiembre de 1985, para llevar a cabo su compromiso de participar en las Charles Elliot Norton Poetry Lectures, que luego se recopilaron como obra póstuma bajo el título de Seis propuestas para el próximo milenio (1). Esta obra la he citado en numerosas ocasiones en este cuaderno digital porque a lo largo de los casi veinte años de vida que ya tiene, Calvino siempre ha estado presente en él ante el fenómeno de la hoja en blanco, precisamente utilizando el título de la conferencia que se incorporó a aquellos borradores de Harvard con el título de El arte de empezar y el arte de acabar, cuya introducción sigue siendo un norte en mi vida intelectual, procurando siempre que lo que escriba sea algo especial, siguiendo las recomendaciones de Calvino, tantas veces citadas en hojas digitales anteriores: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela. Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial”.
En este sentido, si traigo hoy también a colación a Ítalo Calvino, es por su cita del relato de Monterroso en la citada conferencia, Rapidez, cuando se refiere a él reflexionando sobre una literatura basada en la concisión, como presagio de que sería una realidad inexorable en el siglo venidero [XXI]: “La concisión es sólo un aspecto del tema que quería tratar, y me limitaré a deciros que sueño con inmensas cosmogonías, sagas y epopeyas encerradas en las dimensiones de un epigrama. En los tiempos cada vez más congestionados que nos aguardan, la necesidad de literatura deberá apuntar a la máxima concentración de la poesía y del pensamiento. Borges y Bioy Casares recopilaron una antología de Cuentos breves y extraordinarios. Yo quisiera preparar una colección de cuentos de una sola frase, o de una sola línea, si fuera posible. Pero hasta ahora no encontré ninguno que supere el del escritor guatemalteco Augusto Monterroso: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.
Mi relato breve, Cuando desperté, la democracia todavía estaba aquí, me ha alegrado el día y quería compartirlo con la malla pensante de la Humanidad, la Noosfera. Nada más.
(1) Calvino, Ítalo, Seis propuestas para el próximo mileno, 1998, Madrid: Siruela.
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Luz López y Mario Benedetti / Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez
Sevilla, 29/I/2025 – 08:30 h (CET+1)
Dedico hoy estas palabras a una persona que me acompaña en la vida desde hace ya cuarenta y dos años, María José, en su cumpleaños y cumpledías anual, con la calidad en este recuerdo que manifestó Mario Benedetti en su poema Como siempre, en su fondo y forma, sintiendo al mismo tiempo la influencia de Luz López, su compañera de vida, recordándome también que María José ha recorrido ya un camino vital de setecientos sesenta y ocho meses en su cumpledías vital, aplicándole hoy las palabras de su poema en primera persona, porque así lo he leído una y otra vez en lo más íntimo de mi propia intimidad agustiniana, adaptándolo a sus circunstancias, que diría Ortega y Gasset.
Como siempre
Aunque hoy cumplas trescientos treinta y seis meses la matusalénica edad no se te nota cuando en el instante en que vencen los crueles entrás a averiguar la alegría del mundo y mucho menos todavía se te nota cuando volás gaviotamente sobre las fobias o desarbolás los nudosos rencores buena edad para cambiar estatutos y horóscopos para que tu manantial mane amor sin miseria para que te enfrentes al espejo que exige y pienses que estás linda y estés linda casi no vale la pena desearte júbilos y lealtades ya que te van a rodear como ángeles o veleros es obvio y comprensible que las manzanas y los jazmines y los cuidadores de autos y los ciclistas y las hijas de los villeros y los cachorros extraviados y los bichitos de san antonio y las cajas de fósforo te consideren una de los suyos de modo que desearte un feliz cumpleaños podría ser tan injusto con tus felices cumpledías acordate de esta ley de tu vida si hace algún tiempo fuiste desgraciada eso también ayuda a que hoy se afirme tu bienaventuranza de todos modos para vos no es novedad que el mundo y yo te queremos de veras pero yo siempre un poquito más que el mundo.
Es verdad, cambiando lo que hay que cambiar en el poema para adaptarlo a la realidad de ella, porque esta edad que alcanza hoy “no se le nota cuando en el instante en que vencen los crueles entra a diario a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores. Ha alcanzado una buena edad para cambiar estatutos y horóscopos, dejando que su manantial mane amor sin miseria”. También vuelvo a tener presente a Juan Ramón Jiménez, tan próximo, el poeta con el que compartí su casa de juventud en Moguer durante algún tiempo, junto a ella y nuestro hijo Marcos, que escribió unas palabras hace más de cien años que rescato hoy en la celebración de este cumplevidas, concretamente en una bella introducción a su querido diario (1), recogidas del sánscrito -¡ay, la influencia de Zenobia Camprubí!-, porque resumen perfectamente la atención que debemos prestar a cada día, espacio y tiempo en el que se desarrolla la vida personal e intransferible de cada uno y las compañeras de vida, por ejemplo Luz, Zenobia y María José:
¡Cuida bien de este día! Este día es la vida, la esencia misma de la vida. En su leve transcurso se encierran todas las realidades y todas las variedades de tu existencia: el goce de crecer, la gloria de la acción y el esplendor de la hermosura.
El día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. ¡Cuida bien, pues, este día!
En este cumpleaños, cumpledías y cumplevidas, sólo sé que los dos hemos perseguido sueños que hoy no quiero olvidarlos, ni siquiera un momento, porque no quiero dejarme apesadumbrar por la desmemoria, ni dejar de soñar despierto como tantas veces he escrito en este cuaderno digital. Hoy, sólo quiero cantar la canción de los soñadores (Waldo Leyva, poeta cubano), entrando a diario a averiguar la alegría del mundo, volando;gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores (Benedetti), porque sé que el día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. Por esas razones, sueños en definitiva, sé que lo que aprendí un día ya lejano de Juan Ramón Jiménez, ¡Cuida bien, pues, este día!, es lo que nos permite seguir viviendo, porque un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. Sé queel fin no es tocarlos, como a las rosas, sino perseguir los sueños de felicidad y esperanza. Sólo eso. ¡Ah!, junto a Benedetti, no olvido tampoco un mensaje para María José que, como siempre, mantengo vivo:
[…] de todos modos para ti no es novedad / que el mundo / y yo / te queremos de veras / pero yo siempre un poquito más que el mundo.
(1) Jiménez, Juan Ramón, Diario de un poeta recién casado (1916), 2005. Madrid: Alianza Editorial.
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UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
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