Primer plano horizontal de Jesús de Nazaret (Enrique Irazoqui), en Il vangelo secondo Mateo (1964), dirigida por Pier Paolo Pasolini
Sevilla, 18/IV/2025 – 09:07 h (CET+2)
Las manifestaciones artísticas en la Semana Santa, en procesiones y oficios varios, están basadas en una tradición histórica sobre la pasión y muerte de Jesús de Nazareth. Desde el Domingo de Ramos y hasta el de Resurrección, se condensa en una semana trágica la vida y obra de uno de los personajes imprescindibles de la Humanidad, que me gusta tratar como ciudadano Jesús. Lo escribí el domingo pasado, cuando me refería a él, en su ataque continuo de humanidad, recogido así por los cronistas de la época, cuando se cansaba y se dormía en el cabezal del barco porque estaba hecho polvo, (Mc 8,23). O como Machado decía en su precioso poema La Saeta: ¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar! Lo digo con un gran respeto a la fe de mis mayores.
En este contexto, también es verdad que recuerdo siempre una película clásica sobre la vida de Jesús de Nazareth, El evangelio según Mateo (1964), dirigida por Pier Paolo Pasolini (1922-1975), que me sigue emocionando en el recuerdo por su mensaje humano y tan cercano a la vida cotidiana de las personas. Pasolini hizo con esta película un cine diferente, singular, diverso: “Jesús (interpretado por Enrique Irazoqui) es mostrado continuamente caminando entre el desierto o entre pueblos en ruinas. Su mirada, como la de Pasolini, no evita a los leprosos ni a los cojos, sino que se detiene en ellos; la cámara, por su parte, se complace, por ejemplo, en la mano del mesías que acaricia los rostros marchitos de quienes acuden a él para encontrar salud. El contacto entre dos cuerpos alivia, de ahí la alegría del rostro de la adolescente María (Margherita Caruso) al ver regresar a José, al saber que, sin importar lo que digan los demás, él ha decidido estar con ella” (1). Me emocionó esta película cuando la vi de nuevo en Roma en 1976, sabiendo como sabía que aquella ciudad era un peligro para caminantes (Alberti, dixit) que hacen camino al andar. Pasolini sigue muy presente en mi pensamiento crítico y acudo frecuentemente a él. Por ejemplo, sé que una obra espléndida de Miguel Dalmau Soler, Pasolini. El último profeta, ganadora del XXXIV Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias 2022, el año en el que se cumplía el centenario del nacimiento del director italiano, sirve para conocerlo en profundidad, como “último profeta”.
En el fondo, estas palabras son un nuevo homenaje personal al cineasta italiano, del que tanto aprendí a comprender el valor de la vida alternativa, con la pasión dentro, como él la mostró en una obra también excelente, Teorema, tan incomprendida por la autoridad competente, eclesiástica por supuesto, hasta el punto de haberse arrepentido de haberle entregado un premio por ella, en 1968, cuando descubrió cuál era su auténtico mensaje y no la posibilidad de que el Espíritu Santo entrase en cada uno de nosotros, que fue lo que constituyó el móvil del premio. Cuando se descubrió que Pasolini volaba más bajo que el espíritu, la institución se arrepintió y explicó a los cuatro vientos su voto. El anatema estaba servido. En definitiva muy poca gente había entendido el mensaje real de la película: no es necesario invocar a los espíritus para llenarse de amor en vida, cualquier amor.
Desgraciadamente, no le salvó nunca su magistral interpretación laica de la vida del ciudadano Jesús de Nazareth, en su forma de leer para el siglo XX el evangelio según Mateo. Quizás tampoco hoy día, en pleno siglo XXI, en un universo tan descreído y alejado del espíritu del bien humano, a pesar de que seguimos sufriendo mucho con la intolerancia y ausencia radical de valores que nos asola a diario.
Comprendo hoy, mejor que nunca, unas palabras de Pasolini que no olvido, hilo conductor de su gran película: “Me interesa el extremismo de Cristo, su modo tajante de cerrarse en banda, su radicalismo total y absoluto. Cristo perdona fácilmente los pecados individuales, pero es intransigente con los sociales”. Palabra de Pasolini.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Nada mejor que contemplar y escuchar a Groucho en una secuencia inolvidable de la película Los hermanos Marx en el Oeste, donde sus hermanos y los pasajeros del tren lo van destrozando poco a poco al grito de ¡Necesitamos más madera, es la guerra!. Si la traigo a colación hoy es porque creo que simboliza perfectamente lo que está sucediendo en el mundo actual trumpiano, en el que el espectáculo de la firma diaria de sus órdenes ejecutivas, a cual más impactante en daños colaterales mundiales o su grito de más subidas o bajadas de aranceles, según convenga, va desvencijando y destrozando los países más afectados, convirtiéndose Estados Unidos en la locomotora que desaparece en el plano final de la secuencia, ella sola, bajo el mando de Trump, en una composición ferroviaria destrozada que no puede seguir alimentado la caldera económica de la locomotora mundial.
El mundo financiero mundial se ha tambaleado las últimas semanas con las órdenes ejecutivas de Trump en relación con los aranceles que corresponde cobrar a su país y al eufemístico comercio mundial, en su proyecto de hacer cada día más grande América, simbolizado en el acrónimo del eslogan Make America Great Again!, MAGA, que personalmente traduzco como ¡Que América vuelva a ser grande! Esta es la razón de por que he recordado hoy a Groucho Marx, cuando nos avisó también de lo que supuso para él el crack del 29 en su país y en el mundo, tal y como nos lo contó en su obra Groucho y yo, en una reflexión memorable: “Algunos de mis conocidos perdieron millones. Yo tuve más suerte. Lo único que perdí fueron 240.000 dólares. (O ciento veinte semanas de trabajo, a 2.000 por semana.) Hubiese perdido más, pero ese era todo el dinero que tenía. El día del hundimiento final, mi amigo, antaño asesor financiero y astuto comerciante, Max Gordon, me telefoneó desde Nueva York. En cinco palabras, lanzó una afirmación que, con el tiempo, creo que ha de compararse con las citas más memorables de la historia americana. Me refiero a citas tan imperecederas como “No abandonéis el barco”, “No disparéis hasta que veáis el blanco de sus ojos”, “¡Dadme la libertad o la muerte!”, y “Sólo tengo una vida que dar por la patria”. Estas palabras caen en una insignificancia relativa al ponerlas junto a la frase notable de Max. Pero charlatán por naturaleza, esta vez ignoró incluso el tradicional “hola”. Todo lo que dijo fue: ”¡Marx, la broma ha terminado!”. Antes de que yo pudiese contestar, el teléfono se había quedado mudo. En toda la bazofia escrita por los analistas de mercado, me parece que nadie hizo un resumen de la situación de una manera tan sucinta como mi amigo el señor Gordon. En aquellas cinco palabras lo dijo todo. Desde luego, la broma había terminado. Creo que el único motivo por el que seguí viviendo fue el convencimiento consolador de que todos mis amigos estaban en la misma situación. Incluso la desdicha financiera, al igual que la de cualquier otra especie, refiere la compañía”.
