Cuando ya no se espera nada personalmente exaltante

Gabriel Celaya (Hernani, 1911- Madrid, 1991)

Cuando ya no se espera nada personalmente exaltante,
más se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
con un pulso que golpea las tinieblas,

Gabriel Celaya, en La poesía es un arma cargada de futuro

Sevilla, 6/VII/2024

Hoy he vuelto a encontrarme con la poesía combativa de Gabriel Celaya, leyendo una crítica de cine escrita por Carlos Boyero, a quien sigo en esta bella proyección cultural. Precisamente, porque inicia sus palabras con una frase de un poema de Gabriel Celaya, «Cuando ya no se espera nada personalmente exaltante», que resume bien hasta qué punto el hartazgo sobre lo que está pasando y estamos viendo a diario, satura nuestras almas inquietas, no conformistas. Por esta razón, abro mi cuaderno digital por la página dedicada en agosto del año pasado a este excelso poeta, a quien tanto aprecio, porque le dediqué un pequeño homenaje a uno de los poemas que más me ayudó a comprender el compromiso social en nuestro país, en los tiempos difíciles de la dictadura, «La poesía es un arma cargada de futuro», con un objetivo claro: que no se me olvide, ni siquiera un momento. Hoy, rescato lo esencial de aquellas palabras siguiendo mis pasos en la escritura circular, que también existe, trayéndola a este aquí y ahora, que decían los clásicos. Tengo que reconocer que me reconforta como si fuera la primera vez que leo este precioso poema de Celaya, tan actual, tan presente, tan necesario y tan vivo.

La poesía es un arma cargada de futuro, poema de Gabriel Celaya (Hernani, Guipúzcoa, 1911 – Madrid, 1991), musicalizado e interpretado por Paco Ibáñez.

Gabriel Celaya y su poesía, un arma cargada de futuro en el presente agosto

Sevilla, 8/VIII/2023

Agosto sigue muy presente en la memoria histórica y democrática de la cultura. Un ejemplo lo tenemos en Miguel Hernández, cuando impartió una conferencia en el Ateneo de Alicante, el 21 de agosto de 1937, con el título  “La poesía como un arma”, que suponía una elocuente declaración de principios: “La poesía es para mí una necesidad y escribo porque no encuentro remedio para no escribir. La sentí, como sentí mi condición de hombre, y como hombre la conllevo, procurando a cada paso dignificarme […]. En la guerra, la escribo como un arma, y en la paz será un arma también, aunque reposada” (1). Si traigo a colación esta cita es porque hoy quiero dedicar unas palabras especiales a la poesía social de Gabriel Celaya, simbolizada en el poema La poesía es un arma cargada de futuro, publicado en 1955 (2), que se considera prototipo de ella, denostado muchas veces por algunas voces críticas, pero alabado en numerosas ocasiones por quienes se han acercado y se acercan hoy a él salvando su texto y contexto personal y social:

Cuando ya no se espera nada personalmente exaltante,
más se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
con un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades,
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo de prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse
.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica, qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía–herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.

La verdad es que sobrecoge la lectura de este poema, en un género literario que muchos consideran inútil, porque para ellos es una mera contemplación burguesa de lo que está pasando, a través de bellas palabras, pero sin mezcla de compromiso personal y social alguno, aunque personalmente comprendo muy bien y comparto abiertamente la tesis mantenida en el tiempo, que expresó de forma magistral Nuccio Ordine, sobre la utilidad de lo aparentemente inútil, a lo largo de sus obras más significativas.

Es verdad, también, que la poesía no sólo es un arma de futuro, sino de presente, que puede y debe transformar la sociedad a través de la palabra, que en definitiva puede ser “útil” en el mundo actual frente al estereotipo que se le cuelga muchas veces de “inútil”. Luis García Montero, poeta y escritor al que aprecio y admiro, lo resumió perfectamente en un artículo que no olvido (3): “Por respeto a la poesía, debemos negarnos a que se convierta en una carta blanca para decir o escribir tonterías. Se puede estar en contra de la hostilidad de John Locke contra la poesía, sin caer en la trampa de despreciar lo útil. Me parece más interesante afirmar, contra los gobernadores y los buitres del negocio, que la poesía es tan útil como la ciencia o la técnica. El asunto no es superficial. Está en juego el espacio del saber democrático. El libro de Nuccio Ordine [La utilidad de lo inútil] da suficientes datos para abandonar la vieja polémica entre letras, ciencias y técnica. Es una inercia reaccionaria el desprecio de las ciencias y las letras. Conviene tenerlo claro para afirmar después que es también muy reaccionario despreciar el saber humanístico. Estamos hablando de cosas decisivas, como los programas de estudio, las universidades y la educación”. Queda claro en estos momentos tan delicados en el país, por el desprecio a la cultura y la censura galopante que ejercen las derechas, de teórico centro y ultras, autodenominadas “gentes de bien”, ante el resto, el populacho, que somos según ellos millones y, por supuesto, gente de mal: la poesía debe ser un arma para transformar el presente, que construye el mejor futuro de un país.

Entiendo así, mejor que nunca, las palabras de Celaya en el poema citado hoy como ejemplo: Maldigo la poesía concebida como un lujo / cultural por los neutrales / que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. / Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse, porque su poesía No es una poesía gota a gota pensada. / No es un bello producto. No es un fruto perfecto. / Es algo como el aire que todos respiramos / y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos. / Son palabras que todos repetimos sintiendo / como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. / Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. / Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos. Así lo dejó escrito y así lo comparto, para el presente y para la posteridad, una sucesión de presentes útiles.

(1) cargada_bague_PASAVENTO_2017_V5_N2.pdf (uah.es)

(2) Celaya, Gabriel,  (1969), en Cantos íberosPoesías completas, Madrid: Aguilar, 1969.

(3) La utilidad de lo inútil por Luis García Montero (infolibre.es)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Lo aprendí de personas de nombre Juan

Camarón de la Isla, interpretando Viejo Mundo, en su obra magna, La leyenda del tiempo, 1979

Sevilla, 24/VI/2024

Muchas personas llevan en nuestro país el nombre de Juan o Juana, en sus diferentes versiones, vinculadas en la celebración de su “santo “ al Bautista (24 de junio) o al Apóstol (27 de diciembre) -quien lo celebre a estas alturas de la supuesta laicidad del Estado-, como símbolo de una tradición multisecular que se perdió hace ya muchos años, cuando se decidía en el seno de cada familia el nombre de los hijos e hijas porque era un programa o proyecto de vida, es decir, el nombre encerraba en sus letras y grafía una historia personal y colectiva, familiar, que siempre se debía contar. Llevaban con mucho orgullo su nombre, su Vida. Era un momento apasionante que daba pleno sentido a la vida propia y a la de los demás.

