Nuccio Ordine nos recomendó estar atentos a la música de Franco Battiato

Sevilla, 11/VI/2023

Todavía no me he recuperado del impacto anímico de ayer, al conocer el fallecimiento de Nuccio Ordine. Estaba leyéndolo estos días y con un recuerdo especial a la música de fondo que recomendó a sus lectores en su precioso libro, Clásicos para la vida, que como ya dije en este cuaderno digital en 2018, no deja indiferente a nadie. En aquella ocasión me detuve especialmente en un pasaje que citaba de un libro inolvidable, El mercader de Venecia, de William Shakespeare, que me sigue pareciendo útil en cualquier momento de la vida, ¡Atiende a la música!: “El hombre que no tiene música en sí mismo y no se mueve por la concordia de dulces sonidos está inclinado a traiciones, estratagemas y robos; las emociones de su espíritu son oscuras como la noche, y sus afectos, tan sombríos como el Érebo: no hay que fiarse de tal hombre. ¡Atiende a la música!”. La obra de Shakespeare es un tratado contra la usura y la defensa de los valores humanos. Venecia podría representar hoy al mercado controlado por los hombres de negro, incapaces de poner música en vida alguna.

Aquel consejo recordado por Ordine, ha vuelto a estar presente hoy de nuevo al volver a la lectura de su última obra, Las personas no son islas. La música es una oportunidad para reencontrarnos con nosotros mismos y disfrutar de los placeres del alma que nos proporciona cuando pertenecemos al Club de las Personas Dignas. Este país no se caracteriza por el amor a la música porque no se educa para conocerla y amarla. Si, además, es clásica, hay muchas posibilidades de que la ignoremos por mero desconocimiento o desprecio, con una gran responsabilidad pública al respecto por su silencio institucional cómplice. Tener música es disponer de un bagaje diferente para ser y estar en el mundo.

Repasando con atención este cuaderno digital, se puede comprobar que en numerosas ocasiones hago referencia a la música como una proyección de la inteligencia que cuida, sobre todo, el alma humana. Siguiendo a Shakespeare, soy un hombre que tengo música, que he ordenado a lo largo de la vida mi banda sonora, compuesta para una película jamás filmada aunque siempre se ha grabado en directo. Lo que tengo que reconocer es que la música que escuché por primera vez en determinados momentos de mi existencia, cuando la recupero, es posible que ya no suene igual, porque nadie se baña dos veces en el mismo río y la  música que estaba presente en aquél río que me hizo feliz o me entristeció. de todo hay en la viña del Señor, no suena siempre igual.

Lo he manifestado en varias ocasiones en este cuaderno digital: admiro el simbolismo de la música. Cada día descubro un mundo nuevo al aproximarme al teclado o al arco y mástil del violín, para conocer mejor su alma. Es una experiencia única que me regala la vida y en la que estoy inmerso por los sentimientos y emociones que me ofrece. He descubierto la riqueza sonora del clave, el instrumento tan querido por Bach y Mozart en sus años de éxito sonoro, asimilando a diario algo que ha perdurado a través de los siglos: Musica laetitiae comes, medicina dolorum, es decir, la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor.

Nuccio Ordine terminaba el breve pasaje de Shakespeare citando obras que le conmovían el alma, porque atendiendo la música se puede buscar “la esencia de la vida en aquellas actividades que pueden ennoblecer el espíritu, que pueden ayudarnos a hacernos mejores, que privilegian la esencia sobre la apariencia, el ser sobre el tener”, refiriéndose finalmente a Franco Battiato, que figura curiosamente en un puesto especial de la banda sonora de mi vida, cuando buscaba comprender qué nos quería decir en aquella enigmática canción que llevaba un título programático “Centro de gravedad permanente” y que cantábamos en casa cuando nuestro hijo apenas sabía hablar pero sí cantar su estribillo famoso. Para que no cambie, con el aprendizaje de mi vida, atento a la música, lo que ahora pienso sobre la dignidad de la vida, de las cosas de estío, de la gente…, defendiendo el anhelado centro de gravedad permanente. Ordine me lo recordó hace unos años y hoy se lo agradezco nuevamente.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

En memoria de Nuccio Ordine, el maestro que me enseñó la utilidad de lo aparentemente inútil

Sevilla, 10/VI/2023

Hace tan sólo unas horas, ha saltado la noticia del fallecimiento del filósofo italiano Nuccio Ordine, del que tanto he aprendido y a quien he dedicado páginas de reconocimiento en este cuaderno digital, el último en Las personas no somos islas inútiles, publicado el pasado 5 de mayo al haber recibido el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2023, “por su defensa de las humanidades y su compromiso con la educación y los valores enraizados en el pensamiento europeo más universal. Ordine establece un diálogo con la sociedad contemporánea para transmitir, en especial a los más jóvenes, que la importancia del saber se encuentra en el proceso mismo del aprendizaje. La utilidad de la educación se ha de entender en términos de pasión por la búsqueda del conocimiento y de lo mejor de cada persona, sin circunscribirse a un interés económico. Su trabajo académico, centrado en figuras relevantes del Renacimiento, destaca la necesidad de recuperar la riqueza del humanismo para las nuevas generaciones”. Vuelvo a publicar hoy el artículo citado, como pequeño homenaje a su presencia permanente en mi vida.

Me ha conmovido esta ausencia, tan inesperada, tan triste, porque es un autor de cabecera en mi vida, sobre todo porque aprendí de él la importancia y la utilidad de lo que la sociedad etiqueta como inútil, porque no es mercancía, sólo valor sin precio alguno. Días atrás leía algunas páginas de su última publicación, Los hombres no son islas. Los clásicos nos ayudan a vivir, recordando la sinopsis oficial del libro en la que se indicaba que Ordine continuaba su defensa de los clásicos, «demostrando que la literatura es fundamental para fomentar el entendimiento y la compasión entre las personas. En una época marcada por el individualismo, las terribles desigualdades sociales y económicas, el miedo al «forastero» y el racismo, estas páginas nos invitan a entender que «vivir para los demás» es una oportunidad de dotar de sentido nuestras vidas. Como «La utilidad de lo inútil» y «Clásicos para la vida», este nuevo volumen es una defensa y un himno de todo lo que lamentablemente una parte de la sociedad acostumbra a desairar porque no reporta provecho material”.

Desde su cielo particular, Nuccio Ordine sigue vivo en nuestras vidas, en la mía. Lo agradezco en estos tiempos tan difíciles y tan faltos de liderazgos éticos y útiles para el alma humana. Es verdad que las personas no somos islas inútiles. Él no lo fue y nos animó a descubrirlo día a día.

Las personas no somos islas inútiles

Sevilla, 5/V/2023

Ayer se otorgó el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades al filósofo, escritor y gran conocedor del pensamiento y la literatura renacentista, Nuccio Ordine (Diamante, Italia, 1958), al que he dedicado bastantes páginas de respeto intelectual en este cuaderno digital. Me alegra conocer este reconocimiento por su obra de compromiso activo en relación con la educación como derecho y no como mercancía, tal y como se ha recogido en el acta del jurado sobre la concesión de este Premio: “por su defensa de las humanidades y su compromiso con la educación y los valores enraizados en el pensamiento europeo más universal. Ordine establece un diálogo con la sociedad contemporánea para transmitir, en especial a los más jóvenes, que la importancia del saber se encuentra en el proceso mismo del aprendizaje. La utilidad de la educación se ha de entender en términos de pasión por la búsqueda del conocimiento y de lo mejor de cada persona, sin circunscribirse a un interés económico. Su trabajo académico, centrado en figuras relevantes del Renacimiento, destaca la necesidad de recuperar la riqueza del humanismo para las nuevas generaciones”.

