Cuaderno de campaña / 14. Hay que atraer a los indecisos en la recta final

“Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho”

Quinto Tulio Cicerón, a su hermano Marco, en Breviario de campaña electoral.

Sevilla, 19/VII/2023

No nos engañemos: ¡entre personas indecisas y abstencionistas anda el resultado final de estas elecciones generales! Siempre ha ocurrido mientras que el mundo es eso, mundo, como demuestra el hecho de que ya se hablaba de ello en el siglo I antes de Cristo, hace más de dos mil años, cuando Quinto Tulio Cicerón escribió un breviario para la campaña electoral (Commentariolum Petitionis) (1) en la que su hermano Marco aspiraba al consulado de la república de Roma, en el año 63 antes de Cristo, que finalmente ganó compartiéndolo con Gayo Antonio. Su gobierno, colegiado, duraba solo un año, alternándolo cada mes y asumiendo la más alta magistratura civil y militar. Es un libro precioso que sigue vivo en su fondo y forma, salvando lo que hoy haya que salvar (mutatis mutandis) en el contexto actual de las próximas elecciones generales a celebrar el 23 de julio.

Las consideraciones que contiene son perfectamente aplicables en estos tiempos tan modernos, porque tiene un hilo conductor entretejido en tres grandes principios que debía atender el candidato Marco: era un hombre nuevo (no tenía antecedentes sociales relevantes y tenía que saber utilizar esta condición), aspiraba al consulado (cargo de la máxima excelencia para gobernar la República) y “ésta es Roma”, es decir, debía conocer bien cómo era en su esencia el Imperio Romano, la Ciudad que tendría que gobernar: “una ciudad constituida por el concurso de los pueblos, en la que abunda la traición, el engaño y todo tipo de vicios, en la que hay que soportar las arrogancias, la obstinación, la envidia, la insolencia, el odio y la impertinencia de muchos. Creo que tiene que ser muy prudente y muy hábil el que vive rodeado de tantos hombres con vicios tan diversos y tan graves, para poder evitar la hostilidad, las habladurías, la traición, y para que una misma persona pueda adaptarse a tal variedad de costumbres, de discursos y de intenciones”. Sirva como botón de muestra también, la siguiente recomendación en campaña electoral: “Por otra parte, dado que hay tres cosas en concreto que conducen a los hombres a mostrar una buena disposición y a dar su apoyo en unas elecciones, a saber, los beneficios, las expectativas y la simpatía sincera, es preciso estudiar atentamente de qué manera puede uno servirse de estos recursos. En los más pequeños beneficios, los hombres encuentran motivo suficiente para apoyar a un candidato”.

Recomiendo, una vez más, su atenta lectura porque repito, salvando lo que haya que salvar y respetando su contexto histórico romano, es perfectamente aplicable en este país en algunas de sus recomendaciones, no todas evidentemente, siendo conscientes de que en estos días de campaña debemos intentar conocer mejor los candidatos que preferimos (los de toga blanca, toga candida, para distinguirse de los demás), porque en relación con quienes aspiran a estos puestos relevantes, algo tan importante como la Presidencia del Gobierno, debemos tener constancia de que están suficientemente preparados e ilusionados con ello y, sobre todo, que deben conocer muy bien el Estado en el que ejercerán su representación máxima, que en el caso de Roma, era un reto harto difícil, con sus defectos y virtudes, con el efecto halo imperial que conllevaba en su época, acordándose siempre, para finalizar, de quienes les han confiado su voto, tal y como Quinto Tulio Cicerón recomendaba a su hermano Marco, en el citado Breviario de campaña electoral“Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho”. Es probable que sea un revulsivo eficaz ante el Partido Abstencionista, que suele anunciarse siempre a bombo y platillo como el partido vencedor.

En definitiva, los tres enunciados expuestos anteriormente y traídos al momento actual, simbolizan algo muy importante en esta campaña electoral de 2023: se necesitan en el país lideres políticos “nuevos”, en el sentido del Breviario, que no les pesen sus mochilas políticas, sino que les sirvan para demostrar el trabajo bien hecho; que aspiren a prestar un servicio público al “pueblo español”, el que cita expresamente la Constitución como sede de la soberanía nacional, bajo el principio de salvaguardar en la próxima legislatura el interés general, ejerciendo un liderazgo honesto. Por último, que conozcan bien la situación actual del país: ¡ésta es España!, tan dual y cainita, para que nunca más se vuelva a helar el corazón de una de las dos, de los niños y niñas que vienen ahora al mundo, los españolitos de Machado, que algunos partidos se empeñan en resucitar. Para que no se olvide la importancia y el deber de participar en estas elecciones próximas, mediante el voto, al recordar hoy una campaña electoral exitosa, más de dos mil sesenta y tres años después, en la que los indecisos fueron tenidos muy en cuenta, situación que demostró su ayuda final a Marco Tulio Cicerón frente a sus rivales más directos.

[1] Cicerón, Quinto Tulio, Breviario de campaña electoral, traducción de Alejandra de Riquer. Barcelona: Acantilado – Quaderns Crema, 2011.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Cuaderno de campaña / 12. Los empleados de Correos merecen el mismo respeto que Mario, el cartero de Neruda

Sevilla, 18/VII/2023

Si la cultura nos enseña las mejores muestras de lo que significa la interpretación de la vida diaria, sé que Antonio Skármeta lo expresó de forma maravillosa en una obra, Ardiente paciencia, adaptada más tarde en un guion impecable para una película inolvidable, El cartero (de Pablo Neruda), rodada en una playa especial de una isla de nombre Pozzo Vecchio, conocida desde entonces como Playa del cartero, situada en Procida (Nápoles), donde se rodó una de sus escenas de más intensidad humana, en la que el cartero Mario (Massimo Troisi) y Beatriz (Mariagrazia Cucinotta) se encuentran por primera vez y se enamoran, lo que le presta un efecto un halo especial.

Sé que la isla Procida sí se conoce en el mundo del turismo insular de mercado, pero para mí era completamente desconocida, al igual que las islas a las que canta Saramago en un cuento preferido por mi persona de secreto, El cuento de la isla desconocida, hilo conductor de este blog o cuaderno digital, como me gusta nombrarlo: “todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas”, aunque sea la mujer del cuento la que conoce mejor que nadie lo que de verdad quiere decir a los cuatro vientos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”. Por ello, esta búsqueda impaciente se convierte en algo deseado y deseante, sentimiento interno que muestro tal y como lo aprendí, un día ya muy lejano, de Juan Ramón Jiménez.

