Unos días de verano en Mallorca / 4. El encuentro con Chopin en Valldemossa

PIANO PAIK

Concierto de Kun-Woo Paik en La Cartuja de Valldemossa – 7 de agosto de 2016 / JA Cobeña

Alcanzaba ese día el principal objetivo cultural del viaje: asistir al concierto programado en Valldemossa, en homenaje a Chopin y estar cerca del lugar donde vivió días muy difíciles. Aquella noche, el protagonista era un pianista coreano de fama internacional, Kung-Woo Paik (Seúl, 1946), reconocido intérprete de la obra de Chopin y que pude corroborarlo durante el concierto que ofreció en la Cartuja, junto a la celda donde el compositor polaco escribió diversas obras ya citadas en mi primer post dedicado a esta partida hacia una isla desconocida para mí. El ambiente para componer el maravilloso Scherzo número 3, entre otras obras suyas, que interpretó Paik con manos maestras de setenta años, lo imaginé en el contexto de su duro invierno de 1883-1884 en aquella Cartuja tan fría, desamortizada, que le prestó acogida después de haber sido expulsado de mala manera de su residencia anterior.

Se produjo una situación, minutos antes de comenzar el concierto, que George Sand hubiera comentado sin compasión alguna, con la dureza que escribió sobre su estancia en Valldemossa. Paik salió de la celda de Chopin, convertida en un camerino muy especial con motivo del concierto, para subir al pequeño estrado que habían habilitado junto a ella y después de los aplausos de bienvenida se situó a duras penas ante el piano Steinway & Sons preparado para la ocasión, que tocaría maravillosamente segundos después, con una iluminación muy doméstica, porque a petición del intérprete tuvieron que localizar en la casa aledaña a la Cartuja unas lámparas de pie para iluminar su teclado, en una imagen que se comenta por sí sola y que Paik no entendía por mucho que los organizadores del concierto se esforzaran en solucionarlo de forma artesanal y doméstica, poco profesional. Aquí en este país, resolvemos siempre estas situaciones diciendo que “son cosas del directo” o “caprichos de artistas” [literal, aquél día], pero fue una situación lamentable. Sobre todo, porque conservaba en mi mente el relato de George Sand, la pareja sentimental de Chopin, sobre la celda que habitaron y donde “el enfermo”, que nunca fue citado por su nombre, buscaba en la composición diaria la comprensión de su mundo de secreto tan singular, donde unas gotas de lluvia podía elevarlas a los cielos de la música, como ocurrió en un Preludio muy conocido, homónimo (op. 28, 15). Sentí la soledad en aquel ambiente monástico y comprendí cómo Frédéric y George podían considerar la compañía que les ofrecieron desde el primer momento el boticario, el sacristán y María Antonia, una especie de ama de llaves que solo quería reconocimiento por su asistencia, sin interés económico alguno.

LA CARTUJA  COLL BARDOLET

Josep Coll Bardolet, Claustre de Cartoixa. 1947. Óleo sobre tela. 81×100 cm.

Valldemossa es un pueblo con encanto, una antigua alquería en el Valle de Muza (de ahí su nombre), muy volcado hoy al turismo y que sacrifica su silencio de día para recibir el ruido del mundo, tan contradictorio con el espíritu monástico del que hacen gala a través de Chopin. Entramos en la sede de la Fundación Cultural Coll Bardolet, donde se exponen pinturas del pintor catalán Josep Coll Bardolet, que cedió a Valldemossa, lugar donde vivió más de 60 años. Su obra es un canto permanente a la naturaleza, la tradición y el amor a la vida.

Paseamos aquella tarde por el pueblo-alquería, acompañados en cada puerta por un azulejo distinto dedicado a Santa María Thomàs, con textos que exaltan siempre la protección de cada casa y de cada familia. Asistimos al concierto y al salir de aquella Cartuja tan lúgubre pero con el buen sabor de boca de las obras interpretadas por Paik, nos encontramos con una experiencia desoladora, porque el pueblo entero estaba cerrado, solo había calles solas y en completo silencio, sin posibilidad alguna de poder comentar en algún sitio acogedor la gran interpretación de Paik, con el que me hubiera gustado compartir su estancia en la celda de Chopin, más allá del actual reclamo turístico, sobre todo en un lugar que le ofreció una digna estancia en tiempos revueltos y cómo se había sentido al tocar los aspergios continuos del Scherzo 3, que según todas las fuentes oficiales fue compuesto en 1839 por Chopin en el “pianino” Pleyel [sic, en el libro original de Sand] que tanto trabajo había costado trasladar desde París hasta aquél lugar tan inhóspito. En aquél año y … en éste.

Sevilla, 17/VIII/2016

Unos días de verano en Mallorca / 3. El tren del arte viaja a Sóller

TREN SOLLER1Tren de Sóller / JA Cobeña

El tren de Sóller…
… no se ha hecho para llegar pronto,
sino para llegar a tiempo.

Santiago Rusiñol

El niño que todos llevamos dentro había soñado, en mi caso, con viajar un día en el centenario tren de Sóller. Acudí a la estación con la ilusión de mis primeros años de infancia en Madrid, cuando iba a la de Atocha a esperar la llegada del cariño del Sur representado en mi abuela. La compra del tique de cartón para acceder al andén y el sonido característico al picarlo en el control, que en aquella época suponía un puesto de trabajo, era el salvoconducto para encontrarme con emociones y sentimientos especiales, avanzando por el andén en medio de una bruma indescriptible de vapor, humo y olor a carbonilla que impregnaba toda la estación, empañando la enorme cristalera que la enmarcaba, observando con ojos de un niño del Sur la belleza de la máquina negra y roja, poderosa, con orejas, hasta llegar al vagón desde el que se asomaba mi abuela no sin dificultades en las maniobras de bajada de la ventanilla, sobre todo para garantizar que estábamos esperándola.

Cuando llegué en Palma a la estación del tren de Sóller, sentí exactamente esas emociones. Recorrí el andén, con la memoria de secreto haciendo estragos, para ver de cerca la “composición” de ese día: cinco coches construidos en 1929 por Carde y Escoriaza, en Zaragoza y una unidad eléctrica tractora Siemens, de la misma fecha. Comenzó el viaje con el silbato de toda la vida y la presencia del revisor, picando los billetes y troquelándolos con un dibujo de un corazón. En los primeros kilómetros era lo más parecido a un tranvía, avanzando por las calles de Palma, habituado ya a competir con el tráfico casi imposible de las primeras horas del día. Después, avanzó lentamente con su traqueteo monótono, tan característico, adentrándose en un tiempo relativamente corto en las estribaciones de la sierra de la Tramontana, atravesando trece túneles y el viaducto de los cinco ojos, casi saltando a veces sobre el asiento de madera de respaldos adaptables al sentido de la marcha del tren, con vaivenes que hacía tiempo no vivía de forma tan intensa, pero con la belleza que proporciona siempre el tren cuando a paso más bien lento, te permite contemplar la sierra de Alfábia en estado puro.

 

CAN PRUNERA

Can Prunera (detalle de ventana) / JA Cobeña

En la estación de Sóller nos esperaba un mural de Joan Miró, La Maja Negra, así como una exposición permanente sorpresa instalada allí, gracias a las gestiones realizadas por la fundación Tren del Arte, con cerámicas de Picasso y grabados de Joan Miró, colección formada por las series Cántico al Sol (1975), Archipiélago salvaje (1970), Las gentes de la mar (1981) y una obra emblemática para Sóller: la Maja Negra (1973). Esta última obra fue la inspiración del nuevo logotipo de la Compañía Ferroviaria, por una imagen que contiene: la luna. Comprendí entonces el homenaje de Miró a San Francisco de Asís, contemplando su obra dedicada a la hermana luna y la iconografía de las constelaciones. En esta ocasión no era la iglesia principal la que estaba vacía, como decía Alberti, sino estas salas. Llegamos en el tren centenares de personas, pero en estas salas estábamos solos. Lamentablemente, ante Miró y Picasso, a los que acompañamos un tiempo razonable en homenaje a su obra.

Pasamos casi de puntillas por la iglesia de San Bartolomé, de estructura barroca (1688-1733), con fachada modernista proyectada en 1904 por el arquitecto catalán y discípulo de Gaudí, Joan Rubió i Bellver, porque tenía un objetivo claro: visitar el Museo Can Prunera, en la calle de la luna, la que pintó tantas veces Joan Miró, ubicado en una antigua casa de estilo modernista construida a comienzos del siglo XX, de formas sinuosas como la escalera espiral del edificio, animalísticas y naturales. Comencé la visita por las habitaciones de las plantas baja y principal, que conservan parte del mobiliario original: mesas, sillas, camas, armarios y vitrinas en los cuales es patente una gran riqueza decorativa. En estas salas pude contemplar valiosísimas obras de arte, con una muestra «Del Modernismo al siglo XXI», una colección de pintura que pertenece mayoritariamente a la Col·lecció d’Art Serra, y que en estos últimos años se ha ido enriqueciendo gracias a las donaciones de obras que, particulares y artistas, han hecho a la Fundació Tren de l’Art, entidad gestora de Can Prunera Museu Modernista. Esta colección recoge obras excepcionales de Joan Miró, Henri de Toulouse-Lautrec, Paul Klee, Fernand Léger y Maurice Vlaminck; también, de artistas mallorquines o próximos a esta tierra tales como Santiago Rusiñol, Joaquim Mir, Joan Fuster, Eliseu Meifrén, Ritch Miller y Miquel Barceló.

