No olvido a Víctor Jara en tiempos de silencios cómplices

No le olvido porque Víctor Jara significó mucho en mi vida de secreto y en la de millones de personas dignas. Todavía hoy lo recuerdo en relatos de mi juventud comprometida con la vida y la muerte, tal y como lo describí en el post que adjunto hoy, escrito en 2009, cuando lo enterraron de forma digna «en el mismo sitio de 1973, después de que exhumaran su cadáver de nuevo para poder certificar la violencia con la que actuaron los soldados y oficiales de Augusto Pinochet contra sus palabras, su testimonio de vida, su compromiso ético».

Hoy he conocido (1) que un juez de Florida ha ordenado esta semana que el hombre identificado como su asesino, Pedro Pablo Barrientos, responda ante la justicia por cargos de tortura y ejecución extrajudicial. Es una noticia que sirve para comprobar que no debemos participar en silencios cómplices cuando la falta de honestidad y ética nos rodea, porque la verdad, al final, nos hace siempre más libres.

Nada más. Sé qué papel tan importante han jugado en esta acción su mujer y su hija Amanda, tan recordada por su padre en una canción que nunca olvido. También, el del Centro de Justicia y Responsabilidad por su trabajo encomiable para recuperar dignidad para aquellas personas que sufren violaciones de derechos humanos en todo el mundo. Solo me queda darles las gracias hoy por su ejemplo.

Sevilla, 17/IV/2015

(1) Ayuso, Silvia (2015, 17 de abril). Justicia al fin para Víctor Jara. El país.com.

Víctor Jara y mi memoria de hipocampo

Te recuerdo Amanda / la calle mojada / corriendo a la fábrica / donde trabajaba Manuel…

VICTOR JARA

Víctor Jara, fotografía recuperada el 6 de diciembre de 2009, de http://radionuevaaurora.files.wordpress.com/2007/09/056-victor-jara.jpg

Es verdad que recuerdo la muerte de Víctor Jara, cuando yo llevaba un año trabajando en el Hospital Universitario San Pablo, en la antigua Base americana “San Pablo Frontera”, en septiembre de 1973, en unas condiciones difíciles para estar cerca de la vida y de la muerte de las personas que allí se atendían. Con veintiseis años. Fueron días de contradicción interna porque recordaba a Víctor Jara en canciones protesta que me sabía de memoria y no comprendía por qué le habían asesinado de forma tan brutal. Además, con escasa información en un país que agonizaba en su dictadura feroz, que asimilaba personalmente de forma difícil en mis compromisos con la Universidad de Sevilla.

Llevo días leyendo numerosas referencias a la muerte de Víctor Jara, en el Estadio Nacional que nunca olvidaré, gracias a Costa Gavras, en su película desgarradora, Missing, que tantas veces he recordado, como acicate para que no abandone el compromiso con la ética social.

El 16 de septiembre de 1973, lo enterraron de forma humilde y clandestina gracias al aviso de una persona que descubrió su cadáver junto a la tapia del cementerio. Y el pasado 5 de diciembre de 2009, volvió a recibir sepultura digna, en el mismo sitio de 1973, después de que exhumaran su cadáver de nuevo para poder certificar la violencia con la que actuaron los soldados y oficiales de Augusto Pinochet contra sus palabras, su testimonio de vida, su compromiso ético.

Treinta y seis años después, lo he acompañado por las calles de mi memoria de hipocampo, la de secreto, hasta depositarlo de nuevo en el mismo sitio que ha estado en estos treinta y seis años de mi vida, recordando su sonrisa, sus rizos, que tanto enfadaron al soldado que le golpeó brutalmente en el estadio, en una muerte lenta (1), porque era un cantante marxista-leninista (en interpretación celtibérica que tanto resonaba en mis oídos en aquella época y durante la famosa transición):

-¡Así que vos sos Víctor Jara, el cantante marxista, comunista concha de tu madre, cantor de pura mierda! -gritó el oficial.

Después, he buscado siempre a Víctor Jara a través de Quilapayún, conjunto con el que convivió durante años muy importantes de su vida. Y lo he encontrado hoy, escuchando de nuevo canciones de compromiso para que no olvide nunca mi memoria histórica, a Víctor Jara:

Levántate y mira la montaña
de donde viene el viento, el sol y el agua.
Tú que manejas el curso de los ríos,
tú que sembraste el vuelo de tu alma.

Levántate y mírate las manos
para crecer estréchala a tu hermano.
Juntos iremos unidos en la sangre
hoy es el tiempo que puede ser mañana.

Sevilla, 6/XII/2009

(1) Délano, M. (2009, 6 de diciembre). La muerte lenta de Víctor Jara. El País, Domingo, pág. 12s.

Admirarse de todas las cosas (y de las personas)

TETRADRACMA
Tetradracma (siglo V a.C.), con la lechuza de Minerva (Tyto Alba), símbolo de la Filosofía

Aristóteles concebía la filosofía como la capacidad que tiene el ser humano (él decía el hombre y por eso no nos debemos ofender…) de admirarse de todas las cosas. Mi profesor de filosofía lo expresaba en un griego impecable, con un sonido especial, gutural y sublime, que convertía en un momento solemne de la clase esta aproximación a la sabiduría en estado puro: jó ánzropos estín zaumáxein pánta (sic: anímese a leerlo conmigo tal cual y pronunciarlo como él). Es uno de los asertos que me acompañan todavía en muchos momentos de mi vida, en los que la curiosidad sigue siendo un motivo para la búsqueda diaria del sentido de ser y estar en el mundo, de admirarme todos los días de él.

Admiramos las cosas por curiosidad, entendida como el deseo de saber o averiguar lo que no me concierne, es decir, lo que no me atañe o afecta directamente, en la primera acepción de la Real Academia Española. Somos curiosos y nos admiramos de lo que descubrimos en personas o cosas. Así lo plantea Alberto Manguel en una publicación reciente, Una historia natural de la curiosidad, donde contesta nueve preguntas existenciales por definición, “con sendos interrogantes clásicos que sirven para curiosear en su propia vida e invitar a quien lo lee ahora a hacer lo mismo para revivir la curiosidad” (1), aportadas en un artículo excelente publicado ayer en el diario El País, que transcribo por la excelencia literaria de una persona muy “curiosa”:

1. ¿Por qué un libro sobre la curiosidad en el comienzo del siglo XXI?

