Todos no somos iguales

He recibido hoy una carta del director del diario EL PAÍS (se adjunta al final de este post), que le honra, en la que me comunica que ha conocido mi solicitud de baja de la suscripción del periódico “como muestra de desaprobación por nuestra cobertura de la reciente crisis en el PSOE y, en particular, por nuestro editorial del día 29 de septiembre”. Me transmite “con toda sinceridad su tristeza” por esta decisión, aludiendo a que siempre ha sostenido como director que “los lectores son los verdaderos dueños del periódico, y que nada de lo que hacemos aquí tiene sentido ni razón sin los lectores”.

Continúa en su carta explicando que “No descarto que nosotros, como medio que pretende estar lo más cerca posible del ánimo de esa sociedad [aludiendo a un párrafo anterior dedicado a la explicación de la turbulencia política en la que estamos inmersos], hayamos sido presa, en el editorial que aludo o en alguna otra oportunidad, de la misma efervescencia que denunciamos y combatimos. Si así ha sido, o lamento profundamente”.

Finaliza su carta con estas palabras: “Como le decía, trabajamos para nuestros lectores. Así es que, tomo nota de su queja y haré lo que esté en mi mano para corregir errores. Confío en que estas líneas puedan servir para recuperar su confianza en EL PAÍS. Si es así, se lo agradezco de corazón e intentaré no volver a decepcionarle. De lo contrario, sepa que valoro su baja, como la de cada uno de nuestros lectores, como una pérdida irreparable”.

Para las personas que no han podido seguir el hilo conductor de mi posición al respecto en la semana de autos, creo que hay un post en este cuaderno digital que sintetiza bien la citada toma de posición. Me refiero concretamente al que escribí el pasado 1 de octubre, Se cerrarán las grandes alamedas…, así como alguno posterior, en el que expresaba mi desencanto con los poderes fácticos de este país entre los que incluí de forma expresa al diario EL PAÍS: “Un ejemplo lamentable es el que viene dando desde días atrás el diario El País, que me duele especialmente, porque desde su nacimiento en 1976 soy un lector asiduo hasta estos momentos en los que estoy pensando darme de baja en la suscripción anual que mantengo. Siempre he apreciado su cordura en los editoriales que leo de forma casi obligada día a día, pero lo que he leído esta semana en sus editoriales con ataques continuos a la persona de Pedro Sánchez, sin contemplaciones, sobrepasa todos los límites que se puedan pensar en democracia periodística. Su implicación no es inocente, como casi nunca en lo que afirma, pero lo de esta semana alcanza cotas muy preocupantes para la fijación de los límites éticos del periodismo”.

Como es de bien nacido ser agradecido, lo hago en esta ocasión reproduciendo fielmente la carta del director de EL PAÍS, Antonio Caño, que me ha dirigido el pasado 7 de octubre y que le agradezco especialmente. Soy un ciudadano de a pie, con conciencia de clase, que suelo ir con frecuencia de mi corazón a mis asuntos, también del timbo al tambo como le gustaba decir a García Márquez, que sigue creyendo en la importancia del movimiento celular de las bases individuales, sociales y de partidos que, junto a otras, pueden al final mover el mundo, siendo España una parte importante en este momento de autos, como decía anteriormente, para que la democracia participativa y exigente con los derechos y deberes de la ciudadanía, sea un ejemplo a seguir siempre.

Por ahora…, sigo sin comprar EL PAÍS. Desde la economía de mercado y sin ser el estúpido de la famosa campaña de Clinton, sé que no supone nada para ellos perder una suscripción, pero me ha dado que pensar la frase de Antonio Caño, su director: “[…] valoro su baja, como la de cada uno de nuestros lectores, como una pérdida irreparable”. Le creo y lo asumo…, porque todos no somos iguales.

