Melchor Rodríguez, el ‘Schindler de Triana’, nos enseñó a olvidar el olvido

Sevilla, 18/V/2023

Puede parecer insólito pero el Ayuntamiento de Madrid, con un alcalde al frente que ha agraviado por ejemplo la memoria democrática de Miguel Hernández o de la escritora Almudena Grandes, entre otros desmanes, ha concedido a título póstumo la Medalla de San Isidro 2023, en su categoría de Medalla de Honor, al sindicalista y anarquista confeso, Melchor Rodríguez García (Sevilla, 1893- Madrid 1972), sevillano de Triana, que por su último destino como alcalde republicano de Madrid merece ahora esta distinción en reconocimiento a “la labor humanitaria que llevó a cabo”, honor que comparte de forma sorprendente también con la periodista Ana Rosa Quintana y la cantante Olvido Gara, Alaska, en un todo revuelto de difícil digestión democrática. En el caso de Melchor Rodríguez se otorga a alguien que por su ideología de respeto a las personas de pensamiento contrario, le hizo merecedor de los apelativos “Schindler de Triana” o “Ángel rojo”, siendo un hecho irrefutable que salvó la vida a los enemigos declarados en la represión por parte de los republicanos durante la guerra civil, tal y como se narra con detalle, por ejemplo, en una biografía novelada escrita por Alfonso Domingo, El ángel rojo. El anarquista que salvó a sus enemigos, que trata sobre la vida y obra de este sindicalista anarquista, que defendía algo tan importante como que “la Revolución no es matar hombres indefensos” o que “por las ideas se puede morir, pero no se puede matar”.

Según la sinopsis oficial de la obra citada, en esta novela biográfica se “cuenta la historia de Melchor Rodríguez García, delegado especial de prisiones de la II República española. Sevillano de nacimiento, Melchor Rodríguez fue un anarquista que prefería «morir por las ideas, nunca matar por ellas», y que demostró gran humanidad en la guerra civil española, salvando la vida de numerosos enemigos. Mientras en el lado franquista se exacerbaba la represión, Melchor lograba imponer el orden en la retaguardia republicana, parando las sacas de las cárceles, los paseos y los fusilamientos. Nombrado después concejal del Ayuntamiento de Madrid, le cupo la triste tarea de hacer entrega del consistorio a las tropas vencedoras a finales de marzo de 1939. Condenado por el nuevo régimen, cumplió cinco años de una condena de veinte. Hasta el final de sus días siguió siendo libertario. En total, Melchor estuvo 34 veces en la cárcel con la monarquía, la república y el franquismo. Su entierro, en febrero de 1972, consiguió unir a dos Españas irreconciliables: anarquistas y miembros del régimen que él había salvado en la guerra”.

Junto al reconocimiento personal por su trayectoria, mucho más allá de la medalla actual, me quedo con las palabras que pronunció su bisnieto, Rubén Buren, en el acto de entrega de estas distinciones, en las que destacó la necesidad de la autocrítica «por parte de los nietos de los vencedores y vencidos de la «Guerra Incivil», porque «Este país sigue dividido en el revanchismo, no hay autocrítica de los nietos de los vencedores y vencidos, una autocrítica que es necesaria parta construirnos porque estamos condenados a vivir en este país; mi bisabuelo respetó todas las ideas y salvó la vida a centenares de personas, sin preguntar. Los salvó», «[…] salvó la vida a muchos de sus enemigos» y «facilitó la salida de España o resguardó en su casa en la Guerra Incivil», […] «En otros países, Melchor tendría estatuas y plazas. La memoria de este país sigue instalada en el odio al que no piensa como nosotros, pero no hay nada más rico que la diversidad de pensamiento, raza y cultura, sin odio. Entender al otro es entender las aristas de uno mismo, y honrar a Melchor es honrar la mejor parte que tenemos como seres humanos», concluyó.

En su ciudad natal, la iniciativa popular y sindical cercana a su ideología anarquista, le dedicó en 2009 una placa conmemorativa en la calle de Triana donde nació, San Jorge, en el actual número 23, así como una calle “[…] en la Verea de San Cayetano, junto a Valdezorras (barrio directamente relacionado con los ”trabajos forzados“ de los presos políticos del franquismo que construyeron el Canal de los Presos). Un buen lugar para él, que siempre estuvo vinculado a las cárceles: la mayoría de las ocasiones como preso, durante la monarquía de Alfonso XIII, la República y la Dictadura, pero también como responsable político de esas mismas cárceles en el Gobierno republicano de 1936-1937 en el Madrid sitiado por los golpistas”, tal como lo leí recientemente en un artículo dedicado a este alcalde efímero pero ejemplar, en el que Cecilio Gordillo, miembro de la CGT lo explicaba con este detalle, alguien al que le habían importado mucho todoslosnombres, creando una plataforma homónima en torno a las víctimas de la represión franquista.

Creo firmemente que recordando hoy a Melchor Rodríguez, más allá de la medalla de honor en una ciudad que demuestra institucionalmente, a veces, todo lo contrario de lo que ahora premia, es muy importante olvidar el olvido, porque no hay acción mejor que la de recuperar de la mejor forma posible la memoria de un país, de las personas dignas de su pasado, tal y como lo aprendí de Eduardo Galeano en su escuela del mundo al revés: “Olvidar el olvido: don Ramón Gómez de la Serna contó de alguien que tenía tan mala memoria que un día se olvidó de que tenía mala memoria y se acordó de todo. Recordar el pasado, para liberarnos de sus maldiciones: no para atar los pies del tiempo presente, sino para que el presente camine libre de trampas. Hasta hace algunos siglos, se decía recordar para decir despertar, y todavía la palabra se usa en este sentido en algunos campos de América latina. La memoria despierta es contradictoria, como nosotros; nunca está quieta, y con nosotros cambia. No nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser puerto de partida, no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia: pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron”. Excelente reflexión para abrochar este pequeño homenaje a un paisano entre otros muchos dignos como él, a los que Luis Cernuda pidió desde su exilio que algunos de ellos, como por ejemplo Melchor Rodríguez, sevillano como él, merecerían siempre nuestra atención por su trabajo en vida, con amor hecho, porque “la Revolución no es matar hombres indefensos” y porque “por las ideas se puede morir, pero no se puede matar” sin sentido alguno. Extraordinaria lección.

Itzhak Perlman, interpretando el tema principal de la banda sonora de La lista de Schindler, junto a John Williams, compositor de la misma, dirigiendo la Orquesta de Connecticut.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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Elecciones Municipales 2023 / 3. Un manual imprescindible para comprender la campaña electoral

“Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho”

Quinto Tulio Cicerón, a su hermano Marco, en Breviario de campaña electoral.