Lo lamentable hoy al recordar estas cinco palabras del amigo de Groucho, ”¡Marx, la broma ha terminado!”, es que la “broma” de los aranceles no ha terminado y todavía seguimos en un desconcierto mundial por el duelo de Estados Unidos con China. Por si acaso, procuraré estar lejos de los trenes de Trump, al frente de una compañía ferroviaria de amplio espectro económico mundial, presidida por las oligarquías digitales multimillonarias, sobre todo para no facilitarle la madera que sigue necesitando para incendiar el mundo a diario, destrozando la paz mundial, así como cualquier Estado de Bienestar viable, democráticamente hablando, haciendo cada día más posible la guerra comercial de incalculables daños colaterales, como siempre, para lo que menos tienen, los nadies de Eduardo Galeano: Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida. El botón de muestra más representativo y que se ha llevado a cabo en un silencio mundial cómplice, ha sido el cierre definitivo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), llevada a cabo a partir del pasado 3 de febrero, que está suponiendo una tragedia mundial, sobre todo en países en desarrollo y grandes conflictos bélicos, así como a millones de refugiados, atendiendo al dato de la financiación de la misma, al haberse distribuido fondos en 2023 por un valor de US$ 43.400 millones en todo el mundo. Se ha cumplido la promesa de Elon Musk, la voz de su amo, el presidente Trump, cuando afirmó después del acto oficial de toma de posesión presidencial, en su calidad de Director del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), formando parte del actual gobierno americano, que “La USAID es un nido de víboras marxistas”, tachándola incluso de “organización criminal” o con perlas de este calado indigno: “Se hizo evidente que no es una manzana con un gusano dentro. Lo que tenemos es simplemente un balón de gusanos. Hay que deshacerse de todo. No tiene remedio. Vamos a cerrarla”.
Este último ejemplo simboliza bien el grito de Trump al frente de la locomotora económica mundial: ¡Necesitamos más madera, es la guerra! El que quiera entender hoy lo que está pasando, que entienda.
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UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Serán casualidades de la vida, pero hoy, como ayer, he encontrado refugio en mi singladura diaria para buscar islas desconocidas de paz interior, ante las sacudidas de las maneras de Trump (que vienen de antiguo y que más pronto que tarde acabarán afectándonos a todos), en un territorio que conoce bien, Detroit, ¡qué símbolo del capitalismo hundido!, porque en medio de un imperio automovilístico desaparecido, emerge siempre un museo excepcional, el Detroit Institute of Arts Museum, en una ciudad maltrecha pero que alberga un tesoro pictórico mundial. En concreto, me refiero a una obra de Michelangelo Merisi da Caravaggio, Marta y María Magdalena, porque encierra en sí mismo una parábola de lo que está sucediendo ahora en este mundo al revés, por el sufrimiento generalizado que nos espera y. sobre todo, a los que menos tienen, a los nadies de Eduardo Galeano., a los diferentes, a los refugiados de cualquier barbarie nacional e internacional, a los desfavorecidos de todo tipo.
La sinopsis oficial de esta obra refleja perfectamente la desacralización de su pintura, que tanto aprecio y sobre la que ya he comentado obras suyas en este cuaderno digital: “Hay un Miguel Ángel de Caravaggio que está haciendo cosas extraordinarias en Roma». Esta cita de un pintor holandés contemporáneo ofrece una idea del impacto revolucionario de Caravaggio en el panorama artístico europeo. El uso dramático de la luz y la sombra anima sus imágenes religiosas, que presentan a personas de apariencia común como modelos. Esta pintura toma como punto de partida un pasaje del Evangelio de Lucas en el que Cristo es recibido en casa de las hermanas Marta y María Magdalena. Muestra un intercambio imaginario entre la modesta Marta, que reprocha a su hermana su conducta desobediente y enumera con los dedos los milagros de Cristo, y la sensual y vanidosa María, que viste ropas lujosas y apoya la mano en un gran espejo. Sin embargo, Caravaggio introdujo detalles que insinúan la próxima conversión de María. En su mano derecha, sostiene una ramita de azahar, símbolo de pureza; el anillo en su mano izquierda alude a su condición de esposa de Cristo”.
Si me refugio de nuevo en Michelangelo Merisi, nacido en Caravaggio, cerca de Milán, en 1571, hace ahora 454 años, es porque le reconozco su compromiso social durante el Barroco, pintando la parte más alternativa de la sociedad, a los nadies o a los personajes conflictivos en cualquier época, algo que en su fondo comprendió muy bien Rafael Alberti en el siglo pasado entrando en las iglesias de Roma: Confiésalo, Señor. Sólo tus fieles / hoy son esos anónimos tropeles / que en todo ven una lección de arte. // Miran acá, miran allá, asombrados, / ángeles, puertas, cúpulas, dorados… / Y no te encuentran por ninguna parte. En la obra de Caravaggio no querían encontrar sus contemporáneos del poder real y eclesiástico a los nadies, que tan maravillosamente dibujó y pintó siempre. Por ninguna parte. Tampoco, a la incomprendida y maltratada María Magdalena.
En este contexto, he recordado un artículo que leí en 2021 en elDiario.es, Caravaggio, ese luminoso rescate del comunismo italiano, en el que se planteaba la realidad social que rodeó la vida y obra del gran pintor barroco: “La tormenta de insultos y críticas que sufrió la obra de Michelangelo Merisi da Caravaggio (1571-1610) al poco de su muerte silenció, durante casi cuatro siglos, al maestro del Barroco. Quedó arrinconado porque sus queridos enemigos se apresuraron a rendir cuentas con el ariete del realismo y escribieron, entre otras lindezas, que por más fuerza real que tenían sus personajes, carecían “de movimiento, afecciones y gracia”. Y de esta manera la corriente clasicista se impuso a la naturalista que el Merisi representaba y así sucedió el triunfo del boloñés y empedernido misógino Guido Reni. La idea ganó a la verdad y la llama del caravaggismo que iluminó Europa el primer cuarto del siglo XVII se apagó. Hasta 1951”.
¿Por qué hasta 1951? La razón es clara y tiene nombre propio, Roberto Longhi (1890-1970), cuando consagra al gran pintor de Caravaggio, el topónimo por el que pasaría a la historia de la puntura, en la primera gran exposición retrospectiva de su obra, en el Palacio Real de Milán: “El análisis que Longhi escribió para la muestra de 1951 es un hecho histórico: acabó con la cancelación que habían alimentado pintores como Poussin, que en 1650 llega a Roma y al conocer la obra de Caravaggio le acusa de “haber venido al mundo para destruir la pintura”. O Stendhal, que pasea por Roma entre 1828 y 1834 y en sus crónicas alaba la obra de Reni y critica la del otro”. Si cobra siempre especial interés la operación rescate internacional de la obra de Caravaggio, no inocente ideológicamente hablando, se debe fundamentalmente a Roberto Longhi.