Sevilla, 17/X/2016

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La verdad viene a vernos siempre

Es un honor para este país la realización de una película preciosa, Un monstruo viene a verme, dirigida por Juan Antonio Bayona, que he visto y sentido con admiración absoluta. Con independencia de la protección mediática de Mediaset en su carta de presentación, nunca inocente en el tratamiento de sus mercancías, hay que reconocer su calidad excepcional, basada en un best-seller de corte cinematográfico escrito por Patrick Ness (guionista asimismo de la película), sobre una idea original de la escritora Siobhán Dowd, especializada en literatura infantil, que murió antes de finalizar su obra en ciernes. Cuenta con un reparto en el que se mezcla la calidad de actores consagrados con noveles, como se demuestra en el del papel principal del adolescente Conor O’Malley, que interpreta magistralmente desde el más puro anonimato Lewis MacDougall, junto a Felicity Jones (su madre), Liam Neeson (el monstruo-tejo de sus sueños), Sigourney Weaver (su abuela) y Geraldine Chaplin (directora del Colegio).

El argumento traduce la compleja realidad del mundo infantil y adolescente que tiene que enfrentarse a hechos reales que conforman la tríada de acoso escolar, separación de los padres y enfermedad letal de la madre, en un mundo que poco favorece la comprensión de situaciones límite en almas de niño. Todos podemos sentirnos reflejados en el sentimiento de Conor, cuando todos los días y a las 12:07 horas de la noche, da paso a la realidad terca de los sueños como respuesta a deseos que no se cumplen en la vida ordinaria, convirtiéndose en pesadillas. Hasta que un día y a esa hora un monstruo le espera en el jardín de su casa, que personifica el árbol viejo y robusto, un tejo, que veía con frecuencia desde la ventana de la cocina. Ahora tiene brazos que le cobijan, piernas y una cara aterradora con ojos luminosos y con tres historias que contarle, aunque con una condición: él, a pesar de su corta edad, tiene que contarle también una cuarta historia, que es la última y quizá la más importante.

Las secuencias animadas de las tres historias contadas por el monstruo son excelentes y de alto contenido educativo, aunque enigmáticas y contradictorias para Conor, porque la verdad es una dialéctica casi imposible de entender en la vida, que nunca es un cuento. Cuando al finalizar la película parecen resueltos por pura resignación los problemas que genera siempre la verdad, te levantas de la butaca del cine pensando en lo duro que es seguir viviendo todos los días enfrentándonos ya como adultos a las verdades que sentimos en nuestra persona de secreto y que pocas veces contamos a los que más queremos. Es lo que Bayona pretende decirnos al oído, para que sigamos escribiendo el mejor guion de nuestra vida. Con esta película, él nos ayuda, porque no solo es mercancía, sino un catálogo sucinto de pequeños derechos y deberes para seguir viviendo con dignidad y con la verdad por delante a pesar de todo.

Sevilla, 16/X/2016

¿Por qué la llaman abstención cuando quieren decir renuncia?

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Una vez más recuerdo a Groucho Marx (¿por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?), cuando pienso en una palabra vergonzante en este país, abstención, que no amor, para un partido concreto de la llamada izquierda, de cuyo nombre ahora no quiero acordarme. Es clamorosa la situación que se ha creado en torno a esta palabra, de las que se buscan en estos días y desesperadamente sinónimos y antónimos, para no pronunciarla más en foros que comprometan la credibilidad de unas siglas muy concretas. Incluso se está elucubrando sobre la utilización de fórmulas aritméticas que solo sonrojen a los votos personales que se necesiten finalmente, “técnicamente” llaman algunos, para “abstenerse” en la votación de investidura y facilitar de esta forma el gobierno de Rajoy. Todo para no llamar a las cosas por su nombre, en beneficio de todos.

Estamos asistiendo a un gran espectáculo de renuncia ideológica de un partido que se vanagloria de una tradición de más de cien años, con solera política. Se trata de renunciar definitivamente a luchar por una alternativa de progreso y de diálogo incansable, mandatado por las urnas, con otras formaciones que puedan sustentar una ideología latente y manifiesta para acabar con una situación lastrada por la corrupción y que, de forma vergonzante, estamos recibiendo mensajes a diario en las últimas declaraciones del cabecilla de la red Gürtel, que algunos viven como si pasaran por allí algún día y hubiera ocurrido algo que ya no les concierne: “ocurrió hace ya muchos años”. De vergüenza manifiesta. Por cierto, estos “algunos” pertenecen ya, con desparpajo total, a cualquier hemisferio: norte, sur, este y oeste. Lo digo por lo de la derecha e izquierda, arriba o abajo, que da igual en este caso.

