Nos debemos preparar para lo peor, esperar lo mejor y aceptar la realidad de lo que venga después

Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga.

Hannah Arendt

Sevilla, 10/XI/2024 – 12:00 (UTC+1)

El año pasado abordé esta reflexión de Hanna Arendt, en momentos difíciles de este país. Ahora, los últimos acontecimientos nacionales e internacionales, entre los que destaco la DANA en Valencia, con el resultado trágico de pérdida de vidas humanas y daños materiales cuantiosos, por una gestión vergonzosa de las autoridades que tenían competencias para haber minorado lo que se veía venir por datos científicos ambientales y construcciones suicidas en suelos inundables. También, el triunfo de Trump y lo que significa para el mundo en términos políticos y de futuro, junto al olvido paulatino de lo que sucede en Ucrania, Gaza, Líbano y el Sahel en África. Todo ello me lleva a volver al pensamiento central de la afirmación citada de Arendt, agregándole la obligada aceptación del principio de realidad de lo que venga después, porque es el más terco de todos los principios, aunque sin renunciar a ser «inaccesibles al desaliento».

Por estos motivos enunciados y por otros muchos más en la misma línea, dado que al igual que Benedetti atravieso un pesimismo temporal, cono optimista bien informado (Haiku 123, en Rincón de Haikus, 2001), vuelvo a publicar el contenido de un artículo de 2023, en torno a esta cuestión tan inquietante, buscando salidas al túnel de noticias sobre sucesos preocupantes para la salud física, mental y social, en el que nos encontramos en la actualidad, Con un matiz importante: la búsqueda de la esperanza y el aliento de vivir dignamente no son tareas que las dirijan los mercados, porque no se pueden comprar, no son mercancías. Es la razón de por qué defiendo la teoría de ser «inaccesibles al desaliento», reforzando principios y valores. En el fondo, blindar en la medida de nuestras posibilidades propias y asociadas, la coherencia ética personal y colectiva, como explicaba entonces, preparándonos para lo peor, esperando siempre lo mejor y aceptando el principio de realidad de lo que venga después, que todavía es un gran desconocido.

Inaccesibles al desaliento

Cuando preguntamos a nuestro alrededor ¿cómo va la cosa?, lo habitual es que te respondan siempre ¿no lo ves? ¡fatal! Y la cosa es un constructo universal que tiene nombres y apellidos de casi todo lo que se mueve. De ahí al conformismo más activo solo hay un paso. No hay pensamiento, aliento, espera, ni preguntas para saber por dónde va la cosa de los vientos del Sur, donde vivo, que también existe, como me recuerda con frecuencia Benedetti en su Soneto del pensamiento: «[…] sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos«. Un antídoto extraordinario, también, es asumir el principio de realidad de unas palabras de Hannah Arendt, que no olvido: Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga.

A pesar de estos refuerzos éticos, es muy difícil en estos tiempos tan modernos, tan críticos en diferentes frentes de nuestras vivencias diarias, permanecer inaccesibles al desaliento, no inasequibles, porque somos personas, no mercancías, como aprendí hace años de las lecciones magistrales de don Fernando Lázaro Carreter, cuando abordaba el mal uso de este adjetivo en su extraordinaria obra, El dardo en la palabra: […] la confusión no es sólo vulgar; pero es confusión, y debe ser evitada. Se trata, simplemente, de que no se aplica con rigor el adjetivo debido, y se acude a otro que se le parece. Tampoco los precios son asequibles, sino baratos, razonables, ajustados, justos… Son las cosas a que corresponden tales precios las que pueden serlo. O no, en cuyo caso son inasequibles. Lo que no puedo comprar o entender es para mí inasequible. Ténganlo en cuenta quienes se precian de ser «inasequibles al desaliento». Merecen nuestra enhorabuena, pero digan, por favor, inaccesibles y hablarán con propiedad”. Esta aclaración encomiable, viene precedida de un contexto lingüístico que tampoco tiene desperdicio: “Asequibles son sólo las cosas que pueden adquirirse para poseerlas; cosas variadísimas, que van desde las ideas a los garbanzos; y si no, léanse estos dos fragmentos tan dispares: «La gracia abrillanta las ideas, las adorna, las hace amar, las adhiere a la memoria, vierte sobre ellas una luz que las vuelve más asequibles y claras» (W. Fernández-Flórez, 1945). «Entre los garbanzos, tan vulgares y tan asequibles entonces, la carne de morcillo era lo selecto» (A. Díaz Cañabate, 1936). Con tales pasajes a la vista, bien claro está que calificar de asequible a una persona, es prácticamente desacreditarla como venal. ¡Qué distinta cosa hubiera dicho de aquella condesita Bretón de los Herreros [«La condesita, / aunque bocado de prócer, / es humana y accesible» (1838)], llamándola así! Aunque el paso se ha dado: el canónigo Juan Francisco Muñoz y Pabón hace pensar de este modo a una dama, en una de sus espirituales novelas: «Era menester mucho aplomo y mucho dominio de sí misma para, sin preferencias por ninguno, ser con todos amable y asequible«. ¡Caramba con la dama! ¡Qué bien hubiese quedado el novelista escribiendo ahí accesible!”.

Aclarado este error histórico en el tratamiento no inocente de las palabras con las que nos relacionamos a diario, lo más importante de resaltar en esta locución es enfrentarse al significado de “desaliento”, lo que verdaderamente preocupa al mundo en este momento por su generalización, que el diccionario de la lengua española tiene claro desde el primer momento,  decaimiento del ánimodesfallecimiento de las fuerzas, llevándonos en directo a la palabra “desalentar” que, personalmente, es la que más me interesa en esta reflexión: quitar el ánimo a alguien. Con este circunloquio de palabras no inocentes, llegamos de nuevo a lo que pretendo analizar hoy: estamos viviendo una época en la que es difícil mantener una conducta inaccesible al desaliento. Si dejamos que las circunstancias actuales, en política por ejemplo, nos quiten el ánimo, es decir, la actitud, la disposición, el temple, el valor, la energía, el esfuerzo, la intención, la voluntad, el carácter, la índole, la condición psíquica de cada uno, de cada persona, es probable que perdamos la última acepción de este lema en nuestro vocabulario diario, porque al final nos quitan el fundamento principal del ánimo, el alma, el espíritu de cada uno como principio de la actividad humana.

Como a estas alturas de mi vida sólo me queda la palabra, sé el inmenso valor que tiene y lo importante que es su adecuado uso, no inocente casi siempre. Sobre todo porque temo un correlato fácil, el conformismo, si permito que cualquier acontecimiento o adversidad acceda a mi aliento, a mi ánimo, a mi alma humana. El conformismo por desánimo hace estragos allí donde nace, se desarrolla y muere, porque se instala en el confort de los tibios y tristes, mediocres en definitiva, alejando como por arte de magia a las personas dignas de cualquier movimiento andante. Tengo que reconocer que me dan pánico, pero crecen como por encanto, porque todos coinciden en que la cosa está fatal. Pero ¿qué es la cosa? ¿su cosa?, que decíamos al principio. Ahí es donde hay que poner las barreras éticas de la vida digna para sí mismo y para todos. Es probable que aquí sí tenga sentido el uso ordinario de la frase en cuestión, permanecer inaccesibles al desaliento, como primer paso, porque el mercado actual puede comprarlo con facilidad. Basta tomar decisiones desde una torre de Manhattan, con una tableta digital o un teléfono inteligente, para hacer sufrir al mundo, quitándole el ánimo para seguir viviendo. Por tanto, hay que luchar para que esta realidad económica mundial, entre otras muchas, que a veces se convierten en guerras incomprensibles, no acceda a mi alma de secreto y a la de todos, porque deberíamos aprender a ser inaccesibles al desánimo colectivoal desaliento.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Yassine Chouati alcanzó la otra orilla de la Universidad de Sevilla

Yassine Chouati (Tánger, 1988), Yo soy el pueblo, Welcome, 2016 / JA COBEÑA

Sevilla, 8/XI/2024

No es la primera vez que me acerco en estas páginas digitales a la realidad personal y profesional de Yassine Chouati, artista plástico marroquí (Tánger, 1988), doctor en la actualidad en Arte y Patrimonio de la Universidad de Sevilla. He hablado con él recientemente y me ha regalado un ejemplar de su tesis doctoral, defendida con ardor árabe, con un título complejo que refleja su identidad como persona y profesional del arte, Reinterpretando la alteridad: hacia una comprensión decolonial del arte árabe contemporáneo emancipada de prejuicios y expectativas exotizantes. Me lo ha explicado con su rigor científico habitual y, sobre todo, con conciencia de clase, algo que hoy brilla por su ausencia en la humanidad. No es lo mismo abordar cuestiones tan complejas desde el sentimiento de clase que desde la conciencia de pertenecer a una clase golpeada por la deshumanización de la vida.

