La primavera, según Cernuda, ilumina nuestra mente (que falta hace)

Luis Cernuda Bidón 
(Sevilla, 21 de septiembre de 1902 – Ciudad de México, 5 de noviembre de 1963)

Pero la primavera está ahí, loca y generosa. Llama a tus sentidos, y a través de ellos a tu corazón, adonde entra templando tu sangre e iluminando tu mente

Luis Cernuda, en La Primavera, (Ócnos, 1942)

Sevilla, 20/III/2026 – 07:50 h UTC (CET+1) – Actualizado a las 09:34 h

La primavera llega hoy a las 15:56 horas, según el Observatorio Astronómico Nacional, con un pronóstico existencial del poeta Luis Cernuda, que se hace patente cuando llega cada año esta estación a Sevilla. Esto es así porque me recuerda siempre cosas importantes con su prosa poética, que no olvido, porque lo único que sabemos en estos tiempos de guerra, no de paz, es que no sabemos en realidad lo que nos pasa y él nos ayuda a entenderlo, fundamentalmente porque es verdad que estamos atravesando una etapa histórica plagada de dificultades y sinsentidos en un mundo y un país al revés. Además, no pierdo ocasión para hacerle un reconocimiento personal de su trabajo, con amor hecho, como nos lo pidió a los sevillanos en una obra suya transcendental, Desolación de la quimera.

En este caso, me refiero hoy a una obra suya preciosa en la que canta a la primavera, Ócnos (1), recordando a su tierra natal desde la tragedia del exilio, añorando cómo la naturaleza, a pesar de todo, cuida la belleza de Sevilla:

Este año no conoces el despertar de la primavera por aquellos campos, cuando bajo el cielo gris, bien temprano a la mañana, oías los silbos impacientes de los pájaros, extrañando en las ramas aún secas la hojosa espesura húmeda de rocío que ya debía cobijarles. En lugar de praderas sembradas por las corolas del azafrán, tienes el asfalto sucio de estas calles; y no es el aire marceño de tibieza prematura, sino el frío retrasado quien te asalta en tu deambular, helándote a cada esquina.

Abstraído en este imaginar, marchas con nostalgia por la avenida del parque, donde revuela espectral a ras de tierra y te precede, fugitiva ala terrosa, una hoja del otoño último. Tan reseca es y oscura, que se diría muerta años atrás; imposible su verdor y frescura idos, como la juventud de aquel viejo, inmóvil allá, traspuesta la reja, hombros encogidos, manos en los bolsillos, aguardando no sabes qué.

Al acercarte luego, hallas que el viejo tiene a sus pies manojos de flores tempranas, asfodelos, jacintos, tulipanes, de vívidos colores increíbles en esta atmósfera aterida. Casi da pena verlas así, expuestas en mercado norteño, como si ellas también sintieran su hermosura indefensa ante la hostilidad sombría del ambiente.

Pero la primavera está ahí, loca y generosa. Llama a tus sentidos, y a través de ellos a tu corazón, adonde entra templando tu sangre e iluminando tu mente; quienes a la invocación mágica, a pesar del frío, lo sórdido, la carencia de luz, no pueden contener el júbilo vernal que estas flores, como promesa suya, te han traído e infundido en tu miedo, tu desesperanza y tu apatía.

La primavera, con su luz y fragancia de azahar en Sevilla, llama a mis sentidos y se aloja en mi corazón, regalándome un júbilo de emociones y sentimientos, a modo de flores, que me ayudan a caminar en un mundo loco, al revés, que nos asola y nos da miedo, desesperanza y apatía, con una misión posible que necesitamos ahora más que nunca: iluminar la mente. También, para comprender qué significa la paz en tiempos de guerra, tan lejos, tan cerca.

En este contexto local y mundial, expreso a Luis Cernuda, mi paisano, el más sincero agradecimiento a su obra, porque siempre reconozco el trabajo que hizo con amor desde su alma exiliada, tan lejos de sus primaveras en Sevilla, cuando escribía estas palabras desde la sordidez de Escocia, que le llevaban a recordar entrañablemente su niñez y juventud en esta ciudad, en la que Stefan Zweig siempre pensó que se podía ser feliz (2): “La vida parece tener aquí un ritmo más veloz, y las personas la sangre más viva; en ningún lugar hay más estómagos hambrientos que en Andalucía y, aun así, Sevilla brilla con su portentoso colorido, resplandece de alegría y nos saluda con miles de banderas. Aquí se puede ser feliz”, agregando matices especiales para ensalzarla con bellas palabras: “Hay ciudades en las que nunca se está por primera vez. Deambulas por sus calles desconocidas y sientes como si de todos los rincones te acudieran los recuerdos, te llamaran voces amigas. Su rostro -porque las ciudades puedes ser como las personas: tristes y viejas, risueñas y jóvenes, amenazadoras y gráciles, dulces y afligidas- te suena de una ciudad hermana, o de una imagen, de un libro, de una canción. Y Sevilla es así”. 

También, como dije anteriormente, aprendí de Luis Cernuda algo muy importante que pidió a sus paisanos en esta sacrosanta ciudad: el reconocimiento a su trabajo bien hecho y envuelto en bellas palabras, que siempre lo merece ahora y en cualquier estación del año: «más el trabajo humano, con amor hecho, merece el reconocimiento de los otros». No lo olvido en este tiempo tan difícil y complejo, porque hoy día me duele todavía que su país y sus paisanos olvidemos algo simbólico que nos enseñó él a comprenderlo: el valor intrínseco de la poesía, de la prosa poética, porque la primavera, por ejemplo, llama a nuestros sentidos, y a través de ellos a nuestro corazón, adonde entra templando nuestra sangre e iluminando nuestra mente. ¿Existe algo más bello?

Finalizo esta reflexión especial con un ejemplo del trabajo bien hecho de Mozart al ensalzar también la primavera, en una obra dedicada a Haydn en 1785, en un cuarteto recogido en su catálogo como No. 14 K. 387 in Sol mayor, fruto de un largo y laborioso trabajo, según sus palabras, del que he elegido el tercer movimiento (Andante cantabile), De la primavera, como homenaje al compositor salzburgués, interpretados por un cuarteto nacido en aquella ciudad, Hagen Quartet, que lo expresa de forma especial. Una delicia, en un día en el que la entrada de la nueva estación se celebra con una espera y esperanza sentidas. Para seguir viviendo y construyendo un mundo diferente, más amable, más cercano, más humano.

(1) Cernuda, Luis, La Primavera, en Ócnos (Poesía completa, vol. I), Madrid: Siruela, 1993.

(2) Zweig, Stefan, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia. Madrid: Sequitur, 2015.

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¡Paz y Libertad!

Diario de mi zaratán / 5. Pausa

Sonia Lafuente, patinadora olímpica

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca 
pide que el camino sea largo, 
lleno de aventuras, lleno de experiencias. 
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón, 
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta 
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Constantino Cavafis, Ítaca 

Sevilla, 15/III/2026 – 07:21 UTC (CET+1)

Estoy haciendo un camino muy largo para vencer a mi zaratán, una singladura ciclópea en su fondo y forma. Durante los fines de semana descanso de los ciclos semanales de radioterapia y hoy lo vivo de forma especial porque finalizo esta difícil etapa terapéutica la semana próxima.