Sevilla, 17/V/2023

Hace más de dos mil años, Quinto Tulio Cicerón escribió un breviario para la campaña electoral (Commentariolum Petitionis) (1) en la que su hermano Marco aspiraba al consulado de la república de Roma, en el año 63 antes de Cristo, que finalmente ganó compartiéndolo con Gayo Antonio. Su gobierno, colegiado, duraba solo un año, alternándolo cada mes y asumiendo la más alta magistratura civil y militar. Es un libro precioso que sigue vivo en su fondo y forma, salvando lo que hoy haya que salvar (mutatis mutandis) en el contexto actual de las elecciones municipales de 2023. Las consideraciones que contiene son perfectamente aplicables en estos tiempos tan modernos, porque tiene un hilo conductor entretejido en tres grandes principios que debía atender el candidato Marco: era un hombre nuevo (no tenía antecedentes sociales relevantes y tenía que saber utilizar esta condición), aspiraba al consulado (cargo de la máxima excelencia para gobernar la República) y “ésta es Roma”, es decir, debía conocer bien cómo era en su esencia el Imperio Romano, la Ciudad que tendría que gobernar: “una ciudad constituida por el concurso de los pueblos, en la que abunda la traición, el engaño y todo tipo de vicios, en la que hay que soportar las arrogancias, la obstinación, la envidia, la insolencia, el odio y la impertinencia de muchos. Creo que tiene que ser muy prudente y muy hábil el que vive rodeado de tantos hombres con vicios tan diversos y tan graves, para poder evitar la hostilidad, las habladurías, la traición, y para que una misma persona pueda adaptarse a tal variedad de costumbres, de discursos y de intenciones”.

Recomiendo su atenta lectura porque repito, salvando lo que haya que salvar, es perfectamente aplicable en cada municipio de este país, siendo conscientes de que en estos días de campaña debemos intentar conocer mejor los candidatos que preferimos, porque en relación con quienes aspiran a estos puestos relevantes, algo tan importante como una Alcaldía, por ejemplo, debemos tener constancia de que están suficientemente preparados e ilusionados con ello y, sobre todo, que deben conocer muy bien la localidad en la que ejercerán su representación máxima, que en el caso de Roma, era un reto harto difícil, con sus defectos y virtudes, acordándose siempre, para finalizar, de quienes les han confiado su voto, tal y como Quinto Tulio Cicerón recomendaba a su hermano Marco, en el citado Breviario de campaña electoral: “Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho”. Es probable que sea un revulsivo eficaz ante el Partido Abstencionista, que suele anunciarse siempre a bombo y platillo como el partido vencedor.

En definitiva, los tres enunciados expuestos anteriormente y traídos al momento actual, simbolizan algo muy importante en esta campaña electoral de 2023: se necesitan en el país y por proximidad geográfica, en Andalucía, lideres políticos “nuevos”, que aspiren a prestar un servicio público al pueblo andaluz, bajo el principio de salvaguardar el interés general ejerciendo un liderazgo honesto y que conozcan bien su situación actual: ¡ésto es España y, en mi caso, ésto es Andalucía, esto es Sevilla! Para que no se olvide, más de dos mil años después…

[1] Cicerón, Quinto Tulio, Breviario de campaña electoral, traducción de Alejandra de Riquer. Barcelona: Acantilado – Quaderns Crema, 1993.

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Elecciones Municipales 2023 / 2. Valor y precio del voto local

Sevilla, 16/V/2023

Decía Antonio Machado que todo necio confunde valor y precio (Proverbios y cantares, LXVIII), algo que también puede ocurrir a la hora de emitir un voto. Creo firmemente que la ética del voto también existe, sobre todo porque ante las próximas elecciones locales de 28 de mayo, en las que se vota al partido, federación o coalición política para elegir a los representantes legítimos en los diferentes municipios de Andalucía, se debe hacer un homenaje al suelo firme de la vida, a la solería ética que justifica todos los actos humanos, incluso el de votar. Las estrellas de ocho puntas, tan presentes en azulejos y solerías andaluzas, como la que he elegido como símbolo en la imagen de este artículo, muestran con su geometría la importancia de los edificios de base cuadrada que representan la estabilidad tanto terrenal como cósmica en la tierra, al igual que ocurre con la solería ética de la vida: “De la prolongación hacia el infinito de las líneas de esta estrella van surgiendo otras de distintos tamaños que además configuran otros cuerpos que podríamos juzgar de menor importancia, pero sin los cuales no se reproducirían periódicamente los principales” (1).

Como los mandamientos de mi infancia, todo lo que se diga en torno a estas elecciones tan controvertidas se encierra en dos decisiones extraordinarias: el voto y el respeto al interés general cuando se lleva a cabo como derecho fundamental en este país. Siempre me ha gustado asimilar la ética a la solería de nuestras casas. Así lo aprendí del profesor López-Aranguren hace ya muchos años, cuando comparaba la ética al suelo firme que justifica todos los actos humanos a lo largo de la vida: es la “raíz de la que brotan todos los actos humanos, o todavía mejor, el suelo firme que justifica dichos actos, en definitiva, una forma de vida”. Y es verdad, porque la ética no debería estar sometida a la moda o al mercado, como una mercancía más, como sucede ahora, porque bien entendida es una actitud permanente ante la vida personal y social, pública y privada, sostenida en el tiempo que corresponda vivir a cada uno, es decir, una forma de vida.

Junto al “valor” del voto, que es el hilo conductor de estas palabras, quiero también ofrecer algún detalle sobre su “precio”, que también lo tiene, según la legislación vigente y que se puede verificar con detalle en el portal web del Ministerio de Interior, dedicado expresamente a estas elecciones locales, en el apartado de subvenciones por gastos electorales de las diferentes formaciones políticas que participan en estas elecciones que, en el caso de Sevilla, por ejemplo, son 11 exactamente. Los tipos y requisitos de las mismas están regulados por la Orden de actualización de las subvenciones por gastos electorales de las elecciones locales de 28 de mayo de 2023: HFP/329/2023, de 4 de abril (BOE N.º 81 de 5 de abril), de acuerdo con la siguiente distribución:

Por resultados electorales

  • 270,90 euros por cada concejal electo.
  • 0,54 euros por voto, si se ha obtenido al menos un concejal electo.

Por envíos electorales

  • 0,23 euros por elector.
  • Solo se abona dicha cantidad en los municipios en que se obtiene representación.
  • La candidatura debe presentar listas en el 50% de los municipios de más de 10.000 habitantes.
  • La candidatura debe obtener representación, al menos, en el 50% de dichos municipios.

Asimismo y hablando de gastos electorales, es importante conocer también que de conformidad con el artículo 193.2 de la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General, el límite de gastos electorales para elecciones municipales es:

  • El resultante de multiplicar 0,11 euros por el número de habitantes correspondiente a la población de derecho de las circunscripciones donde presente candidatura cada formación.
  • Las formaciones que concurran en, al menos, el 50% de los municipios de una misma provincia, podrán gastar además otros 150.301,11 euros en cada provincia en la que cumplan esta condición.

En pocas palabras, debo tomar conciencia de que mi voto a un partido, supone un coste para el erario público de 270,90 euros por cada concejal electo y 0,54 euros por mi voto, si el partido o agrupación votada obtiene al menos un concejal electo, más 0,23 euros como elector y como habitante de mi municipio donde el partido al que voto presenta la candidatura correspondiente. El gasto de mi voto se eleva, en definitiva, a 0,77 euros como precio base adjudicado por la legislación vigente, sin contar la parte proporcional que me corresponde por la logística general de esta convocatoria electoral en el ámbito local. Es cuestión de coger una calculadora y tomar conciencia de lo que supone el gasto electoral en todo el país o, como es el caso de mi circunscripción electoral de Sevilla, es decir, lo que finalmente costarán estas elecciones en relación con las 11 candidaturas que participan en ellas, detalles que se pueden obtener consultando el portal oficial de estas elecciones locales. Explicados estos datos, queda claro que lo verdaderamente importante para mí es el valor incalculable del voto que deposito en la urna correspondiente, sobre todo cuando se respeta el interés general de las personas que habitan en esta ciudad en la que Stefan Zweig llegó a decir que en ella «se podía ser feliz» y la atención preferente a los que menos tienen, algo que en Sevilla es una realidad lacerante por los datos de su pobreza severa y exclusión social.

