El amor mutuo puede ser infinito

Fotograma de La memoria infinita – En la imagen, Gustavo Góngora y Paulina Urrutia

Sevilla, 17/I/2024

Ayer vi en una sala comercial el documental La memoria infinita, unas horas después de haber publicado un artículo sobre ella, “La memoria infinita” permite olvidar el olvido, en el que a modo de premonición advertía que no era una película sólo para contarla y ya está, sino, sobre todo, para verla y sentirla. Así fue y por esta razón he elegido la mejor interpretación de este sentimiento que he encontrado hasta hoy, envolviendo emociones y a través de su directora Maite Alberdi, en un diario digital chileno, La Tercera, en una columna suya publicada el 8 de septiembre de 2023, El legado infinito, que reproduzco íntegro por el valor intrínseco de su contenido:

*No es sencillo aventurarse en la respuesta de por qué ´La memoria infinita´ ha batido récords históricos. Por qué llena salas y por qué se habla tanto de ella. Me encantaría decir que fue porque trabajamos años o podría hablar del camino que construí con las películas anteriores, o de su campaña, pero nada de eso justifica del todo el alcance que ha tenido. Pienso que la respuesta se acerca a algo mucho más simple.

El éxito de audiencias tiene que ver con la emoción, con lo que permanece en Augusto y en el espectador. Lo que queda es el amor, en un momento en el que ya no se habla de eso. Agradecemos ser testigos de un buen amor, de uno real, el de la Pauli y el Augusto, con todas sus dimensiones, no uno construido en Hollywood.

Augusto sabía lo que le pasaría y no tuvo miedo de que lo filmara. Nadie entendía por qué alguien que se preocupó de preservar la memoria, estaba dispuesto a registrar la forma en que la perdería. Tal vez para algunos, perder la memoria es perderlo todo. Pero muy por el contrario, Augusto se quedó con lo más importante. Sus memorias emotivas y sus emociones más profundas. Los datos se desdibujaron. Me he preguntado con esta película, de qué sirve tanta información. Augusto, un periodista que trabajaba con ella, que no olvidaría un hecho, los pierde. Pero jamás pierde su identidad, la encuentra en los libros, en sus amigos, en su casa, en sus emociones. El regalo de su testimonio habla de eso.

Él se encargó de dejarnos una lección aún más grande: lo único que queda marcado en el cuerpo a todo evento, son los dolores profundos, pero ante todo los amores más grandes. Esta es una película sobre la permanencia de lo que el cuerpo recuerda, no sobre el olvido. Vemos en Augusto una ternura a la que nos estábamos desacostumbrando. Nos enseñó las infinitas formas de preservar la memoria en todas las etapas de su vida, incluso cuando parecía perdida.

Finalmente, la película sienta un camino de cómo encontrar de nuevo la ternura que nos hacía tanta falta. De cómo abrazarnos. Y llega con una emoción que no sabemos dónde poner. Muchos me decían “no quiero verla, porque me da miedo ir a llorar”. Saliendo de una función, un supervisor que trabaja en el cine nos contaba entre risas que, en las salas, el equipo retira más pañuelitos de gente que ha llorado que pop corn [palomitas].

Lo que parece una anécdota divertida, tiene una pequeña pero importante verdad. Nos contaba que la gente llora -pero no de tristeza- y que se quedan quietos hasta al final de los créditos. Nos volvemos a conectar con nuestra memoria emocional. Y ese es el legado infinito de la historia de Augusto Góngora.

Vayan a verla. Es una lección maravillosa de amor mutuo y un homenaje implícito a las ideologías no inocentes, las que hacen que un mundo mejor sea posible, con una condición: olvidar el olvido, preservando siempre la memoria democrática de cada uno, cada una, de todos. Para comprender bien este mensaje, escucho de nuevo una canción inolvidable, ¿A dónde van?, que figura también en la banda sonora de la película. Me ayudan en esta ocasión sus primeras preguntas: ¿A dónde van las palabras que no se quedaron? / ¿A dónde van las miradas que un día partieron? / Acaso flotan eternas / Como prisioneras de un ventarrón / O se acurrucan entre las rendijas / Buscando calor // Acaso se van / ¿Y a dónde van? / ¿A dónde van?

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Los más capacitados

Sevilla, 16/I/2024

El Pleno del Congreso de los Diputados, en sesión extraordinaria que se celebra hoy en el Senado, acaba de debatir y aprobar por mayoría, excepto con la abstención de VOX, la tramitación directa y en lectura única de la Proposición de Reforma del artículo 49 de la Constitución, promovida por los grupos parlamentarios Popular y Socialista, y que tiene por objeto la «actualización en lenguaje y contenido», del artículo dedicado a los derechos y a la protección de las personas con discapacidad, tal y como se explica en la exposición de motivos. Con esta reforma se eliminarán de la Constitución los conceptos de «disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos», según la comunicación oficial del Congreso. De esta forma, “el jueves próximo debatirá el Pleno, en una única sesión, el texto y las enmiendas presentadas en su caso. Para su aprobación, y de acuerdo con el artículo 167 de la Constitución, deberá ser aprobado por una mayoría de tres quintos de los diputados. Alcanzada dicha mayoría, la iniciativa se remite al Senado para continuar su tramitación parlamentaria y donde también se exige la misma mayoría”.

La nueva redacción propuesta establece en su punto primero que «las personas con discapacidad ejercen los derechos previstos» en el Título I «en condiciones de libertad e igualdad reales y efectivas». También fija que «se regulará por ley la protección especial que sea necesaria para dicho ejercicio». Asimismo, el punto segundo define que «los poderes públicos impulsarán las políticas que garanticen la plena autonomía personal y la inclusión social de las personas con discapacidad, en entornos universalmente accesibles. Igualmente, fomentarán la participación de sus organizaciones, en los términos que la ley establezca. Se atenderán particularmente las necesidades específicas de las mujeres y los menores con discapacidad».

De acuerdo con la nota de prensa oficial, “La reforma planteada dice en su exposición de motivos que la Constitución «consagra la dignidad de la persona y el libre desarrollo de la personalidad como claves de bóveda de nuestro Estado social y democrático de Derecho» y que «una de las plasmaciones concretas de esta configuración es su artículo 49, dedicado específicamente a la protección de las personas con discapacidad», un precepto que «situó en su día a España en la vanguardia de la protección de este colectivo». Además, en la iniciativa se explica que en los últimos años, «la protección de las personas con discapacidad se ha visto impulsada por el Derecho Internacional», cuyo eje es la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad; que tanto la legislación estatal como autonómica se ha adaptado a dicha normativa internacional y que, paralelamente, «la sociedad civil articulada en torno a las personas con discapacidad ha venido planteando a los poderes públicos la necesidad de acomodar¿ el artículo ¿a la realidad social y a la normativa internacional». Por todo ello, concluye la exposición de motivos, «resulta necesario proceder a la reforma del artículo 49 de la Constitución, de manera que este precepto vuelva a ser referencia para la protección y promoción de los derechos de las personas con discapacidad en España».

