Leonardo da Vinci y su viola organista

“El amor me da placer”. Leonardo da Vinci nos legó un anagrama-acertijo en un dibujo en el que figuraba un anzuelo enlazado con diversas notas en un pentagrama de la escala musical, en su versión original italiana: L’amore mi fa sollazzare (la-re-mi-fa-sol) . En la búsqueda diaria de islas desconocidas he comenzado a estudiar el perfil musical del magno representante del Renacimiento tras la presentación del libro, Leonardo da Vinci: cara a cara, que la semana pasada efectuó en Madrid el escritor Christian Gálvez, una persona que admiro por su trayectoria personal y profesional, conocido en nuestro país como presentador del programa “Pasapalabra”.

RETRATO DE MUSICO

Leonardo da Vinci, fragmento de Ritrato di músico (Ca. 1485)

Tengo mucho trabajo por delante, pero lo acometo con la ilusión de conocer a Leonardo da Vinci en una faceta de su compleja personalidad polímata, porque incorpora la quintaesencia de las personas del Renacimiento, el amor a todas las artes y todas las ciencias junto a una febril curiosidad e imaginación creativa. En las maniobras de aproximación a este perfil, he localizado en su emplazamiento actual en la Pinacoteca Ambrosiana, en Milán, el único retrato de un músico que hizo probablemente a lo largo de su vida, en esa ciudad, con dudas certeras sobre a quién representa. No es un problema real para mí en este momento, porque lo que me ha sobrecogido es la mirada profunda de alguien que simboliza el amor por la música y el placer que quiso reflejar en el acertijo que citaba anteriormente, el estado del arte de la música que conocía en su época, la que quizá le llevó a diseñar un instrumento tan original y versátil como la viola organista que he escuchado con veneración en las versiones del conjunto que ha dirigido el arquitecto y músico español Eduardo Paniagua, especializado en la música de la España medieval (utiliza -entre otros instrumentos renacentistas- una viola organista según diseño contemporáneo del constructor japonés Akio Obuchi  y de acuerdo con los bocetos de la preconizada por Leonardo da Vinci) y en las del pianista y luthier polaco Slawomir Zvbrzycki, en su versión más actual del citado instrumento (Cracovia, 2012).

VIOLA ORGANISTA

Escuchen atentamente al pianista polaco y comprenderán la belleza del instrumento diseñado en origen por Leonardo da Vinci. Mientras, sigo profundizando en la mirada del músico que refleja maravillosamente la ardiente impaciencia de quien espera conocer, cada día mejor, la quintaesencia del mundo a través de la inteligencia. Seguro que encontraré en el magno representante del Renacimiento muchas claves de esta búsqueda incesante del conocimiento múltiple, que tanto justifica el orden de este mundo del que no quiero bajarme en ningún momento. Su acertijo sobre la música no era inocente y en él está una de las claves de esta singladura tan especial para navegantes en busca de islas musicales desconocidas.

Sevilla, 28/III/2017

NOTA: la imagen de la viola organista se ha recuperado hoy de: http://www.violaorganista.com/

Hacerse ilusiones

JOAN DIDION

Vivo rodeado de personas que sueñan con un mundo diferente, porque no les gusta el actual, porque hay que cambiarlo. A mí me gusta ir más allá, es decir, el mundo hay que transformarlo. Pero surge siempre la pregunta incómoda, ¿cómo?, si las eminencias del lugar, cualquier lugar, dicen que eso es imposible, una utopía, un desiderátum, como si ser singular fuera un principio extraterrestre, un ente de razón que no tiene futuro alguno. No me resigno a aceptarlo y por esta razón sigo yendo con frecuencia de mi corazón a mis asuntos, del timbo al tambo, como decía García Márquez en sus cuentos peregrinos, buscando como Diógenes personas con las que compartir formas diferentes de ser y estar en el mundo, que sean capaces de ilusionarse con alguien o por algo.

