Las vacaciones políticas no son para el verano

Estamos viviendo días transcendentales para el país. Somos conscientes de la necesidad de que se forme Gobierno a la mayor brevedad posible, aunque siempre nos quede la posibilidad de terceras elecciones generales, porque no hay dos sin tres o peor todavía si ocurre dado que segundas o terceras partes nunca fueron buenas, atendiendo al saber popular. Las idas y venidas con el Rey desde el pasado martes están marcando pautas de lo que probablemente pueda ocurrir y todo apunta a que es difícil que los representantes políticos comprendan, aunque solo sea por una vez, que los votantes hemos decidido que en España hay que aceptar la pluralidad política y el diálogo constructivo, muy lejos de las famosas mayorías absolutas. Esto lo sabe hasta el famoso niño de cuatro años de Groucho Marx, porque él no entendía casi nada de la vida, dando órdenes que lo buscaran por todas partes para solucionar grandes conflictos como el que nos ocupa, que en su caso era una reunión memorable de la Cámara de Diputados de Freedonia: “¡Hasta un crío de cuatro años sería capaz de entender esto!… Búsqueme un crío de cuatro años, a mí me parece chino“. Es lo que tendríamos que gritar hoy como «gente» los de abajo, en el Congreso de los Diputados, a los que están obligatoriamente obligados a entenderse, cuando les parece chino el diálogo de sordos en el que están instalados en la actualidad y se esconden sin llamar a nadie. Porque la situación política de este país debería llevar a los “elegidos” a comprender que el resultado de las urnas es un mandato explícito para que se busquen acuerdos de gobierno y legislatura que… hasta niños de cuatro años españoles, es decir, catalanes, gallegos, extremeños, vascos, castellanos, valencianos o andaluces, entre otras señas de identidad territorial, son capaces hoy de entenderlo.

En cierta ocasión, el director de orquesta Daniel Barenboim dijo que comprendía perfectamente que si las personas tenían que elegir en verano, en Sevilla, ir a la playa de Matalascañas o al Teatro de la Maestranza a un concierto dirigido por él, la decisión estaba muy clara: Matalascañas. Está claro que según Barenboim, la música clásica no es para el verano, aunque discrepe de él en esta ocasión. Aunque sí lo sean las bicicletas, salvando lo que haya que salvar, según nos explicó magistralmente Fernando Fernán Gómez en una obra de teatro homónima, aunque no podamos a veces tenerlas (cada uno que imagine la suya en el decorado que viva…), porque las guerras, las faltas de acuerdo, no nos permiten comprarlas en el momento deseado y deseante que tanto añoró Luisito, el protagonista.

Estamos en pleno verano y tengo la percepción de que nada fluye y todo permanece, en una situación diametralmente opuesta a la que aprendí hace ya muchos años de Heráclito de Éfeso y sobre la que he escrito recientemente. Estoy muy pre-ocupado [sic], porque detecto prisa vacacional, pase lo que pase, en el intento de resolución del grave conflicto que asola nuestro país, con un río revuelto que facilita las cosas a pescadores como parte del Parlamento de Cataluña y otros muchos que intentan seguir haciendo su agosto político sin muchos escrúpulos, por no hablar de la funcionalidad permanente de un Gobierno que no sabe y no contesta a casi nada de lo que nos está pasando. Sé que no es fácil el abordaje de soluciones cuasi milagrosas, pero el mandato del pueblo es muy claro: ¡siéntense para alcanzar un acuerdo de gobierno de izquierdas o de derechas y no se levanten hasta que llegue ese momento tan deseado, aunque estemos en pleno verano y más de uno piense que les fastidian las vacaciones!

En este caso, para la política, para los políticos, es verdad que las vacaciones no son para este verano, ni quizá lo deberían ser nunca porque la cosa pública afecta a todos y principalmente a los que no pueden tomarlas nunca, a los que menos tienen, a los que la clase política se debe hoy todavía más por su contumacia en silencios cómplices. Y no solo porque no podamos comprar las bicicletas que todos, merecidamente, soñamos, sino porque hay que saber distinguir entre valor y precio político. Si no, corramos a preguntárselo a los niños y las niñas de cuatro años, los de Groucho, que suelen saberlo todo.

Sevilla, 28/VII/2016

Yassine Chouati…, es el pueblo

YASSINE

YASSINE CHOUATI / JA Cobeña

He asistido hoy al acto oficial de inauguración de una exposición del artista plástico marroquí Yassine Chouati (Tánger, 1988), bajo el título sugerente “Yo soy el pueblo”, distinta y singular, que recomiendo visitar en la Casa de la Provincia, en Sevilla (Plaza del Triunfo, 1). Hasta el 28 de agosto se puede contemplar y admirar en el sentido aristotélico más puro del término, porque admirarse es una de las características que pertenece al ser humano como elemento diferenciador para mirar muchas veces de frente el arte que se convierte en actitud de compromiso social activo y que pasa a ser ejemplo para todos.

He acompañado a Yassine en la presentación de los tres espacios que recogen su obra preparada para esta muestra de arte y compromiso social. Tal y como aparece en el programa de la exposición, el autor propone al espectador una reflexión sobre el otro y la distancia, algo que él conoce desde las orillas de Tánger, donde siendo un niño preguntaba a su padre por qué había allí tantos zapatos, sandalias y objetos abandonados, de la misma forma que los representa en el primer espacio de su obra dedicado a un saludo libertario “Welcome”. En una pared blanca de ese espacio, desnuda, se encuentra un pequeño cuadro de la composición que de forma aislada, como lo que intenta representar, encierra la imagen de un pasaporte que un día perteneció a alguien que buscaba un mundo diferente donde poder realizarse como persona digna, cruzando a la otra orilla del mal llamado primer mundo.