En este contexto, publico de nuevo un artículo mío de opinión que apareció el 20 de agosto de 1977, Los más válidos, en la página de opinión en El Correo de Andalucía, un periódico muy valorado durante la Transición por su compromiso social activo en favor de la democracia naciente, porque cuarenta y seis años después creo que mantiene su fondo y forma en relación con el cambio propuesto respecto de las personas discapacitadas, donde sólo he cambiado la referencia a “hombres” que aparecía en el original, por “personas”, dado que aquella denominación genérica del ser humano era propia de la época.

Los más válidos

No es sólo problema de palabras … Fondo y forma se unen para cantar la validez de la vida, del mundo, de las personas. ¿Qué personas? Hoy hacemos presente a personas nuevas, más-válidas, sin problemas de rampas y ascensores, tómbolas y cupones, beneficencias y privilegios. ¿Por qué? Sencillamente porque queremos romper barreras múltiples y ofrecer un mundo nuevo, rico en humanidad, a todos aquéllos que hemos llamado siempre «disminuídos».

Pensemos, por ejemplo, en una mente que desde fuera es juzgada con términos críticos, pero que interiormente brinda un mundo feliz, desconocido, digno de respeto, más capacitada que muchas mentes «lúcidas» que elucubran a diario sobre el sentido de la vida. Quizá sean unos brazos inmóviles, pero en actitud permanente de abrazar con alegría cualquier iniciativa para vivir. Quizá sean unas piernas quietas, firmes, pero listas para abrirse camino en su realización personal. Mente, brazos y piernas, gritan justicia y no privilegios, igualdad de oportunidades y no favoritismos humillantes. En el fondo es porque hay un cerebro y un corazón que manifiestan tener conciencia de ser «más capaces» que muchos de los que de una forma u otra nacemos diariamente a la existencia consciente con todo nuestro ser «a punto».

La validez de un acto o de una persona no se puede medir por un patrón oficial. La axiología brinda un campo amplísimo de investigación y reflexión sobre los valores del hombre, mundo y trascendencia, pero la persona no puede ser reducida a un robot de actitudes conforme a los moldes que pide una determinada sociedad. Desde la más recalcitrante teoría geneticista, hasta la ambientalista más audaz, se nos ofrecen un sinfín de posibilidades para establecer causas y nomenclaturas sobre comportamientos humanos, sufriendo la tipología armónica de los seres vivos, las consecuencias de lo humanamente incomprensible a nivel bio-psico-sociológico. Surge así, entre otras, la imagen del “disminuido” clásico. Esta expresión define a una persona por determinados problemas físico-psíquicos que aparecen en su vida, pero no suele descifrar su mundo interior. Entre otras cosas, porque ese mundo, afortunadamente, sigue siendo patrimonio personal e intransferible. Este mundo «debajo de la piel», muestra paradójicamente la validez de un ser humano como los demás, de su mundo interior, de su persona de secreto, que ante las cortapisas y dificultades del mundo, crece, corre, piensa y abraza…, porque en lo más profundo de su ser piensa que es más capaz que los demás, al menos, igual que el otro. Quizá sea esta conciencia de igualdad la que un día venza la guerra de los términos y de las apreciaciones subjetivas. En el fondo, habrá sido un triunfo sobre el orgullo de la persona “sana y completa”.

El Correo de Andalucía, 20/VIII/1977

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/06/140602_opinion_discapacitados_felices_men

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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“La memoria infinita” permite olvidar el olvido

Sevilla, 16/I/2024

Chile tiene en su memoria democrática cincuenta años de dolor dentro, desde que en 1973 sufriera un golpe de Estado cruento y desolador, con daños colaterales de todo tipo que hacen imposible su olvido. Precisamente, ahora, vuelve a nuestras pantallas de cine este recuerdo, en una película documental que refuerza la importancia de respetar siempre la memoria democrática de un país, de la que nosotros, en España, tampoco deberíamos estar tan lejos en determinadas ocasiones. Aprendí en su día de Eduardo Galeano que «no hay nada mejor que olvidar el olvido», recuperar de la mejor forma posible la memoria de un país, de su pasado: “Olvidar el olvido: don Ramón Gómez de la Serna contó de alguien que tenía tan mala memoria que un día se olvidó de que tenía mala memoria y se acordó de todo. Recordar el pasado, para liberarnos de sus maldiciones: no para atar los pies del tiempo presente, sino para que el presente camine libre de trampas. Hasta hace algunos siglos, se decía recordar para decir despertar, y todavía la palabra se usa en este sentido en algunos campos de América latina. La memoria despierta es contradictoria, como nosotros; nunca está quieta, y con nosotros cambia. No nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser puerto de partida, no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia: pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron”. Excelente reflexión.

En este contexto, leo hoy la sinopsis de la película chilena ‘La memoria infinita’, estrenada la semana pasada en los cines comerciales de este país, multipremiada en encuentros internacionales de cinematografía en diferentes versiones, que describe a la perfección una obra suprema del cine documental de ese país, marcada por un compromiso social activo, no inocente: “La memoria infinita cuenta la conmovedora historia de amor de Augusto y Paulina, que han estado juntos y enamorados hace más de 25 años. Hace 8 años sus vidas cambiaron para siempre con el diagnóstico de Alzheimer de Augusto. En un relato sobre el recuerdo individual y colectivo, Augusto, quien fuera un destacado periodista cultural de la televisión chilena, y Paulina, reconocida actriz y ex ministra de cultura, dialogan entre la reconstrucción de la memoria e identidad, y a la vez mantienen vivo ese amor cómplice inquebrantable”.

No es una película para contarla y ya está, sino para verla y sentirla en su justo desarrollo argumental, llevándonos de la mano para comprender el ejemplar compromiso personal y profesional de sus protagonistas para cuidar la memoria histórica de su país, arrasada durante la dictadura de Pinochet y para que se olvide el olvido mediante la atención diaria a la memoria democrática infinita, que ahora puede salvar al pueblo chileno en términos de consolidación de la dignidad humana. Se está escribiendo mucho sobre la intrahistoria de esta película, pero quiero resaltar unas palabras del artículo publicado en el diario.es, Amor, enfermedad y memoria histórica en el conmovedor documental chileno que aspira al Oscar, por su contenido especial en relación con su producción y recorrido humano y político: “El inicio fue “la historia de amor”, pero los recuerdos de él [Augusto Góngora], su trabajo y “todo el material de su programa Teleanálisis” empezaron a salir en las grabaciones, y el tema de la memoria empezó a cobrar fuerza. Un trabajo que llega cuando se cumplen 50 años de aquel golpe de Estado. Paulina Urrutia y Maite Alberdi creen que en Chile se vivió un proceso de cambio justo cuando Augusto comenzó a contar de forma clandestina lo que ocurría: “Lo que pasaba no era un discurso oficial que todos viéramos. Era clandestino, se pasaban las cintas en mano. Tomó muchos años poder hablar sin miedo de ciertos temas en los canales oficiales, pero creo que el país se sintió con la libertad de comunicar abiertamente esa historia. La película habla también de este momento. Podemos hacer actos conmemorativos, pero si no recordamos el dolor de lo que nos pasó en el cuerpo con esas situaciones, nunca vamos a vivir realmente el duelo histórico y, por supuesto, se van a volver a repetir los hechos”. Paulina Urrutia recuerda una cita de Augusto para reforzar esta teoría, “la única manera de hacer memoria es con vocación de futuro” y añade que es una labor de todos que esa memoria no se pierda: “El ejercicio de la memoria, el recuperar nuestra historia, es un ejercicio permanente y es maravilloso cuando el arte toma parte de esa tarea que es una tarea ciudadana y una tarea de Estado”.