En la cultura lingüística de España, la palabra “abstención” se recogió por primera vez en 1853, en el diccionario enciclopédico de la lengua española de Gaspar y Roig, definiéndose como “virtud o acto de prescindir de una cosa por lo común material”. En la actualidad, la primera acepción es “acción y efecto de abstenerse”. Creo que nos da la razón el diccionario en su trazabilidad histórica, porque con este acto que se convertirá próximamente en la crónica de una abstención anunciada, se prescindirá de esta virtud de votar porque, al fin y al cabo, es solo algo material, aunque se lleve por delante la ética que lo sustenta que, para algunos, es perfectamente renunciable.

Y como hay que construir un relato creíble para millones de personas y, sobre todo, para militantes y simpatizantes del PSOE, no toquemos la palabra “abstención”, que así son las rosas (nunca mejor dicho). Busquemos sinónimos y antónimos, sobre todo renunciemos a la quintaesencia de la creencia política que da identidad al partido socialista, cueste lo que cueste y a cualquier precio. Hablemos de “gobernabilidad” consecuente, por ejemplo, renunciando a cualquier atisbo de crítica sobre lo que ha sido lo tradicional de la “gobernabilidad” antecedente durante los últimos cuatro largos años y que tanto sufren millones de ciudadanos españoles todos los días, hoy mismo. Creo que está naciendo una nueva teoría política sobre gobiernos imposibles, pero algunos eruditos a la violeta se empeñan todos los días en sentar cátedra al respecto. Veremos.

Sevilla, 15/X/2016

Es algo personal

No conocen ni a su padre cuando pierden el control,
ni recuerdan que en el mundo hay niños.
Nos niegan a todos el pan y la sal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Juan Manuel Serrat, Algo personal

Cuando veo un informativo en televisión o leo noticias en periódicos atómicos o digitales, en los que de forma recurrente está presente la guerra de Siria, el camino errante de los refugiados, las lanchas que se pierden para siempre en el Mediterráneo, la niña de Mallorca que es golpeada sin piedad por compañeros del Colegio, mujeres maltratadas, agresiones sexuales, corrupción política, niños que viven con amargura su realidad diferente de ser y estar en el mundo con los demás y el paro galopante que golpea a familias completas en nuestro país, me acuerdo siempre de una canción preciosa de Serrat, Algo personal, porque entre esos tipos que propician estas situaciones tan dolorosas y yo, efectivamente, hay algo personal.

Sería mucho más importante y de amplio impacto social que entre esos tipos y los Estados, incluido el nuestro, hubiera también algo personal, para que las consecuencias de su existencia pasaran de ser noticia a hechos atendidos con prioridad absoluta sobre otros, porque ya está bien de mirar hacia otro lado calificándose siempre como noticias molestas, porque mientras que no se actúe con contundencia política, ética y práctica, no se eliminarán del imaginario diario de nuestras vidas.

Por eso vuelvo a escuchar a Serrat, porque a esos responsables de estas situaciones “Probablemente en su pueblo se les recordará / como cachorros de buenas personas, / que hurtaban flores para regalar a su mamá / y daban de comer a las palomas. / Probablemente que todo eso debe ser verdad, / aunque es más turbio cómo y de qué manera / llegaron esos individuos a ser lo que son / ni a quién sirven cuando alzan las banderas”. Ahora comprendo, mejor que nunca, que entre esa clase de tipos y yo sigue habiendo algo personal.

Sevilla, 12/X/2016

Se cerrarán las grandes alamedas…

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Hemos vivido una semana para olvidar en la historia de la democracia española. Lo sucedido con el golpe de estado político en el Partido Socialista Obrero Español, contra Pedro Sánchez como Secretario General por parte de los críticos pertenecientes a la Comisión Ejecutiva del PSOE, para forzar la salida vergonzante de su cargo, sin esperar al escenario democrático de hoy en el Comité Federal, donde se podría haber debatido todo con métodos ortodoxos en democracia interna y externa, es para lanzarse a la noosfera de internet y no quedarse callado mediante silencios cómplices tan frecuentes en este país. Obvio entrar en detalles ya conocidos de forma manifiesta por los medios de comunicación durante toda la semana, porque siento vergüenza ajena con lo sucedido hoy en la sede del PSOE, que habrán contemplado en vivo y en directo millones de personas en este país y fuera de él, ofreciendo un espectáculo impresentable desde la perspectiva de valores democráticos de un país civilizado.

