¿Quién está traficando con todo este dolor humano? ¿A quién da de ganar esta tragedia? “La cara del verdugo está siempre bien escondida”, cantó, alguna vez, Bob Dylan.
Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés.
Sevilla, 28/XII/2024
Jesús, el niño de Nazaret, supo hace más de dos mil años lo que era buscar refugio como niño inocente que era, junto a su familia querida, iniciando un viaje sin retorno que le costó la vida, tal y como nos lo han contado como un relato mantenido en el tiempo y como creencia para quienes la han querido profesar y extender. Lo más incomprensible es que santos inocentes existen todavía a diario por la migración mundial, en guerras de todo tipo, aunque también se refleja, por ejemplo, en la pobreza infantil severa de este país, de mi Comunidad, sin ir más lejos.
Hoy, festividad de los santos inocentes, según el calendario católico y ocho años después de haber hecho una reflexión sobre la tragedia de Siria en este cuaderno digital, vuelvo a escribir palabras cargadas de dolor por la guerra en Gaza. ¿Por qué? Sólo cambio el lugar de la reflexión que hice aquel año sobre aquel lugar, Alepo, ahora Gaza, y compruebo una vez más que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, por decirlo en roman paladino, dado que cuido mucho la sentencia de Terencio que tantas veces he citado en este cuaderno digital: nada humano me es ajeno. Mejor dicho, nada humano nos debería serajeno.
Quince meses después del execrable ataque de Hamás a Israel, que marcó el principio de una guerra en la Tierra Prometida, seguimos viendo imágenes que hieren cualquier sensibilidad de los espectadores de la vida digna. Anoche abrían los informativos con la noticia facilitada por la UNRWA de cómo mueren de frío los bebés en Gaza, en los campos de refugiados que sobreviven en condiciones precarias, insufribles, por el frío extremo y la falta de refugio adecuado.
Seguirán engrosando la lista dolorosa y vergonzante para la humanidad de los más de 14.500 niños y niñas gazatíes que han muerto por el sinsentido de esta guerra.
Hemos llegado a este día con la toma de conciencia de que algo grave pasa en el mundo porque muchas cosas funcionan al revés. Quizá sea la situación de Gaza la que más nos conmociona por su crueldad innecesaria. También lo ocurrido en Líbano o los niños y niñas que mueren durante travesías imposibles como migrantes africanos en dirección a Canarias. En el día que celebra la Iglesia Católica la festividad de los santos inocentes, he recordado el post que dediqué en noviembre de 2016 a la tragedia de Siria, No puedo aguantarlo más, donde una niña gritaba de forma desesperada que “Mataron a todo el mundo. Mataron a todo el mundo. ¿No basta con lo que han matado hasta ahora?”. El cambio de escenario bélico en Siria sigue siendo un interrogante, con Alepo como exponente de lo que ha significado aquella guerra sin sentido, con decenas de miles de santos inocentes.
Vuelvo a leer hoy, ocho años después, aquellas palabras que resuenan con fuerza en una celebración, el día de los santos inocentes, que debería recordarnos a estos niños y niñas gazatíes como representativos de los nuevos inocentes en el mundo que permanece en estado de guerra y exilio permanente, entre los que no se encuentra el Mesías Prometido que a veces buscamos desesperadamente entre los escombros de la vida que nos llega a través de imágenes no inocentes. Con responsabilidades internacionales de todo tipo, cubiertas de silencios cómplices que claman a los cielos que, paradójicamente, tanto se cantan y ensalzan en estos días.
NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de EUROPA PRESS
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Hoy es Navidad, como canté muchas veces en la noche de Nochebuena cuando era niño y hacía las cosas de niño en un villancico que aún perdura: Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad, del que suprimo la segunda parte por considerarla hoy políticamente insostenible e incorrecta, desde la perspectiva de ciudadanos y ciudadanas responsables ante las adicciones. He pensado que como mis principios sobre la navidad (con minúscula) son los que son, desde una perspectiva laica, porque no tengo otros, debía regalar de nuevo mi obra recopilatoria publicada en 2022, Ciudadano Jesús. Otra navidad es posible, a la Noosfera, la malla pensante de Teilhard de Chardin, pensador que preside este cuaderno digital, palabra que recuperó Ton Wolfe en una obra célebre, El periodismo canalla y otros artículos: «Con la evolución del hombre –escribió-, se ha impuesto una nueva ley de la naturaleza: la convergencia”. Gracias a la tecnología, la especie del Homo sapiens, “hasta ahora desperdigada”, empezaba a unirse en un único “sistema nervioso de la humanidad”, una “membrana viva”, una “estupenda máquina pensante”, una conciencia unificada capaz de cubrir la Tierra como una “piel pensante”, o una “noosfera”, por usar el neologismo favorito de Teilhard. Pero ¿cuál era exactamente la tecnología que daría origen a esa convergencia, esa noosfera? En sus últimos años, Teilhard respondió a esta pregunta en términos bastante explícitos: la radio, la televisión, el teléfono y “esos asombrosos ordenadores electrónicos, que emiten centenares de miles de señales por segundo”. La cita es lo suficientemente expresiva de lo que Teilhard intentó transmitir a la humanidad a pesar del maltrato que sufrió por la Autoridad competente del momento, tanto científica, como ética y, por supuesto religiosa.
En esta celebración y formando parte de la Noosfera en el Día de la Navidad por excelencia, comparto este regalo con estela, que es como entiendo la entrega de un presente que tiene como concepto una estela multisecular, que arranca hace ya muchos siglos como expliqué en mi artículo La estela del regalo (1), escrito en 1984, al que no cambio hoy día ni un punto, ni una coma, porque también es uno de mis principios éticos que, si no gusta, no tengo otro en este día tan especial o tan corriente, según vaya la feria navideña a cada cual.
Adelanto de nuevo el Prólogo de la tercera edición publicada en 2022, porque soy consciente de que en la situación actual seguimos viviendo el mito del eterno retorno en una democracia que se tambalea en nuestro país.
Las páginas que siguen, marcadas siempre por la brevedad de una efeméride que se celebra anualmente, vuelven a tener este año un texto y contexto muy especiales, lastradas por una guerra y un desconcierto mundial que no deja nada igual que antes. Seguimos experimentando un tiempo de silencio, en el que vivo en la actualidad, del que salgo de nuevo un momento para recuperar una nueva edición (3ª), revisada y aumentada, de la anterior publicación del pasado 2021, Ciudadano Jesús, con un subtítulo no inocente, Otra navidad es posible, formando un todo a través de una recopilación de los artículos que he escrito a lo largo de los años de vida de mi cuaderno digital, el blog “El mundo sólo tiene interés hacia adelante”, a modo de espejo retrovisor de cómo me he aproximado a la realidad de la navidad, año nuevo y reyes, sin mayúsculas, desde que decidí abrir este medio de comunicación personal con la Noosfera en diciembre de 2005. Fundamentalmente, por un motivo que se vuelve a repetir a través de las sucesivas navidades pasadas: la navidad, este año, tampoco será ya lo que era, aunque como aviso para navegantes sigue siendo la gran preocupación del mercado salvarla siempre (económicamente) a toda costa, cuando lo que necesitamos es comprender que puede ser, de nuevo, una gran oportunidad para pasar más tiempo en el rincón de pensar y actuar adecuadamente, de forma responsable, aunque sólo sea como homenaje al auténtico protagonista de estas celebraciones: el ciudadano Jesús y su familia, a los que siempre retraté de la misma forma, a lo largo de los diecisiete años que cumple ya este cuaderno digital.En definitiva, se abre una vez más la posibilidad de que vivamos una navidad diferente, porque es posible.
