La letra es bella

Escribo hoy este post como homenaje a la maestra de mi niñez rediviva, Dª Antonia León, siempre amable, cariñosa y con los bolsillos llenos de caramelos de colores, porque me educó con los famosos cuadernos “Rubio”, donde se depositaban caracteres escritos por una persona, en un momento determinado, con una caligrafía delatora de aprendizajes y vida afectiva que se traduce por rasgos personales e intransferibles. Ella me enseñó a cuidarlos con pulcritud, sobre todo en uno llamado “Diario”, escrito por mí en letra redondilla, forrado con papel azul y con una etiqueta enmarcada y con dientes externos, como los de un sello, que recogía en cada hoja rayada la descripción de la localidad y fecha, así como un dibujo hecho normalmente con plantillas que se llamaban “lapisabio”, troqueladas, del que recuerdo sobre todo el de una pecera multicolor.

Está dando la vuelta al mundo este video en Youtube que muestra la belleza de la caligrafía, con más de 30 millones de reproducciones desde el 12 de septiembre. Es sorprendente el éxito obtenido porque hablar hoy de escribir de puño y letra, como se ha hecho siempre, es una provocación para los nativos digitales, aunque basta no olvidar la historia para comprobar lo que ya Platón advirtió sobre la escritura y sus riesgos implícitos, pero poniendo cada letra en su sitio. Lo encontramos en su obra Fedro, en la que narra una historia preciosa sobre la dialéctica de la palabra escrita, contada por Sócrates, entre un dios antiguo Teut, que se dice que inventó la escritura y el rey de Tebas, Tamus. Un día “Teut se presentó al rey y le mostró las artes que había inventado, y le dijo lo conveniente que era difundirlas entre los egipcios. El rey le preguntó de qué utilidad sería cada una de ellas, y Teut le fue explicando en detalle los usos de cada una; y según que las explicaciones le parecían más o menos satisfactorias, Tamus aprobaba o desaprobaba. Dícese que el rey alegó al inventor, en cada uno de los inventos, muchas razones en pro y en contra, que sería largo enumerar. Cuando llegaron a la escritura dijo Teut:

«¡Oh rey! Esta invención hará a los egipcios más sabios y servirá a su memoria; he descubierto un remedio contra la dificultad de aprender y retener.

–Ingenioso Teut –respondió el rey– el genio que inventa las artes no está en el mismo caso que el sabio que aprecia las ventajas y las desventajas que deben resultar de su aplicación. Padre de la escritura y entusiasmado con tu invención, le atribuyes todo lo contrario de sus efectos verdaderos. Ella sólo producirá el olvido en las almas de los que la conozcan, haciéndoles despreciar la memoria; confiados en este auxilio extraño abandonarán a caracteres materiales el cuidado de conservar los recuerdos, cuyo rastro habrá perdido su espíritu. Tú no has encontrado un medio de cultivar la memoria, sino de despertar reminiscencias; y das a tus discípulos la sombra de la ciencia y no la ciencia misma. Porque, cuando vean que pueden aprender muchas cosas sin maestros, se tendrán ya por sabios, y no serán más que ignorantes, en su mayor parte, y falsos sabios insoportables en el comercio de la vida (Platón, Fedro, 274c-277a)».

Me asombra el interés que ha despertado este video de caligrafía, entendida de acuerdo con la definición de la RAE (del gr. καλλιγραφία) como el “arte de escribir con letra bella y correctamente formada, según diferentes estilos” y en su segunda acepción, como el “conjunto de rasgos que caracterizan la escritura de una persona, de un documento, etc.”. Las letras que se utilizan hoy en el mundo digital distan mucho de aquellas que se escribían con letra bella y correctamente formada, aunque en el fondo traducen la misma problemática que exponía magistralmente Platón, en boca de Sócrates: por sí mismas, no dicen nada, porque necesitan, sobre todo, conocer bien a quien las escribe, cuestión ésta no inocente en el mundo digital donde el anonimato es el rey. Continuaba diciendo Sócrates: “Lo que una vez está escrito rueda de mano en mano, pasando de los que entienden la materia a aquellos para quienes no ha sido escrita la obra, sin saber, por consiguiente, ni con quién debe hablar, ni con quién debe callarse. Si un escrito se ve insultado o despreciado injustamente, tiene siempre necesidad del socorro de su padre, porque por sí mismo es incapaz de rechazar los ataques y de defenderse”. Basta referirse a la escritura actual que aparece en las redes digitales para comprender bien el problema expuesto por Platón, porque la belleza no solo está en escribir bien lo que se pretende decir con palabras, sino en el fondo de las mismas.

Culmina el diálogo con una reflexión extraordinaria: “El discurso que está escrito con los caracteres de la ciencia en el alma del que estudia es el que puede defenderse por sí mismo, el que sabe hablar y callar a tiempo”. Es decir, es importante escribir pero siendo conscientes de lo que escribimos para poder justificarlo posteriormente, como haría siempre un jardinero sabio, que respetaría el conocimiento científico, porque:“…si alguna vez escribe, sembrará sus conocimientos en los jardines de la escritura para divertirse; y formará un tesoro de recuerdos para sí mismo, para que cuando llegue la edad en que se resienta la memoria –y lo mismo para todos los demás que lleguen a la vejez– pueda regocijarse viendo crecer estas tiernas plantas. Y mientras los demás hombres se entregan a otras diversiones, pasando su vida en orgías y placeres semejantes, él recreará la suya con la ocupación de que acabo de hablar”.