“Hay ciertas interrogaciones que nos hacemos en diferentes momentos de nuestra vida. De niños la primera pregunta es ¿por qué? ¿Por qué lo que veo en el espejo soy yo?, ¿por qué no me dejan hacer ciertas cosas? Después las preguntas cambian, y cuando llegas a la vejez vuelven las de la niñez. Pero con el sentimiento de no querer encontrar una respuesta, sino demorarse en el placer de la pregunta”.

2. ¿Qué significa Dante y su Divina comedia aquí?

“Desde niño he intuido que la experiencia del mundo estaba en la imaginación de la literatura. Hay personajes que me han acompañado como verdaderos amigos. Tengo una relación íntima con Alicia, Pinocho, Caperucita, el Rey Lear, Alonso Quijano… Cuando descubrí a Dante, hace diez años, descubrí a un personaje esencial en mi vida. Cada experiencia sobre la que quiero reflexionar está en él. Cada mañana, antes del desayuno, leo uno de sus cantos”.

3. ¿Cuándo entraron en su vida Sócrates y los demás filósofos y autores a despertarle las preguntas?

“La mayor parte de mi experiencia intelectual sucede durante mis estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Teníamos profesores especializados en temas: en botánica, o en las visiones jesuíticas en la historia de América Latina o en La celestina. Todo el año veíamos solo eso y así se ampliaba el tema con sus conexiones o influencias. A través de esos profesores llegamos a los filósofos. Fue el ejemplo más concreto de alentar la inteligencia en personas de 12, 13 o 14 años. Nada está fuera del alcance de los jóvenes, lo que falta es vocabulario y eso se puede conseguir. Hoy tenemos miedo a lo difícil y olvidamos que esas situaciones han dado varios de los momentos más valiosos”.

4. ¿Dónde podemos encontrar el mejor aliado para la curiosidad y la imaginación?

“En personajes anónimos, en ciertos bibliotecarios, profesores o libreros que creen en la inteligencia de los jóvenes. Esa lucha se hace cada vez más difícil porque la sociedad solo quiere consumir. También hay obras maestras como la película Timbuktu, de Abderrahmane Sissako, cuyo guion le hubiese deslumbrado a Borges. Es el triunfo de la imaginación sin fórmulas de Hollywood, sobre el extremismo religioso”.

5. ¿Para qué la sociedad y el poder arrinconan la curiosidad?

“Si haces una caja cuadrada, debes crear elementos con ángulos rectos para que entren en ella. Si crean una sociedad de consumo deben crear consumidores, si no, no funciona. El sistema tiene que impedir que te hagas preguntas esenciales porque si te las haces no hay más consumo. Por eso la sociedad no alienta la reflexión. Es un sistema depredador que busca el beneficio en una estructura productiva”.

6. ¿Cómo podemos avanzar en la curiosidad sobre nosotros mismos?

“Es la pregunta que empezamos haciéndonos cuando nos damos cuenta de niños que nosotros lo que llamamos nosotros es algo distinto del mundo exterior, y surge la pregunta ¿quién soy yo? Se puede empezar a responder atribuyendo características y valores a ese yo, pero sobre todo haciendo preguntas acerca de la identidad de los otros porque nos definimos por oposición. A través del ojo ajeno. A medida que vamos haciendo estas preguntas sobre nuestra identidad vamos recorriendo las preguntas que el mundo se hace a propósito de nosotros. La vida es un proceso de individuación, un proceso que no acaba nunca”.

7. ¿De quién o quiénes estamos hechos?

“Esos ojos o visiones ajenas nos definen, pero también, en el caso de los lectores, a través de personajes literarios, de las artes. Me identifico con el Rey Lear pero en algún momento con su hija Cordelia, y hay otros que siguen perteneciendo a nuestra vida. Yo siempre he sido Alicia, pero tuve que esperar para ser un poco Dante”.

8. ¿Quién es Alberto Manguel?

“…No sé cómo contestar porque su respuesta depende de quien la haga. Si yo me pregunto quién es Alberto Manguel contestaré, seguramente, sobre la base de lo que dije en la respuesta anterior y a través de ciertas experiencias secretas mías. Pero si eres tú quien hace la pregunta, la respuesta dependerá de lo que yo quiera mostrar y tú quieras ver. Los griegos llamaban persona a la máscara, tenían actores que tenían identidad. La máscara Alberto Manguel es muy distinta para un lector que no me conoce, y para mis hijos, mis amigos, mi familia. La máscara-persona de Alberto Manguel para quienes me conocieron muy joven es un personaje un poco aventurero, un poco engreído. Otros verán a alguien con aspecto de profesor. Ninguno de esos Alberto Manguel es enteramente Alberto Manguel. Pero ninguno es enteramente falso. Mi identidad es un calidoscopio que depende de quien lo haga girar”.

9. ¿Y ahora qué?

“No sé. Pensé que al llegar a este punto de mi vida estaría más estable. Ahora, no por mi voluntad, emprendo otro viaje. Dejaré Francia para ir a una nueva vida en América del Norte”.
He leído varias veces estas respuestas. El auténtico problema de los curiosos que nos admiramos de las curiosas preguntas de Manguel, es que cuando nos aproximamos a ellas y las interiorizamos para aprender, la vida ordinaria nos las cambia. Es lo que aprendí un día de Mario Benedetti: “Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas». Y vuelta a empezar, porque la curiosidad -en expresión genuina de Manguel- es “el motor de nuestras vidas”, en un mundo que se agota en la mediocridad de lo cotidiano.

Sevilla, 14/IV/2015

(1) Manrique Sabogal, Winston (2015, 13 de abril), Cruzada para salvar la curiosidad. El País, p. 37.

Las aulas llenas

En América del Sur están convencidos que la mejor conquista del alma humana, en su más pura esencia, es la educación, después de haber experimentado otro tipo de conquistas, de las que España tiene una gran responsabilidad histórica. En tal sentido se ha llevado a cabo una experiencia cinematográfica dirigida por Gael García Bernal, junto a 11 directores de cine que cuentan 10 diferentes historias desde una visión personal y sentida en sus almas de todos y las de secreto, a instancias del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y ante la siguiente pregunta: ¿se podría hacer una película que nos ayude a mejorar la educación en América Latina?

