Queremos Ayuntamientos más justos y que cuiden a las personas

Sevilla, 25/V/2023

Dentro de tres días votaremos en nuestros país en las elecciones municipales o de Comunidades y Ciudades Autónomas, según corresponda. Sé que hablar de justicia y cuidados, como pilares básicos, entre otros, del Estado de Bienestar, suena a muchas personas como música celestial, pero creo que es importante romper silencios cómplices y destacar algunas acciones sociales que son dignas de reconocimiento personal y social, como es la que está llevando a cabo la ONG Intermón-Oxfam en España, con un trabajo silencioso pero eficaz sobre la necesidad de definir políticas de justicia y cuidado social, como figuran en su último informe elaborado a tal efecto, El país justo que queremos. Justo el país que queremos. Elecciones generales 2023. Documento de trabajo que, finalmente, serán atendidas también por los Ayuntamientos en su recta final de concreción.

Es verdad que el citado informe es un documento de trabajo que se completará en el mes de junio próximo con propuestas concretas acerca de la justicia y cuidado sociales en este país, pero también esperamos que los municipios y las Comunidades Autónomas trabajen en sus programas políticos desde ya en las líneas expuestas en el citado informe: “Durante el último año, Oxfam Intermón ha trabajado en un amplio conjunto de propuestas para las próximas elecciones generales, medidas enfocadas a combatir las desigualdades tanto en España como en el resto del mundo. En los próximos meses seguiremos recogiendo y debatiendo ideas y experiencias con numerosas organizaciones de la sociedad civil, con el objetivo de presentar, en junio de 2023, una batería de medidas concretas que deseamos ver reflejadas en los programas electorales”. En concreto son “14 iniciativas relacionadas con las cuatro transiciones que sintetizan nuestra mirada: un país que pone en el centro los cuidados, la justicia global, climática y socioeconómica”:

Visto lo visto, conocer los programas que muestren una sensibilidad especial con las cuatro “transiciones” expuestas y las 14 iniciativas señaladas, que las complementan, sería una forma de trasladar a nuestros votos la fuerza del compromiso social para participar en esta necesaria transformación del país, de nuestras Comunidades y de los Ayuntamientos que lo conforman. El informe merece la pena leerlo completo, porque comprenderíamos mejor que el país podría transformarse en un país más justo y que cuida, si fuéramos capaces de desarrollar acciones socioeconómicas concretas, llevando a cabo una transición que apueste por un sistema integral de cuidados, una transición geopolítica que apueste por la justicia global, continuando con una transición ecológica que implique justicia climática y una última que permita avanzar como una sociedad menos desigual a través de la justicia socioeconómica.

Sé que leer estos informes puede ser una tarea compleja, porque necesitan de nuestro tiempo, aunque creo que también pueden ser una clínica del alma en tiempos difíciles. Sé también que quedan las palabras en los libros y en este tipo de informes que llaman a nuestra conciencia social. Una vez más, recuerdo que en estos momentos tan delicados para la humanidad por los múltiples problemas que nos acucian a diario, tenemos la obligación ética de hacer una operación rescate de placeres útiles como el de la lectura, proclamándola como medio de descubrimiento de la palabra articulada en frases preciosas, cuando lo que se lee nos permite comprender la capacidad humana de aprehender la realidad de la palabra escrita o hablada. Maravillosa experiencia que se convierte en arte cuando la cuidamos en el día a día, aunque paradójicamente tengamos que aprender el arte de leer cuando vamos siendo mayores, porque la realidad amarga es que no lo sabemos hacer, ni hay un compromiso de Estado para que España lea: “¿Pero qué queremos decir con “saber leer”? Conocer el alfabeto y las reglas gramaticales básicas de nuestro idioma, y con estas habilidades descifrar un texto, una noticia en un periódico, un cartel publicitario, un manual de instrucciones… Pero existe otra etapa de este aprendizaje, y es ésta la que verdaderamente nos convierte en lectores. Ocurre algunas afortunadas veces, cuando un texto lo permite, y entonces la lectura nos lleva a explorar más profunda y extensamente el texto escrito, revelándonos nuestras propias experiencias esenciales y nuestros temores secretos, puestos en palabras para hacerlos realmente nuestros” (1). El informe de Intermón-Oxfam El país justo que queremos. Justo el país que queremos. Elecciones generales 2023, puede ser una oportunidad y un buen ejemplo de lo expuesto por mi admirado Alberto Manguel.

(1) Manguel, Alberto (2015, 18 de abril). Consumidores, no lectores. El País, Babelia, p. 7.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La atención humana es para el capital pura mercancía

Las damas de la noche, atentas en el silencio

Nada es para siempre.

Por eso debemos estar atentos, listos para el cambio, preparados para toda circunstancia porque la vida es como es, no como debería ser.

Facundo Cabral, en No estás Deprimido, estás Distraído

Sevilla, 24/V/2023

La Fundación Juan March dedica esta semana una atención especial a una cuestión que me preocupa mucho, el mercado de la atención, sobre la que he escrito recientemente un artículo en este cuaderno digital, Hay que prestar especial atención a la atención, que vuelvo a publicar hoy por su feliz coincidencia con los planteamientos de la Fundación a través del evento de esta semana, que lleva un título muy sugestivo, Mercaderes de la atención: “El profesor Tim Wu publicó en 2016 este libro canónico [Comerciantes de atención. La lucha épica por entrar en nuestra cabeza] que Capitán Swing tradujo al español cuatro años después. Como explica muy bien esta reseña, Comerciantes de atención es un relato prolijo de cómo publicistas, anunciantes y magnates de medios han aprovechado los cambios tecnológicos para ir colonizando cada vez más ámbitos de nuestra atención. Este artículo de Derek Thompson reflexiona sobre algunas de las premisas del libro, reseñado también aquí por Emily Bell”. Asimismo, el lunes pasado se celebró una conferencia, La lucha por nuestra atención, que recomiendo escuchar atentamente, nunca mejor dicho, para comprender el momento actual de esta cuestión palpitante.

A tan sólo cuatro días de las próximas elecciones municipales de este año, creo que cobra especial importancia la atención que podamos prestar a las candidaturas y programas de los partidos políticos en liza, porque el voto nunca es inocente. La atención ideológica al acto de votar, tampoco.