Desde mi perspectiva laica, no quiero que esta navidad se escriba con mayúscula ni siquiera en su grafía ordinaria, sino que sea una navidad con especial atención a los nadies, los dueños de nada, excelentemente descritos por Eduardo Galeano y con especial relevancia ahora como consecuencia directa de la postpandemia y la guerra en Ucrania, interpretando su verdadero contenido, es decir, una historia que tiene muchos siglos de antigüedad en torno a la figura del nacimiento del ciudadano Jesús de Nazareth, que hilvanó un mensaje lleno de esperanza en su corta vida y recogido de forma espléndida, con un toque periodístico, por el joven Marcos, un “periodista” de la época que lo hizo más cercano y humano para todos.
Hace treinta y ocho años publiqué por estas fechas un artículo periodístico con el título de Ciudadano Jesús [1]. Lo he repasado cada navidad desde aquella ocasión y me reafirmo en cada párrafo del mismo, porque no ha perdido su vigencia: “Esta Navidad podía ser algo diferente. No sería bueno entrar en maniqueísmos desfasados, pero sí sería conveniente no malinterpretar el contenido revolucionario del mensaje del ciudadano Jesús. Con normalidad, con alegría, con coherencia, pero sabiendo de antemano que trabajar en su ideología y actitud de creencia lleva indefectiblemente a encontrarse de lleno con la actitud oceánica de la sociedad actual, donde el oleaje de consumo, violencia y desprecio humano suele ser el acicate para todo aquel que prescinde de la realidad del compañero. Porque nuestro sistema democrático vigente debe mucho al ciudadano Jesús, sobre todo a su actitud ante la necesidad de cambiar una sociedad tranquilizada con el bienestar codificado por las multinacionales de la alegría navideña”.
Decía Baltasar Gracián que “lo breve, si bueno, dos veces bueno”. Este pequeño libro se hace grande por su hilo conductor, que intenta reinterpretar en voces autorizadas la comprensión del niñodios juanramoniano y del ciudadano Jesús, para escritores, poetas, músicos, pintores y artistas de variado género. Me ha servido para acercarme a su figura y agradezco que me hayan dado la oportunidad de seguir interesándome por una historia contada a lo largo de los siglos y que siempre ha despertado un gran interés general que es lo que me entusiasma.
Espero que la lectura pausada de estas líneas sirva para algo bueno en un tiempo en el que necesitamos defender a toda costa el principio llamado esperanza, ante el poder omnímodo del mercado, que reviste de necesidad lo que solamente es consumo, incluso de un relato histórico que, como la rosa de Juan Ramón Jiménez, no deberíamos tocarlo mucho en beneficio de todos. Sólo reinterpretarlo, para poder transformar el mundo que no nos gusta, volviendo a leer las “pequeñas memorias” de Saramago, buscando el final de la microhistoria navideña del Nobel portugués. Y no me sorprende su reflexión recordando aquellos días: la ansiada presencia de los ángeles, una recreación de sus mayores, a los que nunca divisó en su cocina real, aunque los adultos que le rodeaban en aquella Nochebuena se empeñaban en demostrar que “lo sobrenatural, además de existir de verdad, lo teníamos dentro de casa”. Y Saramago niño, incluso ya mayor, aun dejándose llevar por el niño que siempre fue, nunca los vio, “ni uno como muestra”, porque el Niño Jesús que llevaba dentro estaba en otras cosas más mundanas, yendo del corazón a sus asuntos proletarios… Los que un día, no muy lejano, atendería como compromisos sociales el Niño-Ciudadano Jesús, incluso en la navidad de 2022.
En Sevilla, en el mes de diciembre de 2022
(1) Cobeña Fernández, José Antonio (1987). La estela del regalo, en Teatro de barrio. Huelva, pág. 99.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Juan Ramón Jiménez, Platero y yo, primera edición en 1914
Sevilla, 24/XII/2024
Vivimos inmersos en unos días que respeto en su quintaesencia histórica, aunque soy consciente de que la economía de mercado los ha convertido en pura mercancía. Como decía Gabriel García Márquez, la Navidad, «[…] es la alegría por decreto, el cariño por lástima, el momento de regalar porque nos regalan, o para que nos regalen, y de llorar en público sin dar explicaciones”, añadiendo una premonición a modo de profecía, dado que los niños del mundo pueden terminar “[…] por creer de verdad que el niño Jesús no nació en Belén, sino en Estados Unidos” (1). Hoy, recuerdo el villancico que cerraba los planos finales de la película Plácido: “en esta tierra nunca ha habido caridad, ni nunca la ha habido, ni nunca la habrá”, que repongo en sesión especial vital todos los años, en mi Cinema Paradiso imaginario, durante la Navidad, para que no olvide su mensaje demoledor cuando muchas veces convertimos estos días en una rifa para sentar pobres en nuestras mesas vitales.
Escribo estas palabras como regalo con estela para todos los días (2), no sólo en Navidad, para los que desean ser felices con lo que tienen, día a día, pero sobre todo para que seamos mucho más felices todavía siendo y no solo teniendo.También a los niños y niñas de mi ciudad, que viven en los barrios calificados como más pobres de España, porque estoy convencido de que su nochebuena es diferente, la de los nadies, «los hijos de nadie, los dueños de nada, los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida«, que de forma tan excelsa describió Eduardo Galeano en un poema precioso, para que no se olvide la dignidad y la luz que llevan dentro, porque a su manera viven la navidad de los felices, según la describió Juan Ramón Jiménez en su obra excelsa, Platero y yo.
La nochebuena de los felices no me pertenece como título de esta reflexión, sino al niñodiós de nombre Juan Ramón Jiménez: «Cuando yo era el niñodiós, era Moguer, este pueblo, una blanca maravilla; la luz con el tiempo dentro«. En 2014 se celebraron los primeros cien años -porque estoy convencido de que se cumplirán muchos más- de la primera publicación, parcial, de “Platero y yo”, elegía andaluza a la que siempre quería agregar capítulos el poeta de Moguer, el gran embajador mundial de ese pueblo precioso, que me entregó su alma secreta durante años.