Bajamos por la preciosa escalera modernista helicoidal hasta llegar al sótano, donde la casa tenía la actividad de servicios tales como cocina y lavandería, con pozo interior incluido, recuperado como espacio museístico. Allí me detuve en la obra de un pintor sollerense, Juli Ramis, a través de tres épocas muy concretas del autor: pintura de juventud, época cubista y obra abstracta. Pasé el jardín, del que aporto una imagen de contraste cromático y allí contemplé en todo su esplendor, junto a la fachada principal, una muestra viva del art nouveau francés llevado a Sóller por emigrantes que regresaron a su ciudad a principios del siglo XX.

 

MAJA NEGRA2Estación de Sóller – Mural “La Maja Negra” / JA Cobeña

Estuvimos solos en Can Prunera, en un museo vacío de personas, pero no de arte. Salí a la calle de la luna número 86 a 90, la que pintó tantas veces Miró y recordé las palabras de San Francisco que dedicó a su querida hermana, una criatura especial: Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, / en el cielo las has formado luminosas y preciosas y bellas. Es el regalo que nos hacía Sóller gracias a su afamado tren, para mí el Tren del Arte, donde volvimos a ver la luna muy cerca de la maja negra de Miró en la estación, despidiéndose de nosotros, luminosa, preciosa y bella.

Sevilla, 16/VIII/2016

Unos días de verano en Mallorca / 2. La obra atea de Miquel Barceló

 

LA MITAD INVISIBLEhttp://rtve.es/v/1224399

Ese día volví a recordar a Rafael Alberti en un poema precioso sobre la soledad de Dios en Roma. Es verdad que la catedral (Seo) de Palma no era en ese momento un lugar de culto vacío sino lleno de tropeles de gente que en todo ven una lección de arte, pero que quizá a Dios no lo ven por ningún sitio:

Confiésalo, Señor. Sólo tus fieles
hoy son esos anónimos tropeles
que en todo ven una lección de arte.

Miran acá, miran allá, asombrados,
ángeles, puertas, cúpulas, dorados…
Y no te encuentran por ninguna parte.

Entre esos tropeles estaba yo, buscando sobre todo la capilla decorada por Miquel Barceló, la denominada del Santísimo, que ocupa el ábside lateral derecho de la cabecera de la Seo. Tenía mucho interés en conocer esta obra magna del artista de Felanitx, un fantástico retablo marino, por ser tan controvertida en el pasado, presente y que probablemente lo seguirá siendo en el futuro. Me senté en un banco de la fila izquierda, próximo a la lápida conmemorativa de la inauguración y contemplé la grandiosidad de los paneles de arcilla alemana e italiana, policromada, que representan lo acordado institucionalmente en 2001 y posteriormente materializado en julio del 2002, una vez constituida la fundación cultural privada Art a la Seu de Mallorca, que garantizó los trabajos encomendados a Barceló: las diferentes representaciones bíblicas, siendo especialmente llamativa la multiplicación de los panes y los peces, el mobiliario estático realizado en piedra autóctona, de Binissalem, así como los cinco vitrales de marco gótico recuperados no en su color original sino de grisalla.

Creo que no deja indiferente a nadie. Todos los asistentes a la visita que compartí en esa mañana de agosto no paraban de fotografiar una obra magna, pero de difícil intelección. Mercé Gambús, profesora de historia del arte y vicerrectora de Extensión Universitaria de la Universidad de las Islas Baleares, detalla muy bien el sentido de aquella composición tan compleja: “La capilla recrea la iconografía evangélica de la multiplicación de los panes y los peces y de las bodas de Caná como apoyo al simbolismo eucarístico focalizado entorno al Cristo resucitado, que junto al sagrario preside la capilla. La iluminación grisácea de los vitrales acentúa la atmósfera marina de la catedral mediterránea a la vez que refuerza simbólicamente la función principal de la capilla, destinada a la reserva y a la adoración del Santísimo Sacramento”.

CAPILLA BARCELO3

Detalle central de la capilla del Santísimo, según Miquel Barceló / JA Cobeña

La profesora Gambús conocía muy bien la génesis de esta experiencia tan contradictoria, porque fue la encargada en 2000, por petición expresa del Rector de la Universidad de Baleares, de sondear la posibilidad de que se otorgara el doctorado honoris causa al pintor Miquel Barceló, que aceptó finalmente en París con una condición: la realización de una gran obra en su isla, lo cual había de constituir su discurso de investidura. Durante seis largos años, llenos de vicisitudes, el artista trabaja en un proyecto plagado de altibajos, como no podía ser menos por su fondo y forma artísticos. El doctorado cobró forma en diciembre de 2000, una vez fijados los grandes parámetros de la obra a abordar por el pintor. Se llevaba a cabo por tanto su gran compromiso artístico.

Es apasionante conocer con detalle el largo proceso de intervención artística de Barceló en la capilla acordada, la de San Pedro, aunque al final pesó un argumento singular: introducir arte contemporáneo en la cabecera de la catedral vinculándolo con el Modernismo de Antoni Gaudí, gracias al gran mural de cien metros cuadrados de extensión que, hace más de un siglo (1909), ideó Antonio Gaudí y ejecutó Josep Maria Jujol. Lo narra magníficamente una de las grandes protagonistas de esta historia, la profesora Gambús: “[…] el Capítulo Catedral, en sesiones sucesivas, aceptó la propuesta de que el tema y el motivo de la decoración fueran determinados por su función de capilla dedicada a la reserva y adoración del Santísimo, y también al coro ferial, donde se celebra la misa conventual de los días laborables. En virtud de este plan de uso se decidió que fuera el capítulo sexto del Evangelio de Juan, la multiplicación de los panes y los peces, y el discurso del pan de vida como promesa de la Eucaristía, los motivos que vertebrasen el discurso iconográfico y simbólico que creara el pintor Miquel Barceló, que tendría que integrar: una pared cerámica y cinco vitrales, a propuesta del artista, y un mobiliario a propuesta del Capítulo, formado por altar, candelabro de siete brazos, sagrario, ambón, silla presidencial y dieciséis sillas o bancos para los canónigos”.

Recorrí con mi mirada los paneles de arcilla, la denominada piel cerámica, trabajada con el conocimiento del ceramista italiano Vincenzo Santoriello, en la costa de Amalfi, concretamente en Vietri sul Mare, cerca de Nápoles. No era inocente esa elección: “Sabía que una pared cerámica ya es todo un espacio que se hace independiente de la arquitectura. La pared cerámica es soporte y obra al mismo tiempo. Lo primero que encontré más excitante en la capilla fue eso: toda una obra con este grueso de barro era una manera de entrar en una organicidad absoluta. Es una obra arquitectónica y va más lejos que eso, pervierte la arquitectura de alguna manera, la hace innecesaria. Detrás hay tan sólo un eco, una resonancia de la arquitectura”. Conocía la importancia de las grietas que aparecen en diversos de los murales: “Las grietas son una gran red, son como las termitas de África, dan un sentido involuntario a todo, dan una ligazón, una idea del tiempo. Las grietas hacen ligar perfectamente esta piel de arcilla con Gaudí y Jujol, las grietas hacen que la obra coja su lugar allá dentro gracias a su organicidad. El dibujo que hacen las grietas seguro que Gaudí y Jujol lo habrían firmado de golpe. Seguro. Me gusta la escritura de Jujol en forma de algarrobas, creo que hay una especie de comunión, de diálogo de mi obra y las suyas. Era muy consciente de que el retablo tenía que coexistir con la obra de Gaudí y de Jujol. Las grietas creo que han sido un acierto, y no las había hecho nunca”.

El mobiliario litúrgico y los vitrales fueron un capítulo aparte, siendo estos últimos una expresión fantástica del arte concebido por Barceló: “Al principio hice unos cartones de los vitrales con colores terciarios como los colores de las frutas cuando no están maduras, caquis, azulados, lilosos. Me di cuenta, cuando probamos de abrir un agujero y trabajar con tonos verdosos y azulados, que la luz era cegadora y se lo comía todo. Realicé pruebas con una técnica de vidrio denominada grisaille que se hizo servir en el siglo xix. […] Además me permitía trabajar directamente sobre el vidrio como una unidad, no a trozos como en un collage. Era como una pintura, como una aguatinta, como una aguada, como tinta china. Después, con el dedo, hice los esgrafiados. […] Además, no quería añadir iconografía en los vitrales y por eso lo que he hecho son algas, raíces, palmas, olas, grietas, brotes de arcilla que suben hacia arriba, grietas blancas, grietas de luz”.

