La flauta mágica suena en Madrid

LA FLAUTA MAGICA MADRID

La flauta mágica / Teatro Real (Madrid)

Sevilla, 25/I/2020

Se ha estrenado recientemente en el Teatro Real de Madrid, una versión de La Flauta Mágica inspirada en el cine mudo, una ópera de Mozart que me acompaña siempre en mi viaje interior cerca de Papageno, el protagonista cuya profesión es la de encantador de pájaros, sin conocer a veces a qué pájaros hay que encantar porque así es la vida. Mozart escribió esta partitura a modo de testamento espiritual, atendiendo al fondo y a la forma de la misma, entregando al mundo, junto al libreto de Schikaneder, un mensaje de iniciación al espíritu masónico y a toda su simbología. Recomiendo la visualización de un vídeo muy esclarecedor sobre esta ópera que animo a escuchar con la atención que merece José Luis Téllez un experto musicólogo al que respeto y sigo desde hace ya muchos años en Radio Clásica.

La Flauta Mágica permite muchas interpretaciones como pasa en la mayor parte de las situaciones en las que podemos optar en libertad sobre lo que un autor nos quiere transmitir con su obra, ya sea literaria, musical o artística en general. Mozart nunca fue inocente en sus composiciones, muchas veces aceleradas por su situación económica, muy frágil siempre por la enfermedad de Constanze, compañera fiel hasta su muerte. Muestra de ello son los innumerables conciertos a beneficio que organizaba en su casa habitualmente. Por ello, La Flauta Mágica, una composición musical sobre el libreto de Schikaneder, fue un auténtico testamento espiritual de lo que amaba sobre todas las cosas que contemplaba en el mundo, la libertad, un libelo de repudio contra el poder constituido, ya fuera religioso o político y un canto a la libertad de la vida ordinaria, sin negar en ningún momento el alimento espiritual que le brindaba la logia masónica en la que estaba inscrito y que es un trasunto permanente en el libreto que le inspiró siempre esta partitura esplendorosa. Las tríadas de sacerdotes, damas y “muchachos”, presentes en la obra, es una trasposición masónica del número 3.

PAPAGENO3

Puerta de Papageno. Teatro sobre el río Viena / Marcos Cobeña Morián

He vuelto a leer el libreto que conservo de la versión de La Flauta Mágica dirigida por Sir George Solti, publicada por Decca, en una grabación efectuada en septiembre/octubre de 1969 en la Sofiensaale de Viena, con la Orquesta Filarmónica de Viena, acompañada por el Coro de la Ópera del Estado de Viena. Es maravilloso volver a escuchar a Pilar Lorengar en el papel de Pamina, al famoso barítono Dietrich Fischer-Dieskau en el de antiguo sacerdote y a Hermann Prey en el de mi admirado Papageno.

En el libreto figura un recitativo a tres (siempre el tres masónico) de las Damas, Tamino y Papageno, como una primera declaración de intenciones después del episodio del cierre de la boca de Papageno con un candado, por haber mentido a Tamino y haberse atribuido la muerte de la serpiente que estaba cerca del príncipe: “¡Si todos los mentirosos tuviesen sus labios cerrados con candado, en lugar de odios, calumnias y mentiras, sólo habría amor y fraternidad!”. Creo que tiene una actualidad extraordinaria como mensaje ante las noticias falsas y cotilleos políticos que tanto daño hacen. A continuación figura la escena de la entrega de la flauta mágica al Príncipe Tamino que será la que ayudará en todo momento al protagonista hacia el encuentro con Pamina, la hija de la Reina de la Noche secuestrada por orden de Sarastro y bajo el control de Manóstatos.

La flauta mágica entregada a Tamino y el carillón de Papageno junto a su jaula de pájaros a la espalda, serán a partir de ese momento la expresión más fiel de la dialéctica de ambos protagonistas de la ópera, la de la realeza y la de la plebe, para poder interpretar la obra dignamente. También, sobre la importancia de la fraternidad en el mundo. Más adelante, siempre me ha fascinado el dueto entre Pamina y Papageno en el que ambos comentan el motivo de su encuentro en el palacio de Sarastro, en el que intercambian sus deseos más legítimos de encontrar a personas a las que amar, como bien expresa Pamina: “Debemos disfrutar del amor. Vivimos solamente para el amor”. La tarea de salvar a Pamina se refuerza en los siguientes sucesos de la ópera, hasta llegar a sus escenas finales, en las que Tamino y Pamina se unen en su amor verdadero así como Papageno y su querida Papagena, que se comprende aún más cuando se escucha el dueto que lleva sus nombres.

Escribiendo estas palabras recuerdo mi viaje a Viena en 2007 a través de la mirada de Papageno en su puerta del teatro sobre el río Viena (mi querido Teatro de barrio), sintiéndose cómplice del movimiento de la Secesión, a escasos metros de su deteriorada figura, cubierto de plumas y con su inseparable jaula para meter/sacar los pájaros encantados sin saber nunca a qué tipo de pájaros –uccellaci o uccellini, pasolinianos- se estaba refiriendo en su larga andanza. Lo contemplé durante bastantes minutos y cerrando los ojos imaginé el día del estreno de su maravillosa ópera, el 30 de setiembre de 1791, dos meses antes de su fallecimiento, dirigiéndola en un teatro muy sencillo, de un barrio alejado del Anillo Real y de la Iglesia Oficial de Viena. Así, hasta hoy en Madrid.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.