Es necesario recordar el último informe sobre la dramática situación de la sanidad pública en Andalucía (2025), para contextualizar lo sucedido con el cribado de cáncer de mama

Informe sobre la situación de la sanidad pública andaluza – 2025

Sevilla, 6/X/2025 – 14:42 h (CET+2)

A tenor de lo sucedido la semana pasada en relación con el cribado de cáncer de mama en nuestra Comunidad, con resultados alarmantes que afectan a cerca de 2.000 mujeres, “por un fallo de información a estas mujeres que deben hacerse una segunda prueba”, vuelvo a publicar el artículo que escribí el pasado 27 de mayo, para contextualizar la situación en que se encuentra en la actualidad la sanidad pública andaluza, que ha estallado de forma dramática en el cribado de cáncer de mama, como representación de que el Sistema Sanitario Público de Andalucía está en fase de desmantelamiento progresivo por una falta de estrategia política adecuada, que aborde de una vez por todas sus graves problemas financieros, estructurales y organizativos.

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Último informe sobre la dramática situación de la sanidad pública en Andalucía

27/V/2025 – 14:36 h (CET+2)

Ayer se presentó en Sevilla, en la sede de UGT, un Informe sobre la situación de la sanidad pública andaluza,  elaborado conjuntamente por los sindicatos UGT, CCOO, CSIF y Satse, además de Marea Blanca, en el que se “diagnostica como «crítica» la situación en los hospitales y centros de salud autonómicos, y explica que los andaluces fueron los residentes que peor nota dieron a la sanidad pública de su comunidad en 2024 (5.72 puntos), un punto por debajo de las mejor puntuadas, y más de medio punto menos que la media. El dato confirma la tendencia bajista de esta percepción, que comenzó a acusarse en 2022. Además, los andaluces valoran el funcionamiento de su sanidad peor que el conjunto de los españoles, con una diferencia que está en máximos desde 2002”.

El informe aborda también la financiación del Sistema Sanitario Público de Andalucía, “donde Andalucía aparece entre las cinco comunidades autónomas con peor financiación de la sanidad pública (1747,98 euros por habitante), por debajo del promedio del presupuesto sanitario de cada comunidad autónoma (1937,22 euros por habitante) y muy lejos de Asturias, la mejor con 686,369 euros más por habitante, o de la vecina Extremadura, que destina 473,18 euros más por habitante”. Se critica, igualmente, que “casi la mitad del incremento presupuestario de 2024, un total de 489 millones de euros, ha ido a parar a empresas privadas”. También se analiza el gasto farmacéutico, porque Andalucía, después de haber eliminado los procedimientos de subasta de genéricos, es la segunda Comunidad Autónoma que más gasto destina a este fin, un 16,93% del presupuesto asignado a Sanidad, “lo que detrae recursos que podrían destinarse a la inversión en infraestructuras, equipamiento o tecnología y a mejorar las condiciones laborales de los profesionales”.

He escogido dos gráficos del citado informe, demora en Atención Primaria y Lista de espera quirúrgica, porque son representativos de la situación crítica y dramática del Sistema Sanitario Público de Andalucía en estos momentos:

Fuente: Informe sobre la situación de la sanidad pública andaluza – Demora en Atención Primaria – Diciembre 2024.

Fuente: Informe sobre la situación de la sanidad pública andaluza

Sé que lo expuesto anteriormente se rebate a diestro y siniestro por el Gobierno actual en la Comunidad, y concretamente por la Consejera de Salud, porque califican que todo el revuelo sobre la reivindicaciones y protestas en plazas y calles públicas sobre la situación actual de la Sanidad Pública, es fruto de los “bulos” y mentiras de la izquierda, de la oposición. En definitiva, para el Gobierno en Andalucía, todo son mentiras. La realidad es que lo que ocurre y sufrimos miles de andaluces no es problema exclusivo de “gastar”, más que “invertir”, mucho dinero en sanidad en los presupuestos generales de la Comunidad, como repite a modo de mantra el Gobierno en ciernes, porque según mi forma de analizar lo que está sucediendo, lo que está ocurriendo y doliendo tanto a miles de andaluces, es que la situación no se arregla exclusivamente con el  todopoderoso caballero don dinero, sino que es un problema ideológico, de estrategias y organización estructural de la sanidad pública y de principios, no inocentes, donde no se debe confundir valor y precio, como suelen hacer los necios y mediocres, que nos rodean por tierra, mar y aire, confundiendo permanentemente el valor de lo público con el precio público que hay que pagar por ello. Y no es lo mismo. De ahí la importancia de cuidar cada día, hoy mismo, lo que está ocurriendo con el desmantelamiento de los servicios públicos en general y el de sanidad en particular, de extrema importancia social, que hay que atender ya mismo como si en él nos fuera la vida, como si en cada día nos fuera lo más esencial de la dignidad humana. Lo expresaba muy bien Juan Ramón Jiménez, andaluz de Moguer, cuando afirmaba “¡Cuida bien de este día! Este día es la vida, la esencia misma de la vida. En su leve transcurso se encierran todas las realidades y todas las variedades de tu existencia: el goce de crecer, la gloria de la acción y el esplendor de la hermosura. El día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. ¡Cuida bien, pues, este día! Este es nuestro reto actual para seguir luchando por la transformación de la situación actual en Andalucía, no sólo su cambio. El informe nos ilumina con datos la dramática situación actual de la sanidad pública andaluza y de ahí la necesidad de conocerlo hoy y divulgarlo.