En este contexto, repaso mi agenda para localizar y felicitar a amigos y amigas, también a maestros y maestras de vida que llevan este nombre, cada uno, cada una, con su estela. Sin dejar a nadie atrás, tengo presente hoy a un poeta llamado Juan Ramón Jiménez, que me mostró en su obra maestra, Platero y yo (Domingo, LXVIII), la existencia de otro poeta, matemático y astrónomo, Omar Jay´yam (1057-1123), al que leía bajo un árbol lleno de pájaros que no se iban, refrendado en su esencia, años más tarde, por un investigador andaluz de otros mundos, Marte, también de nombre Juan, Pérez Mercader por más señas, que me dio a conocer unas reflexiones de Jay´yam a través de Camarón de la Isla, interpretando una bulería, Viejo Mundo, con letra adaptada por Kiko Veneno, en una obra sublime para “escuchaores” de flamenco, La leyenda del tiempo, publicada en 1979.

En 2006, ese maestro, de nombre Juan Pérez Mercader, culminó su intervención magistral sobre un planeta cada día menos lejano, “La exploración de Marte en el siglo XXI”, a la que asistí como alumno privilegiado, con una canción de Camarón, Viejo Mundo, destacando una estrofa con versos de Jay´yam, pura esencia de sus Rubaiyat:

El mundo es un grano de polvo en el espacio
La ciencia de los Hombres, palabras
Los pueblos, los animales y las flores de las siete colinas,
Son sombras de la nada.

Con este sentimiento de la relativa importancia de nuestras vidas, formando parte de ese grano de polvo en el espacio, del que desgraciadamente nos adueñamos día a día, maltratando a la Madre Naturaleza hasta hacernos los unos a los otros la vida imposible, sólo me quedan palabras para recobrar la importancia de los nombres de personas que nos aportan casi todo en la vida, con palabras tan bellas como las del poeta de Moguer, las de un astrofísico que investiga sobre el más acá de la vida o la forma de transmitir Camarón el significado de la humildad humana para cantarla a la posteridad. Todos con un nexo común, las bellas palabras de Omar Jay´yam.

Además, en el caso del nombre Juan, porque sé lo que significa, lo que ha perdurado a lo largo de los siglos, cuando ponerlo era una tarea encomendada a padres y abuelos, sentados hace miles de años en las orillas de los ríos Tigris y Éufrates, en la actual Irak, preparando el gran acontecimiento del nacimiento de los nuevos descendientes de sus familias, porque los nombres que debían llevar no eran inocentes sino un programa de vida para formar parte de la genealogía familiar. Me parece una aventura extraordinaria, que se debería rescatar como lección de la historia para cada uno, cada una, para todos. 

Lo que he recordado son impecables proyectos de vida, según la historia, de personas de nombre Juan, que siguen siendo necesarios e imprescindibles. La historia sigue siendo una gran maestra de vida. Para que no se olvide, ni siquiera un momento y expresado hoy en palabras de felicitación dedicadas a las personas que conozco, de nombre Juan o Juana, cuyo nombre en hebreo, Yohanan, su “programa de vida”, significaba que “iba a tener el corazón cerca de los que menos tienen”, porque Dios era “miseri-cordioso” (así, con guion) con la familia que “ponía ese nombre” y porque siempre “estaría cerca de ellos”, porque era su protector. 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Europa siempre ayuda a levantarnos ante la adversidad

Sevilla, 9/VI/2024

Sigo defendiendo la tarea diaria de cumplir un sueño: ser andaluz en Europa, no sin ella, construyendo un mundo local diferente, basado en el respeto a los derechos sociales para compartir educación, salud, servicios sociales e ilusiones íntimas en igualdad, es decir, sueños. Con la ayuda de Europa, a la que Andalucía debe tanto, porque con el dinero europeo compartido hemos podido construir y mantener, por ejemplo, la historia de salud mejor contada en mi Comunidad, la historia digital de Salud, “Diraya”, conocimiento en nuestra lengua, una palabra que aprendí de Averroes cuando la defendió hace ya varios siglos, desde Andalucía, frente a la tradición, riwaya, que nunca frecuenta el futuro.

Hace diez años, en un día en el que también se celebraban las elecciones europeas, escribí un artículo, Europa se levanta, que tiene hoy todo su sentido, cuando sólo faltan unas horas para saber si Europa se puede levantar con nuevos programas políticos, urgentes y necesarios, que llevarán a cabo las personas que tendrán el encargo, por mayoría, de ejecutarlos. Es una oportunidad de iniciar ahora un camino diferente al actual, donde tenga cabida el cumplimiento de objetivos para una Europa diferente, donde los valores educativos y sociales, con el denominador común de trabajo para todos, dando acogida a la inmigración desesperada tal y como lo contemplamos a diario en los medios de comunicación, permita vislumbrar una forma diferente de ser en Europa, en España, en Andalucía. 

En aquella ocasión, recordaba una película maravillosa, El viento se levanta, dirigida por Hayao Miyazaki, un maestro de la animación, que culminaba su carrera con el Oscar que le otorgaron en la edición de 2014. Está basada en una obra homónima del escritor japonés Kaze Tachinu(The Wind Has Risen (風立ちぬ?), 1936–37), que da vida a un poema de Paul Valéry, Le cimetière marin (El cementerio marino), que comienza con esta frase:

“Le vent se lève! . . . il faut tenter de vivre!
L’air immense ouvre et referme mon livre,
La vague en poudre ose jaillir des rocs!
Envolez-vous, pages tout éblouies!
Rompez, vagues! Rompez d’eaux réjouies
Ce toit tranquille où picoraient des focs!” 

El mensaje de la película se centra en la posibilidad que tiene el ser humano de lograr que se cumplan los sueños, siempre que se actúe de forma consecuente con tales deseos, a base de constancia, con esfuerzo diario, sorteando dificultades, pero sobreponiéndose a las mismas, en una dialéctica permanente de amor/odio, alegría/tristeza, superación, caídas… Es lo que ocurre al ingeniero Jirō Horikoshi, el niño protagonista de esta bella historia que sueña con ser piloto, pero ante la miopía que sufre y que le impedirá serlo, busca la alternativa a su realidad física, utilizando su inteligencia para construir aviones, no pilotarlos. Y aviones para un doble uso, donde el ser humano tiene que decidir sobre su función final, con la paradoja de que también pueden destinarse para hacer la guerra, no el amor, como le sucedió a él.

Ya se lo dijo en sueños un día Giovanni Battista Caproni, el gran diseñador italiano de aviones: «Escúchame, muchacho japonés. Los aviones no son una herramienta para la guerra, ni un negocio para ganar dinero. Los aviones son hermosos sueños y los ingenieros hacemos realidad esos hermosos sueños».

Me gustaría hoy soñar con una Europa diferente, porque es posible, siempre que seamos conscientes de que el voto particular de cada europeo, siendo más de 360 millones de votantes, es necesario para que se pueda seguir construyendo un mosaico de dignidad humana, en el que tengan cabida los sueños de cada uno, superando invasiones, migración, falta de trabajo diario, problemas agrarios, altibajos de la economía, contrapuntos en el amor y en la familia, fracasos personales y colectivos, equivocaciones y mezquindad humana. De esta forma, hoy, 9 de junio de 2024, día de las elecciones europeas, podríamos entender mejor el poema de Valéry, el hilo conductor de la película de Miyazaki y la vida de su estrella invitada: Jirō Horikoshi:

Me atrevería a decir hoy, con el espíritu de Valéry, que:

¡Europa se levanta…! ¡hay que intentar vivir en ella!