Considero imprescindible el respeto histórico de la caligrafía y su consideración actual como arte de reflejar mediante caracteres impresos lo que lleva el alma de cada persona que escribe, incluso utilizando los medios digitales sin secuestrar la morfología y la sintaxis que ofrecen hoy día las palabras escritas con alma. Es lo que Steve Jobs contó un día en su célebre discurso de Stanford: «En aquella época la Universidad de Reed ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano. Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía. Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía.

Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante. Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, todo eso volvió a mí.

Y diseñamos el Mac con eso en su esencia. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni caracteres con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera ahora. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen…»

Quizá radique en esa necesidad humana el éxito viral del vídeo de Youtube, porque escribir con el alma, respetando escrupulosamente la mayéutica de Sócrates asimilada de forma especial por Platón, es bello.

Sevilla, 16/IX/2015

El hombre estrella, natural de África

MANOS HOMO NALEDI
Beerger, Lee et alii (2015). Homo naledi, a new species of the genus Homo from the Dinaledi Chamber, South Africa (Figura 6)

He conocido recientemente el descubrimiento del Homo nadeli o lo que es mismo, del hombre estrella (traducido de la lengua Sotho), a 50 kilómetros de Johannesburgo (Sudáfrica), donde se encuentra la cueva Rising Star en la que se han localizado en condiciones extremas restos fosilizados de este antropopiteco erguido, todavía bajito (1,50 cm.), de unos 45 kilos de peso y con un cerebro pequeño (500 gramos), pero que puede ser el descubrimiento más asombroso en la actualidad científica para situar el origen de nuestra especie humana inteligente.

En un artículo publicado recientemente en la revista eLIFE (1), resultado de una investigación dirigida por Lee Berger, paleoantropólogo de la Universidad de Witwatersrandse, se presenta al Homo naledi como “una especie desconocida de homínido extinto descubierto dentro de la Cámara Dinaledi del sistema de cuevas Rising Star, Cuna de la Humanidad, Sudáfrica. Esta especie se caracteriza por la masa corporal y estatura similar a la que se ha encontrado en cuerpos pequeños de las primeras poblaciones humanas, con un pequeño volumen endocraneal similar a los australopitecos. La morfología craneal del Homo naledi es única, pero lo más similar a las primeras especies de Homo incluyendo el Homo erectus, Homo habilis o el Homo rudolfensis. Aunque primitiva, la dentadura es generalmente pequeña y simple en la morfología oclusal. El Homo naledi tiene adaptaciones manipuladoras parecidas a los humanos por la estructura de su mano y muñeca. También muestra un pie semejante al humano, así como los miembros inferiores […] Se han podido representar al menos 15 personas con la mayoría de los elementos esqueléticos repetidos varias veces, constituyendo el conjunto más grande de una sola especie de homínidos descubiertos hasta ahora en África”.

Siempre es una gran noticia descubrir datos científicos del origen de nuestra especie porque nos permite saber más de nuestros antepasados y su forma de ser y estar en el mundo. El continente africano se afianza como la cuna de nuestra especie, aunque sea paradójica esta reflexión en la situación actual. Por esta razón merecería el respeto Internacional desde esta perspectiva meramente científica y, no digamos sobre el reconocimiento de derechos y deberes humanos de la población de este continente tan castigado por la historia humana escrita en su territorio.

He comentado en este blog en repetidas ocasiones que tenemos una deuda con África, porque la inteligencia se formó allí y es lo que permite que hoy podamos demostrar que el Hombre estrella de Sudáfrica aportó un avance significativo en la evolución de la especie: “La inteligencia, hoy por hoy, no tiene color. La conjunción de blancos, grises y algunas veces, negros, atribuida a las materias que conforman el cerebro, sigue dándonos muchos quebraderos de cabeza. Sobre todo, porque tenemos que estar muy agradecidos al continente africano y dolidos al mismo tiempo por la muerte letal que les rodea entre enfermedades (sida [y ébola]), esclavitud histórica y de nuevo cuño en pateras, guerras fratricidas y con una deuda histórica mundial: “hace doscientos mil años que la inteligencia humana comenzó su andadura por el mundo. Los últimos estudios científicos nos aportan datos reveladores y concluyentes sobre el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia. Hoy comienza a saberse que a través del ADN de determinados pueblos distribuidos por los cinco continentes, el rastro de los humanos inteligentes está cada vez más cerca de ser descifrado. Los africanos, que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron hace 50.000 años, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada. Aprovechando, además, un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones. Había nacido la corteza cerebral de los humanos modernos, de la que cada vez tenemos indicios más objetivos de su salto genético, a la luz de los últimos descubrimientos de genes diferenciadores de los primates, a través de una curiosa proteína denominada “reelin” (2).

Comprendo ahora mejor que nunca la teoría científica de Teilhard de Chardin, armado con su martillo de paleontólogo. Así lo reconocí en un post de 2006, La esfera de la inteligencia (Noosfera), citando un libro recopilatorio de artículos de Tom Wolfe, El periodismo canalla y otros artículos, donde encontré en 2001 una referencia a Teilhard de Chardin (a quien debo mi interés manifiesto por el cerebro desde 1964), que tiene una actualidad y frescura sorprendentes: “Con la evolución del hombre –escribió-, se ha impuesto una nueva ley de la naturaleza: la convergencia”. Gracias a la tecnología, la especie del Homo sapiens, “hasta ahora desperdigada”, empezaba a unirse en un único “sistema nervioso de la humanidad”, una “membrana viva”, una “estupenda máquina pensante”, una conciencia unificada capaz de cubrir la Tierra como una “piel pensante”, o una “noosfera”, por usar el neologismo favorito de Teilhard. Pero ¿cuál era exactamente la tecnología que daría origen a esa convergencia, esa noosfera? En sus últimos años, Teilhard respondió a esta pregunta en términos bastante explícitos: la radio, la televisión, el teléfono y “esos asombrosos ordenadores electrónicos, que emiten centenares de miles de señales por segundo”. La cita es lo suficientemente expresiva de lo que Teilhard intentó transmitir a la humanidad a pesar del maltrato que sufrió por la Autoridad competente del momento, tanto científica, como ética y, por supuesto religiosa. Sabía que la realidad del Homo naledi formaba parte del punto alfa de una revolución científica llamada evolución de la especie humana. Su estrella invitada.