Este espacio sitúa al espectador en el estrecho de Gibraltar, donde las imágenes que se contemplan en los cuadros recogen el sentimiento de pérdida de identidad del fenómeno migratorio, porque en esa dura travesía en busca de la dignidad, se pierde casi todo, incluso lo más preciado del ser humano, la vida. Pretende que nos demos de bruces con esa realidad, tan cerca de Andalucía, como aviso para navegantes de la dignidad, para que interpretemos qué significa partir a pesar de todo, dejando atrás lo que nos pertenece, casa, tierra y parentela en un éxodo redivivo. La gran pregunta que flota en el ambiente de la primera sala es si es posible adentrarnos en el significado de lo que vemos, es decir, dejarnos intranquilos en la búsqueda de identidad de objetos perdidos por la indignidad que sufren personas que están mucho más cerca de nosotros de lo que creemos.

El segundo espacio de Yassine, titulado “Crónica”, nos sitúa en la realidad revolucionaria del necesario cambio social a favor del pueblo, a través de nueve dibujos litográficos del político activista marroquí Ben Barka, secuestrado y fallecido bajo extrañas circunstancias en París, en 1965, donde se pretenden representar nueve formas diferentes de cómo se puede llegar a manipular la auténtica razón de ser, vivir y morir del que asume el rol de libertador de la gente, del pueblo, a pesar del mundo acomodado en el confort humano que no le importa participar todos los días en silencios cómplices: “La manipulación del rostro del político es, en este sentido, una metáfora del bombardeo de imágenes e informaciones sesgadas a que estamos sometidos”, tal y como ocurrió en el denominado “asunto Ben Barka”. Nuevo aviso para navegantes de la libertad, de la revolución, por parte del autor.

Con estos antecedentes pictóricos, finaliza la exposición en un espacio amplio con una performance titulada “Revolutio”, en la que sobre su querido “suelo” figuran trece litografías con las banderas de trece países árabes que se completarán hasta llegar a las 22 de los que conforman en la actualidad la Liga de Estados Árabes, tal y como lo explicaba in situ Yassine como hilo conductor de su obra: “El proyecto parte de un juego semiótico basado en el origen del término “revolución”, que expresa la idea de dar la vuelta a las cosas, de poner arriba lo que está abajo y abajo lo que está arriba. Der esta forma, las banderas, que supuestamente debieran ondear, se disponen consecutivamente sobre el suelo, creando una línea que recuerda a las alfombras rojas con las que se honra el paso de los jefes de estado en sus visitas oficiales”. Esta “alfombra” está flanqueada por dos montajes audiovisuales compuestos a partir de retazos de imágenes y vídeos de manifestaciones estudiantiles, protestas revolucionarias contra ciertos regímenes árabes, así como cortes de grabaciones de manifestantes realizadas de manera clandestina. En esta sala, he ido caminando de forma imaginaria un país a otro, siempre con un mensaje en todas y cada una de ellas, Yo soy el pueblo, en su idioma de origen y de colonización sufrida, donde no falta el español en Marruecos como pregunta para los caminantes que estábamos allí presentes en alma y espíritu.

Finalmente, he podido hablar con Yassine sobre asuntos de su persona de todos y la de secreto, junto a Dámaris, mi profesora de violín, a quien tanto aprecio. De su infancia en Tánger, de cómo siendo niño proletario ofrecía a turistas lo que el mercado aconsejaba como mercancía de turno y que me conmovía como fenómeno social cada vez que viajaba a esa ciudad en años importantes para las encrucijadas de mi vida. Un niño marroquí que dejó un día ya lejano sus zapatos en la orilla y quiso navegar hacia la libertad sin olvidar nunca su pasado, su tierra y su parentela, con un mensaje claro de revolución activa, dándole una vuelta a la forma de ser y estar muchas personas en el mundo propio y de los demás. Para que él y su pueblo puedan estar arriba en un tiempo próximo después de años de estar abajo, dejando de ser alfombra roja de los poderosos. Y me ha emocionado saber que gracias a personas como él podemos confiar tal día como hoy en que otro mundo aún es posible. Todo un ejemplo.

Vayan a ver la exposición desde esta orilla. Les conmoverá, porque como ocurre con las ideologías, no es inocente.

Sevilla, 26/VII/2016

Heridas, no vencidas

Vamos del timbo al tambo digital, en expresión feliz de García Márquez, pero nos encontramos siempre con situaciones atómicas que entristecen el alma buena de las personas, convirtiéndose en un realismo trágico de difícil explicación. He leído hoy un reportaje estremecedor en el diario El País sobre la reparación de vidas rotas en mujeres maltratadas. Es escalofriante darse de bruces con una realidad que asola el país. El año pasado, 123.275 mujeres acudieron a la justicia por el maltrato de sus compañeros o ex-compañeros, por llamarlos de alguna forma. Se dictaron 24.679 órdenes de protección que equivalen a un 59,1% de las solicitadas. Todavía más sangrante es el dato revelador del estado de agresividad de género actual al constatarse que una de cada ocho mujeres en España ha sufrido violencia física, sexual o ambas causada por sus parejas o ex parejas, según los datos recogidos en la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer de 2015 (Ministerio de Sanidad, en colaboración con el Centro de Investigaciones Sociológicas).