Esta reflexión la hago en el contexto actual de un mundo que parece diseñado por el enemigo. El terrorismo del ISIS hace estragos en la conciencia humana, en una modalidad de guerra abierta sin cuartel contra todo lo que se mueve y es diferente a los principios de una forma de ser musulmán en el mundo, que debe ser única y acatada por todos. Ya se habla de terrorismo low cost, porque con escasos medios se hace sufrir a muchas personas, de una forma detestable y contra la que hay que luchar de forma directa. Por otra parte, el neocapitalismo salvaje, también low cost para algunos, sigue abriendo una sima entre los que más tienen y los que más sufren la ignominia de las dictaduras capitalistas e ideológicas que perviven en este mundo tan global, pero tan insolidario, a pesar de los esfuerzos titánicos de determinados gobiernos y organizaciones no gubernamentales para ponerles algún freno o para atender los desgraciados daños colaterales.

Lo curioso es que creemos que siempre pasan las cosas en otra parte y no tomamos conciencia de que todo lo descrito anteriormente nos afecta cada día en el imaginario de nuestras formas de ser y estar en el mundo. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que es también un fenómeno local. Esta es la razón de por qué un sábado cualquiera como hoy siento la necesidad de escribir sobre la necesaria transformación del mundo cercano, el de nuestro país sin ir más lejos, visto el espectáculo político actual, porque el problema es básicamente político, en su sentido etimológico más radical de ciudadanía agotada por las formas con las que se hace política en nuestro país, a trancas y barrancas, con la amenaza continua y silente de nuevas elecciones por un gobierno tambaleante que ya ha caído varias veces a la lona de la soledad parlamentaria. ¿Qué pensaban, que iba a ser un paseo triunfal como en la legislatura anterior? No, no es posible, a pesar del apoyo vergonzante del Partido Socialista, en un ataque de Gobernanza Inexplicable [sic], pero que demuestra que no se puede ir con cualquier persona a algunas partes, dignas por supuesto. Nunca.

Vuelvo a buscar respuestas en lecturas aleccionadoras para seguir aprendiendo y encuentro hoy alguna luz en un artículo magnífico de Antonio Muñoz Molina, de quien aprendí un día ya lejano cómo entendía la forma de ser los funcionarios mentales para no serlo, en un arrebato de conciencia de clase como empleado público, porque a Blanca, la protagonista de una novela entrañable suya, En ausencia de Blanca, no le gustaba pronunciar la palabra “funcionario”, aludiendo a Mario, su marido.  Cuando Blanca quería referirse a las personas que más detestaba, las rutinarias, las monótonas, las incapaces de cualquier rasgo de imaginación, decía: “son funcionarios mentales”.

El artículo citado, Notas en un cuaderno, me ha devuelto de forma paradójica la ilusión de fijarme otra vez y con detenimiento en las cosas y en los humanos, a pesar del razonamiento contrario que allí refleja en torno a una publicación reciente de gran interés social, South and West: From a Notebook: “Joan Didion es una de esas inteligencias muy realistas que se fijan demasiado en las cosas y en los seres humanos como para hacerse demasiadas ilusiones sobre ellos, o para dejarse llevar por abstracciones celebradoras o condenatorias. El mundo es como es. Y comprender algo requiere un extraordinario ejercicio de atención que no siempre lleva a conclusiones satisfactorias”. Es verdad, pero la memoria fotográfica que mantengo de todo lo ocurrido en este país durante muchos años, a partir también de los setenta y en el sur de España, me hace meditar sobre lo que creemos que hemos conquistado con tanto esfuerzo, así como soñar despierto en la transformación de España, de Andalucía y de una sociedad que tanto sufre como aldea global.

