Myriane Bourgeois, canta “De los álamos vengo, madre”, compuesta por Joaquín Rodrigo, en “Cuatro madrigales amatorios”. Piano: Jean-François Grondin
Sevilla, 23/IX/2025 – 08:23 h (CET+2)
El otoño nos prepara para recibir el invierno con toda su crudeza, con la doble cara del dios Jano. Es la antesala de la pérdida de la luz convirtiendo las sombras y grises en un testigo implacable de lo que viene. En Sevilla casi no existe el otoño. Verano e invierno se estrechan la mano día a día y miran de reojo a un otoño que casi hermanan con calor y frío sin pasos intermedios, sin confundirlo con la tibieza apocalíptica: “puesto que no estás ni frío ni caliente sino tibio estoy para vomitarte de mi boca” (Ap. 3, 14-16), una cita matemática que no se olvida, sin lugar a duda, que son solo palabras puestas en la boca del dios de los creyentes.
Mientras, leo a Ángel González en su tercer poema de Otoños, Casi invierno:
Alamedas desnudas, mi amor se vino al suelo. Verdes vuelos, velados por el leve amarillo de la melancolía, grandes hojas de luz, días caídos de un otoño abatido por el viento.
¿Y me preguntas hoy por qué estoy triste?
De los álamos vengo.
El otoño anuncia siempre los grises del invierno, mirando por el retrovisor del tiempo el color de las tres estaciones anteriores. En esta antesala del invierno, en pleno otoño, constatamos que muchas veces somos ciegos al color, no por una enfermedad, la acromatopsia, sino porque nos acostumbramos a vivir en blanco y negro, como si el color o la alegría no hubiera llegado a nuestras vidas. Cuando era niño, viviendo en una sociedad de eternos grises (incluido el uniforme de la policía…), no había nada que me hiciera disfrutar más que cuando entraba al cine de sesión continua en Madrid y anunciaban en pantalla que la película que íbamos a ver era en “color por tecnicolor”. Era una forma de interpretar la vida de forma diferente.
El otoño hace que, a veces, decaiga el ánimo. La tristeza de Ángel González cuando venía de los álamos tenía una explicación, que leí recientemente en palabras de su esposa, Susana Rivera, cuando afirmaba que la referencia a los álamos no era ni a los que había conocido en New México o los de su tierra, en el Paseo de los Álamos de Oviedo. Eran los que “[…] se imaginaba cuando escuchaba a Victoria de los Ángeles cantar, «De los álamos vengo madre, de ver como los menea el viento…». Ponía ese disco en momentos muy especiales, muchas veces amanecimos escuchándolo”.
De los álamos, vengo, madre. De los álamos, vengo, madre. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre. De los álamos, vengo, madre. De los álamos, vengo, madre. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre. De los álamos de Sevilla, de ver a mi linda amiga, de ver a mi linda amiga. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre. De los álamos, vengo, madre. De los álamos, vengo, madre. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre. De ver cómo los menea el ayre (1).
Y me consuela saber que los álamos queridos por Ángel González estaban en Sevilla, porque su quintaesencia figuraba en un poema popular anónimo recopilado por Juan Vázquez, un extremeño muy vinculado al movimiento renacentista de Sevilla, donde falleció en 1563, en una obra que llevaba por título Recopilación de sonetos y villancicos a cuatro y cinco voces (Sevilla, 1560). “De los álamos vengo madre…”, una canción cantada por villanos, es decir, un villancico, figuró siglos más tarde como cuarto madrigal amatorio compuesto por el maestro Joaquín Rodrigo, respetando la melodía original que había escuchado durante su estancia en París hacia finales de los años treinta.
Otoño, desde los álamos de Sevilla en la Alameda de Hércules, el jardín público más antiguo de Europa, ¿me preguntas hoy por qué estoy triste?
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Hoy, a las 20 horas y 19 minutos en horario peninsular (19:19 en Canarias), entra el otoño “con muy poco ruido: / apagadas cigarras, unos grillos apenas, / defienden el reducto / de un verano obstinado en perpetuarse”, tal y como nos lo presenta Ángel González.
En 2019 dediqué una pequeña serie de artículos en torno a la aprehensión del otoño por parte de este excelso poeta, tan presente en este cuaderno digital. Vuelvo a publicarlos a partir de hoy, porque para mí la poesía es siempre “un arma cargada de futuro”, tal y como lo aprendí de Gabriel Celaya.
Esta igualdad temporal de los días y las noches (equinoccio) con la que identificamos el otoño, forma parte del decorado de nuestras vidas. Cambia el día, la noche, la luz, el calor, el frío, la caída de las hojas, todo cambia. La oportunidad de escribir sobre el otoño de nuestra vida, cada otoño, hace que cumplamos estaciones en vez de años y surgen, insolentes, unas preguntas curiosas: ¿cuántos otoños tienes? O, ¿cuántos otoños somos?
Ángel González, en su segundo poema de Otoños, Entonces, dedica una reflexión sobre el decorado cambiante de nuestras vidas, porque somos protagonistas de una película, de largo metraje, en la que cada estación hace que determinadas secuencias sean inolvidables. Solo por una palabra maravillosa, entonces, un adverbio demostrativo de que lo que allí ocurrió fue solo en ese tiempo, en ese momento, en esa ocasión. El Fin del Verano, podría ser hoy el título de la película en este momento, entonces, al que sigue de forma inexorable un invierno, estaciones con parada fija sin que nosotros podamos hacer nada por detenerlas en el tiempo.
Entonces era otoño en primavera o tal vez al revés: era la primavera semejante al otoño.
Azuzadas de pronto por el viento, corrían veloces las sombras de las nubes por las praderas soleadas. Inesperadas ráfagas de lluvia lavaban los colores de la tarde. ¿De cuándo ese carmín que fue violeta? ¿De dónde el oro que era ocre hace un instante?
Los silbos amarillos de los mirlos, el verde desvaído al que apuntaban, la luz, la brisa, el cielo inquieto: todo nos confundía.
Con un escalofrío repentino de temor, y nostalgia, evocamos entonces la verdad fría y desnuda de un invierno no sé si ya pasado o por venir.