Moguer me ofreció siempre una acogida de día y noche que no puedo olvidar. Por las mañanas, porque preparaba mis clases en la casa de Juan Ramón, gracias a Pepito, su guardián celoso y servicial, muy atento a que mi estancia allí fuera tranquila y segura, alejándome a veces del clamor infantil en las visitas de la mañana a la sala-biblioteca que existía en la planta baja de aquella época. Además, en el arco de la escalera del patio principal, leía todos los días un mensaje alentador y programático: Amor y poesía, cada día… Por las noches, porque me ofrecía conocimiento y libertad para comprender en sus recónditos bares, uno de ellos muy querido, La Parrala, lo que significaba tomar algo a modo de cena, siempre acompañado por personas que conocí a pie de barra. Sobre todo, Mateo, un hombre tosco y aguerrido, que hablaba todos los días con su caballo, en conversaciones imposibles, probablemente porque Platero lo había marcado de por vida, haciéndome partícipe de sus ilusiones y frustraciones diarias. Después, en un paseo iluminado siempre por los mensajes de personas y paredes, me alojaba en el Hotel situado junto al Ayuntamiento, en una habitación que me asignaba el encargado, Pepe, que en su soledad sonora y amable, procuraba proteger mi estancia para que la vida me permitiera descansar como caminante que siempre pretendía hacer camino al andar.
Llega la Nochebuena, sobre todo para los felices. Y he vuelto a leer en Platero y yo el capítulo dedicado a la Navidad (CXVI), cuya lectura casi recuerdo de forma íntegra cuando llegan estos días de forzados recuerdos y que reproduzco completo como homenaje a Platero, para que siga trotando libremente en mi memoria de hipocampo, agregando años a su vida real en la mente sana de los que apreciamos conocerlo tal y como era, porque no nos importa seguir siendo niños sin Nacimiento, como los de Juan Ramón :
Navidad
¡La candela en el campo!… Es tarde de Nochebuena, y un sol opaco y débil clarea apenas en el cielo crudo, sin nubes, todo gris en vez de todo azul, con un indefinible amarillor en el horizonte de Poniente… De pronto, salta un estridente crujido de ramas verdes que empiezan a arder; luego, el humo apretado, blanco como armiño, y la llama, al fin, que limpia el humo y puebla el aire de puras lenguas momentáneas, que parecen lamerlo.
¡Oh la llama en el viento! Espíritus rosados, amarillos, malvas, azules, se pierden no sé donde, taladrando un secreto cielo bajo; ¡y dejan un olor de ascua en el frío! ¡Campo, tibio ahora, de diciembre! ¡Invierno con cariño! ¡Nochebuena de los felices!
Las jaras vecinas se derriten. El paisaje, a través del aire caliente, tiembla y se purifica como si fuese de cristal errante. Y los niños del casero, que no tienen Nacimiento, se vienen alrededor de la candela, pobres y tristes, a calentarse las manos arrecidas, y echan en las brasas bellotas y castañas, que revientan, en un tiro.
Y se alegran luego, y saltan sobre el fuego que ya la noche va enrojeciendo, y cantan:
…Camina, María, camina José…
Yo les traigo a Platero, y se lo doy, para que jueguen con él.
Abro de nuevo el libro y sigo andando por la calle de la Ribera, en mi Moguer imaginario, interpretando los sentimientos de Juan Ramón ante la casa que lo vio nacer, invitando a Platero a que mirara por la cancela la verja de madera, negra por el tiempo…, intentando compartir con él, como solo él sabía hacerlo, una buena noche para ser feliz.
(2) Cobeña Fernández, José Antonio (1987). La estela del regalo, en Teatro de barrio. Huelva, pág. 99.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SIRIA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Una vez más, asistimos a la descomposición controlada del Sistema Sanitario Público de Andalucía (SSPA). El último eslabón de una cadena continua de errores en la ordenación y organización sanitaria del Sistema Público, se ha mostrado a través de una noticia impactante, hecha pública hoy por elDiario.es, en referencia a las nuevas medidas urgentes tomadas por la Consejería de Salud y Consumo para solucionar las demoras insufribles en las citas previas de Atención Primaria, con un titular sorprendente: “Mi regalo de Navidad”: un gerente de la salud andaluza ofrece por WhatsApp 250 euros por llamar a 40 pacientes más al día”.
Se trata de atender por profesionales desde diferentes Distritos de Atención Primaria, las citas de Centros de Salud con listas de espera constatadas y sufridas personalmente de hasta quince días, incluso más, mediante una novedad, la “continuidad de distrito digital”, un constructo críptico tal y como ha verificado el periódico citado en una copia de mensaje telefónico de directivos de distrito: “Se llaman continuidades de distrito digital y podéis hacer todas las que querais de lunes a viernes. No puede coincidir con la guardia o saliente de guardia. Quien esté interesado mandarme wuasap por privado. Necesito voluntarios para hacer continuidades tlf (40tlf= 250euros). Servicios centrales tras el éxito de nuestros profesionales me piden más voluntarios. Por ello pienso en vosotros. Las tlf son= renovar medicación, y resultados de pruebas complementarias, son demandas tlf de usuarios de Sevilla y Córdoba. Podéis hacer de lunes a viernes sin límite. No puede coincidir con guardia o saliente de guardia. Quien esté interesado en trabajar horas extras para ganar más dinero mandarme sms por privado. Necesito nombre y apellidos, DNI y días exactos de diciembre que queréis hacer estas continuidades. Y desde Sevilla se pondrán en contacto con vosotros y os explicarán cómo hacer las teleconsultas. Desde servicios centrales están sorprendidos de nuestro trabajo y labor y por ello he de presumir, por lo cual hablando con ellos me retan hasta ver a cuántos podemos llegar. Poniente es mucho poniente. Os animo”.
Otro mensaje dice lo siguiente: “Necesito voluntarios para hacer continuidades telefónicas (40tlf= 250euros), Ahí lleváis mi regalo de Navidad. Quien esté interesado mandarme wuasap por privado” y uno más, “Son continuidades de 40 tlf [llamadas telefónicas al día] y se cobran unos 250 euros aproximadamente, y son usuarios de Sevilla a los que hay que llamar y resolver su demanda por tlf”.
Esta “ocurrencia”, denominada “continuidad de citas”, presentada por el presidente de la Junta de Andalucía en el último debate sobre el estado de la Comunidad, como una de las nuevas medidas de respuesta sanitaria a la lamentable situación actual de demoras en la cita previa de Atención Primaria, se puso en marcha el pasado 2 de diciembre en distritos sanitarios de tres provincias, a modo de protocolo de respuesta telefónica en 72 horas en fase de pruebas, en centros de salud de Sevilla, Córdoba y Jaén, para extenderlo posteriormente a toda la Comunidad Autónoma, centradas, en principio, en atender la renovación de medicación e informar de los resultados de pruebas complementarias, aunque la realidad de este tipo de llamadas suele extenderse, lógicamente, a otras consultas a discreción del paciente.
Por un puñado de euros, se intentará consolidar la continuidad digital, el llamado “regalo de Navidad” ahora, que después se mantendrá sine die por el SSPA, pagando con cargo al erario público 46,88 euros por hora, es decir, 234,4 euros al día, “más el prorrateo cuando el médico está de vacaciones”. A juicio de profesionales afectados, organizaciones sindicales y ciudadanía en general, esta “ocurrencia” es una forma de garantizar el “desorden digital” por la discontinuidades humanas y profesionales en la relación médico-paciente, que nunca se debe romper, en lugar de abordar de una vez por todas la situación dramática de las listas de espera en atención primaria, a las que hay que añadir las de consultas de especialistas y una gran derivada, la sempiterna lista de espera quirúrgica, ya tratadas en este cuaderno digital recientemente, en un artículo, La realidad de las listas de espera, que desesperan, en la sanidad pública andaluza, publicado el pasado 13 de noviembre.