Charo Noguera ha estado una semana en un centro de víctimas de violencia de género y narra una experiencia de claroscuros muy inquietante. Es incomprensible que este país haya abandonado la asignatura de educación para la ciudadanía, por ejemplo, como un remedio eficaz a corto, medio, largo plazo para enseñar a los niños y a las niñas que existen modelos de convivencia muy amplios en nuestra sociedad para vivir en común y sin hacernos daño. Aquel Real Decreto de 2006, desgraciadamente derogado, decía cosas tan interesantes como éstas: “El comienzo de la adolescencia es una etapa de transición en la que se modifican las relaciones afectivas. Los preadolescentes se inician en una socialización más amplia, de participación autónoma en grupos de iguales, asociaciones diversas, etc. Conviene preparar la transición a la enseñanza secundaria y al nuevo sistema de relaciones interpersonales e institucionales que suponen una participación basada en la representación o delegación y que requiere un entrenamiento, y esta área es un ámbito privilegiado para ello”.

Se enseñaba a ser responsables integrando conocimiento y libertad. Nada más y nada menos. Para ser educadas y educados en valores ciudadanos y en el respeto a los derechos de las personas en diversidad, que no son a veces cómo nosotros esperamos que sean. Fundamentalmente, porque me gusta vivir mi vida, guardándome mi miedo y mi ira, en libertad y con los demás. Sin más mentira, en paz, partiendo de lo personal y del entorno más próximo: la identidad, las emociones, el bienestar y la autonomía personal, los derechos y responsabilidades individuales, la igualdad de derechos y las diferencias. Es decir, de la identidad y las relaciones personales se pasa a la convivencia, la participación, la vida en común en los grupos próximos, en la vida de pareja.

MACROENCUESTA VIOLENCIA GENERO 2015

Macroencuesta de Violencia contra la Mujer de 2015

Volvemos a la realidad actual añorando la citada asignatura de educación para vivir en común. Sigo leyendo el reportaje constatando que el anonimato es norma fundamental en este tipo de centros de acogida. Pero escuchar a la residente 311, “una mujer menuda y vivaracha” decir de forma rotunda y a los cuatro vientos “estoy herida, pero no vencida”, abre una puerta a la creencia de que otro mundo debe ser posible para las mujeres que sufren este mal endémico y merecen ser felices. Una gran lección.

Sevilla, 25/VII/2016

Nada fluye, todo permanece

CUSTER Y LIBBY

En la antesala de una semana próxima en la que se deberían tomar decisiones de Estado en este país, con el objetivo claro de conformar un Gobierno con una imprescindible altura de miras, por mucho que nos parezca imposible dado el estado del arte político actual, siento contradecir por un tiempo a Heráclito en su famoso frase, Panta rei o todo fluye, nada permanece, dando la razón al famoso aserto de Milton Friedman “Nada es tan permanente como el programa de un gobierno provisional”, visto lo visto desde el traído y llevado 20 de diciembre pasado, un día de elecciones generales para no recordar ahora vistos sus resultados con la perspectiva del tiempo pasado desde entonces que, como en este caso, nunca fue peor por lo ocurrido en la última y fugaz legislatura, por el mal ejemplo dado por la clase política en general, salvo honrosas excepciones.

Creo que Friedman tenía razón con esta afirmación hasta cierto punto cabalística. Estamos ante retos de una urgencia vital para garantizar la gobernabilidad del país, en asuntos y acuerdos de Estado tan sensibles y dramáticos como desempleo flagrante y descarado, educación desestructurada, salud recortada, servicios sociales en la posición del malabarismo circense de los platos chinos que se caen uno detrás de otro si no se agita la varilla que los sostienen, dependencia desfondada de forma especial con retrasos imposibles de entender, pensiones pendientes de que no se agote la hucha estatal que ya se rompió hace muy poco de un martillazo político, deuda externa, interna y mediopensionista que es un clamor popular, nacional e internacional, estado confuso de autonomías o autonosuyas (¡perdón por el neologismo porque todo depende del cristal político como se miren), que no soportan más el estancamiento de una revisión profunda de la Constitución para que sepamos de una vez qué significa vivir en un territorio que se llama España.

En este escenario tan dantesco desde la perspectiva política y económica (sin llegar al insulto del asesor de Clinton, ¡Es la economía, estúpido!, porque estamos hablando de dignidad política a palo seco), por mucho que se quiera edulcorar todos los días, argumento cansino para muchos y reiterativo para los listos de determinada clase política que todo lo sabe y nada ignora, el Gobierno en funciones cabalga con la frase de Friedman grabada en la frente popular, que no en el frente (por alusiones y que no se sabe dónde está), como si no pasara nada. Su programa es lo más permanente que hemos visto jamás. Sí, sí, cabalga con un general al frente como Errol Flynn hacía en mis años mozos, por el desfiladero lleno de indios sioux escondidos y sin dar muchas veces la cara como debían hacer todos los días, sabiendo que al final del mismo, Custer Rajoy será recibido por la Libby (Olivia de Havilland) de turno sin mancharse el traje azul con botonadura cruzada de oro, sin una sola mota de polvo y con el tupé en perfecto estado de revista después de haber participado en batallas políticas imposibles. Fundiéndose también en abrazos inesperados, más allá de Libby. Aunque debería ser consciente de que, si no mide bien las fuerzas, puede que algún día los nuevos líderes políticos con denominación de origen, cual Toro Sentado o Caballo Loco del panel político actual, acaben con su carrera política definitivamente.