Johann Hari, El valor de la atención. Por qué nos la robaron y cómo recuperarla

Hay que prestar especial atención a la atención

Sevilla, 17/I/2023

Navegando por el mar proceloso de cada día, he descubierto un libro para llevar en la mochila virtual, mental por supuesto, para guiar los pasos a la próxima isla por descubrir en nosotros mismos, tantas veces recordada gracias a Jose Saramago en su Cuento de la isla desconocida. Se trata de una obra publicada hace tan solo unos días, en la editorial Península, con un título atractivo en sí mismo: El valor de la atención. Por qué nos la robaron y cómo recuperarla, escrito por Johann Hari, cuya sinopsis oficial nos orienta en su contenido: “La atención ha entrado en una profunda crisis. ¿Cuáles son los motivos?, ¿quién nos la está robando?, y, más importante aún, ¿cómo podemos recuperar nuestra capacidad de concentración? Un demoledor ensayo que indaga en una de las grandes epidemias del momento y en sus posibles soluciones. Según algunos de los últimos estudios publicados, los adolescentes solo son capaces de concentrarse en una tarea durante sesenta y cinco segundos, mientras que los adultos apenas pueden aguantar tres minutos. Como muchos de nosotros, Johann Hari es consciente del peligro que supone la omnipresencia de las pantallas, así como de esa imperiosa necesidad que nos asalta de pasar constantemente de un dispositivo a otro sin levantar la vista. Hoy en día, lograr el estado de concentración necesario para acometer labores intelectualmente complejas y exigentes es casi una quimera. Hari decidió entrevistar a los principales expertos en concentración humana para identificar las causas de esta crisis. En El valor de la atención desglosa los doce factores que la generaron –desde nuestra incapacidad de dejar fluir la mente hasta la contaminación en las ciudades–, y denuncia a las poderosas empresas que nos están robando el foco. Además, nos da las herramientas para entender la situación, defendernos y recuperar nuestra capacidad de vivir con atención”.

Tengo que reconocer que la atención es algo que, me preocupa dese hace ya muchos años, quizás porque estoy educado en la necesidad de admirarme de las personas y de casi todas las cosas, como tantas veces he explicado en este cuaderno digital. Siempre he sentido curiosidad por todo, en un mundo plagado de cotilleo y cotillas, aunque bautizado últimamente como “el universo del entretenimiento” donde todo cabe y en el que la cultura digna brilla por su ausencia. Siempre he sentido la necesidad de comprender qué es admirarse ante lo que ocurre en nuestras vidas, prestándole mucha atención, por muy intranscendente que sea o supuestamente inútil, algo que solo se consigue a través de la admiración, actitud que simbolizó para Aristóteles el comienzo de la filosofía, entendida como la capacidad que tiene el ser humano de admirarse de todas las cosas, de las personas, de sentir curiosidad diaria de por qué ocurren las cosas, de cómo pasa la vida, tan callando. Mi profesor de filosofía lo expresaba en un griego impecable, con un sonido especial, gutural y sublime, que convertía en un momento solemne de la clase esta aproximación a la sabiduría en estado puro: jó ánzropos estín zaumáxein panta (sic: anímese a leerlo conmigo tal cual y pronunciarlo como él). Es uno de los asertos que me acompañan todavía en muchos momentos de mi vida, en los que la curiosidad sigue siendo un motivo para la búsqueda diaria del sentido de ser y estar en el mundo, de admirarme todos los días de él.

El placer de la atención, de la curiosidad sabia, no es transmisible automáticamente a los demás, sino que es imprescindible adquirir el conocimiento liberador, trabajarlo internamente a través del esfuerzo de cada persona a la hora de plantearse gozar de los que algunos llaman placeres inútiles para alejarlos del poderoso caballero don dinero. Así lo reconocía hace ya muchos siglos Sócrates en su diálogo Banquete: “Estaría bien, Agatón, que la sabiduría fuera una cosa de tal naturaleza que, al ponernos en contacto unos con otros, fluyera del más lleno al más vacío de nosotros. Como fluye el agua en las copas, a través de un hilo de lana, de las más llena a la más vacía”, porque siempre está presente en almas atentas, curiosas, la dialéctica del valor y precio de lo que se descubre, de lo que se admira y de lo que se goza a cambio de nada. Es lo que Hari ha manifestado en un artículo reciente, publicado en elDiario.es, en torno a su nueva obra: “Hay que entender que no tenemos que sentirnos mal porque nos cueste prestar atención. Tampoco si le ocurre a nuestros hijos. Ni ellos ni nosotros tenemos nada malo, tiene que ver con la forma en que vivimos. Si lo comprendemos, podemos empezar a reordenar las cosas”, anima, “hemos llegado hasta aquí sin ser conscientes de cómo nos iba a afectar”. Por ello, insiste en aprovechar la oportunidad que se abre: “Tenemos que decidir qué queremos y luchar por ello. Podemos hacer muchas cosas para defendernos”. “La atención es nuestro superpoder”.

Este mundo en el que vivimos, diseñado a veces por el enemigo, me recuerda una canción que recupero ahora de la banda sonora de mi vida, El tiempo que te quede libre, como homenaje a la atención que puede ser de aplicación selectiva para aquellas personas a las que queremos y que a veces hemos plagado de ausencias múltiples en la vida compartida, como el mejor ejemplo de la necesaria atención que debemos recuperar en nuestras vidas, de la que nos alejan intereses mercantiles no inocentes. Para devolverles, si es posible, la dedicación que merecen siempre durante todos los días y meses del año, durante toda la vida, conjugando todos los tiempos posibles del tiempo que nos queda libre para dedicarlo a la atención plena de él, de ella, de vosotros y… de ellos, de los que sabemos que más lo necesitan, porque muchas veces nos han pedido la atención, el tiempo al que se refiere la canción, a veces solo dos minutos o un minuto nada más: El tiempo que te quede libre / si te es posible, dedícalo a mí / a cambio de mi vida entera / o lo que me queda y que te ofrezco yo. // Atiende preferentemente / a toda esa gente que te pide amor; / pero el tiempo que te quede libre / si te es posible, dedícalo a mí. // No importa que sean dos minutos / o si es uno sólo, yo seré feliz; / con tal de que vivamos juntos / lo mejor de todo dedicado a mí. / El tiempo que te quede libre / si te es posible, dedícalo a mí.

NOTA: la imagen de cabecera la he recuperado de mi salvapantallas actual, que me recuerda todos los días la presencia de la filosofía en mi vida a través de la lechuza (Tyto Alba), el símbolo de la filosofía, entendida como la capacidad de admirarse a diario de las personas y de todas las cosas.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Elecciones Municipales 2023 / 4. ¡Cuidado con la corrupción de la mente en la campaña electoral!

Me preocupa la corrupción mental, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente.

Emilio Lledó

Sevilla, 19/V/2023

No es la primera vez que abordo el grave problema de la corrupción en general y en todos los ámbitos posibles, aunque la referencia sobre la que escribo hoy es acerca de una de las modalidades que más me preocupa, la de la mente, algo que también ocurre en política, citando al filósofo y paisano Emilio Lledó, autor de un libro, Sobre la educación, en el que figura un artículo precioso, Juan de Mairena, una educación para democracia, en el que hace una advertencia sobrecogedora sobre esta dura realidad: “Sorprende que con el enorme y tal vez desmesurado retumbar de las noticias sobre corrupción, no se haya entrevisto la peor de las corrupciones, mucho más grave aún que la de la supuesta apropiación de bienes ajenos o la utilización de la venta de los bienes públicos para engordar los privados. Me refiero a la corrupción de la mente, a la continua putrefacción de la conciencia debida, entre otras monstruosidades de degeneración mental, a la manipulación informativa. Estas corrupciones no son instantáneos desenfoques de la visión. Al cabo del tiempo esos manejos en nuestras inermes neuronas acaban por distorsionarlas, desorientarlas y dislocarlas. Difícilmente podrán hacer ya una sinapsis, una conexión pertinente y correcta”.