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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Ayer volví a leer en un espejo de un restaurante tetuaní de esta ciudad, escritos a mano y con el color rojo de sangre, unos versos de Mahmud Darwish, un poeta palestino que descubrí hace ya muchos años y que han resonado en mi mente de una forma especial, en el contexto terrible de lo que está sucediendo en Gaza. Pertenecen al poema A mi madre (1), que reproduzco a continuación con una traducción excelente del árabe de Luz Gómez García, en los que se intuye que Darwish amplifica el amor a su madre tierra también, Palestina:
Añoro el pan de mi madre, el café de mi madre, las caricias de mi madre… Día tras día en mí crece la infancia y amo mi vida, pues de morir me avergonzarían las lágrimas de mi madre.
Haz de mí, si vuelvo un día, chal para tus pestañas, cubre mis huesos con hierba bautizada por tus puros talones, átame con un mechón de tus cabellos… con una hebra del bordado de tu vestido… Puede que me convierta en un dios, que en un dios me convierta si toco el fondo de tu corazón.
Ponme, si es que regreso, como leña en la lumbre de tu fuego, como cuerda de tender en la azotea de casa, porque no puedo levantarme sin tu oración de cada día. He envejecido, devuélveme las estrellas de la infancia para que comparta con los pájaros más pequeños la senda del regreso al nido en que aguardas.
También he recordado hoy las palabras que Juan Goytisolo pronunció en el acto celebrado en 2011 en la Universidad de Birzeit, en Ramala, en el que recibió el premio Darwish, que suenan ahora con más fuerza que nunca ante el genocidio actual en Gaza: “Con una dignidad admirable, Darwish nos dice que “recordar el genocidio nazi es un deber que no incumbe tan solo a los judíos. Todos los pueblos cuya conciencia permanece viva y todos los amigos de la libertad comparten la memoria de las víctimas del nazismo y la tienen presente en sus espíritus” (…) En efecto: la poesía de Darwish se dirige también a los israelíes con sentido de la justicia –que, aunque minoritarios, existen— para recordarles que el horror del Holocausto no justifica la permanente humillación a la que someten a los palestinos que viven en su propia tierra bajo un régimen de apartheid que vulnera todas las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y las leyes internacionales establecidas en su Texto Fundacional […] Darwish fue la voz capaz de expresar lúcidamente y con palabras bellas y precisas la brutalidad del ocupante y la deslealtad de aquellos que abandonaron el proyecto de democratización de las sociedades árabes, que usaron la derrota de su supuesta santa causa para satisfacer sus deseos de poder y de ajustar cuentas con sus rivales. […] Hay que leer y releer a Darwish para no perder la esperanza. La Palestina que le fue arrebatada en la infancia no es un paraíso perdido sino realizable y abierto por tanto hacia el porvenir. Esta fe obstinada de Ulises en un futuro siempre posible confiere a sus poemas esa lucidez, fruto de una visión histórica serena y exenta de odio: una emoción y dolor que, por lo remansados y sobrios, se alzan sobre las vicisitudes dramáticas del momento y asumen misteriosamente el fulgor de la profecía”.
Recuerdo finalmente, también, a Gabriel Celaya, cuando nos enseñó en La poesía es un arma cargada de futuro (1955), su clave poética para transformar este mundo al revés, tan manifiesta en Gaza, pero tan lejos de los silencios cómplices y de la equidistancia política actual:
Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
El que tenga oídos que oiga. El que quiera entender que entienda. El que quiera leer…, que lea la obra extraordinaria de Darwish. Estará más cerca de Palestina que nunca.
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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Mi escritura es circular y quien frecuenta estas páginas sabe de mi aprecio por el poeta Ángel González. Estas palabras que siguen las escribo cada año y siguen manteniendo su valor cuando se acerca el otoño de 2025. Confieso que lo vivo de forma especial al recordarlo hoy de nuevo con emoción y conciencia de clase humana y solidaria con “los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados”, reconociendo que fue Eduardo Galeano quien los identificó como nadie para que marcaran mi vida olvidando nuestro olvido hacia ellos.Hoy, son los gazatíes inocentes que mueren a diario, los que representan estos nadies.
Los recuerdo en este otoño porque estamos obligatoriamente obligados a “otoñar”, que es soñar de una forma diferente, para no perder para siempre ángeles que necesita el mundo, este país, como son la luz, el fuego y la vida, que cuiden de ellos, de nosotros, de todos, sin dejar a nadie, a los nadies, hoy al pueblo gazatí, atrás.
Cuando el lunes próximo, a las 20 horas y 19 minutos en horario peninsular (19:19 en Canarias), se igualen el día y la noche en el hemisferio norte, en una ceremonia temporal y puntual que nunca falla y que los sabios del lugar llaman equinoccio de otoño (aequinoctium, aequus nocte, «noche igual»), las personas a las que nos gusta otoñar sentiremos una especie de aviso, porque también se puede humanizar este tiempo y su momento si somos capaces de aprehenderlo en su justo sentido. Por ejemplo, acudir prestos a compartir esta estación con el poeta Ángel González, aunque en mi caso él me acompaña siempre a lo largo del año y sus otras estaciones, siendo consciente de que estamos saliendo hoy de un verano obstinado en perpetuarse, / cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.
Entrando en mi clínica del alma, mi biblioteca, vuelvo a leer en las horas preparatorias del nuevo equinoccio de otoño sus poemas dedicados a los Otoños, en plural, porque existen millones de otoños, los que vive cada ser humano a su forma y manera: mi otoño, tu otoño, su otoño, nuestro otoño, vuestro otoño, el otoño de ellos, de ellas…, el otoñar de todos. De todas formas, los otoños de González me inspiran otra forma de comprender la vida y me gusta compartirlo para hacer más llevadero ese ser y estar en el mundo de todos y cada uno, otoñando la vida. Comienza su entrega de sentimientos y emociones con un poema precioso, El otoño se acerca, que vuelvo a compartir hoy:
El otoño se acerca con muy poco ruido: apagadas cigarras, unos grillos apenas, defienden el reducto de un verano obstinado en perpetuarse, cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.
Se diría que aquí no pasa nada, pero un silencio súbito ilumina el prodigio: ha pasado un ángel que se llamaba luz, o fuego, o vida.
Y lo perdimos para siempre.
Lo he manifestado en otoños anteriores y hoy, vuelvo a buscar el ángel que se llamaba luz, fuego, o vida, y no lo encuentro, rodeado de malas noticias por todas partes, en un país con desasosiego permanente desde hace ya varios años, en este otoño tan especial que sigue entrando con el ruido de los malos augurios de desastres climatológicos, guerras y economía maltrecha, estando obligatoriamente obligados a entenderlo. Al menos, podemos encontrar un ángel, en medio de tantos demonios, de apellido González. Lo agradezco una vez más, porque necesitamos momentos amables en esta azarosa vida, en este otoño en el que también estamos obligatoriamente obligados a otoñar, que es soñar de una forma diferente, para no perder para siempre ángeles que necesita este país, que necesitamos todos, con nombres preciosos y que hoy día tienen más valor que nunca: luz, fuego y vida.
