En memoria de Louise Glück, premio Nobel por su poesía austera

Sevilla, 14/X/2023

Hace tres años, en plena pandemia, escribí unas palabras de homenaje a Louise Glück, Premio Nobel de Literatura 2020 “por su inconfundible voz poética, que, con una belleza austera, convierte en universal la existencia individual”, según constaba en el acta del jurado que valoró ese año el premio que otorga anualmente la Academia Sueca. Antes de este premio de excelencia poética, la autora recibió entre otros galardones importantes, el Premio PEN/Martha Albrand, el Premio Nacional de la Crítica por The Triumph of Achilles, el Premio Pulitzer por The Wild Iris (El iris salvaje), el primer Premio otorgado por los lectores del New Yorker, además del Premio Bollingen, por Vita Nova. Junto a ellos recibió también el Premio Nacional Bobbit otorgado por la Biblioteca del Congreso, el Premio William Carlos Williams otorgado por la Asociación de Poetas de Estados Unidos, el Premio Fundación Lannan y el Premio Ambassador otorgado por la Unión de Hablantes de lengua inglesa.

Ayer conocimos su fallecimiento a los 80 años en su residencia de Cambridge (Massachusetts). Como reconocimiento a su vida poética, muy próxima al yo existencial que busca comprender la vida como un largo viaje que perdura en el tiempo de vivir, publico de nuevo aquellas palabras escritas en un momento crucial en este país, donde navegábamos en un mar abierto de dudas por los efectos de una terrible pandemia y en busca de una “nueva normalidad”.

Junto a la lectura de Glück, en ´La decisión de Odiseo´, no olvido a Kavafis, a quien tanto admiro, interpretando ese largo viaje y esa mar de tantos recuerdos personales y vivos, porque cada uno de nosotros nos podemos convertir en un Ulises redivivo, lo que nos permite pensar que esta dura etapa que estamos atravesando de ocaso de valores, en múltiples proyecciones de la vida diaria, como ciudadanos y ciudadanas de a pie, debería ser sólo eso, una etapa, un alto en un puerto hasta ahora desconocido, porque el viaje es muy largo, sabiendo que el mar de Glück ´sólo sabe avanzar´: Ten siempre a Ítaca en tu mente. / Llegar allí es tu destino. / Mas no apresures nunca el viaje. / Mejor que dure muchos años / y atracar, viejo ya, en la isla, / enriquecido de cuanto ganaste en el camino / sin esperar a que Ítaca te enriquezca. / Ítaca te brindó tan hermoso viaje. / Sin ella no habrías emprendido el camino. / Pero no tiene ya nada que darte. / Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado./ Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, / entenderás ya qué significan las Ítacas (Konstantinos Kavafis, Ítaca).

Como aviso para navegantes en los mares procelosos actuales, tampoco olvido hoy a mi admirado Ángel González, en un poema revelador de su alma inquieta y viajera: ´Los ilusos de Ulises´: Siempre, después de un viaje, / una mirada terca se aferra a lo que busca, / y es un hueco sombrío, una luz pavorosa / tan sólo lo que tocan los ojos del que vuelve. // Fidelidad, afán inútil. / ¿Quién tuvo la arrogancia de intentarte? / Nadie ha sido capaz / -ni aun los que han muerto- / de destejer la trama / de los días´.

Es verdad, porque en esa trama seguimos viviendo, en el presente y en el después de cada día.

Louise Glück, premio Nobel por su voz austera

Un poema hermoso, La decisión de Odiseo, me ha introducido en la lectura de Louise Glück, Premio Nobel de Literatura 2020 “por su inconfundible voz poética, que, con una belleza austera, convierte en universal la existencia individual”, según consta en el acta del jurado que ha valorado este año este premio que otorga anualmente la Academia Sueca. Es justo resaltar que junto a Olga Tokarczuk, Svetlana Alexiévich y Alice Munro, es la cuarta mujer en la última década que recibe este premio y la decimosexta de su larga historia. Tengo que reconocer que no había entrado en el mundo de secreto y de todos de esta poeta americana, aunque contamos en España con publicaciones muy importantes en la magnífica editorial Pre-Textos. Ahora la he recordado por una fotografía junto a Obama con motivo de la entrega en 2016 de la medalla nacional de Humanidades, porque nada humano me es ajeno y como buscador incansable de islas desconocidas, empezando por mí mismo, tal y como recomendó en una ocasión la mujer de la limpieza en el palacio del rey, gran protagonista de La isla desconocida, la carabela imaginaria de Saramago en El cuento de la isla desconocida.

En La decisión de Odiseo, publicado en su libro Praderas (1), se produce un fenómeno inverso en relación con la llegada del protagonista a la isla después de un azaroso y largo viaje:

El gran hombre le da la espalda a la isla.
Su muerte no sucederá ya en el paraíso
ni volverá a oír
los laudes del paraíso entre los olivos,
junto a las charcas cristalinas bajo los cipreses.

Da comienzo ahora el tiempo en el que oye otra vez
ese latido que es la narración
del mar, al alba cuando su atracción es más fuerte.
Lo que nos trajo hasta aquí
nos sacará de aquí; nuestra nave
se mece en el agua teñida del puerto.

Ahora el hechizo ha concluido.
Devuélvele su vida,
mar que sólo sabes avanzar.

Creo que se comprende bien el motivo de mi admiración por esta interpretación tan bella de la experiencia de Odiseo, tan amante ella de la mitología griega, con una clave que es hilo conductor en mi vida: el mundo sólo tiene interés hacia adelante. Es curioso constatar en su obra las continuas referencias al mundo de ayer, a la historia de las mitologías y a la Biblia, aunque se comprende por su genealogía judía, concretamente húngara y que lo simboliza con el nombre de su hijo, Noé. En este sentido bíblico me ha llamado la atención el título de una obra suya, Ararat -Tierra Santa, en hebreo-, porque así se llamaba el país bíblico que hoy es probablemente Armenia, en el que se posó el Arca de Noé una vez finalizado el diluvio universal. ¿Coincidencia o búsqueda del mundo interior?

Su poemario está transido de dolor sentido real de cualquier pérdida y en relación con la férrea tutela de su madre y por el acoso escolar, tan antiguo, tan actual. Me ha llamado la atención que haya manifestado en alguna ocasión que ha escrito a veces como venganza y defensa ante las circunstancias difíciles que han rodeado su vida, volcada en una obra corta, sólo doce poemarios y algún ensayo, haciendo verdadero el aserto de Gracián: lo breve si bueno, dos veces bueno. Es curioso constatar que su trayectoria está trufada de trabajos profesionales destacados y premios: profesora en la Universidad de Yale, Poeta Laureada de los Estados Unidos en 2003, Pulitzer por El iris salvaje (1992), el National Book Award por Faithful and Virtuous Night (2014) y, recientemente, en febrero de este año, el Premio Tranströmer, promovido en memoria del último Nobel sueco, fallecido en 2015.

Finalizo por ahora, pendiente de una lectura reposada de su obra más representativa, con un poema de Ararat (2), Amante de las flores, porque esta enigmática palabra hebrea también significa suelo santo donde incluso pueden florecer las amapolas, cuya principal virtud es entregar belleza en grupo, cuidándose y muriendo solas, casi siempre en la misma tierra santa que las vio nacer:

En nuestra familia, todos aman las flores.
Por eso las tumbas nos parecen tan extrañas:
sin flores, sólo herméticas fincas de hierba
con placas de granito en el centro:
las inscripciones suaves, la leve hondura de las letras
llena de mugre algunas veces…
Para limpiarlas, hay que usar el pañuelo.

Pero en mi hermana, la cosa es distinta:
una obsesión. Los domingos se sienta en el porche de mi madre
a leer catálogos. Cada otoño, siembra bulbos junto a los escalones de ladrillo.
Cada primavera, espera las flores.
Nadie discute por los gastos. Se sobreentiende
que es mi madre quien paga; después de todo,
es su jardín y cada flor
es para mi padre. Ambas ven
la casa como su auténtica tumba.

No todo prospera en Long Island.
El verano es, a veces, muy caluroso,
y a veces, un aguacero echa por tierra las flores.
Así murieron las amapolas, en un día tan sólo,
eran tan frágiles…

(1) Glück, Louise, Praderas. Valencia: Pre-Textos, 2017.

(2) Glück, Louise, Ararat. Valencia: Pre-Textos, 2008.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Reconocimiento especial a Ítalo Calvino, en el centenario de su nacimiento

Ella [la escritura] sólo producirá el olvido en las almas de los que la conozcan, haciéndoles despreciar la memoria; confiados en este auxilio extraño abandonarán a caracteres materiales el cuidado de conservar los recuerdos, cuyo rastro habrá perdido su espíritu.