Sevilla, 13/IX/2015

(1) Beerger, Lee et alii (2015, 10 de septiembre). Homo naledi, a new species of the genus Homo from the Dinaledi Chamber, South Africa. eLIFE Sciences.
(2) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital, p. 15-28.

Crear videovidas es mejor que consumir sólo videojuegos

Proyectos, compañeros, pasión y juegos. Cuatro palabras que resumen muy bien la conceptualización y puesta en práctica de la inteligencia digital que desarrolla el pensamiento creativo. Juntas tienen un solo identificador o nombre propio: Scratch, un lenguaje de programación que vuelve a estar vigente para nativos (o adultos) digitales, creado en 2007 por Mitchel Resnick, físico, doctor en Ciencias de la Computación y director del Lifelong Kindergarten Research Group del MIT Media Lab (Instituto Tecnológico de Massachusetts), preocupado por la realidad social de esta generación de niños y niñas del nuevo milenio que crecen muy cerca de la tecnología digital, para que sepan utilizarla de forma racional en el lado amable y racional de la misma, porque está demostrado que no es inocente: “Navegan por Internet, juegan o chatean a través de sus móviles, pero no dominan la tecnología. De hecho están muy lejos de hacerlo porque nadie les ha enseñado” (1).

Es probable que ni sepan que el chip de la Play Station es el mismo que llevan las cabezas de los misiles Tomahawk. Tecnología de doble uso que deben conocer desde que son pequeños, tal y como se lo ha propuesto Mitchel Resnick a través del grupo de investigación que ha creado Scratch, centrado “en los procesos de aprendizaje de los niños y la posibilidad de influir en ellos de un modo creativo a través de la tecnología. El nombre del proyecto no puede ser más inspirador: un jardín de infancia que dura toda la vida… cualquiera que haya pisado un aula poblada por niños en edad preescolar se habrá sentido fascinado con su capacidad para investigar y experimentar con un puñado de rotuladores y unos cuantos folios. ¿Dónde va a parar toda esa creatividad poco después? Resolver esa pregunta es lo que ha impulsado la labor de Resnick durante toda su carrera. Y la respuesta es que los niños no dejan de ser creativos de un día para otro, simplemente les obligamos a aprender una serie de habilidades y datos que no les estimulan, hasta que dejan de interesarse por la investigación”.

Es interesante escuchar atentamente en el vídeo adjunto al autor de este proyecto. Creo que se hace patente lo que llevo explicando y construyendo como teoría crítica de la inteligencia digital (2) en los últimos diez años, entendida como:

1. destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, nacida de haberse hecho muy capaz de ella.
2. capacidad que tienen las personas de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
3. capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
4. factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
5. capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando ha superado la dialéctica infernal del doble uso.

Scratch es “un sencillo lenguaje de programación con el que se manipulan audios, gráficos y secuencias de comandos como si fuera un juego de bloques de construcción, permitiendo a los niños aprender código. De esta forma crean sus propias historias o videojuegos que comparten con una comunidad de millones de usuarios como ellos. Dejan de ser consumidores de tecnología para convertirse en creadores” (1).

Los nativos digitales tendrán más confianza en ellos mismos si participan en la creación del mundo en el que desean vivir, porque programarán videovidas [sic] (perdón por el neologismo) más que videojuegos. Crear y no consumir irracionalmente, esa es la cuestión. Mientras, voy a comenzar a programar con Scratch, porque me lo pide el niño que fui y que llevo dentro, en expresión feliz de Jose Saramago, a quien tanto aprecio en el mundo atómico en el que paradójicamente vivo todos los días.

Sevilla, 9/IX/2015

(1) Moneo, Pedro (2015, 9 de septiembre). Mitchel Resnick, del MIT, te presenta Scratch, el lenguaje de programación con el que tu hijo cambiará el mundo. El País.com.
(2) Cobeña Fernández, José Antonio (2007). Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital. Edición digital de descarga gratuita. La teoría y práctica de la inteligencia digital es el hilo conductor de este blog.

Cuando te acompaña la ideología de Mozart

Hoy he vuelto a tocar en mi piano digital, con registro de clave, el Allegro en Si bemol mayor de Mozart (KV 3), que compuso cuando solo tenía seis años. He tardado un mes en interpretarlo con la ilusión que despierta en mi mente cualquier obra del niño Trazom (Mozart al revés), como a él le gustaba firmar en cartas escritas con la grafía de su alma compleja que nos ha llegado hasta nuestros días. Es asombrosa su obra con tan corta edad, pero su virtuosismo traspasaba fronteras en viajes frenéticos auspiciados por su padre, que pacientemente transcribió en un cuaderno dedicado a su hija Nannerl, en el que figuraba la preciosa obra iniciática del niño prodigio a quien tanto admiro.