El informe, a pesar de estar plagado de datos, es comprensible y de fácil lectura de sus 29 páginas. Por esta razón y para no alterar la objetividad del mismo, con interpretaciones que podrían entorpecer o contaminar su análisis, reproduzco a continuación las conclusiones que recoge:

  1. La valoración de los andaluces con el funcionamiento de su sanidad pública es la más baja de entre todas las comunidades autónomas y, además, esta diferencia se está acrecentando año tras año.
  2. El presupuesto sanitario en 2025 sitúa a Andalucía, con 1747.98€ como la quinta comunidad autónoma con menor inversión por habitante, por debajo de la media nacional y a 686€ de diferencia con respecto a la comunidad mejor financiada. Estas cifras muestran que la sanidad pública andaluza está infrafinanciada.
  3. El 48.4% del incremento presupuestario de 2025 va a parar a empresas privadas, fundamentalmente en conciertos sanitarios para intervenciones quirúrgicas y pruebas diagnósticas y gasto farmacéutico. Por tanto, en realidad se trata de una salida de recursos del sistema público, no un refuerzo del mismo.
  4. Las ratios de profesionales en el SSPA son de las más bajas de España. En profesionales de la medicina y de la enfermería somos la comunidad con las ratios más bajas (3.1 y 4, respectivamente, por cada 1000 habitantes). En otros profesionales, con una ratio de 7.2 por cada 1000 habitantes, somos la tercera comunidad por la cola.
  5. Andalucía necesitaría 18.000 profesionales más para igualar, simplemente, la actual media estatal. De estos, 5400 serían de medicina, 5900 de enfermería y 6500 de otras categorías. Sin embargo, el SAS despidió a la mayoría de los trabajadores contratados por la pandemia y, además, se une el éxodo de profesionales a otras comunidades autónomas.
  6. Un indicador de la difícil situación de los profesionales en el SSPA es el incremento de las agresiones año tras año. En 2024 se alcanzó el récord de 5 agresiones diarias.
  7. Nuestra comunidad sufre severas deficiencias en el acceso al sistema, como se demuestra en las alarmantes cifras de personas en listas de espera quirúrgica o de consultas externas. Estamos entre las comunidades con peores datos tanto en número de pacientes pendientes, como en porcentaje de pacientes con esperas por encima del plazo garantizado o con esperas excesivas o en tiempo medio para ser intervenido o tener una cita con el especialista hospitalario o ser intervenido. También somos la comunidad autónoma con mayor demora para obtener una cita en Atención Primaria, con una media de más de 10 días.
  8. La infrafinanciación que conlleva un déficit de recursos humanos y materiales, la mala gestión y el abandono del sistema sanitario por parte de los responsables se traducen en cifras elevadas y claramente mayores con respecto al resto de comunidades autónomas de morbilidad, mortalidad y esperanza de vida.
  9. Andalucía es la segunda comunidad autónoma con menor esperanza de vida con más de tres años de media de diferencia con respecto a la mejor.
  10. Nuestra comunidad es, de entre todas, la de mayor tasa de mortalidad. En los principales indicadores de mortalidad (enfermedades y cerebrovasculares, cáncer o suicidio) estamos por encima de la media española.
  11. En cinco de los seis indicadores de patologías crónicas que recoge el Ministerio de Sanidad Andalucía se encuentra por encima de la media estatal: en EPOC somos la comunidad con mayor prevalencia; en diabetes y artrosis, la segunda y, en hipertensión arterial, la quinta. En cardiopatía isquémica y enfermedad cerebrovascular tenemos cifras mayores que la media nacional.

Finaliza el informe con cinco propuestasque también reproduzco a continuación:

  1. La gravedad de la situación, como este informe ha demostrado, no puede ser descalificada por parte de la Administración andaluza. Por eso, desde las organizaciones CCOO, UGT, SATSE, CSIF y COORDINADORA ANDALUZA DE MAREAS BLANCAS exigimos a la Junta de Andalucía un auténtico plan de choque que revierta el deterioro de la sanidad pública andaluza y que permita mejorar los niveles de salud y bienestar y reducir la alta prevalencia de enfermedades y la alta mortalidad que los andaluces y andaluzas sufrimos como consecuencia del abandono, por parte de la Junta de Andalucía, del sistema sanitario.
  2. Este plan de choque pasa, indefectiblemente, por un incremento considerable del presupuesto destinado a la sanidad pública, que repercuta en el propio sistema y no se destine a la externalización de servicios que deben ser provistos por el propio sistema público o al crecimiento del gasto farmacéutico. Para alcanzar el promedio del presupuesto por habitante destinado a sanidad por cada comunidad autónoma, serían necesarios 1634 millones de euros, una cifra que es posible alcanzar en un solo ejercicio presupuestario. Para llegar al presupuesto sanitario de Extremadura, la comunidad más comparable con Andalucía, serían necesarios 4084 millones de euros, cantidad asumible en una legislatura.
  3. La mejora presupuestaria debe incluir, no sólo lo ya acordado con la mayoría sindical en materia de Atención Primaria y carrera profesional, sino mejoras retributivas, de condiciones laborales y de incremento de plantillas para todas las categorías. La principal forma de sacar a Andalucía de los últimos puestos en la mayoría de los indicadores de calidad de un sistema sanitario es la inversión en recursos humanos para así superar el colapso del sistema y que sus distintos elementos puedan desarrollar plenamente sus funciones y capacidades.
  4. Asimismo, es necesario un incremento de la inversión en infraestructuras y en tecnologías sanitarias.
  5. Maximizar el aprovechamiento de los recursos actuales y futuros para mejorar la accesibilidad al sistema, mediante la provisión por medios públicos de la asistencia sanitaria completa y así reducir las listas de espera y la demora en Atención Primaria.

Agradezco a los sindicatos UGT, CCOO, CSIF y Satse, además de Marea Blanca, el esfuerzo y compromiso social y reivindicativo por la elaboración de este informe. Estos datos pueden matar los falsos relatos de los responsables políticos actuales del Sistema Sanitario Público de Andalucía, a pesar de que continuamente nieguen la mayor sobre la realidad del desmantelamiento progresivo del Sistema. El pasado 3 de abril escribí en este cuaderno digital, con motivo de la manifestación convocada el día 5 de ese mes, que el Sistema Sanitario Público de Andalucía acusa daños estructurales, organizativos y económicos de importancia extrema, en un proceso paulatino de demolición de los principios públicos del Estado de Bienestar que lo sustentan. Seguimos recibiendo a diario avisos de lo que está pasando, estamos viendo y, también, sufriendo. Es hora de actuar en defensa de los servicios sanitarios públicos, sin más demora. Una buena forma de activar la crítica constructiva y solidaria es denunciar lo que está pasando, de boca en boca, utilizando también las redes sociales, para que todos podamos emitir juicios bien informados sobre esta realidad tan preocupante en Andalucía.