En relación con lo expuesto anteriormente existe una obra sobre el valor auténtico de su pintura, Caravaggio (1), una nueva edición actualizada de la que se publicó por primera vez en 1952. La sinopsis oficial de esta publicación no deja lugar a duda alguna, atendiendo a las palabras introductorias de Longhi: “No puede sorprender que, para una peripecia vital tan tormentosa y desgraciada como la de Caravaggio, los historiógrafos del siglo XVII más novelesco y del más romántico siglo XIX se las ingeniasen para transformar cada paso, desde sus inicios, para usarlo con fines a un retrato que resultase de lo más popular (lo que para ellos sonaba a plebeyo), es decir, apto para explicar la desprejuiciada y, se decía, indecorosa naturaleza del artista. Fue así como Caravaggio, ya desde niño, en Lombardía, se transmutó en el hijo de un albañil, en mezclador de argamasa y preparador de colas para los encaladores milaneses. Para el resto de su vida, sobre todo durante los años de Roma, Nápoles y Malta, no había ciertamente necesidad de cargar las tintas, cosa que sin embargo no se dejó de hacer y hasta su muerte, por razones de correspondencia simbólica, complaciéndose en adelantar en un año la fecha real de ésta”. Así empieza el ensayo de Roberto Longhi sobre la figura de Caravaggio, tan moderna como enigmática. Sirviéndose de su singular capacidad para imitar voces, Longhi se cuela en la vida del pintor como si hubiese sido su contemporáneo, un amigo íntimo incluso. Repasa sus encargos, explora sus obras maestras, trazando astutas e inesperadas correspondencias entre ellas y la vida del artista. Caravaggio trabaja a un ritmo vertiginoso, con una rapidez y facilidad pasmosas, desde la adolescencia hasta el desorden de sus últimos días romanos, y pasará buena parte de su vida como artista nómada y fugitivo de la justicia. Setenta años después de su publicación, el ensayo de Longhi sigue considerándose una contribución esencial a la bibliografía sobre el pintor, por ser el primero en brindar una visión de contexto de su obra y posiblemente por ser, hasta la fecha, el crítico que ofrece una mirada más limpia, una lectura más sobria e incontaminada, de la trayectoria y la producción del gran maestro”.
Pero lo que verdaderamente me ha entusiasmado al volver a leer el artículo citado es su referencia a la gran admiración que sintió siempre Pier Paolo Pasolini por el pintor de Caravaggio: “El pintor que transformó la mitología en calle, el artista que convirtió lo sagrado en cotidiano, el que demostró que el arte no reside en la historia que narra, sino en la verdad humana que muestra, Caravaggio, fue la inspiración de Pier Paolo Pasolini (1922-1975). El director de El Evangelio según San Mateo (1964) conoció de estudiante a Caravaggio en las clases de Roberto Longhi, en la Universidad de Bolonia. Y su encuentro con el pintor cuajó en su pasión por el cine, como él mismo reconoció”. Longhi lo deja claro en su obra: “La verdad es que cada pintor no ofrece a fin de cuentas sino lo que el mundo le demanda”.
Para finalizar, lo que me sigue conmoviendo en esta búsqueda de ”refugios” para el alma e secreto, es la lectura de un texto de Pasolini sobre “la luz de Caravaggio”, donde resume de forma magistral la gran aportación de Michelangelo Merisi a la historia de la pintura, porque fue un gran inventor al servicio de la sociedad, para transformarla, no sólo cambiarla, con tres aportaciones maestras: “Caravaggio inventó, en primer lugar, un nuevo modo que, según la terminología cinematográfica, se denomina «profílmico» (entiendo por tal todo lo que está delante de la cámara). Es decir, Caravaggio inventó todo un mundo para poner delante del caballete en su estudio: nuevos tipos de personas, en sentido social y caracteriológico, nuevos tipos de objetos, nuevos tipos de paisajes. En segundo lugar, inventó una nueva luz: sustituyó la iluminación universal del Renacimiento platónico por una luz cotidiana y dramática. Si Caravaggio inventó tanto los nuevos tipos de personas y de cosas como el nuevo tipo de luz fue porque los había visto en la realidad. Se dio cuenta de que a su alrededor –excluidos por la ideología cultural vigente desde hacía casi dos siglos– había formas de iluminación lábiles pero absolutas que nunca habían sido reproducidas y, así, cada vez más alejadas de la costumbre y de la norma, habían acabado por resultar escandalosas y se las había suprimido de forma que, hasta Caravaggio, lo más probable es que ni los pintores ni los hombres en general las vieran. El tercer invento de Caravaggio es un diafragma (también luminoso, pero de una luminosidad artificial que sólo pertenece a la pintura y no a la realidad) que lo separa tanto a él, el autor, como a nosotros, los espectadores, de sus personajes, de sus naturalezas muertas, de sus paisajes. Este diafragma, que traslada las cosas pintadas por Caravaggio a un universo separado, muerto en cierto modo –al menos respecto a la vida y al realismo con el que esas cosas habían sido percibidas y pintadas–, lo ha explicado espléndidamente Roberto Longhi con la hipótesis de que Caravaggio pintaba mirando sus figuras reflejadas en un espejo. Estas figuras eran las que Caravaggio había seleccionado en la realidad –desaliñados aprendices de frutero, mujeres del pueblo que jamás habían sido tomadas en cuenta, etc.– y estaban bañadas por esa luz real de una hora del día concreta, con todo su sol y todas sus sombras. Y, sin embargo… sin embargo, dentro del espejo todo parece como suspendido, como con un exceso de verdad, un exceso de evidencia que lo hace parecer muerto”.
Este realismo humano es lo que aprendió de él Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 – Nápoles, 1654), cuando pintó María Magdalena como la melancolía, que me consta que era muy querida por su autora por su identificación con ella como mujer “pecadora” (?) que sufrió mucho en su vida ajetreada y singular aunque ha sido muy maltratada por la historia y por la Iglesia oficial. Artemisia sufrió un triste episodio de juventud, concretamente la violación cuando solo tenía 17 años, en 1612, por parte del mentor propuesto por su padre, Agostino Tassi (1566-1644), ya que al ser mujer no podía cursar los estudios oficiales de pintura en las Academias correspondientes, solo para hombres, lo que propició un juicio promovido por su padre, muy estudiado, que ganó y que se puede conocer con detalle en una obra muy interesante dedicada a esta pintora (2).
Es verdad que no existen pintores y pintoras inocentes, como casi nada de lo que existe en la vida, que tampoco lo es en la cadaunada que cada uno vive. Dicho esto, pocos se acordaron y se acuerdan, a lo largo de los siglos, de pintar a los nadies o a mujeres tocadas por la melancolía de la incomprensión humana, como María Magdalena, que ambos reprodujeron de la mejor forma posible. No olvido la sinopsis oficial de Marta y María, en el Museo de Detroit: “Sin embargo, Caravaggio introdujo detalles que insinúan la próxima conversión de María. En su mano derecha, sostiene una ramita de azahar, símbolo de pureza;el anillo en su mano izquierda alude a su condición de esposa de Cristo”. De ahí la importancia de recordar hoy a Michelangelo Merisi, nacido en Caravaggio en 1571. O a Artemisia Gentileschi, nacida en Roma en 1593, pintora del dolor propio y ajeno, de la melancolía.
(2) Gentileschi, Artemisia, Cartas precedidas de las actas del proceso por estupro (Edición de Eva Menzio), 2016. Madrid: Anaya (Cuadernos de Arte Cátedra).
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UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Itzhak Perlman, interpretando el tema principal de la banda sonora de La lista de Schindler, junto a John Williams, compositor de la misma, dirigiendo la Orquesta de Connecticut.
Sevilla, 25/III/2025 – 11:30 h (CET+1)
El gran director americano John Ford, ídolo de mi infancia, ante la pregunta de un periodista sobre qué es el cine, contestó en cierta ocasión, sin inmutarse, algo aleccionador que no he olvidado: “es ver caminar a Henry Fonda”. Algo así me ocurre a mí si me preguntaran hoy qué es la música cinematográfica, porque mi respuesta es clara: escuchar, por ejemplo, al gran violinista Itzhak Perlman, interpretando el tema principal de la banda sonora de La lista de Schindler, una obra maestra compuesta por John Williams.
