Inaccesibles al desaliento

Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga.

Hannah Arendt

Sevilla, 27/X/2023

Cuando preguntamos a nuestro alrededor ¿cómo va la cosa?, lo habitual es que te respondan siempre ¿no lo ves? ¡fatal! Y la cosa es un constructo universal que tiene nombres y apellidos de casi todo lo que se mueve. De ahí al conformismo más activo solo hay un paso. No hay pensamiento, aliento, espera, ni preguntas para saber por dónde va la cosa de los vientos del Sur, donde vivo, que también existe, como me recuerda con frecuencia Benedetti en su Soneto del pensamiento: «[…] sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos«. Un antídoto extraordinario, también, es asumir el principio de realidad de unas palabras de Hannah Arendt, que no olvido: Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga.

A pesar de estos refuerzos éticos, es muy difícil en estos tiempos tan modernos, tan críticos en diferentes frentes de nuestras vivencias diarias, permanecer inaccesibles al desaliento, no inasequibles, porque somos personas, no mercancías, como aprendí hace años de las lecciones magistrales de don Fernando Lázaro Carreter, cuando abordaba el mal uso de este adjetivo en su extraordinaria obra, El dardo en la palabra: […] la confusión no es sólo vulgar; pero es confusión, y debe ser evitada. Se trata, simplemente, de que no se aplica con rigor el adjetivo debido, y se acude a otro que se le parece. Tampoco los precios son asequibles, sino baratos, razonables, ajustados, justos… Son las cosas a que corresponden tales precios las que pueden serlo. O no, en cuyo caso son inasequibles. Lo que no puedo comprar o entender es para mí inasequible. Ténganlo en cuenta quienes se precian de ser «inasequibles al desaliento». Merecen nuestra enhorabuena, pero digan, por favor, inaccesibles y hablarán con propiedad”. Esta aclaración encomiable, viene precedida de un contexto lingüístico que tampoco tiene desperdicio: “Asequibles son sólo las cosas que pueden adquirirse para poseerlas; cosas variadísimas, que van desde las ideas a los garbanzos; y si no, léanse estos dos fragmentos tan dispares: «La gracia abrillanta las ideas, las adorna, las hace amar, las adhiere a la memoria, vierte sobre ellas una luz que las vuelve más asequibles y claras» (W. Fernández-Flórez, 1945). «Entre los garbanzos, tan vulgares y tan asequibles entonces, la carne de morcillo era lo selecto» (A. Díaz Cañabate, 1936). Con tales pasajes a la vista, bien claro está que calificar de asequible a una persona, es prácticamente desacreditarla como venal. ¡Qué distinta cosa hubiera dicho de aquella condesita Bretón de los Herreros [«La condesita, / aunque bocado de prócer, / es humana y accesible» (1838)], llamándola así! Aunque el paso se ha dado: el canónigo Juan Francisco Muñoz y Pabón hace pensar de este modo a una dama, en una de sus espirituales novelas: «Era menester mucho aplomo y mucho dominio de sí misma para, sin preferencias por ninguno, ser con todos amable y asequible«. ¡Caramba con la dama! ¡Qué bien hubiese quedado el novelista escribiendo ahí accesible!”.

Aclarado este error histórico en el tratamiento no inocente de las palabras con las que nos relacionamos a diario, lo más importante de resaltar en esta locución es enfrentarse al significado de “desaliento”, lo que verdaderamente preocupa al mundo en este momento por su generalización, que el diccionario de la lengua española tiene claro desde el primer momento,  decaimiento del ánimo, desfallecimiento de las fuerzas, llevándonos en directo a la palabra “desalentar” que, personalmente, es la que más me interesa en esta reflexión: quitar el ánimo a alguien. Con este circunloquio de palabras no inocentes, llegamos de nuevo a lo que pretendo analizar hoy: estamos viviendo una época en la que es difícil mantener una conducta inaccesible al desaliento. Si dejamos que las circunstancias actuales, en política por ejemplo, nos quiten el ánimo, es decir, la actitud, la disposición, el temple, el valor, la energía, el esfuerzo, la intención, la voluntad, el carácter, la índole, la condición psíquica de cada uno, de cada persona, es probable que perdamos la última acepción de este lema en nuestro vocabulario diario, porque al final nos quitan el fundamento principal del ánimo, el alma, el espíritu de cada uno como principio de la actividad humana.

Como a estas alturas de mi vida sólo me queda la palabra, sé el inmenso valor que tiene y lo importante que es su adecuado uso, no inocente casi siempre. Sobre todo porque temo un correlato fácil, el conformismo, si permito que cualquier acontecimiento o adversidad acceda a mi aliento, a mi ánimo, a mi alma humana. El conformismo por desánimo hace estragos allí donde nace, se desarrolla y muere, porque se instala en el confort de los tibios y tristes, mediocres en definitiva, alejando como por arte de magia a las personas dignas de cualquier movimiento andante. Tengo que reconocer que me dan pánico, pero crecen como por encanto, porque todos coinciden en que la cosa está fatal. Pero ¿qué es la cosa? ¿su cosa?, que decíamos al principio. Ahí es donde hay que poner las barreras éticas de la vida digna para sí mismo y para todos. Es probable que aquí sí tenga sentido el uso ordinario de la frase en cuestión, permanecer inaccesibles al desaliento, como primer paso, porque el mercado actual puede comprarlo con facilidad. Basta tomar decisiones desde una torre de Manhattan, con una tableta digital o un teléfono inteligente, para hacer sufrir al mundo, quitándole el ánimo para seguir viviendo. Por tanto, hay que luchar para que esta realidad económica mundial, entre otras muchas, que a veces se convierten en guerras incomprensibles, no acceda a mi alma de secreto y a la de todos, porque deberíamos aprender a ser inaccesibles al desánimo colectivo, al desaliento.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

El manifiesto encanto de la lectura

María Hesse, El hechizo de la lectura, Cartel de la Feria del Libro 2023, en Sevilla.

Sevilla, 26/X/2023

Hoy se inaugura la Feria del Libro de Sevilla, en su edición de 2023, que cuenta con una aportación extraordinaria y programática de la ilustradora onubense María Hesse (Huelva, 1982), mediante un cartel en torno a un lema ‘El hechizo de la lectura’, que tiene como protagonista a Remedios Varo, pintora surrealista de inicios del siglo XX, en el que pone a la literatura a dialogar con otras disciplinas artísticas. Así lo presenta la organización oficial de la Feria la Asociación Feria del Libro de Sevilla y el Ayuntamiento de la ciudad: “El hechizo de la lectura es el letimotiv de la imagen de esta edición, en la que la ilustradora evoca la figura de Remedios Varo, conocida pintora surrealista de inicios del siglo XX que también se prodigó en el campo de la literatura con una obra muy personal y un imaginario en el que, al igual que Hesse, toman protagonismo lo onírico y lo mágico”. Confieso que he vivido con emoción esta presentación en sociedad de Remedios Varo, a quien no conocía, algo habitual por haberse posicionado del lado republicano en la guerra civil. ¡Cuántos silencios y olvidos cómplices! ¡Qué gran aportación y homenaje a su persona y obra mediante este cartel! Otro logro del respeto debido a la memoria democrática de este país. Gracias, María. También, a la organización de la Feria del Libro 2023, por este detalle tan importante.

Escojo en este día tan importante para la ciudad de Sevilla, una referencia a determinadas palabras que pronunció la poeta Carmen Camacho en el discurso inaugural de esta Feria 2023, el pasado 22 de octubre, por su contenido sentido y lleno de elogios a la lectura, a los editores, a quienes escriben y a quienes aman el mundo de los libros en general, porque expresó “un elogio de la lectura como acto de resistencia, de la celebración de las nuevas voces y públicos y del orgullo de las letras -y la escena- sevillana”: “Quiero comenzar hablando de lo que más importa en una feria de libro: del libro y sus dos caras, la de la escritura y la de la lectura. No voy a descubrirles mediterráneos si les cuento que leer, lo que sea, desarrolla las entendederas, el pensamiento conceptual y abstracto. Pues imagínense qué bueno, si lo que leemos son letras, actuales y clásicas, a la vanguardia, es decir, palabra como materia artística y pensamiento puesto en pie. No hay cosa más subversiva que esa tan quieta de leer un buen libro detrás de otro libro, a poder ser que confronten unos y otros ideas y estéticas. No hay cosa más subversiva que esta tan quieta de leer un buen libro detrás de otro, por lo que abren dentro, y por el hecho mismo de hacer un remanso de silencio y sostener amorosamente la atención sobre la página. La mera actitud de la lectura representa una sublevación inmóvil en este mundo hiperactivo y distraído. Cierto es que en cualquier feria hay ruido y libros de vanguardia y de retaguardia al rebufo de las modas comerciales. Pero hay un tipo de libro para cada lector, y esta feria es un puente. Digo más, la programación de coloquios, conferencias y presentaciones de la Feria, como vamos a poder ver, se centra en la literatura y en el pensamiento crítico, en una propuesta bien formada e informada, confeccionada con criterio y conocimiento. Me consta que en ello intervienen informados expertos”.