Vivimos instalados en una sociedad utilitarista, presidida por el imperio del mercado y sus mercancías. Los que tenemos la sensación de habernos equivocado de siglo lo pasamos muy mal, lejos del Renacimiento, porque estamos convencidos del placer de lo inútil. La lectura del libro de Ordine, La utilidad de lo inútil (1), me refresca siempre estos conceptos y considero que es una buena recomendación para espíritus inquietos que priman el valor del conocimiento y de la admiración por todo lo que se mueve a nuestro alrededor. Imprescindible para militantes de mi querido Club de las Personas Dignas. Son 172 páginas útiles para comprender el oxímoron (2) “utilidad de lo inútil”, pero se despeja inmediatamente cualquier duda al explicar el autor que la referencia a la utilidad se centra solo en aquellos saberes “cuyo valor esencial es del todo ajeno a cualquier finalidad utilitarista”. Es útil todo aquello que nos ayuda a ser mejores y decir esto en una sociedad de mercado puro y duro es para obtener matrícula de honor en la Universidad de las grandes avenidas digitales del mundo actual, a las que se asiste a clases llamadas “útiles” en zapatillas (pantuflas), como explicaba muy bien en su momento el profesor libertario Michel Onfray: “Si siguiera trabajando dentro del Ministerio de Educación debería respetar un programa, unos autores, unos conceptos, preparar a los alumnos para superar unos exámenes de acuerdo con unas determinadas fórmulas… todo eso está bien pero hay mucha gente que satisface esa demanda, que se adapta al molde. En el Ministerio te dejan enseñar la filosofía como quieres, pero sólo oficialmente porque hay que hablar de Platón, de Aristóteles, de todos los grandes autores, antiguos y modernos… no queda tiempo para adentrarse en otros terrenos”. Si a esto agregamos la realidad de la Universidad digital/global que es en sí mismo Internet, a la que puedes asistir con pantuflas también, desde tu casa, podemos atisbar que el gran reto del siglo actual es trabajar al servicio de la inteligencia compartida, del cerebro, gran desconocido desde el punto de vista científico.

Ordine también ha escrito un manual para enseñarnos el arte de vivir, mostrando un recurso extraordinario basado en la lectura de autores clásicos, que siempre abordaban la vida diaria con arte, porque en ellos se encuentra siempre sabiduría basada en la experiencia de vivir y en su capacidad de admiración de todas las cosas, tal y como me enseñó Aristóteles hace ya muchos años. Me refiero en concreto a su libro de imprescindible lectura, Clásicos para la vida (3), en el que el autor vuelve a defender a capa y espada la utilidad de lo que hoy se llama “lo inútil”. Dice Ordine en su libro que la formación “requiere plazos largos. Orientarla exclusivamente por las presuntas ofertas del mercado laboral es perder de antemano la partida. No necesitamos reformas genéricas, sino asegurar una buena selección de los docentes. Los jóvenes reclaman sobre todo profesores que vivan con pasión y con verdadero interés la disciplina que imparten. Se trata de una exigencia sacrosanta, cuyos efectos beneficiosos todos nosotros hemos podido experimentar en nuestra vida estudiantil [-…] No se puede hablar al alumnado sin amar lo que se enseña”. O tirar de powerpoint o prezi sin más, repitiendo todo lo que allí se expone sin orden ni concierto, sin alma didáctica alguna a pesar de la modernidad digital.

Finaliza el autor con una referencia a Einstein en el capítulo dedicado a la educación en su libro, Mis ideas y opiniones, y su canto a la curiosidad innata en los seres humanos, que permite desarrollar la creatividad y la fantasía, curiosidad de la que tantas veces he hablado en este cuaderno digital. Dice Ordine que: “La buena escuela no la hacen ni las pizarras interactivas multimedia, ni las tablets, ni los managers, ni los demagógicos acuerdos a corto plazo con empresas y centros profesionales: la hacen solo los “buenos docentes”, aquellos que, renunciando a las “medidas coercitivas”, logran que “la única fuente de respeto del alumno al profesor sean las cualidades humanas e intelectuales de éste” (pág. 71s del libro de Einstein). Al docente le incumbe la delicada misión de hacer comprender a sus estudiantes que la enseñanza es una gran oportunidad ofrecida por la sociedad para ayudarnos a hacernos mejores, mujeres y hombres libres capaces de saber vivir”.

Por último, Ordine publicó el año pasado la que considero su última obra didáctica, Los hombres no son islas. Los clásicos nos ayudan a vivir (4), cuya sinopsis oficial nos abre un panorama muy alentador sobre lo que significa el poder liberador de la lectura de los clásicos: “Partiendo de la célebre meditación de John Donne, Nuccio Ordine amplía su «biblioteca ideal» invitándonos a leer—y a releer—más páginas escogidas de la literatura universal. Convencido de que una cita brillante puede despertar la curiosidad del lector y animarlo a leer la obra de la que procede, Ordine continúa su defensa de los clásicos, demostrando que la literatura es fundamental para fomentar el entendimiento y la compasión entre las personas. En una época marcada por el individualismo, las terribles desigualdades sociales y económicas, el miedo al «forastero» y el racismo, estas páginas nos invitan a entender que «vivir para los demás» es una oportunidad de dotar de sentido nuestras vidas. Como La utilidad de lo inútil y Clásicos para la vida, este nuevo volumen es una defensa y un himno de todo lo que lamentablemente una parte de la sociedad acostumbra a desairar porque no reporta provecho material”.

Creo que soy capaz de comprender a Ordine en sus planteamientos, lo que me lleva a tenerlo muy presente en mi clínica del alma, mi biblioteca y en mi escritura diaria. Hoy, más orgulloso que nunca porque me alegra que le hayan concedido un nuevo reconocimiento por su obra, en un mundo diseñado por el enemigo, sobre todo, el capital, en este país tan dual y cainita.

¡Enhorabuena, auguri, Nuccio Ordine, desde Sevilla!   

(1) Ordine, Nuccio,  La utilidad de lo inútil. Barcelona: Acantilado, traducción de J. Bayod Brau, 2017, 17ª ed.

(2) Oxímoron (RAE. Diccionario usual): combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido, como en un silencio atronador.

(3) Ordine, Nuccio, Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal. Barcelona: Acantilado, traducción de J. Bayod Brau, 2017.

(4) Ordine, Nuccio, Los hombres no son islas, Barcelona: Acantilado, traducción de J. Bayod Brau, 2022.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Gratitud en mi cumpledías, porque mi memoria habla

No puedo fingir que no tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito. He tenido relación con el mundo, la especial relación de los escritores y los lectores.

Oliver Sacks, Mi propia vida

Sevilla, 7/VI/2023

Hoy celebro mi cumpledías, matusalénica edad por cierto, simbolizando con estas palabras, que aún me quedan, la gratitud plena a la posibilidad que me ha ofrecido la vida para recorrer el mundo, un peregrinaje yendo del timbo al tambo, que decía Gabriel García Márquez, porque me acogió el siglo pasado, pocos años después de la finalización de la guerra civil en este país y con sus consecuencias familiares. En este contexto tan especial, recuerdo hoy un comentario que hice en 2016, en este blog, sobre un libro que no olvido, Gratitud (1), una recopilación breve de las últimas publicaciones de Oliver Sacks antes de su fallecimiento en 2015, autor al que he dedicado ya algunas palabras en este cuaderno de inteligencia digital, en la búsqueda incesante de islas desconocidas no ciegas al color.

Gratitud, según la última versión del Diccionario de la lengua española (RAE, edición 23, del Tricentenario, en la actualización de 2022), es un sentimiento que obliga a una persona a estimar el beneficio o favor que otra se lo ha hecho o lo ha querido hacer, y a corresponderle de alguna manera. Oliver Sacks, a través de cuatro ensayos breves que recoge en Gratitud, desea expresar su agradecimiento a lo que le ha ofrecido su vida apasionante y llena de contrapuntos existenciales, fruto de una ruptura con la tradición judía y la inmersión en la neurología clínica que tanto ha aportado a la humanidad a través de sus libros llenos del encanto didáctico de la locura existencial.

Mercurio, De mi propia vida, Mi tabla periódica y Sabbat, son cuatro reflexiones llenas de sentimientos y emociones, aunque tengo que reconocer que me quedo con la dedicada a su propia vida, en un ejercicio humilde de la memoria que habla, tal y como lo había expresado él mismo en un artículo excelente sobre la dialéctica de la memoria histórica y relativa, cuando seleccionamos, incluso de forma involuntaria, lo que queremos recordar: “Nosotros como seres humanos hemos desarrollado sistemas de memoria que tienen fallos, fragilidades e imperfecciones” […] “La indiferencia sobre las fuentes nos permite asimilar lo que leemos, lo que nos cuentan, lo que dicen otros y pensar, escribir y pintar, de una forma tan rica y tan intensa como si fuesen experiencias primarias. Nos permite ver y escuchar con los ojos y los oídos de otros, entrar en la mente de los demás, asimilar el arte y la ciencia y la religión de toda una cultura”.