Platón, Fedro, 274c-277ª.

Sevilla, 9/X/2023

El próximo 15 de octubre se cumple el centenario del nacimiento del escritor italiano Ítalo Calvino (Santiago de las Vegas (Cuba), 15 de octubre de 1923 – Siena (Italia), 19 de septiembre de 1985), al que profeso un profundo respeto y admiración, como se puede vislumbrar con sólo leer algunas páginas de este cuaderno digital dedicadas a él y a su forma de escribir sobre la vida imaginaria y real, citándolo en 69 artículos. Hoy mismo, que hará el número 70, he sentido de nuevo lo que tantas veces he explicado a la hora de acercarme a la página en blanco de mi ordenador. Así figuraba en la declaración de principios de este blog, que publiqué cuando nació, el 11 de diciembre de 2005: “Inicio una etapa nueva en la búsqueda diaria de islas desconocidas. Internet es una oportunidad preciosa para localizar lugares que permitan ser sin necesidad de tener. La metáfora usada por Saramago [en su Cuento de la isla desconocida] será una realidad cuando ante el fenómeno de la hoja en blanco, teniendo la oportunidad de decir algo, esto sea diferente y sirva también para los demás. Puerta del Compromiso. Es lo que aprendí hace muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma «Seis propuestas para el próximo milenio»: «…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial» (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar)”. Creo que se comprende bien que hoy escriba estas palabras de cercanía a la vida y obra de Ítalo Calvino.

Aunque nació en Cuba, por estrictas razones profesionales de su padre, a los dos años regresó a Italia junto a su familia para instalarse en San Remo (Liguria). Como se lee en la editorial que lo acogió desde hace ya mucho tiempo en España, Siruela, “publicó su primera novela animado por Cesare Pavese, quien le introdujo en la prestigiosa editorial Einaudi. Allí desempeñaría una importante labor como editor. De 1967 a 1980 vivió en París. Murió en 1985 en Siena, cerca de su casa de vacaciones, mientras escribía Seis propuestas para el próximo milenio. Con la lúcida mirada que le convirtió en uno de los escritores más destacados del siglo XX, Calvino indaga en el presente a través de sus propias experiencias en la Resistencia, en la posguerra o desde una observación incisiva del mundo contemporáneo; trata el pasado como una genealogía fabulada del hombre actual y convierte en espacios narrativos la literatura, la ciencia y la utopía”. Una biografía breve, si buena, es dos veces buena.

Este cuaderno digital que está hojeando en este momento de lectura, deja constancia de mi recorrido vital y virtual en el que he caminado sólo hacia adelante, transmitido también mediante palabras a la Noosferala piel digital pensante que descubrí en mi juventud a través de Pierre Teilhard de Chardin. Esa fue la razón de elegir el título de este blog, el mundo sólo tiene interés hacia adelante, junto con un canto al fenómeno de la soledad sonora y creadora ante la página o pantalla en blanco, tan queridas por el arte de empezar y el arte de acabar preconizados por Ítalo Calvino. Tampoco olvido que en este camino, sólo hacia adelante, también hice un contrato social con Jose Saramago en aquél 10 de diciembre de 2005, cuando acompañado por mi hijo Marcos elegí el dominio que me abría el cuaderno digital al universo entero. Fundamentalmente, porque no quería que fuera inocente, como no lo es ideología alguna de este mundo en danza perpetua, deseoso de seguir buscando islas desconocidas, una vez tomada la decisión de acudir solamente a las puertas de las decisiones, no a las de regalos o a las de peticiones, que me permitieran como al protagonista de su cuento de la isla desconocida, descubrir junto a la sencillez de una mujer de la limpieza qué significado tiene salir de nosotros mismos para encontrarnos. Sólo…, para vivir dignamente y, siguiendo a Calvino, escribir para compartir la esencialidad de lo que nos ocurre a diario en la cadaunada vital.

El secreto está en el arte de empezar y acabar cualquier camino deseado: podemos ir hacia muchos sitios, hacer cualquier cosa, pero lo importante es hacerlo de forma especial. Pero, ¿qué es el arte? El problema actual es que ese arte de empezar y acabar se convierte en muchas ocasiones en pura mercancía en el Gran Mercado del Mundo al Revés. Cuando comprendo el arte según la tercera acepción recogida actualmente en el Diccionario de la Real Academia Española, conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer bien algo, es imprescindible recurrir al conocimiento, aptitudes y actitudes personales para tenerlo presente en cada decisión a la hora de hacer camino al andar en cualquier ámbito de la vida, porque los preceptos y las reglas para hacer bien algo o de forma especial no se improvisan. El arte así entendido, como pasa con el campo, es para quien lo trabaja. Ese es el momento mágico de Calvino a través de sus obras, páginas en blanco para escribir en este centenario palabras especiales para nuestra vida, la de todos y, sobre todo, la de secreto, que a veces comienza y acaba cada día, sin que tengamos que esperar especialmente el compromiso al que obliga en determinadas ocasiones el calendario gregoriano. Con arte.

Si quien lee estas páginas quiere conocer a fondo a Ítalo Calvino, le recomiendo que se acerque a él leyendo su autobiografía que, aunque publicada con carácter póstumo en una obra muy significativa, Ermitaño en París, refleja perfectamente lo que él entendía como perfil biográfico, tal y como figuraba en una carpeta que se descubrió en su escritorio que llevaba ese título programático, Páginas autobiográficas: “La publicación de estas páginas autobiográficas inéditas aclara y precisa muchos de los aspectos más importantes de la vida y la personalidad de Ítalo Calvino: su infancia, su lucha partisana durante la Segunda Guerra Mundial, su militancia política en el comunismo, luego su alejamiento y decepción, las relaciones con los escritores de su época y el camino que le llevó a la literatura. La primera parte del libro pertenece a una carpeta guardada hasta ahora y que, con el título Páginas autobiográficas, llega hasta 1980. Lo completan dos textos entrañables y reveladores: Ermitaño en París y Diario norteamericano (1959-1960). El primero es una delicada dedicatoria llena de amor a París, ciudad de la que no se apartaría a lo largo de toda su vida, y de la que se iría apropiando a través de la lectura de muchos libros inolvidables: Los tres mosqueteros, Los miserables, Baudelaire, Balzac, Proust… Aparentemente el Diario norteamericano es una serie de cartas enviadas a un amigo sobre las impresiones y experiencias de su viaje. Pero no es sólo eso: la curiosidad, la sensibilidad, la ironía, el análisis ilustrado, benévolo y severo a la vez, se vuelcan en la mirada lúcida de Calvino sobre aquella sociedad de hace más de treinta años, ofreciendo al lector un fresco divertido, crítico y, en muchos aspectos, muy actual de una sociedad tan variada y contradictoria como era –y es– la norteamericana”. Posteriormente, puede adentrarse en las preferencias literarias de su extensa obra, que la editorial Siruela ha recogido en una Biblioteca que lleva su nombre, Biblioteca Calvino, con 36 obras propias del autor o estudios sobre su extensa bibliografía.

Una última reflexión en estas palabras de reconocimiento a Calvino. Guardo en mi persona de secreto, en un lugar privilegiado de mi clínica del alma, mi biblioteca, una obra preciosa de él que me acompaña desde hace muchos años, ¿Por qué leer los clásicos?, en la que ofrece catorce razones para leer a estos autores, que deben ser leídas sin dejar ninguna atrás. Lo recomiendo “encarecidamente”, como se decía en mi casa ante misiones culturales aparentemente imposibles e inútiles, atendiendo hoy de forma destacada la tercera razón, una vez llegado este momento de frecuentar el futuro imperfecto de nuestra vida: “Debe haber, por tanto, un momento en la vida adulta dedicada a revisar los libros más importantes de nuestra juventud. Hay grandes clásicos que ejercen una influencia tan particular en nosotros que se niegan a ser erradicados de la mente escondiéndose en los pliegues de la memoria, camuflándose como el inconsciente colectivo o individual. Es por ello por lo que deben releerse una vez alcanzamos la madurez. Incluso si los libros siguen siendo los mismos (aunque ellos no cambian, a la luz de una perspectiva histórica alterada), sin duda nosotros sí hemos cambiado, y nuestro encuentro con esa misma lectura será una cosa totalmente nueva. En realidad podríamos decir: 4 [cuarta razón]. Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera”.

