Heridas, no vencidas

Vamos del timbo al tambo digital, en expresión feliz de García Márquez, pero nos encontramos siempre con situaciones atómicas que entristecen el alma buena de las personas, convirtiéndose en un realismo trágico de difícil explicación. He leído hoy un reportaje estremecedor en el diario El País sobre la reparación de vidas rotas en mujeres maltratadas. Es escalofriante darse de bruces con una realidad que asola el país. El año pasado, 123.275 mujeres acudieron a la justicia por el maltrato de sus compañeros o ex-compañeros, por llamarlos de alguna forma. Se dictaron 24.679 órdenes de protección que equivalen a un 59,1% de las solicitadas. Todavía más sangrante es el dato revelador del estado de agresividad de género actual al constatarse que una de cada ocho mujeres en España ha sufrido violencia física, sexual o ambas causada por sus parejas o ex parejas, según los datos recogidos en la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer de 2015 (Ministerio de Sanidad, en colaboración con el Centro de Investigaciones Sociológicas).

Charo Noguera ha estado una semana en un centro de víctimas de violencia de género y narra una experiencia de claroscuros muy inquietante. Es incomprensible que este país haya abandonado la asignatura de educación para la ciudadanía, por ejemplo, como un remedio eficaz a corto, medio, largo plazo para enseñar a los niños y a las niñas que existen modelos de convivencia muy amplios en nuestra sociedad para vivir en común y sin hacernos daño. Aquel Real Decreto de 2006, desgraciadamente derogado, decía cosas tan interesantes como éstas: “El comienzo de la adolescencia es una etapa de transición en la que se modifican las relaciones afectivas. Los preadolescentes se inician en una socialización más amplia, de participación autónoma en grupos de iguales, asociaciones diversas, etc. Conviene preparar la transición a la enseñanza secundaria y al nuevo sistema de relaciones interpersonales e institucionales que suponen una participación basada en la representación o delegación y que requiere un entrenamiento, y esta área es un ámbito privilegiado para ello”.

Se enseñaba a ser responsables integrando conocimiento y libertad. Nada más y nada menos. Para ser educadas y educados en valores ciudadanos y en el respeto a los derechos de las personas en diversidad, que no son a veces cómo nosotros esperamos que sean. Fundamentalmente, porque me gusta vivir mi vida, guardándome mi miedo y mi ira, en libertad y con los demás. Sin más mentira, en paz, partiendo de lo personal y del entorno más próximo: la identidad, las emociones, el bienestar y la autonomía personal, los derechos y responsabilidades individuales, la igualdad de derechos y las diferencias. Es decir, de la identidad y las relaciones personales se pasa a la convivencia, la participación, la vida en común en los grupos próximos, en la vida de pareja.

MACROENCUESTA VIOLENCIA GENERO 2015

Macroencuesta de Violencia contra la Mujer de 2015

Volvemos a la realidad actual añorando la citada asignatura de educación para vivir en común. Sigo leyendo el reportaje constatando que el anonimato es norma fundamental en este tipo de centros de acogida. Pero escuchar a la residente 311, “una mujer menuda y vivaracha” decir de forma rotunda y a los cuatro vientos “estoy herida, pero no vencida”, abre una puerta a la creencia de que otro mundo debe ser posible para las mujeres que sufren este mal endémico y merecen ser felices. Una gran lección.

Sevilla, 25/VII/2016

Nada fluye, todo permanece

CUSTER Y LIBBY

En la antesala de una semana próxima en la que se deberían tomar decisiones de Estado en este país, con el objetivo claro de conformar un Gobierno con una imprescindible altura de miras, por mucho que nos parezca imposible dado el estado del arte político actual, siento contradecir por un tiempo a Heráclito en su famoso frase, Panta rei o todo fluye, nada permanece, dando la razón al famoso aserto de Milton Friedman “Nada es tan permanente como el programa de un gobierno provisional”, visto lo visto desde el traído y llevado 20 de diciembre pasado, un día de elecciones generales para no recordar ahora vistos sus resultados con la perspectiva del tiempo pasado desde entonces que, como en este caso, nunca fue peor por lo ocurrido en la última y fugaz legislatura, por el mal ejemplo dado por la clase política en general, salvo honrosas excepciones.

Creo que Friedman tenía razón con esta afirmación hasta cierto punto cabalística. Estamos ante retos de una urgencia vital para garantizar la gobernabilidad del país, en asuntos y acuerdos de Estado tan sensibles y dramáticos como desempleo flagrante y descarado, educación desestructurada, salud recortada, servicios sociales en la posición del malabarismo circense de los platos chinos que se caen uno detrás de otro si no se agita la varilla que los sostienen, dependencia desfondada de forma especial con retrasos imposibles de entender, pensiones pendientes de que no se agote la hucha estatal que ya se rompió hace muy poco de un martillazo político, deuda externa, interna y mediopensionista que es un clamor popular, nacional e internacional, estado confuso de autonomías o autonosuyas (¡perdón por el neologismo porque todo depende del cristal político como se miren), que no soportan más el estancamiento de una revisión profunda de la Constitución para que sepamos de una vez qué significa vivir en un territorio que se llama España.