Este homenaje que hago hoy a la música en el cine viene dado por haber escuchado recientemente a la Film Symphony Orchestra, que ha traído a esta ciudad su último montaje, TARAB, palabra árabe cuyo significado, emoción que genera la música en quien la escucha, fue el hilo conductor del espectáculo. La FSO es un proyecto cultural y didáctico, como pude comprobar personalmente a lo largo de casi tres horas de actuación sinfónica: “Film Symphony Orchestra es un novedoso proyecto artístico y empresarial que nace con la finalidad de cubrir un hueco existente en la oferta cultural y musical de España. Se trata de una orquesta sinfónica profesional de la más alta calidad que, con más de 70 músicos, ofrece exclusivamente conciertos de música de cine – en su sentido más amplio- o de autores estrechamente vinculados al género. De la mano de su internacionalmente laureado director Constantino Martínez Orts, la FSO ofrece espectáculos de música cinematográfica con o sin proyección visual y la posibilidad de grabar bandas sonoras. De esta manera hemos abierto una apasionante dinámica a través de la cual, Film Symphony Orchestra acomete, con las máximas garantías, un intenso proceso de trabajo estratégico para el desarrollo, en todos los sentidos, de un proyecto innovador y único, que une cultura, arte y espectáculo , con la pretensión de acercar la música sinfónica a nuestra sociedad a través de un hilo conductor tan universal como el cine”.
La interpretación del tema principal de la banda sonora de La lista de Schindler, por parte de la joven violinista Amanda Ochoa, sobrecogió al auditorio. Era la auténtica representación de la música cinematográfica al alcance de todos, del alma musical de cada uno, de cada una de las personas asistentes. Comprendo bien al director de la FSO, Constantino Martínez-Orts, al elegir la palabra Tarab para esta gira musical 2024-2025, porque al escuchar las composiciones elegidas con especial cuidado emocional para esta ocasión, sabe que provocan “ese palpitar del corazón aceleradamente”. Tarab, en su sentido pleno.
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UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL,
Estoy cerca de la evolución humana de la cantoraValeria Castro (La Palma, 1999), que canta porque debe hacerlo según ella, no sólo porque pueda hacerlo, distinción artística para mí esencial, ya presente en varias ocasiones en páginas de este cuaderno digital, la última con ocasión del estreno de una película excepcional que me conmovió al verla, El 47, donde a través de su canción En el borde del mundo, pone su voz a las escenas finales y títulos de crédito, sellando una obra cinematográfica maestra, que ella explica en la quintaesencia de su canción: “El borde del mundo” es ese sentimiento de quien vive en los sitios olvidados, de quien carga una historia, el peso de ese olvido y lo que lo rodea. Como compositora, sumarse como una pieza más al engranaje del cine es un soplo de aire fresco precioso, pero hacerlo en una película como ‘El 47’, lejana en espacio, pero con un punto en común tan importante como el sentirse en esas partes del mundo a las que nadie mira. Ha sido un verdadero lujo”.
Vuelve ahora mi vida orteguiana de secreto con motivo de la publicación de un nuevo disco, El cuerpo después de todo, explicado en su breve biografía oficial, dándonos una idea de su trayectoria humana, personal y profesional: “Tras completar una gira de 82 conciertos con entradas agotadas en teatros de más de 10 países con su primer álbum, Valeria presenta «el cuerpo después de todo», su segundo trabajo de larga duración. Producido por el ocho veces ganador del Latin Grammy Carles Campi Campón (Jorge Drexler, Natalia Lafourcade, Vetusta Morla), este álbum marca un ejercicio de maduración artística y personal. En él, la de La Palma da paso a una mujer fuerte que enfrenta sus miedos con valentía. Es un puzle de emociones que conecta con nuestros sentimientos más profundos y dormidos. Valeria, siempre fiel a su esencia, parece recordarnos aquella frase del escritor Antoine de Saint-Exupéry en El Principito: «Lo esencial es invisible a los ojos». Grabado entre México y España, este nuevo trabajo llevará a Valeria a recorrer al menos 17 países en su gira de presentación, culminando con un concierto en el Wizink Center de Madrid, un hito que reafirma su posición como una de las grandes artistas de su generación”.
El canto de Valeria Castro no deja indiferente a nadie. Lo escuché atentamente en 2023, como escuchaor andaluz de quejíos de personas con alma, una cantora ´chiquita´, debido a su nacimiento en la isla de la Palma, que así se identifica también con esta preciosa isla, muy bonita y que conozco bien, de la que ya predije que se iba a escuchar a escala internacional, aquél año con motivo de la ceremonia de la entrega de los premios Grammy en esta ciudad, al estar nominada a uno de estos premios, concretamente el Grammy Latino a mejor canción de cantautor por ´La raíz´, una canción de homenaje a su tierra ´chiquita´, a la que nunca ha renunciado en su fondo y forma. Esa canción exponía que no ha perdido nunca su identidad, tal y como lo expresaba en 2021 en una entrevista en la revista ´Vogue´: “Nací en La Palma, que es una de las islas menores de Canarias, y es también por eso mi sentimiento de pequeñita. Saber de dónde vienes, cuando se trata de un sitio pequeño, es saber también que tienes que crecer desde más abajo. Empecé estudiando en una escuela de música de allí y, si no hubiese crecido ahí, quizás mi amor por la música no sería el que es hoy. Empezar con 4 años a tocar el piano y cantar fue clave, la infancia es una etapa muy bonita para desarrollar esas pasiones y que luego duren, ojalá, siempre”.
Para comprender la quintaesencia de su nuevo disco, he leído una entrevista en el diario El País, que me ha ayudado a conocerla mejor, a pesar de lo descarnado que parece su título: Valeria Castro: “He sido muy cruel con mi cuerpo”. junto con la entradilla de la misma, que desarrolla brevemente su contenido: “La artista canaria, convertida con solo 25 años en una de las cantautoras más celebradas de la música en español, presenta ‘El cuerpo después de todo’, un álbum introspectivo en el que confiesa todos sus miedos. Con ella hablamos sobre los rigores de la soledad, la presión estética o el impacto emocional que tiene su música en su vida y en la de quienes la escuchan”.
He leído también con la atención que merece la letra de la canción de su nuevo álbum que lleva el título genérico de su nueva obra discográfica tan vital como ella misma:
La crudeza de una realidad cercana a lo salvaje estar alerta, consciente y esperando a que algo pase cómo queda el cuerpo después de todo y más sabiendo que nunca fue sonoro
un pensamiento que no cabe en el lenguaje la herencia que no se ha llevado el oleaje cómo queda el cuerpo después de todo que tiembla, quiere hacerse fuerte y aún no sabe cómo
corazón migrante que busca en el cariño ajeno forma de salvarse pero no cobarde intenta que el peso algo lo aguante
puñal en el espejo puñado de complejos que no hay quien aligere y ojalá la piel desnuda la miren con ternura cuando una no puede
sentir presente, humana y colectiva la historia generalizada femenina cómo queda el cuerpo después de todo que siente y padece de otro modo
corazón migrante que busca en el cariño ajeno forma de salvarse pero no cobarde intenta que el peso algo lo aguante
puñal en el espejo puñado de complejos que no hay quien aligere y ojalá la piel desnuda la miren con ternura cuando una no puede
puñal en el espejo puñado de complejos que no hay quien aligere y ojalá la piel desnuda la miren con ternura cuando una no puede cuando una no puede cuando una no puede
En el contexto mundial en el que estamos instalados, he sustituido en mi caso cuerpo por alma y en los estribillos suena de forma especial para mí: cómo queda el alma después de todo, y más sabiendo que nunca fue sonora,que tiembla, quiere hacerse fuerte y aún no sabe cómo, que siente y padece de otro modo. A pesar de que soy consciente, al igual que pensaba hace ya bastantes años Antoine de Saint-Exupéry y ahora Valeria Castro, que lo esencial de la vida y del alma es invisible para los ojos, los oídos y la mente humana.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL,
En estos días, en los que se cumplen cinco años del comienzo de la pandemia por COVID-19, deseo estar cerca de las familias que sufrieron la pérdida de sus seres queridos, mayores, que como expresaban en sus pancartas reivindicativas en el mes de noviembre pasado, las diferentes mareas y colectivosconcienciados de lo que ocurrió, “¡murieron en las Residencias sintiendo el horror de no ser auxiliados!, porque “7291 fueron abandonados”. Asimismo, nos pedían que no los abandonáramos nosotros también, en esta lucha por exigir responsabilidades públicas a la Comunidad de Madrid, ¡Por justicia, responsabilidades! ¡Por dignidad, derechos humanos!