Con estas palabras reivindico en su fondo la persona y la obra política de Salvador Allende, porque quiero mantener viva su memoria en mi persona de secreto, que diría Ortega y Gasset, junto a la de todos, cuando seguimos defendiendo su presencia en nuestras vidas, como presidente, siempre presente en democracia, siempre. Me retiro a mi rincón de pensar y escucho la banda sonora de la película, grabando en mi memoria de hipocampo la letra de su melodía final, La danza de las libélulas, obra revisada especialmente por su compositor para esta delicada ocasión, Manuel García, chileno por más señas, con un mensaje implícito: Ahora parece que yo / debo mirar hacia el mar / descubrir la noche y su reflejo entre los botes / Mañana vas a encontrar una flor que te dejé / contra el pecho abrazarás su suave fuego / y en una danza sutil, libélulas del jardín / cruzarán el cielo de tus sentimientos. También, ¿A dónde van?, de Silvio Rodríguez. Es la oportunidad para no olvidar el olvido, para comprender junto a Galeano que «la memoria despierta es contradictoria, como nosotros; nunca está quieta, y con nosotros cambia. No nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser puerto de partida, no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia: pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

“Coherencia”, debería ser elegida palabra del año

Hermann Hesse (1877-1962)

Sevilla, 15/I/2024

Es curioso, pero en España la palabra “obstinación” (del latín, obstinatio, -onis) tiene mala prensa, como lo demuestra el recorrido histórico como lema de la lengua española, porque no ha tenido un significado amable a lo largo de los siglos, al ser aceptada de forma reiterada como pertinacia, porfía, así como terquedad en el ánimo y perseverancia en el error, con una deriva muy curiosa en referencia a su aplicación como forma de comportarse una persona, obstinarse, donde aflora un sesgo desde la creencia religiosa: “mantenerse en su resolución y tema, porfiar con necedad y pertinacia, sin vencerse a los ruegos y amonestaciones razonables. Y más propiamente se dice de los pecadores que se niegan a las persuasiones cristianas”, incluso “no escuchando la voz de la razón o de la virtud”, al menos desde que tenemos registros en los diccionarios de la lengua española, desde el siglo XVII y hasta nuestros días, relacionándola en una ocasión con la mitología, en la representación de esta palabra, tal y como lo describe el diccionario de Gaspar y Roig, en 1855, como “la hija de la Noche, una mujer con un clavo remachado en la nuca, una mano en un brasero ardiendo y que se apoya en la cabeza de un asno”. Quizás sea el diccionario de Zerolo, publicado en París en 1895, el que carga más las tintas sobre esta palabra en sus acepciones más negativas y radicales, en relación con la terquedad, sobre todo. No digamos con los sinónimos que ha incorporado a esta palabra, la versión reciente del diccionario (RAE, 2023), en la que aparecen también los siguientes para reforzar todavía más el mal cartel que arrastra a lo largo de la historia: pertinacia, tenacidad, porfía, firmeza, terquedad, tozudez, testarudez, empecinamiento, empeño, emberretinamiento y cabezonería.

A pesar de este sesgo histórico no inocente, he vuelto a entrar en mi clínica del alma, mi biblioteca, buscando un libro que me acompaña desde hace muchos años, Obstinación (1), de Hermann Hesse (1877-1962), Premio Nobel de Literatura en 1946, porque su prólogo y luego un capítulo homónimo dedicado a esa palabra, obstinación, traducida pobremente del alemán Eigensinn, me ha ayudado siempre a comprender qué significa defender mi sentido de la vida, mis valores, mis principios, la coherencia como virtud transcendental en la vida, en una época, como bien recordaba Groucho Marx, en la que lo que prima es una afamada sentencia que se le atribuye a él aunque de dudosa autoría a lo largo de su vida: Estos son mis principios. Si no gustan, tengo otros: “Una virtud hay que quiero mucho, una sola. Se llama obstinación [eigensinn]. Todas las demás, sobre las que leeremos en los libros y oímos hablar a los maestros, no me interesan. En el fondo se podría englobar todo ese sinfín de virtudes que ha inventado el hombre en un solo nombre. Virtud es: obediencia. La cuestión es a quién se obedece. La obstinación también es obediencia. Todas las demás virtudes, tan apreciadas y ensalzadas, son obediencia a las leyes dictadas por lo hombres. Tan sólo la obstinación no pregunta por esas leyes. El que es obstinado obedece a otra ley, a una sola, absolutamente sagrada, a la ley que lleva en sí mismo, al propio sentido”.

Estamos viviendo tiempos modernos en los que el valor de la palabra dada está en solfa, no digamos los principios y valores. Esa es la razón de por qué cobran más fuerza que nunca las reflexiones de Hesse sobre la obstinación, como virtud principal sobre todas las demás, porque nuestra vida sólo se debe regir por la obediencia a nuestro propio sentido. Esta virtud, junto a otras “verdaderas”, según él, “siempre molestan y suscitan odio. Véase Sócrates, Jesús, Giordano Bruno y todos los demás obstinados”. También explica que la palabra obstinación es áspera para algunos, razón para sustituirla por “carácter”, “personalidad” e incluso “originalidad”, sólo atribuible esta última, por ejemplo, a “artistas y gente estrambótica”. A partir de unir la palabra obstinación con terquedad, por si había alguna duda, desarrolla Hesse el significado de “sentido propio”, el que tiene cada piedra, cada brizna de hierba, cada flor, cada animal, que crecen viven, actúan y sienten según su propio sentido, porque todas las cosas del universo, hasta la más pequeña, tienen su “sentido propio”, llevan dentro su propia ley y la siguen absolutamente seguras e imperturbables”. Dicho esto, aborda la tragedia humana, porque “existen sobre la tierra solamente dos pobres seres malditos, a los que no está permitido seguir esa llamada eterna, y ser, crecer, vivir y morir como les ordena su sentido innato. Sólo el hombre y el animal domesticado por él están condenados a no seguir la voz de la vida y del crecimiento y de someterse a unas leyes establecidas por el hombre y, de vez en cuando, infligidas y modificadas también por él”.

A partir de aquí aparece la figura del “héroe”, la de aquellas personas que siguen su propio sentido y que sucumben por seguir su propia estrella, alejados del gregarismo impuesto por la sociedad en la que viven: “el héroe trágico, el obstinado, enseña a los millones de seres mediocres y cobardes que la desobediencia a las normas del hombre no es capricho brutal, sino lealtad a una ley mucho más alta, más sagrada”, porque el instinto gregario exige siempre adaptación y subordinación, ¡gran tarea para la mediocracia de hoy!, frente a lo que tiene el gran sentido de la vida para los obstinados y héroes. Es verdad que el enfoque de Hermann Hesse en estos contenidos aparece a veces como un ensalzamiento a ultranza del egoísmo e individualismo más radical que podamos pensar, pero hay que comprender bien qué significa en sus reflexiones el legítimo deseo de cada persona de unir destino y sentido de la propia vida, poniendo al dinero, por ejemplo, en su sitio, porque el motor que mueve la vida es la confianza en ese sentido de la vida, en los “para qué” vivimos: “El dinero y el poder y todas esas cosas por las que los hombres se torturan mutuamente y acaban por matarse a tiros tiene poco valor para quien se ha encontrado a sí mismo, para el obstinado. Éste sólo valora una cosa: la misteriosa fuerza en su interior, que le ordena vivir y ayuda a crecer”. Es verdad lo manifestado hasta aquí porque esa fuerza es la fuente de su vida y crecimiento, que no se mantiene, fomenta o profundiza con dinero y similares, ya que el dinero y el poder son invenciones de la desconfianza. Quien desconfía de la fuerza vital que cada persona tiene y, por tanto, carece de ella, debe compensarla con un sustituto, como es el poderoso caballero don dinero. El que confía en sí mismo y no desea nada más que su destino se manifieste dentro de sí mismo, rebajará estos sustitutos sobrevalorados y excesivamente caros a herramientas subordinadas. Para las personas obstinadas, su posesión y uso pueden ser convenientes, pero nunca esenciales.