José Antonio Cobeña Fernández

Ex secretario general del Servicio Andaluz de Salud (2000-2004).

¡Divulga este Informe sobre la situación de la sanidad pública andaluza, por favor. Es otra forma de tomar las autopistas virtuales de Internet y redes sociales dignas, para denunciar la situación actual en el Sistema Sanitario Público de Andalucía!

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Octubre siempre vuelve para iluminar el mar de la memoria

Vivir es retornar a cada Octubre
para sentirse el corazón dorado.

Leopoldo de Luis, en Poema para octubre, 1952 (Elegía en otoño, Obra poética, 1946-2003).

Sevilla, 2/X/2025 – 10:13 h (CET+2)

Cuando vuelve octubre, tan puntual y certero, sé que es una oportunidad para iluminar el mar de mi memoria con unos versos del poeta cordobés Leopoldo de Luis (Córdoba, 1918 – Madrid, 2005), Poema para octubre, que llevan dentro la sabiduría de vivir, porque acompaña inevitablemente a septiembre al despertar en cada curso vital, como metáfora del “académico” que ha alumbrado desde antiguo nuestras vidas. Vuelvo a leerlo porque octubre siempre vuelve. Este mes de raíces romanas, otubre (válido para la RAE) o el octavo mes en su cronología laica, está sumido en una situación compleja para el mundo y para nuestro país, inmerso en un desconcertante rumbo político, encabezado por el emperador Trump, con su traje desnudo del cuento de Andersen, junto a una desafección política galopante, como si viviéramos todos los días en mundos contrapuestos, el político y el real como la vida misma, que se constata en el espectáculo semanal en el Congreso de los Diputados, nada edificante, que requiere templar los ánimos para sobrellevar cada día, como ciudadano, de la forma más digna posible. Sobre todo, porque asistimos a un acoso y derribo permanente del Estado del Bienestar y al ocaso de la democracia de la forma más sutil que podamos imaginar. A trancas y barrancas hay que demostrar cada día qué significa la dignidad política, de los que la practican como oficio y la de los que luchamos por defenderla a diario, porque también debe ser nuestra tarea democrática todos los días, aunque constatemos también que a millones de personas les da absolutamente igual y así nos va. Por eso suelo buscar refugio en la poesía, porque me gusta interpretar la belleza oculta de la vida a través de las palabras mágicas de las personas capaces de hacer de un conjunto de palabras un verso libre y liberador como el viento.

Leopoldo de Luis (Leopoldo Urrutia, su verdadero nombre), con una obra poética bastante desconocida y de alma republicana, fue coautor junto a Miguel Hernández y Gabriel Baldrich de un libro de poesía social, Versos en la guerra (1938), donde figura el poema citado, Poema para octubre, que reproduzco a continuación, con la idea de que sirva para quien lo quiera interpretar en su vida, en este octubre, quedándose con su mensaje de reencuentro en todo lo lejano, por ejemplo, siendo conscientes de que vivir es ser corteza de este roble / que en hielo y sol el tiempo va quemando. Me emociona saber que Miguel Hernández fue un excelente compañero de «su» viaje. Quizá nos sirva en esta canción triste de otoño, para comprender mejor el mensaje implícito de este mes de octubre tan extraño y complejo, deseando que llegue la próxima primavera y el nuevo octubre para sentir nuestro corazón dorado: El mar de la memoria / se enciende, se ilumina, y a su amparo / el corazón revive, / remoza primaveras, sollozando:

Poema para octubre

La tarde es una rosa vagamente
en la rama desnuda del ocaso.
Una rosa ceniza, como un frío
beso crecido en unos muertos labios.

Leve sombra desliza
su palidez de hielo entre mis manos.
Las pupilas alargan sus miradas
como cautivos pájaros.

Octubre otra vez fruto
de este paisaje, este árbol
donde día tras día oscuramente
mi pobre corazón se va quedando.

Vivir es reencontrarse
en todo lo lejano,
ser otra vez aliento en el paisaje
que fue otra vez soñado.

Vivir es ser corteza de este roble
que en hielo y sol el tiempo va quemando.

El mar de la memoria
se enciende, se ilumina, y a su amparo
el corazón revive,
remoza primaveras, sollozando.
La tarde es una rosa vagamente
en la rama desnuda del ocaso.

A la piadosa luz de octubre vuelvo
y entre la tibia cuenca de mis manos

como un niño dormido
mi corazón levanto.

Vivir es retornar a cada Octubre
para sentirse el corazón dorado.

La tarde es una rosa vagamente
ceniza.
Octubre es fruto
otra vez en el árbol.

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¡Paz y Libertad!

España debe abrir un Museo de Memoria Democrática

Museo de Memoria y Derechos Humanos de Chile

¿Y qué importancia tengo yo
en el tribunal del olvido?
¿Cuál es la representación
del resultado venidero?

[…]

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, LX

Sevilla, 30/IX/2025 – 13:10 h (CET+2)

Ayer se inauguró en Barcelona la Conferencia Mundial sobre Políticas Culturales y Desarrollo Sostenible – MONDIACULT 2025, auspiciada por la UNESCO y acogida por el Gobierno de España, que hasta el 1 de octubre “reúne a miles de participantes para establecer la agenda global de la cultura en los próximos años”. Los debates que se contemplan en su agenda de trabajo “girarán en torno a 6 temas y 2 áreas de interés, representando retos y oportunidades clave para el futuro de la cultura” […] También es “una importante plataforma de promoción. Con la conclusión de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible a la vista, la Conferencia de la UNESCO de 2025 es un momento decisivo para construir un consenso y un impulso para establecer la cultura como un objetivo «independiente» dentro de la próxima estrategia de desarrollo de las Naciones Unidas. Los derechos culturales deben estar garantizados para todas y todos – y ser defendidos por todas y todos. Por este motivo, la UNESCO garantizará la presencia en MONDIACULT 2025 de un amplio abanico de participantes, desde responsables políticos a la sociedad civil, artistas y jóvenes”.

Entre sus asistentes figura María Fernanda García, directora del Museo de Memoria y Derechos Humanos de Chile, que me ha interesado mucho conocer de cerca, porque pienso que España necesita abrir un Museo de la Memoria Democrática, de titularidad estatal de acuerdo con la legislación vigente y al amparo de lo dispuesto en la Ley de Memoria Democrática, a la que día a día muestro mi apoyo incondicional como ciudadano político (zoon politikón, recordando a Aristóteles), que cuido la democracia de este país y su memoria, así como la de mi Comunidad Autónoma, mi ciudad y mi barrio, como tantas veces he escrito en este cuaderno digital. Considero imprescindible volver a leer esta Ley, porque son páginas que ordenan en su objeto y finalidad la recuperación, salvaguarda y difusión de la memoria democrática, entendida ésta como conocimiento de la reivindicación y defensa de los valores democráticos y los derechos y libertades fundamentales a lo largo de la historia contemporánea de España, con el fin de fomentar la cohesión y solidaridad entre las diversas generaciones en torno a los principios, valores y libertades constitucionales.

A la luz de lo enunciado en la citada Ley, la enmarco como garante cultural de la creación del citado Museo, para respetar y resaltar valores democráticos inalienables en nuestro país: “Asimismo, es objeto de la ley el reconocimiento de quienes padecieron persecución o violencia, por razones políticas, ideológicas, de pensamiento u opinión, de conciencia o creencia religiosa, de orientación e identidad sexual, durante el período comprendido entre el golpe de Estado de 18 de julio de 1936, la Guerra de España y la Dictadura franquista hasta la entrada en vigor de la Constitución Española de 1978, así como promover su reparación moral y la recuperación de su memoria personal, familiar y colectiva, adoptar medidas complementarias destinadas a suprimir elementos de división entre la ciudadanía y promover lazos de unión en torno a los valores, principios y derechos constitucionales. Se repudia y condena el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y la posterior dictadura franquista, en afirmación de los principios y valores democráticos y la dignidad de las víctimas. Se declara ilegal el régimen surgido de la contienda militar iniciada con dicho golpe militar y que, como consecuencia de las luchas de los movimientos sociales antifranquistas y de diferentes actores políticos, fue sustituido con la proclamación de un Estado Social y Democrático de Derecho a la entrada en vigor de la Constitución el 29 de diciembre de 1978, tras la Transición democrática”.

En una entrevista publicada ayer por elDiario.es, la directora del Museo de Memoria y Derechos Humanos de Chile, “anima a que España cuente con su propio Museo de la Memoria. Preguntada por si este podría ayudar a una posible “reconciliación social”, reconoce que esta es “difícil cuando hay un sector que se niega a que tengas a los cuerpos de tu familia contigo”. La directora insiste en que hay que seguir igualmente abogando por ello, “para que al menos haya una verdad histórica con algunos mínimos comunes que se respeten como pensábamos que teníamos ya resueltos”. La gestora cultural incide en que la importancia de los espacios de memoria reside no solo porque aludan a los derechos humanos, sino porque son “lugares de conciencia para unirnos como sociedad en paz. Pero una paz como agentes activos en la construcción de sociedades más inclusivas, más empáticas, más solidarias y en contra de conflictos como las guerras y genocidios”. “Sociedad pacífica no significa inerte, sino todo lo contrario, implica mantenernos todo el tiempo alerta y muchos más comprometidos por lo que queremos construir”, reivindica”. Asimismo, cree que en este tipo de Museos no tienen cabida ni las dictaduras ni los genocidios: “Uno de los interrogantes que se plantean al idear un Museo de la Memoria es dónde debe quedar la ideología. La responsable explica que el límite está en una base consensuada tanto por la ONU o la UNESCO que establecen que “los genocidios y las dictaduras no son la vía por la que solucionar políticamente las sociedades. Por mucho que haya un conflicto político, ninguna de las dos serán la resolución frente a estos”. No obstante, asegura que no quieren la “intervención de otros países, el boicot, y menos aún que los propios conciudadanos persigan, desaparezcan, asesinen y torturen a otras personas que estuvieron en el poder o que piensen distinto a ti”.

He visitado virtualmente el Museo chileno y he soñado en que llegará el día en el que este país pueda abrir el suyo, el nuestro, el de todos. Salvando lo que haya que salvar, suscribo la presentación del Museo que podría servir de guía para el nuestro: “El Museo de la Memoria y los Derechos Humanos es un espacio destinado a dar visibilidad a las violaciones a los derechos humanos cometidas por el Estado de Chile entre 1973 y 1990; a dignificar a las víctimas y a sus familias; y a estimular la reflexión y el debate sobre la importancia del respeto y la tolerancia, para que estos hechos nunca más se repitan.Impulsando la educación y la cultura. Es un proyecto Bicentenario, inaugurado en enero del 2010 por la entonces Presidenta Michelle Bachelet. Con su creación se busca impulsar iniciativas educativas, que inviten al conocimiento y la reflexión.[…] A través de objetos, documentos y archivos en diferentes soportes y formatos, y una innovadora propuesta visual y sonora, es posible conocer parte de esta historia: el golpe de Estado, la represión de los años posteriores, la resistencia, el exilio, la solidaridad internacional y la defensa de los derechos humanos. El patrimonio de sus archivos contempla testimonios orales y escritos, documentos jurídicos, cartas, relatos, producción literaria, material de prensa escrita, audiovisual y radial, largometrajes, material histórico, fotografías documentales. Para el acceso público a su colección, el museo cuenta con un Centro de Documentación, CEDOC, y un Centro de Documentación Audiovisual, CEDAV. Los investigadores, estudiantes y público en general pueden acceder a toda la documentación a través de distintas plataformas digitales: Centro de Documentación  y su Archivo en línea. La exposición permanente ocupa dos tercios del edificio de 5.000 metros cuadrados. Cuenta con diferentes espacios para exposiciones temporales como la Sala del tercer piso y la Galería de la Memoria, una explanada de 8.000 metros cuadrados, un Auditorio y obras de arte abiertas al público, que forman parte de su arquitectura. El museo es una institución cultural de memoria y derechos humanos de primera importancia en la ciudad de Santiago. El Museo de la Memoria y los Derechos Humanos es un espacio dinámico e interactivo que rescata la historia reciente de Chile y se reencuentra con la verdad, que crece y se proyecta en la promoción de una cultura de respeto de la dignidad de las personas”.

Hoy, al enfrentarme a la página en blanco, ensalzando la memoria democrática de este país y su proyección en un necesario Museo, he recordado una pregunta de Pablo Neruda, dedicada al olvido, ¿Y qué importancia tengo yo en el tribunal del olvido?, sobre todo porque vivo en un país muy dado a propagar con silencios cómplices el delicado pasado que ha llenado páginas tristes de su historia; que no reconoce en vida a los grandes protagonistas del progreso de este país y que no tolera en muchas ocasiones los éxitos de los demás, sea quien sea, condenando al ostracismo a todos los que hablan de cambio y transformación de nuestra sociedad caduca. Siendo esto así, no digamos el triste papel que para estos silenciadores juegan los anónimos en este país, cuando miles de ellos son los que sacan a diario a flote a esta sociedad maltrecha.

Los tribunales del olvido en este país abundan por doquier y creo que habría que organizar una operación para descubrirlos y desenmascararlos con urgencia porque hacen mucho daño a todo y a todos. Es una ocasión para reivindicarnos como personas dignas ante esos tribunales del olvido. Un Museo de Memoria Democrática acogería muy bien, como hilo conductor de sus actividades museísticas, el respeto continuo a los derechos humanos al mirar a su pasado sin odio, para que no lo olvidemos ni siquiera un momento. Olvidar el olvido, esa es la cuestión.

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Luis Cernuda nos recuerda que el otoño abre sueños

Luis Cernuda Bidón (Sevilla, 1902-Ciudad de México, 1963)

Sevilla, 28/IX/2025 – 08:08 h (CET+2)

Confieso que suelo refugiarme en la poesía en este equinoccio de otoño, tan equitativo entre el día y la noche. Lo vuelvo a afirmar sin duda alguna: para Cernuda, el otoño era un sentimiento que se debe escuchar siempre mucho más fuerte que el viento porque, siguiendo a Alberti, si el otoño no tiene sentimiento es sólo eso, una palabra de cinco letras: Sentimiento, pensamiento. / Que se escuche el corazón más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón más que el viento. / El verso sin él no es nada. / Sólo verso. Además, había nacido en esta estación.

Recuerdo ahora que en 2021, por estas fechas, se difundió una noticia paradójica sobre el descubrimiento de tres proyectiles de la guerra civil en su casa natal, aquí en Sevilla, en la calle Acetres (anteriormente calle Conde Tójar, 6), en las tareas de limpieza que se estaban llevando a cabo después de muchos años de abandono desde que, finalmente, fue adquirida por el Ayuntamiento de Sevilla, salvándola de la especulación inmobiliaria y del olvido, entregándola a la ciudad para un fin estrictamente cultural y vinculado con el autor. Todo un símbolo. Una casa que siempre la pensó y sintió Cernuda para la paz, nunca para la guerra y que después de diez años de ardiente impaciencia, se abrirá finalmente como Casa de las Letras en 2026, que acogerá, entre otros fines, un museo permanente sobre el poeta. En ella vivió hasta 1914, año en que se trasladó la familia a una casa en el barrio del Porvenir tras el fallecimiento de su padre y, posteriormente, a la de la calle Aire, última residencia del poeta.

Si vuelvo de nuevo a encontrarme con Luis Cernuda en esta estación, es para conocer mejor qué pensaba de ella y a través de ella. En Ocnos, título que encontró en Goethe, como “un personaje mítico que trenza los juncos que han de servir como alimento a su asno”, como símbolo del tiempo que todo lo consume, o del público igualmente inconsciente y destructor, dedica una reflexión intimista, la tercera, al otoño en su tierra, que la vuelvo a leer de forma pausada con la ilusión y expectativa de la primera vez, porque me aporta otra forma de vivir con encanto esta estación tan mágica y controvertida:

Encanto de tus otoños infantiles, seducción de una época del año que es la tuya, porque en ella has nacido.

La atmósfera del verano, densa hasta entonces, se aligeraba y adquiría una acuidad a través de la cual los sonidos eran casi dolorosos, punzando la carne como la espina de una flor. Caían las primeras lluvias a mediados de septiembre, anunciándolas el trueno y el súbito nublarse del cielo, con un chocar acerado de aguas libres contra prisiones de cristal. La voz de la madre decía: “Que descorran la vela”, y tras aquel quejido agudo (semejante al de las golondrinas cuando revolaban por el cielo azul sobre el patio), que levantaba el toldo al plegarse en los alambres de donde colgaba, la lluvia entraba dentro de casa, moviendo ligera sus pies de plata con rumor rítmico sobre las losas de mármol.

De las hojas mojadas, de la tierra húmeda, brotaba entonces un aroma delicioso, y el agua de la lluvia recogida en el hueco de tu mano tenía el sabor de aquel aroma, siendo tal la sustancia de donde aquél emanaba, oscuro y penetrante, como el de un pétalo ajado de magnolia. Te parecía volver a una dulce costumbre desde lo extraño y distante. Y por la noche, ya en la cama, encogías tu cuerpo, sintiéndolo joven, ligero y puro, en torno de tu alma, fundido con ella, hecho alma también él mismo.