El viento de la crisis ha abierto y cerrado muchas páginas
en los libros de nuestras vidas.

¡Aprovechemos la fuerza del viento de las elecciones, en esta nueva etapa, para levantarnos e iniciar una nueva vida!

Es verdad: Europa es un hermoso sueño.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Piedad Bonnett nos ha enseñado que las cicatrices son las costuras de la memoria

Piedad Bonnett (Amalfi, Colombia, 1951)

Sevilla, 4/VI/2024

En 2021 publiqué en este cuaderno digital unos versos sobrecogedores de la escritora y poeta colombiana Piedad Bonnett (Amalfi, Colombia, 1951), extraídos de un poema, Cicatrices (1), con motivo de la celebración del Acto de Estado de Reconocimiento y Memoria a todas las Víctimas del Terrorismo, celebrado el 11 de marzo del citado año en el Palacio Real de Madrid, en el Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo, recordando también a todas las personas que de una forma u otra lo han sufrido durante tantos años en nuestro país y con una fecha de referencia: el 11 de marzo de 2004, día del atentado de Atocha:

No hay cicatriz, por brutal que parezca,
que no encierre belleza.
Una historia puntual se cuenta en ella,
algún dolor. Pero también su fin.
Las cicatrices, pues, son las costuras
de la memoria,
un remate imperfecto que nos sana
dañándonos. La forma
que el tiempo encuentra
de que nunca olvidemos las heridas.

Si las recupero hoy en este artículo, es a modo de pequeño homenaje a esta escritora colombiana por haber obtenido ayer el XXXIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, concedido por la Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional, conjuntamente. En unas bellas palabras del poema citado, se recuerda lo que significan las cicatrices del terrorismo, por lo que representan como historia puntual en la vida de quienes lo han sufrido, aunque también pretenden simbolizar un fin de algo que pasó. Sin embargo, hay algo que perdura en el tiempo a modo de costuras de la memoria, que nos sana dañándonos, en una contradicción existencial que nos hace sufrir mucho. El tiempo, que huye a veces, nos permite recordar siempre las heridas del terrorismo, de cualquier acto -en definitiva- que prive la vida de los demás en nombre de nada y de nadie.

En el acto citado, envuelto con los versos de Piedad Bonnett, hubo momentos especiales que, transidos de la música y la danza, dejaron un recuerdo imborrable de cómo la cultura sana cuando la contemplamos como compañera de situaciones difíciles, para curar heridas también aunque dejen siempre cicatrices. Mas allá de los discursos, música y representaciones oficiales, quise reflejar en breves palabras el mensaje anterior sobre las costuras de la memoria, a través de la música interpretada por la Orquesta Nacional de España, dirigida por David Afkham, de una obra excelente como Lacrimosa, del Réquiem por Doña Bárbara de Braganza, reina de España, de José de Nebra (1758), con la participación del Coro Nacional de España.

Quizás, el momento más emocionante fue la actuación de Rubén Olmo, director del Ballet Nacional de España, como coreógrafo e intérprete de la danza “Resurgir del ave fénix”, con la música de fondo de “Amorosa”, una melodía vasca preciosa que forma parte de las “Diez melodías vascas”, de Jesús Guridi, interpretada también por la Orquesta Nacional de España. Vuelvo a ver aquellas imágenes, guardadas en mi memoria de secreto, sobretodo el gesto de dolor permanente de Rubén Olmo, en la interpretación maravillosa del ave fénix y sus sombras, blanco sobre negro, que sabe resurgir de las cenizas en las que nos convierte a veces la vida. Inolvidable su proyección al dolor humano por los actos de terrorismo.

Hoy, junto a la satisfacción por haber otorgado este país a Piedad Bonnett el XXXIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2024, comprendo mejor que nunca sus hermosas palabras: Las cicatrices, pues, son las costuras / de la memoria, / un remate imperfecto que nos sana / dañándonos. A ellas me debo ahora y siempre para respetarlas como ciudadano que ama la unidad y la paz en nuestro país. También, su memoria democrática.

(1) Bonnett, Piedad, Cicatrices, en Explicaciones no pedidas, Madrid: Visor de Poesía, 2011.

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UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad! 

En el trabajo diario, hay que ganar, junto al pan, la luz con el dolor de los ojos

Xulio Formoso: León Felipe

He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

León Felipe, en El dolor (Ganarás la luz1975)

Sevilla, 1/V/2024

En el día internacional dedicado al trabajo, me acerco de nuevo al gran poeta español León Felipe, para encontrar un sentido a una celebración que este año, de acuerdo con las grandes organizaciones sindicales del país, se dedica a la lucha para alcanzar grandes objetivos laborales: “por el pleno empleo, menos jornada y mejores salarios”, a los que hoy agrego uno especial: “más luz por el dolor que a veces contemplan nuestros ojos”. Como este país es muy dado a no reconocer sus propios éxitos, creo que de justicia recordar que la afiliación a la Seguridad Social, ha alcanzado una cifra notable, de récord en los últimos quince años, de 21 millones de afiliados, pero sigue teniendo el contrapunto del paro, que según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), se ha situado en el 12,3%, en el primer trimestre de 2024. Junto a esta realidad, no hay que olvidar las cifras sobre condiciones de vida en este país, fundamentalmente por ese paro lacerante, según la reciente Encuesta de condiciones de vida (ECV), referida a 2023 y elaborada por el Instituto Nacional de Estadística, cuyos resultados principales demuestran cuánto queda por hacer en relación con el trabajo digno para todos los ciudadanos y ciudadanas de este país. Ofrece datos que duelen, que nos hacen reflexionar sobre la imperiosa solidaridad que hay que demostrar a través de políticas sociales, las que se deben desarrollar por el Estado de Bienestar que defienda y proteja los gobiernos progresistas.

Si traigo hoy a colación, de nuevo, al poeta León Felipe, en un día tan especial, es porque la lectura de un poema suyo, El dolor, simboliza también el mejor homenaje a las personas que desean dar un nuevo sentido a la vida a través del trabajo digno, bien remunerado y desarrollado con todas las garantías de realización personal, más allá de reconocerse como meros “recursos humanos”, tal y como nos recordaba Eduardo Galeano, porque somos “seres humanos”, mucho más que nadies que necesitan trabajar a diario: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida… Con ojos que son fuentes del llanto y de la luz también.

El dolor

No he venido a cantar
No he venido a cantar, podéis llevaros la guitarra.
No he venido tampoco, ni estoy aquí arreglando mi expediente
para que me canonicen cuando muera.
He venido a mirarme la cara en las lágrimas que caminan hacia el mar,
por el río
y por la nube…
y en las lágrimas que se esconden
en el pozo,
en la noche
y en la sangre…

He venido a mirarme la cara en todas las lágrimas del mundo.
Y también a poner una gota de azogue, de llanto,
una gota siquiera de mi llanto
en la gran luna de este espejo sin límites, donde
me miren y se reconozcan los que vengan.
He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.«

Muchas personas de este país, crecimos con el mensaje bíblico de las primeras palabras de Dios sobre el trabajo humano, aquello de “conseguir el pan con el sudor de la frente”, lo que nos permite comprender mejor a León Felipe, con sus palabras llenas de exilio interior y físico, porque una de sus razones laicas es que se puede ganar, con el trabajo digno, la luz para iluminar el día a día de nuestras vidas.

