Michelangelo Merisi, “Caravaggio”, pintor de los nadies, visita el Museo del Prado, aunque no se quedará en él

Sevilla, 7/V/2024

En plena mudanza anímica en tiempos de turbación, desoyendo los consejos de Ignacio de Loyola, he conocido que el Museo Nacional del Prado expondrá una pintura excepcional, el Ecce Homo de Caravaggio, gracias al préstamo temporal del nuevo propietario -nueve meses-, una obra maestra con un recorrido histórico digno de mención, en una instalación individual especial desde el 28 de mayo hasta octubre de 2024, según se informa en la página oficial web dedicada a este gran acontecimiento cultural: «La obra, pintada por el gran artista italiano hacia 1605-09 y que formó parte de la colección privada de Felipe IV de España, es una de las, aproximadamente, únicas 60 obras conocidas de Caravaggio que existen, lo que confiere a la misma un valor extraordinario. […] El óleo representa el motivo histórico del gobernador romano Poncio Pilato presentando a Cristo al pueblo con las palabras “Ecce homo” (“He aquí el hombre”), uno de los momentos más dramáticos de la Pasión, recogido en el Evangelio de Juan (19:5). La obra es un poderoso ejemplo de la maestría de Caravaggio en cuanto al proceso de concepción: una hábil composición que presenta una escena tridimensional y dinámica totalmente innovadora dentro de los límites de una tradición iconográfica arraigada».

El azar permite ahora contemplar esta magnífica pintura de Caravaggio, el pintor de los nadies, a quien dediqué un artículo en diciembre de 2022, que reproduzco íntegro a continuación, como un homenaje particular, de nuevo, a su vida y obra, que siempre se manifestaron unidas. Lo que verdaderamente me ha impresionado ha sido la forma en que ha llegado a reconocerse su autoría, como uno de los mayores descubrimientos de la historia del arte, tal y como lo expone la presentación oficial del Museo: «Desde que en abril de 2021 el Museo del Prado alertara al Ministerio de Cultura español de la relevancia del cuadro tras su reaparición en la casa de subastas Ansorena, cuando se atribuyó a un alumno de José de Ribera, la obra ha estado bajo la custodia de la galería de arte Colnaghi, en colaboración con Filippo Benappi (Benappi Fine Art) y Andrea Lullo (Lullo Pampoulides) y ha sido restaurada por el especialista Andrea Cipriani y su equipo bajo la supervisión de expertos de la Comunidad de Madrid. Los resultados de este minucioso proceso se recogen en una exhaustiva publicación que estará disponible tras la presentación de la obra».

Michelangelo Merisi vuelve a Madrid, a su Museo, en el que figuran también, en su fondo, dos obras: David, vencedor de Goliath (hacia 1600) y Santa Catalina (reproduce la pintura de Caravaggio de análoga temática hoy conservada en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza (inv. 81 (1934.37), hacia 1598-1599). Vuelve para que reconozcamos su auténtica valía laica, a pesar de haber sido repudiado durante tantos siglos, hasta que fue rescatado, humana y artísticamente hablando, por el historiador Roberto Longhi, a través de su impresionante obra, Caravaggio, que es imprescindible leer con detalle para apreciar la inmensa valía de un pintor de nombre Michelangelo Merisi, natural de Milán y avecindado desde muy joven en Caravaggio, muy cerca de la capital lombarda: «No puede sorprender que, para una peripecia vital tan tormentosa y desgraciada como la de Caravaggio, los historiógrafos del siglo XVII más novelesco y del más romántico siglo XIX se las ingeniasen para transformar cada paso, desde sus inicios, para usarlo con fines a un retrato que resultase de lo más popular (lo que para ellos sonaba a plebeyo), es decir, apto para explicar la desprejuiciada y, se decía, indecorosa naturaleza del artista. Fue así como Caravaggio, ya desde niño, en Lombardía, se transmutó en el hijo de un albañil, en mezclador de argamasa y preparador de colas para los encaladores milaneses. Para el resto de su vida, sobre todo durante los años de Roma, Nápoles y Malta, no había ciertamente necesidad de cargar las tintas, cosa que sin embargo no se dejó de hacer y hasta su muerte, por razones de correspondencia simbólica, complaciéndose en adelantar en un año la fecha real de ésta”. Una vez más, la historia de la pintura tampoco ha sido y es inocente. La gran pregunta ante esta nueva obra de Caravaggio, en este aquí y ahora, sería acerca de quiénes sirvieron de modelos para este lienzo, conociendo como conocemos los antecedentes en otras muchas obras maestras, sacras por supuesto. Probablemente, «nadies», a pesar del tono sagrado. De ahí su repudio histórico.

Michelangelo Merisi, “Caravaggio”, pintor de los nadies

Michelangelo Merisi, Caravaggio, La muerte de la Virgen (detalle), 1601 / 1606 – Museo del Louvre

Sevilla, 4/X/2022

Era muy difícil en el Barroco pintar la parte más alternativa de la sociedad, pintar a los nadies o a los miembros “depravados”, según las etiquetas de la época, de cualquier época. Es lo que le sucedió a Michelangelo Merisi, nacido en Caravaggio, cerca de Milán, en 1571, hace ahora 451 años, algo que en su fondo comprendió muy bien Rafael Alberti en el siglo pasado entrando en las iglesias de Roma: Confiésalo, Señor. Sólo tus fieles / hoy son esos anónimos tropeles / que en todo ven una lección de arte. // Miran acá, miran allá, asombrados, / ángeles, puertas, cúpulas, dorados… / Y no te encuentran por ninguna parte. En la obra de Caravaggio no querían encontrar sus contemporáneos del poder real y eclesiástico a los nadies que tan maravillosamente dibujó y pintó. Por ninguna parte.

En este contexto, he leído un artículo precioso en elDiario.es, Caravaggio, ese luminoso rescate del comunismo italiano, en el que se plantea las realidad social que rodeó la vida y obra del gran pintor barroco: “La tormenta de insultos y críticas que sufrió la obra de Michelangelo Merisi da Caravaggio (1571-1610) al poco de su muerte silenció, durante casi cuatro siglos, al maestro del Barroco. Quedó arrinconado porque sus queridos enemigos se apresuraron a rendir cuentas con el ariete del realismo y escribieron, entre otras lindezas, que por más fuerza real que tenían sus personajes, carecían “de movimiento, afecciones y gracia”. Y de esta manera la corriente clasicista se impuso a la naturalista que el Merisi representaba y así sucedió el triunfo del boloñés y empedernido misógino Guido Reni. La idea ganó a la verdad y la llama del caravaggismo que iluminó Europa el primer cuarto del siglo XVII se apagó. Hasta 1951”.

¿Por qué hasta 1951? La razón es clara y tiene nombre propio, Roberto Longhi (1890-1970), cuando consagra al gran pintor de Caravaggio, el topónimo por el que pasaría a la historia de la pintura, en la primera gran exposición retrospectiva de su obra, en el Palacio Real de Milán: “El análisis que Longhi escribió para la muestra de 1951 es un hecho histórico: acabó con la cancelación que habían alimentado pintores como Poussin, que en 1650 llega a Roma y al conocer la obra de Caravaggio le acusa de “haber venido al mundo para destruir la pintura”. O Stendhal, que pasea por Roma entre 1828 y 1834 y en sus crónicas alaba la obra de Reni y critica la del otro”.

