Recordando el 95 aniversario de la proclamación de la Segunda República en este país

El motor de una democracia es un pueblo educado

Niceto Alcalá Zamora, primer presidente de la Segunda República española

Sevilla, 14/IV/2026 – 13:19 h CET (UTC+2)

En mi compromiso existencial de olvidar el olvido, sobre todo para respetar la memoria democrática de este país, recuerdo que hoy se cumple el 95 aniversario de la proclamación de la Segunda República, en años complejos de nuestra historia, un día especial para los que amamos la “res publica”, la cosa pública, el interés general en beneficio de todos como ideología, nómadas redomados y, a veces, nadies, que hacemos un largo viaje en un mundo complejo y bastante desajustado, en medio de tumultos civilizados, entre claroscuros y la dura monotonía de los días que pasan, esperando siempre un nuevo despertar.

Así empezaba la canción de Franco Battiato, Nómadas (1987), que forma parte de la banda sonora de mi vida: Nómadas que buscan los ángulos de tranquilidad, / en las nieblas del norte, en los tumultos civilizados, / entre los claroscuros y la monotonía de los días que pasan. Battiato me susurraba a los oídos, en mis años jóvenes, algo transcendental en la vida de los nómadas de espíritu: Caminante que vas buscando la paz en el crepúsculo / la encontrarás, la encontrarás al final de tu camino. / Bajo el tránsito de la aparente dualidad, / la lluvia de Septiembre despierta el vacío de mi cuarto / y los lamentos de la soledad aún se prolongan.

Con este estado de ánimo, me enfrento a la página en blanco en este recuerdo tan especial y sensible para nuestro país, junto a mi admirado Franco Battiato, que lo cantaba así, como buen cantor, que no cantante (cantor es el que debe cantar y cantante el que puede, que no es lo mismo, como decía Facundo Cabral): Como un extranjero no siento ataduras del sentimiento, / y me iré de la ciudad, esperando un nuevo despertar. / Los viajantes van en busca de hospitalidad, / en pueblos soleados, en los bajos fondos de la inmensidad.

En este largo viaje existencial que vivo apasionadamente, recuerdo también la última estrofa de la canción de Battiato, porque en el fondo soy un forastero que busca el sentido de la vida, como un nómada impenitente en este loco mundo diseñado a veces por el enemigo: Forastero que buscas la dimensión insondable / la encontrarás fuera de la ciudad, al final de tu camino.

Estoy convencido de que el mundo sólo tiene interés hacia adelante, el hilo conductor de este cuaderno digital, un largo viaje existencial, como el de Ulises hacia Ítaca, aunque ahora, ante el resultado incierto de las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía, mi recuerdo de lo que sucedió con la República en este país, hará pronto 90 años, sea a veces sólo una isla desconocida en el archipiélago ético de la sociedad española actual, que tanto olvida. De ahí mi humilde homenaje a la llegada de la Segunda República, como demócrata nómada inmerso en un largo viaje existencial.

Vuelvo a recordar la frase de D. Niceto Alcalá Zamora, primer presidente de la Segunda República, un hombre bueno, en el sentido puro de la palabra bueno, tal y como me lo enseñó hace ya bastantes años, D. Antonio Machado. Y los dos, con su compromiso especial para defender la educación como pilar básico de la democracia, para que en España fuéramos mejores ciudadanos y ciudadanas, tuvieron que morir alejados de su país, nómadas en el exilio, porque muchos no entendieron nada de lo que decían y escribían. Ni querían entender, ni lo entienden todavía hoy, en un aniversario tan especial.

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¡Paz y Libertad!

Elecciones al Parlamento de Andalucía 2026 / 15. Debemos defender para la Comunidad lo aparentemente imposible

Mayo del 68, París

Nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés.

Sevilla, 14/IV/2026 – 08:00 h CET (UTC+2)

He rescatado para esta serie uno de mis grandes principios expuesto durante años en este cuaderno digital, creer que otro mundo es posible, aplicándolo a Andalucía también, en este momento de elecciones a su Parlamento. Es verdad que ante lo aparentemente imposible, la sociedad ha reaccionado a lo largo de los siglos de formas muy variadas, tal y como Eduardo Galeano lo presentó, por ejemplo, a modo de pregunta sobre los imposibles del mundo al revés, en Una pregunta (Patas arriba. La escuela del mundo al revés): “En el siglo doce, el geógrafo oficial del reino de Sicilia, Al-Idrisi, trazó el mapa del mundo, el mundo que Europa conocía, con el sur arriba y el norte abajo. Eso era habitual en la cartografía de aquellos tiempos. Y así, con el sur arriba, dibujó el mapa sudamericano, ocho siglos después, el pintor uruguayo Joaquín Torres García. Nuestro norte es el sur, dijo. Para irse al norte, nuestros buques bajan, no suben. Si el mundo está, como ahora está, patas arriba, ¿no habría que darle vuelta, para que pueda pararse sobre sus pies?”.

Asimismo, la Iglesia Católica, por ejemplo, ha situado en el santoral un escalafón de santos y santas que son abogados y abogadas de lo imposible, de las llamadas «causas perdidas», para llevarnos a cultivar algo muy importante en la vida: ser inaccesibles al desaliento, confiando en dioses, santos y santas de diferente origen y poder, con creencias legítimas pero que desplazan el auténtico trabajo personal e intransferible en el empeño por cambiar el mundo y salvarlo de las injusticias de la sociedad actual, para transformarlo en definitiva y luchar por un mundo mejor. Personalmente, defiendo otra confianza más terrenal, sin apoyo de pedestal o peana alguna, la que ejercen personas que defienden lo imposible desde la perspectiva social y democrática, el interés general, que a lo largo de los siglos han soñado y sueñan todavía no sólo con cambiar el mundo, sino dar siempre un paso más, transformarlo, para que el beneficio general de esta forma de proceder diario, sin dejar a nadie atrás, sea el hilo conductor de una nueva forma de ser y estar en el mundo, poniendo a Don Dinero, poderoso caballero, en su sitio.

Por otra parte, es importante recordar también la pintada que ha representado siempre el celebérrimo Mayo francés del 68, “Sed realistas, pedid lo imposible”, junto a las manifestaciones en las calles de París, de las que fueron sus principales protagonistas los estudiantes universitarios, desde Nanterre a la Sorbona. Era una afrenta integral contra la Autoridad, su significante y su significado arropado en las teorías de Herbert Marcuse sobre la unidimensionalidad del ser humano, en todas sus expresiones posibles, porque esta Autoridad soterraba cualquier posibilidad de cambio en la sociedad francesa y, por extensión, europea y mundial. Todo un símbolo que rescato hoy de nuevo ante la situación política mundial y, por extensión, en nuestro país, en Andalucía, porque debemos buscar, desesperadamente, la ilusión para transformar un mundo que nos hace sufrir a diario y que nos permite entender de alguna forma el mundo al revés que nos rodea todos los días por tierra, mar y aire. Fundamentalmente, cuando estamos acercándonos de forma espeluznante al ocaso de la democracia en nuestro país. Así de claro.