Todo lo expuesto tiene hoy un sentido especial, en el Primero de Mayo y su más allá, sin quitar un ápice de importancia a la luz que este tiempo tan complejo también lleva dentro. Sobretodo, cuando el trabajo de cada día, de cada uno, de todos, es digno.

NOTA: la imagen la he recuperado de https://periodistas-es.com/leon-felipe-medio-siglo-muerte-recuerdo-zamora-96579

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Grándola, Vila Morena, cincuenta años después, como si fuese ayer

José Zeca Afonso, Grándola, Vila Morena

Sevilla, 25/IV/2024

Cuando llega el 25 de abril de cada año, no olvido estas palabras de Grândola, Vila Morena, cantada por Jose Zeca Afonso. Recuerdo como si fuese ayer la revolución de los claveles en Portugal. Es un día muy importante en mi agenda personal de asuntos importantes e inolvidables que, año tras año, he explicado en este cuaderno digital. Este año, de forma especial, al celebrarse su cincuenta aniversario, necesito leer con atención reverencial esta reflexión recurrente junto a otro hecho importante en mi vida, porque también se celebra hoy la festividad de San Marcos, aunque siempre he preferido bajarlo de la peana y hablar de él como un joven de nombre Marcos, muy atrevido en tiempos de cólera social ante un revolucionario muy próximo a él. Para mí, un excelente periodista que contaba lo que interesaba en aquel momento a la gente, en la clave que aprendí de Eugenio Scalfari, el fundador de La Repubblica de Roma, cuando decía que “periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente”. Igualmente, porque tal día del calendario como hoy, fue para mí un día mágico en la historia de Andalucía, cuando presenté en el año 2000 el proyecto Diraya por primera vez, en sus primeros pasos como historia de salud del ciudadano en Andalucía, de base digital, para que siempre estuviera disponible, para quien la necesitara recuperar, escribir o estudiar en ella, como ya ocurre en la actualidad. Ha sido un viaje digital muy largo, con muchas personas, profesionales extraordinarios, que han trabajado en este excelente proyecto para que sea una realidad casi mágica hoy día y con un claro beneficio propio y asociado con otros proyectos, como la receta electrónica o la gestión de la cita previa por Internet. Fue en un encuentro de directivos del Servicio Andaluz de Salud, en el Salón de Actos del recién inaugurado Hospital de Antequera, en el que se firmaba también el contrato-programa de aquél año, un formato nacido para la gestión que aún perdura como método incontestable en el Sistema Sanitario Público de Andalucía.

No voy a descubrir hoy nada nuevo que no haya dicho en páginas especiales de este cuaderno digital, cerca de Marcos y Jose Afonso, pero quiero compartir de nuevo la lectura de palabras llenas de compromiso activo en mi alma, dado que cada año vivo este día de forma especial. En primer lugar, porque celebramos el santo de nuestro hijo Marcos, no tanto por el olor de la santidad de su nombre sino porque su nombre programático, que ya he explicado otras veces en este cuaderno digital, me activa la memoria de hipocampo para recordar que poner el nombre no debe ser nunca una tarea inocente, sino un programa de vida que hay que cumplir. Marcos, un avezado “periodista” en tiempos de Jesús de Nazareth, hizo un trabajo encomiable: preparar las buenas noticias de un tal Jesús a pesar de hacer una maravillosa crónica de una muerte anunciada (lo que luego se llamó “evangelio”), de que el mundo podía cambiar, de que podemos ser diferentes, más siendo que teniendo: “Al apearlo de la peana santa, Marcos es hoy símbolo de revolución humana, de los que pensamos que todavía es posible ser personas en su real medida, la que cada uno desea a pesar de los pesares”. Marcos fue el intérprete directo y sincero de las historias que contaba Pedro sobre la amistad que tuvo con Jesús de Nazaret, y que le sobrecogió de tal forma que decidió grabarlas en su cerebro y transmitirlas boca a boca a toda aquella persona que quisiera escucharle, tal como lo ha confiado a la historia Eusebio de Cesarea: Porque todo su empeño lo puso en no olvidar nada de lo que escuchó y en no escribir nada falso (Eusebio, Hist. Ecl. iii. 39).

En segundo lugar, porque tal día como hoy, hace ya cincuenta años, aprendimos de la revolución de los claveles que era verdad, que la vida puede y debe ser más agradable para todos, sobre todo para los que menos tienen. Y que las revoluciones silenciosas o ruidosas existen, son necesarias y triunfan cuando compartimos ideologías, sentimientos y emociones: en 1974, tal día como hoy, 25 de abril, festividad de San Marcos, muchos portugueses pensaron en sus corazones que otro mundo era posible en su país y surgió la revolución de los claveles, con expresiones cantadas por Jose Zeca Afonso (Grândola, Vila Morena) de forma admirable:

“[…] en cada esquina, un amigo
en cada rostro, igualdad…

[…] El pueblo es quien más ordena”

No es una fecha inocente, como le ocurre siempre a las ideologías cuando son sinceras y comprometidas con las personas que nos acompañan a vivir juntos, con el tu quiero y mi puedo que cada uno, cada una, mejor conoce, se aplica a sí mismo y entrega a los demás. El pueblo es quien más ordena, es una estrofa preciosa de la canción cantada por Zeca. Lo recuerdo hoy porque lo aprendí de Marcos, del siglo I, en Galilea y de Jose Afonso, del siglo XX, en su pequeño rincón de Grândola.

En plena crisis mundial de guerras y de manifestaciones diarias de confusión de ideas y principios, siguen vivos hoy, cincuenta años después, los recuerdos de lo que nos enseñó Portugal en su revolución y nos sigue enseñando hoy día en su acción política democrática, tan cercana y ejemplar. También, de épocas en las que luchábamos como ellos por salir del túnel de la dictadura, sobre todo cuando escucho también una canción contemporánea de Luis Pastor, que me marcó desesperadamente, gracias a la composición de fondo creada por Mario Benedetti en su compromiso activo y porque ahora, más que nunca, ya no somos inocentes / ni en la mala ni en la buena / cada cual en su faena / porque en esto no hay suplentes:

Audio de Mario Benedetti recitando Vamos juntos

Vamos juntos (Letras de emergencia, 1969-1973, Versos para cantar)

Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

compañero te desvela
la misma suerte que a mí
prometiste y prometí
encender esta candela

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

la muerte mata y escucha
la vida viene después
la unidad que sirve es
la que nos une en la lucha

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

la historia tañe sonora
su lección como campana
para gozar el mañana
hay que pelear el ahora

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

ya no somos inocentes
ni en la mala ni en la buena
cada cual en su faena
porque en esto no hay suplentes

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

algunos cantan victoria
porque el pueblo paga vidas
pero esas muertes queridas
van escribiendo la historia

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

Luis Pastor, Vamos juntos

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

El Día Mundial del Libro nos recuerda que hay que contar viviendo, con alma

Sevilla, 23/IV/2024

Somos seres entretejidos de relatos, bordados con hilos de voces, de historia, de filosofía y de ciencia, de leyes y leyendas. Por eso, la lectura seguirá cuidándonos si cuidamos de ella. No puede desaparecer lo que nos salva.