En este escenario tan dantesco desde la perspectiva política y económica (sin llegar al insulto del asesor de Clinton, ¡Es la economía, estúpido!, porque estamos hablando de dignidad política a palo seco), por mucho que se quiera edulcorar todos los días, argumento cansino para muchos y reiterativo para los listos de determinada clase política que todo lo sabe y nada ignora, el Gobierno en funciones cabalga con la frase de Friedman grabada en la frente popular, que no en el frente (por alusiones y que no se sabe dónde está), como si no pasara nada. Su programa es lo más permanente que hemos visto jamás. Sí, sí, cabalga con un general al frente como Errol Flynn hacía en mis años mozos, por el desfiladero lleno de indios sioux escondidos y sin dar muchas veces la cara como debían hacer todos los días, sabiendo que al final del mismo, Custer Rajoy será recibido por la Libby (Olivia de Havilland) de turno sin mancharse el traje azul con botonadura cruzada de oro, sin una sola mota de polvo y con el tupé en perfecto estado de revista después de haber participado en batallas políticas imposibles. Fundiéndose también en abrazos inesperados, más allá de Libby. Aunque debería ser consciente de que, si no mide bien las fuerzas, puede que algún día los nuevos líderes políticos con denominación de origen, cual Toro Sentado o Caballo Loco del panel político actual, acaben con su carrera política definitivamente.

Es lo que tiene seguir creyendo que en esta película política cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. ¡Perdón, pura permanencia!, para desgracia de todos los que amamos a Heráclito de Éfeso por su famoso aserto y que tanto echamos hoy de menos antes de llegar a las escenas finales de esta historia siempre contada de la misma forma. Porque recordemos…, lo lógico es que todo fluya y nada permanezca en la situación política actual.

Sevilla, 22/VII/2016

Un nuevo mapa de nuestro cerebro

MAPA MODULAR DEL CEREBRO

El mapa de 180 módulos, incluidas las áreas visuales (azul), auditivas (rojo), y táctiles/motoras (verde). /MATTHEW GLASSER/DAVID VAN ESSEN (1)

Vuelvo de mi corazón a mis asuntos sobre el cerebro, del que este blog se hace eco desde los primeros días de una larga singladura en busca de islas desconocidas. Lo he repetido de forma insistente en varias publicaciones recientes: este siglo va a ser conocido como “el siglo del cerebro”, al igual que el veinte ha pasado a la historia como el siglo del corazón.

La razón principal para esta vuelta a mis principios declarados en este blog ha sido la publicación en la revista Nature de un artículo, A multi-modal parcellation of human cerebral cortex, por parte de los neurocientíficos Matthew Glasser, David Van Essen y sus colegas de la Universidad de Washington en Saint Louis, Missouri, en colaboración con investigadores de Oxford, Londres, Minneapolis y Nijmegen, Holanda, que marcará un antes y después en la investigación del cerebro. En síntesis, trata de explicar a la comunidad científica y a toda persona interesada en el conocimiento progresivo del funcionamiento del cerebro, que la corteza cerebral humana es asombrosamente compleja y que requiere elaborar un mapa o parcelación de sus subdivisiones principales, conocidas como áreas corticales. Hacer un mapa exacto de estas áreas ha sido siempre un objetivo de la neurociencia en el siglo pasado y en éste. Usando imágenes de resonancia magnética multimodal el proyecto conectoma humano (HCP) y un enfoque neuroanatómico semiautomático, se han localizado 180 zonas por hemisferio, detectándose cambios bruscos en la topografía de la corteza cerebral en un grupo escogido de 210 adultos jóvenes sanos, para interpretar su arquitectura cortical, conectividad y/o funciones. Se han delimitado 97 áreas nuevas, hasta ahora desconocidas, de las cuales 83 se han delimitado usando microscopia post mortem u otros métodos de estudio específicos especializados. Para habilitar la delineación automática y la identificación de estas áreas en estudios y en futuros temas a estudiar en el HCP, se ha entrenado a una máquina clasificadora para reconocer la «huella digital» multimodal de cada área cortical. Este clasificador detectó la presencia del 96,6% de las áreas corticales en nuevos ítems, que replican la parcelación del grupo y correctamente podría localizar áreas en individuos con parcelas cerebrales atípicas. Todo ello permitirá una sustancial mejora en los estudios de la organización estructural y funcional de la corteza cerebral humana y sus variantes a través de personas y en su desarrollo, envejecimiento, así como en la enfermedad mental.

La corteza cerebral es una estructura muy importante del cerebro humano, aunque es asombroso constatar esta realidad objetiva cuando se sabe que sólo supone un 2% del peso del cuerpo, pero su actividad metabólica es tan elevada que consume el 20% del oxígeno. El cerebro se divide en dos partes llamadas hemisferios cerebrales, separadas por una ranura, hallándose, no obstante, unidas en el fondo de la ranura por una masa de fibras blancas de unos 10 cm. llamada cuerpo calloso. Los hemisferios suponen cerca del 85% del peso cerebral y su gran superficie y su complejo desarrollo justifican el nivel superior de inteligencia del ser humano si se compara con el de otros animales. En cada hemisferio se distingue, entre otras estructuras que hoy no abordo, la corteza cerebral o sustancia (materia) gris, con un espesor que oscila entre 1.5 y 4.5 mm., con un volumen aproximado de 600 cm3. Debido a los numerosos pliegues que presenta, la superficie cerebral es unas 30 veces mayor que la superficie del cráneo, siendo más acentuados en el ser humano que en cualquier animal. Estos pliegues forman las circunvoluciones cerebrales, surcos y fisuras y delimitan áreas con funciones determinadas, divididas en cinco lóbulos. Cuatro de los lóbulos se denominan frontal, parietal, temporal y occipital. El quinto lóbulo, la ínsula, no es visible desde fuera del cerebro y está localizado en el fondo de la cisura de Silvio. Los lóbulos frontal y parietal están situados delante y detrás, respectivamente, de la cisura de Rolando. La cisura parieto-occipital separa el lóbulo parietal del occipital y el lóbulo temporal se encuentra por debajo de la cisura de Silvio.