Su punto de partida es ya un programa académico y ético en toda su extensión: “Esta tesis se basa en la premisa de que la Globalización, a pesar de su aparente objetivo de promover la diversidad cultural, trae consigo una serie de prejuicios heredados de la época colonial, que se proyectan sobre los artistas no occidentales y sus prácticas. Así, en lugar de enriquecer la diversidad de códigos estéticos, transforma las obras de los y las artistas no occidentales en un instrumento de estudio antropológico centrado en la diferencia”. Me ha llamado poderosamente la atención “la importancia de la construcción de una conciencia colectiva decolonial que permita lograr una comprensión más profunda y significativa de la alteridad. En esta línea también sopesamos que es crucial insistir en la necesidad de superar la lógica de la subalternidad, esa forma de violencia conceptual que concibe al Otro como un ente pasivo que hay que describir unilateralmente. De hecho, nuestra propuesta de innovación a este respecto consiste en las corrientes habituales de conocimiento que se desarrollan sobre las practicas artísticas no occidentales destacando la voz de algunos artistas árabes, especialmente de la diáspora”.

La tesis, en su conjunto, cumple los objetivos expuestos anteriormente, aunque su mejor resultado pretendido es reflejar en un voluminoso texto de 410 páginas, su proyección artística postdoctoral basada en los resultados de la investigación expuesta en la tesis, explorando la intersección sobre la teoría y la práctica en el arte. Yassine abandona el “nosotros” recurrente de la tesis, como un heterónimo plural, para pasar al Yo, presentando una producción inédita artística desarrollada en paralelo con la investigación teórica. En resumen, Yassine pretende con su obra artística práctica, lejos del hermetismo de los academicismos canónicos al uso, exponer abiertamente “su melancolía asociada al exilio”.

Me ha resultado sorprendente su confesión íntima de la búsqueda de resultados prácticos que se desprenden de su teoría artística, porque considera que “lo personal es análogo a lo político, la comunicación en mi práctica se logra mediante el acto de sugerir más que de informar. Así pues, no pretendo convertir la estética en una forma de activismo, sino que, a través del arte busco plantear preguntas abiertas, interrogar al espectador y hacer que se cuestione a sí mismo”.

Leyendo de forma pausada su tesis doctoral, he sentido lo mismo que cuando acudí a su exposición aquí en Sevilla en 2016, “Yo soy el pueblo”, comprobando que mantiene su coherencia. En aquella ocasión, asistí a la presentación de los tres espacios que recogían su obra preparada para una muestra de arte y compromiso social, proponiendo una vez más el hilo conductor de su conciencia de clase, una reflexión sobre el otro y la distancia, algo que él conoce desde las orillas de Tánger, donde siendo un niño preguntaba a su padre por qué había allí tantos zapatos, sandalias y objetos abandonados, de la misma forma que los representaba en el primer espacio de su obra dedicado a un saludo libertario “Welcome”. En una pared blanca de ese espacio, desnuda, se encuentra un pequeño cuadro de la composición que de forma aislada, como lo que intenta representar, encierra la imagen de un pasaporte que un día perteneció a alguien que buscaba un mundo diferente donde poder realizarse como persona digna, cruzando a la otra orilla del mal llamado primer mundo. Este espacio situaba al espectador en el estrecho de Gibraltar, donde las imágenes que se contemplan en los cuadros recogen el sentimiento de pérdida de identidad del fenómeno migratorio, porque en esa dura travesía en busca de la dignidad, se pierde casi todo, incluso lo más preciado del ser humano, la vida. Pretendía en aquella exposición demostrar que necesitamos darnos de bruces con esa realidad, tan cerca de Andalucía, como aviso para navegantes de la dignidad, para que interpretemos qué significa partir a pesar de todo, dejando atrás lo que nos pertenece, casa, tierra y parentela en un éxodo redivivo. A través del segundo espacio, “Crónica”, nos situó en la realidad revolucionaria del necesario cambio social a favor del pueblo, a través de nueve dibujos litográficos del político activista marroquí Ben Barka, secuestrado y fallecido bajo extrañas circunstancias en París, en 1965, donde se pretendían representar nueve formas diferentes de cómo se puede llegar a manipular la auténtica razón de ser, vivir y morir del que asume el rol de libertador de la gente, del pueblo, a pesar del mundo acomodado en el confort humano que no le importa participar todos los días en silencios cómplices: “La manipulación del rostro del político es, en este sentido, una metáfora del bombardeo de imágenes e informaciones sesgadas a que estamos sometidos”, tal y como ocurrió en el denominado “asunto Ben Barka”. Nuevo aviso para navegantes de la libertad, de la revolución, por parte del autor.

La exposición finalizaba con un tercer espacio, “Revolutio”, en la que sobre su querido “suelo” figuraban trece litografías con las banderas de trece países árabes que se completarían hasta llegar a las 22 de los que conformaban ese año la Liga de Estados Árabes, tal y como lo explicaba in situ Yassine como hilo conductor de su obra: “El proyecto parte de un juego semiótico basado en el origen del término “revolución”, que expresa la idea de dar la vuelta a las cosas, de poner arriba lo que está abajo y abajo lo que está arriba. De esta forma, las banderas, que supuestamente debieran ondear, se disponen consecutivamente sobre el suelo, creando una línea que recuerda a las alfombras rojas con las que se honra el paso de los jefes de estado en sus visitas oficiales”.

Aquella clase práctica de Yassine, la vivo hoy de nuevo enmarcada con las palabras finales de su tesis doctoral. Tengo que seguir leyendo atentamente sus páginas, capítulo a capítulo, porque cada uno de ellos está colmado de mensajes para deconstruir conceptos mundiales sobre el arte árabe, mediatizados siempre por el color con el que los pinta Occidente. Hablé la semana pasada con Yassine, una vez más, sobre asuntos de su persona de todos y la de secreto, junto a Dámaris, su esposa, mi profesora de violín, a quien tanto aprecio. Recordé de nuevo su infancia en Tánger, de cómo siendo niño proletario ofrecía a turistas lo que el mercado aconsejaba como mercancía de turno y que me conmovía como fenómeno social cada vez que yo viajaba a esa ciudad en años importantes para las encrucijadas de mi vida, tiempo de silencio en el que conocí a Brahim Jebari, un pintor afincado en Asilah (Tánger), a quien también he dedicado palabras de respeto y admiración en este cuaderno digital, porque aprendí aspectos maravillosos de la cultura árabe y conciencia de clase.

Yassine, doctor hoy en Arte y Patrimonio en la Universidad de Sevilla, fue un niño marroquí que dejó un día ya lejano sus zapatos en la orilla de Tánger y quiso navegar hacia la libertad sin olvidar nunca su pasado, su tierra y su parentela, con un mensaje claro de revolución activa, dándole una vuelta a la forma de ser y estar muchas personas en el mundo propio y de los demás. Para que él y su pueblo, también el arte árabe en general, puedan estar arriba después de años de estar abajo, dejando de ser alfombra roja de los poderosos. Y me ha emocionado saber que gracias a personas como él podemos confiar, tal día como hoy, en que otro mundo aún es posible, respetando la inmigración continua en nuestro país, en Andalucía, mi Comunidad, su Comunidad también. Todo un ejemplo a seguir. Su tesis doctoral es una exposición extraordinaria de lo que significa ser coherentes en la vida y de cómo la sociedad debe respetar siempre la alteridad, la realidad del Otro, sin “prejuicios ni expectativas exotizantes”. He tomado conciencia, al leerla, de que su arte plantea preguntas abiertas, me interroga como espectador y hace que me cuestione a mí mismo mis juicios previos a la hora de interpretar su obra artística.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

La familia Machado regresa a Sevilla

En la imagen, la familia de Antonio Machado (d), en la balaustrada de Villa Amparo (Rocafort, Valencia), refugiados durante la guerra civil en España / Joaquín Sanchís Serrano, 19 de diciembre de 1936

Qué difícil la suerte / de los pueblos que viven protegidos / por la misericordia de un poema. / Qué difícil la última / soledad de Machado. / La luna llega al mar / el mar llega a Sevilla, / nosotros a un recuerdo / y a esta pálida / desarmada emoción / de compartir una derrota.

