Grándola, Vila Morena, cincuenta y un años después, como si fuese ayer

José Zeca Afonso, Grándola, Vila Morena

Sevilla, 25/IV/2025 – 09:08 h (CET+2)

Una vez más, cuando llega el 25 de abril de cada año, no olvido estas palabras de Grândola, Vila Morena, cantada por Jose Zeca Afonso. Recuerdo como si fuese ayer la revolución de los claveles en Portugal. Es un día muy especial en mi agenda personal de asuntos importantes e inolvidables que, año tras año, he explicado en este cuaderno digital. Igualmente, porque tal día del calendario como hoy, fue para mí un día mágico en la historia de Andalucía, cuando presenté en el año 2000 el proyecto Diraya por primera vez, en sus primeros pasos como historia de salud del ciudadano en Andalucía, de base digital, para que siempre estuviera disponible, para quien la necesitara recuperar, escribir o estudiar en ella, como ya ocurre en la actualidad. Ha sido un viaje digital muy largo, hoy se cumplen veinticinco años desde su puesta en marcha, con muchas personas, profesionales extraordinarios y empresas tecnológicas, que han trabajado en este excelente proyecto para que sea una realidad casi mágica hoy día y con un claro beneficio propio y asociado con otros proyectos, como la receta electrónica o la gestión de la cita previa por Internet. Fue en un encuentro de directivos del Servicio Andaluz de Salud, en el Salón de Actos del recién inaugurado Hospital de Antequera, en el que se firmaba también el contrato-programa de aquél año, un formato nacido para la gestión que aún perdura como método incontestable en el Sistema Sanitario Público de Andalucía. En la diapositiva de presentación del proyecto incluí la imagen de un clavel, un símbolo portugués importante para representar la revolución digital que se presentaba en ese acto oficial.

Confieso que necesito leer con atención reverencial esta reflexión recurrente en torno a la revolución de los claveles en Portugal, junto a otro hecho importante en mi vida, porque también se celebra hoy la festividad de San Marcos, aunque siempre he preferido bajarlo de la peana y hablar de él como un joven de nombre Marcos, muy atrevido en tiempos de cólera social ante un revolucionario muy próximo a él. Para mí, un excelente periodista que contaba lo que interesaba en aquel momento a la gente, en la clave que aprendí de Eugenio Scalfari, el fundador de La Repubblica de Roma, cuando decía que “periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente”.

No voy a descubrir hoy nada nuevo que no haya dicho en páginas especiales de este cuaderno digital, cerca de Marcos y Jose Zeca Afonso, pero quiero compartir de nuevo la lectura de palabras llenas de compromiso activo en mi alma, dado que cada año vivo este día de forma especial. En primer lugar, porque celebramos el santo de nuestro hijo Marcos, no tanto por el olor de la santidad de su nombre sino porque su nombre programático, que ya he explicado otras veces en este cuaderno digital, me activa la memoria de hipocampo para recordar que poner el nombre no debe ser nunca una tarea inocente, sino un programa de vida que hay que cumplir. Marcos, un avezado “periodista” en tiempos de Jesús de Nazareth, hizo un trabajo encomiable: preparar las buenas noticias de un tal Jesús a pesar de hacer una maravillosa crónica de una muerte anunciada (lo que luego se llamó “evangelio”). También, del anuncio esperanzador de que el mundo podía cambiar, de que podemos ser diferentes, más siendo que teniendo: “Al apearlo de la peana santa, Marcos es hoy símbolo de revolución humana, de los que pensamos que todavía es posible ser personas en su real medida, la que cada uno desea a pesar de los pesares”. Marcos fue el intérprete directo y sincero de las historias que contaba Pedro sobre la amistad que tuvo con Jesús de Nazaret, y que le sobrecogió de tal forma que decidió grabarlas en su cerebro y transmitirlas boca a boca a toda aquella persona que quisiera escucharle, tal como lo ha confiado a la historia Eusebio de Cesarea: Porque todo su empeño lo puso en no olvidar nada de lo que escuchó y en no escribir nada falso (Eusebio, Hist. Ecl. iii. 39). ¡Ay el drama de las fake news y máquinas de fango en la actualidad!

Es cierto que tal día como hoy, hace ya cincuenta y un años, aprendimos de la revolución de los claveles que era verdad, que la vida puede y debe ser más agradable para todos, sobre todo para los que menos tienen. Y que las revoluciones silenciosas o ruidosas existen, son necesarias y triunfan cuando compartimos ideologías, sentimientos y emociones: en 1974, tal día como hoy, 25 de abril, festividad de San Marcos, muchos portugueses pensaron en sus corazones que otro mundo era posible en su país y surgió la revolución de los claveles, con expresiones cantadas por Jose Zeca Afonso (Grândola, Vila Morena) de forma admirable:

“[…] en cada esquina, un amigo
en cada rostro, igualdad…

[…] El pueblo es quien más ordena”

No es una fecha inocente, como le ocurre siempre a las ideologías cuando son sinceras y comprometidas con las personas que nos acompañan a vivir juntos, con el tu quiero y mi puedo que cada uno, cada una, mejor conoce, se aplica a sí mismo y entrega a los demás. El pueblo es quien más ordena, es una estrofa preciosa de la canción cantada por Zeca. Lo recuerdo hoy porque lo aprendí de Marcos, del siglo I, en Galilea y de Jose Afonso, del siglo XX, en su pequeño rincón de Grândola.

En plena crisis mundial de guerras y de manifestaciones diarias de confusión de ideas y principios, siguen vivos hoy, cincuenta y un años después, los recuerdos de lo que nos enseñó Portugal en su revolución y nos sigue enseñando hoy día en su acción política democrática, tan cercana y ejemplar. También, de épocas en las que luchábamos como ellos por salir del túnel de la dictadura, sobre todo cuando escucho también una canción contemporánea de Luis Pastor, que me marcó desesperadamente, gracias a la composición de fondo creada por Mario Benedetti en su compromiso activo y porque ahora, más que nunca, ya no somos inocentes / ni en la mala ni en la buena / cada cual en su faena / porque en esto no hay suplentes:

Audio de Mario Benedetti recitando Vamos juntos

Vamos juntos (Letras de emergencia, 1969-1973, Versos para cantar)

Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

compañero te desvela
la misma suerte que a mí
prometiste y prometí
encender esta candela

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

la muerte mata y escucha
la vida viene después
la unidad que sirve es
la que nos une en la lucha

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

la historia tañe sonora
su lección como campana
para gozar el mañana
hay que pelear el ahora

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

ya no somos inocentes
ni en la mala ni en la buena
cada cual en su faena
porque en esto no hay suplentes

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

algunos cantan victoria
porque el pueblo paga vidas
pero esas muertes queridas
van escribiendo la historia

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

Luis Pastor, Vamos juntos

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

El director de cine Costa-Gavras ha ido siempre donde le era imposible llegar

Sevilla, 24/IV/2025 – 08:30 h (CET+2)

El fallecimiento del papa Francisco nos ha aproximado estos días al fenómeno de la muerte, el eufemístico descanso eterno y sus interpretaciones a través de creencias diversas, todas legítimas en democracia. Quizá sea por esta razón por la que hoy me fijo especialmente en un director de cine, Costa-Gavras (Konstantinos Gavras), espléndido director de películas inolvidables, «Missing», que fue un gran ejemplo para mí en 1982, así como «Z» o «Estado de sitio», entre otras realizaciones impecables, al que me he referido con elogios sinceros en diversas páginas de este cuaderno digital por su forma hacer cine y transmitirlo a la sociedad. Si lo traigo hoy a estas páginas es por dos hechos relevantes que casi se fusionan en el tiempo, la publicación de sus memorias en 2024, Ve a donde sea imposible llegar. Memorias, así como por el estreno de su última película, El último suspiro, que ya comenté en septiembre de 2024, tampoco inocente en su trayectoria cinematográfica de compromiso social demostrado y demostrable, escrita y dirigida por él y basada en el libro “El Último Suspiro” de Claude Grange y Régis Debray.

