Un cónclave bajo “La creación de Adán” de Miguel Ángel

Miguel Ángel, La creación de Adán, Capilla Sixtina-Vaticano, c.a. 1511

Sevilla, 7/V/2025 – 12:45 h (CET+2)

El fresco de la bóveda en la Capilla Sixtina, La creación de Adán, que he elegido hoy como representación de estas palabras, me sobrecoge siempre que lo contemplo recordando la primera vez que admiré directamente esta grandiosa obra, hace ya muchos años, porque simboliza muy bien el problema de la distancia humana: Dios, aparentemente cerca, está acompañado mientras que Adán está solo y les separan, según Miguel Ángel, unos centímetros mágicos, no inocentes. Todo en silencio y sin diálogo, como presagio de lo que pasaría después como mensaje para los siglos de los siglos a través de la creación y de la evolución, porque en esa distancia histórica está simbolizada la razón de existir y las creencias de millones de personas que han poblado y pueblan este planeta.

Cuando los cardenales, reunidos hoy en Cónclave para elegir el nuevo Papa, eleven sus ojos para contemplar los frescos de la Capilla Sixtina, saben que hay uno muy representativo de la historia de las religiones, La creación de Adán, pintado al fresco por Miguel Ángel, porque allí empezó todo, un instante mágico que ocurrió hace ya muchos siglos y que en los Museos Vaticanos glosan de la siguiente forma: “Creación de Adán (Génesis 1, 26-27). Dios creó al hombre a su imagen; la imagen de Dios lo creó. (Génesis 1, 27) El episodio de la Creación del Hombre tiene como punto focal el contacto entre los dedos del Creador y los de Adán, a través de los cuales se transmite el aliento de vida. Dios, sostenido por ángeles voladores y envuelto en un manto, tiende la mano hacia Adán, representado como un atleta en reposo, cuya belleza parece confirmar las palabras del Antiguo Testamento, según el cual el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios”.

En esta mirada fija, que presumo, de los cardenales antes de escribir el nombre de su candidato, supongo que tendrán en cuenta el símbolo de las manos de Dios y Adán, tan próximas, porque saben que allí comenzó el acto sublime de la creación del hombre y la mujer, aunque por imperativo del régimen creacionista de la época fue por este orden estricto. Es el Génesis el que lo cuenta de forma admirable en su capítulo 1, versículo 31, para corroborar con la musicalidad del texto hebreo, en su escritura primigenia, que el relato de la creación dejaba muy claro que lo mejor que había ocurrido en aquellos días mágicos fue la creación del ser humano, porque a diferencia de los cielos, la tierra y el agua (también representados por Miguel Ángel en los frescos de la capilla Sixtina, junto al que comentamos), en el que sólo eran buenos, en la del hombre y la mujer vio Dios que era (muy) bueno lo que había hecho. Un adverbio, meod, que en hebreo significa “muy”, dejó claro para siempre que la existencia de los seres humanos justificaba por sí misma la creación del mundo, el evolucionismo o el punto alfa y omega de la vida. Son sólo creencias de siete días especiales, singulares, en los que había ocurrido algo muy bueno para la existencia humana, para cada uno (con su cadaunada).    

Por otra parte, sabemos ya que nuestras manos tienen una historia de más de tres millones de años, tal y como lo describió la revista Science en 2015 (1). Es una de las maravillas de la naturaleza humana que junto al habla supone una evolución transcendental para las personas de hoy. Es una experiencia gratificante mirar con delicada atención nuestras manos y reparar en lo que nos aportan día a día, tanto en la vida diaria que las necesitan para atender múltiples necesidades, como para expresar de forma maravillosa los sentimientos y emociones en momentos vitales siguiendo instrucciones de determinadas estructuras del cerebro.

Se ha descubierto que nuestros antepasados africanos decidieron un día bajarse de los árboles para su sustento y viajar hacia Europa para comer y cazar, utilizando utensilios diferentes, cada día más sofisticados en los que la mano jugaba un papel estelar a través de la trabécula, una parte de hueso esponjoso de los dedos cuya morfología varía a lo largo de la vida en función del uso que se hace de ella, según este descubrimiento científico: ”Estos resultados apoyan la evidencia arqueológica para el uso de herramientas de piedra en los australopitecos y proporcionan evidencia morfológica de que los homínidos del Plioceno ya utilizaban posturas de las manos de apariencia humana mucho antes y con más frecuencia que se consideraba anteriormente”. Coger con fuerza herramientas, utilizando la presión del pulgar, mirando de frente al resto de los dedos de una mano, era un factor determinante.

Esta gran lección de ascenso cósmico de nuestros antepasados lo simboliza y demuestra Teilhard de Chardin, el gran protagonista de este cuaderno digital, con la asunción de la realidad del sistema nervioso humano: “Y sobre todo el cerebro, el gran rey de la selva por descubrir, cada vez más voluminoso y sinuoso, del tamaño de una servilleta mediana, extendida, en su córtex pensante. Y si la razón de ser de la existencia es “anímica”, el gran antecedente de la biogénesis no podía ser otro para Teilhard que la psicogénesis, porque lo anímico era el gran proyecto ya que la gran explosión de la evolución, para conocerse a sí misma, fue el cerebro. Teilhard lo simplificaba en un ejemplo muy gráfico: el tigre no es fiero porque tiene las garras, sino al revés: tiene garras porque en su evolución natural se desarrolló en él el instinto de fiereza. Por decirlo de alguna forma, las garras vinieron después. La evolución entera es la consecuencia de la ramificación de lo psíquico. El eje de avance es una línea delgada roja anímica, no material” (2).

Las manos vinieron después… Sabemos ya, por tanto, que dos huesos, el hioides (que nos permite hablar a los seres humanos) y la trabécula del dedo pulgar, han sido determinantes a lo largo de la historia para hacernos más humanos, personas más libres a través de la palabra y del apretón de manos, del saludo y de la ternura de nuestros dedos. Maravilloso. Las personas tenemos manos porque en la evolución natural que describe la revista Science, se desarrollaron por los mensajes que a tal efecto les mandaba el cerebro. Es verdad, porque las manos más humanas vinieron después.

Espero que los cardenales, a partir de esta contemplación hoy de este fresco de Miguel Ángel, comprendan el auténtico mensaje de Dios, de estar cerca de todas las personas sin exclusión alguna a la hora de elegir el nuevo Papa, sobre todo “de los más pobres del Reino de este mundo”. En sus manos, nunca mejor dicho, está la mejor decisión posible y consecuente con la “voluntad de Dios” que pintó Miguel Ángel.

(1) Skinner, M.M., Stephens, N.B., Tsegai, Z.J., Foote, A.C., Nguyen, N.H., Gross, T., Pahr, D.H., Hublin, J.J. y Kivell, T.L. (2015). Human-like hand use in Australopithecus africanusScience, 23, Vol. 347 no. 6220, pp. 395-399.

(2) Cobeña Fernández, J.A. (2006). El punto omega (V): https://joseantoniocobena.com/2006/04/30/el-punto-omega-v/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

León Felipe nos recuerda hoy que hay que ganar, junto al pan, la luz con el dolor de los ojos

Xulio Formoso: León Felipe

He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

León Felipe, en El dolor (Ganarás la luz1975)

Sevilla, 1/V/2025 – 08:45 h (CET+2)

En el día internacional dedicado al trabajo, me acerco de nuevo al gran poeta español León Felipe, para encontrar un sentido a una celebración que este año, de acuerdo con las grandes organizaciones sindicales del país, se dedica a la lucha para alcanzar grandes objetivos laborales: «Proteger lo conquistado, ganar futuro». UGT y CCOO convocan a la ciudadanía para que les acompañen y acudan a manifestaciones con el objetivo de poner en valor lo conquistado para fortalecer las propuestas de presente y futuro, entre las que se fijan la reducción semanal de la jornada y la reforma del despido.