Lo que verdaderamente he sentido, como ciudadano de a pie, preocupado por lo que sucede en España, en su presente y futuro más próximo, es la flagrante participación de los poderes fácticos de este país y de fuera de él, es decir, el poderoso caballero don dinero, que meten sus narices en los acontecimientos de estado, siendo responsables directos, indirectos y circunstanciales de todo lo ocurrido. El eslabón perdido de Felipe González en la cadena SER, pasando por Bono en Colombia, los miembros de la ejecutiva que han dimitido y las manifestaciones en batería de los barones socialistas contrarios a Sánchez, han mostrado junto a medios de comunicación de todo cuño, los de siempre y los sorprendentemente nuevos que se agregan a esa lista de la derecha de siempre, que el golpe de estado político había que darlo sin contemplaciones contra la cúpula actual del PSOE, como si fueran unos facinerosos, demostrando que todo estaba atado y bien atado. Un ejemplo lamentable es el que viene dando desde días atrás el diario El País, que me duele especialmente, porque desde su nacimiento en 1976 soy un lector asiduo hasta estos momentos en los que estoy pensando darme de baja en la suscripción anual que mantengo. Siempre he apreciado su cordura en los editoriales que leo de forma casi obligada día a día, pero lo que he leído esta semana en sus editoriales con ataques continuos a la persona de Pedro Sánchez, sin contemplaciones, sobrepasa todos los límites que se puedan pensar en democracia periodística. Su implicación no es inocente, como casi nunca en lo que afirma, pero lo de esta semana alcanza cotas muy preocupantes para la fijación de los límites éticos del periodismo.

Lo han conseguido entre todos, han matado políticamente a Sánchez y él solo se murió, como conocemos por el dicho popular, porque la Gestora ya está aquí. Imagino hoy que tanto el Partido Popular como Ciudadanos estarán frotándose las manos porque el trabajo sucio ya está hecho. La Presidencia de Rajoy está más cerca que nunca, mediante la abstención del PSOE, palabra mágica con mayúsculas, ABSTENCIÓN, que nadie del sector crítico se ha atrevido a pronunciar antes y en el momento de autos del golpe, porque era la palabra en consigna, en clave criptográfica, del sector autor del golpe, que la ha rebautizado con el nombre de “gobernabilidad”.

Por eso he titulado este artículo con unas palabras contrarias al sentido de las que pronunció Allende el día del golpe de estado en Chile, en septiembre de 1973. La democracia en España, con el ejemplo de lo sucedido con la caída de Sánchez y el asalto a Ferraz, se resentirá y no permitirá durante un tiempo y para muchas personas, que lleguen días en las que se abran definitivamente las grandes alamedas del hombre libre, porque hoy nos han enseñado que algunos están más cómodos cerrándolas, al menos temporalmente, para llevar a cabo los trabajos de fontanería que gusta al poder fáctico de siempre, hombres de negro incluidos, para garantizar el Gobierno de Rajoy a corto plazo, tan ejemplar él a pesar de todo lo sufrido bajo su mandato. Sencillamente lamentable, siendo esta la razón por la que, humildemente, no he querido abstenerme de opinar hoy en este cuaderno tan querido, que persigue siempre la búsqueda de islas desconocidas de libertad.

Sevilla, 1/X/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: https://ignaciotrillo.files.wordpress.com/2012/10/psoe-roto1.jpg

El rincón de escuchar

Entre otras obras iniciáticas, estoy preparando el comienzo de mis clases de piano, el jueves próximo, perfeccionando los matices del mal llamado Adagio de Albinoni (Adagio en sol menor, arreglado por Remo Giazotto en 1945, sobre compases de una melodía encontrada en las ruinas de la Biblioteca Estatal de Dresde durante la Segunda Guerra Mundial y atribuidos a Albinoni), que en mi clave suena de forma especial, sobre todo si utilizo los registros del órgano barroco. Escucho con frecuencia la interpretación de Xaver Valnus, tocando esta obra tan sobrecogedora en el órgano del Palacio de las Artes de Budapest, para aprender de él el sentimiento que refleja por la forma de acariciar las teclas superpuestas.