Si cobra especial interés la operación rescate internacional de la obra de Caravaggio, no inocente ideológicamente hablando, se debe fundamentalmente a Roberto Longhi. En este sentido se acaba de publicar la mejor obra que podemos encontrar en la actualidad sobre el valor auténtico de su pintura, Caravaggio (1), una nueva edición actualizada de la que se publicó por primera vez en 1952. La sinopsis oficial de esta publicación no deja lugar a duda alguna, atendiendo a las palabras introductorias de Longhi: “No puede sorprender que, para una peripecia vital tan tormentosa y desgraciada como la de Caravaggio, los historiógrafos del siglo XVII más novelesco y del más romántico siglo XIX se las ingeniasen para transformar cada paso, desde sus inicios, para usarlo con fines a un retrato que resultase de lo más popular (lo que para ellos sonaba a plebeyo), es decir, apto para explicar la desprejuiciada y, se decía, indecorosa naturaleza del artista. Fue así como Caravaggio, ya desde niño, en Lombardía, se transmutó en el hijo de un albañil, en mezclador de argamasa y preparador de colas para los encaladores milaneses. Para el resto de su vida, sobre todo durante los años de Roma, Nápoles y Malta, no había ciertamente necesidad de cargar las tintas, cosa que sin embargo no se dejó de hacer y hasta su muerte, por razones de correspondencia simbólica, complaciéndose en adelantar en un año la fecha real de ésta”. Así empieza el ensayo de Roberto Longhi sobre la figura de Caravaggio, tan moderna como enigmática. Sirviéndose de su singular capacidad para imitar voces, Longhi se cuela en la vida del pintor como si hubiese sido su contemporáneo, un amigo íntimo incluso. Repasa sus encargos, explora sus obras maestras, trazando astutas e inesperadas correspondencias entre ellas y la vida del artista. Caravaggio trabaja a un ritmo vertiginoso, con una rapidez y facilidad pasmosas, desde la adolescencia hasta el desorden de sus últimos días romanos, y pasará buena parte de su vida como artista nómada y fugitivo de la justicia. Setenta años después de su publicación, el ensayo de Longhi sigue considerándose una contribución esencial a la bibliografía sobre el pintor, por ser el primero en brindar una visión de contexto de su obra y posiblemente por ser, hasta la fecha, el crítico que ofrece una mirada más limpia, una lectura más sobria e incontaminada, de la trayectoria y la producción del gran maestro”.

Pero lo que verdaderamente me ha entusiasmado al leer el artículo citado es su referencia ala gran admiración que sintió siempre Pier Paolo Pasolini por el pintor de Caravaggio: “El pintor que transformó la mitología en calle, el artista que convirtió lo sagrado en cotidiano, el que demostró que el arte no reside en la historia que narra, sino en la verdad humana que muestra, Caravaggio, fue la inspiración de Pier Paolo Pasolini (1922-1975). El director de El Evangelio según San Mateo (1964) conoció de estudiante a Caravaggio en las clases de Roberto Longhi, en la Universidad de Bolonia. Y su encuentro con el pintor cuajó en su pasión por el cine, como él mismo reconoció”. Longhi lo deja claro en su obra: “La verdad es que cada pintor no ofrece a fin de cuentas sino lo que el mundo le demanda”. Una referencia del artículo me ha llevado de la mano a contemplar una obra magna pintada por Merisi en 1604, La muerte de la Virgenque se muestra en el Museo del Louvre, “casi cuatro metros de altura de lienzo en el que ha utilizado a su amiga cortesana Lena Antognetti para interpretar a María fallecida. Viste un simple vestido rojo con mangas largas y una falda ancha que le llega a los tobillos y deja ver los pies descalzos. Un cuadro en el que se ofrecía muy poca esperanza de reencarnación. Es la muerte como final del camino. Un cadáver. Ahora se le considera “el cuadro más profundamente religioso del Seicento italiano”, pero cuando los curas de la iglesia carmelita de Santa María della Scala, en el barrio del Trastevere, le vieron entrar con aquello, lo rechazaron de inmediato. Nunca se llegó a colgar. Era una muerte en el barrio pobre que rodeaba a la iglesia”.

Para finalizar, lo que me ha conmovido ha sido leer un texto de Pasolini sobre “la luz de Caravaggio”, donde resume de forma magistral la gran aportación de Michelangelo Merisi a la historia de la pintura, porque fue un gran inventor al servicio de la sociedad, para transformarla, no sólo cambiarla, con tres aportaciones maestras: “Caravaggio inventó, en primer lugar, un nuevo modo que, según la terminología cinematográfica, se denomina «profílmico» (entiendo por tal todo lo que está delante de la cámara). Es decir, Caravaggio inventó todo un mundo para poner delante del caballete en su estudio: nuevos tipos de personas, en sentido social y caracteriológico, nuevos tipos de objetos, nuevos tipos de paisajes. En segundo lugar, inventó una nueva luz: sustituyó la iluminación universal del Renacimiento platónico por una luz cotidiana y dramática. Si Caravaggio inventó tanto los nuevos tipos de personas y de cosas como el nuevo tipo de luz fue porque los había visto en la realidad. Se dio cuenta de que a su alrededor –excluidos por la ideología cultural vigente desde hacía casi dos siglos– había formas de iluminación lábiles pero absolutas que nunca habían sido reproducidas y, así, cada vez más alejadas de la costumbre y de la norma, habían acabado por resultar escandalosas y se las había suprimido de forma que, hasta Caravaggio, lo más probable es que ni los pintores ni los hombres en general las vieran. El tercer invento de Caravaggio es un diafragma (también luminoso, pero de una luminosidad artificial que sólo pertenece a la pintura y no a la realidad) que lo separa tanto a él, el autor, como a nosotros, los espectadores, de sus personajes, de sus naturalezas muertas, de sus paisajes. Este diafragma, que traslada las cosas pintadas por Caravaggio a un universo separado, muerto en cierto modo –al menos respecto a la vida y al realismo con el que esas cosas habían sido percibidas y pintadas–, lo ha explicado espléndidamente Roberto Longhi con la hipótesis de que Caravaggio pintaba mirando sus figuras reflejadas en un espejo. Estas figuras eran las que Caravaggio había seleccionado en la realidad –desaliñados aprendices de frutero, mujeres del pueblo que jamás habían sido tomadas en cuenta, etc.– y estaban bañadas por esa luz real de una hora del día concreta, con todo su sol y todas sus sombras. Y, sin embargo… sin embargo, dentro del espejo todo parece como suspendido, como con un exceso de verdad, un exceso de evidencia que lo hace parecer muerto”.

Pasolini admiraba el realismo de Caravaggio, como él intentó llevar la realidad de la calle al cine en toda su obra cinematográfica: “Un nuevo modo de percibir la luz me entusiasma mucho menos que un nuevo modo de percibir, pongamos, la rodilla de una virgen bajo el manto o el escorzo del primer plano de un santo: me gustan las invenciones y las aboliciones de los claroscuros, de las geometrías, de las composiciones”. La muerte de la Virgen, es una muestra clara de la luz que quiso transmitir Caravaggio a la humanidad, a través de una amiga, Lena Antognetti, donde no quedaba mucho resquicio para la metafísica: “Caravaggio, el pintor de la clase obrera, había mostrado a una mujer carnal, humana, abandonada, un ser real. Inaceptable. Longhi se pregunta la razón del rechazo sin explicación: ”¿Porque había hecho con poco decoro a la Virgen hinchada y con las piernas al descubierto?“. Este realismo humano es lo que aprendió de él Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 – Nápoles, 1654), cuando pintó María Magdalena como la melancolía,  que me consta que era muy querida por su autora por su identificación con ella como mujer “pecadora” (?) que sufrió mucho en su vida ajetreada y singular aunque ha sido muy maltratada por la historia y por la Iglesia oficial. Artemisia sufrió un triste episodio de juventud, concretamente la violación cuando solo tenía 17 años, en 1612, por parte del mentor propuesto por su padre, Agostino Tassi (1566-1644), ya que al ser mujer no podía cursar los estudios oficiales de pintura en las Academias correspondientes, solo para hombres, lo que propició un juicio promovido por su padre, muy estudiado, que ganó y que se puede conocer con detalle en una obra muy interesante dedicada a esta pintora (2).

Al contemplar varias veces determinados detalles de La muerte de la Virgen he sentido algo parecido a lo que me ocurrió cuando estuve cerca de la Gentileschi en tres obras suyas emblemáticas, en los que la protagonista era siempre la misma mujer, María Magdalena en estado de melancolía, pero sobre todo cuando vi un tercero, el de María Magdalena en éxtasis, dando la razón a una reflexión muy acertada de Víctor Hugo, la melancolía es la felicidad de estar triste, porque no creo tanto en la situación de éxtasis de la Magdalena como en la de su auténtica melancolía, es decir, un estado de soledad y tristeza, un sentimiento que puede inundar el alma humana y recrearnos en él porque siempre queda la esperanza de la espera de algo o alguien que estuvo o que llegará a tiempo para hacernos felices. Contemplando esta María Magdalena, suenan muy bien las palabras de Neruda en este momento: Mariposa de sueño, te pareces a mi alma y te pareces a la palabra melancolía.

Es verdad que no existen pintores y pintoras inocentes, como casi nada de lo que existe en la vida, que tampoco lo es en la cadaunada que cada uno vive. Dicho esto, pocos se acordaron y se acuerdan, a lo largo de los siglos, de pintar a los nadies. De ahí la importancia de recordar hoy a Michelangelo Merisi, nacido en Caravaggio en 1571. O a Artemisia Gentileschi, nacida en Roma en 1593, pintora del dolor propio y ajeno, de la melancolía.