Como ya he manifestado en otras ocasiones, todo lo que expresa Emilio Lledó sobre la corrupción, es aplicable a la política actual, obviamente. El contrato social de cada ciudadano con la política que impera nos recuerda la conveniencia de estar vacunados contra la epidemia de intromisión en nuestra inteligencia social, que también existe, porque la mente sufre con esta falta de ejemplaridad por la corrupción política. Comprendo mejor que nunca la reflexión de Emilio Lledó que abre estas palabras y que tampoco olvido: Me preocupa la corrupción mental, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente. Sencillamente, porque no somos idiotas, ni nos conformamos con que nos entreguen una flor en plena discordia. Creo que ha llegado el momento de entrar con un buldócer ético en la sociedad y remover los grandes planteamientos sociales en los que estamos instalados. Es necesario, por tanto, comenzar a hablar de legalizar nuevos contratos sociales donde la responsabilidad política del Gobierno correspondiente y de la ciudadanía tengan un papel protagonista en los cambios copernicanos y prioritarios que se tienen que abordar con urgencia ética y social. Todo lo demás es seguir normalizando lo indeseable e imposible que no beneficia a nadie.

Cuando hablo de corrupción de la mente, algo que se amplifica mucho en las campañas electorales, porque se miente más que se habla, me refiero a la continua putrefacción de la conciencia debida, entre otras monstruosidades de degeneración mental, a la manipulación informativa. Estas corrupciones no son instantáneos desenfoques de la visión. Al cabo del tiempo esos manejos en nuestras inermes neuronas acaban por distorsionarlas, desorientarlas y dislocarlas. Difícilmente podrán hacer ya una sinapsis, una conexión pertinente y correcta” (1). El daño al denominado principio de confianza debida en democracia representativa, que se simboliza en la emisión de mi voto en las urnas correspondientes, es un ejemplo muy clarificador de la corrupción mental por la manipulación informativa que se pueda recoger en letra impresa en los programas políticos y en las intervenciones públicas de los líderes en mítines, debates, tertulias, comparecencias en ruedas de prensa y en mensajes explícitos en redes sociales, como podemos constatar ya en la etapa electoral en la que estamos inmersos en estos días. La manipulación permanente mediante compromisos falsos acaba “distorsionando, desorientando y dislocando” las creencias de los votantes. Es por lo que pido, con profundo respeto ciudadano, que se ponga una especial atención a que los líderes políticos actuales no corrompan la mente de las personas que pertenecemos al club ciudadano de las personas dignas, que somos millones en este país. Es verdad que estamos acostumbrados a votar sin conocer con detalle el contenido de los programas políticos y luego vienen los escándalos farisaicos cuando denunciamos que no se cumplen determinadas actuaciones que consideramos necesarias y vinculadas a determinadas siglas, porque se constata que lo que allí se prometía no era verdad, se falseaba su auténtica razón de ser y estar en el programa político correspondiente. Es imprescindible conocerlos al detalle con anterioridad al voto, para conocer la posibilidad real de cumplimiento de su verdad o mentira intrínseca, pero también hay que reconocer que acusan un desgaste en su formulación actual bajo la denominación de programas-marco, porque la participación real e identitaria en la redacción de los mismos, casi siempre es delegada en las siglas y en representantes que desconocemos. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben y pueden tener ahora un papel fundamental en estas formulaciones, es decir, en la participación real y efectiva de los militantes y de los llamados “simpatizantes” o personas en general con creencias en la redacción de los programas políticos correspondientes.

En el marco de lo expuesto anteriormente sobre “corrupción de la mente”, hago de nuevo una llamada de atención a los partidos de izquierda sobre todo, pero también a todos los que participan en estos comicios, que lo hacen gracias a la democracia, porque hasta que cambien las leyes actuales hay que blindar la defensa constitucional actual de la democracia representativa que la participación de la ciudadanía debe cuidar hasta extremos insospechados. Para ello, es necesaria la educación en valores ciudadanos, que no se improvisan sino que son el resultado de una educación personal, familiar y social, constantes en el tiempo. Por extensión, educación política. La participación ciudadana, organizada, es la respuesta, pero dejando abierta la posibilidad de generar liderazgos que arrastren conciencias humanas bien informadas, a veces en minorías o mayorías silenciosas o ruidosas, que después se llamarán votos. La educación política es la única fuerza capaz de contener la corrupción política de la mente.

Comprendo muy bien por qué Emilio Lledó adjunta una referencia de Juan de Mairena, el heterónimo de Antonio Machado, al texto recogido al comienzo de estas palabras: “Por debajo de lo que se piensa está lo que se cree, como si dijéramos en una capa más honda de nuestro espíritu. Hay personas [hombres, en el original] tan profundamente divididas consigo mismo, que creen lo contrario de lo que piensan. Y casi -me atrevería a decir- es ello lo más frecuente. Esto debieran tener en cuenta los políticos. Porque lo que ellos llaman opinión es más complejo y más incierto de lo que parece. En los momentos de los grandes choques que conmueven fuertemente la conciencia de los pueblos se producen fenómenos extraños de difícil y equívoca interpretación: súbitas conversiones, que se atribuyen a interés personal, cambios inopinados de pareceres, que se reputan insinceros, posiciones inexplicables, etc. Y es que la opinión muestra en su superficie muchas prendas que estaban en el baúl de las conciencias”.

En los momentos que vivimos de tanta corrupción mental, nos hacen falta personas como Emilio Lledó, que nos recuerden que la palabra es un medio político inalienable para construir nuestras casas, nuestras ciudades, nuestras amistades, nuestras familias, nuestro trabajo, nuestra ideología, tal y como nos lo recuerda siempre Aristóteles en un texto muy querido para este autor: “Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y eso es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad” (2). En definitiva, la auténtica política, porque al igual que afirma de forma rotunda Emilio Lledó, me preocupa la corrupción mental de determinados representantes políticos, de algunos partidos globalmente o lo que es lo mismo, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente.

(1) Lledó, Emilio, Sobre la educación. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, p. 127, 2018.