Gracias, Ángel González, un otoño más, porque sé que te llamas así por los solsticios y equinoccios que alumbraron con su cambiante luz, su vario cielo, el viaje milenario de tu carne trepando por los siglos y los huesos (1). No te olvido.
(1) González, Ángel. Para que yo me llame Ángel González, en Áspero mundo, 1956. Madrid: Rialp.
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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Sevilla, 19/IX/2025 – 14:23 h (CET+2) – Actualizado a las 17:53 h
La Consejería de Salud y Consumo dependiente de la Junta de Andalucía, publicó el pasado lunes en el portal web del Servicio Andaluz de Salud, los datos de «Tiempos de respuesta asistencial. Listas de espera» – Junio 2025, al ser «un objetivo prioritario la transparencia en la información a la ciudadanía de las listas de espera de todas las personas usuarias que están a la espera de una intervención quirúrgica y o de una consulta externa». Verificados los datos, la realidad actual es que en Andalucía seguimos con unos datos alarmantes, tanto en la lista de espera de consultas externas, 852.859 pacientes, como en cirugía, 207.236, con un sumatorio total de 1.060.095 pacientes en una situación verdaderamente lamentable desde la perspectiva de servicios públicos de primera necesidad en el ámbito de salud, que no responden a garantías mínimas exigibles a un Estado de Bienestar. Los datos que figuran a continuación matan el relato triunfante de esta semana del Gobierno andaluz al considerar una proeza «haber reducido en 20.319 (14,2%) el número de pacientes pendientes de una operación quirúrgica dentro del plazo de garantía sanitaria y en 30.074 (56,7%) el de los que están fuera de plazo, entre diciembre de 2023 y junio de este año. También destaca la reducción del tiempo medio de espera en 42 días -de 150 a 108- para los que están con garantía en ese mismo período». Como los números son muy fríos y tercos, me he tomado la molestia ética de contrastarlos con los últimos datos oficiales sobre lista de espera del Sistema Nacional de Salud, a diciembre de 2024, que elabora el Ministerio de Sanidad.
Sobre los datos de lista de espera de consultas externas, el Ministerio fija el dato de la situación de Andalucía en 866.248 pacientes, lo que significa que respecto de los datos de diciembre de 2024, «sólo» se ha reducido esta lista en 13.959 pacientes, a junio de 2025, es decir, permanecen en esa lista un total de 852.289 pacientes, lo que supone una «reducción» de un porcentaje irrisorio, el 1,6% del total.
ANDALUCÍA. TOTAL LISTA DE ESPERA DE CONSULTAS EXTERNAS
Igualmente, he efectuado el cálculo comparativo entre los datos de la lista de espera quirúrgica publicados por el Ministerio, a 31 de diciembre de 2024, con los datos presentados por la Consejería el pasado 15 de septiembre, arrojando los siguientes resultados: el Ministerio fija el dato de la situación de Andalucía en 194.159 pacientes, lo que significa que respecto de los datos de diciembre de 2024, se ha incrementado en Andalucía el número de pacientes hasta un total de 207.236, 13.077 pacientes más a junio de 2025, lo que supone un revés importante a todas las medidas anunciadas a bombo y platillo por la Consejería, con un gasto extraordinario a lo largo de estos años, de centenares de millones adjudicado a empresas privadas, para aligerar estas listas de espera insufribles por parte de la la población andaluza.
He destacado los grandes números, demostrando que se juega con ellos dependiendo del enfoque que se quiera dar a los mismos, no inocentes casi siempre. Ante esta situación queda el horizonte cada vez más próximo de las elecciones en esta Comunidad porque es el momento de depositar el voto e intentar acabar con esta lamentable situación de la forma más democrática posible. Con la mayoría actual del Partido Popular y su cercanía alarmante a Vox, es difícil operar cambios, pero podemos prepararnos de forma concienzuda para formar un frente amplio democrático, popular, con incorporación de la población civil, hastiados como estamos de tanta injusticia ante nuestros ojos y, en este caso de salud, ante nuestras vidas.
Es justo reconocer también que el pasado martes 2 de septiembre se presentó una iniciativa legislativa popular (ILG) para blindar la sanidad pública de los conciertos y la privatización, avalada por casi 60.000 firmas, impulsada por las Mareas Blancas junto a los sindicatos Satse, CSIF, CCOO y UGT. Son esfuerzos loables, pero de muy largo recorrido en su tramitación por la burocratizada participación ciudadana en las decisiones parlamentarias de Andalucía, que es donde se transforma nuestra sociedad andaluza. Mientras, 1.060.095 de andaluces y andaluzas, sufren la dolorosa situación, impresentable a todas luces, de una espera vergonzosa y vergonzante, para solucionar un problema vital que puede acabar incluso con muchas vidas.
En definitiva, si vuelvo a exponer hoy de nuevo el drama de las listas de espera en el Sistema Sanitario Público de Andalucía, es porque insisto en que se debería hacer un estudio urgente, riguroso y profundo para conocer las causas estructurales, no sólo económicas, que provocan estos graves desajustes de atención a los pacientes andaluces, algo que llama la atención por el silencio oficial de la Junta de Andalucía al respecto o por proclamas de éxito de gestión de las listas de espera, de vez en cuando, que no se pueden entender de ninguna forma, con los datos en la mano. Basta con verificar los datos actuales en la fuentes oficiales citadas, para darnos cuenta de dónde está Andalucía situada a nivel nacional en relación con las listas de espera. Es la única forma de que las ciudadanas y los ciudadanos de esta Comunidad podamos emitir juicios bien informados sobre la situación real del Sistema Sanitario Público de Andalucía, que acusa daños estructurales, organizativos y económicos de importancia extrema, en un proceso paulatino de demolición de los principios públicos del Estado de Bienestar que lo sustentan.
Seguimos recibiendo avisos de lo que está pasando, estamos viendo y, también, sufriendo. Es hora de actuar en defensa de los servicios sanitarios públicos, sin más demora. Una buena forma de activar la crítica constructiva y solidaria es facilitar estos datos, de boca en boca, utilizando también las redes sociales, para que todos podamos emitir juicios bien informados sobre esta realidad tan preocupante en el país y, obviamente, en Andalucía.