En un cuadro extraordinario de Vermeer, La lección de música, se contempla un virginal que toca una joven, en el que figura una inscripción en su tapa, Musica laetitiae comes, medicina dolorum (La música es compañera en la alegría y medicina para el dolor), que es todo un programa didáctico para los que aprendemos a tocar un instrumento tan completo como es el piano. Efectivamente, la música está cerca de la alegría, pero en la dialéctica de la vida siempre está también cerca del dolor, de la tristeza. Así lo siguen reflejando hoy día en este tipo de instrumentos barrocos los artesanos holandeses que fabrican los diferentes modelos de cuerda pulsada con una púa de pluma de ganso, de cuervo o cóndor (llamada plectro), según el patrón artístico reflejado por Vermeer.

VERMEER
La lección de música

Hoy me lo ha recordado Vargas Llosa en un artículo comprometido con la actitud del maestro Daniel Barenboim, el extraordinario pianista y director de orquesta, que desde hace muchos años vive un compromiso activo con el necesario entendimiento palestino-israelí, a través del proyecto West-Eastern Divan Orchestra, con raíces andaluzas, que tanto aprecio también: “Mi admiración por Barenboim no es solo por el gran instrumentista y director; también por el ciudadano comprometido con la justicia y la libertad que, a lo largo de toda su vida, ha tenido el coraje de ir contra la corriente en defensa de lo que cree justo y digno de ser defendido o criticado”.

Cuando estamos asistiendo a un dolor mundial que se amplifica por días a través de las imágenes que recibimos a diario de los que huyen de guerras y luchas encarnizadas sin sentido alguno, he recordado estos testimonios de músicos que están cerca de la alegría y del compromiso social activo, como era el caso de Mozart o el de Barenboim hoy día; pero también del dolor, como demostró el pianista salzburgués a lo largo de sus treinta y cinco años de vida, estrenando su ópera magna, La flauta mágica, en un teatro de barrio y no en los auspiciados por la Corte o la Iglesia, con quienes se enfrentó por su falta de sintonía con la vida real del pueblo austriaco, o siendo boicoteado por su propio país Israel, como es el caso del director argentino, pero de alma israelita, palestina y española.

Abro imaginariamente mi piano y busco la inscripción pintada por Vermeer: Musica laetitiae comes, medicina dolorum. Toco los treinta compases de la obra iniciática de Mozart y pienso en el tren húngaro, con viajeros pakistaníes, afganos, sirios e iraquíes, migrantes hacia alguna parte, que ha sido recibido esta tarde en Salzburgo, camino de Alemania, entre vítores del pueblo austriaco. Como le gustaría a Mozart que hicieran sus paisanos, enseñándome a amar la música como escuela de compromiso con la alegría y el dolor humano. Como me lo recordaría también Barenboim en su próxima visita comprometida con Andalucía.

Sevilla, 6/IX/2015

Andalucía no es de librerías

SINTAGMA

Es la tercera vez que escribo en este blog sobre una realidad preocupante: cada día se cierran dos librerías en España. El lunes pasado cerró la librería Sintagma, en El Ejido (Almería). Decía ayer Winston Manrique Sabogal en el diario El País, haciéndose eco de esta triste noticia, que “En el Ejido hay un poco menos de vida. El lunes quedaban ya pocos libros en las estanterías de los 20 metros cuadrados de Sintagma, cuando, poco a poco, la gente empezó a llegar. Hacia la una de la tarde todo eran amigos, lectores, conocidos y clientes alrededor de Manuel García Iborra. Él no sabía nada de esa cascada de personas que lo saludaban, lo abrazaban, le daban las gracias, se lamentaban con él de la crisis, de la insensibilidad de las instituciones y de la sociedad. Todos compraban algún libro, otros varios libros, y unos cuantos le pedían que les firmara los ejemplares. Ese día lo trataban como a un gran autor. Y solo era el propietario de una librería”. Ese día cerró la única librería que quedaba en el mar de plásticos de esa zona almeriense, como una isla desconocida de Saramago.

Creo que es una triste noticia. El pasado mes de junio escribí sobre esta crónica anunciada de la muerte de las librerías, en un post muy explícito sobre esta realidad tan preocupante: “Esta mañana lo he comprobado de nuevo: Sevilla no es de librerías, sino de bares. Mi camino del amanecer tenía hoy un objetivo concreto: entrar en las benditas librerías de la ruta escogida que, al igual que las iglesias vacías del poema Entro Señor en tus iglesias, de Rafael Alberti, estaban llenas del arte de enhebrar palabras, pero a los presuntos compradores no se les veía por ningún sitio. Y mi corazón anonadado ha gemido durante unos minutos, en una auténtica soledad sonora».

Se acumula mi tristeza por estas realidades tan sonoras y que pasan tan desapercibidas para muchas personas. Cada vez que se cierra una librería se cierran muchas posibilidades de crecer en conocimiento y cultura por parte de la población que la rodea. Sé que hay alternativas, pero la esencia del profesional de los libros, como era en el caso de esta librería almeriense, no la sustituye Amazon ni las realidades virtuales más avanzadas. Cuentan que este espacio de inteligencia conectiva era una isla desconocida para el gran público pero muy querida para quien la descubría: “No solo era una librería esencial y emblemática, era muchííííísimo más. Hacía de agente cultural y cumplía una labor social; era un sembrador de ilusiones en un municipio desértico en cuanto a actividades culturales, de rápido enriquecimiento debido a la agricultura de invernadero, y con alto porcentaje de inmigrantes. El Ejido, el Mar de plástico, dice García [Manuel García Iborra, su dueño] “es una zona de trabajadores agrícolas, no universitarios y con bajo índice de lectura, pero donde los padres quieren que sus hijos lean”.