(1) Longhi, Roberto, Caravaggio, 2022, Barcelona: Elba. Traducción: José Ramón Monreal.

(2) Gentileschi, Artemisia, Cartas precedidas de las actas del proceso por estupro (Edición de Eva Menzio), 2016. Madrid: Anaya (Cuadernos de Arte Cátedra).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

En el trabajo diario, hay que ganar, junto al pan, la luz con el dolor de los ojos

Xulio Formoso: León Felipe

He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

León Felipe, en El dolor (Ganarás la luz1975)

Sevilla, 1/V/2024

En el día internacional dedicado al trabajo, me acerco de nuevo al gran poeta español León Felipe, para encontrar un sentido a una celebración que este año, de acuerdo con las grandes organizaciones sindicales del país, se dedica a la lucha para alcanzar grandes objetivos laborales: “por el pleno empleo, menos jornada y mejores salarios”, a los que hoy agrego uno especial: “más luz por el dolor que a veces contemplan nuestros ojos”. Como este país es muy dado a no reconocer sus propios éxitos, creo que de justicia recordar que la afiliación a la Seguridad Social, ha alcanzado una cifra notable, de récord en los últimos quince años, de 21 millones de afiliados, pero sigue teniendo el contrapunto del paro, que según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), se ha situado en el 12,3%, en el primer trimestre de 2024. Junto a esta realidad, no hay que olvidar las cifras sobre condiciones de vida en este país, fundamentalmente por ese paro lacerante, según la reciente Encuesta de condiciones de vida (ECV), referida a 2023 y elaborada por el Instituto Nacional de Estadística, cuyos resultados principales demuestran cuánto queda por hacer en relación con el trabajo digno para todos los ciudadanos y ciudadanas de este país. Ofrece datos que duelen, que nos hacen reflexionar sobre la imperiosa solidaridad que hay que demostrar a través de políticas sociales, las que se deben desarrollar por el Estado de Bienestar que defienda y proteja los gobiernos progresistas.

Si traigo hoy a colación, de nuevo, al poeta León Felipe, en un día tan especial, es porque la lectura de un poema suyo, El dolor, simboliza también el mejor homenaje a las personas que desean dar un nuevo sentido a la vida a través del trabajo digno, bien remunerado y desarrollado con todas las garantías de realización personal, más allá de reconocerse como meros “recursos humanos”, tal y como nos recordaba Eduardo Galeano, porque somos “seres humanos”, mucho más que nadies que necesitan trabajar a diario: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida… Con ojos que son fuentes del llanto y de la luz también.

El dolor

No he venido a cantar
No he venido a cantar, podéis llevaros la guitarra.
No he venido tampoco, ni estoy aquí arreglando mi expediente
para que me canonicen cuando muera.
He venido a mirarme la cara en las lágrimas que caminan hacia el mar,
por el río
y por la nube…
y en las lágrimas que se esconden
en el pozo,
en la noche
y en la sangre…

He venido a mirarme la cara en todas las lágrimas del mundo.
Y también a poner una gota de azogue, de llanto,
una gota siquiera de mi llanto
en la gran luna de este espejo sin límites, donde
me miren y se reconozcan los que vengan.
He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.«

Muchas personas de este país, crecimos con el mensaje bíblico de las primeras palabras de Dios sobre el trabajo humano, aquello de “conseguir el pan con el sudor de la frente”, lo que nos permite comprender mejor a León Felipe, con sus palabras llenas de exilio interior y físico, porque una de sus razones laicas es que se puede ganar, con el trabajo digno, la luz para iluminar el día a día de nuestras vidas.

Todo lo expuesto tiene hoy un sentido especial, en el Primero de Mayo y su más allá, sin quitar un ápice de importancia a la luz que este tiempo tan complejo también lleva dentro. Sobretodo, cuando el trabajo de cada día, de cada uno, de todos, es digno.

NOTA: la imagen la he recuperado de https://periodistas-es.com/leon-felipe-medio-siglo-muerte-recuerdo-zamora-96579

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Con tu puedo y con mi quiero, iremos juntos, compañero

Fotograma de la comparecencia del presidente, Pedro Sánchez, desde el Palacio de la Moncloa / 29/4/2024

[…] ya no somos inocentes
ni en la mala ni en la buena
cada cual en su faena
porque en esto no hay suplentes

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero.

Mario Benedetti, Vamos juntos

Sevilla, 29/IV/2024

A las once de la mañana, cuando el presidente Sánchez ha saludado a la ciudadanía con un sonoro “buenas tardes”, quizás como una concesión a la hora malva de Garcia Márquez, por el largo camino andado estos días atrás, “nos ha dicho”, porque ciudadano soy al que iba dirigida su carta, que continúa en su cargo: “He decidido seguir y seguir con más fuerza, si cabe, al frente de la Presidencia del Gobierno de España”. Es lo que yo, personalmente, quería escuchar hoy en beneficio del interés general para nuestra democracia, en “el después” más esperado en días de zozobra desde su carta a la ciudadanía del pasado miércoles, en la que anunciaba su retirada momentánea, en su residencia oficial de La Moncloa, prácticamente cinco días, para meditar sobre su continuidad o no al frente del Gobierno de este país tan dual y cainita.

Por esta razón, al comunicar el presidente su continuidad, siento la necesidad de compartir palabras de escritores, poetas y cantores de solidaridad activa sin límite, como un abrazo imaginario rodeado de palabras de agradecimiento, junto a millones de personas en este país, que estamos sufriendo de alguna manera los ataques furibundos al Gobierno legítimamente constituido, al Presidente y a su familia, por parte de las derechas y su más allá, precedidos de su artillería mediática por tierra, mar y aire.

Es el motivo por el que resuena hoy en mi mente, más que nunca, una canción de Luis Pastor muy escuchada y compartida en mis años jóvenes, Vamos juntos, que me marcó desesperadamente gracias a la composición de fondo creada por Mario Benedetti en su compromiso activo y porque ahora, más que nunca, ya no somos inocentes / ni en la mala ni en la buena / cada cual en su faena / porque en esto no hay suplentes, con una ideología concreta, que debemos gritar a los cuatro vientos, cada cual con su faena, porque entre todos tenemos que neutralizar con urgencia estos ataques desmedidos, disparados por diferentes “máquinas del fango”, sufridos por el Presidente, su familia y, por extensión ideológica, por millones de ciudadanos y ciudadanas de este país, artilugios que nos rodean a diario, no inocentes, a los que aludía Umberto Eco en su última obra publicada, Número Cero.

Audio de Mario Benedetti recitando Vamos juntos

Vamos juntos (Letras de emergencia, 1969-1973, Versos para cantar)

Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

compañero te desvela
la misma suerte que a mí
prometiste y prometí
encender esta candela

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

la muerte mata y escucha
la vida viene después
la unidad que sirve es
la que nos une en la lucha

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

la historia tañe sonora
su lección como campana
para gozar el mañana
hay que pelear el ahora

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

ya no somos inocentes
ni en la mala ni en la buena
cada cual en su faena
porque en esto no hay suplentes

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

algunos cantan victoria
porque el pueblo paga vidas
pero esas muertes queridas
van escribiendo la historia

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero.