Hace bastantes años, cuando nacía la Andalucía nueva, me comprometí ideológicamente con la colaboración en prensa mediante artículos de opinión, que querían trascender la definición que siempre había conocido sobre este tipo de escritura en el Diccionario de la Lengua Española: escrito de mayor extensión que se inserta en los periódicos. Viajaban hasta la rotativa con la ilusión de crear estado de opinión en busca de la teoría crítica. Pasados los años, creo que no han perdido frescura y en esta nueva forma de conectar con el mundo de forma celular, busco nuevos espacios de compromiso para hacernos más libres y más inteligentes. En este caso, con mi Ayuntamiento de Sevilla, tan necesitado de credibilidad diaria para defender a los nadies, a los que menos tienen, con barrios que claman al cielo su pobreza severa. Visto lo anterior en la dialéctica simbólica del valor y precio de mi voto municipal concreto, que no es inocente, traigo a colación de nuevo un artículo que publiqué hace 40 años exactamente en el diario ODIEL, en Huelva, que llevaba por título “Ética del Municipio” (viernes, 27 de mayo de 1983), en pleno ecuador de mi vida. Hoy, vuelvo a recuperar aquellas palabras, en un contexto diferente, pero leído entrelíneas y salvando lo que hay que salvar, es lo que desearía reafirmar de nuevo de forma sencilla, donde como ciudadano que va a votar, con creencias y con una clara conciencia de la ética del voto, cambiaría muy poco de aquellas palabras escritas con pensamiento y sentimiento, con mucha más fuerza que el viento, en la clave de Rafael Alberti, a quien tanto leía y seguía en aquellos días, porque un voto sin pensamiento y sentimiento es eso, un voto, un papel. Estos son mis principios de la ética del voto y si no gustan, no tengo otros.

Esta nueva lectura, actualizada, consiste en este momento en adaptar determinadas palabras por su necesaria actualización de texto y contexto. Nada más.

Dicen los principios éticos más ortodoxos, que la «cosa», la plata, por ejemplo, sólo sirve cuando es para las personas. La plata en sí no es nada, porque el valor se lo ha dado el ser humano. En este caso, el voto, el «papel» que se utiliza en las papeletas sólo sirve para la persona, porque en sí tampoco vale nada. ¿A qué viene esto? Sencillo. Comenzamos una nueva etapa municipal y no vendría mal adentrarse en un mundo olvidado con frecuencia: la ética municipal.

Las bases éticas nacen en cada persona. En cualquier persona en su condición, ahora, de ciudadana. Las raíces de la conducta no son debidas en principio a unas normas establecidas, sino a la posibilidad de ser persona. Luego partimos del ser humano y su conducta. No son las manos las que votan, sino toda la persona la que vota. Y ese ciudadano deposita en un papel su persona «votando». Una persona que, en principio, confía (o debe confiar) en un programa, en unas personas, en una ideología, en un progreso, etc. Y esa persona quiere ser escuchada en su silencio, a veces, de los sin voz. Porque el silencio de la urna existe ante los ruidos propagandísticos. En pocos centímetros de papel una persona se proyecta y proyecta la sociedad. Sueña con unir muchos papeles y así, casi pegados, afirmar conjuntamente que se cree en la posibilidad de ser pueblo y ser escuchado.

El problema ético nace cuando se rompen o pierden los papeles, nunca mejor dicho. El símbolo de la papelera es el fantasma que recorre las mentes de los que votan. Y el recuerdo de ese acto debe estar presente, de forma cautelar, en las mentes de los elegidos democráticamente. Cada voto representa a una persona eligiendo y elegir es la posibilidad más seria de libertad que podemos gozar. La actitud ética del respeto al voto se constituye condición sin la cual no se puede hacer política de Estado, de la Comunidad correspondiente o del Municipio.

Otro principio ético municipal es el del respeto a la razón por un sentido de responsabilidad. La razón es humana y no tiene color. Sí, por el contrario, ideología y personas. Ya ha demostrado la historia de forma suficiente que «ninguna ideología es inocente», como señaló Lukács. Y la ideología simbolizada en programas políticos ha perdido su inocencia de base. Pero eso no es «malo», para que nos entendamos. Perder la inocencia para ser responsable, es «bueno». Y ser responsable conlleva, por un lado, conocer la «cosa» política (programa, por ejemplo…), el contenido de la acción y, además, ser libre para decidir en nombre de unos votos. Conocimiento y libertad, se constituyen así en elementos imprescindibles para ejercer el sentido de responsabilidad, es decir, de «respuestabilidad» (valga la expresión) ante situaciones políticas de la Comunidad muy puntuales. Arreglar una calle, poner farolas, hacer carreteras, acordarse de los nadies o estudiar los impuestos desde la perspectiva del interés general, en si no son nada, sino que conocidos que son «para cada persona», para el ciudadano, valen, en el mejor sentido de la palabra.

Por último, el tema de llevar o no razón política: «La razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y, por tanto, impulsándola o entorpeciéndola» (2). Lo que pretende la razón municipal es reflejar la situación social de un Estado, una Comunidad Autónoma, una ciudad, de un pueblo; eso sí, teniendo las ideas claras, porque de lo contrario se puede llegar a estropear la construcción de un sentimiento ciudadano de crecimiento, progreso y desarrollo. Tener las ideas claras, también es punto de partida ético imprescindible en la política municipal. ¿Por qué? Sencillamente porque es búsqueda de verdad, criterio ético que, a pesar del paso del tiempo, siempre se sitúa como conquista. Y es que la verdad está en la «cosa», como decíamos al principio, en ese papel alargado con nombres y apellidos, que es mi voto.

Solo he cambiado algunas palabras para respetar la perspectiva de género y el contexto de las próximas elecciones municipales. En aquellos años en los que escribí el artículo de ODIEL se utilizaba siempre el vocablo “hombre”, para caracterizar una representación del ser humano. Hoy, lo cambio por personas. El próximo 28 de mayo iré a votar, como siempre, procurando no confundir el valor y el precio de mi voto, eligiendo de forma clara al partido que entiendo que se compromete con la ética política y pública en todos sus niveles, porque todos los partidos políticos no son iguales. Quien defiende el mercado puro y duro, la austeridad y abrocharse permanentemente el cinturón, defiende normalmente las mercancías en todos los niveles de la vida y la ética no suele aparecer por ningún sitio, porque compromete y mucho. Además, suele convivir mal con el capital. Es más, estoy convencido de que no se pueden diseñar programas políticos éticos, si no se conoce qué significa esa palabra, ética, en las vidas de los que los diseñan y después los representan. Y esa situación, cada voto lo debería tener en cuenta.

(1) García Marín, José Manuel, Azafrán, Barcelona: Roca Editorial de Libros, 2005.

(2) Luckács, G, El asalto a la razón, Barcelona: Grijalbo, pág. 5, 1976.

NOTA: La imagen representa un fragmento de solería árabe con estrella de 8 puntas más crucetas con estrella vidriada.

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Elecciones Municipales 2023 / 1. ¿Qué hay de verdad en los programas políticos?