Justifican estas movilizaciones porque “frente a la precariedad, la desigualdad, el autoritarismo y la guerra, el sindicalismo de clase plantea propuestas, compromiso y movilización”, propuestas a las que siempre agrego personalmente, como en años anteriores, una especial: ganar más luz por el dolor que a veces contemplan nuestros ojos por lo que está pasando en el ocaso de la democracia. Además, el secretario general de CCOO también se ha referido en esta convocatoria “al contexto geopolítico y económico internacional para advertir sobre el impacto del regreso de Donald Trump al poder en Estados Unidos y le ha acusado de promover un “neocolonialismo 4.0” que pretende debilitar a la Unión Europea”.

Si traigo hoy a colación, de nuevo, al poeta León Felipe, en un día tan especial, es porque recuerdo con profundo respeto la lectura de un poema suyo, El dolor, que simboliza también el mejor homenaje a las personas que desean dar un nuevo sentido a la vida a través del trabajo digno, bien remunerado y desarrollado con todas las garantías de realización personal, rechazando el denostado reconocimiento como meros “recursos humanos”, tal y como nos recordaba Eduardo Galeano, porque somos “seres humanos”, mucho más que nadies que necesitan trabajar a diario: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida… Con ojos que son fuentes del llanto y de la luz también.

El dolor

No he venido a cantar
No he venido a cantar, podéis llevaros la guitarra.
No he venido tampoco, ni estoy aquí arreglando mi expediente
para que me canonicen cuando muera.
He venido a mirarme la cara en las lágrimas que caminan hacia el mar,
por el río
y por la nube…
y en las lágrimas que se esconden
en el pozo,
en la noche
y en la sangre…

He venido a mirarme la cara en todas las lágrimas del mundo.
Y también a poner una gota de azogue, de llanto,
una gota siquiera de mi llanto
en la gran luna de este espejo sin límites, donde
me miren y se reconozcan los que vengan.
He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

Muchas personas de este país, crecimos con el mensaje bíblico de las primeras palabras de Dios sobre el trabajo humano, aquello de “conseguir el pan con el sudor de la frente”, lo que nos permite comprender mejor a León Felipe, con sus palabras llenas de exilio interior y físico, porque una de sus razones laicas es que se puede ganar, con el trabajo digno, la luz para iluminar el día a día de nuestras vidas.


LA INTERNACIONAL, coro de Quilapayún con la Orquesta Sinfónica de Chile dirigida por Sergio Ortega

También he recordado hoy un himno especial para celebrar este día, La Internacional, en una versión de Quilapayún que forma parte de la banda sonora de mi vida. Hay dos estrofas que me sigue ilusionando cantarlas y vivirlas con especial ilusión, sobre todo con el coro de este grupo chileno que me marcó para siempre y a los que tanto aprecio: El día que el triunfo alcancemos / ni esclavos ni dueños habrá / los odios que al mundo envenenan / al mundo se extinguirán // El hombre del hombre es hermano / derechos iguales tendrán / la tierra será el paraíso / patria de la humanidad.

Todo lo expuesto tiene hoy un sentido especial, en el Primero de Mayo y su más allá, sin quitar un ápice de importancia a la luz que este tiempo tan complejo también lleva dentro. Sobre todo , cuando el trabajo de cada día, de cada uno, de todos, es digno.

NOTA: la imagen la he recuperado de https://periodistas-es.com/leon-felipe-medio-siglo-muerte-recuerdo-zamora-9657

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Nuestros antepasados nos enseñaron ante la falta de luz, que sólo necesitaban una luciérnaga en la mano

Jud McCranie, Luciérnagas en Georgia (Estados Unidos), exposición de 8 segundos, 2017

Cien nombres tiene la luciérnaga, / pero ella ya no existe. / Solo queda el rumor de luz en el país invisible. Ese crimen, / la fábrica de no ser, / no es noticia. / Cien nombres tiene la luciérnaga, / cien sepulcros en la cripta / de un diccionario.

Manuel Rivas, O vagalume (La luciérnaga), en Lo que queda fuera

Sevilla, 30/IV/2025 – 14:22 h (CET+2)

El apagón eléctrico masivo que hemos sufrido en nuestro país el pasado lunes, es una fuente de reflexiones de amplio espectro para contrarrestarlo, cada uno con la responsabilidad propia o asociada que tenga. En la octava papal en la que estamos instalados podríamos decir con la finezza vaticana que les caracteriza, que los padres de la energía eléctrica en nuestro país sabrán responder. Deben hacerlo por imperativo propio de la democracia y el derecho a la información veraz y objetiva.

En este contexto he recordado a uno de mis maestros literarios, Manuel Rivas, en una conferencia que ya he recogido en este cuaderno digital, Por una luciérnaga (La ecología de las palabras en el manuscrito de la tierra) (1), que figura también en su libro Lo que queda fuera, que recomiendo para una lectura atenta de su fondo y forma: “Mi último libro, un poemario, se titula O que fica fóra (‘Lo que queda fuera’). De alguna forma, es una respuesta al síndrome más extendido de nuestro tiempo, dominado por el Tecnopoder y la superstición del «solucionismo tecnológico». Ese síndrome es conocido por las siglas FOMO, es decir, Fear of Missing Out. El miedo a quedarse fuera. Fuera de la Gran Cháchara. Fuera de juego. No estar a la última. En el fondo, pienso que ese síndrome puede ser la versión de un antiguo miedo. El miedo al abandono. Podríamos darle la vuelta y pensar que, justamente, lo más importante es «lo que queda fuera». Lo que no es efímero”.

Salvando lo que haya que salvar, hay una referencia expresa en la citada conferencia al valor natural e histórico de las luciérnagas, que me ha iluminado (nunca mejor dicho) una respuesta inteligente a lo sucedido el pasado lunes: “Pier Paolo Pasolini publicó en primera página del Corriere della Sera, el 1 de febrero de 1975, un artículo titulado «Il vuoto del potere» (‘El vacío del poder’), más conocido en el tiempo como «La scomparsa delle lucciole» (‘La desaparición de las luciérnagas’) en el que decía: «En los primeros años sesenta, a causa de la contaminación del aire y sobre todo en el campo, a causa de la contaminación del agua (los ríos azules y los arroyos transparentes), comenzaron a desaparecer las luciérnagas. El fenómeno fue fulminante y fulgurante. Tras unos pocos años ya no había luciérnagas. Son ahora un recuerdo, bastante desgarrador, del pasado». Hoy nos resulta excepcional. Es difícil imaginar que un diario importante de nuestro tiempo publicase un artículo así en lugar central en primera página. Pero lo que más nos conmueve es el carácter premonitorio. Lo podemos leer como un obituario. De las luciérnagas y de Pasolini. Un obituario en el que decía: «Yo, por más multinacional que sea, daría toda la Montedison por una luciérnaga». Parece una hipérbole, una boutade. Pero sabemos que en boca de Pasolini tiene el acento de la verdad. Una boca que no cotiza en el mercado. Sabemos que lo haría, que cambiaría un emporio por una luciérnaga. Per una lucciola. Con una luciérnaga en la palma de la mano, aseguró Juan Rulfo, los indígenas zapotecas de Oaxaca tenían luz suficiente para atravesar la noche. La luciérnaga Pasolini, el gran cineasta que iluminó tantas noches de la humanidad, se consideraba a sí mismo sobre todo un escritor. En vísperas de ser brutalmente asesinado, martirizado, en un descampado de Ostia, cercano a Roma, el 31 de octubre de 1975, había declarado en una entrevista: «En mi pasaporte figura simplemente escritor».