Es verdad que siguiendo al pie de la letra a Cavafis, cada uno de nosotros nos podemos convertir en un Ulises redivivo y pensar que esta dura etapa que vivo en la actualidad es sólo eso, una etapa, un alto en un puerto hasta ahora desconocido, porque el viaje es muy largo: Ten siempre a Ítaca en tu mente. / Llegar allí es tu destino. / Mas no apresures nunca el viaje. / Mejor que dure muchos años / y atracar, viejo ya, en la isla, / enriquecido de cuanto ganaste en el camino / sin esperar a que Ítaca te enriquezca.

También acudo a Benedetti, tan presente en este diario, cuando hago esta pausa para escribir en este largo viaje ético a mi Ítaca particular, porque él siempre supo poner hermosura a la vertiente más triste de la vida, porque nos ofreció una forma de entender las necesarias pausas en el caminar diario personal, familiar, profesional y social con altura de miras éticas hacia la Ítaca de cada uno: De vez en cuando hay que hacer una pausa / contemplarse a sí mismo / sin la fruición cotidiana / examinar el pasado / rubro por rubro / etapa por etapa / baldosa por baldosa / y no llorarse las mentiras / sino cantarse las verdades.

Me acuerdo ahora de un conjunto madrileño de música indie, Izal, ya desaparecido, que lo cantaba extraordinariamente, acompañando una danza visible para quienes tienen los ojos abiertos para otear con dignidad el largo viaje ético hacia la Ítaca de cada uno, de cada una: Yo sólo pido pausa y tú me das ojos de huracán. / Yo sólo pido calma y tú haces espuma el agua del mar. / Sólo pido silencio y gritas que no digo la verdad. / ¿Tú qué sabrás? Si despiertas lejos de esta casa. / ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula. / Yo sólo quiero pausa, tú rebobinar. / Yo sólo busco un ritmo lento, tú velocidad. / Yo sólo pido una dulce mentira, tú toda la verdad. / ¿Tú qué sabrás? Si despiertas lejos de esta casa. / ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula. / ¿Tú qué sabrás? Si nunca nadaste en mis entrañas. / ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula. Sonia Lafuente, patinadora olímpica, bailaba maravillosamente esta pausa necesaria, porque quizá, viéndola, la comprendemos mejor.

Es verdad que solo necesitamos hacer pausas de vez en cuando y no tanto rebobinar, porque no queremos perder el sentido de la vida. Es lo que Herman Hesse llamaba obstinación, una virtud, a la que admiraba mucho, una sola, porque es obediencia a una sola ley que lleva al “propio sentido” de la vida. Fundamentalmente, algo que necesitamos con urgencia: cantarnos las verdades sobre lo que nos pasa, pisando las baldosas que vamos poniendo en nuestra vida a modo de solería, que es lo único que justifica nuestros actos éticos para no tener que llorar las mentiras. Sin prisa, con pausa, buscando con ética personal y de situación la Ítaca que todos tenemos derecho a soñar y alcanzar algún día. Aunque ahora tenga que luchar contra un zaratán, un cíclope con ojos de huracán, al que venceré si mi pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca mi espíritu y mi cuerpo. Porque ahora no olvido hacer una pausa ética cuando navego a diario hacia Ítaca, a la que tengo la legítima ilusión de llegar, aunque ahora viva encerrado en una jaula llamada zaratán.

Benedetti hace el resto, cuando leo y releo su mensaje: De vez en cuando hay que hacer una pausa / contemplarse a sí mismo / sin la fruición cotidiana / examinar el pasado / rubro por rubro / etapa por etapa / baldosa por baldosa / y no llorarse las mentiras / sino cantarse las verdades.

No lo olvido.

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Diario de mi zaratán / 4. Después

Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 1929 – Montevideo, Uruguay, 2009)

Sevilla, 14/III/2026 – 07:55 h UTC (CET+1)

Quedan solo dos sesiones de radioterapia y de forma razonable pienso en el Después de este alto en el camino para vencer al zaratán. En pocas palabras, confieso que me preocupa el Día Después. Los que estamos acostumbrados a vivir en un casi permanente carpe diem, nos cuesta aceptar el principio de realidad del Porvenir, el Futuro y el Día Después, de los días de hoy y de después, que son muchos. En mi situación actual, soy consciente de que los últimos acontecimientos guerreros son una muestra peligrosa de que todo fluye y casi nada permanece, aceptando que el mundo líquido (Zygmunt Bauman, Modernidad líquida) y al revés que nos rodea, al igual que el tiempo, sigue o huye (tempus fugit) por donde puede o le dejan las circunstancias. Y ese mundo que tendré que compartir también en el Día Después, confieso que me da miedo en mi realidad actual. Al mismo tiempo, sé que ofrece también muchas posibilidades de aprehender lo mejor de lo que nos sucede a diario y que forma parte de nuestra personalidad. Fundamentalmente, porque no es fácil que mediante nuestro esfuerzo nos acostumbremos a ver, cada día, el vaso medio lleno de todo lo que nos ocurre de forma personal e intransferible, no medio vacío, que también es posible, sobre todo a nivel de sentimientos y emociones, mucho más cuando estoy preocupado con la realidad de mi zaratán. Es lo que aprendí de Rafael Alberti en mis años jóvenes, cuando comparaba pensamiento y sentimiento en un poema precioso que no olvido: Sentimiento, pensamiento. / Que se escuche el corazón más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón más que el viento. / El verso sin él no es nada. / Sólo verso.

Ángel González (Oviedo, 1925 – Madrid, 2008)

Para empezar, confieso que aprendí del poeta Ángel González saber distinguir el futuro del porvenir, porque él entendía que al porvenir lo llaman así “porque no viene nunca” (1), cuestión no baladí en estos tiempos tan convulsos y de continuas mudanzas, incluso las del alma:  Te llaman porvenir / porque no vienes nunca. / Te llaman: porvenir, / y esperan que tú llegues / como un animal manso / a comer en su mano. / Pero tú permaneces / más allá de las horas, / agazapado no se sabe dónde. / … Mañana! / Y mañana será otro día tranquilo / un día como hoy, jueves o martes, / cualquier cosa y no eso / que esperamos aún, todavía, siempre.

Sin embargo, inmediatamente después escribe sobre el futuro, en Sin esperanza, con convencimiento (III), dándonos la oportunidad de descubrir sus bondades a pesar de estar inmersos, muchas veces, en un porvenir perpetuo:

Pero el futuro es diferente
al porvenir que se adivina lejos,
terreno mágico, dilatada esfera
que el largo brazo del deseo roza,
bola brillante que los ojos sueñan,
compartida estancia
de la esperanza y de la decepción, oscura patria de la ilusión y el llanto
que los astros predicen
y el corazón espera
y siempre, siempre, siempre está distante.

Pero el futuro es otra cosa, pienso:
tiempo de verbo en marcha, acción, combate,
movimiento buscado hacia la vida,
quilla de barco que golpea el agua
y se esfuerza en abrir entre las olas
la brecha exacta que el timón ordena.

En esa línea estoy, en esa honda
trayectoria de lucha y agonía,
contenido en el túnel o trinchera
que con mis manos abro, cierro, o dejo,
obedeciendo al corazón, que manda,
empuja, determina, exige, busca.

¡Futuro mío…! Corazón lejano
que lo dictaste ayer:
no te avergüences.
Hoy es el resultado de tu sangre,
dolor que reconozco, luz que admito,
sufrimiento que asumo,
amor que intento.

Pero nada es aún definitivo.
Mañana he decidido ir adelante,
y avanzaré,
mañana me dispongo a estar contento,
mañana te amaré, mañana
y tarde,
mañana no será lo que Dios quiera.

Mañana gris, o luminosa, o fría,
que unas manos modelan en el viento,
que unos puños dibujan en el aire.