Recuerdo también el canto a la vida ante los silencios cómplices en las dictaduras de cualquier origen que hizo Antonio Skármeta en esa película de fuerte carga ideológica, que me impactó mucho, en una adaptación muy correcta de su novela Ardiente paciencia. Mario Jiménez, el cartero preferido de Neruda, aporta a la vida su deseo de aprender del maestro lo que le enseña en el terreno de la metáfora, valora el amor con la experiencia de Beatriz y lo que supone poner el nombre de Pablo Neftalí a su hijo, en homenaje a quien le llevaba siempre puntualmente las cartas hasta que se trunca su oficio de entregas por culpa del golpe de estado de Pinochet, cuando rodean la casa del escritor, donde apoyaba su antigua bicicleta. Recurre finalmente a la transmisión oral para contarle a Neruda lo que no le puede entregar en modo texto. Una gran metáfora, que he recordado hoy cuando el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, dijo en un mitin reciente algo verdaderamente impresentable e insultante para los profesionales de Correos: “Le pido a los carteros que trabajen mañana, tarde y noche, y aunque no tengan los refuerzos suficientes que sepan que custodian algo sagrado”, seguido de un mensaje perturbador: “Les pido, con independencia de sus jefes, que repartan todos los votos”. Los profesionales de Correos no necesitan estas recomendaciones, cuando menos maliciosas, porque son profesionales de altura, a los que conozco bien por mis años de trabajo en la Administración Pública, donde siempre encontré en ese Organismo un apoyo incondicional a los servicios públicos.

De nuevo, ante la inquietud sobre lo que pueda ocurrir el próximo domingo, por los presagios de un supuesto triunfo de la alternancia política, me separo unos segundos de Neruda, cuando pronunció una frase gloriosa al finalizar su discurso en el acto de entrega del Premio Nobel: «En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas, que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia, dignidad a todos los hombres». Hoy, no disfruto de ella en su expresión paciente, sino modulada por el prefijo negativo «im», exactamente como “ardiente im-paciencia”, con el significado que a través de los siglos conocemos: intranquilidad producida por algo que molesta o que no acaba de llegar. Reconozco que estoy instalado en ella, en la impaciencia ardiente, en esta recta final antes del Día de la Democracia, a través del voto, el próximo 23 de julio.

Reitero alto y claro que los profesionales de Correos, en toda su extensión, no necesitan estas recomendaciones de Feijóo, porque saben lo que hacen día a día. La metáfora de Skármeta, en su ardiente paciencia, muestra qué papel pueden llegar a jugar en la vida diaria de los ciudadanos y ciudadanas de este país, dignificando esta profesión. Estas palabras simbolizan su excelente desempeño profesional, que llevarán siempre mi reconocimiento y agradecimiento expreso por su trabajo bien hecho. Estoy convencido de que llegado el caso, ¡ojalá no ocurra!, los carteros y carteras de este país emularían lo que hizo Mario con Pablo Neruda, si no pudieran entregarnos las cartas y los documentos tan esperados, transmitiéndonos de forma oral los mejores mensajes que necesitáramos recibir. Esa es la auténtica metáfora de su valía profesional. ¿Saben por qué? Porque nunca se podrá sustituir el encanto de la espera de mensajes llenos de esperanza, cargados de derechos y deberes, como en este caso la documentación para votar, entregados por manos humanas como ejemplo del mejor servicio público que debemos proteger. En el día después de las votaciones, a pesar de la mala política de algunos líderes actuales, siempre habrá personas que esperarán sin descanso a su cartero o cartera de siempre para recibir palabras que nacen del alma, metáforas, que nunca se podrán empaquetar como si fueran una triste mercancía.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Un sentimiento especial al escribir sobre una tarjeta kalamkari

Tarjeta de papel kalamkari, elaborado por mujeres artesanas en Anantapur, estado de Andhra Pradesh (India), en un proyecto de comercio justo de la Fundación Vicente Ferrer.

A mis amados les dejo las cosas pequeñas; las cosas grandes son para todos

Rabindranath Tagore, Pájaros perdidos, 178.

Sevilla, 27/I/2023

Dedicado a María José, como siempre…

Hoy he vivido una experiencia especial al escribir a mano sobre un papel kalamkari, elaborado artesanalmente en la India, de donde he recibido una muestra fehaciente de este arte milenario, concretamente del Estado de Andhra Pradesh. Es una tarjeta de papel reciclado, estampado con la técnica Kalamkari, realizada con sellos de madera o con cálamos, que se usa indistintamente sobre tejidos y papel: “En los tiempos remotos, grupos de cantantes, músicos y pintores, los chitrakattis, iban de pueblo en pueblo relatando las grandes epopeyas de la mitología hinduista. A medida que desarrollaban la historia, ilustraban su cuento con la ayuda de grandes piezas de telas pintadas en el mismo lugar con medios rudimentarios y tinturas vegetales. Este es el origen de los primeros kalamkari. También encontramos en los templos hinduistas grandes tableros de Kalamkari que representaban episodios de la mitología india quizá con la misma función que los capiteles en las catedrales cristianas” (1). Las artesanas que elaboran en la actualidad estas tarjetas como la mía, trabajan en el taller de Bukaraya Samudram, una localidad de la India, en el distrito de Anantapur, estado de Andhra Pradesh, en un proyecto solidario de comercio justo patrocinado y cuidado con esmero por la Fundación Vicente Ferrer, a la que tanto admiro y aprecio.

El término Kalamkari tiene su etimología en la palabra turca y griega “Kalam”, Cálamo (en griego, κάλαμος), aunque unidas en hindi, Kalam (pluma) y Kari (arte), expresan el utensilio principal que se utilizaba hace más de 3.000 años en la pintura con tintes vegetales, la caña hueca que da forma final a su trabajo tras los 23 pasos que necesita la elaboración del producto artesano. Al abrir el sobre que contiene la tarjeta, he sentido algo especial, porque estaba ante el papel en blanco, decorado en su anverso como mensaje principal de respeto a la naturaleza, a la vida, aunque lo importante es escribir hoy sobre ese papel tejido, tan especial y simbólico, teniendo presente lo que expresó admirablemente Platón en su obra Fedro, en la que narra una historia preciosa sobre la dialéctica de la palabra escrita, contada por Sócrates, entre un dios antiguo Teut, que se dice que inventó la escritura y el rey de Tebas, Tamus. Un día “Teut se presentó al rey y le mostró las artes que había inventado, y le dijo lo conveniente que era difundirlas entre los egipcios. El rey le preguntó de qué utilidad sería cada una de ellas, y Teut le fue explicando en detalle los usos de cada una; y según que las explicaciones le parecían más o menos satisfactorias, Tamus aprobaba o desaprobaba. Dícese que el rey alegó al inventor, en cada uno de los inventos, muchas razones en pro y en contra, que sería largo enumerar. Cuando llegaron a la escritura dijo Teut:

– “¡Oh rey! Esta invención hará a los egipcios más sabios y servirá a su memoria; he descubierto un remedio contra la dificultad de aprender y retener.