La referencia a Juan Rulfo es preciosa y todo un símbolo de lo que estamos haciendo con la naturaleza. Nuestros antepasados no necesitaban red eléctrica alguna, ni distribuidoras, comercializadoras, ciclos combinados centrales nucleares, todo lo solucionaban con la ayuda de la madre naturaleza. El apagón generalizado, el cero absoluto energético, nos llevó a sentir miedo el pasado lunes, a sentir el abandono del llamado primer mundo. Por esta razón he recordado por qué escribió Manuel Rivas, como símbolo de la luz de la vida, sobre las luciérnagas: «En la antigua heráldica, en los escudos de la nobleza, era frecuente la presencia de animales con un valor simbólico: el lobo, el oso, la serpiente, el salmón, el ciervo. Los seres menudos, como la luciérnaga, la mariquita de siete puntos, la mariposa, la libélula, la abeja, la hormiga, la ranita de San Antón, el grillo, no tenían esa presencia. Pero ocurre algo extraordinario con esos y otros seres menudos. Su alto valor simbólico en la cultura popular. Anidan y crían en la Boca de la Literatura, sea oral o escrita, como tradición o vanguardia. La luciérnaga (lampyris nocticula), Este minúsculo coleóptero luminoso es el ser más nombrado de Galicia. El escritor y filólogo Xesús Alonso Montero recogió cien nombres en gallego para la luciérnaga. El más extendido es el de vagalume”.

Precisamente él explica la importancia de la desaparición paulatina de las luciérnagas: «Estos seres menudos son queridos por las palabras, los cantares, los versos. Podríamos decir que están imantados para el lenguaje. Son como amuletos en la voluntad de estilo del habla popular. Y adquieren un sentido de trascendencia, de la custodia de un más allá en la realidad. «La realidad siempre está más allá», escribe John Berger, «y eso es cierto tanto para los materialistas como para los idealistas». ¿Qué nos dicen hoy las luciérnagas, qué está ocurriendo en la frontera donde tiembla la realidad? Manuel Rivas, en el libro citado anteriormente, dedica un poema a este animal diminuto, O vagalume :

Cien nombres tiene la luciérnaga,
pero ella ya no existe.
Solo queda el rumor de luz en el país invisible. Ese crimen,
la fábrica de no ser,
no es noticia.
Cien nombres tiene la luciérnaga,
cien sepulcros en la cripta
de un diccionario

Agrega a continuación: «Hay una gran equivalencia entre la vida de los seres menudos y las palabras cuando van por libre. Son salvajes, sensoriales, excéntricas. Su hábitat es la orilla. En primera línea de riesgo. Como en la Comala de Juan Rulfo: «Allí donde se ventila la vida como si fuera un murmullo». Los pequeños seres y las palabras tienen algo muy importante en común. Avisan. son los primeros en detectar el «mal de aire». Esta, la de «mal de aire», es una expresión propia de la medicina popular para definir una dolencia, un malestar, una amenaza, que es a la vez ambiental y subjetiva, física y psíquica, exterior e interior. El «mal de aire» contemporáneo abarca el planeta. Con diferente intensidad, podemos decir que la tierra entera está en primera línea de riesgo. Los pequeños seres, como las luciérnagas, son los primeros en detectar y avisar cuando un «mal de aire» va tomando posesión. En la era Mayday, la de la emergencia ecológica, esos seres, insectos, anfibios, aves, constituyen la vanguardia de la red sensorial, transmiten información esencial en el manuscrito de la tierra».

Ese «mal de aire» sentido el pasado lunes a través del apagón, lo sufren también las palabras cercanas a nuestra alma viviendo esa situación, «sufren la contaminación, la corrosión, la depredación, la intoxicación, el olvido, la indiferencia y el odio que provocan los «herbicidas» del alma. La manipulación e incluso el terror semántico. Custodiar el sentido de las palabras es una prioritaria tarea ecológica sentipensante. Una manera de proteger lo que nombramos, de salvar la realidad». Custodiar lo que estaba ocurriendo el día del apagón total, obligaba a custodiar sobre todo las palabras informantes sobre lo que estaba pasando fuera. A pesar de todo y para intentar comprender lo que significa quedarnos fuera de ese mundo de engaño que nos rodea a diario con bulos y noticias falsas, me quedo con la reflexión de Manuel Rivas, cuando al hablar del FOMO, del “miedo a quedarse fuera. Fuera de la Gran Cháchara. Fuera de juego. No estar a la última”, nos ofrece una solución responsable: “En el fondo, pienso que ese síndrome puede ser la versión de un antiguo miedo. El miedo al abandono. Podríamos darle la vuelta y pensar que, justamente, lo más importante es «lo que queda fuera». Lo que no es efímero”. En esa tarea estoy, a veces confundido, porque creo que para abordarla me he equivocado de siglo, a pesar de que cada día que pasa frecuento el futuro, convencido de que el mundo sólo tiene interés hacia adelante, la sensación que sentí el lunes pasado cuando se hizo la luz bíblica no sólo en el momento mágico de la creación del mundo, fiat lux, sino a las siete de la tarde, en Sevilla, la hora malva que tanto apreciaba Gabriel García Márquez. La que la naturaleza, tan sabia ella, ofrecía a los indígenas zapotecas de Oaxaca, porque ellos tenían luz suficiente para pasar la noche.

Me quedo, finalmente, con las últimas palabras de Manuel Rivas en la conferencia citada, ante los múltiples porqués de lo sucedido el pasado lunes:

Un puñado de porqués. Un puñado de palabras. Una luciérnaga en la palma de la mano.
Es todo lo que tenemos para empezar.
Y no es poca cosa.

(1) Rivas, Manuel, Por una luciérnaga (La ecología de las palabras en el manuscrito de la tierra). Conferencia Spinoza, 2022.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

El director de cine Costa-Gavras ha ido siempre donde le era imposible llegar

Sevilla, 24/IV/2025 – 08:30 h (CET+2)

El fallecimiento del papa Francisco nos ha aproximado estos días al fenómeno de la muerte, el eufemístico descanso eterno y sus interpretaciones a través de creencias diversas, todas legítimas en democracia. Quizá sea por esta razón por la que hoy me fijo especialmente en un director de cine, Costa-Gavras (Konstantinos Gavras), espléndido director de películas inolvidables, «Missing», que fue un gran ejemplo para mí en 1982, así como «Z» o «Estado de sitio», entre otras realizaciones impecables, al que me he referido con elogios sinceros en diversas páginas de este cuaderno digital por su forma hacer cine y transmitirlo a la sociedad. Si lo traigo hoy a estas páginas es por dos hechos relevantes que casi se fusionan en el tiempo, la publicación de sus memorias en 2024, Ve a donde sea imposible llegar. Memorias, así como por el estreno de su última película, El último suspiro, que ya comenté en septiembre de 2024, tampoco inocente en su trayectoria cinematográfica de compromiso social demostrado y demostrable, escrita y dirigida por él y basada en el libro “El Último Suspiro” de Claude Grange y Régis Debray.

En el citado libro su sinopsis nos aproxima al hilo conductor el mismo, porque “Cine, política y vida se enredan en un continuo vaivén por el que asoman los rostros de aquellas personas que han compartido un mismo o parecido viaje, familia y amigos, colaboradores y encuentros decisivos, que han tenido una significación especial en su vida y que han supuesto el despojamiento (teñido de cierto desencanto) de algunos dogmatismos generacionales, pero que fundamentalmente le han llenado de experiencias, arrugas y cicatrices, que han dado madurez y personalidad a un autor profundamente circunspecto. Yves Montand y Simone Signoret, Jorge Semprún o Chris Marker pasan ante nuestros ojos a través de la mirada de Costa-Gavras y a veces uno echa de menos más historias, aunque sabemos que realmente no es fácil condensar una vida, y menos una vida tan intensa, en las reducidas páginas de un libro que busca de alguna manera convertirse en un autorretrato”. Creo que en estos tiempos que corren es de obligada lectura.

Respecto de su película, que se estrena mañana en cines de nuestro país, El último suspiro,basada en la obra de título homónimo, “Le dernier souffle”, coescrita por el filósofo Regis Debray y el médico Claude Grange, vuelvo a retomar hoy el hilo conductor de la citada publicación mía del pasado año, La dignidad debe rodear siempre al último suspiro. A Costa-Gavras, gran exponente del cine comprometido y político, en el sentido primigenio de estos términos, le interesaba a sus 91 años explorar la lógica del envés de la vida, es decir, la muerte, una realidad de la que huimos con frecuencia, cuando no debería ser así, porque los ciclos vitales son irrefutables.

He escrito bastantes reflexiones sobre esta realidad en este cuaderno digital, siempre desde la perspectiva de la dignidad que debe rodearla siempre. Al fin y al cabo, ¡mueren tantas realidades que están cerca de nuestras vidas! Lo que aprendemos día a día, segundo a segundo, es que la vida no es eterna y cada uno, cada una, busca como puede su mejor sentido final, nunca mejor dicho “como cada dios le da a entender”. Siempre doy la razón al filósofo en el exilio, José Ferrater Mora, un gran maestro en mi vida, cuando en su obra dedicada a la encrucijada humana (1), decía que hay cuatro caminos a escoger a lo largo de la vida para caminar con dignidad: las personas, la naturaleza, la sociedad o Dios (dioses), juntos o por separado y en la elección está el sentido final de cada persona.

Recuerdo que en aquellas fechas la elegancia ideológica de Costa-Gavras la mostró en su comparecencia en el Festival de Cine de San Sebastián, celebrado el pasado septiembre de 2024, cuando manifestó que “El cine es un espectáculo que busca generar emociones en el espectador, luego a partir de esas emociones éste puede llevar a cabo una reflexión o no, pero en todo caso el cine no está para impartir doctrina”, a lo que agregó: “Yo nunca podría rodar una película sobre algo que me resultara indiferente. Cuando he intentado hacerlo, he desistido y he abandonado el proyecto. Rodar una película es como vivir una historia de amor, hay que hacerlo hasta el final. A mis 91 años y con la muerte asomando en el horizonte es normal que a menudo me pregunte: ¿cómo acabará todo esto? ¿Cuándo llegue el momento seré presa del terror o podré acabar mis días con dignidad?”.

La sinopsis oficial de la película es escueta, para no interferir las emociones y sentimientos del espectador: «En una suerte de diálogo filosófico, el doctor Augustin Masset y el célebre escritor Fabrice Toussaint debaten sobre la vida y la muerte… Una vorágine de encuentros en los que el médico es el guía y el escritor, su pasajero, conducido a confrontar sus propios miedos y angustias… Una danza poética en la que cada paciente es un compendio de emociones, risas y lágrimas… Un viaje al corazón palpitante de nuestras vidas». Costa-Gavras se despidió en su comparecencia oficial de presentación de su película, dejando un mensaje aleccionador: “Buena parte de ese vivir de espaldas a la muerte está motivado por nuestra educación religiosa. Las religiones nos invitan a resignarnos ante el sufrimiento, pero sufrir es algo obsceno, no hay nada de bueno en ello. Sufrir es lo peor de la vida y del mismo modo que ya hay métodos para que las mujeres puedan parir sin sufrir, debería implementarse algo parecido en medicina paliativa […] Sea cual sea nuestro estado físico, yo creo que nunca hay que rendirse, merece la pena luchar hasta el final”.

Como los hechos de los que se trata en la película deben ser amores y no sólo buenas razones, es justo y necesario recordar que en este país se han dado pasos importantes para regular la muerte digna de las personas, así como grandes avances en cuidados paliativos. El 25 de junio de 2021 fue un día muy importante para la democracia española porque entró en vigor la Ley Orgánica 3/2021 de regulación de la eutanasia, aprobada por el Congreso en el mes de marzo de ese año, tres meses después de su publicación en el Boletín Oficial del Estado (BOE). El recorrido de esta disposición fue muy largo en este país tan dual y controvertido, pero finalmente es un derecho más para la ciudadanía y un deber que hay que desarrollar todavía a través de las Comunidades Autónomas, con sus famosas “peculiaridades”, donde la política nunca es inocente. Muestra de ello es la batalla que se ha planteado desde hace tiempo por todos los sectores conservadores del país, con el objetivo de presentar recursos de inconstitucionalidad de esta norma sustantiva, que se abre paso lentamente para la consecución de sus objetivos legítimos. Sin olvidar tampoco la objeción de conciencia en el ámbito de los profesionales que rodean a la eutanasia.

El cine es un medio extraordinario para crear conciencia y tejido crítico social sobre muchos asuntos de la vida ordinaria. Costa-Gavras viene cumpliendo desde hace ya muchos años una función cultural y social muy importante, a través de su cine, necesario e imprescindible. Vuelvo a escribir hoy sobre él, a modo de pequeño homenaje y para que se consolide el derecho inalienable de cada persona, de luchar por una muerte digna en la vida y para que no se olvide, ni siquiera un momento. Muchas personas sufren también algo que olvidamos con frecuencia, los reveses en momentos transcendentales de amor y gloria, cuando los llevan paradójicamente «a morir en vida». Fundamentalmente, porque también necesitan rodearse de dignidad humana cuando se pierden las ganas de vivir a pesar de todo. Son también «últimos suspiros», porque lo que pasa es que en esos momentos difíciles les falta la vida digna. Es lo que hoy he leído en una entrevista con el director griego, muy interesante, en elDiario.es, ante la pregunta del periodista Javier Zurro, ¿Y por qué hacer esta película sobre la muerte digna en este momento?, él responde que “Es una preocupación que tengo desde hace algún tiempo. Tengo una edad en la que el final se acerca cada día que pasa. He visto muchos colaboradores y amigos que se han ido. Algunas veces lo han hecho con dignidad, y otras con un drama enorme. Entonces me dije que la mejor manera de terminar es que lo hagamos con dignidad. No es algo fácil de decir, pero creo que es importante que pensemos en ello”. Palabras de Costa-Gavras, que va siempre adonde le es imposible llegar.

(1) Ferrater Mora, José, El hombre en la encrucijada, 1965. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Día mundial del libro: leer y comprender es vivir

[…] y no olvidéis este precioso refrán que escribió un crítico francés del siglo XIX: «Dime qué lees y te diré quien eres».

Federico García Lorca, en la Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros (septiembre, 1931)

Sevilla, 23/IV/2025 – 08:35 h (CET+2)

Hoy se celebra el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor 2025, para el que, institucionalmente, el Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura, ha publicado el cartel conmemorativo, realizado por el ilustrador Pep Montserrat, que fue Premio Nacional de Ilustración 2024 por su “gran capacidad de construir significados que van más allá del simple despliegue visual con una voz propia y reconocible”.

Como viene siendo habitual, según el Ministerio, “este cartel ilustra una frase del último galardonado con el Premio de Literatura en Lengua Castellana ‘Miguel de Cervantes’, que otorga el Ministerio de Cultura. En 2024 fue Álvaro Pombo, de quien se ha elegido, para inspirar el diseño, el siguiente texto: “Leer es comprender. El acto de leer es entendimiento. Leer y comprender es vivir”.

Pep Montserrat ha manifestado en este sentido “que llegó a la idea “del libro como puerta, un espacio mayor, más libre, más amplio y rico”. Además, el autor ha añadido que para eso “fue muy útil romper con la idea de un ser humano leyendo y poder introducir otros elementos que pudieran jugar con esa idea de puerta”.

En este contexto cultural, el Ministerio de Cultura ha preparado una agenda conmemorativa de actividades que se extenderán a lo largo de la denominada ‘Semana cervantina’, que dio comienzo el pasado 21 de abril, contemplándose como acto principal la entrega hoy del Premio Literatura en Lengua Castellana ‘Miguel de Cervantes’ a Álvaro Pombo.

Una vez más, acudo a mi clínica del alma, mi biblioteca, para leer a Irene Vallejo en su Manifiesto por la lectura (1), que ya he comentado en este cuaderno digital y que tanto aprecio como regalo a las personas que admiro, haciendo un canto precioso a la lectura: “Somos seres entretejidos de relatos, bordados con hilos de voces, de historia, de filosofía y de ciencia, de leyes y leyendas. Por eso, la lectura seguirá cuidándonos si cuidamos de ella. No puede desaparecer lo que nos salva. Los libros nos recuerdan, serenos y siempre dispuestos a desplegarse ante nuestros ojos, que la salud de las palabras enraíza en las editoriales, en las librerías, en los círculos de lecturas compartidas, en las bibliotecas, en las escuelas. Es allí donde imaginamos el futuro que nos une”.

Para mí los libros tienen algo especial, porque estremecen el alma. Me lo recuerda también Irene Vallejo en el libro citado, concretamente en uno de sus capítulos caligráficos dedicado al estremecimiento de agua, trayendo a colación unas palabras de Federico García Lorca en el contexto de la alocución al pueblo de Fuente Vaqueros, un discurso leído en la inauguración de su biblioteca pública en el mes de septiembre de 1931, sobre el que ya he tratado algunos de sus párrafos, en varias ocasiones, en este cuaderno digital: “Nadie se da cuenta al tener un libro en las manos, el esfuerzo, el dolor, la vigilia, la sangre que ha costado. El libro es sin disputa la obra mayor de la humanidad. Muchas veces, un pueblo está dormido como el agua de un estanque en día sin viento. Ni el más leve temblor turba la ternura blanda del agua. Las ranas duermen en el fondo y los pájaros están inmóviles en las ramas que lo circundan. Pero arrojad de pronto una piedra. Veréis una explosión de círculos concéntricos, de ondas redondas que se dilatan atropellándose unas a las otras y se estrellan contra los bordes. Veréis un estremecimiento total del agua, un bullir de ranas en todas direcciones, una inquietud por todas las orillas y hasta los pájaros que dormían en las ramas umbrosas saltan disparados en bandadas por todo el aire azul. Muchas veces un pueblo duerme como el agua de un estanque un día sin viento, y un libro o unos libros pueden estremecerle e inquietarle y enseñarle nuevos horizontes de superación y concordia” (2).

Creo que en este día tan especial debemos conocer y valorar en su justa medida no sólo la flor de un día del sector del libro en nuestro país, sino los principales resultados en hábitos de lectura y compra de libros en España, en 2024, elaborados a través de una encuesta realizada por CONECTA para la Federación de Gremios de Editores de España y con el patrocinio del Ministerio de Cultura y CEDRO, reflejados en un Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2024.

Álvaro Pombo tiene toda la razón y hoy, sus palabras, son un mensaje en nuestro buzón del tiempo de todos y cada uno: Leer es comprender. El acto de leer es entendimiento. Leer y comprender es vivir. Todos los días demostramos o no el valor de los libros en nuestro país y es lo que debemos recordar hoy de forma especial.

(1) Vallejo, Irene, Manifiesto por la lectura, Madrid: Siruela, 2020.

(2) Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros. Discurso leído por la inauguración de la biblioteca pública de Fuente Vaqueros (septiembre, 1931) / Federico Garcia Lorca | Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (cervantesvirtual.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Francisco, solo Francisco

Sevilla, 21/IV/2025 / 11:42 h (CET+2)

Acaba de saltar al mundo la noticia del fallecimiento del papa Francisco, bautizado como Jorge Mario Bergoglio, que eligió para su pontificado un lema explicado por el Vaticano: “El lema del Santo Padre Francisco [miserando atque eligendo] procede de las Homilías de san Beda el Venerable, sacerdote (Hom. 21; CCL 122, 149-151), quien, comentando el episodio evangélico de la vocación de san Mateo, escribe: «Vidit ergo Iesus publicanum et quia miserando atque eligendo vidit, ait illi Sequere me (Vio Jesús a un publicano, y como le miró con sentimiento de amor y le eligió, le dijo: Sígueme)”.

Creo que ha sido un pontífice que ha luchado contra viento y marea por dignificar el rol de la Iglesia en el mundo actual, empezando por su propia Casa, el Vaticano, pero la Curia no se lo ha puesto fácil. Me consta que ha intentado sortear los bloqueos desde dentro en la eufemística Santa Sede, pero nunca mejor dicho con tono quijotesco, ¡con la propia Iglesia has topado, amigo Francisco!

Estos momentos son propicios para los panegíricos que tanto gustan a la Iglesia Católica, Apostólica y…Romana, por supuesto. Creo que su marcha al Cielo en el que creyó siempre, es la que suplicó su antecesor Pedro en vida para recobrar su esencia pontificia, según lo expresó maravillosamente Rafael Alberti, un comunista redomado, en su poema Basílica de san pedro:

Di, Jesucristo, ¿Por qué
me besan tanto los pies?

Soy San Pedro aquí sentado,
en bronce inmovilizado,
no puedo mirar de lado
ni pegar un puntapié,
pues tengo los pies gastados,
como ves.

Haz un milagro, Señor.
Déjame bajar al río;
volver a ser pescador,
que es lo mío.

Francisco, pescador de creencias, creía en la resurrección diaria y en la final, y eso, como le ocurría a Teresa de Jesús, le bastaba entre tanta miseria eclesial y mundana. Lo suyo, como le ocurrió a Pedro, ha sido una tarea de persona imprescindible en un mundo descreído, falto de valores, que ha cambiado su grey de fieles por turistas en sus iglesias, ¡ay, del turismo eclesial!, bastante vacías, aunque hoy podrá hacer una confidencia a su Dios sobre lo que está pasando y estamos viendo a diario, tal y como Alberti lo escribió también en Roma, peligro para caminantes: “Confiésalo, Señor, solo tus fieles / hoy son esos anónimos tropeles / que en todo ven una lección de arte. / Miran acá, miran allá, asombrados, / ángeles, puertas, cúpulas, dorados… / y no te encuentran por ninguna parte”.

Lo que ignoro es la respuesta de su Dios a estas confidencias tan profundas. Su testimonio de vida papal ha marcado pautas para el resurgimiento de una nueva iglesia donde deben ocupar un papel estelar los nadies, los ningunos, los ninguneados, los dueños de nada (Eduardo Galeano, dixit), no el cuerpo cardenalicio como guardianes excelsos de la fe, corpus donde ha encontrado tantos enemigos en la sombra o al descubierto, que de todo hay en la viña del Señor.