Sobran interpretaciones. En mis circunstancias actuales, a mí me ayuda a distinguir porvenir de futuro y sigo dispuesto a frecuentarlo, a pesar de todo, siguiendo las instrucciones del Dr. Cardoso, médico de la clínica talasoterápica de Parede, cerca de Lisboa, a Pereira, en aquella recomendación que leí hace ya muchos años en Sostiene Pereira, una obra extraordinaria de Antonio Tabucchi, que no olvido: “… deje ya de frecuentar el pasado, frecuente el futuro. ¡Qué expresión más hermosa!, dijo Pereira”. Porque el futuro lo veo claro con esta actitud, Mañana he decidido ir adelante, / y avanzaré, / mañana me dispongo a estar contento, / mañana te amaré, mañana / y tarde, / mañana no será lo que Dios quiera. Ni un porvenir que nunca llega.

Ayer me recibió el oncólogo que me va a acompañar durante cinco años en esta aventura de acabar con el zaratán, para explicarme el Día Después de la radioterapia, arduo camino de la vida, con su porvenir y futuro dentro, con los pros y contras de la medicación que tengo prescrita, que hay que vigilar estrechamente porque no es inocente. Estoy avisado de mi día después, de mi porvenir, de mi futuro.

Pienso también, como un Juan sin Miedo redivivo, en el después al que cantó Benedetti, en su Después, tal y como lo explicó espléndidamente en un poema inédito publicado dos años después de su fallecimiento, El Después, formando parte de un conjunto de poemas seleccionados por el autor en los últimos años de su vida: “El Después nos espera / con las brasas y los brazos abiertos / ah pero mientras tanto / vemos pasar con su cadencia/ la muerte meridiana de los otros / los más queridos y los no queridos”. Hoy, lo he sentido así al conocer el fallecimiento de una persona querida por mí, a pesar de la distancia que teníamos en la actualidad, tanto de cuerpo como de espíritu.

Reconozco que Benedetti me ha ayudado también en este cuaderno digital, a comprender mejor el Buzón de tiempo de cada uno. Decía Cicerón que en algún momento hay que decir las cosas tal y como son, a pesar de que se demuestre siempre que cuando las personas están ausentes se puede escribir mejor, porque las cartas no se ruborizan, las personas sí. Asimismo, aprendí a comprender sus esperas en Testigo de uno mismo, un soneto del pensamiento, precioso, que leyéndolo de nuevo me ha pre-ocupado (así, con guion), sobre todo por la segunda estrofa: sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos. Ahora, en este proceso en el que me encuentro, no quiero renunciar a pensar.

En los Días Después de cada pronunciamiento en este cuaderno digital, pienso en qué efectos puede tener en la Noosfera lo que escribo y publico, por ejemplo ahora con este Diario de mi zaratán, porque avanzando en el arduo camino de la vida, pienso mucho en el después, en su Después, en las incertidumbre diarias que tienen siempre su continuidad en el Día Después, porque sólo esperamos / que alguien nos sueñe sin puñales / de todos modos preparamos / la boca por si vuela un beso / y si no vuela siempre queda / uno que emerge del olvido… Sobre todo, porque en mi soledad sonora busco arroparme con las palabras de Ángel González, que me dan el calor existencial e ideológico que necesito: Pero nada es aún definitivo. / Mañana he decidido ir adelante, / y avanzaré, / mañana me dispongo a estar contento, / mañana te amaré, mañana y tarde, / mañana no será lo que Dios quiera. Eso, mi compañera de vida lo sabe, también mi hijo, mi nuera, mis nietos, mis amigos y amigas que me conocen y quieren desde el Día Antes que compartimos a diario.

(1) González, Ángel, Palabra sobre palabra, 2018. Barcelona: Planeta (Seix Barral).

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Diario de mi zaratán / 3. Halcyon

Acelerador lineal Halcyon

Sevilla, 13/III/2026 – 08:02 UTC (CET+1)

Comenzó 2026 con una pregunta en mi persona de secreto que debo a Pablo Neruda, porque ante la realidad inexorable de mi zaratán declarado en una vida propia, sujeta a un calendario inexorable de días, meses y años, uno tras otro, sin parar y sin caminos intermedios, horas, minutos y segundos, uno tras otro también, perfectamente organizados y sincronizados, resonaba con fuerza en un ambiente festivo:  ¿Y cómo se llama ese mes / que está entre Diciembre y Enero? (Libro de las preguntas, capítulo XLVI).

La verdad es que en ese tránsito entre la cruda realidad de diciembre y la incertidumbre de enero, me sembraba dudas la rigidez del calendario gregoriano, porque caían sus hojas en una dialéctica de pasado y porvenir incierto. Es algo así como si la vida me permitiera parar el tiempo ante el vértigo de la cruda realidad. El calendario de mi vida se acababa de convertir en lo más íntimo de mi propia intimidad (San Agustín, dixit: intimior intimo meo). Quizás había llegado el momento de interpretar el tiempo fuera de su encorsetado cronograma y primar esta búsqueda de razones positivas para vivir cada segundo de cada día, de cada mes, para que parezca que el tiempo se detiene en un ciclo que sólo debería tener un nombre: felicidad. Neruda continúa en el capítulo citado con más preguntas, no pudiendo añadir más meses al calendario: ¿Por qué no nos dieron extensos
meses que duren todo el año?
¿No te engañó la primavera
con besos que no florecieron?
Ahí estaba mi humilde respuesta a preguntas pertinentes: diciembre me había demostrado que mi zaratán estaba vivo, en fechas proclives para la felicidad. No quería en enero de 2026 que diciembre durara todo el año… La realidad es que cuando buscamos la felicidad desesperadamente, lo de menos es cuantificar el tiempo en horas y días, por ejemplo, cuando parece que se detiene “como si no pasara o se nos fuera casi sin darnos cuenta” en nuestra realidad más próxima.

Enero me trajo nuevas noticias: más analíticas, inicio de la terapia hormonal con una inyección con efectos para seis meses y algo muy importante y humano, conocer a mi oncólogo de cabecera que me acompañará en este proceso de vencer al zaratán durante cinco años. Más consultas de urología y el inicio de otra terapia farmacológica durante dos años en esta lucha sin cuartel. He recordado siempre a Josefito Figuraciones, el protagonista de El zaratán, cuando salía al campo a matar con su rodrigón y con todos los medios que podía, todo lo que se encontraba que tuviera un parecido con el zaratán que estaba alojado en el pecho de Cinta Marín, lagartos incluidos, calentureros, gañafotes y escarabajos que se iba encontrando, porque pensaba en el “don de la ubicuidad” que tenía el temido zaratán y que él no poseía. Había que matarlo como fuera y a modo de Persefito, llevarlo “arrastrado por todo el pueblo, como un trofeo, a su pobre y desvalida Cinta Marín”.

Quedaba comenzar con la radioterapia y allí me esperaba un ritual y una sorpresa. Respecto del ritual, sabía que tenía que respetar durante todo el proceso una dieta severa, acudir a Oncología Radioterápica del hospital público Virgen del Rocío, durante 23 días, cinco días a la semana, en sesiones muy breves. Preparar cada sesión bebiendo medio litro de agua, esperar la llamada mediante el “turnómetro”, letra-número-letra-número para salvar la confidencialidad, paso a Sala E, donde se aloja el acelerador lineal, colocación en la mesa, deslizamiento para comenzar la radiación dejando libre la cabeza para mejorar el enclaustramiento, música ambiente, cinco a ocho minutos de sesión y vuelta a la posición inicial para regresar a la cabina en la que te has liberado antes de la radiación de la ropa indicada y vuelves a vestirte. Siempre he dado las gracias a las personas que me han atendido y ayudado a colocarme bien en la mesa deslizante y levantarme una vez finalizada la sesión.