Es lo que tiene seguir creyendo que en esta película política cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. ¡Perdón, pura permanencia!, para desgracia de todos los que amamos a Heráclito de Éfeso por su famoso aserto y que tanto echamos hoy de menos antes de llegar a las escenas finales de esta historia siempre contada de la misma forma. Porque recordemos…, lo lógico es que todo fluya y nada permanezca en la situación política actual.

Sevilla, 22/VII/2016

Un nuevo mapa de nuestro cerebro

MAPA MODULAR DEL CEREBRO

El mapa de 180 módulos, incluidas las áreas visuales (azul), auditivas (rojo), y táctiles/motoras (verde). /MATTHEW GLASSER/DAVID VAN ESSEN (1)

Vuelvo de mi corazón a mis asuntos sobre el cerebro, del que este blog se hace eco desde los primeros días de una larga singladura en busca de islas desconocidas. Lo he repetido de forma insistente en varias publicaciones recientes: este siglo va a ser conocido como “el siglo del cerebro”, al igual que el veinte ha pasado a la historia como el siglo del corazón.

La razón principal para esta vuelta a mis principios declarados en este blog ha sido la publicación en la revista Nature de un artículo, A multi-modal parcellation of human cerebral cortex, por parte de los neurocientíficos Matthew Glasser, David Van Essen y sus colegas de la Universidad de Washington en Saint Louis, Missouri, en colaboración con investigadores de Oxford, Londres, Minneapolis y Nijmegen, Holanda, que marcará un antes y después en la investigación del cerebro. En síntesis, trata de explicar a la comunidad científica y a toda persona interesada en el conocimiento progresivo del funcionamiento del cerebro, que la corteza cerebral humana es asombrosamente compleja y que requiere elaborar un mapa o parcelación de sus subdivisiones principales, conocidas como áreas corticales. Hacer un mapa exacto de estas áreas ha sido siempre un objetivo de la neurociencia en el siglo pasado y en éste. Usando imágenes de resonancia magnética multimodal el proyecto conectoma humano (HCP) y un enfoque neuroanatómico semiautomático, se han localizado 180 zonas por hemisferio, detectándose cambios bruscos en la topografía de la corteza cerebral en un grupo escogido de 210 adultos jóvenes sanos, para interpretar su arquitectura cortical, conectividad y/o funciones. Se han delimitado 97 áreas nuevas, hasta ahora desconocidas, de las cuales 83 se han delimitado usando microscopia post mortem u otros métodos de estudio específicos especializados. Para habilitar la delineación automática y la identificación de estas áreas en estudios y en futuros temas a estudiar en el HCP, se ha entrenado a una máquina clasificadora para reconocer la «huella digital» multimodal de cada área cortical. Este clasificador detectó la presencia del 96,6% de las áreas corticales en nuevos ítems, que replican la parcelación del grupo y correctamente podría localizar áreas en individuos con parcelas cerebrales atípicas. Todo ello permitirá una sustancial mejora en los estudios de la organización estructural y funcional de la corteza cerebral humana y sus variantes a través de personas y en su desarrollo, envejecimiento, así como en la enfermedad mental.

La corteza cerebral es una estructura muy importante del cerebro humano, aunque es asombroso constatar esta realidad objetiva cuando se sabe que sólo supone un 2% del peso del cuerpo, pero su actividad metabólica es tan elevada que consume el 20% del oxígeno. El cerebro se divide en dos partes llamadas hemisferios cerebrales, separadas por una ranura, hallándose, no obstante, unidas en el fondo de la ranura por una masa de fibras blancas de unos 10 cm. llamada cuerpo calloso. Los hemisferios suponen cerca del 85% del peso cerebral y su gran superficie y su complejo desarrollo justifican el nivel superior de inteligencia del ser humano si se compara con el de otros animales. En cada hemisferio se distingue, entre otras estructuras que hoy no abordo, la corteza cerebral o sustancia (materia) gris, con un espesor que oscila entre 1.5 y 4.5 mm., con un volumen aproximado de 600 cm3. Debido a los numerosos pliegues que presenta, la superficie cerebral es unas 30 veces mayor que la superficie del cráneo, siendo más acentuados en el ser humano que en cualquier animal. Estos pliegues forman las circunvoluciones cerebrales, surcos y fisuras y delimitan áreas con funciones determinadas, divididas en cinco lóbulos. Cuatro de los lóbulos se denominan frontal, parietal, temporal y occipital. El quinto lóbulo, la ínsula, no es visible desde fuera del cerebro y está localizado en el fondo de la cisura de Silvio. Los lóbulos frontal y parietal están situados delante y detrás, respectivamente, de la cisura de Rolando. La cisura parieto-occipital separa el lóbulo parietal del occipital y el lóbulo temporal se encuentra por debajo de la cisura de Silvio.

También, hay que reforzar cada día más la tesis de la importancia y supremacía de la inteligencia de los seres humanos, alojada en un silencio activo que no descansa nunca en la corteza prefrontal de los seres humanos, que deberíamos introducir como asignatura en el currículum educativo de niños y adolescentes, cuando acudimos al estudio serio de nuestros antepasados, porque lo más apasionante, mirando hacia atrás, es que hace doscientos mil años que la inteligencia humana, expresada en la corteza cerebral, comenzó su andadura por el mundo. Los últimos estudios científicos nos aportan datos reveladores y concluyentes sobre el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia. Hoy comienza a saberse que a través del ADN de determinados pueblos distribuidos por los cinco continentes, el rastro de los humanos inteligentes está cada vez más cerca de ser descifrado (1). Los africanos, que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron hace 50.000 años, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada. Hablar, aprovechando además un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones. Había nacido la corteza cerebral de los humanos modernos, de la que cada vez tenemos indicios más objetivos de su salto genético, a la luz de los últimos descubrimientos de genes diferenciadores de los primates, a través de una curiosa proteína denominada “reelin” (2) de la que cada día se sabe más.