En una sociedad que deserta a diario de cualquier compromiso que vaya más allá de los intereses de cada uno, creo que es muy importante debatir sobre esta realidad social, porque los agoreros mayores de este Reino Mundial, dicen a diario que transformarlo es imposible. Pero, ¿qué es lo imposible? Las acepciones del diccionario nos orientan, en principio, sobre las mejores definiciones posibles, pero de las cuatro que por primera vez aparecieron en el Diccionario de la lengua española, en 1780, me quedo con la tercera, la de orientación metafísica según el citado diccionario, precisamente por posibilista: cosa sumamente dificultosa o ardua, porque la primera no abre posibilidad alguna para avanzar en la vida: lo que no puede ser o no se puede hacer. Se comprende mejor que la pintada del mayo francés dejaba una puerta abierta a la acción revolucionaria vital: haced lo imposible, aunque sea algo sumamente dificultoso o arduo.

Junto a esta realidad de creencia en vencer lo aparentemente imposible, que en esta época electoral de posibilidad de cambio de gobierno en Andalucía es un desiderátum real, creo que siguiendo lo expuesto por Eduardo Galeano en la obra citada anteriormente, en sus últimas páginas, tenemos también “el derecho al delirio”, sin tener que recurrir a la abogada oficial de los imposibles, que él elige en la figura de Santa Rita, pero hay varios más en el santoral católico, apostólico y romano, siendo Judas Tadeo un competidor nato (con perdón): “Ya está naciendo el nuevo milenio. No da para tomarse el asunto demasiado en serio: al fin y al cabo, el año 2001 de los cristianos es el año 1379 de los musulmanes, el 5114 de los mayas y el 5762 de los judíos. El nuevo milenio nace un primero de enero por obra y gracia de un capricho de los senadores del imperio romano, que un buen día decidieron romper la tradición que mandaba celebrar el año nuevo en el comienzo de la primavera. Y la cuenta de los años de la era cristiana proviene de otro capricho: un buen día, el papa de Roma decidió poner fecha al nacimiento de Jesús, aunque nadie sabe cuándo nació”. De un plumazo, Galeano nos abre los ojos y nos lleva de la mano a soñar que otro mundo es posible en 2026, en Andalucía obviamente, aunque muchos creen y dan por sentado tal y como está el mundo y nuestro país, en concreto, que es imposible.

A continuación, nos dice que “El tiempo se burla de los límites que le inventamos para creernos el cuento de que él nos obedece; pero el mundo entero celebra y teme esta frontera”, invitándonos en ese momento a volar, algo que necesitaremos en este mes de mayo de 2026 de los cristianos, el 1404 de los musulmanes, el 5139de los mayas y el 5787 de los judíos. Es verdad, añade, porque “Milenio va, milenio viene, la ocasión es propicia para que los oradores de inflamada verba peroren sobre el destino de la humanidad, y para que los voceros de la ira de Dios anuncien el fin del mundo y la reventazón general, mientras el tiempo continúa, calladito la boca, su caminata a lo largo de la eternidad y del misterio. La verdad sea dicha, no hay quien resista: en una fecha así [la llegada en 2000 del nuevo Milenio] por arbitraria que sea, cualquiera siente la tentación de preguntarse cómo será el tiempo que será. Y vaya uno a saber cómo será. Tenemos una única certeza: en el siglo veintiuno, si todavía estamos aquí, todos nosotros seremos gente del siglo pasado y, peor todavía, seremos gente del pasado milenio”.

¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible, otra Andalucía diferente:

“[…] la gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor; 

el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas;

la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar;

se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y, como juega el niño sin saber que juega;

[…]

los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas;

[…]

los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos;

los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas;

[…]

la muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero;

nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene;

el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra;

la comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos;

[…]

la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla;

[…]

la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda.

[…]

la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: Amarás a la naturaleza, de la que formas parte;

serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma;

los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se perdieron de tanto buscar;

seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo;

la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses; pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero”.

Después de interiorizar estas palabras escogidas de Galeano, para tomar conciencia de que cada uno, cada una, debemos de ejercer de líderes en defensa de lo aparentemente imposible,  leemos o escuchamos las noticias de hoy, a primera hora de la mañana, en un mundo desajustado y lleno de incertidumbres, por obra y gracia del emperador desnudo Trump, reinterpretando hoy el famoso cuento de Andersen, comprobando que a pesar de que todo está impregnando de urgencia y emergencia de cambios sociales, hay que seguir trabajando por la transformación de un mundo que las noticias dibujan como misión imposible.

Estoy convencido de que cada día nos otorga el derecho al “delirio” de pensar y transformar la sociedad, según Galeano, ahora Andalucía, por el mero hecho de haber nacido, soñando de verdad que otro mundo es posible y eso, nos basta para trabajar a fondo la ilusión de transformar este mundo cada día más al revés e imposible. Además, cuando el Sur puede ser el Norte del mundo, tal y como lo trazó el geógrafo Al-Idrisi hace ya muchos siglos, estamos proclamando en voz alta que no estamos locos por el delirio de vencer lo imposible; que sabemos, como muchos antepasados nuestros, lo que queremos y amamos sobre todas las cosas posibles, aunque difíciles y arduas, en beneficio del interés general, de todos y sin dejar a nadie atrás.

Sabemos que Luis Cernuda, el poeta universal nacido en Sevilla, dijo en 1931 en un artículo publicado sobre “José Moreno Villa o los andaluces en España”, que “Andalucía, ya se sabe, es el Norte de España; pero no la busquéis en parte alguna, porque no estará allí. Andalucía es un sueño que varios andaluces llevamos dentro”.

Es una metáfora preciosa basada en la actitud transformadora del aquel poeta malagueño, olvidado por muchas personas instaladas en el síndrome del Sur o que sufren el complejo territorial español de nuevo cuño, por mucho que Mario Benedetti se esforzara en resaltar las virtudes de esta localización privilegiada, cuando afirmó que el Sur también existe.

Agradezco a Eduardo Galeano y a cuantas personas siguen luchando como imprescindibles por un mundo mejor, cada uno como sabe y puede, lo anteriormente expuesto en su obra citada, eligiendo entre los sueños imposibles de su “delirio”, los que me parecen más adecuados para este momento crucial de la Humanidad, de nuestro País, de nuestra Comunidad, porque estoy convencido de que puedo soñar despierto en una Andalucía al revés, en un mundo al revés en definitiva, que deseo convertirlos al derecho en beneficio de todos.

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Elecciones al Parlamento de Andalucía 2026 / 13. La gracia, en política, aporta la gran belleza de la duda

Paolo Sorrentino, La grazia (2025), 82º Festival de Venecia

Sevilla, 12/IV/2026 – 08:10 h CET (UTC+2)

He visto recientemente una gran película con texto y contexto político, La gracia. La belleza de la duda, respetando el título original. Otra vez el cine cumpliendo, afortunadamente, una función social, didáctica y ejemplarizante, a través de una película italiana, dirigida por Paolo Sorrentino, “un elogio de la política en tiempos de crisis”, como leí en una crítica constructiva en elDiario.es, que abrió el pasado 82º Festival de Venecia.

La sinopsis oficial creo que sólo introduce el verdadero hilo conductor de la película, la política útil y benefactora para la sociedad a la que debe servir: “Mariano De Santis, Presidente (ficiticio) de la República italiana, es un veterano político demócrata, humanista y cristiano, pero de repente comienza a dudar sobre varias importantes decisiones que debe tomar, en especial sobre si aprueba o no una ley de eutanasia, planteándose un gran dilema moral”. Una vez vista y con especial atención a sus frases y diálogos no inocentes, refuerzo mi principio sobre la utilidad y necesidad de la buena política en democracia, a pesar de las dudas profundas que envuelven muchas veces la toma de decisiones de sus dirigentes.