Selección de programas oficiales de seis partidos que participan en las elecciones municipales, de 28 de mayo de 2023 – CiudadanosIzquierda Unida, Partido PopularPodemos, PSOEVOX

Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad

Michael Ignatieff, Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política

Sevilla, 15/V/2023

Desde la amura de babor -no inocente la posición- de esta carabela imaginaria, ”La isla desconocida” (Saramago, dixit), un cuaderno de derrota en definitiva para hacer la singladura de la vida, utilizando el lenguaje del mar, comienzo hoy una nueva serie dedicada a las próximas elecciones municipales, porque creo que son una oportunidad para poner orden y concierto en la democracia de este país, en un nivel local, el de los municipios, donde se lleva a cabo la política de proximidad de atención al interés general de la ciudadanía. No es la primera vez que abordo la importancia de los programas políticos para conocerlos a fondo y poder emitir después juicios bien informados. Quien siga de cerca este cuaderno digital sabe que es un clásico popular que abordo siempre en tiempos electorales de cualquier ámbito en el país, porque ahora más que nunca partimos de un principio de realidad que asola nuestras vidas: estamos instalados en las falsas noticias, falsas declaraciones, acusaciones falsas y así sucesivamente sin solución de continuidad, que se amplifican en las redes sociales de cualquier marca, contaminadas por la mentira despiadada, caiga quien caiga y cueste lo que cueste a nivel personal.

Ante la campaña electoral en general, que comenzó el pasado viernes, acudo a una de mis preguntas habituales en este cuaderno digital que busca encontrar islas desconocidas en la política verdadera: ¿los programas políticos tendrían que incorporar en sus índices, la llamada de atención sobre la ficción que encierran en sí mismos? Vuelvo a leer una obra de Vargas Llosa que leí en 2016, La verdad de las mentiras, para comprobar si a través de la palabra literaria puedo encontrar la verdad que no encuentro en la realidad política actual: la ficción literaria, dice él, es por sí sola “una acusación terrible contra la existencia bajo cualquier régimen o ideología: un testimonio llameante de sus insuficiencias, de su ineptitud para colmarnos. Y, por lo tanto, un corrosivo permanente de todos los poderes, que quisieran tener a los hombres satisfechos y conformes. Las mentiras de la literatura, si germinan en libertad, nos prueban que eso nunca fue cierto. Y ellas son una conspiración permanente para que tampoco lo sea en el futuro”. No es que Vargas Llosa sea santo de mi devoción, pero suelo separar en mi vida la paja del heno sin demonizar a nadie, porque nada humano me es ajeno. Incluso el neoliberalismo, para analizarlo y denunciar sus pies de barro cuando tiene poco que ofrecer a los que menos tienen.

Si nos dijeran la verdad mentirían”, escribí después de las elecciones generales en España en diciembre de 2015 y finalizaba con una reflexión sobre la que vuelvo a hacer hoy una operación rescate para comprobar si a través de mis palabras encuentro sentido a esta verdad que nos corroe en la película real del día a día: “El problema radica también en que estamos sobrepasados por experiencias políticas pasadas, enmarcadas en mentiras que parecían en el mejor de los casos verdades a medias, muy lejos del interés general. Ahora hace falta altura de miras, sensatez extrema, diálogo donde la búsqueda de la verdad sea un esfuerzo común, guardándose cada uno la suya en aquello que no une, no toda la verdad, aunque comprendamos ahora mejor que nunca algo que experimentó en su experiencia vital el gran político canadiense Michael Ignatieff en su frustrada carrera hacia la presidencia de su nación: “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”. Porque si no, solo nos quedará en nuestro pensamiento y sentimiento una reflexión […] que se podría convertir los próximos días en trending topic popular a todas luces: si nos dicen la verdad (algunos políticos, no todos), mentirían. Aprendiendo con humildad de la paradoja de Epiménides, cuando afirmó que todos los cretenses eran unos mentirosos, porque casualmente…, él también lo era”.

Necesitamos leer programas que contengan verdad verdadera que emerja sobre todas las querellas más o menos criminales en torno a las personas que trabajan en política y elaboran programas electorales, porque muchas personas están convencidas de que en política se miente continuamente: “los políticos, mienten más que hablan” y sus programas, en campaña electoral, dan buena fe de ello. Es una realidad flagrante, que solo se puede combatir si el poder político en todas sus escalas se instala de una vez por todas en la verdad, teniendo una clave machadiana contundente al respecto: “¿Tu verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”. La izquierda lo sabe y en esta campaña debería cundir el ejemplo, segundo a segundo, de que se instala definitivamente en la verdad política, en la credibilidad, no en la ficción política, meramente literaria, de la que hablábamos anteriormente y que también existe.

En el contexto expuesto anteriormente y para que se aplique el principio de realidad sobre las verdades políticas, adjunto los programas-marco de seis partidos representativos en estas elecciones municipales en todo el país y, por extensión, obviamente, Andalucía, sin interpretación alguna por mi parte para no contaminar a quien lea estas reflexiones “políticas”, figurando por estricto orden alfabético de su denominación o siglas: CiudadanosIzquierda Unida, Partido PopularPodemos, PSOEVOX. De todas formas, me van a permitir que exprese algo muy claro en relación con mis principios porque, de verdad, no tengo otros, a diferencia del eufemismo de Groucho Marx: todos los programas no son iguales, ni todos respetan el interés general, con especial atención al Estado de Bienestar o, dicho de forma más cercana, a la Comunidad Andaluza del Bienestar. Por tanto, creo que es una obligación ética leerlos en todas y cada una de sus páginas para poder emitir un voto bien informado, para poder profundizar posteriormente en datos concretos de cada campaña local.

Leídos por mi parte los programas citados, a excepción del de VOX, porque me tenía que registrar obligatoriamente en su página web oficial para poder descargarlo y, francamente, no se me apetece hacerlo y figurar en sus archivos digitales, en la medida de lo posible, me reafirmo en algo que es hilo conductor en mi vida “política”, como ciudadano que habita una ciudad, la “polis” griega: los nadieslos hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, a los que siempre defendió Eduardo Galeano, están siempre en su sitio y pocos partidos los representan y escriben sobre ellos, porque todos no son ni somos iguales. No olvido algo que se pudo constatar el año pasado, con datos del Instituto Nacional de Estadística, en esta ciudad, en el Informe sobre Indicadores Urbanos 2022, que me sigue produciendo profunda tristeza y desazón, porque Sevilla sigue ocupando un lugar destacado en la relación de los barrios con menor renta del país, en concreto los dos primeros puestos, que corresponden a las zonas 5-A (barrio Polígono Sur del distrito Sur) y 4-E (barrios de Los Pajaritos y Amate del distrito Cerro-Amate), ambas en Sevilla capital, aunque lo verdaderamente preocupante es que en esta “lista” del INE, figuran seis barrios más de Sevilla, Colores-Entreparques, en cuarto lugar, La Oliva-Letanías, Juan XXIII y Polígono Norte, en decimotercer lugar), algo que debería movilizar con carácter de emergencia social y preferente las respuestas públicas a esta situación en las próximas elecciones municipales en esta ciudad, teniendo en cuenta globalmente, en este listado, que de las quince localidades señaladas, de mayor pobreza en todo el país, once pertenecían a Andalucía.