La respuesta ha sido rotunda: sí se puede. Personalmente recuerdo tres películas que me han cautivado en el proceso de educar apasionadamente en Europa y… en el mundo, sin distinción de fronteras: La vida es bella, Hoy empieza todo y El club de los poetas muertos. En esta ocasión, el resultado no se ha hecho esperar a través de una película, El aula vacía, que promete embaucarnos sobre la necesidad de la educación en aquél continente, sin que nosotros tengamos que hablar con autosuficiencia de esta realidad en España, diferente pero muy preocupante en la situación actual, donde la crisis del ladrillo, del dinero público y privado mal administrado y de la corrupción a todos los niveles, ha destapado muchas vergüenzas nacionales, convirtiendo este país en un refugio de mala educación en su sentido más primigenio del término, no en el del discreto encanto de la burguesía.

El corto integrado en El aula vacía, entre otros, dirigido por Mariana Chenillo (México), “retrata los obstáculos que enfrentan los jóvenes con discapacidades. En su corto cuenta qué pasa si eres sordo en un mundo de oyentes y quieres ir a la escuela. Tras verlo, uno se queda con la duda de si el protagonista es sordo o si el sordo es el sistema escolar al no escuchar las necesidades de los jóvenes”. Me ha recordado inmediatamente cómo una buena educación puede hacer brillar los ojos de las personas sordas, como es el caso de María Ángeles Narváez Anguita, aquí en Andalucía, que triunfa por su maestría sencilla y sublime sobre la vida sorda a lo que no se quiere escuchar a veces.

Temas como la violencia, el acoso escolar, la deserción por la búsqueda inhumana del sustento familiar a través de los más pequeños, los más débiles, se abordan en el documental. Es bueno, más todavía, higiénico desde la perspectiva de la salud mental y social, divulgar estas experiencias. El cine es imprescindible como aliado para remover conciencias, para llenar las aulas. Así lo han entendido estos doce magníficos que ya no están solos ante el peligro de las aulas vacías en su Continente, que algo nuestro es.

Sevilla, 12/IV/2015

Los niños pintan a Murillo en Sevilla

MUSEO BELLAS ARTES SEVILLA
Niños y niñas ante la Virgen de la Servilleta – Museo de Bellas Artes / Fotografía del autor

Esta mañana he visitado el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Es una experiencia extraordinaria cada vez que paseo por sus salas, pero siempre es un momento sublime la entrada a la quinta, donde destaca la obra de Murillo. Hoy ha ocurrido algo especial. Un cuentacuentos estaba enseñando a niños y niñas de dos años, con arte excelso, el pequeño secreto de la Virgen de la Servilleta. Al terminar su intervención magistral, en breves minutos doblemente buenos, les entregó unas hojas con trazos del cuadro explicado, para que los colorearan con lápices multicolores de cera. Y comenzaron a dar color a una obra que previamente ya les habían presentado en clase sus maestras, sus maestros, en el buen sentido de la palabra maestra, maestro.

Virgendelaservilleta

Ha sido un momento mágico. Murillo habrá disfrutado hoy de forma especial. Estoy convencido que solo buscaba encontrar en las madres presentes su papel de vírgenes anónimas y el rostro saliente de todos y cada uno de los niños pintores, como el de la servilleta, aunque tendría que pensar detenidamente de qué forma podría pintar también a las niñas como nuevas protagonistas de sus cuadros, en una revolución de género que nunca pudo imaginar.

Una abuela le explicaba a su nieta que la Virgen era una madre buena. Se hizo un silencio sonoro y se despidieron del pintor. La niña, mirando hacia atrás, buscaba la servilleta de la que le había hablado el cuentacuentos porque por más que miraba el cuadro de Murillo no la veía por ninguna parte. Solo a su abuela en su papel maravilloso de madre que está en la tierra, con ella en brazos.

Sevilla, 9/IV/2015

En busca de islas desconocidas

Martha Mckeen
Edward Hopper, El «Martha Mckeen» de Wellfleet – 1944

Hopper está en Málaga, en el Museo Carmen Thyssen, con motivo de una exposición temporal bajo el título de “Días de verano. De Sorolla a Hopper”, que se podrá visitar desde el 28 de marzo hasta el 6 de septiembre de 2015. Este cuadro de portada me ha recordado una vez más el compromiso contraído con Saramago de buscar incesantemente islas desconocidas, en la clave que nos regaló con sus palabras trazadas en un libro inolvidable, El cuento de la isla desconocida, que me acompaña siempre en los viajes hacia alguna parte de mi vida.

Cualquier situación puede ser una buena excusa para volver a iniciar esta apasionante búsqueda. El año pasado, con motivo de la publicación de un libro precioso, Atlas de islas remotas, conocidas hasta donde he podido investigar, propuse que también se debería hacer un atlas de islas desconocidas, que sería maravilloso compartir en la Noosfera de miles de millones de personas que ahora vivimos en el planeta tierra. Aunque en el libro se hacía una reflexión sorprendente y, quizá, disuasoria: “El paraíso es una isla. Y el infierno también”.

El barco de Hopper, situado físicamente en Wellfleet, un pueblo pequeño ubicado en el condado de Barnstable en el estado estadounidense de Massachusetts, me ha recordado también que hay que saber hacia dónde navegamos en el río de la vida todos los días y a qué puerta se llama de las ofertas reales de cada vida para descubrir el amor que lo mueve todo, pero saliendo cada uno de sí mismo para contemplar lo que hay que cambiar en cada persona de secreto para compartirlo con los demás. Existen además, varias puertas a modo de oportunidades, a las que podemos llamar y entrar dependiendo de nuestra actitud ante la vida: la Puerta de las Peticiones, la de los Obsequios y… la del Compromiso. Además, ese atlas de nuestras islas desconocidas, a configurar, es siempre personal e intransferible, de difícil localización por personas ajenas a nuestro barco de secreto. A menos que la mujer de la limpieza que nos presentó Saramago en su cuento acuda también en nuestra ayuda…