Retomando las palabras ya escritas en mayo, las traigo a colación pero pensando en Sintagma y en su desaparición por liquidación, porque en El Ejido, en su Plaza Mayor, 3, ya no podrán saludar a autores muy queridos por mí, Pasolini, Galeano, Enzensberger, Cobos Wilkins, García Márquez, Muñoz Molina, Pamuk, entre otros: “Allí estaban, en columnas de a diez, de a veinte, esperando ser elegidos por un lector de la verdad posible, mezclados en todas las especialidades que el mundo de la letra impresa permite manifestar la palabra escrita que todavía queda en soporte papel, el que tanto defiende Vargas Llosa, entre otros”.

Tampoco se podrán recorrer las estanterías y mesas de novedades de Sintagma, buscándolos desesperadamente, aunque me hubiera gustado acompañarles el lunes pasado para que no se sintieran tan solos, junto a Manuel, un librero con alma.

Sevilla, 3/IX/2015

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://www.portalejido.com/libreriasintagma/.

Ha muerto Oliver Sacks como del rayo, una persona imprescindible…

OLIVER SACKS
Hay hombres que luchan un día y son buenos, otros luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles

Bertolt Brecht

Nos preparó para su ausencia a través de un artículo memorable, Habla la memoria, que cité en un artículo de este blog, en el mes de febrero pasado. Lo reproduzco a continuación porque sigo pensando que su aportación a la vida ha sido la de una persona imprescindible, tal y como lo definía Bertolt Brecht. Con mi agradecimiento desde la memoria de secreto y porque comprendí muy bien a través de su investigación, un día ya lejano, que la ausencia de color en la vida solo permitía ver la existencia desde un gris triste para el que no estamos precisamente concebidos en la evolución de las especies. Afortunadamente.

Sevilla, 30/VIII/2015

NOTA: la imagen de Oliver Sacks, se ha recuperado hoy de: (http://www.elblogdemontaner.com/la-ultima-leccion-de-oliver-sacks/ )

CUANDO LA MEMORIA HABLA

No puedo fingir que no tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito. He tenido relación con el mundo, la especial relación de los escritores y los lectores.

Oliver Sacks, Mi propia vida

No todo depende del cristal por el que se contempla la vida. Somos deudores permanentes de la memoria, aunque Juan Ramón Jiménez recordara siempre el cristal amarillo de la casa de su infancia y escribiera un libro que incorpora este color en todas sus páginas, recordando la imagen de una cancela que dejaba pasar la luz por ese cristal pintando los objetos de su casa con ese color. Escribo estas palabras como un pequeño homenaje a Oliver Sacks, un neurólogo inglés del que he aprendido mucho a lo largo de mi vida. Ahora, nos entrega un mensaje sereno sobre su realidad vital, a los 81 años, cuando sabe que un cáncer le aproxima a una realidad insoslayable, porque todo tiene su tiempo, en un artículo sobrecogedor publicado en el New York Times con un título premonitorio: Mi propia vida (1).

He comentado el color porque la lectura de un libro suyo, La isla de los ciegos al color, me aproximó a su investigación de cómo los pacientes aprenden a vivir con su enfermedad, la acromatopsia, hasta alcanzar un mimetismo asombroso con ella, aunque sufren ceguera del color, porque no les permite agregar color a la óptica de sus vidas. Todo se ve siempre de color gris en dos islas de la Micronesia, Pingelap y Pohnpei, donde se concentra esta enfermedad, que permiten “experimentos de la naturaleza, lugares benditos y malditos por su singularidad geográfica, que albergan formas de vida únicas”, en frase del propio Sacks. Creo que comprendí bien el trasfondo de su libro, cuando contemplé en una ocasión una foto en blanco y negro del fotógrafo Erich Lessing en pleno rodaje de la película “Sonrisas y lágrimas”: “La vida de cada una, de cada uno, que es lo más parecido a una película en blanco y negro, con la acromatopsia ética que corresponda, permite descansos, para recuperar esos momentos que tanto nos reconfortan y que nos devuelven felicidad. Pero también sabemos que la dialéctica de las sonrisas y las lágrimas, permite apartarnos junto a una pared de la vida personal e intransferible, sentir el abrazo de los que nos quieren, aunque inmediatamente nos llamen mediante megafonía para seguir rodando, viviendo en definitiva, en la filmación jamás contada. Esa es la auténtica obra maestra, el extraordinario guion que está detrás, que nos entrega Lessing con la instantánea asociada de su cámara cerebral”.

ERICH LESSING-2

Uno de sus últimos descubrimientos de senectud ha sido la memoria alojada en el cerebro de cada persona y sus manifestaciones a lo largo de la vida, que se enriquece con el paso de los años. Así lo ha dejado patente en un artículo extraordinario, Habla la memoria, que centra muy bien el poder real de la dialéctica permanente entre la memoria histórica y la narrativa. Más aún, si se deja hablar a la memoria, de su profundidad histórica, de lo que esconde (sin ser plenamente conscientes de ello) a través de la criptomnesia, que protege de forma sabia determinados olvidos: “Nosotros como seres humanos hemos desarrollado sistemas de memoria que tienen fallos, fragilidades e imperfecciones” […] “La indiferencia sobre las fuentes nos permite asimilar lo que leemos, lo que nos cuentan, lo que dicen otros y pensar, escribir y pintar, de una forma tan rica y tan intensa como si fuesen experiencias primarias. Nos permite ver y escuchar con los ojos y los oídos de otros, entrar en la mente de los demás, asimilar el arte y la ciencia y la religión de toda una cultura”. Cita a Holmes de forma muy gráfica para explicar el potencial de la memoria enriquecida con las experiencias de la vida, citando la cleptomanía literaria que sufría Coleridge: “sus autores alemanes le dieron apoyo y consuelo: en una metáfora que utiliza a menudo él mismo, [sus textos] se entrelazaron alrededor de ellos como la hiedra alrededor de un roble¨. Muchas veces, nos enredamos en personas y sucesos que encadenan historias que no nos pertenecen en realidad, pero que las llegamos a hacer nuestras.