Hoy, vuelvo a reiterar lo que expresé en un artículo publicado en este cuaderno digital el pasado 24 de noviembre de 2024, porque personalmente no abandono esta denuncia de lo que ocurrió y no tenía que haber pasado en las Residencias de mayores en Madrid, desde este humilde altavoz que busca siempre defender la dignidad humana y la lucha incansable por olvidar el olvido. Por este motivo, he vuelto a leer el resumen ejecutivo del Informe de la Comisión Ciudadana por la Verdad en las Residencias de Madrid, publicado el 15 de marzo de 2024, elaborado por la Comisión Ciudadana por la Verdad en las Residencias de Madrid, reteniendo hoy en mi persona de secreto y en la de todos, que decía Ortega y Gasset, las palabras finales, porque exponen de forma contundente el camino que se debe andar para abrir vías que propicien una actuación positiva, de una vez por todas, del Ministerio Público, que permita exigir “justicia, investigación y no repetición: «Para terminar, en lo general, lo aquí expuesto exige una revisión a fondo del modelo residencial y de cuidados de las personas mayores y de las personas con discapacidad e insta a impulsar un cambio cultural y social de fondo sobre la relación que la comunidad debe tener con las personas mayores, una relación que rechace de plano la discriminación edadista instalada invisiblemente entre nosotros. En lo particular —objeto preciso de este informe—, se urge al Gobierno de la Comunidad de Madrid y a las autoridades del ámbito judicial, especialmente al Ministerio Fiscal, a que cumplan escrupulosamente con su deber de transparencia y de protección activa de los derechos fundamentales de las personas, investigando lo sucedido, determinando los responsables si los hubiere y acordando los resarcimientos a que hubiera lugar. Realizando el derecho a la verdad, con todas sus consecuencias«.
Como manifesté en mi artículo, Un informe, imprescindible, para conocer la verdad de lo ocurrido en las residencias de mayores, en Madrid, la muerte de personas mayores por el «abandono» a su suerte, durante la pandemia en todo el país, pero especialmente en Madrid, debería seguir removiendo nuestras conciencias -más allá de las cifras frías- de una vez por todas y exigir responsabilidades políticas de todo tipo. Sentí una emoción especial al ver el 23 de noviembre de 2024, a los manifestantes de la Marea de Residencias en Madrid, un grupo de personas, familiares fundamentalmente de personas mayores fallecidas durante la primera ola de la pandemia, manifestándose de nuevo para que no se olvide el olvido de los ocurrido durante la citada pandemia. Y así, una y otra vez, sin descanso alguno.
Como muestra de este recuerdo activo, está el documental «7291″, un documental dirigido por Juanjo Castro que habla sobre los fallecidos en las residencias de ancianos de la región durante la pandemia. Ha sobrevivido en su lucha para que entrara en los circuitos de distribución cinematográfica en las salas del país, tarea que no ha sido fácil, a pesar de que es una muestra imprescindible para conocer de forma objetiva lo ocurrido en aquellos días. Afortunadamente, esta noche tenemos la oportunidad de ver este documental en la 2 de RTVE, la televisión pública de nuestro país, a las 23:10 horas, que también se emitirá a través del Canal 24 horas y de la plataforma de streaming RTVE Play, como un deber democrático ante estos hechos tan luctuosos, que siguen sin reconocerse en el ámbito judicial ni por los responsables políticos de la Comunidad de Madrid.
Como informaba el 23 de noviembre de 2024 elDiario.es, «a mediados de octubre, ‘Marea de residencias’ y ‘7291: Verdad y justicia’, presentaron una nueva denuncia conjunta ante la Fiscalía Superior de Justicia de Madrid por la “discriminación sufrida” durante la pandemia. La denuncia fue presentada por 108 familiares de 115 residentes que vivían en 72 residencias distintas de la región y en ella se aportaba “documentación inédita” como “informes internos del Gobierno en los que se reflejaba la situación en la que estaban los geriátricos”, según explicaron las portavoces de las plataformas. Hasta el momento, la justicia ha cerrado todos los procedimientos iniciados al no acreditarse la comisión de delito alguno en relación a los protocolos de derivación de residentes».
Creo, a la luz del informe citado, que no hay que bajar la guardia en relación con este asunto de tanta transcendencia humana, personal, social y, también, de delimitación de responsabilidades políticas, caiga quien caiga, porque estos hechos no deberían quedar impunes. Es más, no deberían prescribir, ante la pasividad social de un país que está viviendo el ocaso de la democracia. Por esta razón de la razón y del corazón, público hoy, de nuevo, esta reflexión, con objeto de que quien la lea contribuya a su difusión máxima, en homenaje a las miles de personas mayores que murieron por la indignidad política de quienes tomaron decisiones que avergüenzan cualquier conciencia en personas dignas. Por extensión, a sus familiares y a los profesionales que les ayudaron, como pudieron, a morir en medio de esta injusticia manifiesta.
Lean el informe, por favor, porque nos permite emitir juicios bien informados, no opiniones. Es lo mínimo que podemos hacer para contribuir al esclarecimiento final y justo de estos hechos. Colabore, por favor, en su difusión, porque en este caso, entre otros muchos, debemos olvidar este olvido. Soy consciente de que si se callan…, las personas que cantan, que componen, que escriben, que sueñan, que son blogueros o blogueras, o personas que ejercen una política digna, los y las artistas, o la ciudadanía anónima, con las injusticias que pasan en nuestro mundo cotidiano, se calla la vida y… la palabra, que aún nos queda. Tengo muy claroque una vez más y en este caso especialmente, debemos olvidar el olvido.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL,
Sevilla, 3/III/2025 – 08:00 h (CET+1) / Actualizado 14:30 h
Como persona que ama el cine social y que sabe que “el cine es ver caminar a Henry Fonda”, que decía el famoso John Ford, porque conocía muy bien al actor y respondiendo a un periodista ante la pregunta clásica de ¿qué es el cine?, he sentido una emoción especial al conocer que la película brasileña Aún estoy aquí recibió anoche el Óscar 2025 a Mejor Película Extranjera. Es un justo reconocimiento a una película excepcional, a la que dediqué el pasado 26 de febrero unas palabras especiales en este cuaderno digital que busca islas desconocidas, en este caso una película con un mensaje esencial de respeto a la memoria histórica y democrática de un país, Brasil, en una época de dictadura militar que se prolongó 21 años.