Hoy quiero compartirla con las personas que viajan conmigo en este espacio digital, porque creo que todos necesitamos un pequeño respiro en el rincón de escuchar del terco día a día, inspirándonos en composiciones tan bellas como ésta, que nos proporcionan paz de espíritu. Es lo que siento al tocarla, sobre todo cuando dialogan los dedos de las dos manos en los diferentes claves y compases de la melodía y hasta su portentoso final.

Sevilla, 27/IX/2016

Esperando a nuestro Godot político

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Se han celebrado ya las elecciones en Galicia y País Vasco y… no hay nada nuevo que celebrar, porque seguimos esperando a nuestro Godot político que sabemos que no está en los cielos, ya que ni siquiera se asaltan para reducir la espera. Como si no hubiera pasado nada, todos podemos ser hoy en España como Vladimir y Estragón, los dos vagabundos de la famosa obra de Samuel Beckett, que seguimos esperando a un tal Godot político que según dicen los viejos políticos del lugar ni existe ni se le espera.

Pertenezco a una generación que lleva mucho tiempo esperando a ese tal Godot, que durante muchos años nos intentaron convencer que era lo más parecido a Dios, pero que luego algunos descubrimos que era un ser imaginario que no existía en la realidad terca de cada día. Por ese motivo lo he recordado hoy, porque en la situación política actual podemos caer en la tentación de creer que necesitamos un Godot para salvarnos o por lo menos para que nos lleve por el buen camino político en nuestro país.

Pero Godot no existe, ni se le espera, aunque algún líder se empeñe todavía en demostrarnos que hoy todavía no viene, como cualquier Ernst Bloch aficionado, pero mañana sí, sabiendo de antemano que es mentira. Pero ya lo he manifestado en varias ocasiones en este blog: si en política, determinados políticos de siempre dijeran alguna vez la verdad, mentirían. Porque sigo defendiendo que todos no son iguales, con perdón de Godot si es que existe.

Me voy a la cuarta pared, a la que pertenezco desde siempre y leo un párrafo inicial de la obra citada de Samuel Beckett, para ambientar humildemente el escenario de representación en el gran teatro del mundo en el que cada uno desempeña un papel: Un camino en el campo. Un árbol. De tarde (Primer acto). Como la vida misma, nada más, porque todos seguimos esperando a un tal Godot, político por más señas, que en verdad no existe. Y asalto el escenario para decir a los principales actores políticos de hoy que no somos vagabundos o ignorantes, que hemos votado ya dos veces, que ya está bien, que por qué no se sientan a dialogar y a comprender que en la nueva mesa política tiene que estar la mayoría que ha salido en las urnas, variopinta, diversa, abierta, dialogante, soñadora (¿por qué no?), realista, atenta a los que menos tienen, que marquen prioridades políticas que forjarán el presente y el futuro de este país en ámbitos tan delicados como la educación, la salud, los servicios sociales, la economía social y distributiva. Que tenemos prisa personal y social legítima. Que se den cuenta de que todos no somos iguales y que eso se nota en los votos emitidos. Porque, de verdad, el nuevo Godot político ni existe, ni se le espera, por mucho que se empeñen en demostrarnos lo contrario.

Sevilla, 26/IX/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://asbarez.com/App/Asbarez/eng/2012/04/Waiting-for-Godot-1.jpg

Cuestión de detalles

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Sigo manteniendo la ilusión de escribir y hablar bien, cada día mejor, cuidando todos los detalles para que todo lo que escriba y hable sea especial, no trivial y, sobre todo, no inocente. Lo vivo como un compromiso activo de mejora continua para buscar la verdad objetiva de lo que pienso y siento cada día. Más todavía cuando lo que escribo lo publico en algunas ocasiones en la noosfera, gracias al maravilloso mundo digital que nos rodea, entregándolo a los demás, que merecen siempre un trato diferente y singular. Es una forma de respetar a toda persona que me lee y escucha, una forma simbólica de agradecimiento por dedicar tiempo personal e intransferible a entablar una relación fugaz o permanente conmigo – ¿quién sabe? -, quizá por compromiso o por mera diversión, en una dialéctica permanente, como aprendí de Pascal cuando adquiríamos por razón de edad el compromiso de vivir apasionadamente.