Había leído el artículo de la profesora Gambús para interiorizar lo que aquella mañana contemplé. De aquella primera impresión, recuerdo algo que me sobrecogió: la representación del Resucitado, emergiendo de la arcilla modelada por la mano del hombre, de Barceló. Cerca, muy cerca, está el sagrario, donde sigue el Santísimo que antes estaba junto a San Pedro, en su capilla desmontada para dar paso al misterio de Barceló, “con las huellas de las manos como metáfora de la devoción de los cristianos, de su adoración y el deseo de seguir al Cristo resucitado”.

Salí de aquella aventura mágica dando la razón a Alberti, en un poema con preguntas difíciles a un Dios cercano, Entro Señor en tus iglesias, porque estaba asombrado de lo que acababa de contemplar, extasiado, una obra religiosa llevada a cabo por un pintor ateo, como si durante la realización de esa magna obra le hubiera preocupado, sobre todo, no dejar solo al Señor que no se atreve a confesar que hoy sus fieles son solo esos “anónimos tropeles / que en todo ven una lección de arte./ Miran acá, miran allá, asombrados, ángeles, puertas, cúpulas, dorados… [cualquier día… las paredes de arcilla de la capilla del Santísimo de la Seo de Palma] / Y no te encuentran por ninguna parte”. Probablemente, muchos de los que estábamos allí, en la capilla del Santísimo, muy cerca de su Cristo Resucitado.

Sevilla, 15/VIII/2016

Violines en Brasil, una patria educadora

Siempre existe otra cara de la moneda en grandes acontecimientos como los Juegos Olímpicos que se celebran en la actualidad en Brasil, un asombroso país, “patria educadora”, según figuraba como lema en el escudo del segundo gobierno federal de Dilma Rousseff. Lo estamos viendo casi todos los días, al conocer las extraordinarias medidas de seguridad ante las protestas de los brasileños que menos tienen por un dispendio económico que no comprenden, con una represión policial espectacular. Lo he recordado hoy al ver una película, El profesor de violín, que recomiendo especialmente para comprender bien el trasfondo de las favelas, un mundo complejo que reúne todos los ingredientes para asumir el gran principio de Lula da Silva al comienzo de su gobierno en los albores de este siglo, cuando no había asomo de corrupción: otro mundo es posible, pero es necesario erradicar antes toda injusticia social en cada aquí y ahora actual. O la auténtica necesidad de que se comprenda que la libertad humana y su grandeza solo se consiguen con una patria educadora, como bien dice su lema de gobierno.

Es una historia muy sencilla, basada en hechos reales, de un violinista extraordinario, Laertes, que en una primera audición es rechazado para entrar en la Orquesta Sinfónica del Estado de São Paulo y se ve obligado a dar clases de música a un grupo de adolescentes de un colegio público de Heliópolis, una favela muy compleja de esa gran ciudad. Nada es fácil en la incorporación a esa escuela pública, pero la pasión por la música hace que los alumnos acaben amando sus instrumentos y la música que logran interpretar con ellos. La película está basada en la verdadera historia del maestro brasileño Silvio Baccarelli, que en los años 90 consiguió estimular la inclusión social y cultural de los jóvenes de una de las favelas más grandes de São Paulo.

EL PROFESOR DE VIOLIN

El director de la película, Sergio Machado, ha explicado muy bien el trasfondo que ha deseado transmitir en una entrevista promocional de su película: “Una cosa que me parece importante es que el profesor llegase a la favela y se pusiese a dictar clases de música. Allí hay también muy buena música, invité también a los mejores músicos de rap de Brasil. No quería que hubiese una especie de jerarquía entre la música clásica y la de las favelas, todas son buena música. Creo que la práctica de música de orquesta enseña mucho, para tocar bien en una orquesta hay que escuchar a los otros, para evitar la descoordinación. No es una competición sino un trabajo en equipo. Es estupendo, cuando estuve allí en Heliópolis conocí a una chica de la primera generación del Instituto Baccarelli, trabajó con el maestro Silvio Baccarelli, se llamaba Graciela. Ella era hija y esposa de traficantes. Su padre, como una manera de humillar a sus enemigos, obligaba a su niña a que matase a los enemigos, cuando era muy pequeña. Fue muy traumático. Pero ella está tocando música, sigue tocando la viola. Pero lo más importante es que su hija también toca música. La sensación que tengo es que el trauma está en Graciela, pero no en su hija, ella no se casará con un traficante. Eso es lo importante, que hay una ruptura. La música, el cine, las artes influyen en esto”.

EL PROFESOR DE VIOLIN1

Me asombra el papel que juegan los maestros, los profesores, en la vida de los alumnos. El cine de compromiso social ha recogido en bastantes ocasiones momentos sublimes de esta relación, que no olvido. El club de los poetas muertos, Ser y tener, Maestro Lazhar y Hoy comienza todo, son ejemplos maravillosos para comprender bien lo que pueden llegar a conseguir en cualquier ambiente, con dificultades mayores si la extracción social es difícil y tan compleja como la mostrada en la película de Machado.

Cuando he regresado a casa he conocido el fracaso de Nadal, al perder las posibilidades de oro o plata en tenis, en Rio 2016. Pero rápidamente he pensado en las niñas y niños del Instituto Baccarelli y he pensado que es verdad, en Brasil se lucha hoy, todos los días, por un mundo mejor, diferente, aquél que conocí directamente del presidente Lula al que creí con fe ciega, sin necesidad de metales supuestamente preciosos a cambio, sabiendo que no es una persona más que otra: “Así lo aprendí de Lula da Silva cuando leí con pasión el libro de recopilación de sus cinco propuestas para cambiar la historia, con un título que sobrecoge “Lula. Tengo un sueño”: “Obstinadamente me digo todo el santo día: tengo que realizar un sueño, que no es sólo mío, sino el sueño de todos vosotros; llegará un día que en este país ninguna criatura se irá a dormir sin un plato de comida, y ninguna criatura se despertará sin ningún desayuno (…) Llegará un día en que la gente tendrá conciencia de que este país que sueño y que vosotros soñáis puede ser construido. Depende de nuestra disposición para realizarlo. Depende de nuestro coraje. Depende de nuestra disposición”.

Después, he soñado con mis clases actuales de violín, con la pasión que pone en ellas mi profesora y cómo podré un día no muy lejano explicar a las personas que lo quieran escuchar, cuando lo toque, que la música es siempre compañera en la alegría y medicina en los momentos de dolor, como se ha transmitido en la historia de la música desde el siglo XVII hasta nuestros días, sin descanso alguno para maestros como Laertes, el protagonista de esta excelente película proyectada, curiosamente, en tiempos olímpicos, gracias a una “patria claramente educadora”, que tanto añoro.

Sevilla, 14/VIII/2016

Unos días de verano en Mallorca / 1. George Sand y Chopin

UN INVIERNO EN MALLORCA

… y la experiencia de la vida nos enseña que allí donde no se puede vivir en paz con nuestros semejantes, no existe admiración poética ni goces artísticos capaces de llenar el abismo que se abre en el fondo de nuestra alma.

George Sand, Un invierno en Mallorca

Inicio una serie de artículos dedicados a unos días vividos recientemente en Mallorca, recogiendo el espíritu y la letra de un libro muy controvertido sobre esta isla, Un invierno en Mallorca (1), de la escritora francesa George Sand (seudónimo de su auténtico nombre y género, Amandine Aurore Lucile Dupin, baronesa Dudevant), pareja de Chopin en una arriesgada aventura de amor en la isla en el siglo XIX, concretamente desde el 15 de diciembre de 1838 al 11 de febrero de 1839, unos años después de la desamortización de la Cartuja donde finalmente se hospedaron. Inicié su lectura movido por la curiosidad de una experiencia muy atrevida de Sand y Chopin, en el contexto histórico de un país y de una isla con serias limitaciones sociales y sin vestigio alguno de lo que llegaría a ser un día todavía muy lejano en el espacio y en el tiempo.

La lectura es una semblanza muy dura sobre Mallorca, es más, creo que no me equivoco si la catalogo como demoledora. No conocía esta aventura tan atrevida para los momentos en los que tuvo lugar, pero la sombra de Chopin, “nuestro enfermo” en palabras recurrentes de Sand al referirse al gran músico, nunca por su nombre, me atenazaba en la lectura de un libro que me dejaba con el espíritu sobrecogido al leer cada página, ante una descripción que no deja títere con cabeza en esta isla. Allí estaba él, con la etiqueta equivocada de “tísico”, echado de mala manera de la primera casa que habitaron y de la que tuvieron que salir de muy mala forma, Son Vent, en Establiments, de la que tuvieron que comprar finalmente y a precio de oro todo lo que de alguna forma había entrado en contacto con el músico, como si fuese un apestado, por una enfermedad que no era tal.