– Ingenioso Teut –respondió el rey–, el genio que inventa las artes no está en el mismo caso que el sabio que aprecia las ventajas y las desventajas que deben resultar de su aplicación. Padre de la escritura y entusiasmado con tu invención, le atribuyes todo lo contrario de sus efectos verdaderos. Ella sólo producirá el olvido en las almas de los que la conozcan, haciéndoles despreciar la memoria; confiados en este auxilio extraño abandonarán a caracteres materiales el cuidado de conservar los recuerdos, cuyo rastro habrá perdido su espíritu. Tú no has encontrado un medio de cultivar la memoria, sino de despertar reminiscencias; y das a tus discípulos la sombra de la ciencia y no la ciencia misma. Porque, cuando vean que pueden aprender muchas cosas sin maestros, se tendrán ya por sabios, y no serán más que ignorantes, en su mayor parte, y falsos sabios insoportables en el comercio de la vida (Platón, Fedro, 274c-277a)».

Leyendo de nuevo estas palabras de Platón y observando mi escritura manual en la tarjeta kalamkari, he recordado inmediatamente la importancia que daba a la caligrafía mi maestra de la infancia rediviva, Doña Antonia, entendida de acuerdo con la definición de la RAE (del gr. καλλιγραφία), como el “arte de escribir con letra bella y correctamente formada, según diferentes estilos” y en su segunda acepción, como el “conjunto de rasgos que caracterizan la escritura de una persona, de un documento, etc.”. Las letras que se utilizan hoy en el mundo digital distan mucho de aquellas que se escribían con letra bella y correctamente formada, aunque en el fondo traducen la misma problemática que exponía magistralmente Platón, en boca de Sócrates: por sí mismas, no dicen nada, porque necesitan, sobre todo, conocer bien a quien las escribe, cuestión ésta no inocente en el mundo digital donde el anonimato es el rey. Continuaba diciendo Sócrates: “Lo que una vez está escrito rueda de mano en mano, pasando de los que entienden la materia a aquellos para quienes no ha sido escrita la obra, sin saber, por consiguiente, ni con quién debe hablar, ni con quién debe callarse. Si un escrito se ve insultado o despreciado injustamente, tiene siempre necesidad del socorro de su padre, porque por sí mismo es incapaz de rechazar los ataques y de defenderse”.

Al escribir hoy, a mano, unas palabras sobre la tarjeta kalamkari, que han elaborado unas mujeres artesanas en la India, gracias a la Fundación Vicente Ferrer, entregándome un soporte especial, he recuperado en mi persona de secreto algo que aprendí también hace ya bastante tiempo: “El manuscrito tiene una característica evidente, comparado con la máquina de escribir o la pantalla: la individualidad. La letra de una persona es algo exclusivo, como sabe bien el amante que reconoce ya desde el sobre una carta de su amada…” (2). Es lo que probablemente intentó explicarnos Gabriel García Márquez, hace ya muchos años, sobre el realismo mágico de sus palabras manuscritas, aunque él las escribiera con una máquina de escribir clásica que quizás superaba con creces la letra creada por la bola de tungsteno de su bolígrafo BIC de turno. Pero éste probablemente estaba allí, muy pendiente de su mano creadora, al igual que estaba en mi infancia más próxima. Como para él lo estaba de la carta comunicando la pensión al coronel Buendía, que tanto esperó, mucho menos importante que lo que nos sucede en el día a día, cuando vamos como él del timbo al tambo de nuestras vidas.

Si hoy les contado esta historia es porque el significado profundo de kalamkari es ese, el arte de contar historias, como hacían los antepasados en India, artistas en artes varias que, al finalizar sus actuaciones, desenrollaban lienzos de tela para pintar las historias que contaban por los caminos, ante quienes los querían escuchar. En un mundo tan superficial y vacío como en el que vivimos a diario, estas pequeñas cosas son las que, como bien recomendaba Tagore como “pájaro perdido”, debemos entregarlas a las personas que apreciamos, “a nuestros amados” decía él, tal y como lo tradujo con gran sensibilidad Zenobia Camprubí, siempre tan cerca de Juan Ramón Jiménez. A los demás…, sé que sólo les bastan las grandes.

(1) Kalamkari – Wikipedia, la enciclopedia libre

(2) Millán, José Antonio (2015, 22 de octubre). El misterio de las palabrasEl País.com.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

He leído cartas perdidas en la desmemoria de este país

Que mi nombre no se borre en la historia

Súplica de Julia Conesa Conesa, una de las “trece rosas” fusiladas en Madrid por la dictadura franquista, el 5 de agosto de 1939, por su “responsabilidad de un delito de adhesión a la rebelión”, en una carta dirigida a su familia horas antes de su muerte.

Sevilla, 5/XI/2022

Dedicado a Manuela, cuyo azul de sus ojos representaba siempre su exilio interior, sin palabras, con el cielo dentro.

Esta semana hemos tenido la oportunidad de recordar momentos trágicos de la guerra civil, aquí, en Sevilla, con motivo de la exhumación y traslado de los restos del general Gonzalo Queipo de Llano y de Francisco Bohórquez Vecina, menos conocido pero que fue auditor de guerra y responsable de la ejecución de sentencias con aplicación de bando de guerra, que durante muchos, muchísimos años, han estado enterrados incomprensiblemente en la Basílica de la Macarena, a los que sólo quiero citar una vez y nada más, dando por cumplido un mandato propiciado por la nueva Ley 20/2022, de 19 de octubre, de Memoria Democrática, que entró en vigor el pasado 21 de octubre.

En este contexto, se estrenó ayer en los cines de este país un documental, Las cartas perdidas, que constituye un homenaje explícito a las mujeres que no respondían al ideario fascista de la dictadura, sin más, representado por las dos personas citadas anteriormente, por ejemplo, que se reflejó simbólicamente y a lo largo de los años en el comportamiento del Régimen ante las “trece rosas”, contextualizado ahora en cartas reales y perdidas de algunas mujeres, tal y como se muestra en esta película, que se estrenó en la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), celebrada en octubre de 2021, en la que la directora, Amparo Climent, autora también del guion,  manifestó que “España está llena de rosas”. La sinopsis deja clara su intencionalidad, porque es un documental no inocente: “Las cartas perdidas es un recorrido visual, auditivo y emocional, donde el espectador viaja a una parte silenciada de nuestra historia a través de los relatos de las mujeres que padecieron una doble persecución: ideológica y de género. Estas cartas, reales e inéditas, así como los textos basados en sus vivencias están Interpretadas por grandes actrices, en las localizaciones donde sucedieron los hechos de los que se habla en el documental, unidas por el hilo conductor de la narradora Ana Belén. El filme se apoya en fotografías y documentos inéditos cedidos por familiares de las represaliadas, así como canciones de aquellos tiempos y nuevas composiciones originales creadas especialmente para la película”.

El rodaje tuvo lugar durante la pandemia y sujeto a muchas restricciones por motivos de salud pública, lo que propició un clima especial de camaradería en todo el equipo de filmación. Su hilo conductor, algunas cartas que llegaron a su destino y que se escondieron en dobladillos por temor, en representación de las que no se pudieron enviar y que nunca llegaron a su destino, son las que nunca deberían haberse escrito. De ahí este homenaje cinematográfico. Para comprender mejor su contexto histórico, se centra el documental en cuatro apartados históricos: el Golpe de Estado y la Guerra, el Exilio, la Cárcel y la Pena de Muerte. Cada uno tiene un fondo de color simbólico, que explica la directora para comprender mejor su contexto:La guerra es el rojo de la sangre, la fuerza, la dureza de todo lo que ocurre. El exilio es el azul, el color de la lejanía, la distancia o el camino. El gris es la cárcel, que no hace falta ni explicarlo, es el que más claro está. Y el blanco que es la pena de muerte, el final de la vida”.