Muchas veces, cuando me enfrento a la lectura de la vida ordinaria, en días sin celebración especial, porque hoy es una excepción, estoy tentado de soñar con la acromatopsia (2), la enfermedad maravillosamente descrita por Oliver Sacks en su obra “La isla de los ciegos al color”, aunque tuviera que pasar fragmentos de la película de mi vida en blanco y negro, donde las tonalidades de gris me permitieran soñar que el color es una versión amable de la vida que los seres humanos podemos captar en toda su gama, sin limitaciones. Surge entonces la pregunta del doctor Sacks en su fascinante libro, cuando se refiere a la persona ciega al color: “¿nos consideraría acaso seres singulares, engañados por aspectos irrelevantes o triviales del mundo visual, o insuficientemente sensibles a su verdadera esencia visual?” (3).

Y vuelvo a leer la última frase de su gratitud a la vida, para aprender de él cómo se puede alcanzar la paz con uno mismo cuando se reconoce el auténtico color de la vida en el carpe diem que, a veces, tanto nos abruma: “Me descubro pensando en el Sabbat, el día de descanso, el séptimo día de la semana, y quizá también el séptimo día de la propia vida, cuando tienes la sensación de que tu obra está terminada y de que, con la conciencia tranquila, puedes descansar”.

Hoy, en mi cumpledías, agradezco también a Mario Benedetti que me regalara esa palabra amable, que tampoco olvido, porque a pesar de mi matusalénica edad creo que no se me nota (la edad,,,) “cuando en el instante en que vencen los crueles entro a diario a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores. He alcanzado una buena edad para cambiar estatutos y horóscopos, dejando que mi manantial mane amor sin miseria”. Gratitud especial en este día, en en el pleno sentido de la palabra gratitud. ¡Qué palabra tan necesaria, tan hermosa! Igualmente, gracias a la vida, en definitiva, que me ha dado tanto, porque me ha dado la memoria que habla, el sonido y el abecedario, con él las palabras que pienso y declaro, madre, amigo, hermano, y luz alumbrando la ruta del alma de lo que estoy amando (Violeta Parra).

Gratitud hoy, especialmente, a las personas que como tú, abrís este cuaderno digital casi a diario, para acompañarme con la lectura de estas palabras, sólo para buscar islas desconocidas de dignidad humana en tiempos difíciles para la democracia. Gracias.

(1) Sacks, Oliver, Gratitud. Barcelona: Anagrama, 2016.
(2) Acromatopsia: ceguera del color, enfermedad que no permite agregar a la óptica de la vida el color. Todo se ve siempre de color gris. Para comprender bien los efectos de esta enfermedad, recomiendo la lectura de un libro de Oliver Sacks, excelente, que tengo entre mis preferidos: La isla de los ciegos al color, editado por Anagrama en 1999. Ante una realidad tan sugerente, recuperaré la lectura que en su momento me sobrecogió tanto y la proyectaré en este cuaderno que registra ya tantas islas desconocidas: “experimentos de la naturaleza, lugares benditos y malditos por su singularidad geográfica, que albergan formas de vida únicas”, en frase del propio Sacks.
(3) Sacks, Oliver, La isla de los ciegos al color. Barcelona: Anagrama, p. 22, 1999.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Ideas para una España nueva, en el 125 aniversario del nacimiento de Federico García Lorca

Federico García Lorca junto a su hermana Isabel, con un libro en sus manos (1914) / Archivo Fundación Federico García Lorca – Centro Federico García Lorca

Sevilla, 5/VI/2023

Porque es necesario que sepáis todos que los hombres no trabajamos para nosotros sino para los que vienen detrás, y que éste es el sentido moral de todas las revoluciones, y en último caso, el verdadero sentido de la vida.

Federico García Lorca (1931), en la Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros

Estuve en 2016 en Fuente Vaqueros (Granada). Fue un momento mágico la visita a la casa natal de Federico García Lorca, recorriendo los rincones donde nació un poeta de mi persona de secreto y de todos, en determinados momentos muy especiales. Estaban allí sus cosas, su alma. Subí a la primera planta, el antiguo granero, y me encontré una exposición temporal inaugurada el 5 de junio, en conmemoración ritual del día de su nacimiento en 1898, sobre la relación hermosa, personal y profesional, con un pintor de Huelva, José Caballero, al que tuve la oportunidad de conocer personalmente a principios de los años ochenta.

Señalo a continuación mis frases marcadas, sin comentario alguno para no contaminar su auténtico sentido. Las entrego a la Noosfera, en un territorio concreto, España, por si hay alguien interesado en valorar el poder de la educación, de la cultura, de la lectura, que es lo que hace libres a los seres humanos. Un regalo con estela, como tantas veces he escrito, como aprendí de mis antepasados.

Vuelvo a publicar aquellas sensaciones anímicas en una visita emocionante, en un cumpledías muy especial. ¿Qué sentía García Lorca por su pueblo? Recordé la alocución dedicada a sus paisanos, con motivo de la inauguración de una humilde biblioteca pública, probablemente en septiembre de 1931, porque su contenido es una magnífica referencia actual al poder que pueden alcanzar las personas a través de la cultura. Compré una edición muy cuidada de la citada alocución, “barata” en el sentido que el poeta daba a esta palabra, no confundiendo valor y precio, con objeto de volver a leer y releer sus palabras y traerlas al imaginario actual previo a las próximas elecciones generales del 23 de julio. Dicho y hecho.

Ideas para un país nuevo, gracias a García Lorca

1. Siempre todas mis conferencias son leídas, lo cual indica mucho más trabajo que hablar, pero al fin y al cabo, la expresión es mucho más duradera porque queda escrita y mucho más firme porque puesto que puede servir de enseñanza a las gentes que no oyen o no están presentes aquí.
2. Los pueblos que viven solamente apegados a la tierra tienen únicamente un sentimiento terrible de la muerte sin que haya nada que eleve hacia días claros de risa y auténtica paz social.
3. Porque en el mundo no hay más que vida y muerte y existen millones de hombres que hablan, viven, miran, comen, pero están muertos […] porque tiene el alma muerta [… porque no tiene amor, ni un germen de idea, ni una fe, ni un ansia de liberación, imprescindible en todos los hombres para poderse llamar así.
4. Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. «Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre», piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.
Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta Biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos.
Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras.
Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!».
Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón.
Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.
Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: «Cultura». Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.
Y no olvidéis que lo primero de todo es la luz.
5. Ya lo dijo el sagacísimo Voltaire: Todo el mundo civilizado se gobierna por unos cuantos libros: La Biblia, El Corán, las obras de Confucio y de Zoroastro. Y el alma y el cuerpo, la salud, la libertad y la hacienda se supeditan y dependen de aquellas grandes obras. Y yo añado: todo viene de los libros. La Revolución Francesa sale de la Enciclopedia y de los libros de Rousseau, y todos los movimientos actuales societarios comunistas y socialistas arrancan de un gran libro, del Capital, de Carlos Marx.
6. La humanidad empujaba misteriosamente a unos cuantos hombres para que abrieran con sus hachas de luz el bosque tupidísimo de la ignorancia. Los libros que tenían que ser para todos eran por la circunstancias objetos de lujo, y sin embargo son objetos de primera necesidad.
7. Se dice que el dolor de saber abre las puertas más difíciles. Y es verdad.
8. Pero con ser esto magnífico [el Renacimiento], el paso grande lo daba el editor Cristóbal Plantino en Amberes. Era de aquella casita con su patinillo cubierto de hiedras y sus ventanas de cristales emplomados, de donde salía la luz para todos con el libro barato y donde se urdía una gran ofensiva contra la ignorancia que hay que continuar con verdadero calor, porque todavía la ignorancia es terrible y ya sabemos que donde hay ignorancia es muy fácil confundir el mal con el bien y la verdad con la mentira.
9. El libro deja de ser un objeto de cultura de unos pocos para convertirse en un tremendo factor social. […] Porque contra el libro no valen persecuciones. Ni los ejércitos, ni el oro, ni las llamas, pueden contra ellos; porque podéis hacer desaparecer una obra, pero no podéis cortar las cabezas que han aprendido de ella, porque son miles y, si son pocas ignoráis dónde están.
10. Cada día que pasa las múltiples casa editoriales se esfuerzan en bajar los precios, y hoy ya está el libro al alcance de todos en ese gran libro diario que es la prensa, en ese libro abierto de dos o tres hojas que llega oloroso a inquietud y a tinta mojada, en ese oído que oye los hechos de todas las naciones con imparcialidad absoluta; en los miles de periódicos, verdaderos latidos del corazón unánime del mundo.
11. Es preciso […] que los maestros se esmeren en no enseñar a leer a los niños mecánicamente, como hacen tantos por desgracia todavía, sino que les inculquen el sentido de la lectura, es decir, lo que vale un punto y coma en el desarrollo y forma de una idea escrita.
12. Porque es necesario que sepáis todos que los hombres no trabajamos para nosotros sino para los que vienen detrás, y que este es el sentido moral de todas las revoluciones, y en último caso, el verdadero sentido de la vida.
13. Y que es preciso que los pueblos lean para que aprendan no sólo el verdadero sentido de la libertad, sino el sentido actual de la comprensión mutua y de la vida.
14. […] y no olvidéis este precioso refrán de un crítico francés del siglo diecinueve: «Dime qué lees y te diré quién eres» [François Mauriac].