Como me queda la palabra para casi todo lo que ocurre en estos tiempos trumpianos tan revueltos, en el mundo en general y en nuestro país en particular, vuelvo a publicar el artículo citado, La memoria democrática en una sola frase: “aún estoy aquí”.
La película está basada en unas memorias escritas por Marcelo Rubens Paiva, en las que narra cómo su madre se vio obligada al activismo político cuando su marido, el diputado izquierdista Rubens Paiva, fue capturado por el gobierno durante la dictadura militar de Brasil, en 1971. La sinopsis oficial del libro ayuda a comprender la quintaesencia de este Óscar: “Verano de 1971. Eunice Paiva, recientemente liberada de un período de prisión e interrogatorio de doce días en DOI-Codi, en Río de Janeiro, pasa una corta temporada con amigos en Búzios. Según Antonio Callado, ella respiraba aliviada; el propio ministro de Justicia le había asegurado que su marido, Rubens Beyrodt Paiva, «ya había sido interrogado, estaba bien y en unos dos días estaría de vuelta a su casa». Rubens Paiva, sin embargo, capturado por hombres de la Fuerza Aérea el 20 de enero de 1971, fue torturado, asesinado y su cuerpo nunca más fue encontrado. «La cara de Eunice», escribe Callado, «continuó mojada y salada durante mucho tiempo, al igual que en esa mañana de Búzios. El agua ya no era del mar». En este libro, Marcelo Rubens Paiva hace un retrato emocionante de Eunice, su madre, y por primera vez traza una historia dramática de lo que ocurrió – y de lo que pudo haber ocurrido – con Rubens Paiva. «Mi padre, uno de los hombres más simpáticos y risueños que Callado conoció, murió por decreto, gracias a la Ley de los Desaparecidos, veinticinco años después de haber muerto por tortura», dice él, en este libro magistral. Eunice “levantó el certificado de defunción para la prensa, como un trofeo. Fue en ese momento en el que descubrí que allí estaba la verdadera heroína de la familia; sobre ella era la que nosotros, los escritores, deberíamos escribir».
El presidente Lula felicitó el pasado 7 de enero a la actriz y escritora brasileña Fernanda Torres, por haber sido premiada con el Globo de Oro a la Mejor Actriz, por su interpretación en la película Aún estoy aquí, dirigida por Walter Salles, expresándole la satisfacción nacional en nombre de su país por el abordaje cinematográfico de un pasaje en la historia del país que siempre se quiso borrar: “Brasil se merecía esto, te lo merecías…».
La sinopsis de la película, multipremiada ya, incluso con el Goya de este año en nuestro país, a la mejor producción iberoamericana y con tres candidaturas a los Óscar 2025, a Mejor Película, Mejor Actriz y Mejor Película Extranjera, nos ofrece el hilo conductor de la misma resaltando la importancia del respeto a la memoria histórica y democrática de cualquier país, en este caso de Brasil: “Está basada en las memorias de Marcelo Rubens Paiva, en las que narra cómo su madre se vio obligada al activismo político cuando su marido, el diputado izquierdista Rubens Paiva, fue capturado por el gobierno durante la dictadura militar de Brasil, en 1971”. Conviene recordar que esta dictadura se mantuvo en el país desde 1964 hasta 1985.
He comprendido bien esta sinopsis escuchando atentamente a su director en una entrevista: “Son recuerdos de mi adolescencia. Mi novia era amiga de una de las hijas de Paiva, pasé mucho tiempo con ellos. Esa casa era otro país, donde la discusión política era libre, se hablaba de libros y discos censurados. Pero allí también descubrí una violencia que desconocía. La desaparición de Rubens marcó un antes y después para todos los que participamos en ese microcosmos. Si teníamos algo de inocencia, la perdimos ese día”.
Si rescato hoy esta película y su mensaje es porque su estreno en Brasil ha sido un revulsivo ante la extrema derecha y el bolsonarismo, fenómeno mundial de un neofascismo que da miedo. De ahí mi interés por rescatar hoy también en nuestro país el respeto a la memoria histórica y democrática tan necesaria para no volver a cometer los mismos errores ante el ocaso de la democracia. Aprovecho, por tanto, esta oportunidad que me ofrece aproximarme a esta excelente película, para manifestar mi incondicional apoyo a la vigente Ley de Memoria Democrática en España, como ciudadano político, que cuido la democracia de este país y su memoria, así como la de mi Comunidad Autónoma, mi ciudad y mi barrio, como tantas veces he escrito en este cuaderno digital. Es una ley que ordena en su objeto y finalidad la recuperación, salvaguarda y difusión de la memoria democrática, entendida ésta como conocimiento de la reivindicación y defensa de los valores democráticos y los derechos y libertades fundamentales a lo largo de la historia contemporánea de España, con el fin de fomentar la cohesión y solidaridad entre las diversas generaciones en torno a los principios, valores y libertades constitucionales: “Asimismo, es objeto de la ley el reconocimiento de quienes padecieron persecución o violencia, por razones políticas, ideológicas, de pensamiento u opinión, de conciencia o creencia religiosa, de orientación e identidad sexual, durante el período comprendido entre el golpe de Estado de 18 de julio de 1936, la Guerra de España y la Dictadura franquista hasta la entrada en vigor de la Constitución Española de 1978, así como promover su reparación moral y la recuperación de su memoria personal, familiar y colectiva, adoptar medidas complementarias destinadas a suprimir elementos de división entre la ciudadanía y promover lazos de unión en torno a los valores, principios y derechos constitucionales. Se repudia y condena el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y la posterior dictadura franquista, en afirmación de los principios y valores democráticos y la dignidad de las víctimas. Se declara ilegal el régimen surgido de la contienda militar iniciada con dicho golpe militar y que, como consecuencia de las luchas de los movimientos sociales antifranquistas y de diferentes actores políticos, fue sustituido con la proclamación de un Estado Social y Democrático de Derecho a la entrada en vigor de la Constitución el 29 de diciembre de 1978, tras la Transición democrática”.
Estamos avisados ante los nuevos vientos de la derecha, ultraderecha y su más allá en nuestro país y en el nuevo orden mundial que diseña de forma violenta Trump y su oligarquía tecnológica, aunque nos queda algo grandioso en democracia, la palabra, para poder denunciar lo que está pasando por todos los medios posibles, tal y como aprendí en un día ya lejano de Blas de Otero: Si abrí los labios para ver el rostro / puro y terrible de mi patria, / si abrí los labios hasta desgarrármelos, / me queda la palabra.Para mí, lo importante es que la democraciatodavía está aquí. Así lo escribí recientemente en este cuaderno digital, El dinosaurio sí, la democracia también, recordando a Augusto Monterroso en su famoso cuento breve, que aplicado ahora a la democracia nunca he olvidado: Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
El presidente Lula felicitó el pasado 7 de enero a la actriz y escritora brasileña Fernanda Torres, por haber sido premiada con el Globo de Oro a la Mejor Actriz, por su interpretación en la película Aún estoy aquí, dirigida por Walter Salles, expresándole la satisfacción nacional en nombre de su país por el abordaje cinematográfico de un pasaje en la historia del país que siempre se quiso borrar: “Brasil se merecía esto, te lo merecías…».