Visto lo visto y leído lo leído, más allá de las interpretaciones de la lengua española de la palabra “obstinación”, me quedo con la de la palabra original en alemán, Eigensinn, como “la virtud de hacer caso solamente al propio sentido”, algo así como ser consecuente en la vida con lo que uno es, piensa y siente, tal y como lo intentó explicar Herman Hesse en su libro autobiográfico. En definitiva, “coherencia” en estado puro, nada más, incluso quedándonos con la brevedad de su significado actual en el diccionario de la lengua española: actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan.

(1) Hesse, Hermann, Obstinación. Escritos autobiográficos, Madrid: Alianza, 1979 (3ª ed.), p. 9 y 90-96. Traducción: Anton Dietrich.

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UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Hay que cuidar las librerías de Sevilla, del país en general, porque son las clínicas del alma

Yerma, Isla de Papel y Panella, tres librerías de Sevilla entre las diez que cerraron en 2023

Sevilla, 9/I/2024

Cada vez que se cierra una librería se cierran también muchas posibilidades de crecer en conocimiento y cultura por parte de la población que la rodea. Sé que hay alternativas, pero la esencia de los profesionales que las atienden, libreros y libreras, no la sustituye Amazon ni las realidades virtuales más avanzadas. Quien lee este cuaderno digital sabe que sus páginas están impregnadas de un amor profundo a las librerías, porque alguna vez he escrito que estos espacios, con el tiempo dentro, son la atención primaria del alma, siendo este el motivo por el que cuido la mía con la lectura de libros. Abordo hoy esta realidad flagrante porque a lo largo de 2023 han cerrado diez librerías en Sevilla, de cuyos nombres quiero acordarme hoy expresamente: Panella, Caótica, Verbo Asunción, Verbo Sevilla Este, Yerma, Tarsis, Isla de Papel, Fuji Cómics, Balzac y El Gusanito Lector.

Es una realidad triste y desoladora, pero terca ante los nuevos modelos de lectura y acceso a los libros, con el denominador común de la entrada en tromba del mundo digital en la industria del libro, en sus múltiples formatos. También, un reflejo del ocaso no inocente de la cultura a través de la lectura. Siendo esta realidad algo que es la crónica de cierres anunciados, hay que destacar también que se producen aperturas con carácter inmediato, como es el caso de El Gusanito Lector, que muy pronto cambiará su nombre y abrirá sus puertas en la calle Feria formando parte del grupo “Botica de Lectores”, que amplía su oferta en la ciudad junto a las tres librerías ya existentes, que también lo hicieron en un esfuerzo encomiable de exempleados de la cadena Beta, que salvaron dos librerías del grupo en el barrio de Los Remedios, permitiendo también la continuidad del antiguo local de la Librería Reguera, con una trayectoria importante en el centro de la ciudad, que ya goza de su nueva identidad.

A través de estas palabras, quiero dedicar hoy un homenaje a este sector profesional, a los libreros y libreras que se fueron, están y vendrán, siendo un ejemplo clarividente el de Botica de Lectores, una denominación no inocente, que explican muy bien en su página web: “La librera de raza, el librero fetén son seres que leen por vicio, pero también por el prurito de hacerse imprescindibles en la vida de sus clientes. El librero puede llegar a ser tan importante en nuestra vida como el boticario. Lo que sí suele leer el buen librero es el estado de ánimo del cliente, ya digo, como el boticario, así que le prescribirá un libro que mejore su mal… El librero no es solo un vendedor de libros, es aquel consejero que encuentra el título apropiado para cada lector y además lo hace en función del momento concreto de su vida, ya que no siempre disponemos del mismo estado de ánimo, ni necesitamos el mismo tipo de lectura. Al igual que un médico prescribe medicamentos para paliar la enfermedad del cuerpo, un “librero de cabecera” es un tipo especial de “boticario”: aquel que recomienda un libro para curar la enfermedad del alma, origen de muchos de nuestros males. Queremos ser útiles a todos los lectores, esperamos atender esas necesidades para que salgan de nuestra humilde “botica” con sus expectativas alcanzadas, pues nos gustaría volver a recetarles en repetidas ocasiones”.

En este contexto creo que tienen hoy un sentido especial las palabras que escribí en 2021, Las librerías son la atención primaria del alma, dedicadas al Día de las Librerías de ese año, que para mí es cada día que nos ofrecen la oportunidad de cuidar nuestra alma, como Boticas o Clínicas, cada uno o cada una según lo necesite: “Cuido el alma con la lectura de libros. Recuerdo que sobre las estanterías o nichos (bibliotecas, en griego) donde se colocaban los rollos de papiros que se podían leer en la Biblioteca de Alejandría, figuraba siempre un letrero sobrecogedor: lugar del cuidado del alma o más exactamente “Clínicas del alma”, tal y como nos lo ha transmitido el historiador siciliano Diodoro de Sículo en el siglo I a.C. Amo la lectura, los libros, las librerías y tengo un respeto casi reverencial a las personas que están detrás de cada página bien escrita, sobre todo con alma. De los que critican cada publicación y aconsejan su lectura. De cada persona que está detrás de este círculo virtuoso del libro en todas sus proyecciones posibles, librerías incluidas y sobre las que he escrito en muchas ocasiones en este cuaderno digital porque las admiro”. Las librerías son “la antesala de las bibliotecas, a modo de atención primaria del alma, si consideramos lo manifestado anteriormente al considerar las citadas bibliotecas como lugares del cuidado del alma o más exactamente “Clínicas del alma”. No olvido el mensaje de Guido Orefice, el protagonista de La vida es bella, por su ilusión de poner una librería (que también tuve yo en una época de mi vida), que le jugaría al final una mala pasada por la invasión nazi en Italia, teniendo que explicar a su hijo Josué, de nombre hebreo, qué cartel van a poner en la librería para prohibir determinadas entradas como la que han leído al detenerse en un escaparate para ver un posible regalo para su madre: prohibida la entrada a hebreos y perros. Para quitar hierro a la dramática situación que está viviendo con su hijo, lo resuelve con una respuesta genial:

Josué: – Pero nosotros dejamos entrar a todo el mundo en la librería.
Guido: – ¡No, mañana mismo también pondremos un cartel! A ver dime algo que te caiga mal.
Josué: – Las arañas. ¿Y a ti?
Guido – ¡A mí, los visigodos! A partir de mañana vamos a poner un cartel que diga. “prohibida la entrada a las arañas y a los visigodos”. Me tienen frito los visigodos. Se acabó.