Mariposa en el techo de la sala de espera – Oncología Radioterápica HU Virgen del Rocío / JA COBEÑA

Algo que me ha conmovido diariamente es compartir la sala de espera con pacientes de diferentes patologías, algunos como la mía, con desplazamientos lejanos de la capital, pero todos allí sentados en formato escuela, contemplando a veces mariposas en el techo con sus trajes de fiesta y mostrando su libertad alada, esperando ser atendidos por profesionales y con medios muy sofisticados gracias al carácter público del Sistema Sanitario de Andalucía, lejos de la privatización progresiva al que lo lleva el Gobierno autonómico actual.

Habitualmente, en cada sesión está sintonizada una emisora con música y recuerdo perfectamente quién cantaba el primer día, Antonio José, andaluz por más señas, con una canción, Por mil razones, de letra metafórica en ese instante radioterápico:

Por mil razones 
Eres una de mis canciones
La que salva mis errores
La que a todas mis locuras dice: «Sí»

La sorpresa a la que me refería anteriormente fue descubrir el nombre del acelerador lineal en el que he entrado ya veinte días, faltando tres para terminar este ciclo. Se llama Halcyon, fabricado por la empresa estadounidense Varian, hoy formando parte de Siemens Healthineers, con una historia científica apasionante y cuya denominación hace referencia a Alcíone, hija de Eolo (dios de los vientos), y Ceix, rey de Tesalia, formaban una pareja feliz que se comparó con los dioses Zeus y Hera, lo que provocó su ira. Cuando Ceix murió en un naufragio, Alcíone se lanzó al mar por dolor, y los dioses los transformaron a ambos en aves (martines pescadores). Pasando por el túnel del tiempo, la leyenda mitológica descrita se interpretó como la realidad de un ave de nombre Alción, un martín pescador que pone sus huevos en nidos flotantes durante el solsticio de invierno, días Alción, tiempo en el que su padre Eolo calma los vientos para proteger a sus nietos. Todos los días, hoy mismo, he leído el nombre Halcyon en el arco superior, al desplazarse la mesa que me sustentaba en el acelerador lineal al entrar y salir del mismo.

Halcyon cumple su misión de ofrecerme paz y tranquilidad durante las sesiones descritas. Me protege diariamente, como martín pescador redivivo, de las inclemencias del mar proceloso de la vida, de un zaratán concreto al que hay que intentar vencer en su pertinaz existencia.

Cuando salía ayer de la Sala E, me detuve a leer atentamente un cartel informativo sobre la financiación de este acelerador lineal, mi Halcyon. Ha sido a través del Gobierno de España que aprobó el 27 de abril de 2021, el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, recogiendo 110 inversiones y 102 reformas con un presupuesto de 140.000 millones de euros procedentes de fondos europeos, entre 2021 y 2026, sustentándose en cuatro ejes de transformación: la transición ecológica, la transformación digital, la cohesión social y territorial y la igualdad de género. A su vez se dividía en 10 políticas tractoras que recogen 30 componentes. Así pues, el Pacto por la ciencia y la innovación y refuerzo del Sistema Nacional de Salud fue la 6ª de las diez políticas tractoras y en ella se encontraba el componente 18 “Renovación y ampliación de las capacidades del Sistema Nacional de Salud”. Fruto de este Plan, concretamente del denominado INVEAT (Inversión en equipos de alta tecnología sanitaria en el Sistema Nacional de Salud), fue la entrada en funcionamiento en marzo de 2023 de este acelerador lineal en el Hospital Universitario Virgen del Rocío, donde me atienden actualmente, gracias a los fondos europeos, financiación que es justo y necesario por mi parte reconocer y agradecer al mismo tiempo, sobre todo porque hay que reforzar la creencia de que el mantenimiento del Estado de Bienestar es posible en nuestra Comunidad, con la ayuda de los fondos europeos, siempre que seamos conscientes de que uno de sus pilares básicos, el Sistema Sanitario Público de Andalucía, es necesario blindarlo de la estrategia de desmantelamiento progresivo que ha sufrido en esta legislatura.

Como se decía en los cines de sesión continua en Madrid, a los que yo asistía cuando era niño, en el momento final de proyectar cada tráiler, “próximamente en ese salón“, este diario de mi zaratán continuará vivo y próximamente podrán seguir leyéndolo en este cuaderno digital. Halcyon, con su buen hacer científico, quedará en mi alma de secreto, porque ahora, haciendo honor a su nombre, me aporta curación, tranquilidad y calma en el mar proceloso de la vida.

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Diario de mi zaratán / 1. Incertidumbre

Jacarandás de Sevilla / JA COBEÑA

Sevilla, 11/III/2026 – 08:05 h UTC (CET+1)

Incertidumbre es la palabra que mejor resume este largo camino hasta llegar al diagnóstico final de mi zaratán. No lo he hecho en solitario, sino acompañado siempre por la familia, fundamentalmente por mi compañera de vida, a la que tanto quiero, porque tomando palabras de Benedetti, sé que “en el instante en que vencen los crueles entra siempre a averiguar la alegría del mundo y sabe volar gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores”. Como siempre, que decía el poeta uruguayo, sé que el mundo la quiere mucho, pero yo un poquito más que el mundo.

Todo comenzó en junio de 2025, con una analítica rutinaria anual ordenada por mi médica de Atención Primaria, en mi Centro de Salud, para vigilar de cerca el PSA (antígeno prostático específico), una proteína producida por la próstata, cuyos niveles en sangre se miden para detectar problemas prostáticos. Son unas siglas que cuando se marcan en la solicitud de analítica indican claramente que pertenecen a la clasificación de marcador tumoral. Me acompañan desde hace ya bastantes años y, de forma especial, a raíz de una intervención por hiperplasia benigna de próstata en 2016.

Los resultados arrojaban en esta ocasión una cifra alta del PSA, por lo que mi doctora me prescribió antibióticos y la espera de un mes para realizarme una nueva analítica y revisión en consulta. Así fue y el médico que me atendió en julio, por la ausencia por vacaciones de mi doctora, estimó que ante los nuevos resultados y la trazabilidad última del célebre PSA, era conveniente solicitar una consulta especializada en Urología.

La cita del especialista llegó finalmente en septiembre, tras una ardiente impaciencia por mi parte, porque conocía bien el drama en Andalucía de las listas de espera en atención especializada. Fue una consulta rápida y el especialista estimó necesaria una Resonancia Magnética para evaluar la situación de la próstata. Firmó la solicitud con carácter preferente y tras unas gestiones directas en el hospital Virgen del Rocío, me citaron el 3 de octubre, siendo su resultado la primera voz de alarma por los datos obtenidos. Tras nuevas gestiones para recoger esos resultados, en un ir y venir continuo de un centro médico a otro, me citaron para informarme que ante el informe de la Resonancia, había que continuar con nuevas pruebas, en esta ocasión una biopsia de fusión, que ya conocía por experiencias anteriores. Era el segundo especialista que me atendía.