Gracias Francisco, gracias, porque entre luces y sombras, me quedo con tu voz próxima a los más débiles del mundo, millones de personas que han necesitado tu acogida y amparo, con especial atención al fenómeno de la migración. Me consta que lo has manifestado de mil maneras, con todos los medios vaticanos posibles y esas acciones te hacen merecedor del reconocimiento mundial de líder necesario e imprescindible.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.vidanuevadigital.com/tribuna/diciembre-transparencia-y-cambio-de-epoca-en-la-era-francisco/

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UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Sábado Laico, de pausa

Sonia Lafuente, patinadora olímpica

Sevilla, 19/IV/2025 – 09:22 h (CET+2)

Según el calendario gregoriano, tutelado por la iglesia católica, apostólica y romana, hoy es Sábado Santo, una jornada de reflexión para los creyentes católicos, después de recordar los graves acontecimientos acaecidos en torno a la figura de Jesús de Nazaret. Desde mi perspectiva laica, es un sábado de pausa después del frenesí semanasantero de esta ciudad, del que casi nadie es ajeno por acción u omisión.

Benedetti, que siempre supo poner hermosura a la vertiente más triste de la vida, nos ofreció una forma de entender las necesarias pausas en el caminar diario personal, familiar, profesional y social: De vez en cuando hay que hacer una pausa / contemplarse a sí mismo / sin la fruición cotidiana / examinar el pasado / rubro por rubro / etapa por etapa / baldosa por baldosa / y no llorarse las mentiras / sino cantarse las verdades.

Hoy, Sábado Laico también, estas palabras de Benedetti forman parte de un buen manual para aprender a hacer pausas en la vida apresurada que acometemos en cada despertar. Con la ilusión de comenzar de nuevo todo si fuera necesario, pero cantando las verdades (que también existen, como las palabras) y no engolfarse en las mentiras.

En este contexto, me acuerdo hoy (Brainard, dixit) que un conjunto madrileño de música indie, Izal, cantaba hasta su desaparición el encanto necesario de la pausa: Yo sólo pido pausa y tú me das ojos de huracán. / Yo sólo pido calma y tú haces espuma el agua del mar. / Sólo pido silencio y gritas que no digo la verdad. / ¿Tú qué sabrás? Si despiertas lejos de esta casa. / ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula. / Yo sólo quiero pausa, tú rebobinar. / Yo sólo busco un ritmo lento, tú velocidad. / Yo sólo pido una dulce mentira, tú toda la verdad. / ¿Tú qué sabrás? Si despiertas lejos de esta casa. / ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula. / ¿Tú qué sabrás? Si nunca nadaste en mis entrañas. / ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula. He querido que hoy acompañara también a estas palabras una patinadora olímpica, Sonia Lafuente, porque expresa maravillosamente esta pausa necesaria e imprescindible y quizá, viéndola, la comprenderemos mejor.

Es verdad que solo necesitamos hacer pausas de vez en cuando y no tanto rebobinar, porque no queremos perder el sentido de la vida. Es lo que Herman Hesse llamaba obstinación, una virtud que admiraba mucho, una sola, porque es obediencia a una sola ley que lleva al “propio sentido” de la vida. Fundamentalmente, algo que necesitamos con urgencia: cantarnos las verdades, pisando las baldosas que vamos poniendo en nuestra vida a modo de solería, que es lo único que justifica nuestros actos éticos para no tener que llorar las mentiras. Sin prisa, con pausa, en un Sábado Laico especial, diferente de los demás.

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¡Paz y Libertad!

La ejemplaridad de Jesús de Nazaret, según Pier Paolo Pasolini

Primer plano horizontal de Jesús de Nazaret (Enrique Irazoqui), en Il vangelo secondo Mateo (1964), dirigida por Pier Paolo Pasolini

Sevilla, 18/IV/2025 – 09:07 h (CET+2)

Las manifestaciones artísticas en la Semana Santa, en procesiones y oficios varios, están basadas en una tradición histórica sobre la pasión y muerte de Jesús de Nazareth. Desde el Domingo de Ramos y hasta el de Resurrección, se condensa en una semana trágica la vida y obra de uno de los personajes imprescindibles de la Humanidad, que me gusta tratar como ciudadano Jesús. Lo escribí el domingo pasado, cuando me refería a él, en su ataque continuo de humanidad, recogido así por los cronistas de la época, cuando se cansaba y se dormía en el cabezal del barco porque estaba hecho polvo, (Mc 8,23). O como Machado decía en su precioso poema La Saeta: ¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar! Lo digo con un gran respeto a la fe de mis mayores.

En este contexto, también es verdad que recuerdo siempre una película clásica sobre la vida de Jesús de Nazareth, El evangelio según Mateo (1964), dirigida por Pier Paolo Pasolini (1922-1975), que me sigue emocionando en el recuerdo por su mensaje humano y tan cercano a la vida cotidiana de las personas. Pasolini hizo con esta película un cine diferente, singular, diverso: “Jesús (interpretado por Enrique Irazoqui) es mostrado continuamente caminando entre el desierto o entre pueblos en ruinas. Su mirada, como la de Pasolini, no evita a los leprosos ni a los cojos, sino que se detiene en ellos; la cámara, por su parte, se complace, por ejemplo, en la mano del mesías que acaricia los rostros marchitos de quienes acuden a él para encontrar salud. El contacto entre dos cuerpos alivia, de ahí la alegría del rostro de la adolescente María (Margherita Caruso) al ver regresar a José, al saber que, sin importar lo que digan los demás, él ha decidido estar con ella” (1). Me emocionó esta película cuando la vi de nuevo en Roma en 1976, sabiendo como sabía que aquella ciudad era un peligro para caminantes (Alberti, dixit) que hacen camino al andar. Pasolini sigue muy presente en mi pensamiento crítico y acudo frecuentemente a él. Por ejemplo, sé que una obra espléndida de Miguel Dalmau Soler, Pasolini. El último profeta, ganadora del XXXIV Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias 2022, el año en el que se cumplía el centenario del nacimiento del director italiano, sirve para conocerlo en profundidad, como “último profeta”. 

En el fondo, estas palabras son un nuevo homenaje personal al cineasta italiano, del que tanto aprendí a comprender el valor de la vida alternativa, con la pasión dentro, como él la mostró en una obra también excelente, Teorema, tan incomprendida por la autoridad competente, eclesiástica por supuesto, hasta el punto de haberse arrepentido de haberle entregado un premio por ella, en 1968, cuando descubrió cuál era su auténtico mensaje y no la posibilidad de que el Espíritu Santo entrase en cada uno de nosotros, que fue lo que constituyó el móvil del premio. Cuando se descubrió que Pasolini volaba más bajo que el espíritu, la institución se arrepintió y explicó a los cuatro vientos su voto. El anatema estaba servido. En definitiva muy poca gente había entendido el mensaje real de la película: no es necesario invocar a los espíritus para llenarse de amor en vida, cualquier amor.

Desgraciadamente, no le salvó nunca su magistral interpretación laica de la vida del ciudadano Jesús de Nazareth, en su forma de leer para el siglo XX el evangelio según Mateo. Quizás tampoco hoy día, en pleno siglo XXI, en un universo tan descreído y alejado del espíritu del bien humano, a pesar de que seguimos sufriendo mucho con la intolerancia y ausencia radical de valores que nos asola a diario.

Comprendo hoy, mejor que nunca, unas palabras de Pasolini que no olvido, hilo conductor de su gran película: “Me interesa el extremismo de Cristo, su modo tajante de cerrarse en banda, su radicalismo total y absoluto. Cristo perdona fácilmente los pecados individuales, pero es intransigente con los sociales”. Palabra de Pasolini.

(1) https://cinedivergente.com/el-evangelio-segun-san-mateo/

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¡Paz y Libertad!

La Semana Santa según Jesucristo

Sevilla, 17/IV/2025 – 09:34 h (CET+2)

Sevilla está muy presente, estos sacrosantos días, en mi persona orteguiana de secreto. Hoy me acuerdo…, como decía Joe Brainard, una vez más, que en diciembre de 2018 asistí a un acto en el Consulado General de Portugal en esta ciudad, con motivo de la celebración del día de la lectura en Andalucía, en el que se homenajeaba a José Saramago y en el que su viuda, Pilar del Río, contó una anécdota sobre el origen del libro más polémico de su compañero de vida. Paseando los dos en Sevilla por la calle Sierpes, se volvió Saramago hacia el célebre quiosco de Curro situado en la zona de La Campana y allí vio escritas unas palabras que luego dieron el título a una obra preciosa: El evangelio según Jesucristodenostada por el Vaticano, incluso en un obituario dedicado por Claudio Toscani al fallecimiento del autor, en junio de 2010, a modo de libelo de repudio, publicado en L´Osservatore Romano (El observador romano), periódico oficial de la Iglesia Católica, bajo el título de L´onnipotenza (presunta) del narratore, que juzgaba esta obra como un “desafío a las memorias del cristianismo del que no se sabe qué salvar si, entre otras cosas, Cristo es hijo de un Padre que, imperturbable, lo manda al sacrificio; que parece entenderse mejor con Satanás que con los hombres; que dirige el universo con potestad y sin misericordia. Y Cristo no sabe nada de Sí mismo hasta que se encuentra a un paso de la Cruz; y que María fué para él una madre ocasional; y que a Lázaro se le deja en la tumba para no destinarlo a una muerte suplementaria. Irreverencias a parte, la esterilidad lógica, antes que teológica, de esos asuntos narrativos, no produce la deconstrucción ontológica buscada, sino que se enrosca en una parcialidad dialéctica tan evidente que es preciso negarle toda credibilidad”.

Aquella mirada de Saramago, en un momento mágico para Sevilla, es justo recordarla hoy, porque lo que ayer fue duda hoy se puede convertir en certeza, intentando comprender el final de aquella obra nacida curiosamente en esta tierra, cuando Dios decía: “[…]: Hombres, perdonadle [a Jesús], porque él no sabe lo que hizo. Luego se fue muriendo en medio de un sueño, estaba en Nazareth y oía que su padre le decía, encogiéndose de hombros y sonriendo también, Ni yo puedo hacerte todas las preguntas, ni tú puedes darme todas las respuestas”.

Hoy, quiero recordar al ciudadano Jesús del que tantas veces he hablado en este cuaderno digital, al que descubrí con seis años en Madrid, viendo aquella película del régimen, Marcelino, Pan y Vino, que me enseñó muchas cosas, entre ellas admirar a ese Jesús del madero, machadiano, que fue antes un niño proletario y cómo Marcelino me animó a decir en mi casa que yo conocía a alguien que se llamaba “dios” y que sabía que tenía un amigo imaginario de nombre Manuel, que siempre tuvo un sitio en mi alma de niño. En este mundo tan complejo, siento la ausencia de esos amigos de la infancia, de ese líder de juventud, Jesús, comprendiendo mejor que nunca lo que Saramago quería transmitir en su atrevida lectura laica del evangelio, cuando en su peculiar “semana santa” nos recordaba que su padre le decía a Jesús aquello de “ni yo puedo hacerte todas las preguntas, ni tú puedes darme todas las respuestas”. 

Inolvidable libro, porque después de haber pasado tanto tiempo, sigo pensando lo mismo que el Nobel portugués. O lo que es lo mismo, … tras un día, otro viene, y lo que ayer fue duda hoy se convierte en certeza, a pesar de que sigo sin encontrar respuestas a la mayor parte de las grandes preguntas de la vida, explicitadas en un libro democrático, Eclesiastés, 3, 1-22: ¿Qué gana el que trabaja con fatiga? o en otra variación sobre el mismo tema: ¿qué sacan las personas de todo su fatigoso afán bajo el sol?; ¿quién sabe si el aliento de la vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de la bestia desciende hacia abajo, hacia la tierra? y, por último, ¿quién guiará a cada persona a contemplar lo que ha de suceder después de su muerte? Fin del capítulo 3 y silencio sepulcral, bíblico, ante estas cuestiones tan vitales y próximas.

Quizás, estas preguntas y aquellas palabras agónicas del ciudadano Jesús, sobre el abandono que sintió aquel día lejano que se recuerda en la Semana Santa, ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?, nueve palabras en español, cuatro en hebreo, son las que siguen todavía hoy sin respuesta alguna para el común de los mortales, sobre todo los nadieslos hijos de nadie, los dueños de nada, a los que defendió siempre Eduardo Galeano en su compromiso social y laico, entre las dudas y certezas de cada día, incluso hoy, en una nueva semana santa o laica, según se mire, se sienta o se crea, eso sí, por la gracia de Dios y de la democracia.

En la clave de Saramago para su visión laica y novelada de la vida de Jesucristo, guardo siempre una gran respuesta del Eclesiastés a las tres preguntas enunciadas anteriormente, sobre todo cuando nos encontramos “abandonados” a nuestra suerte en momentos complejos de la vida: hay que hacer camino al andar y aprender una gran respuesta provisional en la vida. Siempre es mejor caminar con otros, porque si nos caemos siempre habrá alguien que te levante, porque la amistad es como la cuerda de tres hilos: jamás se puede romper: “más valen dos personas que una sola, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo, pues si cayeren, una levantará a la otra; pero ¡ay de la persona sola que se cae!, que no tiene quien la levante. Si dos se acuestan, tienen calor; pero la persona sola ¿cómo se calentará? Si atacan a uno, los dos harán frente. La cuerda de tres hilos no es fácil de romper”.

Es lo que perdura todavía hoy y desde hace ya muchos siglos en la tradición oral de abuelos a nietos, de padres a hijos, desde que se sentaban en la orilla del Tigris y Éufrates al caer la tarde, a la hora malva mágica que tanto gustaba a Gabriel García Márquez. Su autor, no lo olvidemos, tenía un nombre inconfundible ya citado, Eclesiastés, una persona de comunidad, literalmente hablando, en el capítulo 4 del libro citado, para que no nos dediquemos sólo a atrapar vientos buscando la ansiada felicidad humana, con mayor sentido aun cuando nos preocupa que sea para todos, a través de la amistad y para superar cualquier abandono.

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¡Paz y Libertad!

Federico García Lorca amaba la Semana Santa de su niñez en Granada

Federico García Lorca en la emisora Unión Radio en 1929 / PERIODICO

Granada debe conservar para ella y para el viajero su Semana Santa interior; tan interior y tan silenciosa, que yo recuerdo que el aire de la vega entraba, asombrado, por la calle de la Gracia y llegaba sin encontrar ruido ni canto hasta la fuente de la Plaza Nueva.

Federico García Lorca, en Semana Santa en Granada.

Sevilla, 16/IV/2025 – 07:25 h (CET+2)

Vuelvo a publicar hoy un hallazgo conmovedor que hice el año pasado desde mi perspectiva laica de la Semana Santa, unas palabras en prosa de Federico García Lorca, entre la escasa obra en este género que nos legó. Se trata de unas “impresiones” sobre la Semana Santa en Granada (1), la ciudad que tanto amó y que tan mal lo trató. He vuelto a leerlas, descubriendo nuevas formas de comprender el alma secreta del poeta. Las comparto hoy de nuevo porque necesito su compañía en este mundo al revés, turbulento y descreído, tan falto de horizontes próximos de grandeza democrática y ciudadana. Sobre todo, porque en plena Semana Santa, atento a las palabras del poeta, estoy lejos del“tumulto barroco de la universal Sevilla”.

Semana Santa en Granada

El viajero sin problemas, lleno de sonrisas y gritos de locomotoras, va a las fallas de Valencia. El báquico, a la Semana Santa de Sevilla. El quemado por un ansia de desnudos, a Málaga. El melancólico y el contemplativo, a Granada, a estar solo en el aire de albahaca, musgo en sombra y trino de ruiseñor que manan las viejas colinas junto a la hoguera de azafranes, grises profundos y rosa de papel secante que son los muros de la Alhambra.

 A estar solo. En la contemplación de un ambiente lleno de voces difíciles, en un aire que a fuerza de belleza es casi pensamiento, en un punto neurálgico de España donde la poesía de meseta de San Juan de la Cruz se llena de cedros, de cinamomos, de fuentes, y se hace posible en la mística española ese aire oriental, ese ciervo vulnerado que asoma, herido de amor, por el otero.

A estar solo, con la soledad que se desea tener en Florencia; a comprender cómo el juego de agua no es allí juego como en Versalles, sino pasión de agua, agonía de agua.

O para estar amorosamente acompañado y ver cómo la primavera vibra por dentro de los árboles, por la piel de las delicadas columnas de mármoles, y cómo suben por las cañadas arrojando a la nieve, que huye asustada, las bolas amarillas de los limones.

El que quiera sentir junto al aliento exterior del toro ese dulce tictac de la sangre en los labios, vaya al tumulto barroco de la universal Sevilla; el que quiera estar en una tertulia de fantasmas y hallar quizá una vieja sortija maravillosa por los paseíllos de su corazón, vaya a la interior, a la oculta Granada. Desde luego, se encontrará el viajero con la agradable sorpresa de que en Granada no hay Semana Santa. La Semana Santa no va con el carácter cristiano y anti espectacular del granadino. Cuando yo era niño, salía algunas veces el Santo Entierro; algunas veces, porque los ricos granadinos no siempre querían dar su dinero para este desfile.

Estos últimos años, con un afán exclusivamente comercial, hicieron procesiones que no iban con la seriedad, la poesía de la vieja Semana de mi niñez. Entonces era una Semana Santa de encaje, de canarios volando entre los cirios de los monumentos, de aire tibio y melancólico como si todo el día hubiera estado durmiendo sobre las gargantas opulentas de las solteronas granadinas, que pasean el Jueves Santo con el ansia del militar, del juez, del catedrático forastero que las lleve a otros sitios. Entonces toda la ciudad era como un lento tiovivo que entraba y salía de las iglesias sorprendentes de belleza, con una fantasía gemela de las grutas de la muerte y las apoteosis del teatro. Había altares sembrados de trigo, altares con cascadas, otros con pobreza y ternura de tiro al blanco: uno, todo de cañas, como un celestial gallinero de fuegos artificiales, y otro, inmenso, con la cruel púrpura, el armiño y la suntuosidad de la poesía de Calderón.

En una casa de la calle de la Colcha, que es la calle donde venden los ataúdes y las coronas de la gente pobre, se reunían los «soldaos» romanos para ensayar. Los «soldaos» no eran cofradía, como los jacarandosos «armaos» de la maravillosa Macarena. Eran gente alquilada: mozos de cuerda, betuneros, enfermos recién salidos del hospital que van a ganarse un duro. Llevaban unas barbas rojas de Schopenhauer, de gatos inflamados, de catedráticos feroces. El capitán era el técnico de marcialidad y les enseñaba a marcar el ritmo, que era así: «porón…, ¡chas!», y daban un golpe en el suelo con las lanzas, de un efecto cómico delicioso. Como muestra del ingenio popular granadino, les diré que un año no daban los «soldaos» romanos pie con bola en el ensayo, y estuvieron más de quince días golpeando furiosamente con las lanzas sin ponerse de acuerdo. Entonces el capitán, desesperado, gritó: «Basta, basta; no golpeen más, que, si siguen así, vamos a tener que llevar las lanzas en palmatorias», dicho granadinísimo que han comentado ya varias generaciones.

Yo pediría a mis paisanos que restauraran aquella Semana Santa vieja, y escondieran por buen gusto ese horripilante paso de la Santa Cena y no profanaran la Alhambra, que no es ni será jamás cristiana, con ta-ta-chín de procesiones, donde lo que creen buen gusto es cursilería, y que sólo sirven para que la muchedumbre quiebre laureles, pise violetas y se orinen a cientos sobre los ilustres muros de la poesía. Granada debe conservar para ella y para el viajero su Semana Santa interior; tan interior y tan silenciosa, que yo recuerdo que el aire de la vega entraba, asombrado, por la calle de la Gracia y llegaba sin encontrar ruido ni canto hasta la fuente de la Plaza Nueva.

Porque así será perfecta su primavera de nieve y podrá el viajero inteligente, con la comunicación que da la fiesta, entablar conversación con sus tipos clásicos. Con el hombre océano de Ganivet, cuyos ojos están en los secretos lirios del Darro; con el espectador de crepúsculos que sube con ansias a la azotea; con el enamorado de la sierra como forma sin que jamás se acerque a ella; con la hermosísima morena ansiosa de amor que se sienta con su madre en los jardinillos; con todo un pueblo admirable de contemplativos, que, rodeados de una belleza natural única, no esperan nada y sólo saben sonreír.

El viajero poco avisado encontrará con la variación increíble de formas, de paisaje, de luz y de olor la sensación de que Granada es capital de un reino con arte y literatura propios, y hallará una curiosa mezcla de la Granada judía y la Granada morisca, aparentemente fundidas por el cristianismo, pero vivas e insobornables en su misma ignorancia.

La prodigiosa mole de la catedral, el gran sello imperial y romano de Carlos V, no evita la tiendecilla del judío que reza ante una imagen hecha con la plata del candelabro de los siete brazos, como los sepulcros de los Reyes Católicos no han evitado que la media luna salga a veces en el pecho de los más finos hijos de Granada. La lucha sigue oscura y sin expresión… ; sin expresión, no, que en la colina roja de la ciudad hay dos palacios, muertos los dos: la Alhambra y el palacio de Carlos V, que sostienen el duelo a muerte que late en la conciencia del granadino actual.

Todo eso debe mirar el viajero que visite Granada, que se viste en este momento el largo traje de la primavera. Para las grandes caravanas de turistas alborotadores y amigos de cabarets y grandes hoteles, esos grupos frívolos que las gentes del Albaycín llaman «los tíos turistas», para ésos no está abierta el alma de la ciudad.

NOTA: Estas impresiones, a modo de alocución, sobre “Semana Santa en Granada”, aunque figuran compiladas en ediciones de sus Obras Completas, junto a Impresiones y Viajes, publicada en 1918, no figuran en estas últimas, porque son de fecha posterior, salvo error u omisión, concretamente del 5 de abril de 1936, en formato de alocución radiofónica, en Unión Radio. La imagen que encabeza este artículo se ha recuperado hoy de Lorca, de viva voz (elperiodico.com).

(1) García Lorca, Federico, Semana Santa en Granada, en Otras impresiones y paisajes. Obras completas, I (19ª edición), Madrid: Aguilar, p. 941-944, 1995. 

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