También, hay que reforzar cada día más la tesis de la importancia y supremacía de la inteligencia de los seres humanos, alojada en un silencio activo que no descansa nunca en la corteza prefrontal de los seres humanos, que deberíamos introducir como asignatura en el currículum educativo de niños y adolescentes, cuando acudimos al estudio serio de nuestros antepasados, porque lo más apasionante, mirando hacia atrás, es que hace doscientos mil años que la inteligencia humana, expresada en la corteza cerebral, comenzó su andadura por el mundo. Los últimos estudios científicos nos aportan datos reveladores y concluyentes sobre el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia. Hoy comienza a saberse que a través del ADN de determinados pueblos distribuidos por los cinco continentes, el rastro de los humanos inteligentes está cada vez más cerca de ser descifrado (1). Los africanos, que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron hace 50.000 años, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada. Hablar, aprovechando además un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones. Había nacido la corteza cerebral de los humanos modernos, de la que cada vez tenemos indicios más objetivos de su salto genético, a la luz de los últimos descubrimientos de genes diferenciadores de los primates, a través de una curiosa proteína denominada “reelin” (2) de la que cada día se sabe más.

He vuelto a leer una reflexión que escribí en 2007 sobre la corteza cerebral, La sede de la inteligencia: dos metros de curvas maravillosas, porque ya aventuraba un camino científico apasionante sobre esta estructura cerebral: “Me ha sorprendido siempre la morfología de la estructura básica que interconecta en millones de ocasiones la corteza cerebral. Ya la he abordado desde múltiples perspectivas en este blog, pero nunca me había detenido en profundizar su anatomía real. Y me produce una sensación especial saber que si desplegáramos sobre una mesa los pliegues sinuosos que la conforman, podríamos encontrarnos con una superficie, un mantel, de dos metros cuadrados, aproximadamente. Por eso, he decidido investigar las razones científicas que “aconsejan” esta forma de presentarse en sociedad, aunque al final la representación más feliz de su estructura visible solo alcanza el tamaño de una servilleta de 50×50 cm. Mantel y servilleta, un conjunto armónico para conocer mejor la sede de la inteligencia. Y con un volumen, jarra, de 600 cm3”.

Como decía en aquella ocasión, revalidada ahora por el descubrimiento que he explicado en las primeras líneas de este post, “Al final, se trata de “poner bien la mesa”, con mantel, servilleta y jarra apropiada para tal evento, ordenarla y servirla de forma adecuada a las necesidades de cada una, de cada uno, sabiendo en este caso y a partir de ahora que la arruga [de la corteza cerebral], en el cerebro, es bella, con permiso actualizado de Adolfo Domínguez. Es más, imprescindible y necesaria”.

Sevilla, 21/VII/2016

(1) La imagen ha sido recuperada hoy del diario El País: http://elpais.com/elpais/2016/07/20/ciencia/1469015826_731136.html
(2) Pollard, K.S., Salama, S.L. (2006). An RNA gene expressed during cortical development evolved rapidly in humans. Nature 443, 167-172 (14 September 2006).

Las pequeñas cosas…, digitales

Son aquellas pequeñas cosas,
Que nos dejó un tiempo de rosas
En un rincón,
En un papel
O en un cajón.

Juan Manuel Serrat, Aquellas pequeñas cosas

Decía Groucho, con su ironía característica y en el contexto de la crisis mundial de 1929,  en su fondo y forma muy parecida a la actual, “Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…”. También Serrat, me enseñó en momentos transcendentales de este país, que era conveniente valorarlas en su justo sentido: Uno se cree / Que las mató / El tiempo y la ausencia. / Pero su tren / Vendió boleto / De ida y vuelta. Esta mañana, cuando regresaba a casa con la radio sintonizada, he escuchado una obra compuesta en 1778 por Mozart, sobrecogedora, dedicada a su madre, fallecida durante su estancia con ella en París. Era la Sonata para violín número 21 en mi menor (K. 304/300c), una obra llena de ausencia, sentimiento y pensamiento.

Cuando he llegado a casa he consultado la disponibilidad de la partitura en Internet y al haberla localizado en la magnífica Biblioteca Musical Petrucci, me la he bajado al ser ya de dominio público. Al estar escrita para piano y violín me permitirá ejecutarla en ambos instrumentos, dedicándole tiempo y perseverancia de la que hizo gala siempre  el autor austriaco, a quien tanto admiro.

La Biblioteca Musical Petrucci maneja ya un fondo asombroso: partituras de 108.000 obras, alcanzando las 355.000 partituras y más de 40.000 grabaciones, de libre disposición si se cumplen unos requisitos amparados por la licencia Creative Commons.

SONATA 304 MOZART

http://imslp.org/wiki/Violin_Sonata_in_E_minor,_K.304/300c_(Mozart,_Wolfgang_Amadeus)

Esta reflexión viene a concluir que la disponibilidad digital de la que gozamos hoy día, nos permite disfrutar de pequeñas cosas con recursos de siempre, de toda la vida, es decir, la radio, siempre compañera y amiga, completándola en este momento con los digitales, tales como Petrucci o Youtube, como en este caso. Esta es la maravillosa realidad de Internet, una tecnología de doble uso, lo sé, pero que cuando se recurre a ella de forma racional y equitativa es extraordinariamente útil y buena, en el buen sentido de la palabra “buena”.