(2) Aristóteles, Política. Madrid: Biblioteca Básica Gredos, 1253 a., 2000.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Melchor Rodríguez, el ‘Schindler de Triana’, nos enseñó a olvidar el olvido

Sevilla, 18/V/2023

Puede parecer insólito pero el Ayuntamiento de Madrid, con un alcalde al frente que ha agraviado por ejemplo la memoria democrática de Miguel Hernández o de la escritora Almudena Grandes, entre otros desmanes, ha concedido a título póstumo la Medalla de San Isidro 2023, en su categoría de Medalla de Honor, al sindicalista y anarquista confeso, Melchor Rodríguez García (Sevilla, 1893- Madrid 1972), sevillano de Triana, que por su último destino como alcalde republicano de Madrid merece ahora esta distinción en reconocimiento a “la labor humanitaria que llevó a cabo”, honor que comparte de forma sorprendente también con la periodista Ana Rosa Quintana y la cantante Olvido Gara, Alaska, en un todo revuelto de difícil digestión democrática. En el caso de Melchor Rodríguez se otorga a alguien que por su ideología de respeto a las personas de pensamiento contrario, le hizo merecedor de los apelativos “Schindler de Triana” o “Ángel rojo”, siendo un hecho irrefutable que salvó la vida a los enemigos declarados en la represión por parte de los republicanos durante la guerra civil, tal y como se narra con detalle, por ejemplo, en una biografía novelada escrita por Alfonso Domingo, El ángel rojo. El anarquista que salvó a sus enemigos, que trata sobre la vida y obra de este sindicalista anarquista, que defendía algo tan importante como que “la Revolución no es matar hombres indefensos” o que “por las ideas se puede morir, pero no se puede matar”.

Según la sinopsis oficial de la obra citada, en esta novela biográfica se “cuenta la historia de Melchor Rodríguez García, delegado especial de prisiones de la II República española. Sevillano de nacimiento, Melchor Rodríguez fue un anarquista que prefería «morir por las ideas, nunca matar por ellas», y que demostró gran humanidad en la guerra civil española, salvando la vida de numerosos enemigos. Mientras en el lado franquista se exacerbaba la represión, Melchor lograba imponer el orden en la retaguardia republicana, parando las sacas de las cárceles, los paseos y los fusilamientos. Nombrado después concejal del Ayuntamiento de Madrid, le cupo la triste tarea de hacer entrega del consistorio a las tropas vencedoras a finales de marzo de 1939. Condenado por el nuevo régimen, cumplió cinco años de una condena de veinte. Hasta el final de sus días siguió siendo libertario. En total, Melchor estuvo 34 veces en la cárcel con la monarquía, la república y el franquismo. Su entierro, en febrero de 1972, consiguió unir a dos Españas irreconciliables: anarquistas y miembros del régimen que él había salvado en la guerra”.

Junto al reconocimiento personal por su trayectoria, mucho más allá de la medalla actual, me quedo con las palabras que pronunció su bisnieto, Rubén Buren, en el acto de entrega de estas distinciones, en las que destacó la necesidad de la autocrítica «por parte de los nietos de los vencedores y vencidos de la «Guerra Incivil», porque «Este país sigue dividido en el revanchismo, no hay autocrítica de los nietos de los vencedores y vencidos, una autocrítica que es necesaria parta construirnos porque estamos condenados a vivir en este país; mi bisabuelo respetó todas las ideas y salvó la vida a centenares de personas, sin preguntar. Los salvó», «[…] salvó la vida a muchos de sus enemigos» y «facilitó la salida de España o resguardó en su casa en la Guerra Incivil», […] «En otros países, Melchor tendría estatuas y plazas. La memoria de este país sigue instalada en el odio al que no piensa como nosotros, pero no hay nada más rico que la diversidad de pensamiento, raza y cultura, sin odio. Entender al otro es entender las aristas de uno mismo, y honrar a Melchor es honrar la mejor parte que tenemos como seres humanos», concluyó.

En su ciudad natal, la iniciativa popular y sindical cercana a su ideología anarquista, le dedicó en 2009 una placa conmemorativa en la calle de Triana donde nació, San Jorge, en el actual número 23, así como una calle “[…] en la Verea de San Cayetano, junto a Valdezorras (barrio directamente relacionado con los ”trabajos forzados“ de los presos políticos del franquismo que construyeron el Canal de los Presos). Un buen lugar para él, que siempre estuvo vinculado a las cárceles: la mayoría de las ocasiones como preso, durante la monarquía de Alfonso XIII, la República y la Dictadura, pero también como responsable político de esas mismas cárceles en el Gobierno republicano de 1936-1937 en el Madrid sitiado por los golpistas”, tal como lo leí recientemente en un artículo dedicado a este alcalde efímero pero ejemplar, en el que Cecilio Gordillo, miembro de la CGT lo explicaba con este detalle, alguien al que le habían importado mucho todoslosnombres, creando una plataforma homónima en torno a las víctimas de la represión franquista.

Creo firmemente que recordando hoy a Melchor Rodríguez, más allá de la medalla de honor en una ciudad que demuestra institucionalmente, a veces, todo lo contrario de lo que ahora premia, es muy importante olvidar el olvido, porque no hay acción mejor que la de recuperar de la mejor forma posible la memoria de un país, de las personas dignas de su pasado, tal y como lo aprendí de Eduardo Galeano en su escuela del mundo al revés: “Olvidar el olvido: don Ramón Gómez de la Serna contó de alguien que tenía tan mala memoria que un día se olvidó de que tenía mala memoria y se acordó de todo. Recordar el pasado, para liberarnos de sus maldiciones: no para atar los pies del tiempo presente, sino para que el presente camine libre de trampas. Hasta hace algunos siglos, se decía recordar para decir despertar, y todavía la palabra se usa en este sentido en algunos campos de América latina. La memoria despierta es contradictoria, como nosotros; nunca está quieta, y con nosotros cambia. No nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser puerto de partida, no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia: pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron”. Excelente reflexión para abrochar este pequeño homenaje a un paisano entre otros muchos dignos como él, a los que Luis Cernuda pidió desde su exilio que algunos de ellos, como por ejemplo Melchor Rodríguez, sevillano como él, merecerían siempre nuestra atención por su trabajo en vida, con amor hecho, porque “la Revolución no es matar hombres indefensos” y porque “por las ideas se puede morir, pero no se puede matar” sin sentido alguno. Extraordinaria lección.

Itzhak Perlman, interpretando el tema principal de la banda sonora de La lista de Schindler, junto a John Williams, compositor de la misma, dirigiendo la Orquesta de Connecticut.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!  

Elecciones Municipales 2023 / 3. Un manual imprescindible para comprender la campaña electoral

“Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho”

Quinto Tulio Cicerón, a su hermano Marco, en Breviario de campaña electoral.