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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Un breve mensaje de Sam Altman, muy reciente, no nos debería pasar desapercibido en este loco mundo al revés, sobre todo porque su significado histórico proviene de la escuela conspiranoica: “Nunca me tomé tan en serio la teoría de la internet muerta, pero parece que ahora hay muchas cuentas de Twitter [ahora X y propiedad de Elon Musk] administradas por LLM [modelos grandes de lenguaje de la IA]”. ¿Qué significa en estos momentos este temor creciente de Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, la empresa que entregó al mundo en 2022 el archiconocido ChatGPT, acrónimo de Chat Generative Pre-Trained, una aplicación de chatbot de inteligencia artificial generativa?
La respuesta más acorde con la realidad actual la he leído en un artículo publicado el pasado domingo en el diario El País, que me ha dejado muy intranquilo: “El máximo responsable de la empresa creadora de uno de los desarrollos más sofisticados de inteligencia artificial (IA) empieza creer en la teoría de la “internet muerta”, que defiende que el contenido generado automáticamente superará al generado por humanos, por lo que los peligros de manipulación, desinformación y condicionamientos de conductas de forma intencionada se multiplicarían”.
En el artículo citado se hace referencia a una publicación reciente en una revista científica, Physical Review Letters, de investigadores de la Universidad de Vermont y el Instituto Santa Fe, en la que se advierte de los peligros reales y muy actuales de la internet muerta: “lo que se propaga, ya sea una creencia, una broma o un virus, evoluciona en tiempo real y gana fuerza a medida que se distribuye” siguiendo un modelo matemático de “cascadas de autorrefuerzo [Self-Reinforcing Cascades]”. Según esta investigación, aquello que se difunde muta a medida que se propaga y ese cambio ayuda a viralizarlo en un modelo parecido a los fuegos de sexta generación, imposibles de apagar con medios convencionales. “Nos inspiramos en parte en los incendios forestales: pueden volverse más fuertes cuando se queman a través de bosques densos y más débiles cuando se cruzan brechas abiertas. Ese mismo principio se aplica a la información, las bromas o las enfermedades. Pueden intensificarse o debilitarse dependiendo de las condiciones”, explica Sid Redner, físico, profesor del Instituto de Santa Fe y coautor del artículo”.
El artículo de El País finaliza con una aportación magnífica de Aaron Harris, CTO de Sage, que cree posible una internet ética, “pero no va a suceder por casualidad”, precisa. “La transparencia y la responsabilidad deben determinar cómo se diseña y se regula la IA. Las empresas que la desarrollan deben lograr que sus resultados sean auditables y explicables, para que las personas comprendan de dónde proviene la información y por qué se recomienda”. Defiende, igualmente, “la protección del “internet humano”, “especialmente ahora que cada vez hay más contenido creado por bots”, pero no a costa de prescindir de los avances logrados. “No creo que la solución sea volver al mundo anterior a la IA e intentar restringir o eliminar por completo el contenido que ha generado. Ya forma parte de nuestra forma de vivir y trabajar, y puede aportar un valor real cuando se utiliza de forma responsable. El problema es si alguien se responsabiliza del contenido. Ese es el principio que todas las empresas deben seguir: la IA debe mejorar la capacidad humana, no sustituirla. Todavía es posible una internet más humana, pero solo si mantenemos las necesidades de las personas en el centro y hacemos que la responsabilidad sea innegociable”.
Salvando lo que haya que salvar, he recordado hoy al situarme ante la pantalla en blanco, mi publicación de 2007 en este cuaderno digital, de un libro, Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital, “una interpretación sobre la inteligencia humana, que preside todos los actos de vivir apasionadamente, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y telecomunicación”. Internet ética, en estado puro, digital por supuesto, que se puede completar también con otro libro posterior, Origen y futuro de la ética cerebral, publicado en 2014. En el prólogo explicaba que “cada capítulo engloba una serie de reflexiones, con formato de artículo y con base científica en su mayor parte, para que no se convierta en un libro de autoayuda al uso, sino de conocimiento de lo más preciado que tenemos como seres humanos: la inteligencia que se desarrolla a lo largo de la vida en nuestro cerebro, que es único e irrepetible y que nos juega siempre buenas y malas pasadas, a través de unas estructuras cerebrales que condicionan la amplitud de nuestro suelo firme en la vida, lo que llamó “solería” de nuestra vida, o lamas de parqué en términos más modernos, puestas una a una a lo largo de nuestra existencia, dependiendo de cada experiencia construida en el cerebro individual y conectivo, que es la razón que nos lleva a ser más o menos felices. Además, con proyección específica en el mundo real en el que vivimos, en la inteligencia digital. Al fin y al cabo, es lo que pretende el cerebro siempre: devolver en su trabajo incansable, porque nunca deja de funcionar, ni de noche ni de día, es más, durante la noche sobre todo, la razón lógica del funcionamiento de las neuronas, un trabajo maravilloso y que espero que este libro ayude a conocerlas bien, para justificar nuestro origen y futuro humano, el comportamiento de género, la influencia diaria y constante en la inteligencia y en el compromiso para que el mundo propio y el de los demás merezca la pena vivirlo, compartirlo y habitarlo”.
Necesitamos compartir el conocimiento humano a través de una Noosfera Ética, apoyada en una Internet Limpia, Viva, no muerta ni adulterada, como malla pensante de la humanidad. En un libro recopilatorio de artículos de Tom Wolfe, El periodismo canalla y otros artículos, encontré en 2001 una referencia a Teilhard de Chardin (a quien debo mi interés manifiesto por el cerebro desde 1964), que tiene una actualidad y frescura sorprendentes: “Con la evolución del hombre –escribió-, se ha impuesto una nueva ley de la naturaleza: la convergencia”. Gracias a la tecnología, la especie del Homo sapiens, “hasta ahora desperdigada”, empezaba a unirse en un único “sistema nervioso de la humanidad”, una “membrana viva”, una “estupenda máquina pensante”, una conciencia unificada capaz de cubrir la Tierra como una “piel pensante”, o una “noosfera”, por usar el neologismo favorito de Teilhard. Pero ¿cuál era exactamente la tecnología que daría origen a esa convergencia, esa noosfera? En sus últimos años, Teilhard respondió a esta pregunta en términos bastante explícitos: la radio, la televisión, el teléfono y “esos asombrosos ordenadores electrónicos, que emiten centenares de miles de señales por segundo”.