Tampoco lo olvidaré a la hora de votar el próximo 28 de mayo, navegando en mi patera ética por la memoria histórica y democrática de Andalucía, porque todos los programas políticos no son iguales, ni los representantes de los mismos tampoco. Llegado a puerto, la amarraré al noray ético de mi vida, que también existe. Hasta el próximo viaje hacia alguna parte de la nueva política en el ámbito municipal ahora, que espero con la ardiente paciencia de Neruda a pesar de su fragilidad extrema.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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Preguntas de Mayo en un mundo al revés/ y 10. ¿Dónde están el niño o la niña que fuimos?


Sevilla, 14/V/2023 (actualizado sobre el publicado en la serie original, Preguntas de Mayo, el 20/V/2021).

Finalizo hoy una serie de artículos dedicados al inmenso mar de las preguntas en un tiempo, como el actual, lleno de dudas para vivir dignamente. He vuelto a leer una obra póstuma de Neruda, Libro de las preguntas(1), muy querida y presente en mi biblioteca del alma, escogiendo a lo largo de esta serie y hasta hoy algunas que resultan inquietantes cuando te aproximas a las cosas de personas mayores, porque ya no vivimos las cosas de niño, recordando aquella hermosas palabras de un viajero incansable, Pablo de Tarso, en su primera alocución a los Corintios (13, 11): «Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño».

Acudo hoy de forma diligente a ese conjunto de preguntas de Neruda en su preciado libro, concretamente cinco, deteniéndome especialmente en el capítulo 44 (XLIV), en torno a su niñez:

¿Dónde está el niño que yo fui,
sigue adentro de mí o se fue?
¿Sabe que no lo quise nunca
y tampoco me quería?
¿Por qué anduvimos tanto tiempo
creciendo para separarnos?
¿Por qué no morimos los dos
cuando mi infancia se murió?
¿Y si el alma se me cayó
por qué me sigue el esqueleto?

Es importante recordar el niño o niña que fuimos, indagando en la memoria de hipocampo si continúa o no junto a nosotros, como hilo conductor de la primera de estas preguntas. Ya digo que desde la perspectiva de la ciencia del cerebro allí está, en el hipocampo, quizás en una espera tocada de ese caballito de mar inquieto por la ardiente impaciencia de ser recuperada a tiempo. La segunda es más desconcertante porque responde a la compleja niñez de Neruda, muchas veces citada en su obra. ¿Puede ser ahora un buen momento para recordarla? Cada uno, cada una sabe cómo fue y lo importante es no despreciarla o pasar por alto al buscarla en la estructura compleja de nuestro cerebro, porque también está allí.

La tercera pregunta es quizá la más desconcertante porque es la declaración del desgarro humano por el crecimiento en dos caminos que siempre se bifurcan, aunque siempre he creído que siguen caminando en paralelo sin que la niñez entre nunca en vía muerta. Los aprendizajes de la niñez rediviva lo demuestran en un sentido o en otro. La intensidad de las preguntas sube en el cuarto interrogante: ¿Por qué no morimos los dos / cuando mi infancia se murió? Aquí suele contar cada uno como le ha ido la vida o la feria (de la vida). ¡Cuántas veces añoramos la niñez por ello!, porque la niñez no muere en nosotros, se abandona.

La quinta y última pregunta es para mí la más profunda porque simboliza la pérdida del alma vestida de inocencia, porque es la verdadera seña de identidad de la infancia, que él explicaba muy bien a través del juego y los juguetes, como fueron siempre sus mascarones de proa y popa en su casa de Isla Negra: “El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. He edificado mi casa también como un juguete y juego en ella de la mañana a la noche”.

He vuelto a Pablo de Tarso para ver si encontraba algo para ilusionar a los que hace tiempo hemos dejado de hacer las cosas de niño y la verdad es que me ha dejado lleno de dudas: «Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido». ¿Se refiere a las creencias expuestas por José Ferrater Mora en su obra El hombre en la encrucijada, como respuestas en diferido al enigma de vivir? (2). Él decía que necesitamos tener creencias, que no podemos vivir sin ellas, y a lo largo de las páginas de su tesis existencial demuestra que el mundo ha evolucionado hacia adelante gracias a que nuestros antepasados y muchas personas contemporáneas han tenido y tienen creencias en cuatro ámbitos, juntas o por separado, de una forma u otra, da igual, pero siempre relacionadas con las Personas, la Naturaleza, Dios/dioses o la Sociedad. Así durante muchos siglos. Nos necesitamos y juntos podemos hacer camino al andar. Puede ser una buena forma de encontrarnos cara a cara con el niño o niña que fuimos y que nunca debimos abandonar para resolver el enigma de vivir dignamente.

Hasta aquí hoy, con esta serie, qué quizás nos ayude a interpretar mejor este mundo al revés, como nos lo recordaba en mis años jóvenes el poeta malagueño Rafael Ballesteros, en una composición, Ni yo tampoco entiendo, que la hizo popular el grupo Aguaviva y que lo sintetizaba en una frase que tengo grabada en mi persona de secreto: De este mundo los dos sabemos poco. Y sin embargo, estamos aquí obligatoriamente obligados a entenderlo.

(1) Neruda, Pablo (2018). Libro de las preguntas. Barcelona: Seix Barral – Planeta.

(2) Ferrater Mora, José (1965). El hombre en la encrucijada. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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Preguntas de Mayo en un mundo al revés / 9. ¿Cómo se llama el mes que está entre mayo y junio?

Pablo Neruda

Sevilla, 13/V/2023 (publicado en la serie original, Preguntas de Mayo, el 22/V/2021).

La vida está sujeta a un calendario inexorable: días, meses y años, uno tras otro, sin parar y sin caminos intermedios. Horas, minutos y segundos, uno tras otro también, perfectamente organizados y sincronizados. El refranero español, tan sabio, lo expresa de una forma especial: mayo y junio hacen un mes que el mejor del año es. Me ha sorprendido en esta ocasión la primera pregunta del capítulo 46 (XLVI) de la obra de Neruda objeto de esta serie, Libro de las preguntas, porque plantea una cuestión íntimamente relacionada con el tiempo y sus circunstancias: ¿Y cómo se llama ese mes / que está entre Diciembre y Enero? Quizás fue un día ya lejano, leyendo a Benedetti, cuando descubrí que él hablaba de cumpledías al referirse al consabido cumpleaños, como siempre, a modo de combate cuerpo a cuerpo con la vida ordinaria, con lo consuetudinario, porque ese cumpledías tiene lugar en un tiempo y en un momento particular de cada uno, “cuando en el instante en que vencen los crueles se entra a averiguar la alegría del mundo y mucho menos todavía se nota cuando volamos gaviotamente sobre las fobias o desarbolamos los nudosos rencores”.

Neruda hace una pregunta inquietante, hilvanada con otras a cual de ellas más interesante, cuando descubrimos que el calendario de nuestra vida es lo más íntimo de nuestra propia intimidad, sin casi nada que ver con el almanaque gregoriano que nos invade a través del Mercado, tan medido, tan tirano, aunque todo se presente a veces como las doce uvas de un racimo para simbolizar un año:

¿Y cómo se llama ese mes
que está entre Diciembre y Enero?
¿Con qué derecho numeraron
las doce uvas del racimo?
¿Por qué no nos dieron extensos
meses que duren todo el año?
¿No te engañó la primavera
con besos que no florecieron?