Si comienzo hoy con una visión “cinematográfica” de lo que está pasando y estamos viendo actualmente en este país y en mi Comunidad, en el plano político, la primera reflexión en la proximidad de las elecciones del 17 de mayo, es que casi todo sigue igual, las derechas ultramontanas insultando y echando la culpa de todo lo que ocurre al presidente del Gobierno, en un negacionismo brutal de lo que significa la buena política, junto a una realidad flagrante, la de la izquierda cada vez más desunida, sin tomar conciencia, faltando al respeto de sus votantes, de que próximamente, “puede ser vencida” y con un denominador común: los y las protagonistas de la política indecente son el fiel reflejo de una máxima latina que aprendí en mis años jóvenes universitarios: gratia non datur, natura dispensatur o lo que es mismo en roman paladino (que decía Berceo), la gracia no presupone lo que la naturaleza no da, es decir, antes que ser buen político o buena política, por decreto, hay que ser buena persona, para entendernos todos, porque la gracia no es un bien infuso. Gracia entendida en este caso tal y como se asume por la iglesia católica: favor sobrenatural y gratuito que Dios concede al hombre para ponerlo en el camino de salvación. O lo que es lo mismo, otra vez: cualidad de buena persona y digna que determinados políticos y políticas creen que la naturaleza les ha concedido desde su nacimiento, por la gracia divina, sin mezcla alguna de educación política y digna, en su sentido más extenso.

Vivimos en el reino de la mediocridad y a esta corriente se apuntan los y las políticas que no acaban de entender su verdadera función, no asumiendo el gran principio latino expuesto anteriormente: la gracia no presupone lo que la naturaleza de cada uno, de cada una, no le ha dado a lo largo de la vida, entendida esta “naturaleza” como educación política integral e integrada, para empezar, como simples ciudadanos de a pie. Como decía Jorge Wagensberg (Aforismos), “lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud. Todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir”. Un político o una política, mediocres, malas personas, porque la gracia no presupone en ellos lo que la naturaleza no les ha dado, pueden hacer sufrir mucho a este país, a esta Comunidad, a la democracia en general. Seguimos estando avisados.

Recuerdo de nuevo al excelente escritor Manuel Rivas, ya citado en esta serie, cuando en el periodo preelectoral de 2019 decía: “Hay mucha gente desencantada de la política, tal vez porque tenía de ella una visión providencial. Yo no estoy desencantado, ni encantado, porque no espero milagros. Me parece suficiente milagro una política que no haga daño. Aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”. Efectivamente, que determinados políticos y políticas no hagan daño, porque su desvergüenza no la puede suplir la gracia divina, tan creyentes ellos.

Mientras que la nave política va… (Fellini, dixit) en nuestro país, en nuestra Comunidad, gracias, grazie tante Sorrentino, por enseñarnos que otro mundo político es posible, teniendo en cuenta palabras muy bellas de tu extraordinaria película: Dios hace las preguntas, pero no da las respuestas, la gracia es la belleza de la duda, todo se reduce a una pregunta: ¿de quién son nuestros días?, “le preocupa demasiado la verdad”, dirigiéndose el Papa negro a su amigo, el presidente De Santis, recomendándole vivir el presente porque el pasado es historia y el futuro es incertidumbre o una reflexión sobre la incoherencia ética: no es fácil estar a la altura de nuestros principios. Es verdad, porque la gracia es la gran belleza de la duda. En política, también.

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Elecciones al Parlamento de Andalucía 2026 / 11. Hay que recuperar valores éticos, como suelo firme de la Comunidad

SOLERIA
Ejemplo de solería árabe, con estrellas de ocho puntas

Sevilla, 10/IV/2026 – 08:13 h CET (UTC+2)

Las reflexiones que siguen, deberían incorporarse como introducción obligada en el área de educación de los programas políticos concretos y factibles de las próximas elecciones para el Parlamento de Andalucía, para que podamos elegir el que se comprometa con la ética en todo sus niveles, porque todos los partidos políticos no son iguales, ni sus programas tampoco.

Quien defiende el mercado puro y duro, la austeridad y abrocharse permanentemente el cinturón, defiende normalmente las mercancías en todos los niveles de la vida y la ética no suele aparecer por ningún sitio, porque compromete y mucho. Además, suele convivir mal con el capital. Es más, no se pueden diseñar programas políticos éticos, si no se conoce qué significa esa palabra en las vidas de los que los diseñan. 

Siempre me ha gustado asimilar la ética a la solería de nuestras casas. Así lo aprendí del profesor López-Aranguren hace ya muchos años, cuando comparaba la ética al suelo firme que justifica todos los actos humanos a lo largo de la vida: es la “raíz de la que brotan todos los actos humanos, o todavía mejor, el suelo firme que justifica dichos actos, en definitiva, una forma de vida”. Y es verdad, porque la ética no debería estar sometida a la moda o al mercado, como una mercancía más, como sucede ahora, porque bien entendida es una actitud permanente ante la vida personal y social, pública y privada, sostenida en el tiempo que corresponda vivir a cada uno, es decir, una forma de vida

Hay que recuperar la ética con urgencia vital, porque es la única forma de establecer cauces de comprensión humana y de solidaridad ante un mundo que a veces está diseñado por el enemigo. El hartazgo que vivimos en la actualidad está fundamentado en el fracaso de la sociedad española y, lógicamente, andaluza, para abordar el sentido de la vida personal y común. Ha fallado un modelo del capital, del mercado puro y duro, que ahora no sabemos qué hacer con él, porque los gobiernos no saben qué hacer tampoco para contenerlo, dando muchas veces palos de ciego y obedeciendo a las grandes fuerzas políticas europeas y mundiales que se arrogan el papel de salvadores de esta situación, con modelos basados en una austeridad monetaria para los demás y no para todos. 

Hemos perdido el norte ético de valores y existen muchas razones para demostrarlo, pero como estoy empeñado en una tarea de contribuir a crear masa crítica sobre la realidad de que otra Andalucía es posible, en convivencia plena con otros pueblos de España, Europa y los diversos mundos que existen sin orden alguno establecido, debemos hablar más de recuperar la ética como suelo firme de la Comunidad Autónoma que de analizar permanentemente las razones del fracaso social en el que estamos instalados. 

La ética exige una trazabilidad en la historia de cada persona. Esta es la razón de por qué hay que recuperarla en el tiempo didáctico que sea oportuno, en todos los niveles de la enseñanza pública. No hay otra solución, porque la ética no se improvisa como una mercancía más, ni se puede comprar al peso, es decir, hay que sacarla urgentemente del mercado en el que a veces se instala. Por esta razón he defendido tantas veces en este blog la permanencia de la asignatura de educación para la ciudadanía en la enseñanza pública, porque he entendido que la ética de los valores personales y sociales hay que desarrollarla en ciclos formativos diferentes y progresivos, desde las escuelas infantiles, inclusive, para que aprendamos qué significa y porque la solería de la vida ética es contemporánea con el crecimiento de cada persona. 