Irene Vallejo, en Manifiesto por la lectura.

Hoy se celebra el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, celebración para la que el Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura, ha presentado un cartel conmemorativo, realizado por la ilustradora Luci Gutiérrez (Barcelona, 1977), que fue Premio Nacional de Ilustración 2023 “por su excepcional trayectoria y por ser una de las artistas más sobresalientes en el panorama actual, referente de la ilustración española dentro y fuera de nuestras fronteras”. El cartel ilustra una frase de Luis Mateo Díez, el último autor galardonado con el Premio de Literatura en Lengua Castellana ‘Miguel de Cervantes’ en 2023, que otorga el Ministerio de Cultura, cuyo proceso creativo se puede observar con detalle en la presentación de la autora que figura en el vídeo que encabeza estas palabras. De su extensa obra se ha escogido, para inspirar el diseño, la frase «vivo contando y cuento viviendo, la ficción es una parte imprescindible de la existencia».

En este año, además de llevarse a cabo esta celebración, culmina el Plan de Fomento de la Lectura 2021- 2024, con un lema, Lectura infinita, que tenía como principal objetivo, en su presentación oficial, “incrementar los índices de lectura en nuestro país y contribuir a resituar el hecho lector más allá de un instrumento de ocio, reconociendo la lectura como un vehículo fundamental para la salud, el aprendizaje, la cohesión social y la economía digital”. El documento, de 61 páginas, abordaba en su prólogo qué significa la necesidad de leer, con una frase de José Jiménez Lozano, ganador del Premio Cervantes 2002, en la que se explica en pocas palabras la urgencia de la lectura: “Se puede tener gusto por la lectura o no, pero leer no es una cuestión de gusto o afición, sino una necesidad verdadera y solo necesitamos percatarnos de ella”. Continúa expresando que la lectura “completa la vida de las personas por tratarse de un acto que proporciona un espacio personal para la evasión, la transformación y el enriquecimiento del individuo, aportándole paz mental y abriéndole la puerta a nuevos mundos, personas e ideas con los que poder crear un diálogo íntimo. La lectura agiliza además la actividad cerebral, puesto que requiere de una concentración y atención que estimula la capacidad cognitiva del individuo, creando nuevas conexiones neuronales y contribuyendo a prevenir enfermedades degenerativas. Lo defiende así Irene Vallejo, en su obra Manifiesto por la lectura  (1), que ya he comentado en este cuaderno digital y que tanto aprecio como regalo: “los libros ofrecen un gimnasio asequible y barato para la inteligencia en todas las edades, y tan solo por ese motivo sería aconsejable incluirlos desde la más temprana infancia y mantenerlos a lo largo de la vida” o cuando hace un canto precioso a la lectura: “Somos seres entretejidos de relatos, bordados con hilos de voces, de historia, de filosofía y de ciencia, de leyes y leyendas. Por eso, la lectura seguirá cuidándonos si cuidamos de ella. No puede desaparecer lo que nos salva. Los libros nos recuerdan, serenos y siempre dispuestos a desplegarse ante nuestros ojos, que la salud de las palabras enraíza en las editoriales, en las librerías, en los círculos de lecturas compartidas, en las bibliotecas, en las escuelas. Es allí donde imaginamos el futuro que nos une”.

Llegará la hora de evaluar este ambicioso Plan, que contemplaba 12 desafíos y 11 programas y líneas de actividades de sumo interés público, un examen final de lo acontecido que ya se asumía en su presentación oficial. Asimismo, en el Epílogo, ofrecía diez claves a modo de acróstico del Plan. PACTAS LEESPacto. El fomento de la lectura como un empeño colectivo que contribuya a resituar al hecho lector más allá de un instrumento de ocio; Aproximación a un nuevo concepto de lectura. Elaboración de una nueva narrativa sobre qué es lectura y su impacto en la vida de las personas y en la sociedad; Contamos con lectores en nuestro país. En España sí se lee. Fomentar la lectura en positivo; Toda lectura comienza en la creación. Estatuto del artista; Alianzas múltiples que vinculen a organizaciones y empresas que no estén especializadas en este campo y multipliquen el impacto de la actividad de fomento de la lectura; Sin fronteras en la lectura. Proyección internacional, con especial atención a América Latina; La investigación y el estudio generadores del capital de conocimiento sobre la lectura. Redefinición del Observatorio de la Lectura y el Libro; Especial apuesta por la innovación. Laboratorios ciudadanos; Extender la lectura en el campo. Afrontar el reto del fomento de la lectura en la España vaciada; Sostenibilidad y lectura. Leer para cumplir con 2030.

Siendo muy respetuoso con la frase que ha inspirado el cartel de este año, vivo contando y cuento viviendo, la ficción es una parte imprescindible de la existencia, expresada por Luis Mateo Díez, que hoy recoge el Premio de Literatura en Lengua Castellana ‘Miguel de Cervantes’ de 2023, «por ser uno de los grandes narradores de la lengua castellana, heredero del espíritu cervantino, escritor frente a toda adversidad, creador de mundos y territorios imaginarios”, creo que el acto literario de contar viviendo sólo se puede llevar a cabo cuando se escribe con alma. Esto es así, porque los libros tienen algo especial, porque estremecen el alma. Me lo recuerda siempre la escritora Irene Vallejo (anteriormente citada), en Manifiesto por la lectura, en uno de sus capítulos caligráficos dedicado al estremecimiento de agua, trayendo a colación unas palabras de Federico García Lorca en el contexto de la alocución al pueblo de Fuente Vaqueros, un discurso leído por la inauguración de la biblioteca pública de Fuente Vaqueros en el mes de septiembre de 1931, sobre el que ya he tratado algunos de sus párrafos, en varias ocasiones, en este cuaderno digital: “Nadie se da cuenta al tener un libro en las manos, el esfuerzo, el dolor, la vigilia, la sangre que ha costado. El libro es sin disputa la obra mayor de la humanidad. Muchas veces, un pueblo está dormido como el agua de un estanque en día sin viento. Ni el más leve temblor turba la ternura blanda del agua. Las ranas duermen en el fondo y los pájaros están inmóviles en las ramas que lo circundan. Pero arrojad de pronto una piedra. Veréis una explosión de círculos concéntricos, de ondas redondas que se dilatan atropellándose unas a las otras y se estrellan contra los bordes. Veréis un estremecimiento total del agua, un bullir de ranas en todas direcciones, una inquietud por todas las orillas y hasta los pájaros que dormían en las ramas umbrosas saltan disparados en bandadas por todo el aire azul. Muchas veces un pueblo duerme como el agua de un estanque un día sin viento, y un libro o unos libros pueden estremecerle e inquietarle y enseñarle nuevos horizontes de superación y concordia” (2).