Hoy, con más razón que nunca, releer a Ítalo Calvino en las fechas próximas al centenario de su nacimiento, puede que sea una lectura de redescubrimiento de su obra, como si fuera la primera vez que nos acercáramos a él. Para mí, siempre ha sido un clásico, muy popular por cierto. A estas alturas de mi vida es fácil colegir que amo a los clásicos, es más, a las personas que aprecio las invito a leer a los clásicos como si fuera un acto social en mi vida ordinaria. Tengo que confesar que llevo ya varios meses frecuentando este pasado del pensamiento humano, a diferencia de lo que le recomendaba el Dr. Cardoso a Pereira en Sostiene Pereira, la extraordinaria obra de Tabucchi: “… deje ya de frecuentar el pasado, frecuente el futuro. ¡Qué expresión más hermosa!, dijo Pereira”. Tabucchi sabría perdonarme siempre, probablemente porque algo le indicaría en este sentido Ítalo Calvino en su cielo particular, por su inmenso amor a ellos, los clásicos de siempre, maestros de vida, de la oralidad, más que de la escritura, tal y como nos lo transmitió Platón en Fedro. Para cuidar la memoria, para que no se olvide.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Homo viator o la necesidad de salir de nosotros mismos

Sevilla, 7/X/2023

Cada vez que salgo de mí, descubro nuevas experiencias, como es el caso de un buen libro, Homo viator, escrito por Pepe Pérez-Muelas y publicado hace tan sólo unos días por la editorial Siruela, que tanto aprecio. Su sinopsis oficial nos orienta el camino a seguir a través de su lectura: “El ser humano se hizo viajero para sobrevivir. Lleva impreso en su genética el movimiento, la necesidad de ir más allá de lo que alcanza su vista. Homo viator trata sobre esos hombres y mujeres que lo dejaron todo en pos de lo desconocido, en un tiempo en el que los mapas no representaban la verdad de la geografía; narra la historia de la humanidad a través de sus viajes, desde la cotidianidad de las crónicas hasta las heroicas gestas, un continuado trasvase entre culturas y civilizaciones, un diálogo en presente con las grandes rutas del ayer. De la mano de Urbano Monti —geógrafo del siglo XVI y artífice de un visionario planisferio—, no solo cruzaremos los más salvajes y exóticos territorios, sino que visitaremos también las salas de los principales museos y bibliotecas, guardianes de la memoria literaria y cartográfica de las expediciones que, a lo largo de los siglos, han ido ampliando nuestro horizonte, expandiendo nuestra representación del mundo. Seguiremos los avatares de cientos de exploradores, de Marco Polo a Ibn Battuta, de Colón el navegante al astronauta Gagarin… Nómadas incurables, gloriosos descubridores y malhadados aventureros que se perdieron sin alcanzar jamás su destino, pero cuyas derrotas, sin embargo, condensan el más puro anhelo de conocimiento y superación. Porque somos los lugares en los que hemos estado, porque no hay nada más humano que viajar”.

Viajar es algo humano que también me pertenece, siguiendo al pie de la letra a Terencio, gracias a mis antepasados, porque hace doscientos mil años que la inteligencia humana comenzó su andadura por el mundo. Los últimos estudios científicos nos han aportado datos reveladores y concluyentes sobre el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia. Hoy se sabe que a través del ADN de determinados pueblos distribuidos por los cinco continentes, el rastro de los humanos inteligentes está cada vez más cerca de ser descifrado. Los africanos, que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron hace 50.000 años, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada. Aprovechando, además, un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones. Había nacido la corteza cerebral de los humanos modernos, de la que cada vez tenemos indicios más objetivos de su salto genético, a la luz de los últimos descubrimientos de genes diferenciadores de los primates, a través de una curiosa proteína denominada “reelin”. Empezó la aventura de una mente maravillosa que sigue siéndolo en nuestros días y que ya alcanza la cima de ocho mil millones de mentes pensantes.

En la carabela virtual de Saramago, me enrolé cuando leí su Cuento de la isla desconocida, hace ya muchos años, del que aprendí algo esencial a través de la mujer limpiadora y zurcidora del palacio real: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”. He seguido esta lección impecable y anoto día a día, en este cuaderno digital o de derrota, en lenguaje marino, los acontecimientos de esta singladura tan especial.

Excelente obra la del profesor Pérez-Muelas, Homo viator, que casualmente ejerce su docencia en Sevilla, ciudad “en la que se puede ser feliz” descubriéndola como destino, que no es poco, tal y como lo expresó Stefan Zweig, un experto homo viator, cuando visitó esta ciudad en 1905 con tan sólo veinticuatro años, buscando rincones que ya conocía por una obra de Mozart, pensando que la barbería de Fígaro iba a devolverle la comprensión de la relación de Don Juan y Carmen: “Hay ciudades en las que nunca se está por primera vez. Deambulas por sus calles desconocidas y sientes como si de todos los rincones te acudieran los recuerdos, te llamaran voces amigas. Su rostro -porque las ciudades puedes ser como las personas: tristes y viejas, risueñas y jóvenes, amenazadoras y gráciles, dulces y afligidas- te suena de una ciudad hermana, o de una imagen, de un libro, de una canción. Y Sevilla es así […] La vida parece tener aquí un ritmo más veloz, y las personas la sangre más viva; en ningún lugar hay más estómagos hambrientos que en Andalucía y, aun así, Sevilla brilla con su portentoso colorido, resplandece de alegría y nos saluda con miles de banderas. Aquí se puede ser feliz (1)”.

Excelente ejemplo como homo viator, haciendo cada día camino al… viajar, porque “es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

(1) Zweig, Stefan, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia. Madrid: Sequitur, 2015.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

¡Por favor, no disparen al pianista!

Sevilla, 6/X/2023

En tiempos tan convulsos como los que estamos viviendo en la actualidad, de turbación y continuas mudanzas del alma, desoyendo los consejos ignacianos, doy la razón a Óscar Wilde cuando afirmó en su visita a Leadsville (Colorado) en 1882, que allí “la mortalidad de los pianistas era asombrosa”, por la belicosidad que reinaba en aquel medio ambiente. ¿Por qué esta referencia ahora, en un país en el que solemos responsabilizar de todo lo que ocurre al que menos culpa o responsabilidad tiene, “pianistas virtuales”, en cualquier vertiente que analicemos la vida, a modo de pecado capital español que habría que agregar a los siete ya citados en la obra homónima de Fernando Díaz-Plaja? Creo que Óscar Wilde nos ofreció una orientación clave en un testimonio inolvidable de su azaroso viaje por Estados Unidos, reflejado posteriormente en su publicación, Impresiones de América, en un pasaje que se ha hecho famoso para la posteridad: “Desde Salt Lake City puede uno viajar por las grandes llanuras del Colorado y se sube a las Montañas Rocosas, en cuya cima está Leadville, la ciudad más rica del mundo. Tiene también fama de ser la más peligrosa, y todos los habitantes llevan encima un arma. Me habían dicho que si iba a ella me matarían o matarían a mi director de tournée. Escribí allí diciéndoles que nada de lo que pudieran hacer a mi director de tournée me intimidaría. La población está compuesta de mineros y de hombres que trabajan en las fundiciones; por eso les hablé de la ética del Arte. Les leí trozos escogidos de la autobiografía de Benvenuto Cellini y parecieron encantados. Me reprocharon que no lo hubiese llevado allí conmigo. Les expliqué que había muerto hacía algún tiempo, lo cual hizo que me preguntasen: “¿Y quién le pegó el tiro?” Después me llevaron a un salón de baile, donde vi el único sistema coherente de crítica de arte. Encima del piano aparecía impreso el siguiente aviso:

¡POR FAVOR, NO DISPAREN AL PIANISTA. ESTÁ TOCANDO LO MEJOR QUE PUEDE!