Además, hay que completar esta inmersión en la ética con diseños curriculares en formación profesional y universitaria, incluso en formación postgraduada y másteres de todo tipo, para reforzar continuamente la importancia de la conducta humana forjada en valores éticos, que se desarrollarán más tarde de forma práctica en la ocupación o profesión que ejerza cada persona. Así hasta llegar a las personas mayores, alumnos y alumnas de la Universidad de la vida, que también necesitamos volver a recordar principios éticos de solidaridad, respeto y convivencia con los demás. 

Ética no es doble moral, por ejemplo. Y esta dualidad en política es muy peligrosa porque casi siempre acaba en corrupción de todo calibre y en todas sus acepciones posibles. El “tú más” debe desaparecer de todo planteamiento político, porque no conduce a sitio alguno y genera hartazgo hasta unos límites insospechados.

Para empezar esta gestión de lo posible en Andalucía, hay que hacer borrón y cuenta nueva utilizando principios éticos de honestidad y transparencia. En los partidos políticos hay que hacer un inventario radical de miembros activos y pasivos para identificar a quienes no saben lo que es la ética, afecte a quien afecte y caiga quien caiga, aunque los que queden quepan solo en un taxi. Es mejor ir solos en clave de ética ejemplar que mal acompañados. Creo que es un clamor popular esta reflexión. Respecto de la ciudadanía, hay que hacer también inventario y erradicar conductas que no llevan a ningún sitio, como es el fraude fiscal permanente. A quienes defraudan en todos los órdenes, hay que señalarlos públicamente y denunciarlos mediante la inspección pública legalmente constituida, por el daño que hacen. No debemos estar esperando siempre a que los medios de comunicación, las redes sociales o los jueces, actúen en consecuencia. Alguna vez tendremos que hablar de un gran valor ético, la responsabilidad personal, profesional o política, por acción u omisión, que hay que reivindicar en todo los órdenes sociales. El fraude sistemático, no solo económico, por el incumplimiento de programas políticos o el abandono de atención a derechos subjetivos fundamentales, como en la educación, salud o políticas sociales, la solería ética del Estado del Bienestar, es una de las actitudes que más daño hacen a la sociedad en su conjunto, porque los bienes y servicios públicos no están en el mercado como mera mercancía, sino que son el resultado de compras y generación de servicios con dinero de todos, convirtiéndose en muchos casos en derechos subjetivos de la ciudadanía. Los presupuestos de la Comunidad Autónoma de Andalucía, son ya un reflejo de la gestión ética de los poderes públicos y creo que, en general, no estamos muy encima de su elaboración, aprobación y ejecución final. Desde luego, muy lejos de sus resultados finales, con la evaluación obligada que requeriría observar por los ciudadanos y ciudadanas que vivimos y votamos en esta Comunidad.

Creo que existe también una ética andaluza, muy arraigada en los estilos árabes, donde la verdad histórica es irrenunciable y compatible con visiones modernas del bien hacer y mirando a quién, con una espera en la verdad y en lo bello y sabiendo que como las alas de las mariposas, que van por el mundo volando, con trajes de fiesta, puede permitir a los ciudadanos de bien de este país considerar la posibilidad de que otro Estado es posible, de que otra Andalucía es posible, en una nueva visión de utopía alcanzable de las nuevas ideologías cargadas de ética, tan maltrechas en los tiempos que corren. Es una magnífica ocasión que se nos ofrece para buscar horizontes de salud mental, que necesitamos con urgencia, como ética andaluza que permite pisar suelo firme en nuestras convicciones más íntimas y en aquellas que acompañamos al voto que depositamos en la urna que corresponda, reflexionando al mismo tiempo en una verdad ética irrefutable: todos debemos compartir las actitudes éticas siendo conscientes de que todos somos iguales ante la ley y el derecho, no ante el mercado, afortunadamente. Recordarlo, se convierte en un refuerzo para nuevas creencias, fundamentalmente porque necesitamos la ética como una nueva forma de vida, tal y como la definió excelentemente el profesor López-Aranguren en su famoso tratado de Ética, publicado en 1958, como raíz de la que brotan todos los actos humanos. Ahora, como solería hecha en Andalucía. 

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Elecciones al Parlamento de Andalucía 2026 / 7. La solución política más simple suele ser la correcta

Sevilla, 6/IV/2026 – 16:38 h CET (UTC+2)

Instalados en el mundo de la complejidad líquida, donde todo cambia en segundos, incluso el pensamiento crítico, es conveniente rescatar la teoría de la navaja de Ockham (Guillermo de Ockham, (ca. 1280/1288-1349), aplicada en este momento al voto político en las próximas elecciones en Andalucía, porque hay que rasurar las barbas de la indecencia política que nos invade, al igual que hizo Ockham con las de Platón y su complejo mundo. La formulación sencilla de esta teoría proclama que la solución más simple sobre lo que está pasando en política es la correcta, es decir, se sabe que se están cometiendo errores concretos sobre la sana política y éstos son los que hay que erradicar, porque sabemos quiénes los cometen y, además, nos hemos quedado con la cara de sus representantes. ¿Quién lo debe hacer? Aplicando la navaja de Ockham, el partido que erradique en su programa las prácticas destructivas de la correcta política, en la que ocupa un papel estelar la corrupción.

Es verdad que cualquier elector puede pensar que todos los partidos son iguales y sus representantes también, pero las hipótesis de creencias para decidir sobre la elección más justa, debe ser la más simple: votar a aquellos que practican continuamente la verdad política, porque existen, salvaguardando el interés general. Llegados a este punto, habría que seguir de cerca a Einstein sobre su posicionamiento ante la navaja de Ockham, puesto que elegir lo más simple en política no significa que haya que emitir juicios no bien informados a través del voto: “A duras penas se puede negar que el objetivo supremo de toda teoría es convertir los elementos básicos en simples y tan pocos como sea posible, pero sin tener que rendirse a la adecuada representación de un solo dato de la experiencia. Simple, pero no más simple” (1).

La situación descrita anteriormente la conocemos bien y la describí en el segundo artículo de esta serie, dedicado a las ideologías, donde afirmaba que lo que verdaderamente es un clamor popular, como analizaba recientemente a tenor de los últimos resultados del Barómetro Sanitario 2025, publicado el pasado 20 de marzo por el Ministerio de Sanidad, que traduce un denominador común de problemas muy serios en la sanidad pública andaluza, que se traduce en un desconcierto ciudadano ante los resultados que se exponen en el mismo. Igualmente, por el desencanto derivado de hechos irrefutables de corrupción política, que hoy comienzan a juzgarse a nivel nacional y que afectan a los dos partidos principales de este país.

En este contexto, el último barómetro elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), correspondiente al mes de marzo 2026, contempla una pregunta que considero de sumo interés para su análisis y toma de consideración por quien corresponda a la hora de aplicar la navaja de Ockham en política y de cara a las próximas elecciones andaluzas. La formulación era la siguiente: ¿Cuál es, a su juicio, el principal problema que existe actualmente en España? ¿Y el segundo? ¿Y el tercero? (RESPUESTA ESPONTÁNEA). (MULTIRRESPUESTA):

Fuente: Centro de Investigaciones Sociológicas – Barómetro Marzo 2026

He tomado en consideración sólo las diez primeras respuestas de un total de 58, porque creo que representan bien el estado anímico de la Nación y por extensión lógica el de Andalucía, dado que —porcentualmente hablando— son muy significativas en el momento político que está atravesando el país y nuestra Comunidad. Queda claro que un gran problema es el de la percepción y valoración ciudadana de la política actual, no sólo la crisis económica o el paro, porque de las diez respuestas, tres de ellas, referidas a asuntos políticos, suman un total del 26,4%, es decir, ocuparían el primer puesto en esta clasificación estadística al darles un tratamiento homogéneo, desplazando al primer problema de la vivienda, con un 24,3% del total. Es muy significativo el resultado porque en política en este país no se salva nadie, ni el Gobierno y partidos o políticos concretos/as, ni los problemas políticos en general y, tampoco, el mal comportamiento de los/as políticos/as. La verdad es que es un resultado lamentable, que debería hacernos reflexionar ante las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía.