Sevilla, 17/V/2023

Hace más de dos mil años, Quinto Tulio Cicerón escribió un breviario para la campaña electoral (Commentariolum Petitionis) (1) en la que su hermano Marco aspiraba al consulado de la república de Roma, en el año 63 antes de Cristo, que finalmente ganó compartiéndolo con Gayo Antonio. Su gobierno, colegiado, duraba solo un año, alternándolo cada mes y asumiendo la más alta magistratura civil y militar. Es un libro precioso que sigue vivo en su fondo y forma, salvando lo que hoy haya que salvar (mutatis mutandis) en el contexto actual de las elecciones municipales de 2023. Las consideraciones que contiene son perfectamente aplicables en estos tiempos tan modernos, porque tiene un hilo conductor entretejido en tres grandes principios que debía atender el candidato Marco: era un hombre nuevo (no tenía antecedentes sociales relevantes y tenía que saber utilizar esta condición), aspiraba al consulado (cargo de la máxima excelencia para gobernar la República) y “ésta es Roma”, es decir, debía conocer bien cómo era en su esencia el Imperio Romano, la Ciudad que tendría que gobernar: “una ciudad constituida por el concurso de los pueblos, en la que abunda la traición, el engaño y todo tipo de vicios, en la que hay que soportar las arrogancias, la obstinación, la envidia, la insolencia, el odio y la impertinencia de muchos. Creo que tiene que ser muy prudente y muy hábil el que vive rodeado de tantos hombres con vicios tan diversos y tan graves, para poder evitar la hostilidad, las habladurías, la traición, y para que una misma persona pueda adaptarse a tal variedad de costumbres, de discursos y de intenciones”.

Recomiendo su atenta lectura porque repito, salvando lo que haya que salvar, es perfectamente aplicable en cada municipio de este país, siendo conscientes de que en estos días de campaña debemos intentar conocer mejor los candidatos que preferimos, porque en relación con quienes aspiran a estos puestos relevantes, algo tan importante como una Alcaldía, por ejemplo, debemos tener constancia de que están suficientemente preparados e ilusionados con ello y, sobre todo, que deben conocer muy bien la localidad en la que ejercerán su representación máxima, que en el caso de Roma, era un reto harto difícil, con sus defectos y virtudes, acordándose siempre, para finalizar, de quienes les han confiado su voto, tal y como Quinto Tulio Cicerón recomendaba a su hermano Marco, en el citado Breviario de campaña electoral: “Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho”. Es probable que sea un revulsivo eficaz ante el Partido Abstencionista, que suele anunciarse siempre a bombo y platillo como el partido vencedor.

En definitiva, los tres enunciados expuestos anteriormente y traídos al momento actual, simbolizan algo muy importante en esta campaña electoral de 2023: se necesitan en el país y por proximidad geográfica, en Andalucía, lideres políticos “nuevos”, que aspiren a prestar un servicio público al pueblo andaluz, bajo el principio de salvaguardar el interés general ejerciendo un liderazgo honesto y que conozcan bien su situación actual: ¡ésto es España y, en mi caso, ésto es Andalucía, esto es Sevilla! Para que no se olvide, más de dos mil años después…

[1] Cicerón, Quinto Tulio, Breviario de campaña electoral, traducción de Alejandra de Riquer. Barcelona: Acantilado – Quaderns Crema, 1993.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Preguntas de Mayo en un mundo al revés/ y 10. ¿Dónde están el niño o la niña que fuimos?


Sevilla, 14/V/2023 (actualizado sobre el publicado en la serie original, Preguntas de Mayo, el 20/V/2021).

Finalizo hoy una serie de artículos dedicados al inmenso mar de las preguntas en un tiempo, como el actual, lleno de dudas para vivir dignamente. He vuelto a leer una obra póstuma de Neruda, Libro de las preguntas(1), muy querida y presente en mi biblioteca del alma, escogiendo a lo largo de esta serie y hasta hoy algunas que resultan inquietantes cuando te aproximas a las cosas de personas mayores, porque ya no vivimos las cosas de niño, recordando aquella hermosas palabras de un viajero incansable, Pablo de Tarso, en su primera alocución a los Corintios (13, 11): «Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño».

Acudo hoy de forma diligente a ese conjunto de preguntas de Neruda en su preciado libro, concretamente cinco, deteniéndome especialmente en el capítulo 44 (XLIV), en torno a su niñez:

¿Dónde está el niño que yo fui,
sigue adentro de mí o se fue?
¿Sabe que no lo quise nunca
y tampoco me quería?
¿Por qué anduvimos tanto tiempo
creciendo para separarnos?
¿Por qué no morimos los dos
cuando mi infancia se murió?
¿Y si el alma se me cayó
por qué me sigue el esqueleto?

Es importante recordar el niño o niña que fuimos, indagando en la memoria de hipocampo si continúa o no junto a nosotros, como hilo conductor de la primera de estas preguntas. Ya digo que desde la perspectiva de la ciencia del cerebro allí está, en el hipocampo, quizás en una espera tocada de ese caballito de mar inquieto por la ardiente impaciencia de ser recuperada a tiempo. La segunda es más desconcertante porque responde a la compleja niñez de Neruda, muchas veces citada en su obra. ¿Puede ser ahora un buen momento para recordarla? Cada uno, cada una sabe cómo fue y lo importante es no despreciarla o pasar por alto al buscarla en la estructura compleja de nuestro cerebro, porque también está allí.

La tercera pregunta es quizá la más desconcertante porque es la declaración del desgarro humano por el crecimiento en dos caminos que siempre se bifurcan, aunque siempre he creído que siguen caminando en paralelo sin que la niñez entre nunca en vía muerta. Los aprendizajes de la niñez rediviva lo demuestran en un sentido o en otro. La intensidad de las preguntas sube en el cuarto interrogante: ¿Por qué no morimos los dos / cuando mi infancia se murió? Aquí suele contar cada uno como le ha ido la vida o la feria (de la vida). ¡Cuántas veces añoramos la niñez por ello!, porque la niñez no muere en nosotros, se abandona.

La quinta y última pregunta es para mí la más profunda porque simboliza la pérdida del alma vestida de inocencia, porque es la verdadera seña de identidad de la infancia, que él explicaba muy bien a través del juego y los juguetes, como fueron siempre sus mascarones de proa y popa en su casa de Isla Negra: “El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. He edificado mi casa también como un juguete y juego en ella de la mañana a la noche”.

He vuelto a Pablo de Tarso para ver si encontraba algo para ilusionar a los que hace tiempo hemos dejado de hacer las cosas de niño y la verdad es que me ha dejado lleno de dudas: «Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido». ¿Se refiere a las creencias expuestas por José Ferrater Mora en su obra El hombre en la encrucijada, como respuestas en diferido al enigma de vivir? (2). Él decía que necesitamos tener creencias, que no podemos vivir sin ellas, y a lo largo de las páginas de su tesis existencial demuestra que el mundo ha evolucionado hacia adelante gracias a que nuestros antepasados y muchas personas contemporáneas han tenido y tienen creencias en cuatro ámbitos, juntas o por separado, de una forma u otra, da igual, pero siempre relacionadas con las Personas, la Naturaleza, Dios/dioses o la Sociedad. Así durante muchos siglos. Nos necesitamos y juntos podemos hacer camino al andar. Puede ser una buena forma de encontrarnos cara a cara con el niño o niña que fuimos y que nunca debimos abandonar para resolver el enigma de vivir dignamente.