Así lo escribí un día, no tan lejano, cuando describía la forma de acceder a esas islas tan necesarias para vivir con dignidad humana: “Sigo entretejiendo una telaraña digital en torno a la divulgación científica de las estructuras del cerebro humano, de la inteligencia digital, porque estoy convencido que la Noosfera es la gran aventura por descubrir en toda su potencialidad”, porque […] “El viaje de la “Isla desconocida” que me regaló en el más puro anonimato su autor, José Saramago, no se me olvidará nunca. Gracias a él, fueron 43 pequeñas páginas las que el 10 de diciembre de 2005, cuando registré este blog, aparecieron como por arte de magia en mi memoria a largo plazo como abriéndose paso, hoja a hoja, para tener un sitio preferente -intercaladas- en este cuaderno de derrota, en términos marinos. Quizá fuera porque siempre he insistido en mi vida que lo importante es viajar hacia alguna parte, buscándonos a nosotros mismos y, a veces, en compañía de algunas y algunos, los más próximos y cercanos. Al fin y al cabo, tal y como finalizaba el cuento de Saramago. Su compromiso”.

El paraíso y el infierno existen, sin lugar a dudas, en el viaje hacia alguna parte, hacia islas desconocidas, que hacemos cada día. Quizá deberíamos aprender en el aquí y ahora de cada uno, de la misión y visión perfecta del charrán ártico, que persigue un objetivo claro que siempre cumple: alcanzar las metas propuestas volando por esos mundos de dios. Porque buscar islas desconocidas, es decir, descubrir cómo somos cuando decidimos vernos desde fuera, es lo mejor que nos puede pasar en la vida sola o asociada. Al fin y al cabo, la vida se nos pasa… volando.

Sevilla, 6/IV/2015

El ejemplo del charrán ártico

Ten siempre a Ítaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Más no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
Y en tu vejez arribes a la isla
Con cuanto hayas ganado en el camino,
Sin esperar que Ítaca te enriquezca.

Konstantinos Kavafis, Ítaca

Lo he leído con asombro. El charrán ártico, es un ave migratoria de unos 35 centímetros de largo y 80 de envergadura, y poco más de 100 gramos de peso, que protagoniza la migración más larga del reino animal. Cada año, vuela más de 70.000 kilómetros en su viaje de polo a polo. Durante su vida, de unos 34 años de media, vuela lo equivalente a tres viajes de ida y vuelta a la Luna. Su viaje anual, desde Groenlandia al Mar de Wedell, en la Antártida, y viceversa, no lo hacen de forma directa, ya que pasan un período de un mes a unos 1.000 kilómetros al norte de las islas Azores, en el centro del Océano Atlántico. El charrán ártico no elige la ruta más corta, sino que hace una gran «S» a través del Atlántico, para aprovechar los sistemas de vientos y ahorrar así un poco de energía. Además de esta hay otra rutas migratorias, como de Alaska hasta Tierra del Fuego (1).

Todo es espectacular en esta maravilla de la naturaleza. Este viajero infatigable por excelencia, lleva millones de años haciendo algo que sabe hacer muy bien, viajar de forma incansable, a finales de agosto de cada año, con una media de unos 700 kilómetros diarios, durante unos ocho meses, incluyendo un mes más de descanso en el norte de las Azores, con un objetivo superior del que no admite distracción alguna: llegar a su meta, volviendo siempre a su Groenlandia querida, aunque se puede elegir el grupo entre los dos que se separan siempre en las Azores para volver a encontrarse en la Antártida. A partir de este polo, vuelven juntos a su punto de partida. Existen muchos interrogantes sobre su apasionante aventura, que se ha controlado con técnicas geoespaciales, mediante la implantación de un pequeño aparato de 1,4 gramos para conocer dos veces al día su localización exacta (2).

MIGRACION CHARRAN
Representación del viaje de polo a polo que realiza cada año el charrán ártico / http://www.arctictern.info

Esta experiencia me ha aportado reflexiones acerca de lo que aprendí hace ya muchos años de Teilhard de Chardin: el mundo solo tiene interés hacia adelante. Igual que lo vive el charrán, que no se distrae nunca de su objetivo principal: llegar al destino previsto, a pesar de que atraviese experiencias inauditas que le obligan a realizar un vuelo impecable para no separarse de su meta final. Con una diferencia sobre la especie humana: puede repetir su maravillosa aventura hasta 34 veces en su corta vida, una por año, aprovechando siempre el viento favorable de cola, tal como lo aprendió de sus antepasados.

Del charrán debemos aprender a volar y perseguir siempre un objetivo claro: alcanzar las metas propuestas. El ser humano, que un día salió de África para viajar también de forma incansable por el mundo, tuvo un antecedente en la evolución del charrán ártico. Teilhard lo simplificaba en un ejemplo muy gráfico: el tigre no es fiero porque tiene las garras, sino al revés: tiene garras porque en su evolución natural se desarrolló en él el instinto de fiereza. Por decirlo de alguna forma, las garras vinieron después. La evolución entera es la consecuencia de la ramificación de lo psíquico. El eje de avance es una línea delgada roja anímica, no material” (3). Sencillamente, porque lo anímico precede siempre a lo morfológico, dado que la explosión de la evolución fue el cerebro humano, el que nos permite hacer hoy el largo viaje de la vida, sin esperar que Ítaca nos enriquezca. Porque vivir es lo mejor que nos pasa.

Sevilla, 5/IV/2015

(1) http://zonacurio.blogspot.com.es/2013/06/animales-extraordinarios-la-migracion.html
(2) Egevang, Carsten (2010). Tracking of Arctic terns Sterna paradisaea reveals longest animal migration. PNAS, February 2, 107 (5), 2078-2081.
(3) Cobeña Fernández, J.A. (2006). El punto omega (V).

Los ignorantes andan crecidos

FIORDO
Fiordo noruego

Quiero compartir en este cuaderno de inteligencia digital, que busca siempre las islas desconocidas de Saramago, un artículo extraordinario de Manuel Cruz, catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona, que publicó ayer el diario El País con un título sugerente: Visto uno, vistos todos. Su entradilla era suficientemente explícita: “En nuestros días empiezan a parecerse las personas con estudios superiores y las que apenas superan la educación básica. Los ignorantes andan crecidos, alardeando de lo que consiguen sin saber apenas nada”. Hay que leerlo con pasión, sobre todo cuando la mediocridad que nos invade intenta instalarse en nuestra sociedad de forma galopante.