Vivieron al final en una celda de La Cartuja de Valldemossa, que actualmente se puede visitar, de la que cuenta detalles verdaderamente asombrosos, donde Chopin compuso obras inolvidables en su pianino Pleyel, expresamente traído desde París, “llegado en el mejor estado posible a pesar del mar y del mal tiempo, y de la aduana de Palma…”, que “llenaba la bóveda elevada y resonante de la celda con un sonido magnífico”, tales como algunos de sus Preludios entre los que destaca el llamado “Gota de Lluvia” (op. 28, No. 15), la segunda Balada en fa mayor op. 38, el tercer Scherzo en do sostenido menor op. 39 y una de las Polonesas, la op. 40. Referido al preludio Gota de Lluvia, Sand escribió sobre el compositor: “[…] Mientras tocaba el piano tuvo un sueño en el que se vio a sí mismo ahogado en un lago y grandes gotas de agua helada caían de forma regular sobre su pecho. Cuando le hice escuchar el sonido de las gotas de lluvia que, de verdad, estaban cayendo desde el tejado, rítmicamente, negó haberlas oído. Se enfadó mucho de que yo lo interpretara como la muestra de un sonido imitativo. Protestó con toda su fuerza -y tenía razón- contra la puerilidad de dicha imitación auditiva. Su genio estaba lleno de misteriosos sonidos de la naturaleza, pero transformados en sublimes equivalencias musicales en su pensamiento pero no a través de imitaciones sin originalidad de los sonidos reales.»

Tengo que reconocer que encontré en este libro una frase en sus primeras páginas, como nota del autor, que me pareció muy afortunada: “¿Por qué viajar cuando no se está obligado a hacerlo? […] Es que no se trata tanto de viajar como de partir. ¿Quién de nosotros no tiene algún dolor que olvidar o algún yugo que sacudir?”. Efectivamente, un viaje siempre es un punto de partida para vivir nuevas experiencias, ir hacia alguna parte…, a un lugar escondido en el alma. Y esta razón de partir fue la que me impulsó a buscar ahora en Mallorca algo más que viajar a cualquier precio, sin estar obligado a hacerlo.

Sevilla, 11/VIII/2016

(1) Sand, George (1975). Un invierno en Mallorca. Palma de Mallorca: Ediciones La Cartuja.

En memoria del Maestro Gustavo Bueno

GUSTAVO BUENO

El domingo pasado murió el filósofo libertario Gustavo Bueno. Conocí a fondo su obra durante mi etapa romana en los años setenta, lejos de la España que helaba el corazón, aprendiendo a formular teoría crítica marxista a través de su pensamiento, heterodoxo para muchos autores contemporáneos, discutido hasta la saciedad por sus escarceos con la mal llamada según él “televisión basura”, en los primeros años de este siglo. Asiduo tertuliano en aquellos platós, apabullaba a sus contertulios cuando les demostraba que no sabían lo que estaban diciendo, utilizando curiosamente la mayéutica socrática, tan marxista él, organizando unas trifulcas memorables de descalificación educada del adversario a través de la palabra. ¡Cómo le echo de menos en las tertulias políticas actuales, mediocres por antonomasia!

Si por algo lo recuerdo profundamente después de aquellos años italianos de encrucijada personal, siguiendo el modelo existencial de Ferrater Mora, es por un trabajo impecable publicado en las postrimerías del siglo veinte, bajo el título apasionante y en la línea de Ítalo Calvino, Diez propuestas, «desde la parte de España», para el próximo Milenio (1995), que tantas veces he citado en mis intervenciones públicas. He leído muchas veces este texto, excelente, provocador, como toda su obra, accesible para quienes aman de verdad este país, pero siempre me llamó poderosamente la atención la propuesta séptima sobre política orientada a conseguir, como mínimo, un uno por ciento de lectores de libros escritos en español, sobre temática científica o filosófica, en la que se resaltaba -entre otras- una verdaderamente urgente y asombrosa para este país trufado permanentemente de opiniones y de los “opinantes” mayores del reino, pero de escasa teoría crítica en casi todo lo que se dice: “Ahora bien, como canon del nivel óptimo que podrían alcanzar los juicios de los ciudadanos de una democracia real, ponemos la posesión de los conceptos indispensables para formar, no ya tanto opiniones, cuanto teorías críticas o, si se quiere «opiniones sistematizadas»”.

Vuelvo a leerla hoy, con el sentimiento de pérdida en este país de un referente sobre pensamiento crítico que tanta falta nos hace, que no volverá más, porque cuando mueren estas personas imprescindibles en el sentido que proclamó a los cuatro vientos Bertolt Brecht, se muere algo en el alma de este país que tanto necesitamos cuidar en el ámbito sobre todo de la teoría crítica en todo aquello que nos permitiría vivir de forma diferente, singular, en el sentido estricto del término.

Continuaba el profesor Bueno, como siempre lo he recordado, con su hilo conductor en defensa de la teoría crítica de la ciudadanía: “No existe, en el fin del Milenio, otro camino para aproximarse a este canon que el camino de la lectura de «prosa científica y filosófica» que suministre instrumentos al efecto. El límite canónico de la democracia real (que, en realidad, es el que está inspirando las leyes de educación media obligatoria) contiene también ese ideal de «consumo universal de prosa científica y filosófica». Pero este límite canónico es inalcanzable en muchos años (por no decir en siglos, o nunca jamás). Y esto es lo que aconseja, no tanto a prescindir del canon, cuanto de revertirlo al estado real, segregando las consecuencias posibles de esta reversión”.

Indudablemente, lo que pretendía explicar con gran sentido de crítica histórica y realista de este país, es que si hubiera auténtico interés político, para él fundamentalmente ciudadano, se podría formar un “tribunal popular disperso” que en torno a 250.000 personas, el 1% de la población según sus estimaciones, en condiciones reales de leer, que podría “resistir el oleaje caótico de las opiniones ignaras [que no tienen noticias de las cosas], y de formar el núcleo de una opinión pública responsable”. Memorable, ante tanta mediocridad política, famoseo televisivo, tertulias políticas y demás correlatos de medios de comunicación que cuidan mucho más el corazón que la mente.

Recomiendo la lectura completa de esta propuesta y, después, de las nueve restantes. Es quizá el mejor homenaje que podemos tributar hoy a la memoria del Maestro Bueno. Les dejo con el Final de estas propuestas, todo un símbolo de su “independencia” creativa y política en el sentido griego del término y para que no le olvidemos nunca:

Las diez propuestas ofrecidas no tienen una intención revolucionaria, en el sentido ordinario de este término. Sin embargo estas propuestas están formuladas en el ámbito de un sistema de ideas políticas que tampoco descarta la necesidad, supuestas dadas las condiciones adecuadas, de desencadenar un proceso revolucionario en el sentido más tradicional. En cualquier caso, las propuestas que hemos presentado y defendido han sido formuladas con la intención expresa de mantenerse en situación de relativa independencia respecto de los programas de los partidos políticos del arco parlamentario español, ya sean estos partidos de izquierda, ya sean de derecha o de centro.

La «independencia» que hemos procurado mantener no significa tampoco la defensa de la posibilidad de actuar al margen de todos los partidos políticos; se trata de una independencia sinecoide [1] que se establece ante la serie de propuestas y cada uno de los partidos políticos por separado, pero no del conjunto de todos ellos. Y esto es tanto como decir que los diferentes partidos políticos de izquierda, de derecha o de centro, podrían, en principio «traducir» nuestras propuestas a sus respectivos programas. Pero esta operación no ofrece la garantía de que las diversas traducciones sean concordantes entre sí, ni siquiera en el plano concreto de la práctica política real.

Sevilla, 9/VIII/2016

(1) Nota aclaratoria sobre el término “sinecoide” que aporto personalmente y que aparece en el texto citado: [De sineogmos,ou = juntura, costura.]  Conexión característica de un término k con un conjunto de términos {a,b,c,d,…n} cuando k debe ir vinculada necesariamente, pero alternativamente, a alguno o a varios de los términos del conjunto, pero no a ninguno de sus términos en particular (por lo cual la conexión sinecoide del término k no lo hace dependiente, sino «libre» respecto de un término dado, aunque dependa del conjunto). Un reostato puede ser analizado como un dispositivo en conexión sinecoide; los vínculos del individuo con otros individuos de su grupo social (sobre todo en sociedades complejas, por oposición a las sociedades con formas elementales de parentesco) suelen ser de tipo sinecoide [63]. {TCC 1440}.