Guido era un judío pobre que tenía tres ilusiones en su vida humilde: abrir una librería, comprender bien a Schopenhauer (por su canto a la voluntad como motor de la dialéctica pendular de la vida) y saber distinguir el norte del sur (que también existe). Todo quedaría en nada excepto su dignidad humana y el ejemplo para su hijo en el campo de concentración, sin libros ya, casi sin nada. Estas palabras son un pequeño homenaje a los libros con alma y a Guido Orefice, un librero digno, como tantos miles que en este país, en esta Comunidad, intentan abrir sus puertas todos los días, para una comprensión de la vida diferente, porque casi todo está en los libros, hasta la posibilidad de ser más felices en tiempos tan complejos como los actuales.

Hay silencios al leer que hablan por sí solos y que cuidan con mimo nuestra alma. Es el motivo principal de por qué se hace imprescindible proclamar la necesidad de la lectura como medio de descubrimiento de la palabra articulada en frases preciosas, cuando lo que se lee nos permite comprender la capacidad humana de aprehender la realidad de la palabra escrita o hablada. Maravillosa experiencia que se convierte en arte cuando la cuidamos en el día a día, aunque paradójicamente tengamos que aprender el arte de leer siendo mayores, porque la realidad amarga es que muchas veces no lo sabemos hacer. Quizás no acabamos de aprender lo suficiente sobre el placer útil de la lectura, sobre todo para que no enfermemos del alma. El alma busca siempre refugio en la dignidad humana, un cortafuegos que suele encontrar su sitio en libros preciosos para comprender la imprescindible condición humana de la libertad.

Las librerías son la atención primaria del alma y la lectura de los libros que compramos es un acto de libertad intelectual que se modula a lo largo de la vida, convirtiéndose poco a poco en arte que casi todo lo cura, porque casi todo está en los libros. Desde la escuela infantil y hasta los últimos días de la vida, tenemos millones de posibilidades de leer todo lo que se pone por delante para invitarnos a dar forma a unos caracteres que en sí mismo no son nada sin nuestra intervención personal e intransferible porque, aunque alguna vez leamos algunas palabras junto a alguien, lo que se graba en cada cerebro es irrepetible. Como si fuéramos bibliotecas ambulantes conteniendo siempre lecturas diferentes de textos llenos de palabras sueltas o frases que hemos acumulado en ellas a lo largo de la vida. Maravilloso, porque en tiempos de silencio ético y cultural es necesario acudir a las librerías y a las bibliotecas (incluidas las nuestras), salvando lo que haya que salvar, porque es verdad que a lo largo de nuestra vida necesitamos acudir al médico de atención primaria, al especialista…, a los boticarios y boticarias, a las librerías, las clínicas del alma.

En junio de 2015 escribí en este cuaderno digital unas palabras sobre esta crónica anunciada de la muerte de las librerías, en un post muy explícito sobre esta realidad tan preocupante, que hoy se hace visible a través del cierre en 2023 de diez librerías en Sevilla: “Esta mañana lo he comprobado de nuevo: Sevilla no es de librerías, sino de bares. Mi camino del amanecer tenía hoy un objetivo concreto: entrar en las benditas librerías de la ruta escogida que, al igual que las iglesias vacías del poema Entro Señor en tus iglesias, de Rafael Alberti, estaban llenas del arte de enhebrar palabras, pero a los presuntos compradores no se les veía por ningún sitio. Y mi corazón anonadado ha gemido durante unos minutos, en una auténtica soledad sonora”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

La mejor leyenda del beso

Intermedio de La leyenda del beso (Reveriano Soutullo y Juan Vert, 1924), dirigido por Ataúlfo Argenta

Sevilla, 7/I/2024

Me acerco hoy a una noticia que tiene una historia interesante por su significante y significado. Me refiero a una información, de las que probablemente leen muy pocas personas, pero que para mí tiene un significado especial que más adelante explico, recogida en un artículo del que reproduzco textualmente un fragmento, tal y como lo leí con la atención debida: “Françoise Bornet, la mujer protagonista de la famosa fotografía del beso de Robert Doisneau (1912-1994) delante del Ayuntamiento de París, falleció el 25 de diciembre a los 93 años en Évreux (Normandía), como consecuencia de un accidente doméstico. Sin embargo, no se informó de su muerte hasta el martes en la prensa francesa. Bornet pasó a la eternidad por la imagen en blanco y negro que Doisneau hizo de ella besándose con el que era entonces su novio, Jacques Carteaud, estudiante de arte dramático como ella. La foto, titulada El beso del Hôtel de Ville, fue tomada en la primavera de 1950, cuando ella tenía apenas 20 años y Carteaud 23, y formaba parte de un reportaje que la revista Life había encargado a Doisneau sobre enamorados en París para mostrar la alegría de vivir en la capital francesa tras los años de horror por la ocupación alemana en la II Guerra Mundial. Doisneau, un fotógrafo clásico del siglo XX, decía que “la fotografía es como parar la vida para luchar contra la muerte, pero es una lucha perdida desde el principio”.

Robert Doisneau, El beso del Hôtel de Ville, primavera de 1950

Inmediatamente, la relacioné con otro acontecimiento sobre el que publiqué una reflexión en este cuaderno digital en febrero de 2019, Un beso controvertido, cuando se difundió al mundo el fallecimiento del supuesto protagonista del beso icónico fotografiado por Alfred Eisenstaedt, en Times Square, el 14 de agosto de 1945. Muchas personas han pretendido desde hace ya muchos años defender en América su protagonismo en la foto de este beso, aunque todo apunta al final a dos con cierta relevancia histórica después de las investigaciones llevadas a cabo. Da igual, al final, porque lo que simbolizaba tenía un gran valor para época de autos: el final de la II Guerra mundial, a través del rendimiento de Japón y la celebración explosiva de este acontecimiento por parte de Estados Unidos. Pero aquello fue algo más que un beso, analizándolo en el texto y contexto de hoy. La auxiliar de dentista que aparece en la foto, una austriaca judía exiliada en 1939 junto a parte de su familia en América, manifestó en cierta ocasión que aquello no era un beso de amor: «Era simplemente alguien celebrando. No fue un momento romántico». La BBC (1), entidad a la que profeso un gran respeto manifestó en 2016 que “la revista Time, matriz de Life que cerró en 2000, publicó en 2014 un artículo sobre la historia de la foto. «Mucha gente ve la foto como algo más que una muestra bastante pública de acoso sexual, algo no muy digno de celebración», escribió la revista”. ¿Beso o acoso? Esa es la cuestión.