Esta es la razón de por qué comprendo mejor cómo finaliza Muñoz Molina el artículo: “En 1970, en el sur de Estados Unidos, Joan Didion se dio cuenta de que el pasado de cerrazón, oscurantismo y resentimiento no desaparece de un día para otro. Cuarenta y siete años después, una parte de esa negrura se ha mantenido intacta, y ha proliferado. Una parte de lo peor del pasado es ahora el presente y parece que va a ser el porvenir”. Para que no lo olvide en mis sueños, cuarenta y siete años después, porque el mundo es como es por culpa de algunos. Para hacerme ilusiones también, a pesar de todo.

Sevilla, 25/III/2017

La vida es una cuestión de detalles

SAGRADA FAMILIA

Sagrada Familia del pajarito (Ca. 1650). Bartolomé Esteban Murillo. Museo del Prado

“Sé lo que te he dado; no sé lo que has recibido”
Antonio Porchia (1885-1968), Voces

Cuando se aproximan días de santos tan populares en este país como José, sobre todo para los que nos hemos equivocado de siglo al nacer, tanto de texto como de contexto, no quiero olvidar algo que he aprendido a lo largo de la vida sobre el valor de las pequeñas cosas, del detalle que nos gusta entregar con motivo del santo a las personas que queremos, según la segunda acepción de este lema -detalle- en el Diccionario de la Lengua Española (RAE): “un pormenor, una parte o fragmento de algo”. Se asemeja a lo que llamamos verdad, que suele estar siempre atrás, en la trastienda de nuestra existencia, como me gusta recordar en este cuaderno digital por la experiencia contada por uno de mis maestros, el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre unas palabras preciosas aportadas por un enfermo esquizofrénico al que había atendido tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo estuviera el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras para explicar los detalles de la vida”.

La primera acepción de “detalle” en el citado Diccionario, como rasgo de cortesía, amabilidad y afecto en cualquier momento de nuestra existencia, se abre paso con la estela de la explicada anteriormente, que me parece más sugerente, fundamentalmente porque significa algo grandioso. El detalle de vivir es solo un pormenor, una parte o un fragmento pequeño de la verdad que buscamos todos los días en la trastienda de la vida. Esa es la razón para dejar la estela de cualquier regalo que buscamos para la persona que queremos o apreciamos, porque sabemos lo que se entrega, pero no lo que se recibe. Ese es su gran misterio. El gran detalle.

Más o menos lo que le ocurrió al “platerillo” de Alberti, recogido en un poema precioso de su libro El alba del alhelí, cuando deja estupefacto a su cliente, un tal José, que no puede pagar el collar de María y el anillo para el niño Jesús: «Yo dinero no quiero, besar al niño es lo que yo quiero». Porque José, mi “santo” el próximo domingo, que no lo podía pagar, conocía muy bien a María y no confundió nunca, como todo necio, valor y precio. Le regalaba todos los días sus silencios, sus dudas, su honradez y su vida, sin saber a veces qué pensaba ella sobre su delicada y confusa historia. Todo un detalle.

Sevilla, 16/III/2017

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://velazquezmurillosevilla.com/. Pude contemplar recientemente este cuadro excelente en la exposición que sobre Velázquez y Murillo se está celebrando en la actualidad en Sevilla, patrocinada por la Fundación Focus.

El Club de las Personas Tibias, Tristes y Mediocres

PI

En el imaginario social de nuestro tiempo moderno, el Club de las Personas Tibias tiene colas para inscribirse en él e incluso están obligando a sus directivos a plantearse crear listas de espera. El problema radica en que un subgénero muy numeroso en la actualidad, el de las Personas Tristes y Mediocres, están ávidos de formar parte de este Club que se prodiga por doquier. Incluso hacerse con el poder sin escrúpulo alguno. La realidad es que están más cerca de nosotros de lo que a veces pensamos.

Siempre he contrapuesto este Club al de las Personas Dignas, que poco a poco va incrementando su número de afiliados, afortunadamente, probablemente porque según el movimiento pendular de la historia, que ya preconizó en su momento Schopenhauer, lo necesitemos más que nunca. El Club de las Personas Tibias ignora que hay una cita memorable y de fácil recuerdo, del libro del Apocalipsis, que coincide con el número pi (3, 14-16), en la que Dios los abomina sin contemplaciones: “conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca”.