De esta letra se desprende una actitud ante la vida, en permanente lucha y, salvando lo que haya que salvar, podemos llevarla al ámbito de lo que ha supuesto la situación denunciada por el presidente Sánchez en su carta, anteriormente citada:

[…] la historia tañe sonora
su lección como campana
para gozar el mañana
hay que pelear el ahora

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero […]

Luis Pastor, Vamos juntos

Es urgente actuar, pelear el ahora, ante las maniobras silenciosas y ruidosas de las derechas y su más allá, que activan a diario la maquinaria del fango, que trabaja sin descanso provocando el ocaso paulatino de la democracia en nuestro país. Esa es la razón de por qué hay que tomar conciencia de que esto no es tarea sólo del Presidente y de su Gobierno, sino de millones de demócratas de este país que, día a día, queremos construir un país libre y que mire a un presente y futuro más digno para todos. Estoy convencido de que todo sería más próspero si se abandonaran las luchas fratricidas y comenzáramos a escucharnos y dialogar sin límites. ¿Hay algo más hermoso en la vida diaria que comprender que con tu puedo y con mi quiero podemos hacer muchas cosas y avanzar en la dignidad política de cada día, que nos obliga por el mero hecho de ser ciudadanos responsables? La respuesta no está en el viento, a pesar de Bob Dylan. Aprenderíamos a perdonarnos y entender que perdonar es comprender y si la actitud de comprender es auténtica estoy seguro de que ya no habría casi nada que perdonar. Sería, sin duda alguna, la mejor vacuna contra el odio y la separación en este país tan cainita. Quizás, bastaría una sola dosis de reflexión para curarnos de la actual pandemia de odio al diferente, que nos azota y separa de la dignidad humana, porque pensamos siempre que el otro, casi por definición, no piensa igual que yo y, por tanto, no merece nuestro respeto. Aunque debemos tomar conciencia de que ya no somos inocentes / ni en la mala ni en la buena / cada cual en su faena / porque en esto no hay suplentes y porque para gozar el mañana / hay que pelear el ahora. ¿Cómo? Con tu puedo democrático y con mi quiero democrático, también.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Los presidentes lloran también


Carta de Pedro Sánchez a la ciudadanía

Yo pensé también un día
que los hombres nunca lloran
porque es una cobardía
que ninguno debe hacer

que por mucho sufrimiento
que haya dentro de sus vidas
en los hombres hay heridas
que nunca se dejan ver

Raphael, Los hombres lloran también (1964)

Sevilla, 27/IV/2024

Hace 17 años publiqué en este cuaderno digital un artículo, Estereotipo machista 2: los hombres no lloran, tópico muy extendido en nuestro país y que a mí me marcó mucho en mi infancia. Lo he recordado especialmente, al verificar cómo han reaccionado muchos líderes políticos y tertulianos, las redes sociales y las derechas mediáticas también, a la “carta a la ciudadanía” enviada el pasado miércoles por Pedro Sánchez, ciudadano y presidente de este país, apoyados por el consabido mantra de que “de casa hay que salir llorados” (Puigdemont, dixit) o una variación sobre el mismo tema, “al trabajo hay que venir llorados”. Han agregado también, entre otras lindezas e improperios, que lo que ha hecho el presidente, al escribir esta carta, es hacer pública una rabieta propia de un adolescente (Feijóo, dixit). Nuestro mítico y universal cantante, Rafael, me ha recordado en pocas palabras que “yo pensé también un día / que los hombres nunca lloran / porque es una cobardía / que ninguno debe hacer”.

En fin, lo que viene a decir la derecha y su más allá ultramontano, es que un presidente “serio”, “de bien”, no llora, porque es de cobardes. En este contexto tan triste y desolador, vuelvo a publicar el artículo citado, porque creo que no ha perdido actualidad alguna y porque el presidente Sánchez, cuando está triste e incluso llora, merece nuestro respeto y comprensión. Sobretodo, porque en relación a lo que han hecho con las insidias contra su esposa, “aunque sea cobardía, cuando se ha querido bien, se diga lo que se diga”, demuestra con su carta que “los hombres [aunque sean presidentes] lloran también”.

Estereotipo machista 2: los hombres no lloran

Sabemos muy poco del llanto. Recuerdo, cuando era niño, que en mi casa sabían cómo provocar sentimientos contradictorios niño/niña para sentirme mal después de una caída en la calle, cuando llegaba a casa llorando porque el dolor era insoportable en las rodillas destrozadas, al grito unánime de varias mujeres que me rodeaban: «¡los hombres no lloran!». ¡Cuántas veces lo habré escuchado! Y así hemos crecido durante varias generaciones, desde una perspectiva de género muy confusa porque me lo decían las mujeres más queridas en mi vida, porque cuando lloraba mi hermana yo lo veía como lo más natural del mundo y porque cuando había que llorar en común en la clave del Padre Peyton: la familia que llora unida, permanece unida, todas las miradas de mi tía y abuela iban hacia mis ojos como espías impertérritas ante la radio “Philips” que presidía la repisa principal de la sala de estar, lanzando a los cuatro vientos a través de Radio Madrid las voces de las radionovelas, los seriales radiofónicos y los programas del tipo “Ustedes son formidables” y “Operación Clavel”, en los que tenía que reprimir mis emociones y sentimientos para no caer en el ridículo más espantoso. Además, si lloraba, era candidato seguro a ser “mariquita”, cuestión de la que ya estaba advertido por lo que pudiera pasar…, porque al único que se le permitía decir algo en tal sentido era al cantante Raphael, en la canción que abre este post: y aunque sea cobardía, cuando se ha querido bien, se diga lo que se diga, los hombres lloran también.

Y lo que puedo asegurar es que lloraba, tragándome las lágrimas de una represión colectiva que no me enseñaba a llorar adecuadamente, porque la preocupación estribaba más en la representación del llanto y casi nunca en su causa. Pesaban más los fárragos que las quintaesencias, en lenguaje casi arcano. Así hemos crecido. Por ello, en esta tarea de deconstrucción del cerebro, me encuentro con una realidad que voy a analizar desde la perspectiva de género. Y como siempre, voy a intentar explicar bien por qué llora el ser humano. Por qué lloramos todas y todos, sin excepción.

Lloramos, porque todos los seres humanos estamos preprogramados para ello. En palabras del Dr. Murube del Castillo, un gran experto en dacriología (dácrion en griego: lágrima), la ciencia que estudia la lágrima: “Hace 280-360 millones de años los peces crosopterigios comenzaron a salir frecuentemente de su medio acuático al terrestre, ya por la presión ecológica de otros animales, ya por vivir en charcas de desecación repetida. Así, surgieron los anfibios, uno de cuyos principales cambios fue la creación de un aparato lacrimal que mantuviese mojada permanentemente su córnea, ya que ésta necesita estar cubierta por una película lacrimal para su correcto metabolismo y para mantener una superficie ópticamente lisa. A lo largo de la evolución de las especies fueron apareciendo muchos cambios en el aparato lacrimal, entre los que están la aparición y perfeccionamiento de un sistema nervioso de conexión, que dio lugar a la lágrima refleja, y de un sistema nervioso de elaboración que dio lugar a la lágrima emocional”. Es decir, la evolución ha llevado a su expresión más desarrollada la estructura cerebral que controla también el llanto de los seres humanos y todos los procesos desencadenantes para su estudio e interpretación científica.

Tres tipologías de lágrima se estudian hoy en la investigación dacriológica: la basal, la refleja y la emocional. La lacrimación basal es la que el ojo produce en circunstancias normales, ejerciendo una función protectora en el globo ocular, de forma que lubrica su superficie, procurando a la córnea oxígeno y nutrientes para su metabolismo y finalmente mantiene en suspensión sustancias relacionadas con la defensa inmunitaria. La lágrima está compuesta en su mayor parte por agua, siendo los otros componentes lípidos y proteínas. La glándula lagrimal principal produce el 95% del componente acuoso de las lágrimas, siendo las glándulas lagrimales accesorias de Krause y Wolfring las encargadas de la producción del resto. La secreción lagrimal refleja es varios cientos de veces superior a la producción basal o de reposo, y está producida por la estimulación sensorial conjuntival y corneal superficial. El estímulo secretor que actúa sobre la glándula es parasimpático y produce secreción refleja en ambos ojos. También existe una lacrimación emocional que se produce siempre a través de una orden cerebral relacionada con determinados estados anímicos. 

De acuerdo con el Dr. Murube, “la lacrimación emocional es filogenéticamente muy reciente, y sólo existe en la especie humana. Hay 5 teorías para explicar su aparición, todas basadas en la transformación del lagrimeo en un reflejo condicionado asociado a la angustia del llanto: La compresión de las glándulas lacrimales al comprimir las glándulas con el blefarospasmo del llanto (Darwin 1872), la liberación catártica de un estímulo nervioso por vía parasimpático-lacrimal (Freud 1893, 1929), la humidificación del aparato fonatorio (Montagu 1969), el aclaramiento de productos biológicos liberados a la sangre por la emoción (Frey et al 1983), y la simbolización de la lágrima como manifestación de dolor, derivada de que el derramamiento de lágrima por lagrimeo reflejo se hace siempre asociado a dolor (Murube). La secreción emocional se admitía hasta el presente que se inicia a las pocas semanas o meses del nacimiento. Desde que se descompuso la lacrimal emocional en dos tipos, el de petición de ayuda y el de donación de ayuda (Murube et al 1990a), esta fecha queda asignada a la lacrimación de petición de ayuda, apareciendo la de donación de ayuda al acceso del uso de razón, es decir, entre los 5 y 7 años” (1). 