En el citado libro su sinopsis nos aproxima al hilo conductor el mismo, porque “Cine, política y vida se enredan en un continuo vaivén por el que asoman los rostros de aquellas personas que han compartido un mismo o parecido viaje, familia y amigos, colaboradores y encuentros decisivos, que han tenido una significación especial en su vida y que han supuesto el despojamiento (teñido de cierto desencanto) de algunos dogmatismos generacionales, pero que fundamentalmente le han llenado de experiencias, arrugas y cicatrices, que han dado madurez y personalidad a un autor profundamente circunspecto. Yves Montand y Simone Signoret, Jorge Semprún o Chris Marker pasan ante nuestros ojos a través de la mirada de Costa-Gavras y a veces uno echa de menos más historias, aunque sabemos que realmente no es fácil condensar una vida, y menos una vida tan intensa, en las reducidas páginas de un libro que busca de alguna manera convertirse en un autorretrato”. Creo que en estos tiempos que corren es de obligada lectura.

Respecto de su película, que se estrena mañana en cines de nuestro país, El último suspiro,basada en la obra de título homónimo, “Le dernier souffle”, coescrita por el filósofo Regis Debray y el médico Claude Grange, vuelvo a retomar hoy el hilo conductor de la citada publicación mía del pasado año, La dignidad debe rodear siempre al último suspiro. A Costa-Gavras, gran exponente del cine comprometido y político, en el sentido primigenio de estos términos, le interesaba a sus 91 años explorar la lógica del envés de la vida, es decir, la muerte, una realidad de la que huimos con frecuencia, cuando no debería ser así, porque los ciclos vitales son irrefutables.

He escrito bastantes reflexiones sobre esta realidad en este cuaderno digital, siempre desde la perspectiva de la dignidad que debe rodearla siempre. Al fin y al cabo, ¡mueren tantas realidades que están cerca de nuestras vidas! Lo que aprendemos día a día, segundo a segundo, es que la vida no es eterna y cada uno, cada una, busca como puede su mejor sentido final, nunca mejor dicho “como cada dios le da a entender”. Siempre doy la razón al filósofo en el exilio, José Ferrater Mora, un gran maestro en mi vida, cuando en su obra dedicada a la encrucijada humana (1), decía que hay cuatro caminos a escoger a lo largo de la vida para caminar con dignidad: las personas, la naturaleza, la sociedad o Dios (dioses), juntos o por separado y en la elección está el sentido final de cada persona.

Recuerdo que en aquellas fechas la elegancia ideológica de Costa-Gavras la mostró en su comparecencia en el Festival de Cine de San Sebastián, celebrado el pasado septiembre de 2024, cuando manifestó que “El cine es un espectáculo que busca generar emociones en el espectador, luego a partir de esas emociones éste puede llevar a cabo una reflexión o no, pero en todo caso el cine no está para impartir doctrina”, a lo que agregó: “Yo nunca podría rodar una película sobre algo que me resultara indiferente. Cuando he intentado hacerlo, he desistido y he abandonado el proyecto. Rodar una película es como vivir una historia de amor, hay que hacerlo hasta el final. A mis 91 años y con la muerte asomando en el horizonte es normal que a menudo me pregunte: ¿cómo acabará todo esto? ¿Cuándo llegue el momento seré presa del terror o podré acabar mis días con dignidad?”.

La sinopsis oficial de la película es escueta, para no interferir las emociones y sentimientos del espectador: «En una suerte de diálogo filosófico, el doctor Augustin Masset y el célebre escritor Fabrice Toussaint debaten sobre la vida y la muerte… Una vorágine de encuentros en los que el médico es el guía y el escritor, su pasajero, conducido a confrontar sus propios miedos y angustias… Una danza poética en la que cada paciente es un compendio de emociones, risas y lágrimas… Un viaje al corazón palpitante de nuestras vidas». Costa-Gavras se despidió en su comparecencia oficial de presentación de su película, dejando un mensaje aleccionador: “Buena parte de ese vivir de espaldas a la muerte está motivado por nuestra educación religiosa. Las religiones nos invitan a resignarnos ante el sufrimiento, pero sufrir es algo obsceno, no hay nada de bueno en ello. Sufrir es lo peor de la vida y del mismo modo que ya hay métodos para que las mujeres puedan parir sin sufrir, debería implementarse algo parecido en medicina paliativa […] Sea cual sea nuestro estado físico, yo creo que nunca hay que rendirse, merece la pena luchar hasta el final”.

Como los hechos de los que se trata en la película deben ser amores y no sólo buenas razones, es justo y necesario recordar que en este país se han dado pasos importantes para regular la muerte digna de las personas, así como grandes avances en cuidados paliativos. El 25 de junio de 2021 fue un día muy importante para la democracia española porque entró en vigor la Ley Orgánica 3/2021 de regulación de la eutanasia, aprobada por el Congreso en el mes de marzo de ese año, tres meses después de su publicación en el Boletín Oficial del Estado (BOE). El recorrido de esta disposición fue muy largo en este país tan dual y controvertido, pero finalmente es un derecho más para la ciudadanía y un deber que hay que desarrollar todavía a través de las Comunidades Autónomas, con sus famosas “peculiaridades”, donde la política nunca es inocente. Muestra de ello es la batalla que se ha planteado desde hace tiempo por todos los sectores conservadores del país, con el objetivo de presentar recursos de inconstitucionalidad de esta norma sustantiva, que se abre paso lentamente para la consecución de sus objetivos legítimos. Sin olvidar tampoco la objeción de conciencia en el ámbito de los profesionales que rodean a la eutanasia.