NOTA: la imagen ha sido recuperada hoy de http://www.lavozlibre.com/noticias/blog_opiniones/15/964322/gustavo-bueno-cumple-90-anos-en-plena-forma/1

Entrevista en El Correo de Andalucía

Ha sido una experiencia especial la publicación de una entrevista hoy en El Correo de Andalucía, periódico en el que estuve presente en los inicios de la Transición, con la publicación de unos artículos que se pueden descargar aquí, bajo la denominación de Periódicas. El Correo era un medio de comunicación muy valiente en aquél tiempo “que todos los días abríamos para leer sus famosas páginas centrales, porque tocábamos la libertad con los ojos…”. Son doce colaboraciones, “artículos de opinión” llamaban los eruditos, en una época donde pensar estaba casi prohibido y para opinar había que irse “a la calle” porque en casi todos los sitios estaba reservado el derecho de admisión de los que no pensábamos como los demás… Todos tienen un contexto, es decir, no son inocentes. Por cierto, no lo pretendo, solo quiero hacer justicia a una época que nos permitió construir un Estado libre y una Andalucía sin tópicos. Gracias anticipadas”.

La entrevista de hoy es casi una continuidad de aquél perfil humano como hilo conductor que estaba detrás de cada artículo, pasando el túnel del tiempo. Mi agradecimiento sincero a Juan Luis Pavón, porque sin conocernos previamente ha sido capaz de sintetizar de forma admirable la intrahistoria personal e intransferible de un niño del Sur que después de un viaje a una parte muy concreta del país, a Madrid, con su discreto encanto de la burguesía, volvió a su ciudad natal para crecer en ella trabajando con amor y el sufrimiento que aúnan voluntades, en espacio, tiempo y con dinero públicos, en la permanente búsqueda de islas desconocidas para reforzar el progreso y la dignidad del sur sin olvidar nunca los otros puntos cardinales de este gran país.

Para quien le pueda interesar.

Sevilla, 31/VII/2016

SON Y ESTÁN

«La mediocridad y la catetez causan en España mucho gasto público improductivo»

José Antonio Cobeña, autor de la Estrategia de Política Digital de Andalucía. Logró la integración tecnológica completa de la sanidad, en manos del ciudadano mediante tarjeta con microchip. Su Plan Diraya fue multipremiado. Su vida es un zigzag de experiencias en pos de una misión

Juan Luis Pavón / Sevilla / 30 jul 2016 / 21:18 h.

JA COBENA-EL CORREO

José Antonio Cobeña, apasionado por la música, con el órgano que tiene en su domicilio, en Sevilla. / Manuel Gómez

Por su blog lo conoceréis. Se titula ‘Cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas’. Está presidido por la frase “El mundo solo tiene interés hacia adelante”, del teólogo francés Pierre Teilhard de Chardin. A lo largo de la entrevista, para explicar las vicisitudes de su vida, se reafirma varias veces en otra frase: “En el amor y en el sufrimiento se fueron aunando las voluntades”, es de la ‘Cantata de Santa Maria de Iquique’, del grupo musical chileno Quilapayún. Y su personalidad, antes y ahora, está impulsada por la “ardiente impaciencia que dará luz, justicia, dignidad a todos los hombres”, parafraseando a Rimbaud citado por Neruda. Y, camino de cumplir 70 años, está cursando estudios de piano y de violín, apasionado por tocar música de Mozart y de Vivaldi. Es José Antonio Cobeña, vecino de la sevillana calle Antioquía, al lado del Polígono San Pablo. Su esposa es trabajadora social, tienen un hijo que es ingeniero informático. Pocos directores generales ha tenido la Junta de Andalucía con una biografía como la suya.

¿Cuáles son sus orígenes en Sevilla?

Nací en Sevilla en 1947, en una casa que todavía está en pie, en la calle Jesús del Gran Poder, 111. Allí estaba la iglesia de la Purísima Concepción de los jesuitas. Soy hijo póstumo, mi padre murió con 27 años a causa de las secuelas de las gravísimas heridas que sufrió en la guerra civil cuando lo alistaron a combatir en el frente de Extremadura. Evacuado a Sevilla, y mutilado, en el hospital conoció a mi madre, enfermera. Se quedó viuda estando embarazada, yo iba a ser ese tercer hijo. La situación económica de mi madre era muy difícil, y cuando yo tenía cuatro años, a dos de los tres hermanos nos enviaron a vivir en Madrid con mis tíos, de posición social y económica muy acomodada. Y no pude volver a Sevilla ni ver a mi madre hasta que cumplí 17 años. Disfrutaba del discreto encanto de la burguesía, en el barrio de Salamanca, pero sufrí una tremenda deslocalización sentimental. Tenía comodidades pero no tenía la familia que necesitaba. Madrid sí me aportó muy buena formación porque estuve en un colegio mixto que era muy avanzado para la época: el Sagrado Corazón de Jesús.

¿Cómo cambia su vida cuando regresa a Sevilla?

Cuando tenía 17 años, yo quería ser diplomático, pero hago un giro copernicano en mi vida e ingreso en la Iglesia. Entré a estudiar en el Colegio Menor de Umbrete. Quería dedicarme a los demás, con toda la ilusión del mundo. Años después, sufrí una crisis ideológica. Estuve muy vinculado a movimientos y asociaciones en defensa de las libertades. Y me daba cuenta de que la Iglesia no daba respuesta a eso. Me fui a Italia, y en Roma me convencí. Durante más de un año estuve muy en contacto con los ambientes culturales y políticos (recuerdo cuánto me interesó conocer de primera mano todo el cine de Pasolini), y también tuve mucha relación con exiliados españoles como Rafael Alberti y María Teresa León. Al tiempo, mantenía mi vinculación con Sevilla, y publiqué artículos en ‘El Correo de Andalucía’, gracias a la generosidad de sus directores: José María Javierre y José María Requena.

¿A qué se dedicó después?

Un amigo, psicólogo y profesor de Escuela de Trabajo Social en Huelva, al saber que volvía a España me animó a trabajar allí. Y en Huelva me impliqué mucho para ayudar a su desarrollo. Estaba convencido de que Huelva necesitaba mirar menos a las carabelas (pasado) y priorizar mucho más la educación (futuro). Lo primero: relanzar dicha Escuela, que corría riesgo de cierre. Me eligieron director por unanimidad. Y sin dejar de dar clases, lo hacía en las horas que nadie quería: o a las ocho de la mañana o a las tres de la tarde. Se creó una fundación para sustentarla, implicando a instituciones como el Ayuntamiento y el Gobierno Civil. Y fuimos muy atrevidos en su modelo de gestión, en 1978-79 aprobamos un estatuto del profesorado, y un sistema de evaluación para que los alumnos valoraran a los docentes, que podían perder la titularidad de la plaza si los alumnos argumentaban que no servía para nada.

¿Alguna otra iniciativa que enlazara con su vocación social?

Estuve al frente, como presidente del consejo de administración, de la creación, en 1982, del periódico ‘La Noticia de Huelva’. Veía necesario aunar voluntades políticas y sociales para el desarrollo de Huelva. Y, aunque mis enemigos me etiquetaban como el marxismo-leninismo más feroz, me reuní con todo tipo de personas. Por ejemplo, con Fraga Iribarne, lo recibí durante una visita suya a Huelva. Cuando me di cuenta de que el periódico no iba a consolidarse como un foco de libertades sino que podía ser fagocitado por determinadas siglas políticas, no colaboré en su desarrollo y se cerró en 1984. Convoqué un acto para explicar los motivos. Recuerdo una frase del periodista Pepe Fernández: “Habéis muerto por ser excesivamente libres”. Es verdad.

¿Cómo empezó en el ámbito de la gestión sanitaria?

En Huelva, de 1983 a 1987. Me eligieron en la Diputación para afrontar diversos cometidos, desde dirigir el Hogar Infantil de Ayamonte, a afrontar el cierre del Hospital Psiquiátrico, que estaba en pésima situación. El primero de España donde se hizo eso para iniciar la reforma psiquiátrica. Y también asumí la creación del primer centro provincial de atención a drogodependientes. Lo pasé muy mal durante esos años. Me acusaban de sacar los locos a la calle y de fomentar la toxicomanía. Necesité protección policial, me intervinieron el teléfono para protegerme de las amenazas. Entre la gestión de asuntos como esos, y todo lo que acarreaba mi impulso del periódico (en el que no cobraba nada, lo hacía por altruismo y en defensa de las libertades), por lo que también era objeto de ataques desde sectores empresariales y sociales con fuertes intereses en Huelva, mi coche fue asaltado 21 veces. A veces lo despeñaban a un terraplén y tenía que rescatarlo una grúa. Siempre estaré agradecido a Mapfre, siempre me renovaba las pólizas. Y también estaré siempre agradecido a la actitud respetuosa de personas como Pedro Rodríguez, quien fuera muchos años después alcalde de Huelva. Lo conocí como fotógrafo. Estamos en las antípodas ideológicas pero siempre ha habido cordialidad y afecto entre nosotros.