He vuelto a leer una reflexión que escribí en 2007 sobre la corteza cerebral, La sede de la inteligencia: dos metros de curvas maravillosas, porque ya aventuraba un camino científico apasionante sobre esta estructura cerebral: “Me ha sorprendido siempre la morfología de la estructura básica que interconecta en millones de ocasiones la corteza cerebral. Ya la he abordado desde múltiples perspectivas en este blog, pero nunca me había detenido en profundizar su anatomía real. Y me produce una sensación especial saber que si desplegáramos sobre una mesa los pliegues sinuosos que la conforman, podríamos encontrarnos con una superficie, un mantel, de dos metros cuadrados, aproximadamente. Por eso, he decidido investigar las razones científicas que “aconsejan” esta forma de presentarse en sociedad, aunque al final la representación más feliz de su estructura visible solo alcanza el tamaño de una servilleta de 50×50 cm. Mantel y servilleta, un conjunto armónico para conocer mejor la sede de la inteligencia. Y con un volumen, jarra, de 600 cm3”.

Como decía en aquella ocasión, revalidada ahora por el descubrimiento que he explicado en las primeras líneas de este post, “Al final, se trata de “poner bien la mesa”, con mantel, servilleta y jarra apropiada para tal evento, ordenarla y servirla de forma adecuada a las necesidades de cada una, de cada uno, sabiendo en este caso y a partir de ahora que la arruga [de la corteza cerebral], en el cerebro, es bella, con permiso actualizado de Adolfo Domínguez. Es más, imprescindible y necesaria”.

Sevilla, 21/VII/2016

(1) La imagen ha sido recuperada hoy del diario El País: http://elpais.com/elpais/2016/07/20/ciencia/1469015826_731136.html
(2) Pollard, K.S., Salama, S.L. (2006). An RNA gene expressed during cortical development evolved rapidly in humans. Nature 443, 167-172 (14 September 2006).

Las pequeñas cosas…, digitales

Son aquellas pequeñas cosas,
Que nos dejó un tiempo de rosas
En un rincón,
En un papel
O en un cajón.

Juan Manuel Serrat, Aquellas pequeñas cosas

Decía Groucho, con su ironía característica y en el contexto de la crisis mundial de 1929,  en su fondo y forma muy parecida a la actual, “Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…”. También Serrat, me enseñó en momentos transcendentales de este país, que era conveniente valorarlas en su justo sentido: Uno se cree / Que las mató / El tiempo y la ausencia. / Pero su tren / Vendió boleto / De ida y vuelta. Esta mañana, cuando regresaba a casa con la radio sintonizada, he escuchado una obra compuesta en 1778 por Mozart, sobrecogedora, dedicada a su madre, fallecida durante su estancia con ella en París. Era la Sonata para violín número 21 en mi menor (K. 304/300c), una obra llena de ausencia, sentimiento y pensamiento.

Cuando he llegado a casa he consultado la disponibilidad de la partitura en Internet y al haberla localizado en la magnífica Biblioteca Musical Petrucci, me la he bajado al ser ya de dominio público. Al estar escrita para piano y violín me permitirá ejecutarla en ambos instrumentos, dedicándole tiempo y perseverancia de la que hizo gala siempre  el autor austriaco, a quien tanto admiro.

La Biblioteca Musical Petrucci maneja ya un fondo asombroso: partituras de 108.000 obras, alcanzando las 355.000 partituras y más de 40.000 grabaciones, de libre disposición si se cumplen unos requisitos amparados por la licencia Creative Commons.

SONATA 304 MOZART

http://imslp.org/wiki/Violin_Sonata_in_E_minor,_K.304/300c_(Mozart,_Wolfgang_Amadeus)

Esta reflexión viene a concluir que la disponibilidad digital de la que gozamos hoy día, nos permite disfrutar de pequeñas cosas con recursos de siempre, de toda la vida, es decir, la radio, siempre compañera y amiga, completándola en este momento con los digitales, tales como Petrucci o Youtube, como en este caso. Esta es la maravillosa realidad de Internet, una tecnología de doble uso, lo sé, pero que cuando se recurre a ella de forma racional y equitativa es extraordinariamente útil y buena, en el buen sentido de la palabra “buena”.

Por ello, comprendo hoy mejor que nunca a Serrat, porque las partituras o la reproducción de esta Sonata en Youtube, Son aquellas pequeñas cosas, / Que nos dejó un tiempo de rosas / En un rincón, / En un papel [en una partitura] / O en un cajón. No un yate, una mansión o una fortuna, los de la metáfora de Groucho, por pequeños que fueran o fuesen. Es lo que tiene no confundir hoy, como todo necio, valor y precio.

Sevilla, 18/VII/2016

Cuando Lebrijano muere, llora el agua

GABO Y LEBRIJANO

Dedicado a Juan Peña, El Lebrijano, a su familia, de los que aprendí el arte de cantar a la vida aunque te persiga el dolor de una historia en la persona de todos y en la de secreto.