Por ello, comprendo hoy mejor que nunca a Serrat, porque las partituras o la reproducción de esta Sonata en Youtube, Son aquellas pequeñas cosas, / Que nos dejó un tiempo de rosas / En un rincón, / En un papel [en una partitura] / O en un cajón. No un yate, una mansión o una fortuna, los de la metáfora de Groucho, por pequeños que fueran o fuesen. Es lo que tiene no confundir hoy, como todo necio, valor y precio.

Sevilla, 18/VII/2016

Vivimos en un país enfermo

HACIA ADELANTE

Siempre hacia adelante

DAR YASIN (AP) | 25-11-2011
El ciclista, en medio de una espesa niebla, mira a cámara mientras no detiene su avance por una de las calles de Srinagar (India)

Estas palabras las escribo en un día en el que también podríamos concluir que el mundo está enfermo, después de lo sucedido anoche en Niza. Mi pensamiento y sentimiento está con las víctimas de este desatino, con sus familias y con todas aquellas personas que luchan todos los días por desterrar la violencia de sus vidas. De cualquier tipo y que no deberíamos permitir que la soportaran; en ocasiones, debido a nuestros silencios cómplices y mucho más cerca de lo que creemos.

No me gusta escribir mirando hacia atrás o guardando silencio ante el presente desnudo, como el rey de Andersen, y menos con ira, pero estamos viviendo acontecimientos que necesitan un diagnóstico y tratamiento posterior, urgentes, para atender una enfermedad social que se extiende en este país como una plaga desde hace bastantes años. Me refiero a las tragaderas y comportamientos sociales que se aprecian en fenómenos tales como la oleada de solidaridad con el jugador Messi, que ha tenido una conducta de fraude fiscal impresentable, la tolerancia con los defraudadores de impuestos en general por más que estemos presuntamente convencidos de que “Hacienda somos todos” (casi siempre cuando hacemos reivindicaciones sociales que me afectan a mí y a mi familia, aunque no sea solidario a la hora de practicar ética ciudadana en el terco y próximo día a día), la utilización perversa de las redes sociales para hacer el máximo daño posible a los demás, la corrupción a nivel de partidos y entidades públicas de amplio espectro, las presuntas negociaciones políticas para clarificar la formación del Gobierno, la profusión de “Sálvame”, con perdón, que arrasa en determinado público objetivo de sofá y copa; la violencia diaria, a flor de piel, contra la mujer, contra los niños mediante el acoso escolar, contra los que son diferentes por razón de sexo, color o creencia.

No digamos nada sobre la abstención en las pasadas elecciones, más de diez millones de personas, que se ha convertido en el “partido político” con mayor número de votos, utilizando una metáfora bastante dura. Por último y como otro botón de muestra de nuestra enfermedad social, la incapacidad de diálogo constructivo por parte de los representantes políticos, permitiendo que el país continúe una deriva hacia ninguna parte.

Estamos viviendo unos tiempos modernos con sentimiento de desconcierto permanente ante las noticias políticas y económicas de diálogos casi imposibles, que llevan a un abatimiento colectivo entre los perdedores de las elecciones generales y en gran parte de las personas que me rodean, algunas con residencia política cercana a los partidos que han perdido limpiamente en democracia, porque no se sabe dónde va a parar la traída y llevada crisis. Por otra parte, tengo una sensación que me preocupa constantemente y radica en la apreciación contrastada de que no va a haber mar suficiente para acoger a todas las personas que se tiran por la borda de los diferentes barcos que surcan los mares de la vida política y económica, porque dicen que no pueden más y que hay que buscarse otra vida. Es más, los que piensan que la política no sirve para nada.

La situación es muy crítica, no cabe duda alguna, pero creo que debemos parar un momento la moviola de la tristeza y abatimiento para reconsiderar actitudes personales, familiares, laborales y políticas, para enfrentarnos a una realidad incontestable, la necesidad de hacer un pacto de Estado por la regeneración de la educación y de valores humanos, a todos los niveles imaginables. Es la mejor receta, por no decir la única, para estos momentos tan especiales que estamos atravesando, pero que debe contar con la aportación que cada una, cada uno, puede poner en su realidad propia y asociada, mirando siempre hacia adelante, como he querido simbolizar a lo largo de los diez años en este cuaderno de bitácora, como símbolo y actitud activa que aprendí hace muchos años del mensaje y del autor que da título a este blog, es decir, España solo tiene interés hacia adelante.

Escribí en 2011 unas palabras que necesito rescatar hoy en momentos de zozobra: “¿Dónde está la receta, para comprarla o el bálsamo de Fierabrás para beberlo y curar todas las heridas actuales en el cuerpo y en la mente? Sencillamente, no existen puntos de venta de estos productos mágicos, porque la revolución de la indignación activa está en el cerebro de las personas que deciden no arredrarse ante la situación adversa y seguir mirando hacia adelante, como el ciclista de la foto, avanzando en medio de la niebla espesa, con unas luces tenues que ayudan a seguir pedaleando, viviendo, trabajando, queriendo, enfrentándose de cara a la adversidad en cualquiera de sus manifestaciones. Porque la tentación de tirar la toalla y arrojarse al mar es una situación transitoria, dejando atrás compromisos y personas que necesitan manos amigas y cerebros inteligentes que luchen día a día por vencer el miedo escénico de seguir viviendo, saliendo a cubierta para dirigir la nave del alma que todos llevamos dentro, abandonando temporalmente la contramina mental y de trabajo duro, gris, que muchas veces desarrollamos, para gritar en cubierta, a cielo abierto, que no debemos abandonar los barcos en los que cada uno está enrolado, porque las creencias merecen la pena aferrarse a ellas, en cualquiera de las cuatro vertientes que un día, también muy lejano, aprendí de un gran hombre, José Ferrater Mora, en su precioso libro, El hombre en la encrucijada.