Me quedo con el texto completo de la carta de Julia Conesa Conesa, dirigida a su familia horas antes de ser fusilada junto a doce compañeras, las “trece rosas”, en la madrugada del 5 de agosto de 1939: “Madre, hermanos, con todo el cariño y entusiasmo os pido que no me lloréis nadie. Salgo sin llorar. Me matan inocente, pero muero como debe morir una inocente. Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija, que ya jamás te podrá besar ni abrazar”. Julia cerraba su carta con una súplica, “que mi nombre no se borre en la historia”. Hoy, he procurado que su nombre no se borre en esta historia dolorosa que he contado y que una directora ejemplar, Amparo Climent, ha llevado al cine, junto a las protagonistas de otras cartas anónimas, para que sus ejemplos de vida no se olviden por la desmemoria antidemocrática, que desgraciadamente también existe.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Un eclipse en el Día de la Hispanidad, nada que celebrar

Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 1921 – Ciudad de México, 2003 – Eduardo Galeano (Montevideo, 1940 -2015)

El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América: “Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: «Cierren los ojos y recen». Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”.

Eduardo Galeano, en Ser como ellos y otros artículos.

Sevilla, 12/X/2022

Nuestro país debería ser prudente a la hora de tratar la Hispanidad, rememorando épocas pasadas que no son precisamente encomiables. Sobre todo en aspectos triunfalistas y nacionalistas que nada tienen que ver con las culturas arrasadas en territorios “conquistados”, que ya estaban allí cuando llegaron nuestros antepasados en el siglo XV. Todavía resuenan en mi alma de secreto cómo se trató en este país al Papa Francisco cuando dirigió el año pasado, concretamente el 16 de septiembre de 2021, una carta a Monseñor Rogelio Cabrera López, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, con motivo del Bicentenario de la declaración de la Independencia del Pueblo Mexicano. La derecha cavernícola de este país, junto a la ultraderecha, se unieron en un ataque sin piedad a Francisco por lo expresado en la citada carta, donde lo único que se explicaba con detalle eran los hilos conductores de la misma: fortalecer las raíces y reafirmar los valores de México como nación, sin menospreciar nada ni a nadie.

Como es habitual en la diplomacia vaticana el lenguaje es exquisito y cuidado hasta la saciedad, aunque es bueno reconocer en este tiempo actual que se cometieron muchos errores durante la llamada “conquista de América”, a lo que Francisco llama “purificar la memoria”: “Por eso, en diversas ocasiones, tantos mis antecesores como yo mismo, hemos pedido perdón por los pecados personales y sociales, por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización. ¿Es malo y anticristiano o anticatólico, pedir perdón por los errores cometidos? Francisco, además, insistía en su misiva en que no hay que quedarse en el pasado sino frecuentar el futuro que nos llevará a sanar las heridas, a cultivar un diálogo abierto y respetuoso entre las diferencias, y a construir la tan anhelada fraternidad, priorizando el bien común por encima de los intereses particulares, las tensiones y los conflictos. Para mí, nada que objetar. También, abordaba la necesaria reafirmación de valores que identifican al Pueblo mexicano, –valores por los que tanto han luchado e incluso han dado la vida muchos de vuestros antecesores– como son la independencia, la unión y la religión.

La Hispanidad y sus celebraciones deberían revisarse a fondo con este espíritu. Un ejemplo claro nos lo ofrece Eduardo Galeano, a quien tanto admiro, que lo resumió bien en unas reflexiones suyas sobre el 12 de octubre, fecha que conmemoramos hoy con fastos de todo tipo, militares también, por supuesto, de las que entresaco tres, con un epígrafe común, Cinco siglos de prohibición del arco iris en el cielo americano, cuando él sentía en su alma de secreto que en cada cita anual del 12 de Octubre, no hay nada que celebrar:

El Descubrimiento: el 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó. Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran indios de la India; pero en eso no se equivocó.

Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso.

Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible. América, ciega de racismo, no las ve.

***

El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar («que deprendan fablar»). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental («mentally retarded») porque no hablaba correctamente la lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación: Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad.

***

Para despojar a los indios de su libertad y de sus bienes, se despoja a los indios de sus símbolos de identidad. Se les prohíbe cantar y danzar y soñar a sus dioses, aunque ellos habían sido por sus dioses cantados y danzados y soñados en el lejano día de la Creación. Desde los frailes y funcionarios del reino colonial, hasta los misioneros de las sectas norteamericanas que hoy proliferan en América Latina, se crucifica a los indios en nombre de Cristo: para salvarlos del infierno, hay que evangelizar a los paganos idólatras. Se usa al Dios de los cristianos como coartada para el saqueo. El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América:

– Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: «Cierren los ojos y recen». Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.

Un ejemplo más de esta desafección sobre el Día de la Hispanidad nos lo ofrece un escritor de la brevedad, Augusto Monterroso, maestro por excelencia en expresar la síntesis de la vida a través de sus palabras, a través de un relato que no olvido, El eclipse, que recojo hoy como símbolo de lo que verdaderamente ensombrece la Hispanidad:

Cuando Fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlos. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitivamente. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de Los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles.

Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de ese conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

Los mayas sabían mucho de su pasado presente, igual que los aimaras o los aztecas en México. No les hacía falta la insolencia divina y humana del fraile sabiondo que quiso remedar al sabio sol de aquellas tierras, intentando predecir su futuro personal, cuando los que le rodeaban solo conocían el pasado presente a través de los siglos. Al buen entendedor, pocas palabras bastan, porque la inculturación a la que se refería Francisco en la carta citada, es la que sabemos que ocurrió y no con las mejores artes por parte de la Iglesia del siglo XV y siguientes, es decir, el proceso de integración de muchos territorios “conquistados” para la Hispanidad, en la cultura y en la sociedad de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, con la que entró en contacto desde el descubrimiento de América por los españoles, cuando no se respetaron las culturas y creencias propias que ya estaban allí desde hacía muchos siglos antes de que llegara la evangelización a sus tierras y parentelas. También por reyes que asolaron tierras fértiles y con personas dentro.

Al final, un eclipse acabó con aquella aventura de Guatemala, por la insolencia del poder divino sobre el rey Sol de toda la vida. Nada que celebrar hoy, por tanto, como pedía Galeano en sus bellas palabras de denuncia pública de una Hispanidad muy mal entendida.