He seguido de cerca a maestros de la literatura ética, entre los que sobresale Gabriel García Márquez porque amaba los detalles. Quizá era la única forma de sustentar su realismo mágico, para que se comprendiera bien su forma de escribir y de hablar sobre la verdad de la vida con un español de Colombia precioso, musical, con lemas de comprensión bellísima. Lo comprobaba hoy en un artículo de Javier Lafuente en el diario El País, La pasión por el detalle del cronista Gabo, que me ha acercado todavía más a él, de quien sigo aprendiendo todos los días como ya he manifestado en alguna ocasión en este blog. Cuenta la extraordinaria aventura de la periodista Luzángela Artega cuando fue enviada muy cerca de Gabo, para ayudarle en los primeros borradores de la obra que se publicaría después bajo el título de Noticia de un secuestro. Necesitaba conocer todos los detalles de lo que había pasado en un hecho real que iba a tratar, que no se escapara nada que pudiera interesar al lector, sobre todo para no faltar a la verdad de lo ocurrido: “Necesitaba ambientar lo que le contaban, lo de afuera, confirmar hasta el último detalle, saber cuánto frío hacía, los semáforos que había, las balas que disparaban, quería saberlo absolutamente todo”.

Doy muchas vueltas a lo que escribo y siempre me hago una pregunta de principiante, ¿por qué escribo? Busco los detalles de cualquier acontecimiento, por pequeño que sea, para no alterar la realidad, aunque después lo envuelva en la belleza que brinda la palabra, pero la obsesión por no dañar lo ocurrido es una necesidad ética de situación que me lleva a cuidar hasta el último detalle de texto y contexto. José Manuel Blecua, exdirector de la Real Academia Española de la Lengua, decía que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. Me pasa con García Márquez. Quizá, al escribir hoy estas palabras especiales, para decir algo especial en un mundo sin detalles, vuelvo a copiar una experiencia contada una vez por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo estuviera el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras para explicar los detalles de la vida. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…, buscando detalles para ser más felices y entregárselos a los demás a través de la palabra escrita o hablada, un pormenor, una parte o fragmento de algo, según la RAE, a lo que llamamos verdad, que suele estar siempre atrás, en la trastienda de nuestra existencia.

Sevilla, 26/IX/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://static.iris.net.co/semana/upload/images/2014/4/17/384136_174058_1.jpg

Donde Luis Cernuda nació

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Casa natal de Luis Cernuda, en calle Acetres, 6 (Sevilla) / JA COBEÑA

…Mas el trabajo humano
Con amor hecho, merece la atención de los otros…

Luis Cernuda, A sus paisanos

Acabo de firmar en la plataforma digital Change.org una petición promovida por la Asociación de Defensa del Patrimonio de Andalucía (ADEPA), para que la Junta de Andalucía declare la casa natal de Luis Cernuda como Bien de Interés Cultural. El año pasado escribí en este sentido un post, que adjunto a continuación, en el que mostraba mi asombro por haber descubierto una realidad dolorosa en mis paseos matutinos de entonces, por la ciudad de sus sueños: “porque donde hoy habita el olvido de Sevilla es en la casa donde nació Luis Cernuda, que está en venta al mejor postor, sin que se atisbe el rescate digno por parte de organizaciones públicas de su ciudad natal. Soy consciente de que la cultura es la pariente pobre de la situación económica actual y la que está sobrellevando como puede la crisis económica y, sobre todo, de ideas, en la ciudad de sus paisanos”. Por ello, me alegra saber que se ha iniciado un camino para que con la declaración de su casa natal como BIC, la cultura triunfe en un mundo de mercancías.

El pasado 21 de septiembre lo leía en la edición digital de El País: “Es una casa poetizada. En ella se ha trasvasado poéticamente la infancia y la adolescencia del autor con más proyección de la generación del 27. Ahí descubrió la poesía, la música, la aparición del tiempo y el desconocido mundo de la homosexualidad”, apunta Rogelio Reyes, catedrático emérito de la Universidad de Sevilla y miembro de la asociación. “Lo interesante sería que las administraciones la adquirieran y rehabilitaran de forma respetuosa, sin desnaturalizar la casa, desde la que también se plasma en su obra una geografía sentimental del entorno”, señala Reyes, que fue presidente de la Real Academia Sevillana de las Buenas Letras”.