Decía el autor que necesitamos tener creencias, que no podemos vivir sin ellas, y a lo largo de las páginas de su tesis existencial demuestra que el mundo ha evolucionado hacia adelante gracias a que nuestros antepasados y muchas personas contemporáneas han tenido y tienen creencias en cuatro ámbitos, juntas o por separado da igual, de una forma u otra, da igual, pero siempre relacionadas con las Personas, la Naturaleza, Dios/dioses o la Sociedad. Así durante muchos siglos”.

La inteligencia humana, educada en libertad, que nos une a todos y no está en el mercado libre, vence siempre al miedo y al dinero (una de las causas enmascaradas de la enfermedad que sufre el país), por muy poderoso caballero que sea. Es una maravillosa lección de la historia que han escrito las personas que hasta hoy nos han acompañado en un largo viaje iniciado desde África, hace ya doscientos mil años, en la búsqueda incesante del alfa y omega de la vida, mirando siempre hacia adelante, que es la única forma de que el mundo tenga interés para todos formando parte, ahora, del Club de las Personas Dignas.

Sevilla, 15/VII/2016

Cuando Lebrijano muere, llora el agua

GABO Y LEBRIJANO

Dedicado a Juan Peña, El Lebrijano, a su familia, de los que aprendí el arte de cantar a la vida aunque te persiga el dolor de una historia en la persona de todos y en la de secreto.

García Márquez dijo en una ocasión que cuando Lebrijano canta se moja el agua. Esta frase se me quedó grabada en el alma cuando la conocí, sabiendo que autor y destinatario no me eran indiferentes. Hoy, al conocer su ausencia, he pensado que quizá llore el agua, porque Juan, tal y como le como le conocí hace ya muchos años, era una persona buena, en el buen sentido de la palabra bueno, ejemplar para muchos que le querían y seguían, miembro de una familia muy unida que también pude estar cerca de ella en momentos importantes de mi vida. Sabían llorar y cantar los pasajes tristes de su etnia, en persecución multisecular.

Por esta razón, quiero traer a mi memoria de hipocampo unas palabras que le dediqué en 2008, Melismas de Juan Peña y Gabriel García Márquez, como homenaje a un viaje compartido, aunque en la distancia mutua, porque lo importante para mí fue lo que me enseñó cuando comenzábamos a caminar por la vida, nunca exenta de persecución. Y en el alma no muere Juan, como tampoco en el agua que cantó Gabo.

Sevilla, 13/VII/2016
__________________________________________

Melismas de Juan Peña y Gabriel García Márquez

LEBRIJANO

Acudiendo a las memorias de mi hipocampo, recuerdo que conocí a Juan Peña, El Lebrijano, en junio de 1965. A toda la familia Peña, unidos como una piña, viajando desde Lebrija para ofrecernos en Umbrete (Sevilla) un recital familiar. Todo se debía a la colaboración que prestaba Pedro Peña, un compañero mío en aquél Colegio Menor, primo hermano de Juan, donde nos preparábamos a los diecisiete años para cantar a Dios, sus pompas y sus obras. Aquella noche, que luego serían dos, dos años seguidos, Juan, sus padres, sus tíos, sus sobrinos, primos y toda su parentela, nos obsequiaban con su modo de ser y estar, gitano, con una lección que aprendí en relación con el destino. Primero, el día concertado, nos hablaban a todos en el salón de actos. Después cenábamos juntos y en el “Merendero”, en el patio exterior, comenzaba la fiesta dirigida por la familia Peña. Me encantaba la dulzura de María “La Perrata”, la madre de Juan, sus palmas, su “jaleo”, su encantamiento colectivo, hasta el punto de que salí a bailar delante de ellos, para dar unos pasos, torpes pasos, simulando un taconeo que les llenaba de gozo. Lo que no lográbamos arrancar del tímido Pedro. A mí, lo que me asombraba era el encanto sugestivo que expresaban en todas sus manifestaciones. Y algunos churumbeles cruzaban el escenario sin contemplaciones, como desafiando la vida. Y los despedíamos en la puerta del Colegio cantando todos juntos un estribillo que nunca he olvidado:

«Ya se van los gitanos / por los caminos, por los caminos. / Van en caravana/ que es su sino, ese es su sino.»

Y volví a coincidir con toda la familia Peña, quizá fuera en 1973, con motivo de la operación del padre de Juan, sencilla en origen, pero de la que no pudo recuperarse ni en la sala de despertar. Y tuve que decírselo, con la autorización del cirujano, con el dolor que me suponía comunicarles de forma contradictoria lo que presagiaba, unos minutos antes, que todo iba a ir muy bien. Y compartí el dolor con ellos. En su silencio, en sus expresiones de ausencia incomprensible. Lo que es muy difícil explicar.