Daniel Goleman, en referencia a la lágrima emocional, sintetizó muy bien el proceso del llanto en su presentación mediática de la inteligencia emocional: “El llanto, un rasgo emocional típicamente humano, es activado por la amígdala y por una estructura próxima a ella, el gyrus cingulatus. Cuando uno se siente apoyado, consolado y confortado, esas mismas regiones cerebrales se ocupan de mitigar los sollozos pero, sin amígdala, ni siquiera es posible el desahogo que proporcionan las lágrimas” (2). Tal y como manifestaba en el post dedicado al gyrus cingulatus, “sus funciones básicas están centradas en proporcionar comunicación continua -es zona de paso y proceso continuo- desde el tálamo hasta el hipocampo, estructuras ya analizadas en la cartografía cerebral que estoy construyendo y que se puede volver a consultar para ir montando este puzle humano de cien mil millones de piezas, ninguna igual. El giro colabora con la memoria emocional, con reminiscencias muy primitivas cercanas al olor, al llanto y al dolor, es decir, esta realidad nos permite constatar que hace millones de años que el ser humano llora, sufre. Es también el lugar de control para el trabajo atencional ejecutivo y esta misma estructura cerebral recibe las aferencias desde las estructuras emocionales en red que se asocian con el malestar humano, procesan las respuestas al estrés y modulan la conciencia, expresión esta última a la que habría que dedicar muchas anotaciones en este cuaderno y que asumo como responsabilidad científica (3). En definitiva, existe una correlación causa-efecto, en el marco emocional de las personas, determinante para llorar. Además, al llorar hacemos una exhibición de lo que somos, siendo uno de los momentos estelares en la representación del llanto que alcanzan las actrices y los actores: “lloran como si fuera verdad lo que está pasando”, solemos decir.

A partir de estos planteamientos básicos, solo queda aceptar la realidad del llanto como patrón de conducta aprendido en la sociedad que rodea a cada persona. La investigación al respecto nació en la década de los años setenta del siglo pasado. En un estudio llevado a cabo en 2004 por el investigador y fisiólogo William Frey, autor del libro Llorar, el misterio de las lágrimas(4), ya se van acercando más hombres y mujeres al llanto común: 64 episodios de llanto como promedio anual para las mujeres y 17 para los hombres, lo que implica un volumen cuatro veces menor de lágrimas masculinas que femeninas. Asimismo, el informe señalaba que los hombres lloran un promedio de cuatro minutos por episodio, mientras las mujeres lo hacen durante seis o más. Pero, aunque, hoy, los hombres lloran sin pudor, los estereotipos de género siguen teniendo un peso decisivo. Al menos eso fue lo que manifestó otro estudio, que comprobó que las mujeres lloran más que los hombres si miran una película emotiva en compañía de alguien del sexo opuesto que cuando lo hacen con alguien del propio (5).

Las pocas veces que al fin pude llorar en mi infancia, recuerdos de Castilla, se interpretaban mis lágrimas con la dura expresión de “¡Lágrimas de cocodrilo!”, que nunca entendí en la razón última de su origen, porque precisamente nunca había podido vincular la firmeza del saurio con una debilidad tan extrema. Entre mujeres y cocodrilos crecíamos para ser personas. Luego supe que esta frase tenía una base cultural importante en nuestro país, porque según el propio Dr. Murube: “En el siglo XIII, Bartolomeu Angelicus escribió que cuando el cocodrilo encuentra a un hombre a la orilla del agua lo mata, si puede, después llora sobre él y, finalmente lo devora». De ahí nació la expresión de «lágrimas de cocodrilo», aquellas derramadas hipócritamente por quien hizo el daño. De todos modos, «hasta hace siglo y medio no se aclaró que la razón no es psicógena, sino de pura fisiología digestiva: el cocodrilo produce poca saliva, por lo que llora para que las lágrimas pasen a la cavidad orofaríngea y le sirvan para lubricar y deglutir el bolo alimenticio».

Siempre me ha impresionado cómo influyen los estereotipos sociales en estas manifestaciones machistas. Aquí en Andalucía tenemos un capítulo en la intrahistoria penosa de la erradicación de las culturas invasoras, cuando solo sabemos de las lágrimas de Boabdil en el «Suspiro del Moro» tal y como nos lo ha contado la historia hasta hoy en palabras de su madre: Llora como mujer lo que no supiste guardar y defender como un hombre. Sin embargo, poco han trascendido sus lágrimas del silencio, en una tumba del pueblo granadino llamado Mondújar. En esa tierra dejó Boabdil los restos mortales de la persona que amó tanto como a Granada, a su esposa Morayma, la mujer que se mantuvo fiel a su lado, que le dio dos hijos y que sufrió en silencio, tanto como él, su vida y reinado desdichado. Un ejemplo clarividente de aprendizaje y estereotipo injusto para la posteridad, de las niñas y niños que lloran en Andalucía.

Sevilla, 15/VII/2007

(1) Murube del Castillo, J. Mesa Redonda, 73 Congreso de la Sociedad Española de Oftalmología – Granada, 1997 (recuperado de http://www.anatomiahumana.ucv.cl/estructura/modulo8.html).
(2) Goleman, D. (1996). Inteligencia emocional. Barcelona: Kairós, p. 39.
(3) González, C., Carranza, J. A., Fuentes, L. J., Galián, M. D. y Estévez, A. F. (2001). Mecanismos atencionales y desarrollo de la autorregulación en la infancia. Anales de psicología, vol. 17, nº 2 (diciembre), 275-286.
(4) William H.F. and Muriel, L. (1985). Crying, the Mystery of Tears. Minneapolis: Winston Press.
(5) Diaz Prieto, M. (2004). Los hombres lloran 4 veces menos que las mujeres. Sin embargo, dice un estudio, antes lloraban aún menos. La moda del varón sensible (recuperado de http://www.unsl.edu.ar/~dospu/archivos/llora.htm, el 12 de julio de 2007).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

El pueblo es el que más ordena para acabar con las insidias contra Pedro Sánchez, ciudadano y presidente de este país

La palabra “insidia” tiene dos acepciones en el Diccionario de la Lengua Española, publicado por la RAE en su última edición, asechanza y palabras o acción que envuelven mala intención. Si me quedo con la primera acepción, engaño o artificio para hacer daño a alguien, porque la segunda va implícita en la primera, la mala intención, veo que el citado diccionario indica que tiene hasta catorce sinónimos, al cual más detestable: emboscada, encerrona, insidia, maquinación, trampa, celada, intriga, engaño, embeleco, trapacería, trapaza, lazo, asechamiento, asecho. Son quince formas de comprender el alcance de la palabra “insidia”, que el expresidente Zapatero ha utilizado hoy en una entrevista en la cadena SER, pidiendo la movilización social en favor de la democracia ante esas insidias permanentes contra Pedro Sánchez, expresadas ayer en una carta que el presidente dirigió a la ciudadanía, vocablo del que comprendemos todavía mejor su alcance detestable en todas y cada una de sus acepciones y sinónimos.

En esta entrevista, el expresidente ha manifestado que: «hay que arroparle y apoyarle», porque es necesario que “venza la democracia de los afectos y se imponga a la democracia del odio», al constatarse que “la insidia ya ha llegado a los límites mayores que la democracia recuerda […] Vale la pena que reaccionemos ante la insidia con coraje democrático y no con el desistimiento… se pueden hacer cosas en pocos días,  […] uno se siente responsable toda la vida de los malos momentos que ha sufrido su familia […] No nos podemos quedar quietos y callados porque esto es un debate público que afecta a la sociedad, a la democracia y a las instituciones». En definitiva, ha señalado el expresidente Zapatero que esta carta del ciudadano Pedro Sánchez, obviamente también como presidente,  envía muchos mensajes a la sociedad, destacando que «es bueno para la democracia un debate sobre los límites del odio». Personalmente, añado en democracia, sobre los límites de las emboscadas, encerronas, insidias, maquinaciones, trampas, celadas, intrigas, engaños, embelecos, trapacerías, trapazas, lazo, asechamientos y asechos, sufrido todo ello por el presidente actual, también su Gobierno, resumido en una situación real y actual: “los ataques sin precedentes”, sin límite alguno, por parte de la derecha y la ultraderecha contra su esposa, como explica en su carta a la ciudadanía.