(1) Galeano, Eduardo, Ser como ellos y otros artículos, 1992. México: Siglo XXI Editores.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Gabriel García Márquez tiene siempre quien le escriba

Feria Internacional del Libro (LIBER 22)

Sevilla, 30/IX/2022

Hablar y escribir sobre libros siempre es una experiencia sublime. Hoy, comparto también una excelente noticia: el próximo 5 de octubre se inaugurará en Barcelona la 40 edición de la Feria Internacional del Libro (LIBER 22), en la que Colombia será el país invitado de honor: “Siendo uno de los mercados editoriales más importantes de América Latina, Colombia aprovechará su participación en este evento para impulsar la internacionalización de su rica y variada narrativa contemporánea y recuperar el nivel de exportaciones prepandemia”, según fuentes oficiales de este gran evento relacionado con el mundo libro. Este año, “el sector del libro se reencuentra presencialmente en Barcelona para seguir generando contactos profesionales, oportunidades comerciales y conocimiento compartido”.

En este contexto, se celebrará un evento el día de la inauguración de la Feria, un concierto -lectura para conmemorar el 40 aniversario de la entrega del Premio Nobel a Gabriel García Márquez organizado por la Embajada de Colombia en España en colaboración con la Cámara Colombiana del Libro, la Biblioteca Gabriel García Márquez, la Casa América Catalunya, el Conservatorio Superior de Música del Liceo de Barcelona y la editorial Penguin Random House. En dicho acto se realizará la premiación [así, en el español exquisito que se habla en Colombia] del Concurso literario “El coronel sí tiene quien le escriba”, en una nueva edición del concurso El coronel sí tiene quien le escriba: “Se trata de una iniciativa en la que invitamos a los y las lectoras de Gabo a escribir una carta al coronel, protagonista de la novela El coronel no tiene quien le escriba y personaje mítico en la obra del autor colombiano”. El concurso tiene una base sencilla y muy clara: “Se necesita tener esa paciencia de buey que tú tienes para esperar una carta durante quince años” le dice su mujer al coronel en la novela El coronel no tiene quien le escriba y más adelante leemos “El coronel se metió en la hamaca a leer los periódicos. Pero en realidad estaba apenas sostenido por la esperanza de la carta. Salió a la calle estimulado por el presentimiento de que esa tarde llegaría la carta”. Te invitamos a escribir una carta al coronel, ese personaje tan emblemático dentro de la obra de Gabriel García Márquez y que durante años espera recibir una misiva que le confirme la pensión a la que tiene derecho”.

Concurso literario: “El coronel sí tiene quien le escriba”.

Gabriel García Márquez está muy presente en mi vida. A la espera de conocer la “premiación” de la mejor carta en el concurso citado anteriormente, me gustaría escribir a Gabo , que sí tiene a millones de personas que lo leen y que también le escriben todavía hoy, diciéndole que no olvido el acto conmemorativo que se llevó a cabo el 21 de mayo de 2016, fecha del segundo aniversario de su fallecimiento, en Cartagena de Indias (Colombia), para recibir sus cenizas a su querida hora malva, porque allí nació de nuevo un sentimiento de leerle con pasión, para que lo contáramos los que aún vivimos. Es curioso, porque lo experimentamos a diario con el sobresalto de noticias que se generan en un mundo diseñado a veces por el enemigo y precisamente este viernes lo he vuelto a ver como protagonista de FIRA 22, yendo del timbo al tambo de la vida de secreto, como tantas veces en mi caminar diario.

Gabriel García Márquez, mi querido Gabo, me ha recordado también hoy la necesidad de volver a leer su prólogo de Doce cuentos peregrinos -obra que recomendaré siempre para las mesillas de noche de las personas que me acompañan en nuestra “Isla Desconocida”-, una obligación ética al escribir palabras que se entregan a los demás, cuando se navega en los mares procelosos atómicos y digitales de la turbación ignaciana. Hoy, cuando me enfrento de nuevo a la página en blanco de mi cuaderno digital resuenan sus palabras con una fuerza especial: “Aquí está, listo para ser llevado a la mesa después de tanto andar del timbo al tambo peleando para sobrevivir a las perversidades de la incertidumbre”. Es verdad. Aquí está listo el artículo de hoy, para ser llevado a tu mesa, lector, lectora, cuando voy permanentemente de mi corazón a mis asuntos, del timbo al tambo particular, personal e intransferible. Cerebro y corazón, básicamente el cerebro, para los que nos acercamos con tanto respeto a él, que nos recuerda permanentemente su papel estelar en la vida, porque diversas estructuras cerebrales todavía atómicas hacen posible escribir la historia jamás contada de vivir de forma controlada para no ir del timbo al tambo. A ser posible, para garantizar que se camina en la búsqueda de asuntos importantes para la felicidad. Y estos días que pasan, pero que en algunas y algunos se quedan, estamos viviendo momentos trascendentales para cada persona, para la sociedad, para la política del país, para la ciudadanía, para las familias, para las amigas y amigos a los que queremos, con los que estamos obligatoriamente obligados a vivir, estar y, lo más difícil, ser.

En la hora malva de Gabo, esperando la mejor carta para su querido coronel Buendía, comprendo bien un mensaje implícito: somos peregrinos en un camino hacia alguna parte, aunque a veces vayamos del timbo al tambo, como desorientados por la incertidumbre de lo que nos pasa en la vida, para comprender lo que solo se puede alcanzar en una disciplina de silencio y de encuentro con nosotros mismos, para responder a situaciones, preguntas y fracasos humanos y sociales que no alcanzamos a entender nunca. Por eso doy tantas vueltas a mi corazón, a mis asuntos. Porque no todos vamos en el mismo barco, porque suelo decir que navego casi siempre en patera, al lado de algún barco fletado para orientar a la “Isla Desconocida”, una patera sin quilla pero con Norte. Un barco en el que me suelo sentar en la amura de babor ideológico al que tanto quiero, porque no todas las ideologías son iguales, porque tampoco todas y todos somos iguales, porque no me da lo mismo lo que pasa cada día. Porque no todo es mercancía y mercado. Porque no hay que confundir valor y precio. No es lo mismo, no es lo mismo… Lleva razón Gabriel García Márquez en su prólogo: el que lea estas palabras hoy sabrá qué hacer con ellas. Como me pasa a mí al escribirlas. Porque la perspectiva del tiempo es lo que permite poner cada cosa en su sitio y hacer, de vez en cuando, una parada en la posada más querida. Como hizo él siempre en Cartagena de Indias. Como peregrino de la felicidad, de la vida, feliz ahora, cuando se entregue el próximo 5 de octubre en Barcelona, en la Feria internacional del Libro, la “premiación” de la mejor carta a su coronel querido. A la hora malva, también, cuando salga a la calle de su Cielo particular, «estimulado por el presentimiento» de que hoy llegaría la carta que le he escrito ahora, de puño y alma.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Carla Simón es una mariposa blanca