Posteriormente, Pedro Peña, hermano de Juan, colaboró conmigo en Huelva, en una actividad de sensibilización social gitana, en la época en que practicaba la docencia vinculada al trabajo social. Siempre amable, siempre cercano, maestro de maestros en docencia y guitarra. La familia Peña era siempre un referente. A Juan lo he seguido por sus discos, por las referencias de sus múltiples actuaciones. En una grabación muy querida por mí, donde procuraba aprender a conocer todos los “palos” de la A a la Z, me sobrecogió siempre una alboreá flamenca cantada a dúo por María “La Perrata” y Juan Peña, madre e hijo, hijo y madre, un romance morisco, de Gerineldo, que estremece a cualquiera, donde la melodía melismática (a cada sílaba le corresponde más de una nota) acerca la alboreá, la alborada, el cante por excelencia en las mañanas de las bodas gitanas, a los cantes por soleá:

«Dónde está la novia
novia tan bonita
estaba cortando rosas
por la mañanita»

Y Juan, que cuando canta se moja el agua, en metáfora acertada de Gabriel García Márquez, comienza a poner pensamiento y sentimiento albertianos, en su nueva obra, a las letras de Gabo, a párrafos cruzados de La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y de su abuela desalmada, de Ojos de perro azul, algunos cuentos peregrinos, y de El coronel no tiene quien le escriba.

Cuando el sábado 21 de junio de 2008, lo escuchaba a cinco metros de su voz, en la plaza de San Francisco, en Sevilla, con ecos de aquella maravillosa familia Peña que conocí en Umbrete, en una actuación pública, que él sabe apreciar, sin taquillas discriminadoras, comprendí mejor que nunca unas palabras suyas que “aparecen” al retirar el disco de su estuche, cuidado hasta el último detalle:

«Cuando estamos creando y por las flores que nos envían,
nos damos cuenta que Dios existe»

Es que en El Lebrijano, pensamiento y sentimiento se convierten en agua que se moja, hasta desaparecer en su voz, al escucharse el corazón de todas y de todos mucho más fuerte que el viento, por las melismas de refreso [sic] que él solo canta, que él solo conoce…

Sevilla, 30 de junio de 2008

Algoritmos digitales y libertad individual

BIG AND FLAT

Ya sé lo que creo que Facebook, Google, Amazon y Booking, entre otras multinacionales del sector TIC, saben de mí. Eso es lo que creo, pero tengo que confesar que al igual que sucede a millones de usuarios no tengo la paciencia debida para leerme las complejas licencias de uso de sus servicios en el trámite que consideramos insensatamente como mera burocracia en el momento de acceder a ellos mediante usuario y contraseña, obviando la letra grande y la temida letra pequeña de los contratos que firmamos tan alegremente con ellos. Luego tengo que aceptar que no, que no sé realmente lo que las empresas citadas, entre otras muchas, conocen de mí, aunque la verdad sea dicha no aparece por ningún sitio cómo van a seguir mi huella digital hasta límites insospechados que desconozco. Solamente lo intuyo por el bombardeo tipo spam que recibo a diario sobre mis gustos y consultas habituales en sus sitios web. Forman parte del gran hermano mundial agazapado en internet. Es lo que se llama hoy “prescripción digital” mediante robots que presumen de conocernos hasta en el último detalle.

El secreto está en los algoritmos que utilizan en el tratamiento de los big data empresariales, donde están mis “small data”, con perdón, de los que apenas se habla, formando parte de lo más íntimo de mi propia intimidad, en expresión de corte agustiniana y santa, por más señas. Ser o no ser small o big data, esa es la cuestión. Me impresiona conocer cómo me recuerdan periódicamente que Mozart me espera en el almacén de Amazon, porque saben que me gusta y que me puede interesar el último disco publicado sobre él. También, las últimas publicaciones de mis autores preferidos, que gritan a los cuatro vientos que no saben nada de mí desde hace semanas o meses. Además, me informan de que otras personas que tienen unos gustos similares a los míos, también compran más discos y libros que me podrían gustar. Un no parar, que se dice en español castizo y que si no reaccionas a tiempo te hace sufrir el temido síndrome de la última versión, del último disco, del último libro, Smartphone, TV, consola, tablet, etc., etc. Porque esas almas caritativas digitales “adivinan” que me gustaría “tenerlos”, pero no los tengo. Y eso en el mercado digital “no puede ser”.

No digamos nada en relación estricta con las tecnologías puras de la información y comunicación. Si te atreves a consultar una televisión inteligente, acabas de caer en la trampa de empresas matrices y asociadas, en un buzoneo digital bastante agobiante, donde marcar la x de acceso a mi posible libertad suele ser la aventura jamás contada de cada día, que muchas veces no funciona porque está caído el servidor amenazante. Ya sé que puedo marcar y desmarcar las opciones de privacidad en cada servicio global que contrato, pero necesitaría casi un día (¿al mes, a la semana?) para actualizar mis límites fronterizos de libertad digital y cada vez tenemos menos tiempo de buscar tiempo para pensar en otras cosas más importantes que las que a veces busco por internet.

Me dejó bastante intranquilo una reflexión que leí ayer sobre cómo llegamos a estar atrapados en el algoritmo de la prescripción digital que utilizan las grandes empresas tecnológicas de gran consumo, sin saber a veces cómo salir de él: “Ramón Sangüesa se encuentra ahora mismo investigando sobre las herramientas que permiten saber por qué a cada uno nos recomiendan determinados caminos por los que seguir transitando. “Habrá criterios complementarios que irán en beneficio de quien tiene la propiedad de esa obra, por supuesto. Y esos criterios son bastante oscuros. Esas empresas saben todo de mí, pero yo no sé con qué criterios me recomiendan las cosas”. Y ahí está la gracia del dichoso algoritmo” (1).