El cine es un medio extraordinario para crear conciencia y tejido crítico social sobre muchos asuntos de la vida ordinaria. Costa-Gavras viene cumpliendo desde hace ya muchos años una función cultural y social muy importante, a través de su cine, necesario e imprescindible. Vuelvo a escribir hoy sobre él, a modo de pequeño homenaje y para que se consolide el derecho inalienable de cada persona, de luchar por una muerte digna en la vida y para que no se olvide, ni siquiera un momento. Muchas personas sufren también algo que olvidamos con frecuencia, los reveses en momentos transcendentales de amor y gloria, cuando los llevan paradójicamente «a morir en vida». Fundamentalmente, porque también necesitan rodearse de dignidad humana cuando se pierden las ganas de vivir a pesar de todo. Son también «últimos suspiros», porque lo que pasa es que en esos momentos difíciles les falta la vida digna. Es lo que hoy he leído en una entrevista con el director griego, muy interesante, en elDiario.es, ante la pregunta del periodista Javier Zurro, ¿Y por qué hacer esta película sobre la muerte digna en este momento?, él responde que “Es una preocupación que tengo desde hace algún tiempo. Tengo una edad en la que el final se acerca cada día que pasa. He visto muchos colaboradores y amigos que se han ido. Algunas veces lo han hecho con dignidad, y otras con un drama enorme. Entonces me dije que la mejor manera de terminar es que lo hagamos con dignidad. No es algo fácil de decir, pero creo que es importante que pensemos en ello”. Palabras de Costa-Gavras, que va siempre adonde le es imposible llegar.

(1) Ferrater Mora, José, El hombre en la encrucijada, 1965. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Día mundial del libro: leer y comprender es vivir

[…] y no olvidéis este precioso refrán que escribió un crítico francés del siglo XIX: «Dime qué lees y te diré quien eres».

Federico García Lorca, en la Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros (septiembre, 1931)

Sevilla, 23/IV/2025 – 08:35 h (CET+2)

Hoy se celebra el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor 2025, para el que, institucionalmente, el Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura, ha publicado el cartel conmemorativo, realizado por el ilustrador Pep Montserrat, que fue Premio Nacional de Ilustración 2024 por su “gran capacidad de construir significados que van más allá del simple despliegue visual con una voz propia y reconocible”.

Como viene siendo habitual, según el Ministerio, “este cartel ilustra una frase del último galardonado con el Premio de Literatura en Lengua Castellana ‘Miguel de Cervantes’, que otorga el Ministerio de Cultura. En 2024 fue Álvaro Pombo, de quien se ha elegido, para inspirar el diseño, el siguiente texto: “Leer es comprender. El acto de leer es entendimiento. Leer y comprender es vivir”.

Pep Montserrat ha manifestado en este sentido “que llegó a la idea “del libro como puerta, un espacio mayor, más libre, más amplio y rico”. Además, el autor ha añadido que para eso “fue muy útil romper con la idea de un ser humano leyendo y poder introducir otros elementos que pudieran jugar con esa idea de puerta”.

En este contexto cultural, el Ministerio de Cultura ha preparado una agenda conmemorativa de actividades que se extenderán a lo largo de la denominada ‘Semana cervantina’, que dio comienzo el pasado 21 de abril, contemplándose como acto principal la entrega hoy del Premio Literatura en Lengua Castellana ‘Miguel de Cervantes’ a Álvaro Pombo.

Una vez más, acudo a mi clínica del alma, mi biblioteca, para leer a Irene Vallejo en su Manifiesto por la lectura (1), que ya he comentado en este cuaderno digital y que tanto aprecio como regalo a las personas que admiro, haciendo un canto precioso a la lectura: “Somos seres entretejidos de relatos, bordados con hilos de voces, de historia, de filosofía y de ciencia, de leyes y leyendas. Por eso, la lectura seguirá cuidándonos si cuidamos de ella. No puede desaparecer lo que nos salva. Los libros nos recuerdan, serenos y siempre dispuestos a desplegarse ante nuestros ojos, que la salud de las palabras enraíza en las editoriales, en las librerías, en los círculos de lecturas compartidas, en las bibliotecas, en las escuelas. Es allí donde imaginamos el futuro que nos une”.

Para mí los libros tienen algo especial, porque estremecen el alma. Me lo recuerda también Irene Vallejo en el libro citado, concretamente en uno de sus capítulos caligráficos dedicado al estremecimiento de agua, trayendo a colación unas palabras de Federico García Lorca en el contexto de la alocución al pueblo de Fuente Vaqueros, un discurso leído en la inauguración de su biblioteca pública en el mes de septiembre de 1931, sobre el que ya he tratado algunos de sus párrafos, en varias ocasiones, en este cuaderno digital: “Nadie se da cuenta al tener un libro en las manos, el esfuerzo, el dolor, la vigilia, la sangre que ha costado. El libro es sin disputa la obra mayor de la humanidad. Muchas veces, un pueblo está dormido como el agua de un estanque en día sin viento. Ni el más leve temblor turba la ternura blanda del agua. Las ranas duermen en el fondo y los pájaros están inmóviles en las ramas que lo circundan. Pero arrojad de pronto una piedra. Veréis una explosión de círculos concéntricos, de ondas redondas que se dilatan atropellándose unas a las otras y se estrellan contra los bordes. Veréis un estremecimiento total del agua, un bullir de ranas en todas direcciones, una inquietud por todas las orillas y hasta los pájaros que dormían en las ramas umbrosas saltan disparados en bandadas por todo el aire azul. Muchas veces un pueblo duerme como el agua de un estanque un día sin viento, y un libro o unos libros pueden estremecerle e inquietarle y enseñarle nuevos horizontes de superación y concordia” (2).

Creo que en este día tan especial debemos conocer y valorar en su justa medida no sólo la flor de un día del sector del libro en nuestro país, sino los principales resultados en hábitos de lectura y compra de libros en España, en 2024, elaborados a través de una encuesta realizada por CONECTA para la Federación de Gremios de Editores de España y con el patrocinio del Ministerio de Cultura y CEDRO, reflejados en un Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2024.

Álvaro Pombo tiene toda la razón y hoy, sus palabras, son un mensaje en nuestro buzón del tiempo de todos y cada uno: Leer es comprender. El acto de leer es entendimiento. Leer y comprender es vivir. Todos los días demostramos o no el valor de los libros en nuestro país y es lo que debemos recordar hoy de forma especial.

(1) Vallejo, Irene, Manifiesto por la lectura, Madrid: Siruela, 2020.

(2) Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros. Discurso leído por la inauguración de la biblioteca pública de Fuente Vaqueros (septiembre, 1931) / Federico Garcia Lorca | Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (cervantesvirtual.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Francisco nos advirtió que todos, incluido él, estamos rodeados de mala gente

Amén: Francisco Responde | Disney+ (disneyplus.com)

Sevilla, 22/IV/2025 – 15:48 h (CET+2)

Hace dos años escribí en este cuaderno digital un artículo sobre un documental, “Amén. Francisco responde”, dirigido por Jordi Évole y Màrius Sánchez, en torno a un encuentro que Francisco mantuvo con diez jóvenes en el verano de 2022, en Roma, en un local de coworking, fuera del hábitat vaticano, “con el objetivo de conversar y trasladarle las principales preocupaciones de su generación”, en el que se abordaron concretamente cuestiones tan actuales como la migración, la sexualidad, la identidad de género o la libertad religiosa.