Alfred Eisenstaedt, The Kiss (El beso), 14 de agosto de 1945

Lo curioso es que en relación con la primera fotografía que cito, está documentado que no fue algo espontáneo sino que fue el resultado de contratar el propio Doisneau “a varios actores para el reportaje y los hizo posar en diferentes espacios reconocibles de París. La instantánea, como ocurre a veces en la historia de la fotografía, cayó en el olvido después de hacerse. Además, Bornet y Carteaud rompieron su relación. Ella siguió en el teatro, donde interpretó obras dirigidas por François Périer y Pierre Brasseur, también actores. Finalmente, se casó con Alain Bornet, de quien tomó su apellido de casada”. La fama de la foto y su mercantilización vino después, en 1988, cuando “una revista francesa recuperó aquella imagen preguntándose qué habría sido de aquellos jóvenes. Fue el inicio del bum, favorecido por la reproducción en masa de postales, pósteres y tazas que mostraban aquel momento de pasión de la pareja y simbolizaba el París romántico”. En ambos casos, con una diferencia de cinco años, cualquier parecido con la auténtica realidad de un beso, es como en las películas pura coincidencia.

El mundo ya no es, afortunadamente, lo que era a través de estas leyendas de fondo y forma. Hemos avanzado en la crítica social de este tipo de comportamientos fruto de la mercadotecnia, aunque todavía queda mucho por hacer. Celebremos hoy la paz y el amor, atendiendo a ambas fotografías, exclusivamente, aunque las reivindicaciones en defensa del beso auténtico permitan, en este aquí y ahora, analizar esta fotos desde otra perspectiva. Lo doloroso, de verdad, es no recordar los millones de personas inocentes que perdieron la vida en una guerra absurda y de los que nunca supimos nada porque la memoria histórica es muy frágil para estos recuerdos y sus silencios cómplices, en el caso de la realizada por Alfred Eisenstaedt, en Times Square, el 14 de agosto de 1945. Estas víctimas nunca fueron noticia, a pesar de sus esfuerzos por aparentar lo contrario. La fotografía de París, es harina de otro costal, el mercantil, el poderoso caballero don dinero, las mercancías, el negocio puro y duro.

Hoy, me quedo escuchando el Intermedio de La leyenda del beso (Reveriano Soutullo y Juan Vert, 1924), cuando cumple el centenario de su estreno, una auténtica leyenda que supera las dos anteriores, bajo la dirección de mi querido maestro Ataúlfo Argenta, al que he dedicado también páginas de reconocimiento y respeto en este cuaderno digital, que tanto sufrió personal y profesionalmente en este país, incluso ante su fallecimiento, no bien tratado por la dictadura, porque, por su ideología, dejó helados su corazón y sus besos durante mucho tiempo.

(1) https://www.bbc.com/mundo/noticias-37333728

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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La verdadera estela del regalo de Reyes

Imagen de una estela en la mar /JA COBEÑA

Sé lo que te he dado; no sé lo que has recibido. / Antonio Porchia (1885-1968), Voces

Sevilla, 6 de enero de 2024

Desde hace bastantes años años resuenan en mi persona de secreto estas palabras del poeta italo-argentino Antonio Porchia (1885-1968), porque desde el día que las leí por primera vez me impactaron en la creencia personal del arte de regalar. En los días de navidad, año nuevo y la celebración de los reyes magos de Oriente, en este Occidente desconcertado en el que vivo, la mercadotecnia hace estragos en el mundo del regalo, por imposición casi siempre de la sociedad de consumo. Alberto Manguel fue el artífice de mi pre-ocupación actual, que todavía persiste, reflexionando sobre la estela del regalo y su epifanía: «Diciembre es una época propicia para regalar y por tanto el momento de descubrir que se necesita habilidad para escoger el obsequio. Es un acto que requiere conocer bien a la persona, interpretar el significado del regalo en su cultura o poseer dotes clarividentes para saber cómo reaccionará el agasajado. Un recorrido paralelo por la historia descubre algunos episodios gratos o claves y otros desafortunados en el momento de brindar un obsequio. Aunque siempre quedan los libros».

Desde esa lectura de Porchia, hago un esfuerzo para “justificar los regalos” (siempre procuro hacerlo), pensando también en la segunda parte enigmática de su reflexión: “no sé lo que has recibido”. Es verdad que estamos ante un filo cortante de la existencia, tal y como lo aprendí de Martin Buber, cuando intentaba explicar la relación Yo-Tú. Y es un vacío que siempre existe porque pertenece a la persona de secreto de cada uno que, en determinadas ocasiones, la hacemos de todos. Ahí radica el espacio insondable de generosidad que debe existir cuando se entrega no sólo un regalo, sino por decirlo de una vez por todas, la vida.

Como decía Manguel, la historia nos puede enseñar qué significa un regalo y así lo escribí en 1985: «El rito de la alianza (de las personas con el Dios) simboliza de forma magistral el contenido multisecular del regalo como sello o estela del pacto, del encuentro más grandioso que el hombre ha sabido dejar por escrito, reconociendo la sublimación de una ceremonia extendida entre los primeros pobladores de la tierra. Como prueba tangible de que las palabras que se entrecruzan Dios y los hombres han de permanecer hasta la muerte, se sacrifica un animal y se le divide en dos mitades, obligándose el titular del pacto a pasar por ambas mitades para recordarle que si se incumple cualquiera de las cláusulas pactadas, puede el hombre sufrir las mismas consecuencias que el animal. Junto a esto, existe una ceremonia llamada del «jesed» donde se obliga el hombre agraciado con el pacto a vivirlo permanentemente en cada acto de su vida siendo de esta forma «justo» hasta la muerte, en un estado de vigencia -minuto a minuto- de un compromiso que se simbolizó en un regalo» (1).

La entrega a la persona o personas que amas, a los demás, es algo más importante que el regalo en sí, aunque la vida también puede serlo. Pero la duda existirá siempre porque la libertad es eso, mantener espacios de silencio, de falta de respuestas, por mucho que se hagan manifestaciones de afecto y acogida. Es decir, sabemos siempre lo que damos, pero no lo que se recibe…

Por eso creo que si reflexionáramos sobre esta duda existencial unos minutos antes de comprar algo para otra persona, el próximo regalo ya no será igual en nuestras vidas, a pesar de que las campañas de navidad y reyes se empeñen en convertir esta oportunidad en pura mercancía. Así lo he entendido siempre: «Sería importante, creo que ante todo necesario, rescatar el contenido primigenio del regalo, es decir, comprometerse sólo con aquella persona que se relaciona conmigo en encuentros constructivos para la felicidad diaria, pactándose unos compromisos de vida que se puedan simbolizar en el regalo no cosificado, por ejemplo, en esa llamada a tiempo, compañía no programada o silencio de comprensión que no lleva etiqueta, precio ni papel de celofán con lazo incluido. Se perderían muchos negocios montados a propósito, pero ganaríamos todos en sinceridad y cercanía. Además, solamente lograríamos repetir la historia en un pasaje digno de ser aprendido en la mejor lectura actualizada de la relación de las personas entre sí. La estela del regalo no consistiría en nada más que buscar ese momento de intimidad que todos tenemos y necesitamos para decirnos al oído lo que esperamos del otro. Más o menos lo que le ocurrió al platerillo de Rafael Alberti en El alba del alhelí, cuando deja estupefacto a su cliente (dicen que de nombre José…), que no puede pagar el collar de María y el anillo para el niño Jesús: «Yo dinero no quiero, besar al niño es lo que quiero…».