Siguió la incertidumbre campando a sus anchas en mi persona de secreto, porque ya sabía que en la Resonancia había alcanzado la prueba una clasificación máxima, un PIRAD5, nuevas siglas crípticas, cuyo significado en roman paladino era rotundo: lesión en próstata, PIRAD5, con alta probabilidad de extensión extraprostática. La verdad es que recibí la noticia con un profundo silencio sólo interrumpido por mi petición de pronóstico. La respuesta facultativa fue que se perseguía siempre la curación, asociándolo con la esperanza de vida en España en mi rango de edad. Lo asumí con más incertidumbre todavía, sabiendo que iniciaba un camino muy duro, con una biopsia de fusión, realizada el 28 de octubre, que arrojó nuevos datos nada halagüeños, explicados por la tercera especialista que me atendió el 19 de noviembre: adenocarcinoma acinar grado 4+4 Gleason, de alto riesgo, localmente avanzado, pendiente de estudio de extensión. Más incertidumbre todavía, porque ya eran dos pruebas objetivas con resultados muy preocupantes. En esta consulta me informó la cuarta especialista (ya iban cuatro diferentes…), que hacía falta realizar una tercera prueba, PET-TC de cuerpo entero, realizada finalmente el 25 de noviembre con una duración de tres horas, realmente eternas.

Con la trayectoria anterior, fui asumiendo poco a poco que mi situación era grave, de alto riesgo, un cáncer sin paliativos, quedando tan solo el diagnóstico final, que llegó el 17 de diciembre después de tanto desconcierto anímico y ardiente impaciencia en términos nerudianos.

Llegó ese día. Quinta especialista, que de por sí me desconcertó por este trasiego de profesionales que salvaba una y otra vez por mi principio de confianza en los profesionales del Sistema Sanitario Público de Andalucía, su alma, que tanto aprecio y defiendo ante su desmantelamiento progresivo por parte del gobierno actual, con un apoyo transversal por disponer todos ellos de una herramienta informática, el Sistema de información Diraya (conocimiento, en árabe, según Averroes), algo que me consolaba siempre en cada consulta, porque sabía que allí estaba mi historia de salud digital, en tiempo real, en alta disponibilidad, 24x7x365. El encuentro fue muy correcto, breve y bueno, porque se cerraba una etapa muy complicada seis meses después desde que comenzara esta travesía tan especial. Allí me ratificó el diagnóstico, adenocarcinoma de próstata localmente avanzado, de alto riesgo. Me explicó el esquema del tratamiento a seguir, siempre en siglas, que poco a poco he ido digiriendo con resignación esperanzada en clave de curación: STAMPEDE, RTE+TDA+Abiraterona 2 años. El día siguiente comencé el tratamiento y me informé detalladamente de cada sigla que me acompaña desde entonces.

Una observación en este relato: creo que he firmado tres “consentimientos informados”, un eufemismo en toda regla, porque siempre me daban este documento con unas cinco páginas cada uno, dobladas por la página de la firma, a lo que siempre contesté que quería saber antes qué firmaba, porque allí se explicaba de forma pormenorizada qué me iban a hacer, posibles complicaciones y otros detalles, petición que resolvían sobre la marcha entregándome una copia para que lo leyera posteriormente. Creo que es una situación muy delicada y si es un consentimiento informado, se debería explicar todo el proceso antes de firmarlo casi de forma automática y nunca mejor dicho…, al entregarlo en blanco.

En este mar de incertidumbres, donde la vida está en juego, he recordado casi a diario mi etapa de creyente católico, apostólico y romano, que ya no es así, sobre todo la lección laica aprendida del Eclesiastés (3, 1-22), tomando conciencia de que en la vida hay tiempo de todo, viviendo con su espíritu finalista, aunque hay preguntas transcendentales que difícilmente tienen respuesta lógica: agregar años sin fin a la vida, diferenciarse de los animales al morir, porque somos polvo, y la soledad…, porque no hay acompañamiento posible para conocer lo que hay después de la vida, cuando abandonas la trascedencia religiosa de la fe de mis mayores, como decía Antonio Machado. Es decir, preguntas y problemas sin respuesta porque, paradójicamente, a esas cuestiones ya respondió hace siglos la persona que mejor conocía la comunidad, es decir, el más inteligente, el superdotado de entonces, el supuestamente más religioso, porque respondía a todos los problemas en los pueblos ribereños que hoy -véase la guerra en Irán- se debaten en guerras fratricidas. Se llamaba Eclesiastés. Cuando todo era silencio sin respuesta ante la adversidad, decía: mejor es caminar juntos que uno soloporque si te caes siempre habrá alguien que te levante. Muy inteligente. Había resuelto un gran problema para el presente y para el futuro de la inteligencia social de cada uno, sin discriminación alguna, para mi zaratán, por ejemplo.

Eclesiastés nos decía al comenzar el célebre capítulo 3 citado, que tenemos hasta 27 oportunidades para disfrutar del tiempo a lo largo de la vida, buscando siempre la felicidad, que también se vienen repitiendo desde que el mundo es mundo: nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra y paz. Casi nada, pero administrar esta carga vital, en su tiempo específico, es harina de otro costal. Por eso hay que ser consecuente con esta lista de hechos humanos, que no nos son ajenos y que rodean siempre a la felicidad o a sus contrarios, porque vanidad de vanidades, todo es vanidad y si no que lo demuestre nuestra capacidad de respuesta que cada uno tiene a las tres preguntas enunciadas anteriormente. O la respuesta concreta a mi zaratán, en estos momentos tan especiales de mi vida, porque no olvido ni un solo día que está ahí y sigue al acecho.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Diario de mi zaratán

Juan Ramón Jiménez, El zaratán, Méjico D. F., 1946

Sevilla, 10/III/2026 – 07:58 h UTC (CET+1)

Zaratán. Una palabra de origen árabe, que según el Diccionario de Autoridades (RAE, tomo VI, 1739) tiene un significado mantenido en el tiempo, como “un género de enfermedad de cancer, que dá à las mugeres en los pechos, el que les vá royendo, y consumiendo de tal suerte la carne, que por lo regular vienen à morir de esta enfermedad. Covarrubias dice es voz Arábiga, que en su Lengua significa lo mismo. Lat. Carcinoma, tis”. Este lema se ha modulado posteriormente hasta nuestros días, en la última versión del Diccionario de la Lengua Española (RAE: 23.ª ed., 2014), como voz “derivada del árabe hispánico saraṭán, y este del árabe clásico saraṭān, literalmente ‘cangrejo’”, con un significado rotundo: “cáncer de mama en la mujer”.

ZARATÁN, Diccionario de Autoridades, RAE, Tomo VI, 1739

Con estos antecedentes lexicográficos, recordé en días pasados y con motivo de un diagnóstico personal de cáncer de próstata (un zaratán redivivo) que me comunicaron en el pasado mes de diciembre, que Juan Ramón Jiménez, el inolvidable poeta moguereño y autor de Platero y yo, había publicado un relato, más bien una elejía [sic] andaluza, con este título, El zaratán, que leí por primera vez en un libro precioso del poeta, Por el cristal amarillo, que compré en Moguer hace ya cincuenta años en la Casa Municipal de Cultura “Zenobia y Juan Ramón”, hoy sede de la Casa-Museo y de la Fundación homónimas.