Todo es tiempo y ya lo he analizado en varias ocasiones en este cuaderno digital. Casi siempre he enmarcado mis reflexiones en torno a un tratado existencialista, Qohélet, donde se detallan veintisiete momentos cruciales del ciclo vital de cualquier persona y su entorno desarrollado con un denominador común llamado “tiempo”, en una dialéctica permanente de contrarios: nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra y paz. Es muy importante destacar que en las diferentes formas de vivir expuestas anteriormente, existen muchas realidades positivas, catorce concretamente: nacer, plantar, sanar, edificar, reír, danzar, abrazarse, buscar, guardar, coser, callar, hablar, amar y vivir en paz. Comprobamos de esta forma que la historia de las experiencias vitales humanas obedece a la búsqueda de un sano equilibrio con los tiempos difíciles de las restantes experiencias que podríamos calificar como negativas (con matices).

Quizás ha llegado el momento de interpretar el tiempo fuera de su encorsetado cronograma y primar esta búsqueda de razones positivas para vivir cada segundo de cada día, de cada mes, para que parezca que el tiempo se detiene en un ciclo que sólo tiene un nombre: felicidad, porque hay que sacar tiempo para disfrutar lo que dice Qohélet (una persona que le gusta vivir en comunidad, compartir), porque era la experiencia de sus antepasados a lo largo de los siglos, aunque para que no se nos suban los humos a la cabeza (todos podemos ser histéricos, palabra derivada de la griega “ústéra”, útero, que explica que los humos se nos suben a la cabeza y así nos va…), él nos dice que seamos prudentes a la hora de valorar las 27 experiencias de los tiempos de cada uno, de cada una, en su totalidad y entender qué significado tiene vivir, aunque sea de forma temporal propia, apasionadamente.

Con esta perspectiva, lo de menos es cuantificar el tiempo en horas y días, por ejemplo, cuando parece que se detiene “como si no pasara o se nos fuera casi sin darnos cuenta” en nuestra realidad más próxima. Comprenderemos mejor las preguntas restantes de Neruda, porque cuando somos felices, durante un tiempo, creemos que los meses duran a veces años y que la primavera de besos y abrazos necesarios puede aparecer en cualquier estación del año. O no. De ahí sus inquietantes preguntas para este mes de Mayo y la más sugerente que hago en este aquí y ahora: ¿cómo se llama el mes que está entre mayo y junio? La respuesta no está en el viento, que diría Bob Dylan, sino en la forma que tiene cada persona de interpretar el tiempo que nos pertenece y atrapa casi sin darnos cuenta.

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Preguntas de Mayo en un mundo al revés / 8. Cuando salir del túnel sigue siendo una respuesta

A quién le puedo preguntar
¿Qué vine a hacer en este mundo?

Pablo Neruda, Libro de las preguntas (XXXI)

Sevilla, 12/V/2023 (publicado en la serie original, Preguntas de Mayo, el 23/V/2021).

El artículo que sigue es un extracto adaptado del que publiqué en plena pandemia. Hoy, he respetado el núcleo de mis palabras sobre la pregunta de Neruda, ¿No será nuestra vida un túnel?, en una normalidad anormal, porque vivimos momentos políticos muy complejos y con gran afectación de la democracia. Los túneles nos lo diseñan a diario los llamados “hombres de negro”, los mediocres, los aguafiestas diversos de la vida, los políticos indecentes, los negacionistas de todo lo que se mueve, los profesionales de los silencios cómplices, pero para salir de ellos tenemos oportunidades como las que nos presentan ahora las elecciones diversas del país, al poder votar, porque todos los trenes políticos no son iguales ni los políticos que los conducen tampoco.

La mejor respuesta la escribí aquel día, porque de trajes éticos va la vida, para no ir desnudos al caminar despiertos… y poder experimentar con el voto político nuevas claridades, que tanta falta hacen.

Sevilla, 19/VI/2020

Cuando salir del túnel es una pregunta (o varias)

Para mí, salir del túnel es una pregunta… o varias, según se mire. Lo aprendí de Pablo Neruda, leyendo su precioso Libro de las preguntas, en el que me detengo hoy al llegar a la XXXV, ¿No será nuestra vida un túnel?:

No será nuestra vida un túnel
entre dos vagas claridades?

O no será una claridad
entre dos triángulos oscuros?

O no será la vida un pez
preparado para ser pájaro?

La muerte será de no ser
o de sustancias peligrosas?

El problema radica en comprender qué quiso decir Neruda al escribir estas palabras llenas de misterio. ¿Qué son las claridades? Pienso que nuestros objetivos vitales: dos, tres, muchos, truncados a veces por el llamado principio de realidad, triángulos oscuros en nuestras vidas. Entre peces y pájaros anda el juego de preguntas, aunque sabemos que somos peces o pájaros dependiendo del agua o cielo que probemos o sobrevolemos, si sabemos que son, de acuerdo con la famosa parábola de David Foster Wallace que recogió en un discurso que pronunció en 2005 en la ceremonia de graduación de los alumnos del Kenyon College (Ohio): “Van dos peces nadando por el mar y se encuentran con un pez más viejo que viene nadando en dirección contraria. El pez mayor los saluda y les dice, “Buenos días, chicos. ¿Qué tal está el agua?”. Los dos peces jóvenes siguen nadando y al cabo de un rato uno de ellos mira al otro y le pregunta, «¿Qué demonios es el agua?» Yo diría también ¿Qué demonios es el cielo? Al final del túnel, lo peor es no saber quiénes somos o si un virus peligroso puede impedir que nos hagamos estas preguntas.

Quizás encuentro la mejor respuesta a este ramillete de preguntas en la inmediatamente anterior del libro citado, la XXXIV: Con las virtudes que olvidé, ¿me puedo hacer un traje nuevo?

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Preguntas de Mayo en un mundo al revés / 6. ¿Es verdad que las esperanzas deben regarse con rocío?

¿Cuántas iglesias tiene el cielo?
¿Por qué no ataca el tiburón a las impávidas sirenas?
¿Conversa el humo con las nubes?
¿Es verdad que las esperanzas deben regarse con rocío?

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, IV

Sevilla, 10/V/2023 (publicado en la serie original, Preguntas de Mayo, el 25/V/2021).

El capítulo IV del Libro de las preguntas plantea cuatro interrogantes muy llamativos que pueden tener respuesta dependiendo del color del cristal con el que se miren. De las cuatro, me quedo hoy con la cuarta porque en tiempos de coronavirus hay que buscar apasionadamente las esperanzas, tantas como ilusiones y sueños tengamos en la actualidad, aplicando indefectiblemente el principio de realidad, pero siendo conscientes de que necesitan “regarse con rocío” constantemente. Su ideología no era inocente, como militante del partido comunista chileno, según he manifestado en reiteradas ocasiones en este cuaderno digital al citar al filósofo neomarxista Georg Lukács (1885-1971), en El asalto a la razón: “[…] no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y, por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1).

Hace 44 años escribí un artículo sobre un gran teórico de la esperanza, Ernst Bloch, porque siempre ha sido una virtud que he cuidado en mi azarosa vida, en una permanente búsqueda de islas desconocidas. Decía en aquella ocasión que cuando muere un filósofo, el ser humano [él decía “hombre”, en un contexto filosófico universal del ser humano] se resiente, porque es algo parecido a que la vida se roba sabiduría a sí misma. La obra de Ernst Bloch, me obligaba en mi juventud, de una forma u otra, a recordar algunas reflexiones suyas que todavía hoy aportan luz en el camino de búsqueda de la verdad a través de la esperanza. Bloch, por encima de teorías y prácticas, era filósofo. Su espíritu abierto y en camino le hizo adoptar una postura de sabio ante un mundo pluriforme. Era hijo de su época y debido a su experiencia frente al irracionalismo, su filosofía se hace más auténtica, más veraz. En definitiva, su marxismo era muy puro, bien estructurado, enormemente esperanzador. Aquí radica la quintaesencia de su doctrina: concebir la esperanza como principio humano para vivir la trascendencia, es decir, la posibilidad permanente de que el ser humano se realice plenamente en comunión con otros.