Hasta aquí hoy, con esta serie, qué quizás nos ayude a interpretar mejor este mundo al revés, como nos lo recordaba en mis años jóvenes el poeta malagueño Rafael Ballesteros, en una composición, Ni yo tampoco entiendo, que la hizo popular el grupo Aguaviva y que lo sintetizaba en una frase que tengo grabada en mi persona de secreto: De este mundo los dos sabemos poco. Y sin embargo, estamos aquí obligatoriamente obligados a entenderlo.

(1) Neruda, Pablo (2018). Libro de las preguntas. Barcelona: Seix Barral – Planeta.

(2) Ferrater Mora, José (1965). El hombre en la encrucijada. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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Preguntas de Mayo en un mundo al revés / 9. ¿Cómo se llama el mes que está entre mayo y junio?

Pablo Neruda

Sevilla, 13/V/2023 (publicado en la serie original, Preguntas de Mayo, el 22/V/2021).

La vida está sujeta a un calendario inexorable: días, meses y años, uno tras otro, sin parar y sin caminos intermedios. Horas, minutos y segundos, uno tras otro también, perfectamente organizados y sincronizados. El refranero español, tan sabio, lo expresa de una forma especial: mayo y junio hacen un mes que el mejor del año es. Me ha sorprendido en esta ocasión la primera pregunta del capítulo 46 (XLVI) de la obra de Neruda objeto de esta serie, Libro de las preguntas, porque plantea una cuestión íntimamente relacionada con el tiempo y sus circunstancias: ¿Y cómo se llama ese mes / que está entre Diciembre y Enero? Quizás fue un día ya lejano, leyendo a Benedetti, cuando descubrí que él hablaba de cumpledías al referirse al consabido cumpleaños, como siempre, a modo de combate cuerpo a cuerpo con la vida ordinaria, con lo consuetudinario, porque ese cumpledías tiene lugar en un tiempo y en un momento particular de cada uno, “cuando en el instante en que vencen los crueles se entra a averiguar la alegría del mundo y mucho menos todavía se nota cuando volamos gaviotamente sobre las fobias o desarbolamos los nudosos rencores”.

Neruda hace una pregunta inquietante, hilvanada con otras a cual de ellas más interesante, cuando descubrimos que el calendario de nuestra vida es lo más íntimo de nuestra propia intimidad, sin casi nada que ver con el almanaque gregoriano que nos invade a través del Mercado, tan medido, tan tirano, aunque todo se presente a veces como las doce uvas de un racimo para simbolizar un año:

¿Y cómo se llama ese mes
que está entre Diciembre y Enero?
¿Con qué derecho numeraron
las doce uvas del racimo?
¿Por qué no nos dieron extensos
meses que duren todo el año?
¿No te engañó la primavera
con besos que no florecieron?

Todo es tiempo y ya lo he analizado en varias ocasiones en este cuaderno digital. Casi siempre he enmarcado mis reflexiones en torno a un tratado existencialista, Qohélet, donde se detallan veintisiete momentos cruciales del ciclo vital de cualquier persona y su entorno desarrollado con un denominador común llamado “tiempo”, en una dialéctica permanente de contrarios: nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra y paz. Es muy importante destacar que en las diferentes formas de vivir expuestas anteriormente, existen muchas realidades positivas, catorce concretamente: nacer, plantar, sanar, edificar, reír, danzar, abrazarse, buscar, guardar, coser, callar, hablar, amar y vivir en paz. Comprobamos de esta forma que la historia de las experiencias vitales humanas obedece a la búsqueda de un sano equilibrio con los tiempos difíciles de las restantes experiencias que podríamos calificar como negativas (con matices).

Quizás ha llegado el momento de interpretar el tiempo fuera de su encorsetado cronograma y primar esta búsqueda de razones positivas para vivir cada segundo de cada día, de cada mes, para que parezca que el tiempo se detiene en un ciclo que sólo tiene un nombre: felicidad, porque hay que sacar tiempo para disfrutar lo que dice Qohélet (una persona que le gusta vivir en comunidad, compartir), porque era la experiencia de sus antepasados a lo largo de los siglos, aunque para que no se nos suban los humos a la cabeza (todos podemos ser histéricos, palabra derivada de la griega “ústéra”, útero, que explica que los humos se nos suben a la cabeza y así nos va…), él nos dice que seamos prudentes a la hora de valorar las 27 experiencias de los tiempos de cada uno, de cada una, en su totalidad y entender qué significado tiene vivir, aunque sea de forma temporal propia, apasionadamente.

Con esta perspectiva, lo de menos es cuantificar el tiempo en horas y días, por ejemplo, cuando parece que se detiene “como si no pasara o se nos fuera casi sin darnos cuenta” en nuestra realidad más próxima. Comprenderemos mejor las preguntas restantes de Neruda, porque cuando somos felices, durante un tiempo, creemos que los meses duran a veces años y que la primavera de besos y abrazos necesarios puede aparecer en cualquier estación del año. O no. De ahí sus inquietantes preguntas para este mes de Mayo y la más sugerente que hago en este aquí y ahora: ¿cómo se llama el mes que está entre mayo y junio? La respuesta no está en el viento, que diría Bob Dylan, sino en la forma que tiene cada persona de interpretar el tiempo que nos pertenece y atrapa casi sin darnos cuenta.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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Preguntas de Mayo en un mundo al revés / 8. Cuando salir del túnel sigue siendo una respuesta

A quién le puedo preguntar
¿Qué vine a hacer en este mundo?

Pablo Neruda, Libro de las preguntas (XXXI)

Sevilla, 12/V/2023 (publicado en la serie original, Preguntas de Mayo, el 23/V/2021).

El artículo que sigue es un extracto adaptado del que publiqué en plena pandemia. Hoy, he respetado el núcleo de mis palabras sobre la pregunta de Neruda, ¿No será nuestra vida un túnel?, en una normalidad anormal, porque vivimos momentos políticos muy complejos y con gran afectación de la democracia. Los túneles nos lo diseñan a diario los llamados “hombres de negro”, los mediocres, los aguafiestas diversos de la vida, los políticos indecentes, los negacionistas de todo lo que se mueve, los profesionales de los silencios cómplices, pero para salir de ellos tenemos oportunidades como las que nos presentan ahora las elecciones diversas del país, al poder votar, porque todos los trenes políticos no son iguales ni los políticos que los conducen tampoco.

La mejor respuesta la escribí aquel día, porque de trajes éticos va la vida, para no ir desnudos al caminar despiertos… y poder experimentar con el voto político nuevas claridades, que tanta falta hacen.

Sevilla, 19/VI/2020

Cuando salir del túnel es una pregunta (o varias)

Para mí, salir del túnel es una pregunta… o varias, según se mire. Lo aprendí de Pablo Neruda, leyendo su precioso Libro de las preguntas, en el que me detengo hoy al llegar a la XXXV, ¿No será nuestra vida un túnel?:

No será nuestra vida un túnel
entre dos vagas claridades?

O no será una claridad
entre dos triángulos oscuros?

O no será la vida un pez
preparado para ser pájaro?