Así lo dijo García Lorca. Para que no se olvide, porque en aquella alocución nos indicó algo transcendental que envuelve el momento crucial de depositar nuestro voto en las próximas elecciones generales del 23 de julio: “no trabajamos para nosotros sino para los que vienen detrás, y éste es el sentido moral de todas las revoluciones, y en último caso, el verdadero sentido de la vida”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Manifiesto para antes de votar y para las generaciones venideras

El señor Brecht, después de las elecciones

Sevilla, 4/VI/2023

Dedicado a mis nietos Adrián y Alejandro

A través de mi admirado escritor con compromiso social activo, Manuel Rivas, he conocido un manifiesto precioso publicado en la revista gallega Luzes, El señor Brecht, después de las elecciones, a modo de editorial, en torno a su famoso poema A los que vendrán después, que me ha conmovido por su profundidad en el mensaje expuesto, con una traducción personal del gallego, por la que pido de antemano disculpas si no recoge en alguna de sus palabras y frases el auténtico espíritu gallego con el que está escrito: “Quien vivió la experiencia de la lucha antifascista, al mismo tiempo que Brecht fue, en muchos casos, gente indómita que tuvo el coraje de no sucumbir ante la pesada maquinaria de un terror nunca visto. Por eso el texto dedicado a las generaciones futuras tiene tanta vigencia y utilidad contemporánea. Es el testimonio de alguien que luchó en las circunstancias más adversas, sí, pero que tiene el doble coraje de darle la vuelta al espejo y ver el lado oscuro. Esa zona de sombra que malogró y, malogra, tantas experiencias que nacen con un propósito liberador y son destruidas por la práctica sectaria. Y no hay excusas. Pedir indulgencia a los que van a nacer después es la forma más inteligente de decirles: no hagáis lo mismo. O para decirlo con la ironía de un brechtiano gallego: «No vuelvas a cometer errores equivocados».

Le devuelvo la palabras a Bertolt Brecht, para leer con detalle su poema y no sólo interpretarlo (En Poemas – 1913–1956, trad. de A. Marcos)

A los que vendrán después

1

Realmente vivo en tiempos sombríos.
La inocencia es locura. Una frente sin arrugas
denota insensibilidad. El que ríe
es porque todavía no ha oído
la terrible noticia.
¡Qué tiempos son estos, en que
hablar sobre árboles es casi un crimen
porque implica silenciar tanta injusticia!
Ese, que cruza tranquilamente la calle,
¿será encontrado cuando los amigos
necesiten su ayuda?
Es verdad que todavía me gano el sustento,
pero creedme: es por casualidad.
Nada de lo que hago justifica
que yo pueda comer hasta hartarme.
Las cosas todavía me van bien
(si la suerte me abandonase, estaría perdido).
Me dicen: “¡Come, bebe, alégrate por lo que tienes!”
Pero… ¿cómo puedo comer y beber
si estoy arrebatando al hambriento su comida,
y mi vaso de agua le falta al sediento?
Y sin embargo continúo comiendo y bebiendo.
Me gustaría también ser sabio.
Los libros antiguos nos hablan de la sabiduría:
consiste en apartarse de los problemas del mundo
y, sin temores,
dejar que transcurra tranquilamente
el tiempo de nuestra breve vida en la tierra,
pagar el mal con el bien,
no satisfacer nuestros deseos, sino desecharlos.
He aquí lo que llaman sabiduría.
Pero yo no consigo hacer tales cosas.
Verdaderamente vivo en tiempos sombríos.

2

Llegué a las ciudades en tiempos conflictivos
cuando reinaba el hambre,
me mezclé entre los hombres en época turbulenta
y me rebelé con ellos.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.
Comí mi pan en medio de batallas,
dormía entre asesinos,
traté despreocupadamente los asuntos amorosos,
y fui impaciente con la naturaleza.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.
En mi época todos los caminos conducían al fango,
mis palabras me traicionaban ante el verdugo,
yo era poca cosa. Pero pienso que los gobernantes
se sentían más seguros sin mí.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.
Nuestras fuerzas eran escasas, la meta
se hallaba distante
y aunque podía distinguirse claramente, me parecía
que yo tal vez no la alcanzaría.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

3

Vosotros, que surgiréis del marasmo
en que nosotros nos hemos hundido,
acordaos también,
cuando habléis de nuestras flaquezas,
de los tiempos sombríos
de los que os habéis librado.
Cambiábamos más frecuentemente de país
que de zapatos,
a través de las guerras de clases, desesperados,
porque reinaba la injusticia y nadie se indignaba.
Bien sabemos que el odio contra la ruindad
deforma el rostro
y la rabia contra la injusticia
enronquece la voz. ¡Ah!, nosotros,
que queríamos preparar el terreno para la bondad
no pudimos ser bondadosos.
Pero vosotros, cuando llegue el momento
en que el hombre sea bueno para el hombre,
acordaos de nosotros con comprensión.

Junto con la lectura completa del Manifiesto citado y publicado en Luzes, volviendo de esta lectura a nuestros asuntos, de forma destacada a las próximas elecciones generales del 23 de julio, invito a repasar algunas ideas de este poema de Brecht, porque creo que tienen una actualidad extraordinaria de principio a fin. Ante los resultados obtenidos por la izquierda el pasado 28 de mayo, podemos tener la tentación, como expresa Brecht, de hacer “algo verdaderamente sabio”, apartarnos “de los problemas del mundo / y, sin temores, / dejar que transcurra / tranquilamente / el tiempo de nuestra breve vida en la tierra, / pagar el mal con el bien, / no satisfacer nuestros deseos, sino desecharlos. / He aquí lo que llaman sabiduría. / Pero yo no consigo hacer tales cosas. / Verdaderamente vivo en tiempos sombríos». Tal cual, siento en la actualidad nuestro estado del arte político de la izquierda en nuestro país. Por si nos quedaban dudas, en la segunda parte del poema aborda con un estribillo recurrente, Así fue transcurriendo el tiempo / que me fue concedido en la tierra,  los avatares de la vida diaria, que pueden ser los nuestros, los tuyos, los míos, los de todos, incluso los que a algunas personas nos han llevado a lo largo de la vida a soñar en que el mundo puede transformarse, no sólo cambiarse, como decía Feuerbach, en beneficio del interés general de todos, de su bienestar con mayúscula, reconociendo a estas alturas de la película social, de miedo, que “Nuestras fuerzas eran escasas, la meta / se hallaba distante / y aunque podía distinguirse claramente, me parecía / que yo tal vez no la alcanzaría». Tal cual.

De estos antecedentes viene las hermosas palabras del Manifiesto que he conocido a través de Manuel Rivas, dichas en gallego también y que traduzco de nuevo, referidas a versos de la tercera y última parte del poema: “No, no se puede «preparar al mundo para la cordialidad» con intransigencia, odio y política de facciones. Antes de luchar por el poder, conviene preguntarse para qué se quiere el poder. Sea en el ámbito que sea. No se puede ganar la confianza del electorado cuando el campo propio está lleno de gente herida por la desconfianza. Las elecciones siempre son buenas para aprender. En Galicia existen hoy depósitos de esperanza que permiten vislumbrar un nuevo ecosistema político, más inclusivo, democrático y de autogobierno eficaz. El nacionalismo supo hacerse más cordial, ampliando sus coordenadas sociales y su presencia geográfica. La herencia de las mareas, allí donde prevalecía el espíritu de unión. Y la imprescindible reanimación del espacio socialista en Galicia, con la responsabilidad de «preparar el país para la cordialidad», frente a la «guerra fría» en que la extrema derecha está convirtiendo la política. En la incertidumbre, está el peligro cierto de que prevalezca el retroceso y la descivilización. La mejor respuesta es tejer un pacto alternativo de sociedad decente, de cordialidad democrática”.