Ahora, hay que ir a la Feria y acariciar sueños, porque el lema de este año es una atracción en si mismo, El hechizo de la lectura, en un contexto que la poeta Carmen Camacho también citó en su intervención, como un sentido homenaje a Ítalo Calvino, a mi parecer, en el centenario de su nacimiento: “Y los libreros y libreras: sin su misión nada de esto es posible. Las librerías tienen, además, una militancia en algo que me parece muy importante: la localización, física, la de construir un espacio y en él un refugio y un lugar de encuentro, un espacio de verdad en un barrio, en una calle, que sea un lugar de referencia para dar de leer, para que entre cualquiera y el librero o librera nos conozca por nuestro nombre y sea un poquito nuestro farmacéutico intelectual, y nos acompañe en la elección de las lecturas. Desde la pasada feria a esta, se nos han ido como el rayo algunas librerías que nos dieron de leer como las panaderías nos dan el pan. Estos son los mimbres con los que la asociación Feria del Libro de Sevilla – con el apoyo del Consistorio, la Junta, la Diputación, el Ministerio, y no sin dificultades de tipo técnico, administrativo, de coordinación…- levanta por varios días -ay, Ítalo Calvino- una ciudad invisible en pleno centro, con una programación variada y valiente, donde pasan muchas cosas que después siguen pasando por los adentros y en las casas de las gentes que se duermen al arrullo de un librito”. Hoy, una vez más, como siempre, me he acordado del autor italiano al que tanto aprecio, cuando me he acercado a la pantalla en blanco del ordenador para redactar estas líneas, siguiendo la recomendación literaria que un día ya lejano aprendí de él en El arte de empezar y el arte de acabar: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial”. Cuando nos acercamos a la lectura de un libro nos puede suceder algo parecido, porque estamos ante una página escrita que nos puede decir todo o nada, pero lo importante es cuando sentimos que su lectura nos deja una huella indeleble, probablemente para toda la vida, algo esencial, que decía Calvino.

Lo que me pasa al escribir estas palabras es que sé lo que me pasa cada vez que se acerca la Feria del libro, porque no olvido a Guido Orefice, el protagonista de La vida es bella, que tenía tres grandes proyectos en su vida: distinguir el norte del sur, leer a Schopenhauer por su canto a la voluntad como motor de la vida y abrir una librería. De todo hizo un arte para vivir, para enseñar a leer las señales de la vida, porque hablar es solo cosa de personas. Leer, igual de bello. Es una maravilla constatar que estamos preparados desde la preconcepción y a través del cerebro, para leer, cuando todo está conjuntado para comenzar a unir letras y grabarlas con unas determinadas formas en el cerebro. Agregando, además, sentimientos y emociones en relación con lo que nuestro cerebro lee, en una dialéctica permanente de razón y corazón. Ahí reside el encanto de la huella de la lectura, la que dejan precisamente algunos libros. Su hechizo. El que ha expresado con encanto la ilustradora María Hesse en el cartel de la Feria de este año, como hilo conductor de la misma.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

¡Cuéntame películas!

La vida es más difícil, márchate, el mundo es tuyo, no quiero oírte más, sólo quiero oír hablar de ti. Hagas lo que hagas, ámalo. 

Alfredo a Totó en Cinema Paradiso, 1988.

Sevilla, 25/X/2023

Desde que tengo uso de razón, he escuchado en bastantes ocasiones la expresión “no me cuentes películas”. Craso error, quizás inducido por la famosa frase en los títulos de crédito de multitud de películas, cuando se advertía que cualquier parecido con la realidad de lo que podía ver “era por pura coincidencia”, siendo lo cierto todo lo contrario. Recuerdo ahora a la excelente escritora Irene Vallejo, cuando en su libro El futuro recordado, afirma que, “a pesar de expresarnos así, lo cierto es que entendemos mejor los mensajes si tienen forma narrativa y la mente asimila mejor los datos nuevos si están enhebrados en anécdotas, aventuras o ficciones. Así que, en realidad, bien podríamos decir: “cuéntamelo con una película” o “cuéntamelo como una novela”. El relato, tanto en sus diferentes formas audiovisuales o literarias, constituye una forma de conocimiento que no puede ser sustituida por otro discurso”. Las frases coloquiales en torno a las películas, despectivas generalmente, tales como “se ha montado una película de lo que le ha pasado” o “allá películas”, muestran la cara menos amable de este excelente recurso cultural.

Lo expuesto anteriormente viene a colación por el estreno mundial de ‘La contadora de películas’, dirigida por la realizadora danesa Lone Scherfig (An Education) y protagonizada por Bérenice Bejo (The Artist), Antonio de la Torre y Daniel Brühl, está basada en el libro homónimo de Hernán Rivera Letelier: “una carta de amor al cine y homenaje al arte de narrar historias”, según RTVE, que se estrenará el próximo 3 de noviembre en nuestro país, en la que se relata la vida de una familia en el desierto de Atacama (Chile), de acuerdo con la sinopsis que facilitó en septiembre Radio Televisión Española: “Años 60, desierto de Atacama, Chile. María Magnolia es una mujer que a pesar de vivir bajo difíciles condiciones, trata de transmitir a su hija, María Margarita, su pasión por el arte, y ella se convertirá en la contadora de historias de un pueblo chileno, donde la mayor parte de sus habitantes no pueden pagarse una entrada de cine, pero les trasladará el poder de los sueños. […]  Refleja las turbulencias políticas en las épocas de Frei, Allende y la llegada de Pinochet, y revive la decadencia de los históricos pueblos mineros del salitre en el norte de Chile, además de revelar los recuerdos incalculables enterrados en nuestras raíces históricas asociados al viejo cinematógrafo en una época de transición. María Margarita (Bérenice Bejo) ha heredado el amor por el cine de su madre. Y en su caso, demuestra ser una talentosa intérprete, transformándose en el escenario cuando le cuenta a su familia empobrecida (que solo pueden permitirse una entrada de cine entre ellos) las imágenes que ha visto en el único cine de la ciudad. Pronto se convertirá en la estrella más destacada de la comunidad. Los mundos exóticos, alienígenas y épicos que descubre en la pantalla despiertan en ella un profundo amor por la narración y, como «narradora de películas», transporta a su audiencia a nuevos mundos, permitiéndoles olvidar su trabajo y escapar de las dificultades de su vida cotidiana. A través de la lente de su fértil imaginación, estas historias cobran vida para su gente, inspirándolos con la esperanza de que, al igual que el “Espartaco” interpretado por Kirk Douglas, puedan seguir luchando. Al cumplir los sueños de su madre, María es una luz brillante para la gente de Atacama. La cinta con guion de Walter Salles, Rafa Russo e Isabel Coixet es una celebración de nuestra capacidad para desafiar incluso las circunstancias más duras, para encontrar amor, comunidad, inspiración y esperanza donde parece que no la hay. A través de las historias que tejemos podemos elevar nuestras vidas con emoción humana compartida”.

Aprendí hace muchos años una gran lección del cine que muestra compromiso social activo: hoy empieza todo. La película homónima, dirigida por Bertrand Tavernier, me enseñó algo transcendental para abordar la dura realidad diaria para ser y, no tanto, tener. Cuando el autor del guion, Dominique Sampiero explicó por qué se puso este nombre a la película, Hoy empieza todo, se comprende mejor la clave ética, porque lo que ocurre en la vida diaria, en cada momento, es lo contrario a un cuento de hadas. Lo contrario de Había una vez. Es verdad que hoy empieza todo. Momentos como este te hacen ver que el cine, en realidad, no es cine, sino la interpretación de una realidad más próxima de lo que parece. Contenemos la respiración. Todos nos enfrentamos a este momento en un cuerpo a cuerpo. Cuando se asiste a la proyección de determinadas películas, siguiendo de cerca las explicaciones de Dominique Sampiero, un gran corazón late, se alarma, va más despacio… Todos los rostros miran en la misma dirección, la gran pantalla del cine de toda la vida donde se proyecta La contadora de películas, en este caso. Este impulso es, probablemente, el que nos acompañará siempre al recordarla y nos permitirá conducir esta microhistoria saludable. ¿Saben por qué? Porque como decía el autor de la obra sobre la que está basada la película, aunque hoy comience todo, en verdad, todo se parece al amor.

Confieso que en mi vida he tenido siempre una debilidad cinematográfica, entre otras muchas, que me ha marcado para siempre y que me lleva a tener una deuda no saldada con su magia tantas veces oculta. Me refiero a lo que llamo personalmente “el síndrome de Errol Flynn”, un gran actor de mi infancia madrileña, que me ha acompañado a lo largo de mi azarosa vida. He avanzado muchas veces por desfiladeros existenciales que están situados en zona comanche permanente, pero sin la valentía e intrepidez aprendidas en mi niñez rediviva del General Custer o Errol Flynn (tanto monta, monta tanto), en los que de manera arrogante y sin despeinarse, con la botonadura dorada reluciente y sin una mota de polvo en su traje y botas de montar, avanzaba con su Séptimo de Caballería para deshacerse de Caballo Loco o Víctor Mature (otra vez, tanto monta, monta tanto), sabiendo, eso sí, que al final del desfiladero podía estar siempre Olivia de Havilland (Beth) para fundirse en un abrazo eterno y casto, como si no pasara nada, que arrancaba aplausos eternos en el patio de butacas del Cinema Paradiso de mi infancia, el Cine Ideal en Sevilla. Lo de menos era ya el final desastroso de la película, de cuyo nombre no quiero acordarme, en un país que estaba necesitado de escenas edulcoradas y de cartón piedra, porque lo importante era y será que nunca hay que rendirse ante la adversidad de la indignidad humana.

Sinceramente confieso que, a diferencia del clásico aviso en los títulos de crédito de antes, cualquier parecido de lo aquí contado con la realidad de lo que he visto y vivido en la película de mi vida, no ha sido una pura coincidencia. A partir de hoy es probable que en determinadas ocasiones, recordando a Irene Vallejo, sea yo el que solicite a las personas que aprecio y amo, que cuenten lo que sienten como si fuera una película o un cuento, para el caso es lo mismo. De lo que estoy convencido en este aquí y ahora, personal e intransferible, es que nunca más se me ocurrirá decirles, sobre lo que me cuentan, una frase aparentemente inocente, pero que puede llegar a ser el mayor de los desprecios, «para mí, lo que te pasa, allá películas”. Les aseguro, compañeros y compañeras del patio de butacas en el Gran Cine de la Vida, que les diré siempre “cuéntame lo que te pasa, por favor, como si fuera una película”, porque sé que lo que les ocurre es pura y verdadera coincidencia con lo que sienten y sufren en ese momento mágico de confidencias sentidas.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

Meryl Streep y Nuccio Ordine, personas imprescindibles según Bertolt Brecht

Meryl Streep (Summit, EE. UU.), 22 de junio de 1949)

Hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles.

Adaptado de un texto de Bertolt Brecht en Elogio a los combatientes

Sevilla, 20/X/2023

Necesitamos, ahora más que nunca, recibir refuerzos positivos para caminar siempre hacia adelante y una vía abierta de ética útil entre tanta realidad triste e inútil, puede ser acercarnos a dos personas imprescindibles, Meryl Streep (Summit, Nueva Jersey, 1949) y Nuccio Ordine (Diamante, Cosenza – Calabria, 1958 – Cosenza, Calabria, 2023), porque junto a otras personalidades del mundo de las artes, comunicación y humanidades, ciencias sociales, deportes, letras, cooperación internacional, investigación científica y técnica, así como de concordia, que merecen por igual mi reconocimiento y respeto, recibirán hoy también, junto a ellos, los premios Princesa de Asturias de 2023, de las Artes y el de Comunicación y Humanidades, respectivamente, teniendo el de Ordine un sentido especial por su fallecimiento el pasado 10 de junio y al que dediqué unas palabras sentidas en mi persona de secreto, ese día, en este cuaderno digital. He elegido hoy, en una fecha especial también, voluntariamente, a estas dos personas, imprescindibles para mí en el sentido que aprendí hace ya muchos años de Bertolt Brecht y como homenaje especial a los dos por lo que han aportado al mundo y al correcto tratamiento de la vida digna para todos, sobre todo con un interés especial en atender con sus obras a los que menos tienen, en cualquiera de las proyecciones humanas posibles.

En el caso de Meryl Streep, el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2023 se le otorgó el pasado 26 de abril, “por dignificar el arte de la interpretación y conseguir que la ética y la coherencia trasciendan a través de su trabajo, con la virtud de subrayar que los seres humanos, y concretamente las mujeres, deben latir y destacar a partir de su singularidad, de su diferencia. A lo largo de cinco décadas, Meryl Streep ha desarrollado una carrera brillante encadenando interpretaciones en las que da vida a personajes femeninos ricos y complejos, que invitan a la reflexión y a la formación del espíritu crítico del espectador. La honestidad y responsabilidad en la elección de sus trabajos, al servicio de narrativas inspiradoras y ejemplarizantes, traspasan la pantalla y los escenarios con una impecable técnica interpretativa, armada únicamente con su gestualidad, voz y mirada. Activista incansable a favor de la igualdad, con su talento y rigor ha posibilitado que diferentes generaciones disfruten de interpretaciones inolvidables, conquistando el respeto que este gran arte merece”. Resumí mi reconocimiento personal de este premio a Meryl Street en un artículo publicado también, en este cuaderno digital, El cine es el semblante de Meryl Streep, que he vuelto a releer hoy, en el que destacaba que emulando humildemente al gran director americano John Ford, ídolo de mi infancia, cuando respondiendo a un periodista ante la pregunta clásica de ¿qué es el cine?, contestó, “es ver caminar a Henry Fonda”, se podría decir ahora, también, que “el cine es el semblante de Meryl Streep”, en el sentido que el Diccionario de Autoridades, tan querido por mí, da a ese lema, semblante: “La representación exterior en el rostro de algún interior afecto del ánimo, […] de lo que se siente en el corazón» (RAE A, 1739). 

En relación con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2023 otorgado a Nuccio Ordine el pasado 4 de junio, destaqué en otro artículo, Las personas no somos islas inútiles, la satisfacción personal por este reconocimiento, en su calidad de filósofo, escritor y gran conocedor del pensamiento y la literatura renacentista, al que he dedicado bastantes páginas de respeto intelectual en este cuaderno digital. Me consta el compromiso activo en su obra, en relación con la educación como derecho y no como mercancía, tal y como se recogió en el acta del jurado sobre la concesión de este Premio, otorgado “por su defensa de las humanidades y su compromiso con la educación y los valores enraizados en el pensamiento europeo más universal. Ordine establece un diálogo con la sociedad contemporánea para transmitir, en especial a los más jóvenes, que la importancia del saber se encuentra en el proceso mismo del aprendizaje. La utilidad de la educación se ha de entender en términos de pasión por la búsqueda del conocimiento y de lo mejor de cada persona, sin circunscribirse a un interés económico. Su trabajo académico, centrado en figuras relevantes del Renacimiento, destaca la necesidad de recuperar la riqueza del humanismo para las nuevas generaciones”.

Destaco, igualmente, dos reflexiones sobre ambos “imprescindibles”. Respecto de Meryl Streep, dije en aquella reflexión escrita que me quedaré siempre con “el semblante de Meryl Streep a través de sus películas, porque define a la perfección qué es el cine. Indudablemente, con su rostro lleno de expresión, en silencio, como lo supo interpretar aquél fotógrafo [en Los puentes de Madison] que un día paró en la puerta de su casa para preguntar por un puente famoso, Roseman, para hacer unas fotos. Nos transmitió de forma simbólica algo importante: todo acabó donde había empezado, en ese puente, cumpliéndose el deseo de Francesca al esparcir sus hijos sus cenizas en sus alrededores. Es la maravilla del cine, una historia breve pero que al ser buena se convierte en dos veces buena. Un poema de Lord Byron, muy querido por Robert, estaba “dentro” de la vasija funeraria y se quedó con ella volando hacia el aire que quisieron respirar juntos en aquellos cuatro días mágicos, inolvidables: Hay un placer en los bosques sin senderos, / hay un éxtasis en la costa solitaria, / hay compañía, allí donde nadie se hace presente, / al lado del mar profundo, y música en su rugido. / No amo menos al hombre, sino más a la naturaleza, / a partir de nuestros encuentros, / a los que asisto sigiloso, / a partir de todo lo que puedo ser, / o que he visto antes, / para fundirme con el universo y sentir, / lo que nunca puedo expresar aunque me sea imposible ocultar.

En relación con Nuccio Ordine, dije en el artículo citado que “vivimos instalados en una sociedad utilitarista, presidida por el imperio del mercado y sus mercancías. Los que tenemos la sensación de habernos equivocado de siglo lo pasamos muy mal, lejos del Renacimiento, porque estamos convencidos del placer de lo inútil. La lectura del libro de Ordine, La utilidad de lo inútil (1), me refresca siempre estos conceptos y considero que es una buena recomendación para espíritus inquietos que priman el valor del conocimiento y de la admiración por todo lo que se mueve a nuestro alrededor. Imprescindible para militantes de mi querido Club de las Personas Dignas. Son 172 páginas útiles para comprender el oxímoron (2) “utilidad de lo inútil”, pero se despeja inmediatamente cualquier duda al explicar el autor que la referencia a la utilidad se centra solo en aquellos saberes “cuyo valor esencial es del todo ajeno a cualquier finalidad utilitarista”. Es útil todo aquello que nos ayuda a ser mejores y decir esto en una sociedad de mercado puro y duro es para obtener matrícula de honor en la Universidad de las grandes avenidas digitales del mundo actual, a las que se asiste a clases llamadas “útiles” en zapatillas (pantuflas), como explicaba muy bien en su momento el profesor libertario Michel Onfray.

Ordine merece ser recordado especialmente por su ausencia. Todo un símbolo ante unas palabras de reconocimiento del jurado cuando le otorgó el premio, que me lleva hoy a tenerlo muy presente en mi clínica del alma, mi biblioteca y en mi escritura diaria. Hoy, más orgulloso que nunca porque me alegró que le concedieron este reconocimiento por su obra, en un mundo diseñado por el enemigo, sobre todo, el capital, en este país tan dual y cainita. Soy consciente de que no somos islas, como él se preocupó de mostrarnos en su última publicación (3) y que la mejor actitud humana es salir de nosotros mismos para conocernos mejor y compartir la vida con las personas que elegimos y queremos, en el camino diario para vivir, tal y como me lo enseñó también José Saramago en su precioso Cuento de la isla desconocida, cuando una gran protagonista, una mujer muy sencilla al servicio del rey, una limpiadora y zurcidora, me ofreció la mejor respuesta a los interrogantes de la soledad humana y del aislamiento social: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual”.

(1) Ordine, Nuccio,  La utilidad de lo inútil. Barcelona: Acantilado, traducción de J. Bayod Brau, 2017, 17ª ed.

(2) Oxímoron (RAE. Diccionario usual): combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido, como en un silencio atronador.

(3) Ordine, Nuccio, Los hombres no son islas, Barcelona: Acantilado, traducción de J. Bayod Brau, 2022.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

El triunfo de la mediocracia, del ´todo vale´, asola el mundo al revés

La rebelión de los maniquíes | Love Valencia

Lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud.

Todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir.

Jorge WagensbergAforismos

Sevilla, 17/X/2023

Lo estamos viviendo de forma directa, porque está pasando y lo estamos viendo con la guerra en Gaza entre Israel y Hamás. Una vez más, comenzó todo con la justificación de la reacción de Israel, por parte de bastantes lideres mundiales, incluso de la Unión Europea, por su legítima defensa ante el ataque sorpresivo de Hamás y, poco a poco, ´vuelven las aguas a su cauce´, con denuncias taimadas y de autoblanqueo, de esos ´defensores primarios´, de violación por parte de Israel de elementales normas de derecho internacional por el trato que está dando a la población inocente que vive en Gaza. Determinados medios de comunicación social, todos no son iguales en nuestro país, están acompañando también a esta ceremonia de confusión ética, con sus editoriales y artículos de opinión basados en este principio mediocre del ´todo vale´, no inocente, como reflejo de lo que está pasando en la sociedad, caiga quien caiga o cueste lo que cueste incluso en términos éticos. Ya no estamos para muchas contemplaciones filosóficas del tipo que formularon sobre esta frase hace ya algunos años, Paul Feyerabend o Karl Popper, por elegir algunos exponentes claros de esta teoría, incluso si me perdonan esta elección, en la afirmación inconmensurable de Groucho Marx cuando afirmaba que “Estos son mis principios: si no le gustan tengo otros”.

Un ejemplo claro lo tenemos en las televisiones maestras del entretenimiento -todas tampoco son iguales- de este país, donde el problema del “todo vale” radica en que hemos elevado al santoral digital, una palabra inglesa, el rating o audiencia, donde sumar y aumentar dígitos es el Santo Grial de los medios de comunicación y, sobre todo, de las televisiones por lo que significa en ingresos por publicidad, caiga quien caiga y cueste lo que cueste en términos éticos. ¿Sabemos quienes son las grandes protagonistas del “todo vale” en el plató del gran teatro del mundo? Personalmente, lo tengo claro: las personas mediocres que están muy cerca de cada uno de nosotros y que difunden este principio como si fuera el bálsamo de Fierabrás para tiempos modernos, porque se erigen en detentadores de esta falacia engañosa del todo vale, neutralizando y destruyendo mediante silencios cómplices a posibles competidores de la dignidad ética. La mediocridad centrada en el discurso de la ignorancia elevada a categoría suprema y omnisciente me sigue preocupando mucho y cada día que pasa y vemos lo que nos rodea, más todavía por la situación actual del país y la mediocridad que nos invade en todos los ámbitos posibles, aquí, allá, acullá. He reflexionado en diferentes ocasiones en este cuaderno digital sobre esta lacra social y lo seguiré haciendo sin descanso alguno, porque constato que estamos instalados en el reino de la mediocridad. Por esta razón, no hay tiempo que perder y hay que desenmascarar a los mediocres con urgencia vital, dondequiera que estén, porque viven en un carnaval perpetuo. Este país no logra sacar distancia a esta lacra que nos pesa desde hace bastantes años porque ahora, en el país de los tuertos desconcertados, el mediocre es el rey del “todo vale”. Es una plaga que se extiende como las de Egipto casi sin darnos cuenta. Los encontramos por doquier, en cualquier sitio: en la política, en las artes, en los medios de comunicación social, en la educación, en los mercados, en las religiones y en las tertulias que proliferan por todas partes en el reino de la opinión. Los mediocres suelen meter la mano en todos los platos de las mesas atómicas y virtuales, en las que a veces nos sentamos, con total desvergüenza. Son personas de “calidad media, de poco mérito, tirando a malo”, como dice el Diccionario de la Real Academia Española. También, tóxicos o tosigosos, que suelen complicar la vida a los demás por su propia incompetencia.

Lo repito hoy de nuevo y no me cansaré de hacerlo hasta la saciedad en este tiempo de guerras sin fin de todo tipo: mediocridad de mediocridades, (casi) todo es mediocridad, sobre todo para que tomemos conciencia de a qué nos enfrentamos en este país y con una investidura en marcha, visto lo visto, con el resultado de nuestros votos. Casi todo es de calidad media, tirando a malo, como nos enseña nuestro Diccionario de la Lengua, pero está de moda. Lo digo una y mil veces: los mediocres están haciendo de cada día su día, su mes, su año, de forma silenciosa. Ahora, su octubre. Al igual que Diógenes de Sínope, tendremos que coger una linterna ética y gritar a los cuatro vientos ¡buscamos personas dignas y honestas, no mediocres! Es probable que los mediocres salgan huyendo porque no soportan dignidad alguna que les puede hacer sombra, si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad. ¿Qué quiere decir esto? Que entre tibios, mediocres y tristes anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en determinados partidos que nos representan. Cuando los mediocres se instalan en nuestras vidas, en nuestra política o en nuestro trabajo diario, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que una persona mediocre con poder equivocado, además triste y tibia, sin dignidad alguna. Se erigen en reyes del “todo vale”, porque así tienen gregarios que nunca discuten nada. Pero es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones. Es la mejor forma de luchar contra la lacra social de la mediocridad y sus indignos representantes, porque intentan invadirnos por tierra, mar y aire, sin compasión alguna. Cada vez tenemos menos tiempo para descubrirlos, aunar voluntades para ocupar su sitio y, de forma celular, boca a boca, recuperar tejido crítico social para crear nuevos liderazgos en nuestro país, tan dañado en la actualidad y que tanto los necesita.

Me reafirmo en la siguiente actitud proactiva contra la mediocridad: busquemos la nueva linterna de Diógenes para poder encontrar personas dignas, aunque hay que tener claro que no está en los catálogos del mercado, porque no es mercancía, sino en nuestra conciencia individual y social de pertenencia a una ideología de clase, no inocente, que luche por un mundo que merezca la pena vivirlo y compartirlo de la forma más digna posible. Vuelvo a leer ahora un libro que me ayuda a comprender lo que está ocurriendo con esta plaga tan peligrosaMediocracia. Cuando los mediocres toman el poder, una reflexión seria y fundamentada sobre esta plaga del siglo XXI, que se ha hecho fuerte y pretende tomar el gobierno universal de todo lo que se mueve a nuestro alrededor. Su autor es Alain Deneault, filósofo y escritor, profesor de Sociología en la Universidad de Québec y director del programa del Collège international de philosophie de París. El libro es recomendable para almas inquietas y que estén saturadas de la mediocridad que ha instalado sus bases en nuestros entornos más cercanos. La sinopsis del libro nos aclara su hilo conductor: “Si los de arriba no cuestionan ni imaginan nada, ¿a qué podemos aspirar? El político ambivalente afín a progresistas y conservadores; el profesor de universidad que ya no investiga, sino que rellena formularios burocráticos; el reportero que encubre los escándalos fiscales y hace ruido en la prensa amarillista o el artista revolucionario, pero subvencionado… El rigor y la exigencia han dejado paso al esquema carente de referentes que inspira esta crítica mordaz. Da igual si es el ámbito político, académico, jurídico, cultural o mediático: se mire por donde se mire, se constata el triunfo de lo mediocre. El autor analiza con un estilo ingenioso cómo las aspiraciones mediocres que invaden la sociedad dan como resultado ciudadanos también mediocres”. Todo muy medido, donde las personas somos a veces maniquíes que como el rey del cuento de Andersen vamos desnudos ante la intemperie de la mediocridad imperante, mucho más cerca de nosotros de lo que realmente pensamos. Estamos avisados.

Fundamentalmente, porque todo no vale y porque tengo unos principios que, si no gustan, lo siento: no tengo otros. A los reyes y a las reinas del ´todo vale´, mediocres por definición, los definió de forma magistral Jorge Wagensberg, en un aforismo que abre hoy estas palabras y que no olvido, pero que reconozco que me da miedo: “lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud. Todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir”: a los demás, a un país que desea tener un Gobierno legítimo, progresista y no “mediocre» por definición, a la audiencia, a la familia, a los compañeros y compañeras del trabajo, a cualquiera que se acerca a sus principios del “todo vale”. Lo dicho: estamos avisados.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Ochubre, ochubrio, ochubro, otubre, octubre

Detalle del Retrato de don Juan Manuel. Retablo de la Virgen de la Leche. Catedral de Murcia.

A la piadosa luz de octubre vuelvo / y entre la tibia cuenca de mis manos / como un niño dormido mi corazón levanto. / Vivir es retornar a cada Octubre / para sentirse el corazón dorado.

Leopoldo de Luis, Poema de Octubre

Sevilla, 16/X/2023

Damos la razón al Quijote para comprender la razón de ser de este mes, en el que somos y estamos: ¡con la iglesia hemos dado, Sancho! Significante y significado están en juego, porque siempre hablamos de “estar en el mes de octubre”, sin deparar que la palabra ´octubre´ tiene una historia laica, como tantas otras, cuyo significado en roman paladino era muy claro: ochubre era el octavo mes del calendario romano, que comenzaba en marzo. La evolución en el tiempo, es decir siglos, sobre todo por el respeto al latín español consonántico por parte de los cuidadores de los cultismos en el Siglo de Oro, ha llevado a que hoy se sigan reconociendo las tres variaciones sobre el mismo lema, ochubre, otubre y octubre, aunque los dos primeros, según el propio diccionario de la lengua española (RAE), están en desuso, manteniéndose hoy sólo como de uso correcto el tercer lema ´octubre´: Del lat. Octōber, -ris, derivado de octo ‘ocho’. Décimo mes del año, que tiene 31 días, sin más explicación histórica en sus raíces romanas. En relación con la acepción “otubre´, la Real Academia dice lo siguiente. “Se recomienda evitar su uso. La variante antigua otubre —en el diccionario desde 1803— hoy se considera vulgar (impropia del habla culta) y está marcada en el DLE como desusada”. Más interesante es revisar la utilización del lema ´ochubre” en el tesoro lexicográfico español, donde aparece en primer lugar en 1846, junto a dos lemas más, ´ochubrio´y ´ochubro´, con la misma acepción: Octubre, en el Nuevo diccionario de la lengua castellana, que comprende la última edición íntegra, muy rectificada y mejorada del publicado por la Academia Española, y unas veinte y seis mil voces, acepciones, frases y locuciones, entre ellas muchas americanas […]. París, publicado por Vicente Salvá. Posteriormente y hasta llegar al diccionario de la Academia Usual, de 1992, última aparición de este lema en el diccionario de la lengua española de la RAE (según el Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española), se mantuvo en los diccionarios de 1885, de Gaspar y Roig; de 1869, de Ramón Joaquín Domínguez; de 1970, del Suplemento del diccionario de la lengua española (RAE) y de 1984, en el diccionario Usual, también de la Real Academia Española de la Lengua. Finalmente y con este largo camino histórico y lexicográfico, octubre, hoy día, es el ´décimo´ mes del año, no el octavo, como su nombre indica, por la modificación que se introdujo en el llamado calendario gregoriano, promulgado en 1582 por el papa Gregorio XIII que, a su vez, modificó el existente hasta entonces, denominado calendario juliano, que introdujo Julio César en el año 46 a.C.

En este contexto, el infante de Castilla, don Juan Manuel (1282-1348), sobrino del rey Alfonso X el Sabio, que mandó escribir la Estoria de España, comenta en el capítulo ciento veinticuatro (CXXIIII) de la Crónica abreviada, una de sus versiones de la citada Estoria, transcribiendo de forma clara y concisa el origen e intrahistoria de la palabra ‘ochubreen el primitivo calendario: “por que los rromanos, quando conquerieron toda la tierra, pusieron le nombre ‘agosto’, que quier tanto dezir commo acrescentador; e al otro, setienbre, porque hera seteno del mes de março; e al otro ochubre por que hera ochauo; e noviembre por que era noveno; e al otro dezienbre por que hera dezeno del mes de março en que solian començar el anno segunt auedes oydo”. La justificación que narra el infante Juan Manuel de por qué el calendario romano constaba de diez meses, tiene un marcado interés de respeto a la naturaleza, porque en marzo se sale de un tiempo de mucho frío (la grant friura del ynvernio) y entra el calor (la grant calentura del verano). Bajo esta premisa, va desgranando posteriormente uno a uno la interpretación de cada mes, que en algunos casos es asombrosa, hasta llegar a octubre, vinculado estrictamente al mero orden cronológico del calendario romano, ´por que era ochavo´.

Procuro ser muy cuidadoso con las palabras que pienso y traslado al papel o a la pantalla en blanco, sobre todo cuando quiero decir algo ´especial´, recordando a Ítalo Calvino, en su arte de saber empezar y acabar en el momento mágico de escribir palabras, precisamente en la semana en la que se cumple el centenario de su nacimiento. No olvido tampoco que el 3 de octubre de 1714, “el rey Felipe V de España, sucesor del último monarca de la Casa de Austria y primer monarca Borbón en el trono español, firmó la cédula real para la constitución de la Real Academia Española (RAE) con una dotación de 60.000 reales anuales para la publicación de obras. El objetivo, recogido en el Estatuto Único, era “cultivar y fijar la pureza y elegancia de la lengua Castellana, defenestrando los errores que, en sus vocablos, en sus formas de hablar o en su construcción, ha introducido la ignorancia”. Si recuerdo bien esta cita es porque propició que se editara por primera vez mi querido Diccionario de Autoridades, que tanto aprecio y aplico: “Entre 1726 y 1739, la RAE publica seis volúmenes en el que se recogen más de 69.000 acepciones. La diferencia respecto a otros diccionarios es la utilización de nombres relevantes de la literatura castellana (sobre todo del Siglo de Oro) para avalar las diferentes descripciones. Por ello, recibe el nombre de “Diccionario de Autoridades”. “Se han puesto los autores que ha parecido a la Academia han tratado la Lengua Española con la mayor propiedad y elegancia”, recoge el Prólogo del Tomo I del Diccionario. Lope de Vega, Luis de Bávia, Luis de Góngora, Santa Teresa de Jesús… son algunas de las firmas que, a través de ejemplos, referenció la RAE para explicar el significado de los más de 69.000 términos recopilados entre los seis volúmenes”. Extraordinario trabajo, que hoy disfrutamos las personas que amamos nuestra lengua.

Hoy, sólo he pretendido limpiar, fijar y dar esplendor a una palabra, octubre, tan aparentemente neutra, aunque no inocente, porque en estos momentos vivimos en ella y porque sólo me queda ella, la palabra en este aquí y en este ahora, en octubre, para expresar lo que pienso, siento y escribo, siguiendo muy de cerca a Blas de Otero: Si abrí los labios para ver el rostro / puro y terrible de mi patria, / si abrí los labios hasta desgarrármelos, / me queda la palabra.

Lo que está ocurriendo en este octubre tan especial, hoy mismo, sobre todo con la guerra de Israel y el brazo armado de Hamás en Gaza, pero que lo están sufriendo centenares de miles de personas inocentes, trae a mi alma de secreto una sola palabra: ´paz´, porque en Andalucía somos escuchaores de esta palabra, nunca ´guerra´, que sólo pronunciarla o escribirla produce en sí misma un dolor inmenso. Es nuestra obligación ética en relación con la palabra ´paz´: fijarla, limpiarla y devolverle todo su esplendor. Este es hoy, en octubre, mi mensaje especial.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Luisa Carnés, una mujer obrera en ´La Moderna´

Sevilla, 15/X/2023

He leído con cierta preocupación un artículo en elDiario.es sobre la serie La Moderna que se está proyectando en la televisión pública de este país, Cómo desactivar políticamente ‘Tea rooms’, la novela obrera y revolucionaria de Luisa Carnés, para adaptarla a televisión. El modo en que se está produciendo la recuperación de esta obra literaria aleja, y en ocasiones neutraliza, el sentido político de la novela de Carnés. Junto con la recomendación de su atenta lectura, creo que aborda un asunto de sumo interés en las adaptaciones de obras literarias que se llevan al cine o a la televisión. Una frase de ese artículo aporta una inquietante reflexión sobre la producción de esta serie basada en la obra de Luisa Carnés: “Seguir leyendo a Carnés como la ‘escritora olvidada de la generación del 27’ supone situarla en un lugar equivocado y negarle las condiciones de legibilidad que harían posible entender su obra como una literatura otra, pensada y construida desde un lugar otro, distinto al lugar desde donde siempre se ha escrito la literatura: la ideología y la cultura burguesa. La recuperación por sí misma no vale nada: no solo hay que recuperar el texto sino restituir las condiciones de legibilidad que le dan sentido. Esto es lo que no está ocurriendo. Tampoco con la adaptación televisiva de Tea rooms, o al menos esa es la conclusión que podemos provisionalmente extraer una vez vistos los primeros capítulos emitidos”. De ahí la importancia de conocer esta obra de Carnés y saber contextualizarla en su tiempo y en su momento para no confundir a los telespectadores, menos aún -si cabe- en la televisión pública, porque una de las protagonistas de La Moderna es ella. Para que no se olvide.

En este contexto recomiendo, como siempre, acudir a las fuentes, en este caso literarias, sobre Luisa Carnés, para no llamarnos a engaño y, lo que es peor, confundirnos ideológicamente con lo que nos dicen que pasó y estamos viendo, cuando no es así acudiendo a la intrahistoria de esta novela. Para comenzar, les cuento mis maniobras de aproximación a esta escritora. Hace tan sólo unos años, localicé en una de mis singladuras hacia islas desconocidas, una pequeña editorial independiente, Hoja de Lata, con señas de identidad propias, sensibles a determinadas letras, porque todas no son iguales ante el mercado, ideológicamente hablando. Hoja de Lata, que como dicen en su sinopsis oficial sobre quiénes son publican “libros en papel de narrativa y no ficción. Pretendemos llegar a ese público lector habitual que sabe lo que quiere y que se deja asesorar por su librero de confianza. Aspiramos a construir un catálogo de cuidados «artefactos narrativos», al estilo de los entrañables juguetes de hojalata que tuvimos en nuestra infancia. Nuestra colección de ficción, SENSIBLES A LAS LETRAS, se propone publicar narrativa de calidad incontestable, un equilibrio entre grandes voces contemporáneas y nuevos autores que sorprendan por su sensibilidad al hablarnos de este mundo o de otros mundos posibles. Buscamos y escogemos con mimo nuestros títulos, tratando de descubrir nuevos nombres y propuestas a los lectores; tratando también de que cada uno de ellos sea el libro que a nosotros mismos nos gustaría encontrar en la librería. Defendemos con especial ahínco las historias que no pasan de moda, las ópticas constructivas del mundo y las voces valientes, de opinión no necesariamente mayoritaria”.