El cine tiene el poder de reparar lo que falta

Carla Simón

Sevilla, 16/IX/2022

No es la primera vez que dedico unas palabras de reconocimiento a Carla Simón, una directora de cine especial que ha alcanzado en estos días su máximo esplendor ante el mundo al haber sido propuesta para representar a España en los Óscar 2023, con su preciosa película Alcarrás, camino que ya recorrió cuando representó también a nuestro país en los Óscar de 2018 con su ópera prima Verano 1993, una joya cinematográfica que me entusiasmó por su profundo contenido autobiográfico. El plano de aquella cara infantil, representando a Carla cuando era una niña, una mezcla de candidez y desafío, no la he olvidado. Ver y asimilar Verano 1993 fue para mí una experiencia maravillosa, como homenaje a Carla Simón y a todas las personas que como ella sufrieron la dureza del SIDA en una España que nos helaba por ello el corazón. Vi la película en el cine comercial y me entusiasmó. En febrero de 2018 volví a citarla en este cuaderno digital con motivo de la entrega de un premio Goya a la mejor dirección novel, como directora de esa preciosa película. También me acerqué a ella cuando le concedieron el Oso de Oro de la Berlinale 2022 por Alcarràs, una película que se aproxima al mundo rural, rodada en catalán y con actores no profesionales. Alcarràs fue el segundo largometraje de Simón, que ya ganó el premio a la mejor ópera prima en el Festival de Berlín de 2017 con su obra ya citada, Verano 1993. Ahora le deseo lo mejor porque lo merece.

Siendo verdad todo lo anterior, hoy quiero acercarme a Carla con mi cazamariposas de cuando era un niño, que no solía utilizar porque me divertía más cogerlas cuando se posaban, observar con cara de asombro el polvillo multicolor en mis dedos y lo mejor de todos, echarlas de nuevo al vuelo. Todo ha ocurrido cuando he conocido que ha participado en la Jornada de los autores del Festival de Venecia, el pasado 3 de septiembre, con un cuento precioso filmado por ella como regalo especial para su hijo Manel, Carta a mi madre para mi hijo, un cortometraje escrito y dirigido por Carla, digno de ser admirado por quienes reconocemos el cine como un gran aliado para transformar también el mundo al revés. No es que ella sepa mucho de su madre, ni la pudo sentir de cerca en sus años en los que la necesitó más, en una separatidad insoportable. Ella, con su dura realidad infantil, quiere explicarle a su hijo quién fue la abuela que no conocerá. Mediante este corto y cuento a su vez, intenta reconstruir una imagen de ella, la mejor imagen para entregársela a su hijo.  

Esta isla desconocida la descubrí en un artículo en elDiario.es, escrito con sensibilidad extrema: “Cuando le llegó la propuesta, enmarcada dentro de los cortos que produce la marca Miu y en los que han trabajado directoras como Agnes Varda o Lucrecia Martel, a las que Carla Simón admira, ella estaba embarazada de su primer hijo. Aceptó el reto y decidió escribir una delicada reflexión sobre la maternidad y la ausencia. Recurre por primera vez a lo simbólico, pero siempre con esa mirada que la caracteriza y que emociona. Un cuento a ritmo de Lole y Manuel que comienza con ella posando desnuda, tomándose las mismas fotografías que tiene de su madre. Simón le regala a su hijo unos recuerdos inventados por ella, porque “esa memoria familiar que falta, cuando no se tiene, hay que inventarla para contarnos a nosotros mismos”, cuenta Simón desde Venecia con el pequeño Manel a escasos metros” Y encontré allí mi respeto infantil y adulto a las mariposas, esos seres alados a los que también he dedicado bastantes páginas en este cuaderno digital.

Lole y Manuel forman parte de la banda sonora de esta película, interpretando Un cuento para mi niño, una canción preciosa y delicada, como eran ellos en sus años felices. Leer su letra reconforta en estos tiempos tan modernos, pero tan difíciles.

Érase una vez, una mariposa blanca
que era la reina de todas las mariposas del alba,
se posaba en los jardines,
entre las flores más bellas,
y le susurraba historias al clavel y a la violeta.

Feliz la mariposilla, presumidilla y coqueta,
parecía una flor de almendro
mecida por brisa fresca…
más llegó un coleccionista, mañana de primavera,
y sobre un jazmín en flor,
aprisionó a nuestra reina
la clavó con alfileres, entre cartulinas negras,
y la llevó a su museo de breves bellezas muertas,
las mariposas del alba lloraban por la floresta.

Sobre un clavel se posó, una mariposa blanca
y el clavel se molestó,
blanca la mariposa y rojo el clavel,
rojo como los labios de quién yo se
rojo como los labios de quién yo se.
Jardines,
entre las flores más bellas,
y le susurraba historias al clavel y a la violeta.

Feliz la mariposilla, presumidilla y coqueta,
parecía una flor de almendro
mecida por brisa fresca…
y llegó un coleccionista, mañana de primavera,
y sobre un jazmín en flor,
aprisionó a nuestra reina
la clavó con alfileres, entre cartulinas negras,
y la llevó a su museo de breves bellezas muertas,
las mariposas del alba lloraban por la floresta.

Sobre un clavel se posó, una mariposa blanca
y el clavel se molestó,
blanca la mariposa y rojo el clavel,
rojo como los labios de quién yo se
rojo como los labios de quién yo se.

Carla puede ser hoy esa mariposilla blanca, a la que deseo que la vida le devuelva el sentido para ser feliz junto a Manel, su hijo, que ahora nos acompaña desde los primeros planos de una película corta, pero densa y aleccionadora en su sentido más profundo. No le faltarán abuelos, ni bisabuelos, ni tíos, como escribe su madre en un cuaderno de notas para él. He entendido bien el cuento: érase una vez una niña, Carla, que soñó ser una mariposilla blanca, una mariposa del alba muy especial, para posarse siempre cerca de su hijo para susurrarle historias sobre su vida.

Deseo manifestar hoy a Carla mediante estas palabras que me ha gustado mucho su cuento y sé que esperaba que alguien le respondiera a su deseo en la película. He comprendido lo que le cuenta a su hijo, que hace cine para poder “inventarle e inventarme” o que puede que lo haga “porque no quieres morir” y me ha inspirado escribir un cuento para mis nietos que comiencen como la canción de Lole y Manuel, Érase una vez, un mariposa blanca / que era la reina de todas las mariposas del alba, / se posaba en los jardines, / entre las flores más bellas, / y le susurraba historias al clavel y a la violeta. Después, les contaré mi historia. Gracias, Carla, porque eres una mariposa blanca del alba, imprescindible, que sabes volar sobre el negro ocaso actual de cada día.

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Las postales deberían volver este verano

Sevilla, 29/VII/2022

En julio de 2020 escribí un artículo en este cuaderno digital que llevaba por título Las postales eran para el verano, como aquellas bicicletas famosas de Fernando Fernán Gómez, de feliz memoria. Hoy, vuelvo a rescatar aquel texto íntegro, porque deseo que no se quede en el recuerdo nostálgico de esas tarjetas mágicas, sino en un compromiso que podríamos adoptar en el ecuador de este verano tan especial, enviando postales de nuevo a las personas que apreciamos y queremos. Voy a hacerlo personalmente, utilizando los medios habituales para tal menester: tarjeta postal, bolígrafo y sello. Sobre todo, escribiéndolas a mano, recordando la caligrafía que me enseñó mi querida maestra, Doña Antonia, a las que tantas veces he recordado en estas páginas.