Me encantaría transmitir hoy a las generaciones que nacen ahora, a los más jóvenes del país, que en esa tercera parte del poema hay un sentimiento de esperanza fundada en que no se repita la parte más triste de la democracia, la del desencuentro humano llevado hasta límites que tenemos cerca, en Europa, en África, con sus guerras intestinas, y ante el ocaso de la democracia por múltiples factores, con un avance imparable de las derechas más extremas, como ya está ocurriendo en nuestro país, donde las descalificaciones groseras, los bulos más insultantes e infames, junto a las noticias continuamente falsas, inundan los medios de comunicación y las redes sociales, ante un sentimiento generalizado de que “a mí que no me llamen”. Sabemos que muy cerca de nosotros, en nuestros barrios, en nuestra ciudad, en nuestra provincia, en nuestra Comunidad, en nuestro país, reina muchas veces la injusticia y como decía Brecht “nadie se indigna”, se sigue votando a quienes nos hacen daño personal y social, abandonando los cuidados mínimos del Estado de Bienestar. Los que estamos preocupados sabemos que nos pasa: “Bien sabemos que el odio contra la ruindad / deforma el rostro y la rabia contra la injusticia / enronquece la voz”. También, la tentación de abandonar el barco del desencanto y la desafección en el momento más delicado para seguir navegando hacia el Bien Común.

Es en estos momentos cuando Brecht finaliza su poema dejándonos un mensaje para pensarlo detenidamente, sobre todo cuando estamos ante la cuenta atrás de las elecciones generales del 23 de julio, algunos seguimos pensando que hay que preparar el terreno para la bondad, para la cordialidad, que dice el mensaje gallego y porque sabemos que si finalmente no pudiéramos conseguir vencer en las citadas elecciones desde una posición de progreso, de izquierda unida, para que no sea vencida, nunca se debería abandonar esa bondad humana, porque los que vendrán después, deben saber que llegará el día en que personas caminarán por las anchas alamedas de libertad, que decía Salvador Allende, o lo que es lo mismo desde la óptica de Brecht: “cuando llegue el momento / en que el hombre sea bueno para el hombre”, los que vienen después de nosotros deberán acordarse de nosotros con comprensión. Porque lo intentamos. Ese es nuestro reto, nuestro deber político pendiente a la hora de votar el 23 de julio de 2023. Para que no se olvide, ni siquiera un momento.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

España, al revés

Eduardo Galeano  (1940-2015)

Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés.

Sevilla, 2/VI/2023

Es verdad que si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana de este país. En junio de 2023 y unos días después del resultado de las elecciones municipales y locales de mayo, cambiando lo que he estimado oportuno cambiar de la frase original de Galeano (1), España al revés está a la vista: es el país tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies. Sería la visión de una gran mujer, tal y como nos lo cuenta la historia y para aprender siempre de ella. Acabo de leer el editorial que ha publicado hoy el diario El País, Azul oscuro en Andalucía, por un lado, así como los datos del mercado laboral actual que “alcanza el récord de 20,8 millones de ocupados tras sumar 200.000 nuevos afiliados en mayo”, mientras que “el desempleo cae en 49.260 personas hasta los 2,74 millones de parados, el menor nivel en este mes desde 2008”. Estas dos lecturas me llevan a pensar que este país ha entrado en una senda imparable de ejemplos del mundo al revés, porque los resultados de las elecciones “premian” a quienes han estado obstaculizando todo el progreso de este país en esta XIV legislatura o simplemente lo ningunean, en un olvido colectivo cómplice, que da miedo, de los grandes logros sociales que me he molestado en analizar, paso a paso, en el citado ciclo legislativo que culmina con estas elecciones.

He acudido a la base de datos del Senado, como cámara representativa que aprueba finalmente las leyes que regulan el ordenamiento jurídico del país, porque se puede analizar con detalle el largo recorrido de las diferentes disposiciones y los resultados de las votaciones, para que sepamos quienes las han votado a favor o en contra, algo muy importante a considerar porque no es inocente, llevando a cabo una selección de aquellas que bajo mi opinión representan avances incontestables en el Estado de Bienestar, colectivo e individual, que ha supuesto un espaldarazo a la atención preferente de los que menos tienen, de los que más sufren los avatares contextuales de todo tipo, destacando la pandemia, la guerra de Ucrania y sus efectos colaterales, así como el paro endémico,  pero que en general, han permitido salir de una pandemia que ha hecho estragos en el país, sobre todo, otra vez lo digo, de los que sufren la pobreza severa, la exclusión y el olvido social, como hecho que ha llevado al país a una situación de la que se va saliendo poco a poco con resultados extraordinarios como los que citaba anteriormente del mercado laboral. De ahí, mi consternación actual por los resultados del domingo pasado, donde la llamada izquierda, que por su representación en las Cámaras legislativas ha obtenido grandes logros de bienestar social y económico, ha sido golpeada duramente y sin compasión alguna por el frente de las derechas de todo tipo, incluida obviamente la del flanco más extremo.

En esta legislatura XIV (03/12/2019-30/05/2023), se han aprobado 117 leyes, de las cuales destaco las siguientes, por orden cronológico de aprobación, por su impacto en el Estado de Bienestar y que afecta a millones de ciudadanos de este país, aunque se pueden verificar todas, una a una, por orden cronológico, en el hiperenlace que indico:

2020

2021

2022

2023

He elegido 36 botones de muestra de disposiciones que afectan a millones de personas en nuestro país, para el bien de todos, entregándonos derechos y deberes de gran calado. Es un reconocimiento a este Gobierno actual de coalición, con sus luces y sus sombras, de muy difícil gestión, porque todos los gobiernos no son iguales y las políticas que se aprueban tampoco. Creo que era una obligación por mi parte este reconocimiento democrático porque hay que olvidar el olvido y este trabajo de recopilación legal me ha vuelto a recordar cuatro años muy difíciles de gestión pública, marcados por la pandemia y los daños colaterales de la invasión de Ucrania. Para que no se olviden.

Creo que queda claro que, personalmente, no logre entender el resultado de las últimas elecciones generales, sin entrar en muchos detalles que me han conturbado y conmovido, como pudo ser la muerte de miles de personas mayores en las residencia de mayores durante la pandemia y, especialmente, en Madrid, pendiente de sentencias finales por las demandas que obviamente se interpusieron. Tampoco entiendo que no se reconozcan los logros de medidas sociales de amplio espectro, por simplificar, como las de medidas urgentes de prevención, contención y coordinación para hacer frente a la crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19, el establecimiento de la garantía del poder adquisitivo de las pensiones y de otras medidas de refuerzo de la sostenibilidad financiera y social del sistema público de pensiones, la de protección de los consumidores y usuarios frente a situaciones de vulnerabilidad social y económica, el establecimiento del Ingreso Mínimo Vital, la Reforma Laboral, la reducción de la temporalidad en el empleo público; la regulación de la eutanasia, de la Memoria Democrática, la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI, la garantía integral de la libertad sexual, a pesar de sus controvertida redacción antecedente, así como la ordenación y regulación del derecho a la vivienda, no dejando atrás las leyes sustantivas de Presupuestos que permiten llevar a cabo las políticas públicas de un país.

Dicho lo anterior, creo que vivo en un país al revés, que estoy obligatoriamente obligado a entenderlo, como tantas veces he expresado en este cuaderno digital y lo expresaba ayer en pocas palabras: “en el álbum musical de mi vida ocupa un sitio privilegiado una canción muy breve interpretada por Aguaviva, Ni yo tampoco entiendo, con letra del poeta malagueño Rafael Ballesteros, que procuro aplicarla todos los días por su mensaje final [“De este mundo los dos sabemos poco. / Y sin embargo, estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo”]. El domingo finalizó el nuevo proceso de elecciones municipales y locales en el que nos hemos visto inmersos y que, por sus resultados, muestra de forma clarividente que todos, sin excepción, estamos obligatoriamente obligados a entenderlos: partidos políticos y ciudadanía, casi por igual, teniendo muy claro que la derecha no es igual a la izquierda, ni al revés, porque los votos son de los ciudadanos que votan con una determinada ideología, muchos siguiendo a pies juntillas el «todo vale». Pretendemos, con nuestro voto, ser dueños de nuestro destino, algunos con más ensoñación democrática que otros”.