¿Qué quiere decir esto? Que entre tibios, mediocres y tristes anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en los que nos gobiernan. Cuando se instalan en nuestras vidas, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que un mediocre, además triste y tibio. Pero es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones.

Estoy muy preocupado con la perpetuidad de este Club de las Personas Tibias, Tristes y Mediocres, desde tiempos del Apocalipsis. He escrito con frecuencia en este cuaderno sobre esta realidad y un compromiso de los que pertenecemos al Club Virtual de las Personas Dignas es desenmascararlos con prisa existencial y de supervivencia: “Estamos instalados en el reino de la mediocridad. Hay que desenmascarar a los mediocres, dondequiera que estén, porque viven en un carnaval perpetuo. Este país no logra sacar distancia a esta lacra que nos pesa desde hace bastantes años porque ahora, en el país de los tuertos desconcertados, el mediocre es el rey. Es una plaga que se extiende como las de Egipto casi sin darnos cuenta. Los encontramos por doquier, en cualquier sitio: en la política, en las artes, en los medios de comunicación social, en la educación, en los mercados, en las religiones y en las tertulias que proliferan por todas partes en el reino de la opinión. Los mediocres suelen meter la mano en los platos de las mesas atómicas y virtuales, en las que a veces nos sentamos, con total desvergüenza. Son siempre de “calidad media, de poco mérito, tirando a malo”, como dice el Diccionario de la Real Academia. También, tóxicos o tosigosos, que suelen complicar la vida a los demás por su propia incompetencia” (1).

Hoy, tengo un encuentro en mi Club (de las Personas Dignas). Me han citado porque dice su directiva que tenemos que elaborar un plan estratégico de supervivencia ética ante el avance imparable del Club contrario de cuyo nombre no quiero acordarme. Voy con mucha ilusión, porque creo que nos van a regalar una linterna ética para descubrirlos, con un manual de instrucciones en el que se indica que una vez encendida y al igual que hacía Diógenes de Sinope cuando buscaba personas íntegras, tenemos que gritar a los cuatro vientos: ¡buscamos personas dignas y honestas! Es probable que las personas tibios, tristes y mediocres salgan huyendo, rompiendo las filas de su Club, porque no soportan dignidad alguna que les puede hacer sombra. Si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad, en cualquier estamento, probablemente muy cerca de donde vivimos, estamos y somos.

Sevilla, 14/III/2017

(1) https://joseantoniocobena.com/2015/02/17/hay-que-desenmascarar-a-los-mediocres/

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: https://ck022.k12.sd.us/specialevents/piday.htm

Tan cerca, tan lejos

PARTIR PARA CONTAR

Cuando entré el miércoles pasado en el espacio dedicado a la exposición de Yassine Chouati (Tánger, 1988) en la Facultad de Bellas Artes, bajo el título programático de Partir para contar, sentí la soledad del emigrante. Entré acompañado por la persona con la que comparto el largo viaje de la vida desde hace ya muchos años y experimentamos una sensación extraña, algo parecido a estar solos ante el peligro del mar abierto, en un espacio de performance vinculado a la migración. Concretamente, al espacio que separa dos orillas muy próximas a nosotros en Sevilla, las de Tánger y Tarifa, en un mar salpicado de muertes y desengaños de los que buscan un mundo diferente, lejos de la miseria y el dolor que generan la pobreza extrema, las guerras muchas veces fratricidas y la persecución por razón de creencia o religión.