Dar un resultado de unas pruebas con la continuidad digital en pruebas, por ejemplo, puede conllevar en muchas ocasiones informar telefónicamente de situaciones muy delicadas para el paciente, como puede ser anunciar una patología severa que no es anunciada por el doctor o doctora de familia, con nombre y apellidos conocidos por el paciente que, viceversa, conoce directamente sus antecedentes recogidos en la historia de salud y, lo que es más importante, comentados de forma presencial cuando así lo ha estimado el facultativo del cupo en el que figura el paciente. Por no hablar de la posible vulneración de la protección de datos personales, al intervenir nuevos interlocutores en la relación médico-paciente sin consentimiento expreso del paciente sobre esta nueva modalidad de atención primaria. Ese momento clínico crucial en la relación médico-paciente desbordará seguro una mera consulta telefónica atendida por un facultativo hoy, otro mañana, que no “conoce” personalmente al paciente atendido anteriormente por su médico o médica de toda la vida. De ahí mi denuncia de este proyecto de continuidad digital, telefónica exclusivamente, negando en parte la obligada presencialidad inherente a toda relación médico-paciente o la telefónica con él o la profesional designada por el Distrito al que pertenece el paciente. Para mí, una discontinuidad digital de Distrito en toda regla.
En definitiva, si vuelvo a exponer hoy el drama de las listas de espera en el Sistema Sanitario Público de Andalucía, es porque insisto en que se debería hacer un estudio urgente, riguroso y profundo para conocer las causas estructurales, no sólo económicas, que provocan estos graves desajustes de la atención primaria, especializada y quirúrgica a los pacientes andaluces, algo que llama la atención por el silencio continuado de la Junta de Andalucía al respecto. Es la única forma de que las ciudadanas y los ciudadanos de esta Comunidad podamos emitir juicios bien informados sobre la situación real del Sistema Sanitario Público de Andalucía, que acusa daños estructurales, organizativos y económicos de importancia extrema, en un proceso paulatino de demolición de los principios públicos del Estado de Bienestar que lo sustentan. Seguimos recibiendo avisos de lo que está pasando, estamos viendo y, también, sufriendo. Es hora de actuar en defensa de los servicios sanitarios públicos, sin más demora. Una buena forma de activar la crítica constructiva y solidaria es denunciar lo que está pasando, de boca en boca, utilizando también las redes sociales, para que todos podamos emitir juicios bien informados sobre esta realidad tan preocupante en Andalucía.
José Antonio Cobeña Fernández
Ex secretario general del Servicio Andaluz de Salud
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SIRIA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
En el día del sorteo extraordinario de Navidad de la Lotería Nacional, con más de doscientos años de historia en nuestro país, vuelvo a recordar que más allá de la suerte, tenemos que defender algo que es consustancial con ella. Me refiero a la alegría, entendida como trinchera, destino, principio, bandera, certeza y, por encima de todo, como un derecho. Así lo aprendí de Mario Benedetti y así lo comparto hoy de nuevo, como el hilo conductor de la campaña del Sorteo extraordinario de Navidad de este año: “compartirlo es extraordinario”.
Es verdad que el Club de los Tibios, Mediocres, Tristes y Apocalípticos, sin mezcla de alegría alguna, tiene cola para darse de alta y militar en él, en estos tiempos revueltos y difíciles. Por ello, vuelvo a refugiarme hoy en un poema de Mario Benedetti, Defensa de la alegría, a modo de manual para contrarrestar esta corriente no inocente que suelen abanderar los líderes que propician el ocaso de cualquier democracia.
En estos días “navideños “ y de Loterías, en los que se nos obliga por parte del Mercado Global a estar alegres y muy pendientes de la suerte, en la dialéctica de azar y necesidad, como si lo que ocurre en nuestro alrededor no tuviera a veces importancia alguna, creo que es urgente defender la alegría [auténtica] como una bandera / defenderla del rayo y la melancolía / de los ingenuos y de los canallas / de la retórica y los paros cardiacos / de las endemias y las academias. Por encima de todo, como un derecho.
Abro su libro Cotidianas, escrito entre 1978 y 1979, para leer de forma pausada el poema citado, lleno de sentimiento y para escucharlo más fuerte que el viento, como aprendí de Rafael Alberti en un canto inolvidable a la dialéctica del verso cuando sólo es para algunos frío pensamiento.
Defensa de la alegría
Defender la alegría como una trinchera defenderla del escándalo y la rutina de la miseria y los miserables de las ausencias transitorias y las definitivas
defender la alegría como un destino defenderla del fuego y de los bomberos de los suicidas y los homicidas de las vacaciones y del agobio de la obligación de estar alegres
defender la alegría como un principio defenderla del pasmo y las pesadillas de los neutrales y de los neutrones de las dulces infamias y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera defenderla del rayo y la melancolía de los ingenuos y de los canallas de la retórica y los paros cardiacos de las endemias y las academias
defender la alegría como una certeza defenderla del óxido y la roña de la famosa pátina del tiempo del relente y del oportunismo de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho defenderla de dios y del invierno de las mayúsculas y de la muerte de los apellidos y las lástimas del azar y también de la alegría.
La realidad terca es que entre tibios, mediocres, tristes y apocalípticos anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en los que dudan de los grandes valores de la democracia y la alegría humana que lleva dentro. Cuando se instalan en nuestras vidas, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que un mediocre, además triste y tibio. No digamos, apocalípticos de vocación. Por ello, es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones.
Estoy muy preocupado con la perpetuidad de este Club de la Tristeza Global desde tiempos del Apocalipsis. He escrito con frecuencia en este cuaderno sobre esta realidad y un compromiso de los que pertenecemos al Club Virtual de las Personas Dignas es desenmascararlos con prisa existencial y de supervivencia: “Estamos instalados en el reino de la mediocridad. Hay que desenmascarar a los mediocres, dondequiera que estén, porque viven en un carnaval perpetuo. Este país no logra sacar distancia a esta lacra que nos pesa desde hace bastantes años porque ahora, en el país de los tuertos desconcertados, el mediocre es el rey. Es una plaga que se extiende como las de Egipto casi sin darnos cuenta. Los encontramos por doquier, en cualquier sitio: en la política, en las artes, en los medios de comunicación social, en la educación, en los mercados, en las religiones y en las tertulias que proliferan por todas partes en el reino de la opinión. Los mediocres suelen meter la mano en los platos de las mesas atómicas y virtuales, en las que a veces nos sentamos, con total desvergüenza. Son siempre de “calidad media, de poco mérito, tirando a malo”, como dice el Diccionario de la Real Academia. También, tóxicos o tosigosos, que suelen complicar la vida a los demás por su propia incompetencia” (1).