Moguer me ofreció siempre, en los años setenta del siglo pasado, una acogida de día y noche que no puedo olvidar. Por las mañanas, porque preparaba mis clases como docente en las Escuelas de Enfermería y Trabajo Social de Huelva, en un despacho en la citada Casa Municipal, gracias a Pepito, su guardián celoso y servicial, muy atento a que mi estancia allí fuera tranquila y segura, alejándome a veces del clamor infantil en las visitas de la mañana a la sala-biblioteca que existía en la planta baja de aquella época. Además, en el arco de la escalera del patio principal, leía todos los días un mensaje alentador y programático: Amor y poesía, cada día… Por las noches, porque me ofrecía conocimiento y libertad para comprender en sus recónditos bares, uno de ellos muy querido, La Parrala, lo que significaba tomar algo a modo de cena, siempre acompañado por personas que conocí a pie de barra. Sobre todo, Mateo, un hombre tosco y aguerrido, que hablaba todos los días con su caballo, en conversaciones imposibles, probablemente porque Platero lo había marcado de por vida, haciéndome partícipe de sus ilusiones y frustraciones diarias. Después, en un paseo iluminado siempre por los mensajes de personas y paredes de azulejos con pasajes de Platero y yo, me alojaba en el Hotel situado junto al Ayuntamiento, en una habitación que me asignaba el encargado-conserje, Pepe, que en su soledad sonora y amable, procuraba proteger mi estancia para que la vida me permitiera descansar como caminante que siempre pretendía hacer camino al andar.

Son recuerdos imborrables, porque el relato El zaratán que figuraba en el libro citado, que compré un día a Pepito, que él sacaba con esmero de un baúl, sellándolo con las firmas autógrafas de Zenobia y Juan Ramón Jiménez, quedó guardado en mi memoria de hipocampo, en mi alma de secreto, hasta que este acontecimiento personal ha traído a mi mente ese relato entrañable, excepcional, convirtiendo mi cáncer en mi zaratán particular, porque el simbolismo árabe podía apropiármelo en una ocasión tan transcendental: un cangrejo acechaba mi vida.

Cuando leí por primera vez esta elejía andaluza, me conmovió profundamente, porque al protagonista lo identifiqué inmediatamente como el poeta cuando sólo tenía trece años, utilizando un heterónimo, Josefito Figuraciones, su alter ego de la infancia, Juanito Figuraciones, como le llamaba cariñosamente su madre, en sus primeros años de vida en Moguer. Supe desde el principio que Juan Ramón Jiménez me regalaba unas páginas inolvidables de su infancia, en su pueblo, con una experiencia de amor adolescente hacía Cinta Marín, la gran protagonista de la historia, su amada en sueños, una viuda muy joven enferma de cáncer, por un zaratán que Josefito pretendió acabar con él de todas las formas posibles y que la presentaba con estas palabras:

«—TIENE un zaratán.

—Lo tiene en el pecho.

—Se le está comiendo viva ese maldito zaratán.

Josefito Figuraciones veía a Cinta Marín con el zaratán en el pecho, entre los pechos, enmedio del pecho blanco, blanco de leche. Porque la mejilla de Cinta, su mano, su muñeca eran blancos mates de leche. Y ella se miraría el zaratán rojo en su pecho blanco, con sus ojos negros”.

Esta elejía se publicó en Madrid por primera vez en el diario El Sol, el domingo 12 de enero de 1936, editándose posteriormente en formato libro en 1946, en México, con 19 grabados de Alberto Beltrán, autorizados de forma extraordinaria por el poeta, que no acostumbraba a introducir ilustraciones en sus obras.

He vuelto a leer El zaratán, siguiendo la cronología exacta de las dos primeras publicaciones, que guardo como oro en paño en mi biblioteca, mi clínica del alma, a la que he acudido estos días por razones especiales, nunca mejor dicho. Sobre todo la edición original mexicana, publicada en mayo de 1946, como número 20 de la colección “Lunes” y editada por los hermanos Pablo y Henrique González-Casanova. Estas lecturas me han inspirado para escribir este diario de mi zaratán personal, que publicaré por entregas en este cuaderno digital a partir de hoy, quedándome con una idea que he asimilado de nuevo como hilo conductor de mi experiencia personal a la hora de enfrentarme a un zaratán al que el Sistema Sanitario Público de Andalucía me ayuda a curar con el buen hacer de sus profesionales, en mis figuraciones, tal y como soñaba el adolescente juanramoniano del relato, para convertirme en un Perseo redivivo, Persefito, dispuesto a luchar contra mi zaratán y vencerlo para siempre.

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NOTA: A quien se anime a leer “El Zaratán”, conociendo la dificultad para acceder a las ediciones citadas, le recomiendo una edición de la Fundación Juan Ramón Jiménez, publicada en 1990, cuidada con esmero por un poeta al que conozco y aprecio, Juan Cobos Wilkins, sobre todo porque el extenso prólogo, escrito por Arturo del Villar, ayuda a comprender bien esta bella obra, una “figuración”, como él explica. También, pueden leer una edición, publicada en Huelva en 2017, por la editorial Niebla, que valoro positivamente, en la que se incorporan los 19 grabados de la edición de Méjico de 1946.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Si puedes soportar oír la verdad, tergiversada por villanos para engañar a los necios…

Sevilla, 7/III/2026 – 10:24 h UTC (CET+1)

Ante la situación de desorden geopolítico mundial que estamos atravesando y por una encrucijada personal que estoy viviendo estos días, recuerdo hoy un poema precioso de Rudyard KiplingSi, que sigue siendo un exponente claro de la dialéctica de la vida, en la clave que aprendí también hace ya muchos años del filósofo francés Blaise Pascal. Al final, todo es diversión o compromiso en la vida personal e intransferible, porque… esa es la cuestión. Y confieso que siempre he optado por l´engagement (el compromiso), tal y como se conocía históricamente en su correcto francés de cuna.

Por ello, creo que es importante volver a leer ese poema completo para comprender bien que en la vida hay tiempo de todo, viviendo con el espíritu finalista del Eclesiastés, aunque hay preguntas transcendentales que difícilmente tienen respuesta lógica: agregar años sin fin a la vida, diferenciarse de los animales al morir, porque somos polvo, y la soledad…, porque no hay acompañamiento posible para conocer lo que hay después de la vida, cuando abandonas la trascedencia religiosa de la fe de mis mayores, como decía Antonio Machado. Es decir, preguntas y problemas sin respuesta: “Paradójicamente, a esas cuestiones ya respondió hace siglos la persona que mejor conocía la comunidad, es decir, el más inteligente, el superdotado de entonces, el supuestamente más religioso, porque respondía a todos los problemas en los pueblos ribereños que hoy -véase la guerra en Irán- se debaten en guerras fratricidas: el Eclesiastés. Cuando todo era silencio sin respuesta ante la adversidad, decía: mejor es caminar juntos que uno solo, porque si te caes siempre habrá alguien que te levante. Muy inteligente. Había resuelto un gran problema para el presente y para el futuro de la inteligencia social de cada uno, sin discriminación alguna”. Por eso es importante releer una y mil veces a Kipling y situarse en cualquiera de sus condicionales.

Hoy he elegido uno en concreto, porque traduce muy bien esa dialéctica, más cuando la has vivido personalmente:

Si puedes soñar sin que los sueños te dominen;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes encontrarte con el Triunfo y el Desastre,
y tratar a esos dos impostores de la misma manera.
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,
tergiversada por villanos para engañar a los necios.
O ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida,
y remangarte para reconstruirlo con herramientas desgastadas.

Sueños, pensamientos, sentimientos, Triunfo y Desastre, la verdad, manipulación, destrucción, volver a empezar, enfermedades, ave fénix, etc., son elementos que nos acompañan en muchos momentos de la dialéctica de la vida, porque es la marca del “natural” humano, que decía un querido profesor mío, la condición humana de Camus, sobre todo porque la gracia nunca puede presuponer lo que la naturaleza no da, que en latín suena maravillosamente: gratia non datur, natura dispensatur.

SI
Edición de Si por Doubleday Page and Company, Garden City, New York, 1910.