Vuelvo a publicarlo hoy íntegro, porque no ha perdido actualidad alguna, sobre todo viendo como se las gastan los actuales mandatarios mundiales, sumidos en guerras de todo tipo y su proyección política en la ultraderecha mundial. Estábamos advertidos en su momento por la confesión que hizo a aquellos jóvenes sobre la mala gente. Él era consciente de que también estaba rodeado por gente de mal en un entorno sacrosanto por definición. Sin ir más lejos, la derecha cavernícola y la ultraderecha española lo han identificado con bastante sorna y falta de respeto como “ciudadano Bergoglio”, porque no pueden soportar su deriva “izquierdista y revolucionaria“. El presidente Milei lo llamó “imbécil” sin pestañear, con la motosierra en ristre, agregando que era el “representante del Maligno en la Tierra”. El vicepresidente Vance, alter ego de Trump, lo visitó el domingo pasado horas antes de que falleciera y ya se habían despachado ambos anteriormente contra él, en materia migratoria, cuando le sugirieron que se ciñera “a la Iglesia Católica y que les dejara a ellos el control de las fronteras”.

Ante este espectáculo actual, creo que una expresión evangélica lo dice todo: “El que tenga oídos, que oiga”. Estamos avisados por Francisco.

oooOOooo

Seguimos rodeados de mala gente que camina y va apestando la tierra

Sevilla, 5/IV/2023

Como decía Antonio Machado, en su poema “He andado muchos caminos”, En todas partes he visto / caravanas de tristeza, / soberbios y melancólicos / borrachos de sombra negra, / y pedantones al paño / que miran, callan, y piensan / que saben, porque no beben / el vino de las tabernas. / Mala gente que camina / y va apestando la tierra…Hasta el Papa Francisco ha asentido con la cabeza cuando un joven le ha preguntado ¿usted cree que tiene a mala gente a su alrededor?, en imágenes que se pueden ver en el documental Amén. Francisco responde, dirigido por Jordi Évole y Màrius Sánchez, que se estrena hoy en la plataforma Disney+y según figura en un artículo publicado también hoy en el diario El País: “Dice mucho del pontífice más aperturista al menos desde Juan XXIII su disposición a escuchar a quienes son tan diferentes a su entorno más cercano, al que, por cierto, se refiere como corrupto. Se nota amargura en cómo Francisco admite no haber terminado la limpieza en el Vaticano, la de esa suciedad con la que no pudo su antecesor. Un chico le pregunta: ¿usted cree que tiene a mala gente a su alrededor? El Papa asiente: la tiene”. En el documental se recoge un encuentro de Francisco con diez jóvenes el verano pasado, en Roma, en un local de coworking, fuera del hábitat vaticano, “con el objetivo de conversar y trasladarle las principales preocupaciones de su generación”, en el que se abordaron concretamente cuestiones tan actuales como la migración, la sexualidad, la identidad de género o la libertad religiosa.  

Constatar esta realidad en el Vaticano reafirma una realidad verificable en el mundo actual, que tanto daño hace a la humanidad y que lo manifieste Francisco es algo que sobrecoge, pero que confirma que tiene los pies en la tierra, muy lejos de la figura de Pedro a través de los siglos y que, como tantas veces he citado en este cuaderno digital, lo describió fantásticamente Rafael Alberti en el poema Basílica de San Pedro, en su libro Roma, peligro para caminantes:   Di, Jesucristo, ¿Por qué / me besan tanto los pies? / Soy San Pedro aquí sentado, / en bronce inmovilizado, / no puedo mirar de lado / ni pegar un puntapié, / pues tengo los pies gastados, / como ves. / Haz un milagro, Señor. / Déjame bajar al río; / volver a ser pescador, / que es lo mío.

La verdad es que no me consuela tontamente lo que asiente Francisco en su entorno más próximo, que se presume siempre de otra estofa, más cristiana y humana, por ejemplo, sin pretender mucho más, aunque al igual que detallaba Machado en su poema, también es verdad que andando tantos caminos en la vida, en todas partes he visto “[…] gentes que danzan o juegan, / cuando pueden, y laboran / sus cuatro palmos de tierra. / Nunca, si llegan a un sitio, / preguntan a dónde llegan. / Cuando caminan, cabalgan / a lomos de mula vieja, / y no conocen la prisa / ni aun en los días de fiesta. / Donde hay vino, beben vino; / donde no hay vino, agua fresca. / Son buenas gentes que viven, / laboran, pasan y sueñan, / y en un día como tantos, / descansan bajo la tierra. Y eso me basta para seguir creyendo que otro mundo de buena gente es realmente posible.

El que quiera entender que entienda las palabras de Francisco. Y qué es “lo suyo”, como Pedro según Alberti. O “lo nuestro”, en la terquedad de cada día. Lo que es indudable es que estamos rodeados de mala gente y desde que el mundo es mundo, tal y como lo conocemos, con perdón para los creacionistas y evolucionistas en sus legítimas interpretaciones, sigue vigente una pregunta, más que divina, humana: ¿por qué existe el mal?, a la que el cerebro humano lleva miles de años intentando buscar respuestas de todo tipo. Durante muchos siglos, esa respuesta “sólo la sabía Dios” y cuando tuvimos la oportunidad de “conocerla”, eso sí, cuando Dios “quiso”, según los creacionistas, a Adán y Eva no se les ocurrió mejor idea que mudarse de sitio, recordando unas palabras que escribí en este cuaderno de derrota (en argot marinero) en 2007: “Adán y Eva… no fueron expulsados. Se mudaron a otro Paraíso. Esta frase forma parte de una campaña publicitaria de una empresa que vende productos para exterior en el mundo. Rápidamente la he asociado a mi cultura clásica de creencias, en su primeras fases de necesidad y no de azar (la persona necesita creer, de acuerdo con Ferrater Mora) y he imaginado -gracias a la inteligencia creadora- una vuelta atrás en la historia del ser humano donde las primeras narraciones bíblicas pudieran imputar la soberbia humana, el pecado, no a una manzana sino a una mudanza. Entonces entenderíamos bien por qué nuestros antepasados decidieron salir a pasear desde África, hace millones de años y darse una vuelta al mundo. Vamos, mudarse de sitio, según los evolucionistas. Y al final de esta microhistoria, un representante de aquellos maravillosos viajeros decide escribir al revés, desde Sevilla, lo aprendido. Lo creído con tanto esfuerzo. Aunque siendo sincero, me entusiasma una parte del relato primero de la creación donde al crear Dios al hombre y a la mujer, la interpretación del traductor de la vida introdujo por primera vez un adverbio “muy” (meod, en hebreo) –no inocente- que marcó la diferencia con los demás seres vivos: y vio Dios que muy bueno. Seguro que ya se habían mudado de Paraíso”. A pesar de que sigue siendo verdad, después de haber pasado millones años, que estamos rodeados de mala gente que camina y va apestando la tierra, formando caravanas de tristeza, / soberbios y melancólicos / borrachos de sombra negra, / y pedantones al paño / que miran, callan, y piensan / que saben, porque no beben / el vino de las tabernas.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Francisco, solo Francisco

Sevilla, 21/IV/2025 / 11:42 h (CET+2)

Acaba de saltar al mundo la noticia del fallecimiento del papa Francisco, bautizado como Jorge Mario Bergoglio, que eligió para su pontificado un lema explicado por el Vaticano: “El lema del Santo Padre Francisco [miserando atque eligendo] procede de las Homilías de san Beda el Venerable, sacerdote (Hom. 21; CCL 122, 149-151), quien, comentando el episodio evangélico de la vocación de san Mateo, escribe: «Vidit ergo Iesus publicanum et quia miserando atque eligendo vidit, ait illi Sequere me (Vio Jesús a un publicano, y como le miró con sentimiento de amor y le eligió, le dijo: Sígueme)”.