Lo reproduzco íntegramente a continuación, porque es importante compartir inteligencia creativa y conectiva, sin reinterpretación alguna en este caso, porque es la única que nos puede ofrecer la oportunidad de ser de forma diferente es este mundo ignorante, tan crecido él, aunque tengamos que recordar aquella soleá de la ciencia que cantaba Enrique Morente con un quejío especial, el de los sabios de corazón por tener una inteligencia abierta al aprendizaje de la cultura, percibida y sentida, siendo conscientes de que el saber no ocupa lugar, aunque cada vez nos quede menos sitio por las mercancías que se instalan de forma no inocente en nuestra persona de secreto:

Presumes que eres la ciencia
Yo no lo comprendo así
Cómo siendo tú la ciencia
No me has comprendido a mí

Sevilla, 31/III/2015

Visto uno, vistos todos

En nuestros días empiezan a parecerse las personas con estudios superiores y las que apenas superan la educación básica. Los ignorantes andan crecidos, alardeando de lo que consiguen sin saber apenas nada.

No me quedó otro remedio que enterarme porque lo proclamaba a voz en grito desde la mesa de al lado. La muchacha, que, a la vista de sus modales, su manera de hablar y su forma de vestir parecía pertenecer a una clase social acomodada, intentaba disuadir de su idea de llevar a cabo un crucero por los fiordos noruegos como viaje de novios a una de las amigas con las que compartía mesa. Ella, explicaba, ya había hecho tiempo atrás ese mismo crucero con su familia y había regresado decepcionada. El motivo de su decepción no podía ser más concluyente: “Visto uno, vistos todos”, sentenciaba a modo de resumen de su aburrida experiencia.

La sentencia de la chica me recordó la de aquel fontanero que apareció un día por casa para arreglar un escape y que, al comentarle yo que le había llamado con urgencia porque estaba a punto de salir de viaje hacia Roma, me hizo saber que él no conocía la ciudad, pero que ello era debido a que, afirmó textualmente, “a mí Roma no me llama”. Supongo que he asociado las dos situaciones porque en ambas sus protagonistas se movían con análogo desparpajo, con una similar seguridad. Sin embargo, vale la pena constatar una importante diferencia entre ellos. El fontanero era, de manera manifiesta, un hombre de escasos estudios, mientras que mi vecina de mesa con toda probabilidad había cursado alguna carrera universitaria. Sin embargo, sus afirmaciones resultaban perfectamente intercambiables: “Los fiordos no me llaman”, podía haber dicho él; “¿ciudades con monumentos? Vista una, vistas todas”, podía haber declarado ella.

No deja de ser significativo (y preocupante) que en nuestros días empiecen a parecerse tanto, a reaccionar de maneras tan intercambiables, personas con estudios superiores y personas que apenas han superado los niveles educativos más básicos. Probablemente la semejanza sea el resultado de la generalización de un modelo de lo que debe ser la educación y del valor de la cultura que ha terminado por convertirse en el nuevo sentido común dominante.

Pensemos, sin ir más lejos, en la forma en la que tiende a plantearse hoy eso que antes se denominaba proceso educativo. Ha pasado a ser considerado como una antigualla completamente obsoleta sostener que, en su conjunto, dicho proceso debería ser pensado en términos de formación integral del ciudadano o cosa semejante. Frente a tamaño anacronismo, se nos repite hoy por todas partes —de hecho, se han incorporado al coro de los repetidores incluso nuestras propias autoridades ministeriales—, se trata de plantearlo como una gran formación profesional destinada a preparar a los individuos para una más eficaz inserción en el mercado de trabajo. El nuevo planteamiento tiene sus efectos sobre la vida de los individuos, entre otras cosas porque, en este nuevo diseño, el criterio para valorar el éxito personal ha pasado a ser no solo haber alcanzado el objetivo de la inserción, sino, de acuerdo con la misma lógica economicista, haberlo hecho en las mejores condiciones, esto es, obteniendo el máximo rendimiento económico, lo que equivale a decir ganando el máximo dinero.

Desde esta perspectiva, se entenderá un fenómeno muy característico de nuestro tiempo, y es que los ignorantes anden crecidos. Si antaño se avergonzaban de su ignorancia, ahora es frecuente que saquen pecho e incluso alardeen de lo que han conseguido sin saber apenas. Y es que, en efecto, no sostiene nada que contravenga este discurso, hoy hegemónico, quien hace ostentación de haber obtenido el mismo resultado —el único que se declara importante: el enriquecimiento, a ser posible rápido— por otras vías, sin necesidad de haber seguido el recorrido convencional del estudio y la preparación académica. De ahí la llamativa seguridad con la que determinados personajillos de celebridad efímera hacen en público (preferiblemente, en televisión) un reconocimiento explícito, carente de toda pesadumbre, de su completa ignorancia. Se trata de una seguridad de idéntica matriz, en el fondo, que la de la muchacha o el fontanero de las anécdotas iniciales.

La formación integral del ciudadano ha pasado a ser considerada como una antigualla obsoleta

Llegados a este punto, cabe preguntarse: al margen de que, por las razones indicadas, los ignorantes actuales (ignorantes posmodernos, podríamos denominarlos) se hayan sentido liberados del superyó tutelar tradicional, según el cual era necesario tener cultura (o, en su defecto, aparentarla) si se aspiraba a alguna forma de prestigio social. ¿En qué se funda esa llamativa seguridad de la que aquéllos han pasado a hacer gala?

Conviene plantear una primera observación. Probablemente el hecho de que la seguridad del ignorante nos llame tanto la atención revele un error de interpretación por nuestra parte. Un error consistente en dar por descontado que el tipo de personaje que estamos diseccionando debería experimentar algo parecido al horror vacui por el hecho de no saber, cuando, en realidad, el ignorante consecuente es aquel que no sabe que no sabe; entre otras razones, porque ese profundo vacío que le constituye está ocupado por un espeso engrudo, por una densa y turbia papilla de tópicos, banalidades, convencimientos sin el menor fundamento y otros materiales de desecho.