Luis García Montero, fragmento del poema Colliure

Sevilla, 7/XI/2024

He visitado hoy, por segunda vez, a la familia Machado, mis paisanos, a los que siempre he manifestado mi aprecio, reconocimiento y respeto. Ha sido en la exposición, Los Machado. Retrato de familia, con ocasión del 150 aniversario del nacimiento de Manuel Machado en Sevilla, localizada en el Centro Magallanes de Industrias Culturales y Creativas de Sevilla (antigua Fábrica de Artillería), que se inauguró el pasado 22 de octubre en esta ciudad, machadiana por excelencia, su ciudad, también la mía como lugar de nacimiento y retrato íntimo. Han sido horas de descubrimiento de personas, personajes, objetos personales, fotografías, así como de lectura de cartelas y banderolas con textos machadianos bellísimos de Antonio y Manuel, de Manuel y Antonio, tanto monta, monta tanto, para ayudarme a descubrir este retrato maravilloso de familia, en el que sale reforzado el lazo de unión inseparable entre ambos hermanos, por mucho que gobiernos y personajes interesados disfrutaran malévolamente, durante tantos años, al divulgar de forma no inocente su “separación ideológica“.

La exposición ha sido organizada por la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, con el patrocinio de la Fundación Unicaja, la Real Academia Burgense de Historia y Bellas Artes, la Real Academia Española de la Lengua y el Ayuntamiento de Sevilla, con el comisariado de Alfonso Guerra, expresidente del Gobierno y de Eva Díaz Pérez, periodista y escritora. Mi interés en visitarla estribaba en intentar despejar con datos la supuesta separación ideológica entre Manuel y Antonio Machado, cuestión que con ocasión de esta exposición ha desmentido categóricamente Alfonso Guerra, a través de típicos tópicos que han existido al respecto en la memoria no democrática de nuestro país: «El primero de ellos, su alejamiento por razones políticas, que nunca se produjo, ya que «siempre estuvieron muy unidos y se quisieron muchísimo y no tuvieron ningún tipo de enfrentamiento, en absoluto, y fueron acordes en pensamiento, en sentimiento, en todo. Otro estereotipo al que se refiere es a la supuesta desigual calidad literaria de uno y otro hermano, ya que los dos son «grandes poetas», según Guerra, quien ha señalado que «son muy diferentes; uno tiene una facilidad para escribir extraordinario y, por lo tanto, es un poeta, digamos, más ligero, pero estamos ante dos grandes poetas y así hay que celebrarlo».

La exposición muestra cuatro ámbitos en la trayectoria de la familia Machado, desde la infancia y los jardines, la juventud y el viaje, la madurez y el teatro, finalizando con el dedicado al punto crítico de la muestra: la relación de los poetas con la guerra y la separación de sus destinos, trágico en el caso de Antonio por su exilio y fallecimiento desolador en Colliure, junto a la madre de ambos. Confieso que he vivido momentos de sentimientos cruzados en el último ámbito, en la línea del tiempo establecida en la trayectoria de los dos hermanos durante la guerra civil, en el periodo 1936-1939, Madrid-Burgos, espacio temporal que ha dado lugar a tantos interrogantes ideológicos de Manuel y Antonio.

Cuando finalizaba mi visita junto a las tristes imágenes de Colliure y el libro de registro de entradas del hotel donde falleció Antonio Machado, volví a leer una banderola blanca, próxima, en la que figuraban unas palabras dedicadas en 1937 a su hermano Manuel, en plena guerra civil, en una entrevista con él, realizada por Pascual Plá y Beltrán: «Es para mí una tremenda desgracia estar separado de Manuel. Él es un gran poeta. Él, además de mi hermano, ha sido mi colaborador fiel en una serie de obras teatrales; sin su ánimo, nunca esas obras hubieran sido escritas. La vida es cruel a veces; a veces es excesivamente dura. Pero este dolor nuestro, por profundo que sea, no es nada comparado con tanta catástrofe como va cayendo sobre el pecho de los hombres».

He vuelto a despejar bastantes dudas. A pesar de todo, he sentido escalofríos al recordar el viejo abrigo de Antonio Machado, que le daba calor en el frío febrero de 1939 en Colliure, que guardaba en uno de sus bolsillos un papel arrugado con tres anotaciones a lápiz, también presente en la exposición: «Ser o no ser…», una cuarteta a Guiomar (de Otras canciones a Guiomar, a la manera de Abel Martín y Juan de Mairena, corregida así: «Y te daré mi canción: / Se canta lo que se pierde / con un papagayo verde / que la diga en tu balcón») y un verso suelto: «Estos días azules y este sol de la infancia…». Lo descubrió su hermano José, unos días después del fallecimiento de su madre y de su hermano Antonio. Tres reflexiones rotas, inacabadas, por una vida compleja por razón de ideología y compromiso social, que simbolizan una forma de ser y estar en el mundo como persona digna.

La exposición me ha reafirmado la importancia de la dignidad de Antonio Machado en su trayectoria vital, forjada junto a su familia. La cuestión de dignidad en Machado era muy clara en clave shakesperiana: había que serlo hasta la muerte. El canto al amor permanente a Guiomar, en ese momento vital tan delicado, era una premonición también digna: se canta lo que se pierde. Y…, un recuerdo constante de Sevilla, con el color azul como el de esta mañana de reencuentro con él en la exposición, tal y como él lo recordaba junto al sol de su infancia, porque siempre fue el niño que llevaba dentro, con sus recuerdos de un patio de Sevilla y de un huerto claro donde maduraba el limonero. Muriendo en soledad sonora, pero sin abandonar el precioso retrato de su dignidad: Y cuando llegue el día del último viaje, / y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, / me encontraréis a bordo ligero de equipaje, / casi desnudo, como los hijos de la mar.

Al salir de esta profunda experiencia machadiana, fuera de la sala principal de la exposición, me sorprendió una “máquina de trovar”rediviva, que ya nos presentó Antonio Machado en su Cancionero apócrifo (1928), en el que el poeta, a través de un heterónimo, Menese, pensaba que la máquina “debía sustituir al sujeto como productor de arte”. Pasando por el túnel del tiempo, me he acercado con respeto reverencial al poeta a través de ella, como proveedora de inteligencia poética artificial, pidiéndole que a través de tres palabras a modo de solicitud poética, me entregara un soneto impreso, “autogenerado por la inteligencia artificial, al estilo del poeta andaluz Antonio Machado, a partir de los parámetros” que le he solicitado. Dicho y hecho. Todavía sigo descifrando el texto con mi inteligencia humana, cuartetos y tercetos a los que sé, sin temor a equivocarme, que les falta el alma insustituible del poeta.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.


UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

De nuevo, ante Trump, estamos obligatoriamente obligados a defender la democracia

The Washington Post / 6 de noviembre de 2024

El tema 83, la democracia,
el ácido sulfúrico, los ceros,
el tacón, las hambres, el casamiento
orgánico. De este mundo los dos
sabemos poco. Y sin embargo, estamos
aquí obligatoriamente obligados
a entenderlo.

Rafael Ballesteros, Ni yo tampoco entiendo

Sevilla, 6/XI/2024 / 12:33 h ‎(UTC+1)‎

El principio de realidad política mundial, el más terco de los principios freudianos, nos muestra hoy un nuevo triunfo de Donal Trump como 47º presidente de los Estados Unidos de América, con una hoja de ruta política para su país y para el mundo en general, muy preocupante en el fondo y forma de su ideología, de sus palabras, de su hilo conductor en la vida personal, profesional y política. Vuelvo a pensar que «es verdad que de este mundo sabemos poco y, sin embargo, estamos obligatoriamente obligados a entenderlo», vivirlo, sufrirlo, pasearlo y «morirlo», si se pudiera expresar así.

Mientras, por si nos sirve para seguir creyendo que otro mundo es posible, vuelvo al Club de las Personas Dignas, un espacio real al que pertenezco junto a millones de personas sensatas, para compartir estos sentimientos y para buscar apoyo moral para seguir luchando en defensa de valores que nos permitan no confundir, nunca, el valor y el precio de la libertad, de la democracia auténtica. Aunque sé que para Trump son, desgraciadamente, pura mercancía, en el ocaso de la democracia a nivel mundial.

Me consta que a Trump le gusta escuchar y bailar la mítica canción My way, una versión adaptada de la canción Comme d´habitude, de Claude François, con letra de Paul Anka (no la original francesa) e interpretada por Frank Sinatra, como así hizo en el primer baile de gala como broche final de la ceremonia oficial de su juramento como 45º presidente de los Estados Unidos de América en 2017. Es siempre una premonición de lo que será de nuevo su estilo presidencial, su manera de gobernar, a tenor de la estela que ha dejado en la campaña electoral de este año, de infeliz recuerdo por su falta de respeto a las mujeres, las minorías, los nadies, los inmigrantes y los derechos civiles de cualquier tipo. He repasado mentalmente dos estrofas de la canción citada, por si podía entrever algún significado para su nueva etapa presidencial. La primera, porque también es premonitoria, a su manera, en relación con la democracia: El final, se acerca ya, / lo esperaré, serenamente, / ya ves, que yo he sido así, / te lo diré, sinceramente, / viví, la inmensidad, / sin conocer, jamás fronteras / y bien, sin descansar, y a mi manera. La segunda, porque sé que la llevará a rajatabla, también con sus maneras: Porque sabrás, que un hombre al fin, / lo conocerás por su vivir, / no hay por qué hablar, ni que decir, / ni que llorar ni que fingir, / puedo seguir, hasta el final, / a mi manera.

He recordado de nuevo la canción original que inspiró la versión actual de Sinatra en la banda sonora de mi vida, recuperando la letra que me ha sonado siempre en un francés parisino, con la traducción que a duras penas hice en mis años de Bachillerato, porque Claude François me susurraba el comportamiento ante la persona que amaba en la adolescencia castellana, como amor no correspondido o como sueños no alcanzados: Como siempre, / todo el día / trataré de disimular. / Como siempre, / sonreiré. / Como siempre, / incluso me reiré, / como siempre. / En fin, viviré el día, / como siempre. Sinceramente, me sigue pareciendo mucho más interesante esta vivencia llena de contrapuntos humanos y democráticos que escuchar una canción que deja bien claras, metafóricamente hablando, las maneras de Trump. A pesar de Sinatra o de Claude François.

De lo que estoy seguro, de acuerdo con el poema de Ballesteros, es que de este mundo al revés sé poco, y sin embargo, estoy aquí obligatoriamente obligado a entenderlo.

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UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Para salir del túnel de la DANA en Valencia y Letur, necesitamos respuestas urgentes de la Autoridad Competente

¿No será nuestra vida un túnel
entre dos vagas claridades?

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, XXXV

Sevilla, 5/XI/2024, 13:30 h / Actualizado a las 15:36 h

Hoy, respetando el núcleo de la pregunta de Neruda, ¿No será nuestra vida un túnel?, tal como lo aprendí del poeta chileno hace ya muchos años, creo que ahora encierra varias a su vez, en una situación dramática muy actual, porque vivimos momentos trágicos en torno a la DANA que ha hecho estragos en Valencia, en poblaciones como Aldaia, Cheste, Picanya, Catarroja, Sedaví, Utiel, Ribarroja, Chiva y Paiporta, como más representativas, pero que alcanza a un total de 75, que suponen ya un total cercano a un millón de habitantes afectados, así como en Letur (Albacete), llegando también el daño colateral de este fenómeno atmosférico a otros territorios del país. Las «claridades» que cita, no las sabemos identificar bien en estos momentos tan especiales, en un marasmo propiciado por el Estado de Confusión instalado en aquella Comunidad Valenciana, salpicada de triángulos de poder oscuros, con una Naturaleza desbordada en busca de su camino que nunca se debió torcer por procesos inmobiliarios auspiciados por el poderoso caballero «don dinero», en una proyección alarmante del mundo al revés. Es por estas razones y otras más por la que creo firmemente que para salir del túnel de la DANA en Valencia y Letur, necesitamos respuestas urgentes de la Autoridad Competente:

¿No será nuestra vida un túnel?

No será nuestra vida un túnel
entre dos vagas claridades?

O no será una claridad
entre dos triángulos oscuros?

O no será la vida un pez
preparado para ser pájaro?

La muerte será de no ser
o de sustancias peligrosas?

El problema radica en comprender qué quiso decir Neruda al escribir estas palabras llenas de misterio. ¿Qué son las «claridades»? Pienso que se puede referir a nuestros objetivos vitales, personales y sociales, en comunidad, dos, tres, muchos, truncados a veces por el llamado principio de realidad cuando asistimos al ocaso de la democracia, convirtiéndose en triángulos oscuros en nuestras vidas. Entre peces y pájaros anda también el juego de preguntas de Neruda, aunque sabemos que somos peces o pájaros dependiendo del agua o cielo que probemos, suframos o sobrevolemos, si sabemos qué son, de acuerdo con la famosa parábola de David Foster Wallace que recogió en un discurso que pronunció en 2005 en la ceremonia de graduación de los alumnos del Kenyon College (Ohio): “Van dos peces nadando por el mar y se encuentran con un pez más viejo que viene nadando en dirección contraria. El pez mayor los saluda y les dice, “Buenos días, chicos. ¿Qué tal está el agua?”. Los dos peces jóvenes siguen nadando y al cabo de un rato uno de ellos mira al otro y le pregunta, «¿Qué demonios es el agua?» Yo diría también ¿Qué demonios es el cielo? Al final del túnel, lo peor es no saber quiénes somos o si una DANA desbordada «por la mano del hombre» puede impedir que nos hagamos estas preguntas sobre las causas que propician las aguas enloquecidas o los cielos tenebrosos.

Labores de limpieza en una calle de La Torre (Valencia), ayer / Óscar Corral / EL PAÍS

Quizás encuentro la mejor respuesta a este ramillete de preguntas en la inmediatamente anterior del libro citado, la XXXIV: Con las virtudes que olvidé, ¿me puedo hacer un traje nuevo? La vida demuestra que muchas veces las Autoridades Competentes van desnudas, como el emperador del cuento de Andersen. En Valencia, también. Lo malo no es sólo eso, sino que los sastres espabilados que están cerca de quienes deciden sobre el bien o el mal de los demás, se empeñan en manifestar a los cuatro vientos las maravillas del falso traje nuevo del emperador o del presidente de turno. Sin darse cuenta de que el problema radica en que hace tiempo se olvidaron de las virtudes necesarias para ser dignos de sus cargos y, sobre todo, de ser decentes a la hora de tomar decisiones. Por ejemplo, sobre lo que se venía encima en la DANA de Valencia, de infeliz memoria..

NOTA: la imagen de cabecera se ha recuperado hoy de ValenciaExtra. La segunda, hoy también, del diario El País.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.


UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Gracias a la vida, según Miguel Delibes de Castro

Miguel Delibes de Castro, Gracias a la vida

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio el corazón que agita su marco
Cuando miro el fruto del cerebro humano;
Cuando miro el bueno tan lejos del malo,
Cuando miro el fondo de tus ojos claros.

Violeta Parra, Gracias a la vida

Sevilla, 3/XI/2024

Tenía este año la ilusión de acudir a la Feria del Libro en mi ciudad, respetando el lema oficial del evento, La ciudad entre los libros, en mi caso, un ciudadano andando entre casetas, sobre todo buscando una, en la que firmaba hoy su último libro, Gracias a la vida, una persona excepcional, Miguel Delibes de Castro (Valladolid, 1947), biólogo, hijo del escritor Miguel Delibes, al que he dedicado también páginas de este cuaderno digital en los últimos años, por su vida y obras de obligado reconocimiento y recuerdo.

Lo he seguido de cerca a lo largo de muchos años, por su encomiable labor en la Estación Biológica de Doñana y, en los últimos años, por su presidencia del Patronato de ese entorno privilegiado en nuestro país, en mi Comunidad Autónoma, en una actitud permanente de defensa de la vida y de la naturaleza que nos ha dado tanto en ese paraje. Era casi obligado que él dedicara unas palabras, en formato libro, a la quintaesencia de la ofrenda diaria y silente que la Naturaleza hace a la especie humana.

La sinopsis oficial de la publicación, que me ha firmado hoy con palabras cargadas de afecto, no deja duda alguna para invitarnos a su lectura atenta: “¿Por qué y cómo dependemos de la naturaleza para vivir? Gracias a los microbios por nutrirnos y defendernos, y a los hongos que han inventado remedios para matarlos; gracias a los insectos por alimentar a los pájaros, controlar la vegetación y polinizar las flores, y a los murciélagos que se los comen. ¿En qué quedamos? ¿Acaso existen microbios e insectos, biodiversidad, en definitiva, buena y mala, y deberíamos cuidar la una y erradicar la otra? Aunque no lo advirtamos, las personas comemos, bebemos, respiramos y disfrutamos de una temperatura adecuada porque otros seres vivos lo hacen posible. Un enorme conjunto de pesos y contrapesos interactuando, perfectamente integrado tras muchos millones de años de evolución, mantiene la biosfera en un equilibrio dinámico idóneo para las especies que la habitan, incluida la nuestra. Un canto a la asombrosa diversidad de vida que nos rodea y a la imprescindible naturaleza de la mano de uno de los biólogos españoles más destacados.

Gracias a la vida, lleva un subtítulo dentro que no le va a la zaga: La naturaleza indispensable, por ejemplo en el extraordinario avance de fármacos para curar enfermedades crónicas. Así lo explica en el capítulo dedicado a “las malas hierbas (que nos curan…)”: ¿Quién iba a decirnos que el meliloto y sus hongos escondían el secreto de los anticoagulantes, o que los ñames iban a posibilitar el descubrimiento de la píldora anticonceptiva? ¿Quién podía imaginar, y no hemos hablado de ello, la cantidad de hallazgos relevantes para la humanidad obtenidos gracias al uso de ratones, moscas del vinagre o planarias como animales de experimentación en los laboratorios? ¿Quién puede predecir los tesoros para nuestro bienestar que aún permanecen ocultos en la biodiversidad, a veces en seres aparentemente nimios, como las arqueas de las salinas de Santa Pola en las que Francis Martínez Mojica descubrió los mecanismos que han propiciado la edición de genomas? Los seres vivos han aportado mucho a nuestra salud, pero les queda mucho por ofrecer. Solo por orientar, el profesor Jeffrey McNeely, un clásico en la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), estimó que a finales de los ochenta del siglo pasado el valor comercial en los países desarrollados de las medicinas obtenidas de la naturaleza alcanzaba los 40.000 millones de dólares al año (aproximadamente 95.000 millones de hoy, a los que habría que sumar el dolor evitado y las vidas salvadas)». Maravillosas aportaciones de la Naturaleza a la vida, expuestas de forma didáctica por el biólogo Delibes.

Conocía la letra de la canción homónima al título del libro, Gracias a la vida, que Violeta Parra interpretaba como nadie y que también las recoge Miguel Delibes en el capítulo introductorio, A modo de justificación, porque el homenaje a través de sus investigaciones se lo debía a su padre, «el novelista Miguel Delibes» como lo cita en este libro, para demostrar la importancia de la biodiversidad, más allá de lo que Violeta Parra cantaba de forma sobrecogedora o lo que su padre relativizaba a la hora de compartir experiencias biológicas y literarias. En estas páginas de mi cuaderno digital, tienen un sitio especial las de la cantora chilena, que cantaba siempre porque debía cantar como compromiso social activo, que siempre recuerdo en una canción grabada en mi persona de secreto, desde que era niño, pensaba como niño y actuaba como niño, porque daba gracias a la vida por sus dos luceros, por el oído, el sonido, el abecedario, sus pies cansados, el corazón, la risa y el llanto.

Hoy, cuando contemplaba a Miguel Delibes firmando su libro, Gracias a la vida, ya «mi libro», he comprendido lo que quiere transmitir a quien lo quiera leer a través de diez capítulos, dedicados a las malas hierbas, las lombrices, los hongos, buitres, microbios, escarabajos, el fitoplancton, los murciélagos, los ostiones y las ostras, finalizando con la importancia de la existencia de los zorros. Me sobrecoge leer en sus palabras introductorias algo verdaderamente esperanzador, cuando afirma que le gustaría que «este libro pudiera entenderse como un himno a la vida, igual que la canción de Violeta Parra, aunque en este caso dirigido a la naturaleza, a la inmensidad de la vida no humana».

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.


UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Gilgamesh, el que veía lo profundo, no comprendió el secreto del Diluvio Universal

AGENCIA ESTATAL DE METEOROLOGÍA (AEMET) / Imagen de la Península Ibérica cubierta por las nubes de la DANA – Octubre 2024

Sevilla, 2/XI/2024

La historia se repite. Hace cuarenta y dos siglos que la historia humana mostraba ya su preocupación por el agua descontrolada que caía de los cielos, concretamente por el diluvio, destrozando todo lo que encuentra a su paso, intentando interpretarlo a su manera. Esta situación se muestra en la lectura atenta de la tablilla XI del llamado Poema del legendario héroe-rey Gilgamesh, en lenguaje sumero-acádico, que se utilizó como fuente de la narración del Diluvio en el libro del Génesis, porque Gilgamesh era sabio y todopoderoso, que buscaba la inmortalidad, hasta tal punto que su carta de presentación en las tablillas es esplendorosa: el que veía lo profundo. Este documento, en su versión estándar, porque su tradición oral es de bastantes siglos antes, fue hallado junto a las once tablillas restantes en la biblioteca de Asurbanipal (siglo VII a.C.), creada anteriormente por Sargón II en Nínive, la actual Mosul en Irak, en el siglo VIII a.C., aunque se acepta por los científicos actuales que siguen estudiando los textos encontrados, que en la tradición oral pesaba mucho la historia del Poema de Athanasis, la primera vez que se aborda el cansancio de los dioses en su trabajo diario para atender el mundo, transfiriendo a los humanos parte de sus poderes, hasta tal punto que los hombres, creados de arcilla y sangre, quieren ser como dioses, apareciendo separados ya como hombres y mujeres. Pero lo peor, es que no aprenden a convivir y ser mejores.

De ahí vienen las grandes inundaciones narradas por Gilgamesh, el Diluvio Universal, la construcción de un barco salvador para unos elegidos y la posterior redención calamitosa del ser humano. A partir de aquí, se narran en la interpretación citada de la tablilla XI, sucesos que propiciaron un plan secreto de algún dios, se filtra el plan y se produce una traición “divina”, se construye un barco “salvador”, de 120 codos, con seis cubiertas, se acopia toda la comida posible, se cargan “todos los seres vivos que tenía” el sabio Utnapishtim, todos sus familiares y artesanos y, finalmente, «todas las bestias y animales del campo» suben al barco, sellándose la puerta de entrada según lo indicado por el dios Shamash. A partir de aquí se produce una terrible tormenta, durando el diluvio seis días y seis noches, calmándose la tempestad el séptimo día y liberando Utnapishtim una paloma y una golondrina, volviendo ambas, pero no así un cuervo que nunca regresó. Abrieron la puerta del barco y comenzaron a salir los animales. Todos los humanos se habían convertido en barro puro, excepto Utnapishtim y su esposa. Finalmente, al héroe de esta tragedia, los dioses le otorgan la inmortalidad a él, junto a su mujer. Lo que verdaderamente enturbia el poema es que en el camino de vuelta de su búsqueda de la inmortalidad,  descubierta en la narración anterior, encuentra, siguiendo instrucciones de Utnapishtim, una planta que devuelve la juventud a quien la toma, pero una serpiente se la roba y Gilgamesh vuelve a Uruk con las manos vacías, convencido de que la inmortalidad es patrimonio exclusivo de los dioses.

Leído lo anterior en un esfuerzo de síntesis plena para hacer más accesible el conocimiento del poema de Gilgamesh, la historia anteriormente narrada tiene un parecido asombroso a la de Noé en el libro del Génesis, ante el cansancio de Dios al contemplar la corrupción y maldad humana, “el puro mal de continuo”, así como en la parte del relato que corresponde a la creación de Adán y Eva, con su “equivocación” al escuchar a la serpiente y querer ser como el dios que los creó. Visto lo anterior, sólo he pretendido utilizar la metáfora del Diluvio Universal, para intentar comprender que la naturaleza es inviolable y que el ser humano, desde siempre, ha cuidado poco la Naturaleza. Hace tan sólo cuarenta y dos siglos, la tradición oral intentó comprender por qué se producían fenómenos atmosféricos que el hombre nunca podía controlar, achacando a la responsabilidad de los dioses, a su furia desatada, la causa de todos los males de la humanidad. Pero lo cierto es que no era así, porque en el caso del poema de Gilgamesh, un dios traicionero fue el desencadenante de esos males, unido todo a un deseo irrefrenable del ser humano de alcanzar la inmortalidad, una mezcla verdaderamente explosiva.

Si volvemos al terco principio de la realidad vivida estos días con la DANA (acrónimo, Depresión Aislada en Niveles Altos) en la Comunidad valenciana, vamos conociendo este fenómeno atmosférico, en el que una masa de aire polar muy frío queda aislada y empieza a circular a altitudes muy elevadas (entre 5.000 y 9.000 metros), lejos de la influencia de la circulación de la atmósfera. Luego, al chocar con el aire más cálido y húmedo que suele haber en el mar Mediterráneo, en este caso, genera fuertes tormentas, sobre todo a finales del verano boreal y principios del otoño, cuando las temperaturas marítimas son más elevadas (1). Esta fuente informativa afirma sobre la correlación de estas DANAs frecuentes con el cambio climático que “La creciente frecuencia de las DANAs y la intensificación de las lluvias asociadas a ellas están estrechamente ligadas al cambio climático, según los expertos. El progresivo aumento de la temperatura del mar Mediterráneo facilita que se den las condiciones para que haya más energía y humedad necesarias para que se dé una DANA más potente. «Estamos viendo más fenómenos de este tipo a medida que nuestro clima se calienta», explicó el meteorólogo de la BBC Matt Taylor. «Aunque tales eventos han sucedido en el pasado, se están volviendo más habituales», señaló Taylor. El año pasado, un estudio de la Sociedad Meteorológica Estadounidense detectó un incremento de las DANAs desde la década de 1960 a escala global”.

Ante lo anterior llega ya la hora de despejar muchas preguntas: “Si las DANAs van a ser cada vez más frecuentes, ¿por qué no se preparan planes específicos de gestión de riesgos sobre este fenómeno atmosférico?, ¿por qué no se revisan los planes urbanísticos que permitieron construir viviendas y polígonos industriales sobre zonas inundables, en los años del boom del ladrillo?, ¿por qué se avisó tan tarde a la población por parte de las Autoridades de las Comunidades afectadas, aunque sí lo hizo con tiempo suficiente la Agencia Estatal de Meteorología, lo que originó que no pudieran protegerse ante tanta agua destructiva? y ¿por qué no se ha declarado ya un Plan de Emergencia Nacional ante lo sucedido? Miles de personas claman, no ante los dioses, sino ante la Autoridades que correspondan, que las atiendan inmediatamente porque hay mucho dolor acumulado ante esta tragedia, desgraciadamente con precedentes, donde ha hecho estragos, por supuesto,  el poderoso caballero “don dinero”. Sabemos ahora que ya los dioses no se enfadan ni enredan en relación con diluvios más o menos universales, pero la prepotencia del ser humano es la misma, creer en la sabiduría infinita del que todo lo sabe, todo lo puede, todo lo niega, para contemplar después horrorizados las imágenes de lo sucedido estos días en Valencia, Albacete y otras localidades del País.

Hace cuarenta y dos siglos también, se sentaron las bases de otro relato unido al del Diluvio, antecedente histórico por más señas, el de la creación, con sesgos también sumero-acádicos, que he citado en bastantes ocasiones en este cuaderno digital. Si lo recupero hoy es para expresar mi confianza en el ser humano, en momentos de zozobra ética como en los de esta DANA, por la solidaridad humana demostrada ante una tragedia terrible en coste de vidas humanas y sufrimiento agregado en las personas que lo han vivido, porque nuestros antepasados creyeron siempre que la creación del ser humano fue lo mejor que le pasó a la humanidad. Lo digo desde una perspectiva evolucionista, pura y dura, pero que hoy, al citarla, no quiero quitar importancia a lo que nuestros antepasados, abuelos por más señas, contaban a sus nietos y nietas sentados en sus rodillas y así durante siglos, en las orillas de los ríos Tigris y Éufrates, en la actual Irak.  La interpretación de esa tradición oral de la creación, de la vida, introdujo por primera vez un adverbio, “muy” (meod, en hebreo) –no inocente- que marcó la diferencia con los demás seres vivos: y vio Dios que muy bueno (Genesis, 1, 31). Mientras que en el citado relato, las sucesivas “creaciones” eran “solo” buenas, los cielos, la tierra, las aguas, los animales, las semillas, cuando se creó al hombre y a la mujer el texto hebreo recoge literalmente: “y vio Dios que muy bueno”, dejando a las aguas algo atrás. Por algo sería. Si escribo lo anterior es para creer, en el desconcierto actual, que el ser humano es lo mejor que le ha podido ocurrir al mundo en siete días mágicos: algo muy bueno. Basta ver los miles de personas que han corrido a prestar su ayuda a los damnificados de esta DANA.

(1) Valencia: qué es una DANA, el fenómeno meteorológico que provocó las lluvias torrenciales que han dejado decenas de muertos en el sureste de España – BBC News Mundo

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.


UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Dependemos ya de los “Siete Magníficos” tecnológicos y digitales, del nuevo tecnofeudalismo

Sevilla, 1/XI/2024

Lo dice alto y claro la Real Academia Española de la Lengua, al abordar el significado de la palabra “dependencia”: “subordinación a un poder”, entendida como “sujeción, orden, o dominio de alguien”. Llevado al mundo digital, podemos definirlo como subordinación humana a los “siete magníficos”, Apple, Microsoft, Meta, Amazon, Alphabet, Nvidia y Tesla, por la que quedamos sujetos a sus órdenes, mando y dominio absoluto. Por si quedaba alguna duda, cualquiera de los sinónimos de subordinación sólo nos muestra más intranquilidad atómica, es decir, humana: sometimiento, supeditación, sumisión, dependencia, sujeción, obediencia, vasallaje y menoría.

Los que recordamos aquel western memorable del siglo pasado, Los siete magníficos (1960), dirigida por John Sturges, no entendemos por qué se etiqueta a este lote de empresas así, aunque es verdad que cualquier parecido actual con la realidad de aquella película no es pura coincidencia. El argumento, resumido para quien no lo recuerde, hacía referencia a un pueblo mexicano, próximo a la frontera con los Estados Unidos, que vivía asediado por una banda de malhechores, con un sujeto al frente de nombre Calvera, que les robaba sus cosechas. Para defenderse contratan a pistoleros profesionales americanos, más rentables que comprar armas. A este llamamiento acuden sólo siete hombres: Chris Adams (el jefe), Vin, Bernardo O´Reilly, Britt, Lee, Harry Luck y Chico. Después de sucesivos rifirrafes de disparos y muertes por ambas partes, algo normal en un western de la época, donde Calvera y sus hombres “malos” mueren también, acaba triunfando el bien, los teóricos “buenos”, con el corolario siguiente: de los “siete magníficos” mueren finalmente cuatro y sobreviven tres, en busca de nuevas aventuras de vida o muerte a sueldo.

Sería un juego digital apasionante, un videojuego real como la vida misma, asignar a cada empresario que forma parte de los nuevos “siete magníficos”, un avatar de aquella película, porque todos los pistoleros no eran iguales. Lo que sí tengo claro es que el pueblo mexicano de la película es la actual aldea mundial de ocho mil millones de personas, asediados por malhechores de todo tipo, con “Calveras” por doquier, de fácil identificación según movamos el mapamundi, porque a través de las tecnologías de la información y comunicación buscamos el norte de este mundo al revés, al amparo de lo que nos ofrecen los nuevos “siete magníficos”. Sobre lo que tengo muchas dudas es que vengan a salvarnos “pistoleros digitales” del tipo Elon Musk, ignorando todavía quién es el jefe de “esta banda” (en sentido metafórico siempre) y qué pueden hacer con el mundo en sus manos y en sus bancos y fondos de inversión, por el inmenso poder económico que tienen.

Por otra parte, de aquella película nos queda todavía el recuerdo de su banda sonora, extraordinaria obra de Elmer Bernstein, sobre todo su melodía principal. Me quedo ahora escuchándola, intentando descifrar por qué Tim Cook (Apple), Satya Nadella (Microsoft), Mark Elliot Zuckerberg (Meta), Jeff Bezos (Amazon), Sergey Brin (Alphabet), Jen-Hsun Huang (Nvidia) y Elon Musk (Tesla), son considerados los “siete magníficos” actuales, sobrecogiéndome constatar que entre todos y junto a otras tres grandes compañías tecnológicas han llegado en lo que va de año, según Statista, a una “capitalización bursátil de 17,4 billones de dólares, cifra que supera la suma del PIB de Alemania, Japón, India y Francia juntas, y se aproxima a los 18,5 billones de dólares del PIB de China. Solo Apple tiene un valor de mercado de 3,4 billones de dólares, equivalente al PIB del Reino Unido”.

En definitiva constatamos que tienen un inmenso poder para decidir los inescrutables caminos del imperio tecnológico, digital por supuesto, en manos de unos pocos aventureros digitales, con herramientas de doble uso, según les parezca utilizar, para la guerra o para la paz, el malestar o el bienestar social, las mentiras o las verdades en medios digitales y redes sociales, la riqueza o la pobreza, la inclusión, la exclusión o la migración eterna, la salud o la enfermedad, el hambre o la sobreabundancia alimentaria, la sed y el control férreo y privado del agua, la atención al cambio climático o la contemporización con los desastres naturales sin hacer nada, entre otras muchas dialécticas sociales, obedeciendo siempre a intereses del mercado y separándose conscientemente del interés general digital, que también existe, con repercusiones gravísimas para la sociedad.

De una forma u otra, dependemos ya de los siete magníficos, en una subordinación jamás pensada, sujetos a sus órdenes al ritmo que nos marcan sus obsolescencias tecnológicas programadas de forma no inocente y de sus progresos calculados a un ritmo en este caso frenético, sufriendo la población a diario el síndrome de la última versión, de no llegar muchas veces a ella. También, dependientes y subordinados a su mando imperial tecnológico, que marca muchas veces a los Gobiernos el camino digital por donde debe ir el mundo, sabiendo que poseen el dominio digital omnipresente y omnisciente. En definitiva, estamos abocados al tecnofeudalismo absoluto, ya analizado por mí en este cuaderno digital, cuando abordé esta realidad a través de Yanis Varoufakis, autor del libro Tecnofeudalismo, a quien conocimos bien en 2015 como ministro de Finanzas en el gobierno heleno, una época en que Grecia resurgió serena y democráticamente en un amanecer hacia nuevos horizontes políticos que, por desgracia, no tardaron mucho en desaparecer estrepitosamente. El planteamiento reflejado en esta obra nace de un hilo conductor claro y contundente, sobre la base de que “el capitalismo ha muerto y el sistema que lo reemplaza no es mejor”, teniendo al frente a los “Siete Magníficos”, según se plantea en la sinopsis oficial del mismo: “Las dinámicas tradicionales del capitalismo ya no gobiernan la economía. Lo que ha matado a este sistema es el propio capital y los cambios tecnológicos acelerados de las últimas dos décadas, que, como un virus, han acabado con su huésped. […] Los dos pilares en los que se asentaba el capitalismo han sido reemplazados: los mercados, por plataformas digitales que son auténticos feudos de las big tech; el beneficio, por la pura extracción de rentas. A partir de esta observación, confirmada por la crisis de 2008 y la provocada por la pandemia, Varoufakis ha desarrollado su teoría del «tecnofeudalismo», según la cual los nuevos señores feudales son los propietarios de lo que llama «capital de la nube», y los demás hemos vuelto a ser siervos, como en el medievo. Es este nuevo sistema de explotación lo que está detrás del aumento de la desigualdad. Sirviéndose de ejemplos que van desde la mitología griega y Mad Men hasta las criptomonedas y los videojuegos, este libro ofrece un arsenal analítico de valor inestimable para poder esclarecer la confusa realidad socioeconómica actual. Comprender el mundo que nos rodea es el primer paso para poder tomar el control, quizá por primera vez, de nuestro destino colectivo”.

Sabemos que los “siete magníficos” de la película lo tenían todo muy claro, en voz de sus protagonistas: “¡Resolver problemas no es lo nuestro. Lo nuestro es el plomo, amigo!, […] los he obligado a tomar decisiones, conmigo solo han de tomar una: hacer lo que yo digo”. Una vez más, estamos avisados, recordando también al asesor de Clinton en aquel exabrupto que dio la vuelta al mundo en su campaña de 1992: ¡Es la economía, idiotas!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.


UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Hoy recordamos a las víctimas del golpe militar del 18 de julio de 1936, la Guerra Civil y la Dictadura franquista

Sevilla, 31/X/2024

Creo que estamos atravesando una etapa muy preocupante en nuestro país, donde sigue avanzando de forma imparable el ocaso de la democracia existente, que muchos millones de ciudadanos y ciudadanas deseamos defender, día a día, con ardor guerrero. Como ciudadano político, que cuido la democracia de este país y su memoria, así como la de mi Comunidad Autónoma, mi ciudad y mi barrio, como tantas veces he escrito en este cuaderno digital, considero imprescindible volver a leer hoy esta Ley, con motivo de la conmemoración en nuestro país del día de recuerdo y homenaje a todas las víctimas del golpe militar del 18 de julio de 1936, la Guerra Civil y la Dictadura franquista, una fecha establecida por la Ley 20/2022, de Memoria Democrática.

En esta disposición figuran páginas imprescindibles que ordenan en su objeto y finalidad la recuperación, salvaguarda y difusión de la memoria democrática, entendida ésta como conocimiento de la reivindicación y defensa de los valores democráticos y los derechos y libertades fundamentales a lo largo de la historia contemporánea de España, con el fin de fomentar la cohesión y solidaridad entre las diversas generaciones en torno a los principios, valores y libertades constitucionales: “Asimismo, es objeto de la ley el reconocimiento de quienes padecieron persecución o violencia, por razones políticas, ideológicas, de pensamiento u opinión, de conciencia o creencia religiosa, de orientación e identidad sexual, durante el período comprendido entre el golpe de Estado de 18 de julio de 1936, la Guerra de España y la Dictadura franquista hasta la entrada en vigor de la Constitución Española de 1978, así como promover su reparación moral y la recuperación de su memoria personal, familiar y colectiva, adoptar medidas complementarias destinadas a suprimir elementos de división entre la ciudadanía y promover lazos de unión en torno a los valores, principios y derechos constitucionales. Se repudia y condena el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y la posterior dictadura franquista, en afirmación de los principios y valores democráticos y la dignidad de las víctimas. Se declara ilegal el régimen surgido de la contienda militar iniciada con dicho golpe militar y que, como consecuencia de las luchas de los movimientos sociales antifranquistas y de diferentes actores políticos, fue sustituido con la proclamación de un Estado Social y Democrático de Derecho a la entrada en vigor de la Constitución el 29 de diciembre de 1978, tras la Transición democrática”.

El artículo 7 de esta Ley designa el 31 de octubre como un día dedicado a recordar a todas las víctimas de la represión que marcó una de las etapas más oscuras de la historia contemporánea española, que no se debe olvidar y menos minimizar o intentar borrar en el olvido no inocente, su conocimiento por parte de las generaciones actuales, porque es necesario, ahora más que nunca, mantener vivo el recuerdo de aquellos hechos traumáticos y trágicos, y al deber de evitar que las violaciones de derechos humanos ocurridas durante ese periodo puedan repetirse. La ley señala que este día debe contribuir a mantener en la memoria colectiva tanto los desastres de la guerra como los de toda forma de totalitarismo, así como a promover la reparación de la dignidad de las víctimas, ayudando a que estas sean reconocidas no solo por la ciudadanía actual, sino también por las generaciones venideras.

Si escribo hoy sobre esta conmemoración es porque sé que estamos avisados de que la democracia está entrando en nuestro país en un ocaso imparable. Estamos avisados, por tanto, aunque nos queda algo grandioso en democracia, la palabra de denuncia, tal y como aprendí en un día ya lejano de Blas de Otero: Si abrí los labios para ver el rostro / puro y terrible de mi patria, / si abrí los labios hasta desgarrármelos, / me queda la palabra. También, la música de Salvador Bacarisse, la Romanza del Concertino para guitarra y orquesta en La menor, que compuso desde su exilio a consecuencia de la guerra civil, en París, en 1952, tantas veces recordada en este cuaderno digital.

NOTA: escogí en 2017 el vídeo de cabecera de estas palabras en YouTube, porque el mensaje de la persona que lo colgó me parecía necesario para transitar por la memoria histórica de este país, como es el caso de Salvador Bacarisse: “Con este vídeo, hago un pequeño y humilde homenaje a Bacarisse y a los que fueron víctimas de sus propios días, sobre todo, a los que tras perder la guerra, por si fuera poco, tuvieron que marcharse. Murieron, perdieron y se marcharon, la gran mayoría lo hizo para siempre, y nunca han tenido el reconocimiento que también ellos merecen. Jamás olvidemos la historia, y aprendamos siempre de ella. Es por eso que, sin demonizar ni buscar culpables, sólo emito un reflejo más de esa época que, espero, al menos nos haya servido para aprender y no volver a cometer los mismos errores nunca más. Sé que este es un tema no superado en España y tenemos que buscar todos los medios para que así sea. Ha pasado más de ochenta años y no veo que haya habido un perdón de verdad. Sólo tratando esta época sin rencores podremos avanzar como sociedad, y este país podrá ser algo mucho mejor. Hay que encontrar algún nexo de unión, porque, aunque siempre existan divergencias políticas, la herida de la Guerra Civil española nunca se cierra porque nunca nadie parece querer curarla, sobre todo los que tan malamente nos gobiernan hoy día”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.


UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Manuel Rivas, Premio Nacional de las Letras 2024 por su coherencia ética y literaria

Dedicatoria firmada y dibujada por Manuel Rivas, en su libro ¿Qué me quieres, amor?, 2016

Sevilla, 30/X/2024

El jurado que ha otorgado el Premio Nacional de las Letras 2024 a Manuel Rivas (A Coruña, 1957), ha justificado con bellas palabras, su justa decisión, tomada por “la extraordinaria calidad narrativa que aúna fuerza emocional y belleza formal y por la solidez de una trayectoria versátil y coherente construida con la sensibilidad y la defensa de la memoria histórica, la responsabilidad social y la lengua gallega. Pocos autores del panorama literario español, partiendo de un compromiso firme con su lengua, han conseguido alcanzar tal reconocimiento a nivel mundial. Su obra “acompaña su activismo, con una pluma que, sin adoctrinamiento, agita conciencias, induce a la reflexión y estimula el pensamiento hacia la defensa de la pluralidad lingüística y cultural y hacia la igualdad de género. Manuel Rivas, con una voz poderosa y singular, crea literatura y, con ella, vuelve a situar la escritura gallega en el olimpo de las Letras Nacionales”.

Siempre he admirado a este escritor polifacético, gallego por más señas, militante activo de su cuna y orígenes, muy presente en este humilde cuaderno digital. Es uno de mis maestros, al que recurro con frecuencia, porque aprendo mucho de él. La última vez, ha sido preparando un viaje a Galicia, porque su método para conocer su Comunidad no lo he olvidado nunca, recogido en un libro suyo, Galicia, Galicia. Este libro es un libelo de repudio al conservacionismo gallego de viejo cuño, político incluido, Rivas explica un método para conocer su tierra que cobra hoy una especial actualidad. Nos enseña a viajar con él, porque al final, caemos siempre en lo mismo: criticamos hasta la saciedad a este turismo que nos invade, a los otros, sin caer en la cuenta de que nosotros también hacemos a veces un turismo descontrolado, por imperativo del mundo actual, acabando como turistas al uso, a veces sin sentido y viajando hacia ninguna parte. Su lectura me ayudó a comprender qué significan las herbiñas de enamorar visitando una vez en la vida San Andrés de Teixidó, siguiendo también las indicaciones de Luar na Lubre, recomendando que cada uno, cada una, al leerlo, cambiando nombres, apellidos y situaciones, se quede con el fondo de lo expuesto. Es la única forma de comprender qué significa el turismo digno y ético que tanto necesitamos recuperar en nuestro país, abandonando el rol de volantistas (conductores sempiternos) por un tiempo y escogiendo un libro como la mejor guía para iniciar el mejor viaje posible a nuestra persona de secreto.

Este Premio, tan merecido “en vida”, en un país que se caracteriza por frecuentar los panegíricos de personas ilustres de todo tipo, profesión y lugar, eso sí, una vez fallecidas, cumple uno de sus objetivos cuando se creó en 1984, en tiempos de un Ministerio de Cultura que contempló la necesidad de poner en práctica, a través de acciones concretas, el artículo 149.2 de la Constitución Española, que señala el servicio de la cultura como deber y atribución esencial del Estado, destinado a reconocer el conjunto de la obra literaria de un autor vivo escrita en cualquiera de las lenguas españolas oficiales.

Además, aquí radica uno sus éxitos, porque la intención con la que se creó el premio era doble. A la vez que se reconoce la trascendencia de un autor y de la totalidad de su obra literaria, se incide -de acuerdo con el mandato constitucional- en la presencia de las lenguas españolas en la configuración de la cultura de nuestro presente y de nuestro futuro, integrada por una pluralidad de aportaciones lingüísticas que representan, cada una de ellas, una tradición literaria que forma parte de todo nuestro legado cultural.

Manuel Rivas es un maestro de la coherencia ética llevada a su forma de escribir en diferentes géneros, como periodista, poeta, novelista o columnista memorable en El País, siempre con su activismo ético dentro. Da igual el asunto que aborde, porque nunca defrauda. Se lo dije a él en una de sus visitas a Sevilla, en diciembre de 2016, para participar en una conferencia-diálogo, en el marco de los Diálogos Literarios en conmemoración de la primera circunnavegación de la Tierra, la Vuelta al Mundo de la expedición de Magallanes que completó Juan Sebastián Elcano. Cuando finalizó el encuentro, me acerqué para agradecerle lo aprendido a lo largo de los años de su lectura de compromiso activo. Le enseñé el libro que llevaba y que tanto quiero, ¿Qué me quieres, amor? Y nos lo dedicó con la maestría de los «alicientes» que tan bien conoce y que nos explicó en su intervención: la línea del horizonte que separa el mar del cielo, la luz que necesitamos siempre para iluminar cualquier viaje, con dos peces que van a en ambas direcciones porque suministran ideas en las idas y venidas de la vida, el libro abierto que escribimos a diario si nos comprometemos a defender el derecho a soñar y la unión íntima de humor y libertad, como mensaje explícito de su forma de ser en el mundo. Por cierto, libro editado por Bolboreta, mariposa en gallego, de quién aprendí el sentido de su alargada lengua, en un relato suyo precioso que no he olvidado nunca, La lengua de las mariposas. Sobre todo, para no participar en silencios cómplices en momentos cruciales de la vida, de este país, como ante la cordada de presos en los planos finales de su película homónima que tanto aprecio.

Aquél día, recibí de él un gran premio, el de su mensaje de que nos está permitido soñar, a través de un dibujo y palabras preciosas «con sentido», sus alicientes. Ayer, el país, le entregó uno muy importante, sobre todo por su coherencia ética y literaria, el Premio Nacional de las Letras, por “la extraordinaria calidad narrativa que aúna fuerza emocional y belleza formal y por la solidez de una trayectoria versátil y coherente construida con la sensibilidad y la defensa de la memoria histórica, la responsabilidad social y la lengua gallega”. ¡Mi enhorabuena más sincera, Manuel Rivas!, sobre todo porque me reafirma que otro mundo es posible con personas como tú, tan honesto y ligero de equipaje.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.


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¡Paz y Libertad!