García Márquez dijo en una ocasión que cuando Lebrijano canta se moja el agua. Esta frase se me quedó grabada en el alma cuando la conocí, sabiendo que autor y destinatario no me eran indiferentes. Hoy, al conocer su ausencia, he pensado que quizá llore el agua, porque Juan, tal y como le como le conocí hace ya muchos años, era una persona buena, en el buen sentido de la palabra bueno, ejemplar para muchos que le querían y seguían, miembro de una familia muy unida que también pude estar cerca de ella en momentos importantes de mi vida. Sabían llorar y cantar los pasajes tristes de su etnia, en persecución multisecular.

Por esta razón, quiero traer a mi memoria de hipocampo unas palabras que le dediqué en 2008, Melismas de Juan Peña y Gabriel García Márquez, como homenaje a un viaje compartido, aunque en la distancia mutua, porque lo importante para mí fue lo que me enseñó cuando comenzábamos a caminar por la vida, nunca exenta de persecución. Y en el alma no muere Juan, como tampoco en el agua que cantó Gabo.

Sevilla, 13/VII/2016
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Melismas de Juan Peña y Gabriel García Márquez

LEBRIJANO

Acudiendo a las memorias de mi hipocampo, recuerdo que conocí a Juan Peña, El Lebrijano, en junio de 1965. A toda la familia Peña, unidos como una piña, viajando desde Lebrija para ofrecernos en Umbrete (Sevilla) un recital familiar. Todo se debía a la colaboración que prestaba Pedro Peña, un compañero mío en aquél Colegio Menor, primo hermano de Juan, donde nos preparábamos a los diecisiete años para cantar a Dios, sus pompas y sus obras. Aquella noche, que luego serían dos, dos años seguidos, Juan, sus padres, sus tíos, sus sobrinos, primos y toda su parentela, nos obsequiaban con su modo de ser y estar, gitano, con una lección que aprendí en relación con el destino. Primero, el día concertado, nos hablaban a todos en el salón de actos. Después cenábamos juntos y en el “Merendero”, en el patio exterior, comenzaba la fiesta dirigida por la familia Peña. Me encantaba la dulzura de María “La Perrata”, la madre de Juan, sus palmas, su “jaleo”, su encantamiento colectivo, hasta el punto de que salí a bailar delante de ellos, para dar unos pasos, torpes pasos, simulando un taconeo que les llenaba de gozo. Lo que no lográbamos arrancar del tímido Pedro. A mí, lo que me asombraba era el encanto sugestivo que expresaban en todas sus manifestaciones. Y algunos churumbeles cruzaban el escenario sin contemplaciones, como desafiando la vida. Y los despedíamos en la puerta del Colegio cantando todos juntos un estribillo que nunca he olvidado:

«Ya se van los gitanos / por los caminos, por los caminos. / Van en caravana/ que es su sino, ese es su sino.»

Y volví a coincidir con toda la familia Peña, quizá fuera en 1973, con motivo de la operación del padre de Juan, sencilla en origen, pero de la que no pudo recuperarse ni en la sala de despertar. Y tuve que decírselo, con la autorización del cirujano, con el dolor que me suponía comunicarles de forma contradictoria lo que presagiaba, unos minutos antes, que todo iba a ir muy bien. Y compartí el dolor con ellos. En su silencio, en sus expresiones de ausencia incomprensible. Lo que es muy difícil explicar.

Posteriormente, Pedro Peña, hermano de Juan, colaboró conmigo en Huelva, en una actividad de sensibilización social gitana, en la época en que practicaba la docencia vinculada al trabajo social. Siempre amable, siempre cercano, maestro de maestros en docencia y guitarra. La familia Peña era siempre un referente. A Juan lo he seguido por sus discos, por las referencias de sus múltiples actuaciones. En una grabación muy querida por mí, donde procuraba aprender a conocer todos los “palos” de la A a la Z, me sobrecogió siempre una alboreá flamenca cantada a dúo por María “La Perrata” y Juan Peña, madre e hijo, hijo y madre, un romance morisco, de Gerineldo, que estremece a cualquiera, donde la melodía melismática (a cada sílaba le corresponde más de una nota) acerca la alboreá, la alborada, el cante por excelencia en las mañanas de las bodas gitanas, a los cantes por soleá:

«Dónde está la novia
novia tan bonita
estaba cortando rosas
por la mañanita»

Y Juan, que cuando canta se moja el agua, en metáfora acertada de Gabriel García Márquez, comienza a poner pensamiento y sentimiento albertianos, en su nueva obra, a las letras de Gabo, a párrafos cruzados de La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y de su abuela desalmada, de Ojos de perro azul, algunos cuentos peregrinos, y de El coronel no tiene quien le escriba.