Porque José, que no lo podía pagar, conocía muy bien a María y no confundió nunca, como todo necio, valor y precio. Le regalaba todos los días sus silencios, sus dudas, su honradez y… su vida, sin saber a veces qué pensaba ella. La verdadera estela de su regalo, la del mar, la que nos enseñó también Antonio Machado: Caminante, son tus huellas / el camino y nada más; / caminante, no hay camino, / se hace camino al andar. / Al andar se hace camino / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar. / Caminante no hay camino  / sino estelas en la mar…

(1) Cobeña Fernández, José Antonio (1987). La estela del regalo, en Teatro de barrio. Huelva, pág. 99.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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La noche de Reyes de un niño especial, Miguel Hernández, pastor de sueños

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Miguel Hernández, Las abarcas desiertas

Sevilla, 5 de enero de 2024

A tan solo una horas de la llegada de los reyes magos, en su celebración anual, quiero ofrecer a Miguel Hernández un pequeño homenaje de desagravio por la supresión por parte del concejal de Cultura del Ayuntamiento de Orihuela, perteneciente a VOX, de la subvención anual destinada a la concesión del premio de poesía Miguel Hernández, que debería figurar en los Presupuestos del Ayuntamiento para 2024, como un acto más de ataque frontal a la cultura y su proyección de formación democrática, en este caso inspirada en la figura del poeta.

En años anteriores, he escrito en este cuaderno digital reflexiones sobre la noche de Reyes del niño que siempre llevó dentro Miguel Hernández, ante sus abarcas desiertas. Hoy vuelvo a recordarlo de nuevo por su mensaje impecable para una noche tan especial y para imaginar, al igual que lo expresó él, el pastor de sueños, que el mundo podría ser cada día una juguetería para niños y niñas libres, que tuviera en sus estanterías “juguetes y libros con que estimular su espíritu y crear sus castillos imaginativos de una sociedad mejor”Sus “abarcas desiertas” no las olvido.

La solidaridad de Miguel Hernández no tenía límites. Lo demostraba por sus colaboraciones en publicaciones durante la guerra civil, como la que apareció en la revista Ayuda del Socorro Rojo, el 2 de enero de 1937. El objetivo del poema Las abarcas desiertas junto a otras colaboraciones era «recabar ayuda para donativos y juguetes en beneficio de la infancia necesitada. Interesante la nota aclaratoria ofrecida en primera página: Los niños de la España libre y en armas tendrán este año, merced a la generosidad de millones de personas, lo que la casta que nos dominaba había hecho privilegio exclusivo de sus hijos: juguetes y libros con que estimular su espíritu y crear sus castillos imaginativos de una sociedad mejor» (1).

El poema resume muy bien la realidad dura y contemporánea de los que menos tienen. Miguel Hernández hace un recorrido de ilusiones maltrechas desde la colocación de su calzado cabrero en la ventana fría, como cualquier niño, pero con la conciencia de clase muy clara: Nunca tuve zapatos, / ni trajes, ni palabras: / siempre tuve regatos, / siempre penas y cabras. Me parece maravillosa la expresión de que «Por el cinco de enero, para el seis, yo quería que fuera el mundo entero una juguetería».

Recomiendo la lectura pausada del poema completo. Nada más. Es verdad que muchas veces los reyes coronados del siglo XXI y los que se hacen pasar por ellos, no tienen pie ni ganas para ver el calzado de las pobres ventanas. Además, suelen ir desnudos, como el protagonista del cuento de Andersen. Una aclaración final: salvando lo que haya que salvar, no solo me refiero hoy a la pobreza económica en esta navidad rediviva según Miguel Hernández. Es peor la del espíritu de reyes magos que van de paso por la vida de muchas personas sin observar abarcas vacías. A pesar de que solo puedan tener dentro sueños de juguetes y libros con que estimular el espíritu y crear castillos imaginativos de una sociedad mejor.

LAS ABARCAS DESIERTAS

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rio con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

(1) https://algundiaenalgunaparte.com/2009/01/05/versos-olvidados-las-abarcas-desiertas/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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2023 se acabó y ahora ya, el mundo debería ser otro

RTVE – Resumen 2023

Sevilla, 3/I/2024

Inicio la primera singladura de 2024, tomando la bocana del puerto virtual donde sitúo siempre mi carabela imaginaria, abriendo este cuaderno digital por la primera página en blanco disponible, procurando como siempre decir algo especial, por respeto a Ítalo Calvino, que me enseñó como encarar este momento mágico.

Lo hago hoy con la ayuda inestimable de Carlos del Amor, un profesional del periodismo aferrado a decir siempre la verdad y nada más que la verdad, a través de un clásico anual, el Resumen de 2023, presentado en el informativo de Telediario2 de la Radio Televisión pública, el pasado 31 de diciembre, en esta ocasión con la intervención de la actriz Lola Herrera, encarnando la realidad narrada de este año que ya se fue.

Todo comienza en la casa de una Señora, de nombre 2023, que vive en la Calle del Futuro, 52, que espera a una empresa de mudanzas, Porvenir, concretamente, para que la ayuden a llevarse los libros que ha escrito sobre el año que acaba, a un lugar donde se “almacena nuestra memoria”, “rareza” de una mujer “rara” que percibe el conductor que los transportará al lugar elegido. Este sitio imaginario es la biblioteca del Instituto de Patrimonio Cultural Español.

El lugar elegido por la Señora 2023 era la biblioteca de los años pasados, de los días vividos A partir de ese reencuentro con sus páginas escritas, comienza la protagonista del año, Lola Herrera, a poner voz, sentimiento y emociones, a todo lo que ha sucedido a lo largo del año, de la forma que ella lo sabe hacer, comenzando por el protagonismo desde el primer día de la guerra de Ucrania y su presidente, que ha continuado con la de Gaza, casi ensombreciendo la anterior: “desde el 7 de octubre que se desató el horror han muerto miles de personas, la mayoría mujeres y niños. Se entró en una espiral de violencia que encoge el corazón de todos. Bueno, de todos no y esa violencia, esa guerra, ha arrinconado a otra guerra y de repente unos hemos olvidado todo lo que escribió 2022”. Una referencia a Zelensky fue muy significativa: “Era el personaje del año pasado y ahora no aparece en los titulares».

Continúa la Señora 2023 abordando problemas reales de “un mundo que se derrumba”, contemplando la dura realidad de la migración y de los miles de personas que mueren en las travesías para llegar a ser, tan sólo, un número y sin nombre en el cementerio, no alcanzando por tanto un futuro mejor, por tanto silencio y desacuerdos cómplices.

Nos explica en el Resumen que el año político ha sido “denso, indescifrable, incomprensible e incluso irritante”, que ha llevado a la elección de Presidente en el Congreso, “con amnistía y sobre todo con reproches y mucho lío, con disturbios en las calles, con canciones y gritos llegados de un pasado que mira que hay gente empeñada en revivir, con lo bonita que es la palabra “nostalgia” y lo mal que suena, sin embargo, “nostálgicos”. Todo empezó, si quieren hacer memoria conmigo, en unas elecciones autonómicas y municipales, de las que derivó la convocatoria para unas elecciones generales”, sin olvidar la referencia al independentismo.