Lo aprendí hace tiempo: “El manuscrito tiene una característica evidente, comparado con la máquina de escribir o la pantalla: la individualidad. La letra de una persona es algo exclusivo, como sabe bien el amante que reconoce ya desde el sobre una carta de su amada…” (1). Es lo que probablemente intentó explicarnos Gabriel García Márquez, hace ya muchos años, sobre el realismo mágico de sus palabras manuscritas, aunque él las escribiera con una máquina de escribir clásica que quizás superaba con creces la letra creada por la bola de tungsteno de su bolígrafo BIC de turno. Pero ese realismo tan personal probablemente estaba allí, muy pendiente de su mano creadora, al igual que estaba en mi infancia más próxima. Como para él lo estaba en la carta comunicando la pensión al coronel Buendía, que tanto esperó, mucho menos importante que lo que nos sucede en el día a día, cuando vamos como él del timbo al tambo de nuestras vidas. Algo parecido en este verano tan especial en nuestras vidas en el que, probablemente, recibir una postal de alguien que conocemos y queremos nos alegrará ese momento mágico, casi atemporal, que García Márquez siempre retrataba de forma magnífica. dando sentido a nuestras vidas.

Las postales eran para el verano

No es por pura nostalgia, que también (siendo sincero), sino porque en este verano tan especial es necesario recordar aquellas pequeñas cosas que hicieron felices, por definición, a millones de personas a partir del 1 de octubre de 1869, día en la que consta fehacientemente que se envió “la que se considera la primera postal de la historia. Viajó de la localidad austríaca de Perg a la de Kirchdorf, y tardó solo un día en llegar. El mensaje era breve y de carácter personal: el emisor preguntaba al receptor si le gustaría visitarlo”.

He leído con atención reverencial un artículo sorprendente sobre la historia de las tarjetas postales, Las postales no se inventaron para mandar saludos, sino para ahorrar costes, muy ilustrativo para conocer cómo y cuándo comenzaron a enviarse millones de tarjetas postales a lo largo de ciento cincuenta años de su historia. Si alguna palabra puede resumir qué es lo que reflejaba esta nueva forma de relacionarse las personas, era la concisión. Cuando se concibió como medio de comunicación, la economía global estaba presente en su formato: pequeña, formato homogéneo porque era impresa por el Estado, incluido el sello, no llevaba sobre y era de formato abierto que cualquiera podía leer, es decir, una auténtica revolución para la época que se podía resumir en una frase publicitaria: todo en uno. Se compraba, se escribía con brevedad obligada y se enviaba, tres pasos obligados pero que simplificaban de forma sorprendente el rito de escribir cartas, cada día más complejo en su fondo y forma.

Las tarjetas postales han formado parte de nuestras vidas. Recuerdo ahora cuando vivía en Roma y enviaba postales a mi familia y amigos, porque descubrí otra realidad que con el paso del tiempo ha evolucionado: la compra de los sellos. En Italia se rotulaban los estancos como “Sali, Francobolli e Valori Bollati”, sales, sello y papel timbrado, porque la sal fue un monopolio del Estado hasta 1973, con una larga historia desde el Imperio Romano. Sorpresas que me daba la vida en el viaje de una postal hacia alguna parte. De todas formas, nada cómo las postales que cuando era un niño escribía a la empleada de hogar que trabajaba en mi casa de Madrid, Marina, que me dictaba lo que quería decir, con palabras de amor, a su querido Juanito, que trabajaba como emigrante en Suiza, concretamente en Biel-Bienne. Eran textos imposibles, clásicos populares, con la entradilla clásica: “Espero que al recibo de ésta estés bien, nosotros bien gracias a Dios”. Yo avisaba a Marina que no me quedaba espacio para lo fundamental, pero ella se conformaba con que su novio supiera interpretar lo que una pareja en posturas imposibles y con el texto que figuraba en el anverso de aquella postal en blanco y negro, tan edulcorada, quería transmitir al receptor de la misma: “Tú eres mi destino y mi estrella, yo por ti todo lo cambiara” [sic], que no lograba entender en el tiempo verbal que utilizaba, pero que hacía todavía más imposible su comprensión. Lo de menos era lo que escribía con tanto primor y en letra inglesa en nombre de Marina a su novio, sino lo que ella quería que entendiera en palabras de toda la vida. Así, muchas veces durante años de la dura emigración española y que ahora olvidamos con tanta insensatez.  Las tarjetas postales fueron un salvoconducto para expresar sentimientos y emociones de lo que se veía y se quería teletransportar al receptor de turno, en “color por technicolor” y con pocas palabras, en una España que abusaba mucho del blanco y negro, como el de la postal imposible de Marina.

Las tarjetas postales han caído en desuso y han sido sustituidas por las redes sociales. Tenían su estación por excelencia, el verano. Ahora, en cualquier época del año existen mil formas de enviar imágenes y palabras que dejan atrás a un medio que fue revolucionario en su época y que tenía su encanto y su factor sorpresa. Su concisión, llena casi siempre de sentimientos y emociones, lo decía todo, con un secreto a voces que se esperaba con la ilusión de lo desconocido: alguien se había acordado de nosotros y se había molestado en dar varios pasos por mí, por nosotros: elegir la tarjeta, escribirla, ponerle el sello (con lengua o esponja mojada) y echarla al buzón.

Para no olvidarlo hoy, en tiempos difíciles, porque el texto era casi lo de menos. Yo sabía que la persona que me la envió en alguna ocasión, al escogerla entre miles de postales posibles,  pensaba de mí que yo era su destino y su estrella y que por mí, todo lo cambiaría.

NOTA: la imagen, que recoge el anverso y reverso de la primera tarjeta postal de la historia, se ha recuperó el 12 de julio de 2020 de: https://www.ausstellung-postkarte.de/

(1) Millán, José Antonio (2015, 22 de octubre). El misterio de las palabrasEl País.com.