¿De qué manera evoluciona para convertirse en un precursor y adalid de la digitalización de la asistencia sanitaria?

Entré como directivo del Servicio Andaluz de Salud (SAS) en 1987, y en 1990 comencé a vislumbrar que el mundo iba hacia una revolución digital. Soy doctor en Psicología y doctor en Filosofía. Y estudié muchísimo para ponerme al día sobre esa ola tecnológica. En eso fue clave para mí leer a Nicholas Negroponte y toda su línea de pensamiento y experiencias desde el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). En 1997 empezamos a forjar en el SAS la inmersión digital de todo el sistema sanitario. Ya era subdirector general, y José Haro, el director general, me ofreció hacerme cargo del área tecnológica. Y le dije que aceptaba siempre y cuando también asumiera las telecomunicaciones. Porque los avances no se extienden si no es a través de los canales de comunicación.

¿Cuál fue el primer paso?

Autoconvencernos del cambio dentro de los servicios centrales, para poder después abordar toda la red sanitaria. Comenzamos un plan masivo de 300 cursos de ofimática simple y compleja a todo el personal de los servicios centrales, que duró varios meses. Pusimos en marcha el correo electrónico, inauguramos la página web del SAS. Y todo eso es la antesala de una jornada crucial: 25 de abril del año 2000. En el salón de actos del Hospital de Antequera, reunimos a directivos de toda Andalucía y presentamos por primera vez lo que iba a ser el proyecto Diraya. Y expliqué el significado de esa palabra: Diraya, que en árabe es conocimiento. La elegí en homenaje al gran médico y pensador cordobés Averroes, que decía: “En la vida es mucho mejor trabajar en el ámbito del conocimiento, del Diraya, que hacerlo en el del Rivaya, que es la tradición”.

¿Se topó con muchas resistencias tanto en el organigrama político como entre la profesión médica?

Las resistencias fueron enormes. Aquel día en Antequera, cuando terminó el acto, noté un gran escepticismo. Como si pensaran: “a este señor le ha dado un ataque digital, y habla de que la historia de salud va a ser del ciudadano y no del médico,…”. Pues todo se logró. Era un cambio enorme, suponía integrarlo todo y abandonar tentativas de otro tipo. Y crear una historia digital de salud de cada ciudadano, cuya titularidad fuera suya. Fue una labor excepcional de trabajo en equipo, conmigo hubo muchas personas convencidas de que, con valentía, era posible transformar mentalidades y sistemas. Y, cuando decidimos buscar en la Comisión Europea fondos para apoyar este gran proyecto, la acogida fue sensacional. Tanto interés deparó su puesta en marcha que en mayo de 2003 en Bruselas se concedió a Andalucía el premio europeo de estrategia digital de salud. Por delante no solo de cualquier región sino de cualquier país.

¿Fue su momento de gloria?

Nunca me ha gustado la fama y su fanfarria. Pero fue muy emotivo, al recoger el premio en Bruselas, dar una conferencia en el Salón Carlomagno de la Comisión Europea, y defender con ardor guerrero lo que se estaba haciendo en Andalucía. E hicimos una conexión en directo con niños pacientes del Hospital Virgen del Rocío, para mostrar la realidad del proyecto Mundo de Estrellas con el que se mejoró la calidad de vida de los niños y adolescentes en sus estancias hospitalarias, mediante el uso de tecnologías de la comunicación.

¿Por qué en España no se puso en común este modelo?

Diraya ha sido premiado en muchos ámbitos internacionales. En España, recibió la Cruz al Mérito Civil. Fui a recogerla con mucho orgullo, en nombre de Andalucía, de manos de Ana Pastor, por entonces ministra de Sanidad y ahora preside el Congreso de los Diputados. Ella fue muy afable, me parece una persona con criterio. Ese día hablé un buen rato con ella con el fin de proponerle una tarjeta única digital de salud para todos los españoles. Ya teníamos la andaluza, que era la primera con chip en todo el país desde un servicio público. Me dijo que sí, se llevó la propuesta a un consejo interterritorial de sanidad, acudí a esa reunión con mucho trabajo preparado sobre direccionamiento de redes para hacer ver a los representantes de las otras 16 autonomías cómo era fácil articularlo tecnológicamente mediante servidores de intercambio. Todos votaron que sí, pero nada se hizo. Había una apabullante tozudez, falta de visión política, mediocridad al poder, catetez. Y todo eso contribuye a que el gasto público improductivo sea mucho mayor.

¿En el Gobierno andaluz fue ganando peso para ser más un político que un gestor?

Mucha gente creía que yo era persona de partido, pero en verdad nunca lo fui. Ni quise pertenecer ni tenía por qué serlo. Siempre encontré apoyo, confiaron en mí, sin estar avalado por ninguna sigla ni por ningún linaje político. Eso me valió para afrontar la soledad decisional. Esos puestos de alta responsabilidad comportan la soledad en la toma de decisiones. En eso fui valiente. Y aprendí a aplicar un adagio medieval: “En comunidades no exhibas habilidades”. Cuando una persona tiene reconocimiento por alguna habilidad, intenta machacarte una parte de tu propia organización. Cierto es que de 2000 a 2004 fueron cuatro años de una intensidad extrema. Era secretario general del SAS y lo mismo estaba para un roto que para un descosido. Igual estaba en Londres negociando con directivos de la aseguradora Lloyd’s para que compraran el riesgo de las incidencias del sistema de salud de una región más grande que cinco países de la Unión Europea, que iba a Canal Sur TV a dar la cara en un programa de Paco Lobatón ante una familia que denunciaba que su hijo había muerto en un hospital con gangrena gaseosa.

Después le encomendaron extender la transformación digital a otros ámbitos de la Junta de Andalucía.

Dejé en 2004 el SAS, Carmen Martínez Aguayo me ofreció incorporarme a la Consejería de Hacienda para la transformación digital del sistema tributario. La base de mi trabajo era la misma: establecer estrategias, procesos y resultados. De ahí nace el Centro de Información y de Atención Tributaria (Ciyat) que todavía funciona. Pero en la Junta había que ir mucho más allá: las revoluciones digitales no pueden ser sectorizadas, porque entonces se tiende a la guerra de guerrillas y a los reinos de taifa entre diversos organismos, lo que siempre he criticado. Cuando en 2012 se constituye la Dirección General de Política Digital y asumo su dirección, llega la gran oportunidad. Por vez primera se definen los principios de la política digital para toda la Junta como decisión de gobierno. El decreto que los establece, de junio de 2012, fue para mí un hito. Engloba incluso a todas las empresas públicas de la Junta.

¿Tuvo que vencer muchas reticencias?

En los primeros nueve meses como director general de Política Digital impulsé un completo trabajo de campo para examinar todo el funcionamiento digital de una macroorganización como la Junta. Sé que pisaba muchos callos. Pero era llamativa la cantidad de centros de procesos de datos, qué locura, qué gasto público.

¿Recibía más parabienes fuera de Andalucía que dentro de la Junta?

La Administración andaluza tenía prestigio a nivel internacional por algunas estrategias de servicios digitales al ciudadano. Era notorio, a ojos de los demás, que estaban bien basadas en una dimensión estratégica muy sólida. Yo no paraba de recibir invitaciones para acudir a foros y simposios (en Alemania, en México, en Irlanda, etc.), con el fin de explicar qué se hacía en Andalucía. Tuve que poner como límite salir solo una vez al mes al extranjero, no podía descuidar la enorme cantidad de trabajo por delante, por mor de atender tanta petición de dar conferencias.

¿Cómo sobrellevaba que, a nivel mediático, sobre todo con el escándalo de los ERE, se asociara Andalucía a corrupción?

Cuando iba a cualquier foro, dentro y fuera de España, yo daba la cara por la rectitud de la inmensa mayoría de las actuaciones en el seno de la Junta de Andalucía. Lo decía en los coloquios: “Pregúntenme, no se preocupen. Estoy dispuesto a contestar. No me escondo”. No he tenido una actitud vergonzante. Sí una actitud humilde, defendiendo la dignidad pública, y sabiendo que estaba en una Administración que tenía heridas de muerte.

¿Por qué presentó su renuncia?