Necesitamos rescatar el principio alegría en nuestra vida, ante tanto desmán de los tristes, tibios, mediocres y apocalípticos, voceros del principio de que “todo va mal”. Sería recomendable que utilizáramos una linterna ética para descubrirlos, con un manual de instrucciones en el que se indique que una vez encendida y al igual que hacía Diógenes de Sinope cuando buscaba personas íntegras, debemos gritar a los cuatro vientos algo urgente: ¡buscamos personas dignas y honestas! Es probable que las personas tibias, tristes y mediocres salgan huyendo, rompiendo las filas de su Club, del que hablaba al principio, porque no soportan dignidad alguna que les puede hacer sombra. Si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad, en cualquier estamento, probablemente muy cerca de donde vivimos, estamos y somos.
Benedetti nos anima a defender la alegría ante tantos agoreros mayores del Reino, con palabras necesarias que hoy no olvido, sabiendo que hay que defenderla como un principio / defenderla del pasmo y las pesadillas / de los neutrales y de los neutrones / de las dulces infamias / y los graves diagnósticos.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Hoy llega el solsticio de invierno en nuestro país, a las 10:20:30, según datos oficiales del Observatorio Astronómico Nacional, fenómeno que indica el final del otoño y el comienzo oficial del invierno en el hemisferio norte, así como la llegada de la noche más larga del año. En esta transición estacional, que también puede ser emocional, y tan sólo unas horas antes de que ocurra, he recibido un mensaje precioso de la cantora Amaia (Pamplona, 1999), a través de su última composición, Tengo un pensamiento, en el programa revelación de este año en la televisión pública, La Revuelta, en su segunda época, con una presentación espectacular a través de un plano secuencia rodado como broche final del programa este año, aportando un camino esperanzador para la juventud de este país, porque a la hora que escribo estas líneas ha superado ya más de seis millones de visitas en «X», una red de comunicación digital contaminada socialmente por bulos y violencia verbal de forma preocupante.
Me alegra constatar este fenómeno televisivo, porque en un país tan dual y cainita, en el que estamos viviendo el ocaso paulatino de la democracia por las conductas políticas de gobernantes de derechas y su más allá, también con errores de la izquierda, los jóvenes pueden y deben tomar el testigo de la regeneración democrática del país, a través de mensajes como el de Amaia, que los consideran propios.
Tengo un pensamiento Que no me deja sola A veces no siento que está ahí Pero me acompaña a dormir Y cuando me despierto Suelo analizarlo Aunque no sea bueno, qué decir Siempre formará parte de mí
Tengo un sentimiento Que no me deja sola Pero desde que te conocí Y me dejaste entrar en el jardín De todo tu cerebro Este pensamiento Se hizo muy pequeño y explotó Y se transformó en toda esta canción
Y hoy siento que está pasando El día en que me doy cuenta De que me apetece estar toda la vida Contigo y quiero hasta gritarlo Y no, no quiero dártelo todo Y así te sigan sobrando las ganas Y nunca te canses de estar conmigo
Ahora que te tengo Sé lo que es el miedo Pensando en que algún día acabará Todo este nuevo mundo que me das Pero no es el momento De pensar en esto Porque te dedico esta canción Y quiero que sea grande y que hable de algo mejor
Y hoy siento que está pasando El día en que me doy cuenta De que me apetece estar toda la vida Contigo y quiero hasta gritarlo Y no, no quiero dártelo todo Y así te sigan sobrando las ganas Y nunca te canses de estar conmigo
La letra ahonda en el binomio pensamiento/sentimiento que, en mis años jóvenes, resolví leyendo a Rafael Alberti: Sentimiento, pensamiento. / Que se escuche el corazón más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón más que el viento. / El verso sin él no es nada. / Sólo verso.
Este es el pensamiento y el sentimiento que tengo hoy al entrar el invierno.Gracias a Amaia y al programa de la televisión pública de este país, La Revuelta, por hacernos llegar estos mensajes de esperanza, que nos permiten avanzar en la transformación social para construir con el esfuerzo de los jóvenes, también de todos y todas, un país mejor.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Me acuerdo de esas veces en que no sabes si estás muy feliz o muy triste.
Joe Brainard (1942-1994), Me acuerdo
Sevilla, 20/XII/2024
En tiempo de navidad buscamos muchas veces refugiarnos paradójicamente en los mejores recuerdos, utilizando la memoria como el mejor recurso/escudo humano en el cerebro. Es una época del año propicia para los recuerdos de familiares y amigos, ausentes y presentes, así como de situaciones que desde mi niñez rediviva siempre se procuraba que tuvieran un halo de felicidad, aunque no fuera real, como ocurre en la vida misma.
En este contexto anímico, he recurrido una vez más a lo que me ofrece mi clínica del alma, mi biblioteca, como bálsamo para estos tiempos revueltos. He vuelto a abrir el libro de Joe Brainard, Me acuerdo (1), porque con sus “me acuerdo…” comprendo mejor el porqué de la soledad sonora de muchas personas a la hora de quedarse solas consigo mismas, más en su caso histórico al tener que demostrar al mundo que su soledad gay lo podía conducir a la muerte por sida, como fue su caso. Conjugar el verbo acordarse sería un ejercicio práctico para compartir experiencias necesarias en la vida. Porque por mucho que nos esforcemos en olvidar, el hipocampo cerebral particular nos recuerda que todavía están allí millones de grabaciones neuronales para cuando las queramos rescatar de la filmoteca existencial. Con la dificultad añadida de que muchas veces, estos recuerdos “nos vienen” a borbotones, sin control posible. El libro de Brainard se presentó en sociedad en 2009 como “inclasificable” y “obra excepcional” y Paul Aster llegó a decir de él que “era tan polifacético que él mismo parecía uno de sus propios collages. Más conocido como artista que como escritor, su inclasificable libro Me acuerdo se consideró una obra excepcional desde su irrupción en 1970 en el panorama literario de Estados Unidos. Su impacto fue tal que, años después, Georges Perec escribió su Je me souviens bajo el modelo de Brainard, y se lo dedicó a éste. La fórmula es tan simple que escritores como Ron Padgett, poeta y gran amigo de Brainard, se preguntaron: «¿Por qué no se nos habrá ocurrido a nosotros una idea tan elemental?». Su original forma, basada en una repetición casi de mantra, recoge más de mil evocaciones que empiezan con las palabras «Me acuerdo». Se trata de frases, en su mayoría breves, que activan un resorte en la mente al rescatar imágenes con las que han crecido varias generaciones de todo el mundo. Una entrañable mirada a lo más íntimo de la vida de Brainard y un retrato de la cultura y del imaginario popular del Estados Unidos de los cuarenta y los cincuenta. Me acuerdo es una obra maestra. Los libros supuestamente más importantes de nuestro tiempo serán olvidados uno tras otro, pero la pequeña y modesta joya de Joe Brainard perdurará. Con frases sencillas y contundentes, traza el mapa del alma humana y altera de forma permanente la manera en que miramos el mundo. Me acuerdo es a la vez increíblemente divertido y profundamente conmovedor. Además, es uno de los pocos libros completamente originales que he leído”.