Creo que ha sido un pontífice que ha luchado contra viento y marea por dignificar el rol de la Iglesia en el mundo actual, empezando por su propia Casa, el Vaticano, pero la Curia no se lo ha puesto fácil. Me consta que ha intentado sortear los bloqueos desde dentro en la eufemística Santa Sede, pero nunca mejor dicho con tono quijotesco, ¡con la propia Iglesia has topado, amigo Francisco!

Estos momentos son propicios para los panegíricos que tanto gustan a la Iglesia Católica, Apostólica y…Romana, por supuesto. Creo que su marcha al Cielo en el que creyó siempre, es la que suplicó su antecesor Pedro en vida para recobrar su esencia pontificia, según lo expresó maravillosamente Rafael Alberti, un comunista redomado, en su poema Basílica de san pedro:

Di, Jesucristo, ¿Por qué
me besan tanto los pies?

Soy San Pedro aquí sentado,
en bronce inmovilizado,
no puedo mirar de lado
ni pegar un puntapié,
pues tengo los pies gastados,
como ves.

Haz un milagro, Señor.
Déjame bajar al río;
volver a ser pescador,
que es lo mío.

Francisco, pescador de creencias, creía en la resurrección diaria y en la final, y eso, como le ocurría a Teresa de Jesús, le bastaba entre tanta miseria eclesial y mundana. Lo suyo, como le ocurrió a Pedro, ha sido una tarea de persona imprescindible en un mundo descreído, falto de valores, que ha cambiado su grey de fieles por turistas en sus iglesias, ¡ay, del turismo eclesial!, bastante vacías, aunque hoy podrá hacer una confidencia a su Dios sobre lo que está pasando y estamos viendo a diario, tal y como Alberti lo escribió también en Roma, peligro para caminantes: “Confiésalo, Señor, solo tus fieles / hoy son esos anónimos tropeles / que en todo ven una lección de arte. / Miran acá, miran allá, asombrados, / ángeles, puertas, cúpulas, dorados… / y no te encuentran por ninguna parte”.

Lo que ignoro es la respuesta de su Dios a estas confidencias tan profundas. Su testimonio de vida papal ha marcado pautas para el resurgimiento de una nueva iglesia donde deben ocupar un papel estelar los nadies, los ningunos, los ninguneados, los dueños de nada (Eduardo Galeano, dixit), no el cuerpo cardenalicio como guardianes excelsos de la fe, corpus donde ha encontrado tantos enemigos en la sombra o al descubierto, que de todo hay en la viña del Señor.

Gracias Francisco, gracias, porque entre luces y sombras, me quedo con tu voz próxima a los más débiles del mundo, millones de personas que han necesitado tu acogida y amparo, con especial atención al fenómeno de la migración. Me consta que lo has manifestado de mil maneras, con todos los medios vaticanos posibles y esas acciones te hacen merecedor del reconocimiento mundial de líder necesario e imprescindible.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.vidanuevadigital.com/tribuna/diciembre-transparencia-y-cambio-de-epoca-en-la-era-francisco/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Sonrisas y lágrimas en 2025

Erich Lessing / Julie Andrews, con su hija Emma, en un descanso del rodaje de “Sonrisas y Lágrimas”

Sevilla, 21/IV/2025 – 08:00 h (CET+2)

Como persona que ama el cine, no me pasó por alto la reposición en la noche del viernes pasado, en la televisión pública, de la película musical Sonrisas y lágrimas (The Sound of Music, en su título original), estrenada en 1965 y protagonizada por Julie Andrews, que recibió cinco premios Oscar: mejor película, dirección, sonido, banda sonora y montaje. Con tal motivo, recordé que en 2009, visité en Aracena (Huelva) una exposición bajo el patrocinio del Centro Andaluz de la Fotografía, sobre una obra escogida de un fotógrafo excepcional, Erich Lessing, relacionada con su actividad fotográfica durante el rodaje de excelentes películas, al que se le otorgó en 1956 el premio American Art Editor’s Award, reconocido siempre por su compromiso profesional con la memoria histórica de los países donde trabajó. En aquella muestra recuperé muchos recuerdos de las sonrisas y lágrimas de la vida ordinaria, la que nos hace humanos de necesidad por mucho que multinacionales de la alegría facturada se esfuercen a diario en hacernos ver y entender que la vida es fácil si logramos algunas vez entender su chispa. Hoy, rescato de nuevo aquellas impresiones. Nuevas sonrisas y lágrimas, en este mundo al revés, ante la ausencia y hambre de abrazos.

De toda la exposición me impactó mucho una fotografía de Julie Andrews, en un descanso del rodaje de “Sonrisas y Lágrimas”, que me entregaron y que reproduzco en la cabecera de este artículo. Pensé en aquella ocasión que Lessing quiso dejar para la posteridad la impronta real de la sonrisa en esa relación madre-hijo, en la lectura de una carta quizás imposible, como homenaje a esta necesidad, dado que en su caso, tuvo que emigrar desde Viena a Palestina a los 16 años, por la ocupación de Hitler, arrancándolo de su familia más cercana. Cuando regresó a Viena, en 1947, su madre ya había fallecido en el campo de concentración de Auschwitz.

En los tiempos actuales, en los que la memoria histórica busca abrirse paso con un esfuerzo a veces sobrehumano, se quiere negar a toda costa un principio ya demostrado científicamente: en el cerebro no es fácil borrar lo que algún día se grabó de forma consciente y con gran carga de sentimientos y emociones. Se sabe por los avances de las neurociencias que a pesar de los esfuerzos terapéuticos y farmacológicos, la memoria se suspende pero no se borra. Desgraciadamente, sí se sabe que se pierde completamente cuando el cerebro enferma, por ejemplo en un síndrome de Alzheimer desolador, entre otros vinculados con la senectud, que tanto hacen sufrir también a las personas más cercanas de quienes los padecen.

La fotografía de Lessing me sigue pareciendo extraordinariamente didáctica. La vida de cada una, de cada uno, que es lo más parecido a una película en blanco y negro, con la acromatopsia (1) ética que corresponda, permite descansos, para recuperar esos momentos que tanto nos reconfortan y que nos devuelven felicidad. Pero también sabemos que la dialéctica de las sonrisas y las lágrimas, permite apartarnos junto a una pared de la vida personal e intransferible, sentir el abrazo de los que nos quieren, aunque inmediatamente nos llamen mediante megafonía para seguir rodando, viviendo en definitiva, en la filmación jamás contada. Esa es la auténtica obra maestra, el extraordinario guion que está detrás, que nos entrega Lessing con la instantánea asociada de su cámara cerebral.