Como vengo anunciando en este cuaderno digital en los últimos años, creo, ahora más que nunca, que este país está viviendo el momento más crítico de su etapa democrática actual, situándola desde la denominada Transición hasta nuestros días. Lo que está sucediendo y estamos viendo y escuchando desde las elecciones locales del 28 de mayo de 2023, con la entrada electoral de la ultraderecha y la derecha extrema, como caballo en cacharrería, en Comunidades, Parlamentos, Diputaciones, Ayuntamientos y Concejalías varias, se ha consolidado no ya como un auténtico aviso para navegantes demócratas, sino como una alarma continua. Sabemos ya que van a por el Gobierno de la Nación, su Patria por bandera, para echar al Gobierno actual, ilegítimo por más señas, según ellos, para así recuperar el Estado solamente para la Gente de Bien, como dice la derecha ultramontana, porque ya está bien de tanta ignominia de la Gente de Mal, para ellos también, que la conformamos millones de personas de este país. Esta situación que se veía venir, se consolidó con las elecciones del 23 de julio del año pasado, cuando se pararon los pies a la derecha y ultraderecha de este país a través de las urnas y comenzó a sobrevolar la traída y llevada amnistía, sobre lo sucedido en el llamado “proceso” de Cataluña en 2017, porque esas fuerzas antidemocráticas querían llevar a nuestro país a un retroceso histórico, infame, de imprevisibles consecuencias.

Esta situación la he recordado hoy, en la celebración del 50 aniversario de la revolución de los claveles, en Portugal, porque se demuestra algo que aparecía en la canción Grándola, Vila Morena, que se convirtió en himno en el país vecino: el pueblo es quien más ordena, de tan feliz memoria, tal y como nos lo transmitió Jose Zeca Afonso en su pequeño rincón de Grándola. Ese futuro aciago que se intuyó como real en las elecciones generales de julio de 2023, es lo que el pueblo español, que es quien ordena, frenó en seco. Por esa razón, no olvidamos en pleno siglo XXI lo sucedido en nuestro país en la guerra civil y durante la dictadura franquista, cuando la democracia actual sufre en varios frentes de convivencia por el odio que algunos se empeñan en instalar en nuestra forma de vida. De ahí la necesidad de recordar lo que nos puede mantener vivos y despiertos en democracia (de otra forma no es posible) después de tantos siglos.

La democracia en este país corre un riesgo alarmante de perder el control de la convivencia pacífica, por determinados pensamientos en corazones de personas que están muy lejos de la democracia y su aplicación en la vida ordinaria. Creo que al buen entendedor digno, que debe proteger la libertad y la democracia, con pocas palabras basta. A luz de la carta enviada ayer por el presidente Sánchez a la ciudadanía de este país, al que recordando a Terencio, nada humano le es ajeno, el dolor de su familia por lo que está pasando, que he leído varias veces, leo y escucho también, junto a José Zeca Afonso (hoy especialmente), a Miguel Hernández y Rafael Alberti, porque nos ayudan a entender que para la libertad, sangramos, luchamos y pervivimos por una razón fundamental: el pueblo es quien más ordena, porque aún tenemos la vida. Por esta razón escribo hoy con el corazón, para que formando parte del pueblo español, que ordena constitucionalmente la libertad y el progreso en este país, se lea y escuche hoy al presidente Pedro Sánchez con sentimiento, más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón, / Más que el viento, pidiéndole que siga adelante, porque cuenta con millones de personas y votantes que creen, creemos, en su dignidad personal, familiar y política.

Nos jugamos mucho y mi palabra lleva dentro la petición de que el presidente se quede al frente de este país, de su Gobierno, por la necesaria y urgente defensa de la democracia auténtica, en beneficio del interés general de la ciudadanía digna y responsable. Salvando lo que haya que salvar, recuerdo hoy a Salvador Allende, a través de palabras en momentos muy difíciles para su país, para que nuestro presidente actual siga teniendo la fortaleza y fe, que le caracteriza, en el destino democrático del nuestro, sabiendo que millones de ciudadanos y ciudadanas superaremos este momento gris y amargo en el que pretenden imponerse la insidia, la emboscada, la encerrona, la maquinación, la trampa, la celada, la intriga, el engaño, el embeleco, la trapacería, la trapaza, el lazo, el asechamiento y el asecho. Lo pienso así porque sé que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pasen las personas libres de este país, para construir, entre todos, junto a Pedro Sánchez y su Gobierno democrático, una sociedad mejor.

Como no deseo participar de silencios cómplices, hago lo que puedo con este cuaderno digital, porque me queda la palabra, la que alzó Blas de Otero y no he olvidado a lo largo de mi vida. Estoy muy preocupado y no voy a parar hasta el día indicado por Pedro Sánchez en la carta que me ha dirigido, el lunes próximo, cuidando este delicado contexto político, en su sentido más puro, que sólo propiciaría con su dimisión un paso de gigante en el ocaso de la democracia en nuestro país.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Orobroy, el pensamiento profundo de Dorantes

Sevilla, 20/IV/2024

Orobroy, en lenguaje caló, la obra maestra del pianista David Peña Dorantes  (Lebrija, Sevilla 1969), publicada en 1998, con un significado profundo en castellano, pensamiento, forma parte de mi memoria histórica por la relación que hace ya muchos años mantuve con la familia Peña, en Lebrija (Sevilla), una saga familiar gitana vinculada con los Perrate de Utrera, también en la provincia de Sevilla. La llevo en mi persona de secreto, fundamentalmente a Juan “El Lebrijano” y a su hermano Pedro, de los que estuve muy cerca por el fallecimiento repentino de su padre en el Hospital Universitario San Pablo, consolándolos y transmitiéndoles mi afecto. Ahora, Dorantes, hijo de Pedro, me recuerda a diario con ”Orobroy”, su maestría de composición e interpretación con el piano flamenco, en un fragmento incorporado como tono de llamada en un móvil familiar.

Hoy, he recordado también una entrevista en la que Dorantes contaba cómo nació Orobroy: “Pues el recuerdo que tengo es una fiesta que se formó en el salón de la casa de mi tío Juan El Lebrijano. No recuerdo qué se estaba celebrando, sólo que estaba toda la familia. Estaba mi abuela, todos mis tíos por parte de Lebrija, Fernanda y Bernarda que también vinieron de Utrera, y hasta La Turronera. Yo me quedé allí a dormir y recuerdo que me levanté por la mañana y, como mi tío Juan tenía un piano en la casa, me senté y di los primeros acordes de Orobroy esa misma mañana, intentando expresar lo que había sentido. Y ahí empezó. Cuando llegué a Sevilla, terminé de desarrollarla con aquella idea”.

Lo importante de esta composición es su extraordinaria partitura integral, que refuerza con su letra, cuyos autores son Pedro Peña Fernández y su hijo, David Peña Dorantes, para comprender mejor qué quiso transmitirnos Dorantes con esta bella obra, cantada por un coro de niños y niñas, reivindicando una historia dolorosa del pueblo gitano y su forma de devolver al mundo una muestra de su dignidad humana y asunción liberadora del castigo multisecular que ha sufrido y sufre esta etnia:

Bus junelo a purí golí e men arate

Cuando escucho la vieja voz de mi sangre

Sos guillabela duquelando palal gres e berrochí

Que canta y llora recordando pasados siglos de horror

Prejenelo a Undebé sos bué men orchí callí

Siento a Dios que perfuma mi alma

Ta andiar diñelo andoba suetí tujis pre alangarí

Y en el mundo voy sembrando rosas en vez de dolor

En este mundo al revés, sumido en guerras imposibles, me emociona hoy pensar que podemos sembrarlo de rosas en vez de tanto dolor. Y escucho como en bucle permanente el mensaje de las notas de esta preciosa composición, porque Dorantes, cuando la toca, nos arranca lágrimas, algo parecido a lo que Gabriel García Márquez dijo en una ocasión refiriéndose a su tío Juan: cuando Lebrijano canta, se moja el agua

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UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Rosalinda Miller Cid, una poeta que vivió y murió en la calle

Cada vez que alguien escribe un verso / el Juicio Final se aleja un segundo.