El texto que recibe al visitante, unas palabras sentidas de Amin Maalouf, traduce en pocas palabras la crisis de identidad que atribuimos al llamado «mundo árabe», porque deberíamos reconocerlos como ciudadanos del mundo y que siempre han tenido muchas cosas que contar por su eterno viaje recreado en la memoria que es respetuosa con la historia, del que Andalucía es una muestra que olvidamos con mucha frecuencia: “(…) Cuántas veces me habrán preguntado, con la mejor intención del mundo, si me siento “más francés” o “más libanés”. Y mi respuesta siempre es la misma: “¡las dos cosas!” (Identidades asesinas, 1999).

Sentí algo especial al cruzar la performance de la alfombra roja entre las dos orillas, que tanto significa para Yassine y que ya había descubierto personalmente en su exposición de Julio de 2016. De izquierda a derecha, una vez atravesado el teórico mar de la discordia, te encuentras con unas fundas negras ¿quizá de ataúdes?, una maleta que incorpora en su interior recortado un videomontaje sobre la vida fácil del turismo que también atraviesa ese mar todos los días, pero con una realidad muy diferente. También unas fotografías de quien contempla esa mar entre África y Andalucía, la mar de Alberti, con la sensación personal de quien las ve como si en esa mar nunca pasara nada. Finalmente, una mujer marroquí con traje de gala, en una orilla de Tánger, en actitud de espera y ardiente impaciencia, tal y como la aprendí de Neruda. Sé que es la madre del artista, Yassine Chouati, y lo que representa para él, convencida de que hace ya muchos años su hijo partió para otro mundo mejor, en la otra orilla, con el sueño posible de que un día pudiera contar después todo lo que ha vivido y está viviendo en un viaje hacia islas desconocidas, apasionadamente.

Me consta lo que supone para Yassine cada “exposición” de su persona de secreto. Recuerdo haber leído en su obra pictórica, en concreto en “Hilan delgado”, algo que está detrás de esta nueva obra: “Este proyecto pictórico engloba una serie de obras donde se pretende cuestionar el fenómeno de la pérdida de identidad en los medios de comunicación. Éstos emplean las imágenes de las víctimas de los conflictos que están teniendo lugar en el mundo como un mecanismo a través del cual visualizar las cifras resultantes de las contiendas, olvidándose de la seriedad de los dramas personales que se esconden tras esas cifras; yo, en cambio, propongo visualizar justamente lo contrario: el dolor de las víctimas, la alienación a la que están sometidos, lo precario de la situación en la que viven”.

Salimos de la exposición leyendo entrelíneas los cuatro mensajes de las especias trufadas de color que nos regalaba Yassine como testigos de la identidad marroquí, a modo de despedida. En el momento justo en que abandonábamos aquella soledad sonora y sentida, entraron unos jóvenes, quizá para descubrir una realidad que nos la pintan siempre como lejana, cuando está mucho más cerca de lo que parece. No es solo una performance, no, sino una forma de presentarnos el malvivir que sufren personas con las que compartimos la existencia de la aldea global en un mundo diseñado a veces por el enemigo. Cuando cruzábamos el patio de la Facultad de Bellas Artes, atestado de estudiantes sentados en el suelo y disfrutando de la luz del atardecer de Sevilla, recordé mi sentimiento de Yassine y que conservo de su exposición anterior: “Un niño marroquí que dejó un día ya lejano sus zapatos en la orilla y quiso navegar hacia la libertad sin olvidar nunca su pasado, su tierra y su parentela, con un mensaje claro de revolución activa, dándole una vuelta a la forma de ser y estar muchas personas en el mundo propio y de los demás. Para que él y su pueblo puedan estar arriba en un tiempo próximo después de años de estar abajo, dejando de ser alfombra roja de los poderosos. Y me ha emocionado saber que gracias a personas como él podemos confiar tal día como hoy en que otro mundo aún es posible. Todo un ejemplo”.

Vayan a ver la exposición desde esta orilla teóricamente tan segura. Les conmoverá por su austeridad y silencio, pero un aviso para navegantes en mares procelosos: como ocurre con las ideologías…, tendrán la sensación de que lo que allí se expone no es inocente.