Mi alma de secreto me permitió el viernes pasado trascender la visión clásica de la edulcorada película, sin quitarle el mérito otorgado por la historia de la cinematografía, pero comprendiendo a través de la cámara de Lessing la persona que era Julie Andrews y no tanto el personaje, porque cualquier parecido con la realidad, en este caso, no era pura coincidencia.

(1) Acromatopsia: ceguera del color, enfermedad que no permite agregar a la óptica de la vida el color. Todo se ve siempre de color gris. Para comprender bien los efectos de esta enfermedad, recomiendo la lectura de un libro de Oliver Sacks, excelente, que tengo entre mis preferidos: La isla de los ciegos al color, editado por Anagrama en 1999.


CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN
: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Andalucía canta al “Cristo resucitao”, porque para Él “tos somos iguales”

Y para Él, y para Él no hay judíos ni ciegos, / ni blancos ni negros, / ni payos ni gitanos. / Que para Él, tos somos iguales. / Que para Él, tos somos hermanos. // ¡Cristo ha resucitao! / ¡Cristo ha resucitao! /
¡Victoria, victoria, victoria de la raza humana!

Manolo Sanlúcar, Rocío Jurado y El Lebrijano, Anunciación de la Pascua, en Ven y Sígueme. Un gitano llamado Mateo (1982).

Sevilla, 20/IV/2025 – 08:00 h (CET+2)

Finalizo hoy esta breve serie sobre la interpretación laica de la Semana Santa, en un Domingo de Resurrección según el calendario gregoriano. Convencido, como estoy, de que en la «superficie espiritual» de Andalucía somos “escuchaores” de su dolor y de su alegría, vuelvo a dar hoy un sentido muy especial a esta palabra, escuchaor, vinculada al flamenco, porque una cosa es cantar y tocar la guitarra, cantaores y cantaoras, así como guitarristas y, otra, escuchar, por parte de los escuchaores o escuchaoras, como le gustaba decir a Antonio Mairena: ¨[…]  la actitud experimental, la búsqueda, la inquietud y la curiosidad, son cualidades imprescindibles para ser y hacer flamenco. La cantaora y el bailaor, la guitarrista o el fotógrafo que intenta captar el duende inaprensible, así como el oyente o escuchaor -que diría Antonio Mairena- buscan -o deberían buscar- no salir indemnes de la experiencia. Quiero decir con ello que el flamenco no resbala por la piel, sino que la modifica para siempre. Es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación del impacto” (1). Por este motivo, he recurrido a la banda sonora de mi vida para rescatar una joya bastante desconocida en nuestra tierra, Ven y Sígueme. Un gitano llamado Mateo (1982), una obra discográfica llevada a cabo por Manolo Sanlúcar, Rocío Jurado y El Lebrijano, escogiendo hoy una canción de esta magna obra, Anunciación de la Pascua.

Lo he expresado en diversas ocasiones en este cuaderno digital: las personas que vivimos en Andalucía, que respetamos su identidad, es decir, su extraordinaria «superficie espiritual», que decía García Lorca, porque llevamos la luz con el tiempo dentro, como Juan Ramón Jiménez definía a Moguer, su pueblo y las personas que vivían en él, hemos aprendido a escuchar la vida de nuestro alrededor y llevarla al cante, al baile, al sentir cotidiano, el de todos los días. Luis Cernuda hizo también un retrato precioso del andaluz porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera, como escuchaores y escuchaoras de todo lo que se canta con el dolor de esta tierra. Nos tratamos como hermanos, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, aunque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos (Manuel Gerena, dixit)

Personalmente, sigo viviendo con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz o andaluza en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentro, escuchaores y escuchaoras por definición cuando el pueblo canta y clama a través de sus “palos”, como palabras hilvanadas en la melodía del dolor diario, incluso cuando canta la “Anunciación de la Pascua”. Como lo soñó Luis Cernuda en un día ya lejano, esperando el alba de su tierra que, muchos años después, seguimos esperando para todos, sobre todo para los que menos tienen y no pueden salir a día de hoy de las jaulas de pobreza en que viven. Casi un millón de parados y otro millón de pensionistas en el umbral de pobreza, sin ir más lejos, que están entre los andaluces que llevan la soledad dentro, tal y como lo expresó nuestro paisano, sevillano y andaluz, que siempre soñó con el despertar del alba de la libertad y dignidad en Andalucía, su auténtica resurrección laica: “Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. // Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. // Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz. Con las letras de su cante jondo, desgarrado, que escucho siempre con atención reverencial para seguir luchando y viviendo en pleno siglo XXI: no te creas si te dicen que ya no sufre [Andalucía], mi pueblo, porque aunque los pobres reímos y algunas veces cantamos, la procesión va por dentro, que cantaba Ricardo Cantalapiedra en mis años jóvenes, porque el quejío del flamenco, como escuchaor, no resbala por mi piel, sino que la modifica para siempre.

He comprendido bien que escuchar el dolor actual de esta tierra es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación de su impacto en mi alma de secreto, para honra de Andalucía y sus gentes, tal y como lo aprendí de las palabras de García Lorca pronunciadas hace tan solo cien años, en el primer Concurso de Cante Jondo, “canto primitivo andaluz”, tal y como rezaba en el cartel promocional del evento, celebrado en Granada en los días 13 y 14 de junio de 1922: A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía.

Escuchen atentamente esta canción. La Anunciación de la Pascua, es un mensaje laico, alentador, en un Domingo de Resurrección de estos tiempos tan modernos, difíciles y rodeados de un mundo al revés, que busca la dignidad humana continuamente. No hacen falta más palabras, porque para Él, tos somos iguales, tos somos hermanos.

No temáis, ¡no!,
porque el que habéis 
matao
no está muerto, ¡no!,
que ha 
resucitao.

Y para Él, y para Él no hay judíos ni ciegos,
ni blancos ni negros,
ni payos ni gitanos.
Que para Él, tos somos iguales.
Que para Él, tos somos hermanos.

¡Cristo ha resucitao!
¡Cristo ha resucitao!
¡Victoria, victoria, victoria de la raza humana!

No miréis tristes al cielo —gitanos, gitanos—,
gitanos sin alegría,
lo que hoy parece duelo —gitanos, gitanos—
ya es 
vía y cercanía.

Venid, gitanos, venid,
gitanos venid, gitanos… venid,
que Cristo aquí nos aguarda.

Todos nosotros veremos
el gran día de la Pascua,
—¡ay, Jesús, ay, Jesús!—
el gran día de la Pascua.

Cantareis con alegría —gitanos, gitanos—,
decía todo el que crea,
que Cristo ha 
resucitao —gitanos, gitanos—,
comienza nuestra tarea.