Ante este panorama tan complejo y preocupante, es necesario reflexionar en voz alta sobre las actuaciones que pueden ayudar a despejar las incógnitas electorales que nos abruman en estos días que anteceden al 17 de mayo. Hay que considerar, en primer lugar, una base política, como ciudadanos de a pie, como punto de partida para preparar un voto razonable y que lo sustente. Se resume en una sola palabra, ideología, porque cuando existe la ideología, que forja siempre una creencia, la política se hace virtud ciudadana, porque es consecuente, porque somos ciudadanos políticos, en la clave que enseñó Aristóteles. Las ideologías no son inocentes, como tantas veces he explicado en este blog al acudir a lo manifestado en tal sentido por Georg Lukács. Solo me refiero en la situación actual a las ideologías democráticas, las que pueden considerarse por su contenido de respeto a las personas y a la sociedad en general, en el largo camino que existe desde la izquierda a la derecha del arco político actual. Las ideologías son soportadas por las creencias, algo simple, pero no más simple, siguiendo a Einstein.

Todo, al final, es cuestión de principios, como he manifestado en ocasiones anteriores al respecto. A diferencia de la famosa frase atribuida dudosamente a Groucho Marx, “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”, siempre escribo y no me escondo sobre mis principios éticos para vivir dignamente, interpretando la política e intentando transformar la sociedad salvando siempre el interés general. Si estos principios ideológicos no gustan a los demás, no tengo otros. Así de simple, pero no más simple. Sé que las personas que lean estas palabras pensarán con nostalgia en días ya lejanos para algunos, en los que con orgullo, conciencia y sentimiento de clase no nos importaba sentirnos parte de lo que todo el mundo conocía como “la izquierda” y que te identificaran como integrante de sus formaciones políticas que no ocultaban con actitud vergonzante sus siglas e ideologías implícitas. Tampoco importaba que los que no estaban en este espacio ético de la izquierda se burlaran de nuestras «utopías», como la de los ideólogos de siempre, porque para tranquilizar sus conciencias han llamado y siguen llamando hoy a toda pre-ocupación por los demás desde las políticas de izquierda, la de los “comunistas”, sobre todo cuando se centran en el beneficio del interés general, de los nadies de Eduardo Galeano, de los que menos tienen (por cierto, no solo en relación con el dinero). Esa ideología es la que hay que recuperar en beneficio de todos, la que permita devolver el interés de vivir a los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida. Si se consigue con una ideología concreta, porque todas no son iguales, podremos ser felices por nuestra responsabilidad electoral llevada a feliz término a través del voto. Aplicando la teoría de la navaja e Ockham, es decir, decidiendo de forma responsable sobre la elección más justa el próximo 17 de mayo, que debe ser la más simple: votar a aquellos que practican continuamente la verdad política, porque existen, salvaguardando el interés general en beneficio de todos. Así de simple.

(1) Einstein, A. (1934), On the Method of Theoretical Physics. Philosophy of Science, 1, 163-169.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Andalucía canta de nuevo al “Cristo resucitao”, porque para Él “tos somos iguales”

Manolo Sanlúcar, Rocío Jurado y El Lebrijano, Anunciación de la Pascuaen Ven y Sígueme. Un gitano llamado Mateo (1982)

Y para Él, y para Él no hay judíos ni ciegos, / ni blancos ni negros, / ni payos ni gitanos. / Que para Él, tos somos iguales. / Que para Él, tos somos hermanos. // ¡Cristo ha resucitao! / ¡Cristo ha resucitao! / 

Sevilla, 5/IV/2026 – 09:00 h CET (UTC+2) – Actualizado

Convencido, como estoy, de que en la «superficie espiritual» de Andalucía (García Lorca, dixit) somos “escuchaores” de su dolor y de su alegría, vuelvo a dar hoy, domingo de Resurrección para el calendario gregoriano, un sentido muy especial a esta palabra, escuchaor, vinculada al flamenco, porque una cosa es cantar y tocar la guitarra, cantaores y cantaoras, así como guitarristas y, otra, escuchar, por parte de los escuchaores o escuchaoras, como le gustaba decir a Antonio Mairena: ¨[…]  la actitud experimental, la búsqueda, la inquietud y la curiosidad, son cualidades imprescindibles para ser y hacer flamenco. La cantaora y el bailaor, la guitarrista o el fotógrafo que intenta captar el duende inaprensible, así como el oyente o escuchaor -que diría Antonio Mairena- buscan -o deberían buscar- no salir indemnes de la experiencia. Quiero decir con ello que el flamenco no resbala por la piel, sino que la modifica para siempre. Es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación del impacto” (1).

Por este motivo, he recurrido a la banda sonora de mi vida, para rescatar una joya bastante desconocida en nuestra tierra, Ven y Sígueme. Un gitano llamado Mateo (1982), una obra discográfica llevada a cabo por Manolo Sanlúcar, Rocío Jurado y El Lebrijano, escogiendo hoy una canción adecuada a la celebración de este día, Anunciación de la Pascua.

Lo he expresado en diversas ocasiones en este cuaderno digital: las personas que vivimos en Andalucía, que respetamos su identidad, es decir, su extraordinaria «superficie espiritual», que decía García Lorca, porque llevamos la luz con el tiempo dentro, como Juan Ramón Jiménez definía a Moguer, su pueblo y las personas que vivían en él, hemos aprendido a escuchar la vida de nuestro alrededor y llevarla al cante, al baile, al sentir cotidiano, el de todos los días. Luis Cernuda hizo también un retrato precioso del andaluz porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera, como escuchaores y escuchaoras de todo lo que se canta con el dolor de esta tierra. Nos tratamos como hermanos, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, aunque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros —no inocentes— lejos estamos (Manuel Gerena, dixit)

Personalmente, sigo viviendo con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz o andaluza en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentro, escuchaores y escuchaoras por definición cuando el pueblo canta y clama a través de sus “palos”, como palabras hilvanadas en la melodía del dolor diario, incluso cuando canta la “Anunciación de la Pascua”. Como lo soñó Luis Cernuda en un día ya lejano, esperando el alba de su tierra que, muchos años después, seguimos esperando para todos, sobre todo para los que menos tienen y no pueden salir a día de hoy de las jaulas de pobreza en que viven. Son casi setecientas mil personas paradas y casi un millón de pensionistas en el umbral de pobreza, sin ir más lejos, o el millón cien mil personas que sufren las listas de espera ignominiosas para recibir una atención sanitaria especializada o quirúrgica, que están entre los andaluces y andaluzas que esperan una “resurrección” digna en sus vidas y que llevan también la soledad dentro, tal y como lo expresó nuestro paisano, sevillano y andaluz, Luis Cernuda, que siempre soñó con el despertar del alba de la libertad y dignidad en Andalucía, su auténtica resurrección laica: “Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. // Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. // Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz. Con las letras de su cante jondo, desgarrado, que escucho siempre con atención reverencial para seguir luchando y viviendo en pleno siglo XXI: no te creas si te dicen que ya no sufre [Andalucía], mi pueblo, porque aunque los pobres reímos y algunas veces cantamos, la procesión va por dentro, que cantaba Ricardo Cantalapiedra en mis años jóvenes, porque el quejío del flamenco, como escuchaor, no resbala por mi piel, sino que la modifica para siempre. 