De lo que se desprende que el planteamiento precedente necesitaría ser reformulado, incorporando un matiz sustancial. El problema de nuestros ignorantes de hoy (en otros aspectos, idénticos a los de siempre, claro está) no es tanto que no se den cuenta de la cantidad de información y conocimientos de los que no disponen, como que se les escapa el valor de los mismos; o, tal vez mejor, que atribuyen un valor por completo equivocado tanto a lo que ignoran como a lo que creen saber. No solo porque consideren que esto último se encuentra en idéntico plano que lo que desconocen y, más en concreto, con la cultura en el sentido más clásico, sino porque atribuyen rasgos equivocados a ambas esferas.

Se hace ostentación de lograr lo mismo sin seguir el recorrido convencional del estudio

Así, sigue siendo, por desgracia, muy frecuente que estos ignorantes consideren que la persona culta, ilustrada, leída o refinada es alguien que verdaderamente no está en el mundo, sino, en el mejor de los casos, en su mundo. Mientras que ellos, por lo que respecta a sí mismos, están persuadidos de pisar con los pies en el suelo y enterarse efectivamente de lo que pasa, en su más concreta y tangible materialidad. Sin embargo, repárese en que los protagonistas de nuestras anécdotas iniciales testimonian exactamente lo contrario. Para ellos lo real desfila ante sus ojos plano, monótono, perfectamente inerte e insustancial. La relación de sus desdenes podría prolongarse casi hasta el infinito. En el ámbito de la cultura sin duda dirían: “Visto un museo [a fin de cuentas, un conjunto de salas llenas de obras de arte], vistos todos”, “escuchado un concierto de música clásica, escuchados todos”, etcétera. Y si se prefiere pasar a los registros por los que empezaba este artículo, a buen seguro afirmarían: “Vista una playa, vistas todas”, “vista una selva, vistas todas”, etcétera. Y así, en todos los planos.

Su realidad, esa respecto de la cual tanta ostentación hacen de mantener una relación sólida y privilegiada, es una realidad plana, sin fondo, carente de toda profundidad o densidad. Lo que nos permite señalar la segunda parte de su error, la inadecuada valoración que llevan a cabo de cuanto ignoran. Porque existe otra realidad o, mejor dicho, lo real es mucho más rico de lo que estos ignorantes alcanzan a vislumbrar. Pero para acceder a dicha riqueza se requieren determinadas herramientas y destrezas, que son las que, precisamente, proporciona ese tesoro heredado que denominamos cultura.

Las cosas son, pues, exactamente al revés de como las planteaba el tópico aludido en el párrafo anterior. No es cierto que la persona culta, en sus ensoñaciones espiritualistas, vea lo que no hay. Lo cierto es justo lo contrario: que la persona inculta, ignorante, no ve lo que hay. Así, por no abandonar los ejemplos citados, la belleza —la del mundo y la del alma— pasa por delante de sus ojos constantemente sin que sea capaz de percibirla. O si prefieren decirlo con diferentes palabras: la persona culta no solo dispone de un mundo interior más rico, sino que penetra en el interior del mundo. De la otra persona, hemos dicho antes que no sabe que no sabe, lo que significa, en resumidas cuentas y a la luz de todo lo que hemos planteado a continuación, que lo que de veras no sabe es lo que se pierde.

Manuel Cruz es catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona.

Escribir de manera especial, con alma

MUSEO DE LA INOCENCIA
Museo de la Inocencia. Estambul.

Los lectores de Cien Años de Soledad son hoy una comunidad que si viviera en un mismo pedazo de tierra, sería uno de los veinte países más poblados del mundo. No se trata de una afirmación jactanciosa. Al contrario, quiero apenas mostrar que ahí está una gigantesca cantidad de personas que han demostrado con su hábito de lectura que tienen un alma abierta para ser llenada con mensajes en castellano.

Gabriel García Márquez. Extracto del discurso en Cartagena de Indias (26/IX/2007).

Han sido dos experiencias recientes que marcarán probablemente mi vida de aquí en adelante. La primera, recordar unas palabras de Gabriel García Márquez con motivo de la edición de un millón de ejemplares de Cien años de soledad, en su homenaje en Cartagena de Indias, durante la jornada inaugural del IV Congreso Internacional de la Lengua Española, el 26 de septiembre de 2007, donde recordaba cómo empezó su aventura de escribir: “No sé a qué horas sucedió todo. Sólo sé que desde que tenía 17 años y hasta la mañana de hoy, no he hecho cosa distinta que levantarme temprano todos los días, sentarme frente a un teclado, para llenar una página en blanco o una pantalla vacía del computador, con la única misión de escribir una historia aún no contada por nadie, que le haga más feliz la vida a un lector inexistente”.

La segunda experiencia ha sido en un encuentro fortuito con un artículo de Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura en 2006, Una mirada a mis fuentes de inspiración, en el que explica de forma minuciosa, cómo se fraguó una novela que ha tenido luego su proyección en un museo de Estambul que conserva su título: El museo de la inocencia: “Treinta y cinco años después, al terminar El museo de la inocencia, decidí que había llegado el momento. De todos los libros que había escrito, esta novela era la que más claramente suscitaba preguntas como: “¿Cuándo se le ocurrió esta idea?”, “¿Qué le inspiró para escribir esta novela?”, “¿De dónde se sacó esto?”, y así sucesivamente. Y escribe una lista de influencias, hasta trece, “sacadas de la vida, la literatura y el arte”, con una maestría proverbial, con alma.

Es verdad que desde hace muchos años me ha acompañado también Ítalo Calvino en mi viaje profesional, cuando en las intervenciones oficiales, tales como conferencias o clases, comenzaba siempre con un homenaje explícito a este escritor ante la maravillosa aventura de la página en blanco, incluso cuando comencé una travesía especial en este cuaderno de bitácora: “Inicio una etapa nueva en la búsqueda diaria de islas desconocidas. Internet es una oportunidad preciosa para localizar lugares que permitan ser sin necesidad de tener. La metáfora usada por Saramago será una realidad cuando ante el fenómeno de la hoja en blanco, teniendo la oportunidad de decir algo, esto sea diferente y sirva también para los demás. Puerta del Compromiso. Es lo que aprendí hace muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar)”.