La mortalidad entre los pianistas en ese lugar es asombrosa. Luego me invitaron a cenar y, habiendo aceptado, tuve que bajar una mina a un cubículo muy estrecho, en el que era imposible estar a gusto. Habiendo llegado al corazón de la montaña cené, siendo el primer plato whisky, el segundo whisky y el tercero whisky. Fui al teatro a dar una conferencia y me informaron que justo antes de ir allí habían detenido a dos hombres por haber cometido un asesinato, y en ese teatro los habían subido al escenario a las ocho de la tarde, y luego y allí juzgado y ejecutado ante una audiencia abarrotada. Pero encontré a estos mineros muy encantadores y nada rudos. Entre los habitantes más ancianos del Sur encontré una melancólica tendencia a fechar cada acontecimiento de importancia en el final de la guerra. “Qué hermosa es la luna por la noche”, le comenté una vez a un caballero que estaba a mi lado. “Sí”, fue su respuesta, “pero deberías haberlo visto antes de la guerra”. Tan infinitesimal me pareció el conocimiento del arte, al oeste de las Montañas Rocosas, que un mecenas del arte (uno que en su época había sido minero) llegó a demandar a la compañía ferroviaria por daños y perjuicios porque el molde de yeso de la Venus de Milo, que había importado de París, había sido entregado sin los brazos. Y, lo que es aún más sorprendente, ganó el caso y la indemnización por daños y perjuicios. Pensilvania, con sus gargantas rocosas y sus paisajes boscosos, me recordó a Suiza. La pradera me recordó a un trozo de papel secante. Los españoles y los franceses han dejado tras de sí recuerdos en la belleza de sus nombres. Todas las ciudades que tienen bonitos nombres se lo deben a los españoles o franceses. Los ingleses dan nombres intensamente feos a los lugares. […] Recorriendo América, ve uno que la pobreza no va unida necesariamente a la civilización. En todo caso, aquél es un país donde no hay ornato ni ostentación, ni ceremonias pomposas. No vi allí más que dos desfiles: uno, el de los bomberos, precedidos por la Policía, y otro, el de la Policía, precedida por los bomberos. Cualquier ciudadano, cuando llega a la edad de veintiún años, se le permite votar y, por lo tanto, adquiere inmediatamente su educación política. Los estadounidenses son las personas con mejor educación política del mundo. Bien vale la pena ir a un país que pueda enseñarnos la belleza de la palabra LIBERTAD [FREEDOM, en el original] y el valor real de lo que significa [LIBERTY, en el original también]”.

Si he traído a colación esta referencia extensa es para reflexionar que junto a la semblanza anecdótica, no sin un contrapunto de ironía extrema, junto a la realidad de la violencia sin control de un pueblo armado hasta los dientes, en América desde siempre, está también la posibilidad de analizar todo lo que ocurre en cualquier momento en este país, mucho más en estos momentos de investidura presidencial, en los que se debe procurar “no matar a los pianistas que correspondan”, errando el tiro de los juicios precipitados y sin control, cuando también existen otras realidades personales y sociales como las que él quiso retratar en su famoso viaje: cultura diferente, valores diferentes y singulares, todo bajo el prisma de la “educación política” basada en la LIBERTAD y en todo lo que significa esta bella palabra. Al fin y al cabo, lo mismo que pensó Óscar Wilde en su visita a Leadsville, cuando afirmó que el cartel sobre el piano, con una frase para ese presente y para la posteridad, era la mejor y la más coherente «crítica de arte». También, para una crítica del Arte de la Política verdadera en nuestro aquí y ahora. Para que no se olvide.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Noam Chomsky y Pepe Mujica sobreviven en un mundo al revés

Sevilla, 28/IX/2023

Siempre busco alternativas de salida en este mundo al revés y en esta ocasión he encontrado una interpretación de búsqueda de sentido vital y esperanza en un mundo mejor a través de la reciente publicación de un libro muy recomendable, Chomsky y Mujica. Sobreviviendo al siglo XXI, en un encuentro personal en la casa del expresidente uruguayo, donde los dos entablan una conversación transcrita posteriormente por el documentalista mejicano Saúl Alvídrez. Las teorías de Chomsky sobre significante y significado tuve que estudiarlas a fondo en mis años jóvenes, después enseñé sus teorías en la Universidad oficial y en la de la calle y, más tarde, las asumí en mi persona de secreto y en la de todos, en pocas palabras, integré su eterna dialéctica en mi vida, hasta que comprendí bien aquel ejemplo fantástico de que “una pipa no es una pipa” (de Magritte) sólo por el mero hecho de verla. Por otra parte, me preocupa desde mis años jóvenes algo que Michel Foucault tradujo en una reflexión impecable: “La razón política no está al lado del poder, sino en su límite, en su borde” o lo que es lo mismo, el poder no se posee sino que se ejerce y la política no es solo una cuestión de poder, sino también de resistencia y lucha contra el poder. Esta es la razón principal de por qué Mujica, sobre todo, está muy presente en estas páginas y, también, por qué leo y escucho siempre sus palabras, porque expresan qué significan poder y política en el siglo XXI, en un auténtico mundo al revés, el que expuso magistralmente Eduardo Galeano en sus clases virtuales de la escuela de este mundo tan inhóspito.

La sinopsis oficial del libro deja abiertas las puertas de la esperanza para muchas personas, jóvenes sobre todo, que la buscan desesperadamente: “Dos referentes mundiales del pensamiento contemporáneo se reúnen en este libro para conversar acerca de temas trascendentales que afectan a la humanidad y debatir alternativas de cara al futuro. Por un lado, José Pepe Mujica, un expresidente y exguerrillero que ha logrado una enorme popularidad internacional por su mensaje de austeridad, sabiduría y sentido común. Por otro lado, Noam Chomsky, el intelectual que revolucionó la lingüística para luego abordar una amplia gama de temas humanísticos y filosóficos de profunda actualidad. El documentalista mexicano Saúl Alvídrez logró reunirlos y generar el clima propicio para el intercambio fecundo de ideas. Del encuentro de estas voces surgen reflexiones que permiten un acercamiento a los grandes temas que el mundo actual está afrontando: las consecuencias del cambio climático, los males de la política, la corrupción, los populismos, la crisis del capitalismo y sus sucesivas mutaciones, la lógica de la economía de mercado y los problemas de la producción, entre muchos otros. Frente a la amenaza de un colapso civilizatorio, y ante las contradicciones de las alternativas de izquierda, Chomsky y Mujica apuntan a los valores que deben tenerse en cuenta para avanzar hacia un cambio sostenible. La democracia, la libertad, la vida con propósito, el amor y la amistad, como pilares desde los que construir un nuevo rumbo. Convencido de que las generaciones millennial y centennial han heredado una civilización ecológica, económica, política y socialmente insostenible, Alvídrez afirma que su misión es intentar amplificar la conversación pública entre los jóvenes y enfocarla a la solución de problemas globales”.

En el ánimo de que esta referencia sirva exclusivamente para leer el libro, sin adelantar por mi parte más contenido que el expuesto por la editora, cumpliendo una norma ética de protección intelectual de todos los participantes en la citada publicación, comparto con la Noosfera mi pensamiento sobre la estrecha relación entre razón y política, expuesta ya por mi parte en estas páginas, pero que no me pertenecen sólo a mí desde la perspectiva de conocimiento compartido. Esto es así porque determinados mensajes éticos se pueden descubrir en la Universidad de la Calle. En un viaje que hice en 2010 a la sierra de Cádiz, descubrí en un pueblo muy querido por mí la preciosa frase de Foucault, LA RAZÓN POLÍTIKA NO ESTÁ AL LADO DEL PODER [así, con K], en una pintada mural, sobre la que sentí en esas fechas la necesidad de escribir desde la perspectiva de la ética de la razón política, que hoy rescato en su fondo y forma a la hora de enfrentarme a la lectura de la conversación entre Chomsky y Mujica. ¿Qué quiso expresar el autor o autora de la pintada, en la vertiente de significantes y significados en este aquí y ahora, de ambos protagonistas de la historia, supervivientes de este siglo XXI? Me pareció muy sugerente el planteamiento reflejado en aquella tapia de la Universidad de la Calle, con unas reflexiones que escribí en los siguientes términos y que, hoy, trece años después, comparto de nuevo porque creo que no han perdido su valor:

– La razón es una oportunidad para el poder, no para cualquier poder, pero a veces éste huye de ella, porque poder y razón son contrarios que están obligatoriamente obligados a entenderse en determinadas ideologías. A desentenderse, en otras, cuando el poder está fundado en la manipulación del conocimiento, de la ciencia, de la política y de la religión. En la sinrazón (Chomsky).

– La razón política suele vivir desesperadamente junto al poder autoritario, porque es irreconciliable para determinadas poderes fácticos con gran ausencia de valores (a pesar de que ostenten el poder).

– La razón política de determinados ciudadanos hace crisis con determinados poderes. Es cuestión de principios y de valores, porque no todo vale.

– La democracia suele estar muy atenta a la razón política, pero no a cualquiera. Esta es la razón de los partidos. Y por qué hay que elegir a uno en concreto (todos no son iguales).

– La inteligencia política es la capacidad de ser ciudadanos aun estando rodeados del poder.

– La auténtica razón política puede hacer libres a las personas que no buscan estrictamente cualquier poder, porque sabe que es mal consejero en determinadas ideologías, dado que ninguna es inocente, afortunadamente (pero no todas son iguales, afortunadamente).

– La auténtica razón política suele viajar en patera, al lado de los yates en los que suelen viajar siempre los que dicen que todas y todos viajamos en el mismo barco.

– El poder es necesario para cambiar la sociedad forjada en valores humanos y sociales, construidos de forma responsable con razones políticas.