Junto a la preocupación expresada por Sam Altman, creo que es urgente blindar la Internet ética, la Inteligencia Artificial (AI) desarrollada por humanos con altas capacidades digitales, al servicio de la Noosfera, que será la que transforme el mundo actual para hacerlo más humano y habitable en beneficio de todos, sin exclusión alguna.
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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
La producción deliberada de la ignorancia, es decir, la agnotología, está en auge y no estamos preparados para neutralizarla como es debido. Para demostrarlo basta conocer los resultados recientes de la Encuesta de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología 2024, elaborada por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), en la que la mitad de los españoles cree que las compañías farmacéuticas ocultan los peligros de las vacunas (20 puntos más que en 2022), un 41,6% cree que “se han producido virus en laboratorios gubernamentales para controlar nuestra libertad”, y uno de cada tres está convencido de que “la cura para el cáncer existe, pero se mantiene oculta al público por intereses comerciales”. Sólo son datos para conocer la importancia de la ignorancia tutelada, no inocente, que asola el país.
El término agnotología, derivado del griego agnosis, no saber, y logia, ciencia o tratado, fue acuñado por Robert N. Proctor en 1992, como “el estudio de la creación y propagación deliberada de la ignorancia por motivos comerciales o políticos”, desarrollado ampliamente en una publicación realizada junto a Linda Schiebingers (como editores), Agnotología. La producción de la ignorancia, publicada en 2022 y traducida en nuestro país por Oroel Marcuello Gil y Chaime Marcuello Servós.
Para conocer bien qué significa esta ciencia de la ignorancia, recomiendo la lectura atenta de la introducción del libro citado, facilitada por la editora en España, porque hay que conocer bien de qué estamos hablando para poder emitir posteriormente juicios bien informados: “Han pasado quince años desde la aparición de Agnotología [2007] y la creación de ignorancia se ha convertido en un gran negocio. Y mayor en las noticias. En 2007 nadie hablaba realmente de fake news y en el ínterin hemos visto el ascenso (¿y la caída?) de personajes como Trump, Bolsonaro, Orban y Duterte, hombres fuertes con una extraña habilidad para ahogar la verdad a gritos mediante el ejercicio del poder a lo bruto. La fabricación de la ignorancia también se ha convertido en un gran negocio. Ahora tenemos filtros, burbujas y dispositivos electrónicos personales, rociándonos con una manguera de «noticias de última hora», a menudo de procedencia o calidad incierta. La desinformación se difunde más rápido que nunca, equiparando la información de alta y baja calidad. Y gran parte de esto es deliberado en la «economía de la atención», donde el público consumidor es al mismo tiempo productor no remunerado de datos para las grandes plataformas. […] La desinformación deliberada continúa, con nuevos trucos y técnicas. Los negadores del cambio climático han recurrido al «no soy un científico» o al «no somos nosotros, son ellos». O cuesta demasiado arreglarlo, o cada uno de nosotros tiene la culpa. O incluso el cínico y fatalista «es demasiado tarde». Mientras tanto, los bosques arden, los corales se blanquean, las ciudades y los metros se inundan, y los malhechores corporativos han aprendido a asentir con la cabeza y sonreír en público, mientras obstruyen las soluciones en privado”.
Estamos avisados y sabemos ya que la producción masiva de la ignorancia, la agnotología, existe. Su precursor, Robert N. Proctor, nos recuerda su breve historia: “Acuñé el término agnotología a principios de la década de 1990 para designar el estudio de la ignorancia, pero también la producción de ignorancia —del mismo modo que el español es tanto un campo de investigación como una práctica lingüística—. La idea era que los filósofos se han centrado demasiado en el conocimiento y demasiado poco en la ignorancia, que es mucho más común, más retorcida y más peligrosa. Los filósofos tienden a privilegiar las narrativas de las élites, están en la frontera, son vanguardistas, ignorando la ignorancia que queda atrás y el dinero que puede explotar o incluso crear ignorancia”. A partir de aquí expone ejemplos claros de cómo se fabrica la ignorancia con grandes inversiones económicas en diferentes sectores de la industria de la nicotina, del carbono, del azúcar y uno muy actual, el de las grandes empresas tecnológicas que se han convertido en los siete magníficos del siglo XXI, porque “desarrollan motores para la creación y circulación de información errónea y desinformación, alimentando agravios personales y reforzando los prejuicios”. Tenemos clarísimos ejemplos en las últimas elecciones a la presidencia en los Estados Unidos, junto a la intromisión permanente de Rusia “contaminando” todo lo que se mueve en el mundo desde su óptica unidimensional. También se proyecta día a día en nuestro país, siendo un ejemplo claro el negacionismo de cualquier atisbo de progreso social que cuide el interés social, en áreas tan sensibles como inmigración, refugiados, cambio climático, violencia de género y vacunación, entre otras áreas de interés público.
En estos días, estamos asistiendo a un espectáculo mundial de agnotología a través del negacionismo puro y duro en torno al cambio climático y a las vacunas, por ejemplo, liderado este último por Robert Francis Kennedy Jr., el nuevo Secretario de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos desde el 13 de febrero de 2025, bajo la segunda presidencia de Donald Trump. Igualmente, el negacionismo del genocidio en Gaza, injustificable por la hambruna y muerte por inanición de la población infantil, con un silencio cómplice mundial clamoroso y de fondo negacionista y agnotológico.
Es la negación por antonomasia de la realidad científica que además causa graves daños a la Humanidad, difundiendo la ignorancia programada. Podemos poner muchos ejemplos de la actualidad, pero he escogido una exposición científica divulgativa que me parece aclarar de fondo y forma qué significa en la actualidad el negacionismo del conocimiento, tutelando la ignorancia programada, que nos asola por tierra, mar y aire. Me refiero a un artículo que publicó Mark Hoofnagle en 2009, doctor en Fisiología por la Universidad de Virginia y experto en denialismo, describiendo el negacionismo como «el empleo de tácticas retóricas para dar la apariencia de argumento o debate legítimo, cuando en realidad no lo hay». Es el proceso que funciona usando una o más de las siguientes cinco tácticas con el fin de mantener la apariencia de una controversia auténtica (1):
1. Teoría de conspiración. Desestimar la información o la observación sugiriendo que los rivales participan en «una conspiración para esconder la verdad».