La memoria, que nos devuelve respuestas a los “me acuerdo…”, es lo que más nos pertenece, lo verdaderamente personal e intransferible en el cerebro de cada persona, lo irrepetible en el otro. Es lo que nos permite convertirnos permanentemente en nosotros mismos. Solo basta un pequeño ejercicio de parada “técnica” vital, detenernos unos minutos en el acontecer diario y comenzar a pensar bajo la estructura recomendada por Brainard: me acuerdo de…, y así hasta que el bienestar o malestar nos permita disfrutar del recuerdo o comenzar un sufrimiento posiblemente innecesario. Porque de todo hay en la memoria -¿viña?- de cada una, de cada uno, no “del Señor”, sobre todo cuando establecemos una relación humana a lo largo de la vida, ya sea familiar, de amistad o profesional y planteamos el siguiente dilema ante un recuerdo especial: Yo me acuerdo..., ¿y tú? Siempre esperamos que la respuesta sea algo más que el silencio o el olvido.
Guillermo Altares dijo en cierta ocasión en torno al libro de Brainard, que “algunos Me acuerdo son pedazos inocentes de memoria, otros escarban en las partes ocultas de nuestras vidas, algunos tienen sabor, olor, luz, algunos son crepúsculos dorados y otros amaneceres tristes, muchos ni siquiera sabemos dónde han estado escondidos, los hay que son como las magdalenas proustianas y aparecen a borbotones. (¿En el fondo qué es En busca del tiempo perdido si no un gigantesco Me acuerdo?), pero todos ellos son importantes, todos ellos son nosotros. Los Me acuerdo son algo que tenemos que tal vez hayamos perdido, pero que hemos recuperado”.
Mientras que ordeno mis “me acuerdo…”, escucho la melodía principal de un me acuerdo… especial, Amarcord (yo me acuerdo), en un dialecto muy querido por Fellini de su tierra natal, Rímini, para que no olvidemos nunca la verdadera memoria histórica de nuestras vidas. Sobre todo, la que nos reconforta y nos ayuda a no mantener silencios cómplices, con nosotros mismos y con los demás, intentado recuperar en nuestra vida personas y momentos que nos devuelven el sentido de nuestra vida, la obstinación de ser legítimamente felices y pretender que los demás también lo sean a través de los mejores recuerdos. Sin que, necesariamente, tenga que ser en el tiempo de Navidad.
Melodía principal de Amarcord (Fellini) / Nino Rota
(1) Brainard, Joe, Me acuerdo, 2009. Madrid: Sexto piso.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Busco un centro de gravedad permanente, que nunca cambie lo que ahora pienso de las cosas, de la gente.
Franco Battiato, Centro de gravedad permanente
Sevilla, 18/XII/2024
Este cuaderno digital me permite casi a diario convertir mis necesidades anímicas en palabras. Ante el mundo al revés en el que estamos viviendo ya de forma apresurada, día a día, teledirigido por el Gran Mercado Mundial, busco en mi singladura diaria islas desconocidas que me obliguen a salir de mí, lección magistral aprendida de la mujer zurcidora que citaba José Saramago en su cuento de la isla desconocida: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…” . Hoy, en una singladura especial como nómada de la vida, he encontrado una columna periodística en el diario El País, Una tarde, una canción, que me ha emocionado leerla, porque me siento plenamente identificado con su contenido, ensalzando una canción emblemática de Franco Battiato, Centro de gravedad permanente, que forma parte de la banda sonora de mi vida, tal y como lo he escrito en alguna ocasión en este cuaderno digital.
La última vez que escribí palabras de elogio para Battiato fue con ocasión de su fallecimiento en 2021. Sentí aquél día un estremecimiento interior porque su música y, sobre todo, sus letras, siempre me han inspirado otra forma de entender la vida, haciendo camino al andar: Caminante que vas buscando la paz en el crepúsculo / la encontrarás, la encontrarás al final de tu camino. / Bajo el tránsito de la aparente dualidad, / la lluvia de Septiembre despierta el vacío de mi cuarto / y los lamentos de la soledad aún se prolongan.
Aprendí hace ya muchos años, junto a la escritora india Anita Nair (Las nueve caras del corazón, 2006), que la alondra encrestada, la vanampaadi, permite convertir las necesidades en palabras. Al fin y al cabo, amor a lo desconocido, como una de las caras del amor en la primera expresión del kathakali, representación teatral a la que se incorporan danzas indias que tuve el honor de conocer por primera vez de la mano de Franco Battiato (Quiero verte danzar, 1982), cantor que conocí cuando vivía en Roma en el año 1976 y que es un prodigio en la escenificación de historias de vida a través de sus canciones. Después, en 1982, volví a conectar con él a través de un disco emblemático, La voz de su amo, en la que cantaba su famoso “Centro de gravedad permanente”, que he cantado junto a mi hijo Marcos cuando era muy pequeño, deletreando un estribillo que nunca he olvidado: Busco un centro de gravedad permanente, que nunca cambie lo que ahora pienso de las cosas, de la gente. Lo sigo buscando todavía hoy, en un tiempo convulso y complejo.
Es curioso constatar que la NASA recoge en sus páginas web una referencia al asteroide que lleva su apellido, Battiato, descubierto en 1979, con una reseña que hoy es una premonición: “Franco Battiato (b. 1945), artista siciliano poliédrico, es miembro honorario de la Asociación Astrofili Ionico-Etnei. Convierte sus sentimientos en música, pintura y cine. A través del telescopio observa el Universo, obteniendo inspiración para sus canciones”. Es verdad, porque hoy, más que nunca, sigue dándonos sentido a la vida terrenal desde su cielo particular.
En un libro de Nuccio Ordine muy apreciado por mí, Clásicos para la vida, hay una referencia a una obra para no olvidar, El mercader de Venecia, de William Shakespeare, en un pasaje seleccionado por el autor, que me parece útil en cualquier momento de la vida: ¡Atiende a la música!: “El hombre que no tiene música en sí mismo y no se mueve por la concordia de dulces sonidos está inclinado a traiciones, estratagemas y robos; las emociones de su espíritu son oscuras como la noche, y sus afectos, tan sombríos como el Érebo: no hay que fiarse de tal hombre. ¡Atiende a la música!”. La obra de Shakespeare es un tratado contra la usura y la defensa de los valores humanos. Venecia representa hoy al mercado controlado por los hombres de negro, incapaces de poner música en vida alguna. Ordine termina este breve pasaje de Shakespeare citando obras que le conmueven el alma, porque atendiendo la música se puede buscar “la esencia de la vida en aquellas actividades que pueden ennoblecer el espíritu, que pueden ayudarnos a hacernos mejores, que privilegian la esencia sobre la apariencia, el ser sobre el tener”, citando finalmente a Franco Battiato, quizás para que no cambiemos, para que estemos siempre muy atentos a la música, para que seamos firmes en mantener criterios y valores sobre la dignidad de la vida, de las cosas de la pandemia, de la gente…, defendiendo hoy desde su cielo particular el anhelado centro de gravedad permanente que necesitamos todos, ahora más que nunca y sin dejar a nadie atrás.
Gracias, Franco Battiato. Sigo atendiendo tu música.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene
Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés.