Todos nosotros creemos
que en Él la muerte no manda,
—¡Jesús, ay, Jesús!—
que en Él la muerte no manda.

(1) Ordóñez Eslava, Pedro, Flamenco y vanguardia. En un instante, un quejío y un anhelo, en Andalucía en la historia, 74, 2022, p. 41.

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UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Sábado Laico, de pausa

Sonia Lafuente, patinadora olímpica

Sevilla, 19/IV/2025 – 09:22 h (CET+2)

Según el calendario gregoriano, tutelado por la iglesia católica, apostólica y romana, hoy es Sábado Santo, una jornada de reflexión para los creyentes católicos, después de recordar los graves acontecimientos acaecidos en torno a la figura de Jesús de Nazaret. Desde mi perspectiva laica, es un sábado de pausa después del frenesí semanasantero de esta ciudad, del que casi nadie es ajeno por acción u omisión.

Benedetti, que siempre supo poner hermosura a la vertiente más triste de la vida, nos ofreció una forma de entender las necesarias pausas en el caminar diario personal, familiar, profesional y social: De vez en cuando hay que hacer una pausa / contemplarse a sí mismo / sin la fruición cotidiana / examinar el pasado / rubro por rubro / etapa por etapa / baldosa por baldosa / y no llorarse las mentiras / sino cantarse las verdades.

Hoy, Sábado Laico también, estas palabras de Benedetti forman parte de un buen manual para aprender a hacer pausas en la vida apresurada que acometemos en cada despertar. Con la ilusión de comenzar de nuevo todo si fuera necesario, pero cantando las verdades (que también existen, como las palabras) y no engolfarse en las mentiras.

En este contexto, me acuerdo hoy (Brainard, dixit) que un conjunto madrileño de música indie, Izal, cantaba hasta su desaparición el encanto necesario de la pausa: Yo sólo pido pausa y tú me das ojos de huracán. / Yo sólo pido calma y tú haces espuma el agua del mar. / Sólo pido silencio y gritas que no digo la verdad. / ¿Tú qué sabrás? Si despiertas lejos de esta casa. / ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula. / Yo sólo quiero pausa, tú rebobinar. / Yo sólo busco un ritmo lento, tú velocidad. / Yo sólo pido una dulce mentira, tú toda la verdad. / ¿Tú qué sabrás? Si despiertas lejos de esta casa. / ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula. / ¿Tú qué sabrás? Si nunca nadaste en mis entrañas. / ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula. He querido que hoy acompañara también a estas palabras una patinadora olímpica, Sonia Lafuente, porque expresa maravillosamente esta pausa necesaria e imprescindible y quizá, viéndola, la comprenderemos mejor.

Es verdad que solo necesitamos hacer pausas de vez en cuando y no tanto rebobinar, porque no queremos perder el sentido de la vida. Es lo que Herman Hesse llamaba obstinación, una virtud que admiraba mucho, una sola, porque es obediencia a una sola ley que lleva al “propio sentido” de la vida. Fundamentalmente, algo que necesitamos con urgencia: cantarnos las verdades, pisando las baldosas que vamos poniendo en nuestra vida a modo de solería, que es lo único que justifica nuestros actos éticos para no tener que llorar las mentiras. Sin prisa, con pausa, en un Sábado Laico especial, diferente de los demás.

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¡Paz y Libertad!

La ejemplaridad de Jesús de Nazaret, según Pier Paolo Pasolini

Primer plano horizontal de Jesús de Nazaret (Enrique Irazoqui), en Il vangelo secondo Mateo (1964), dirigida por Pier Paolo Pasolini

Sevilla, 18/IV/2025 – 09:07 h (CET+2)

Las manifestaciones artísticas en la Semana Santa, en procesiones y oficios varios, están basadas en una tradición histórica sobre la pasión y muerte de Jesús de Nazareth. Desde el Domingo de Ramos y hasta el de Resurrección, se condensa en una semana trágica la vida y obra de uno de los personajes imprescindibles de la Humanidad, que me gusta tratar como ciudadano Jesús. Lo escribí el domingo pasado, cuando me refería a él, en su ataque continuo de humanidad, recogido así por los cronistas de la época, cuando se cansaba y se dormía en el cabezal del barco porque estaba hecho polvo, (Mc 8,23). O como Machado decía en su precioso poema La Saeta: ¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar! Lo digo con un gran respeto a la fe de mis mayores.

En este contexto, también es verdad que recuerdo siempre una película clásica sobre la vida de Jesús de Nazareth, El evangelio según Mateo (1964), dirigida por Pier Paolo Pasolini (1922-1975), que me sigue emocionando en el recuerdo por su mensaje humano y tan cercano a la vida cotidiana de las personas. Pasolini hizo con esta película un cine diferente, singular, diverso: “Jesús (interpretado por Enrique Irazoqui) es mostrado continuamente caminando entre el desierto o entre pueblos en ruinas. Su mirada, como la de Pasolini, no evita a los leprosos ni a los cojos, sino que se detiene en ellos; la cámara, por su parte, se complace, por ejemplo, en la mano del mesías que acaricia los rostros marchitos de quienes acuden a él para encontrar salud. El contacto entre dos cuerpos alivia, de ahí la alegría del rostro de la adolescente María (Margherita Caruso) al ver regresar a José, al saber que, sin importar lo que digan los demás, él ha decidido estar con ella” (1). Me emocionó esta película cuando la vi de nuevo en Roma en 1976, sabiendo como sabía que aquella ciudad era un peligro para caminantes (Alberti, dixit) que hacen camino al andar. Pasolini sigue muy presente en mi pensamiento crítico y acudo frecuentemente a él. Por ejemplo, sé que una obra espléndida de Miguel Dalmau Soler, Pasolini. El último profeta, ganadora del XXXIV Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias 2022, el año en el que se cumplía el centenario del nacimiento del director italiano, sirve para conocerlo en profundidad, como “último profeta”. 

En el fondo, estas palabras son un nuevo homenaje personal al cineasta italiano, del que tanto aprendí a comprender el valor de la vida alternativa, con la pasión dentro, como él la mostró en una obra también excelente, Teorema, tan incomprendida por la autoridad competente, eclesiástica por supuesto, hasta el punto de haberse arrepentido de haberle entregado un premio por ella, en 1968, cuando descubrió cuál era su auténtico mensaje y no la posibilidad de que el Espíritu Santo entrase en cada uno de nosotros, que fue lo que constituyó el móvil del premio. Cuando se descubrió que Pasolini volaba más bajo que el espíritu, la institución se arrepintió y explicó a los cuatro vientos su voto. El anatema estaba servido. En definitiva muy poca gente había entendido el mensaje real de la película: no es necesario invocar a los espíritus para llenarse de amor en vida, cualquier amor.

Desgraciadamente, no le salvó nunca su magistral interpretación laica de la vida del ciudadano Jesús de Nazareth, en su forma de leer para el siglo XX el evangelio según Mateo. Quizás tampoco hoy día, en pleno siglo XXI, en un universo tan descreído y alejado del espíritu del bien humano, a pesar de que seguimos sufriendo mucho con la intolerancia y ausencia radical de valores que nos asola a diario.