Renuncié al cargo de director general en 2013, cuando llevaba solo 16 meses en el puesto y me había comprometido a acometer en 48 meses un gran cambio digital en la gestión de toda la Junta. El plan era definir y organizar en los dos primeros años toda la política digital, y comenzar a aplicarla en el tercer año de esa legislatura. Pero yo no estaba en los cargos a cualquier precio. Me dolió mucho cómo funcionó y cómo concluyó sin pena ni gloria la comisión de investigación en el Parlamento andaluz sobre el caso de los ERE. En mi blog está publicado el texto que escribí: ‘Palabras para una renuncia a petición propia’. Se tenía que haber sido mucho más valiente políticamente. En las conclusiones de dicha comisión, solo se hace responsables a Manuel Gómez, interventor general de la Junta de Andalucía, y al señor Guerrero, ex director general de la Consejería de Empleo. Pero tampoco se defendió que la mayor parte de los profesionales, altos cargos y dirigentes políticos de la Administración son personas dignas que a diario se afanan en pro del servicio público. No podía soportar el descrédito generalizado hacia todos, el extendido comentario de que “todos somos iguales”. No, radicalmente no.

¿Notó que es mayor la soledad cuando no se está en el poder?

El día 1 de octubre del 2013 puse fin a mi carrera. Fue a la vez presentar mi cese en el Consejo de Gobierno, entregar todos los equipos de que disponía como alto cargo (teléfono móvil, ordenador portátil, etc.), y, con 66 años, tramitar mi jubilación. Un cambio tremendo. De estar en la cresta de la ola, con un volumen enorme de actividad, a quedar en soledad, rodeado de silencio. Salvo los amigos y amigas del alma, a partir del día siguiente ya no me llamaba nadie.

¿La estrategia digital que articuló para que comenzara a aplicarse de 2014 a 2016, ha tenido continuidad?

No. Se ha mantenido técnicamente la ordenación administrativa de la política digital, pero se han paralizado casi todos los proyectos, en un contexto de crisis económica. Siguió adelante el GIRO (Gestión Integrada de los Recursos Organizativos), pero se ha perdido toda la visión estratégica. Y eso propicia que se consoliden las ‘islas’ digitales dentro de la Administración, y un mayor gasto. Porque la estrategia exige una inversión temporal para iniciar un proceso que, años después, da sus frutos mediante la economía de escala. Evidentemente, era un proyecto muy molesto para muchas personas, lo sé, y para muchas estructuras. Porque era desmontar muchos chiringuitos digitales. Cuando hay una estrategia integral, no puede haber treinta centros de atención a la ciudadanía, tiene que haber solo uno, superespecializado. Y sin automatizar la relación de la Administración con el ciudadano. Eso para mí era un principio crucial: siempre una persona (identificándose con su nombre y apellidos) atendiendo al ciudadano, no hacerlo mediante una máquina. Eso es proactividad, alta disponibilidad, servicio público. Y una diferencia enorme respecto a la gran cantidad de servicios de atención digital al usuario, despersonalizados, que son una continua fuente de quejas.

¿Su formación humanista le ayuda a no convertir la innovación tecnológica en dogma de fe?

No me interesan las revoluciones digitales que están solo en manos de tecnólogos. Negroponte dice en su emblemático libro ‘El mundo digital’, que los bits no son entes morales pero que los bits transforman una sociedad si los ponemos al servicio de la ciudadanía.

¿Cómo enjuicia la situación política actual?

El problema trasciende de Andalucía, es en toda España: Hay un deterioro social y político progresivo. Falta visión de Estado. También en política digital. Y ya no se soluciona con una estrategia local o regional. Tiene que ser una estrategia de Estado, de dimensión nacional. Lo defiendo desde mi blog. Molesta a muchas autonomías que se le diga eso, pero incurriría en una catetez digital si no lo digo. Cuando se persigue el interés general no te puedes quedar en la medianía del chiringuito digital, que es lo que se acostumbra a montar, dando bandazos. Y no solo es caro. Es inútil. Es para morir de éxito a nivel local.

¿No le han llamado para aprovechar sus experiencias y conocimientos?

Poco. En Madrid, en la Escuela Nacional de Sanidad, me invitaron para intervenir en el curso de alta dirección en sistemas de tecnología de la información. En Sevilla, en la Escuela Superior de Ingeniería Informática, me han llamado para impartir una clase de dos horas. Estoy dedicando mi tiempo a escribir en mi blog, y a aprender a tocar piano y violín.

¿Qué propone para frenar en Andalucía la fuga de jóvenes talentos?

Lo que planteé desde la política digital: generar proyectos de servicio público tan innovadores que se convierten también en creación de conocimiento público, y en convocatoria de concursos para desarrollarlo, lo que faculta a cientos de titulados. Por eso firmé desde la Consejería de Hacienda un convenio con la Universidad de Sevilla.

El trabajo libera

LA VIDA ES BELLA1

La vida es bella (1997)

Esta es la leyenda (Arbeit macht frei) que figura todavía hoy en la entrada del campo de concentración en Auschwitz (Polonia), donde murieron en el siglo pasado más de un millón de personas, mayoritariamente judíos. Ayer, los medios de comunicación solo pudieron recoger imágenes del silencio que acompañó al papa Francisco durante su visita al campo de los horrores, sobre todo al entrar bajo el arco en el que figura esta leyenda, que posteriormente le llevó a escribir en español en el libro de visitas una frase transida de dolor: “Señor, perdón por tanta crueldad”, ante el exterminio que se vivió allí, en el contexto de una guerra mundial sin sentido.

En 2002 visité Berlín en un viaje profesional, que incluía un tour por la ciudad con una parada programada en las ruinas de lo que fue el cuartel general de la Gestapo (1934-1945). Fui incapaz de entrar en lo que quedaba de aquella locura y me senté en un montículo de césped, solo, a reflexionar en el horror del III Reich. Volví al autobús con múltiples preguntas que todavía hoy sigo sin resolver, no olvidando nunca ese retazo de la historia, sobre todo para ayudar, salvando lo que haya que salvar, a que jamás se vuelva a repetir la barbarie humana a través de la violencia y el terrorismo de cada día. La nueva guerra mundial.

También, a través de una película maravillosa, La vida es bella, inspirada en una historia real de un prisionero en Auschwitz, pude constatar que el protagonista, Guido Orefice (Roberto Benigni), quería mostrar a su hijo Josué el lado mágico de la belleza de vivir a pesar del horror del nazismo en estado puro. Cuando él y su familia son capturados y llevados a un campo de concentración, el padre se inventa un juego para proteger a su hijo: tiene que conseguir 1.000 puntos para conseguir un carro blindado. Lo demás, hasta el final, lo recordamos con tristeza, aunque el mensaje de Guido Orefice a lo largo de la película es simple y grandioso, porque nos muestra metafóricamente que podemos ser inteligentes, extremadamente humanos, si soñamos como él en tres proyectos, a pesar del sinsentido a veces de cada día: poniendo (creando) una librería, leyendo a Schopenhauer por su canto a la voluntad como motor de la vida y sabiendo distinguir el norte del sur. También, cuidando de forma impecable la amistad con su amigo Ferruccio, tapicero y poeta. Trabajando en el lado amable de la vida hasta el último momento, como él, compartiéndolo siempre con los demás, sobre todo con los que menos tienen.

ARBEIT MACHT FREI

No quiero alterar el deseo expreso del papa Francisco de vivir en silencio sepulcral su experiencia personal e institucional en la visita a Auschwitz, pero al verlo avanzar solo bajo la leyenda “El trabajo libera”, he recordado un poema precioso de Rafael Alberti, Basílica de San Pedro, que figura en su obra “Roma, peligro para caminantes”, porque creo personalmente que ayer podría haberlo recitado también en su persona de secreto, constatando su soledad en una Iglesia institucional y especialmente romana, no católica ni cristiana, que no le da facilidad alguna para ser solo pescador de personas buenas que creen solo en la fe que libera, que es lo suyo:

Di, Jesucristo, ¿Por qué
me besan tanto los pies?
Soy San Pedro aquí sentado,
en bronce inmovilizado,
no puedo mirar de lado
ni pegar un puntapié,
pues tengo los pies gastados,
como ves.

Haz un milagro, Señor.
Déjame bajar al río;
volver a ser pescador,
que es lo mío.

Sevilla, 30/VII/2016

Las vacaciones políticas no son para el verano

Estamos viviendo días transcendentales para el país. Somos conscientes de la necesidad de que se forme Gobierno a la mayor brevedad posible, aunque siempre nos quede la posibilidad de terceras elecciones generales, porque no hay dos sin tres o peor todavía si ocurre dado que segundas o terceras partes nunca fueron buenas, atendiendo al saber popular. Las idas y venidas con el Rey desde el pasado martes están marcando pautas de lo que probablemente pueda ocurrir y todo apunta a que es difícil que los representantes políticos comprendan, aunque solo sea por una vez, que los votantes hemos decidido que en España hay que aceptar la pluralidad política y el diálogo constructivo, muy lejos de las famosas mayorías absolutas. Esto lo sabe hasta el famoso niño de cuatro años de Groucho Marx, porque él no entendía casi nada de la vida, dando órdenes que lo buscaran por todas partes para solucionar grandes conflictos como el que nos ocupa, que en su caso era una reunión memorable de la Cámara de Diputados de Freedonia: “¡Hasta un crío de cuatro años sería capaz de entender esto!… Búsqueme un crío de cuatro años, a mí me parece chino“. Es lo que tendríamos que gritar hoy como «gente» los de abajo, en el Congreso de los Diputados, a los que están obligatoriamente obligados a entenderse, cuando les parece chino el diálogo de sordos en el que están instalados en la actualidad y se esconden sin llamar a nadie. Porque la situación política de este país debería llevar a los “elegidos” a comprender que el resultado de las urnas es un mandato explícito para que se busquen acuerdos de gobierno y legislatura que… hasta niños de cuatro años españoles, es decir, catalanes, gallegos, extremeños, vascos, castellanos, valencianos o andaluces, entre otras señas de identidad territorial, son capaces hoy de entenderlo.