Hace tan sólo cinco meses recordé a José Pepe Mujica en este cuaderno digital, a través de unas palabras escogidas del discurso que pronunció en la entrega del título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Quilmes (Argentina), el 10 de abril de 2023: “La vida es hermosa porque es la aventura, pero como es algo cotidiano no le damos valor y no nos hacemos la pregunta de si la vida tiene un sentido y si debemos vivir detrás de un sueño o si debemos vegetar, dejando que el mercado la maneje. La disyuntiva de las almas jóvenes es elegir o no un rumbo. Y esa es una decisión”. Por esta razón y por muchas más estoy atento siempre a la relación de razón política y poder que transmite en cada una de sus palabras el expresidente de Uruguay. Excelente maestro que, junto a Chomsky, nos aseguran reflexiones en este libro preparado por Saúl Alvídrez, que no nos dejarán indiferentes en este mundo al revés que hay que transformar sin dilación alguna, navegando a diario por mares procelosos y cada uno con su razón política, su poder, en yate o en patera y que, afortunadamente, no es lo mismo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Josephine Nivison retrató su soledad junto a Edward Hopper

Sevilla, 27/IX/2023

Es frecuente encontrar en este cuaderno digital páginas dedicadas a las compañeras de vida de grandes artistas, varones por más señas, que vivieron eclipsadas por múltiples motivos a la sombra de ellos, pasando a ser colas de cometas, como llamaba a esta situación María Teresa León, la compañera fiel de Rafael Alberti. Es el caso de Josephine Nivison, más conocida desgraciadamente como Josephine Hopper, también como Jo, a secas, modelo sempiterno de amante, compañera y esposa del pintor Edward Hopper, a quien una obra publicada recientemente en la emblemática editorial francesa Gallimard, Un pas de deux, escrita por Javier Santiso, le devuelve su sitio histórico de forma digna, así como el brillo y esplendor que nunca se le reconoció en su vida y obra junto al pintor. La sinopsis oficial, presentada por el autor de esta obra, no deja lugar a dudas: “Esta novela retrata la vida y obra de Edward Hopper a través de los ojos de su esposa, también artista. Josephine constata así sin concesiones una existencia amurallada a la sombra de un hombre por el que sacrificó su talento y su aspiración a la felicidad. Este amante, que nunca dejó de alejarse, sólo lo retuvo convirtiéndose en su modelo y, al final, en todas las mujeres a la vez, a falta de ser suya. La magnífica y cruel historia de esta pareja en la mano devoradora de la creación es llevada por un lenguaje lírico y habitado que explora la profundidad de los sentimientos, desde la esperanza de los comienzos hasta la inmensa pena por lo que se perdió inexorablemente en la noche”.

En la citada sinopsis de la editora figura también una frase del libro que recuerda los sentimientos cruzados de la pintora sobre Hopper: «A veces sueño que me veo dando pinceladas, la sangre sube a mis ojos, recupero el pelo de la bestia, destruyo los verdes, dejo caer diferentes capas de azules en el lienzo. Estoy entonces como un ángel en medio de los tubos, sorteando los charcos de colores, y el hombre que está a mi lado, sin estar allí, se convierte en nada más que un recuerdo lejano, un fuego loco, un grito en las vetas del lienzo”. Me he detenido en la portada del libro, un cuadro muy famoso de Hopper, Sol de la mañana (1952), en el que aparece su esposa Josephine (Jo), con 69 años, porque tiene un significado especial, que resumo en palabras ya publicadas en este cuaderno durante la pandemia del COVID-19: “Él abordaba con frecuencia la realidad de la espera en muchos cuadros con ventanas y puertas que suponen un respiro en la soledad de cada protagonista y en situaciones personales, familiares, de pareja, a modo de juego existencial en las que cada uno tenemos que buscar la mejor salida al conflicto de vivir confinados con virus o sin él. Los óleos representan muy bien nuestra situación actual, porque son retratos anticipados. Estamos muchas veces solos ante el peligro, en silencio y permitiéndonos algo muy importante: reflexionar, reflexionar, reflexionar y pasar a la acción, porque las ventanas de la vida ofrecen siempre oportunidades. Parando un momento. Estamos viviendo todavía, durante el estado de alarma, en espacios cerrados frente al enemigo único, atrincherados, aunque siempre nos quedan ventanas amplias o pequeñas, desnudas, como invitando a saltar a través de ellas observando los cuadros de Hopper, porque no tienen limitación alguna, solo el vértigo existencial legítimo para trascenderlas y volver a la vida para recorrer las grandes alamedas de la desescalada en libertad”.

Josephine Nivison, Obituary, s.d. Whitney Museum of American Art

Lo que nunca pudo pintar Hopper fue el pensamiento de Josephine en su soledad sonora, que ahora nos lo retrata en formato de novela Javier Santiso. Estoy muy interesado en leerla en su francés nativo, porque podré conocer sentimientos y emociones que harán brillar la vida y obra de Josephine. Sobre todo para acompañarla en ese sentimiento de soledad que tan admirablemente retrató siempre Hopper a Jo, su mujer, compañera , amante y, sobre todo, modelo permanente de inspiración en su presente vital y artístico. También, para comprenderla como cola de cometa en la vida del pintor. En esa clave están escritas estas palabras, algo que sucedió también a muchas mujeres en este país, sobre todo en una de las dos Españas que nos helaba siempre el corazón. Al buen entendedor de olvidos, con pocas palabras basta. Ellas, hoy, también Josephine Nivison, lo merecen todo, en letra grande, con emoción política y con la dignidad de la memoria histórica que merecen. Con melancolía.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Amnistía significa esfuerzo coral democrático, comprensión y olvido

 ¿Qué hacer? Comprender (no tenemos nada mejor que hacer). ¿Comprender qué? Comprender la realidad (no tenemos nada más a mano).

Jorge Wagensberg

Sevilla, 26/IX/2023

La democracia es obra de millones de personas en este país. Esa es la razón de la frase de Joseph Brodsky, La verdadera tragedia no es cuando muere el héroe, sino cuando muere el coro, que aparece en la cita introductoria del libro Atenas 403, porque lo peor que puede pasar es que desfallezca el coro de millones de demócratas convencidos de que otro país plural y democrático es posible. Vivimos en un mundo al revés, porque utilizamos las palabras como armas arrojadizas, cuando nos viene en gana y dependiendo del contexto en que se digan. ¿Nos gusta la palabra “independencia” como imperativo categórico tanto personal como colectivamente hablando? Depende, todo depende. ¿Comprendemos qué significa amnistía, aplicado a Cataluña en su justo sentido? No tanto, pero resulta que también hemos evolucionado con otra palabra, fijada, que brilla y dar esplendor social, que se llama democracia, que está regulada por leyes, que no se debe saltar uno a la torera, también cuando nos viene en gana, porque quiero o me gusta ser legítimamente independiente (amparándome, dicen muchos, el derecho internacional que es el único que me vincula como ciudadano del mundo). Las Comunidades Autónomas en España, con una Constitución reguladora, que estoy seguro de que comprenden bien los alcances reales de las políticas independientes que hacen los Gobiernos correspondientes, con una independencia bien entendida, saben que hay una delgada o gruesa línea roja (según como se mire), que se llama soberanía popular que ampara los tres poderes para hacerla posible y que se recogen en la Carta Magna. Es todo el pueblo español el que decide, no solo una parte de él. La Constitución no prohíbe dialogar, ni que nunca se pueda cambiar su articulado, en fondo y forma. Hagámoslo y con urgencia absoluta, en beneficio de todos, porque este gran país lo necesita y porque hay que atender demandas territoriales y sociales muy concretas.