Tal y como él lo pidió a sus paisanos, hoy, siguiendo la estela de sus palabras, la casa donde nació Luis Cernuda, con amor tratada por sus paisanos, merece ahora la atención de Sevilla. Firma, si quieres estar cerca de Cernuda y su estela, en la plataforma citada y el poeta será conocido todavía más si algún día las personas que lo admiran pudieran atravesar el zaguán de Acetres, 6 para ver una vela echada, sumiendo el ambiente en una fresca penumbra, y sobre la lona, por donde se filtre tamizada la luz del mediodía y donde una estrella destaque sus seis puntas de paño rojo. También, las hojas anchas de las latanias, de un verde oscuro y brillante, y abajo, en torno de la fuente, que se agrupen las matas floridas de adelfas y azaleas. Y el sonido del agua al caer con un ritmo igual, adormecedor, y allá, en el fondo del agua, unos peces escarlata que pueden nadar otra vez con inquieto movimiento. Como a él le gustaría volver a la casa que le vio nacer y crecer para entregarnos palabras y libertad envuelta en ellas.

Sevilla, 24/IX/2016

PALABRAS DEL AMANECER / 4. Donde Luis Cernuda nació…

Mas no todos igual trato me dais,
Que amigos tengo aún entre vosotros,
Doblemente queridos por esa desusada
Simpatía y atención entre la indiferencia.

Luis Cernuda, A sus paisanos

No me hubiera gustado descubrir esta situación en paseos matutinos por la ciudad de sus sueños, porque donde hoy habita el olvido de Sevilla es en la casa donde nació Luis Cernuda, que está en venta al mejor postor, sin que se atisbe el rescate digno por parte de organizaciones públicas de su ciudad natal. Soy consciente de que la cultura es la pariente pobre de la situación económica actual y la que está sobrellevando como puede la crisis económica y, sobre todo, de ideas, en la ciudad de sus paisanos.

He recordado una y mil veces las palabras que nos dedicó hace muchos años, transidas de dolor por el trato recibido por parte de los sevillanos de pro y que las tengo grabadas a fuego en mi persona de secreto:

Mas el trabajo humano
Con amor hecho, merece la atención de los otros.

He visitado recientemente la cristalería “Valeriano Díaz”, que finaliza su estancia desde 1917 en la casa de Cernuda, llena de cachivaches arriba y abajo, pero que conserva en sus muros, en su patio, en su galería interior, un sabor de realidades y deseos de supervivencia en lo más profundo del ser humano sensible con la cultura y con el patrimonio literario de uno de sus hijos que nunca pudo ser pródigo en su tierra. Al entrar, cerré los ojos y vi la vela echada, sumiendo el ambiente en una fresca penumbra, y sobre la lona, por donde se filtraba tamizada la luz del mediodía, una estrella destacaba sus seis puntas de paño rojo. También, las hojas anchas de las latanias, de un verde oscuro y brillante, y abajo, en torno de la fuente, que estaban agrupadas las matas floridas de adelfas y azaleas. Y el sonido del agua al caer con un ritmo igual, adormecedor, y allá, en el fondo del agua unos peces escarlata nadaban con inquieto movimiento.

Aunque me consta que hablar de estas realidades no es políticamente correcto en tiempos de turbación, tan revueltos, me gustaría hacer llegar a cuantas personas quieren a este poeta universal un llamamiento para unirnos en un frente cultural, como le gustaría a él nombrarlo, para intentar buscar una solución de mercado, pero sin tratamiento de mercancía pura y dura, a esta venta de un lugar que debería habilitarse como sede permanente, sobre todo sencilla y digna, de su obra y vida.

Porque siguiendo la estela de sus palabras, la casa donde nació Luis Cernuda, con amor tratada por sus paisanos, merece ahora la atención de Sevilla.