Para esto es necesario, por encima de todo, vivir una fe secular con la fuerza del mensaje mesiánico que aporta el marxismo. Para Bloch, el primer fallo del marxismo llamado oficial radica en su negación de la religión como dínamis, como fuerza arrolladora que es capaz de saciar el hambre de realización personal que tiene todo ser humano. Es un planteamiento idealista, pero quizá el único camino. Bloch insiste en la profundización del marxismo como idealismo impregnado de realidad, que lleva a la revolución social dentro de unos parámetros humanos, no estrictamente materiales. Planteamos así una perspectiva de futuro donde el ser humano es el gran artífice del mundo, sirviéndose de la naturaleza, de los valores morales e incluso de la estética. Indicaba también, que no debemos olvidar su conexión con el pensamiento de Georg Lukács. La realidad analizada por Bloch no es un todo presente, ya hecho. Si existe la realidad es gracias a un proceso (ya, pero todavía no). Y si hay proceso, hay pasado, presente y futuro. Este futuro-presente es, para Bloch, la autoconciencia.

Esta realidad-futuro-presente es dialéctica y asume sus limitaciones propias. La filosofía sería la encargada de transformar el mundo de la dialéctica sujeto-objeto, llevando al hombre al autoconvencimiento de la necesidad de desaparición del proletariado: “La filosofía no puede realizarse sin la supresión del proletariado y el proletariado no puede autosuprimirse sin que se realice la filosofía”. En un mundo dominado por la economía, Bloch se admira del poder intelectual y cultural como agentes transformadores de la sociedad, donde el ser humano, una vez más, es el centro por la asunción de su conciencia. Frente al principio materialista de Marx de que la realidad social determina la conciencia del hombre, Bloch presenta a la conciencia individual del hombre como determinante de la historia y de su historia, enfrentándose cotidianamente con la insatisfacción humana vivida en necesidad y negación. Por ello, el ser humano lucha por alcanzar su plenitud. El hecho es que todavía no la ha alcanzado. Esta “hambre cósmica” se experimenta en el deseo de alcanzar un sentido pleno de la vida: “La sustancia, la materia humana no está todavía ni determinada ni completa sino que se halla en un estado utópico abierto, un estado en el que todavía no ha aparecido su auto-identidad. Por consiguiente, no sólo el existente específico, sino toda la existencia dada y aún el mismo ser tiene márgenes utópicos que rodean la actualidad con posibilidades reales y positivas”.

La esperanza surge al experimentar el ser humano que si todavía no ha alcanzado el futuro, el presente no es el fin. Y el hecho de vivir éste no le motiva para lograr la plenitud de su ser. Esta hambre es impulso cósmico y la esperanza consiste en dejarse impregnar de este impulso. El ser humano no acaba su existencia con la muerte. Aquí Bloch se separaba una vez más del marxismo oficial. Argumentaba que una lucha por un no existencial, no tendría sentido. Es necesaria, por tanto, la inmortalidad personal. El proceso de unión de almas cantará un día la sociedad sin clases, siempre y cuando el hombre no abandone la lucha en el sentido de que todo cuanto vivimos y experimentamos todavía no es la realización plena o el futuro aparentemente “utópico”.

He querido compartir hoy un principio ético llamada “esperanza”, que he mantenido en mi vida y que he ido alimentando hasta hoy de lecturas ideológicas no inocentes. El éxito filosófico de Bloch, con su teoría del principio “esperanza”, fue demostrarnos que tenemos que llegar a ser “ateos” por la gracia de Dios, es decir, hay que creer en la trascendencia sin un Trascendente alienador. Por ello, hay que rechazar de base la superstición y la mitología de la religión. Sólo así, el ser humano adquirirá su desarrollo pleno. En definitiva, permitirá regar con rocío, todos los días, las esperanzas legítimas que cada uno tiene, dando respuesta a la pregunta profunda de Neruda, aprendiendo a ser felices cada día, una experiencia de esperanza en el amor, entre otras, como hambre cósmica en tiempos de coronavirus.

(1) Lukács, G. (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 5.

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Preguntas de Mayo en un mundo al revés / 5. ¿Deberían ser obligatorios los sueños?

Recuerdo los ojos de mi esposa otra vez. Nunca veré cualquier cosa más aparte de esos ojos. Ellos preguntan.

Antoine de Saint Exupéry, en Terre des Hommes, 1939

¿Trabajan la sal y el azúcar
construyendo una torre blanca?
¿Es verdad que en el hormiguero
los sueños son obligatorios?
¿Sabes qué meditaciones
rumia la tierra en el otoño?
(¿Por qué no dar una medalla
a la primera hoja de oro?)

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, XVI

Sevilla, 9/V/2023 (publicado en la serie original, Preguntas de Mayo, el 26/V/2021).

Las fábulas han sido siempre aleccionadoras. Las hormigas han estado presentes en muchas de ellas y Esopo es el rey en este género literario, aunque Neruda no se queda atrás. En esta ocasión, hace una pregunta, ¿Es verdad que en el hormiguero / los sueños son obligatorios?, que no me ha dejado indiferente, porque una persona como yo, preocupada siempre por conocer a fondo el comportamiento humano desde la ciencia en sus múltiples ramificaciones, sabe que las hormigas son un ejemplo de inteligencia animal porque saben, desde que nacen, que han venido al mundo para resolver problemas. Si no, que se le lo digan a las cigarras. Así lo aprendí en mi carrera profesional cuando leí una obra fascinante, Sistemas emergentes, de  Steven Johnson (1), con un subtítulo que sobrecogía al recordarlo en la lectura de sus primeras páginas: O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software. Casi nada: inteligencia digital compartida.

Esto es así, porque el ser humano, las mujeres y los hombres, las niñas y los niños, tenemos el recurso principal: la inteligencia emergente, como estructura que siempre anda preocupada por organizarse espontáneamente, adaptándose permanentemente mediante retroalimentación positiva a determinadas situaciones propicias o adversas, pero con un fin común: vivir conforme a un plan que permite resolver problemas con un objetivo muy claro también: ser felices, estando obligatoriamente obligados a soñar despiertos, resolviendo de una vez por todas la pregunta de Neruda, Y la ciudad y el barrio en el que vivimos, nuestro gran hormiguero actual, es un patrón excelente para cooperar en esta búsqueda legítima de felicidad. O de infelicidad, por el urbanismo adverso, los problemas sociales y la pandemia actual, por ejemplo en la dialéctica emergente vivienda/murienda, neologismo que aprendí de un maestro que tuve en mi juventud, empeñado en ser solidario con las personas del barrio de Triana, en Sevilla, que más sufrían y menos tenían, sin capacidad alguna para soñar en aquellas fechas.