En este marco constitucional, creo que hay que hablar también de lo que significa la palabra amnistía en nuestro país y, concretamente, en el momento actual, referida al proceso independentista de Cataluña, que tuvo su culmen en los acontecimientos de 2017. No es la primera vez y no será la última en la que aborde esta situación tan compleja, pero que se debe tratar desde la estricta política, terreno en el que me quiero expresar a la hora de tratar un asunto tan complejo como la amnistía legal, un “instituto” en el argot jurídico que tiene su origen en un problema estrictamente político que sucedió en Atenas y que no es baladí recordarlo, que tiene un nombre inolvidable: Trasíbulo de Atenas, artífice de la amnistía en su sentido primigenio, cuando en el otoño del 403 a.C., ¡qué feliz coincidencia de equinoccio!, entró en Atenas de forma triunfal y proclamó una amnistía para los derrocados, los Treinta Tiranos, facilitando la concordia, hecho que recomiendo leer con detalle en una obra muy interesante para comprender lo ocurrido, Atenas 403, recogido en su capítulo segundo dedicado al héroe, Trasíbulo, con una sinopsis que lleva un título aleccionador, El año que cambió la historia de Occidente: “A finales del siglo V a. C., la guerra del Peloponeso condujo a la derrota de Atenas. Aprovechando la debacle, una comisión de treinta oligarcas abolió las instituciones democráticas que habían regido la vida política de la ciudad durante un siglo: fue el comienzo de una sangrienta guerra civil que duró algo más de un año. Pero los demócratas no se quedaron de brazos cruzados. A finales del 404, Trasíbulo reunió un ejército de voluntarios y, tras varias victorias contundentes y difíciles negociaciones, en el otoño del 403 se logró la reconciliación y la democracia quedó restablecida”. Quizás sea este origen el que pueda ayudarnos a hablar sin complejos de amnistía, sin demonizar la palabra, porque en esencia se trata de dar una solución política a un problema político y con una profunda carga histórica, democrática y, por tanto, política también.

Cambiando lo que haya que cambiar, ya me pronuncié en su momento sobre los indultos en este proceso. Entre estas aproximaciones al problema catalán, recuerdo especialmente una, cuando surgió en 2021 una nueva palabra en el argot político catalán, embate, que continúa posicionándose en el ranking de los nuevos hilos conductores de la comunicación política en Cataluña y que ahora, con la amnistía, ha pasado a ser una cuestión de Estado. La escuchamos por primera vez a raíz de “las negociaciones entre Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y la CUP para investir presidente de la Generalitat al vicepresidente del Govern, Pere Aragonès. El 26 de febrero de 2021, tan solo dos semanas después de las elecciones autonómicas, Sergi Sabrià, líder del equipo negociador de ERC, afirmó en Catalunya Ràdio: “Con la CUP hemos hablado de prepararnos para el embate definitivo y desbordar los límites autonómicos” (1).

¿Qué significa esta palabra? Mi apreciado Diccionario de Autoridades ya la definía bien en el siglo XVIII (RAE A, 1732, p. 384,1) : “El ímpetu y golpe de las olas del mar contra los peñascos, ocasionado de las olas del viento. Viene del verbo Batir”. En su segunda acepción, significa también “el viento fresco y suave, que suele correr en el Verano, y se experimenta más en las cercanías del mar”. Por último, hay una tercera acepción, que considero de gran interés, más cuando ya es una palabra de uso cotidiano en los enfrentamientos políticos en Cataluña: “Se llaman [embates] por analogía las repentinas mudanzas, casos y reveses, oposiciones y contrariedades que se suelen experimentar en las cosas del mundo, en sus bienes y honores temporales”. Dije en aquella ocasión y sin temor a equivocarme que “las tres acepciones, de forma escalonada, pueden ser un magnífico escenario para comprender la que se nos avecina en Cataluña y, probablemente en el Estado, con el “embate definitivo y desbordar los límites autonómicos”.

Hasta ahora, los pasos que enuncié en aquella ocasión se han cumplido taxativamente. En primer lugar, se constituyó un Govern, con mayoría independentista, en el que continuamente hemos asistido a ímpetu y golpes de efecto continuos en sede parlamentaria de palabras en discursos y propuestas que suenen a veces como si se rompieran las olas contra los peñascos de la oposición, atendiendo a los vientos a favor que soplaron en las primeras sesiones. Después vino el principio de realidad freudiano que ha llevado su “embate” a suavizar la confrontación, como viento fresco y suave, para finalizar en repentinas mudanzas, casos y reveses, oposiciones y contrariedades, que se suelen experimentar en las cosas políticas de ese mundo catalán, en sus bienes y honores temporales dentro y fuera del Parlamento.

Todo terminará, después de indultos y aproximación a la amnistía, que está todavía por conocer en su fondo y forma constitucional, con la definición que está vigente en la actualidad en el diccionario de la RAE, en su segunda acepción y usado el término en sentido figurado: una acometida [política] impetuosa que, como ocurre en el mar, acabará volviendo a la normalidad democrática, porque no nos engañemos, mientras que el mundo sea mundo, será una terca realidad que volverán a Cataluña esas repentinas mudanzas y reveses políticos, oposiciones y contrariedades que se suelen experimentar en toda vida política que se precie de tal.

Mi sentido del embate ante la presumible amnistía a todas las personas que participaron de una forma u otra en el “proceso”, es el último expuesto, porque creo que es cierto el desconcierto en el que nos estamos moviendo en la actualidad, que necesita con urgencia una reflexión urgente y amable en beneficio de todos. Lo he dicho en este cuaderno digital en varias ocasiones: nada catalán -por humano- me es ajeno y suspiro por una Cataluña integrada en España, cuestión que sigo defendiendo hoy con ardor guerrero y con la ardiente paciencia de Neruda. En ese sentido vuelvo a leer una y otra vez el discurso dedicado a las floristas de La Rambla de Barcelona, que Federico García Lorca leyó en una cena en el hotel Majestic de esa ciudad, el 22 de diciembre de 1935, porque se estaba representando allí su obra “Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores”, junto a la compañía de Margarita Xirgu. Todo es un símbolo, pero se me antoja necesario pensar en Cataluña, incluso cuando llegue la amnistía, como una calle larga, una Rambla rodeada de flores, “que no se acabara nunca, rica en sonidos, abundante de brisas, hermosa de encuentros y antigua de sangre”. ¡Qué mejor reconocimiento a una extraordinaria Comunidad, con palabras de un andaluz universal que supo cantar la quintaesencia de un pueblo al que tanto amamos!

Parafraseando una frase de Gaudí en relación con un símbolo cultural muy querido en Cataluña, el trencadís, “A puñados se tienen que poner [las piezas rotas de cerámica], si no, no acabaremos nunca”, es decir, una forma de unir piezas rotas de cerámica de forma aleatoria, es urgente recordar de nuevo esta técnica catalana como metáfora, salvando lo que haya que salvar, para unir de una vez por todas a las partes implicadas en el proceso catalán e intentar buscar la mejor argamasa para unir piezas rotas hoy pero que en un futuro pueden brillar en todo su esplendor. Trencadís político en estado puro, porque si no, “no acabaremos nunca” con esta situación política de ruptura civil del pueblo catalán y, por extensión, de este pueblo con España, sin necesidad de “embates definitivos para desbordar los límites autonómicos”.

Vuelvo a insistir que Cataluña usa una palabra de forma cotidiana, seny, que deberíamos rescatar ahora más que nunca en su justo sentido y como seña de su identidad, tal y como lo he expuesto ya en este cuaderno digital en ocasiones anteriores al hablar de esta Comunidad. Mi formación en el ámbito de la filosofía está en deuda permanente con José Ferrater Mora, que ahora vuelvo a rescatar en lo afirmado por él en su obra Las formas de la vida catalana y referido a esta palabra: “El seny no excluye, sino que muchas veces postula, el atrevimiento y la osadía, todo lo que, desde cierto punto de vista, puede parecer insensato, pero que, visto desde el horizonte de la continuidad, se convierte en una actitud sensata. El auténtico seny no se limita a perseguir lo más accesible, las realidades cotidianas e inmediatas; el auténtico seny, podríamos decir el ideal del seny, es perseguir lo que es justo, conveniente y correcto, aunque esta persecución sea en algunos momentos la acción más insensata que se pueda imaginar”. Transcendental para comprender su auténtico significado hoy. Dice también Ferrater Mora que la escuela escocesa que ha estudiado el sentido común se centra en la concepción de Reid cuando afirma este autor que “hay un cierto grado de sentido que resulta necesario para convertirnos en seres capaces de leyes y de gobierno propio” (2). El antecedente del seny demuestra que este sentido (común) es como una especie de facultad regulativa que “nos permite fundar nuestros juicios sin caer en el escepticismo ni en el dogmatismo”.

Seny tiene su antónimo, rauxa, con una traducción impecable, arrebato: “La oposición entre ambos conceptos se populariza con Jaume Vicens Vives, quien escribe en Notícia de Catalunya, en 1954, que «Ser arrauxat es, precisamente, andar falto de seny, obedecer a impulsos emocionales, actuar según determinaciones repentinas. En estas circunstancias nos dejamos llevar por la pasión, sin sopesar las realidades ni mesurar sus consecuencias. Somos entonces los hombres de la llamarada y de las actitudes extremistas. Nuestro sentido de la ironía nos falla y salimos a la calle devorados por un exceso de presión sentimental. El arrauxament es la base psicológica de las acciones subversivas catalanas, la justificación histórica del todo o nada, la negación del ideal de compromiso y pacto dictada por la sensatez colectiva” (3).