En este país al revés, en mi Comunidad Autónoma, al Sur, que también la veo al revés, traigo a colación una pregunta que Eduardo Galeano plantea en su escuela famosa de ese mundo al revés: En el siglo doce, el geógrafo oficial del reino de Sicilia, Al-Idrisi, trazó el mapa del mundo, el mundo que Europa conocía, con el sur arriba y el norte abajo. Eso era habitual en la cartografía de aquellos tiempos. Y así, con el sur arriba, dibujó el mapa sudamericano, ocho siglos después, el pintor uruguayo Joaquín Torres García. Nuestro norte es el sur, dijo. Para irse al norte, nuestros buques bajan, no suben. Si el mundo está, como ahora está, patas arriba, ¿no habría que darle vuelta, para que pueda pararse sobre sus pies? Excelente pregunta, expectante como estoy sobre lo que pueda pasar en las próximas elecciones del 23 de julio. Ojalá podamos dar la vuelta a lo ocurrido el pasado 28 de mayo y parar sobre nuestros pies este país, para que continúe como hasta ahora en esta última legislatura, con sus luces y sombras, pero defendiendo siempre el interés general, que no lo ponga la derecha patas arriba, sobre todo descuidando voluntariamente a los más necesitados de atención individual y colectiva. De esta forma y con una política progresista, de izquierdas, se podrían alcanzar de nuevo los resultados pretendidos en defensa de un país más justo, con una forma de hacer política que cuide a la ciudadanía hasta las últimas consecuencias porque, visto lo visto, todos los políticos y todas las políticas que representan, está muy claro que no son iguales.

Tampoco olvido a mi paisano Luis Cernuda cuando escribió en 1931 unas palabras preciosas sobre mi Comunidad, Andalucía, también al revés, en un artículo publicado sobre “José Moreno Villa o los andaluces en España”: “Andalucía, ya se sabe, es el Norte de España; pero no la busquéis en parte alguna, porque no estará allí. Andalucía es un sueño que varios andaluces llevamos dentro”. Es una metáfora preciosa basada en la actitud transformadora del aquel poeta malagueño, olvidado por muchas personas instaladas en el síndrome del Sur o que sufren el complejo territorial español de nuevo cuño, por mucho que Mario Benedetti se esforzara en resaltar las virtudes de esta localización privilegiada. Porque el Sur, a la izquierda, no al revés, también existe.

(1) Eduardo Galeano, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, Madrid: Siglo XXI Editores de España, 1998.

NOTA: la imagen se recuperó el 2/I/2021 de Eduardo Galeano, la voz de América Latina – Blog (edufors.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

‘Enlorquecidas’, en un teatro de barrio en Sevilla

Sevilla, 31/V/2023

La semana pasada asistí en un teatro de barrio de esta ciudad, Távora, en el Cerro del Águila, a una representación especial por parte de la Compañía Hartateatro, de una obra excelente en su producción, dirección e interpretación, con un título que tiene muy presente la vida y obra de Federico García Lorca, Enlorquecidas. Una obra original de Marta Ocaña basada en textos del poeta granadino en los que la presencia de sus mujeres tenía un sentido especial. Su sinopsis oficial no deja lugar a dudas sobre su fondo y forma: “Siete mujeres vienen a darle voz a aquellas nacidas de manos de Lorca a través de palabras, cante, baile y música en vivo de la mano del flamenco. Mujeres que, como todas nosotras, han nacido en un entorno de opresión con marcados roles de género. Como dijo Juan en Yerma, “las ovejas en el redil y las mujeres dentro de sus casas”. Cada una de ellas atraviesa un mismo camino lleno de vidas condicionadas por el deber de una mujer, la felicidad de una boda, la crítica de un pueblo o el latido de unos caballos con un deseo que no se apaga. Celos, juicio y opresión que despiertan la necesidad de un cambio hacia la comprensión y la libertad de la mujer”.

También presentan en síntesis su puesta en escena: “Enlorquecidas hace un recorrido desde una energía sombría, llena de colores oscuros, hasta la aparición de colores vivos, como símbolo de libertad. Bernarda Alba ya dijo “Ojalá tardéis muchos años en pasar el arco de mi casa” y Julieta en El Público “No he tropezado con una amiga en todo el tiempo, a pesar de haber cruzado más de tres mil arcos vacíos”. Esta obra invita, precisamente, a un viaje a través del “arco”. Un arco que nos llama hacia el cambio. Un camino que se muestra a través de las mujeres y sus ropas, y de sillas en movimiento, que forman parte de ese mundo sin luz. Elementos que ayudan a estas mujeres atemporales en su transformación a lo largo de la obra. Todo ello acompañado en directo por el flamenco con música en vivo”.

Me pareció una representación excelente, conjuntada y reivindicativa de principio a fin, utilizando el quejío de siete mujeres en diferentes roles que llevaban a Lorca dentro. Procuré experimentar sensaciones especiales como escuchaor de sus palabras, de su cante, de su baile, de su danza, de sus lamentos, de sus gritos, de sus quejíos. Un ambiente especial se respira en el Teatro Távora, un teatro de barrio de los que amaba Mozart, como lo expresó de forma rotunda al estrenar en uno de Viena su ópera maravillosa La Flauta Mágica, frente a otras posibilidades de haberlo hecho en teatros reales, de la Corte, que en Viena eran tan importantes.

Me sentí escuchaor de esta obra extraordinariamente representada por el elenco de la Compañía Hartateatro, porque las personas que vivimos en Andalucía, que respetamos su identidad, es decir, su extraordinaria «superficie espiritual», que decía García Lorca, sobre todo porque llevamos la luz con el tiempo dentro, como Juan Ramón Jiménez definía a Moguer, su pueblo y las personas que vivían en él, hemos aprendido a escuchar la vida de nuestro alrededor y llevarla a la poesía, al cante, al baile, al sentir cotidiano y Enlorquecidas rescata a García Lorca en su reivindicación del papel de la mujer en el mundo desde Andalucía. Luis Cernuda, contemporáneo suyo, hizo un retrato precioso del andaluz porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera, como escuchaores y escuchaoras de todo lo que se canta con el dolor de esta tierra, como como le gustaba decir a Antonio Mairena: ¨[…] la actitud experimental , la búsqueda, la inquietud y la curiosidad, son cualidades imprescindibles para ser y hacer flamenco. La cantaora y el bailaor, la guitarrista o el fotógrafo que intenta captar el duende inaprensible, así como el oyente o escuchaor que diría Antonio Mairena- buscan -o deberían buscar- no salir indemnes de la experiencia. Quiero decir con ello que el flamenco no resbala por la piel, sino que la modifica para siempre. Es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación del impacto” (1). Con las letras de su cante jondo, desgarrado, como el que se cantó durante la representación de esta obra de raíces lorquianas, que escucho siempre con atención reverencial para seguir luchando y viviendo en pleno siglo XXI, porque el quejío del flamenco, como escuchaor, no resbala por mi piel, sino que la modifica para siempre. He comprendido bien que escuchar el dolor actual de esta tierra, de las mujeres “enlorquecidas”, es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación de su impacto en mi alma de secreto, para honra de Andalucía y sus gentes, tal y como lo aprendí de las palabras de García Lorca pronunciadas hace tan solo cien años, en el primer Concurso de Cante Jondo, “canto primitivo andaluz”, tal y como rezaba en el cartel promocional del evento, celebrado en Granada en los días 13 y 14 de junio de 1922.

Escuché durante la representación, dos veces, una canción sefardí que García Lorca rescató en una letra que se hizo muy popular: La Tarara, sí; / la tarara, no; / la Tarara, niña, / que la he visto yo. // Lleva la Tarara / un vestido verde / lleno de volantes / y de cascabeles […] Con esta canción, tan querida por el pueblo, se demostró de forma sencilla que no hay fronteras ni murallas cuando abrimos el corazón a la cultura. Una sencilla canción rememoró en nuestra memoria de hipocampo el contenido de una letra cuya melodía se la debemos a músicos árabes que vivieron durante siglos en Andalucía, en Sevilla. La letra era otra cuestión, aunque todos coincidíamos en la versión que nos regaló García Lorca en 1931, en su andar de compromiso activo, del timbo al tambo, por estas tierras españolas de Dios: La Tarara, sí; / la tarara, no; / la Tarara, niña, / que la he visto yo. // Luce mi Tarara / su cola de seda / sobre las retamas / y la hierbabuena. // Ay, Tarara loca. / Mueve, la cintura / para los muchachos / de las aceitunas.