Cuando el sábado 21 de junio de 2008, lo escuchaba a cinco metros de su voz, en la plaza de San Francisco, en Sevilla, con ecos de aquella maravillosa familia Peña que conocí en Umbrete, en una actuación pública, que él sabe apreciar, sin taquillas discriminadoras, comprendí mejor que nunca unas palabras suyas que “aparecen” al retirar el disco de su estuche, cuidado hasta el último detalle:

«Cuando estamos creando y por las flores que nos envían,
nos damos cuenta que Dios existe»

Es que en El Lebrijano, pensamiento y sentimiento se convierten en agua que se moja, hasta desaparecer en su voz, al escucharse el corazón de todas y de todos mucho más fuerte que el viento, por las melismas de refreso [sic] que él solo canta, que él solo conoce…

Sevilla, 30 de junio de 2008

Algoritmos digitales y libertad individual

BIG AND FLAT

Ya sé lo que creo que Facebook, Google, Amazon y Booking, entre otras multinacionales del sector TIC, saben de mí. Eso es lo que creo, pero tengo que confesar que al igual que sucede a millones de usuarios no tengo la paciencia debida para leerme las complejas licencias de uso de sus servicios en el trámite que consideramos insensatamente como mera burocracia en el momento de acceder a ellos mediante usuario y contraseña, obviando la letra grande y la temida letra pequeña de los contratos que firmamos tan alegremente con ellos. Luego tengo que aceptar que no, que no sé realmente lo que las empresas citadas, entre otras muchas, conocen de mí, aunque la verdad sea dicha no aparece por ningún sitio cómo van a seguir mi huella digital hasta límites insospechados que desconozco. Solamente lo intuyo por el bombardeo tipo spam que recibo a diario sobre mis gustos y consultas habituales en sus sitios web. Forman parte del gran hermano mundial agazapado en internet. Es lo que se llama hoy “prescripción digital” mediante robots que presumen de conocernos hasta en el último detalle.

El secreto está en los algoritmos que utilizan en el tratamiento de los big data empresariales, donde están mis “small data”, con perdón, de los que apenas se habla, formando parte de lo más íntimo de mi propia intimidad, en expresión de corte agustiniana y santa, por más señas. Ser o no ser small o big data, esa es la cuestión. Me impresiona conocer cómo me recuerdan periódicamente que Mozart me espera en el almacén de Amazon, porque saben que me gusta y que me puede interesar el último disco publicado sobre él. También, las últimas publicaciones de mis autores preferidos, que gritan a los cuatro vientos que no saben nada de mí desde hace semanas o meses. Además, me informan de que otras personas que tienen unos gustos similares a los míos, también compran más discos y libros que me podrían gustar. Un no parar, que se dice en español castizo y que si no reaccionas a tiempo te hace sufrir el temido síndrome de la última versión, del último disco, del último libro, Smartphone, TV, consola, tablet, etc., etc. Porque esas almas caritativas digitales “adivinan” que me gustaría “tenerlos”, pero no los tengo. Y eso en el mercado digital “no puede ser”.

No digamos nada en relación estricta con las tecnologías puras de la información y comunicación. Si te atreves a consultar una televisión inteligente, acabas de caer en la trampa de empresas matrices y asociadas, en un buzoneo digital bastante agobiante, donde marcar la x de acceso a mi posible libertad suele ser la aventura jamás contada de cada día, que muchas veces no funciona porque está caído el servidor amenazante. Ya sé que puedo marcar y desmarcar las opciones de privacidad en cada servicio global que contrato, pero necesitaría casi un día (¿al mes, a la semana?) para actualizar mis límites fronterizos de libertad digital y cada vez tenemos menos tiempo de buscar tiempo para pensar en otras cosas más importantes que las que a veces busco por internet.

Me dejó bastante intranquilo una reflexión que leí ayer sobre cómo llegamos a estar atrapados en el algoritmo de la prescripción digital que utilizan las grandes empresas tecnológicas de gran consumo, sin saber a veces cómo salir de él: “Ramón Sangüesa se encuentra ahora mismo investigando sobre las herramientas que permiten saber por qué a cada uno nos recomiendan determinados caminos por los que seguir transitando. “Habrá criterios complementarios que irán en beneficio de quien tiene la propiedad de esa obra, por supuesto. Y esos criterios son bastante oscuros. Esas empresas saben todo de mí, pero yo no sé con qué criterios me recomiendan las cosas”. Y ahí está la gracia del dichoso algoritmo” (1).

En definitiva, no son inocentes, como suelo decir siempre. Por eso he recordado a Stan Laurel y Oliver Hardy, el Gordo y el Flaco, cuando somos incorporados como small data en el marco de los big data que tratan en algoritmos preocupados por nuestra forma de ser y estar en el mundo, individual y colectiva. Como si fuéramos tontos, con las caras de Stan y Oliver como telón metafórico de fondo, según el lugar que ocupa cada uno en la prescripción digital que nos toca atender hoy sin ir más lejos.

Sevilla, 10/VII/2016

(1) Verdú, Daniel (2016, 9 de julio). Atrapados en el algoritmo. Babelia (El País), pág. 2s.

La dignidad de las personas mayores

FELIX MAXIMO LOPEZ

López Portaña, Vicente (1772-1850), Félix Máximo López, primer organista de la Real Capilla / Museo del Prado. Madrid

He localizado en Internet el cuadro que comenta hoy Javier Marías en El País Semanal, en un artículo magnífico, El retrato del organista, que le “gusta contemplar largo rato, incansablemente”. La verdad es que me ha impresionado, quizá movido en un principio por la curiosidad de la referencia al clavecín, parecido al mío, sobre el que apoya su brazo izquierdo D. Félix Máximo López, transmitiendo dignidad como persona mayor pese al paso de los años.