Necesitamos recordar siempre que durante las veinticuatro horas del día este país necesita rescatar segundos de preguntas, comprensión y perdón si el acontecer diario abre heridas de amor y muerte, que para unas y unos puede ser avanzar por sendas complejas como las de la amnistía política, y para aquellas y aquellos, entregar lo más querido, alcanzar el sueño mas esperado. Así recuperamos, al mismo tiempo, la dignidad, como cualidad de lo más digno, es decir, aquello que nos hace merecedores de algo tan importante como la comprensión de los demás. Además, sin necesitar el perdón, porque todas y todos aprendemos a comprender nuestras propias limitaciones, llevándonos de la mano al necesario tiempo de silencio nacional preconizado por Azaña: si los españoles habláramos sólo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar… Y… comprender, para no tener que perdonar tanto.

¡Salud mental y política, para este país!, -utilizando la palabra salud [en cursiva] con la que García Lorca finalizó su discurso de Barcelona- es lo que necesitamos todos cuidar en estos momentos difíciles en relación con la presumible amnistía, desconocida todavía en su planteamiento último legal de base constitucional. Se debe trabajar en la investidura final que persiga constituir un gobierno democrático que nos una a partir de ahora en un proyecto común de convivencia pacífica, sin necesidad de embate alguno, a lo sumo demostración diaria de seny en estado puro para contrarrestar estos ataques de rauxa que ahora y después no serán necesarios si existe voluntad de diálogo permanente. En definitiva, la amnistía debería ser una obra coral de la democracia en este país.

(1) “El embate”, el nuevo mantra del nacionalismo catalán | Cataluña | EL PAÍS (elpais.com)

(2) Ferrater Mora, José,  Diccionario de Filosofía (4). Madrid: Alianza Editorial, pág. 2985, (1980, 2ª ed.).

(3) https://verne.elpais.com/verne/2017/10/10/articulo/1507620898_691178.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

En España se habla poco de política

Sevilla, 23/IX/2023

Como decía recientemente en este cuaderno digital, en tiempos de mediocracia absoluta, donde la indiferencia se mezcla de forma explosiva con la mediocridad galopante de determinada clase política ultraderechista o de derecha extrema, junto a la ciudadanía que pregona a los cuatro vientos que “no es política”, por tanto, que no hablan de ello, que “no los llamen para nada”, ni siquiera para votar (más de doce millones de electores no votaron en las últimas elecciones generales de julio en nuestro país), conviene conocer bien la posición de Gramsci ante tanta indiferencia política: “Odio a los indiferentes también por esto: porque me fastidia su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos: cómo han acometido la tarea que la vida les ha puesto y les pone diariamente, qué han hecho, y especialmente, qué no han hecho. Y me siento en el derecho de ser inexorable y en la obligación de no derrochar mi piedad, de no compartir con ellos mis lágrimas”.

En este contexto, la Fundación de Cajas de Ahorro, FUNCAS, acaba de publicar un informe, Focus on Spanish Society, en el que aborda asuntos de especial relevancia para nuestro país en su interrelación con Europa. Yo diría que con el mundo extenso también. En la primera sección, se hace un análisis de la carencia material severa en nuestro país, en el que se informa que “una de cada 12 personas en España (8,1%) sufría en 2022 carencia material severa, más del doble que antes de la crisis financiera (2007: 3,5%) e incluso un punto por encima de la cifra de 2014 (7,1%), la más alta registrada hasta ese momento desde que el Instituto Nacional de Estadística (INE) comenzó a realizar la Encuesta de Condiciones de Vida en 2004. Por tanto, […] todas las ganancias de este indicador entre 2014 y 2019, quinquenio en el que la carencia material severa se redujo del 7,1% al 4,7%, se «perdieron» en 2020 (7%). A pesar del crecimiento del PIB y del empleo, la carencia material severa ha seguido aumentando entre 2020 y 2022, situándose por encima de los niveles prepandémicos”. La consulta del informe es obligada para constatar la realidad de la pobreza severa en nuestro país, que tantas veces he analizado en este cuaderno digital y que, una vez más, se demuestra con datos alarmantes. ¿Sigue este país indiferente sobre esta cruda realidad?

Si importante es lo manifestado anteriormente, cuestión de la que seguiré publicando datos para alertar sobre una situación lacerante en nuestro país, me ha llamado poderosamente la atención el apartado 2 de la sección primera del informe, dedicado a una realidad muy preocupante: en España se habla cada vez menos de política y lideramos esta realidad en Europa. Esta situación se detalla en su blog, con un título muy sugerente: Ni hablar de política: “Según el último Eurobarómetro estándar (julio de 2023), más del 40% de españoles adultos reconocen que nunca hablan con familiares o amigos sobre temas de política nacional. Este comportamiento tan extendido puede deberse, bien a que a los interpelados no les interesan esos temas,  bien a que los eluden para evitar discusiones. En todo caso, el dato revela una debilidad del debate público español y sugiere la existencia de una amplia desafección política por indiferencia o por temor a discusiones. De hecho, España es el país de la Unión Europea en el que la proporción de personas que no discuten nunca sobre temas políticos (43%) es mayor, seguido de Francia (35%), Irlanda (33%) y Portugal (32%). En el otro extremo se encuentran Alemania, Países Bajos y Suecia, donde los porcentajes de personas que hablan frecuentemente sobre política nacional con gente cercana superan a los de quienes nunca lo hacen. Por el contrario, en España las personas que nunca hablan de política con familiares y amigos casi triplican a las que lo hacen frecuentemente (gráfico 1)”.

Fuente: FUNCAS – Ni hablar de política

También se hace una incursión en el análisis de esta realidad desde la perspectiva de género: “En general, abstenerse de conversar sobre política es más frecuente entre las mujeres que entre los hombres. En España, aproximadamente una de cada dos mujeres adultas admite no hablar nunca con familiares o amigos sobre temas políticos, una proporción que duplica a la italiana y quintuplica a la alemana (gráfico 2). La educación formal también adquiere particular importancia en esta cuestión: cuanto menor es el nivel educativo, mayor es el porcentaje de personas que permanecen ajenas a las conversaciones sobre política. Seis de cada diez personas con menor nivel educativo reconocen no conversar acerca de asuntos políticos nacionales con personas cercanas. El patrón de desigualdad que evidencia este indicador es muy notable (gráfico 3)”.

Fuente: FUNCAS – Ni hablar de política 

Fuente: FUNCAS – Ni hablar de política

Por último, “La estrecha relación entre educación y frecuencia de las conversaciones políticas haría esperar que la proporción de personas que no hablan sobre política tendiera a disminuir a medida que aumenta el nivel educativo de la población. Sin embargo, los datos no respaldan esta expectativa. Los Eurobarómetros publicados desde 2010, además de mostrar que la proporción de personas que no hablan de política en España se ha mantenido invariablemente por encima de la media de la UE durante este periodo, indican desde 2020 una tendencia al alza (gráfico 4)”.

Fuente: FUNCAS – Ni hablar de política

Es muy interesante constatar que desde hace más de doce años, esta realidad ha cambiado en el tiempo, aunque hemos vuelto a las cifras de 2011. Puede parecer innecesario para muchas mentes conformistas, pero sería necesario entrar en profundidades para conocer cuales son las razones de fondo para abordar una respuesta urgente. Este país necesita que hablemos de política todos los días, porque es la quintaesencia de la democracia y porque estamos cayendo en una desafección, conformismo, indiferencia y polarización política alarmantes. Vivimos unos momentos que exigen mucho rigor en la toma de decisiones que facilita la democracia y no todos los programas políticos son iguales, ni los políticos que los ejecutan tampoco. Ser de derechas, centro o izquierda, de sus extremos, también del arriba o abajo actual, en este país, parece que imprime carácter hasta que la muerte te separe y está mal visto socialmente que haya alternancia en la pertenencia a un determinado partido o a otro. Peor todavía, si se habla de ello, porque una gran mayoría de personas dicen a boca llena “no ser políticos o políticas”.