Kipling finaliza el análisis de todos sus condicionales con un presagio hermoso, sobre todo cuando lo vives así como ejemplo para cualquier hijo de los que en este mundo han sido (y serán), en una carrera desenfrenada a veces, buscando siempre la felicidad en un viaje hacia alguna parte, aunque la dialéctica de la vida de cada uno, de cada una, siga agregando momentos mágicos, irrepetibles, sabiendo que el tiempo huye siempre con un condicional implacable que nos recuerda todos los días que hay que vivirlo, no solo pasarlo…:

Si puedes llenar el implacable minuto,
con diligente labor por valor de sesenta segundos

Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más: ¡serás un Hombre, hijo mío!

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¡Paz y Libertad!

No olvido a Joan Margarit, porque aprendí de él que ‘la libertad es una librería’

Joan Manuel Serrat y Ana Belén, durante su intervención en el acto de homenaje a Joan Margarit / Instituto Cervantes, 18/II/2026

Es la razón de nuestra vida / La razón de los viejos, matizamos ahora / La libertad es un extraño viaje / La libertad es hacer el amor en los parques. / Es morir libre… / Las palabras República y Civil. / La libertad es una librería. / Ir indocumentado. / Las canciones prohibidas. / Una forma de amor … la libertad.

Joan Margarit, Libertad

Sevilla, 19/II/2026 – 13:38 h UTC (CET+1)

Ayer ofreció el Instituto Cervantes un homenaje al poeta  Joan Margarit (1938–2021), en el quinto aniversario de su fallecimiento, con el lema Así que pasen cinco años / En memoria de Joan Margarit, presentado por Luis García Montero, director del Instituto, en el que participaron Joan Manuel Serrat, Ana Belén y Miguel Poveda, entre otros representantes culturales, tales como la librera Lola Larumbe, el periodista Juan Cruz, el crítico literario Jordi Gracia, así como la hija del poeta, Mònica Margarit.

Ana Belén y Joan Manuel Serrat recitaron los siguientes poemas de Margarit: Dona de primavera / Mujer de primavera; Autoretrat / Autorretrato; Tancant l’apartament de la platja / Cerrando el apartamento de la playa; Voldran que et moris / Querrán que te mueras y La muntanya més alta / La montaña más alta. El cantor Miguel Poveda interpretó un poema de Margarit, No te veré más / No et veuré més (1), que conoce bien y con su habitual sentimiento.

No olvido en este recuerdo tan emotivo, las palabras que dediqué al poeta con motivo de su fallecimiento, el 16 de febrero de 2021, Joan Margarit o la dignidad de no asustarnos de nuestro destino, que vuelvo a publicar hoy, porque sigo defendiendo su concepto de libertad, expresado en un poema homónimo, del que destaco siempre un verso profundo: la libertad es una librería.

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Joan Margarit o la dignidad de no asustarnos de nuestro destino

Miguel Poveda canta a Joan Margarit – Telediario RTVE / 16/II/2021

Sevilla, 17/II/2021

No me gustan los panegíricos ni los efluvios cantores cuando una persona nos deja para siempre. Ayer falleció el poeta Joan Margarit, no conocido por mí como merece, pero le tengo un gran respeto a su vida y obra poética y arquitectónica, aunque no se sabe bien cual fue antes. Anoche, intenté seguir de cerca la letra de su poema No te veré más (1) que interpretó excelentemente el cantor Miguel Poveda, con el sentimiento que le caracteriza, como cierre de las noticias del día en el informativo de la noche de RTVE, la televisión pública que, una vez más, tuvo altura de miras en su edición y realización:

Es la piel violeta de una noche
Que dejamos pendiente.
Tu silencio suena como un saxo
De oro negro al fondo de los días sin ti.
Como jadea en tu pecho el contrabajo,
Y el flanco cálido de oscuridad
Que por siempre soñaré avanzando
Con mi mano lenta hacia ti.
Músicos en la penumbra, instrumentos de oro
En las bocas lilas: ya, la vida
Nunca más me devolverá lo que me he jugado
En tu cuerpo desnudo desde que fuiste una fiesta
Sólo queda, al piano, un negro ciego,
Nuestro amor.
Toca solo en este poniente de oscuridad
Y mi sueño se adormece en sus dedos.

Bellas palabras para un triste momento. Sólo recuerdo ahora las respuestas que dio en 2019 a Babelia, dos semanas después de recibir el prestigioso Premio Cervantes, porque sintetizaba muy bien su pensamiento y sentimiento, donde siguiendo a Rafael Alberti descubrí aquel día que escuchaba siempre al corazón, porque en esa dialéctica sabía que era más fuerte que el viento. Él dijo que lo que le hizo querer ser poeta fue el amor, porque “con 17 años me enamoré de una chica y le escribí el único poema mío que me sé de memoria (y el único que nunca he recitado ni recitaré en público). Que le hubiera gustado escribir, como poema ajeno, Un español habla de su tierra, de Luis Cernuda. Que le hubiera gustado ser Neruda, de joven, porque “me influyó tanto que, si me descuido, se me come y dejo de existir como poeta”. Sorprendentemente y ante la pregunta “De no haber tenido la arquitectura como oficio y la poesía como vocación, ¿qué habría sido usted?”, contestó de forma tajante: “¡Nada! Me temo que un vago, un mendigo o un aprovechado». Confesó que utilizaría como autorretrato Les feuilles mortes, cantada por Yves Montand y que tarareó en ese momento: “Oh! je voudrais tant que tú te souviennes”. Pensaba que “todo lo social está sobrevalorado. Lo único que tiene verdadero valor es lo individual, lo personal, lo secreto”. Y también respondió a una pregunta, entre otras, que cobra hoy plena actualidad: “¿Una solución para el problema catalán? Tengo 81 años y ya no veré esa solución… Cuando dos discuten, tiene más culpa el que más poder tiene. Dicho esto, ni los políticos catalanes ni los españoles han hecho nada durante años para que pudiera solucionarse».

Este retrato de Margarit me parece entrañable y esclarecedor. Seguiré leyendo con respeto su obra porque es el mejor homenaje que le puedo hacer a partir de ahora, sabiendo que no le veremos más pero que lo recordaremos siempre. Sobre todo por su concepto de la dignidad: “Por lo que a mí respecta, en este otro exilio que es, por su propia naturaleza, la etapa final larga o corta de la vida, siento que yo soy mi propio interlocutor. Ahora, ya no se está a tiempo de improvisar, debo haber hablado ya, desde hace mucho tiempo, con los sabios antiguos o modernos para que, efectivamente, y en muchas ocasiones a través de mis propios poemas, pueda reencontrarme conmigo mismo en el territorio de la dignidad. La dignidad de no asustarme de mi destino” (2).

(1) Margarit, Joan (2003). Poesía amorosa completa. Madrid: Hiperión.

(2) Joan Margarit, del epílogo a No estaba lejos, no era difícil, Visor libros, col. Palabra de honor, Madrid, 2011.

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¡Paz y Libertad!

Todos nuestros asuntos diarios son políticos

Wislawa Szymborska, Poesía no completa

Sevilla, 7/II/2026 – 09:57 h UTC (CET+1)

El negacionismo político actual es una realidad muy preocupante para la democracia de un país, situación de la que no escapa el nuestro. Creo que todos estamos rodeados de personas que afirman, sin pestañear, que ellas “no son políticas”, alardeando de avisar en encuentros familiares o de amigos, que “aquí no se habla de política”. También existen derivadas clásicas del tipo “todos los políticos son iguales”, es decir, lo peor de lo peor y como justificación de su negacionismo activo. Y el estrambote final se puede resumir en lo que llamo el Partido Abstencionista en nuestro país, claro ganador en las elecciones generales o autonómicas, por ejemplo, que obtiene mayorías absolutas, probablemente porque es el momento de proclamar que “no son políticos”, entendiendo que votar “es el acto político por excelencia”.