En cierta ocasión, el director de orquesta Daniel Barenboim dijo que comprendía perfectamente que si las personas tenían que elegir en verano, en Sevilla, ir a la playa de Matalascañas o al Teatro de la Maestranza a un concierto dirigido por él, la decisión estaba muy clara: Matalascañas. Está claro que según Barenboim, la música clásica no es para el verano, aunque discrepe de él en esta ocasión. Aunque sí lo sean las bicicletas, salvando lo que haya que salvar, según nos explicó magistralmente Fernando Fernán Gómez en una obra de teatro homónima, aunque no podamos a veces tenerlas (cada uno que imagine la suya en el decorado que viva…), porque las guerras, las faltas de acuerdo, no nos permiten comprarlas en el momento deseado y deseante que tanto añoró Luisito, el protagonista.

Estamos en pleno verano y tengo la percepción de que nada fluye y todo permanece, en una situación diametralmente opuesta a la que aprendí hace ya muchos años de Heráclito de Éfeso y sobre la que he escrito recientemente. Estoy muy pre-ocupado [sic], porque detecto prisa vacacional, pase lo que pase, en el intento de resolución del grave conflicto que asola nuestro país, con un río revuelto que facilita las cosas a pescadores como parte del Parlamento de Cataluña y otros muchos que intentan seguir haciendo su agosto político sin muchos escrúpulos, por no hablar de la funcionalidad permanente de un Gobierno que no sabe y no contesta a casi nada de lo que nos está pasando. Sé que no es fácil el abordaje de soluciones cuasi milagrosas, pero el mandato del pueblo es muy claro: ¡siéntense para alcanzar un acuerdo de gobierno de izquierdas o de derechas y no se levanten hasta que llegue ese momento tan deseado, aunque estemos en pleno verano y más de uno piense que les fastidian las vacaciones!

En este caso, para la política, para los políticos, es verdad que las vacaciones no son para este verano, ni quizá lo deberían ser nunca porque la cosa pública afecta a todos y principalmente a los que no pueden tomarlas nunca, a los que menos tienen, a los que la clase política se debe hoy todavía más por su contumacia en silencios cómplices. Y no solo porque no podamos comprar las bicicletas que todos, merecidamente, soñamos, sino porque hay que saber distinguir entre valor y precio político. Si no, corramos a preguntárselo a los niños y las niñas de cuatro años, los de Groucho, que suelen saberlo todo.

Sevilla, 28/VII/2016

Yassine Chouati…, es el pueblo

YASSINE

YASSINE CHOUATI / JA Cobeña

He asistido hoy al acto oficial de inauguración de una exposición del artista plástico marroquí Yassine Chouati (Tánger, 1988), bajo el título sugerente “Yo soy el pueblo”, distinta y singular, que recomiendo visitar en la Casa de la Provincia, en Sevilla (Plaza del Triunfo, 1). Hasta el 28 de agosto se puede contemplar y admirar en el sentido aristotélico más puro del término, porque admirarse es una de las características que pertenece al ser humano como elemento diferenciador para mirar muchas veces de frente el arte que se convierte en actitud de compromiso social activo y que pasa a ser ejemplo para todos.

He acompañado a Yassine en la presentación de los tres espacios que recogen su obra preparada para esta muestra de arte y compromiso social. Tal y como aparece en el programa de la exposición, el autor propone al espectador una reflexión sobre el otro y la distancia, algo que él conoce desde las orillas de Tánger, donde siendo un niño preguntaba a su padre por qué había allí tantos zapatos, sandalias y objetos abandonados, de la misma forma que los representa en el primer espacio de su obra dedicado a un saludo libertario “Welcome”. En una pared blanca de ese espacio, desnuda, se encuentra un pequeño cuadro de la composición que de forma aislada, como lo que intenta representar, encierra la imagen de un pasaporte que un día perteneció a alguien que buscaba un mundo diferente donde poder realizarse como persona digna, cruzando a la otra orilla del mal llamado primer mundo.

Este espacio sitúa al espectador en el estrecho de Gibraltar, donde las imágenes que se contemplan en los cuadros recogen el sentimiento de pérdida de identidad del fenómeno migratorio, porque en esa dura travesía en busca de la dignidad, se pierde casi todo, incluso lo más preciado del ser humano, la vida. Pretende que nos demos de bruces con esa realidad, tan cerca de Andalucía, como aviso para navegantes de la dignidad, para que interpretemos qué significa partir a pesar de todo, dejando atrás lo que nos pertenece, casa, tierra y parentela en un éxodo redivivo. La gran pregunta que flota en el ambiente de la primera sala es si es posible adentrarnos en el significado de lo que vemos, es decir, dejarnos intranquilos en la búsqueda de identidad de objetos perdidos por la indignidad que sufren personas que están mucho más cerca de nosotros de lo que creemos.

El segundo espacio de Yassine, titulado “Crónica”, nos sitúa en la realidad revolucionaria del necesario cambio social a favor del pueblo, a través de nueve dibujos litográficos del político activista marroquí Ben Barka, secuestrado y fallecido bajo extrañas circunstancias en París, en 1965, donde se pretenden representar nueve formas diferentes de cómo se puede llegar a manipular la auténtica razón de ser, vivir y morir del que asume el rol de libertador de la gente, del pueblo, a pesar del mundo acomodado en el confort humano que no le importa participar todos los días en silencios cómplices: “La manipulación del rostro del político es, en este sentido, una metáfora del bombardeo de imágenes e informaciones sesgadas a que estamos sometidos”, tal y como ocurrió en el denominado “asunto Ben Barka”. Nuevo aviso para navegantes de la libertad, de la revolución, por parte del autor.

Con estos antecedentes pictóricos, finaliza la exposición en un espacio amplio con una performance titulada “Revolutio”, en la que sobre su querido “suelo” figuran trece litografías con las banderas de trece países árabes que se completarán hasta llegar a las 22 de los que conforman en la actualidad la Liga de Estados Árabes, tal y como lo explicaba in situ Yassine como hilo conductor de su obra: “El proyecto parte de un juego semiótico basado en el origen del término “revolución”, que expresa la idea de dar la vuelta a las cosas, de poner arriba lo que está abajo y abajo lo que está arriba. Der esta forma, las banderas, que supuestamente debieran ondear, se disponen consecutivamente sobre el suelo, creando una línea que recuerda a las alfombras rojas con las que se honra el paso de los jefes de estado en sus visitas oficiales”. Esta “alfombra” está flanqueada por dos montajes audiovisuales compuestos a partir de retazos de imágenes y vídeos de manifestaciones estudiantiles, protestas revolucionarias contra ciertos regímenes árabes, así como cortes de grabaciones de manifestantes realizadas de manera clandestina. En esta sala, he ido caminando de forma imaginaria un país a otro, siempre con un mensaje en todas y cada una de ellas, Yo soy el pueblo, en su idioma de origen y de colonización sufrida, donde no falta el español en Marruecos como pregunta para los caminantes que estábamos allí presentes en alma y espíritu.

Finalmente, he podido hablar con Yassine sobre asuntos de su persona de todos y la de secreto, junto a Dámaris, mi profesora de violín, a quien tanto aprecio. De su infancia en Tánger, de cómo siendo niño proletario ofrecía a turistas lo que el mercado aconsejaba como mercancía de turno y que me conmovía como fenómeno social cada vez que viajaba a esa ciudad en años importantes para las encrucijadas de mi vida. Un niño marroquí que dejó un día ya lejano sus zapatos en la orilla y quiso navegar hacia la libertad sin olvidar nunca su pasado, su tierra y su parentela, con un mensaje claro de revolución activa, dándole una vuelta a la forma de ser y estar muchas personas en el mundo propio y de los demás. Para que él y su pueblo puedan estar arriba en un tiempo próximo después de años de estar abajo, dejando de ser alfombra roja de los poderosos. Y me ha emocionado saber que gracias a personas como él podemos confiar tal día como hoy en que otro mundo aún es posible. Todo un ejemplo.

Vayan a ver la exposición desde esta orilla. Les conmoverá, porque como ocurre con las ideologías, no es inocente.

Sevilla, 26/VII/2016