Es verdad que aparentemente parece una gran contradicción estar defendiendo un día los valores de la socialdemocracia más exigente y al otro los del liberalismo más feroz. Normalmente pasa porque las ideologías son un flanco muy débil en nuestro país dado que los partidos no han estado muy finos a la hora de aceptar militantes en sus filas y la formación en la «creencia» en sus idearios brilla muchas veces por su ausencia. Esta es una realidad que hay que aceptar pero lo que no es normal es que haya unos desplazamientos de pertenencia a partidos o de votos, tan agresivos, como a los que estamos asistiendo en la actualidad. El llamado voto de castigo existe, pero deja detrás una gran incógnita: ¿se conocían bien las ideologías y los programas de los partidos a los que se han votado con anterioridad?, ¿se puede cambiar tan fácilmente de chaqueta por los errores de determinados miembros de un partido?, ¿se conocía bien el ideario de un programa, más allá de acciones concretas de algunos representantes eximios del mismo? ¿Por qué no se habla de ello en la familia, en el barrio, en las escuelas, en la Universidad, en el trabajo, en el ocio y negocio de todos los días? Lo que ocurra en este país es asunto de todos y debemos hablar de ello. El escritor Emilio Lledó (1) nos ha recordado muchas veces que la palabra es un medio político inalienable para construir nuestras casas, nuestras ciudades, nuestras amistades, nuestras familias, nuestro trabajo, nuestra ideología, tal y como nos lo recuerda siempre Aristóteles en un texto muy querido para este autor: “Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y eso es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad” (2). En definitiva, la auténtica política, porque al igual que afirma de forma rotunda Emilio Lledó en su obra Sobre la educaciónme preocupa la corrupción mental de determinados representantes políticos, de algunos partidos globalmente o lo que es lo mismo, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente.

Obviamente, en estos tiempos difíciles hay que tomar partido y se debe hablar de ello, como decía Gramsci: “Soy partidista, estoy vivo, siento ya en la conciencia de los de mi parte el pulso de la actividad de la ciudad futura que los de mi parte están construyendo. Y en ella, la cadena social no gravita sobre unos pocos; nada de cuanto en ella sucede es por acaso, ni producto de la fatalidad, sino obra inteligente de los ciudadanos. Nadie en ella está mirando desde la ventana el sacrificio y la sangría de los pocos. Vivo, soy partidista. Por eso odio a quien no toma partido, odio a los indiferentes”.

(1) Lledó, Emilio, Sobre la educación. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, p. 127, 2018.

(2) Aristóteles, Política. Madrid: Biblioteca Básica Gredos, 1253 a., 2000.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Comienzo a otoñar leyendo a Ángel González

Ángel González

Sevilla, 22/IX/2023

Mi escritura es circular y quien frecuenta estas páginas sabe mi aprecio por Ángel González. Estas palabras que siguen las escribí el año pasado y siguen manteniendo su valor cuando se acerca el otoño de este año. Confieso que lo vivo de forma especial al recordarlo hoy de nuevo con emoción y conciencia de clase humana.

Cuando mañana, a primera hora, sean las 8 horas y 50 minutos en horario peninsular (08:50 en Canarias), se igualarán el día y la noche en el hemisferio norte, en una ceremonia temporal y puntual que nunca falla y que los sabios del lugar llaman equinoccio de otoño (aequinoctium, aequus nocte, «noche igual»). Es un aviso para los que nos gusta otoñar, porque también se puede humanizar este tiempo y su momento si somos capaces de aprehenderlo en su justo sentido. Por ejemplo, acudir prestos a compartir esta estación con el poeta Ángel González, aunque él me acompaña siempre a lo largo del año y sus otras estaciones, siendo consciente de que estamos saliendo hoy de un verano obstinado en perpetuarse, / cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Vuelvo a leer en las horas preparatorias del nuevo equinoccio de otoño sus poemas dedicados a los Otoños, en plural, porque existen millones de otoños, los que vive cada ser humano a su forma y manera: mi otoño, tu otoño, su otoño, nuestro otoño, vuestro otoño, el otoño de ellos, de ellas…, el otoñar de todos. De todas formas, los otoños de González me inspiran otra forma de comprender la vida y me gusta compartirlo para hacer más llevadero ese ser y estar en el mundo de todos y cada uno, otoñando la vida. Comienza su entrega de sentimientos y emociones con un poema precioso, El otoño se acerca, que vuelvo a compartir hoy:

El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.

Lo he manifestado en otoños anteriores y hoy, vuelvo a buscar el ángel que se llamaba luz, fuego, o vida, y no lo encuentro, rodeado de malas noticias por todas partes, en un país con desasosiego permanente desde hace ya varios años, en este otoño tan especial que sigue entrando con el ruido de los malos augurios de desastres climatológicos, guerras y economía maltrecha, estando obligatoriamente obligados a entenderlo. Al menos, podemos encontrar un ángel, en medio de tantos demonios, de apellido González. Lo agradezco una vez más, porque necesitamos momentos amables en esta azarosa vida, en este otoño en el que también estamos obligatoriamente obligados a otoñar, que es soñar de una forma diferente, para no perder para siempre ángeles que necesita este país, que necesitamos todos, con nombres preciosos y que hoy día tienen más valor que nunca: luz, fuego y vida.

Gracias, Ángel González, un otoño más, porque sé que te llamas así por los solsticios y equinoccios que alumbraron con su cambiante luz, su vario cielo, el viaje milenario de tu carne trepando por los siglos y los huesos (1). No te olvido.

(1) González, Ángel. Para que yo me llame Ángel González, en Áspero mundo, 1956. Madrid: Rialp.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Hacer el canelo o de majo valentón, esa no es la cuestión

Adolfo de Castro y Rossi (1823-1898)

Sevilla, 21/IX/2023

Corría el siglo XIX y un diccionario bastante desconocido en este país tan olvidadizo de su cultura, de sus palabras, de su memoria democrática, concretamente el del historiador y escritor Adolfo de Castro y Rossi (1823-1898), gaditano por más señas, con un título rimbombante, Biblioteca Universal. Gran Diccionario de la Lengua Española […]. Tomo I [único publicado], Madrid, publicado por las oficinas y establecimiento tipográfico del Semanario Pintoresco y de La Ilustración, en 1852 (NTLLE, CAS G 1852, pág.: 488,1), recogía por primera vez el lema “canelo” con la siguiente definición como sustantivo masculino: “Andalucía. Lo mismo que majo valentón”. A partir de ahí me queda claro, desde mi perspectiva andaluza, que la locución que utilizó Borja Sémper, portavoz del grupo popular en el Congreso de los Diputados, el pasado martes, en la sesión plenaria en la que se tomó en consideración la posibilidad de utilizar lenguas cooficiales junto al castellano en esa sede del pueblo, cuando dijo que el Partido Popular “no haría el canelo” y utilizaría siempre el castellano en el Parlamento, salpicando esta frase con otras en euskera, fue la de un auténtico majo valentón, expresión vinculada al cante flamenco, trianero por más señas, según he podido verificar en mi análisis de la locución, de alguien que se las de algo pero que, si escarbas en él, compruebas que no hay nada digno de mención. Curiosamente, es en el año 1983 cuando se incorpora por primera vez el lema “canelo” en el Diccionario manual e ilustrado de la lengua española (Tercera edición revisada, Tomo I. A-Capachero. Madrid: Espasa-Calpe), como frase figurada y familiar, “hacer el canelo”, entendida como “hacer el primo, hacer el tonto”. Desapareció en la edición del nuevo diccionario “Usual” de 1984, recuperándose de nuevo en el “Manual” de 1989 y así hasta la última edición del Tricentenario, en la actualización de 2022, como locución adverbial exclusivamente: hacer el primo. Desde el Gran Diccionario de 1852, citado anteriormente, nunca más se utilizó la expresión de raíces andaluzas asociada a “canelo”: majo valentón.

Me ha quedado claro que hacer el canelo, es decir, el primo o tonto inútil, nada tiene que ver tampoco con el color de la canela, “dícese de los animales y especialmente de los perros y los caballos”, ni con el árbol de Ceilán, cuya segunda corteza es la canela, sino con la comparación andaluza de majo valentón, porque cuando te acercas a él, a esa persona con apariencia de majo, va desnudo, todo es pura apariencia, lo mismo que le ocurría al emperador del cuento de Andersen, rodeado de los admiradores falsos de siempre. El que quiera entender que entienda, porque Sémper, como majo valentón, lo utilizó para sí mismo, nada más, al hablar también en euskera ante sus señorías como si no pasara nada.

Cuando redacto estas palabras, me llega la noticia de que el Congreso ha aprobado que se hablen las lenguas cooficiales en la Cámara, con los votos en contra del PP y Vox. Ayer publiqué los antecedentes de este momento histórico necesario para garantizar la convivencia de las diferentes culturas lingüísticas en este país, como un elogio de las diferentes lenguas para hablar y dialogar en el Congreso de los Diputados. Con esta aprobación se demuestra que los representantes de más de doce millones de votos en las últimas lecciones generales no han hecho el canelo, ni de mozos valentones. Ahí radica el valor de la democracia.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.perfil.com/noticias/textum/el-autor-espanol-que-en-1847-lamentaba-la-expulsion-de-los-judios.phtml

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!