Lectura infinita, libertad asegurada

(1) Vallejo, Irene, Manifiesto por la lectura, Madrid: Siruela, 2020.

(2) Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros. Discurso leído por la inauguración de la biblioteca pública de Fuente Vaqueros (septiembre, 1931) / Federico Garcia Lorca | Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (cervantesvirtual.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Rosalinda Miller Cid, una poeta que vivió y murió en la calle

Cada vez que alguien escribe un verso / el Juicio Final se aleja un segundo.

Rosalinda Miller Cid

Sevilla, 18/IV/2024

En mi singladura actual, acabo de descubrir una isla desconocida, la vida y obra de una poeta excepcional, Rosalinda Miller Cid (1966-2019), situada en el espectro de las nadies de Galeano, fuera de los circuitos oficiales del mercado, de la industria pura y dura de la vida y, concretamente, del libro, en el que emergen editoras de gran dignidad humana y profesional. Es obligado, por mi parte, reconocer que este hallazgo lo debo a la lectura de un artículo escrito con alta sensibilidad humana en elDiario.es: Rosalinda Miller Cid, la revelación de la poesía española que vivió y murió en la calle, del que recomiendo su atenta lectura.

En este caso, la editora sevillana Libros de la herida, ha publicado Otro día en un jardín extraño. Poesía de una vida sin hogar, un libro que recoge poemas de un cuaderno mágico de Rosalinda Miller y, otros, aportados por personas a las que ella los entregó en algún momento de su vida. El libro es un homenaje póstumo a esta poeta, que vivió y murió en las calles de Sevilla, de la que siempre se ha sabido poco, aunque su deambular por las aceras de esta ciudad, a las que tanto amó la urbanista Jane Jacobs, la hizo muy popular en el barrio de la Macarena, en la que Stefan Zweig, en una visita breve, dijo que “se podía ser feliz”.

No la conocí en mi andar cotidiano por esta ciudad y ese barrio, pero quien desee acercarse a esta mujer que hizo poesía de su azarosa vida, debe leer el prólogo de esta obra, escrito por David Eloy Rodríguez, una persona de las imprescindibles de Brecht, que la editora, de forma generosa, ha puesto a disposición de quien esté interesado en conocer a Rosalinda y la forma en la que se ha elaborado un justo reconocimiento a su persona y obra. También es justo señalar el papel que juega en esta ciudad el laboratorio de escritura creativa para personas sin hogar, que el autor del prólogo programa, coordina e imparte en un espacio facilitado por la asociación Solidaridad para el Desarrollo, al que Rosalinda acudía de forma asidua y con una actitud ejemplar.

La sinopsis oficial de esta obra, nos ofrece una oportunidad de compartir su forma de aprehender la vida desde la poesía de una persona perteneciente a una clase de personas que, en su difícil e incomprendido día a día, nos enseñan el auténtico valor de la dignidad humana: “Rosalinda Miller Cid (Sevilla, 1966 – 2019) murió en la calle. Era una persona sin hogar. La poesía era su refugio, su manera de comprender, contar y transformar el mundo. Lo poco que sabemos de su vida (una existencia intensa, agitada y azarosa, repleta de enigmas) lo cuenta en el prólogo de este libro David Eloy Rodríguez, así como la forma en que estos versos llegaron a verse publicados: una historia singular. La impactante voz poética de Rosalinda recoge con sabiduría y precisión, con intensidad y hondura, la experiencia de la más radical intemperie. Los derechos de autor de este libro irán destinados a las personas que sufren marginalidad y exclusión social”.

Todavía, a la hora de enfrentarme hoy a esta página en blanco, sigo dedicando tiempo de mi silencio interior a un poema de este libro, en el que Rosalinda Miller habla de sus “posesiones”, título del mismo, demostrando una vez más que a ella sólo le quedaba la palabra: “El diccionario secreto de las heridas./ Un maquillaje de silencio en una cajita de amargura./ Una foto de la morada ausente./ La carga de un batallón de miradas incesantes./ Las agujas de un reloj que tiene las horas rotas./ El sufrimiento de un largo camino./ La orquesta de la necesidad./ Una almohada sin sueño ni descanso./ El yugo de una vida perdida./ Un equipaje estancado en el abismo./ La desnudez plena en una realidad que no se elige./ Un diario que escribo sola, en húmedos cartones, por la noche./ Un mapa para perderse en el tiempo de la oscuridad”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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Impresiones de García Lorca sobre la Semana Santa en Granada

Federico García Lorca en la emisora Unión Radio en 1929 / PERIODICO

Granada debe conservar para ella y para el viajero su Semana Santa interior; tan interior y tan silenciosa, que yo recuerdo que el aire de la vega entraba, asombrado, por la calle de la Gracia y llegaba sin encontrar ruido ni canto hasta la fuente de la Plaza Nueva.

Federico García Lorca, en Semana Santa en Granada

Sevilla, 28/III/2024

Preparando los avíos en tierra para iniciar la singladura de hoy hacia islas desconocidas, he localizado un mapa literario que me ha recordado unas palabras en prosa de Federico García Lorca, entre la escasa obra en este género que nos legó. Se trata de unas “impresiones” sobre la Semana Santa en Granada (1), la ciudad que tanto amó y que tan mal lo trató. He vuelto a leerlas, descubriendo nuevas formas de comprender el alma secreta del poeta. Lo comparto en este Jueves Santo, porque necesito su compañía en este mundo al revés, turbulento y descreído, tan falto de horizontes próximos de grandeza democrática y ciudadana. Sobre todo, porque en plena Semana Santa, atento a las palabras del poeta, estoy lejos del “tumulto barroco de la universal Sevilla”.

El viajero sin problemas, lleno de sonrisas y gritos de locomotoras, va a las fallas de Valencia. El báquico, a la Semana Santa de Sevilla. El quemado por un ansia de desnudos, a Málaga. El melancólico y el contemplativo, a Granada, a estar solo en el aire de albahaca, musgo en sombra y trino de ruiseñor que manan las viejas colinas junto a la hoguera de azafranes, grises profundos y rosa de papel secante que son los muros de la Alhambra.

 A estar solo. En la contemplación de un ambiente lleno de voces difíciles, en un aire que a fuerza de belleza es casi pensamiento, en un punto neurálgico de España donde la poesía de meseta de San Juan de la Cruz se llena de cedros, de cinamomos, de fuentes, y se hace posible en la mística española ese aire oriental, ese ciervo vulnerado que asoma, herido de amor, por el otero.

A estar solo, con la soledad que se desea tener en Florencia; a comprender cómo el juego de agua no es allí juego como en Versalles, sino pasión de agua, agonía de agua.

O para estar amorosamente acompañado y ver cómo la primavera vibra por dentro de los árboles, por la piel de las delicadas columnas de mármoles, y cómo suben por las cañadas arrojando a la nieve, que huye asustada, las bolas amarillas de los limones.