Sevilla, 15/XII/2024
Es verdad que ante lo aparentemente imposible, la sociedad ha reaccionado a lo largo de los siglos de formas muy variadas, tal y como Eduardo Galeano lo presenta, por ejemplo, a modo de pregunta sobre los imposibles del mundo al revés, en Una pregunta (Patas arriba. La escuela del mundo al revés): “En el siglo doce, el geógrafo oficial del reino de Sicilia, Al-Idrisi, trazó el mapa del mundo, el mundo que Europa conocía, con el sur arriba y el norte abajo. Eso era habitual en la cartografía de aquellos tiempos. Y así, con el sur arriba, dibujó el mapa sudamericano, ocho siglos después, el pintor uruguayo Joaquín Torres García. Nuestro norte es el sur, dijo. Para irse al norte, nuestros buques bajan, no suben. Si el mundo está, como ahora está, patas arriba, ¿no habría que darle vuelta, para que pueda pararse sobre sus pies?”.
Asimismo, la Iglesia Católica, por ejemplo, ha situado en el santoral un escalafón de santos y santas que son abogados y abogadas de lo imposible, de las llamadas «causas perdidas», para llevarnos a cultivar algo muy importante en la vida: ser inaccesibles al desaliento, confiando en dioses, santos y santas de diferente origen y poder, con creencias legítimas pero que desplazan el auténtico trabajo personal e intransferible en el empeño por cambiar el mundo y salvarlo de las injusticias de la sociedad actual, para transformarlo en definitiva y luchar por un mundo mejor. Personalmente, defiendo otra confianza más terrenal, sin apoyo de pedestal alguno, la que ejercen personas que defienden lo imposible desde la perspectiva social y democrática, el interés general, que a lo largo de los siglos han soñado y sueñan todavía no sólo con cambiar el mundo, sino dar siempre un paso más, transformarlo, para que el beneficio general de esta forma de proceder diario, sin dejar a nadie atrás, sea el hilo conductor de una nueva forma de ser y estar en el mundo, poniendo a Don Dinero, poderoso caballero, en su sitio.
«Sed realistas, pedid lo imposible», es la expresión y pintada que ha representado siempre el celebérrimo Mayo francés del 68 y las manifestaciones en las calles de París, de las que fueron sus principales protagonistas los estudiantes universitarios, desde Nanterre a la Sorbona. Era una afrenta integral contra la Autoridad, su significante y su significado arropado en las teorías de Herbert Marcuse sobre la unidimensionalidad del ser humano, en todas sus expresiones posibles, porque esta Autoridad soterraba cualquier posibilidad de cambio en la sociedad francesa y, por extensión, europea y mundial. Todo un símbolo que rescato hoy de nuevo ante la situación política mundial y, por extensión, en nuestro país, porque debemos buscar, desesperadamente, la ilusión para transformar un mundo que nos hace sufrir a diario y que nos permite entender de alguna forma el mundo al revés que nos rodea todos los días por tierra, mar y aire. Fundamentalmente, cuando estamos acercándonos de forma espeluznante al ocaso de la democracia en nuestro país. Así de claro.
En las primeras páginas del libro de Galeano citado al principio de estas palabras, había una referencia a muchos “cómplices” de que él hubiera escrito ese libro, siendo para él un placer “denunciarlos”. Después de relacionar muchos nombres y apellidos de amigos y conocidos, no inocentes porque sabían lo que hacían colaborando con él en la redacción del mismo, con su «culpa» individual y colectiva, se puede leer un nombre final que tiene su aquél: “Y en gran medida es también responsable santa Rita, la patrona de los imposibles”. Ahí me quedo hoy, en el análisis de lo imposible, en una sociedad que deserta a diario de cualquier compromiso que vaya más allá de los intereses de cada uno. Creo que es muy importante debatir sobre esta realidad social, porque los agoreros mayores de este Reino Mundial, dicen a diario que transformarlo es imposible, Pero, ¿qué es lo imposible? Las acepciones del diccionario nos orientan, en principio, sobre las mejores definiciones posibles, pero de las cuatro que por primera vez aparecieron en el Diccionario de la lengua española, en 1780, me quedo con la tercera, la de orientación metafísica según el citado diccionario, precisamente por posibilista: cosa sumamente dificultosa o ardua, porque la primera no abre posibilidad alguna para avanzar en la vida: lo que no puede ser o no se puede hacer. Se comprende mejor que la pintada del mayo francés dejaba una puerta abierta a la acción revolucionaria vital: haced lo imposible, aunque sea algo sumamente dificultoso o arduo.
Lo que más me sigue llamando la atención y quiero resaltar hoy especialmente es que la referencia al mayo francés siga siendo uno de los primeros recursos para analizar la situación social actual ante los imposibles diarios. Pero Galeano, en las últimas páginas de Patas arriba. La escuela del mundo al revés, expone de forma clara y contundente que tenemos “el derecho al delirio”, sin tener que recurrir a la abogada oficial de los imposibles, que él elige en la figura de Santa Rita, pero hay varios más en el santoral católico, apostólico y romano, siendo Judas Tadeo un competidor nato (con perdón): “Ya está naciendo el nuevo milenio. No da para tomarse el asunto demasiado en serio: al fin y al cabo, el año 2001 de los cristianos es el año 1379 de los musulmanes, el 5114 de los mayas y el 5762 de los judíos. El nuevo milenio nace un primero de enero por obra y gracia de un capricho de los senadores del imperio romano, que un buen día decidieron romper la tradición que mandaba celebrar el año nuevo en el comienzo de la primavera. Y la cuenta de los años de la era cristiana proviene de otro capricho: un buen día, el papa de Roma decidió poner fecha al nacimiento de Jesús, aunque nadie sabe cuándo nació”. De un plumazo, Galeano nos abre los ojos y nos lleva de la mano a soñar que otro mundo es posible en 2024, aunque muchos creen y dan por sentado tal y como está el mundo y nuestro país, en concreto, que es imposible.
A continuación, nos dice que “El tiempo se burla de los límites que le inventamos para creernos el cuento de que él nos obedece; pero el mundo entero celebra y teme esta frontera”, invitándonos en ese momento a volar, algo que necesitamos en este mes de diciembre del 2024 de los cristianos, el 1402 de los musulmanes, el 5137 de los mayas y el 5785 de los judíos. Es verdad, añade, porque “Milenio va, milenio viene, la ocasión es propicia para que los oradores de inflamada verba peroren sobre el destino de la humanidad, y para que los voceros de la ira de Dios anuncien el fin del mundo y la reventazón general, mientras el tiempo continúa, calladito la boca, su caminata a lo largo de la eternidad y del misterio. La verdad sea dicha, no hay quien resista: en una fecha así [la llegada en 2000 del nuevo Milenio] por arbitraria que sea, cualquiera siente la tentación de preguntarse cómo será el tiempo que será. Y vaya uno a saber cómo será. Tenemos una única certeza: en el siglo veintiuno, si todavía estamos aquí, todos nosotros seremos gente del siglo pasado y, peor todavía, seremos gente del pasado milenio”.