He comprendido bien que escuchar el dolor actual de esta tierra es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación de su impacto en mi alma de secreto, para honra de Andalucía y sus gentes, tal y como lo aprendí de las palabras de García Lorca pronunciadas hace tan solo cien años, en el primer Concurso de Cante Jondo, “canto primitivo andaluz”, tal y como rezaba en el cartel promocional del evento, celebrado en Granada en los días 13 y 14 de junio de 1922: A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía.

Escuchen atentamente esta canción. La Anunciación de la Pascua, es un mensaje laico, alentador, en un Domingo de Resurrección de estos tiempos tan modernos, difíciles y rodeados de un mundo al revés, que busca la dignidad humana continuamente. No hacen falta más palabras, porque para Él, tos somos iguales, tos somos hermanos.

No temáis, ¡no!,
porque el que habéis 
matao
no está muerto, ¡no!,
que ha 
resucitao.

Y para Él, y para Él no hay judíos ni ciegos,
ni blancos ni negros,
ni payos ni gitanos.
Que para Él, tos somos iguales.
Que para Él, tos somos hermanos.

¡Cristo ha resucitao!
¡Cristo ha resucitao!
¡Victoria, victoria, victoria de la raza humana!

No miréis tristes al cielo —gitanos, gitanos—,
gitanos sin alegría,
lo que hoy parece duelo —gitanos, gitanos—
ya es 
vía y cercanía.

Venid, gitanos, venid,
gitanos venid, gitanos… venid,
que Cristo aquí nos aguarda.

Todos nosotros veremos
el gran día de la Pascua,
—¡ay, Jesús, ay, Jesús!—
el gran día de la Pascua.

Cantareis con alegría —gitanos, gitanos—,
decía todo el que crea,
que Cristo ha 
resucitao —gitanos, gitanos—,
comienza nuestra tarea.

Todos nosotros creemos
que en Él la muerte no manda,
—¡Jesús, ay, Jesús!—
que en Él la muerte no manda.

(1) Ordóñez Eslava, Pedro, Flamenco y vanguardia. En un instante, un quejío y un anhelo, en Andalucía en la historia, 74, 2022, p. 41.

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¡Paz y Libertad!

Cuando nos faltan las pequeñas y simples cosas

Amaia Romero interpreta ‘Las simples cosas’, en Amarga Navidad

Sevilla, 4/IV/2026 – 14:18 h CET (UTC+2)

Anoche salí sobrecogido y pensativo de mi cinema paradiso habitual, al finalizar la proyección de la última película de Pedro Almodóvar, Amarga Navidad, en la que el director manchego vuelve a profundizar en asuntos personales de hondo calado existencial. Me gustó mucho y sentí el dolor que encerraba el hilo conductor de su guion, cantado por la voz cálida de Amaia Romero, versionando con su gusto habitual un clásico de Chavela Vargas, Las simples cosas:

Uno se despide
Insensiblemente
De pequeñas cosas
Lo mismo que un árbol
En tiempo de otoño
Se queda sin hojas

Al fin, la tristeza es la muerte lenta
De las simples cosas
Esas cosas simples
Que quedan doliendo
En el corazón

Uno vuelve siempre a los viejos sitios
Donde amó la vida
Y entonces comprende cómo están ausentes
Las cosas queridas

Por eso, muchacha, no partas ahora
Soñando el regreso
Que el amor es simple
Y a las cosas simples las devora el tiempo

Uno vuelve siempre
A los viejos sitios
Donde amó la vida

Como dice la canción, uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida. He abierto este cuaderno digital por el año 2017, porque recuerdo un post que escribí en memoria del “cantor” Daniel Viglietti, Cuando nos faltan las pequeñas cosas, como homenaje a las “pequeñas cosas, aparentemente simples, que amamos a lo largo de la vida”, cantadas admirablemente por Joan Manuel Serrat.

Conocí a Daniel Viglietti en 1969, un referente de mi universo musical, a través de Víctor Jara, por la letra de una canción, A desalambrar, que resuena muchas veces en mi cerebro de secreto, recordando con cierta nostalgia cómo enseñaba a mis alumnos y alumnas, a descifrar su letra en tiempos de la dictadura franquista: 

Yo pregunto a los presentes
si no se han puesto a pensar
que esta tierra es de nosotros
y no del que tenga más.Yo pregunto si en la tierra
nunca habrá pensado usted
que si las manos son nuestras
es nuestro lo que nos den.¡A desalambrar, a desalambrar!
que la tierra es nuestra,
tuya y de aquel,
de Pedro, María, de Juan y José.Si molesto con mi canto
a alguien que ande por ahí
le aseguro que es un gringo
o un dueño del Uruguay.

He vuelto a escuchar ese dúo fantástico y ejemplar, Viglietti-Serrat, cantando Aquellas pequeñas cosas, las simples ahora de Chavela Vargas, Amaia Romero y las de Pedro Almodóvar, porque en Amarga Navidad muestra su desnudez vital extrema en cada plano con excelente color, nunca inocente.

Resuenan hoy en mi interior, ambas canciones, volviéndome a reencontrar con Joan Manuel Serrat y sus palabras sobre el hombre nuevo, el canto nuevo, el mundo nuevo, la sociedad nueva, la política nueva, gracias a lo que dibujó con palabras Daniel Viglietti y que Serrat cantó junto a él con su compromiso habitual. Son pequeñas cosas que me enseñó también Serrat, en momentos transcendentales para desalambrar este país, que era conveniente valorarlas en su justo sentido: Uno se cree / Que las mató / El tiempo y la ausencia. / Pero su tren / Vendió boleto / De ida y vuelta. Palabras cantadas también por Viglietti, que tanto agradezco hoy recordando su ausencia en momentos especiales de este país, para desalambrarlo del neofascismo que nos rodea, aunque ahora esta realidad y lo que está pasando y estamos viendo a diario, no nos permitan disfrutar de las pequeñas cosasQue nos dejó un tiempo de rosas / En un rincón, / En un papel / O en un cajón.

Y en este rincón de pensar y meditar sobre las cosas pequeñas y simples, que / el viento arrastra allá o aquí / que te sonríen tristes y / nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve, confieso que a veces me quedo llorando —como finaliza la cancióncuando haciendo un alto en el complejo camino de la vida, nadie me ve

Es la razón y no otra de por qué vuelvo siempre a los viejos sitios donde amé la vida.