La muerte será de no ser
o de sustancias peligrosas?

El problema radica en comprender qué quiso decir Neruda al escribir estas palabras llenas de misterio. ¿Qué son las claridades? Pienso que nuestros objetivos vitales: dos, tres, muchos, truncados a veces por el llamado principio de realidad, triángulos oscuros en nuestras vidas. Entre peces y pájaros anda el juego de preguntas, aunque sabemos que somos peces o pájaros dependiendo del agua o cielo que probemos o sobrevolemos, si sabemos que son, de acuerdo con la famosa parábola de David Foster Wallace que recogió en un discurso que pronunció en 2005 en la ceremonia de graduación de los alumnos del Kenyon College (Ohio): “Van dos peces nadando por el mar y se encuentran con un pez más viejo que viene nadando en dirección contraria. El pez mayor los saluda y les dice, “Buenos días, chicos. ¿Qué tal está el agua?”. Los dos peces jóvenes siguen nadando y al cabo de un rato uno de ellos mira al otro y le pregunta, «¿Qué demonios es el agua?» Yo diría también ¿Qué demonios es el cielo? Al final del túnel, lo peor es no saber quiénes somos o si un virus peligroso puede impedir que nos hagamos estas preguntas.

Quizás encuentro la mejor respuesta a este ramillete de preguntas en la inmediatamente anterior del libro citado, la XXXIV: Con las virtudes que olvidé, ¿me puedo hacer un traje nuevo?

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Preguntas de Mayo en un mundo al revés / 6. ¿Es verdad que las esperanzas deben regarse con rocío?

¿Cuántas iglesias tiene el cielo?
¿Por qué no ataca el tiburón a las impávidas sirenas?
¿Conversa el humo con las nubes?
¿Es verdad que las esperanzas deben regarse con rocío?

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, IV

Sevilla, 10/V/2023 (publicado en la serie original, Preguntas de Mayo, el 25/V/2021).

El capítulo IV del Libro de las preguntas plantea cuatro interrogantes muy llamativos que pueden tener respuesta dependiendo del color del cristal con el que se miren. De las cuatro, me quedo hoy con la cuarta porque en tiempos de coronavirus hay que buscar apasionadamente las esperanzas, tantas como ilusiones y sueños tengamos en la actualidad, aplicando indefectiblemente el principio de realidad, pero siendo conscientes de que necesitan “regarse con rocío” constantemente. Su ideología no era inocente, como militante del partido comunista chileno, según he manifestado en reiteradas ocasiones en este cuaderno digital al citar al filósofo neomarxista Georg Lukács (1885-1971), en El asalto a la razón: “[…] no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y, por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1).

Hace 44 años escribí un artículo sobre un gran teórico de la esperanza, Ernst Bloch, porque siempre ha sido una virtud que he cuidado en mi azarosa vida, en una permanente búsqueda de islas desconocidas. Decía en aquella ocasión que cuando muere un filósofo, el ser humano [él decía “hombre”, en un contexto filosófico universal del ser humano] se resiente, porque es algo parecido a que la vida se roba sabiduría a sí misma. La obra de Ernst Bloch, me obligaba en mi juventud, de una forma u otra, a recordar algunas reflexiones suyas que todavía hoy aportan luz en el camino de búsqueda de la verdad a través de la esperanza. Bloch, por encima de teorías y prácticas, era filósofo. Su espíritu abierto y en camino le hizo adoptar una postura de sabio ante un mundo pluriforme. Era hijo de su época y debido a su experiencia frente al irracionalismo, su filosofía se hace más auténtica, más veraz. En definitiva, su marxismo era muy puro, bien estructurado, enormemente esperanzador. Aquí radica la quintaesencia de su doctrina: concebir la esperanza como principio humano para vivir la trascendencia, es decir, la posibilidad permanente de que el ser humano se realice plenamente en comunión con otros.

Para esto es necesario, por encima de todo, vivir una fe secular con la fuerza del mensaje mesiánico que aporta el marxismo. Para Bloch, el primer fallo del marxismo llamado oficial radica en su negación de la religión como dínamis, como fuerza arrolladora que es capaz de saciar el hambre de realización personal que tiene todo ser humano. Es un planteamiento idealista, pero quizá el único camino. Bloch insiste en la profundización del marxismo como idealismo impregnado de realidad, que lleva a la revolución social dentro de unos parámetros humanos, no estrictamente materiales. Planteamos así una perspectiva de futuro donde el ser humano es el gran artífice del mundo, sirviéndose de la naturaleza, de los valores morales e incluso de la estética. Indicaba también, que no debemos olvidar su conexión con el pensamiento de Georg Lukács. La realidad analizada por Bloch no es un todo presente, ya hecho. Si existe la realidad es gracias a un proceso (ya, pero todavía no). Y si hay proceso, hay pasado, presente y futuro. Este futuro-presente es, para Bloch, la autoconciencia.

Esta realidad-futuro-presente es dialéctica y asume sus limitaciones propias. La filosofía sería la encargada de transformar el mundo de la dialéctica sujeto-objeto, llevando al hombre al autoconvencimiento de la necesidad de desaparición del proletariado: “La filosofía no puede realizarse sin la supresión del proletariado y el proletariado no puede autosuprimirse sin que se realice la filosofía”. En un mundo dominado por la economía, Bloch se admira del poder intelectual y cultural como agentes transformadores de la sociedad, donde el ser humano, una vez más, es el centro por la asunción de su conciencia. Frente al principio materialista de Marx de que la realidad social determina la conciencia del hombre, Bloch presenta a la conciencia individual del hombre como determinante de la historia y de su historia, enfrentándose cotidianamente con la insatisfacción humana vivida en necesidad y negación. Por ello, el ser humano lucha por alcanzar su plenitud. El hecho es que todavía no la ha alcanzado. Esta “hambre cósmica” se experimenta en el deseo de alcanzar un sentido pleno de la vida: “La sustancia, la materia humana no está todavía ni determinada ni completa sino que se halla en un estado utópico abierto, un estado en el que todavía no ha aparecido su auto-identidad. Por consiguiente, no sólo el existente específico, sino toda la existencia dada y aún el mismo ser tiene márgenes utópicos que rodean la actualidad con posibilidades reales y positivas”.

La esperanza surge al experimentar el ser humano que si todavía no ha alcanzado el futuro, el presente no es el fin. Y el hecho de vivir éste no le motiva para lograr la plenitud de su ser. Esta hambre es impulso cósmico y la esperanza consiste en dejarse impregnar de este impulso. El ser humano no acaba su existencia con la muerte. Aquí Bloch se separaba una vez más del marxismo oficial. Argumentaba que una lucha por un no existencial, no tendría sentido. Es necesaria, por tanto, la inmortalidad personal. El proceso de unión de almas cantará un día la sociedad sin clases, siempre y cuando el hombre no abandone la lucha en el sentido de que todo cuanto vivimos y experimentamos todavía no es la realización plena o el futuro aparentemente “utópico”.