Escribir todos los días con el espíritu de hacer felices a los demás, gracias al ejemplo de García Márquez, es un compromiso que asumo desde hace tiempo. Ahora tengo que tratar de responder a muchas preguntas del libro de mi vida, que algunos llaman biografía y que yo denomino “tiempo de secreto y de todos”. Probablemente tenga que leer o visitar de forma pausada El museo de la inocencia, para comprender bien por qué nos empeñamos en convertir los recuerdos que motivan nuestra escritura en oscuros o claros objetos de museos de la inocencia reales o virtuales cuando los lectores visitan nuestras palabras. Pero lo verdaderamente difícil es la soledad sonora ante la página en blanco, en cualquier soporte, porque podemos decirlo todo o nada, de todos los modos posibles, aunque lo verdaderamente fascinante es comprometerse todos los días en decir algo especial. Porque nos queda la palabra. Nunca inocente, por cierto, porque tiene alma.

Sevilla, 26/III/2015

¿De quién es el agua?


Comité en Defensa del Agua y de la Vida. Ecofondo.

Yo era la que más corría
y a todas partes llegaba
y de verde se vestía
lo que a mi paso quedaba;
todos me quieren tener
pero muy pocos me cuidan
y eso que soy el secreto,
el secreto de la vida.

Jorge Velosa, Las adivinanzas del jajajajay

Hoy se celebra el Día Mundial del Agua. Contribuyo en esta celebración, publicando un post que escribí en octubre de 2014, porque se debe prestar atención a un bien preciado y necesario sobre el que deberíamos hacernos la pregunta de los peces jóvenes en la parábola de Foster Wallace: «¿qué… es el agua?, más allá de lo que apenas percibimos todos los días sobre ella cuando la utilizamos casi sin darnos cuenta. Porque es el secreto de la vida.

Sevilla, 23/III/2015

DIA MUNDIAL DEL AGUA

¿De quién es el agua?

Deberíamos prestar más atención al agua y a sus dueños actuales. Quizá nos puede servir ahora una reflexión muy curiosa que utilizó David Foster Wallace al comenzar el discurso que dirigió a la promoción de graduados del Kenyon College en 2005, con una pequeña parábola: «Buenos días, chicos. ¿Qué tal está el agua?». Los dos peces jóvenes siguen nadando y al cabo de un rato uno de ellos mira al otro y le pregunta, «¿Qué demonios es el agua?».

Álvaro Marcos, que reflexiona en un artículo reciente publicado en El estado mental, sobre atención y dignidad en un mundo complejo, sobre “peces”, me ha llevado de la mano a prestar atención hoy al agua, porque “aprender a pensar y a vivir una vida compasiva (y, por extensión, “digna”) conlleva preservar “el grado de (auto)consciencia suficiente para elegir a qué prestamos atención y decidir cómo construimos significado a partir de la experiencia”, instando a no perder nunca de vista todo aquello que, si bien esencial, de puro ubicuo se torna transparente hasta hacerse invisible, de modo que hace falta recordarse, una y otra vez: “esto es agua, esto es agua”. Porque “la verdadera libertad requiere atención, y consciencia, y disciplina, y ser capaz de preocuparse por otras personas, y de cuidarlas y sacrificarse por ellas de mil maneras casi imperceptibles y muy poco atractivas, cada día”. ¿La alternativa a este esfuerzo?: “la inconsciencia, la configuración por defecto, la ‘carrera de ratas’, la sensación continua y punzante de haber tenido y haber perdido algo infinito”.

Poniendo especial atención en relación con las cosas públicas de estos días, he conocido recientemente la situación que se ha creado en la provincia de Huelva con la gestión del agua. La noticia no podía ser más explícita: “Se acabó la tregua. Los más de 50 alcaldes integrados en Giahsa, la entidad de agua de la mancomunidad de municipios onubense Mas, han apercibido a Aqualia, la empresa adjudicataria de la mayoría de servicios privatizados en Huelva, de que han observado indicios “de conductas desleales que pudieran ser sancionables en vía administrativa o penal”. Es el paso previo a convertir el expediente en denuncia por incumplimiento de la Ley de Defensa de la Competencia y posibles “prácticas corruptas”.

Creo que estamos ante un modelo de privatización de la gestión del agua que sobrepasa muchas líneas rojas en relación con derechos de la ciudadanía en relación con recursos naturales de imprescindible uso por parte de las personas en su vida diaria. La jurisprudencia nacional e internacional defiende a todas luces el agua como derecho humano esencial: “La Asamblea General de Naciones Unidas, aprobó el 28 de julio de 2010, en su sexagésimo cuarto período de sesiones, una resolución que reconoce al agua potable y al saneamiento básico como derecho humano esencial para el pleno disfrute de la vida y de todos los derechos humanos”. Al ser un recurso público que nos lo ofrece la naturaleza, su auténtica dueña, se debe garantizar su gestión pública, sin ninguna duda, debiéndose alejar de toda privatización pura y dura como está ocurriendo en la actualidad, trocándose un derecho vital en pura mercancía. Se debería abrir un debate al respecto en el marco de lo que denomino segunda transición para declarar de forma contundente y nítida el derecho constitucional de acceso al agua potable con garantías públicas de acuerdo con los protocolos aprobados por organismos internacionales en los que participa nuestro país.