Cuando salí del Teatro Távora, saboreando lo que allí había escuchado y visto, recordé mi viaje a Viena en 2007, a través de la mirada de Papageno en su puerta del teatro sobre el río Viena, mi querido Teatro de barrio, libro que publiqué en 1987, en cuya contraportada figuraba Papageno, como homenaje a este protagonista excelso de La flauta mágica, sintiéndose cómplice del movimiento de la Secesión, A cada época su arte, al arte su libertad, situado personalmente a escasos metros de su deteriorada figura, cubierto de plumas y con su inseparable jaula para meter/sacar los pájaros encantados sin saber nunca a qué tipo de pájaros –uccellaci o uccellini, pasolinianos- se estaba refiriendo en su larga andanza desde el siglo XVIII hasta nuestros días. Lo contemplé en aquel viaje durante bastantes minutos y cerrando los ojos imaginé el día del estreno de su maravillosa ópera, el 30 de septiembre de 1791, dos meses antes del fallecimiento de Mozart, dirigiéndola en un teatro muy sencillo, de un barrio alejado del Anillo Real y de la Iglesia Oficial de Viena. Así, hasta contemplarlo hoy de nuevo en mi mente, cuando vuelvo con Enlorquecidas a un teatro de barrio, el Távora, muy especial y querido en Sevilla.

(1) Ordóñez Eslava, Pedro, Flamenco y vanguardia. En un instante, un quejío y un anhelo, en Andalucía en la historia, 74, 2022, p. 41.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

¡Cuidemos bien el voto en este día!

Sevilla, 28/V/2023

Hoy, un día clave para la democracia en nuestro país, en el que se vota para elegir a representantes políticos en 12 autonomías y 8.131 ayuntamientos, he recordado de nuevo unas palabras preciosas de Juan Ramón Jiménez, poeta al que tanto admiro, a modo de introducción a su querido diario como poeta recién casado (1), recogidas del sánscrito -¡ay, la influencia de Zenobia!-, porque resumen perfectamente el cuidado extremo que debemos observar con nuestras responsabilidades individuales y colectivas en este día grande para la democracia:

¡Cuida bien de este día! Este día es la vida, la esencia misma de la vida. En su leve transcurso se encierran todas las realidades y todas las variedades de tu existencia: el goce de crecer, la gloria de la acción y el esplendor de la hermosura.

El día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. ¡Cuida bien, pues, este día!

Es difícil encontrar un prontuario de cómo actuar de forma responsable en tiempos difíciles para la política digna, pero estas palabras de Juan Ramón Jiménez descubren todos los ámbitos de la vida de cada persona que ahora, más que nunca, deberíamos tener en cuenta mediante actos responsables, personales e intransferibles. Un día como hoy, en el que se vota, como debería ser al fin y al cabo cada día, encierra también todas las realidades y todas las variedades de la existencia, proyectadas en tres situaciones que nos llenan de esperanza en momentos que necesitamos reforzar ilusiones y oportunidades para seguir adelante, políticamente hablando: crecer caminando siempre hacia adelante, actuar de forma saludable de tal forma que ennoblezca cada acto humano y descubrir la belleza de la hermosura de todo aquello que se hace bien respondiendo a la ética personal y colectiva, atendiendo al suelo firme (la solería de nuestra vida) que justifica todos los actos humanos, algo sobre lo que escribo con frecuencia en este cuaderno digital.

Este principio de realidad freudiano nos permite a su vez reflexionar sobre lo que ha ocurrido hasta ahora en la política general y municipal en este país, a veces algo más que un mal sueño, mientras que no se sabe cómo será el mañana. Juan Ramón Jiménez aborda esta dialéctica con una recomendación muy sabia: si hoy hacemos bien las cosas, votando de forma responsable, puede convertirse el tiempo transcurrido hasta ayer en un sueño y cada mañana en una visión de esperanza. Esa es la razón y no otra, de cuidar bien el voto de hoy, de este día mío, que es también tuyo, de los demás, de todos, porque encierra todas las realidades y todas las variedades de nuestra existencia: el goce de crecer, la gloria de la acción y el esplendor de la hermosura de la vida digna, viviendo la libertad que nos entrega hoy, de nuevo, la democracia.

(1) Jiménez, Juan Ramón, Diario de un poeta recién casado (1916-1917), Madrid: Visor Libros, 2011.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La jornada de reflexión hermosea la democracia y el voto

Sevilla, 27/V/2023

Mañana, como quien espera el alba de la democracia, se votará en las elecciones municipales y autonómicas, donde corresponda. En tal sentido, hoy está declarada esta jornada antecedente como de reflexión. Por ello, recupero lo que he escrito sobre el fondo y forma de esta jornada, en varias ocasiones, en este cuaderno de bitácora, que guardo en el cuarto de derrota personal, utilizando el lenguaje del mar, salvando lo que haya que salvar. Sobre todo, para comprender este día tan importante en democracia, viviendo en un mundo y en un país al revés. Todo tiene su tiempo y su momento, respetando el fondo y la forma de una reflexión del Eclesiastés (Qohélet), en su extraordinario capítulo 3º, al decirnos alto y claro que tenemos hasta 27 oportunidades para disfrutar de un regalo llamado tiempo a lo largo de la vida: nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra y paz.

Ahora agrego dos más, el tiempo de reflexionar y el de votar en las elecciones que se celebrarán mañana. Vuelvo a leer con detalle las diferentes modalidades del lema “reflexión” y sus derivados en el Diccionario de Autoridades (RAE) que tanto aprecio y en su contexto vuelvo a valorar una palabra vinculada con el adverbio de modo “reflexivamente”, que recupero de nuevo para festejar esta jornada tan democrática. Se trata del verbo “hermosear” que vinculo hoy a la democracia porque ésta se hermosea con la reflexión que podemos llevar a cabo antes de acudir al acto de votar. Votar enriquece la democracia, la hermosea que decían los clásicos, porque mediante el voto responsable se considera y se da una segunda oportunidad a nuestro acto de decidir porque, en definitiva, se piensa más cuidadosamente todo.

Así reflexionaban nuestros antepasados del siglo XVIII en este país y así lo recogió el Diccionario de Autoridades (1734) para la posteridad, enriqueciendo ese acto tan sencillo, aparentemente, de reflexionar. La calidad intrínseca que contiene el verbo «hermosear» también lo recoge el citado diccionario con una acepción preciosa: “Hacer vistosa, perfecta y hermosa una cosa”. Quizá está ahí su encanto, porque si reflexionamos hoy sobre lo que va a ocurrir mañana a través de nuestro voto responsable, con sus consecuencias obvias, hacemos vistosa, perfecta y hermosa la democracia.

Para que no se olvide hoy a los millones de electores en el país, en Andalucía, en mi ciudad, Sevilla, ni siquiera un momento, en esta jornada tan vistosa de reflexión. Mañana…, tampoco. Como me está permitido reflexionar en mi alma de secreto, por ahora, he pensado por un momento que la política elige al que la ama, cuando la decencia es ideología estructural de la persona en su vertiente aristotélica en estado puro. Si la vida elige al que la ama, la muerte no existe, es decir, si la política elige al que la ama, el fracaso político en sí mismo no existe. ¿Acaso borra lo que un hombre político puede hacer en vida, durante una legislatura? ¿Borra sus méritos, su legado, su trabajo bien hecho, que siempre merece la atención de los otros, como nos recordaba admirablemente Luis Cernuda cuando se dirigía con estas palabras a sus paisanos sevillanos? No. Así que… Fracaso político, ¿qué eres? No eres nada. Te gustaría ser tan importante como la Política o Vida de conciencia de clase. Pero la auténtica Política dura una Vida, amiga mía. Y tú, Muerte/Fracaso Político, solo duras un instante, el instante en el que llegas.

En estos días, los líderes políticos de este país, que tienen la responsabilidad (conocimiento de la situación más libertad de decidir) de ponerse al frente de Ayuntamientos y Comunidades Autónomas (las que corresponda), deberían pensar que la verdadera política solo elige al que la ama y no se aprovecha de ella. Eso es lo que esperamos cariacontecidos las personas de buena fe política que hemos crecido con conciencia de clase más que con sentimiento de ella, porque no es lo mismo. La conciencia permanece, pero el sentimiento suele morir porque es pasajero. Es lo que, mañana, llevará mi voto dentro.