El que quiera sentir junto al aliento exterior del toro ese dulce tictac de la sangre en los labios, vaya al tumulto barroco de la universal Sevilla; el que quiera estar en una tertulia de fantasmas y hallar quizá una vieja sortija maravillosa por los paseíllos de su corazón, vaya a la interior, a la oculta Granada. Desde luego, se encontrará el viajero con la agradable sorpresa de que en Granada no hay Semana Santa. La Semana Santa no va con el carácter cristiano y anti espectacular del granadino. Cuando yo era niño, salía algunas veces el Santo Entierro; algunas veces, porque los ricos granadinos no siempre querían dar su dinero para este desfile.

Estos últimos años, con un afán exclusivamente comercial, hicieron procesiones que no iban con la seriedad, la poesía de la vieja Semana de mi niñez. Entonces era una Semana Santa de encaje, de canarios volando entre los cirios de los monumentos, de aire tibio y melancólico como si todo el día hubiera estado durmiendo sobre las gargantas opulentas de las solteronas granadinas, que pasean el Jueves Santo con el ansia del militar, del juez, del catedrático forastero que las lleve a otros sitios. Entonces toda la ciudad era como un lento tiovivo que entraba y salía de las iglesias sorprendentes de belleza, con una fantasía gemela de las grutas de la muerte y las apoteosis del teatro. Había altares sembrados de trigo, altares con cascadas, otros con pobreza y ternura de tiro al blanco: uno, todo de cañas, como un celestial gallinero de fuegos artificiales, y otro, inmenso, con la cruel púrpura, el armiño y la suntuosidad de la poesía de Calderón.

En una casa de la calle de la Colcha, que es la calle donde venden los ataúdes y las coronas de la gente pobre, se reunían los «soldaos» romanos para ensayar. Los «soldaos» no eran cofradía, como los jacarandosos «armaos» de la maravillosa Macarena. Eran gente alquilada: mozos de cuerda, betuneros, enfermos recién salidos del hospital que van a ganarse un duro. Llevaban unas barbas rojas de Schopenhauer, de gatos inflamados, de catedráticos feroces. El capitán era el técnico de marcialidad y les enseñaba a marcar el ritmo, que era así: «porón…, ¡chas!», y daban un golpe en el suelo con las lanzas, de un efecto cómico delicioso. Como muestra del ingenio popular granadino, les diré que un año no daban los «soldaos» romanos pie con bola en el ensayo, y estuvieron más de quince días golpeando furiosamente con las lanzas sin ponerse de acuerdo. Entonces el capitán, desesperado, gritó: «Basta, basta; no golpeen más, que, si siguen así, vamos a tener que llevar las lanzas en palmatorias», dicho granadinísimo que han comentado ya varias generaciones.

Yo pediría a mis paisanos que restauraran aquella Semana Santa vieja, y escondieran por buen gusto ese horripilante paso de la Santa Cena y no profanaran la Alhambra, que no es ni será jamás cristiana, con ta-ta-chín de procesiones, donde lo que creen buen gusto es cursilería, y que sólo sirven para que la muchedumbre quiebre laureles, pise violetas y se orinen a cientos sobre los ilustres muros de la poesía. Granada debe conservar para ella y para el viajero su Semana Santa interior; tan interior y tan silenciosa, que yo recuerdo que el aire de la vega entraba, asombrado, por la calle de la Gracia y llegaba sin encontrar ruido ni canto hasta la fuente de la Plaza Nueva.

Porque así será perfecta su primavera de nieve y podrá el viajero inteligente, con la comunicación que da la fiesta, entablar conversación con sus tipos clásicos. Con el hombre océano de Ganivet, cuyos ojos están en los secretos lirios del Darro; con el espectador de crepúsculos que sube con ansias a la azotea; con el enamorado de la sierra como forma sin que jamás se acerque a ella; con la hermosísima morena ansiosa de amor que se sienta con su madre en los jardinillos; con todo un pueblo admirable de contemplativos, que, rodeados de una belleza natural única, no esperan nada y sólo saben sonreír.

El viajero poco avisado encontrará con la variación increíble de formas, de paisaje, de luz y de olor la sensación de que Granada es capital de un reino con arte y literatura propios, y hallará una curiosa mezcla de la Granada judía y la Granada morisca, aparentemente fundidas por el cristianismo, pero vivas e insobornables en su misma ignorancia.

La prodigiosa mole de la catedral, el gran sello imperial y romano de Carlos V, no evita la tiendecilla del judío que reza ante una imagen hecha con la plata del candelabro de los siete brazos, como los sepulcros de los Reyes Católicos no han evitado que la media luna salga a veces en el pecho de los más finos hijos de Granada. La lucha sigue oscura y sin expresión… ; sin expresión, no, que en la colina roja de la ciudad hay dos palacios, muertos los dos: la Alhambra y el palacio de Carlos V, que sostienen el duelo a muerte que late en la conciencia del granadino actual.

Todo eso debe mirar el viajero que visite Granada, que se viste en este momento el largo traje de la primavera. Para las grandes caravanas de turistas alborotadores y amigos de cabarets y grandes hoteles, esos grupos frívolos que las gentes del Albaycín llaman «los tíos turistas», para ésos no está abierta el alma de la ciudad.

NOTA: Estas impresiones, a modo de alocución, sobre “Semana Santa en Granada”, aunque figuran compiladas en ediciones de sus Obras Completas, junto a Impresiones y Viajes, publicada en 1918, no figura en ellas, porque son de fecha posterior, salvo error u omisión, concretamente del 5 de abril de 1936, en formato de alocución radiofónica, en Unión Radio. Asimismo, la imagen que encabeza este artículo se ha recuperado hoy de Lorca, de viva voz (elperiodico.com).

(1) García Lorca, Federico, Semana Santa en Granada, en Otras impresiones y paisajes. Obras completas, I (19ª edición), Madrid: Aguilar, p. 941-944, 1995. 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Hoy comienza, también, una semana laica, de miradas íntimas, en las aceras de Sevilla


Jane Jacobs, 1916-2006 / Josh Cochran

Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en las calles y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas.

Jacobs, Jane, Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, 1961.

Sevilla, 24/IV/2024

Una vez más, utilizo la escritura circular, porque lo que escribo en este cuaderno digital siempre está alineado con mis principios y, a diferencia del famoso aserto de Groucho Marx, si no gustan no tengo otros. Por este motivo, hoy, cuando comienza la Semana Santa según el calendario gregoriano, me referiré a ella también, con profundo respeto reverencial a la fe de mis mayores, como la Semana Laica, recordando de nuevo lo que varias veces he escrito en este cuaderno digital que busca «islas desconocidas», cuando comienza hoy una semana singular en este país y, especialmente, en Sevilla.