Hay que dejar hablar a la memoria, que no es un ordenador al uso. Sus imperfecciones son nuestra seña de identidad humana, tal y como lo explicaba Oliver Sacks, porque la sana indiferencia a las fuentes “nos permite asimilar lo que leemos, lo que nos dicen, lo que otros dicen y piensan escribir y pintar, tan intensa y ricamente como si fueran experiencias primarias. Nos permite ver y escuchar con otros ojos y oídos, para entrar en otras mentes, para asimilar el arte, la ciencia y la religión de todas las culturas, para celebrar y contribuir a la mente común, la mancomunidad general del conocimiento. Este tipo de intercambio y participación, esta comunión, no sería posible si todos nuestros conocimientos, nuestros recuerdos, estuvieran perfectamente marcados e identificados como privados, exclusivamente nuestros. La memoria es dialógica y surge no sólo de la experiencia directa, sino de la relación de muchas mentes”.

Algo así como la experiencia actúalo de la Noosfera, al unirse en una gran malla humana los cerebros pensantes del mundo en el que vivimos, entrelazando las memorias históricas y las narrativas de los internautas como «la hiedra rodea a un roble». Es justo decir que gracias también a la memoria de Oliver Sacks, que tantas veces nos ha acompañado para comprender mejor la ceguera al color con el que solemos contemplar nuestras vidas cuando se instalan en un gris perpetuo. La vida es algo más que el blanco y negro, que los grises. Porque el cerebro está preparado para interpretar todos los matices cromáticos de la vida en libertad, sin dejar ninguno atrás.

Sevilla, 20/II/2015

(1) En el diario El País (2015, 20 de febrero), se puede leer la traducción del citado artículo original.

La fábrica de sueños

FVF
Fundación Vicente Ferrer

En India se localizan las fábricas de sueños más importantes del mundo. Todas están vinculadas con el cine espectáculo y fantástico, que nada tiene que ver con su realidad más próxima. En este contexto tan paradójico, asistimos en nuestro aquí y ahora a la representación gráfica más dura que podamos imaginar, atados al realismo del sinsentido humano a través de las migraciones provenientes de países en guerra o instalados en la miseria más absoluta. Algunas veces deberíamos soñar despiertos para defender la dignidad humana que falta en nuestro mundo más próximo, que no está en India ni Siria, sino más cerca de lo que pensamos.

Me ha sorprendido leer en un boletín de la Fundación Vicente Ferrer (Junio 2015) un artículo sobre las fábricas de sueños en India, formando parte de su cultura desde hace más de cien años a través de la industria del cine. La pregunta del millón de dólares es obvia: ¿por qué?: “Al público indio le apasionan las películas espectaculares y fantásticas: películas que tienen poco en común con el día a día de la mayoría de la población. Lo cuenta Álvaro Enterría en el libro “La india por dentro”: “Una vez un amigo mío me dijo que no le gustaba el cine occidental: para ver un mundo realista ya tenía el mundo normal. El cine indio fabrica sueños”.

Lo entendí perfectamente. Ante el realismo español, como marca de las casas tristes y tibias, sin necesidad de importar el italiano o el genuino realismo mágico colombiano, se hace imprescindible descubrir esta experiencia india. Tenemos el ejemplo de la Fundación Vicente Ferrer, en su territorio querido de Anantapur, muy cerca de la industria cinematográfica de Tollywood. Sus cines se llenan a diario para soñar en otro mundo posible, pero las personas que asisten y conocen la Fundación ya conocen otra realidad bien distinta, sin necesidad de entrar en estas fábricas tan artificiales. Su realidad ha cambiado en términos de dignidad humana, porque quienes la viven son auténticos actores en sueños que se cumplen día a día gracias a la generosidad humana, defendiendo derechos y deberes, huyendo de la mercancía en la que a veces convertimos el plató de la vida.

Sevilla, 29/VIII/2015

Un paseo llamado libertad

WANDERLUST
Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido.

Pablo Neruda, en Walking Around

Ocurrió hace millones de años. Tuvo que ser un momento mágico de la evolución humana. Un día muy lejano ya en el tiempo y no suficientemente investigado todavía, un antropopiteco erguido comenzó a andar de forma productiva sobre dos pies y comenzó a ver de forma diferente el mundo que le rodeaba. Este momento tan especial decidió contarlo a los que le rodeaban, gracias a un pequeño hueso, el hioides, que le permitió pronunciar las primeras palabras entre seres humanos, muy afanados en la cocina de la caza y pesca, menesteres aprendidos en el patio muy particular de sus cavernas.

Así comenzó una historia jamás bien contada, mucho más allá de la creación porque todo era evolución. Y comentó sus primeros paseos por suelo africano, cómo había vivido aquella experiencia maravillosa, hasta que asimilando la presencia en su entorno de un pequeño pájaro, el escribano añil, decidió comenzar esa aventura iniciática para seres inteligentes con sentimientos y emociones, viajar, que hoy conocemos a través de estudios científicos que “nos aportan datos reveladores y concluyentes sobre el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia. A través del ADN de determinados pueblos distribuidos por los cinco continentes, el rastro de los humanos inteligentes está cada vez más cerca de ser descifrado. Los africanos, que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron hace 50.000 años, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada. Aprovechando, además, un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras, utilizar sabiamente el fuego, alimentarse con alimentos cocinados y expresar sentimientos y emociones. Había nacido la corteza cerebral de los humanos modernos, de la que cada vez tenemos indicios más objetivos de su salto genético, a la luz de los últimos descubrimientos de genes diferenciadores de los primates, a través de una curiosa proteína denominada “reelin” (1). Aquellos primeros paseos de nuestros antepasados fueron sorprendentes, algo parecido a los del primer astronauta en la luna.