Es emergente esta inteligencia comparada con las hormigas porque se demuestra que lo que ocurre en las ciudades nunca nos es ajeno. Existen patrones escritos desde hace millones de años y las ciudades se reinventan permanentemente: “¿por qué ha triunfado el superorganismo de la ciudad sobre otras formas sociales? Como en el caso de otros insectos sociales, hay varios factores, pero uno crucial es que las ciudades, como las colonias de hormigas, poseen una inteligencia emergente: una habilidad para almacenar y recabar información, para reconocer y responder a patrones de conducta humanos. Contribuimos a esa inteligencia emergente, pero para nosotros es casi imposible percibir nuestra contribución porque vivimos en la escala incorrecta” (2).

La emergencia es la evolución de reglas simples a complejas: las hormigas crean colonias. Ahí están. Las personas que habitan una ciudad crean barrios siempre, los nuevos hormigueros. Ahí están. El software aprende a reconocer patrones siempre que se le den las instrucciones precisas. La inteligencia está en la base de los cerebros humanos, los que permiten hacer más simple la vida para vivir mejor. Y emergen hacia el exterior, naciendo, saliendo y teniendo principio siempre de otra cosa, en la interpretación que la Real Academia da a estos vocablos sobre emergencia y construidos de la misma forma.

Tenemos que pensar que la hormigas son sabias, fundamentalmente porque hay especies en las que la longevidad es su seña de identidad, enseñando las reinas, a las más jóvenes, muchas cosas de la vida. Precisamente, la longevidad es el resultado de que siendo tantas se organicen perfectamente, porque científicamente se ha demostrado que viven como un grupo, trabajan para el grupo, colaboran, se protegen, se ayudan, hasta pueden fabricar medicamentos para evitar que ciertas bacterias se propaguen en el interior de una colonia. Es lo mismo que ocurre con el ser humano, en sus ciudades y barrios, los hormigueros de hoy día, intentando recuperar la normalidad después de la amarga experiencia de la pandemia actual que asola el mundo.

Es verdad lo manifestado por Neruda y propongo una respuesta solidaria a su pregunta: estamos obligatoriamente obligados a soñar en nuestras ciudades y barrios hormigueros para que el viaje de la vida sea siempre hacia alguna parte feliz de nuestra existencia, porque tenemos un recurso que intentan controlar como mercancía los hombres de negro (dueños del Gran Supermercado del Mundo), que se llama inteligencia emergente. Debemos conocerla bien y compartirla juntos con «tu puedo y mi quiero» de cada día, porque forma parte de nosotros desde el momento precioso en el que nacimos y porque nos acompaña siempre como lo más íntimo de nuestra propia intimidad, para ayudarnos a resolver los problemas diarios de la vida. Al fin y al cabo, vivir es soñar.

Audio de Mario Benedetti recitando Vamos juntos

(1) Johnson, S. (2003). Sistemas emergentesO qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software. Madrid: Turner-FCE.

(2) Johnson, S., Ibídem, p. 90.

NOTA: la imagen es un fragmento de una fotografía de Man Ray, Le somneil, realizada en 1937 y en la que aparecen Consuelo de Saint-Exupéry (esposa-rosa del autor de El principito, tan de actualidad siempre) y Germaine Huguet, que figuraba en el programa oficial de una exposición sobre El surrealismo y el sueño, celebrada en Madrid, en 2014 en el Museo Thyssen-Bornemisza.

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Preguntas de Mayo en un mundo al revés / 4. ¿Hasta cuándo hablan los demás si ya hemos hablado nosotros?

¿Hasta cuándo hablan los demás
si ya hemos hablado nosotros?

Pablo Neruda, El libro de las preguntas, XI

Sevilla, 8/V/2023, (publicado en la serie original, Preguntas de Mayo, el 27/V/2021)

Quien hojea este cuaderno sabe que tengo un respeto reverencial al silencio, aprendido por muchos reveses de la vida y porque he sentido cansancio existencial al haber escuchado a la altura de mi película vital determinadas cosas que hubiera preferido no escucharlas nunca. Me gustaría hacer un paralelismo de la pregunta de Neruda y cambiar la palabra hablar por callar: ¿Hasta cuándo callan los demás si ya hemos callado nosotros? Creo que sería una buena respuesta sintetizada en el silencio y en el diálogo como corolario suyo, tal y como lo expresó de forma magistral Antonio Machado: para dialogar, preguntad primero; después… escuchad. Pero ahora no es así, porque hablan los demás, hablamos nosotros y asistimos a una nueva Babel en la nueva normalidad, repitiendo los mismos fallos que en la antigua, porque hablamos y hablamos pero no nos entendemos. Ni los de arriba, ni los de abajo, ni los de la derecha, ni los de la izquierda. No hay forma humana de entendernos cuando estamos obligatoriamente obligados a hacerlo, como nos lo recordaba en mis años jóvenes el poeta Rafael Ballesteros, en una composición, Ni yo tampoco entiendo, que la hizo popular el grupo Aguaviva y que lo sintetizaba en una frase que tengo grabada en mi persona de secreto: De este mundo los dos sabemos poco. Y sin embargo, estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo.

Este país va por unos derroteros de hablar todos sin parar y no callar nadie, dando igual lo que se diga, aunque asistimos a un fenómeno muy peligroso de contrarios, porque el silencio, cuando se produce, emerge como si se hubiera instalado en la complicidad anónima que no defiende a nada y a nadie, aunque veamos las mayores tropelías en nuestro mundo de alrededor, en un gesto mafioso que pensándolo bien es una lacra social que va ganando puntos a diario. No nos han enseñado a callar con dignidad. Por no hablar de los opinadores mayores del reino, colaboradores televisivos y supuestos líderes de opinión, más bien del cotilleo indecente, una nueva plaga que se extiende como una mancha de aceite y se pasan todo el día hablando por tierra, mar y aire de lo divino y de lo humano más rastrero, caiga quien caiga y cueste lo que cueste decirlo porque les resulta gratis total en sus conciencias y en sus silencios cómplices.

Con este panorama tan mediocre y preocupante, acudo una vez más a mi clínica del alma, es decir, mi biblioteca, para rescatar urgentemente un libro precioso, El arte de callar (1), recordando el primer principio de ese arte, Sólo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio, y el decimocuartoEl silencio es necesario en muchas ocasiones, pero siempre hay que ser sincero; se pueden retener algunos pensamientos, pero no debe disfrazarse ninguno. Hay formas de callar sin cerrar el corazón; de ser discreto, sin ser sombrío y taciturno; de ocultar algunas verdades sin cubrirlas de mentiras”. En definitiva, ética cerebral y social del silencio y preparación para el diálogo, en una actitud donde hablar ocupa su auténtico lugar, preguntando primero y escuchando después hasta el momento en que rompamos ese silencio porque lo que tenemos que decir es mucho más valioso que mantenernos callados.

Escribo hoy estas líneas, como vengo haciendo a lo largo de estos diecisiete años de vida del blog, porque creo que tengo que decir cosas más importantes que el silencio y porque necesito diferenciar el heno de la paja de lo que se dice e informa a diario, reteniendo algunos pensamientos, pero no disfrazando ninguno. También, porque creo en el diálogo, pero con dos fases muy claras e inalienables: preguntar siempre antes de hablar y escuchar después. Los demás hablarán siempre conmigo o para mí, si antes he hablado en ese momento clave a través de mi silencio que pregunta y escucha. No lo olvido.

(1) Dinouart, A., El arte de callar. Madrid: Siruela (4ª ed.), 2003.

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