Sevilla, 12/III/2017

Atocha, una verdad incómoda que todavía está aquí

11M
Monumento dedicado a las víctimas del 11 de marzo de 2004. Madrid.

Hoy se cumple el 13º aniversario de la tragedia de Atocha. Reproduzco a continuación el post que escribí en 2007, recordando que la verdad de lo ocurrido sigue estando todavía allí y aquí, al dictarse la sentencia de aquél terrible atentado.

Dedicado hoy, una vez más, a los familiares de las víctimas y a las personas que confían siempre en la búsqueda de la verdad y la paz, en cualquier ámbito de la vida, siendo conscientes de que el yihadismo está todavía aquí y allí. Para que no olvidemos a los que lo siguen sufriendo, buscando desesperadamente refugio en países de acogida que les entreguen solidariamente una forma diferente y digna para ser y estar en el mundo.

Sevilla, 11/III/2017

Atocha, una verdad incómoda

Cuando me he despertado esta mañana, la verdad estaba todavía allí (y aquí: en una sentencia ejemplar, en un juicio modélico, en la muerte sin sentido, real, en quienes lucharon por devolver vida a quienes se les escapaba en segundos de terror, en las personas y organizaciones que quisieron saber siempre la verdad machadiana, es decir, aquella que se busca en común, guardándose cada una, cada uno, la propia; en el Estado de Derecho, en aquellas personas afectadas por el atentado, que todavía no comprenden nada del absurdo de las creencias en algunos responsables del más allá que –paradojas del destino- hacen la vida imposible a los del más acá; en los silencios de los dioses a favor de la inteligencia humana, y en la democracia que se construye con las pequeñas acciones y cosas del día a día).

Cuando me he despertado esta mañana, la verdad estaba todavía allí (y aquí: he decidido cuidarla porque he crecido en las contradicciones de un país lleno de oportunidades en los últimos treinta años, que está más cerca de las culturas desconcertadas que de la educación para la ciudadanía).

Cierto.

Cuando me he despertado esta mañana, una verdad incómoda estaba todavía allí.

Sevilla, 4/XI/2007

Nos queda… la palabra justa, la palabra

El día siguiente a la celebración del Día Internacional de la Mujer, cuando volvemos al terco camino de la vida corriente del día a día en minúscula, deseo compartir con la alfombra pensante de la humanidad, que es lo que llamamos hoy Internet o Noosfera, según Teilhard de Chardin, un vídeo efímero que se podrá ver hasta mañana viernes a través del portal web de El País. Trata del sorprendente trabajo de una mujer, Tita, una maestra en el pleno sentido del término “maestra” que tanto admiro y que aprendí en su auténtico sentido de ser a través de la que tuve durante años complejos en Madrid, Dª Antonia. Después, se tendrá que localizar una vez que la productora lo introduzca en el mercado cinematográfico documental que ya sabemos lo que sufre en el mundo actual, tan sabio él, como cantaba sobre la ciencia Enrique Morente: Presumes que eres la ciencia / Yo no lo comprendo así / Cómo siendo tú la ciencia / No me has comprendido a mí.

El título del documental es el hilo conductor de la enseñanza de Antía Cal, Tita, cuando al terminar la clase de cada día pedía a los niños y niñas que resumieran en una sola palabra cómo había sido su experiencia: “allí [su escuela] inventó un juego: la palabra justa. Al terminar la clase cada alumno debía escribir en un papel de manera sintética lo que había aprendido. Si fuera posible, en una sola palabra. Entre todos elegían la mejor respuesta” (1). Tenía que ser “la palabra justa”. He visto con admiración y respeto el documental y creo que sería una buena práctica si cada día buscáramos al finalizar el día el momento de pensar en un rincón imaginario de nuestra persona de secreto y compartiéramos con las personas que queremos “la palabra justa” del día. Probablemente, asistiríamos a un momento mágico de conocimiento y respeto con lo que mejor nos queda…, la palabra, aunque perdamos a veces la vida, el tiempo, todo lo que tiramos, como un anillo, al agua. Porque, aunque perdamos la voz en la maleza diaria, nos queda la palabra, gracias a Tita la palabra justa, la palabra.