En definitiva, no son inocentes, como suelo decir siempre. Por eso he recordado a Stan Laurel y Oliver Hardy, el Gordo y el Flaco, cuando somos incorporados como small data en el marco de los big data que tratan en algoritmos preocupados por nuestra forma de ser y estar en el mundo, individual y colectiva. Como si fuéramos tontos, con las caras de Stan y Oliver como telón metafórico de fondo, según el lugar que ocupa cada uno en la prescripción digital que nos toca atender hoy sin ir más lejos.

Sevilla, 10/VII/2016

(1) Verdú, Daniel (2016, 9 de julio). Atrapados en el algoritmo. Babelia (El País), pág. 2s.

La dignidad de las personas mayores

FELIX MAXIMO LOPEZ

López Portaña, Vicente (1772-1850), Félix Máximo López, primer organista de la Real Capilla / Museo del Prado. Madrid

He localizado en Internet el cuadro que comenta hoy Javier Marías en El País Semanal, en un artículo magnífico, El retrato del organista, que le “gusta contemplar largo rato, incansablemente”. La verdad es que me ha impresionado, quizá movido en un principio por la curiosidad de la referencia al clavecín, parecido al mío, sobre el que apoya su brazo izquierdo D. Félix Máximo López, transmitiendo dignidad como persona mayor pese al paso de los años.

Lo que verdaderamente me ha emocionado es la reflexión que hace sobre la situación actual de las personas mayores, que el mundo procura mercantilizar con el eufemismo de la tercera edad y las ventajas de la tarjeta oro de la que pueden disponer para viajes imposibles en la España actual. Ayer, en la cola del supermercado, presencié el papel actual de las personas mayores a través de una mujer mayor que pagaba la compra semanal o quincenal a su hija y nietos allí presentes, con amor maternal similar al filial que figura en la dedicatoria sobre el clavecín del cuadro, con la parafernalia de la fidelización mediante tarjeta en la que ella no sabía responder a preguntas de “¿contado o plazo? o la acción de marcar la contraseña, tarea que rápidamente asumió la hija con la sonrisa cómplice de la cajera, porque a esa persona mayor esas cosas ya no le van ni las comprende. Acababa de simbolizar el papel que están desempeñando en la actualidad las personas mayores en nuestro país con sus exiguas pensiones, en la cobertura de familias sin ingreso alguno. En una palabra, dignificando la vida diaria “a pesar de su edad”, en un mundo diseñado a veces por el enemigo.

Dice Marías que “todo el retrato rebosa fuerza y a mí me produce, como pocos otros, la sensación de tener en frente a ese hombre vivo, a él y no su representación: y esa fuerza está sobre todo en la mirada, como suele ocurrir”. Y repasa múltiples reacciones imaginarias de esa persona sobre quienes lo contemplan, dando respuestas cargadas siempre de maestría y dignidad: “No sé quiénes sois ni qué buscáis, no entiendo vuestros afanes y empeños, todavía dais importancia a insignificancias, aún lucháis y ambicionáis y envidiáis, todavía sufrís: cuánto os falta para cesar, como ya he cesado yo”.
Y recuerdo frases de supuesta comprensión de los mayores, porque qué van a decir “a esa edad”, con el tuteo descarado, camisetas imposibles, atuendos que no les gusta llevar pero que son aconsejados por los familiares más cercanos o lejanos, con asientos destinados para ellos en el transporte público y habitualmente ocupados por personas más jóvenes, sin vergüenza alguna. Son para personas de movilidad reducida, dicen los letreros oficiales. ¿También de dignidad reducida? Hubo un tiempo en que las personas mayores eran respetadas en su forma de ser y estar en el mundo: “Claro que era un tiempo en el que la sociedad no tenía prisa por deshacerse de ellos, por arrumbarlos, por entontecerlos, por desarmarlos y jubilarlos con gran soberbia, como si no tuvieran nada qué enseñar”, dice Marías.

El retrato anónimo del supermercado, que contemplé ayer, fue de nuevo una gran lección de dignidad humana. Aprendí la importancia de la generosidad de millones de abuelos que todos los días hacen la vida más fácil a los que más quieren, en silencio, plasmando en una experiencia fugaz la importancia de la mirada diferente de la realidad de la vida, tal y como lo aprendí hace ya muchos años de Antonio Machado: “El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve”. Como los de la mirada de D. Félix Máximo López, que tanto gusta a Marías.

Sevilla, 3/VII/2016

Empoderamiento digital

Nunca es mal año por mucho trigo. Soy consciente de que a veces trabajamos en las llamadas causas perdidas, como determinados abogados de lo imposible, pero creo que ejemplos como el de la persuasión tecnológica del gobierno digital auspiciado por el presidente Obama, es una llamada al orden digital de los gobiernos en los diferentes mundos existentes en este planeta, entre los que se encuentra España. Por esta razón, vuelvo a hablar de empoderamiento digital como acción prioritaria de un Gobierno Digital Abierto.