Esa es la razón por la que vuelvo a escribir soy sobre esta realidad: debemos pedir de nuevo lo imposible en “un mundo diseñado por el enemigo” (en frase de mi admirado amigo y poeta, Juan Cobos Wilkins), dado que “aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea. En 1948 y en 1976, las Naciones Unidas proclamaron extensas listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible:
“El aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones; en las calles, los automóviles serán aplastados por los perros;
la gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor;
el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas;
la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar;
se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y, como juega el niño sin saber que juega;
en ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo;
los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas;
los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas;
los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos;
los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas;
la solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo;
la muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero;
nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene;
el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra;
la comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos;
nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión;
los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle;
los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos;
la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla;
la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla;
la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda;
una mujer, negra, será presidenta de Brasil y otra mujer, negra, será presidenta de los Estados Unidos de América; una mujer india gobernará Guatemala y otra, Perú;
en Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria;
la Santa Madre Iglesia corregirá las erratas de las tablas de Moisés, y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo;
la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: Amarás a la naturaleza, de la que formas parte;
serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma;
los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se perdieron de tanto buscar;
seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo;
la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses; pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero”.
Después de interiorizar estas palabras de Galeano para tomar conciencia de que cada uno, cada una, debemos de ejercer de líderes en defensa de lo aparentemente imposible, leemos o escuchamos las noticias de hoy, a primera hora de la mañana, en un mundo desajustado y lleno de incertidumbres, comprobando que a pesar de que todo está impregnando de urgencia y emergencia de cambios sociales, hay que seguir trabajando por la transformación de un mundo que las noticias dibujan como misión imposible. Estoy convencido de que cada día nos otorga el derecho al “delirio” de pensar y transformar la sociedad, según Galeano, por el mero hecho de haber nacido, soñando de verdad que otro mundo es posible y eso, nos basta para trabajar a fono la ilusión de transformar este mundo cada día más al revés e imposible. Además, cuando el Sur puede ser el Norte del mundo, tal y como lo trazó el geógrafo Al-Idrisi hace ya muchos siglos, estamos proclamando en voz alta que no estamos locos por el delirio de vencer lo imposible; que sabemos, como muchos antepasados nuestros, lo que queremos y amamos sobre todas las cosas posibles, aunque difíciles y arduas, en beneficio del interés general, de todos y sin dejar a nadie atrás. Sabemos que Luis Cernuda, el poeta universal nacido en Sevilla, dijo en 1931 en un artículo publicado sobre “José Moreno Villa o los andaluces en España”, que “Andalucía, ya se sabe, es el Norte de España; pero no la busquéis en parte alguna, porque no estará allí. Andalucía es un sueño que varios andaluces llevamos dentro”. Es una metáfora preciosa basada en la actitud transformadora del aquel poeta malagueño, olvidado por muchas personas instaladas en el síndrome del Sur o que sufren el complejo territorial español de nuevo cuño, por mucho que Mario Benedetti se esforzara en resaltar las virtudes de esta localización privilegiada, cuando afirmó que el Sur también existe.
Agradezco a Eduardo Galeano y a cuantas personas siguen luchando como imprescindibles por un mundo mejor, cada uno como sabe y puede, lo anteriormente expuesto en su obra citada, eligiendo entre los sueños imposibles de su “delirio”, los que me parecen más adecuados para este momento crucial de la Humanidad, de nuestro País, porque estoy convencido de que puedo soñar despierto en un mundo al revés, que deseo convertirlo al derecho en beneficio de todos.
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UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
El pasado martes, la Real Academia Española (RAE), presentó la actualización 23.8 del Diccionario de la lengua española, incorporando 4074 novedades: nuevos términos y expresiones, nuevas acepciones de entradas recogidas con anterioridad, enmiendas a artículos ya existentes y supresiones.
Entre las novedades figura una que ha entrado en tromba, nunca mejor dicho, en el acervo lingüístico de nuestro país. Me refiero a la palabra “dana”, acrónimo de depresión aislada en niveles altos, que define la RAE como “depresión aislada de la circulación general atmosférica, [que] se mueve de forma independiente y puede producir grandes perturbaciones con precipitaciones muy intensas”.
Ni que decir tiene que es una palabra incorporada desgraciadamente tras su última aparición en Valencia de forma aterradora y con incidencias menores en otras Comunidades del país. La dana ha llegado para quedarse entre nosotros, para demostrar que la Naturaleza hay que respetarla con actitudes políticas de gran calado, habiéndose constatado que sus consecuencias se han agravado por decisiones no inocentes en la ordenación territorial e inmobiliaria, de profundas raíces políticas, por supuesto, que han permitido construir viviendas, edificios sociales como colegios e Institutos, centros de salud, negocios privados y polígonos industriales, así como carreteras y trazados ferroviarios en zonas inundables o susceptibles de estar afectadas por estas contingencias atmosféricas. Estábamos avisados desde tiempo inmemorial.
Junto a esta realidad social de trágicas consecuencias, las danas nos han tocado el alma humana, porque se asocian ya al dolor que causan por el caso omiso a sus advertencias climatológicas a través de cuatro letras, de una sola palabra. Decimos con frecuencia que la Naturaleza es sabia y el agua que cae del cielo busca su camino de siempre, el que desde hace siglos ha seguido de forma natural y el que la inteligencia humana no sabe respetar por razones incomprensibles y desafortunadas, que responden a intereses exclusivos de la economía de mercado. Estas razones son las que demuestran que la Dana, como depresión aislada en niveles altos de la atmósfera, que se mueve de forma independiente y puede producir grandes perturbaciones, con precipitaciones muy intensas, ha llegado al alma humana.
La palabra “dana”, a pesar de los esfuerzos encomiables de la Real Academia Española de la Lengua, al limpiarla, fijarla y darle esplendor, atraviesa momentos complicados, porque está sobrepasada por las imágenes que hemos visto sobre sus efectos en Valencia y los símbolos que se han atrincherado en las redes sociales y en los teléfonos móviles, reforzando a diario la expresión que conocemos bien: “una imagen (o un emoticono) vale más que mil palabras”. Además, está muy contaminada en el contexto político actual en nuestro país, ante tanta mentira y fango que la envuelve, lanzado por máquinas perfectamente identificadas y financiadas por el poder de siempre, no democrático por cierto.
En este contexto, sigo defendiendo el poder de la palabra, al estar convencido de que lleva dentro el alma de cada uno, de cada una, como seña de identidad humana. No lo digo como una ocurrencia a título de salvavidas del momento, sino que sé que “en lengua guaraní ñe’e significa «palabra» y también «alma». Creen los indios guaraníes que quienes mienten la palabra, o la dilapidan, son traidores del alma”, tal y como lo conocí a través de Eduardo Galeano en una obra sugerente, Las palabras andantes, que recomiendo como manual de supervivencia en estos tiempos tan modernos, en los que se falta tanto a la palabra con alma, verdadera, en los que tanto se miente. Es un mal endémico, “un mundo sin alma, desalmado, que practica la superstición de las máquinas y la idolatría de las armas: un mundo al revés, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies”, en palabras suyas también.
NOTA: la imagen de cabecera se ha recuperado de ValenciaExtra.
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UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL