La flauta mágica suena en Madrid

LA FLAUTA MAGICA MADRID

La flauta mágica / Teatro Real (Madrid)

Sevilla, 25/I/2020

Se ha estrenado recientemente en el Teatro Real de Madrid, una versión de La Flauta Mágica inspirada en el cine mudo, una ópera de Mozart que me acompaña siempre en mi viaje interior cerca de Papageno, el protagonista cuya profesión es la de encantador de pájaros, sin conocer a veces a qué pájaros hay que encantar porque así es la vida. Mozart escribió esta partitura a modo de testamento espiritual, atendiendo al fondo y a la forma de la misma, entregando al mundo, junto al libreto de Schikaneder, un mensaje de iniciación al espíritu masónico y a toda su simbología. Recomiendo la visualización de un vídeo muy esclarecedor sobre esta ópera que animo a escuchar con la atención que merece José Luis Téllez un experto musicólogo al que respeto y sigo desde hace ya muchos años en Radio Clásica.

La Flauta Mágica permite muchas interpretaciones como pasa en la mayor parte de las situaciones en las que podemos optar en libertad sobre lo que un autor nos quiere transmitir con su obra, ya sea literaria, musical o artística en general. Mozart nunca fue inocente en sus composiciones, muchas veces aceleradas por su situación económica, muy frágil siempre por la enfermedad de Constanze, compañera fiel hasta su muerte. Muestra de ello son los innumerables conciertos a beneficio que organizaba en su casa habitualmente. Por ello, La Flauta Mágica, una composición musical sobre el libreto de Schikaneder, fue un auténtico testamento espiritual de lo que amaba sobre todas las cosas que contemplaba en el mundo, la libertad, un libelo de repudio contra el poder constituido, ya fuera religioso o político y un canto a la libertad de la vida ordinaria, sin negar en ningún momento el alimento espiritual que le brindaba la logia masónica en la que estaba inscrito y que es un trasunto permanente en el libreto que le inspiró siempre esta partitura esplendorosa. Las tríadas de sacerdotes, damas y “muchachos”, presentes en la obra, es una trasposición masónica del número 3.

PAPAGENO3

Puerta de Papageno. Teatro sobre el río Viena / Marcos Cobeña Morián

He vuelto a leer el libreto que conservo de la versión de La Flauta Mágica dirigida por Sir George Solti, publicada por Decca, en una grabación efectuada en septiembre/octubre de 1969 en la Sofiensaale de Viena, con la Orquesta Filarmónica de Viena, acompañada por el Coro de la Ópera del Estado de Viena. Es maravilloso volver a escuchar a Pilar Lorengar en el papel de Pamina, al famoso barítono Dietrich Fischer-Dieskau en el de antiguo sacerdote y a Hermann Prey en el de mi admirado Papageno.

En el libreto figura un recitativo a tres (siempre el tres masónico) de las Damas, Tamino y Papageno, como una primera declaración de intenciones después del episodio del cierre de la boca de Papageno con un candado, por haber mentido a Tamino y haberse atribuido la muerte de la serpiente que estaba cerca del príncipe: “¡Si todos los mentirosos tuviesen sus labios cerrados con candado, en lugar de odios, calumnias y mentiras, sólo habría amor y fraternidad!”. Creo que tiene una actualidad extraordinaria como mensaje ante las noticias falsas y cotilleos políticos que tanto daño hacen. A continuación figura la escena de la entrega de la flauta mágica al Príncipe Tamino que será la que ayudará en todo momento al protagonista hacia el encuentro con Pamina, la hija de la Reina de la Noche secuestrada por orden de Sarastro y bajo el control de Manóstatos.

La flauta mágica entregada a Tamino y el carillón de Papageno junto a su jaula de pájaros a la espalda, serán a partir de ese momento la expresión más fiel de la dialéctica de ambos protagonistas de la ópera, la de la realeza y la de la plebe, para poder interpretar la obra dignamente. También, sobre la importancia de la fraternidad en el mundo. Más adelante, siempre me ha fascinado el dueto entre Pamina y Papageno en el que ambos comentan el motivo de su encuentro en el palacio de Sarastro, en el que intercambian sus deseos más legítimos de encontrar a personas a las que amar, como bien expresa Pamina: “Debemos disfrutar del amor. Vivimos solamente para el amor”. La tarea de salvar a Pamina se refuerza en los siguientes sucesos de la ópera, hasta llegar a sus escenas finales, en las que Tamino y Pamina se unen en su amor verdadero así como Papageno y su querida Papagena, que se comprende aún más cuando se escucha el dueto que lleva sus nombres.

Escribiendo estas palabras recuerdo mi viaje a Viena en 2007 a través de la mirada de Papageno en su puerta del teatro sobre el río Viena (mi querido Teatro de barrio), sintiéndose cómplice del movimiento de la Secesión, a escasos metros de su deteriorada figura, cubierto de plumas y con su inseparable jaula para meter/sacar los pájaros encantados sin saber nunca a qué tipo de pájaros –uccellaci o uccellini, pasolinianos- se estaba refiriendo en su larga andanza. Lo contemplé durante bastantes minutos y cerrando los ojos imaginé el día del estreno de su maravillosa ópera, el 30 de setiembre de 1791, dos meses antes de su fallecimiento, dirigiéndola en un teatro muy sencillo, de un barrio alejado del Anillo Real y de la Iglesia Oficial de Viena. Así, hasta hoy en Madrid.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

El alma blanca de un actor “negro”, Antonio Banderas

ANTONIO BANDERAS

Sevilla, 16/I/2020

Hemos leído recientemente, en medios de comunicación norteamericanos, que la Academia de Hollywood había nominado a dos actores “de color” a los Oscar de 2020: la actriz afroamericana Cynthia Erivo y el español Antonio Banderas. Es verdad que han rectificado posteriormente, pero les traiciona el supremacismo blanco americano que todavía existe. Inmediatamente, he recordado por la cercanía de la ceremonia de los Oscar y por el hilo conductor de la dialéctica blanco y negro, el artículo que escribí el año pasado con motivo de la concesión de tres Oscar a la película El libro verde del conductor negro, porque refleja lo que esconde el alma americana de la Academia en representación de un país.

Leyéndolo de nuevo encuentro explicaciones a la acromatopsia americana, es decir, a la ceguera al color: “Vuelvo a publicarlo hoy como homenaje al hilo conductor de la película: la necesaria comunicación entre millones de personas diversas (con color de raza incluido) en un mundo diseñado, a veces, por el enemigo. Un relato real y que merece todos los elogios posibles para que Estados Unidos salga de la acromatopsia [la ceguera al color] a la que a veces quiere someter al mundo, donde es verdad que hay algo más que los grises permanentes, que suelen utilizar sus líderes políticos actuales y sus temibles asociados a los que eufemísticamente llamamos “hombres de negro”.

Espero que Antonio Banderas, comprenda con dolor y gloria este equívoco nada inocente y que consiga el Oscar tan merecido por su brillante carrera como actor. Escribo hoy estas palabras como homenaje al actor malagueño, andaluz, porque respondo a la inquietud que ya intuí en aquella ocasión: “¡Ay, América de Trump! Próximamente, seguiré escribiendo en este salón virtual… sobre el impacto de esta película en mi vida, convencido de la importancia extrema de la dignidad humana, de que los solitarios deben dar de una vez por todas el primer paso en cualquier momento complicado de la vida, de que lo fundamental en tiempos revueltos de la política es cambiar corazones sin violencia y de que es necesario descubrir el alma blanca que está detrás de todas las personas que pasan cerca de nuestras vidas. Aunque muchas veces no sepamos por qué pasan o qué nos pasa. Mientras, escucho a Chubby Checker, Little Richard o Aretha Franklin, cantantes de mi infancia rediviva. Y a Don Shirley [el pianista negro protagonista de El libro verde del conductor negro], porque era un pianista magnífico del que todavía puedo seguir aprendiendo muchas cosas”.

También, porque en aquella película oscarizada “Tony descubre el alma blanca de un hombre negro, porque le enseña a decir cosas preciosas a su mujer que está muy lejos. Le asombra cómo toca el piano y descubre que a Shirley le enseñó a tocar el piano su madre, en una pequeña espineta, viajando por circuitos imposibles de Florida”.

Al fin y al cabo, hablamos ahora del alma blanca de un hombre blanco, Antonio Banderas, de Salvador Mallo, el protagonista de Dolor y gloria.

NOTA: la imagen es un fotograma de la película Dolor y gloria.
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El libro verde del conductor negro, en un país ciego al color

GREEN BOOK
Tony “Lip” Vallelonga (Viggo Mortensen) y Don Shirley (Mahershala Alí), en Green Book (2018)

El Dr. Don Shirley lo dice en la película “Green Book” a su fiel y controvertido escudero y conductor blanco: “No se gana con violencia, Tony, se gana cuando… mantienes tu dignidad. La dignidad siempre prevalece. Y esta noche, por tu culpa, no lo hicimos” (1). Es el hilo conductor de la trama interna de esta entrega americana al mundo comercial del cine. Se trata de la dignidad humana que atraviesa todos los siglos, pero que se tuvo que emplear a fondo en la segregación racial americana. Dignidad de dignidades, solo buscaban los negros la dignidad, a pesar de que tuvieran que viajar con la insoportable levedad del Libro Verde para Conductores Negros.

Tony representa el principio de realidad que tanto tememos en nuestras vidas y que se instala en ella con bastante frecuencia. Vivimos en un mundo de personas solas, que solo hablan con ellas mismas, lo vemos por la calle con el disimulo que hoy ofrecen los teléfonos inteligentes para este menester: “[…] El mundo está lleno de gente solitaria que teme dar el primer paso”.

El relato completo de Green Book es muy interesante y no inocente. Narra las vivencias reales de un músico afroamericano, Don Shirley, que tuvo una vida azarosa por cuna y color de piel. Fue un músico extraordinario que un día decidió viajar a un mundo casi imposible en su propio país, el Sur de América del Norte, para ofrecer conciertos con su Trío a blancos ricos y nada respetuosos con el color de la piel del artista. Se viven diversos episodios donde se palpa la transformación ideológica del conductor y guardaespaldas de Shirley, Tony Vallelonga, quien no comprende el porqué de este viaje hacia ninguna parte según él, tal y como lo expresa uno de los componentes de los músicos del famoso Trío, de nombre ruso, Oleg: “¿Me preguntaste una vez [Tony], por qué el Doctor Shirley hace esto? Te lo diré. Porque el genio no es suficiente. Se necesita valor para cambiar los corazones de la gente”.

THE GREEN BOOK
La contradicción de Shirley es constante en un mundo americano del Sur que es incapaz de aceptar la diversidad racial: “¡Sí, vivo en un castillo! Tony. ¡Solo! Y los blancos ricos me pagan por tocar el piano para ellos, porque los hace sentir cultos. Pero tan pronto como me bajo del escenario, vuelvo a ser sólo otro negro para ellos. Porque esa es su verdadera cultura. Y yo sufro ese desaire solo, porque no soy aceptado por mi propia gente, ¡porque yo tampoco soy como ellos! Así que, si no soy lo suficientemente negro, y si no soy lo suficientemente blanco, y si no soy lo suficientemente hombre, entonces…, dime Tony, ¿qué soy?

Tony descubre el alma blanca de un hombre negro, porque le enseña a decir cosas preciosas a su mujer que está muy lejos. Le asombra cómo toca el piano y descubre que a Shirley le enseñó a tocar el piano su madre, en una pequeña espineta, viajando por circuitos imposibles de Florida. En una ocasión -le cuenta- un hombre que le había escuchado le ofreció la oportunidad de estudiar en el Conservatorio de Música de Leningrado, siendo el primer negro que aceptaban allí. Aprendió a tocar, básicamente, música clásica, interpretando a compositores de la talla de Brahms, Franz Liszt, Beethoven, Chopin…, “todo lo que siempre quise tocar”. Pero el poderoso caballero don dinero de las compañías discográficas, la suya en concreto, Cadence, le aconsejó que tocara otras cosas más populares. La todopoderosa América de los años sesenta no aceptaría nunca que un músico negro tocara música clásica, sino la que le adjudicaban como algo suyo, el jazz: “Querían convertirme en otro «animador de color». Ya sabes, del tipo que fuma mientras toca, pone un vaso de güisqui en su piano y luego se queja porque no es respetado como Arthur Rubinstein”.

Tony, admirador de Chubby Checker, Little Richard o Aretha Franklin, a los que no había escuchado nunca Shirley (aparentemente), creía que hubiera sido un gran error continuar con su carrera de corte clásico, algo que Shirley no comprendía para nada: “¿Un error? ¿Interpretando la música en la que estuve entrenando toda mi vida para tocar?, a lo que responde asombrado Tony: “¿Entrenado? Qué eres, ¿una foca? A la gente le encanta lo que haces. Cualquiera puede sonar como Beethoven o Joe Pan o los otros tipos que dijiste. Pero tu música, lo que tú haces… Sólo tú puedes hacerlo”. Shirley da las gracias a Tony por su cumplido, pero le manifiesta que “No todo el mundo puede tocar a Chopin… no».

Lullaby of Birdland, de la banda sonora de Green Book (The Don Shirley Trio) – Kris Bowers

Tengo que confesar que no conocía a Don Shirley, pero sí a los cantantes de la época a los que admiraba Tony “Lip”, el pendenciero conductor cuentista y admirador progresivo de su pasajero negro en un coche azul de ensueño, en un país ciego al color negro.

¡Ay, América de Trump! Próximamente, seguiré escribiendo en este salón virtual… sobre el impacto de esta película en mi vida, convencido de la importancia extrema de la dignidad humana, de que los solitarios deben dar de una vez por todas el primer paso en cualquier momento complicado de la vida, de que lo fundamental en tiempos revueltos de la política es cambiar corazones sin violencia y de que es necesario descubrir el alma blanca que está detrás de todas las personas que pasan cerca de nuestras vidas. Aunque muchas veces no sepamos por qué pasan o qué nos pasa. Mientras, escucho a Chubby Checker, Little Richard o Aretha Franklin, cantantes de mi infancia rediviva. Y a Don Shirley, porque era un pianista magnífico del que todavía puedo seguir aprendiendo muchas cosas.

Sevilla, 17/II/2019

(1) Las frases, con ligeros cambios, las he recuperado de http://frasesdecineparaelrecuerdo.blogspot.com/2019/02/frases-pelicula-green-book-peter-farrelly.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Solo os pedimos, nuevo Gobierno de Coalición…

Sevilla, 12/I/2020

Hay una canción en mi banda sonora vital que me llena siempre de emoción ante momentos difíciles. Se trata de una canción preciosa de Pablo Milanés, Solo te pido, que resuena hoy con más fuerza que nunca cambiando lo que haya que cambiar en referencia a renunciar a los personalismos y abrir los tiempos verbales a una conjugación de todas las personas que confiamos en el nuevo Gobierno de Coalición.

Ante el momento histórico que vamos a vivir a partir de mañana, me tomo la licencia de adaptar la letra a estos tiempos actuales de la política en España y creo que acaba sonando igual esa canción tan bella, pidiendo al nuevo Gobierno de Coalición que llenen nuestros espacios vitales, personales y colectivos, con su luz política, que no se queden los proyectos en papeles grises, que saben que millones de personas de este país creemos que otro mundo es posible, que nos llenen de razones para respirar en el clima tan contaminado en la actualidad; que no se hagan las cosas por complacer a unos y a otros sino como reconocimiento a unos derechos como personas y que no hablen solo por hablar.

De verdad, que llenen nuestros espacios vitales con su nueva luz:

No os pedimos
que nos bajéis una estrella azul
solo os pedimos
que nuestro espacio llenéis con vuestra luz

No os pedimos
que nos firméis diez papeles grises para confiar
solo os pedimos
que queráis las palomas que solemos mirar

De lo pasado no lo vamos a negar
el futuro mejor algún día llegará
y del presente qué le importa a la gente
si es que siempre van a hablar

Seguid llenando este minuto
de razones para respirar
no nos complazcáis solo, no os neguéis a los cambios,
no habléis por hablar

Nos os pedimos
que nos bajéis una estrella azul
solo os pedimos
que nuestro espacio llenéis con vuestra luz

Se lo debo hoy a Pablo Milanés: seguir confiando en que otro mundo es posible en beneficio de todos. Sus canciones y su ideología me han llenado siempre de ganas de seguir viviendo dignamente. Esa es la razón de compartirlo.

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La fábula del camaleón

CAMALEON

Sevilla, 10/I/2020

En los tiempos políticos que vivimos en la actualidad, he recordado la fábula del camaleón que finalmente no sabía de qué color ponerse, que nos dejó como metáfora escrita Augusto Monterroso (1), aunque cada uno, cada una, tiene que saber identificar y atribuirse el papel y el color que le corresponde en la actualidad, según lo narrado en la misma:

En un país muy remoto, en plena Selva, se presentó hace muchos años un tiempo malo en el que el Camaleón, a quien le había dado por la política, entró en un estado de total desconcierto, pues los otros animales, asesorados por la Zorra, se habían enterado de sus artimañas y empezaron a contrarrestarlas llevando día y noche en los bolsillos juegos de diversos vidrios de colores para combatir su ambigüedad e hipocresía, de manera que cuando él estaba morado y por cualquier circunstancia del momento necesitaba volverse, digamos, azul, sacaban rápidamente un cristal rojo a través del cual lo veían, y para ellos continuaba siendo el mismo Camaleón morado, aunque se condujera como Camaleón azul; y cuando estaba rojo y por motivaciones especiales se volvía anaranjado, usaban el cristal correspondiente y lo seguían viendo tal cual.

Esto sólo en cuanto a los colores primarios, pues el método se generalizó tanto que con el tiempo no había ya quien no llevara consigo un equipo completo de cristales para aquellos casos en que el mañoso se tornaba simplemente grisáceo, o verdiazul, o de cualquier color más o menos indefinido, para dar el cual eran necesarias tres, cuatro o cinco superposiciones de cristales.

Pero lo bueno fue que el Camaleón, considerando que todos eran de su condición, adoptó también el sistema.

Entonces era cosa de verlos a todos en las calles sacando y alternando cristales a medida que cambiaban de colores, según el clima político o las opiniones políticas prevalecientes ese día de la semana o a esa hora del día o de la noche.

Como es fácil comprender, esto se convirtió en una especie de peligrosa confusión de las lenguas; pero pronto los más listos se dieron cuenta de que aquello sería la ruina general si no se reglamentaba de alguna manera, a menos de que todos estuvieran dispuestos a ser cegados y perdidos definitivamente por los dioses, y restablecieron el orden.

Además de lo estatuido por el Reglamento que se redactó con ese fin, el derecho consuetudinario fijó por su parte reglas de refinada urbanidad, según las cuales, si alguno carecía de un vidrio de determinado color urgente para disfrazarse o para descubrir el verdadero color de alguien, podía recurrir inclusive a sus propios enemigos para que se lo prestaran, de acuerdo con su necesidad del momento, como sucedía entre las naciones más civilizadas.

Sólo el León que por entonces era el Presidente de la Selva se reía de unos y de otros, aunque a veces socarronamente jugaba también un poco a lo suyo, por divertirse.

De esa época viene el dicho de que

todo Camaleón es según el color
del cristal con que se mira.

Vivimos en un caleidoscopio político muy complicado. Lo importante ahora es identificar a los camaleones que se tiraron del barco de la dignidad al mar en tiempos difíciles, porque ya va faltando mar para recoger a tanto camaleón tibio y mediocre que nos rodea sin piedad. Lo verdaderamente complicado es constatar que a partir de ahora va a faltar barco digno para recoger a todos los que se tiraron al mar en tiempos revueltos. Sobre todo, porque habrá que identificar su color auténtico de origen, que lo tienen, para que las personas que creemos que otro mundo es posible no nos equivoquemos al elegir compañeros de viaje cuando se inicia una singladura política nueva e ilusionante en este país.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.bioenciclopedia.com/camaleon/

(1) Monterroso, Augusto. La oveja negra y demás fábulas, 2002 (4ª ed.), Madrid: Santillana, p. 37-39.

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Gobierno de coalición e interés general (II)


Juan Genovés, El abrazo, 1976

Sevilla, 3/I/2020

El pasado 14 de noviembre escribí un artículo en este cuaderno digital que llevaba el título que encabeza estas líneas. Hoy, vuelvo a utilizar aquellas palabras actualizándolas en este aquí y ahora político, porque creo que son los principios que deben regir la nueva legislatura tan próxima ya atendiendo a los últimos acontecimientos que propician un gobierno anunciado. El principio de realidad que expuso magistralmente Sigmund Freud, se ha impuesto finalmente como consecuencia del resultado político de las elecciones generales celebradas el pasado 10 de noviembre. El anuncio posterior del gobierno de coalición del PSOE y Unidas Podemos reflejaron esta asunción del principio freudiano aplicado a la política. Solo es viable la instauración de este tipo de Gobierno si se respetan dos palabras de enorme contenido constitucional: interés general. El abrazo de Pedro Sánchez (PSOE) y Pablo Iglesias (UP) me recordó el cuadro de Genovés, El abrazo, símbolo de la Transición, que está cerca de donde se produjo ese momento político del anuncio de gobierno de coalición, porque merecería la pena que quienes ostentan la representación política de todos los españoles observaran con detenimiento el cuadro y pensaran, aunque fuera solo por un momento, que este símbolo de los abrazos no se debe olvidar porque fue una lección democrática reflejada fantásticamente por Genovés durante la Transición en un país que ahora los necesita más que nunca.

Efectivamente, en la situación política actual creo que la solución de Gobernanza de Estado pasa por respetar el interés general de la ciudadanía, del pueblo, de la gente. Y con la sombra de aquella enigmática frase de Lenin, ¿qué hacer?, en la que crecí en tiempos de una España difícil, creo que cada líder político llamado a poder presidir y gobernar este país, como símbolo de la auténtica democracia, debe mantener durante toda la legislatura diálogos permanentes con otros partidos ideológicamente próximos a la izquierda constitucional y con los alternativos, democráticamente hablando, porque no todo vale en política, para llegar a consensos que permita iniciar la legislatura con acuerdos programáticos viables y representativos de una España diferente, que ya no es de dos sino de muchos. De esta forma, cada persona, sola o acompañada, siguiendo el ejemplo de sus políticos de cabecera o sensatos hasta límites insospechados, podrá trabajar por otro mundo mejor, porque es posible, dialogando sin límite alguno, sin esperar que el telediario, las noticias a través de diferentes medios o las opiniones de barra de café y sillón, vengan a solucionar los problemas acuciantes que atraviesan España, Andalucía, las familias andaluzas, sin ir más lejos, por hablar de lo más próximo en el espacio y tiempo postelectoral. Pero ¿qué hacer?

Ante un programa de gobierno de consenso, tal y como lo han ordenado las urnas en las elecciones generales últimas de 10 de noviembre de 2019 y que podrá empezar su singladura la semana próxima, surge una pregunta obvia: ¿tengo yo que hacer algo en esta situación o sigo confiando en que esta situación la resuelvan solo los políticos, los de arriba?, ¿no tendré yo alguna parte de esa responsabilidad en lo que está pasando por acción u omisión? ¿Qué hacer? Para empezar, exigir este diálogo, pero de forma celular, activa y ejemplar, con generosidad absoluta y amplitud de miras hacia los que tienen la mayor pobreza que existe: no ser dueños de su inteligencia para pedir, denunciar y obtener lo que es legítimo para ser personas, para exigir ese diálogo de nuestros mayores políticos a los que hemos confiado nuestro voto. Porque si hay dignidad personal y colectiva, pública y privada, habrá trabajo, control de la corrupción, programas políticos sensatos y que den respuesta a las problemáticas sociales actuales, dado que las ideologías y las economías no son inocentes y los Gobiernos tampoco. Hay que tener claro también y defenderlo a los cuatro vientos que no todos somos o son iguales en el Gobierno en la calle más próxima y que no se debe confundir valor y precio, como hace todo necio. Lo que hay que hacer con urgencia es desenmascarar a las personas indignas, cualquiera que sea el lugar que ocupen en la sociedad, arriba o abajo, en la derecha, en el centro o en la izquierda de cada persona.

¿Qué hacer? Creer en el interés público, el general, en el que tanto insiste la Constitución actual, por encima del personal o el de partido con siglas concretas: es la única solución, aunque haya que cambiar cuestiones vitales en el desarrollo actual de la misma, porque si nos podemos salvar todos, siempre será mejor que uno solo, o unos pocos, sobre todo aquellos que mueven los hilos de la marioneta mundial de la economía de mercado, a través del rating, de las primas de riesgo, de los bancos malos de remate, etcétera, etcétera. Solidaridad frente a codicia. Interés público, general, para salvar la situación del empleo, de la educación, salud y servicios sociales para todos los que lo necesiten, no solo para los que puedan acceder a ellos con privilegios o porque puedan pagarlos.

En definitiva, frente a los mercados implacables, simbolizado en aquellas palabras de la campaña de Clinton y sus adláteres actuales, ¡Es la economía, estúpido!, hay que gritar muy fuerte: ¡Es el diálogo, el interés general!. Sin más. Y sin insultar como lo hicieron ellos, como lo hacen todavía en el momento actual, creyendo que la malla mundial de personas que habitan el planeta Tierra o, por extensión, España, es tonta. O estúpida, como creían en 1992 y creen muchos todavía hoy.

Hablamos del principio de realidad, pero también de confianza política, en términos constitucionales y de profunda raíz democrática. Confío en que a partir de la semana que viene tengamos un Gobierno de Coalición solvente y creíble. El interés general de los ciudadanos y ciudadanas de este país así lo esperan. Ese debería ser su lema de legislatura. Es lo que esperaba Genovés cuando pintó el cuadro que encabeza estas líneas, no inocente por cierto, haciendo camino al andar y no disimulando nunca que la izquierda sabía mejor que nadie de abrazos y comprensión sin límites al tener que ponerse a hablar las dos Españas de Machado durante la Transición, porque todos no somos iguales en conducta social e igualitaria desde las ideologías, aunque sí ante la Ley. Es lo que deberían recordar ahora las señoras diputadas y los señores diputados a la hora de hablar del nuevo Gobierno y del interés general: olvidar momentáneamente lo que nos separa es comprender lo que buscamos entre todos y a veces se comprende tanto que ya no hay casi nada que olvidar o perdonar y mucho por hacer en lo que nos une. Incluso con un abrazo especial al que piensa de forma diferente, mirando de frente a las diferentes caras de los que se sentarán a partir de mañana, en días clave, en la urna de cristal que se llama ahora Congreso de los Diputados, «la casa de los demócratas» tal y como lo llama Genovés.

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Alocución de fin de año

ANGEL GONZALEZ

Sevilla, 31/XII/2019

Ángel González escribió un poema cargado de historia reciente en este país y en el mundo que nos rodea. Llevaba por título “Alocución a las veintitrés” (1). Hoy, cuando quedan muy pocas horas para que finalice un año controvertido desde la perspectiva política de un país que ha mantenido un gobierno en precario por falta de visión de Estado por parte de muchos responsables políticos, lo he recordado porque, salvando lo que haya que salvar, me ha sonado como muy cercano en su fondo y forma.

Lo traigo a colación porque estas palabras de Ángel González son un símbolo de lo que a veces no queremos ver aunque es evidente lo que está pasando, aplicando el principio de realidad de Freud cuando finaliza este año. Las preguntas serias son las que enuncia metafóricamente el poeta: ¿quién se dirige a quién? ¿quién, con poder suficiente, sean reyes, presidentes o ministros, se dirige así a sus subordinados con un discurso paradigmático de doble moral? ¿lo pronuncian solo los políticos o todas las personas que no quieren ver lo que miramos todos, solo por ejercer cierta prepotencia sobre los demás? ¿afecta solo a los de arriba o solo a los de abajo, a los de izquierdas o a los de derechas? ¿a todos?

Alocución es un discurso o razonamiento breve por lo común y dirigido por un superior a sus inferiores, secuaces o súbditos [sic, según la RAE]. Lo que sí tengo claro es que cuando cambie el año, suenen las campanadas y nos enfrentemos a las uvas, esta alocución va a ser un revulsivo a las veinticuatro horas para que aprendamos del valor de la libertad de la palabra que aún nos queda y que, afortunadamente, no está a la venta en Amazon ni en los mercados porque, seamos sinceros, interesa escucharla solo a unos pocos.

ALOCUCIÓN A LAS VEINTITRÉS

Ciudadanos perfectos a estas horas,
honorables cabezas de familia
que lleváis a los labios vuestra servilleta
antes de pronunciar las palabras rituales
en acción de gracias por la abundante cena:

vuestra responsabilidad de sólidos pilares
de la civilización y de Occidente,
del consumo de bicarbonato sódico
y del paternalismo hacia la servidumbre,
exige de vuestra parte
cierta ignorancia de hechos también ciertos,
un esfuerzo final en bien de todos,
la tozuda incomprensión de algunas realidades,
la fe más meritoria, en resumen,
que consiste en no creer en lo evidente.

Yo podría jurar que la tierra está fija
–ya lo juré otras veces–
y que el sol gira en torno a ella;
yo podría negar que la sangre circula
–lo seguiré negando, si hace falta–
por las venas del hombre; yo podría
quemar vivo a quien diga lo contrario
–lo estoy quemando ahora–.

No es que sean importantes los asuntos
objeto de polémica:
lo importante es la rígida
firmeza en el error.
Pues las mentiras viejas se convierten
en materia de fe, y de esa forma
quien ose discutirnos
debe afrontar la acusación de impío.
Con esto, y una buena cosecha de limones,
y la ayuda impagable de nuestros coaligados,
podemos esperar algunos lustros
de paz como ésta de hoy,
en una noche semejante a ésta de hoy,
tras una cena lo mismo que ésta de hoy.

Tal como siempre, pues, pedid conmigo:
Más fe, mucha más fe.
Que en cierto modo,
creer con fuerza tal lo que no vimos
nos invita a negar lo que miramos.

(1) González, Ángel, Palabra sobre palabra, 2018. Barcelona: Austral, p. 176s.

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¡Abrazaos, millones de personas!

Sevilla, 30/XII/2019

Estamos expectantes ante el concierto de año nuevo que se celebrará en Viena el próximo 1 de enero de 2020, interpretado por la Orquesta Filarmónica de Viena y dirigido por primera vez por Andris Nelsons, nacido en Riga en 1978, un discípulo del director también letón Mariss Jansons, que ha fallecido recientemente y muy querido por los componentes de la citada orquesta. Es un homenaje también a Jansons que dirigió este concierto por última vez en 2016. Andris Nelsons no es un desconocido en Viena porque ha dirigido esta afamada Orquesta en más de sesenta ocasiones desde que lo hiciera por primera vez en 2010.

Este año se va a recordar especialmente a Beethoven en el 250 aniversario del nacimiento del compositor, que amó Viena y fue su refugio durante 23 años para canalizar los aires de libertad que trasladó siempre a su obra y porque deseó conocer bien a Mozart para aprender de él su maestría en la composición musical y en su forma de entender la vida. En concreto, se interpretará en la segunda parte del concierto el vals de Johann Strauss hijo (1825-1899), Opus 443, que lleva un título y un mensaje emblemáticos para comprender la fortaleza de la unión de las personas en el mundo, ¡Abrazaos, millones de personas!, en cada territorio en el que se nace, vive o muere cada persona, basada en la obra escrita por el poeta Friedrich von Schiller (1759-1805), publicada por primera vez en 1786 y que años después se transformó en un movimiento final de la novena y última sinfonía, en Re menor, Op. 125, de Beethoven, sobre un extracto de la versión definitiva de la “Oda a la Alegría” de Schiller. Strauss, a la hora de componer esta obra, no entró en la profundidad del mensaje de Schiller. Solo aprovechó la atracción del título y porque quiso hacer un regalo especial a su amigo Johannes Brahms, nada más. Habría que esperar a la maravillosa composición citada de Beethoven para entrar de lleno en el fondo y forma de esta gran obra: la novena sinfonía, en su movimiento final. Sin quitar mérito a Strauss, por supuesto, pero dando a cada uno lo suyo.

En la actualidad, este movimiento de Beethoven es el himno oficial de Europa y debería hacernos reflexionar sobre el contenido de lo que Schiller quiso comunicar a su generación y a las siguientes que poblarían Europa y el planeta Tierra. El homenaje que la Orquesta Filarmónica de Viena va a hacer al poema de Schiller, a través de Strauss y con el telón de fondo de la composición de Beethoven al respecto, bajo la dirección de Nelsons, puede ser una oportunidad para leer detenidamente el libreto que Beethoven interpretó magistralmente para llevarlo a una orquesta y coros donde resuena con gran fuerza el mensaje de libertad y creencia en un mundo nuevo, donde la alegría nos puede llevar a entender que todos podemos ser hermanos, porque la naturaleza ofrece cobijo incluso a quienes no logran disfrutar de ella: ¡Abrazaos millones de criaturas! / ¡Que un beso una al mundo entero! / Hermanos, sobre la bóveda estrellada / debe habitar un Padre amoroso. / ¿Os postráis, millones de criaturas? / ¿No presientes, oh mundo, a tu Creador? / Búscalo más arriba de la bóveda celeste / ¡Sobre las estrellas ha de habitar!:

ODA A LA ALEGRÍA

¡Oh, amigos, dejemos esos tonos!
¡Entonemos cantos más agradables y llenos de alegría!
¡Alegría! Alegría!

¡Alegría, hermoso destello de los dioses,
hija del Elíseo!
Ebrios de entusiasmo entramos,
diosa celestial, en tu santuario.
Tu hechizo une de nuevo
lo que la acerba costumbre había separado;
todos los hombres vuelven a ser hermanos
allí donde tu suave ala se posa.

Aquel a que la suerte ha concedido
una amistad verdadera,
quien haya conquistado a una hermosa mujer,
¡una su júbilo al nuestro!
Aún aquel que pueda llamar suya
siquiera a un alma sobre la tierra.
Más quien ni siquiera esto haya logrado,
¡que se aleje llorando de esta hermandad!

Todos beben de alegría
en el seno de la Naturaleza.
Los buenos, los malos,
siguen su camino de rosas.
Nos dio besos y vino,
y un amigo fiel hasta la muerte;
lujuria por la vida le fue concedida al gusano
y al querubín la contemplación de Dios.
¡Ante Dios!

Gozosos como vuelan sus soles
a través del formidable espacio celeste,
corred así, hermanos, por vuestro camino alegres
como el héroe hacia la victoria.

¡Abrazaos millones de criaturas!
¡Que un beso una al mundo entero!
Hermanos, sobre la bóveda estrellada
debe habitar un Padre amoroso.
¿Os postráis, millones de criaturas?
¿No presientes, oh mundo, a tu Creador?
Búscalo más arriba de la bóveda celeste
¡Sobre las estrellas ha de habitar! (2)

NOTAS:

(1) En la imagen del primer vídeo, Johann Strauss II (izquierda) y Johannes Brahms (1894).

(2) En cursiva las estrofas que incorporó Beethoven al libreto del movimiento final de su novena y última sinfonía, en Re menor, Op. 125.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

El rabel de los santos inocentes

Sevilla, 28/XII/2019

Muchas personas recordamos la película Los santos inocentes, dirigida por Mario Camus, basada en una obra homónima de Miguel Delibes, a través de una frase icónica, ¡Milana bonita!, pronunciada de forma repetida con la voz profunda e inconfundible de Paco Rabal en su papel de Azarías. Lo que no recordará casi nadie es que la banda sonora de la película está interpretada por Pedro Madrid, un rabelista de Cantabria, un músico inocente de extracción rural, que no vio la película porque estaba dedicado en cuerpo y alma a su tierra, Polaciones, y a su parentela, nada más, muy lejos del bullicio mundano.