Rosalinda Miller Cid

Sevilla, 18/IV/2024

En mi singladura actual, acabo de descubrir una isla desconocida, la vida y obra de una poeta excepcional, Rosalinda Miller Cid (1966-2019), situada en el espectro de las nadies de Galeano, fuera de los circuitos oficiales del mercado, de la industria pura y dura de la vida y, concretamente, del libro, en el que emergen editoras de gran dignidad humana y profesional. Es obligado, por mi parte, reconocer que este hallazgo lo debo a la lectura de un artículo escrito con alta sensibilidad humana en elDiario.es: Rosalinda Miller Cid, la revelación de la poesía española que vivió y murió en la calle, del que recomiendo su atenta lectura.

En este caso, la editora sevillana Libros de la herida, ha publicado Otro día en un jardín extraño. Poesía de una vida sin hogar, un libro que recoge poemas de un cuaderno mágico de Rosalinda Miller y, otros, aportados por personas a las que ella los entregó en algún momento de su vida. El libro es un homenaje póstumo a esta poeta, que vivió y murió en las calles de Sevilla, de la que siempre se ha sabido poco, aunque su deambular por las aceras de esta ciudad, a las que tanto amó la urbanista Jane Jacobs, la hizo muy popular en el barrio de la Macarena, en la que Stefan Zweig, en una visita breve, dijo que “se podía ser feliz”.

No la conocí en mi andar cotidiano por esta ciudad y ese barrio, pero quien desee acercarse a esta mujer que hizo poesía de su azarosa vida, debe leer el prólogo de esta obra, escrito por David Eloy Rodríguez, una persona de las imprescindibles de Brecht, que la editora, de forma generosa, ha puesto a disposición de quien esté interesado en conocer a Rosalinda y la forma en la que se ha elaborado un justo reconocimiento a su persona y obra. También es justo señalar el papel que juega en esta ciudad el laboratorio de escritura creativa para personas sin hogar, que el autor del prólogo programa, coordina e imparte en un espacio facilitado por la asociación Solidaridad para el Desarrollo, al que Rosalinda acudía de forma asidua y con una actitud ejemplar.

La sinopsis oficial de esta obra, nos ofrece una oportunidad de compartir su forma de aprehender la vida desde la poesía de una persona perteneciente a una clase de personas que, en su difícil e incomprendido día a día, nos enseñan el auténtico valor de la dignidad humana: “Rosalinda Miller Cid (Sevilla, 1966 – 2019) murió en la calle. Era una persona sin hogar. La poesía era su refugio, su manera de comprender, contar y transformar el mundo. Lo poco que sabemos de su vida (una existencia intensa, agitada y azarosa, repleta de enigmas) lo cuenta en el prólogo de este libro David Eloy Rodríguez, así como la forma en que estos versos llegaron a verse publicados: una historia singular. La impactante voz poética de Rosalinda recoge con sabiduría y precisión, con intensidad y hondura, la experiencia de la más radical intemperie. Los derechos de autor de este libro irán destinados a las personas que sufren marginalidad y exclusión social”.

Todavía, a la hora de enfrentarme hoy a esta página en blanco, sigo dedicando tiempo de mi silencio interior a un poema de este libro, en el que Rosalinda Miller habla de sus “posesiones”, título del mismo, demostrando una vez más que a ella sólo le quedaba la palabra: “El diccionario secreto de las heridas./ Un maquillaje de silencio en una cajita de amargura./ Una foto de la morada ausente./ La carga de un batallón de miradas incesantes./ Las agujas de un reloj que tiene las horas rotas./ El sufrimiento de un largo camino./ La orquesta de la necesidad./ Una almohada sin sueño ni descanso./ El yugo de una vida perdida./ Un equipaje estancado en el abismo./ La desnudez plena en una realidad que no se elige./ Un diario que escribo sola, en húmedos cartones, por la noche./ Un mapa para perderse en el tiempo de la oscuridad”.

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UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Ayer recordé a la orquesta del Titanic

Fotograma de “Titanic”, 1997

Sevilla, 15/IV/2024

Hoy, a las 2:20 horas de la madrugada, se han cumplido ciento doce años del hundimiento del trasatlántico RMS Titanic en el norte del Océano Atlántico, tras chocar contra un iceberg frente a las costas de Terranova, un hecho luctuoso en el que murieron 1.517 personas que iban a bordo, como tripulación y pasajeros. De este acontecimiento que conmovió al mundo, siempre me ha quedado la huella de la famosa orquesta que iba también a bordo, la Wallace Hartley Band, para ofrecer divertimento al pasaje y cómo siguió tocando impertérrita hasta el hundimiento total del buque.

Salvando las distancias y todo lo que haya que salvar, ayer recordé a esta afamada orquesta cuando conocí el ataque iraní con cientos de misiles y drones contra el territorio de Israel, una amenaza de guerra que nos dejaba al borde del precipicio de un conflicto mundial de incalculables daños humanos y materiales. La recordé, porque creo que no hemos tomado conciencia todavía de que este tipo de escaramuzas guerreras las contemplamos como lejanas, a modo de música interpretada por los nuevos músicos de un Titanic imaginario, intentando seguir viviendo como si no pasara nada, a pesar de los avisos continuos de que el mundo se hunde. Y lo que tengo claro, mirando de frente a los nuevos músicos de ese nuevo Titanic imaginario es que todos no vamos en el mismo barco y que no nos da igual lo que está pasando en Gaza, por señalar algo muy concreto. Bastaría una locura de Putin o una respuesta de Israel alocada, para que la gran nave mundial se hundiera con música de fondo siguiendo la estela del Titanic.

Creo que ha llegado el momento de escoger el barco en el que va cada uno por la vida, porque si algo tengo claro es que todos no vamos en el mismo. En el mío, una patera, no cabe músico alguno para entretenerme hasta su hundimiento por la desazón de la vida, fundamentalmente porque su gobierno depende de mi cuaderno de derrota, en lenguaje marino, de mi responsabilidad ética en el cada día de la vida.

En 2016 escribí un artículo bajo el título En el mismo barco, en el que explicaba que en noviembre de ese año se había estrenado un documental, In the same boat (En el mismo barco), que resumía en su título una idea muy brillante del sociólogo Zygmunt Bauman: “ya estamos todos en el mismo barco, pero lo que nos falta son los remos y los motores que puedan llevar este barco en la dirección correcta”. Se refería al ecosistema social de escala mundial en el que navegamos en estos momentos casi hacia ninguna parte: “En tiempo de crisis siempre se ha dicho que no es conveniente hacer mudanzas, pero no estoy de acuerdo con este aserto ignaciano en situaciones tan dramáticas como las que se están experimentando a nivel mundial, con un impacto importante en este país, aunque se quiera ocultar casi a diario. Estamos viviendo en un mundo con una clamorosa ausencia de valores y, sobre todo, de ética, tal y como lo aprendí de un maestro en el pleno sentido de la palabra, el profesor López Aranguren, cuando la definía como el «suelo firme de la existencia o la razón que justifica todos los actos humanos», que tantas veces he abordado en este blog”.

Dije también que ante el contexto actual mundial, con la crisis de la pandemia que sobrevolaba sobre nuestras vidas y que tan rápidamente hemos olvidado, “estas razones nos obligan a dejar los supuestos puertos seguros y comenzar a navegar para intentar descubrir islas desconocidas que nos permitan nuevas formas de ser y estar en el mundo. Lo contrario es obvio y se ve venir porque navegamos en mares procelosos de corrupción y desencanto, en los que cunde el mal ejemplo de abandonar el barco metafórico de la dignidad, con la tentación de que el mundo se pare para bajarnos o arrojarnos directamente al otro mar de la presunta tranquilidad y seguridad existencial. Se constata a veces, en esa situación, que falta ya mar para acoger a todos los que se tiran a él. Lo que verdaderamente me enerva es contemplar cómo se suelen liquidar estas situaciones tan transcendentales con la consabida frase de que “todos vamos en el mismo barco” y eso no es así ni lo admito con carácter general, porque todos no somos iguales: unos van en magníficos yates y otros, la mayoría, en pateras”.