No olvido el resultado de las últimas elecciones generales de 2023, en las que la abstención fue del 36,09% del censo electoral, lo que sumó un total de 12.822.326 personas que no emitieron su voto, sobre un total de 35.535.887 electores, sacando una gran distancia sobre los datos del partido vencedor, que obtuvo un 31,50% del total de electores, hasta alcanzar la cifra de 7.046.634 votantes. O lo que ocurrió en Andalucía en las elecciones de 2022, donde lo que llamo “Partido Abstencionista de Andalucía”, “obtuvo” 2.647.810 votos, es decir el 41,64% del total del censo electoral total. Una “mayoría” aplastante.

Ante este panorama, bastante desolador, he vuelto a leer pausadamente Hijos de la época (1), un poema de la poeta, ensayista y premio Nobel de Literatura 1996, Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia, 1923), que resume bien algo que es la quintaesencia de la vida ordinaria, la realidad incuestionable de que todo es política, se mire como se mire o se viva, porque la época en la que nos ha tocado vivir también es política:

Somos hijos de la época,

la época es política.

Todos tus asuntos, los nuestros, los vuestros;

asuntos diurnos, asuntos nocturnos, son asuntos políticos.

Quieras o no quieras,

tus genes tienen un pasado político;

la piel, un matiz político;

los ojos, un aspecto político.

Lo que dices, así suena,

lo que callas, también suena,

de cualquier forma, político.

Caminando por el bosque, por la selva,

son políticos tus pasos

sobre un fundamento político.

Los poemas apolíticos son políticos también.

y arriba brilla la Luna,

un objeto no lunático.

Ser o no ser, ésa es la cuestión.

Qué pregunta, contéstame, cariño.

Una pregunta política.

No es necesario siquiera que seas un ser humano

para cobrar importancia política.

es suficiente que seas petróleo,

forraje o materia reciclada.

O una mesa de debates sobre cuya forma

se ha discutido varios meses:

¿dónde negociaremos sobre la vida y la muerte?,

¿en una redonda o en una cuadrada?

Mientras tanto, ha muerto gente,

han muerto animales,

han ardido casas,

y se han perdido campos de cultivo,

como en los tiempos antiguos

y menos políticos.

Una observación final, de acuerdo con lo expuesto anteriormente: las personas apolíticas, son políticas también. Y que llueva tanto… y cómo se avisa sobre sus consecuencias y atiende a los damnificados, también es política.

(1) Szymborska, Wislawa, Poesía no completa, Madrid: Fondo de Cultura Económica de España, 2008. Traducción: Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia.

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¡Paz y Libertad!

Como siempre, en tu feliz cumpledías, averiguando la alegría del mundo al revés

Luz López y Mario Benedetti / Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez

Sevilla, 29/I/2026 – 09:08 h UTC (CET+1)

Dedico hoy estas palabras, que aún me quedan en un momento especial de mi vida, a una persona que me acompaña desde hace ya cuarenta y tres años, María José, en su cumpleaños y cumpledías anual, con la calidad que manifestó Mario Benedetti en su poema Como siempre, en su fondo y forma, sintiendo al mismo tiempo la influencia en él de Luz  López, su compañera de vida, recordándome también que en este día María José ha recorrido ya un camino vital de setecientos ochenta meses en su cumpledías vital, aplicándole hoy las palabras de su poema en primera persona, porque así lo he leído una y otra vez en lo más íntimo de mi propia intimidad agustiniana, adaptándolo a nuestras circunstancias, que diría Ortega y Gasset.

Como siempre

Aunque hoy cumplas
trescientos treinta y seis meses
la matusalénica edad no se te nota cuando
en el instante en que vencen los crueles
entrás a averiguar la alegría del mundo
y mucho menos todavía se te nota
cuando volás gaviotamente sobre las fobias
o desarbolás los nudosos rencores
buena edad para cambiar estatutos y horóscopos
para que tu manantial mane amor sin miseria
para que te enfrentes al espejo que exige
y pienses que estás linda y estés linda
casi no vale la pena desearte júbilos y lealtades
ya que te van a rodear como ángeles o veleros
es obvio y comprensible
que las manzanas y los jazmines
y los cuidadores de autos y los ciclistas
y las hijas de los villeros
y los cachorros extraviados
y los bichitos de san antonio
y las cajas de fósforo
te consideren una de los suyos
de modo que desearte un feliz cumpleaños
podría ser tan injusto con tus felices
cumpledías
acordate de esta ley de tu vida
si hace algún tiempo fuiste desgraciada
eso también ayuda a que hoy se afirme
tu bienaventuranza
de todos modos para vos no es novedad
que el mundo
y yo
te queremos de veras
pero yo siempre un poquito más que el mundo.

Es verdad, cambiando lo que hay que cambiar en el poema para adaptarlo a la realidad de ella, porque esta edad que alcanza hoy, en este mundo al revés, “no se le nota cuando en el instante en que vencen los crueles entra a diario a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores. Ha alcanzado una buena edad para cambiar estatutos y horóscopos, dejando que su manantial mane amor sin miseria”. También vuelvo a tener presente a Juan Ramón Jiménez, tan próximo, el poeta con el que compartí su casa de juventud en Moguer durante algún tiempo, junto a ella y nuestro hijo Marcos, que escribió unas palabras hace más de cien años que rescato hoy en la celebración de este cumplevidas, concretamente en una bella introducción a su querido diario (1), recogidas del sánscrito -¡ay, la influencia de Zenobia Camprubí!-, porque resumen perfectamente la atención que debemos prestar a cada día, espacio y tiempo en el que se desarrolla la vida personal e intransferible de cada uno y las compañeras de vida, por ejemplo Luz, Zenobia y María José:

¡Cuida bien de este día! Este día es la vida, la esencia misma de la vida. En su leve transcurso se encierran todas las realidades y todas las variedades de tu existencia: el goce de crecer, la gloria de la acción y el esplendor de la hermosura.

El día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. ¡Cuida bien, pues, este día!

En este cumpleaños, cumpledías y cumplevidas, sólo sé que los dos hemos perseguido sueños que hoy no quiero olvidarlos, ni siquiera un momento, porque no quiero dejarme apesadumbrar por la desmemoria, ni dejar de soñar despierto como tantas veces he escrito en este cuaderno digital. Hoy, sólo quiero cantar la canción de los soñadores (Waldo Leyva, poeta cubano), entrando a diario a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores (Benedetti), porque sé que el día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. Por esas razones, sueños en definitiva, sé que lo que aprendí un día ya lejano de Juan Ramón Jiménez, ¡Cuida bien, pues, este día!, es lo que nos permite seguir viviendo, porque un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. Sé que el fin no es tocarlos, como a las rosas, sino perseguir los sueños de felicidad y esperanza. Sólo eso. ¡Ah!, junto a Benedetti, no olvido tampoco un mensaje para María José que, como siempre, mantengo vivo:

[…] de todos modos para ti no es novedad / que el mundo / y yo / te queremos de veras / pero yo siempre un poquito más que el mundo.

(1) Jiménez, Juan Ramón, Diario de un poeta recién casado (1916), 2005. Madrid: Alianza Editorial.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!