El rabel es un instrumento de cuerda frotada, tres cuerdas concretamente, que Pedro tocaba con destreza: “Éste -y muestra el que tiene en esos momentos en sus manos- está hecho de madera de tejo. Es un árbol milenario cargado de leyendas, pero es muy difícil encontrarlo. También los hago de serval, que es un árbol sagrado de los antiguos celtas” (1). Tiene raíces árabes, el rabáb, según el diccionario de la RAE: instrumento musical pastoril, pequeño, de hechura como la del laúd y compuesto de tres cuerdas solas, que se tocan con arco y tienen un sonido muy agudo. Desde 1505 tenemos registrada la existencia de este instrumento en el diccionario de Fray Pedro de Alcalá, matizada posteriormente en el de Autoridades, en 1737: “instrumento músico pastoril, de hechura como la del laúd”.

La aportación de Pedro Madrid a la película es un símbolo del argumento de la misma, porque desprende sabiduría rural a manos llenas, es decir, la exposición desnuda de las relaciones amo-sirviente durante la posguerra en España, donde el desprecio al que menos tiene y, además, te sirve, era una seña de identidad de la burguesía cortijera de la época. Delibes escribió una denuncia social descarnada, continua, en formato de novela, con una trama en la que los santos inocentes son aquellas personas que viven con dignidad el hecho de ser diferentes, singulares, casi sin darse cuenta, casi siempre ignorados por la sociedad.

Hoy, día de los santos inocentes, he recordado la película y un instrumento humilde, el rabel, tocado con destreza por Pedro Madrid, un gran desconocido para la historia de la música en este país. Lo escucho en los títulos de crédito de la película, llevándome en volandas como la grajilla de Azarías. Es solo un homenaje a su colaboración en la historia de la literatura y el cine en este país, en un día del calendario muy especial.

(1) https://elpais.com/diario/1985/09/06/ultima/494805604_850215.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

La marcha hacia el interior (Anábasis)

mario-benedetti

Sevilla, 27/XII/2019

Cuando se aproxima la finalización del año en curso, suelo recordar una obra de Jenofonte, Anábasis, que he traducido muchas veces del griego clásico en mi adolescencia y juventud. Una sola palabra necesitaba cuatro en la lengua española para explicarla a fondo: marcha hacia el interior. El motivo de recuperarla hoy es claro: es el momento crucial del año, de hacer balance marchando hacia el interior o lo que San Agustín llamaba lo más intimo de la propia intimidad. La comparación con Jenofonte no es odiosa porque un año simboliza una marcha, a veces casi bélica, por alcanzar resultados pretendidos, que de forma coloquial llamamos objetivos y que conviene evaluarlos ahora para emitir juicios propios bien informados.

Recurro siempre a Mario Benedetti en su poema Balanceos (en A título de inventario), como guía rápida para buscar territorios de interior (otra opción) para personas que navegamos con frecuencia en “La Isla Desconocida”, el velero imaginario de Saramago que nos presentó hace ya bastantes años en un relato precioso que no olvido: “El cuento de la isla desconocida”, que recomiendo como regalo imprescindible para personas aventureras que necesitan encontrar islas desconocidas, siguiendo el cuaderno de bitácora del propio Saramago y escuchando la voz protagonista de una mujer que aplica siempre el principio de realidad en su vida: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

Tenemos que salirnos de nosotros, viajar hacia el interior o hacia lo más íntimo de nuestra propia intimidad para hacer balance de este año 2019, escuchando a Benedetti:

En el sillón tranquilo de balance
en la recuperada mecedora
qué he de hacer sino balancearme
los racimos las nubes las ideas se mecen
se mecen los desastres cavilosos
hago balance pendular de vida
y el dividendo es una duda fértil
que mece sus motivos y argumento
en el sillón tranquilo de balance

en el sillón tranquilo de balance
en la reminiscente mecedora
qué más puedo emprender que sopesarme
llenar a plenitud los dos platillos
de la vieja balanza sin que sobren
los esplendores ni las cortedades
para evaluar añicos y bosquejos
y sopesar pesar balancearme
en el sillón tranquilo de balance

en el sillón tranquilo de balance
en la perseverante mecedora
qué puedo hacer sino desnivelarme
o nivelarme a costa del espacio
donde posibles y arduos se columpian
o se fugan dejándonos a solas
¿habrá que esperar pues así meciéndonos
a los apoderados de la muerte
en el sillón tranquilo de balance?

Racimos, nubes, ideas, desastres cavilosos, platillos de la balanza individual de cada uno, esplendores, cortedades, soledades, todo cabe en un sillón tranquilo de balance de 2019. Aunque recordando a Jenofonte, se daban tres situaciones en su obra: marcha hacia el interior (anábasis), marcha hacia la costa (catábasis) y marcha bordeando la costa (parábasis). Como en los circos imaginarios, ¡más difícil todavía!: tres situaciones en busca de la conciencia de cada uno balanceándonos en el sillón tranquilo de balance. Con las cadaunadas de cada una, de cada uno.

Aviso para navegantes: es el riesgo que corremos si nos atrevemos a embarcar en «La Isla Desconocida». Ahí lo dejo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Hombrecitos (aviso para navegantes)

Sevilla, 25/XII/2019

No, no podremos ver una película con este título, hecha para los hombres de hoy, aunque sea un aviso para navegantes de la historia de la literatura y el cine. Estamos viviendo la fiebre de Mujercitas en su quinta versión cinematográfica que se estrena hoy en muchos cines de este país. Me han gustado diferentes versiones de este clásico popular, aunque no olvido la que protagonizó Katherine Hepburn en la segunda adaptación cinematográfica (1933) de la novela de Alcott, que se conoció en España como “Las cuatro hermanitas”, dirigida por el director que hizo de su vida un canto a las mujeres, George Cukor. Las hermanas March, que no Marx, simbolizaban una revolución de la sororidad frente a los estándares victorianos en Massachussets en el siglo XIX.