2. Falacia de evidencia incompleta. Seleccionar un artículo aislado apoyando su idea, o usar artículos obsoletos, defectuosos o desacreditados para hacer parecer la postura opuesta como si estos apoyaran sus ideas en una investigación débil.
3. Expertos falsos. Pagarle a un experto en el campo, o en otra área, para que dé evidencia de apoyo o credibilidad.
4. Cambiar las reglas. Desestimar la evidencia presentada en respuesta a una afirmación en específico, solicitando continuamente otra pieza de evidencia.
5. Otras falacias lógicas. Usualmente, una o más falsas analogías, tales como argumento ad consequentiam (los prejuicios cognitivos), falacia del hombre de paja (nunca se toca el argumento de fondo), o red herrings (maniobras de distracción).
El debate sobre la agnotología, es decir, la creación y propagación deliberada de la ignorancia por motivos comerciales o políticos, se centra en el poder actual de los medios de comunicación intervenidos por el capital y las tecnologías de la información, en su exponente tan preocupante de redes sociales no inocentes, para contaminar, manipular y hundir en la ignorancia supina a sus seguidores de forma violenta e intrusiva en lo más preciado que tiene, el cerebro, es decir, la sede del conocimiento y comportamiento humano y su forma de actuar ante el cambio climático, por ejemplo, las vacunas o el ocaso de la democracia. También en la salud y en la enfermedad. Creo que hay que hacer un esfuerzo en estos días por romper las barreras del conocimiento humano y dejarse llevar por lo que la ciencia y la terca realidad nos demuestra a diario y de forma amable y didáctica a través de investigaciones dignas, de información veraz, como único camino seguro para salir de la ignorancia planificada por una industria no inocente que cuenta con el respaldo de multinacionales tecnológicas amparadas por los nuevos emperadores totalitarios en el mundo que nos rodea, representados en estos momentos por Trump y Putin, como artífices de un nuevo mundo al revés sustentado por la ciencia de la ignorancia planificada, con una negación clara del grandioso poder de la democracia, que propicia siempre conocimiento y libertad.
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
La idea no ha sido mía sino que ha nacido al leer una experiencia inmersiva a través de Van Gogh, protagonizada por una periodista de elDiario.es, mediante un road trip de cinco días, por los paisajes que inspiraron el postimpresionismo en Francia, en Van Gogh y Cézanne, fundamentalmente.
Si me ha llamado la atención esta experiencia es porque destaca el papel que jugó en Van Gogh la Provenza francesa, con un eje territorial central, la ciudad de Arlés, donde el artista encontró el color. Ha sido esta localización la que me ha dado sentido a un cuadro que contemplo a diario en mi casa, una copia de una obra suya, La Cosecha, pintada por mi, sobre el que ya escribí unas palabras especiales en 2015, que reproduzco a continuación, porque es Van Gogh quien explica su intrahistoria, invitándome de nuevo “a viajar a su interior”: “En enero de 2005 finalicé la copia de un cuadro suyo, La cosecha (en La Crau), como primer trabajo del taller de pintura al óleo en el que estaba inscrito ese año, pintado a propuesta mía por el recuerdo vivo de un libro precioso que tenía en mi biblioteca sobre el autor y publicado en 1990, año en el que se cumplía el centenario de su muerte y porque creí que era importante copiarlo en trazos que consideré siempre fáciles para un principiante. Craso error. Aquella sobrecubierta del libro, en la que figuraba también el cuadro, había sido clave para comprender mejor a este complejo artista, al que conocí a través del trigo cosechado en Arlés, el pajar, las escaleras, el carro central que tanto cuidé, un hombre con una horca y el fondo de montañas de colores púrpura y azul, el Montmajour, con un fondo turquesa de cielo bastante sobrecogedor. […] He vuelto a leer la opinión que Van Gogh tenía sobre este cuadro, pintado en una sola sesión, el 12 de junio de 1888: “El […] lienzo hace que desmerezca absolutamente todo el resto”, porque sabía que era de una complejidad técnica asombrosa y porque el verano, a diferencia de la primavera, no es fácil de representar. Es la primera vez que incorpora también a personas en esta serie y pretendió representar casi todas las fases de la cosecha. En la llanura de la Crau, en Arlés, donde está situada su pintura, decía que “no hay nada más que… infinitud y… eternidad”.
La cosecha. Copia del original de Van Gogh, 1888 / JA COBEÑA
El museo que alberga esta obra, en Ámsterdam, ayuda a comprender también su profundo mensaje interior: “Casi puedes sentir la sequedad y el calor en esta pintura del paisaje plano alrededor de Arles en el sur de Francia. Van Gogh combinó el azul azul del cielo con tonos amarillos y verdes para que la tierra capturara la atmósfera de un día de verano. Trabajó en los campos de trigo durante días bajo el sol abrasador. Este fue un período inmensamente productivo, en el que completó diez pinturas y cinco dibujos en poco más de una semana, hasta que una fuerte tormenta puso fin a la temporada de cosecha. Van Gogh quería mostrar la vida campesina y el trabajo en la tierra, un tema recurrente en su arte, y pintó varias etapas de la cosecha. Vemos un campo de trigo medio cortado, escaleras y varios carros. Un segador trabaja en el fondo, por lo que tituló la obra “La cosecha». Van Gogh la consideró una de sus pinturas más exitosas, escribiendo a su hermano Theo que el «lienzo hace que desmerezca absolutamente todo el resto».
He vuelto a comprender bien el mensaje del pintor y sus rarezas en un mundo diseñado a veces por el enemigo, segúnél infinito y eterno, para hacerlo más habitable y humano. Es lo que en el fondo y forma aprendí de su azarosa obra, razones por las que quiero pintar siempre la vida incluso con palabras.
oooooOOOooooo
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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Quizás sea una de las razones profundas de mi aversión a las novelas, porque me puede la realidad de los ensayos, ficción versus realidad científica a veces, o viceversa aunque, alguna vez, me ha pasado al leerlas lo que el poeta Ángel González, tan recordado estos días por la celebración del centenario de su nacimiento, describió maravillosamente en un poema, La verdad de la mentira, que figura en su obra póstumaNada grave:
Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas, y una voz cariñosa le susurró al oído: —¿Por qué lloras, si todo en este libro es de mentira? Y él respondió: —Lo sé; pero lo que yo siento es de verdad.