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No olvido la ejemplaridad de Jesús de Nazaret, según Pier Paolo Pasolini

Primer plano de Jesús de Nazaret (Enrique Irazoqui), en Il vangelo secondo Mateo (1964), dirigida por Pier Paolo Pasolini

Sevilla, 4/IV/2026 – 07:06 h CET (UTC+2) – Actualizado

Las manifestaciones artísticas en procesiones y oficios varios, en esta Semana tan especial, Santa para algunos, Laica para otros, están basadas en una tradición histórica sobre la pasión y muerte de un personaje histórico, Jesús de Nazareth. Desde el Domingo de Ramos y hasta mañana, el de Resurrección, se condensa en una semana trágica la vida y obra de uno de los personajes imprescindibles de la Humanidad, que me gusta tratar como ciudadano Jesús. Lo escribí el martes pasado, cuando me refería a él, en su ataque continuo de humanidad, recogido así por los cronistas de la época, cuando se cansaba y se dormía en el cabezal del barco porque estaba hecho polvo, (Mc 8,23). O como Machado decía en su precioso poema La Saeta: ¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar! Lo digo con un gran respeto a la fe de mis mayores.

En este contexto, también es verdad que recuerdo siempre una película clásica y de culto sobre la vida de Jesús de Nazareth, El evangelio según Mateo (Il vangelo secondo Mateo, 1964), dirigida por Pier Paolo Pasolini (1922-1975), que me sigue emocionando en el recuerdo personal, transferible hoy, por su mensaje humano y tan cercano a la vida cotidiana de las personas. Pasolini hizo con esta película un cine diferente, singular, diverso: “Jesús (interpretado por Enrique Irazoqui) es mostrado continuamente caminando entre el desierto o entre pueblos en ruinas. Su mirada, como la de Pasolini, no evita a los leprosos ni a los cojos, sino que se detiene en ellos; la cámara, por su parte, se complace, por ejemplo, en la mano del mesías que acaricia los rostros marchitos de quienes acuden a él para encontrar salud. El contacto entre dos cuerpos alivia, de ahí la alegría del rostro de la adolescente María (Margherita Caruso) al ver regresar a José, al saber que, sin importar lo que digan los demás, él ha decidido estar con ella” (1). José demostró siempre que fue un gran compañero.

Miguel Dalmau Soler, Pasolini. El último profeta

Me emocionó esta película cuando la vi de nuevo en Roma en 1976, sabiendo como sabía que aquella ciudad era un peligro para caminantes (Alberti, dixit) que hacen camino al andar. Pasolini sigue muy presente en mi pensamiento crítico y acudo frecuentemente a él. Por ejemplo, sé que una obra espléndida de Miguel Dalmau Soler, Pasolini. El último profeta, ganadora del XXXIV Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias 2022, el año en el que se cumplía el centenario del nacimiento del director italiano, sirve para conocerlo en profundidad, como “último profeta”. Hay que leerla en estos días santos o laicos, según se crean, sientan o miren.

En el fondo, estas palabras son un nuevo homenaje personal al cineasta italiano, del que tanto aprendí a comprender el valor de la vida alternativa y de compromiso político y social, con la pasión dentro (nunca mejor dicho), como él la mostró en una obra también excelente, Teorema, tan incomprendida por la autoridad competente, eclesiástica por supuesto, hasta el punto de haberse arrepentido de haberle entregado un premio por ella, en 1968, cuando descubrió cuál era su auténtico mensaje y no la posibilidad de que el Espíritu Santo entrase en cada uno de nosotros, que fue lo que constituyó el móvil del premio. Cuando se descubrió que Pasolini volaba más bajo que el espíritu, la institución se arrepintió y explicó a los cuatro vientos su voto. El anatema estaba servido. En definitiva muy poca gente había entendido el mensaje real de la película: no es necesario invocar a los espíritus para llenarse de amor en vida, cualquier amor. 

Desgraciadamente, no le salvó nunca su magistral interpretación laica de la vida del ciudadano Jesús de Nazareth, en su forma de leer para el siglo XX el evangelio según Mateo. Quizás tampoco hoy día, en pleno siglo XXI, en un universo tan descreído y alejado del espíritu del bien humano, a pesar de que seguimos sufriendo mucho con la intolerancia y ausencia radical de valores que nos asola a diario.

Comprendo hoy, mejor que nunca, unas palabras de Pasolini que no olvido, hilo conductor de su gran película: “Me interesa el extremismo de Cristo, su modo tajante de cerrarse en banda, su radicalismo total y absoluto. Cristo perdona fácilmente los pecados individuales, pero es intransigente con los sociales”. Palabra de Pasolini.

(1) https://cinedivergente.com/el-evangelio-segun-san-mateo/

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Juan Ramón Jiménez vio la luz de plata de Sevilla, en una madrugada de viernes santo

Juan Ramón Jiménez, Siviglia

Sevilla, 3/IV/2026 – 07:25 h CET (UTC+2) – Actualizado de una versión anterior

Corría el año del Mayo francés del 68, en el pasado siglo. Con veintiún años navegué por primera vez hacia Italia en un “Canguro Bianco” de la Compañía Traghetti Sardi, consorciada con la naviera española Ybarra, viajando en la clase más popular de poltronas, en un barco presentado como uno de los más confortables en el mar por su sistema automático de estabilizadores. Atravesando de noche el peligroso Golfo de León me llevó desde Barcelona a Génova, para llegar finalmente en tren a Milán y Brescia, donde viví seis meses, muy cerca de Sirmione sul Garda, la residencia clásica del poeta Catulo. Fue precisamente en Brescia donde compré un libro de Juan Ramón Jiménez en italiano, Siviglia (Sevilla), dedicado a una ciudad que amaba desde su infancia, “como soy de Moguer y de Sevilla, canto mis ilusiones por seguidillas” llegó a escribir, que me acompañó como libro de cabecera aquellos meses separado de mi tierra y de mi parentela.

En ese libro, en el que leí por primera vez en italiano la poesía y prosa poética de Juan Ramón Jiménez, descubrí un poema dedicado a la madrugada de Viernes Santo, breve y bueno, que no olvido en este viernes de una semana, para mí, laica:

…Sobre las calles que huelen a cera, sobre las azoteas con macetas, se va viendo una luz de plata y en el fresco y puro azul matutino, aún negro, se oyen volar palomas que no se ven.

Intuyo que estas palabras las sintió con la proximidad de la Giralda, a la que definió en este pequeño libro como ingrávida y transparente al despertar el día:

Por la mañana, el aire puro sevillano, la Giralda ingrávida, transparente -menos aún o más que de cristal- está todavía desnuda como en la noche. Una mujer desnuda que sintiera, de pronto, su desnudez. ¡qué alegre y atropellada, cantando al sol primero, en su risueño despertar de primavera, sobre el panorama rubio de su visión!

Este libro, Sevilla, que conservo cuidadosamente en mi biblioteca, mi clínica de mi alma, lo dedicó a su hermana Ignacia y sus hijos. Fue editado en 1965, en Milán, por la Editrice Nuova Accademia. Lo mantengo como “oro en paño”, porque descubrirlo en un quiosco de prensa en Brescia, regentado curiosamente por una familia sevillana en el exilio, me ofreció en aquella lejanía la compañía de esta ciudad, Sevilla, a la que tanto quiero. Junto a los poemas en prosa citados, siempre leí una y otra vez De la guía celeste, porque apoyado en el poeta Villasandino, llega a decir que en la primavera universal, suele el Paraíso descender hasta Sevilla:

“El Paraíso: Paraje breve e infinito, «lyndo syn comparación» —Villasandino—, trasunto fiel de la ciudad terrena —conocida bien del viajero— de Sevilla, «briosa ciudat extraña» —Autor citado—. Sito exactamente en el lugar del cielo que corresponde, con su azul, a dicha ciudad «claridat e luz de España» —Autor citado—. En la primavera universal suele El Paraíso descender hasta Sevilla».