He escrito muchas veces en este blog sobre empoderamiento digital, pero nunca es mal año digital por mucho hablar de ello. Vuelve a abrirse una oportunidad en relación con el nuevo Gobierno que se pueda fraguar por el consenso. Podrían copiar de Obama y de la Directora de Tecnología del Gobierno de Estados Unidos, Megan Smith, por el cumplimiento de un objetivo estratégico claro, entre otros: el empoderamiento digital de la ciudadanía, para poder obtener resultados evidentes y claros sobre aquello que en su toma de posesión le pidió de forma concreta el Presidente: “utilizar el poder de los datos, la innovación y la tecnología para ayudar a los americanos”.

Empoderamiento digital significa “capacidad que tienen los Gobiernos y las Administraciones Públicas para transferir conocimiento y poder digital a la ciudadanía, a sus empleados públicos y a las empresas del sector TIC”. Sueño con el día en que se declare una estrategia digital de Estado y se nombre un alto cargo del rango que decidió el gobierno de Obama, tanto a nivel de Estado como en su proyección de las Comunidades Autónomas, que conformen un Consejo Interterritorial Digital que ejecute la estrategia digital, con visión política y respaldo necesario para la toma de decisiones en este ámbito de urgencia vital en nuestro país, como ya he expuesto en otras ocasiones.

Somos ya digitales en un mundo digital por excelencia, que nos puede hacer la vida más amable en todas las visiones posibles que podamos tener de la vida, desde una perspectiva de nueva revolución digital que supere con creces a la industrial que tanto ha beneficiado ya a la humanidad. Por esta razón, creo que la política digital es un asunto de Estado, no una cuestión baladí protagonizada solo por los amantes de las tecnologías de la información y comunicación. Además, cuando sustenta las políticas sociales por excelencia, se troca en un asunto que nos pertenece a todos, sin excepción.

El marco de la política digital no es un asunto tecnológico sino constitucional. Esa es su gran fortaleza en el argumentario que mantengo en este blog de elevarla a asunto de Estado, máxime cuando tiene que atender a realidades tan inexorables como la salud y la enfermedad o los servicios sociales. O el emprendimiento, empoderando a la ciudadanía, aunque hoy lo sigamos viviendo, desgraciadamente, como un horizonte lejano.

Sevilla, 29/VI/2016

El Partido Abstencionista

ELECCIONES GENERALES 1 2016

En plena resaca electoral, donde hay opiniones para todos los gustos y con escasa objetividad en muchas ocasiones porque todo el mundo gana a su manera, conviene tener una visión objetiva de la democracia en su sentido etimológico más puro, constatándose de nuevo que el triunfo de la abstención desde un análisis meramente cuantitativo, no digamos cualitativo, plantea muchas preguntas que deberían tener una respuesta científica y cargada del principio de realidad. Los números son tercos y se pueden contrastar en los resultados de las elecciones generales de ayer, en las que la abstención ha supuesto que 10.435.955 de presuntos votantes no lo hayan hecho, convirtiéndose así en el “primer partido” triunfante en relación con las urnas, ya que del censo total suponen un 30,16 %.

¿Desencanto, pasotismo, irresponsabilidad? Muchas preguntas deberíamos hacernos por parte de todos, empezando por los círculos familiares, laborales y de amigos más próximos, porque la realidad es muy terca y la abstención está más cerca de todos de lo que parece y pensamos. Los datos de Andalucía son también escalofriantes: 1.998.217 de personas, presuntas implicadas, que no han votado, lo que supone también un 31,8 % del censo electoral. Contra hechos no valen argumentos y la realidad es que en estas elecciones quien ha perdido es la democracia como cultura política inherente a la ciudadanía. Algo grave está pasando en este país y en esta Comunidad Autónoma, entre otras, cuando se está dando este espectáculo antidemocrático, vuelvo a repetir, en el sentido etimológico del término «democracia», porque si los que alardean de que “no son políticos” y no están de acuerdo con la política tal y como está y se ejerce, existe la posibilidad de hacerlo en blanco, pero no renunciar a un derecho de participar y a un deber inherente a todo ciudadano responsable.

Creo que estamos obligatoriamente obligados a votar, por diversas razones. La primera, porque la democracia se construye entre todos y la traducción inmediata para vivir en ella es formar parte activa de su configuración que, hoy por hoy, pasa por participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo que cada uno vota. La segunda razón estriba en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado para vivir dignamente, entendida como la capacidad de resolver problemas en el día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Guido Orefice o Roberto Benigni, tanto monta-monta tanto, el protagonista de La vida es bella, explicaba bien cómo podíamos ser inteligentes al soñar en proyectos: poniendo (creando) una librería, leyendo a Schopenhauer por su canto a la voluntad como motor de la vida y sabiendo distinguir el norte del sur. También, porque cuidaba de forma impecable la amistad con su amigo Ferruccio, tapicero y poeta. Hasta el último momento. Y la libertad, sin ira, libertad, para dar respuestas a las cuestiones cotidianas en las que estamos inmersos en el acontecer diario. Esa es la dialéctica de la responsabilidad, conocimiento más libertad, entendida como respuestabilidad (perdón por el neologismo), quedando probado que se puede librar de convertirse en mercancía cuando se sabe distinguir valor y precio.

En tercer lugar, porque hay que pensar en el día después de las elecciones, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con mi voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel de color blanco, alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político es para quien lo trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma. Somos, como bien decía Aristóteles, animales políticos queramos o no.

Lo que no se comprende es la abstención masiva, dejar pasar una ocasión mágica de la democracia, no depositando el voto, dejando que el país viaje posiblemente hacia ninguna parte, como si la cosa política, la res pública, no fuera cosa de todos.

Sevilla, 27/VI/2016