Sevilla, 9/III/2017

(1) Álvarez, Pilar (2017, 8 de marzo), Una palabra para Tita, El País.com

Lo que no se olvida

sucesos-vitoria

Hoy se cumple el 41 aniversario de la muerte violenta de cinco trabajadores en los llamados “sucesos de Vitoria”, cuando España daba los primeros pasos para la Transición que tanto se critica ahora, desgraciadamente, por la forma en que se desarrolló. Aquella tragedia comenzó a las cinco y diez de la tarde del 3 de marzo de 1976 cuando efectivos de la Compañía de Reserva de Miranda de Ebro y de la guarnición de Vitoria de la Policía Armada desalojaron de la iglesia de San Francisco de Asís del barrio de Zaramaga a 4.000 trabajadores en huelga reunidos en asamblea. Wikipedia recoge aquella situación en los siguientes términos: “La policía lanzó gases lacrimógenos al interior de la iglesia y disparó con fuego real y pelotas de goma a las personas que salían del recinto. Murieron 5 personas y fueron heridas de bala más de ciento cincuenta”. Los fallecidos fueron: Pedro María Martínez de 27 años de edad, trabajador de Forjas Alavesas y Francisco Aznar Clemente de 17 años de edad, estudiante y operario de panadería, que fallecieron en el mismo lugar de los hechos. Romualdo Barroso Chaparro de 19 años y José Castillo de 32 años, que resultaron gravemente heridos en la intervención de la Policía fallecieron posteriormente. Bienvenido Pereda de 30 años, trabajador de grupos Diferenciales, falleció posteriormente.

Estos hechos marcaron un punto de inflexión de mi vida, hasta el punto de que al haber hecho referencia a estos gravísimos incidentes en una intervención pública mía unos días después, sufrí persecución de autoridades académicas y sanitarias en el hospital en el que trabajaba hasta el límite de tener que abandonar mi puesto de trabajo y comenzar un nuevo ciclo de vida, en términos puros y duros de giro copernicano. Recuerdo la cercanía que encontré siempre, entre otras muchas personas, en Manuel Gerena, el cantautor al que Alberti siempre recordaba por su apellido porque «consonaba muy bien con la pena».

Nunca paso por alto esta fecha en mi vida de secreto. Sigo pensando que la muerte violenta de Pedro María, Francisco, Romualdo, José y Bienvenido, por el mero hecho de hacer una huelga, manifestarse y encerrarse en una iglesia, fue un hecho luctuoso definitivo para que este país iniciara una Transición imprescindible en un país tan dual como el nuestro, por mucho que algunos la nieguen hoy sin mucho escrúpulo político. Para mí, algo tan transcendental cómo para hacer una opción por trabajar sin descanso a favor de la democracia, incorporándome a la lucha diaria hasta hoy para que el interés general presidiera siempre mi quehacer cotidiano. Para no olvidarlo, ni siquiera un momento.

Sevilla, 3/III/2017

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://www.buscameenelciclodelavida.com/2016/03/vitoria-3-de-marzo-de-1976.html

La historia triste de un autobús naranja

chrysallis

Todo empezó en enero de este año con la campaña promovida por la Asociación Chrysallis Euskal Herria, Asociación de Familias de Menores Transexuales, sencilla y directa, en el País Vasco y Navarra: hay niñas con pene y niños con vulva. Causó bastante impacto y su material didáctico es muy interesante consultarlo, porque no se conoce bien la situación de niños y niñas que viven esta realidad y necesitan que se maneje de forma correcta e integradora.