La sinopsis de la película, multipremiada ya, incluso con el Goya de este año en nuestro país, a la mejor producción iberoamericana y con tres candidaturas a los Óscar 2025, a Mejor Película, Mejor Actriz y Mejor Película Extranjera, nos ofrece el hilo conductor de la misma resaltando la importancia del respeto a la memoria histórica y democrática de cualquier país, en este caso de Brasil: “Está basada en las memorias de Marcelo Rubens Paiva, en las que narra cómo su madre se vio obligada al activismo político cuando su marido, el diputado izquierdista Rubens Paiva, fue capturado por el gobierno durante la dictadura militar de Brasil, en 1971”. Conviene recordar que esta dictadura se mantuvo en el país desde 1964 hasta 1985.
He comprendido bien esta sinopsis escuchando atentamente a su director en una entrevista: “Son recuerdos de mi adolescencia. Mi novia era amiga de una de las hijas de Paiva, pasé mucho tiempo con ellos. Esa casa era otro país, donde la discusión política era libre, se hablaba de libros y discos censurados. Pero allí también descubrí una violencia que desconocía. La desaparición de Rubens marcó un antes y después para todos los que participamos en ese microcosmos. Si teníamos algo de inocencia, la perdimos ese día”.
Si rescato hoy esta película y su mensaje es porque su estreno en Brasil ha sido un revulsivo ante la extrema derecha y el bolsonarismo, fenómeno mundial de un neofascismo que da miedo. De ahí mi interés por rescatar hoy también en nuestro país el respeto a la memoria histórica y democrática tan necesaria para no volver a cometer los mismos errores ante el ocaso de la democracia. Aprovecho, por tanto, esta oportunidad que me ofrece aproximarme a esta excelente película, para manifestar mi incondicional apoyo a la vigente Ley de Memoria Democrática en España, como ciudadano político, que cuido la democracia de este país y su memoria, así como la de mi Comunidad Autónoma, mi ciudad y mi barrio, como tantas veces he escrito en este cuaderno digital. Es una ley que ordena en su objeto y finalidad la recuperación, salvaguarda y difusión de la memoria democrática, entendida ésta como conocimiento de la reivindicación y defensa de los valores democráticos y los derechos y libertades fundamentales a lo largo de la historia contemporánea de España, con el fin de fomentar la cohesión y solidaridad entre las diversas generaciones en torno a los principios, valores y libertades constitucionales: “Asimismo, es objeto de la ley el reconocimiento de quienes padecieron persecución o violencia, por razones políticas, ideológicas, de pensamiento u opinión, de conciencia o creencia religiosa, de orientación e identidad sexual, durante el período comprendido entre el golpe de Estado de 18 de julio de 1936, la Guerra de España y la Dictadura franquista hasta la entrada en vigor de la Constitución Española de 1978, así como promover su reparación moral y la recuperación de su memoria personal, familiar y colectiva, adoptar medidas complementarias destinadas a suprimir elementos de división entre la ciudadanía y promover lazos de unión en torno a los valores, principios y derechos constitucionales. Se repudia y condena el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y la posterior dictadura franquista, en afirmación de los principios y valores democráticos y la dignidad de las víctimas. Se declara ilegal el régimen surgido de la contienda militar iniciada con dicho golpe militar y que, como consecuencia de las luchas de los movimientos sociales antifranquistas y de diferentes actores políticos, fue sustituido con la proclamación de un Estado Social y Democrático de Derecho a la entrada en vigor de la Constitución el 29 de diciembre de 1978, tras la Transición democrática”.
Estamos avisados ante los nuevos vientos de la derecha, ultraderecha y su más allá en nuestro país y en el nuevo orden mundial que diseña de forma violenta Trump y su oligarquía tecnológica, aunque nos queda algo grandioso en democracia, la palabra, para poder denunciar lo que está pasando por todos los medios posibles, tal y como aprendí en un día ya lejano de Blas de Otero: Si abrí los labios para ver el rostro / puro y terrible de mi patria, / si abrí los labios hasta desgarrármelos, / me queda la palabra. Para mí, lo importante es que la democracia todavía está aquí. Así lo escribí recientemente en este cuaderno digital, El dinosaurio sí, la democracia también, recordando a Augusto Monterroso en su famoso cuento breve, que aplicado ahora a la democracia nunca he olvidado: Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Vuelvo a encontrar mi azul, / mi azul y el viento, / mi resplandor, / la luz indestructible / que yo siempre soñé para mi vida.
Rafael Alberti, Lanzarote. Primera estrofa (31 de mayo de 1979)
Sevilla, 16/II/2025
En mi carabela imaginaria, como navegante imaginario (recordando a Nicanor Parra y a Saramago), he fondeado hoy en una aventura musical y de imágenes, Íntima armonía.Insular, un documental de Televisión Española rodado en 1971, con guion y realización del excelente fotógrafo Ramón Masats y con banda sonora de Luis de Pablo, personas a las que he dedicado palabras de admiración en este cuaderno digital, cuya sinopsis oficial explicaba brevemente su contenido: «Documental sobre la isla canaria de Lanzarote, dirigido por Ramón Masats. Elaborado sobre la obra musical del compositor Luis de Pablo, interpretada por el conjunto instrumental Alea dirigido por José María Franco Gil, y la orquesta sinfónica de Radiotelevisión Española dirigida por Odón Alonso. Paisajes, pueblos, cultivos y turistas, con música sin comentarios, dividido en varias partes con los títulos de las obras de Luis de Pablo. Con la participación de César Manrique». ¡Qué obra cultural tan imprescindible, la de César Manrique en la isla, tantas veces visitada por mí!.
Lo verdaderamente sorprendente es conocer que cuando el director general de Televisión Española en aquella época, Adolfo Suárez, visionó el documental, dijo algo a los autores que ha pasado a la posteridad, pensando hoy que años más tarde sería el presidente de nuestro país: “Como volváis a hacer otra mariconada como esa, os echo”. Sobran comentarios, sobre todo por el tratamiento de la cultura por parte del Régimen.
En estos días se puede disfrutar de la exposición El fotógrafo silencioso, sobre Ramón Masats, en la Fundación Foto Colectania, de Barcelona, en la que se resalta una vez más su gran dimensión artística, retratando sobre todo una de las dos Españas que nos helaba el corazón: «La exposición recorre una extensa selección de imágenes icónicas, que combinamos con algunas fotografías inéditas, para recordar también que Masats fue cronista de una España que vivía en la dictadura: un documento excepcional que huye del estereotipo y el encasillamiento y nos muestra como la contundente mirada del fotógrafo siempre se reservaba la empatía para la gente común». Pero una crítica muy objetiva y sincera sobre esta exposición, que he leído atentamente en una tribuna libre de Babelia, me ha llevado a seguir conociendo con más profundidad el perfil personal y profesional de Ramón Masats, localizando una isla desconocida, de cuyo nombre quiero acordarme hoy, Insular, que refleja muy bien quién era este artista de la fotografía crítica y de forma asociada, el excelente músico Luis de Pablos.