A partir de esta enumeración de acontecimientos remarcables de 2023, continúa la descripción de lo sucedido con la economía, con mayúscula y minúscula, “la micro, la del pan nuestro de cada día”, el simbolismo de lo sucedido por la obtención del campeonato mundial del fútbol femenino, “en el que se ganó el mundial de la dignidad”, destacando algo muy importante en relación con la violencia de género, porque “en este asunto, hay dos sitios: situarse al lado de las mujeres o de espaldas a ellas. No hay matices”. O algo obvio: «El mundo será igualitario o no será»,

Hasta aquí llego en la transcripción descriptiva de una parte importante del Resumen de la Señora 2023. Ha sido una magnífica idea televisiva llevada a cabo por la calidad del guion y dirección de Carlos del Amor, que ha conseguido una vez más atraer desde la televisión pública a cientos de miles de personas deseosas de conocer el mejor y más digno resumen de lo acaecido en 2023. Lo expresó muy bien la narradora, cuando destacó una frase de Luis Mateo Díez, premio Cervantes 2023, uno de los personajes fallecidos en este año: “La vida es incómoda pero merece la pena; hagamos que la vida merezca la pena de verdad, el corazón latiendo es lo que cuenta, aunque hay muchos que parecen no tenerlo. A esos solo puedo decirles: se acabó».

Y la despedida del año y como mensaje de entrada ética en el nuevo año, fue algo muy emotivo, al desgranar la letra de una canción de otra gran persona ausente entre varias citadas, María Jiménez, al decir alto y claro que el año “se acabó” en una interpretación magistral de Amaral, acompañada por la Orquesta y Coro de RTVE, enlazada con unas estrofas de “Revolución”, una composición del dúo zaragozano para revindicar los derechos de las mujeres.

Con anterioridad, Lola Herrera, encarnando con voz entrecortada a 2023, había pronunciado unas palabras a modo de despedida: “el corazón latiendo es lo que cuenta, aunque hay muchos que parece no tenerlo, a esos sólo les puedo decir que se acabó un año más de tantos que yo no conoceré…”.

[…]

Se acabó
Porque yo me lo propuse y sufrí
Como nadie había sufrido y mi piel
Se quedó vacía y sola
Desahuciada en el olvido y después

De luchar contra la muerte, empecé
A recuperarme un poco y olvidé
Todo lo que te quería y ahora ya
Y ahora ya, mi mundo es otro

[…]


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El Concierto de Año Nuevo, en Viena, hace un guiño a nuestro país

Concierto Año Nuevo 2024, bajo la dirección de Christian Thielemann (centro de la imagen).

Sevilla, 31/XII/2023

Mañana tendrá lugar el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, en la Sala Dorada del Musikverein, bajo la dirección del maestro Christian Thielemann (Berlín, 1959), muy presente en la historia de esta orquesta ya consagrada por su excelente trayectoria profesional. Es la segunda vez que el maestro Thielemann dirige este concierto, que ya lo hizo en 2019. Actualmente, es director titular de la Staatskapelle Dresden y como novedad que demuestra su calidad artística, se ha anunciado oficialmente que fue designado en septiembre de este año para suceder a Daniel Barenboim como director musical de la Staatsoper Unter den Linden, en Berlín, a partir de la temporada 2024/25.

Siempre recupero sentimientos y emociones especiales con motivo de este Concierto, porque recuerdo cuando estuve allí en 2007, sentado en la fila 7 de la citada Sala Dorada, no en este Concierto de Año Nuevo, pero sí en uno dedicado íntegramente a Mozart, como no podía ser menos en aquella ciudad en la que el músico pasó momentos transcendentales de su vida, entre los que recuerdo uno de especial significado en la mía, el estreno de la extraordinaria ópera La flauta mágica en el teatro sobre el río Viena, situado en un barrio de la esplendorosa ciudad, como elección meditada ante la realidad lacerante que vivía él y su familia, por el trato de la música que la Iglesia y la Corte practicaba a diario. En aquella ocasión, la sala estaba desnuda de flores y sin más decoración que las cariátides y los atlantes que llenaban todo por sí mismos, de forma sobrecogedora. Mañana, gracias al trabajo de los jardineros públicos de la ciudad, que para mí no pasa por alto, la sala estará adornada por más de 30.000 anturios, claveles, rosas y lirios, que hermosearán el concierto con sus tonos rojos, blancos, rosas y pastel.

Sobre la Orquesta Filarmónica de Viena no queda mucho más que ensalzar su trabajo, fruto de sus casi doscientos años de existencia, con algunos devaneos políticos durante la ocupación nazi en la ciudad, que posteriormente dio origen a este Concierto Anual. De todas formas, hay que destacar que poco a poco van eliminando la brecha de género porque de los 145 instrumentistas que la componen, 24 son mujeres, un porcentaje reducido que cada año se va superando afortunadamente, si tenemos en cuenta su historia también en este sentido, porque la participación de mujeres en la orquesta no fue posible hasta hace veinticinco años, concretamente en 1997. Como contra hechos no valen argumentos, es una triste realidad que nunca ha dirigido una mujer este Concierto de Año Nuevo y tampoco se las espera en un plazo breve de tiempo.

El programa oficial del Concierto es el que figura a continuación, del que quiero destacar un guiño a nuestro país a través de la Polca-Estudiantina de su ballet La perla de Iberia, de Josef Hellmesberger hijo, “que combina el wagnerismo con el exotismo español: una trama ambientada en Zaragoza y protagonizada por la gitana Paquita que, huyendo del gobernador de la ciudad, se sumerge en las aguas del Ebro, que suenan como un remedo de El oro del Rin y donde se le insinúa el mismísimo dios Neptuno”. En el Concierto de Año Nuevo de 2011, dirigido en esa ocasión por Franz Welser-Möst, ya se interpretó por primera vez una obra del ballet citado, Danza gitana, que refleja la admiración de los músicos austriacos por la cultura de nuestro país, de la que mañana se hará eco también el maestro Thielemann con la obra elegida para el concierto de este año.

Josef Hellmerberger, hijo, Danza gitana – Ballet La perla de Iberia

Programa oficial del Concierto

  1. Karl Komzák

Erzherzog Albrecht-Marsch, op. 136

  • Johann Strauß II.

Wiener Bonbons. Walzer, op. 307

  • Johann Strauß II.

Figaro-Polka. Polka française, op. 320

  • Josef Hellmesberger (Sohn)

Für die ganze Welt. Walzer

  • Eduard Strauß

Ohne Bremse. Polka schnell, op. 238

  • Johann Strauß II.

Overture to the Operetta «Waldmeister»

  • Johann Strauß II.

Ischler Walzer. Nachgelassener Walzer Nr. 2

  • Johann Strauß II.

Nachtigall-Polka, op. 222

  • Eduard Strauß

Die Hochquelle. Polka mazur, op. 114

  1. Johann Strauß II.

Neue Pizzicato-Polka. op. 449

  1. Josef Hellmesberger (Sohn)

Estudiantina-Polka aus dem Ballett «Die Perle von Iberien»

  1. Carl Michael Ziehrer

Wiener Bürger. Walzer, op. 419

  1. Anton Bruckner

Quadrille, WAB 121 (Orchestr. W. Dörner)

  1. Hans Christian Lumbye

Glædeligt Nytaar! Galopp

  1. Josef Strauß

Delirien (Deliriums), Waltz, op. 212

Felicitación del Maestro Thielemann y la Filarmónica por el Año Nuevo

  1.  Johann Strauss, hijo

En el bello Danubio Azul – Vals, op. 314 con Ballet

  1. Johann Strauss, padre

 Marcha Radetzky, op. 228

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