Hablamos de sororidad, que finalmente fue aceptada su entrada en el diccionario de la RAE en 2018, en su versión on-line, con tres acepciones, dado que la primitiva era la católica, apostólica y romana, nunca mejor dicho al ser una interpretación de la raíz latina de la palabra, soror, hermana carnal (que todo se andaría después): “Del inglés sorority, este del latín medieval sororitas, -atis “congregación de monjas” y este derivado del latín soror, -ōris “hermana carnal”:

  1. f. Amistad o afecto entre mujeres.
  2. f. Relación de solidaridad entre las mujeres, especialmente en la lucha por su empoderamiento.
  3. f. En los Estados Unidos de América, asociación estudiantil femenina que habitualmente cuenta con una residencia especial.

Hecha esta aclaración, que tiene su enjundia histórica para los que la quieran comprender así y salvando lo que haya que salvar (que es mucho), la trama siempre ha destacado por la trayectoria de una de las hermanas, Jo, porque desea ser escritora por encima de todas las cosas y ya se sabe que las mujeres que escriben son peligrosas.

Hoy he querido rescatar un libro olvidado, Hombrecitos, que también escribió Louisa May Alcott, publicado por primera vez en 1871: “La novela retoma personajes de Mujercitas y es considerada por algunos el segundo libro de una trilogía no oficial de Mujercitas, que se completa con su novela de 1886, Los muchachos de Jo”. Cuenta la historia de Jo March cuando se casa y monta una escuela junto a su marido en Plumfield. Destacan en la novela tres niños, hombrecitos, Nathaniel «Nat» Blake, el gran protagonista, Thomas «Tommy» Bangs y John «Demi» Brooke, de once , diez y nueve años, respectivamente. Otra niña, gran protagonista a los ojos de Jo, es “Annie «Nan» Harding: una niña de diez años de edad con fama de revoltosa, decidida a demostrar que las chicas pueden hacer cualquier cosa que los muchachos puedan hacer. Cuando su madre murió, ella se volvió muy traviesa y desordenada, y pasó a vivir en manos de sirvientas y niñeras. La señora Jo le propuso a su padre la idea de mandarla a Plumfiled, esto para que Daisy tuviera una amiga y tal vez mejorar la conducta de los muchachos con «algo más de toque femenino»; y su padre estuvo de acuerdo en que Nan viviría más alegre entre chicos de su edad. Sus compañeros le apodaron «Terremoto Nan» por su inquietud, pues siempre está inventando nuevos juegos y haciendo travesuras. Gracias a sus hazañas, «Terremoto Nan» se convirtió en una especie de heroína para sus compañeros, además de que es muy hábil a la hora de atender las lesiones menores de los chicos. Es también muy sobresaliente en sus estudios y quiere ser doctora cuando crezca” (1).

A diferencia de Mujercitas, la novela se ha llevado al cine en cuatro ocasiones: en 1934, en una nueva adaptación en 1940, en una serie de televisión y, finalmente, en una serie de dibujos animados en Japón con el título Wakakusa Monogatari: Nan to Jou Sensei, dirigida por Kôzô Kuzuha y estrenada en Japón el 17 de enero de 1993.

Quizá es importante destacar el papel de una alumna en esta serie animada, que responde a lo expuesto anteriormente y que no pasa desapercibido para la Jo: “Nan Harding, una niña que a menudo se comporta como un chicazo y que es en personalidad, la viva imagen de la joven Jo March. Nan prefiere jugar con los chicos que con Daisy, aunque también encuentra en ella a una fiel amiga cuando Jo trata de modelar su lado femenino. Poco después, Nat se une al grupo; Nat es un niño que ha crecido en las calles, ganándose la vida gracias al talento musical que tiene para tocar el violín. Por desgracia, el profesor Bhaer pronto descubre que Nat tiene la mala costumbre de mentir, aunque veces sea con buena intención, pero el profesor conoce un método sumamente eficaz para ahuyentar dicho hábito. Por último, los problemas llegan a la escuela el día que Dan hace su aparición; Dan es un muchacho joven que había sido compañero de Nat. Dan tiene un carácter fuerte, agresivo y no confía fácilmente en la bondad que Jo trata de ofrecerle. Su presencia pone a la escuela de Plumfield en peligro cuando, sin ninguna consideración por las estrictas reglas, Dan intenta enseñar los malos ejemplos que ha aprendido.

Mujercitas hace patente el valor de una mujer, Jo March, en su deseo de ser escritora y quebrar el rol asignado en la época victoriana. Ya lo escribí en 2017, en un post que rescato por su fondo y forma a la hora de interpretar esta valoración de la mujer escritora, Son imprescindibles las mujeres que escriben. Entonces escribí a modo de ejemplo: “Creo que a María Teresa León apenas se la conoce en España, no más allá de haber compartido una larga vida con Rafael Alberti. Ayer, en la Feria del Libro de Sevilla, la vi en muchos mostradores de librerías que enseñaban sus cartas de identidad, entre las que se encontraban las portadas de varios libros de y sobre María Teresa León. Me alegré al reencontrarme con ella, haciéndose justicia al rescatarla del olvido porque creo que, al igual que el título de un libro sobre el que escribí en este cuaderno digital en 2007, las mujeres que escriben (y leen) son peligrosas imprescindibles, es más, han aportado y aportan una riqueza incuestionable a la literatura”.

Para los hombres de hoy es importante atender esta figura de mujeres diferentes, rebeldes. Es lo que debían aprender aquellos hombrecitos no victorianos que podían ver como seña de identidad en las niñas rebeldes como Nan, que prefería jugar con ellos antes que con las niñas rompiendo el estereotipo de la época. Es la gran lección de Jo March que deberíamos destacar para los hombrecitos de hoy en las reposiciones de la obra de Louisa May Alcott por encima de todo.

Una indicación última: en Sevilla he descubierto una librería pequeña, humilde, que se preocupa de vender cuentos no para princesas sino para mujeres rebeldes. Visítenla, en la Plaza de San Marcos, en un barrio humilde, porque nos les defraudará. Encontrarán allí libros y cuentos para niñas que quieren ser diferentes. Las niñas de Jo.

(1) https://es.wikipedia.org/wiki/Hombrecitos

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.