Desde entonces han ocurrido muchas cosas alrededor de la bipedestación humana, porque se ha demostrado que nacemos para caminar, para hablar y para aprender. Es lo que la ciencia nos aporta hoy a través de investigaciones fascinantes (2). Ahora, un libro que me despertó gran interés en el pasado mes de abril, Wanderlust. Una historia del caminar, sobre el que escribí un post refiriéndome a él, En caminar juntos está el secreto, ha llegado a mis manos por una llamada de atención de un gran escritor argentino, Patricio Pron, en un breve artículo, Al andar, donde manifiesta la importancia de andar como una disidencia que abre horizontes a la inteligencia humana y a la libertad: “Pensar y caminar (más aun: vagabundear sin rumbo, abiertos a lo que vemos y al efecto que todo ello provoca en nosotros) serían, pues, actividades antieconómicas (“anticapitalistas”, se puede decir) y, por consiguiente, no debería sorprendernos que, como recordó recientemente el escritor español Isaac Rosa en este mismo periódico [Rosa, Isaac (2015, 27 de abril). Buena gente que camina. Babelia (El País)], las manifestaciones políticas más recientes en España (y no sólo en ella) hayan tenido el carácter de una marcha “que prolonga el caminar como un acto político, una forma de desobediencia civil” (3).

EL CUARTO PODER
Giuseppe Pellizza da Volpedo (1901). El Cuarto Estado.

En mi persona de secreto, que siempre pasea conmigo en silencio sonoro, resuenan las primeras palabras del secreto de caminar que escribí aquél día, porque andar no es una decisión inocente, sino política (en el buen sentido de la palabra “política”: de ciudadanía comprometida): “Siempre me ha sorprendido el cuadro “El Cuarto Estado”, al que hizo tan famoso la película “Novecento” de Bertolucci. Lo contemplé a diario en los meses que duró la promoción de la película, cuando vivía en Roma en 1976, a través de las ventanillas de los autobuses 881 y 62, camino de mi Facultad. Descubrí entonces que en caminar juntos está el secreto de la vida”, es decir, descubrir que al igual que hicieron nuestros antepasados hay que hacer camino al andar, con tu quiero y mi puedo, ante la imperiosa necesidad de levantarnos del suelo para seguir caminando en situaciones impresentables a las que nos lleva muchas veces, por las aceras de la vida, la sociedad de mercado y sus mercancías.

Sevilla, 21/VIII/2015

(1) Cobeña, José Antonio (2015, 15 de abril). MasterCerebro.
(2) Marcus, G. (2005). El nacimiento de la mente. Barcelona: Ariel.
(3) Pron, Patricio (2015, 17 de agosto). Al andar. El País.

Carpe diem: a cada día le basta su afán

Hace un año que el actor Robin Williams se bajó del mundo que ordenó parar porque no le satisfacía y que en su momento ensalzó como actitud posible Groucho Marx, tomando una decisión controvertida para cualquier ser humano, que nos cuesta comprender. Le dediqué aquél día unas palabras especiales en el contexto de hacer siempre de este mes un agosto diferente, que reproduzco íntegramente hoy por su fondo y forma, porque busco siempre respuestas constructivas a la soledad acompañada en un mundo diseñado a veces por el enemigo. Como la que él vivía.

Gracias, capitán, gracias…

Sevilla, 11/VIII/2015

HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE (III) El ejemplo de un gran actor: Robin Williams


Carpe Diem: Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos.

Carpe diem. Siempre he valorado esta expresión, recordada de forma especial en una excepcional película, El Club de los poetas muertos, protagonizada por Robin Williams, actor inolvidable para muchas personas que se identificaron con un profesor especial, John Keating, interpretado de forma magistral por él. Hoy hemos recibido una noticia triste, su fallecimiento en la residencia ya habitual de San Francisco, probablemente cansado de vivir a pesar de él mismo, de su carpe diem particular, sabiendo que ha hecho felices a muchas personas con sus interpretaciones mágicas de actor comprometido con guiones especiales capaces de transmitir sentimientos y emociones diferentes.

Aquella película hizo historia en mi vida. La recuerdo en todos sus planos principales, destacando sobre todo los momentos estelares de la forma de entender la vida el profesor Keating y transmitirla a los demás, fundamentalmente a sus cuatro alumnos especiales por su condición de seguidores de un gran maestro. Desde el comienzo de la película, un nuevo profesor iba a cambiar la vida de alumnos en la mejor tradición de maestría de la vida, que tanto he valorado siempre en mis profesores de diferentes ciclos vitales, tanto académicos como profesionales, porque todos no han sido iguales. Mi maestra especial, Dª Antonia, me enseñó, por ejemplo, la primera versión del carpe diem infantil casi en un alma adulta, que siempre recuerdo de forma entrañable. Cuidó mucho mis sueños en paraísos perdidos, porque mi vida pequeña no daba para más, porque para ella era muy importante cada momento mío, en definitiva mi tiempo…

Era lo que John Keating/Robin Williams intentaba transmitir a sus alumnos desde la primera clase: que amaran el tiempo real de cada uno, cada momento, porque nada se repite, porque nadie se baña dos veces en el mismo río. A través de la poesía, porque siempre que se crea y piensa en algo, se puede dar el énfasis que cada persona necesita en su momento personal e intransferible y así se rompen esquemas. Esa es su verdadera razón, que Juan Ramón Jiménez también nos transmitió de forma excelente: amor y poesía, cada día.