Sevilla, 18/V/2015

Alalá, en la calle de la utopía

Somos tristeza / por eso la alegría / es una hazaña
Mario Benedetti, Rincón de Haikus (132)

Ayer asistí a un estreno muy especial y esperado por mi parte, en calidad de presentación mundial, de un documental de largo metraje, Alalá, dirigido por Remedios Malvárez, en el contexto de la XIX edición de la Bienal de Flamenco que se celebra en la actualidad en Sevilla. Cuando conocí el cartel promocional del documental, dije que se acercaba “el momento de compartir Alegría, alalá en lenguaje caló, en la clave que expresó Mario Benedetti: “Defender la alegría como una bandera… como un principio / como un destino… como una certeza… como un derecho…”. Es un proyecto de cine social, un documental comprometido con causas que se pueden ganar y que los de siempre dan siempre por perdidas, llevado a cabo por Producciones Singulares, con la colaboración de la Fundación Alalá entre otras instituciones, recordándome el espíritu y la obra de Costa Gavras o Bertrand Tavernier en películas sublimes y mágicas de profundas raíces sociales”. El afamado director francés siempre ha hablado de su compromiso con la sociedad a través del cine, dejándonos muestras de ello en películas tan extraordinarias como “Hoy comienza todo”. Anoche lo recordé especialmente, porque Remedios Malvárez sigue su estela.

El gran acierto del documental es que durante los 78 minutos de proyección he estado presente en las Tres Mil Viviendas, un barrio muy conocido en Sevilla por las duras etiquetas sociales que le asigna siempre el primer mundo, guiado por la cámara dirigida por la mirada no inocente de Remedios Malvárez a quien conozco gracias a una experiencia anterior con su corto “Silencio”. He recorrido sus calles, acompañado siempre de Caracafé, director de la escuela de Arte del barrio y artífice del desarrollo de los sueños que hoy pueden tener muchos niños y niñas que viven allí sus pequeñas vidas, por el respeto reverencial a sus almas gitanas, a las profesoras de cante y baile y al profesor de percusión, entre otros colaboradores. También he entrado en algunas casas de los que menos tienen, aunque las he visto llenas de vida, de la forma de entender la alegría permanente en su vida. Lo cuenta Caracafé cuando, aunque fuera de noche, su padre los sacaba de la cama para celebrar la llegada de unas personas a las que había que ofrecer todo. Además, con alegría, con alalá.

He contemplado qué supone para esos niños y niñas disponer de una escuela de arte, guitarras, trajes de gitana y zapatos de baile alineados para unos pies que saben bailar descalzos, tal y como como han aprendido a andar por la vida los antepasados de su etnia gitana. También hemos ido a un mercadillo y nos hemos sentado alrededor de una mesa muy sencilla de un bar del barrio, en el que Raimundo Amador ha dejado con la boca abierta a dos alumnos de Caracafé que lo contemplaban con admiración reverencial, escuchándole tocar la guitarra y sus palabras cargadas de identidad agradecida hacia el que es y será su barrio querido de la infancia. Me ha mostrado que siempre es posible la integración de otras razas, en una lección magistral de los que menos tienen y para los que siempre somos “primos”.

Cuando se aproximaba el final de la película, llegó al barrio Arcángel, un artista de la palabra cantada con sentimiento, que dijo cosas tan importantes como que esos niños tenían que ser primeros personas libres, con conocimiento, independientemente de que llegaran a ser artistas o no, porque el flamenco era su vehículo de libertad de la que les llevaba de la mano un guía espiritual extraordinario, de nombre «flamenco» y…“Caracafé”. En ese momento, apareció un plano muy rápido, en el que figuraba una placa de la calle Utopía, en un barrio tan alejado aparentemente de ella. Yo no lo creo así, porque me parece una experiencia ciclópea la que se está llevando a cabo allí, en las tres mil formas de vivir la alalá, la alegría que tanto desconocemos en su esencia. Por eso, Alalá es una hazaña, tal y como lo aprendí un día ya lejano de Mario Benedetti, que tanto la cantó.

En las Tres mil Viviendas hay personas singulares y una productora singular ha fotografiado sus vidas y les ha puesto animación de cine, no por lo que tienen o les ha entregado la sociedad de consumo y mercado, sino porque la singularidad es una identidad, tal y como la definía el Diccionario de Autoridades en 1739, con la riqueza de nuestra forma de hablar hasta hoy: servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo, o lo que recibimos de nuestros padres en la preciosa evolución de nuestra propia vida. Es fácil comprobarlo viendo el documental, divulgando su precioso contenido, una obra hecha con pensamiento y sentimiento, para que se escuche siempre el corazón y resuene mucho más fuerte que el viento. Libre solo el corazón, más que el viento (Rafael Alberti).

Sevilla, 23/IX/2016