Cuando he conocido los datos del último barómetro del instituto 40dB, publicados ayer en el diario El País, en los que se reflejaba el avance real y objetivo de intención de voto a favor de la ultraderecha, con una subida espectacular, he pensado en este poema de Ángel González y he comprendido que tenía razón, que para muchas personas que se afilian, votan o confían en la derecha extrema y ultraderecha sienten como verdad lo que no es más que mentiras, sobre los inmigrantes, por ejemplo, negando sistemáticamente el cambio climático, la violencia de género, el estado de derecho, la Constitución, la legitimidad del gobierno actual, así como el negacionismo absoluto de todo lo que se califica como progresista y democrático en este país tan dual y cainita. El problema real es que se creen estas mentiras y todo lo que dicen la derecha extrema y la ultraderecha, lo sienten como verdad absoluta. Eso es lo que les basta, en pleno ocaso de la democracia mundial y de nuestro país.
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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Vuelvo a tratar en este cuaderno digital, como el rayo que no cesa, un asunto espinoso, la pobreza infantil en nuestro país, en mi Comunidad, por su especial impacto en relación con los comedores escolares, pero creo que es justo y necesario escribir sobre esta realidad social, mucho más lacerante cuando comienza en estos días el curso escolar, con una injusta discriminación social por la pesada carga en las mochilas de 2,8 millones de niños y niñas en riesgo de pobreza y exclusión, en nuestro país, cuya correcta alimentación en los centros educativos está en peligro.
La organización no gubernamental Educo, de la que me siento muy cerca, ha publicado un nuevo informe, Vuelta al cole, ¿vuelta al comedor?. Lo que dicen los datos, en línea con el del año pasado, en el que se analizan las dificultades de las familias más vulnerables para asegurar la alimentación de sus hijos e hijas y poder llevarlos al comedor escolar en la escuela pública.
En su introducción se afirma que “En este informe analizamos los datos estadísticos con el objetivo de ver la situación y avances del comedor escolar. Más de 2,5 millones de niños, niñas y adolescentes comen cada día en sus escuelas. Sin embargo, solo son el 48,9 % del alumnado de primaria y el 2,9 % de la educación secundaria obligatoria (ESO) en los centros públicos. Muchas familias dependen de las becas para poder enviar a sus hijos e hijas al comedor escolar. Aunque la inversión en becas ha crecido el último curso en casi 110 millones de euros, el 56,2 % de la infancia en riesgo de pobreza no recibe una beca comedor”.
Junto al derecho a la educación, en el informe se defiende también el derecho a la alimentación: “El comedor escolar es mucho más que una comida completa y saludable, que para muchos y muchas será la comida principal del día. Es un espacio educativo que impacta en la alimentación y en los hábitos de vida saludable, un espacio para aprender y probar cosas nuevas. Un espacio para actividades y juegos, donde compartir y convivir, aprendiendo de los conflictos y descubriendo amistades […] En los últimos años ha ido aumentando la asistencia al comedor escolar, en el curso 2023/2024 más de 2,5 millones de niños, niñas y adolescentes comieron cada día en la escuela, disfrutando de este espacio alimentario y educativo. Pero hay 6,5 millones de alumnos y alumnas en aulas y patios. Si analizamos por nivel educativo vemos que en la escuela primaria pública el 48,9 % del alumnado asiste al comedor escolar, un dato que crece año a año, como muestra el gráfico:
Me sigue llamando la atención conocer que “la brecha principal se da, sin lugar a duda, en el paso de primaria a secundaria: “Solo el 2,96 % de quienes van a institutos públicos asistirán al comedor. Y aunque en la escuela privada y concertada el porcentaje es mayor (27,18 %), tampoco ofrece el espacio de alimentación y educación que se necesita para toda la adolescencia. Los datos son muy similares a los que presentábamos en 2022 para el curso 2019/2020 (2,9 % y 25,2 % respectivamente), lo que muestra que la situación no se está abordando”.
Como se demuestra en el siguiente cuadro, uno de los problemas de importancia extrema y preocupante es la desigualdad territorial en este ámbito de salvaguarda del derecho infantil y juvenil a la educación y alimentación:
Personalmente, estoy convencido de que el comedor es también un espacio educativo. A partir de este punto, el informe plantea recomendaciones concretas: “Es urgente poner en marcha las acciones necesarias para que los centros de educación secundaria obligatoria ofrezcan servicio de comedor o alternativas que garanticen una comida saludable al día, y asegurar el acceso para todo el alumnado, con medidas específicas para quienes viven en riesgo de pobreza o exclusión”:
1. En el primer apartado, relacionado con infraestructuras educativas, se expresa que “Frente al desafío de lograr que todos los niños y niñas puedan acceder al espacio educativo del mediodía, el primer paso es que haya una infraestructura adecuada y disponible para el comedor escolar. Todavía hay centros educativos que carecen de ella, en todos los niveles educativos, pero especialmente en secundaria. El 15 % de los centros públicos de educación primaria todavía no tiene comedor escolar. Y en la educación secundaria, la cifra alcanza el 82 % de los institutos públicos”.
2. El informe recoge también una segunda recomendación de financiación suficiente para superar las desigualdades territoriales en este ámbito de actuación educativa: “Pedimos a los gobiernos que se incluyan partidas en los Presupuestos Generales del Estado y de las comunidades autónomas para la creación, reparación, ampliación y dotación de comedores escolares que garanticen que todo el alumnado en todos los niveles educativos puede disfrutar de las oportunidades del espacio del mediodía”. Además, hay que tener en cuenta la relación de pobreza infantil y comedor, que se sustancia en la imperiosa necesidad de dotar suficientemente las Becas comedor: “Una vez sorteada la dificultad de conseguir plaza, para muchas familias empieza otro recorrido complejo para solicitar una beca comedor. Además, en muchos casos la resolución llega con el curso iniciado, lo cual agrava la preocupación sobre cómo pagarán esa plaza conseguida si no consiguen la beca. La dificultad de conseguir plaza y el miedo a verse en una situación de deuda, sumados a la complejidad del trámite de la beca, la no comprensión de términos como el IPREM [Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples] o la renta per cápita, o la falta de algún papel, hacen que las familias renuncien a la posibilidad del comedor escolar para sus hijos e hijas”. Hay que reconocer que las cifras de dotación de becas comedor han mejorado, pero en el contexto global de datos ofrecido en el informe, siguen siendo clamorosamente insuficientes.