He escrito en bastantes ocasiones sobre el agua en este blog, decantándome siempre por su declaración como derecho fundamental en el acceso a la misma: Agua y cerebro, Arqueología subacuática… del cerebro y El aquí y ahora del agua, como textos fundamentales. Destaco sobre todo el pronunciamiento de su vinculación con el cerebro y con las decisiones que puede tomar gracias al agua, que lo hace inteligente entre otras funciones. Fue una experiencia maravillosa el que incluyeran una en 2008 una referencia mía al respecto en la exposición de motivos que sustentaba el articulado reformatorio de la constitución nacional de Colombia a fin de consagrar el derecho al agua potable como fundamental y otras normas concordantes con tal declaración para ser sometido a la consideración del pueblo colombiano mediante referendo constitucional: “Esta mágica sustancia es vida, simboliza vida. Sin ella no existiríamos y no podríamos estar en comunicación. Podemos afirmar que somos la inteligencia del agua. Como lo expresa el profesor español, José Antonio Cobeña, autor del libro La Inteligencia Digital: “Existe una realidad irrefutable en el ser humano: su cuerpo está compuesto en un 60 por ciento de agua, el cerebro de un 70 por ciento, la sangre en un 80 por ciento y los pulmones en un 90 por ciento. Si se provocara un descenso de tan sólo un 2% de agua en el cuerpo se comenzaría a perder momentáneamente la memoria y de forma general se descompensaría el mecanismo de relojería corporal. Todo lleva a una reflexión muy importante: el agua nos permite ser inteligentes. Y la disponibilidad del líquido elemento en el planeta que habitamos es la siguiente: hay 1.400 millones de kilómetros cúbicos de agua, de los cuales el 97 por ciento es agua salada. Del 3 por ciento restante de agua dulce, tres cuartas partes corresponden a agua congelada en los Polos o a recursos inaccesibles que, por lo tanto, tampoco se pueden beber. Eso nos deja a los humanos cerca de un uno por ciento del total de agua en la Tierra para usar. Es decir, existe una descompensación en la situación y disponibilidad del uno por ciento mágico que permite desarrollar la inteligencia, todos los días”.

El texto para la reforma de la Constitución de Colombia fue avalado por 2.039.812 firmas, reconocidas oficialmente por la Registraduría Nacional del Estado Civil, aunque finalmente no prosperó, después de un debate parlamentario de 2010. Deberíamos aprender de todas formas de lo que otros países han reivindicado de forma excelente, porque el agua es un patrimonio público que no debería entregarse nunca al mercado. La necesaria revisión de la Constitución actual en España puede ser un momento crucial para incluir este derecho al acceso al agua, de forma explícita mediante un artículo concreto, como derecho humano esencial de los españoles y así se debería declarar para defender también su gestión pública en el denominado ciclo completo del agua.

También lo afirma Álvaro Marcos en su artículo: “Y es que preguntarse por la importancia de la atención viene a ser como preguntarse por la importancia de la importancia: algo que parece una perogrullada y, por eso mismo –como sucede con todas las aparentes perogrulladas-, un ejercicio extremadamente sano y revelador”. En este caso la atención sobre el agua, que además se convierte ahora en un asunto relevante, nadando -como estamos- en la mediocridad de los olvidos. Porque hay que recordar que el agua es el secreto de la vida. Porque la Verdad, según Foster Wallace, “Tiene que ver con el verdadero valor de la verdadera educación, que no va de notas ni de obtener títulos y sí simplemente de estar atento, atento a lo que de verdad es muy real y fundamental, a lo que está tan escondido, incluso a la vista de todos, que tenemos que seguir recordándonos una y otra vez:

«Esto es el agua.»
«Esto es el agua.»

Sevilla, 2/X/2014

NOTA: el video que figura al comienzo de este post es un video promocional del Referendo por el Agua en Colombia. Comité en Defensa del Agua y de la Vida, recuperado el 2 de octubre de 2014 de Ecofondo: http://www.ecofondo.org.co/videos.php?id=91

¿Personas o programas?

ELECCIONES ANDALUCIA
El ideal democrático es la fe, continuamente puesta a prueba, en que los hombres y mujeres corrientes puedan elegir adecuadamente a aquellos que van a gobernar en su nombre, y en que aquellos que elijan puedan gobernar con justicia y compasión.

Michael Ignatieff, Fuego y cenizas

Se acerca el día de las elecciones al Parlamento de Andalucía. En la situación actual, surgen muchas preguntas a la hora de preparar ese momento transcendental de depositar en la urna -que no echar- la papeleta verde con la lista de personas que representan al partido elegido. La mayoría son grandes desconocidas, salvándose solo las que identificamos a través de los medios de comunicación.

El dilema está servido. Es una dialéctica muy importante a dirimir porque el marco electoral actual de listas cerradas no permite elecciones directas mediante procesos de primarias u otros más representativos. Sólo se permite la confianza en los aparatos de los partidos y en su militancia de acuerdo con sus correspondientes estatutos.

El contexto político actual cuestiona mucho a las personas que ejercen la política y ostentan cargos orgánicos y representativos. El problema radica en que no se debe generalizar porque parto de la base de que todos los partidos políticos no son iguales, ni sus militantes y representantes tampoco. A la hora de decidir prefiero decantarme por el programa más acorde con mi ideología y, sobre todo, mis creencias, porque no son inocentes. Ahora está casi mal visto hablar de derechas o izquierdas e incluso algún dirigente muestra actitudes vergonzantes al respecto, pero en este país está muy clara esta división marcada por la historia. Otra cosa es que se generalice de forma extrema y se piense que uno u otro no pueden hacer nunca nada destacable. Craso error. Lo que sucede es que aquí sí entran en liza los programas, porque nunca son iguales. En ellos se muestran las ideologías y las opciones a favor de la igualdad y la solidaridad o los que priman de forma manifiesta a los que más tienen. También, suele ser un buen índice de opción política las posiciones en los programas respecto de educación, salud y bienestar social, así como en la recaudación de impuestos para blindar los pilares de la democracia garantista de derechos y deberes ciudadanos. Porque los programas políticos no son inocentes.

En esta tarea estoy. Vuelvo a publicar los programas de los siete partidos con opciones de obtener representación política en el Parlamento andaluz(por orden alfabético):

Ciudadanos
Izquierda Unida-Los Verdes-Convocatoria por Andalucía
Partido Andalucista
Partido Popular
Partido Socialista
Podemos
Unión Progreso y Democracia

Voy a identificar la relación más acorde del programa que elija con mis principios, porque no tengo otros obviando la famosa recomendación de Groucho Marx (Éstos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros…). Persigo sobre todo que le guste a mi alma de secreto y la de todos. Los políticos que representen finalmente mi opción programática y de creencias, procuraré seguirlos de cerca para participar activamente en la consecución de sus objetivos. Si no los cumplen, entendidos como resultados pretendidos, ejerceré la denuncia pública por canales democráticos, porque pertenezco al Club de las Personas Dignas, que cada día necesita más miembros activos para denunciar, mediante la política participativa, los silencios cómplices que tanto daño hacen a la democracia.

Sevilla, 13/III/2015