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Amigo

Sevilla, 19/II/2022

Amigo es, en sí misma, una palabra muy descriptiva y llena de significado para muchas personas. Es también el título de la última publicación de Ana Merino, Amigo, a modo de significante de alguien y algo muy importante en la vida de Federico García Lorca, con nombre y apellidos: Joaquín Amigo Aguado. Ambos, granadinos de cuna, fueron asesinados con un margen de nueve días, en momentos aciagos para la memoria histórica de este país. Víznar y Ronda guardan el recuerdo permanente de los dos, amigos del alma. Sus cuerpos no. Hay un elemento en esta historia que conmueve: García Lorca fue asesinado por la dictadura franquista y Amigo, por milicianos republicanos. De ahí la importancia de descubrir esta amistad en las dos Españas que desde siglos atrás ha helado el corazón de muchos compatriotas, sólo por el hecho de pensar unos y otros de forma diferente. Un auténtico clásico popular aun vigente. Lo he comprendido mejor escuchando a la propia autora: «Joaquín era el amigo filósofo del 27, el social-cristiano, el que aportaba una ética de la escucha y de la espiritualidad y el que más se había interesado por Freud», explica la escritora e investigadora Ana Merino. ¿Era conservador? «Era cristiano. Iba a misa. Pero era parte del mismo momento de ruptura que los demás. Lorca y Amigo representaban la armonía, convivían como amigos. Entendían la diversidad de opiniones y de creencias. Lo que ocurrió fue que grupos de reacción rápida, de partidarios de la República salieron a buscar figuras que les parecieran del otro lado para responder a la represión de los rebeldes. Joaquín se encontró con ellos y fue su víctima perfecta. Aquellos verdugos, unos y otros, eran los mismos cainitas».

La sinopsis oficial de Amigo sugiere una lectura casi obligada para personas que amamos conocer la verdad crónica y cuando la elegimos como compañera de viaje en la vida: “Inés Sánchez Cruz, una poeta mexicana afincada como profesora de escritura creativa en Estados Unidos, llega a la Residencia de Estudiantes de Madrid para impartir un taller de poesía e investigar un hallazgo reciente: el archivo familiar de Joaquín Amigo, uno de los amigos de Lorca, también asesinado violentamente y desaparecido al comienzo de la guerra civil. Inés arrastra una profunda angustia fruto aparentemente de las luchas de poder en el ámbito académico y la traición por parte de un amigo íntimo, pero el fallecimiento de uno de sus colegas activa una serie de recuerdos traumáticos que se entremezclan con las investigaciones de los documentos y cartas del archivo familiar”.

Amigo es algo más que una novela. Es, sobre todo, una licencia de género literario que se permite la autora para demostrar, con una ficción biográfica, presidida por un trabajo de investigación muy riguroso, casi de ensayo total, que la verdad tiene ribetes de acero para que el dolor de lo ocurrido sea mejor entendido por todos. Un esfuerzo literario digno de reconocimiento cuando la realidad de las dos Españas se aborda de la forma en que se presenta el contenido de este libro. Fundamentalmente, porque el alma de García Lorca es inabarcable y sólo hacemos maniobras de aproximación para intentar comprenderla y explicarla de la forma más accesible para la conciencia de todos, de unos y otros, como siempre debería ser en esta España tan dual y cainita. Otro ejemplo precioso de la grandeza de espíritu de Federico García Lorca, que perdura en el tiempo y en la memoria histórica de este país y que ahora, gracias a Ana Merino, podemos conocerla mejor y con múltiples detalles.

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Las cartas de Mozart son el espejo de su alma musical e inquieta

Sevilla, 29/X/2021

Acudo con frecuencia a compartir con Mozart su música excelente y su azarosa vida para conocerle mejor. En este sentido, la Fundación Juan March dedica a partir de hoy y hasta el 21 de mayo de 2022, un ciclo musical bajo el título Mozart a través de sus cartas, que nos ayudarán a conocer detalles muy importantes de su azarosa vida, porque “La vida de Mozart nos es conocida, en buena medida, a través de su epistolario. Las innumerables cartas escritas por el compositor, por su padre y por otras personas de su entorno describen con detalle sus continuos viajes, sus tribulaciones más íntimas o la génesis de algunas de sus obras. Este ciclo de siete conciertos, articulados en torno a siete lugares e hitos destacados en la biografía mozartiana, presenta algunas de las creaciones más relevantes de su catálogo camerístico en combinación con la lectura de sus cartas, que iluminan el contexto compositivo y vital del compositor salzburgués”.

Además, han preparado un programa de mano excelente, que recomiendo leer íntegramente, página a página, con una introducción magnífica, Hacer público lo que fue privado: las cartas de Mozart, de Alberto Hernández Mateos, que nos da una perspectiva de sumo interés sobre las cartas originales y cruzadas de Mozart y su familia: “El epistolario mozartiano reúne un ingente número de cartas que hace posible profundizar en la vida y el pensamiento del genio de Salzburgo. Pero, si a las cartas escritas o recibidas por el propio Mozart se añaden las de su padre, Leopold, las de su hermana, Nannerl, y las de su esposa, Constanze, se obtiene un conjunto documental que permite reconstruir numerosos aspectos de la vida cotidiana, de la cultura y del modo de pensar que van más allá de las circunstancias personales o familiares de los Mozart y se extienden a cuantos habitaron en la Europa del siglo XVIII”.

El programa también presenta unas palabras del experto musicólogo, Luis Gago, como un acicate para conocer la extensa correspondencia de Mozart, unas doscientas cartas escritas entre 1756 y 1791, que nos ofrecen “una visión privilegiada de la gestación, la cronología y los estrenos de muchas de sus obras, pero su interés va mucho más allá, puesto que constituyen asimismo un testimonio de primera mano de cómo se viajaba por Europa en la segunda mitad del siglo XVIII, de cómo era acogido el compositor en las numerosas ciudades que visitó, de sus relaciones con la realeza y la aristocracia, de sus luchas profesionales para sobrevivir como músico independiente y de las circunstancias que rodearon la interpretación de su música. Su correspondencia es, además, un documento invaluable para trazar un completo perfil psicológico del autor de La flauta mágica, que se autorretrata sin pudor y con una insólita franqueza en sus juicios y en sus confesiones, de ahí que, al margen de su interés musical, aquella posea una trascendencia literaria y autobiográfica excepcional. Las cartas, en fin, arrojan mucha luz –que ha sido interpretada de maneras muy diferentes– sobre la complejísima relación del compositor con su padre, Leopold, una figura crucial en su desarrollo personal y profesional”.

En medio de tanto ruido mundano, la música de Mozart nos puede elevar temporalmente a su cielo. He elegido en estas horas de espera a la inauguración del ciclo, la primera obra que lo abrirá, Sonata en Sol mayor KV 283 (Allegro, Andante y Presto), en este caso interpretada por un joven Daniel Barenboim con su maestría pianística, aunque estaré expectante con la que esta tarde llevará a cabo Alba Ventura, al piano, con las voces en off de Carlos Hipólito, como Mozart y María Adánez, como Anna Maria Mozart, la madre del compositor. El ciclo respeta una cronología en lugares donde Mozart regaló al mundo su forma de interpretar la vida: Mannheim, 1777. Sonatas para piano; Viena, 1791. El Réquiem; Viena, 1781-1783. El triunfo del contrapunto; Viena, 1785. Diálogos con Haydn; París, 1778. Mozart desolado; Viena, 1786-1788. Tríos con piano y Londres, 1764. Junto al Bach inglés. Invito desde este cuaderno digital a seguir de cerca este ciclo de siete conciertos, leer atentamente el programa de mano de forma recurrente para asimilar lo allí expuesto y seguir disfrutando de la música del compositor salzburgués al que tanto admiro y aprecio. ¡Pasen, lean y escuchen!

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