3. Junto a estas recomendaciones anteriores, figura en el informe una tercera de indudable interés público: “Pedimos que los gobiernos autonómicos revisen los baremos de acceso y la cuantía de las becas para que cada niño, niña o adolescente en situación de pobreza o exclusión social pueda acceder de forma gratuita al comedor escolar y al espacio del mediodía”. Se trata de avanzar en la gratuidad universal de los comedores escolares: “Cada día acuden a los centros educativos más de 6 millones de niños, niñas y adolescentes. En el curso escolar 2024/2025 fueron exactamente 6.409.015 niñas, niños y adolescentes. Si multiplicamos el alumnado (ed. infantil 1.º y 2.º ciclo, ed. primaria, ed. especial y ESO) por cada día del curso escolar y por el precio máximo del comedor obtenemos una aproximación al coste del comedor universal”. En el informe se cita textualmente que “Hemos realizado esta operación para cada comunidad autónoma [precio máximo por comedor escolar x días lectivos x alumnado] y, en conjunto, el comedor escolar y espacio de mediodía para todo el alumnado costaría 6.196 millones de euros para todo el curso escolar. Esta cifra puede parecer muy alta, pero si la ponemos en relación con el producto interior bruto de España en 2024, el comedor escolar universal representa el 0,39 % del PIB”. El gráfico es estremecedor y de un impacto importante y negativo en mi Comunidad, Andalucía.
4. Por último y como corolario de lo anteriormente expuesto, el informe de Educo plantea la defensa de un “comedor escolar universal y gratuito, porque lo consideramos parte del derecho a la educación: todo el alumnado tiene derecho a disfrutar de los beneficios y el impacto positivo del espacio del mediodía. Un comedor y tiempo del mediodía de calidad garantizan el derecho a la educación, la alimentación y el juego, en un entorno protector y seguro. Invertir en infancia invirtiendo en educación es invertir en derechos. Es invertir en las personas, en la sociedad de hoy y en la del futuro”.
El informe plantea finalmente dos conclusiones, comenzando por una realidad, la vuelta al cole, supone la vuelta al comedor: “todavía hay una brecha importante entre quienes querrían ir y quienes van. Una brecha por falta de plazas y por falta de becas. Como hemos visto en este informe, el 48,9 % de los niños y niñas de primaria y el 3 % de adolescentes de ESO en los centros públicos disfrutan del comedor y el mediodía escolar. Los datos de asistencia crecen lentamente pero no responden a los deseos y necesidades de la infancia y las familias. Esta brecha se debe en parte a la falta de infraestructuras. El 15 % de los centros públicos de primaria y el 82 % de los institutos públicos no tienen comedor escolar. Por otro lado, no hay plazas en los comedores para todos los niños y niñas. Se deben mejorar las infraestructuras para dar cabida a todo el alumnado, adecuándolas para una mejor atención de la infancia”.
La segunda conclusión estriba en una declaración del derecho a la educación y alimentación como algo indisoluble: “El comedor escolar puede y debe ser universal y gratuito. El comedor escolar y las dos horas del mediodía son parte de la vida escolar y parte del derecho a la educación. No son solo un complemento para la conciliación laboral, sino que también brindan un aprendizaje de hábitos saludables, alimenticios, de socialización, de convivencia y de valores. Equidad educativa para que todos los niños, niñas y adolescentes tengan garantizada su participación y disfrute del derecho a la educación. España necesita y puede asumir la inversión del 0,39% del PIB para el comedor escolar, que garantizaría una educación integral con sus tiempos de estudio, descanso, alimentación y juego, para todo el alumnado de educación infantil, primaria, especial y secundaria obligatoria”.
He querido compartir hoy aspectos sustanciales del informe citado, Vuelta al cole, ¿vuelta al comedor?, al que se ha agregado un subtítulo muy importante, Lo que dicen los datos, que recomiendo leer con la atención y respeto que merece, sobre el que he hecho un esfuerzo de síntesis para plasmar los resultados que he considerado de interés público, que nunca sustituye la lectura directa y completa del documento. Es la única forma de contrarrestar las noticias falsas y bulos, al respecto, para que se emitan juicios bien informados, porque sólo ante un gobierno de Estado o Comunidad Autónoma, pre-ocupado (así, con guion) por la desigualdad actual económica, laboral y social en la población, no cualquier gobierno, porque todos no son iguales, se deben denunciar estas cifras que afectan a tantas personas, a tantos niños, a tantas niñas, a tantos jóvenes, con un objetivo claro: que se aprueben leyes y disposiciones con urgencia para solucionar esta situación de la relación de derechos a la educación y a la alimentación. Es la única vía para que se transforme la sociedad española, permitiendo que la igualdad, solidaridad y justicia social permita a todos avanzar en derechos y libertades que mejoren las condiciones de vida para salir de la pobreza en cualquiera de sus estadios, que afectan a millones de ciudadanos en este país, de andaluces y andaluzas también, niños y niñas sobre todo, los más desfavorecidos, los pobres severos, los nadies, tantas veces citados en este cuaderno digital desde la visión expuesta por Eduardo Galeano, que procuro no olvidarlos aunque a veces yo sea un pájaro herido por el principio de realidad de la pobreza severa y exclusión social que nos asola, con cifras -desde mi punto de vista- insoportables para atender como merece la dignidad humana.
Para que no se olvide: los 2,8 millones de niños y niñas de nuestro país, en riesgo de pobreza y exclusión, merecennuestra atención, la que corresponda a cada uno, porque hoy, sin esperar a mañana, es una obligación ética dar visibilidad a esta situación y denunciarla, ofreciendo alternativas. Fundamentalmente, porque existe otra forma de atender esta situación tan dolorosa e inhumana y porque es un deber hacerlo y una responsabilidad pública del Gobierno correspondiente. El dato es escalofriante: el 56,2 % de la infancia en riesgo de pobreza severa y exclusión social no recibe una beca comedor o lo que es lo mismo, 1.600.000 niños y niñas seguirán este curso escolar, tan próximo, sin disfrutar de un derecho combinado de educación y alimentación necesarias para desarrollar una vida digna.
NOTA PARA LECTORES Y LECTORAS DE ESTE ARTÍCULO: si te preocupa la situación descrita, divúlgala. La acción ciudadana de conocer datos reales, verdaderos, sobre lo que está pasando y estamos viendo, es la que permite emitir juicios bien informados que sirvan para la transformación social en nuestro país. Eduardo Galeano nos lo recordó hace ya muchos años: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Gracias por haber llegado hasta aquí.
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