Comprendo hoy, mejor que nunca, unas palabras de Pasolini que no olvido, hilo conductor de su gran película: “Me interesa el extremismo de Cristo, su modo tajante de cerrarse en banda, su radicalismo total y absoluto. Cristo perdona fácilmente los pecados individuales, pero es intransigente con los sociales”. Palabra de Pasolini.

(1) https://cinedivergente.com/el-evangelio-segun-san-mateo/

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¡Paz y Libertad!

La Semana Santa según Jesucristo

Sevilla, 17/IV/2025 – 09:34 h (CET+2)

Sevilla está muy presente, estos sacrosantos días, en mi persona orteguiana de secreto. Hoy me acuerdo…, como decía Joe Brainard, una vez más, que en diciembre de 2018 asistí a un acto en el Consulado General de Portugal en esta ciudad, con motivo de la celebración del día de la lectura en Andalucía, en el que se homenajeaba a José Saramago y en el que su viuda, Pilar del Río, contó una anécdota sobre el origen del libro más polémico de su compañero de vida. Paseando los dos en Sevilla por la calle Sierpes, se volvió Saramago hacia el célebre quiosco de Curro situado en la zona de La Campana y allí vio escritas unas palabras que luego dieron el título a una obra preciosa: El evangelio según Jesucristodenostada por el Vaticano, incluso en un obituario dedicado por Claudio Toscani al fallecimiento del autor, en junio de 2010, a modo de libelo de repudio, publicado en L´Osservatore Romano (El observador romano), periódico oficial de la Iglesia Católica, bajo el título de L´onnipotenza (presunta) del narratore, que juzgaba esta obra como un “desafío a las memorias del cristianismo del que no se sabe qué salvar si, entre otras cosas, Cristo es hijo de un Padre que, imperturbable, lo manda al sacrificio; que parece entenderse mejor con Satanás que con los hombres; que dirige el universo con potestad y sin misericordia. Y Cristo no sabe nada de Sí mismo hasta que se encuentra a un paso de la Cruz; y que María fué para él una madre ocasional; y que a Lázaro se le deja en la tumba para no destinarlo a una muerte suplementaria. Irreverencias a parte, la esterilidad lógica, antes que teológica, de esos asuntos narrativos, no produce la deconstrucción ontológica buscada, sino que se enrosca en una parcialidad dialéctica tan evidente que es preciso negarle toda credibilidad”.

Aquella mirada de Saramago, en un momento mágico para Sevilla, es justo recordarla hoy, porque lo que ayer fue duda hoy se puede convertir en certeza, intentando comprender el final de aquella obra nacida curiosamente en esta tierra, cuando Dios decía: “[…]: Hombres, perdonadle [a Jesús], porque él no sabe lo que hizo. Luego se fue muriendo en medio de un sueño, estaba en Nazareth y oía que su padre le decía, encogiéndose de hombros y sonriendo también, Ni yo puedo hacerte todas las preguntas, ni tú puedes darme todas las respuestas”.

Hoy, quiero recordar al ciudadano Jesús del que tantas veces he hablado en este cuaderno digital, al que descubrí con seis años en Madrid, viendo aquella película del régimen, Marcelino, Pan y Vino, que me enseñó muchas cosas, entre ellas admirar a ese Jesús del madero, machadiano, que fue antes un niño proletario y cómo Marcelino me animó a decir en mi casa que yo conocía a alguien que se llamaba “dios” y que sabía que tenía un amigo imaginario de nombre Manuel, que siempre tuvo un sitio en mi alma de niño. En este mundo tan complejo, siento la ausencia de esos amigos de la infancia, de ese líder de juventud, Jesús, comprendiendo mejor que nunca lo que Saramago quería transmitir en su atrevida lectura laica del evangelio, cuando en su peculiar “semana santa” nos recordaba que su padre le decía a Jesús aquello de “ni yo puedo hacerte todas las preguntas, ni tú puedes darme todas las respuestas”. 

Inolvidable libro, porque después de haber pasado tanto tiempo, sigo pensando lo mismo que el Nobel portugués. O lo que es lo mismo, … tras un día, otro viene, y lo que ayer fue duda hoy se convierte en certeza, a pesar de que sigo sin encontrar respuestas a la mayor parte de las grandes preguntas de la vida, explicitadas en un libro democrático, Eclesiastés, 3, 1-22: ¿Qué gana el que trabaja con fatiga? o en otra variación sobre el mismo tema: ¿qué sacan las personas de todo su fatigoso afán bajo el sol?; ¿quién sabe si el aliento de la vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de la bestia desciende hacia abajo, hacia la tierra? y, por último, ¿quién guiará a cada persona a contemplar lo que ha de suceder después de su muerte? Fin del capítulo 3 y silencio sepulcral, bíblico, ante estas cuestiones tan vitales y próximas.

Quizás, estas preguntas y aquellas palabras agónicas del ciudadano Jesús, sobre el abandono que sintió aquel día lejano que se recuerda en la Semana Santa, ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?, nueve palabras en español, cuatro en hebreo, son las que siguen todavía hoy sin respuesta alguna para el común de los mortales, sobre todo los nadieslos hijos de nadie, los dueños de nada, a los que defendió siempre Eduardo Galeano en su compromiso social y laico, entre las dudas y certezas de cada día, incluso hoy, en una nueva semana santa o laica, según se mire, se sienta o se crea, eso sí, por la gracia de Dios y de la democracia.

En la clave de Saramago para su visión laica y novelada de la vida de Jesucristo, guardo siempre una gran respuesta del Eclesiastés a las tres preguntas enunciadas anteriormente, sobre todo cuando nos encontramos “abandonados” a nuestra suerte en momentos complejos de la vida: hay que hacer camino al andar y aprender una gran respuesta provisional en la vida. Siempre es mejor caminar con otros, porque si nos caemos siempre habrá alguien que te levante, porque la amistad es como la cuerda de tres hilos: jamás se puede romper: “más valen dos personas que una sola, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo, pues si cayeren, una levantará a la otra; pero ¡ay de la persona sola que se cae!, que no tiene quien la levante. Si dos se acuestan, tienen calor; pero la persona sola ¿cómo se calentará? Si atacan a uno, los dos harán frente. La cuerda de tres hilos no es fácil de romper”.

Es lo que perdura todavía hoy y desde hace ya muchos siglos en la tradición oral de abuelos a nietos, de padres a hijos, desde que se sentaban en la orilla del Tigris y Éufrates al caer la tarde, a la hora malva mágica que tanto gustaba a Gabriel García Márquez. Su autor, no lo olvidemos, tenía un nombre inconfundible ya citado, Eclesiastés, una persona de comunidad, literalmente hablando, en el capítulo 4 del libro citado, para que no nos dediquemos sólo a atrapar vientos buscando la ansiada felicidad humana, con mayor sentido aun cuando nos preocupa que sea para todos, a través de la amistad y para superar cualquier abandono.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!