Me reitero en algo de lo que estoy muy convencido: es probable que a este barco ético y esperanzador no suban nunca quienes no están interesados en que el mundo mejore, porque los poderes fácticos que dirigen y protegen la maquinaria de la guerra en cualquier lugar del mundo, el terrorismo de cualquier cuño, así como los vestidos de negro, deciden desde hace ya mucho tiempo el funcionamiento y los altibajos del ecosistema económico y financiero mundial, desde una torre en Manhattan, a través de portátiles y teléfonos inteligentes. Ellos viajan en barcos privados, en cruceros del mal, que no surcan nunca estos mares, para ellos procelosos, contratando incluso a orquestas que los entretienen hasta el final de sus días. Lo que detesto también es el abandono de la lucha en situaciones difíciles, como las que estamos atravesando ahora, en las que aquellos que estaban a veces con los que deseamos estos cambios urgentes en las políticas mundiales, europeas y nacionales, se arrojan a un mar en el que cada vez hay menos sitio, porque dicen que esto no tiene remedio. Lo paradójico es que cuando se avance en la búsqueda de soluciones surcando mares diferentes que posibiliten otro mundo mejor, falte ya sitio o barco, según se mire, para recoger a los que en tiempos revueltos se tiraron al mar porque nunca quisieron buscar otras alternativas a este mundo que no nos gusta. El resultado es este aforismo personal:

1. A veces, falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…
2. A veces, falta barco para recoger a todos los que se tiran a ese mar…

Mientras, los músicos del nuevo Titanic imaginario, seguirán tocando para este mundo al revés como si no pasara nada.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Desgraciadamente, sigue habiendo algo personal

RTVE – Noticias de Gaza

Sevilla, 7/IV/2024

No conocen ni a su padre cuando pierden el control,
ni recuerdan que en el mundo hay niños.
Nos niegan a todos el pan y la sal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Juan Manuel Serrat, Algo personal

Me pasa casi todos los días cuando veo un informativo en televisión o leo noticias en periódicos atómicos o digitales, en los que de forma recurrente están presentes la guerra de Ucrania, cada vez más en el olvido, la invasión sangrienta y sin límites de Gaza por parte de Israel, el camino errante hacia alguna parte de millones de refugiados, las lanchas y cayucos de migrantes que se pierden para siempre en el Mediterráneo o llegan “a la otra orilla” en un estado calamitoso, la violencia vicaria, las mujeres maltratadas, las agresiones sexuales, la corrupción política por doquier, la dura realidad de miles de niños y niñas, también adultos, que viven con amargura su realidad diferente de ser y estar en el mundo con los demás y el paro que golpea a familias completas en nuestro país, llevándolas a cifras estadísticas insoportables de pobreza extrema y exclusión social en este mundo al revés. En este contexto, me acuerdo siempre de una canción preciosa de Serrat, Algo personal, porque entre esos tipos y tipas que propician estas situaciones tan dolorosas y yo, efectivamente, hay algo personal.

Sería mucho más importante y de amplio impacto social que entre esos tipos de personas y los Estados, incluido el nuestro, también nuestra Comunidad, hubiera también algo personal, para que las consecuencias de su existencia pasaran de ser tristes noticias tristes a hechos atendidos con prioridad absoluta sobre otros, porque ya está bien de mirar hacia otro lado calificándose siempre como noticias molestas y recurrentes, porque mientras que no se actúe con contundencia política, ética y práctica, no se eliminarán del imaginario diario de nuestras vidas.

Por eso vuelvo a escuchar a Serrat, porque a esos responsables de estas situaciones “Probablemente en su pueblo se les recordará / como cachorros de buenas personas, / que hurtaban flores para regalar a su mamá / y daban de comer a las palomas. / Probablemente que todo eso debe ser verdad, / aunque es más turbio cómo y de qué manera / llegaron esos individuos a ser lo que son / ni a quién sirven cuando alzan las banderas”. El que quiera entender que entienda, aunque estoy convencido de que desde una perspectiva de ética individual y colectiva, estamos obligatoriamente obligados a entenderlo.

Ahora comprendo, mejor que nunca, que entre esa clase de tipos de personas, mediocres hasta la saciedad, personajes de negro y líderes políticos no democráticos y yo, perfectamente identificados con sus siglas nacionales e internacionales, con sus nombres y apellidos, sigue habiendo algo personal.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Popeye, ¡marino soy!

Sevilla, 5/IV/2024

Cuando era niño y hacía y sentía las cosas de niño, conocí a Popeye, sus inseparables espinacas, a la enjuta Olivia y al encantador Cocoliso, personajes llegados de América para divertir también a Europa, aunque muchas de sus historietas eran de todo, menos inocentes. Hoy, leyendo un excelente artículo en ICON, sobre la verdad verdadera del rodaje de la película sobre este personaje, dirigida por Robert Altman e interpretada por un jovencísimo Robin Williams en su primer papel cinematográfico, dando vida a uno de los ídolos de mi infancia, he vuelto a encontrarme con él y su familia, con sus amigos y enemigos eternos.

Entre las diferentes etapas de este superhéroe de mi infancia, la caracterización como “marino”, fue para mi la más conocida desde su nacimiento en la tira cómica Timble Theatre de King Features Syndicate, en la edición del The New York Evening Journal del 17 de enero de 1929. Es importante recordar, por tanto, que Popeye está cerca de cumplir cien años, un personaje con estilo propio y con su intrahistoria real, creado por Elzie Crisler Segar.

Wikipedia describe bien este personaje: “En la mayoría de sus apariciones, Popeye es caracterizado como un marinero independiente con una peculiar forma de hablar y reír, músculos de los antebrazos muy desarrollados, con tatuajes de ancla en ambos, y una omnipresente pipa de caña de maíz en su boca. Tiene el cabello rojo y una prominente quijada. Varía observarlo vestido de marino con uniforme blanco o con pantalón de mezclilla azul, camisa azul marino o negra y su gorra de marino, ya sea como de capitán o pequeña. Generalmente es dibujado con su ojo izquierdo de color azul. Jamás se ha revelado cómo perdió el derecho”. Así lo recuerdo, sobre todo cuando gracias a las omnipresentes espinacas cambiaba su vida para vencer cualquier obstáculo.

Lo que nunca supe cuando era niño, es que la verdadera protagonista de esta larga historia era Olivia, quizás por el puritanismo ideológico y de falsa ética en aquellos difíciles años en América. Popeye fue, en sus comienzos, un personaje secundario, porque su aparición se debe a su trabajo como piloto de una embarcación que traslada a Olivia, a su novio Castor y a su hermano, Ham, con una misión: cazar una gallina mágica, finalizando estas aventuras arrebatando Popeye a Castor su querida Olivia, la que sería posteriormente su sempiterna novia, en una misión arriesgada para el citado puritanismo americano. Cocoliso, el hijo llegado por correspondencia, fue el otro héroe de mi infancia que formó el trío que todavía no he olvidado de mi niñez rediviva.

A pesar de que en mi casa me animaban a comer espinacas para “ponerme fuerte” (sic), como Popeye, tampoco sabía entonces que a él tampoco le hacían mucha gracia: “Los dibujos animados de Popeye fueron los primeros en sugerir que la fuerza del marino era debida al consumo de espinacas −en las tiras cómicas a Popeye no le gustaban las verduras (un tema que abordaría nuevamente Robert Altman en la película Popeye). El cortometraje de 1954 Greek Mirthology muestra el origen del consumo de estos vegetales en la familia de Popeye. El ancestro griego del personaje, Hércules, olía ajo para adquirir sus poderes. Cuando, tras contrarrestar el efecto del ajo utilizando clorofila, el ancestro de Bluto lanza a Hércules a un campo de espinacas, este, tras comerlas, descubre que le dan mayor fuerza que el ajo”.

Lo que me demuestra este recuerdo hoy, especial, en la búsqueda de la isla desconocida en la que en realidad vivía Popeye, es que cualquier parecido con la realidad de su forma y existir en el mundo, era como en sus películas una pura coincidencia. Quizás, como la que vivió el inolvidable Robin Williams, con su alma de niño, cuando interpretó de forma tan personal y controvertida a Popeye en la película de Altman, en 1980.

Escribiendo estas líneas, he comprobado que Popeye no sólo era un marino como lo recuerdo hoy, gritando a los cuatro vientos, ¡Popeye, marino soy!, cuando comenzaban o finalizaban siempre sus cortos, sino un personaje que buscaba permanentemente su isla desconocida particular, sin necesidad de comer espinacas, el lugar que tantas veces he citado en este cuaderno digital, gracias a José Saramago, el descrito por su humilde heroína en “El cuento de la isla desconocida”: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual”.

Quizás, es lo que Robin Williams legó para la posteridad en su forma de interpretar al verdadero Popeye que llevaba dentro. Es lo que me pasa a mí, porque sólo sé, al igual que Rafael Alberti, que marinero en tierra soy, buscando incesantemente islas desconocidas, aún por descubrir.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!