Según Visionary Film, «Insular (1971) es un de los trabajos fílmicos españoles más significativos en relación a la conjunción entre nuevas músicas y experimentación visual. La búsqueda de asociaciones formales es una de las constantes en una película en color que documenta los paisajes, las poblaciones y las gentes de Lanzarote a lo largo de veintiséis minutos. Rodado en 35 milímetros y producido por Radio Televisión Española, Insular es un filme documental, visualmente espectacular, auditivamente inquietante. Tras el título de los créditos iniciales aparece una indicación del todo ilustrativa de lo que vendrá a continuación: “Seis temas de Luis de Pablo visualizados por Ramón Masats”. […] Estamos ante una propuesta fílmica donde el sonido directo, los diálogos y las voces en off quedan completamente descartados. Son los temas musicales los que marcan la pauta de un filme vibrante, de factura impecable. Cesuras (1963), Ein Wort (1964), Módulos III – a (1967), Módulos V (1967), Polar (1961) y Imaginario II (1967-68) son los títulos de los seis temas incluidos a lo largo del trabajo. Cada uno de ellos concreta la representación de algunos de los aspectos más destacados de esta isla del archipiélago canario. El primer bloque visualiza un paisaje desértico hecho de arena, rocas, montañas y volcanes. Alternando planos de detalle con planos aéreos filmados desde un helicóptero, se promueve un ritmo acelerado determinado por continuas panorámicas laterales, bruscos travellings hacia adelante y frenéticos montajes que rivalizan con los cortes de notas aleatorias de percusiones, violines e instrumentos de viento. Ein Wort amplía la representación paisajística acercándose a poblaciones de las que emergen diferentes fachadas de habitáculos. Paredes, puertas y ventanales crean sinergias con sonidos disonantes improvisados. Las salinas de las zonas costaneras y los rituales de sus trabajadores acaparan el imaginario del tercer bloque, mientras los demás temas quedan ilustrados por elementos tan dispares como danzas tradicionales de gentes disfrazadas, entrenamientos de lucha libre en la playa o ridículos paseos de turistas sobre dromedarios». Por cierto, interviene también en este documental el organista alemán Gerd Zacher, de quien tuve referencia en 1975, al conocer a Juan Allende-Blin, compositor chileno, autor de una obra para órgano, Mi piano azul, de la que Zacher hizo una interpretación que he vuelto a escuchar hoy y que no olvido. Conservo en mi discoteca particular esta obra que me regaló personalmente.
Ante lo expuesto anteriormente surge una pregunta inquietante: ¿conocemos bien lo que significó la lucha por una cultura digna durante la dictadura franquista y quienes fueron sus valedores en un medio político tan hostil? Recuperar lo que sucedió verdaderamente, es un deber democrático. Lo afirmado por Adolfo Suárez al ver este documental es un exponente claro de lo que pensaba el Régimen al respecto: una «mariconada». He localizado el documental en los fondos de Televisión Española y les recomiendo verlo, previo registro en rtve play, sin coste alguno, al ser fondo público, no confundiendo nunca el gran aserto de Machado, todo necio / confunde valor y precio (Proverbios y cantares, LXVIII), por el inmenso valor que encierra la equidad social en el acceso a este visionado. Comprenderán de este modo las palabras que he escrito hoy sobre Ramón Masats y Luis de Pablos, como un acto de reconocimiento de la memoria histórica y democrática de nuestro país, de ellos al fin y al cabo.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
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Y aunque pasen y pasen los años / No se olvida el recuerdo ni el daño.
Valeria Castro, en El borde del mundo
Sevilla, 9/II/2025
En la gala de los 39º Premios Goya, celebrada anoche en Granada, triunfaron dos películas que compartieron el premio a mejor película, en un empate histórico: ‘El 47’, dirigida por Marcel Barrena, la más premiada con cinco reconocimientos, y ‘La infiltrada’, de Arantxa Echevarría. ‘El 47’ obtuvo cinco Goyas, a mejor película, mejor actriz secundaria (Clara Segura), mejor actor secundario (Salva Reina), dirección de producción y efectos especiales.
Por este motivo, vuelvo a publicar el artículo que dediqué a ‘El 47’ el pasado 16 de enero, en este cuaderno digital, porque merece ser recordada de nuevo por algo esencial a la hora de olvidar el olvido de la memoria democrática de este país, en este caso junto a ‘La infiltrada’, en dos vertientes, la migración interior por la pobreza extrema de determinadas regiones en plena dictadura y la lucha contra el terrorismo, ambas en el pasado siglo.
Ayer puse en marcha la moviola particular de los movimientos asociativos, fundamentalmente reivindicativos, de los años setenta en nuestro país. Ocurrió viendo la película El 47, una historia sencilla, de profundas raíces sociales, en la que se hace un recorrido de lo que significaba en las postrimerías de la dictadura y los años de la transición, la migración en las grandes ciudades, en este caso en Barcelona, con suburbios que crecían gracias a la mano de obra migrante del Sur y, como en la película, de Extremadura.
La película, escrita y dirigida por Marcel Barrena, cuenta la historia real de un barrio pobre, Torre Baró, en Barcelona, un líder vecinal también real, Manolo Vital, “un conductor de autobús que se adueñaba del bus de la línea 47 para desmontar una mentira que el Ayuntamiento se empeñaba en repetir: los autobuses no podían subir las cuestas del distrito de Torre Baró. Un acto de rebeldía que demostró ser un catalizador para el cambio, de que las personas se enorgullecen de sus raíces, de una lucha del vecindario, de la clase trabajadora que ayudó a crear la Barcelona moderna de los años 70”.
La película es conmovedora, con una interpretación magistral de Eduard Fernández, junto a otros actores y actrices que bordan sus papeles, Clara Segura, Salva Reina, David Verdaguer, Zoe Bonafonte y Aimar Vega, acompañados de una banda sonora impecable, compuesta por Arnau Bataller.
El tema principal de ‘El 47’ es la canción El borde del mundo, compuesta e interpretada por la artista canaria Valeria Castro, a la que dediqué en 2023 unas palabras en este cuaderno digital, Valeria Castro, “chiquita” y muy grande al mismo tiempo, resaltando la letra de su canción La raíz, nominada ese año al premio Grammy, porque refleja el respeto que debemos sentir siempre por nuestras raíces humanas, con sus sentimientos y emociones, llevándonos a escucharla siempre con el corazón, más fuerte que el viento, adaptando personalmente su letra a través de su vida, porque hay que tener cuidado con lo que estaba cerca pero no en su mano / porque ella es consciente del alma que tiene su garganta / porque solo así se aprende a ver el mar en calma // Pasará lo que tenga que pasar / Sé que ella no piensa hacer nada más / más que quedarse cuidando… su raíz.
En esta película pone su voz a las escenas finales y títulos de crédito, sellando una obra cinematográfica maestra, que ella explica en la quintaesencia de su canción: “El borde del mundo” es ese sentimiento de quien vive en los sitios olvidados, de quien carga una historia, el peso de ese olvido y lo que lo rodea. Como compositora, sumarse como una pieza más al engranaje del cine es un soplo de aire fresco precioso, pero hacerlo en una película como ‘El 47’, lejana en espacio, pero con un punto en común tan importante como el sentirse en esas partes del mundo a las que nadie mira. Ha sido un verdadero lujo”.
No se la pierdan porque, en los tiempos que corren, es un lujo verla y sentirla para cuidar la ideología de compromiso con los que menos tienen, los nadies, tan cerca de nosotros a pesar de que les negamos su visibilidad en nuestra ciudades y barrios. Lo denuncia Valeria Castro con su encanto personal en el estribillo de El borde del mundo: Y aunque me quede en el borde del mundo / Y aunque no entiendan que por qué pregunto / Y aunque me traten siempre de extraño / Y aunque pasen y pasen los años / No se olvida el recuerdo ni el daño.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL