Ante lo que está pasando, ¿quién o qué anima al animador?

Julio Numhauser & Maciel Numhauser, Todo cambia

Sevilla, 25/I/2024

He abierto el periódico digital que hoy por hoy me merece gran respeto en este país, elDiario.es y he contabilizado algo que me ha desanimado bastante, porque de las diez primeras noticias de portada, las diez, sí, sí, las diez, entristecen el alma, son malas noticias en definitiva. Ante esta situación irrefutable, yo, que soy optimista en el sentido que describió hace ya muchos años Mario Benedetti, es decir, un ´optimista / es sólo un pesimista / bien informado´ (Rincón de haikus, 129), vuelvo a estremecerme ante lo que está pasando y estamos viendo, por aquí, allá y acullá, volviéndome a hacer hoy una gran pregunta existencial que ya me persigue casi a diario: ¿quién o qué anima al animador?, porque el vaso existencial del ánimo no está medio lleno o medio vacío, sino que rebosa ya de algo que está vinculado con la condición humana, el daño innecesario en cualquier parcela de la vida y, lo más grave, a los demás, caiga quien caiga, sin mezcla de compasión alguna.

En este contexto, he recuperado la lectura en mi método circular de repasar continuamente lo escrito en este cuaderno digital sobre mis principios éticos, porque no tengo otros, eligiendo hoy una reflexión que hice en 2022,´¿Quién anima al animador?´, que reproduzco de nuevo íntegramente, porque me consuela el alma, siguiendo al pie de la letra el cuidado de ella, que es el secreto de cualquier animador, porque animar es, sobre todo, ´dar vida al cuerpo, vivir, habitar, cobrar ánimo y esfuerzo, decidirse, determinarse a hacer o decir algo´ que nos permita mantener viva la esperanza de dar respuesta a los problemas de la vida, a sus continuas preguntas, a las malas noticias. En definitiva, cuidar el alma para saber vencer el desánimo.

¿Quién anima al animador?

La persona que anima es una especie en extinción, porque los agoreros mayores de este reino humano están haciendo continuamente de las suyas. Animar es un verbo que admite hasta diez acepciones, según el Diccionario de la lengua española (RAE): infundir vigor a un ser vivo, infundir ánimo o energía moral a alguien, incitar a alguien a una acción, dar vida o animación a una obra de arte, comunicar a una cosa inanimada vigor, intensidad y movimiento, dar movimiento, calor y vida a un concurso de gente o a un paraje; dicho del alma, dar vida al cuerpo, vivir, habitar, cobrar ánimo y esfuerzo, decidirse, determinarse a hacer o decir algo. Son diez interpretaciones que equivalen a una sola, de las que destaco una sobre las demás: animar es dar vida al cuerpo, vivir en definitiva. Cambiar todo lo que haya que cambiar.

Todo está cambiando en nuestras vidas porque hay muy pocas zonas que nos animen a habitar seguros y de forma estable en el microcosmos que nos rodea. La cantora Mercedes Sosa (cantante es el que puede y cantor el que debe, según Facundo Cabral), cantó Todo cambia (con letra y música del músico chileno Julio Numhauser, fundador de mi querido grupo Quilapayún) para animarnos a continuar siempre hacia adelante mediante su compromiso activo a través de la música, por ejemplo, habiéndolo grabado personalmente en la razón y en el corazón a lo largo de mi vida, en etapas que han quedado registradas en mi memoria de secreto, situada como estructura muy valiosa en una región profunda del cerebro, el hipocampo. La recuerdo en ocasiones como ésta porque era una auténtica animadora, infundiéndonos siempre ánimo o energía moral a todos: Cambia lo superficial / Cambia también lo profundo / Cambia el modo de pensar / Cambia todo en este mundo. Es bueno que como animadores hablemos de esto, por higiene mental, en el Club de las Personas Dignas, al que pertenezco, para reforzar las actitudes cotidianas en lo que vivimos, hacemos y sentimos, aunque reconozcamos que la situación de inmovilismo reaccionario nos hace daño, sabiendo que debemos compartir la realidad cambiante, por dura que sea, hasta que al animarnos y respetar a los que animan a los animadores, integremos en nuestra inteligencia de todos y en la de secreto, el hecho de que cambiar no es extraño…, porque no cambiamos el amor a lo que queremos, por mucho que nos cueste, porque somos coherentes, porque los principios permanecen, aunque tomemos conciencia plena de que para los Tristes y los Tibios, cada uno en su Club, tanto cambio no lleva a nada bueno. Y en los momentos difíciles que estamos atravesando, quizás se frotarán las manos, en su presunto triunfo anímico, porque piensan que estábamos advertidos. Me alegra pensar que así no será…, porque el cambio no es ya algo extraño en nuestras vidas: Lo que cambió ayer / Tendrá que cambiar mañana / Así como cambio yo / En esta tierra lejana // Cambia el rumbo el caminante / Aunque esto le cause daño / Y así como todo cambia / Que yo cambie no es extraño.

He dicho anteriormente que hay que respetar a los animadores frente a los agoreros mayores del reino que, instalados en su mediocridad eterna, no hacen nada más que cantar las desgracias propias y ajenas sin mezcla de cambio o progreso personal y social alguno. Es una especie en extinción, aunque el gran espectáculo del mundo continúe. Lo decía recientemente con motivo de la entrega del Óscar 2022 al mejor corto “animado”, El limpiaparabrisas, español por cierto, dirigido por Alberto Mielgo, una metáfora “animada” sobre el amor en tiempos revueltos, como primer motor que anima la vida, intentando responder en pocos minutos a la gran pregunta de la vida: ¿qué es el amor?: “La verdad es que todo se nubla en la mente y en el corazón cuando llueve y se moja el alma, que también sucede, siempre no a gusto de todos, pero tomando conciencia de que ese todo se puede limpiar también con el amor líquido del limpiaparabrisas de la vida, porque al final todo depende del color del cristal con el que se mira cada aquí y ahora de esa turbulenta forma de ser y estar en el mundo que cada uno vive. Juan Ramón Jiménez me lo enseñó hace ya muchos años, cada vez que traspasaba la cancela de su casa en Moguer, en la calle Nueva: “[…] era de hierro y cristales blancos, azules, granas y amarillos. Por las mañanas. ¡qué alegría de colores pasados de sol en el suelo de mármol, en las paredes, en las hojas de las plantas, en mis manos, en mi cara, en mis ojos! […] Yo miraba sucesivamente todo el espectáculo, el sol, la luna, el cielo, las paredes de cal, las flores -jeranios, hortensias, azucenas, campanillas azules-, por todos los cristales, el azul, el grana, el amarillo, el blanco. El que más me atraía era el amarillo. Por el cristal amarillo todo se me aparecía cálido, vibrante, rejio, infinito […] Todo allí acababa bien; era un término como el del beso en el amor, como el de la gloria verdadera e íntima en el arte; después de mirar por el cristal amarillo ya no quería yo más y me quedaba contento”. Como me pasa a mí hoy al ver en repetidas ocasiones el corto de Mielgo, con el color de cada plano, que llevan el alma dentro”.

Los animadores del reino practicamos la defensa a ultranza del “principio esperanza”, que he mantenido en mi vida y que he ido alimentando hasta hoy de lecturas ideológicas no inocentes. El éxito filosófico de Ernst Bloch, por ejemplo, con su teoría de ese “principio esperanza”, fue demostrarnos que tenemos que llegar a ser “ateos” por la gracia de Dios, es decir, hay que creer en la trascendencia de la vida sin un Trascendente alienador. Por ello, hay que rechazar de base la superstición y la mitología de la religión. Sólo así, el ser humano adquirirá su desarrollo pleno. En definitiva, permitirá regar con rocío, todos los días, las esperanzas legítimas que cada uno tiene, animarnos, en una palabra, dando respuesta a la pregunta profunda de Neruda, ¿Es verdad que las esperanzas deben regarse con rocío? (Libro de las preguntas, IV), aprendiendo a ser felices cada día, una experiencia de esperanza en el amor, entre otras, como hambre cósmica en tiempos revueltos, aprendiendo de una vez por todas que animar nuestra vida y la de los demás es cosa de cuidar el alma, dando vida al cuerpo, vivir y habitar la vida. En definitiva, cobrar ánimo y esfuerzo, decidirse, determinarse a hacer o decir algo que nos permita mantener viva la esperanza de dar respuesta a los problemas de la vida, a sus continuas preguntas. Siendo así, que yo cambie no será ya extraño y como animador…, la verdad es que, hoy por hoy, me siento animado.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Aún aprendo (ancora imparo)

Yo no creo en la edad.

Todos los viejos / llevan / en los ojos / un niño, / y los niños / a veces / nos observan / como ancianos profundos.

Pablo Neruda, Oda a la edad

Sevilla, 23/I/2024

Un dibujo de Francisco de Goya y Lucientes (Fuendetodos, Zaragoza, 1746 – Burdeos (Francia), 1828), Aun aprendo, catalogado como autorretrato del pintor, utilizando lápiz negro sobre papel verjurado, agrisado, que figura en los fondos del Museo Nacional del Prado, representa de forma excelente la mejor actitud que se puede adoptar cuando llegamos a una ´matusalénica edad´, como la calificaba Mario Benedetti en su precioso poema, Como siempre. Esta obra no está expuesta, tal y como se informa en la página oficial del Museo Nacional del Prado, aunque sí se describe con el detalle siguiente: “Quizá sea este dibujo del Cuaderno de Burdeos I o Cuaderno G, titulado Aun aprendo, el que mejor sintetiza el espíritu de Goya en esos postreros años de su vida, realizado hacia 1825-28. De hecho, se ha convertido en una referencia recurrente en la historiografía de Goya, que ha querido ver en él un autorretrato simbólico en el que se expresa la voluntad inquebrantable de desarrollo personal que le llevó a continuar materializando sus nuevas ocurrencias en variados soportes. Si en ocasiones anteriores los viejos que aparecían en sus obras mostraban una visión negativa del paso del tiempo, en este dibujo se puede apreciar un significativo cambio de perspectiva, subrayado por el elocuente título de raíz clásica, acorde con el optimismo recobrado en Burdeos por Goya”.

Lo que ocurre durante la estancia del pintor en Burdeos, que efectivamente fue para él un rejuvenecimiento pleno en su vida personal y profesional, lo conocemos a través de Laurent Matheron, en la biografía publicada en 1858, en la que “recoge una anécdota que induce a considerar este dibujo, como ocurre con el resto de su producción, desde una óptica más melancólica. Narraba Matheron que, a poco de llegar el pintor a Burdeosle fue ya imposible salir sin la ayuda de su joven compatriota Brugada. Apoyándose en su brazo y por los sitios menos frecuentados probaba a marchar solo, pero eran inútiles sus esfuerzos; las piernas no le sostenían. Entonces exclamaba montando en cólera: -¡Qué humillación! ¡A los ochenta años me pasean como a un niño; es necesario que aprenda a andar!-. Buena parte de las interpretaciones del dibujo que aquí comentamos vienen condicionadas por los referentes visuales que Goya pudo haber conocido y utilizado. Según estos planteamientos, Goya habría sido un artista de extraordinaria cultura visual y literaria, conocedor de los clásicos latinos a través de las traducciones y de las fuentes emblemáticas del Renacimiento presentes en numerosos libros y estampas, que le habrían servido de punto de partida para elaborar este dibujo”.

Lo que más me interesa resaltar es el título de esta obra, Aun aprendo, que “tiene su origen en la sentencia utilizada por Platón y Plutarco: anchora imparo, mientras que la imagen de un viejo apoyado en dos bastones se ha relacionado con la estampa también llamada Anchora imparo grabada en 1536 por Girolamo Fagiuoli, en la que se representa a un anciano en el andador de un niño. En la primera mitad del siglo XVI era un lugar común representar a Cronos como a un anciano barbado, provisto de una túnica y apoyado en dos bastones con los que camina trabajosamente, tal y como aparece en una estampa de Marcantonio Raimondi (h. 1470/82-1527/34). Más cercana en el tiempo está la estampa de William Blake (1757-1827) que ilustraba el libro de Henry Fuseli Lectures on Painting, que Goya pudo conocer, y con la que Aun aprendo presenta ciertas similitudes formales. En ella se muestra a M. Angelo Bonarotti apoyado en un bastón, mirando penetrantemente al espectador, ante un fondo oscuro en el que se vislumbra el Coliseo de Roma. El lema de esta estampa es asimismo Ancora imparo, también aplicado al polifacético artista del Renacimiento en su biografía. En el dibujo Goya nos expresa en primer lugar la soledad del hombre en el tránsito de la vida, pero también el camino de la oscuridad hacia la luz, soberbiamente representada la primera con intensos trazos de lápiz litográfico sutilmente matizados con unas leves líneas oblicuas del rascador, apenas perceptibles, mientras que la luz se muestra con la propia blancura del papel. El inestable paso adelante, solo posibilitado por el sustento que le aportan los dos bastones que sujeta con unas manos, cuya cuidadosa representación permite apreciar la inflamación de las articulaciones producida por la artrosis, ayuda a expresar la fragilidad del anciano que necesita aprender de nuevo a caminar pese a la edad, del mismo modo que el niño ha de hacerlo en su infancia. El venerable rostro, circunscrito en una cabellera y una barba encrespadas y abundantes, muestra una mirada que, como en tantas obras de Goya, alberga el sentido final del dibujo. Los ojos cansados dejan entrever unas pupilas que, lejos de mirar al frente, lo hacen hacia un lado de modo melancólico. Se produce así una tensión entre el rumbo de sus pasos y su mirada lateral que, si queremos comprender el dibujo en clave de autorrepresentación, expresaría esa tensión entre las carencias de la vejez y la voluntad de continuar avanzando (Texto extractado de Matilla, J. M.: «Aun aprendo», en Matilla, J. M., Mena Marqués, M.: Goya: Luces y Sombras, 2012, pp. 314-317, n. 95)”.

¡Qué importante reflexión de Goya! Cuenta Irene Vallejo en una columna periodística, Aún aprendo, recogida en su obra El futuro recordado (1), que “Somos seres hambrientos. Hambrientos de justicia, de amor, de conocimiento. Ninguna de estas ansias tiene edad. Desde muy pequeños, los niños quieren averiguar las causas y los motivos de las cosas”, sus famosos y continuos “por qué?  “[…] La educación nace de un anhelo más profundo que el mero entrenamiento para trabajar… […] aprender es un placer inagotable y un vivero de salud. El griego Solón, uno de los Siete Sabios, fue tal vez el único poeta antiguo que se reveló contra la erosión de los años. Poseía el don del asombro y la curiosidad. Escribió: “Envejezco aprendiendo”. Siglos después, otro gran maestro lanzó el mismo mensaje. En uno de sus últimos dibujos, Goya retrató a un anciano encorvado -quizá el mismo- con barba blanca y dos bastones; sobre la imagen se lee: “Aun aprendo”. Solón y Goya sabían que la búsqueda jamás termina, ni aunque seas un genio en el umbral de la muerte”.

En roman paladino (Quiero fer una prosa en román paladino en el qual suele el pueblo fablar a su veçino…, Gonzalo de Berceo), lo he manifestado en alguna ocasión en este cuaderno digital: aún aprendo porque sólo sé que no sé nada. Sé, además, que el saber no ocupa lugar, pero tengo que reconocer que cada vez queda menos sitio en mi cerebro, aunque la ciencia, en la que creo firmemente, me dice que no es verdad, porque cien mil millones de neuronas están viajando constantemente en nuestra corteza cerebral para responder a un programa de vida genético que luego tiene que modularse con el medio en el que cada ser humano nace, crece, se multiplica y muere. La estructura del cerebro al nacer “ya está instalada” que diría Gary Marcus. Antes, incluso, de la mejor mudanza existencial que existe: nacer a la vida, en el esquema de frase del cómico americano Steven Wright, al afirmar que escribía un diario desde su nacimiento y como prueba de ello nos recordaba sus dos primeros días de vida: “Día uno: todavía cansado por la mudanza. Día dos: todo el mundo me habla como si fuera idiota”. Pero estamos obligatoriamente obligados a viajar constantemente hacia alguna parte, a seguir aprendiendo cada día, cada segundo de hálito vital. Hacia dónde, solo merece la pena (yo diría la alegría…) cuando es hacia adelante. Lo manifiesto así por coherencia con lo que yo vivo diariamente en una mudanza cerebral, personal e intransferible, como determinadas nieves: perpetua. Porque no lo sé todo, porque no tengo garantizado casi nada, porque cada vez voy más ligero de equipaje, porque no me gusta mirar atrás y menos con ira, porque este siglo tiene horizontes de grandeza que no coinciden con mis patrones de educación para ser un buen ciudadano, porque el trabajo público está cada vez más “tocado” respecto del bien común, porque se confunde habitualmente valor y precio, porque la ética está en horas bajas, porque el sufrimiento de las personas que quiero sigue haciéndome preguntas que no sé contestar, y porque constantemente me adelantan las personas maleducadas por la izquierda y por la derecha, en el pleno sentido de las palabras. A pesar de todo, les aseguro que aún aprendo.

(1) Vallejo, Irene, El futuro recordado, Zaragoza: Contraseña, 2020.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Una buena noticia: los super ricos quieren pagar más impuestos

Sevilla, 18/I/2024

Mi capacidad de sorpresa ante nuestro loco mundo al revés no tiene límites y en mis singladuras habituales para buscar islas desconocidas he localizado una organización sorprendente, Orgullosos de pagar más (Proud top ay more),  en la que en su página oficial dicen algo bien claro: ORGULLOSOS DE PAGAR MÁS. Nuestro mensaje en Davos es simple: Los líderes electos deben cobrarnos impuestos a nosotros, los super ricos. Estaríamos orgullosos de pagar más. A esta declaración de intenciones se une una carta abierta que reproduzco íntegramente por su contenido, digno de estudio y análisis pormenorizado ante su demanda mundial:

A los líderes mundiales reunidos en Davos:

Nos sorprende que no hayan respondido a una simple pregunta que venimos haciendo desde hace tres años: ¿cuándo gravarán la riqueza extrema? Si los representantes que lideran las principales economías del mundo no toman medidas para abordar el dramático aumento de la desigualdad económica, las consecuencias seguirán siendo catastróficas para la sociedad.

Nuestro impulso por impuestos más justos no es radical. Más bien, se trata de una demanda de retorno a la normalidad basada en una evaluación sobria de las condiciones económicas actuales. Somos las personas que invierten en startups, dan forma a los mercados bursátiles, hacen crecer negocios y fomentan el crecimiento económico sostenible. También somos las personas que más se benefician del statu quo. Pero la desigualdad ha llegado a un punto de inflexión, y su costo para nuestra estabilidad económica, social y ecológica es grave, y crece cada día. En resumen, necesitamos actuar ahora.

Nuestra petición es simple: les pedimos que nos cobren impuestos a nosotros, los más ricos de la sociedad. Esto no alterará fundamentalmente nuestro nivel de vida, ni privará a nuestros hijos, ni dañará el crecimiento económico de nuestras naciones. Pero convertirá la riqueza privada extrema e improductiva en una inversión para nuestro futuro democrático común.

La solución a esto no se puede encontrar en donaciones puntuales o en la filantropía; La acción individual no puede corregir el colosal desequilibrio actual. Necesitamos que nuestros gobiernos y nuestros líderes lideren. Por lo tanto, acudimos a ustedes de nuevo con la petición urgente de que actúen, unilateralmente a nivel nacional y juntos en el escenario internacional.

Cada momento de retraso afianza el peligroso statu quo económico, amenaza nuestras normas democráticas y pasa la pelota a nuestros hijos y nietos. No solo queremos que se nos cobren más impuestos, sino que creemos que se nos debe gravar más. Estaríamos orgullosos de vivir en países donde se espera esto, y orgullosos de los líderes electos que construyen un futuro mejor. Como los miembros más ricos de la sociedad, seríamos:

  • Orgullosos de pagar más para hacer frente a la desigualdad extrema.
  • Orgullosos de pagar más para ayudar a reducir el costo de vida de los trabajadores.
  • Orgullosos de pagar más para educar mejor a la próxima generación.
  • Orgullosos de pagar más por sistemas de salud resilientes.
  • Orgullosos de pagar más por una mejor infraestructura.
  • Orgullosos de pagar más por una transición ecológica.
  • Orgullosos de pagar más impuestos sobre nuestra riqueza extrema.

El valor de unos sistemas tributarios más justos debería ser evidente. Todos sabemos que la «economía del goteo» no se ha traducido en realidad. En cambio, nos ha dado salarios estancados, infraestructura en ruinas, servicios públicos deficientes y ha desestabilizado la institución misma de la democracia. Ha creado un sistema económico vergonzoso incapaz de proporcionar un futuro más brillante y sostenible. Estos desafíos solo empeorarán si no se aborda la desigualdad extrema de la riqueza.

La verdadera medida de una sociedad se puede encontrar, no solo en la forma en que trata a sus miembros más vulnerables, sino en lo que pide a sus miembros más ricos. Nuestro futuro es el orgullo fiscal o la vergüenza económica. Esa es la elección.

Les pedimos que den este paso necesario e inevitable antes de que sea demasiado tarde. Enorgulleced a vuestros países. Gravar la riqueza extrema.

Sinceramente,

El abajo firmante

En el kit de herramientas digitales para la campaña, con textos e imágenes para su divulgación, fundamentalmente en las redes sociales X, Facebook e Instagram, figura un texto e imagen de Brian Cox, actor ganador de un Emmy y un Globo de Oro, que he escogido para la imagen de cabecera de este artículo, con una declaración suya muy importante en este proyecto: “Estamos viviendo una segunda ‘Edad Dorada’. Los multimillonarios utilizan su extrema riqueza para acumular poder político e influencia, socavando al mismo tiempo la democracia y la economía mundial. Ya es hora de actuar. Si nuestros líderes se niegan a abordar esta concentración de dinero y poder, las consecuencias serán nefastas”.

Las personas interesadas en este movimiento pueden leer el informe oficial que en tal sentido han elaborado para esta ocasión especial, del que destaco sus aportaciones finales bajo el epígrafe ¿Esperanza – y Promesa?: “A pesar de las numerosas crisis que afligen a nuestro mundo, vivimos en una época de oportunidades. Y la esperanza. Como figura en este informe a través de la nueva encuesta a personas que tienen 1 millón de dólares y más, algunos de las personas más ricas del mundo comparten el deseo de millones de trabajadores comunes y corrientes de abordar la riqueza extrema. Hay un número creciente de actores públicos, influyentes, económicos y de la sociedad civil. actores que piden lo mismo y un reconocimiento de que el próximo gran desafío de nuestro tiempo puede estar pidiendo cuentas a las personas más ricas. 2024 es un año que podría pasar página para nuestra economía global y es un año que podría lograr un cambio político real en países de todo el mundo. Nuestras instituciones internacionales, grupos regionales y nuestros representantes electos a nivel nacional deben aprovechar esta oportunidad para conseguir que nuestras economías vuelvan a encarrilarse. A partir de una notoria falta de propuestas hace apenas cinco años, una nueva generación de economistas y profesores académicos han dado un paso al frente para revocar décadas de dogmas de goteo y han ofrecido una gran cantidad de mecanismos y propuestas para gravar a los más ricos. En octubre de 2023, en la inauguración de Informe Global sobre evasión fiscal, la principal recomendación del Observatorio Fiscal Europeo fue la introducción de un impuesto del 2 por ciento a los multimillonarios del mundo. Propuestas similares se han reflejado por otros en países y regiones de todo el mundo, ya sea el caso de Elizabeth Warren, sobre el Impuesto a los multimillonarios, la Ley OLIGARCA de los Millonarios Patrióticos o la Ley de la Comisión Europea, Iniciativa Ciudadana, que se centró en “gravar las grandes riquezas para financiar la transición ecológica y social”, demuestran que el cambio está en marcha. Estas propuestas están creando el espacio político para que esta cuestión crítica sea asumida por los líderes electos.

Este informe se centra finalmente en dos vías abiertas para abordar esta realidad de pago de impuestos por los más ricos, la acción que pueda llevar a cabo la ONU, a través de una resolución histórica que se aprobó el año pasado, que permita “comenzar a trabajar en una convención tributaria, “un organismo democrático globalmente inclusivo que ayudaría a establecer reglas y estándares tributarios. Este es el comienzo de un nuevo proceso que, en el largo plazo, ayudará a que los países rindan cuentas sobre lo que debería ser una práctica fiscal justa”. Siendo esto así, se indica que “La ruta más importante e inmediata para el cambio en 2024 es el G20. En diciembre de 2023 Brasil asumió la presidencia del G20 y confirmó su compromiso de abordar esta desigualdad. A través de la Vía de Finanzas y el grupo que trabaja en Tributación Internacional, existe una oportunidad real para poner los impuestos a los más ricos en el centro de las soluciones que pueden reducir la desigualdad. La presidencia brasileña del G20 debe garantizar que la Cumbre otorgue mandatos internacionales organizaciones para

– lanzar una nueva agenda para gravar a los más ricos, que garantice que se establezca una tributación mínima, introduciendo a nivel mundial una norma sobre riqueza y capital.

– abordar la competencia fiscal y detener la interminable carrera hacia el abismo.

– trabajar para poner fin a la evasión fiscal sobre la riqueza extraterritorial.

No faltan ideas, no faltan apoyos, no faltan expectativas o esperanzas. Nosotros esperamos que nuestros representantes electos conviertan esto en ambición política y luego en realidad. 250 millonarios declararon en Orgullosos de pagar más: “La verdadera medida de una sociedad se puede encontrar, no sólo en cómo trata a sus miembros más vulnerables, sino en lo que les pide a sus miembros más ricos. Nuestro futuro es de orgullo fiscal o de vergüenza económica. Esa es la elección”. Pedimos a nuestros líderes electos convertir esta elección en un sistema económico nuevo y más justo en 2024”.

Ayer pudimos comprobar de forma clara y rotunda dos posiciones contrarias, antagónicas, sobre la forma de analizar la situación económica mundial, la del presidente Milei, del que destaco una perla: “Lamentablemente, en las últimas décadas, motivado por algunos deseos biempensantes de querer ayudar al prójimo y por el deseo de pertenecer a una casta privilegiada, los principales líderes del mundo occidental han abandonado el modelo de la libertad por distintas versiones de lo que llamamos colectivismo”, justicia social en definitiva que no aporta nada al bienestar general y es “injusta porque el Estado se financia a través de impuestos y los impuestos se cobran de manera coactiva”, así como la de nuestro presidente Pedro Sánchez, cuando afirmó de forma rotunda que “Los españoles sabemos que las políticas neoliberales no funcionan, […] No compren los únicos postulados liberales que retratan al Estado como una entidad poco extractiva», defendiendo los pilares de la democracia, el orden internacional y el Estado de bienestar, porque sin ellos “los modelos de negocio colapsarían como un castillo de naipes”, en los que la colaboración público-privada es esencial, con un aviso importante: “Para aquellas empresas que quieren enriquecerse generando valor real y pagando su parte justa de impuestos, les damos la bienvenida con los brazos abiertos”.

Lo expuesto anteriormente refuerza de forma clara y rotunda lo manifestado en la carta abierta citada anteriormente, lanzada al mundo por los super ricos del globo terráqueo, unos 260 millonarios y multimillonarios de 17 países que tienen un mensaje simple para los líderes mundiales en Davos, antes de que sea demasiado tarde: estaríamos dispuestos a pagar más impuestos para «convertir la riqueza privada extrema e improductiva en una inversión para nuestro futuro democrático común», porque «La verdadera medida de una sociedad se puede encontrar, no solo en la forma en que trata a sus miembros más vulnerables, sino en lo que pide a sus miembros más ricos».

Para finalizar, no hay que olvidar que en el informe citado se expresa de forma rotunda que la riqueza extrema es un peligro real para la democracia: “Este se reflejó aún más en que el 72 por ciento de los encuestados [el trabajo de campo sobre el que se ha realizado el informe] creía que aquellos que poseen una extrema riqueza compran la influencia política, lo que demuestra el vínculo percibido entre la integridad de nuestros sistemas políticos y la desigualdad económica”. Un preocupante aviso para navegantes, sobre todo para los que buscamos islas desconocidas en este mundo al revés, habitadas por personas dignas que trabajan día a día en la construcción de un mundo mejor para todos, con una distribución justa, equitativa y saludable de la riqueza, protegida en democracia por el Estado de Bienestar.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

“Coherencia”, debería ser elegida palabra del año

Hermann Hesse (1877-1962)

Sevilla, 15/I/2024

Es curioso, pero en España la palabra “obstinación” (del latín, obstinatio, -onis) tiene mala prensa, como lo demuestra el recorrido histórico como lema de la lengua española, porque no ha tenido un significado amable a lo largo de los siglos, al ser aceptada de forma reiterada como pertinacia, porfía, así como terquedad en el ánimo y perseverancia en el error, con una deriva muy curiosa en referencia a su aplicación como forma de comportarse una persona, obstinarse, donde aflora un sesgo desde la creencia religiosa: “mantenerse en su resolución y tema, porfiar con necedad y pertinacia, sin vencerse a los ruegos y amonestaciones razonables. Y más propiamente se dice de los pecadores que se niegan a las persuasiones cristianas”, incluso “no escuchando la voz de la razón o de la virtud”, al menos desde que tenemos registros en los diccionarios de la lengua española, desde el siglo XVII y hasta nuestros días, relacionándola en una ocasión con la mitología, en la representación de esta palabra, tal y como lo describe el diccionario de Gaspar y Roig, en 1855, como “la hija de la Noche, una mujer con un clavo remachado en la nuca, una mano en un brasero ardiendo y que se apoya en la cabeza de un asno”. Quizás sea el diccionario de Zerolo, publicado en París en 1895, el que carga más las tintas sobre esta palabra en sus acepciones más negativas y radicales, en relación con la terquedad, sobre todo. No digamos con los sinónimos que ha incorporado a esta palabra, la versión reciente del diccionario (RAE, 2023), en la que aparecen también los siguientes para reforzar todavía más el mal cartel que arrastra a lo largo de la historia: pertinacia, tenacidad, porfía, firmeza, terquedad, tozudez, testarudez, empecinamiento, empeño, emberretinamiento y cabezonería.

A pesar de este sesgo histórico no inocente, he vuelto a entrar en mi clínica del alma, mi biblioteca, buscando un libro que me acompaña desde hace muchos años, Obstinación (1), de Hermann Hesse (1877-1962), Premio Nobel de Literatura en 1946, porque su prólogo y luego un capítulo homónimo dedicado a esa palabra, obstinación, traducida pobremente del alemán Eigensinn, me ha ayudado siempre a comprender qué significa defender mi sentido de la vida, mis valores, mis principios, la coherencia como virtud transcendental en la vida, en una época, como bien recordaba Groucho Marx, en la que lo que prima es una afamada sentencia que se le atribuye a él aunque de dudosa autoría a lo largo de su vida: Estos son mis principios. Si no gustan, tengo otros: “Una virtud hay que quiero mucho, una sola. Se llama obstinación [eigensinn]. Todas las demás, sobre las que leeremos en los libros y oímos hablar a los maestros, no me interesan. En el fondo se podría englobar todo ese sinfín de virtudes que ha inventado el hombre en un solo nombre. Virtud es: obediencia. La cuestión es a quién se obedece. La obstinación también es obediencia. Todas las demás virtudes, tan apreciadas y ensalzadas, son obediencia a las leyes dictadas por lo hombres. Tan sólo la obstinación no pregunta por esas leyes. El que es obstinado obedece a otra ley, a una sola, absolutamente sagrada, a la ley que lleva en sí mismo, al propio sentido”.

Estamos viviendo tiempos modernos en los que el valor de la palabra dada está en solfa, no digamos los principios y valores. Esa es la razón de por qué cobran más fuerza que nunca las reflexiones de Hesse sobre la obstinación, como virtud principal sobre todas las demás, porque nuestra vida sólo se debe regir por la obediencia a nuestro propio sentido. Esta virtud, junto a otras “verdaderas”, según él, “siempre molestan y suscitan odio. Véase Sócrates, Jesús, Giordano Bruno y todos los demás obstinados”. También explica que la palabra obstinación es áspera para algunos, razón para sustituirla por “carácter”, “personalidad” e incluso “originalidad”, sólo atribuible esta última, por ejemplo, a “artistas y gente estrambótica”. A partir de unir la palabra obstinación con terquedad, por si había alguna duda, desarrolla Hesse el significado de “sentido propio”, el que tiene cada piedra, cada brizna de hierba, cada flor, cada animal, que crecen viven, actúan y sienten según su propio sentido, porque todas las cosas del universo, hasta la más pequeña, tienen su “sentido propio”, llevan dentro su propia ley y la siguen absolutamente seguras e imperturbables”. Dicho esto, aborda la tragedia humana, porque “existen sobre la tierra solamente dos pobres seres malditos, a los que no está permitido seguir esa llamada eterna, y ser, crecer, vivir y morir como les ordena su sentido innato. Sólo el hombre y el animal domesticado por él están condenados a no seguir la voz de la vida y del crecimiento y de someterse a unas leyes establecidas por el hombre y, de vez en cuando, infligidas y modificadas también por él”.

A partir de aquí aparece la figura del “héroe”, la de aquellas personas que siguen su propio sentido y que sucumben por seguir su propia estrella, alejados del gregarismo impuesto por la sociedad en la que viven: “el héroe trágico, el obstinado, enseña a los millones de seres mediocres y cobardes que la desobediencia a las normas del hombre no es capricho brutal, sino lealtad a una ley mucho más alta, más sagrada”, porque el instinto gregario exige siempre adaptación y subordinación, ¡gran tarea para la mediocracia de hoy!, frente a lo que tiene el gran sentido de la vida para los obstinados y héroes. Es verdad que el enfoque de Hermann Hesse en estos contenidos aparece a veces como un ensalzamiento a ultranza del egoísmo e individualismo más radical que podamos pensar, pero hay que comprender bien qué significa en sus reflexiones el legítimo deseo de cada persona de unir destino y sentido de la propia vida, poniendo al dinero, por ejemplo, en su sitio, porque el motor que mueve la vida es la confianza en ese sentido de la vida, en los “para qué” vivimos: “El dinero y el poder y todas esas cosas por las que los hombres se torturan mutuamente y acaban por matarse a tiros tiene poco valor para quien se ha encontrado a sí mismo, para el obstinado. Éste sólo valora una cosa: la misteriosa fuerza en su interior, que le ordena vivir y ayuda a crecer”. Es verdad lo manifestado hasta aquí porque esa fuerza es la fuente de su vida y crecimiento, que no se mantiene, fomenta o profundiza con dinero y similares, ya que el dinero y el poder son invenciones de la desconfianza. Quien desconfía de la fuerza vital que cada persona tiene y, por tanto, carece de ella, debe compensarla con un sustituto, como es el poderoso caballero don dinero. El que confía en sí mismo y no desea nada más que su destino se manifieste dentro de sí mismo, rebajará estos sustitutos sobrevalorados y excesivamente caros a herramientas subordinadas. Para las personas obstinadas, su posesión y uso pueden ser convenientes, pero nunca esenciales.

Visto lo visto y leído lo leído, más allá de las interpretaciones de la lengua española de la palabra “obstinación”, me quedo con la de la palabra original en alemán, Eigensinn, como “la virtud de hacer caso solamente al propio sentido”, algo así como ser consecuente en la vida con lo que uno es, piensa y siente, tal y como lo intentó explicar Herman Hesse en su libro autobiográfico. En definitiva, “coherencia” en estado puro, nada más, incluso quedándonos con la brevedad de su significado actual en el diccionario de la lengua española: actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan.

(1) Hesse, Hermann, Obstinación. Escritos autobiográficos, Madrid: Alianza, 1979 (3ª ed.), p. 9 y 90-96. Traducción: Anton Dietrich.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Hay que cuidar las librerías de Sevilla, del país en general, porque son las clínicas del alma

Yerma, Isla de Papel y Panella, tres librerías de Sevilla entre las diez que cerraron en 2023

Sevilla, 9/I/2024

Cada vez que se cierra una librería se cierran también muchas posibilidades de crecer en conocimiento y cultura por parte de la población que la rodea. Sé que hay alternativas, pero la esencia de los profesionales que las atienden, libreros y libreras, no la sustituye Amazon ni las realidades virtuales más avanzadas. Quien lee este cuaderno digital sabe que sus páginas están impregnadas de un amor profundo a las librerías, porque alguna vez he escrito que estos espacios, con el tiempo dentro, son la atención primaria del alma, siendo este el motivo por el que cuido la mía con la lectura de libros. Abordo hoy esta realidad flagrante porque a lo largo de 2023 han cerrado diez librerías en Sevilla, de cuyos nombres quiero acordarme hoy expresamente: Panella, Caótica, Verbo Asunción, Verbo Sevilla Este, Yerma, Tarsis, Isla de Papel, Fuji Cómics, Balzac y El Gusanito Lector.

Es una realidad triste y desoladora, pero terca ante los nuevos modelos de lectura y acceso a los libros, con el denominador común de la entrada en tromba del mundo digital en la industria del libro, en sus múltiples formatos. También, un reflejo del ocaso no inocente de la cultura a través de la lectura. Siendo esta realidad algo que es la crónica de cierres anunciados, hay que destacar también que se producen aperturas con carácter inmediato, como es el caso de El Gusanito Lector, que muy pronto cambiará su nombre y abrirá sus puertas en la calle Feria formando parte del grupo “Botica de Lectores”, que amplía su oferta en la ciudad junto a las tres librerías ya existentes, que también lo hicieron en un esfuerzo encomiable de exempleados de la cadena Beta, que salvaron dos librerías del grupo en el barrio de Los Remedios, permitiendo también la continuidad del antiguo local de la Librería Reguera, con una trayectoria importante en el centro de la ciudad, que ya goza de su nueva identidad.

A través de estas palabras, quiero dedicar hoy un homenaje a este sector profesional, a los libreros y libreras que se fueron, están y vendrán, siendo un ejemplo clarividente el de Botica de Lectores, una denominación no inocente, que explican muy bien en su página web: “La librera de raza, el librero fetén son seres que leen por vicio, pero también por el prurito de hacerse imprescindibles en la vida de sus clientes. El librero puede llegar a ser tan importante en nuestra vida como el boticario. Lo que sí suele leer el buen librero es el estado de ánimo del cliente, ya digo, como el boticario, así que le prescribirá un libro que mejore su mal… El librero no es solo un vendedor de libros, es aquel consejero que encuentra el título apropiado para cada lector y además lo hace en función del momento concreto de su vida, ya que no siempre disponemos del mismo estado de ánimo, ni necesitamos el mismo tipo de lectura. Al igual que un médico prescribe medicamentos para paliar la enfermedad del cuerpo, un “librero de cabecera” es un tipo especial de “boticario”: aquel que recomienda un libro para curar la enfermedad del alma, origen de muchos de nuestros males. Queremos ser útiles a todos los lectores, esperamos atender esas necesidades para que salgan de nuestra humilde “botica” con sus expectativas alcanzadas, pues nos gustaría volver a recetarles en repetidas ocasiones”.

En este contexto creo que tienen hoy un sentido especial las palabras que escribí en 2021, Las librerías son la atención primaria del alma, dedicadas al Día de las Librerías de ese año, que para mí es cada día que nos ofrecen la oportunidad de cuidar nuestra alma, como Boticas o Clínicas, cada uno o cada una según lo necesite: “Cuido el alma con la lectura de libros. Recuerdo que sobre las estanterías o nichos (bibliotecas, en griego) donde se colocaban los rollos de papiros que se podían leer en la Biblioteca de Alejandría, figuraba siempre un letrero sobrecogedor: lugar del cuidado del alma o más exactamente “Clínicas del alma”, tal y como nos lo ha transmitido el historiador siciliano Diodoro de Sículo en el siglo I a.C. Amo la lectura, los libros, las librerías y tengo un respeto casi reverencial a las personas que están detrás de cada página bien escrita, sobre todo con alma. De los que critican cada publicación y aconsejan su lectura. De cada persona que está detrás de este círculo virtuoso del libro en todas sus proyecciones posibles, librerías incluidas y sobre las que he escrito en muchas ocasiones en este cuaderno digital porque las admiro”. Las librerías son “la antesala de las bibliotecas, a modo de atención primaria del alma, si consideramos lo manifestado anteriormente al considerar las citadas bibliotecas como lugares del cuidado del alma o más exactamente “Clínicas del alma”. No olvido el mensaje de Guido Orefice, el protagonista de La vida es bella, por su ilusión de poner una librería (que también tuve yo en una época de mi vida), que le jugaría al final una mala pasada por la invasión nazi en Italia, teniendo que explicar a su hijo Josué, de nombre hebreo, qué cartel van a poner en la librería para prohibir determinadas entradas como la que han leído al detenerse en un escaparate para ver un posible regalo para su madre: prohibida la entrada a hebreos y perros. Para quitar hierro a la dramática situación que está viviendo con su hijo, lo resuelve con una respuesta genial:

Josué: – Pero nosotros dejamos entrar a todo el mundo en la librería.
Guido: – ¡No, mañana mismo también pondremos un cartel! A ver dime algo que te caiga mal.
Josué: – Las arañas. ¿Y a ti?
Guido – ¡A mí, los visigodos! A partir de mañana vamos a poner un cartel que diga. “prohibida la entrada a las arañas y a los visigodos”. Me tienen frito los visigodos. Se acabó.

Guido era un judío pobre que tenía tres ilusiones en su vida humilde: abrir una librería, comprender bien a Schopenhauer (por su canto a la voluntad como motor de la dialéctica pendular de la vida) y saber distinguir el norte del sur (que también existe). Todo quedaría en nada excepto su dignidad humana y el ejemplo para su hijo en el campo de concentración, sin libros ya, casi sin nada. Estas palabras son un pequeño homenaje a los libros con alma y a Guido Orefice, un librero digno, como tantos miles que en este país, en esta Comunidad, intentan abrir sus puertas todos los días, para una comprensión de la vida diferente, porque casi todo está en los libros, hasta la posibilidad de ser más felices en tiempos tan complejos como los actuales.

Hay silencios al leer que hablan por sí solos y que cuidan con mimo nuestra alma. Es el motivo principal de por qué se hace imprescindible proclamar la necesidad de la lectura como medio de descubrimiento de la palabra articulada en frases preciosas, cuando lo que se lee nos permite comprender la capacidad humana de aprehender la realidad de la palabra escrita o hablada. Maravillosa experiencia que se convierte en arte cuando la cuidamos en el día a día, aunque paradójicamente tengamos que aprender el arte de leer siendo mayores, porque la realidad amarga es que muchas veces no lo sabemos hacer. Quizás no acabamos de aprender lo suficiente sobre el placer útil de la lectura, sobre todo para que no enfermemos del alma. El alma busca siempre refugio en la dignidad humana, un cortafuegos que suele encontrar su sitio en libros preciosos para comprender la imprescindible condición humana de la libertad.

Las librerías son la atención primaria del alma y la lectura de los libros que compramos es un acto de libertad intelectual que se modula a lo largo de la vida, convirtiéndose poco a poco en arte que casi todo lo cura, porque casi todo está en los libros. Desde la escuela infantil y hasta los últimos días de la vida, tenemos millones de posibilidades de leer todo lo que se pone por delante para invitarnos a dar forma a unos caracteres que en sí mismo no son nada sin nuestra intervención personal e intransferible porque, aunque alguna vez leamos algunas palabras junto a alguien, lo que se graba en cada cerebro es irrepetible. Como si fuéramos bibliotecas ambulantes conteniendo siempre lecturas diferentes de textos llenos de palabras sueltas o frases que hemos acumulado en ellas a lo largo de la vida. Maravilloso, porque en tiempos de silencio ético y cultural es necesario acudir a las librerías y a las bibliotecas (incluidas las nuestras), salvando lo que haya que salvar, porque es verdad que a lo largo de nuestra vida necesitamos acudir al médico de atención primaria, al especialista…, a los boticarios y boticarias, a las librerías, las clínicas del alma.

En junio de 2015 escribí en este cuaderno digital unas palabras sobre esta crónica anunciada de la muerte de las librerías, en un post muy explícito sobre esta realidad tan preocupante, que hoy se hace visible a través del cierre en 2023 de diez librerías en Sevilla: “Esta mañana lo he comprobado de nuevo: Sevilla no es de librerías, sino de bares. Mi camino del amanecer tenía hoy un objetivo concreto: entrar en las benditas librerías de la ruta escogida que, al igual que las iglesias vacías del poema Entro Señor en tus iglesias, de Rafael Alberti, estaban llenas del arte de enhebrar palabras, pero a los presuntos compradores no se les veía por ningún sitio. Y mi corazón anonadado ha gemido durante unos minutos, en una auténtica soledad sonora”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

La verdadera estela del regalo de Reyes

Imagen de una estela en la mar /JA COBEÑA

Sé lo que te he dado; no sé lo que has recibido. / Antonio Porchia (1885-1968), Voces

Sevilla, 6 de enero de 2024

Desde hace bastantes años años resuenan en mi persona de secreto estas palabras del poeta italo-argentino Antonio Porchia (1885-1968), porque desde el día que las leí por primera vez me impactaron en la creencia personal del arte de regalar. En los días de navidad, año nuevo y la celebración de los reyes magos de Oriente, en este Occidente desconcertado en el que vivo, la mercadotecnia hace estragos en el mundo del regalo, por imposición casi siempre de la sociedad de consumo. Alberto Manguel fue el artífice de mi pre-ocupación actual, que todavía persiste, reflexionando sobre la estela del regalo y su epifanía: «Diciembre es una época propicia para regalar y por tanto el momento de descubrir que se necesita habilidad para escoger el obsequio. Es un acto que requiere conocer bien a la persona, interpretar el significado del regalo en su cultura o poseer dotes clarividentes para saber cómo reaccionará el agasajado. Un recorrido paralelo por la historia descubre algunos episodios gratos o claves y otros desafortunados en el momento de brindar un obsequio. Aunque siempre quedan los libros».

Desde esa lectura de Porchia, hago un esfuerzo para “justificar los regalos” (siempre procuro hacerlo), pensando también en la segunda parte enigmática de su reflexión: “no sé lo que has recibido”. Es verdad que estamos ante un filo cortante de la existencia, tal y como lo aprendí de Martin Buber, cuando intentaba explicar la relación Yo-Tú. Y es un vacío que siempre existe porque pertenece a la persona de secreto de cada uno que, en determinadas ocasiones, la hacemos de todos. Ahí radica el espacio insondable de generosidad que debe existir cuando se entrega no sólo un regalo, sino por decirlo de una vez por todas, la vida.

Como decía Manguel, la historia nos puede enseñar qué significa un regalo y así lo escribí en 1985: «El rito de la alianza (de las personas con el Dios) simboliza de forma magistral el contenido multisecular del regalo como sello o estela del pacto, del encuentro más grandioso que el hombre ha sabido dejar por escrito, reconociendo la sublimación de una ceremonia extendida entre los primeros pobladores de la tierra. Como prueba tangible de que las palabras que se entrecruzan Dios y los hombres han de permanecer hasta la muerte, se sacrifica un animal y se le divide en dos mitades, obligándose el titular del pacto a pasar por ambas mitades para recordarle que si se incumple cualquiera de las cláusulas pactadas, puede el hombre sufrir las mismas consecuencias que el animal. Junto a esto, existe una ceremonia llamada del «jesed» donde se obliga el hombre agraciado con el pacto a vivirlo permanentemente en cada acto de su vida siendo de esta forma «justo» hasta la muerte, en un estado de vigencia -minuto a minuto- de un compromiso que se simbolizó en un regalo» (1).

La entrega a la persona o personas que amas, a los demás, es algo más importante que el regalo en sí, aunque la vida también puede serlo. Pero la duda existirá siempre porque la libertad es eso, mantener espacios de silencio, de falta de respuestas, por mucho que se hagan manifestaciones de afecto y acogida. Es decir, sabemos siempre lo que damos, pero no lo que se recibe…

Por eso creo que si reflexionáramos sobre esta duda existencial unos minutos antes de comprar algo para otra persona, el próximo regalo ya no será igual en nuestras vidas, a pesar de que las campañas de navidad y reyes se empeñen en convertir esta oportunidad en pura mercancía. Así lo he entendido siempre: «Sería importante, creo que ante todo necesario, rescatar el contenido primigenio del regalo, es decir, comprometerse sólo con aquella persona que se relaciona conmigo en encuentros constructivos para la felicidad diaria, pactándose unos compromisos de vida que se puedan simbolizar en el regalo no cosificado, por ejemplo, en esa llamada a tiempo, compañía no programada o silencio de comprensión que no lleva etiqueta, precio ni papel de celofán con lazo incluido. Se perderían muchos negocios montados a propósito, pero ganaríamos todos en sinceridad y cercanía. Además, solamente lograríamos repetir la historia en un pasaje digno de ser aprendido en la mejor lectura actualizada de la relación de las personas entre sí. La estela del regalo no consistiría en nada más que buscar ese momento de intimidad que todos tenemos y necesitamos para decirnos al oído lo que esperamos del otro. Más o menos lo que le ocurrió al platerillo de Rafael Alberti en El alba del alhelí, cuando deja estupefacto a su cliente (dicen que de nombre José…), que no puede pagar el collar de María y el anillo para el niño Jesús: «Yo dinero no quiero, besar al niño es lo que quiero…».

Porque José, que no lo podía pagar, conocía muy bien a María y no confundió nunca, como todo necio, valor y precio. Le regalaba todos los días sus silencios, sus dudas, su honradez y… su vida, sin saber a veces qué pensaba ella. La verdadera estela de su regalo, la del mar, la que nos enseñó también Antonio Machado: Caminante, son tus huellas / el camino y nada más; / caminante, no hay camino, / se hace camino al andar. / Al andar se hace camino / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar. / Caminante no hay camino  / sino estelas en la mar…

(1) Cobeña Fernández, José Antonio (1987). La estela del regalo, en Teatro de barrio. Huelva, pág. 99.

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UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

El Concierto de Año Nuevo, en Viena, hace un guiño a nuestro país

Concierto Año Nuevo 2024, bajo la dirección de Christian Thielemann (centro de la imagen).

Sevilla, 31/XII/2023

Mañana tendrá lugar el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, en la Sala Dorada del Musikverein, bajo la dirección del maestro Christian Thielemann (Berlín, 1959), muy presente en la historia de esta orquesta ya consagrada por su excelente trayectoria profesional. Es la segunda vez que el maestro Thielemann dirige este concierto, que ya lo hizo en 2019. Actualmente, es director titular de la Staatskapelle Dresden y como novedad que demuestra su calidad artística, se ha anunciado oficialmente que fue designado en septiembre de este año para suceder a Daniel Barenboim como director musical de la Staatsoper Unter den Linden, en Berlín, a partir de la temporada 2024/25.

Siempre recupero sentimientos y emociones especiales con motivo de este Concierto, porque recuerdo cuando estuve allí en 2007, sentado en la fila 7 de la citada Sala Dorada, no en este Concierto de Año Nuevo, pero sí en uno dedicado íntegramente a Mozart, como no podía ser menos en aquella ciudad en la que el músico pasó momentos transcendentales de su vida, entre los que recuerdo uno de especial significado en la mía, el estreno de la extraordinaria ópera La flauta mágica en el teatro sobre el río Viena, situado en un barrio de la esplendorosa ciudad, como elección meditada ante la realidad lacerante que vivía él y su familia, por el trato de la música que la Iglesia y la Corte practicaba a diario. En aquella ocasión, la sala estaba desnuda de flores y sin más decoración que las cariátides y los atlantes que llenaban todo por sí mismos, de forma sobrecogedora. Mañana, gracias al trabajo de los jardineros públicos de la ciudad, que para mí no pasa por alto, la sala estará adornada por más de 30.000 anturios, claveles, rosas y lirios, que hermosearán el concierto con sus tonos rojos, blancos, rosas y pastel.

Sobre la Orquesta Filarmónica de Viena no queda mucho más que ensalzar su trabajo, fruto de sus casi doscientos años de existencia, con algunos devaneos políticos durante la ocupación nazi en la ciudad, que posteriormente dio origen a este Concierto Anual. De todas formas, hay que destacar que poco a poco van eliminando la brecha de género porque de los 145 instrumentistas que la componen, 24 son mujeres, un porcentaje reducido que cada año se va superando afortunadamente, si tenemos en cuenta su historia también en este sentido, porque la participación de mujeres en la orquesta no fue posible hasta hace veinticinco años, concretamente en 1997. Como contra hechos no valen argumentos, es una triste realidad que nunca ha dirigido una mujer este Concierto de Año Nuevo y tampoco se las espera en un plazo breve de tiempo.

El programa oficial del Concierto es el que figura a continuación, del que quiero destacar un guiño a nuestro país a través de la Polca-Estudiantina de su ballet La perla de Iberia, de Josef Hellmesberger hijo, “que combina el wagnerismo con el exotismo español: una trama ambientada en Zaragoza y protagonizada por la gitana Paquita que, huyendo del gobernador de la ciudad, se sumerge en las aguas del Ebro, que suenan como un remedo de El oro del Rin y donde se le insinúa el mismísimo dios Neptuno”. En el Concierto de Año Nuevo de 2011, dirigido en esa ocasión por Franz Welser-Möst, ya se interpretó por primera vez una obra del ballet citado, Danza gitana, que refleja la admiración de los músicos austriacos por la cultura de nuestro país, de la que mañana se hará eco también el maestro Thielemann con la obra elegida para el concierto de este año.

Josef Hellmerberger, hijo, Danza gitana – Ballet La perla de Iberia

Programa oficial del Concierto

  1. Karl Komzák

Erzherzog Albrecht-Marsch, op. 136

  • Johann Strauß II.

Wiener Bonbons. Walzer, op. 307

  • Johann Strauß II.

Figaro-Polka. Polka française, op. 320

  • Josef Hellmesberger (Sohn)

Für die ganze Welt. Walzer

  • Eduard Strauß

Ohne Bremse. Polka schnell, op. 238

  • Johann Strauß II.

Overture to the Operetta «Waldmeister»

  • Johann Strauß II.

Ischler Walzer. Nachgelassener Walzer Nr. 2

  • Johann Strauß II.

Nachtigall-Polka, op. 222

  • Eduard Strauß

Die Hochquelle. Polka mazur, op. 114

  1. Johann Strauß II.

Neue Pizzicato-Polka. op. 449

  1. Josef Hellmesberger (Sohn)

Estudiantina-Polka aus dem Ballett «Die Perle von Iberien»

  1. Carl Michael Ziehrer

Wiener Bürger. Walzer, op. 419

  1. Anton Bruckner

Quadrille, WAB 121 (Orchestr. W. Dörner)

  1. Hans Christian Lumbye

Glædeligt Nytaar! Galopp

  1. Josef Strauß

Delirien (Deliriums), Waltz, op. 212

Felicitación del Maestro Thielemann y la Filarmónica por el Año Nuevo

  1.  Johann Strauss, hijo

En el bello Danubio Azul – Vals, op. 314 con Ballet

  1. Johann Strauss, padre

 Marcha Radetzky, op. 228

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Ante el año nuevo, debemos creer más en lo que no vimos, para así negar lo que miramos

Ángel González

Tal como siempre, pues, pedid conmigo:
Más fe, mucha más fe.
Que en cierto modo,
creer con fuerza tal lo que no vimos
nos invita a negar lo que miramos.

Ángel González, en Alocución a las veintitrés

Sevilla, 31/XII/2023

Dedicado a todas las personas que viajan conmigo en la amura de babor, no inocente por su posición, de ‘La isla desconocida’, la carabela imaginaria de José Saramago de su ‘Cuento de la isla desconocida’, en singladuras para ‘personas imperfectas’, que soñamos en mundos reales más dignos, aunque no perfectos, para todos, porque creemos que cada día puede ser nuevo, sin tener que esperar a la celebración anual, como la de hoy, auspiciada y financiada por los mercados y sus mercancías. Esa es la razón de por qué debemos creer más en lo que no vimos en el cada día de este año, para así negar lo que miramos y contemplar un futuro diferente en el cada día de 2024.

Gracias por compartir la lectura de este cuaderno digital. Gracias.

En unos momentos difíciles para el país, asediado por discursos oficiales de «superiores diversos», vacíos de contenido y con una ausencia clamorosa de valores ciudadanos democráticos, en general, recurro de nuevo, un año más, al poeta Ángel González para buscar luz en este túnel ético en el que nos encontramos, ante el ocaso de la democracia, porque nos ofrece una visión personal de la vida en una alocución de fin de año cargada de historia de problemas recientes en este país y en el mundo que nos rodea, salvando lo que haya que salvar. Lleva por título “Alocución a las veintitrés” (1). Hoy, cuando quedan muy pocas horas para que finalice un año complejo, para olvidarlo quizás, vuelvo a leerla detenidamente porque siempre calma mi ardiente paciencia y conmueve mi alma de secreto.

Alocución es un discurso o razonamiento breve por lo común y dirigido por un superior a sus inferiores, secuaces o súbditos [sic, según la RAE]. Lo que sí tengo claro es que cuando cambie el año, suenen las campanadas y nos enfrentemos a las uvas, esta alocución va a ser un revulsivo a las veinticuatro horas para que aprendamos del valor de la libertad de la palabra de ciudadanos imperfectos que aún nos queda en este año bastante complejo y que, afortunadamente, no está a la venta en Amazon ni en los mercados porque, seamos sinceros, interesa escucharla solo a unos pocos. Porque la libertad de la palabra, que aún nos queda, nos ofrece, entre otras muchas cosas, tener fe en ella, aunque la terca realidad nos complique a veces la vida. Porque ahí está, a pesar de que algunos ciudadanos perfectos, instalados en la mediocridad, sólo ven el mundo del nunca jamás en todo lo que les rodea, sin mezcla de esperanza alguna. Lo que necesitamos esta noche es recordar, al tomar las uvas, que hace falta Más fe, mucha más fe. / Que en cierto modo, / creer con fuerza tal lo que no vimos / nos invita a negar lo que miramos.

Lo he dicho en referencias anteriores a este poema, a estas alturas del calendario: estas palabras de Ángel González son un símbolo de lo que a veces no queremos ver aunque es evidente lo que está pasando, aplicando el principio de realidad de Freud, el más terco de todos los principios, cuando finaliza este año, Las preguntas serias son las que enuncia metafóricamente el poeta: ¿quién se dirige a quién? ¿quién, con poder suficiente, sean reyes, reinas, presidentes, presidentas o ministros y ministras, se dirige así a sus subordinados con un discurso paradigmático de doble moral? ¿lo pronuncian solo los políticos o todas las personas que no quieren ver lo que miramos todos, solo por ejercer cierta prepotencia sobre los demás, sin compasión alguna?, ¿afecta sólo a los de arriba o a los de abajo también, a los de izquierdas o a los de derechas en su amplio espectro?, o ¿quizás, a todos los que se consideran ciudadanos perfectos?

ALOCUCIÓN A LAS VEINTITRÉS

Ciudadanos perfectos a estas horas,
honorables cabezas de familia
que lleváis a los labios vuestra servilleta
antes de pronunciar las palabras rituales
en acción de gracias por la abundante cena:

vuestra responsabilidad de sólidos pilares
de la civilización y de Occidente,
del consumo de bicarbonato sódico
y del paternalismo hacia la servidumbre,
exige de vuestra parte
cierta ignorancia de hechos también ciertos,
un esfuerzo final en bien de todos,
la tozuda incomprensión de algunas realidades,
la fe más meritoria, en resumen,
que consiste en no creer en lo evidente.

Yo podría jurar que la tierra está fija
–ya lo juré otras veces–
y que el sol gira en torno a ella;
yo podría negar que la sangre circula
–lo seguiré negando, si hace falta–
por las venas del hombre; yo podría
quemar vivo a quien diga lo contrario
–lo estoy quemando ahora–.

No es que sean importantes los asuntos
objeto de polémica:
lo importante es la rígida
firmeza en el error.
Pues las mentiras viejas se convierten
en materia de fe, y de esa forma
quien ose discutirnos
debe afrontar la acusación de impío.
Con esto, y una buena cosecha de limones,
y la ayuda impagable de nuestros coaligados,
podemos esperar algunos lustros
de paz como ésta de hoy,
en una noche semejante a ésta de hoy,
tras una cena lo mismo que ésta de hoy.

Tal como siempre, pues, pedid conmigo:
Más fe, mucha más fe.
Que en cierto modo,
creer con fuerza tal lo que no vimos
nos invita a negar lo que miramos.

(1) González, Ángel, Palabra sobre palabra, 2018. Barcelona: Austral, p. 176s.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

La Navidad al revés: Mercurio frente a Jesús

Sevilla, 27/XII/2023

Basta con aproximarse a la lectura de este cuaderno digital para apreciar mi respeto a la obra literaria de Eduardo Galeano, de ideología no inocente, como pasa con todas, tal y como tantas veces he expresado basándome en la obra de George Lukács, El asalto a la razón, aunque lo verdaderamente importante es que tomemos conciencia de que todas no son iguales. En el contexto temporal de un mundo esquizofrénico de guerras y divertimento, tutelado por el Gran Mercado Mundial, donde todo se convierte en mercancía al mismo tiempo, castigando sin compasión el mundo de derechos humanos fundamentales, creo que es importante poner algunas reflexiones en su sitio, porque Pascal, por ejemplo, supo enseñarnos la diferencia entre compromiso y di-versión, engagement frente a divertissement, en su francés exquisito. No es lo mismo.

Esta es la razón de por qué me refiero hoy, de nuevo, a las lecciones de la sociedad de consumo que figuran en su libro Patas arriba La escuela del mundo al revés, donde aparece una referencia a la Navidad que recojo íntegra en este planteamiento que hago hoy de la Navidad al revés: “No se sabe si en Navidad se celebra el nacimiento de Jesús o de Mercurio, dios del comercio, pero seguramente es Mercurio quien se ocupa de bautizar los días de la compra obligatoria: Día del Niño, Día del Padre, Día de la Madre, Día del Abuelo, Día de los Enamorados, Día del Amigo, Día de la Secretaria, Día del Policía, Día de la Enfermera. Cada vez hay más Días de Alguien en el calendario comercial. Al paso que vamos, pronto tendremos días que rendirán homenaje al Canalla Desconocido, al Corrupto Anónimo y al Trabajador Sobreviviente”. Lo que es evidente es que a la navidad la hemos dado la vuelta y es el apogeo de Mercurio desde su nacimiento en todas en todas las facetas de consumo posibles. A Jesús de Nazareth lo vemos poco, aunque al Mercado le siga interesando su existencia, porque para Mercurio su Reino imaginario es la Navidad al revés, Dadivan.

He elegido de nuevo a Eduardo Galeano como representante excelso de la denuncia de la Navidad al revés, a través de su referencia a los nadies, en su mundo de sueños, de días mágicos, de espera en la buena suerte, aunque cuando llega el momento ansiado de aproximarse al día mágico de la suerte constaten que todo sigue igual, que nada cambia en la vida. La lotería, la noche de paz, la fiesta de fin de año, el día de los Reyes Magos, con el ritual de la buena suerte en la sacrosanta Navidad, son solo momentos prefabricados para que los nadies descubran que no son dueños de nada, que siguen siendo ningunos y ninguneados por la vida y que su Banco sólo es el de Alimentos.

Galeano expone un catálogo de etiquetas sociales a título de ejemplo, para reconocer a los nadies, demostrando que estamos profundamente equivocados al ignorar a determinadas personas dignas en su forma de ser y sentir diferente porque, aparentemente, tienen menos aunque más son. Bastaría repasar las etiquetas que ponemos a veces a las personas cercanas, para descubrir que las estamos calificando a veces como nadies. Esta Navidad podría ser diferente si repasáramos este cuestionario ético y descubriéramos que determinados nadies próximos son alguien o algunos en nuestras vidas. Esa es la verdadera razón de buscar el sentido de la navidad al derecho, que no al revés.

Los nadies

Sueñan las pulgas con comprarse un perro
y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algún mágico día
llueva de pronto la buena suerte,
que llueva a cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer,
ni hoy, ni mañana, ni nunca,
ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
por mucho que los nadies la llamen
y aunque les pique la mano izquierda,
o se levanten con el pie derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados.

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folclore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies que cuestan menos que la bala que los mata.

Es verdad, a la luz de lo expuesto, que para los nadies y para la personas que defendemos la dignidad humana, Mercurio y Jesús no son lo mismo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

«Los desheredados», un cuento de María Lejárraga para comprender a ´los nadies´ en una noche buena y laica

María Lejárraga

¡Madre, en la puerta hay un niño, tiritando está de frío! ¡Anda, dile que entre, se calentará, porque en esta tierra ya no hay caridad, ni nunca la ha habido, ni nunca la habrá!

Villancico popular

Sevilla, 24/XII/2023

Salvando lo que haya que salvar, un cuento breve de María Lejárraga, Los desheredados, abordó en las postrimerías del siglo XIX la realidad de los nadies, personas dignas a las que describió de forma magistral Eduardo Galeano, en un poema que no olvido:

Sueñan las pulgas con comprarse un perro
y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algún mágico día
llueva de pronto la buena suerte,
que llueva a cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer,
ni hoy, ni mañana, ni nunca,
ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
por mucho que los nadies la llamen
y aunque les pique la mano izquierda,
o se levanten con el pie derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folclore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies que cuestan menos que la bala que los mata.

Con este motivo y en el contexto de estas fiestas navideñas, vuelvo a recordar este cuento, al que el año pasado dediqué unas palabras y transcribí íntegro para general conocimiento de quien desee leerlo y vislumbrar sus profundos mensajes. Respetando algo que defiendo con ardor guerrero en este cuaderno digital, sobre mi escritura circular cuando hablo de principios, porque los expuestos son los que tengo y si no gustan no tengo otros, utilizo de nuevo el hilo conductor de aquella reflexión, porque pocas cosas han cambiado en este mundo al revés.

Sigo leyendo todo lo que puedo a la escritora española María Lejárraga, una más de las olvidadas por la memoria histórica de este país y silenciada hasta límites insospechados durante la dictadura. En este ir y venir por sus escritos y, sobre todo, por su biografía, localicé el año pasado la que se considera su primera publicación, Cuentos breves. Lecturas recreativas para niños (1899), en la que apareció su nombre y apellido por primera vez durante su prolongada vida, aunque este hecho fuera recriminado por su familia y se prometiera a sí misma que no volvería a utilizar su nombre en su actividad como escritora de todos los géneros imaginables, como así fue a lo largo de su vida, con escasas excepciones. Del total de los cuentos que figuran en esta publicación, he escogido para esta ocasión uno especial, Los desheredados, sin descontextualizarlo en las postrimerías del siglo XIX en este país, porque considero que salvando lo que haya que salvar cobra plena actualidad como metáfora en esta navidad y es importante compartirlo a pesar de su crudeza, fundamentalmente porque seguimos asistiendo a un espectáculo nada edificante en relación con la pobreza severa infantil y, muchas veces, con el maltrato físico, psíquico y social asociado a esta realidad por la propia sociedad, cuando se permite que esto ocurra con datos escalofriantes en pleno siglo XXI.

Lo describía recientemente en un artículo, Hay que denunciar la pobreza infantil en España, como el rayo que no cesa, en relación con un informe publicado recientemente por UNICEF, España: pobreza infantil en medio de la abundancia, para que se conozca, divulgue y podamos emitir los juicios pertinentes, bien informados siempre. Es verdad que se podría decir que soy como ´el rayo que no cesa´, al abordar en bastantes ocasiones´, en este cuaderno digital, la realidad de la pobreza infantil en España y, por cercanía, en mi Comunidad, Andalucía, pero creo que es una obligación ética acercarme a esta situación lacerante, que nos debería conmover y conturbar de forma directa, desde mi condición de ciudadano que hace ciudad (polis) y país, es decir, que hace política en su sentido más primigenio, con independencia de las obligaciones de Estado en este ámbito de responsabilidad pública, que son obvias, para buscar las mejores respuestas posibles a unos hechos irrefutables que afectan a un 28% de los niños y niñas de este país y, por proximidad física, de Andalucía. Escribo de nuevo con alma estas palabras, sobre lo que amo, la felicidad digna de los niños y niñas de este territorio en el que vivo, porque aprendí de Miguel Hernández su capacidad de amar, salvando lo que haya que salvar: Este rayo ni cesa ni se agota: / de mí mismo tomó su procedencia / y ejercita en mí mismo sus furores. / Esta obstinada piedra de mí brota / y sobre mí dirige la insistencia / de sus lluviosos rayos destructores.

Lo que no olvido tampoco en esta navidad laica es el villancico que sonaba en los planos finales de una película de culto en mi infancia, Plácido, de Luis García-Berlanga, que cantábamos en mi colegio sin darnos cuenta de lo que decíamos, aunque era una declaración del mundo al revés de los desheredados, de los niños y niñas nadies, en toda regla: ¡Madre, en la puerta hay un niño, tiritando está de frío! ¡Anda, dile que entre, se calentará, porque en esta tierra ya no hay caridad, ni nunca la ha habido, ni nunca la habrá!

El cuento de María Lejárraga que sigue, Los desheredados, no es precisamente “recreativo”, como decía el título de su obra conjunta, pero traduce junto a los restantes relatos algo muy importante y digno de consideración en la fecha en que se publicó, 1899: que en sus relatos no se contemplara la diferenciación por sexos, cuentos para niños o para niñas, tan común en su época y que hay que preocuparse por la niñez que sufre, a veces muy cerca de nosotros. Las andanzas que viven en primera persona estos niños desheredados hoy, tan cercanos a todos, se pueden contar a miles. Otra cosa muy distinta es ser conscientes de que estas situaciones difíciles no son un cuento sino una realidad y que debemos contribuir en la medida de nuestras posibilidades para que no ocurran o minimizar su impacto. Las niñas, los niños no tienen por qué sufrir las consecuencias de este triste mundo con sus duelos y sus contrariedades, con sus crueldades y sus humillaciones, como expresa María Lejárraga en su cuento, ni esperar a que su merecida felicidad le venga del cielo, la que ese triste mundo les niega a veces a diario cuando lo justo, equitativo y saludable es que se la entreguemos a raudales por justicia social, por derecho propio, por deber de Estado.

Los desheredados

Con los ojos clavados en el suelo, con el corazón triste y angustiado, y corriendo por sus rosadas mejillas lágrimas de dolor, caminaban silenciosos los dos niños por aquel camino estrecho y tortuoso, cuya dirección desconocían.

¡Qué terribles momentos! Huían al fin por verse libres del terrible yugo de aquella mujer sin conciencia, que durante dos años les había martirizado con incalificable crueldad.

Quedaron huérfanos, él de diez años, y la niña de ocho; al morir, el padre encargó a una hermana de la madre, muerta también poco tiempo antes, la tutela de los pedazos de su alma, otorgándole al mismo tiempo el poco dinero ahorrado, la casita pequeña y rústica, y el pedazo de tierra regado con el sudor de su frente.

¡Qué horrible lucha habían sostenido durante el tiempo que estuvieron bajo su cuidado!

Hartos de malos tratos, habían decidido abandonar el pueblo. Caminaban sin rumbo, donde la casualidad los llevara, dispuestos a pedir protección a la primera alma generosa que encontrasen en su camino.

Apenas andaban cuatro pasos, volvían la vista hacia el pueblecito que los había visto nacer… Infinidad de recuerdos, ya amargos, ya alegres, acudían a su imaginación…

La madre bondadosa y amante que tantas veces había cubierto de besos aquellos rostros rosados y sonrientes antes, pálidos y tristes ahora, pero siempre bellos y angelicales; que había padecido horriblemente cuando una lágrima cruel había bañado sus ojos; que ya no sabían más que llorar; que había arrullado sus inocentes y plácidos sueños con esos cánticos alegres que para la infancia tiene la vejez bondadosa y que, henchida de cariño, les acompañó en sus juegos, ahogó sus suspiros de pena, enjugó su llanto, fue partícipe de sus alegrías, vivió para ellos gozando sólo con sus dichas y sufriendo con sus dolores, siempre insignificantes y pequeños en realidad, pero grandes y amarguísimos para ellos, ángeles de candor, que ocultos en el amoroso regazo maternal, no habían podido ver aún el triste mundo con sus duelos y sus contrariedades, con sus crueldades y sus humillaciones…

El campo; los pájaros de picos de oro y vistoso plumaje que alegraban el alma con sus armoniosos cánticos; las vistosas flores que embriagaban los sentidos con sus suaves perfumes; el cielo azul; la tierra fértil; la Naturaleza rica en esplendores… todo, todo lo que fue alegre para ellos.

Como en un cinematógrafo, veían desfilar ante su vista las gratas escenas de sus primeros años felices y tranquilos, y caminaban, caminaban…

Después de algunas horas de marcha, les sorprendió la noche cuando ya las piernas luchaban por no doblarse, y los desnudos pies casi vertían sangre y el corazón latía con alarmante violencia…

Se sentaron en medio del campo. ¡Qué angustia! Ya no podían pasar de allí, estaban rendidos, tendrían que pasar la noche al descubierto.

La niña apoyó la cabeza sobre el pecho de su hermanito, que estrechaba fuertemente su cuerpo frío; no podían pronunciar una palabra; sólo sabían llorar…

Un negro manto cubrió el antes azul y sereno cielo; el brillo de las estrellas desapareció; reinaban las tinieblas…

Una furiosa tempestad se desencadenó de repente. Lluvia torrencial, relámpagos que cegaban, truenos que ensordecían… La Naturaleza quería poner de relieve su furor y su poder aquella lúgubre noche.

A la mañana siguiente hallaron unos campesinos, con las caritas juntas y los brazos enlazados, los yacentes cuerpos de los dos niños, muertos de terror, de frío, de hambre, de pena…

El Dios de los buenos, en su infinita misericordia, quiso sin duda llevar a su lado a aquellos dos ángeles para resarcirles crecidamente con las inmensas delicias de la mansión celestial, de la felicidad que el triste mundo les había negado.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!