Al igual que el año pasado y el otro y el otro, cuando finalizo su lectura, recupero el sentimiento de otoño que tenía Cernuda, expresado también en otro poema con palabras bellas: Llueve el otoño aún verde como entonces / Sobre los viejos mármoles, / Con aroma vacío, abriendo sueños. / Y el cuerpo se abandona. Me consuela saber que puedo abrir sueños, abandonando todo lo que hoy nos sobra para comprenderlos este otoño, porque el tiempo consume todo lo que ocurre y hay que saber alimentarlo, como sabía hacer Ocnos, el personaje mítico De Goethe que hace muchos años entusiasmó a Cernuda.

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Otoños / y 6. La generación Cafrune: aquí, allí y allá

Jorge Cafrune

Sevilla, 27/IX/2025 – 08:36 h (CET+2)

Pertenezco a la generación que oía diariamente a Jorge Cafrune, solo o acompañado por la tutela del Régimen, sobre todo una canción, No soy de aquí ni soy de allá:

No soy de aquí ni soy de allá
No tengo edad ni porvenir
Y ser feliz es mi color de identidad

Cantábamos con coros llenos de alegría por alcanzar la libertad en un país imposible. Hoy, cuando finalizo esta serie dedicada a Ángel González, abro el libro de sus poemas dedicados a los Otoños y leo el último dedicado a la identidad libertaria, Aquí o allí, como un testamento vital al formar parte de su último libro:

Quién es el que está aquí, y dónde:
¿dentro o fuera?

¿Soy yo el que siente y el que da sentido
al mundo?
¿O es el secreto corazón del mundo
-remoto, inaccesible-
el que me da sentido a mí?

Qué lejos siempre entonces ya de todo,
incluso de mí mismo;
qué solo y qué perdido yo,
aquí o allí.

No la toco ni la interpreto más, porque así es la poesía de Ángel González, su vida. Un ejemplo para no olvidarlo. Vuelvo a escuchar a Cafrune porque me sirve para seguir luchando por la libertad compartida no siendo de aquí o de allá, solo y perdido en un mundo diseñado por el enemigo, siguiendo la palabra sabia de Juan Cobos Wilkins, un poeta entrañable que conoce bien el corazón de la tierra.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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Otoños / 5. Resquicios de melancolía

Joan Manuel Serrat, Balada de otoño

Sevilla, 26/IX/2025 – 08:12 h (CET+2)

Otoño es una estación propicia para la melancolía. Estudié esta realidad psicológica durante mis años de juventud, donde la vivía como algo muy distante en el tiempo. Hice trabajos de investigación sobre esa realidad que va y viene muchas veces a lo largo de la vida. La pérdida de la luz, cada día un minuto por hora, hace que el tiempo de esplendor lumínico se acorte y todo se prepara para recibir el invierno y su cruda realidad.

El otoño de nuestras vidas es un libro escrito en la memoria de secreto. Decir otoño es decir algo que solo se aprende de la naturaleza: las hojas caen, el frío aparece como por ensalmo, el tiempo se acorta para disponer de luz aunque la llevemos dentro y la lluvia aparece y se ausenta peligrosamente a capricho del cambio climático ordenado por el ser humano.

Ángel González cuenta que nació en 1925: “El escenario y el tiempo que corresponden a mi vida me hicieron testigo de innumerables acontecimientos violentos: revolución, guerra civil, dictaduras. En muy pocos años me convertí, de súbdito de un rey, en ciudadano de una república y, finalmente, en objeto de una tiranía. Regreso, casi viejo, a los orígenes, súbdito de nuevo de la misma Corona. Me acostumbré muy pronto a quejarme en voz baja, a maldecir para mis adentros, y a hablar ambiguamente, poco y siempre de otras cosas; es decir, al uso de la ironía, de la metáfora, de la metonimia y de la reticencia. Si acabé escribiendo poesía fue, para aprovechar las modestas habilidades adquiridas por el mero acto de vivir”. Quizá, al leer su poema Estampa de invierno, formando parte de uno de sus Otoños, comprendo perfectamente que su memoria esté desquiciada:

Mientras yo en mi yacija como es debido yazgo
arropado en las mantas y las evocaciones
de días más luminosos y clementes,
por no sé qué resquicio de mi ventana entra
un cuchillo de frío,
un gris galgo de frío
que se afana en mis huesos con furia roedora.

No es de ahora, ese frío.
Viene desde muy lejos:
de otras calles vacías y lluviosas,
de remotas estancias en penumbra
pobladas sólo por suspiros,
de sótanos sombríos
en cuyos muros reverbera el miedo.

(En un lugar distante,
trizó una bala
el luminoso espejo de aquel sueño,
y alguien gritaba aquí, a tu lado.
Amanecía.)

No.
No está desajustada la ventana;
la que está desquiciada es mi memoria.

Hoy, en mi otoño particular, he recordado también las ventanas desvencijadas de mi vida y me he dado cuenta de que el frío que ha entrado en determinados momentos y que he pasado en algunos otoños vividos, son los de la soledad sonora que rodea nuestros pasos, poniendo a funcionar la moviola de la intrahistoria de cada uno. Sobre todo la de aquella absurda guerra civil que tanto afectó a mi familia. La que recordaba perfectamente Ángel González en su trayectoria vital, en este poema. No ha sido fácil en este país haber vivido una conversión, no paulina en la forma de ser y estar en el mundo, siendo sucesivamente súbdito de un rey, ciudadano de una república y, finalmente, en objeto de una tiranía. Memoria, bendita memoria que se abre hueco a veces en el canto triste de la melancolía.

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Otoños / 4. Este cielo en la hora malva

LA HORA MALVA

…Me bastó con dar un paso dentro de la muralla para verla en toda su grandeza a la luz malva de las seis de la tarde, y no pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer…

Gabriel García Márquez,  en Vivir para contarla.

Sevilla, 25/IX/2025 – 08:53 h (CET+2)

En la hora crepuscular, malva, tan querida por Gabriel García Márquez, comprendo bien un mensaje implícito en unos cuentos suyos preciosos, peregrinos: caminamos hacia alguna parte, aunque a veces vayamos del timbo al tambo, como desorientados por la incertidumbre de lo que nos pasa en la vida, para comprender lo que solo se puede alcanzar en una disciplina de silencio y de encuentro con nosotros mismos, para responder a situaciones, preguntas y fracasos humanos y sociales que no alcanzamos a entender nunca.

Inexorablemente, los días terminan apagándose lentamente y el otoño deja siempre un minuto atrás, día a día, quitándonos luz casi sin darnos cuenta. ¿Luz malva? Leo a Ángel González, en un poema dedicado al Otoño, Este cielo, un cielo muy concreto:

El brillo del crepúsculo,
llamarada del día
que proclama que el día ha terminado
cuando aún es de día.

El acorde final que,
resonante,
dice el fin de la música
mientras la música se oye todavía.

Este cielo de otoño,
su imagen remansada en mis pupilas,
piadosa moratoria que la tarde concede
a la débil penumbra que aún me habita.

En este cielo de otoño, de minutos robados a la luz, sigo dando vueltas de mi corazón a mis asuntos. Estamos viviendo momentos políticos muy delicados en este país, porque aunque algunos se empeñen en lo contrario, no todos vamos en el mismo barco. Suelo decir que navego casi siempre en patera, al lado de algún barco fletado para orientar a la “Isla Desconocida” de Saramago, una patera sin quilla, insegura, pero con Norte. Un barco en el que me suelo sentar en la amura de babor ideológico al que tanto quiero, porque no todas las ideologías son iguales, porque tampoco todas y todos somos iguales, porque no me da lo mismo lo que pasa cada día. Porque no todo es mercancía y mercado. Porque no hay que confundir valor y precio. Porque el otoño nos avisa con rigor que la luz como la nave de Fellini, se va.

No es lo mismo, no es lo mismo…, en una piadosa moratoria que la tarde concede
a la débil penumbra que aún me habita. De color malva, por supuesto.

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Otoños / 3. Ciegos al color de la vida

ERICH LESSING
Julie Andrews, junto a su hija, en un descanso del rodaje de “Sonrisas y Lágrimas” / Erich Lessing

Sevilla, 24/IX/2025 – 08:46 h (CET+2)

Otoño es un mes de colores ocres, verdes apagados, hojas caídas, tonos cambiantes, casi todo ocre: “¿De cuándo ese carmín que fue violeta?, ¿De dónde el oro que era ocre hace un instante?”. Ángel González lo recuerda en su cuarto poema, Ciego, como si todo lo envolviera la acromatopsia (1) que solo afecta a los seres humanos. Lo aprendí leyendo a Oliver Sacks, porque esta enfermedad real es la ceguera del color, que no permite agregar color a la óptica de la vida. Todo se ve siempre de color gris. En su magnífico libro La isla de los ciegos al color (2), descubrí que existe un lugar en el mundo, en dos islas de la Micronesia, Pingelap y Pohnpei, donde se concentra esta enfermedad, donde todo se ve siempre de color gris, que permiten “experimentos de la naturaleza, lugares benditos y malditos por su singularidad geográfica, que albergan formas de vida únicas”, en frase del propio Sacks.

Hoy, recordando a Sacks de nuevo, pienso que el poema de Ángel González, extiende geográficamente, por todo el mundo, la ceguera a la vida:

¿Ciego a qué?
No a la luz:
a la vida.

¿Sordo a qué?
No al sonido:
a la música.
Abre los ojos,
oye:
nada ve,
nada escucha.

Como si al mundo entero
una nevada súbita
lo hubiese recubierto
de silencio y blancura.

Confieso que he vivido una experiencia extraordinaria, simbólica, de lo que significa el paso del blanco y negro al color, en el contexto del libro citado de Oliver Saks y tras la lectura meditada del poema de Ángel González. Ocurrió cuando contemplé en una ocasión una foto en blanco y negro del fotógrafo Erich Lessing en pleno rodaje de la película “Sonrisas y lágrimas”: “La vida de cada una, de cada uno, que es lo más parecido a una película en blanco y negro, con la acromatopsia ética que corresponda, permite descansos, para recuperar esos momentos que tanto nos reconfortan y que nos devuelven felicidad. Pero también sabemos que la dialéctica de las sonrisas y lágrimas permite apartarnos junto a una pared de la vida personal e intransferible, sentir el abrazo de los que nos quieren, aunque inmediatamente nos llamen mediante megafonía para seguir rodando, viviendo en definitiva, en la filmación jamás contada. Esa es la auténtica obra maestra, el extraordinario guion que está detrás, que nos entrega Lessing con la instantánea asociada de su cámara cerebral”.

Solo queda en este Otoño abrir los ojos, oír el paso de la vida, sin ver nada, sin escuchar nada, Como si al mundo entero / una nevada súbita / lo hubiese recubierto / de silencio y blancura.

(1) Acromatopsia: ceguera del color, enfermedad que no permite agregar a la óptica de la vida el color. Todo se ve siempre de color gris. 

(2) Sacks, O., La isla de los ciegos al color. Barcelona: Anagrama, 1999.

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Otoños / 2. Cuando venimos de los álamos

Myriane Bourgeois, canta “De los álamos vengo, madre”, compuesta por Joaquín Rodrigo, en “Cuatro madrigales amatorios”. Piano: Jean-François Grondin

Sevilla, 23/IX/2025 – 08:23 h (CET+2)

El otoño nos prepara para recibir el invierno con toda su crudeza, con la doble cara del dios Jano. Es la antesala de la pérdida de la luz convirtiendo las sombras y grises en un testigo implacable de lo que viene. En Sevilla casi no existe el otoño. Verano e invierno se estrechan la mano día a día y miran de reojo a un otoño que casi hermanan con calor y frío sin pasos intermedios, sin confundirlo con la tibieza apocalíptica: “puesto que no estás ni frío ni caliente sino tibio estoy para vomitarte de mi boca” (Ap. 3, 14-16), una cita matemática que no se olvida, sin lugar a duda, que son solo palabras puestas en la boca del dios de los creyentes.

Mientras, leo a Ángel González en su tercer poema de Otoños, Casi invierno:

Alamedas desnudas,
mi amor se vino al suelo.
Verdes vuelos, velados
por el leve amarillo
de la melancolía, 
grandes hojas de luz,
días caídos
de un otoño abatido por el viento.

¿Y me preguntas hoy por qué estoy triste?

De los álamos vengo.

El otoño anuncia siempre los grises del invierno, mirando por el retrovisor del tiempo el color de las tres estaciones anteriores. En esta antesala del invierno, en pleno otoño, constatamos que muchas veces somos ciegos al color, no por una enfermedad, la acromatopsia, sino porque nos acostumbramos a vivir en blanco y negro, como si el color o la alegría no hubiera llegado a nuestras vidas. Cuando era niño, viviendo en una sociedad de eternos grises (incluido el uniforme de la policía…), no había nada que me hiciera disfrutar más que cuando entraba al cine de sesión continua en Madrid y anunciaban en pantalla que la película que íbamos a ver era en “color por tecnicolor”. Era una forma de interpretar la vida de forma diferente.

El otoño hace que, a veces, decaiga el ánimo. La tristeza de Ángel González cuando venía de los álamos tenía una explicación, que leí recientemente en palabras de su esposa, Susana Rivera, cuando afirmaba que la referencia a los álamos no era ni a los que había conocido en New México o los de su tierra, en el Paseo de los Álamos de Oviedo. Eran los que “[…] se imaginaba cuando escuchaba a Victoria de los Ángeles cantar, «De los álamos vengo madre, de ver como los menea el viento…». Ponía ese disco en momentos muy especiales, muchas veces amanecimos escuchándolo”.

De los álamos, vengo, madre. De los álamos, vengo, madre. De ver cómo los menea el ayreDe ver cómo los menea el ayre. De los álamos, vengo, madre. De los álamos, vengo, madre. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre. De los álamos de Sevilla, de ver a mi linda amiga, de ver a mi linda amiga. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre. De los álamos, vengo, madre. De los álamos, vengo, madre. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre (1).

Y me consuela saber que los álamos queridos por Ángel González estaban en Sevilla, porque su quintaesencia figuraba en un poema popular anónimo recopilado por Juan Vázquez, un extremeño muy vinculado al movimiento renacentista de Sevilla, donde falleció en 1563, en una obra que llevaba por título Recopilación de sonetos y villancicos a cuatro y cinco voces (Sevilla, 1560). “De los álamos vengo madre…”, una canción cantada por villanos, es decir, un villancico, figuró siglos más tarde como cuarto madrigal amatorio compuesto por el maestro Joaquín Rodrigo, respetando la melodía original que había escuchado durante su estancia en París hacia finales de los años treinta.

Otoño, desde los álamos de Sevilla en la Alameda de Hércules, el jardín público más antiguo de Europa, ¿me preguntas hoy por qué estoy triste?

(1) Letra original: http://cristobaldemorales.net/medios/repertorio/alamos_vengo_madre

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Otoños / 1. El decorado de nuestras vidas

MUSICA DE OTONO

Sevilla, 22/IX/2025 – 07:31 h (CET+2)

Hoy, a las 20 horas y 19 minutos en horario peninsular (19:19 en Canarias), entra el otoño “con muy poco ruido: / apagadas cigarras, unos grillos apenas, / defienden el reducto / de un verano obstinado en perpetuarse”, tal y como nos lo presenta Ángel González.

En 2019 dediqué una pequeña serie de artículos en torno a la aprehensión del otoño por parte de este excelso poeta, tan presente en este cuaderno digital. Vuelvo a publicarlos a partir de hoy, porque para mí la poesía es siempre “un arma cargada de futuro”, tal y como lo aprendí de Gabriel Celaya.

Esta igualdad temporal de los días y las noches (equinoccio) con la que identificamos el otoño, forma parte del decorado de nuestras vidas. Cambia el día, la noche, la luz, el calor, el frío, la caída de las hojas, todo cambia. La oportunidad de escribir sobre el otoño de nuestra vida, cada otoño, hace que cumplamos estaciones en vez de años y surgen, insolentes, unas preguntas curiosas: ¿cuántos otoños tienes? O, ¿cuántos otoños somos?

Ángel González, en su segundo poema de Otoños, Entonces, dedica una reflexión sobre el decorado cambiante de nuestras vidas, porque somos protagonistas de una película, de largo metraje, en la que cada estación hace que determinadas secuencias sean inolvidables. Solo por una palabra maravillosa, entonces, un adverbio demostrativo de que lo que allí ocurrió fue solo en ese tiempo, en ese momento, en esa ocasión. El Fin del Verano, podría ser hoy el título de la película en este momento, entonces, al que sigue de forma inexorable un invierno, estaciones con parada fija sin que nosotros podamos hacer nada por detenerlas en el tiempo.

Entonces era otoño en primavera
o tal vez al revés:
era la primavera semejante al otoño.

Azuzadas de pronto por el viento,
corrían veloces las sombras de las nubes
por las praderas soleadas.
Inesperadas ráfagas de lluvia
lavaban los colores de la tarde.
¿De cuándo ese carmín que fue violeta?
¿De dónde
el oro que era ocre hace un instante?

Los silbos amarillos de los mirlos,
el verde desvaído al que apuntaban,
la luz, la brisa, el cielo inquieto:
todo nos confundía.

Con un escalofrío repentino
de temor, y nostalgia,
evocamos entonces
la verdad fría y desnuda de un invierno
no sé si ya pasado o por venir.
 

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