NOTA: la imagen se recuperó el 1 de diciembre de 2018 de http://blog.cristianismeijusticia.net/2015/04/10/inmigracion-y-nuevas-encrucijadas-como-ser-profeta-en-un-mundo-diverso

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Necesitamos la ideología no inocente, mediante el voto, para transformar la sociedad

Ideología, en una nube de palabras de este artículo

Sevilla, 26/V/2023

Quedan dos días para votar en las elecciones municipales en esta Comunidad, también en el país. Percibo una clamorosa ausencia de ideologías en las conversaciones cercanas, trufadas de una superficialidad “política” que espanta. Las ideologías existen, sobre todo con el reconocimiento de la primera vez que se recoge en un Diccionario Nacional o Gran Diccionario Clásico de la Lengua Española (1846-47), editado en Madrid-París en 1847 y elaborado por Ramón Joaquin Domínguez, en el que se desarrolla esta palabra, no circunscribiéndola exclusivamente a «la ciencia de las ideas», sino a algo muy importante: «Ciencia que tiene por objeto describir y manifestar el modo de formarse las ideas, las combinaciones que con ellas hacemos en la mente, las operaciones todas del entendimiento, en fin de las admirables facultades del alma».

Las elecciones del próximo 28 de mayo suponen siempre convertirse en una prueba objetiva para medir la madurez democrática en nuestro país, en nuestra Comunidad, en mi ciudad, Sevilla, en un año especialmente complejo por la situación política mundial, destacando la pertinaz guerra de Ucrania y sus daños colaterales, que son muchos, junto a la recuperación de este país, tan dual y cainita como demuestra la historia reciente. Vuelve a ser una oportunidad para calibrar la oferta política actual ante el panorama preocupante que nos ofrecen las encuestas en relación con la fragmentación real de los votos de la izquierda, porque la derecha de centro y extrema está convencida de que la lealtad de sus electores se volverá a demostrar con el nuevo reguero de votos provenientes de partidos en caída libre como Ciudadanos, por ejemplo y en su trabajo de zapa permanente para socavar la auténtica democracia a través de diferentes supremacías nacionalistas de nuevo cuño, tanto ideológicas, de raza, creencia o de religión. Lo que verdaderamente es un clamor popular, es que hay un denominador común de desconcierto ciudadano ante el desencanto por hechos irrefutables de corrupción política y por el paro que, aunque ha mejorado en sus cifras globales, sigue azotando sin piedad a los jóvenes de mi Comunidad, de mi ciudad.

Ante este panorama tan complejo y preocupante, es necesario reflexionar en voz alta, como en ocasiones anteriores, sobre las actuaciones que pueden ayudar a despejar las incógnitas electorales que nos abruman en estos días que anteceden al 28 de mayo. Hay que considerar, en primer lugar, una base política, como ciudadanos de a pie, como punto de partida para preparar un voto razonable y que lo sustente. Se resume en una sola palabra, ideología, porque cuando existe la ideología, que forja siempre una creencia, la política se hace virtud ciudadana, porque es consecuente, porque somos ciudadanos políticos, en la clave que enseñó Aristóteles. Las ideologías no son inocentes, como tantas veces he explicado en este blog. Solo me refiero en la situación actual a las ideologías democráticas, las que pueden considerarse por su contenido de respeto a las personas y a la sociedad en general, en el largo camino que existe desde la izquierda a la derecha del arco político actual.

La ideología es una proyección fantástica de la inteligencia, entendida ésta como la capacidad que tiene todo ser humano para resolver problemas, gran objetivo de la política a través de programas electorales. La inteligencia que vehiculizamos a través de la ideología podemos llamarla inteligencia social o inteligencia política, porque es evidente que ésta no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja lo que está pasando en el mundo que nos rodea y cómo se reacciona ante estos momentos electorales donde se decide cómo se van a abordar los problemas reales y actuales en Andalucía, por ejemplo, a través de los programas de los partidos que participen en esta primera etapa anual de participación ciudadana mediante el voto. Es lo que aprendí hace ya muchos años del pensador neomarxista Georg Lukács, cuando decía que “no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1).

El cerebro necesita claridad conceptual, ideología, para comprender lo que ocurre y ahí está la clave de la no inocencia. Mientras unos o muchos entorpecen el conocimiento de la verdadera dimensión social de lo que ocurre, otros desean introducir cordura en la comprensión y vías de salida a la misma. Es decir, la ideología que está detrás de los partidos no es inocente y el cerebro necesita ordenar ideas fundamentales para llegar a caracterizar el pensamiento y proyectarlo en la realidad social económica, educativa, de salud y bienestar social que cada persona debe elegir para ser y existir todos los días, de acuerdo con el programa político que mejor responde a la ideología de cada persona, a su creencia. Así lo ha fijado, limpiado y dado esplendor a través del lema ideología, el Diccionario de la Lengua Española, en su segunda acepción (texto en cursiva). Por algo será. Y los Gobiernos, los partidos, los representantes políticos lo saben, es decir, tampoco son inocentes y no vale cualquier respuesta a las ideas fundamentales, mediante el voto, en unas elecciones, porque todos no son ni somos iguales en el país, en Andalucía, en mi ciudad. Afortunadamente.

Creo que ante la convocatoria de las próximas elecciones municipales, estamos obligatoriamente obligados a votar, por diversas razones. La primera, porque la democracia se construye entre todos y la traducción inmediata para vivir en ella es formar parte activa de su configuración que, hoy por hoy, pasa por participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo que cada uno vota. La segunda razón estriba en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado para vivir dignamente, entendida como la capacidad de resolver problemas en el día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Guido Orefice o Roberto Benigni, tanto monta-monta tanto, el protagonista de La vida es bella, explicaba bien cómo podíamos ser inteligentes al soñar en proyectos: poniendo (creando) una librería, leyendo a Schopenhauer por su canto a la voluntad como motor de la vida y sabiendo distinguir el norte del sur. También, porque cuidaba de forma impecable la amistad con su amigo Ferruccio, tapicero y poeta. Hasta el último momento. Y la libertad, sin ira, libertad, para dar respuestas a las cuestiones cotidianas en las que estamos inmersos en el acontecer diario. Esa es la dialéctica de la responsabilidad, conocimiento más libertad, entendida como respuestabilidad (perdón por el neologismo), quedando probado que se puede librar de convertirse en mercancía cuando se sabe distinguir valor y precio. En tercer lugar, porque hay que pensar en el día después de las elecciones, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con mi voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel de color blanco, alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político, como el campo, es para quien lo trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma. Somos, como bien decía Aristóteles, animales políticos queramos o no decirlo o sentirlo en lo más íntimo de nuestra intimidad.

Lo que no se comprende es la abstención masiva, dejar pasar una ocasión mágica de la democracia, no depositando el voto, dejando que los Ayuntamientos de la Comunidad Autónoma de Andalucía, por ejemplo, viajen posiblemente, de nuevo, hacia ninguna parte, como si la cosa política, la res pública, no fuera cosa de todos, a pesar de lo que muchas personas piensan en la actualidad, que la política es uno de los principales problemas de este país. El Partido Abstencionista prepara ya, apasionadamente, estas elecciones en todo el país, en Andalucía. Estamos avisados.

Y una cosa más. A diferencia de la famosa frase atribuida dudosamente a Groucho Marx, “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”, siempre escribo y no me escondo sobre mis principios éticos para vivir dignamente, interpretando la política e intentando transformar la sociedad salvando siempre el interés general. Si estos principios ideológicos no gustan a los demás, no tengo otros. Sé que las personas que lean estas palabras pensarán con nostalgia en días ya lejanos para algunos, en los que con orgullo, conciencia y sentimiento de clase no nos importaba sentirnos parte de lo que todo el mundo conocía como “la izquierda” y que te identificaran como integrante de sus formaciones políticas que no ocultaban con actitud vergonzante sus siglas e ideologías implícitas. Tampoco importaba que los que no estaban en este espacio ético de la izquierda se burlaran de nuestras «utopías», como la de los ideólogos de siempre, porque para tranquilizar sus conciencias han llamado y siguen llamando hoy a toda pre-ocupación por los demás desde las políticas de izquierda, la de los “comunistas”, sobre todo cuando se centran en el beneficio del interés general, de los nadies de Eduardo Galeano, de los que menos tienen (por cierto, no solo en relación con el dinero). Esa ideología es la que hay que recuperar en beneficio de todos, la que permita devolver el interés de vivir a los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida. Si se consigue con una ideología concreta, porque todas no son iguales, podremos ser felices por nuestra responsabilidad electoral llevada a feliz término a través del voto, basado en una ideología, no inocente, gracias al alma política de cada uno, que también existe, tal y como se entendía en nuestro país la ideología desde el siglo XIX y expresado de forma sorprendente en el Diccionario Clásico de la Lengua Española (1846-47), elaborado por Ramón Joaquín Domínguez. Ideología, ¡qué palabra tan hermosa! Recuperémosla.

(1) Lukács, G. , El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 5, 1976.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!