Aquella localización de la editorial como isla desconocida me llevó a conocer a Luisa Carnés, gracias a un artículo precioso, Los relatos olvidados de Luisa Carnés: exiliada republicana, escritora comprometida (1), que me pareció en su momento fascinante, porque dejaba al descubierto la ignorancia que tenemos en este país sobre la pléyade de mujeres escritoras que fueron silenciadas durante el régimen franquista. Me emocionó conocer esa operación rescate de mujeres que escribieron maravillosamente bien, pero desde el exilio en el mayor número de casos. Luisa Carnés escribió dos obras señeras, de alto voltaje político, Tea Rooms y Trece cuentos, que por lo narrado en el artículo parecen apasionantes. Leerlas es el mejor homenaje a esta mujer, olvidada durante tantos años de desidia y desprecio a las mujeres escritoras de este país durante la posguerra y pertenecientes también a la denominada Generación del 27, con matices, porque la esencia republicana de Luisa Carnés, por ejemplo, tiene elementos diferenciadores cuando se la vincula a esta generación.

Posteriormente, en 2018, compré en la Feria del Libro celebrada en esta ciudad una obra de Luisa Carnés, Rojo y Gris, una primera recopilación de sus cuentos completos publicada por la excelente editorial Renacimiento, que leí con la ilusión de un niño que dejó de ser Cuchifritín (el hermano de la inolvidable Celia, personajes creados por Elena Fortún), de feliz memoria de izquierdas también. También, en ese año, leí un cuento suyo, La chivata, que lo encontré como un regalo ideológico en la página web de la editora Hoja de lata, de su libro ejemplar, Trece cuentos (1931-1963), que recogí en un post que dediqué en 2017 a las mujeres en su tarea imprescindible de escribir. Lo publiqué entonces, como homenaje a una mujer extraordinaria que ha escrito páginas memorables de la España profunda, que tanto cuesta olvidar. Pero no a ella, ejemplo de ayer, hoy y siempre, porque estoy convencido de que son imprescindibles las mujeres que escriben. Por último, traje a colación en la Navidad de 2019, con una interpretación laica, un cuento suyo, Sin brújula (Trece cuentos),en el que un grupo de mujeres embarcan hacia el exilio durante la guerra civil con sus hijos y con lo puesto, dejando a sus maridos en la retaguardia del país, en la costa que cada vez está más lejos o más cerca, según se mire, para intentar llegar a Francia y escapar de la tragedia de la guerra civil en España. Durante el trayecto, contemplan la soledad acusadora de Benitín, un niño solo que enferma a los pies del capitán, del que dudan en un determinado momento porque no saben que el barco no tiene brújula y, finalmente, desean que el niño, enfermo, desaparezca de sus vidas por temor al contagio de una enfermedad que intuyen como letal. Hasta que una buena mujer sola se acerca al niño y lo toma en su regazo para que deje este mundo en la paz de un Dios desconocido.

Mujeres escritoras, como Zenobia Camprubí, María Teresa León, Simone de Beauvoir y Luisa Carnés, entre otras muchas, merecen nuestro aprecio y respeto todos los días, porque sencillamente lo reconocemos a través de sus libros. Baste un ejemplo final de lo que escribí en 1976 sobre una mujer escritora, Simone de Beauvoir, después de un análisis de su magnífica obra El segundo sexo, ignorada en España en los años de autos por su texto y contexto: “Es indudable que el análisis de Simone de Beauvoir sobre la infancia, no pasa de ser un análisis monocolor de su infancia, que era también la infancia de la época, década de los años diez y veinte del Siglo XX. Paradójicamente, acepto que muchas reflexiones de ella podrían aplicarse a décadas posteriores, donde la educación sexual (no olvidemos que es su preocupación fundamental en esta obra) ha brillado por su ausencia. Hoy, asistimos a un momento diferente, donde los jóvenes han hecho periclitar el edificio clásico de las inhibiciones y frustraciones sexuales. Bastaría citar el fenómeno registrado en Italia, con la publicación del libro “Porci con le ali”, donde Rocco y Antonia viven una experiencia sexo-política muy similar y donde el vocabulario utilizado para sus expresiones dialécticas, desde el principio y hasta el fin del libro, darían que pensar incluso a Simone. Junto a esta realidad, la formación real hoy es una formación de la calle, de los diferentes clubes, de la filmografía, donde el lenguaje desenfadado manifiesta un epifenómeno muy curioso: la insatisfacción por saturación (…). El problema radicó en que la lectura de “El segundo sexo”, a escondidas, por ser manzana prohibida, facilitó un curso acelerado de formación y de satisfacción de curiosidad, con todos los problemas que podría acarrear a las mujeres lectoras. Hoy, su obra, aporta datos de interés a nivel histórico, pero cualquier manual o revista “avanzada” abre ya los ojos a muchas realidades. Aun así, hay que reconocer la valiente realización de Simone de Beauvoir, su desesperada lucha por encontrar su libertad…” (2). También, lo que aportó a los hombres y mujeres de muchas épocas, lectores y lectoras de relatos basados en la libertad intelectual, como tantas escritoras de su tiempo y experiencias vitales, olvidadas por la memoria no democrática en este país. Como ha ocurrido, por ejemplo, con Luisa Carnés, sin ir más lejos. Ahora, podemos y debemos recuperar su vida y su obra en su justo sentido.

(1) Franch, Ignasi (2017, 28 de mayo). Los relatos olvidados de Luisa Carnés: exiliada republicana, escritora comprometida.

(2) Cobeña, J.A. (1976). La personalidad frustrada de Simone de Beauvoir. Trabajo de doctorado realizado en mayo de 1976, en Roma (sin publicar).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

En memoria de Louise Glück, premio Nobel por su poesía austera

Sevilla, 14/X/2023

Hace tres años, en plena pandemia, escribí unas palabras de homenaje a Louise Glück, Premio Nobel de Literatura 2020 “por su inconfundible voz poética, que, con una belleza austera, convierte en universal la existencia individual”, según constaba en el acta del jurado que valoró ese año el premio que otorga anualmente la Academia Sueca. Antes de este premio de excelencia poética, la autora recibió entre otros galardones importantes, el Premio PEN/Martha Albrand, el Premio Nacional de la Crítica por The Triumph of Achilles, el Premio Pulitzer por The Wild Iris (El iris salvaje), el primer Premio otorgado por los lectores del New Yorker, además del Premio Bollingen, por Vita Nova. Junto a ellos recibió también el Premio Nacional Bobbit otorgado por la Biblioteca del Congreso, el Premio William Carlos Williams otorgado por la Asociación de Poetas de Estados Unidos, el Premio Fundación Lannan y el Premio Ambassador otorgado por la Unión de Hablantes de lengua inglesa.

Ayer conocimos su fallecimiento a los 80 años en su residencia de Cambridge (Massachusetts). Como reconocimiento a su vida poética, muy próxima al yo existencial que busca comprender la vida como un largo viaje que perdura en el tiempo de vivir, publico de nuevo aquellas palabras escritas en un momento crucial en este país, donde navegábamos en un mar abierto de dudas por los efectos de una terrible pandemia y en busca de una “nueva normalidad”.

Junto a la lectura de Glück, en ´La decisión de Odiseo´, no olvido a Kavafis, a quien tanto admiro, interpretando ese largo viaje y esa mar de tantos recuerdos personales y vivos, porque cada uno de nosotros nos podemos convertir en un Ulises redivivo, lo que nos permite pensar que esta dura etapa que estamos atravesando de ocaso de valores, en múltiples proyecciones de la vida diaria, como ciudadanos y ciudadanas de a pie, debería ser sólo eso, una etapa, un alto en un puerto hasta ahora desconocido, porque el viaje es muy largo, sabiendo que el mar de Glück ´sólo sabe avanzar´: Ten siempre a Ítaca en tu mente. / Llegar allí es tu destino. / Mas no apresures nunca el viaje. / Mejor que dure muchos años / y atracar, viejo ya, en la isla, / enriquecido de cuanto ganaste en el camino / sin esperar a que Ítaca te enriquezca. / Ítaca te brindó tan hermoso viaje. / Sin ella no habrías emprendido el camino. / Pero no tiene ya nada que darte. / Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado./ Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, / entenderás ya qué significan las Ítacas (Konstantinos Kavafis, Ítaca).

Como aviso para navegantes en los mares procelosos actuales, tampoco olvido hoy a mi admirado Ángel González, en un poema revelador de su alma inquieta y viajera: ´Los ilusos de Ulises´: Siempre, después de un viaje, / una mirada terca se aferra a lo que busca, / y es un hueco sombrío, una luz pavorosa / tan sólo lo que tocan los ojos del que vuelve. // Fidelidad, afán inútil. / ¿Quién tuvo la arrogancia de intentarte? / Nadie ha sido capaz / -ni aun los que han muerto- / de destejer la trama / de los días´.

Es verdad, porque en esa trama seguimos viviendo, en el presente y en el después de cada día.

Louise Glück, premio Nobel por su voz austera

Un poema hermoso, La decisión de Odiseo, me ha introducido en la lectura de Louise Glück, Premio Nobel de Literatura 2020 “por su inconfundible voz poética, que, con una belleza austera, convierte en universal la existencia individual”, según consta en el acta del jurado que ha valorado este año este premio que otorga anualmente la Academia Sueca. Es justo resaltar que junto a Olga Tokarczuk, Svetlana Alexiévich y Alice Munro, es la cuarta mujer en la última década que recibe este premio y la decimosexta de su larga historia. Tengo que reconocer que no había entrado en el mundo de secreto y de todos de esta poeta americana, aunque contamos en España con publicaciones muy importantes en la magnífica editorial Pre-Textos. Ahora la he recordado por una fotografía junto a Obama con motivo de la entrega en 2016 de la medalla nacional de Humanidades, porque nada humano me es ajeno y como buscador incansable de islas desconocidas, empezando por mí mismo, tal y como recomendó en una ocasión la mujer de la limpieza en el palacio del rey, gran protagonista de La isla desconocida, la carabela imaginaria de Saramago en El cuento de la isla desconocida.

En La decisión de Odiseo, publicado en su libro Praderas (1), se produce un fenómeno inverso en relación con la llegada del protagonista a la isla después de un azaroso y largo viaje:

El gran hombre le da la espalda a la isla.
Su muerte no sucederá ya en el paraíso
ni volverá a oír
los laudes del paraíso entre los olivos,
junto a las charcas cristalinas bajo los cipreses.

Da comienzo ahora el tiempo en el que oye otra vez
ese latido que es la narración
del mar, al alba cuando su atracción es más fuerte.
Lo que nos trajo hasta aquí
nos sacará de aquí; nuestra nave
se mece en el agua teñida del puerto.

Ahora el hechizo ha concluido.
Devuélvele su vida,
mar que sólo sabes avanzar.

Creo que se comprende bien el motivo de mi admiración por esta interpretación tan bella de la experiencia de Odiseo, tan amante ella de la mitología griega, con una clave que es hilo conductor en mi vida: el mundo sólo tiene interés hacia adelante. Es curioso constatar en su obra las continuas referencias al mundo de ayer, a la historia de las mitologías y a la Biblia, aunque se comprende por su genealogía judía, concretamente húngara y que lo simboliza con el nombre de su hijo, Noé. En este sentido bíblico me ha llamado la atención el título de una obra suya, Ararat -Tierra Santa, en hebreo-, porque así se llamaba el país bíblico que hoy es probablemente Armenia, en el que se posó el Arca de Noé una vez finalizado el diluvio universal. ¿Coincidencia o búsqueda del mundo interior?

Su poemario está transido de dolor sentido real de cualquier pérdida y en relación con la férrea tutela de su madre y por el acoso escolar, tan antiguo, tan actual. Me ha llamado la atención que haya manifestado en alguna ocasión que ha escrito a veces como venganza y defensa ante las circunstancias difíciles que han rodeado su vida, volcada en una obra corta, sólo doce poemarios y algún ensayo, haciendo verdadero el aserto de Gracián: lo breve si bueno, dos veces bueno. Es curioso constatar que su trayectoria está trufada de trabajos profesionales destacados y premios: profesora en la Universidad de Yale, Poeta Laureada de los Estados Unidos en 2003, Pulitzer por El iris salvaje (1992), el National Book Award por Faithful and Virtuous Night (2014) y, recientemente, en febrero de este año, el Premio Tranströmer, promovido en memoria del último Nobel sueco, fallecido en 2015.

Finalizo por ahora, pendiente de una lectura reposada de su obra más representativa, con un poema de Ararat (2), Amante de las flores, porque esta enigmática palabra hebrea también significa suelo santo donde incluso pueden florecer las amapolas, cuya principal virtud es entregar belleza en grupo, cuidándose y muriendo solas, casi siempre en la misma tierra santa que las vio nacer:

En nuestra familia, todos aman las flores.
Por eso las tumbas nos parecen tan extrañas:
sin flores, sólo herméticas fincas de hierba
con placas de granito en el centro:
las inscripciones suaves, la leve hondura de las letras
llena de mugre algunas veces…
Para limpiarlas, hay que usar el pañuelo.

Pero en mi hermana, la cosa es distinta:
una obsesión. Los domingos se sienta en el porche de mi madre
a leer catálogos. Cada otoño, siembra bulbos junto a los escalones de ladrillo.
Cada primavera, espera las flores.
Nadie discute por los gastos. Se sobreentiende
que es mi madre quien paga; después de todo,
es su jardín y cada flor
es para mi padre. Ambas ven
la casa como su auténtica tumba.

No todo prospera en Long Island.
El verano es, a veces, muy caluroso,
y a veces, un aguacero echa por tierra las flores.
Así murieron las amapolas, en un día tan sólo,
eran tan frágiles…

(1) Glück, Louise, Praderas. Valencia: Pre-Textos, 2017.

(2) Glück, Louise, Ararat. Valencia: Pre-Textos, 2008.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Reconocimiento especial a Ítalo Calvino, en el centenario de su nacimiento

Ella [la escritura] sólo producirá el olvido en las almas de los que la conozcan, haciéndoles despreciar la memoria; confiados en este auxilio extraño abandonarán a caracteres materiales el cuidado de conservar los recuerdos, cuyo rastro habrá perdido su espíritu.

Platón, Fedro, 274c-277ª.

Sevilla, 9/X/2023

El próximo 15 de octubre se cumple el centenario del nacimiento del escritor italiano Ítalo Calvino (Santiago de las Vegas (Cuba), 15 de octubre de 1923 – Siena (Italia), 19 de septiembre de 1985), al que profeso un profundo respeto y admiración, como se puede vislumbrar con sólo leer algunas páginas de este cuaderno digital dedicadas a él y a su forma de escribir sobre la vida imaginaria y real, citándolo en 69 artículos. Hoy mismo, que hará el número 70, he sentido de nuevo lo que tantas veces he explicado a la hora de acercarme a la página en blanco de mi ordenador. Así figuraba en la declaración de principios de este blog, que publiqué cuando nació, el 11 de diciembre de 2005: “Inicio una etapa nueva en la búsqueda diaria de islas desconocidas. Internet es una oportunidad preciosa para localizar lugares que permitan ser sin necesidad de tener. La metáfora usada por Saramago [en su Cuento de la isla desconocida] será una realidad cuando ante el fenómeno de la hoja en blanco, teniendo la oportunidad de decir algo, esto sea diferente y sirva también para los demás. Puerta del Compromiso. Es lo que aprendí hace muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma «Seis propuestas para el próximo milenio»: «…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial» (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar)”. Creo que se comprende bien que hoy escriba estas palabras de cercanía a la vida y obra de Ítalo Calvino.

Aunque nació en Cuba, por estrictas razones profesionales de su padre, a los dos años regresó a Italia junto a su familia para instalarse en San Remo (Liguria). Como se lee en la editorial que lo acogió desde hace ya mucho tiempo en España, Siruela, “publicó su primera novela animado por Cesare Pavese, quien le introdujo en la prestigiosa editorial Einaudi. Allí desempeñaría una importante labor como editor. De 1967 a 1980 vivió en París. Murió en 1985 en Siena, cerca de su casa de vacaciones, mientras escribía Seis propuestas para el próximo milenio. Con la lúcida mirada que le convirtió en uno de los escritores más destacados del siglo XX, Calvino indaga en el presente a través de sus propias experiencias en la Resistencia, en la posguerra o desde una observación incisiva del mundo contemporáneo; trata el pasado como una genealogía fabulada del hombre actual y convierte en espacios narrativos la literatura, la ciencia y la utopía”. Una biografía breve, si buena, es dos veces buena.

Este cuaderno digital que está hojeando en este momento de lectura, deja constancia de mi recorrido vital y virtual en el que he caminado sólo hacia adelante, transmitido también mediante palabras a la Noosferala piel digital pensante que descubrí en mi juventud a través de Pierre Teilhard de Chardin. Esa fue la razón de elegir el título de este blog, el mundo sólo tiene interés hacia adelante, junto con un canto al fenómeno de la soledad sonora y creadora ante la página o pantalla en blanco, tan queridas por el arte de empezar y el arte de acabar preconizados por Ítalo Calvino. Tampoco olvido que en este camino, sólo hacia adelante, también hice un contrato social con Jose Saramago en aquél 10 de diciembre de 2005, cuando acompañado por mi hijo Marcos elegí el dominio que me abría el cuaderno digital al universo entero. Fundamentalmente, porque no quería que fuera inocente, como no lo es ideología alguna de este mundo en danza perpetua, deseoso de seguir buscando islas desconocidas, una vez tomada la decisión de acudir solamente a las puertas de las decisiones, no a las de regalos o a las de peticiones, que me permitieran como al protagonista de su cuento de la isla desconocida, descubrir junto a la sencillez de una mujer de la limpieza qué significado tiene salir de nosotros mismos para encontrarnos. Sólo…, para vivir dignamente y, siguiendo a Calvino, escribir para compartir la esencialidad de lo que nos ocurre a diario en la cadaunada vital.

El secreto está en el arte de empezar y acabar cualquier camino deseado: podemos ir hacia muchos sitios, hacer cualquier cosa, pero lo importante es hacerlo de forma especial. Pero, ¿qué es el arte? El problema actual es que ese arte de empezar y acabar se convierte en muchas ocasiones en pura mercancía en el Gran Mercado del Mundo al Revés. Cuando comprendo el arte según la tercera acepción recogida actualmente en el Diccionario de la Real Academia Española, conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer bien algo, es imprescindible recurrir al conocimiento, aptitudes y actitudes personales para tenerlo presente en cada decisión a la hora de hacer camino al andar en cualquier ámbito de la vida, porque los preceptos y las reglas para hacer bien algo o de forma especial no se improvisan. El arte así entendido, como pasa con el campo, es para quien lo trabaja. Ese es el momento mágico de Calvino a través de sus obras, páginas en blanco para escribir en este centenario palabras especiales para nuestra vida, la de todos y, sobre todo, la de secreto, que a veces comienza y acaba cada día, sin que tengamos que esperar especialmente el compromiso al que obliga en determinadas ocasiones el calendario gregoriano. Con arte.

Si quien lee estas páginas quiere conocer a fondo a Ítalo Calvino, le recomiendo que se acerque a él leyendo su autobiografía que, aunque publicada con carácter póstumo en una obra muy significativa, Ermitaño en París, refleja perfectamente lo que él entendía como perfil biográfico, tal y como figuraba en una carpeta que se descubrió en su escritorio que llevaba ese título programático, Páginas autobiográficas: “La publicación de estas páginas autobiográficas inéditas aclara y precisa muchos de los aspectos más importantes de la vida y la personalidad de Ítalo Calvino: su infancia, su lucha partisana durante la Segunda Guerra Mundial, su militancia política en el comunismo, luego su alejamiento y decepción, las relaciones con los escritores de su época y el camino que le llevó a la literatura. La primera parte del libro pertenece a una carpeta guardada hasta ahora y que, con el título Páginas autobiográficas, llega hasta 1980. Lo completan dos textos entrañables y reveladores: Ermitaño en París y Diario norteamericano (1959-1960). El primero es una delicada dedicatoria llena de amor a París, ciudad de la que no se apartaría a lo largo de toda su vida, y de la que se iría apropiando a través de la lectura de muchos libros inolvidables: Los tres mosqueteros, Los miserables, Baudelaire, Balzac, Proust… Aparentemente el Diario norteamericano es una serie de cartas enviadas a un amigo sobre las impresiones y experiencias de su viaje. Pero no es sólo eso: la curiosidad, la sensibilidad, la ironía, el análisis ilustrado, benévolo y severo a la vez, se vuelcan en la mirada lúcida de Calvino sobre aquella sociedad de hace más de treinta años, ofreciendo al lector un fresco divertido, crítico y, en muchos aspectos, muy actual de una sociedad tan variada y contradictoria como era –y es– la norteamericana”. Posteriormente, puede adentrarse en las preferencias literarias de su extensa obra, que la editorial Siruela ha recogido en una Biblioteca que lleva su nombre, Biblioteca Calvino, con 36 obras propias del autor o estudios sobre su extensa bibliografía.

Una última reflexión en estas palabras de reconocimiento a Calvino. Guardo en mi persona de secreto, en un lugar privilegiado de mi clínica del alma, mi biblioteca, una obra preciosa de él que me acompaña desde hace muchos años, ¿Por qué leer los clásicos?, en la que ofrece catorce razones para leer a estos autores, que deben ser leídas sin dejar ninguna atrás. Lo recomiendo “encarecidamente”, como se decía en mi casa ante misiones culturales aparentemente imposibles e inútiles, atendiendo hoy de forma destacada la tercera razón, una vez llegado este momento de frecuentar el futuro imperfecto de nuestra vida: “Debe haber, por tanto, un momento en la vida adulta dedicada a revisar los libros más importantes de nuestra juventud. Hay grandes clásicos que ejercen una influencia tan particular en nosotros que se niegan a ser erradicados de la mente escondiéndose en los pliegues de la memoria, camuflándose como el inconsciente colectivo o individual. Es por ello por lo que deben releerse una vez alcanzamos la madurez. Incluso si los libros siguen siendo los mismos (aunque ellos no cambian, a la luz de una perspectiva histórica alterada), sin duda nosotros sí hemos cambiado, y nuestro encuentro con esa misma lectura será una cosa totalmente nueva. En realidad podríamos decir: 4 [cuarta razón]. Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera”.

Hoy, con más razón que nunca, releer a Ítalo Calvino en las fechas próximas al centenario de su nacimiento, puede que sea una lectura de redescubrimiento de su obra, como si fuera la primera vez que nos acercáramos a él. Para mí, siempre ha sido un clásico, muy popular por cierto. A estas alturas de mi vida es fácil colegir que amo a los clásicos, es más, a las personas que aprecio las invito a leer a los clásicos como si fuera un acto social en mi vida ordinaria. Tengo que confesar que llevo ya varios meses frecuentando este pasado del pensamiento humano, a diferencia de lo que le recomendaba el Dr. Cardoso a Pereira en Sostiene Pereira, la extraordinaria obra de Tabucchi: “… deje ya de frecuentar el pasado, frecuente el futuro. ¡Qué expresión más hermosa!, dijo Pereira”. Tabucchi sabría perdonarme siempre, probablemente porque algo le indicaría en este sentido Ítalo Calvino en su cielo particular, por su inmenso amor a ellos, los clásicos de siempre, maestros de vida, de la oralidad, más que de la escritura, tal y como nos lo transmitió Platón en Fedro. Para cuidar la memoria, para que no se olvide.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Homo viator o la necesidad de salir de nosotros mismos

Sevilla, 7/X/2023

Cada vez que salgo de mí, descubro nuevas experiencias, como es el caso de un buen libro, Homo viator, escrito por Pepe Pérez-Muelas y publicado hace tan sólo unos días por la editorial Siruela, que tanto aprecio. Su sinopsis oficial nos orienta el camino a seguir a través de su lectura: “El ser humano se hizo viajero para sobrevivir. Lleva impreso en su genética el movimiento, la necesidad de ir más allá de lo que alcanza su vista. Homo viator trata sobre esos hombres y mujeres que lo dejaron todo en pos de lo desconocido, en un tiempo en el que los mapas no representaban la verdad de la geografía; narra la historia de la humanidad a través de sus viajes, desde la cotidianidad de las crónicas hasta las heroicas gestas, un continuado trasvase entre culturas y civilizaciones, un diálogo en presente con las grandes rutas del ayer. De la mano de Urbano Monti —geógrafo del siglo XVI y artífice de un visionario planisferio—, no solo cruzaremos los más salvajes y exóticos territorios, sino que visitaremos también las salas de los principales museos y bibliotecas, guardianes de la memoria literaria y cartográfica de las expediciones que, a lo largo de los siglos, han ido ampliando nuestro horizonte, expandiendo nuestra representación del mundo. Seguiremos los avatares de cientos de exploradores, de Marco Polo a Ibn Battuta, de Colón el navegante al astronauta Gagarin… Nómadas incurables, gloriosos descubridores y malhadados aventureros que se perdieron sin alcanzar jamás su destino, pero cuyas derrotas, sin embargo, condensan el más puro anhelo de conocimiento y superación. Porque somos los lugares en los que hemos estado, porque no hay nada más humano que viajar”.

Viajar es algo humano que también me pertenece, siguiendo al pie de la letra a Terencio, gracias a mis antepasados, porque hace doscientos mil años que la inteligencia humana comenzó su andadura por el mundo. Los últimos estudios científicos nos han aportado datos reveladores y concluyentes sobre el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia. Hoy se sabe que a través del ADN de determinados pueblos distribuidos por los cinco continentes, el rastro de los humanos inteligentes está cada vez más cerca de ser descifrado. Los africanos, que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron hace 50.000 años, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada. Aprovechando, además, un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones. Había nacido la corteza cerebral de los humanos modernos, de la que cada vez tenemos indicios más objetivos de su salto genético, a la luz de los últimos descubrimientos de genes diferenciadores de los primates, a través de una curiosa proteína denominada “reelin”. Empezó la aventura de una mente maravillosa que sigue siéndolo en nuestros días y que ya alcanza la cima de ocho mil millones de mentes pensantes.

En la carabela virtual de Saramago, me enrolé cuando leí su Cuento de la isla desconocida, hace ya muchos años, del que aprendí algo esencial a través de la mujer limpiadora y zurcidora del palacio real: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”. He seguido esta lección impecable y anoto día a día, en este cuaderno digital o de derrota, en lenguaje marino, los acontecimientos de esta singladura tan especial.

Excelente obra la del profesor Pérez-Muelas, Homo viator, que casualmente ejerce su docencia en Sevilla, ciudad “en la que se puede ser feliz” descubriéndola como destino, que no es poco, tal y como lo expresó Stefan Zweig, un experto homo viator, cuando visitó esta ciudad en 1905 con tan sólo veinticuatro años, buscando rincones que ya conocía por una obra de Mozart, pensando que la barbería de Fígaro iba a devolverle la comprensión de la relación de Don Juan y Carmen: “Hay ciudades en las que nunca se está por primera vez. Deambulas por sus calles desconocidas y sientes como si de todos los rincones te acudieran los recuerdos, te llamaran voces amigas. Su rostro -porque las ciudades puedes ser como las personas: tristes y viejas, risueñas y jóvenes, amenazadoras y gráciles, dulces y afligidas- te suena de una ciudad hermana, o de una imagen, de un libro, de una canción. Y Sevilla es así […] La vida parece tener aquí un ritmo más veloz, y las personas la sangre más viva; en ningún lugar hay más estómagos hambrientos que en Andalucía y, aun así, Sevilla brilla con su portentoso colorido, resplandece de alegría y nos saluda con miles de banderas. Aquí se puede ser feliz (1)”.

Excelente ejemplo como homo viator, haciendo cada día camino al… viajar, porque “es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

(1) Zweig, Stefan, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia. Madrid: Sequitur, 2015.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!