Ahora, la plataforma Hazte Oír, comenzó una campaña el pasado lunes a través de mensajes tránsfobos en un autobús de llamativo color naranja, del siguiente tenor: «Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo«, como respuesta a la iniciativa de Chrysallis. Según noticias de prensa de esta mañana, “El magistrado de Instrucción número 42 de Madrid ha ordenado que se prohíba la circulación del autobús tránsfobo fletado por esta organización ultracatólica, que a principios de semana recorrió las calles de Madrid con mensajes provocadores y que tenía previsto iniciar una ruta por varias ciudades de España. El juez, que considera que esta campaña se dirige a personas con una orientación sexual «distinta» para lesionar su «dignidad», ha adoptado esta medida con carácter cautelar para evitar una «perpetuación» de un posible delito y ha dictado que el autocar no puede salir a la vía pública hasta que no retire los mensajes contra la transexualidad que luce en sus costados” (1).

Está en discusión la traída y llevada libertad de expresión, a la que se recurre últimamente con demasiada rapidez en todo el país en casos controvertidos, pero es evidente que este autobús no es inocente y juega con realidades vitales de niños y niñas que en un Estado de Derecho se deben controlar, de acuerdo con la Ley y el citado Derecho. Hay que dejar actuar a la justicia y respetarla una vez más.

Viviendo esta realidad, he recordado en tal sentido y cambiando lo que haya que cambiar, un artículo que escribí en 2015, El autobús de la libertad, porque en aquella experiencia se utilizaba también un autobús pero como medio necesario para llevar esperanza a hijos e hijas de presos de Cochabamba, en Bolivia y que me conmovió: “Todos los días, un autobús desvencijado recorre las calles de Cochabamba, en Bolivia, para recoger niños y niñas que viven con sus padres en las cinco cárceles de la ciudad y que permiten que los hijos de los presos vivan con ellos. Son unas condiciones infernales, porque exige a estos padres un trabajo suplementario en el comedor o la lavandería de la cárcel para ganar el dinero que cuesta que vivan con ellos, pero lo hacen encantados porque están convencidos de que sus hijos e hijas son felices todas las mañanas esperando el autobús financiado por el Centro de Apoyo Integral Carcelario y Comunitario (CAICC), para asistir a clase y porque los lleva a una vida de libertad y conocimiento: “Mi guagüita vive en la cárcel, pero ella no está detenida. Toditos los días esperamos al bus, Pepa vuelve contenta” (2). Y lo que es mejor: saben que vuelven todos los días, sin daño alguno, con lo poco que vale la vida en esa ciudad”.

Nada que ver con el autobús naranja de Hazte Oír, que no es de libertad y que provoca dolor en personas afectadas, sobre todo niños y niñas “diferentes”, que merecen toda la protección social y respeto de la sociedad en la que deben crecer como personas dignas. Historia triste.

Sevilla, 2/III/2017

(1) http://politica.elpais.com/politica/2017/03/02/actualidad/1488444432_091924.html

(2) Silva, Melisa (2015, 25 de junio). El país de los niños encarcelados. El País.com (Planeta Futuro).

Enigma al trasluz, el andaluz

cernuda

Sombra hecha de luz,
que templando repele,
es fuego con nieve
el andaluz.

Enigma al trasluz,
pues va entre gente solo,
es amor con odio
el andaluz.

Oh hermano mío, tú.
Dios, que te crea,
será quién comprenda
al andaluz.

Luis Cernuda, El andaluz, en Como quien espera el alba, 1947

Celebramos hoy el Día de los andaluces, de las andaluzas, el día de los que vivimos en Andalucía y respetamos su identidad, que llevamos la luz con el tiempo dentro, como Juan Ramón Jiménez entendía su pueblo y las personas que vivían en él; que somos nobles porque sabemos perdonar y comprender tanto a los que nos ofenden con el paro y la corrupción que a veces no hay nada que perdonar. También, porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera.

Nos tratamos como hermanos, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, porque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos.

Con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentro. Como Cernuda soñó un día esperando el alba de su tierra.

Sevilla, 28 de febrero de 2017, Día de Andalucía