Además, la libertad debe estar presente en esta acción poética. Él se lo enseñó a los cuatro alumnos que copiaron su experiencia vital: crear un nuevo Club de los poetas muertos, amando la transgresión de la vida cuando sus pilares se tambalean, tal y como está sucediendo en la actualidad. Ellos decidieron apostar por la libertad personal y colectiva frente a los cuatro pilares de su colegio: tradición, honor, disciplina y excelencia.

El desenlace de la película es conocido y doloroso. Al final, como a casi todas las personas que introducen cambios en la vida, en la sociedad, se las expulsa de la misma, con silencios cómplices. No es de extrañar que todos los alumnos firmaran la expulsión del profesor Keating. Un final, salvando lo que hay que salvar, que tiene un parecido extraordinario con los planos finales de La lengua de las mariposas, en el momento que los alumnos tiran piedras a su profesor, D. Gregorio, que tanta felicidad les había proporcionado, en un silencio cómplice desolador ante la cordada de presos.

Y al final de la película de su vida, podríamos gritar a los cuatro vientos las palabras coreadas por sus alumnos subidos en los pupitres: “Oh capitán, mi capitán”, mejor hoy “Oh, Robin, nuestro Robin”. Y el actor, en su carpe diem actual seguro que volverá a respondernos generosamente “gracias chicos, gracias”.

The end.

Sevilla, 12/VIII/2014

Seis propuestas para este agosto / 6. El arte de soñar

EL SUENO
«Recuerdo los ojos de mi esposa otra vez. Nunca veré cualquier cosa más aparte de esos ojos. Ellos preguntan.»

Antoine de Saint Exupéry, Terre des Hommes, 1939

Cuando era pequeño me emocionaban las dos palabras inglesas, The End, que aparecían siempre en los últimos planos de las películas de sesión continua, en los cines refrigerados del ferragosto madrileño. Fue especial el día de Candilejas, porque Chaplin era un ídolo de mi vida en el barrio de Salamanca, para un niño del Sur que soñaba con su tierra de origen, viviendo el discreto encanto de la burguesía, tan lejana de la ternura triste de Charlot, de los cómicos, como el que representaba el payaso Calvero en aquella hermosa película.

He querido construir un contexto humano especial con estas seis propuestas, que acaban hoy con el espíritu intacto de Ítalo Calvino, en un mundo diseñado a veces por el enemigo, porque proponer es mejor que destruir o tirar tapias por sistema sin posibilidad de reconstrucción alguna. Sé que la sociedad actual nos impide casi siempre soñar despiertos, pero no me resigno a estar encerrado en el club de los tristes o, algo peor, en el de los tibios. Recuerdo que en mi infancia de tierras de Castilla, el confesor de mi colegio nos recordaba los primeros jueves de cada mes y con voz trémula la cita del Apocalipsis que siempre he tenido presente, la cita “pi”, porque era la del capítulo 3, 14-16: “porque no estáis fríos ni calientes, sino tibios, estoy a punto de vomitaros de mi boca”. Y se quedaba tan pancho, aunque su terror hacía estragos en nuestras pequeñas conciencias. Me alegra, por tanto, pertenecer al Club de las Personas Dignas, lejos de la Iglesia aquella de mi infancia, la del miedo, que no quiere hoy Francisco.

Todas las películas tienen un final (es lo que tienen de malo…), pero la vida sigue siempre dispuesta a ofrecernos miles de oportunidades para creer que todavía es posible ser y estar en el mundo de otra forma, soñando despiertos, porque deseamos cambiar aquello que no nos hace felices, que mina a diario la persona de todos o la de secreto que llevamos dentro. El cine de mi infancia contemplaba siempre descansos pero, cuando soñamos, la vida no se detiene sino que solo esperamos, mientras caminamos, que se cumplan los deseos irrefrenables de alcanzar resultados pretendidos. Descansar en agosto es, a veces, despertar a nuevas experiencias de lo que está por venir, donde cualquier parecido con la realidad, a diferencia de lo que ocurre con las películas, no es pura coincidencia, sino el fruto de un sueño realizado, porque es legítimo que así sea. Como en el campo, los sueños realizados son solo para quienes los trabajan.

Lo escribí en la Navidad de 2013 y me reafirmo en todas y cada una de aquellas palabras que han pasado ya por el implacable túnel del tiempo, ante la imagen que encabeza este post y que guardo en mi museo de las pequeñas cosas, no inocente y de apertura inmediata en este mes de agosto: “Saco una bella lección. En estos momentos de contexto complejo para todos, sin excepción, hay que mirar esta foto con atención preferente y aprender a cerrar los ojos ante aquello que no nos proporciona bienestar alguno, buscar un rincón de paz en la vida particular de cada uno y soñar de forma consciente, como lo hacen estas mujeres, sin esperar al sueño de la noche, que casi siempre se queda en el olvido. Y una última reflexión: es conveniente soñar junto a la persona que queremos, porque la felicidad es mayor, al trenzarse el amor como una cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper. Y estos días de tanta mercancía ofrecida a cualquier postor, podemos probarlo. Es lo que tiene no confundir en Navidad [o en agosto…], como todo necio, el valor y precio de cada sueño”.

Con Arte.

THE END

Sevilla, 8/VIII/2015