Personalmente, sigo admirando a las personas que cuando leen a Antonio Machado comprenden bien unos versos revolucionarios suyos, laicos: ¡Oh, no eres tú mi cantar! / ¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar!. Soy consciente también de lo que significa para esta ciudad la Semana Santa, donde todo gira en torno a una explosión de sentimientos, emociones, afectos, olores, silencios, aceras laicas, como he escrito en diversas ocasiones sobre la realidad social de esta Semana especial, con una visión laica, en su significado más acorde con el vocabulario español: semana laica, es decir, semana independiente de cualquier organización o confesión religiosa (RAE). Vuelvo a leer detenidamente aquellos textos, en su contexto actual, actualizándolos en lo que considero que es necesario cambiar que, por cierto, es muy poco. O nada.

En 2006 escribí por primera vez sobre la visión laica de esta Semana Santa tan particular, en un momento especial de investigación porque estaba leyendo un libro extraordinario, “Sistemas emergentes”, de Steven Johnson (Turner-Fondo de Cultura Económica), que sigue teniendo una actualidad científica recomendable sobre todo para amantes de días y semanas laicas. Los sistemas sociales emergentes ratifican a diario, que incluso en las semanas laicas (cualquiera del año) la sociedad se organiza habitualmente en torno a lo que le interesa, es decir, dan lugar a comportamientos inteligentes. La que llaman algunos “la Sevilla de toda la vida” se organiza durante muchos días de las semanas “laicas” con las miradas puestas en la “Semana Santa”, la única, la principal del año, la “grande”, la definitiva.

Vuelvo a constatar que el mundo sólo tiene interés hacia adelante, sobre todo en semanas laicas, en las que estamos muy interesados los que no pertenecemos a lo que en esta ciudad se llama «la Sevilla de toda la vida». Los sistemas emergentes, de abajo hacia arriba, siguen marcando las pautas de comportamiento colectivo. Cada uno sabe de lo suyo. Las agencias de viaje, atómicas o digitales, han organizado tradicionalmente también las vacaciones de esta semana a lo laico, es decir, sin ferias ni festejos cristianos, judíos y musulmanes, preparando una escapada para compensar la fuerza de lo santo. La economía se adapta a esta realidad santa y hace su semana muy particular de mercado por tierra, mar y aire.

Me acuerdo también en estas fechas de lo que he escrito en este cuaderno digital sobre las familias enteras, procedentes de los barrios deshechos en Sevilla por el boom inmobiliario, hoy víctimas de la gentrificación pura y dura, que vuelven en esta Semana Santa a su lugar de origen para recuperar las señas de identidad que les arrancó la especulación y su pretendido -por otros no inocentes-“mejor nivel de vida”, aunque hayan perdido el valor del contacto familiar y de la vida compartida en las aceras laicas, porque viven en estado de alerta en los nuevos adosados o en bloques verticales, blindados ante la inseguridad ciudadana, en una dialéctica permanente vivienda/murienda. Con la excusa de la “Semana Santa”, de su cofradía de toda la vida, de su “Señor o Señora de Sevilla”, vuelven a los barrios que los vieron nacer, para recuperar, aunque solo sean unas horas, sus tiendas, sus colegios, sus plazas, el uso íntimo de sus aceras de siempre, donde se hacía eso, vivir la vida dignamente. Es decir, sus días laicos, sus semanas laicas, donde solo tiene sentido “ese Jesús de la agonía que era la fe de sus mayores”, como decía Antonio Machado. Las aceras existen, en definitiva, para crear el “orden complejo” de la ciudad, como afirma Steven Johnson en el libro que comento más adelante.

Jane Jacobs, la autora de uno de los libros que supuso la revolución urbanística más importante en Estados Unidos, Muerte y vida en las grandes ciudades americanas (1), que falleció en 2006 en Toronto (Canadá) a los 89 años, aportó una de las teorías más alentadoras sobre cómo se vive en las aceras de las ciudades, cuestión que en días laicos y santos pasa sin pena ni gloria en la vida ordinaria de los planificadores de la vida, sea cual sea su condición, pero que su mención científica sigue siendo un contrapunto impresionante ante la especulación actual inmobiliaria y urbana a todos los niveles. Su muerte fue una noticia amarga porque dejaba de estar en el mundo una de sus defensoras acérrimas, en clave positiva, que demostraba como acción posible la de la existencia de un urbanismo humanista, defensora del diseño y la construcción de los barrios en las ciudades que obedezca siempre a leyes sociales de convivencia y relación entre personas obligatoriamente obligadas a vivir en común y ser miembros de una entidad que ha cambiado el nombre identificador obligado por el nuevo lenguaje de género: la ciudadanía.

En la Semana Santa, las aceras de Andalucía funcionan como soporte de interacciones sociales viendo y sintiendo las procesiones. No digamos en Sevilla. Aunque desde la otra acera de la inteligencia digital conectiva siempre me ha encantado saber que Jesús de Nazareth, en su ataque continuo de humanidad, se cansaba y se dormía, porque estaba hecho polvo, en el cabezal del barco (Mc 8,23). O como Machado decía en su precioso poema (La Saeta, 1914), refiriéndose a una forma muy especial del cante andaluz (RAE: acción y efecto de cantar cualquier canto popular andaluz o próximo):

¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!

¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!

¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

Volveré a leer en esta semana laica, como todas las demás, el libro de Steven Johnson, recuperado de mi biblioteca de cabecera, mi clínica del alma. Se me han vuelto a ocurrir muchas cosas tras la reflexión a la que me llevaron en su momento sus primeras páginas. Y con motivo de esta cita puntual, deseo transformar esta semana santa de la fe de mis mayores (sic, según el calendario católico, gregoriano por más señas) en una semana normal, laica, reinterpretando -porque me duele- lo que ocurre a mi alrededor, que es bastante preocupante por los estragos humanos y económicos que está suponiendo el entorno mundial actual, incluida la trágica y dolorosa invasión de Ucrania o la guerra en Gaza . Considero también que el subtítulo del libro sigue sin dejar tranquilo a nadie: “O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software”. Casi nada: la inteligencia, entendida como capacidad y adiestramiento para resolver los problemas de todos los días, compartida en un mundo laico que parece a veces diseñado por el enemigo. Inteligencia digital ahora a través de lo que se ha convertido en la gran ayuda para comunicarnos cuando en estos días de gran preocupación mundial , volvemos a pisar las aceras laicas de Jacobs, informados o no con los teléfonos inteligentes, ordenadores y tabletas, las radios y el mando del televisor o nuestra voz que, en algunas ocasiones, da órdenes a un asistente virtual que hace todo lo posible por entender lo que le estoy diciendo. Que tenga en cuenta mi dolor, ya es otra cosa, laica casi siempre, por cierto, aunque Stefan Zweig me recuerda siempre algo muy importante en el acontecer diario de esta sacrosanta ciudad: […] En Sevilla se puede ser feliz […] ¿No es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida? (2). Sonrisas y lágrimas en una semana laica, paseando por sus aceras íntimas.

(1) Jacobs, Jane, Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, 1961, pág. 50. Nueva York: Vintage.

(2) Zweig, Stefan, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia, 2015. Madrid: Sequitur.

NOTA: la imagen de Jane Jacobs se ha recuperado de //www.theatlantic.com/magazine/archive/2016/11/the-prophecies-of-jane-jacobs/501104/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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