He querido compartir hoy un principio ético llamada “esperanza”, que he mantenido en mi vida y que he ido alimentando hasta hoy de lecturas ideológicas no inocentes. El éxito filosófico de Bloch, con su teoría del principio “esperanza”, fue demostrarnos que tenemos que llegar a ser “ateos” por la gracia de Dios, es decir, hay que creer en la trascendencia sin un Trascendente alienador. Por ello, hay que rechazar de base la superstición y la mitología de la religión. Sólo así, el ser humano adquirirá su desarrollo pleno. En definitiva, permitirá regar con rocío, todos los días, las esperanzas legítimas que cada uno tiene, dando respuesta a la pregunta profunda de Neruda, aprendiendo a ser felices cada día, una experiencia de esperanza en el amor, entre otras, como hambre cósmica en tiempos de coronavirus.

(1) Lukács, G. (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 5.

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Preguntas de Mayo en un mundo al revés / 5. ¿Deberían ser obligatorios los sueños?

Recuerdo los ojos de mi esposa otra vez. Nunca veré cualquier cosa más aparte de esos ojos. Ellos preguntan.

Antoine de Saint Exupéry, en Terre des Hommes, 1939

¿Trabajan la sal y el azúcar
construyendo una torre blanca?
¿Es verdad que en el hormiguero
los sueños son obligatorios?
¿Sabes qué meditaciones
rumia la tierra en el otoño?
(¿Por qué no dar una medalla
a la primera hoja de oro?)

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, XVI

Sevilla, 9/V/2023 (publicado en la serie original, Preguntas de Mayo, el 26/V/2021).

Las fábulas han sido siempre aleccionadoras. Las hormigas han estado presentes en muchas de ellas y Esopo es el rey en este género literario, aunque Neruda no se queda atrás. En esta ocasión, hace una pregunta, ¿Es verdad que en el hormiguero / los sueños son obligatorios?, que no me ha dejado indiferente, porque una persona como yo, preocupada siempre por conocer a fondo el comportamiento humano desde la ciencia en sus múltiples ramificaciones, sabe que las hormigas son un ejemplo de inteligencia animal porque saben, desde que nacen, que han venido al mundo para resolver problemas. Si no, que se le lo digan a las cigarras. Así lo aprendí en mi carrera profesional cuando leí una obra fascinante, Sistemas emergentes, de  Steven Johnson (1), con un subtítulo que sobrecogía al recordarlo en la lectura de sus primeras páginas: O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software. Casi nada: inteligencia digital compartida.

Esto es así, porque el ser humano, las mujeres y los hombres, las niñas y los niños, tenemos el recurso principal: la inteligencia emergente, como estructura que siempre anda preocupada por organizarse espontáneamente, adaptándose permanentemente mediante retroalimentación positiva a determinadas situaciones propicias o adversas, pero con un fin común: vivir conforme a un plan que permite resolver problemas con un objetivo muy claro también: ser felices, estando obligatoriamente obligados a soñar despiertos, resolviendo de una vez por todas la pregunta de Neruda, Y la ciudad y el barrio en el que vivimos, nuestro gran hormiguero actual, es un patrón excelente para cooperar en esta búsqueda legítima de felicidad. O de infelicidad, por el urbanismo adverso, los problemas sociales y la pandemia actual, por ejemplo en la dialéctica emergente vivienda/murienda, neologismo que aprendí de un maestro que tuve en mi juventud, empeñado en ser solidario con las personas del barrio de Triana, en Sevilla, que más sufrían y menos tenían, sin capacidad alguna para soñar en aquellas fechas.

Es emergente esta inteligencia comparada con las hormigas porque se demuestra que lo que ocurre en las ciudades nunca nos es ajeno. Existen patrones escritos desde hace millones de años y las ciudades se reinventan permanentemente: “¿por qué ha triunfado el superorganismo de la ciudad sobre otras formas sociales? Como en el caso de otros insectos sociales, hay varios factores, pero uno crucial es que las ciudades, como las colonias de hormigas, poseen una inteligencia emergente: una habilidad para almacenar y recabar información, para reconocer y responder a patrones de conducta humanos. Contribuimos a esa inteligencia emergente, pero para nosotros es casi imposible percibir nuestra contribución porque vivimos en la escala incorrecta” (2).

La emergencia es la evolución de reglas simples a complejas: las hormigas crean colonias. Ahí están. Las personas que habitan una ciudad crean barrios siempre, los nuevos hormigueros. Ahí están. El software aprende a reconocer patrones siempre que se le den las instrucciones precisas. La inteligencia está en la base de los cerebros humanos, los que permiten hacer más simple la vida para vivir mejor. Y emergen hacia el exterior, naciendo, saliendo y teniendo principio siempre de otra cosa, en la interpretación que la Real Academia da a estos vocablos sobre emergencia y construidos de la misma forma.

Tenemos que pensar que la hormigas son sabias, fundamentalmente porque hay especies en las que la longevidad es su seña de identidad, enseñando las reinas, a las más jóvenes, muchas cosas de la vida. Precisamente, la longevidad es el resultado de que siendo tantas se organicen perfectamente, porque científicamente se ha demostrado que viven como un grupo, trabajan para el grupo, colaboran, se protegen, se ayudan, hasta pueden fabricar medicamentos para evitar que ciertas bacterias se propaguen en el interior de una colonia. Es lo mismo que ocurre con el ser humano, en sus ciudades y barrios, los hormigueros de hoy día, intentando recuperar la normalidad después de la amarga experiencia de la pandemia actual que asola el mundo.

Es verdad lo manifestado por Neruda y propongo una respuesta solidaria a su pregunta: estamos obligatoriamente obligados a soñar en nuestras ciudades y barrios hormigueros para que el viaje de la vida sea siempre hacia alguna parte feliz de nuestra existencia, porque tenemos un recurso que intentan controlar como mercancía los hombres de negro (dueños del Gran Supermercado del Mundo), que se llama inteligencia emergente. Debemos conocerla bien y compartirla juntos con «tu puedo y mi quiero» de cada día, porque forma parte de nosotros desde el momento precioso en el que nacimos y porque nos acompaña siempre como lo más íntimo de nuestra propia intimidad, para ayudarnos a resolver los problemas diarios de la vida. Al fin y al cabo, vivir es soñar.

Audio de Mario Benedetti recitando Vamos juntos

(1) Johnson, S. (2003). Sistemas emergentesO qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software. Madrid: Turner-FCE.

(2) Johnson, S., Ibídem, p. 90.

NOTA: la imagen es un fragmento de una fotografía de Man Ray, Le somneil, realizada en 1937 y en la que aparecen Consuelo de Saint-Exupéry (esposa-rosa del autor de El principito, tan de actualidad siempre) y Germaine Huguet, que figuraba en el programa oficial de una exposición sobre El surrealismo y el sueño, celebrada en Madrid, en 2014 en el Museo Thyssen-Bornemisza.

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