Lo que verdaderamente me ha emocionado es la reflexión que hace sobre la situación actual de las personas mayores, que el mundo procura mercantilizar con el eufemismo de la tercera edad y las ventajas de la tarjeta oro de la que pueden disponer para viajes imposibles en la España actual. Ayer, en la cola del supermercado, presencié el papel actual de las personas mayores a través de una mujer mayor que pagaba la compra semanal o quincenal a su hija y nietos allí presentes, con amor maternal similar al filial que figura en la dedicatoria sobre el clavecín del cuadro, con la parafernalia de la fidelización mediante tarjeta en la que ella no sabía responder a preguntas de “¿contado o plazo? o la acción de marcar la contraseña, tarea que rápidamente asumió la hija con la sonrisa cómplice de la cajera, porque a esa persona mayor esas cosas ya no le van ni las comprende. Acababa de simbolizar el papel que están desempeñando en la actualidad las personas mayores en nuestro país con sus exiguas pensiones, en la cobertura de familias sin ingreso alguno. En una palabra, dignificando la vida diaria “a pesar de su edad”, en un mundo diseñado a veces por el enemigo.

Dice Marías que “todo el retrato rebosa fuerza y a mí me produce, como pocos otros, la sensación de tener en frente a ese hombre vivo, a él y no su representación: y esa fuerza está sobre todo en la mirada, como suele ocurrir”. Y repasa múltiples reacciones imaginarias de esa persona sobre quienes lo contemplan, dando respuestas cargadas siempre de maestría y dignidad: “No sé quiénes sois ni qué buscáis, no entiendo vuestros afanes y empeños, todavía dais importancia a insignificancias, aún lucháis y ambicionáis y envidiáis, todavía sufrís: cuánto os falta para cesar, como ya he cesado yo”.
Y recuerdo frases de supuesta comprensión de los mayores, porque qué van a decir “a esa edad”, con el tuteo descarado, camisetas imposibles, atuendos que no les gusta llevar pero que son aconsejados por los familiares más cercanos o lejanos, con asientos destinados para ellos en el transporte público y habitualmente ocupados por personas más jóvenes, sin vergüenza alguna. Son para personas de movilidad reducida, dicen los letreros oficiales. ¿También de dignidad reducida? Hubo un tiempo en que las personas mayores eran respetadas en su forma de ser y estar en el mundo: “Claro que era un tiempo en el que la sociedad no tenía prisa por deshacerse de ellos, por arrumbarlos, por entontecerlos, por desarmarlos y jubilarlos con gran soberbia, como si no tuvieran nada qué enseñar”, dice Marías.

El retrato anónimo del supermercado, que contemplé ayer, fue de nuevo una gran lección de dignidad humana. Aprendí la importancia de la generosidad de millones de abuelos que todos los días hacen la vida más fácil a los que más quieren, en silencio, plasmando en una experiencia fugaz la importancia de la mirada diferente de la realidad de la vida, tal y como lo aprendí hace ya muchos años de Antonio Machado: “El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve”. Como los de la mirada de D. Félix Máximo López, que tanto gusta a Marías.

Sevilla, 3/VII/2016

Empoderamiento digital

Nunca es mal año por mucho trigo. Soy consciente de que a veces trabajamos en las llamadas causas perdidas, como determinados abogados de lo imposible, pero creo que ejemplos como el de la persuasión tecnológica del gobierno digital auspiciado por el presidente Obama, es una llamada al orden digital de los gobiernos en los diferentes mundos existentes en este planeta, entre los que se encuentra España. Por esta razón, vuelvo a hablar de empoderamiento digital como acción prioritaria de un Gobierno Digital Abierto.

He escrito muchas veces en este blog sobre empoderamiento digital, pero nunca es mal año digital por mucho hablar de ello. Vuelve a abrirse una oportunidad en relación con el nuevo Gobierno que se pueda fraguar por el consenso. Podrían copiar de Obama y de la Directora de Tecnología del Gobierno de Estados Unidos, Megan Smith, por el cumplimiento de un objetivo estratégico claro, entre otros: el empoderamiento digital de la ciudadanía, para poder obtener resultados evidentes y claros sobre aquello que en su toma de posesión le pidió de forma concreta el Presidente: “utilizar el poder de los datos, la innovación y la tecnología para ayudar a los americanos”.

Empoderamiento digital significa “capacidad que tienen los Gobiernos y las Administraciones Públicas para transferir conocimiento y poder digital a la ciudadanía, a sus empleados públicos y a las empresas del sector TIC”. Sueño con el día en que se declare una estrategia digital de Estado y se nombre un alto cargo del rango que decidió el gobierno de Obama, tanto a nivel de Estado como en su proyección de las Comunidades Autónomas, que conformen un Consejo Interterritorial Digital que ejecute la estrategia digital, con visión política y respaldo necesario para la toma de decisiones en este ámbito de urgencia vital en nuestro país, como ya he expuesto en otras ocasiones.

Somos ya digitales en un mundo digital por excelencia, que nos puede hacer la vida más amable en todas las visiones posibles que podamos tener de la vida, desde una perspectiva de nueva revolución digital que supere con creces a la industrial que tanto ha beneficiado ya a la humanidad. Por esta razón, creo que la política digital es un asunto de Estado, no una cuestión baladí protagonizada solo por los amantes de las tecnologías de la información y comunicación. Además, cuando sustenta las políticas sociales por excelencia, se troca en un asunto que nos pertenece a todos, sin excepción.

El marco de la política digital no es un asunto tecnológico sino constitucional. Esa es su gran fortaleza en el argumentario que mantengo en este blog de elevarla a asunto de Estado, máxime cuando tiene que atender a realidades tan inexorables como la salud y la enfermedad o los servicios sociales. O el emprendimiento, empoderando a la ciudadanía, aunque hoy lo sigamos viviendo, desgraciadamente, como un horizonte lejano.

Sevilla, 29/VI/2016