Comprendo perfectamente que en aquellos años contemporáneos, Stefan Zweig escribiera algo que me conmueve todavía al recordarlo: “Hay ciudades en las que nunca se está por primera vez. Deambulas por sus calles desconocidas y sientes como si de todos los rincones te acudieran los recuerdos, te llamaran voces amigas. Su rostro -porque las ciudades pueden ser como las personas: tristes y viejas, risueñas y jóvenes, amenazadoras y gráciles, dulces y afligidas- te suena de una ciudad hermana, o de una imagen, de un libro, de una canción. Y Sevilla es así”. Él, que también escribió que “en Sevilla se podía ser feliz” a pesar de sus miserias, comprendió junto a Juan Ramón Jiménez su vanidad, porque quien no la ha visto, no puede comprender lo maravillosa que es y no es capaz de reprochársela porque “¿no es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida?”.

Son palabras de Juan Ramón Jiménez y Stefan Zweig, dedicadas a Sevilla, donde en estos días sus calles huelen a cera y azahar, recordando su luz de plata, su sonrisa en el rostro de la vida y la fe de sus mayores en una Semana Santa o Laica muy particular.

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¿Acaso soy yo? Una pregunta de Judas, inquietante y muy actual

Leonardo da Vinci, Il Cenacolo (1495-1498), fragmento en el que aparecen por este orden Judas, Pedro y Juan.

Sevilla, 2/IV/2026, Jueves Santo (publicado anteriormente / actualizado) – 09:02 h CET (UTC+2)

A pesar del tiempo transcurrido, Judas, y lo que representa, sigue vivo entre nosotros y recobrando cada día que pasa más actualidad, al recordar en este jueves “santo” o laico, según se mire, una pregunta histórica inquietante: ¿acaso soy yo, el que traiciona a personas próximas en nuestras vidas o a las que debo respeto, cuando sé que lo sucedido es verdad de antemano, participando en silencios cómplices de todo tipo?

Desde una perspectiva laica, hoy es un día para no recordar en ciertos relatos históricos sobre la vida apasionante de un líder carismático, Jesús de Nazareth, al que profeso admiración, al visualizarse también la de un traidor de nombre Judas, un enemigo contemporáneo suyo, amante de silencios cómplices como personaje miserable y mediocre, de libro, que tanto detesto. Hoy he vuelto a identificarlo para quedarme con su cara, por lo que simboliza, en una obra maestra que no olvido, La Última Cena (Il Cenacolo), pintada de forma magistral por Leonardo da Vinci, obra que se conserva con celo reverencial en la iglesia de Santa María delle Grazie en Milán desde el siglo XV.

Leonardo da Vinci, Il Cenacolo (1495-1498)

Jesús lo dijo de forma directa y escueta, según nos lo cuenta el joven periodista Marcos (Mc. 14, 17-21) en aquellas horas previas a su detención y muerte: “Y al atardecer, llega él con los Doce. Y mientras comían recostados, Jesús dijo: “Yo os aseguro que me entregará uno de vosotros, que come conmigo”. Ellos empezaron a entristecerse y a decirle uno tras otro: “¿Acaso soy yo?”. Él les dijo: “Uno de los Doce que moja conmigo en el plato. Porque el Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquél por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!”.

Leonardo da Vinci captó aquellas palabras de forma magistral, pintando a dos de los apóstoles que ya habían demostrado su lealtad, Simón Pedro y Juan junto a Judas, el tesorero del grupo, que no soltaba la bolsa con el dinero por el que vendería a Jesús, teóricamente su amigo, con un gesto de cierta sorpresa, algo muy clásico en los miserables y mediocres de hoy. Lo refrendaría poco tiempo después el beso a Jesús como señal para su detención, que el joven Marcos lo narró con alma periodística (Mc. 14, 43-46): “Todavía estaba hablando, cuando de pronto se presenta Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y de los ancianos. El que le iba a entregar, les había dado esta contraseña: “Aquél a quien yo dé un beso, ése es, préndedle y llevadle con cautela”. Nada más llegar, se acerca a él y le dice: “¡Rabbí (Maestro)!”, y le besó. Ellos le echaron mano y le prendieron”.

Estaban avisados y ya lo comentó Juan con detalle en su evangelio (Jn 12,1-8), cuando afirmó que Judas se quedaba con el oro destinado a los pobres: «Seis días antes de la Pascua, Jesús se fue a Betania, donde se encontraba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Le ofrecieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume. Dice Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar: “¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?”. -No decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella-. Jesús dijo: “Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis».

Judas es un prototipo de persona que perdura a día de hoy. Era todo un clásico, tradicional por antonomasia, conocido como Iscariote, nacido en Kariot, un entorno conservador al sur de Judea, lo que no le supuso problema alguno de conciencia en la traición a Jesús, que ya lo conocía bien por alguna que otra fechoría económica durante el tiempo que pasaron juntos y porque no supo apreciar nunca el valor de la lealtad y la amistad honrada y verdadera.

La historia de la literatura en relación con Judas no ha perdido tampoco el tiempo, incluso para buscar una posible justificación a su infamia. Es lo que propuso Jorge Luis Borges con un cuento inquietante y metafórico, Tres versiones de Judas, donde expone lo que un autor de principio de siglo, Nils Runeberg, intentó desarrollar en una publicación de 1904, Cristo y Judas, con un epígrafe inquietante: No una cosa, todas las cosas que la tradición atribuye a Judas Iscariote son falsas. No acabó bien su autor a pesar de su esfuerzo por justificar lo que no había por donde cogerlo. Creo que el papel de Judas en la historia no merece muchas explicaciones. No supo apreciar lo que le ofreció un gran amigo y, además, no aprendió nada con él. Sólo quería mantener su puesto de tesorero del grupo de Jesús y traicionarle por treinta monedas entregadas por la Autoridad Competente de su tierra, religiosa por supuesto, confundiendo una vez -como todo necio- valor y precio. Nada más y nada menos, porque como tantas veces ha ocurrido en la historia, ocurre hoy y ocurrirá en el futuro, están más cerca de nosotros de lo que creemos. Ante las situaciones difíciles de la vida, los nuevos Judas, como salvadores mayores del Reino del Mundo y de este País, harán como el protagonista del cuento de Borges: intentar justificar lo injustificable, argumentando que no una cosa, todas las cosas que la tradición atribuye a los traidores integrales, son falsas.

Para que todo lo anterior no se nos olvide en este jueves santo y laico a la vez, cuando la dura realidad es que, a pesar de esos nuevos Judas que pululan por el mundo, seguimos teniendo muchos pobres y nadies entre nosotros, a las que personas anónimas, como casi siempre, les ofrecen en vida todo lo que tienen, sin nada a cambio, aunque sabemos que incluso llegan a entregarles sus vidas. Las palabras en clave de Jesús en Betania, ante Judas, nos lo recuerda con la calidad que nuestros mayores han protegido siempre la tradición oral hasta nuestros días. Lo que es incontestable es que los nuevos Judas están mucho más cerca de nosotros de lo que a veces pensamos. Leonardo da Vinci dio fe de ello, por los siglos de los siglos. Amén.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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